Este documento argumenta que las palabras en sí mismas no tienen poder, sino que es el hablante quien ejerce poder a través de las palabras. Señala que los receptores de un mensaje tienen la responsabilidad de decidir cómo interpretar y responder a las palabras de otros, en lugar de creer que las palabras en sí mismas pueden destruirlos. Alienta a las personas a construir su propio "vocabulario habilitador" y usar palabras positivas que los motiven a crecer y lograr sus objetivos.