Dos niños llamados Lorenzo y Tomás fueron a la casa de una anciana para recuperar su pelota de fútbol. Cuando tocaron el timbre, la puerta se abrió sola, asustándolos y haciéndolos huir. Al día siguiente, sus padres los alentaron a entrar a la casa, que resultó estar embrujada, con un lobo en el pasillo y un cocodrilo de 5 metros dormido. Encontraron a la anciana con la pelota pinchada con un cuchillo como advertencia de no volver a molestarla