Este documento discute las costumbres generacionales y las llamadas "maldiciones generacionales". Señala que, según la Biblia, Dios no castiga a los hijos por los pecados de los padres, sino que a veces los hijos heredan las costumbres de sus padres y al practicarlas activan una maldición. También reconoce que algunas enfermedades pueden ser hereditarias o resultado de condiciones físicas, no necesariamente una maldición. La Biblia deja en claro que cada persona es responsable por sus propios pecados.