Nokia desarrolló secretamente teléfonos inteligentes con pantallas táctiles multitáctiles y tabletas en la década de 1990, anticipándose a innovaciones como el iPhone. Sin embargo, no lanzó estos productos debido a una cultura corporativa que no logró comercializar sus innovaciones tecnológicas. Esta decisión resultó ser uno de los errores más costosos de Nokia, ya que para cuando lanzó sus primeros teléfonos inteligentes la competencia ya había dominado el mercado.