El autor viaja a Caracas, Venezuela, invitado por el Tribunal Supremo de Justicia para participar en un congreso conmemorativo de la Constitución venezolana. Al llegar, observa el lujo de su hotel y la ideologización de la gente, incluyendo su chofer que es un ferviente partidario de Chávez. Explora la ciudad y nota su caos, suciedad y deterioro en comparación con otras ciudades latinoamericanas, sintiéndose como un extranjero en medio de esta realidad que contrasta con su propia perspectiva