El documento destaca la importancia de la diversidad lingüística y cómo el acento andaluz, a pesar de su singularidad, es a menudo objeto de discriminación. Se critica la percepción negativa hacia el andaluz, argumentando que no es que no se entienda, sino que se elige no hacerlo. Además, se menciona la presión social que lleva a algunas personas a cambiar su acento para mejorar sus oportunidades laborales y sociales.