El experimento de las ventanas rotas demostró que pequeños actos de vandalismo y desorden, como dejar un auto abandonado con un vidrio roto, pueden conducir a una escalada de conductas delictivas más graves si no se corrigen, ya que transmiten una sensación de ausencia de normas y ley. La teoría propone que mantener espacios públicos ordenados y en buen estado es importante para prevenir el crimen, mientras que el descuido y deterioro pueden generar un ciclo de actividad criminal creciente.