Las palabras de Jesús contenían tres características principales: 1) eran espíritu y vida, 2) tenían poder limpiador y 3) eran semilla verdadera. Jesús enseñó sobre la iniquidad del pecado, la necesidad del nuevo nacimiento y la vida eterna a través de sus palabras. Sus palabras otorgan libertad, contenían vida eterna y producían cambios totales a través de la limpieza y obediencia.