Este documento discute los desafíos de celebrar la Primera Comunión en la actualidad. Señala que a menudo los padres no participan activamente en la catequesis de sus hijos y que las Primeras Comuniones se han convertido más en celebraciones sociales que religiosas. Propone que los padres asuman su responsabilidad como los primeros catequistas de sus hijos y que la Primera Comunión sea parte de un proceso continuo de educación en la fe en lugar de ser la meta final.