El documento habla sobre cómo el desorden físico en una comunidad puede conducir a un desorden moral y cómo crear un sentido de comunidad puede ayudar a reducir la delincuencia. También discute cómo la educación de los niños y la recuperación de valores como el respeto por los demás son pilares fundamentales para prevenir el crimen y crear un orden social. Finalmente, argumenta que las políticas criminales deben enfocarse en la educación y valores de las nuevas generaciones a nivel local y federal.