El mandala, término sánscrito que significa círculo, representa la dualidad y el movimiento entre opuestos, reflejando la estructura del universo en la naturaleza y el arte a lo largo de diversas culturas. Su creación, un rito espiritual que implica paciencia y trabajo en equipo, se acompaña de mantras y culmina en la destrucción del mandala, simbolizando la impermanencia y la transmisión de buenas vibraciones. Además, según Carl Jung, pintar mandalas tiene un impacto terapéutico, ofreciendo serenidad y ayudando en la meditación y el desarrollo personal.