La familia de la autora viajó a Portugal de vacaciones y se hospedó en un hotel moderno y tranquilo cerca del mar. Mientras intentaban comer en un restaurante cercano, unos hombres trataron de venderles teléfonos robados. Más tarde, visitaron un pueblo con vistas al mar y olas gigantes. En el hotel, la autora conoció a otros jóvenes españoles y pasaron una noche compartiendo helados y conversando.