Una niña de 6 años le hace una serie de preguntas a un compañero de clase, Tommy, sobre objetos que pueden y no pueden verse para ilustrar que aunque no se pueda ver a Dios directamente, eso no significa que no exista, al igual que no se puede ver el cerebro de la maestra pero se sabe que existe. La niña usa esta analogía para cuestionar la afirmación de la maestra de que Dios no existe sólo porque no se le puede ver.