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“Sé TU mejor versión”
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Lupita Venegas
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Diseño de portada e interiores: Alejandra Padilla
Corrección de estilo: Flor Alejandra Gómez
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PRÓLOGO
Presento este nuevo escrito de la conocida Lupita Venegas, lleno de fe, sabiduría y amor.
Ante todo la felicito por su acertado título: No te limites, que es una invitación,
especialmente para los jóvenes, a no cerrarse, a dar un paso adelante, a mirar más arriba.
Y, el “arriba” es, ni más ni menos, la santidad, que hoy no está de moda.
Sin embargo, sigue en pie: “sean ustedes perfectos como mi Padre es perfecto” (Mt
5, 48). Cristo vino a simplificar y perfeccionar la norma de la santidad, a hacerla más
serena y viable. ¿Cómo? No trabajando a solas, aunque sea con dos manos, sino en
compañía: “que ellos sean uno como nosotros” (Jn 17, 11).
Cicerón, filósofo y orador romano, definió la amistad como “querer y no querer
juntos”. Pero, ¿junto a quién? Junto a Dios, siguiendo su V
oluntad: “Hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo”.
Lo primero es “orar”, como dijo el Papa Francisco a Marina, en Corea. Todos los
estados te pueden llevar a la santidad. Se trata de saber no el estado que quieres tú, sino
el estado que quiere Dios para ti. Tú sólo tienes que decir como Saulo: “¿Qué quieres,
Señor, que haga?”
Segundo: pedir consejo —dice el Papa— a mis amigos sacerdotes, leerlo en la Biblia
y en los acontecimientos. Tercero: acción, ejercicio. Se trata de cambiar hábitos. “El que
hace mi voluntad —dice Jesús a Luisa Picarreta—, pierde su temperamento y toma el
mío” (Libro de Cielo, vol. 11, 14). Y, ¿cuál es el temperamento de Jesús? “Aprendan de
mí, que soy manso y humilde de corazón” (Mt 11, 29).
Les aseguro que, siguiendo estos pasos, en quince días las personas van a cambiar.
Los primeros en darse cuenta serán los niños: “Mamá, ¿qué te pasa que antes eras
gritona y ahora no?” Sucede que mamá tira de la carreta con Jesús, son dos voluntades
unidas, la divina y la humana. En la voluntad de Dios ha encontrado la paz, la calma, la
serenidad; y pronto cambiará papá, y los hijos también serán más obedientes y
afectuosos. Estas son las maravillas que hace la V
oluntad de Dios en los que la cumplen.
Todo está resumido y ejemplificado en el libro “No te limites”: palabras fuertes y
consoladoras de Lupita Venegas. Al igual que en todas sus comunicaciones por televisión,
radio, internet y prensa, transmite un mensaje que es una gota del cielo, con un estilo
vivo y eficaz que permite tocar el corazón e iluminar la voluntad de un cambio de
verdadera conversión al Señor.
P. Tiberio M. Munari,
misionero xaveriano
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INTRODUCCIÓN
¡Hola!
Quiero presentarte este librito que tienes en tus manos. Es el último de una “trilogía” que
contiene herramientas básicas de conocimiento personal y sugerencias muy prácticas para
“encender” ese anhelo íntimo que te llama a ser una persona más plena y feliz.
El primero se titula “’No te compliques”, contiene siete claves para manejar tus
sentimientos y que ellos no te manejen a ti. El segundo se llama “No te confundas” y te
motiva a poner límites claros a las malas relaciones con los demás. Y este tercero, “No te
límites” te presenta la llave para lograr la superación que anhelas y a la cual, a veces,
consideras inalcanzable.
Esa llave se llama virtud y está sustentada en una nueva actividad que aprenderás a
practicar diariamente con resultados inevitables de éxito: disciplina.
Sé que esto no suena moderno y luminoso, no parece un comercial atractivo; pero
es precisamente por eso que funciona cien por ciento, porque no hay engaño.
¡Lo que vale, cuesta!
El secreto es estar dispuestos a esforzarnos porque tenemos la motivación adecuada. No
es lo mismo estudiar para un examen que tienes que pasar a fuerza porque si no te quitan
la beca, a estudiar porque sabes que lo que estás aprendiendo te da habilidades para un
mejor desempeño en la vida; tampoco es lo mismo nadar por placer que nadar
velozmente intentando salvar una vida o conquistar una medalla. No es lo mismo atender
a un esposo que no soportas para evitar pleitos, que atenderlo por amor, pensando en su
bien. Tu motivación será clave para alcanzar tus metas.
Aquí te hago una propuesta clásica, que en estos momentos se convierte en vanguardista.
Parece una novedad porque casi nadie habla de ella.
Por generaciones se han hecho a un lado las invitaciones al heroísmo, a hacer algo por
los demás, por el bien de la humanidad entera.
Antes los jóvenes aspiraban a hacer el mayor bien posible, querían encontrar curas a
enfermedades incurables, dejar un legado artístico valioso, hacer avanzar a la ciencia,
edificar catedrales, desarrollar puentes e innovaciones, fundar hospitales, amar a una
mujer, formar una familia... Se pensaba en dejar este mundo mejor de como se había
encontrado. Alguno quería ser héroe nacional, dar su vida por la patria, otros querían ser
santos. Eran ideales altos y motivaciones poderosas. ¡Hoy las aspiraciones han cambiado
tanto! Los jóvenes hablan de tener dinero, viajes, casas, autos, desarrollo empresarial,
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premios y reconocimientos internacionales, cuerpos espectaculares, estilos de vida
superficiales. Se refieren a los hijos como un “derecho”, desean relacionarse con ellos
como si fueran solo testigos de sus vidas. Un individualismo atroz nos está devorando.
Las sociedades están impregnadas de individuos vacíos, confundidos.
Algo le duele a la persona hoy. A unos su sobrepeso, a otros el no tener un empleo o
dinero suficiente, algunos añoran haber tenido un padre, otros recuerdan con amargura
su infancia rodeada de vicios, abandonos, malos tratos. Cuánta depresión, ira y mal
manejo emocional.
Algo quitamos que nos ha partido. Algo o alguien.
Alrededor del s.XVII se nos propuso quitar a Dios del panorama humano. El
hombre y su razón tendrían todas las respuestas.
Pero han pasado casi 4 siglos y tenemos más tecnología pero menos humanidad.
Riqueza exterior muy mal repartida y, pobreza interior generalizada.
En medio de tantas propuestas para alcanzar la felicidad, se erige alto el faro de la
fe. Por ella aceptamos a un Creador que ha soñado desde la eternidad con nosotros,
creemos que nuestra vida tiene sentido, nuestra existencia es iluminada por la luz de la
sabiduría divina y ya no estamos en la oscuridad llenos de dudas.
Las filosofías que prevalecen se unen en el debilitamiento y destrucción concreta del
catolicismo, y a pesar de tanta persecución y ataque, esta Iglesia sigue viva llevando a
Cristo como Camino, Verdad y Vida.
Nuestro tiempo ha exaltado la tolerancia como la máxima virtud a vivir y, aquellos
que enarbolan esta bandera toleran todo menos el catolicismo y la conducta moral. El
único prejuicio que se acepta hoy es el anti-catolicismo. Sin embargo, yo creo
firmemente que el mundo necesita más que nunca esta fe y esta Verdad. Sin Dios, sin
Jesucristo y sin su Iglesia, el hombre se centra en sus propios deseos ególatras y el vacío
y sinsentido prevalecen.
Por esta razón, me atrevo a presentarte con cariño, la propuesta cristiana para
alcanzar la felicidad.
Por esta razón, te presento la fe.
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I.
HAGO EL MAL QUE NO QUIERO Y
DEJO DE HACER EL BIEN QUE
QUIERO
“¿No saben que en una carrera todos los corredores compiten, pero solo uno obtiene el
premio? Corran pues, de tal modo que lo obtengan. Todos los deportistas se entrenan
con mucha disciplina. Ellos lo hacen para obtener el premio que se ha de perder;
nosotros en cambio, vamos por uno que dura para siempre. Así que yo no corro como
quien no tiene meta; no lucho como quien da golpes al aire. Más bien, golpeo mi
cuerpo y lo domino, no sea que después de haber predicado a otros, yo mismo quede
descalificado”
San Pablo
(Cor. 9, 24-27)
Este es el drama del hombre de siempre. Pablo de Tarso lo expresó con nitidez hace más
de 2000 años cuando escribe a los romanos:
“Porque sabemos que la Ley es espiritual, pero yo soy carnal, y estoy vendido
como esclavo al pecado. Y ni siquiera entiendo lo que hago, porque no hago lo que
quiero sino lo que aborrezco. Pero si hago lo que no quiero, con eso reconozco que la
Ley es buena. Pero entonces, no soy yo quien hace eso, sino el pecado que reside en mí,
porque sé que nada bueno hay en mí, es decir, en mi carne. En efecto, el deseo de hacer
el bien está a mi alcance, pero no el realizarlo. Y así, no hago el bien que quiero, sino el
mal que no quiero. Pero cuando hago lo que no quiero, no soy yo quien lo hace, sino el
pecado que reside en mí. De esa manera, vengo a descubrir esta ley: queriendo hacer el
bien, se me presenta el mal. Porque de acuerdo con el hombre interior, me complazco en
la Ley de Dios, pero observo que hay en mis miembros otra ley que lucha contra la ley
de mi razón y me ata a la ley del pecado que está en mis miembros.
¡Ay de mí! ¿Quién podrá librarme de este cuerpo que me lleva a la muerte?
¡Gracias a Dios, por Jesucristo, nuestro Señor! En una palabra, con mi razón sirvo a
la Ley de Dios, pero con mi carne sirvo a la ley del pecado.” (Rom 7,14-25)
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Recibo semanalmente decenas de cartas que muestran esta cruda realidad. Aquí
comparto algunos fragmentos:
—Estoy desesperada. Mi esposo dice que me ama pero vive con otra mujer.
Cuando nos vemos me expresa que no quiere perder a su familia pero no puede dejarla.
¡Esto me enloquece!
—¡Quiero morirme! Ayer, bajo los efectos del alcohol y las drogas, lastimé
cruelmente a mi mujer embarazada. Estoy arrepentido pero ella ya no cree en mí.
—Soy joven y estoy harto de ver tanto pleito en mi casa. No quiero pertenecer a
esta pandilla, sé que es peligrosa pero al mismo tiempo no puedo dejarla. No solo
tengo miedo, es que también los siento como mi verdadera familia. Aunque está
involucrada con el narco y no va a acabar bien.
—Tengo una linda esposa y unos hijos por los cuales soy capaz de dar la vida.
Aun así me he involucrado sentimentalmente con otra persona y no sé cómo salir de
este laberinto que yo mismo fabriqué. Quiero cortar esta relación pero me resulta
imposible cuando lo intento. Al contrario, me siento cada vez más aferrado a ella.
—No sé por qué siempre me enamoro de imposibles. He tenido tres relaciones
sentimentales serias, pero me involucro con hombres casados. Ellos me dicen que ya
no están bien las cosas en sus matrimonios y aunque yo me determino a no tener nada
que ver con un casado, vuelvo a creerles y caigo un una trampa peligrosa cada vez.
—Estamos en un periodo de lucha tratando de restaurar nuestro matrimonio. Los
dos hemos cometido errores que ahora reconocemos. Nos interesa seguir juntos por el
bien de nosotros mismos y de nuestros hijos. Pero las ayudas que recibimos nos piden
hacer cambios que en realidad no estamos dispuestos a llevar a cabo. En nuestra
terapia nos piden algunas nuevas actitudes y nosotros seguimos en lo mismo de antes.
Estoy perdiendo la esperanza. Él no se mueve ni un milímetro de su postura. Pero
reconozco que tampoco lo hago yo, estamos atorados.
—No quiero lastimar más a mis hijos. Mi carácter es iracundo y no lo puedo
cambiar. Los maltrato y humillo y solo después de hacerlo me arrepiento. No merezco
vivir, solo traigo dolor y amargura a quienes debo cuidar y proteger.
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—Mi sobrepeso me ha causado muchos problemas físicos y emocionales, pero no
hay dieta o tratamiento que pueda llevar a cabo. Empiezo con un proyecto y una meta
pero a menos de la mitad del camino acabo deprimida y sin esperanzas.
—No sé cómo ayudar a mis hijos. Soy madre soltera y trabajo mucho, dejo a mis
hijos todo el día y cuando puedo verlos estoy tan cansada que no aporto nada. En la
escuela me piden que les dé tiempo de calidad, me reclaman porque no llevan lunch,
no hacen tareas, se ven descuidados. En verdad quisiera ser súper mujer pero me
siento frustrada, creo que es imposible lograrlo, nada me sale bien.
—Tengo relaciones adúlteras virtuales. Me he involucrado con mujeres a través
del chat. Quiero parar ya pero me resulta imposible. Pierdo mi tiempo real pensando
en esas relaciones. Pensé que era solo un juego y que no lastimaría a nadie, pero mi
esposa se enteró y quiere dejarme.
¿Por qué?
Sabemos que queremos lo bueno pero hacemos lo malo. Deseamos lo mejor y actuamos
en contra de ello. Somos débiles para la lucha.
La explicación judeo-cristiana sostiene que somos criaturas diseñadas para la
eternidad pero que libremente, nuestros primeros padres eligieron olvidar los designios
divinos y erigirse a sí mismos como dioses. Los demás seres humanos nacemos con esta
herida del pecado original que heredamos de ellos. Queda pues nuestro anhelo de
eternidad, a la vez que nuestra tendencia a la concupiscencia (deseo desordenado de
bienes y placeres materiales). Dos fuerzas pujantes: el bien y el mal, el amor y el odio, lo
heroico y lo hedonista, el ansia de perfeccionarnos como seres humanos y la debilidad
que genera flojera, pereza, desánimo; la virtud y el vicio, o como dice Pablo de Tarso: el
espíritu y la carne.
El apóstol enseña también cómo reconocer los frutos de una y otra tendencia en su
carta a los Gálatas:
Los frutos de la carne son envidias, divisiones, borracheras, orgías y cosas
semejantes. Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad,
fidelidad, mansedumbre y dominio propio.
¿Cuál de las dos corrientes domina hoy? Todos diríamos sin lugar a dudas: la de la carne.
¡Y es que es la que más hemos alimentado!
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Aun cuando no quisiéramos aceptar las enseñanzas bíblicas, la sola observación de
la realidad nos hace reconocer esta lucha interior.
En la cultura actual no existe una definición clara del hombre en la que se basen las
organizaciones internacionales, que permita a las ciencias y a la tecnología optar por
verdaderos avances en favor de él. La mentalidad reinante se llama consumismo. Se ve
al ser humano como consumidor potencial y como generador de riqueza material.
Hoy una persona vale por lo que tiene, por lo que compra.
Las conversaciones están llenas de materialismo: “¿conoces a tal persona?, tiene mucho
dinero”, “fulano de tal se compró el auto más caro del mundo”, “a zutano le sobra la
lana”, “¿Ya viste la mansión que se hizo mengano?”
El mundo de hoy tiene un dios, se llama dinero.
Con dinero se pretende llenar el hueco que lleva la esencia de la persona humana.
Esto es imposible. “Tenemos sed de ti Señor y nuestra alma estará inquieta hasta que
descanse en ti”, decía Agustín de Hipona.
V
olver la mirada a Dios creador es indispensable al hombre. Sin Él, nuestra
deshumanización nos va carcomiendo hasta la muerte.
Comparto contigo los puntos 27 al 30 que se encuentran en el primer capítulo del
Catecismo de la Iglesia Católica y que aclara nuestra tendencia a ese Dios que nos creó:
EL HOMBRE ES CAPAZ DE DIOS
27.- El deseo de Dios está inscrito en el corazón del hombre, porque el hombre ha
sido creado por Dios y para Dios; y Dios no cesa de atraer al hombre hacia sí, y solo en
Dios encontrará el hombre la verdad y la dicha que no cesa de buscar:
«La razón más alta de la dignidad humana consiste en la vocación del hombre a la
comunión con Dios. El hombre es invitado al diálogo con Dios desde su nacimiento; pues
no existe sino porque, creado por Dios por amor, es conservado siempre por amor; y no
vive plenamente según la verdad si no reconoce libremente aquel amor y se entrega a su
Creador”.
28.- De múltiples maneras, en su historia, y hasta el día de hoy, los hombres han
expresado su búsqueda de Dios por medio de sus creencias y sus comportamientos
religiosos (oraciones, sacrificios, cultos, meditaciones, etc.). A pesar de las ambigüedades
que pueden entrañar, estas formas de expresión son tan universales que se puede llamar
al hombre un ser religioso:
Dios «creó de un solo principio, todo el linaje humano, para que habitase sobre toda
la faz de la tierra y determinó con exactitud el tiempo y los límites del lugar donde habían
de habitar, con el fin de que buscasen a Dios, para ver si a tientas le buscaban y le
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hallaban; por más que no se encuentra lejos de cada uno de nosotros; pues en él vivimos,
nos movemos y existimos » (Hch 17, 26-28).
29.- Pero esta “unión íntima y vital con Dios” puede ser olvidada, desconocida e
incluso rechazada explícitamente por el hombre. Tales actitudes pueden tener orígenes
muy diversos: la rebelión contra el mal en el mundo, la ignorancia o la indiferencia
religiosas, los afanes del mundo y de las riquezas (Mt 13,22), el mal ejemplo de los
creyentes, las corrientes del pensamiento hostiles a la religión, y finalmente esa actitud
del hombre pecador que, por miedo, se oculta de Dios (Gn 3,8-10) y huye ante su
llamada (Jon 1,3).
30.- “Alégrese el corazón de los que buscan a Dios” (Sal 105,3). Si el hombre
puede olvidar o rechazar a Dios, Dios no cesa de llamar a todo hombre a buscarle para
que viva y encuentre la dicha. Pero esta búsqueda exige del hombre todo el esfuerzo de
su inteligencia, la rectitud de su voluntad, “un corazón recto”, y también el testimonio de
otros que le enseñen a buscar a Dios.
“Tú eres grande, Señor, y muy digno de alabanza: grande es tu poder, y tu
sabiduría no tiene medida. Y el hombre, pequeña parte de tu creación, pretende
alabarte, precisamente el hombre que, revestido de su condición mortal, lleva en sí el
testimonio de su pecado y el testimonio de que tú resistes a los soberbios. A pesar de
todo, el hombre, pequeña parte de tu creación, quiere alabarte. Tú mismo le incitas a
ello, haciendo que encuentre sus delicias en tu alabanza, porque nos has hecho para ti
y nuestro corazón está inquieto mientras no descansa en ti”
(San Agustín, Confesiones).
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II.
NADIE ASPIRA A LO QUE NO
CONOCE
“Sean santos, por eso, dispónganse para actuar con inteligencia; tengan dominio
propio, pongan su esperanza completamente en la gracia que se les dará cuando se
revele Jesucristo”
San Pedro Apóstol
(1Pe. 1,13)
Soy fundadora de Valora AC. Una asociación civil que pretende permear los medios de
comunicación con contenidos de valores universales extraídos del Evangelio. Mi
experiencia ha sido sorprendente. Aun cuando en ciertos medios me han pedido que no
hable de Dios, en mi forma de expresión se nota mi fe y convicción y, me he encontrado
con miles de corazones que sienten plena identificación con mi congruencia al hablar sin
temor de los criterios de Cristo, aunque esto implica casi siempre ir contra corriente.
Mientras la mayoría habla de “darle vuelo a la hilacha”, yo convoco a la fidelidad y
compromiso en el amor; mientras algunos señalan culpables y buscan venganza, yo invito
a la reconciliación, la comprensión y el perdón.
Pero sé que esto no es lo común. Hoy por hoy, se ha sacado a Dios del panorama.
Es incorrecto hablar de Él en las escuelas, en los ámbitos políticos y empresariales, en los
medios de comunicación. Se pretende arrinconarlo al terreno de lo privado y se etiqueta
como algo subjetivo, equiparándolo con aspectos fanáticos y fantasiosos.
Pero como el hombre es espiritual y religioso por naturaleza, entonces se ha
encontrado un nicho atractivo y cómodo en las mil y un propuestas de la llamada “nueva
era”, que habla de un dios energía, que está en todas partes y que puede hacer de ti otro
dios, capaz de generar la realidad a la que aspiras con tan solo desearlo o “decretarlo”.
Conocer quiénes somos realmente y reconocer la necesidad de Dios en nuestras
vidas, nos ayudará a hacer sabias elecciones.
Podemos comparar a la persona humana con una pirámide:
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Un ser humano se mueve en tres niveles: espiritual, psicológico y biológico.
Todos tenemos un alma o espíritu (practiquemos o no una religión) que contiene
nuestra inteligencia y nuestros más profundo anhelos; un área psicológica que incluye
nuestros afectos y una parte biológica en la que se encuentran nuestros impulsos básicos.
Los tres niveles se interrelacionan de forma equilibrada y ordenada. En la cúspide
está el espíritu, que usando la libertad ha de gobernar a los otros dos niveles.
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Somos criaturas de un Creador, no nos hicimos a nosotros mismos. Somos unidad
de cuerpo y alma. Nuestras dos partes constitutivas, le piden a la persona que satisfaga
sus necesidades. El cuerpo quiere alimento, agua, sueño, descanso, placer y comodidad
(lo que es saludable y conveniente en la recta medida), mientras que el alma inspira lo
noble, lo alto, lo que requiere esfuerzo y virtud. Complacer al cuerpo en demasía puede
generar desorden, llenar el alma siempre implica orden. ¿Cuál de las dos partes debe
gobernar?, ¿el alma eterna o el cuerpo mortal?
Es por eso que la idea de “vencernos a nosotros mismos” tiene sentido. No haré
más lo que me place, sino lo que me conviene.
¡Démosle lugar al alma! El mundo consumista está interesado en que desaparezca
porque el alma grande consume menos. No permitamos que intereses particulares nos
arranquen la auténtica felicidad.
Fuimos hechos por amor y para amar. El sentido de nuestra existencia depende de
esta afirmación.
Yo, ¿Para qué nací?, ¿Por qué y para qué estoy vivo?, ¿Qué quiero hacer con mi
vida?
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Todos llevamos un anhelo de felicidad, quisiéramos disfrutar la vida, sentirnos
plenos y encontrarnos lejos de pleitos con los demás. De hecho hemos soñado con ello
muchas veces, pero la cruda realidad nos desalienta una y otra vez hasta que nos
convencemos de que la felicidad no es para nosotros.
Es muy popular la narración que muestra a un aguilucho comportándose como
pollo. La historia cuenta que por alguna extraña razón, entre varios huevos depositados
por una gallina en su nido, apareció de pronto un huevo más grande que correspondía a
un águila real. La gallina empolló todos por igual hasta el día en que fueron rompiéndose
para ver aparecer los felices polluelos. Desde luego fue sorprendente descubrir al
“pollotote” cuando al fin salió de su cascarón. Pese a que era diferente, fue criado como
pollo. Aprendió a comer semillas regadas por el piso y jamás intentó volar.
Interiormente experimentaba un ansia especial, él quería algo más y no acertaba a
descubrirlo. Sabía que no era pleno, pero no acertaba sobre su propia valía o destino.
Alguna vez, cuando alzaba la mirada, pudo divisar un águila volando... Algo resonó en su
interior y acertó a exclamar: —¡Wow, si yo pudiera volar así!—
Fue tal su entusiasmo que sin darse cuenta lo había gritado y fueron muchos pollos
que le escucharon. De pronto empezó a recibir risas y burlas de estos compañeros que le
decían: —estás loco, es imposible para ti volar tan alto. Eres un pollo, ¿no te das cuenta?
—.
Aquel aguilucho, con todas sus ansias, bajó el pico al piso y continuó alimentándose
de semillas y enterrando sus sueños.
Triste, ¿No es cierto?
Pudiendo ser águila real, vivió y se comportó como ave de corral.
Esto es exactamente lo que sucede al hombre de nuestros días. Se ha creído que no
es más que un animal racional y aunque debería aspirar a lo trascendente, al amor pleno,
se conforma con satisfactores materiales cortos y superficiales.
Hombres y mujeres en nuestros días, niños, jóvenes, adultos y adultos mayores
aspiran a la mayor felicidad, pero se conforman con ratos de placer. El problema es que,
al no corresponder esto a su naturaleza, se reducen a sí mismos y podrán experimentar
buenos ratos, solo que lo harán en medio de dolor, que siempre acabará ahogando la
poca dicha que previamente vivieron.
Una vez que conozcas tu valor como persona, serás capaz de aspirar mucho más
alto. ¡No te limites! No vivas de sentimientos sino de fuerza interior. Que no te muevan
tus impulsos y deseos sino tus ideales y convicciones. Los demás se burlarán de ti
cuando digas que quieres ser mejor cada día, te dirán que es cosa de soñadores e
idealistas. Recuerda poner oídos sordos a palabras necias.
El gran Miguel Ángel expresó que el problema de la humanidad no era aspirar alto y
no llegar, sino aspirar bajo y acertar.
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Si creemos que somos aves de corral, compramos la idea de lo desechable, del no
esfuerzo, de conseguir todo fácil. Sucumbimos a la publicidad cuando afirma: “Puedes
tenerlo todo sin luchar: aprende inglés dormido; come lo que quieras y deshazte de la
grasa con esta pildorita; haz ejercicio en estas camas que se mueven por ti, etc.”
El franciscano Raniero Cantalamesa, predicador pontificio, expresó la siguiente frase
durante un congreso mundial de familias: “Cuando el hombre elige primero el gozo, quien
tomará la última palabra será el dolor. Cuando el hombre elige primero el dolor, quien
tomará la última palabra será el gozo”. Gran verdad.
Lo que vale cuesta. La felicidad no es gratis, no es un derecho. La felicidad se
conquista con esfuerzo y virtud. Es un fruto, ¡es una obligación!
He aquí la verdad sobre la persona humana: Estamos hechos para desarrollar todo
nuestro potencial. Tenemos muchas facultades dadas en semilla. Contamos con
cualidades que nos distinguen de todas las cosas creadas, una de ellas, de la que no se
habla hoy, es la V
oluntad. Esa capacidad para obrar el bien que requiere autodominio.
Aquella de la que Alberto Einstein decía: hay una fuerza motriz más poderosa que el
vapor, la electricidad y la energía atómica, se llama fuerza de voluntad.
20
III.
EL IDEAL, UNA MOTIVACIÓN
SOBRENATURAL
“Manténganse alerta; permanezcan firmes en la fe, sean valientes y fuertes”
San Pablo
(1 Cor. 16,13)
¿Para qué vives?
¿Seguirás viviendo por vivir?
Es tiempo de que te plantees el sentido de tu vida. Numerosos autores hablan hoy de la
necesidad de manejar una misión y visión a nivel personal, familiar, laboral, político,
social y trascendental.
Se difunden diferentes enfoques y se sugieren algunos principios generales. Todo
ello muy interesante y novedoso, pero sin una definición clara de lo que es la persona y
la familia, pueden darse desafortunados equívocos.
Aquí voy a partir de los conceptos humanistas que he presentado. La visión
cristiana es clara al decirnos que todos somos llamados a la santidad, nuestro verdadero
ideal.
¿Y qué significa esto?
¿Imaginaste la figura de algún santo de los primeros siglos a los que asociamos con
rostros resplandecientes, miradas fijas en el cielo y aureolas luminosas? Tal vez de esos
que evocan una vida perfecta, inmaculada. Quizás imágenes de personas que nos
parecen aburridas y como fuera de este mundo.
Si así fue, permíteme desdibujar esa idea equivocada de tu mente.
La santidad es el llamado universal del hombre a convertirse en la mejor versión de
sí mismo.
¡Consiste en la conquista de sí mismo!
Los santos que están en los altares no son imagencitas que nos hacen favores o
milagros, sino verdaderos ejemplos a seguir. Si te enteras de sus vidas, descubrirás que
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no fueron perfectos sino tan humanos como tú y como yo, pero que por su sincera
relación con Dios, fueron incansables luchadores a favor del bien y la justicia. Vivieron
las virtudes en grado heroico, no hicieron la guerra a sus hermanos sino a sí mismos (en
el sentido de que vencieron sus defectos y pulieron sus cualidades). Sus vidas estuvieron
llenas de aventura y dicha en el amor de ese Dios a quien conocieron, amaron y al cual
se entregaron. Hay excelentes anécdotas de sus vidas que son fuente de inspiración para
nosotros.
Podemos imitar la humildad de San Francisco de Asís, la perseverancia en la
oración de Santa Mónica, la generosidad de Santa Teresa de Calcuta, la nobleza de santa
Teresita de Lisseux, la congruencia y fortaleza de Santo Tomás Moro, el autodominio de
San Francisco de Sales, la sabiduría de San Juan Bosco, etc.
¡Qué diferentes serían las aspiraciones humanas si se difundieran más las vidas de
estos maravillosos personajes! Pero ya sabemos que esto es contrario a los intereses
prácticos de quienes ostentan el poder en la tierra. Vivir en santidad requiere de esfuerzo,
de lucha, de conquista de la virtud a base de la repetición de buenos hábitos. En cambio
la sociedad consumista solo promueve las ventas, los productos mágicos, los vicios o
malos hábitos, el vivir sin humanizarnos para ser masa manipulable.
Mathew Kelly expresa con meridiana claridad este punto:
En Estados Unidos se gastan más de treinta mil millones de dólares en productos
dietéticos cada año, y sin embargo el sobrepeso cada vez adquiere mayores dimensiones.
Lo que necesita la mayoría es solo un poco de disciplina, pero estamos contra esto y
deseamos que alguien nos diga: “puedes estar sano y feliz sin disciplina”. ¡Mentira!. Lo
cierto es que no puedes lograr salud y felicidad sin disciplina. He aquí el gran abismo que
se abre entre la Iglesia y la cultura.
La cultura repite propagandísticamente: ¡Haz cualquier cosa que se te antoje y serás
feliz! La Iglesia por su parte nos enseña que no se puede ser feliz sin disciplina, y de
hecho nos presenta la disciplina como el camino a la felicidad.
En “caminos laicales de perfección” encontramos estos párrafos que traducen muy
bien lo hasta aquí expresado:
La santidad es, pues, el fin único de la vida del cristiano: es «lo único necesario
» (Lc 10,41). La enseñanza de Jesús insiste siempre en ese planteamiento tan absoluto:
«Buscad primero de todo el Reino y su justicia, y todo lo demás se os dará por
añadidura» (Mt 6,33).
Por eso el cristiano que quiere vivir la vida cristiana, pero no quiere en realidad
tender a la perfecta santidad, hace de su vida un tormento interminable, pues
introduce en ella una contradicción gravísima e insuperable. Es como si un hombre se
empeñara en levantar un saco pesado con una sola mano, no con las dos. Con las dos
podría levantarlo perfectamente, pero con una sola mano le resulta agotador e
imposible. De modo semejante, aquél cristiano que no pretende llegar a la plena
22
santidad, no puede menos de experimentar el cristianismo, en mayor o menor medida,
como un problema, como una tristeza, como un peso aplastante.
Puedes decirte a ti mismo: ¡nací para ser santo!
Esto es renovarse, cambiar para bien, salir de nuestra vida enquistada en el pecado
para avanzar en el camino de la perfección personal. No es santo el que nunca cae, sino
el que siempre se levanta.
Y recuerda: no hay santo sin pasado, ni pecador sin futuro.
Cuando tenemos este ideal, todo cambia. Ya no hacemos las cosas por conseguir un
bien inmediato para nosotros mismos. Actuamos y decidimos en función de nuestro
anhelo de agradar a Dios y caminar a la tierra prometida. Escuché al actor y productor
Eduardo Verástegui decir en una entrevista: “yo no nací para tener éxito sino para ser
santo. Si luchando por esto logro el éxito es bienvenido, pero no es mi fin”.
Cuando tenemos la motivación adecuada, la motivación sobrenatural, es cuando
todo lo demás se va acomodando a nuestro favor. No quiero ya hacer mi voluntad sino la
del que me creó y me ama desde la eternidad.
23
IV.
QUIERO SENTIRME A GUSTO
CONMIGO MISMO
“Al entendimiento, dominio propio. Al dominio propio, la constancia. A la constancia,
devoción a Dios”
San Pedro
(2 Pe. 1,6)
En una ocasión, después de haber impartido una conferencia sobre Madurez, un joven se
acercó a mí con lágrimas en los ojos y un nudo en la garganta, me dijo entre sollozos:
“ya no quiero ser igual”.
—¡Me alegro tanto!— le dije, y lo abracé fuertemente. Su ansia de ser más y mejor
le hizo identificarse con el tema. Sabía que había vivido sin aspiraciones, al “ahí se va”,
sin ton ni son, sin un proyecto de vida. Pero algo en su interior le gritaba que una vida
mejor era para él. Pero esta mejor vida no llega sin esfuerzo.
Aristóteles afirma que es feliz quien practica la virtud. La felicidad a la que aspiras
tiene que ver con aceptarte tal como eres y emprender un camino de auto-
perfeccionamiento o maduración personal.
Las relaciones humanas fracasan cuando se encuentran personas inmaduras una
frente a otra. Son más de tres generaciones que se han despreocupado por forjar el
carácter y han exaltado los sentimientos de manera que la población no está creciendo
psicológica y espiritualmente. Hoy tenemos una especie de epidemia de depresiones, bi-
polaridad y personalidades esquizoides. Enrique Rojas, psiquiatra español, dice que
estamos asistiendo a una especie de socialización de la inmadurez.
Las parejas se unen cada vez con mayor edad, pero mentalmente son adolescentes
en pleno. Traen hijos a la vida sin ninguna consciencia de su responsabilidad y misión.
En estos pesudo-hogares siguen generándose nuevas personalidades inmaduras y la
amargura inunda los corazones del hombre de nuestros días. Surgen los vicios, las
infidelidades, las decepciones.
Para mejorar las relaciones humanas, primero deben mejorar las relaciones con Dios
y con nosotros mismos.
24
1. Con Dios porque conocemos quiénes somos, cuánto valemos y hasta dónde
podemos aspirar.
2. Con nosotros mismos, porque sólo cuando nos aceptamos y nos valora mos tal cual
somos, nos ponemos en posición de actuar en favor de nuestro bien personal. Y
cuando yo hago lo correcto, cuando elijo acciones y pensamientos que me edifican
como persona, es cuando mi autoestima crece de modo natural y perfecto. Y una
autoestima sana me da seguridad. Empiezo a dar lo mejor de mi mismo al mundo.
Se crea este círculo virtuoso en donde doy más y mejor de mí, sintiéndome más y
mejor persona. Me vuelvo un ser humano lleno de bondad y bendición.
Quizás estés pensando que quieres pero no puedes cambiar. Esto es falso. Te propongo
que practiques nuevos hábitos sustituyendo a los que actualmente tienes y que te hacen
daño. Harás un intercambio de vicios por virtudes.
Un vicio es una acto repetido que no te trae nada bueno sino todo lo contrario:
levantarte tarde, ser impuntual, consumir alcohol sin medida, drogarte, consumir
pornografía, dejar todo para después, ser perezoso, no ayudar a nadie, gritar y enojarte
sin control lastimando a los demás con tu mal carácter, etc.
Para eliminarlo muchos autores sostienen que si tú prácticas un nuevo hábito por 21
días consecutivos, el día 22 ya no te costará tanto trabajo hacerlo. Esto surge de una
observación realizada por un médico durante la segunda guerra mundial cuando los
soldados heridos perdían algún miembro de su cuerpo. El doctor se dio cuenta que todos
actuaban los primeros días como si esa pierna o brazo faltante siguieran en su lugar, es
decir, que el cerebro no reconocía que faltaba una parte de su cuerpo sino hasta el día 22
después de haberlo perdido. Esto significa que el cerebro tarda tres semanas en
reconocer una nueva situación de vida.
Deberás luchar “a brazo partido” por hacer este cambio deseado poniendo en ello
toda tu voluntad, todo tu corazón, todo tu ser. No hay otra forma de conseguirlo. El
precio de tu mejora personal es vencer tu tendencia a la zona de confort, y sobreponerte
al llamado cómodo de conseguir todo regalado o fácil. ¡Por tan solo 21 días persevera!
Perseverar es seguir adelante a pesar de las adversidades. Es armarte de valor y
vivir “solo por hoy”. Determinarte a convertirte en la mejor versión de ti a lo largo de las
próximas 24 horas.
Cuando yo era joven (más joven), influyó mucho en mí el decálogo de la serenidad
escrito por San Juan XXIII. Lo comparto contigo esperando que impacte tu vida para
bien:
1. Sólo por hoy trataré de vivir exclusivamente el día, sin querer resolver el problema
de mi vida todo de una vez.
2. Sólo por hoy tendré el máximo cuidado de mi aspecto: seré cortés en mis maneras,
no criticaré a nadie y no pretenderé mejorar o disciplinar a n die, sino a mí mismo.
25
3. Sólo por hoy seré feliz en la certeza de que he sido creado para la felicidad, no sólo
en el otro mundo, sino en este también.
4. Sólo por hoy me adaptaré a las circunstancias, sin pretender que las circunstancias
se adapten todas a mis deseos.
5. Sólo por hoy dedicaré diez minutos de mi tiempo a una buena lectura; recordando
que, como el alimento es necesario para la vida del cuerpo, así la buena lectura es
necesaria para la vida del alma.
6. Sólo por hoy haré una buena acción y no lo diré a nadie.
7. Sólo por hoy haré por lo menos una cosa que no deseo hacer; y si me sintiera
ofendido en mis sentimientos procuraré que nadie se entere.
8. Sólo por hoy me haré un programa detallado. Quizá no lo cumpliré cabalmente,
pero lo redactaré. Y me guardaré de dos calamidades: la prisa y la indecisión.
9. Sólo por hoy creeré firmemente aunque las circunstancias demuestren lo contrario,
que la buena providencia de Dios se ocupa de mí como si nadie existiera en el
mundo.
10. Sólo por hoy no tendré temores. De manera particular no tendré mie56 No te
limites do de gozar de lo que es bello y de creer en la bondad.
Siembras un pensamiento, cosechas una acción. Siembras una acción, cosechas un
hábito. Siembras un hábito, cosechas un carácter. Siembras un carácter, cosechas un
destino.
26
V.
VIRTUDES TEOLOGALES Y
CARDINALES
“Practiquen el dominio propio y manténganse alertas. Su enemigo el diablo, ronda
como león rugiente buscando a quién devorar”
San Pedro
(1 Pe. 5,8)
Si quieres ser feliz de verdad, debes practicar virtudes.
Necesitamos entender esta verdad de una vez por todas. Dos personas de virtud
siempre tendrán una mejor relación que dos personas sin virtud. Piensa de modo
práctico: dos desordenados tendrán más problemas que dos personas ordenadas; dos
impacientes, serán mucho más conflictivos que dos pacientes; dos mentirosos acabarán
en guerra campal, contrariamente a dos personas sinceras, veraces y sin dobleces; dos
amables siempre estarán en mejor situación que dos groseros.
Elijamos una vida virtuosa. La palabra virtud, del latín virtutem, significa valor,
fuerza o cualidad positiva. El catecismo de la iglesia católica nos instruye sobre 7 de ellas
que pueden conformar todo un plan de vida, pues son la base o piedra angular de la
moral, de la vida buena y también, por qué no, de la genuina “buena vida”.
Estudiemos juntos los puntos 1803 a 1843 para ir desarrollando posteriormente un
plan de crecimiento personal en función de ellas.
La virtud es una disposición habitual y firme para hacer el bien: «El fin de una vida
virtuosa consiste en llegar a ser semejante a Dios» (San Gregorio de Nisa). Las virtudes
humanas son perfecciones habituales y estables del entendimiento y de la voluntad, que
regulan nuestros actos, ordenan nuestras pasiones y guían nuestra conducta en
conformidad con la razón y la fe.
Las principales virtudes humanas son las denominadas cardinales, que agrupan a
todas las demás y constituyen las bases de la vida virtuosa. Son la prudencia, la justicia,
la fortaleza y la templanza. Estas nos permiten adquirir dominio propio haciéndonos
libres y capaces de amar.
La prudencia dispone la razón a discernir, en cada circunstancia, nuestro verdadero
27
bien y a elegir los medios adecuados para realizarlo.
La justicia consiste en la constante y firme voluntad de dar a los demás lo que les
es debido.
La fortaleza asegura la firmeza en las dificultades y la constancia en la búsqueda del
bien, llegando incluso a la capacidad de aceptar el eventual sacrificio de la propia
vida por una causa justa.
La templanza modera la atracción de los placeres, asegura el dominio de la voluntad
sobre los instintos y procura el equilibrio en el uso de los bienes.
Las virtudes teologales son las que tienen como origen, motivo y objeto inmediato a Dios
mismo. Nos hacen capaces de vivir en relación con Él, y fundamentan y animan la
acción moral del cristiano, vivificando las virtudes humanas. Son la garantía de la
presencia y de la acción del Espíritu Santo en las facultades del ser humano.
Las virtudes teologales son la fe, la esperanza y la caridad. Ellas nos liberan del
egoísmo y nos protegen del orgullo mal entendido.
La fe es la virtud teologal por la que creemos en Dios y en todo lo que Él nos ha
revelado, y que la Iglesia nos propone creer, dado que Dios es la Verdad misma.
Por la fe, el hombre se abandona libremente a Dios; por ello, el que cree trata de
conocer y hacer la voluntad de Dios.
La esperanza es la virtud teologal por la que deseamos y esperamos de Dios la vida
eterna como nuestra felicidad, confiando en las promesas de Cristo, y apoyándonos
en la ayuda de la gracia del Espíritu Santo para merecerla y perseverar hasta el fin
de nuestra vida terrena.
La caridad es la virtud teologal por la cual amamos a Dios sobre todas las cosas y a
nuestro prójimo como a nosotros mismos. Jesús hace de ella el mandamiento
nuevo.
Tenemos un conocimiento nuevo y podemos establecer un modo nuevo de enfocar
nuestra vida. Ya no insistas en la necesidad de que el mundo cambie y concéntrate en tu
propio cambio. Pero olvida los bienes propuestos por el mundo; que tus metas no tengan
que ver con ganar dinero, obtener placeres o ser más guapo o atractiva. Estos bienes
materiales no son malos en sí mismos, pero son aspiraciones chatas. Recuerda que eres
tan grande como las cosas que te preocupan. Que tu ideal de santidad, te lleve a tener
como aspiraciones la obtención de virtudes personales. Piensa en conseguir cualquiera de
ellas: quiero ser más prudente, quiero practicar la templanza, deseo llenar mis
pensamientos de esperanza, etc.
De forma concreta, te doy algunos ejemplos que te ayudarán a practicar estas
virtudes.
Para ser prudente: lucha por no quejarte, esmérate a lo largo del día en ser
28
agradecido. Prométete no usar palabras ofensivas jamás. Evita hacer comentarios
negativos de tus seres queridos...
Para practicar la justicia: nunca castigues a un hijo antes de escucharlo serenamente,
nunca retengas el salario de tu empleado, etc.
Para ser templado: come siempre un poquito de menos y nunca un poco de más;
dirige tu mirada a otra parte si te llega pornografía a tu pantalla, o renuncia
voluntariamente a poner la vista sobre una mujer que va vestida en forma vulgar y
provocativa. Selecciona lo que ves y escuchas, evitando erotizar tu mente.
Para adquirir fortaleza: haz un horario que incluya todas tus responsabilidades y
procura respetarlo, date un tiempo razonable para rezar, orar y meditar la Palabra de
Dios, conoce vidas de santos, aprende de los emprendedores, etc.
Y respecto a las virtudes teologales, recuerda que ellas van inter-relacionadas
inevitablemente. Quien alimenta su fe, aumenta su esperanza y es capaz de amar. Quien
alimenta sus miedos, pierde la fe, se desespera y no puede amar.
Para vivirlas es indispensable alimentar tu fe: lectura de la Palabra, confesión
frecuente, Eucaristía, reflexión de la Palabra ayudados por meditaciones de santos, vida
en comunidad, retiros espirituales, congresos Marianos, prácticas piadosas como el rezo
del Santísimo Rosario, prácticas ascéticas como el ayuno, etc.
Y una llave maravillosa para abrir la puerta de las tres virtudes teologales, es la
práctica de las obras de misericordia.
Obras de misericordia corporales:
Visitar y cuidar a los enfermos.
Dar de comer al hambriento.
Dar de beber al sediento.
Dar posada al peregrino.
Vestir al desnudo.
Redimir al cautivo.
Enterrar a los muertos
Obras de misericordia espirituales:
Enseñar al que no sabe.
Dar buen consejo al que lo necesita.
Corregir al que yerra.
Perdonar las injurias.
Consolar al triste.
29
Sufrir con paciencia los defectos de los demás.
Rogar a Dios por vivos y difuntos.
Selecciona una o más de ellas y haz un plan semanal en el que destines un par de
horas a una de estas benditas actividades.
Saldrás de ti mismo y paradójicamente, te querrás más a ti mismo. Así funciona la
lógica divina. Más te das, más eres dueño de ti; más te olvidas de ti, mas bendiciones
recibes. “Es dando como recibimos. Es muriendo a nosotros como ganamos la vida
eterna”.
30
VI.
UNA CLAVE PARA EL ÉXITO REAL
“Su Señor le respondió: “Hiciste bien siervo bueno y fiel; te pondré a cargo de mucho
más. ¡Ven a compartir la felicidad de tu Señor!”
Jesucristo
(Mt. 25,21)
Encontramos en el libro de Jeremías una sencilla narración que es fuente de esperanza
total. Dice en el capítulo 18 que Dios le pide que vaya a casa del alfarero y ahí le dará
instrucciones. Así lo hace el profeta y se encuentra al artesano en plena acción. Sobre su
rueda está dando forma a una vasija, algo no estaba bien y se echó a perder, entonces el
alfarero volvió a empezar y con el mismo barro hizo una vasija nueva. Jeremías escuchó
interiormente la voz de Dios que le decía: “ Si este alfarero ha podido empezar otra vez,
¿No puedo yo hacer de ti un vaso nuevo?
Es probable que en tu vida hayas intentado ser mejor en otras ocasiones. Puede ser
que en tus intentos fallidos hubo lugar para la desesperación y que finalmente has “tirado
la toalla”. Son muchas almas las que han considerado incluso el suicidio, y otras tantas
las que eligen por siempre la mediocridad.
Te has preguntado ¿por qué no has podido dar ese salto a convertirte en la mejor
versión de ti?
Pueden ser prejuicios tuyos, soberbia que te dice que no tienes por qué hacer lo que
otro te dicta, ni aunque sea Dios mismo. Tal vez te has llenado tanto de “mundo” que ya
vas con la corriente hacia el precipicio, porque ir así no exige esfuerzo y el mundo se
cansa de repetir que puedes tenerlo todo sin pagar nada por ello. Quizás has luchado
sinceramente, pero llegó un momento en que tus fuerzas no dieron más.
Pero hay una razón que el ambiente impregnado de paganismo en el que vivimos,
no considera jamás:
No has podido mejorar porque no acudes con fe a quien todo lo puede, no eres
consciente de que existe un mundo invisible y que cuentas con la intercesión de los
santos, de la Santísima Virgen María, que cara a cara frente a Dios, piden ayuda para ti.
Tú pones tus pocas fuerzas, tus pobres talentos, pero los pones de corazón, sin
desfallecer, confiando plenamente en que Dios todo lo puede.
31
LA CLAVE PARA ALCANZAR EL EXITO VERDADERO ES CRISTO
Cuando Jesucristo hace su primer milagro lo hizo a petición de su Madre. El pidió a los
empleados que llenaran las tinajas de agua. Así lo hicieron en perfecta obediencia, y el
Señor hizo, el milagro. “Los hombres hacen lo que pueden y dejan el resto en manos del
que todo lo puede”.
En esto consiste la santidad: yo hago lo que Dios me pide y ¡Él se encarga de mi
felicidad!
Cuando te limitas a una vida mediocre, estás yendo contra la voluntad de Tu
Creador. Para conseguir lo mejor de esta vida, considérate desde ahora mismo un
ciudadano del cielo. Vive desde este momento en clave de “eternidad”. ¡La vida no se
acaba aquí! Este es un paso a la vida verdadera.
La pregunta esencial no es ¿Qué quiero? Sino, ¿Qué quiere Dios de mí?
De manera muy práctica te propongo los siguientes ejemplos:
Tu esposo quiere ir a Puerto Vallarta el próximo verano. Tú prefieres Ixtapa. No
hagas un teatro trágico porque las cosas no se dan como tú quieres. Con sencillez acepta
la propuesta y bendice porque tienes la posibilidad de gozar de la playa en familia. No
aferrarnos a nuestros gustos es una forma de vivir en clave de eternidad. No pienso en lo
que YO quiero, sino en que Dios bendice a las familias que saben ceder y vivir en
armonía.
Tienes una linda voz y has soñado toda tu vida con ser cantante famosa en TV
.
Acepta con humildad tu talento y ponlo al servicio de Dios. Quiero alegrar con mi voz a
mis hermanos. Quiero ofrecer mis dones a quien me los otorgó porque vivo agradecida
con mis Señor. Si Él permite que yo gane fama en la tierra, solo pido que no me aleje de
Él jamás. Si no me concede esto, por algo mejor será. Bendito sea Dios, no se haga mi
voluntad sino la suya.
Eres buen jugador de fútbol, quieres ganar el campeonato de goleo. Pones todo de ti
y por injusticias humanas no lo consigues. Esto no te destruye porque pones tu confianza
en Dios. Si Él permitió en su infinita sabiduría que tú pasaras por esto, para algo grande
será. Puedes acercarte con paz a Él y decirle: “me duele Señor, pero más me dolería
fallarte a ti. Bienvenida la experiencia y que mi dolor se sume al tuyo por la salvación de
las almas”.
Estás muerta de cansancio, ha sido un día muy pesado y al ver a tu hija metida en el
celular te desesperas y gritas. Se lo arrancas de la mano y la humillas con palabras muy
hirientes. Ella llora y se encierra en su cuarto. Después tu conciencia te reclama.
Sin Dios en tu corazón, sigues tu vida con actitud de ofendida y la guerra entre tu
hija y tú va tomando cuerpo. Con Dios, viviendo en clave de eternidad, la buscarás
enseguida y le pedirás perdón. ¿Por qué?, ¡Es que quieres ganar el cielo! ¡Es que quieres
32
ser santa!
Cuando haces lo que a Dios le agrada... las cosas acabarán bien. CONFÍA.
La siguiente narración de Fray María Lázaro tiene potencial motivador porque lo
que mueve al protagonista es su deseo de ser santo:
El padre Damián, un generoso cura de pueblo, recibía en clases de catecismo a un
pequeñito: Toñín. Un niño vivaracho huérfano de madre, cuyo padre alcohólico y
violento le propinaba una triste vida. En cierta ocasión el Padre Damián, abrió su ventana
de madrugada muy asustado por los gritos del papá de Toñín. Bajó de inmediato
pensando que debía proteger al pequeño de algún otro maltrato. Lo que vivió aquella
noche fue imborrable y bello.
Resulta que unos días atrás, durante la lección de catecismo, el padre habló del
Santo cura de Ars. Mencionó una frase que caló muy dentro en el corazón de Toñín: “a
las almas se les enseña con la palabra, pero solo se las salva sufriendo por ellas”.
El pequeño había entendido el sentido del sacrificio. Empezó a dormir en el piso
ofreciendo la incomodidad por amor a su padre (¡esto es santidad!). Aquella noche llegó
el padre de la mina y al verlo en el suelo le preguntó enojado por qué lo hacía. Toñin
nervioso, sin querer mentir, respondió: —dormía en el suelo, para que tú, papito, no te
emborraches y no blasfemes—
—¿quién te ha dicho eso?—
—el Padre Damian—
—vístete rápido, vamos a verlo—
Llegaron a casa del cura, antes de que abriera la puerta, Toño, el papá la empujó, y al
ver de frente al sacerdote, cayó de rodillas declarando con voz entrecortada: —padre,
una religión que hace de un niño un héroe tiene que ser verdadera, reconozco que he
vivido equivocado, vengo a pedir perdón y a que me confiese, si tengo derecho.
Toñín lloró, el padre lloró y también Toño... Todos lloraban de alegría mientras en
el cielo el coro de los ángeles cantaba: “Gloria a Dios en lo más alto del cielo y en la
tierra paz a los hombres de buena voluntad”.
Ser santos, es preguntarse en cada decisión si esto que voy a hacer agrada a Dios.
No te preguntes cómo va a reaccionar el otro, ni siquiera si eso es lo que quieres tú...
Que tu corazón no desee otra cosa que ganar el cielo. Lo demás se da por
añadidura. Lo mejor ocurre.
Sin esta visión, esperamos lo peor y actuamos de manera egoísta, con miedo. El
resultado es chato, corto, timorato, limitado.
¡No te limites! Que no gobierne tu gusto sino la sabiduría divina en ti.
33
Me conmueve recordar a un hombre corpulento que me decía entre lágrimas:
—Lupita, soy casto. He entregado al Señor mí adicción a la pornografía. Él ha
hecho de mi un hombre nuevo, ¡es un milagro!, pero no lo habría logrado sin la ayuda de
mi madre del cielo, la Virgen María que es madre mía también. Cada vez que tengo una
tentación le digo a ella convencido: “nada que te ofenda mamita, nada que te ofenda”, y
puedo vencer.
Dicen los que saben, que cuando Dios quiere hacer a un alma muy santa, la hace
muy Mariana. Acércate a la Madre del cielo, que con dulzura inefable te lleva hasta el
Señor, Rey del Universo.
Esto es santidad.
¿Por qué seguir pretendiendo el éxito del mundo cuando nuestra meta es
infinitamente más alta?
Es maravilloso constatar que cuando tu obsesión es el reino de Cristo, lo demás se
nos entrega como don. No falta nunca lo necesario, vivimos rodeados de amor, nos
encontramos satisfechos porque pasamos por la vida como Cristo, “haciendo el bien”.
Y si llenos de esta pasión, el Señor nos concede éxito mundano, nunca dejemos de
servirle con él.
¿Empresario exitoso? Para Cristo
¿Padres ejemplares? Para Cristo
¿Salud perfecta? Para Cristo
¿Belleza o atractivo? Para Cristo
Y si tu realidad, pese a que luchas por convertirte en la mejor versión de ti, implica dolor,
sufrimiento, llanto... consérvate fiel al ideal de ser santo y di:
¿Dificultades económicas? Las enfrento por Cristo
¿Salud precaria? Por Cristo
¿Decepción, traición, engaño? Por Cristo
¿Relaciones difíciles? Por Cristo
¿Injusticias y persecución? ¡Por Cristo!
¡Quién puede separarnos de su amor, si lo llevamos dentro!
34
COLECCIÓN DE CARTAS
A continuación te presento algunas cartas que he recibido en las cuales se presentan
problemáticas actuales y comunes. Podrás observar en las respuestas, que la vida de
santidad es posible en estas realidades por crudas que parezcan. La santidad es lucha.
Cuando el hombre deja de vivir como piensa, acaba pensando cómo vive. Este es el
camino de la mediocridad y el desconsuelo. ¡Vuelve tu mirada a lo alto!, cultiva la
esperanza del buen fin y lucha por convertirte en la mejor versión de ti mismo. ¡Piensa lo
mejor, habla de lo mejor, espera lo mejor, lucha por lo mejor!
LA VIOLENCIA SE APRENDE EN CASA
Querida Lupita:
Soy un joven comprometido en la Evangelización y quiero seguir adelante con lo que
creo que es mi misión en la vida. Pero me desaliento mucho cuando vivo escenas de
violencia en mi propia casa. Mi papá es alcohólico y hace unas semanas quiso golpear a
mi mamá. Yo intervine y lo golpeé con coraje. Nos hicimos de palabras y lo insulté.
Luego me toca dar temas de formación para adolescentes y tuve que hablar de cómo
honrar a los padres. En esos momentos me pregunto si debo seguir hablando de algo que
no vivo. ¿Cómo honrar a mi padre cuando ha sido grosero con nosotros, nos humilla
constantemente con sus palabras, nos hace sentir inútiles y nada valiosos?
Alberto
***
Querido Alberto:
Te abrazo fuertemente y te pido perdón a nombre de tu padre y de todos los padres que
no cumplen su responsabilidad. Nuestra realidad actual no favorece la vivencia de las
virtudes y somos los propios adultos quienes damos ejemplo de inmadurez. Llevamos el
alma vacía, nuestro estilo de vida es superficial y egoísta, basado en sentimientos y
emociones.
Tú eres un joven extraordinario, que como muchos otros estás en búsqueda de un
ideal. ¡Has conocido a Cristo y quieres evangelizar!
Hazlo sin miedo.
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Cuando hemos decidido seguirlo a Él, su enemigo no descansa y busca la manera de
desalentarnos. No lo escuches.
Tu eres testigo de la necesidad de vivir con los criterios del Cristo. Mientras el
mundo grita que hagas “lo que quieras”, Él nos enseña a orar diciendo al Padre: “Que se
haga Tu voluntad”.
Es voluntad de Dios la Paz. Y para vivirla es posible aprenderla. Tú aprendiste a ser
violento por el ambiente que tu padre ha generado en casa, pero puedes aprender a ser
pacífico. Cuando naciste no hablabas y aprendiste con el tiempo. Tus padres te
enseñaron español porque era el idioma que sabían, lo mismo sucede con nuestras
actitudes: el odio y la violencia son generados por la educación, se aprenden, tal como lo
afirma Eduardo Aguilar en su libro “Amar con hechos”.
Puedes entrenarte en el perdón y cambiar tu violencia y odio por una lucha
respetuosa en defensa de tus derechos y los de tu familia. Oración, Eucaristía y lectura
del Evangelio serán tu alimento para conseguirlo.
Es urgente prevenir con educación la violencia verbal y física desde cada hogar. Una
medida irrenunciable es que los padres se entrenen para saber hablar de un modo
positivo a los hijos. Siguiendo los conceptos de Eduardo Aguilar: “La boca de los padres
debe ser un armario de oro, de piedras preciosas, de profecías de éxito”.
La palabra de Dios es contundente: Y ustedes padres, no provoquen la ira de sus
hijos, sino más bien edúquenlos con disciplina y la instrucción que quiere el Señor (Efe.
6,4).
Tal vez no puedas hacer mucho para que tu padre cambie, ¡pero sí puedes cambiar
tú! Conviértete en un agente de paz, prepárate para formar un hogar en el que seas tú
mismo como padre de familia seas el primer sembrador del amor.
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MODELOS A IMITAR
Querida Lupita:
Te escribo desde Roma en donde tuve el privilegio de vivir el momento histórico de la
canonización de nuestros dos queridos Papas. Fue una emoción que no puedo describir.
Pero me dio una tristeza enorme el ver un programa de tv que hablaba necedades sobre
la madre Teresa de Calcuta, Juan Pablo II, señalaban la “hipocresía” de la Iglesia. Unos
conductores enconados en contra de nuestra fe se dedicaron a manchar todo lo bello que
hemos vivido, eso hace daño a la Iglesia y francamente me deprime. ¿Por qué no habla
nadie para taparles la boca?
Adriana P.
***
Querida hermana en Cristo, Adriana:
Los cristianos no devolvemos mal por mal, por el contrario, oramos por nuestros
ofensores.
Es totalmente predecible que se ataque virulentamente a la Iglesia cuando surge un
faro de luz tan grande como el que forman Juan XXIII y Juan Pablo II. Su canonización
es y será fuente de bendiciones abundantes para la vida de todos nosotros.
No se trata de ponerlos en el altar para que busquemos favores de ellos en forma
supersticiosa. La verdadera veneración consiste en imitarlos.
Conocer sus vidas, sus luchas, su fidelidad al Evangelio, reconocer que su cercanía
ante Dios les hace grandes intercesores, es lo que nos hará recordar que todos hemos
sido creados para ser santos. El concilio Vaticano II en el que ambos fueron pieza
fundamental, quiso recordarnos esta verdad: sin santidad personal, la Iglesia se
resquebraja.
Sin embargo, ha habido tantos abusos y malas interpretaciones de este Concilio, que
un gran número de sacerdotes, teólogos y maestros, dejaron de enseñar este llamado
universal a la santidad por considerarlo un ideal inalcanzable que tan solo generaría
culpas. Quisieron hacer las cosas más fáciles para las personas diluyendo o eliminando
esta gran meta y lo que consiguieron fue exactamente lo opuesto: no han hecho la vida
del hombre más fácil sino más difícil.
El Papa Francisco está encarnando en sí mismo la Verdad revelada por Jesucristo:
“¡estamos aquí para amar, para ir al encuentro de los que sufren, para ser Santos!”
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Al colocar en los altares a San Juan Pablo II y a San Juan XXIII, dos Papas
misericordiosos, se nos propone vivir esa santidad a la que todos estamos llamados.
Somos partícipes de la vida divina por don inefable de Dios. Él ha querido llamarnos a la
vida eterna y este es nuestro propósito esencial, el verdadero sentido de nuestras vidas.
Cuando los hombres dejan de ver este fin, se oscurece su visión y entra la angustia y la
depresión desesperante.
La gran figura del renacimiento italiano, Miguel Ángel, tenía una frase tan fuerte
como verdadera: “El verdadero peligro para la mayoría de nosotros no es que
apuntemos demasiado alto y fallemos, sino que apuntemos demasiado bajo y
acertemos”
Comprendamos que el drama del mundo moderno es haber olvidado la grandeza de
nuestra dignidad. No somos aves de corral, estamos diseñados para alcanzar la mayor
altura y volar tan alto como las águilas reales. No podemos sucumbir a una vida de
vicios, de desorden y violencia, debemos aspirar a la virtud. Nuestro mundo no necesita
solo buenas personas para transformar su faz, requiere hombres y mujeres íntegros,
honestos, conscientes de su destino eterno, decididos a ser héroes, a dar la vida por los
demás, a dejar el pecado atrás y conquistar una vida de gracia, ¡a ser Santos!
38
CÓMO FORTALECER LA VOLUNTAD
Lupita:
Este será el tercer año que me propongo bajar de peso porque me está afectando en la
salud física y emocional. Pero necesito que me ayudes a tener fuerza de voluntad ya que
al poco tiempo de intentarlo tengo tentaciones y caigo nuevamente hasta que concluyo
que no voy a poder. No me gusta ser gordita y mi esposo se ha cansado de buscar
formas en que yo pueda superar mi manera de comer. Mis hijos me animan a que haga
dietas y ejercicio. Tengo su ayuda y su amor, pero algo hace que yo misma no crea que
puedo lograrlo. Siempre fui delgada y sé que todo viene de mi mala alimentación. Siento
que estoy decepcionando a mi familia y a mí misma. ¿Cómo podré levantarme y luchar
otra vez?
Bertha A.
***
Querida Bertha:
Si la razón de tu sobrepeso son tus malos hábitos alimenticios, siempre será un bien para
ti el cambiarlos. Pero no te obsesiones si hay detrás algo bioquímico, hormonal o de otra
índole cuya solución está más allá de tu voluntad. En tal caso acépate y quiérete, esto
conseguirá la aceptación y el amor de los demás. Investiga las causas.
De acuerdo a la visión cristiana todos los seres humanos hemos sido equipados con
inteligencia, voluntad y afectividad. Cada una de estas facultades tiene un fin concreto:
alcanzar la verdad, el bien y el amor. Con la inteligencia vemos lo que nos conviene elegir
y con la voluntad nos dirigimos a ese bien.
¡Tú tienes fuerza de voluntad!
Si consideras que estás débil en este aspecto, lo que debes hacer es ejercitarte en su
práctica.
Enumero a continuación algunas recomendaciones que para fortalecer la voluntad
hace Juan Rosales Pinto en su libro (cuya lectura te recomiendo ampliamente),
“¡Levántate!, Da tu segundo esfuerzo”.
1. Practica. Igual que un músculo, la voluntad se fortalece haciendo pequeños
ejercicios de actividades y/o actitudes que te cuesten trabajo.
2. Cambia tu forma de pensar. Quita de tu mente las frases que te descalifican y
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cámbialas por frases positivas y ciertas que te repitas todo el día.
3. Haz pequeños cambios. No busques cambios radicales inmediatos. Divide tu gran
ideal en muchas pequeñas metas.
4. Sé realista. Establece metas que puedas conseguir. No es lo mismo querer bajar 20
kilos en un mes que proponerte bajar 2 por mes.
5. Controla tus tentaciones. Ellas no son más grandes que tú. Revisa los motivos de tu
sobrepeso o de cualquier aspecto de tu personalidad que quieras modificar. Es
posible que encuentres causas en tu pasado que pueden ser sanadas. Esto te dará
fortaleza al enfrentar tus puntos débiles.
6. Ponte metas claras. Escríbelas y evalúa tu esfuerzo.
Es perfectamente normal que no vayamos siempre cuesta arriba. Tenemos subidas y
bajadas pero eso no nos hace fracasados. Estamos viviendo la vida y realizando los
esfuerzos que ella nos pide. Importa que no te detengas. Juan Rosales incluye un
desafiante texto del poeta Almafuerte:
“No te des por vencido aún vencido, no te sientas esclavo aún esclavo; trémulo de
pavor piénsate bravo y arremete feroz ya mal herido”
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CONVIVIR CON UN NEURÓTICO
Lic. Lupita:
Las escenas de violencia y descontrol van en aumento en nuestro hogar. Ayer encontré a
mi mujer e hija golpeándose mutuamente sin piedad. Apenas pude detenerlas, pero mi
hija de 15 años se fue de la casa y mi mujer me culpa a mí de todas las tragedias. Mis
hijos son alcohólicos y vivimos bajo la tormenta de los gritos y la falta de respeto de
todos con todos. He tenido el plan de que nos separemos y cada uno viva su vida. Juntos
nos lastimamos demasiado.
Arturo M.
***
Muy estimado en Cristo, Arturo:
Puedo sentir tu frustración e impotencia ante esta realidad que se presenta apabullante.
Pero recuerda que la vida es desafío constante y que todos nosotros estamos equipados
para enfrentarla. Nos hace falta preparación pero siempre existe solución. Nuestra mente
busca respuestas sencillas y al no encontrarlas a la mano, creemos que no las hay. Pero
siempre están ahí, nos toca profundizar para llegar a ellas.
Cuando un adulto llega a los golpes en sus relaciones humanas, estamos de frente a
una persona que no se controla. En la gran mayoría de los casos se trata de una
personalidad neurótica. Revisa si tu o algún miembro de tu familia podría encajar en los
siguientes conceptos:
Una persona neurótica es, una persona que sufre.
El término “neurosis” es sinónimo de “dolor emocional excesivo”.
Este dolor puede manifestarse de muchas maneras-ansiedad, depresión, fobias,
agresividad, hiperactividad, celos, dependencias, obsesiones, miedos, etc.
En palabras de la escritora Ana V
on Rebeur, un neurótico es un inmaduro constante
que cree que en el llanto, la queja y la inconformidad permanente, reside el éxito
para que los otros atiendan sus reclamos.
El origen de este dolor es un pasado injusto. Un hogar desintegrado y/o un temperamento
hipersensible. El neurótico altera la realidad agrandando los problemas y cerrándose a la
posibilidad de la mejora personal. Cree erróneamente que no puede cambiar su manera
de pensar y sentir.
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Algunas estadísticas revelan que el 50% de las personas tienen algún tipo de
neurosis. Si la solución fuera ese decir: “cada quien su vida”, seríamos islas. Mejor
ayudémonos mutuamente a ser mejores personas.
El psicólogo especialista Joaquin Rocha nos aconseja las mejores y peores cosas que
podemos hacer cuando debemos convivir con un neurótico:
Lo que no debemos hacer:
1. Justificarlo y compadecerlo
2. Culpar a otros de sus problemas
3. Aceptar que es así y que no puede cambiar
4. Sobreprotegerlo y mimarlo para que no sufra
5. Imponerle castigos ejemplares para que reaccione
6. Encubrir sus conductas
Lo que sí debemos hacer:
1. Potenciar su autoestima
2. Estimularlo para que haga pequeños cambios
3. Guiarlo a que reconozca sus síntomas
4. Motivarlo para que aprecie sus talentos
5. Ayudarlo a prestar atención a su pérdida de control
6. Hacerle ver que la persona que más puede ayudarle es él mismo
Recuerda que el primer gran paso a la solución de conflictos es la oración. Para estar de
pie en la vida hemos de ponernos de rodillas frente a nuestro Padre.
Fe es la certeza de poseer lo que aún se espera. Pide a Dios con absoluta paz por su
reinado en tu hogar, implora su ayuda para lograr el primer milagro de todos, tu cambio
personal. Haz un plan de vida que implique trabajar por convertirte en la mejor versión
de ti mismo. Tú eres ese agente de cambio que tu familia necesita.
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ABUSO A MENORES
Lupita:
Se nos ha presentado una situación inesperada y no sabemos lo que debemos creer y
cómo debemos actuar. Mi hija de 7 años me dice que su tío (hermano de mi esposo), la
está tocando y le pide que le toque a él su cuerpo también. Para mi es algo increíble, sin
embargo también me pregunto de dónde pudo haber sacado eso la niña. Le dije que no
inventara esas cosas y le he preguntado en dónde vio algo así pero ella ya no responde
nada.
Sentimos una gran angustia mi esposo y yo, acudimos a ti para que nos des alguna
orientación y actuar de acuerdo a lo que es correcto a los ojos de Dios.
Ma. Pilar
***
Hermana en Cristo, Pili:
Lamentablemente hemos deformado tanto el sentido de la sexualidad humana que hoy en
día, muchos hombres y mujeres, sanos y productivos, están haciendo mal uso de ella y
buscan placer a toda costa. Eres afortunada al enterarte de esta situación ya que se sabe
que solo uno de cada 10 niños que viven un abuso, lo cuenta. Las cifras conocidas
también revelan que el agresor puede ser cualquier persona de cualquier nivel socio
cultural, estado civil o profesión, y que en el 75% de los casos se trata de primos, tíos o
padres, 20% son conocidos tales como vecinos, amigos y maestros y solo un 5% son
desconocidos.
La fundación PAS (prevención del abuso sexual infantil) experta en el tema, nos
recomienda lo siguiente en caso de que un hijo o hija revele que ha vivido un abuso:
“En primer lugar, debe darse credibilidad al infante. Cuando un niño nos aborda
para comentarnos la confusión que siente por lo que le ha sucedido, es necesario ser
solidario y escuchar pacientemente, prometiendo siempre que será protegido y que ha
tomado una muy buena decisión al decirlo. En segundo lugar, hay que buscar ayuda
profesional y canalizar al infante. Dar asistencia a las personas que están al cuidado
del pequeño, principalmente los padres”.
Tu niña debe sentirse apoyada y protegida por ti. No vuelvas a dejarla sola con ese tío y
hazle saber que para ti nada ni nadie es más importante que ella y su seguridad.
Los seres humanos que no tienen una relación con Dios, se alimentan de “la carne”
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interpretada en las sagradas escrituras como la debilidad, los impulsos y malos deseos.
Hoy más que nunca, es necesario volver a la fe para frenar esta tendencia a desvirtuar el
extraordinario valor de la sexualidad humana.
En su carta a los Gálatas, San Pablo enseña: Manifiestas son las obras de la carne
que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lujuria, idolatría, hechicerías,
enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, divisiones, herejías, envidias,
homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a éstas. Pero el fruto del Espíritu
es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza. Pero
los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos
por el Espíritu, andemos también por el Espíritu. (Gál. 5, 19-25).
Para detener el uso desordenado de la sexualidad y acabar con tanto dolor, será
necesario alimentar el espíritu y entender que no somos sólo animales racionales, somos
mucho más que eso: ¡verdaderos hijos de Dios!
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MADRES SOLAS TRIUNFADORAS
Querida Lupita:
Agradezco mucho tu labor y quiero decirte que muchas de tus palabras me han ayudado
a salir adelante en medio de mi dolor. Luché con todas mis fuerzas para salvar mi
matrimonio pero desgraciadamente él no quiso continuar y se ha ido. Yo estoy de pie por
la gracia de Dios pero quisiera pedirte alguna orientación para mujeres que como yo,
están solas y deben sacar adelante a sus hijos. A veces la iglesia no toma en cuenta esta
realidad y ya que estoy en ella me he percatado de que somos muchas las mujeres que
estamos enfrentando la vida solas. Por favor también escribe algo para nosotras.
Adriana C.
***
Querida hermana en Cristo, Adriana:
Las estadísticas sostienen que existen actualmente en nuestro país 4.5 millones de
madres solas. Ciertamente es un tema que debemos afrontar de la mejor manera posible.
En su libro “Madres solas triunfadoras”, Oswaldo Cuadro hace unas recomendaciones
generales muy útiles.
Primeramente subraya la necesidad de que una mujer se valore por lo que es y no
por lo que le pasó. Cada mujer es un don de Dios, es una criatura extraordinaria que
debe reconocer su valor y entender que es digna de todo respeto. Esto implica una nueva
forma de pensar centrada en sus posibilidades de presente y futuro evitando así instalarse
en el pasado recordándolo con resentimiento y amargura.
Un encuentro con Dios será el primer paso para rehacerse, lo mismo que el Ave
Fénix. Una versión cristiana narra así esta inspiradora leyenda:
Se dice que en el Edén, debajo del Árbol del Bien y del Mal, floreció un arbusto
de rosas. Allí, nació un pájaro de bello plumaje y cuyos principios le convirtieron en el
único ser que no quiso probar las frutas del Árbol.
Cuando Adán y Eva fueron expulsados del Paraíso, cayó sobre el nido una chispa
de la espada de fuego de un Querubín, y el pájaro ardió al instante. La inmortalidad,
fue el premio a su fidelidad al precepto divino, junto a otras cualidades como la
capacidad curativa de sus lágrimas. Pero, de las propias llamas, surgió una nueva ave,
el Fénix, con un plumaje inigualable, alas de color escarlata y cuerpo dorado.
Una mujer que ha luchado por ser fiel será recompensada. Una mujer que se ha
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equivocado y encuentra el deseo de cambiar cuando ya es tarde según su consorte,
puede rehacerse con la ayuda de Dios. Cualquiera que sea la razón por la que estás sola
ahora, debes saber que en realidad hay quien te acompaña siempre: Jesucristo.
Inicia esta relación estrecha con el que no miente, no engaña, no traiciona. Con
aquel que siempre perdona, comprende y ama.
Con su ayuda podrás realizar estas necesarias tareas para triunfar como mujer y
como madre educadora:
Nunca hables mal a tus hijos sobre su padre
Empéñate en cultivar la alegría y no les transmitas amargura. Es necesario
perdonar.
Goza con tus hijos las actividades de servicio. Vayan al encuentro de las ne
cesidades de los demás. Convive y dialoga el mayor tiempo posible con ellos
Que los niños hagan todo lo que puedan hacer, evita la sobreprotección
Que los abuelos (si cuidan a los hijos durante el tiempo en que trabaja la madre) se
ajusten a los criterios de educación que ella les indique
Cree en ti y en tu capacidad para en frentar este desafío
Hay muchas madres que han sacado a sus hijos adelante con gran éxito y se han
convertido en fuente de inspiración para ellos.
La clave, ¡que María Santísima sea tu inspiración!
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¿COMO LOGRAR QUE MIS HIJOS SE ACERQUEN A DIOS?
Querida Lupita:
Tuve la bendición de vivir un cursillo de cristiandad y recordé que tú también lo viviste.
Mi problema ahora es que hace dos años que salí, no he encontrado la manera de que
mis hijos y mi esposo se acerquen a la iglesia. A partir de esta experiencia yo no falto a
Misa y frecuento la confesión. Pero como nunca antes hablé de mi fe, ellos no están
interesados ahora. ¿Qué puedo hacer? He convencido a otros de que vayan a cursillos
pero no puedo hacerlo en mi propia casa.
Angélica
***
Hermana en Cristo, Angélica:
Cuentan que San Francisco de Asís enviaba a sus monjes a evangelizar diciéndoles:
“vayan y evangelicen, y si es necesario, hablen”.
Con este comando les indicaba que nada hay más poderoso que el Testimonio de
vida. Si nos ven a los cristianos pareciéndonos a Cristo, entonces lo miran a Él y les nace
seguirlo.
En el cursillo nos hablan de mantener viva nuestra fe en un tripié fundamental que
incluye oración, estudio y acción.
Mathew Kelly desglosa esta verdad a partir de un estudio serio que hace sobre las
características de los católicos comprometidos. El sostiene que solo el 7% de los católicos
conocen su fe y la viven congruentemente. El 93% restante es bautizado sí, pero no
estudia siquiera el contenido completo del catecismo y si lo hace, no lo practica. Es muy
alentador para mí el pensar que la Iglesia es una luz poderosa para la humanidad, hace el
bien, lleva consuelo, esperanza, ayuda...invita al perdón, la unidad y el amor y solo lo
hace ¡con el 7% de sus adeptos!. ¿Imaginas lo que seriamos capaces de hacer si
fuésemos el doble? ¿Un 14%?
Son 4 los rasgos comunes entre católicos comprometidos:
1. Oración
2. Estudio
3. Generosidad
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4. Evangelización
—Este 7%, ora. Hay diferencias en cuanto a la forma de hacerlo pero en general son
personas que destinan un tiempo exclusivo para conversar con Dios. El distintivo común
es que lo hacen todos los días de su vida. Orar es importante y aunque existan muchas
cosas urgentes que resolver, un católico que conoce su fe considera irrenunciable esta
comunicación con Dios.
—El segundo rasgo es el estudio. El católico que no conoce su fe, la pierde. No se
trata nada más de “sentir” algo sino de conocerlo. Estas personas en promedio dedican
14 minutos al día para aprender algo nuevo o para responder y profundizar en la propias
dudas.
—En tercer lugar aparece una característica plenamente cristiana, la generosidad.
Los católicos comprometidos son personas generosas. Lo son con su tesoro, su tiempo y
sus talentos. Descubren y viven la alegría de dar, que siempre es mejor que recibir.
—Por último, son personas que no se quedan con La Palabra sino que la
transmiten. No todos lo hacen como predicadores, a veces se trata de platicar con los
cercanos, de compartir un libro, una película, un Link, una invitación.
Si quieres acercar a los que amas a la fuente de la alegría, Jesucristo, VIVE TU FE.
Ellos te notarán más amable en tu trato, más dulce en tus palabras, más sabia en tus
comentarios, más serena ante las dificultades. No serán tus palabras bonitas, ni tu mayor
conocimiento sino tu conducta cristiana la que les haga interesarse en ese Ser poderoso
que te transformó. Haz tu parte y, Dios hará lo demás.
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40 DÍAS PARA RECONSTRUIR EL AMOR
Lic. Lupita:
En nuestro matrimonio de 8 años, estamos entrando a un periodo de rutina que nos está
alejando a mi esposa y a mí. He hablado con ella y me dice que yo dedico demasiado
tiempo a mi trabajo. Yo quisiera que ella entendiera la necesidad de construir un
patrimonio para la familia y que son tiempos de generar. Por otra parte me siento
desmotivado de llegar a mi casa, en un ambiente en donde no se me da importancia y
siempre hay reclamos y poco o nada de buen humor. Mi postura ha sido la de evitarla,
pero siento que se está creando más distancia entre los dos. Estoy seguro de que estamos
a tiempo de hacer algo, simplemente no sé por dónde empezar.
Aurelio
***
Muy estimado en Cristo, Aurelio:
Hay vicios en las relaciones conyugales que deben evitarse a toda costa: la rutina, las
faltas de respeto, la falta de convivencia, la ausencia de buen humor, etc.
El tiempo cuaresmal es óptimo para ofrecer esfuerzos personales en favor de los
demás procurando con ellos hacer la voluntad de Dios. Usa estos 40 días para convertirte
en la mejor versión de ti mismo y disfrutarás de una renovación muy favorable en el
clima de tu matrimonio.
El número 40 es un simbolismo bíblico que nos hace evocar los 40 días del diluvio
universal, los 40 años de peregrinación de los judíos rumbo a la tierra prometida, los 40
días de Elías y Moisés en la montaña y, los 40 días que ayunó Jesús en el desierto. El
número 4 se refiere al universo material y al ser seguido de un cero nos habla del tiempo
de nuestra vida que implica pruebas diversas.
La forma más efectiva de enfrentar las dificultades en el matrimonio consiste en
modificar las propias conductas.
Kelly narra en el prólogo de su libro sobre intimidad, un inspirador episodio en la
vida del matrimonio formado por Sara y David. Él se encontraba de camino a su casa de
verano. Escuchaba una conferencia en el auto sobre el verdadero amor. Comprendió que
no se trataba solo de sentir bonito sino de elegir dar gusto al amado, por su bien y para su
bien. Pensó por unos instantes en la rutina y el sinsabor en el que estaban inmersos ya
hacía algún tiempo y decidió pasar las próximas dos semanas haciendo felices a su
esposa y tres hijos. Al llegar la saludó con un “qué linda estás”. Sara estaba gratamente
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sorprendida. Continuó eligiendo siempre hacer felices a los suyos. Lo hizo tan bien que
su hija preguntó en secreto a mamá: “¿mi papá ganó un premio?”.
Al finalizar las vacaciones, él se sentía muy satisfecho. La convivencia esta vez
había sido un éxito.
David estaba meditando y decidiendo seguir igual, cuando su esposa entre lágrimas
y con rostro desencajado le preguntó retadora: “ tú sabes algo, ¿verdad? Antes de venir
me hice un chequeo, ¿Te dieron los resultados? ¿Tengo algo grave, voy a morir?
—Mujer, ¿qué pregunta es esa, por qué lo dices?
—Estas vacaciones te has portado como nunca, me has consentido tanto, algo
debes saber... El doctor te dijo que moriré, ¿no es cierto?
David la abrazó tierna y firmemente diciendo:
—no amor, tú no te vas a morir... ¡yo estoy empezando a vivir!
La oración del santo de Asís nos recuerda que es dando como recibimos, y muriendo a
nosotros, como nacemos a la vida eterna.
Decídete ahora y cambia tú.
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POR QUÉ “TENEMOS” QUE SUFRIR
Lupita:
Me confunde la idea de que tenemos que hacer sacrificios en la Cuaresma. En todas
partes veo que debemos dar limosna y orar pero también sufrir, ofrecer dolores,
provocarnos dolores como el ayuno y todo eso. Por qué el cristianismo parece una
invitación a que nos hagamos daño a nosotros mismos. No puedo estar de acuerdo con
eso. ¿Existe alguna explicación?
Ofelia
***
Hermana en Cristo, Ofelia:
Las tres prácticas penitenciales de la Cuaresma son: oración, limosna y ayuno. Las tres
son actividades que nos perfeccionan. La primera nos lleva a mejorar nuestra relación
con Dios, la segunda con los demás y, la tercera con nosotros mismos.
—La oración es un dialogo íntimo con Dios. Él siempre nos mira benignamente y
nos deja conocer nuestras fortalezas y debilidades con objetividad. Mantener una
comunicación con Él nos hace mejorar como seres humanos y nos convierte en personas
que reconocen Su amor y desean corresponderle también con amor.
—La limosna nos lleva a practicar el encuentro con los más necesitados, haciendo
así la voluntad de nuestro creador, que nos da bienes para administrarlos y compartirlos,
no para acapararlos de forma negligente y egoísta.
—El ayuno implica un esfuerzo de renuncia voluntaria a lo que nos complace, para
elegir lo que nos dignifica. Es ley natural y por tanto irrompible, que lo que más vale más
cuesta. Dirigirnos a la cima requiere entrenamiento y fatiga. Bajar, lo hace cualquiera.
Subir, solo quien lucha. Aquel que desee ganar en los juegos olímpicos, por ejemplo,
deberá renunciar a una vida disipada o perezosa para llevar adelante una disciplina
diligente. Si quieres un buen nivel de vida, deberás estudiar y prepararte...
El entrenamiento que obtiene el alma que sabe renunciar a lo cómodo y placentero,
es camino certero hacia el éxito. No hay victoria sin sacrificio. Dios nos quiere
victoriosos y la Iglesia, sabia milenaria en el conocimiento de la naturaleza humana,
recomienda aquello que nos perfecciona. Este ejercicio nos fortalece para hacer frente a
las pasiones y las tendencias de la carne.
Cristo no vino a eliminar el dolor sino a darle un sentido redentor. Nosotros nos
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convertimos en corredentores cuando ofrecemos los sufrimientos que nos toca enfrentar
y aquellos que libremente elegimos para hacernos semejantes a Cristo.
En la carta apostólica de Juan Pablo II, Salvifici Doloris, leemos:
“El amor es la fuente más plena de la respuesta a la pregunta sobre el sentido del
sufrimiento. Esta pregunta ha sido dada por Dios al hombre en la cruz de Jesucristo. El
hombre que sufre no sólo es útil para los demás, sino que realiza un servicio insustituible.
El sufrimiento es el mediador y autor de los bienes indispensables para la salvación del
mundo. El sufrimiento más que cualquier otra cosa es el que abre el camino a la gracia,
que transforma las almas. Los que participan en los sufrimientos de Cristo conservan en
sus sufrimientos una especialísima partícula del tesoro infinito de la redención del mundo
y pueden compartir este tesoro con los demás. Y la Iglesia siente la necesidad de recurrir
al valor de los sufrimientos humanos para la salvación del mundo”.
El dolor y sufrimiento entraron a nuestra vida por nuestros propios pecados. El
sacrificio, el hacer sagrados nuestros actos, nos hace virtuosos; y este es sin duda el
camino seguro a la plena felicidad.
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PUEDES CAMBIAR SI QUIERES
Querida Lupita:
Mi esposo me pide el divorcio. Estoy pasando en medio de una tormenta que no puedes
imaginar. Su argumento es que soy de carácter fuerte y que ya se cansó de mí. Tenemos
20 años de casados. ¿Cómo es posible que a estas alturas se esté dando cuenta de que
siempre no me quiere? ¿Andará con alguien más? Siento que se me cae el mundo y no sé
cómo reaccionar. Estoy furiosa y reconozco que he sido agresiva yo con él. Le he gritado
de todo, me siento muy lastimada.
Evelyn
***
Hermana en Cristo, Eve:
Con frecuencia, cuando un esposo pide el divorcio no quiere separarse, lo que desea es
que se acaben los problemas.
En efecto, cuando estamos lastimados no permitimos que alguien se nos acerque
pues tememos que nos dañe más. Un joven decidido a hacer una buena obra, se acercó
al perrito herido que estaba frente a él con el fin de curarlo. El perrito instintivamente lo
mordió en cuanto acercó su mano a la herida. Aquel joven acudió a una clínica para ser
curado y se preguntaba por qué le había hecho daño una criatura a quien él solo quería
ayudar. Tras unos minutos de conversar con el médico que le atendía, pudo comprender
que el animal herido no quiso en realidad atacarlo sino que solo estaba protegiéndose
temeroso de encontrar más dolor.
Del mismo modo actuamos las personas cuando tenemos heridas emocionales.
Mírate con franqueza y descubre tus propios dolores y reacciones. Tal vez tu esposo está
actuando igual. Comprenderte y comprenderlo serán los dos primeros pasos hacia la
salida del conflicto.
Para resolver las crisis, siempre hay algo que será necesario cambiar. Si lo que él te
pide, es un cambio que te conviene realizar, ¡hazlo!
Los seres humanos hemos sido creados para convertirnos en la mejor versión de
nosotros mismos. El matrimonio es camino de superación para los cónyuges. Querer
practicar virtudes nos realiza como personas plenas.
El cambio siempre es posible. San Francisco de Sales es el ejemplo clásico de este
principio. Hoy nos referimos a él como “el más dulce de los hombres y el más amable de
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los santos”, pero sus biógrafos aseguran que tenía un temperamento explosivo. Podemos
ver su cuerpo incorrupto ahora en Annecy, Francia, al exhumarlo encontraron su hígado
convertido en una piedra. Resulta que toda la violencia que quiso ejercer sobre otros, la
ejercía sobre sí mismo; dominando su carácter, venciéndose y eligiendo sus reacciones.
La única forma de derribar nuestras tendencias temperamentales, es ejerciendo
gobierno sobre nosotros mismos. Veo el bien que quiero y me esfuerzo en alcanzarlo aun
en contra de mis impulsos. Esto significa que voy a realizar la acción que conviene y no
la que se me antoja.
Si tu esposo te ofende, tranquilízate, dile con voz serena y respetuosa que te
ofendió y que no quieres pelear, por tanto será mejor continuar la conversación en otro
momento. Esto es dominarte y actuar de acuerdo a un ideal.
Recuerda: “no puedo” es el pretexto, “no quiero” es la razón.
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¿POR QUÉ AVANZA EL MAL?
Querida Lupita:
Es lamentable lo que vivimos en el estadio Jalisco con estos jóvenes que atacaron tan
cruelmente a la policía y, los manejos que se dieron de parte de esta también. Soy
enfermera y pude atender a algunos jóvenes heridos. Es un grado de violencia que ya no
puede ser. Yo iba al estadio en familia y ahora es un peligro. Yo veo que el mal avanza y
que nosotros no vamos a poder detener esto. Es una telaraña de corrupción. Ante estos
hechos, la esperanza se acaba y uno llega a pensar, ¿En dónde está Dios?
Martha E.
***
Estimada en Cristo, Martha:
Dios está en ti y en muchas otras personas que como tú, están haciendo el bien sin
desfallecer. Es la ausencia de Dios la que nos conduce a la violencia y a toda forma de
mal.
Es tiempo de reconocer que no será posible vencer al mal sin Cristo. Lo hemos
sacado de nuestras vidas, de nuestras familias, de las escuelas, de los medios de
comunicación. En casa nos hemos olvidado de orar juntos, nos apena bendecir los
alimentos, hemos calificado de ridículo el rezo del Rosario, despreciamos la bendición de
padres y abuelos. Ya no transmitimos sanas costumbres, buenos modales, y mucho
menos la maravilla de la fe.
Esto lo llevamos a la sociedad, a nuestras relaciones con los demás. Sin Dios, sin
valores, sin buena educación, nos convertimos en barbarie. Actuamos como animales
que solo se rigen por instintos. En donde no se siembra amor, no puede cosecharse amor.
Estos son los nidos de la violencia, la corrupción, la traición, el rencor y resentimiento,
los vicios de todas clases, las familias divididas, los hijos abandonados a su suerte, el
desorden moral y espiritual.
El mal, dice la Palabra, se vence en abundancia de bien.
Cultivemos la vida espiritual, es el hombre cristianizado el que puede elegir
libremente dejar su pecado atrás y vivir en el bien. Este hombre corta vicios y puede
iniciarse en una vida de virtud.
Dios existe, podemos experimentar su poder cuando nos relacionamos con Él
sinceramente.
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Inicia una ruta de crecimiento espiritual, atendiendo al llamado divino: “No vivan
mas según las intenciones de la carne, sino según el espíritu. El fruto de la carne es bien
conocido: envidias, borracheras, orgías y cosas semejantes, contra las cuales os advierto,
como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de
Dios. Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad,
fidelidad, mansedumbre, dominio propio”. (Gál. 5, 16-23).
Toda nuestra vida, a imitación de Cristo, ha de ser una lucha por hacer la voluntad
de Dios. San Juan de la Cruz nos dice cómo lograrlo: “El alma que venza la potencia del
demonio no lo podrá conseguir sin oración ni podrá entender sus engaños sin
mortificación y sin humildad.”
Aquí se nos revela un camino de conversión. Humildad para querer el querer de
Dios antes que el nuestro propio, mortificación o sacrificio para vencer nuestros impulsos
y actuar en base a nuestra fe y razón; y oración para conseguir la fortaleza necesaria y la
esperanza cierta que nos impulse a ese cambio de vida cuyo efecto será la
transformación de la sociedad entera.
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NO RENIEGUES DE TU CRUZ, ¡ABRÁZALA!
Lupita:
Vivo con mi anciana madre. Hace 8 años perdió las dos piernas. La cuido de tiempo
completo. Mis hermanos que tienen familia vienen poco a verla. Nadie sabe lo que vivo a
su lado. La cuido con esmero pero ni quien lo note. Estoy cansada, no entiendo estos
designios de Dios. Le pido que me lleve ya y no le veo sentido a la vida.
Sé que es pecado pensar en la muerte, pero ¿cómo puedo superar todo esto?
Cecilia
***
Querida Ceci:
Puedo sentir tu frustración y cansancio. Tienes una cruz pesada que no cualquiera puede
llevar. Jesús ha dicho: “Vengan a mi todos los que están cansados y llevan cargas
pesadas, yo los aliviaré” (Mt. 11, 28).
Si está a tu alcance, busca un descanso, pide ayuda y relájate un poco, cambia de
actividad por una temporada.
Hay tres formas de cargar la cruz: renegando de ella, aceptándola o abrazándola.
Una cruz sin Cristo se hace pesada e imposible, nos lleva a no querer vivir más y a
no entender el sentido del dolor. Una cruz que se acepta, se sobrelleva pero sin fruto. La
cruz en la que está Cristo ¡tiene sentido! Cargándola con Él, podemos abrazarla como Él
lo hizo y redimir a su lado a las almas. La nuestra propia y las de quienes amamos.
Quienes tenemos grandes dolores en esta vida, y sabemos ofrecerlos, estamos
adelantando nuestro purgatorio. Algunos santos nos dicen que es mejor tener penas en
esta vida que en aquel lugar de castigo.
Dios ha dado valor redentor al dolor. Hemos de recordar que al cielo solo entran
almas santas, limpias. Si la nuestra lleva manchas pequeñas o grandes en el momento de
nuestro juicio final, deberá pasar por el purgatorio.
Creemos en el purgatorio por la enseñanza de la Iglesia que nos dice que es un lugar
de castigo donde se expían las penas temporales debidas por el pecado, si no fueron
expiadas en esta vida. En el antiguo testamento encontramos lo siguiente:
“Es pensamiento santo y provechoso, orar por los difuntos para que sean libres de
sus pecados” (2 Mac. 12, 46).
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El Concilio de Trento nos enseña: Hay un purgatorio y podemos socorrer a las
pobres almas que sufren ahí.
San Ignacio de Loyola expresa en sus ejercicios espirituales que la justicia de Dios
se nos muestra frecuentemente de forma demasiado severa aquí en la tierra, pero lo que
acontece aquí abajo, no es ni sombra de las penas eternas. Conviene reconsiderar nuestra
vida a la luz de la justicia y misericordia divina. Tenemos la conciencia para arrepentirnos
y elegir una vida sin pecado. Tenemos el dolor que podemos ofrecer en satisfacción de
nuestras culpas y las de quienes amamos. Tenemos el hoy, para darle sentido a nuestras
vidas amando al modo de nuestro creador.
Hermana mía, para que bendigas por tu vida y la vida que Dios quiere para ti,
búscalo a Él sinceramente, medita en su sufrimiento y el de su madre María Santísima, y
únete a ellos con profunda reverencia.
No cuentes los años que llevas batallando, puedes darte un descanso, pero da
gracias por la oportunidad de servir. Tu madre y tú están viviendo su purgatorio en este
mundo. Vive en clave de eternidad y cada nuevo día será una oportunidad para amar.
Cada amanecer piensa: “hoy es el primer día, del resto de mi vida”.
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VENTAJAS DE ENSEÑAR Y PRACTICAR LA PUREZA
Lic. Lupita:
Tengo un hijo que tiene 34 años. Él anda con una y otra mujer y dice que le aburren
todas. Yo veo que las maltrata aunque él no lo acepta y ellas se dejan. La mujer con la
que ahora sale le ha propuesto hacer “tríos” y él opina que eso será divertido. ¿Qué
puedo hacer yo? Me siento rebasada, no puedo comprender estas preferencias de los
jóvenes de hoy, siento que la juventud está perdida.
Consuelo R.
***
Querida Connie:
Tu hijo es un adulto, es decir, un ser humano libre y responsable; aunque por lo que me
dices no parece ni lo uno ni lo otro.
Como madre debes rezar con fe pidiendo ayuda a quien más nos ama. Además,
puedes realizar algunas acciones que le lleven a recapacitar.
Es premisa imprescindible revalorizar la sexualidad humana. La visión que prevalece
es totalmente hedonista, nuestros ambientes erotizados no favorecen la vivencia de la
pureza como virtud, por el contrario, la descalifican como cosa del pasado represivo y se
burlan de ella olvidando el terrible dolor que causa su ausencia.
Pureza se define como la virtud cristiana gracias a la cual se regula la capacidad
generativa de acuerdo con la recta razón iluminada por la fe. Comienza por una mirada
limpia y termina por gestar hombres templados, rectos, capaces de amar en plenitud.
San José María Escrivá decía: Cuando te decidas con firmeza a llevar vida limpia,
para ti la pureza no será carga: será corona triunfal. Y Jesucristo en su Sermón de la
montaña nos enseñó cómo alcanzar la felicidad: dichosos los limpios de corazón, porque
ellos verán a Dios (Mt. 5, 8).
No podemos decir “así está la juventud” sin responsabilizarnos por la educación que
nosotros mismos les hemos dado. Los jóvenes de hoy son hijos de padres blandengues
que no les hablaron de sexualidad y mucho menos de castidad y pureza. No estamos
formando hombres virtuosos porque nos dejamos mal-educar por los medios de
comunicación que cada vez son más vulgares.
Los padres de hoy no formamos en la pureza y luego queremos hijos fieles y
felizmente casados. Cómo esperamos eso cuando todo favorece lo contrario y nosotros
59
no hacemos nada. Hay una promoción de promiscuidad incluso alentada por nuestro
gobierno.
Nos sentimos impotentes ante esta avalancha de sexo y placer que tanto dinero
reporta a algunos. Pero hay una esperanza, preparémonos para formar a nuestros hijos
con valores altos.
Existen ya en nuestra ciudad los retiros juveniles EV
AE, que muestran que la pureza
es posible. Cristy Landeros es su fundadora (3334433085). Tuve la fortuna de participar
en el que se llevó a cabo en junio, mes del Sagrado Corazón, y pude constatar que
cuando se les habla de ideales altos y dignos a los jóvenes, ¡ellos quedan sinceramente
motivados a vivirlos!
70 jóvenes hicieron la promesa de vivir el amor en fidelidad y exclusividad, ellos
razonaron, analizaron y se convencieron de que ésta es la mejor forma de vivir. Saben
que la clave para ser felices y hacer feliz a la persona que aman puede expresarse
sencillamente así: uno con una y para siempre.
Citando a San José María: “Todos sabemos por experiencia que podemos ser
castos, viviendo vigilantes, frecuentando los Sacramentos y apagando los primeros
chispazos de la pasión sin dejar que tome cuerpo la hoguera. Y precisamente entre los
castos se cuentan los hombres más íntegros, por todos los aspectos. Y entre los
lujuriosos dominan los tímidos, egoístas, falsarios y crueles, que son características de
poca virilidad”.
60
SANTIDAD EN EL TRABAJO
Recibí este magnífico ensayo sobre la santidad en el trabajo, lo incluyo como una forma
de avalar que nuestra fe no debe limitarse al campo privado como tanto se señala hoy.
Estamos llamados a ser santos de tiempo completo llevando a Cristo y las actitudes
cristianas a todos los ambientes en que nos desenvolvemos.
El Papa León XIII escribió en 1891 una de las encíclicas más avanzadas de su
tiempo denominada “Rerum Novarum”, como respuesta a la explotación laboral en el
trabajo. Su papel como jerarca de la Iglesia Católica, misma que es “Madre y Maestra”,
no podía ser otro que levantar la voz clamando justicia social, logrando un gran avance
en términos de derechos humanos en la empresa.
En esta época, los obreros laboraban en condiciones infrahumanas, siendo explotado
por sus superiores, con jornadas de trabajo extenuantes (18 horas diarias), recibiendo
miserables pagos por sus servicios. La sobre-oferta de mano de obra y la limitada
demanda de trabajadores en las empresas (causada por el “avance” tecnológico que
sustituía la mano de obra por la maquinaria), dio como resultado, un estilo de liderazgo
en las organizaciones, tipo autoritario, explotador, abusivo y carente de respeto a la
dignidad humana.
La Rerum Novarum puso en claro que el respeto a la dignidad humana en el
trabajo, no era un asunto de caridad, más bien de justicia, dejándolo claro en el siguiente
texto: “Es inhumano abusar de los hombres como si fueran cosas, para sacar provecho
de ellos”. La encíclica, también hace referencia al pago justo y a las condiciones de
trabajo, urgiendo a los empresarios y a los trabajadores a unirse en la búsqueda de
mejores condiciones, tomando como base de su reflexión, los aspectos religiosos y
morales.
1891 es una época de grandes cambios sociales, impulsados por la Revolución
Industrial, la cual, con la incorporación de innovadoras tecnologías de producción,
equiparó el valor de la persona, a la categoría de un activo fijo; en otras palabras: la
maquinaria industrial.
Uno de los principales impulsores de esta nueva corriente tecnológica en las
empresas, fue el Ing. Federico Taylor, Ingeniero Mecánico y Economista
norteamericano. Taylor, se consideró como el “padre” de la Administración Científica
con sus estudios sobre “tiempos y movimientos”. En un principio busco la máxima
prosperidad para el trabajador y para el empresario; sin embargo, a pesar de su “buena
intención” consideraba al hombre como una “extensión” de la maquinaria de producción.
Taylor no valoraba a las personas como seres integrales, eliminando lo que se relaciona
con el perfil social, dejando a un lado todo tipo de interacción entre los trabajadores.
Taylor tuvo mucho éxito con la clase empresarial, ya que logró generar grandes
fortunas, con el simple hecho de “controlar” toda clase de tiempos y movimientos de los
61
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  • 1.
  • 2. “Sé TU mejor versión” 2
  • 4. Diseño de portada e interiores: Alejandra Padilla Corrección de estilo: Flor Alejandra Gómez 4
  • 5. 5
  • 6. 6
  • 7. PRÓLOGO Presento este nuevo escrito de la conocida Lupita Venegas, lleno de fe, sabiduría y amor. Ante todo la felicito por su acertado título: No te limites, que es una invitación, especialmente para los jóvenes, a no cerrarse, a dar un paso adelante, a mirar más arriba. Y, el “arriba” es, ni más ni menos, la santidad, que hoy no está de moda. Sin embargo, sigue en pie: “sean ustedes perfectos como mi Padre es perfecto” (Mt 5, 48). Cristo vino a simplificar y perfeccionar la norma de la santidad, a hacerla más serena y viable. ¿Cómo? No trabajando a solas, aunque sea con dos manos, sino en compañía: “que ellos sean uno como nosotros” (Jn 17, 11). Cicerón, filósofo y orador romano, definió la amistad como “querer y no querer juntos”. Pero, ¿junto a quién? Junto a Dios, siguiendo su V oluntad: “Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”. Lo primero es “orar”, como dijo el Papa Francisco a Marina, en Corea. Todos los estados te pueden llevar a la santidad. Se trata de saber no el estado que quieres tú, sino el estado que quiere Dios para ti. Tú sólo tienes que decir como Saulo: “¿Qué quieres, Señor, que haga?” Segundo: pedir consejo —dice el Papa— a mis amigos sacerdotes, leerlo en la Biblia y en los acontecimientos. Tercero: acción, ejercicio. Se trata de cambiar hábitos. “El que hace mi voluntad —dice Jesús a Luisa Picarreta—, pierde su temperamento y toma el mío” (Libro de Cielo, vol. 11, 14). Y, ¿cuál es el temperamento de Jesús? “Aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón” (Mt 11, 29). Les aseguro que, siguiendo estos pasos, en quince días las personas van a cambiar. Los primeros en darse cuenta serán los niños: “Mamá, ¿qué te pasa que antes eras gritona y ahora no?” Sucede que mamá tira de la carreta con Jesús, son dos voluntades unidas, la divina y la humana. En la voluntad de Dios ha encontrado la paz, la calma, la serenidad; y pronto cambiará papá, y los hijos también serán más obedientes y afectuosos. Estas son las maravillas que hace la V oluntad de Dios en los que la cumplen. Todo está resumido y ejemplificado en el libro “No te limites”: palabras fuertes y consoladoras de Lupita Venegas. Al igual que en todas sus comunicaciones por televisión, radio, internet y prensa, transmite un mensaje que es una gota del cielo, con un estilo vivo y eficaz que permite tocar el corazón e iluminar la voluntad de un cambio de verdadera conversión al Señor. P. Tiberio M. Munari, misionero xaveriano 7
  • 8. 8
  • 9. INTRODUCCIÓN ¡Hola! Quiero presentarte este librito que tienes en tus manos. Es el último de una “trilogía” que contiene herramientas básicas de conocimiento personal y sugerencias muy prácticas para “encender” ese anhelo íntimo que te llama a ser una persona más plena y feliz. El primero se titula “’No te compliques”, contiene siete claves para manejar tus sentimientos y que ellos no te manejen a ti. El segundo se llama “No te confundas” y te motiva a poner límites claros a las malas relaciones con los demás. Y este tercero, “No te límites” te presenta la llave para lograr la superación que anhelas y a la cual, a veces, consideras inalcanzable. Esa llave se llama virtud y está sustentada en una nueva actividad que aprenderás a practicar diariamente con resultados inevitables de éxito: disciplina. Sé que esto no suena moderno y luminoso, no parece un comercial atractivo; pero es precisamente por eso que funciona cien por ciento, porque no hay engaño. ¡Lo que vale, cuesta! El secreto es estar dispuestos a esforzarnos porque tenemos la motivación adecuada. No es lo mismo estudiar para un examen que tienes que pasar a fuerza porque si no te quitan la beca, a estudiar porque sabes que lo que estás aprendiendo te da habilidades para un mejor desempeño en la vida; tampoco es lo mismo nadar por placer que nadar velozmente intentando salvar una vida o conquistar una medalla. No es lo mismo atender a un esposo que no soportas para evitar pleitos, que atenderlo por amor, pensando en su bien. Tu motivación será clave para alcanzar tus metas. Aquí te hago una propuesta clásica, que en estos momentos se convierte en vanguardista. Parece una novedad porque casi nadie habla de ella. Por generaciones se han hecho a un lado las invitaciones al heroísmo, a hacer algo por los demás, por el bien de la humanidad entera. Antes los jóvenes aspiraban a hacer el mayor bien posible, querían encontrar curas a enfermedades incurables, dejar un legado artístico valioso, hacer avanzar a la ciencia, edificar catedrales, desarrollar puentes e innovaciones, fundar hospitales, amar a una mujer, formar una familia... Se pensaba en dejar este mundo mejor de como se había encontrado. Alguno quería ser héroe nacional, dar su vida por la patria, otros querían ser santos. Eran ideales altos y motivaciones poderosas. ¡Hoy las aspiraciones han cambiado tanto! Los jóvenes hablan de tener dinero, viajes, casas, autos, desarrollo empresarial, 9
  • 10. premios y reconocimientos internacionales, cuerpos espectaculares, estilos de vida superficiales. Se refieren a los hijos como un “derecho”, desean relacionarse con ellos como si fueran solo testigos de sus vidas. Un individualismo atroz nos está devorando. Las sociedades están impregnadas de individuos vacíos, confundidos. Algo le duele a la persona hoy. A unos su sobrepeso, a otros el no tener un empleo o dinero suficiente, algunos añoran haber tenido un padre, otros recuerdan con amargura su infancia rodeada de vicios, abandonos, malos tratos. Cuánta depresión, ira y mal manejo emocional. Algo quitamos que nos ha partido. Algo o alguien. Alrededor del s.XVII se nos propuso quitar a Dios del panorama humano. El hombre y su razón tendrían todas las respuestas. Pero han pasado casi 4 siglos y tenemos más tecnología pero menos humanidad. Riqueza exterior muy mal repartida y, pobreza interior generalizada. En medio de tantas propuestas para alcanzar la felicidad, se erige alto el faro de la fe. Por ella aceptamos a un Creador que ha soñado desde la eternidad con nosotros, creemos que nuestra vida tiene sentido, nuestra existencia es iluminada por la luz de la sabiduría divina y ya no estamos en la oscuridad llenos de dudas. Las filosofías que prevalecen se unen en el debilitamiento y destrucción concreta del catolicismo, y a pesar de tanta persecución y ataque, esta Iglesia sigue viva llevando a Cristo como Camino, Verdad y Vida. Nuestro tiempo ha exaltado la tolerancia como la máxima virtud a vivir y, aquellos que enarbolan esta bandera toleran todo menos el catolicismo y la conducta moral. El único prejuicio que se acepta hoy es el anti-catolicismo. Sin embargo, yo creo firmemente que el mundo necesita más que nunca esta fe y esta Verdad. Sin Dios, sin Jesucristo y sin su Iglesia, el hombre se centra en sus propios deseos ególatras y el vacío y sinsentido prevalecen. Por esta razón, me atrevo a presentarte con cariño, la propuesta cristiana para alcanzar la felicidad. Por esta razón, te presento la fe. 10
  • 11. I. HAGO EL MAL QUE NO QUIERO Y DEJO DE HACER EL BIEN QUE QUIERO “¿No saben que en una carrera todos los corredores compiten, pero solo uno obtiene el premio? Corran pues, de tal modo que lo obtengan. Todos los deportistas se entrenan con mucha disciplina. Ellos lo hacen para obtener el premio que se ha de perder; nosotros en cambio, vamos por uno que dura para siempre. Así que yo no corro como quien no tiene meta; no lucho como quien da golpes al aire. Más bien, golpeo mi cuerpo y lo domino, no sea que después de haber predicado a otros, yo mismo quede descalificado” San Pablo (Cor. 9, 24-27) Este es el drama del hombre de siempre. Pablo de Tarso lo expresó con nitidez hace más de 2000 años cuando escribe a los romanos: “Porque sabemos que la Ley es espiritual, pero yo soy carnal, y estoy vendido como esclavo al pecado. Y ni siquiera entiendo lo que hago, porque no hago lo que quiero sino lo que aborrezco. Pero si hago lo que no quiero, con eso reconozco que la Ley es buena. Pero entonces, no soy yo quien hace eso, sino el pecado que reside en mí, porque sé que nada bueno hay en mí, es decir, en mi carne. En efecto, el deseo de hacer el bien está a mi alcance, pero no el realizarlo. Y así, no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero. Pero cuando hago lo que no quiero, no soy yo quien lo hace, sino el pecado que reside en mí. De esa manera, vengo a descubrir esta ley: queriendo hacer el bien, se me presenta el mal. Porque de acuerdo con el hombre interior, me complazco en la Ley de Dios, pero observo que hay en mis miembros otra ley que lucha contra la ley de mi razón y me ata a la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Ay de mí! ¿Quién podrá librarme de este cuerpo que me lleva a la muerte? ¡Gracias a Dios, por Jesucristo, nuestro Señor! En una palabra, con mi razón sirvo a la Ley de Dios, pero con mi carne sirvo a la ley del pecado.” (Rom 7,14-25) 11
  • 12. Recibo semanalmente decenas de cartas que muestran esta cruda realidad. Aquí comparto algunos fragmentos: —Estoy desesperada. Mi esposo dice que me ama pero vive con otra mujer. Cuando nos vemos me expresa que no quiere perder a su familia pero no puede dejarla. ¡Esto me enloquece! —¡Quiero morirme! Ayer, bajo los efectos del alcohol y las drogas, lastimé cruelmente a mi mujer embarazada. Estoy arrepentido pero ella ya no cree en mí. —Soy joven y estoy harto de ver tanto pleito en mi casa. No quiero pertenecer a esta pandilla, sé que es peligrosa pero al mismo tiempo no puedo dejarla. No solo tengo miedo, es que también los siento como mi verdadera familia. Aunque está involucrada con el narco y no va a acabar bien. —Tengo una linda esposa y unos hijos por los cuales soy capaz de dar la vida. Aun así me he involucrado sentimentalmente con otra persona y no sé cómo salir de este laberinto que yo mismo fabriqué. Quiero cortar esta relación pero me resulta imposible cuando lo intento. Al contrario, me siento cada vez más aferrado a ella. —No sé por qué siempre me enamoro de imposibles. He tenido tres relaciones sentimentales serias, pero me involucro con hombres casados. Ellos me dicen que ya no están bien las cosas en sus matrimonios y aunque yo me determino a no tener nada que ver con un casado, vuelvo a creerles y caigo un una trampa peligrosa cada vez. —Estamos en un periodo de lucha tratando de restaurar nuestro matrimonio. Los dos hemos cometido errores que ahora reconocemos. Nos interesa seguir juntos por el bien de nosotros mismos y de nuestros hijos. Pero las ayudas que recibimos nos piden hacer cambios que en realidad no estamos dispuestos a llevar a cabo. En nuestra terapia nos piden algunas nuevas actitudes y nosotros seguimos en lo mismo de antes. Estoy perdiendo la esperanza. Él no se mueve ni un milímetro de su postura. Pero reconozco que tampoco lo hago yo, estamos atorados. —No quiero lastimar más a mis hijos. Mi carácter es iracundo y no lo puedo cambiar. Los maltrato y humillo y solo después de hacerlo me arrepiento. No merezco vivir, solo traigo dolor y amargura a quienes debo cuidar y proteger. 12
  • 13. —Mi sobrepeso me ha causado muchos problemas físicos y emocionales, pero no hay dieta o tratamiento que pueda llevar a cabo. Empiezo con un proyecto y una meta pero a menos de la mitad del camino acabo deprimida y sin esperanzas. —No sé cómo ayudar a mis hijos. Soy madre soltera y trabajo mucho, dejo a mis hijos todo el día y cuando puedo verlos estoy tan cansada que no aporto nada. En la escuela me piden que les dé tiempo de calidad, me reclaman porque no llevan lunch, no hacen tareas, se ven descuidados. En verdad quisiera ser súper mujer pero me siento frustrada, creo que es imposible lograrlo, nada me sale bien. —Tengo relaciones adúlteras virtuales. Me he involucrado con mujeres a través del chat. Quiero parar ya pero me resulta imposible. Pierdo mi tiempo real pensando en esas relaciones. Pensé que era solo un juego y que no lastimaría a nadie, pero mi esposa se enteró y quiere dejarme. ¿Por qué? Sabemos que queremos lo bueno pero hacemos lo malo. Deseamos lo mejor y actuamos en contra de ello. Somos débiles para la lucha. La explicación judeo-cristiana sostiene que somos criaturas diseñadas para la eternidad pero que libremente, nuestros primeros padres eligieron olvidar los designios divinos y erigirse a sí mismos como dioses. Los demás seres humanos nacemos con esta herida del pecado original que heredamos de ellos. Queda pues nuestro anhelo de eternidad, a la vez que nuestra tendencia a la concupiscencia (deseo desordenado de bienes y placeres materiales). Dos fuerzas pujantes: el bien y el mal, el amor y el odio, lo heroico y lo hedonista, el ansia de perfeccionarnos como seres humanos y la debilidad que genera flojera, pereza, desánimo; la virtud y el vicio, o como dice Pablo de Tarso: el espíritu y la carne. El apóstol enseña también cómo reconocer los frutos de una y otra tendencia en su carta a los Gálatas: Los frutos de la carne son envidias, divisiones, borracheras, orgías y cosas semejantes. Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio. ¿Cuál de las dos corrientes domina hoy? Todos diríamos sin lugar a dudas: la de la carne. ¡Y es que es la que más hemos alimentado! 13
  • 14. Aun cuando no quisiéramos aceptar las enseñanzas bíblicas, la sola observación de la realidad nos hace reconocer esta lucha interior. En la cultura actual no existe una definición clara del hombre en la que se basen las organizaciones internacionales, que permita a las ciencias y a la tecnología optar por verdaderos avances en favor de él. La mentalidad reinante se llama consumismo. Se ve al ser humano como consumidor potencial y como generador de riqueza material. Hoy una persona vale por lo que tiene, por lo que compra. Las conversaciones están llenas de materialismo: “¿conoces a tal persona?, tiene mucho dinero”, “fulano de tal se compró el auto más caro del mundo”, “a zutano le sobra la lana”, “¿Ya viste la mansión que se hizo mengano?” El mundo de hoy tiene un dios, se llama dinero. Con dinero se pretende llenar el hueco que lleva la esencia de la persona humana. Esto es imposible. “Tenemos sed de ti Señor y nuestra alma estará inquieta hasta que descanse en ti”, decía Agustín de Hipona. V olver la mirada a Dios creador es indispensable al hombre. Sin Él, nuestra deshumanización nos va carcomiendo hasta la muerte. Comparto contigo los puntos 27 al 30 que se encuentran en el primer capítulo del Catecismo de la Iglesia Católica y que aclara nuestra tendencia a ese Dios que nos creó: EL HOMBRE ES CAPAZ DE DIOS 27.- El deseo de Dios está inscrito en el corazón del hombre, porque el hombre ha sido creado por Dios y para Dios; y Dios no cesa de atraer al hombre hacia sí, y solo en Dios encontrará el hombre la verdad y la dicha que no cesa de buscar: «La razón más alta de la dignidad humana consiste en la vocación del hombre a la comunión con Dios. El hombre es invitado al diálogo con Dios desde su nacimiento; pues no existe sino porque, creado por Dios por amor, es conservado siempre por amor; y no vive plenamente según la verdad si no reconoce libremente aquel amor y se entrega a su Creador”. 28.- De múltiples maneras, en su historia, y hasta el día de hoy, los hombres han expresado su búsqueda de Dios por medio de sus creencias y sus comportamientos religiosos (oraciones, sacrificios, cultos, meditaciones, etc.). A pesar de las ambigüedades que pueden entrañar, estas formas de expresión son tan universales que se puede llamar al hombre un ser religioso: Dios «creó de un solo principio, todo el linaje humano, para que habitase sobre toda la faz de la tierra y determinó con exactitud el tiempo y los límites del lugar donde habían de habitar, con el fin de que buscasen a Dios, para ver si a tientas le buscaban y le 14
  • 15. hallaban; por más que no se encuentra lejos de cada uno de nosotros; pues en él vivimos, nos movemos y existimos » (Hch 17, 26-28). 29.- Pero esta “unión íntima y vital con Dios” puede ser olvidada, desconocida e incluso rechazada explícitamente por el hombre. Tales actitudes pueden tener orígenes muy diversos: la rebelión contra el mal en el mundo, la ignorancia o la indiferencia religiosas, los afanes del mundo y de las riquezas (Mt 13,22), el mal ejemplo de los creyentes, las corrientes del pensamiento hostiles a la religión, y finalmente esa actitud del hombre pecador que, por miedo, se oculta de Dios (Gn 3,8-10) y huye ante su llamada (Jon 1,3). 30.- “Alégrese el corazón de los que buscan a Dios” (Sal 105,3). Si el hombre puede olvidar o rechazar a Dios, Dios no cesa de llamar a todo hombre a buscarle para que viva y encuentre la dicha. Pero esta búsqueda exige del hombre todo el esfuerzo de su inteligencia, la rectitud de su voluntad, “un corazón recto”, y también el testimonio de otros que le enseñen a buscar a Dios. “Tú eres grande, Señor, y muy digno de alabanza: grande es tu poder, y tu sabiduría no tiene medida. Y el hombre, pequeña parte de tu creación, pretende alabarte, precisamente el hombre que, revestido de su condición mortal, lleva en sí el testimonio de su pecado y el testimonio de que tú resistes a los soberbios. A pesar de todo, el hombre, pequeña parte de tu creación, quiere alabarte. Tú mismo le incitas a ello, haciendo que encuentre sus delicias en tu alabanza, porque nos has hecho para ti y nuestro corazón está inquieto mientras no descansa en ti” (San Agustín, Confesiones). 15
  • 16. II. NADIE ASPIRA A LO QUE NO CONOCE “Sean santos, por eso, dispónganse para actuar con inteligencia; tengan dominio propio, pongan su esperanza completamente en la gracia que se les dará cuando se revele Jesucristo” San Pedro Apóstol (1Pe. 1,13) Soy fundadora de Valora AC. Una asociación civil que pretende permear los medios de comunicación con contenidos de valores universales extraídos del Evangelio. Mi experiencia ha sido sorprendente. Aun cuando en ciertos medios me han pedido que no hable de Dios, en mi forma de expresión se nota mi fe y convicción y, me he encontrado con miles de corazones que sienten plena identificación con mi congruencia al hablar sin temor de los criterios de Cristo, aunque esto implica casi siempre ir contra corriente. Mientras la mayoría habla de “darle vuelo a la hilacha”, yo convoco a la fidelidad y compromiso en el amor; mientras algunos señalan culpables y buscan venganza, yo invito a la reconciliación, la comprensión y el perdón. Pero sé que esto no es lo común. Hoy por hoy, se ha sacado a Dios del panorama. Es incorrecto hablar de Él en las escuelas, en los ámbitos políticos y empresariales, en los medios de comunicación. Se pretende arrinconarlo al terreno de lo privado y se etiqueta como algo subjetivo, equiparándolo con aspectos fanáticos y fantasiosos. Pero como el hombre es espiritual y religioso por naturaleza, entonces se ha encontrado un nicho atractivo y cómodo en las mil y un propuestas de la llamada “nueva era”, que habla de un dios energía, que está en todas partes y que puede hacer de ti otro dios, capaz de generar la realidad a la que aspiras con tan solo desearlo o “decretarlo”. Conocer quiénes somos realmente y reconocer la necesidad de Dios en nuestras vidas, nos ayudará a hacer sabias elecciones. Podemos comparar a la persona humana con una pirámide: 16
  • 17. Un ser humano se mueve en tres niveles: espiritual, psicológico y biológico. Todos tenemos un alma o espíritu (practiquemos o no una religión) que contiene nuestra inteligencia y nuestros más profundo anhelos; un área psicológica que incluye nuestros afectos y una parte biológica en la que se encuentran nuestros impulsos básicos. Los tres niveles se interrelacionan de forma equilibrada y ordenada. En la cúspide está el espíritu, que usando la libertad ha de gobernar a los otros dos niveles. 17
  • 18. Somos criaturas de un Creador, no nos hicimos a nosotros mismos. Somos unidad de cuerpo y alma. Nuestras dos partes constitutivas, le piden a la persona que satisfaga sus necesidades. El cuerpo quiere alimento, agua, sueño, descanso, placer y comodidad (lo que es saludable y conveniente en la recta medida), mientras que el alma inspira lo noble, lo alto, lo que requiere esfuerzo y virtud. Complacer al cuerpo en demasía puede generar desorden, llenar el alma siempre implica orden. ¿Cuál de las dos partes debe gobernar?, ¿el alma eterna o el cuerpo mortal? Es por eso que la idea de “vencernos a nosotros mismos” tiene sentido. No haré más lo que me place, sino lo que me conviene. ¡Démosle lugar al alma! El mundo consumista está interesado en que desaparezca porque el alma grande consume menos. No permitamos que intereses particulares nos arranquen la auténtica felicidad. Fuimos hechos por amor y para amar. El sentido de nuestra existencia depende de esta afirmación. Yo, ¿Para qué nací?, ¿Por qué y para qué estoy vivo?, ¿Qué quiero hacer con mi vida? 18
  • 19. Todos llevamos un anhelo de felicidad, quisiéramos disfrutar la vida, sentirnos plenos y encontrarnos lejos de pleitos con los demás. De hecho hemos soñado con ello muchas veces, pero la cruda realidad nos desalienta una y otra vez hasta que nos convencemos de que la felicidad no es para nosotros. Es muy popular la narración que muestra a un aguilucho comportándose como pollo. La historia cuenta que por alguna extraña razón, entre varios huevos depositados por una gallina en su nido, apareció de pronto un huevo más grande que correspondía a un águila real. La gallina empolló todos por igual hasta el día en que fueron rompiéndose para ver aparecer los felices polluelos. Desde luego fue sorprendente descubrir al “pollotote” cuando al fin salió de su cascarón. Pese a que era diferente, fue criado como pollo. Aprendió a comer semillas regadas por el piso y jamás intentó volar. Interiormente experimentaba un ansia especial, él quería algo más y no acertaba a descubrirlo. Sabía que no era pleno, pero no acertaba sobre su propia valía o destino. Alguna vez, cuando alzaba la mirada, pudo divisar un águila volando... Algo resonó en su interior y acertó a exclamar: —¡Wow, si yo pudiera volar así!— Fue tal su entusiasmo que sin darse cuenta lo había gritado y fueron muchos pollos que le escucharon. De pronto empezó a recibir risas y burlas de estos compañeros que le decían: —estás loco, es imposible para ti volar tan alto. Eres un pollo, ¿no te das cuenta? —. Aquel aguilucho, con todas sus ansias, bajó el pico al piso y continuó alimentándose de semillas y enterrando sus sueños. Triste, ¿No es cierto? Pudiendo ser águila real, vivió y se comportó como ave de corral. Esto es exactamente lo que sucede al hombre de nuestros días. Se ha creído que no es más que un animal racional y aunque debería aspirar a lo trascendente, al amor pleno, se conforma con satisfactores materiales cortos y superficiales. Hombres y mujeres en nuestros días, niños, jóvenes, adultos y adultos mayores aspiran a la mayor felicidad, pero se conforman con ratos de placer. El problema es que, al no corresponder esto a su naturaleza, se reducen a sí mismos y podrán experimentar buenos ratos, solo que lo harán en medio de dolor, que siempre acabará ahogando la poca dicha que previamente vivieron. Una vez que conozcas tu valor como persona, serás capaz de aspirar mucho más alto. ¡No te limites! No vivas de sentimientos sino de fuerza interior. Que no te muevan tus impulsos y deseos sino tus ideales y convicciones. Los demás se burlarán de ti cuando digas que quieres ser mejor cada día, te dirán que es cosa de soñadores e idealistas. Recuerda poner oídos sordos a palabras necias. El gran Miguel Ángel expresó que el problema de la humanidad no era aspirar alto y no llegar, sino aspirar bajo y acertar. 19
  • 20. Si creemos que somos aves de corral, compramos la idea de lo desechable, del no esfuerzo, de conseguir todo fácil. Sucumbimos a la publicidad cuando afirma: “Puedes tenerlo todo sin luchar: aprende inglés dormido; come lo que quieras y deshazte de la grasa con esta pildorita; haz ejercicio en estas camas que se mueven por ti, etc.” El franciscano Raniero Cantalamesa, predicador pontificio, expresó la siguiente frase durante un congreso mundial de familias: “Cuando el hombre elige primero el gozo, quien tomará la última palabra será el dolor. Cuando el hombre elige primero el dolor, quien tomará la última palabra será el gozo”. Gran verdad. Lo que vale cuesta. La felicidad no es gratis, no es un derecho. La felicidad se conquista con esfuerzo y virtud. Es un fruto, ¡es una obligación! He aquí la verdad sobre la persona humana: Estamos hechos para desarrollar todo nuestro potencial. Tenemos muchas facultades dadas en semilla. Contamos con cualidades que nos distinguen de todas las cosas creadas, una de ellas, de la que no se habla hoy, es la V oluntad. Esa capacidad para obrar el bien que requiere autodominio. Aquella de la que Alberto Einstein decía: hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica, se llama fuerza de voluntad. 20
  • 21. III. EL IDEAL, UNA MOTIVACIÓN SOBRENATURAL “Manténganse alerta; permanezcan firmes en la fe, sean valientes y fuertes” San Pablo (1 Cor. 16,13) ¿Para qué vives? ¿Seguirás viviendo por vivir? Es tiempo de que te plantees el sentido de tu vida. Numerosos autores hablan hoy de la necesidad de manejar una misión y visión a nivel personal, familiar, laboral, político, social y trascendental. Se difunden diferentes enfoques y se sugieren algunos principios generales. Todo ello muy interesante y novedoso, pero sin una definición clara de lo que es la persona y la familia, pueden darse desafortunados equívocos. Aquí voy a partir de los conceptos humanistas que he presentado. La visión cristiana es clara al decirnos que todos somos llamados a la santidad, nuestro verdadero ideal. ¿Y qué significa esto? ¿Imaginaste la figura de algún santo de los primeros siglos a los que asociamos con rostros resplandecientes, miradas fijas en el cielo y aureolas luminosas? Tal vez de esos que evocan una vida perfecta, inmaculada. Quizás imágenes de personas que nos parecen aburridas y como fuera de este mundo. Si así fue, permíteme desdibujar esa idea equivocada de tu mente. La santidad es el llamado universal del hombre a convertirse en la mejor versión de sí mismo. ¡Consiste en la conquista de sí mismo! Los santos que están en los altares no son imagencitas que nos hacen favores o milagros, sino verdaderos ejemplos a seguir. Si te enteras de sus vidas, descubrirás que 21
  • 22. no fueron perfectos sino tan humanos como tú y como yo, pero que por su sincera relación con Dios, fueron incansables luchadores a favor del bien y la justicia. Vivieron las virtudes en grado heroico, no hicieron la guerra a sus hermanos sino a sí mismos (en el sentido de que vencieron sus defectos y pulieron sus cualidades). Sus vidas estuvieron llenas de aventura y dicha en el amor de ese Dios a quien conocieron, amaron y al cual se entregaron. Hay excelentes anécdotas de sus vidas que son fuente de inspiración para nosotros. Podemos imitar la humildad de San Francisco de Asís, la perseverancia en la oración de Santa Mónica, la generosidad de Santa Teresa de Calcuta, la nobleza de santa Teresita de Lisseux, la congruencia y fortaleza de Santo Tomás Moro, el autodominio de San Francisco de Sales, la sabiduría de San Juan Bosco, etc. ¡Qué diferentes serían las aspiraciones humanas si se difundieran más las vidas de estos maravillosos personajes! Pero ya sabemos que esto es contrario a los intereses prácticos de quienes ostentan el poder en la tierra. Vivir en santidad requiere de esfuerzo, de lucha, de conquista de la virtud a base de la repetición de buenos hábitos. En cambio la sociedad consumista solo promueve las ventas, los productos mágicos, los vicios o malos hábitos, el vivir sin humanizarnos para ser masa manipulable. Mathew Kelly expresa con meridiana claridad este punto: En Estados Unidos se gastan más de treinta mil millones de dólares en productos dietéticos cada año, y sin embargo el sobrepeso cada vez adquiere mayores dimensiones. Lo que necesita la mayoría es solo un poco de disciplina, pero estamos contra esto y deseamos que alguien nos diga: “puedes estar sano y feliz sin disciplina”. ¡Mentira!. Lo cierto es que no puedes lograr salud y felicidad sin disciplina. He aquí el gran abismo que se abre entre la Iglesia y la cultura. La cultura repite propagandísticamente: ¡Haz cualquier cosa que se te antoje y serás feliz! La Iglesia por su parte nos enseña que no se puede ser feliz sin disciplina, y de hecho nos presenta la disciplina como el camino a la felicidad. En “caminos laicales de perfección” encontramos estos párrafos que traducen muy bien lo hasta aquí expresado: La santidad es, pues, el fin único de la vida del cristiano: es «lo único necesario » (Lc 10,41). La enseñanza de Jesús insiste siempre en ese planteamiento tan absoluto: «Buscad primero de todo el Reino y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura» (Mt 6,33). Por eso el cristiano que quiere vivir la vida cristiana, pero no quiere en realidad tender a la perfecta santidad, hace de su vida un tormento interminable, pues introduce en ella una contradicción gravísima e insuperable. Es como si un hombre se empeñara en levantar un saco pesado con una sola mano, no con las dos. Con las dos podría levantarlo perfectamente, pero con una sola mano le resulta agotador e imposible. De modo semejante, aquél cristiano que no pretende llegar a la plena 22
  • 23. santidad, no puede menos de experimentar el cristianismo, en mayor o menor medida, como un problema, como una tristeza, como un peso aplastante. Puedes decirte a ti mismo: ¡nací para ser santo! Esto es renovarse, cambiar para bien, salir de nuestra vida enquistada en el pecado para avanzar en el camino de la perfección personal. No es santo el que nunca cae, sino el que siempre se levanta. Y recuerda: no hay santo sin pasado, ni pecador sin futuro. Cuando tenemos este ideal, todo cambia. Ya no hacemos las cosas por conseguir un bien inmediato para nosotros mismos. Actuamos y decidimos en función de nuestro anhelo de agradar a Dios y caminar a la tierra prometida. Escuché al actor y productor Eduardo Verástegui decir en una entrevista: “yo no nací para tener éxito sino para ser santo. Si luchando por esto logro el éxito es bienvenido, pero no es mi fin”. Cuando tenemos la motivación adecuada, la motivación sobrenatural, es cuando todo lo demás se va acomodando a nuestro favor. No quiero ya hacer mi voluntad sino la del que me creó y me ama desde la eternidad. 23
  • 24. IV. QUIERO SENTIRME A GUSTO CONMIGO MISMO “Al entendimiento, dominio propio. Al dominio propio, la constancia. A la constancia, devoción a Dios” San Pedro (2 Pe. 1,6) En una ocasión, después de haber impartido una conferencia sobre Madurez, un joven se acercó a mí con lágrimas en los ojos y un nudo en la garganta, me dijo entre sollozos: “ya no quiero ser igual”. —¡Me alegro tanto!— le dije, y lo abracé fuertemente. Su ansia de ser más y mejor le hizo identificarse con el tema. Sabía que había vivido sin aspiraciones, al “ahí se va”, sin ton ni son, sin un proyecto de vida. Pero algo en su interior le gritaba que una vida mejor era para él. Pero esta mejor vida no llega sin esfuerzo. Aristóteles afirma que es feliz quien practica la virtud. La felicidad a la que aspiras tiene que ver con aceptarte tal como eres y emprender un camino de auto- perfeccionamiento o maduración personal. Las relaciones humanas fracasan cuando se encuentran personas inmaduras una frente a otra. Son más de tres generaciones que se han despreocupado por forjar el carácter y han exaltado los sentimientos de manera que la población no está creciendo psicológica y espiritualmente. Hoy tenemos una especie de epidemia de depresiones, bi- polaridad y personalidades esquizoides. Enrique Rojas, psiquiatra español, dice que estamos asistiendo a una especie de socialización de la inmadurez. Las parejas se unen cada vez con mayor edad, pero mentalmente son adolescentes en pleno. Traen hijos a la vida sin ninguna consciencia de su responsabilidad y misión. En estos pesudo-hogares siguen generándose nuevas personalidades inmaduras y la amargura inunda los corazones del hombre de nuestros días. Surgen los vicios, las infidelidades, las decepciones. Para mejorar las relaciones humanas, primero deben mejorar las relaciones con Dios y con nosotros mismos. 24
  • 25. 1. Con Dios porque conocemos quiénes somos, cuánto valemos y hasta dónde podemos aspirar. 2. Con nosotros mismos, porque sólo cuando nos aceptamos y nos valora mos tal cual somos, nos ponemos en posición de actuar en favor de nuestro bien personal. Y cuando yo hago lo correcto, cuando elijo acciones y pensamientos que me edifican como persona, es cuando mi autoestima crece de modo natural y perfecto. Y una autoestima sana me da seguridad. Empiezo a dar lo mejor de mi mismo al mundo. Se crea este círculo virtuoso en donde doy más y mejor de mí, sintiéndome más y mejor persona. Me vuelvo un ser humano lleno de bondad y bendición. Quizás estés pensando que quieres pero no puedes cambiar. Esto es falso. Te propongo que practiques nuevos hábitos sustituyendo a los que actualmente tienes y que te hacen daño. Harás un intercambio de vicios por virtudes. Un vicio es una acto repetido que no te trae nada bueno sino todo lo contrario: levantarte tarde, ser impuntual, consumir alcohol sin medida, drogarte, consumir pornografía, dejar todo para después, ser perezoso, no ayudar a nadie, gritar y enojarte sin control lastimando a los demás con tu mal carácter, etc. Para eliminarlo muchos autores sostienen que si tú prácticas un nuevo hábito por 21 días consecutivos, el día 22 ya no te costará tanto trabajo hacerlo. Esto surge de una observación realizada por un médico durante la segunda guerra mundial cuando los soldados heridos perdían algún miembro de su cuerpo. El doctor se dio cuenta que todos actuaban los primeros días como si esa pierna o brazo faltante siguieran en su lugar, es decir, que el cerebro no reconocía que faltaba una parte de su cuerpo sino hasta el día 22 después de haberlo perdido. Esto significa que el cerebro tarda tres semanas en reconocer una nueva situación de vida. Deberás luchar “a brazo partido” por hacer este cambio deseado poniendo en ello toda tu voluntad, todo tu corazón, todo tu ser. No hay otra forma de conseguirlo. El precio de tu mejora personal es vencer tu tendencia a la zona de confort, y sobreponerte al llamado cómodo de conseguir todo regalado o fácil. ¡Por tan solo 21 días persevera! Perseverar es seguir adelante a pesar de las adversidades. Es armarte de valor y vivir “solo por hoy”. Determinarte a convertirte en la mejor versión de ti a lo largo de las próximas 24 horas. Cuando yo era joven (más joven), influyó mucho en mí el decálogo de la serenidad escrito por San Juan XXIII. Lo comparto contigo esperando que impacte tu vida para bien: 1. Sólo por hoy trataré de vivir exclusivamente el día, sin querer resolver el problema de mi vida todo de una vez. 2. Sólo por hoy tendré el máximo cuidado de mi aspecto: seré cortés en mis maneras, no criticaré a nadie y no pretenderé mejorar o disciplinar a n die, sino a mí mismo. 25
  • 26. 3. Sólo por hoy seré feliz en la certeza de que he sido creado para la felicidad, no sólo en el otro mundo, sino en este también. 4. Sólo por hoy me adaptaré a las circunstancias, sin pretender que las circunstancias se adapten todas a mis deseos. 5. Sólo por hoy dedicaré diez minutos de mi tiempo a una buena lectura; recordando que, como el alimento es necesario para la vida del cuerpo, así la buena lectura es necesaria para la vida del alma. 6. Sólo por hoy haré una buena acción y no lo diré a nadie. 7. Sólo por hoy haré por lo menos una cosa que no deseo hacer; y si me sintiera ofendido en mis sentimientos procuraré que nadie se entere. 8. Sólo por hoy me haré un programa detallado. Quizá no lo cumpliré cabalmente, pero lo redactaré. Y me guardaré de dos calamidades: la prisa y la indecisión. 9. Sólo por hoy creeré firmemente aunque las circunstancias demuestren lo contrario, que la buena providencia de Dios se ocupa de mí como si nadie existiera en el mundo. 10. Sólo por hoy no tendré temores. De manera particular no tendré mie56 No te limites do de gozar de lo que es bello y de creer en la bondad. Siembras un pensamiento, cosechas una acción. Siembras una acción, cosechas un hábito. Siembras un hábito, cosechas un carácter. Siembras un carácter, cosechas un destino. 26
  • 27. V. VIRTUDES TEOLOGALES Y CARDINALES “Practiquen el dominio propio y manténganse alertas. Su enemigo el diablo, ronda como león rugiente buscando a quién devorar” San Pedro (1 Pe. 5,8) Si quieres ser feliz de verdad, debes practicar virtudes. Necesitamos entender esta verdad de una vez por todas. Dos personas de virtud siempre tendrán una mejor relación que dos personas sin virtud. Piensa de modo práctico: dos desordenados tendrán más problemas que dos personas ordenadas; dos impacientes, serán mucho más conflictivos que dos pacientes; dos mentirosos acabarán en guerra campal, contrariamente a dos personas sinceras, veraces y sin dobleces; dos amables siempre estarán en mejor situación que dos groseros. Elijamos una vida virtuosa. La palabra virtud, del latín virtutem, significa valor, fuerza o cualidad positiva. El catecismo de la iglesia católica nos instruye sobre 7 de ellas que pueden conformar todo un plan de vida, pues son la base o piedra angular de la moral, de la vida buena y también, por qué no, de la genuina “buena vida”. Estudiemos juntos los puntos 1803 a 1843 para ir desarrollando posteriormente un plan de crecimiento personal en función de ellas. La virtud es una disposición habitual y firme para hacer el bien: «El fin de una vida virtuosa consiste en llegar a ser semejante a Dios» (San Gregorio de Nisa). Las virtudes humanas son perfecciones habituales y estables del entendimiento y de la voluntad, que regulan nuestros actos, ordenan nuestras pasiones y guían nuestra conducta en conformidad con la razón y la fe. Las principales virtudes humanas son las denominadas cardinales, que agrupan a todas las demás y constituyen las bases de la vida virtuosa. Son la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza. Estas nos permiten adquirir dominio propio haciéndonos libres y capaces de amar. La prudencia dispone la razón a discernir, en cada circunstancia, nuestro verdadero 27
  • 28. bien y a elegir los medios adecuados para realizarlo. La justicia consiste en la constante y firme voluntad de dar a los demás lo que les es debido. La fortaleza asegura la firmeza en las dificultades y la constancia en la búsqueda del bien, llegando incluso a la capacidad de aceptar el eventual sacrificio de la propia vida por una causa justa. La templanza modera la atracción de los placeres, asegura el dominio de la voluntad sobre los instintos y procura el equilibrio en el uso de los bienes. Las virtudes teologales son las que tienen como origen, motivo y objeto inmediato a Dios mismo. Nos hacen capaces de vivir en relación con Él, y fundamentan y animan la acción moral del cristiano, vivificando las virtudes humanas. Son la garantía de la presencia y de la acción del Espíritu Santo en las facultades del ser humano. Las virtudes teologales son la fe, la esperanza y la caridad. Ellas nos liberan del egoísmo y nos protegen del orgullo mal entendido. La fe es la virtud teologal por la que creemos en Dios y en todo lo que Él nos ha revelado, y que la Iglesia nos propone creer, dado que Dios es la Verdad misma. Por la fe, el hombre se abandona libremente a Dios; por ello, el que cree trata de conocer y hacer la voluntad de Dios. La esperanza es la virtud teologal por la que deseamos y esperamos de Dios la vida eterna como nuestra felicidad, confiando en las promesas de Cristo, y apoyándonos en la ayuda de la gracia del Espíritu Santo para merecerla y perseverar hasta el fin de nuestra vida terrena. La caridad es la virtud teologal por la cual amamos a Dios sobre todas las cosas y a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Jesús hace de ella el mandamiento nuevo. Tenemos un conocimiento nuevo y podemos establecer un modo nuevo de enfocar nuestra vida. Ya no insistas en la necesidad de que el mundo cambie y concéntrate en tu propio cambio. Pero olvida los bienes propuestos por el mundo; que tus metas no tengan que ver con ganar dinero, obtener placeres o ser más guapo o atractiva. Estos bienes materiales no son malos en sí mismos, pero son aspiraciones chatas. Recuerda que eres tan grande como las cosas que te preocupan. Que tu ideal de santidad, te lleve a tener como aspiraciones la obtención de virtudes personales. Piensa en conseguir cualquiera de ellas: quiero ser más prudente, quiero practicar la templanza, deseo llenar mis pensamientos de esperanza, etc. De forma concreta, te doy algunos ejemplos que te ayudarán a practicar estas virtudes. Para ser prudente: lucha por no quejarte, esmérate a lo largo del día en ser 28
  • 29. agradecido. Prométete no usar palabras ofensivas jamás. Evita hacer comentarios negativos de tus seres queridos... Para practicar la justicia: nunca castigues a un hijo antes de escucharlo serenamente, nunca retengas el salario de tu empleado, etc. Para ser templado: come siempre un poquito de menos y nunca un poco de más; dirige tu mirada a otra parte si te llega pornografía a tu pantalla, o renuncia voluntariamente a poner la vista sobre una mujer que va vestida en forma vulgar y provocativa. Selecciona lo que ves y escuchas, evitando erotizar tu mente. Para adquirir fortaleza: haz un horario que incluya todas tus responsabilidades y procura respetarlo, date un tiempo razonable para rezar, orar y meditar la Palabra de Dios, conoce vidas de santos, aprende de los emprendedores, etc. Y respecto a las virtudes teologales, recuerda que ellas van inter-relacionadas inevitablemente. Quien alimenta su fe, aumenta su esperanza y es capaz de amar. Quien alimenta sus miedos, pierde la fe, se desespera y no puede amar. Para vivirlas es indispensable alimentar tu fe: lectura de la Palabra, confesión frecuente, Eucaristía, reflexión de la Palabra ayudados por meditaciones de santos, vida en comunidad, retiros espirituales, congresos Marianos, prácticas piadosas como el rezo del Santísimo Rosario, prácticas ascéticas como el ayuno, etc. Y una llave maravillosa para abrir la puerta de las tres virtudes teologales, es la práctica de las obras de misericordia. Obras de misericordia corporales: Visitar y cuidar a los enfermos. Dar de comer al hambriento. Dar de beber al sediento. Dar posada al peregrino. Vestir al desnudo. Redimir al cautivo. Enterrar a los muertos Obras de misericordia espirituales: Enseñar al que no sabe. Dar buen consejo al que lo necesita. Corregir al que yerra. Perdonar las injurias. Consolar al triste. 29
  • 30. Sufrir con paciencia los defectos de los demás. Rogar a Dios por vivos y difuntos. Selecciona una o más de ellas y haz un plan semanal en el que destines un par de horas a una de estas benditas actividades. Saldrás de ti mismo y paradójicamente, te querrás más a ti mismo. Así funciona la lógica divina. Más te das, más eres dueño de ti; más te olvidas de ti, mas bendiciones recibes. “Es dando como recibimos. Es muriendo a nosotros como ganamos la vida eterna”. 30
  • 31. VI. UNA CLAVE PARA EL ÉXITO REAL “Su Señor le respondió: “Hiciste bien siervo bueno y fiel; te pondré a cargo de mucho más. ¡Ven a compartir la felicidad de tu Señor!” Jesucristo (Mt. 25,21) Encontramos en el libro de Jeremías una sencilla narración que es fuente de esperanza total. Dice en el capítulo 18 que Dios le pide que vaya a casa del alfarero y ahí le dará instrucciones. Así lo hace el profeta y se encuentra al artesano en plena acción. Sobre su rueda está dando forma a una vasija, algo no estaba bien y se echó a perder, entonces el alfarero volvió a empezar y con el mismo barro hizo una vasija nueva. Jeremías escuchó interiormente la voz de Dios que le decía: “ Si este alfarero ha podido empezar otra vez, ¿No puedo yo hacer de ti un vaso nuevo? Es probable que en tu vida hayas intentado ser mejor en otras ocasiones. Puede ser que en tus intentos fallidos hubo lugar para la desesperación y que finalmente has “tirado la toalla”. Son muchas almas las que han considerado incluso el suicidio, y otras tantas las que eligen por siempre la mediocridad. Te has preguntado ¿por qué no has podido dar ese salto a convertirte en la mejor versión de ti? Pueden ser prejuicios tuyos, soberbia que te dice que no tienes por qué hacer lo que otro te dicta, ni aunque sea Dios mismo. Tal vez te has llenado tanto de “mundo” que ya vas con la corriente hacia el precipicio, porque ir así no exige esfuerzo y el mundo se cansa de repetir que puedes tenerlo todo sin pagar nada por ello. Quizás has luchado sinceramente, pero llegó un momento en que tus fuerzas no dieron más. Pero hay una razón que el ambiente impregnado de paganismo en el que vivimos, no considera jamás: No has podido mejorar porque no acudes con fe a quien todo lo puede, no eres consciente de que existe un mundo invisible y que cuentas con la intercesión de los santos, de la Santísima Virgen María, que cara a cara frente a Dios, piden ayuda para ti. Tú pones tus pocas fuerzas, tus pobres talentos, pero los pones de corazón, sin desfallecer, confiando plenamente en que Dios todo lo puede. 31
  • 32. LA CLAVE PARA ALCANZAR EL EXITO VERDADERO ES CRISTO Cuando Jesucristo hace su primer milagro lo hizo a petición de su Madre. El pidió a los empleados que llenaran las tinajas de agua. Así lo hicieron en perfecta obediencia, y el Señor hizo, el milagro. “Los hombres hacen lo que pueden y dejan el resto en manos del que todo lo puede”. En esto consiste la santidad: yo hago lo que Dios me pide y ¡Él se encarga de mi felicidad! Cuando te limitas a una vida mediocre, estás yendo contra la voluntad de Tu Creador. Para conseguir lo mejor de esta vida, considérate desde ahora mismo un ciudadano del cielo. Vive desde este momento en clave de “eternidad”. ¡La vida no se acaba aquí! Este es un paso a la vida verdadera. La pregunta esencial no es ¿Qué quiero? Sino, ¿Qué quiere Dios de mí? De manera muy práctica te propongo los siguientes ejemplos: Tu esposo quiere ir a Puerto Vallarta el próximo verano. Tú prefieres Ixtapa. No hagas un teatro trágico porque las cosas no se dan como tú quieres. Con sencillez acepta la propuesta y bendice porque tienes la posibilidad de gozar de la playa en familia. No aferrarnos a nuestros gustos es una forma de vivir en clave de eternidad. No pienso en lo que YO quiero, sino en que Dios bendice a las familias que saben ceder y vivir en armonía. Tienes una linda voz y has soñado toda tu vida con ser cantante famosa en TV . Acepta con humildad tu talento y ponlo al servicio de Dios. Quiero alegrar con mi voz a mis hermanos. Quiero ofrecer mis dones a quien me los otorgó porque vivo agradecida con mis Señor. Si Él permite que yo gane fama en la tierra, solo pido que no me aleje de Él jamás. Si no me concede esto, por algo mejor será. Bendito sea Dios, no se haga mi voluntad sino la suya. Eres buen jugador de fútbol, quieres ganar el campeonato de goleo. Pones todo de ti y por injusticias humanas no lo consigues. Esto no te destruye porque pones tu confianza en Dios. Si Él permitió en su infinita sabiduría que tú pasaras por esto, para algo grande será. Puedes acercarte con paz a Él y decirle: “me duele Señor, pero más me dolería fallarte a ti. Bienvenida la experiencia y que mi dolor se sume al tuyo por la salvación de las almas”. Estás muerta de cansancio, ha sido un día muy pesado y al ver a tu hija metida en el celular te desesperas y gritas. Se lo arrancas de la mano y la humillas con palabras muy hirientes. Ella llora y se encierra en su cuarto. Después tu conciencia te reclama. Sin Dios en tu corazón, sigues tu vida con actitud de ofendida y la guerra entre tu hija y tú va tomando cuerpo. Con Dios, viviendo en clave de eternidad, la buscarás enseguida y le pedirás perdón. ¿Por qué?, ¡Es que quieres ganar el cielo! ¡Es que quieres 32
  • 33. ser santa! Cuando haces lo que a Dios le agrada... las cosas acabarán bien. CONFÍA. La siguiente narración de Fray María Lázaro tiene potencial motivador porque lo que mueve al protagonista es su deseo de ser santo: El padre Damián, un generoso cura de pueblo, recibía en clases de catecismo a un pequeñito: Toñín. Un niño vivaracho huérfano de madre, cuyo padre alcohólico y violento le propinaba una triste vida. En cierta ocasión el Padre Damián, abrió su ventana de madrugada muy asustado por los gritos del papá de Toñín. Bajó de inmediato pensando que debía proteger al pequeño de algún otro maltrato. Lo que vivió aquella noche fue imborrable y bello. Resulta que unos días atrás, durante la lección de catecismo, el padre habló del Santo cura de Ars. Mencionó una frase que caló muy dentro en el corazón de Toñín: “a las almas se les enseña con la palabra, pero solo se las salva sufriendo por ellas”. El pequeño había entendido el sentido del sacrificio. Empezó a dormir en el piso ofreciendo la incomodidad por amor a su padre (¡esto es santidad!). Aquella noche llegó el padre de la mina y al verlo en el suelo le preguntó enojado por qué lo hacía. Toñin nervioso, sin querer mentir, respondió: —dormía en el suelo, para que tú, papito, no te emborraches y no blasfemes— —¿quién te ha dicho eso?— —el Padre Damian— —vístete rápido, vamos a verlo— Llegaron a casa del cura, antes de que abriera la puerta, Toño, el papá la empujó, y al ver de frente al sacerdote, cayó de rodillas declarando con voz entrecortada: —padre, una religión que hace de un niño un héroe tiene que ser verdadera, reconozco que he vivido equivocado, vengo a pedir perdón y a que me confiese, si tengo derecho. Toñín lloró, el padre lloró y también Toño... Todos lloraban de alegría mientras en el cielo el coro de los ángeles cantaba: “Gloria a Dios en lo más alto del cielo y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad”. Ser santos, es preguntarse en cada decisión si esto que voy a hacer agrada a Dios. No te preguntes cómo va a reaccionar el otro, ni siquiera si eso es lo que quieres tú... Que tu corazón no desee otra cosa que ganar el cielo. Lo demás se da por añadidura. Lo mejor ocurre. Sin esta visión, esperamos lo peor y actuamos de manera egoísta, con miedo. El resultado es chato, corto, timorato, limitado. ¡No te limites! Que no gobierne tu gusto sino la sabiduría divina en ti. 33
  • 34. Me conmueve recordar a un hombre corpulento que me decía entre lágrimas: —Lupita, soy casto. He entregado al Señor mí adicción a la pornografía. Él ha hecho de mi un hombre nuevo, ¡es un milagro!, pero no lo habría logrado sin la ayuda de mi madre del cielo, la Virgen María que es madre mía también. Cada vez que tengo una tentación le digo a ella convencido: “nada que te ofenda mamita, nada que te ofenda”, y puedo vencer. Dicen los que saben, que cuando Dios quiere hacer a un alma muy santa, la hace muy Mariana. Acércate a la Madre del cielo, que con dulzura inefable te lleva hasta el Señor, Rey del Universo. Esto es santidad. ¿Por qué seguir pretendiendo el éxito del mundo cuando nuestra meta es infinitamente más alta? Es maravilloso constatar que cuando tu obsesión es el reino de Cristo, lo demás se nos entrega como don. No falta nunca lo necesario, vivimos rodeados de amor, nos encontramos satisfechos porque pasamos por la vida como Cristo, “haciendo el bien”. Y si llenos de esta pasión, el Señor nos concede éxito mundano, nunca dejemos de servirle con él. ¿Empresario exitoso? Para Cristo ¿Padres ejemplares? Para Cristo ¿Salud perfecta? Para Cristo ¿Belleza o atractivo? Para Cristo Y si tu realidad, pese a que luchas por convertirte en la mejor versión de ti, implica dolor, sufrimiento, llanto... consérvate fiel al ideal de ser santo y di: ¿Dificultades económicas? Las enfrento por Cristo ¿Salud precaria? Por Cristo ¿Decepción, traición, engaño? Por Cristo ¿Relaciones difíciles? Por Cristo ¿Injusticias y persecución? ¡Por Cristo! ¡Quién puede separarnos de su amor, si lo llevamos dentro! 34
  • 35. COLECCIÓN DE CARTAS A continuación te presento algunas cartas que he recibido en las cuales se presentan problemáticas actuales y comunes. Podrás observar en las respuestas, que la vida de santidad es posible en estas realidades por crudas que parezcan. La santidad es lucha. Cuando el hombre deja de vivir como piensa, acaba pensando cómo vive. Este es el camino de la mediocridad y el desconsuelo. ¡Vuelve tu mirada a lo alto!, cultiva la esperanza del buen fin y lucha por convertirte en la mejor versión de ti mismo. ¡Piensa lo mejor, habla de lo mejor, espera lo mejor, lucha por lo mejor! LA VIOLENCIA SE APRENDE EN CASA Querida Lupita: Soy un joven comprometido en la Evangelización y quiero seguir adelante con lo que creo que es mi misión en la vida. Pero me desaliento mucho cuando vivo escenas de violencia en mi propia casa. Mi papá es alcohólico y hace unas semanas quiso golpear a mi mamá. Yo intervine y lo golpeé con coraje. Nos hicimos de palabras y lo insulté. Luego me toca dar temas de formación para adolescentes y tuve que hablar de cómo honrar a los padres. En esos momentos me pregunto si debo seguir hablando de algo que no vivo. ¿Cómo honrar a mi padre cuando ha sido grosero con nosotros, nos humilla constantemente con sus palabras, nos hace sentir inútiles y nada valiosos? Alberto *** Querido Alberto: Te abrazo fuertemente y te pido perdón a nombre de tu padre y de todos los padres que no cumplen su responsabilidad. Nuestra realidad actual no favorece la vivencia de las virtudes y somos los propios adultos quienes damos ejemplo de inmadurez. Llevamos el alma vacía, nuestro estilo de vida es superficial y egoísta, basado en sentimientos y emociones. Tú eres un joven extraordinario, que como muchos otros estás en búsqueda de un ideal. ¡Has conocido a Cristo y quieres evangelizar! Hazlo sin miedo. 35
  • 36. Cuando hemos decidido seguirlo a Él, su enemigo no descansa y busca la manera de desalentarnos. No lo escuches. Tu eres testigo de la necesidad de vivir con los criterios del Cristo. Mientras el mundo grita que hagas “lo que quieras”, Él nos enseña a orar diciendo al Padre: “Que se haga Tu voluntad”. Es voluntad de Dios la Paz. Y para vivirla es posible aprenderla. Tú aprendiste a ser violento por el ambiente que tu padre ha generado en casa, pero puedes aprender a ser pacífico. Cuando naciste no hablabas y aprendiste con el tiempo. Tus padres te enseñaron español porque era el idioma que sabían, lo mismo sucede con nuestras actitudes: el odio y la violencia son generados por la educación, se aprenden, tal como lo afirma Eduardo Aguilar en su libro “Amar con hechos”. Puedes entrenarte en el perdón y cambiar tu violencia y odio por una lucha respetuosa en defensa de tus derechos y los de tu familia. Oración, Eucaristía y lectura del Evangelio serán tu alimento para conseguirlo. Es urgente prevenir con educación la violencia verbal y física desde cada hogar. Una medida irrenunciable es que los padres se entrenen para saber hablar de un modo positivo a los hijos. Siguiendo los conceptos de Eduardo Aguilar: “La boca de los padres debe ser un armario de oro, de piedras preciosas, de profecías de éxito”. La palabra de Dios es contundente: Y ustedes padres, no provoquen la ira de sus hijos, sino más bien edúquenlos con disciplina y la instrucción que quiere el Señor (Efe. 6,4). Tal vez no puedas hacer mucho para que tu padre cambie, ¡pero sí puedes cambiar tú! Conviértete en un agente de paz, prepárate para formar un hogar en el que seas tú mismo como padre de familia seas el primer sembrador del amor. 36
  • 37. MODELOS A IMITAR Querida Lupita: Te escribo desde Roma en donde tuve el privilegio de vivir el momento histórico de la canonización de nuestros dos queridos Papas. Fue una emoción que no puedo describir. Pero me dio una tristeza enorme el ver un programa de tv que hablaba necedades sobre la madre Teresa de Calcuta, Juan Pablo II, señalaban la “hipocresía” de la Iglesia. Unos conductores enconados en contra de nuestra fe se dedicaron a manchar todo lo bello que hemos vivido, eso hace daño a la Iglesia y francamente me deprime. ¿Por qué no habla nadie para taparles la boca? Adriana P. *** Querida hermana en Cristo, Adriana: Los cristianos no devolvemos mal por mal, por el contrario, oramos por nuestros ofensores. Es totalmente predecible que se ataque virulentamente a la Iglesia cuando surge un faro de luz tan grande como el que forman Juan XXIII y Juan Pablo II. Su canonización es y será fuente de bendiciones abundantes para la vida de todos nosotros. No se trata de ponerlos en el altar para que busquemos favores de ellos en forma supersticiosa. La verdadera veneración consiste en imitarlos. Conocer sus vidas, sus luchas, su fidelidad al Evangelio, reconocer que su cercanía ante Dios les hace grandes intercesores, es lo que nos hará recordar que todos hemos sido creados para ser santos. El concilio Vaticano II en el que ambos fueron pieza fundamental, quiso recordarnos esta verdad: sin santidad personal, la Iglesia se resquebraja. Sin embargo, ha habido tantos abusos y malas interpretaciones de este Concilio, que un gran número de sacerdotes, teólogos y maestros, dejaron de enseñar este llamado universal a la santidad por considerarlo un ideal inalcanzable que tan solo generaría culpas. Quisieron hacer las cosas más fáciles para las personas diluyendo o eliminando esta gran meta y lo que consiguieron fue exactamente lo opuesto: no han hecho la vida del hombre más fácil sino más difícil. El Papa Francisco está encarnando en sí mismo la Verdad revelada por Jesucristo: “¡estamos aquí para amar, para ir al encuentro de los que sufren, para ser Santos!” 37
  • 38. Al colocar en los altares a San Juan Pablo II y a San Juan XXIII, dos Papas misericordiosos, se nos propone vivir esa santidad a la que todos estamos llamados. Somos partícipes de la vida divina por don inefable de Dios. Él ha querido llamarnos a la vida eterna y este es nuestro propósito esencial, el verdadero sentido de nuestras vidas. Cuando los hombres dejan de ver este fin, se oscurece su visión y entra la angustia y la depresión desesperante. La gran figura del renacimiento italiano, Miguel Ángel, tenía una frase tan fuerte como verdadera: “El verdadero peligro para la mayoría de nosotros no es que apuntemos demasiado alto y fallemos, sino que apuntemos demasiado bajo y acertemos” Comprendamos que el drama del mundo moderno es haber olvidado la grandeza de nuestra dignidad. No somos aves de corral, estamos diseñados para alcanzar la mayor altura y volar tan alto como las águilas reales. No podemos sucumbir a una vida de vicios, de desorden y violencia, debemos aspirar a la virtud. Nuestro mundo no necesita solo buenas personas para transformar su faz, requiere hombres y mujeres íntegros, honestos, conscientes de su destino eterno, decididos a ser héroes, a dar la vida por los demás, a dejar el pecado atrás y conquistar una vida de gracia, ¡a ser Santos! 38
  • 39. CÓMO FORTALECER LA VOLUNTAD Lupita: Este será el tercer año que me propongo bajar de peso porque me está afectando en la salud física y emocional. Pero necesito que me ayudes a tener fuerza de voluntad ya que al poco tiempo de intentarlo tengo tentaciones y caigo nuevamente hasta que concluyo que no voy a poder. No me gusta ser gordita y mi esposo se ha cansado de buscar formas en que yo pueda superar mi manera de comer. Mis hijos me animan a que haga dietas y ejercicio. Tengo su ayuda y su amor, pero algo hace que yo misma no crea que puedo lograrlo. Siempre fui delgada y sé que todo viene de mi mala alimentación. Siento que estoy decepcionando a mi familia y a mí misma. ¿Cómo podré levantarme y luchar otra vez? Bertha A. *** Querida Bertha: Si la razón de tu sobrepeso son tus malos hábitos alimenticios, siempre será un bien para ti el cambiarlos. Pero no te obsesiones si hay detrás algo bioquímico, hormonal o de otra índole cuya solución está más allá de tu voluntad. En tal caso acépate y quiérete, esto conseguirá la aceptación y el amor de los demás. Investiga las causas. De acuerdo a la visión cristiana todos los seres humanos hemos sido equipados con inteligencia, voluntad y afectividad. Cada una de estas facultades tiene un fin concreto: alcanzar la verdad, el bien y el amor. Con la inteligencia vemos lo que nos conviene elegir y con la voluntad nos dirigimos a ese bien. ¡Tú tienes fuerza de voluntad! Si consideras que estás débil en este aspecto, lo que debes hacer es ejercitarte en su práctica. Enumero a continuación algunas recomendaciones que para fortalecer la voluntad hace Juan Rosales Pinto en su libro (cuya lectura te recomiendo ampliamente), “¡Levántate!, Da tu segundo esfuerzo”. 1. Practica. Igual que un músculo, la voluntad se fortalece haciendo pequeños ejercicios de actividades y/o actitudes que te cuesten trabajo. 2. Cambia tu forma de pensar. Quita de tu mente las frases que te descalifican y 39
  • 40. cámbialas por frases positivas y ciertas que te repitas todo el día. 3. Haz pequeños cambios. No busques cambios radicales inmediatos. Divide tu gran ideal en muchas pequeñas metas. 4. Sé realista. Establece metas que puedas conseguir. No es lo mismo querer bajar 20 kilos en un mes que proponerte bajar 2 por mes. 5. Controla tus tentaciones. Ellas no son más grandes que tú. Revisa los motivos de tu sobrepeso o de cualquier aspecto de tu personalidad que quieras modificar. Es posible que encuentres causas en tu pasado que pueden ser sanadas. Esto te dará fortaleza al enfrentar tus puntos débiles. 6. Ponte metas claras. Escríbelas y evalúa tu esfuerzo. Es perfectamente normal que no vayamos siempre cuesta arriba. Tenemos subidas y bajadas pero eso no nos hace fracasados. Estamos viviendo la vida y realizando los esfuerzos que ella nos pide. Importa que no te detengas. Juan Rosales incluye un desafiante texto del poeta Almafuerte: “No te des por vencido aún vencido, no te sientas esclavo aún esclavo; trémulo de pavor piénsate bravo y arremete feroz ya mal herido” 40
  • 41. CONVIVIR CON UN NEURÓTICO Lic. Lupita: Las escenas de violencia y descontrol van en aumento en nuestro hogar. Ayer encontré a mi mujer e hija golpeándose mutuamente sin piedad. Apenas pude detenerlas, pero mi hija de 15 años se fue de la casa y mi mujer me culpa a mí de todas las tragedias. Mis hijos son alcohólicos y vivimos bajo la tormenta de los gritos y la falta de respeto de todos con todos. He tenido el plan de que nos separemos y cada uno viva su vida. Juntos nos lastimamos demasiado. Arturo M. *** Muy estimado en Cristo, Arturo: Puedo sentir tu frustración e impotencia ante esta realidad que se presenta apabullante. Pero recuerda que la vida es desafío constante y que todos nosotros estamos equipados para enfrentarla. Nos hace falta preparación pero siempre existe solución. Nuestra mente busca respuestas sencillas y al no encontrarlas a la mano, creemos que no las hay. Pero siempre están ahí, nos toca profundizar para llegar a ellas. Cuando un adulto llega a los golpes en sus relaciones humanas, estamos de frente a una persona que no se controla. En la gran mayoría de los casos se trata de una personalidad neurótica. Revisa si tu o algún miembro de tu familia podría encajar en los siguientes conceptos: Una persona neurótica es, una persona que sufre. El término “neurosis” es sinónimo de “dolor emocional excesivo”. Este dolor puede manifestarse de muchas maneras-ansiedad, depresión, fobias, agresividad, hiperactividad, celos, dependencias, obsesiones, miedos, etc. En palabras de la escritora Ana V on Rebeur, un neurótico es un inmaduro constante que cree que en el llanto, la queja y la inconformidad permanente, reside el éxito para que los otros atiendan sus reclamos. El origen de este dolor es un pasado injusto. Un hogar desintegrado y/o un temperamento hipersensible. El neurótico altera la realidad agrandando los problemas y cerrándose a la posibilidad de la mejora personal. Cree erróneamente que no puede cambiar su manera de pensar y sentir. 41
  • 42. Algunas estadísticas revelan que el 50% de las personas tienen algún tipo de neurosis. Si la solución fuera ese decir: “cada quien su vida”, seríamos islas. Mejor ayudémonos mutuamente a ser mejores personas. El psicólogo especialista Joaquin Rocha nos aconseja las mejores y peores cosas que podemos hacer cuando debemos convivir con un neurótico: Lo que no debemos hacer: 1. Justificarlo y compadecerlo 2. Culpar a otros de sus problemas 3. Aceptar que es así y que no puede cambiar 4. Sobreprotegerlo y mimarlo para que no sufra 5. Imponerle castigos ejemplares para que reaccione 6. Encubrir sus conductas Lo que sí debemos hacer: 1. Potenciar su autoestima 2. Estimularlo para que haga pequeños cambios 3. Guiarlo a que reconozca sus síntomas 4. Motivarlo para que aprecie sus talentos 5. Ayudarlo a prestar atención a su pérdida de control 6. Hacerle ver que la persona que más puede ayudarle es él mismo Recuerda que el primer gran paso a la solución de conflictos es la oración. Para estar de pie en la vida hemos de ponernos de rodillas frente a nuestro Padre. Fe es la certeza de poseer lo que aún se espera. Pide a Dios con absoluta paz por su reinado en tu hogar, implora su ayuda para lograr el primer milagro de todos, tu cambio personal. Haz un plan de vida que implique trabajar por convertirte en la mejor versión de ti mismo. Tú eres ese agente de cambio que tu familia necesita. 42
  • 43. ABUSO A MENORES Lupita: Se nos ha presentado una situación inesperada y no sabemos lo que debemos creer y cómo debemos actuar. Mi hija de 7 años me dice que su tío (hermano de mi esposo), la está tocando y le pide que le toque a él su cuerpo también. Para mi es algo increíble, sin embargo también me pregunto de dónde pudo haber sacado eso la niña. Le dije que no inventara esas cosas y le he preguntado en dónde vio algo así pero ella ya no responde nada. Sentimos una gran angustia mi esposo y yo, acudimos a ti para que nos des alguna orientación y actuar de acuerdo a lo que es correcto a los ojos de Dios. Ma. Pilar *** Hermana en Cristo, Pili: Lamentablemente hemos deformado tanto el sentido de la sexualidad humana que hoy en día, muchos hombres y mujeres, sanos y productivos, están haciendo mal uso de ella y buscan placer a toda costa. Eres afortunada al enterarte de esta situación ya que se sabe que solo uno de cada 10 niños que viven un abuso, lo cuenta. Las cifras conocidas también revelan que el agresor puede ser cualquier persona de cualquier nivel socio cultural, estado civil o profesión, y que en el 75% de los casos se trata de primos, tíos o padres, 20% son conocidos tales como vecinos, amigos y maestros y solo un 5% son desconocidos. La fundación PAS (prevención del abuso sexual infantil) experta en el tema, nos recomienda lo siguiente en caso de que un hijo o hija revele que ha vivido un abuso: “En primer lugar, debe darse credibilidad al infante. Cuando un niño nos aborda para comentarnos la confusión que siente por lo que le ha sucedido, es necesario ser solidario y escuchar pacientemente, prometiendo siempre que será protegido y que ha tomado una muy buena decisión al decirlo. En segundo lugar, hay que buscar ayuda profesional y canalizar al infante. Dar asistencia a las personas que están al cuidado del pequeño, principalmente los padres”. Tu niña debe sentirse apoyada y protegida por ti. No vuelvas a dejarla sola con ese tío y hazle saber que para ti nada ni nadie es más importante que ella y su seguridad. Los seres humanos que no tienen una relación con Dios, se alimentan de “la carne” 43
  • 44. interpretada en las sagradas escrituras como la debilidad, los impulsos y malos deseos. Hoy más que nunca, es necesario volver a la fe para frenar esta tendencia a desvirtuar el extraordinario valor de la sexualidad humana. En su carta a los Gálatas, San Pablo enseña: Manifiestas son las obras de la carne que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lujuria, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, divisiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a éstas. Pero el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza. Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu. (Gál. 5, 19-25). Para detener el uso desordenado de la sexualidad y acabar con tanto dolor, será necesario alimentar el espíritu y entender que no somos sólo animales racionales, somos mucho más que eso: ¡verdaderos hijos de Dios! 44
  • 45. MADRES SOLAS TRIUNFADORAS Querida Lupita: Agradezco mucho tu labor y quiero decirte que muchas de tus palabras me han ayudado a salir adelante en medio de mi dolor. Luché con todas mis fuerzas para salvar mi matrimonio pero desgraciadamente él no quiso continuar y se ha ido. Yo estoy de pie por la gracia de Dios pero quisiera pedirte alguna orientación para mujeres que como yo, están solas y deben sacar adelante a sus hijos. A veces la iglesia no toma en cuenta esta realidad y ya que estoy en ella me he percatado de que somos muchas las mujeres que estamos enfrentando la vida solas. Por favor también escribe algo para nosotras. Adriana C. *** Querida hermana en Cristo, Adriana: Las estadísticas sostienen que existen actualmente en nuestro país 4.5 millones de madres solas. Ciertamente es un tema que debemos afrontar de la mejor manera posible. En su libro “Madres solas triunfadoras”, Oswaldo Cuadro hace unas recomendaciones generales muy útiles. Primeramente subraya la necesidad de que una mujer se valore por lo que es y no por lo que le pasó. Cada mujer es un don de Dios, es una criatura extraordinaria que debe reconocer su valor y entender que es digna de todo respeto. Esto implica una nueva forma de pensar centrada en sus posibilidades de presente y futuro evitando así instalarse en el pasado recordándolo con resentimiento y amargura. Un encuentro con Dios será el primer paso para rehacerse, lo mismo que el Ave Fénix. Una versión cristiana narra así esta inspiradora leyenda: Se dice que en el Edén, debajo del Árbol del Bien y del Mal, floreció un arbusto de rosas. Allí, nació un pájaro de bello plumaje y cuyos principios le convirtieron en el único ser que no quiso probar las frutas del Árbol. Cuando Adán y Eva fueron expulsados del Paraíso, cayó sobre el nido una chispa de la espada de fuego de un Querubín, y el pájaro ardió al instante. La inmortalidad, fue el premio a su fidelidad al precepto divino, junto a otras cualidades como la capacidad curativa de sus lágrimas. Pero, de las propias llamas, surgió una nueva ave, el Fénix, con un plumaje inigualable, alas de color escarlata y cuerpo dorado. Una mujer que ha luchado por ser fiel será recompensada. Una mujer que se ha 45
  • 46. equivocado y encuentra el deseo de cambiar cuando ya es tarde según su consorte, puede rehacerse con la ayuda de Dios. Cualquiera que sea la razón por la que estás sola ahora, debes saber que en realidad hay quien te acompaña siempre: Jesucristo. Inicia esta relación estrecha con el que no miente, no engaña, no traiciona. Con aquel que siempre perdona, comprende y ama. Con su ayuda podrás realizar estas necesarias tareas para triunfar como mujer y como madre educadora: Nunca hables mal a tus hijos sobre su padre Empéñate en cultivar la alegría y no les transmitas amargura. Es necesario perdonar. Goza con tus hijos las actividades de servicio. Vayan al encuentro de las ne cesidades de los demás. Convive y dialoga el mayor tiempo posible con ellos Que los niños hagan todo lo que puedan hacer, evita la sobreprotección Que los abuelos (si cuidan a los hijos durante el tiempo en que trabaja la madre) se ajusten a los criterios de educación que ella les indique Cree en ti y en tu capacidad para en frentar este desafío Hay muchas madres que han sacado a sus hijos adelante con gran éxito y se han convertido en fuente de inspiración para ellos. La clave, ¡que María Santísima sea tu inspiración! 46
  • 47. ¿COMO LOGRAR QUE MIS HIJOS SE ACERQUEN A DIOS? Querida Lupita: Tuve la bendición de vivir un cursillo de cristiandad y recordé que tú también lo viviste. Mi problema ahora es que hace dos años que salí, no he encontrado la manera de que mis hijos y mi esposo se acerquen a la iglesia. A partir de esta experiencia yo no falto a Misa y frecuento la confesión. Pero como nunca antes hablé de mi fe, ellos no están interesados ahora. ¿Qué puedo hacer? He convencido a otros de que vayan a cursillos pero no puedo hacerlo en mi propia casa. Angélica *** Hermana en Cristo, Angélica: Cuentan que San Francisco de Asís enviaba a sus monjes a evangelizar diciéndoles: “vayan y evangelicen, y si es necesario, hablen”. Con este comando les indicaba que nada hay más poderoso que el Testimonio de vida. Si nos ven a los cristianos pareciéndonos a Cristo, entonces lo miran a Él y les nace seguirlo. En el cursillo nos hablan de mantener viva nuestra fe en un tripié fundamental que incluye oración, estudio y acción. Mathew Kelly desglosa esta verdad a partir de un estudio serio que hace sobre las características de los católicos comprometidos. El sostiene que solo el 7% de los católicos conocen su fe y la viven congruentemente. El 93% restante es bautizado sí, pero no estudia siquiera el contenido completo del catecismo y si lo hace, no lo practica. Es muy alentador para mí el pensar que la Iglesia es una luz poderosa para la humanidad, hace el bien, lleva consuelo, esperanza, ayuda...invita al perdón, la unidad y el amor y solo lo hace ¡con el 7% de sus adeptos!. ¿Imaginas lo que seriamos capaces de hacer si fuésemos el doble? ¿Un 14%? Son 4 los rasgos comunes entre católicos comprometidos: 1. Oración 2. Estudio 3. Generosidad 47
  • 48. 4. Evangelización —Este 7%, ora. Hay diferencias en cuanto a la forma de hacerlo pero en general son personas que destinan un tiempo exclusivo para conversar con Dios. El distintivo común es que lo hacen todos los días de su vida. Orar es importante y aunque existan muchas cosas urgentes que resolver, un católico que conoce su fe considera irrenunciable esta comunicación con Dios. —El segundo rasgo es el estudio. El católico que no conoce su fe, la pierde. No se trata nada más de “sentir” algo sino de conocerlo. Estas personas en promedio dedican 14 minutos al día para aprender algo nuevo o para responder y profundizar en la propias dudas. —En tercer lugar aparece una característica plenamente cristiana, la generosidad. Los católicos comprometidos son personas generosas. Lo son con su tesoro, su tiempo y sus talentos. Descubren y viven la alegría de dar, que siempre es mejor que recibir. —Por último, son personas que no se quedan con La Palabra sino que la transmiten. No todos lo hacen como predicadores, a veces se trata de platicar con los cercanos, de compartir un libro, una película, un Link, una invitación. Si quieres acercar a los que amas a la fuente de la alegría, Jesucristo, VIVE TU FE. Ellos te notarán más amable en tu trato, más dulce en tus palabras, más sabia en tus comentarios, más serena ante las dificultades. No serán tus palabras bonitas, ni tu mayor conocimiento sino tu conducta cristiana la que les haga interesarse en ese Ser poderoso que te transformó. Haz tu parte y, Dios hará lo demás. 48
  • 49. 40 DÍAS PARA RECONSTRUIR EL AMOR Lic. Lupita: En nuestro matrimonio de 8 años, estamos entrando a un periodo de rutina que nos está alejando a mi esposa y a mí. He hablado con ella y me dice que yo dedico demasiado tiempo a mi trabajo. Yo quisiera que ella entendiera la necesidad de construir un patrimonio para la familia y que son tiempos de generar. Por otra parte me siento desmotivado de llegar a mi casa, en un ambiente en donde no se me da importancia y siempre hay reclamos y poco o nada de buen humor. Mi postura ha sido la de evitarla, pero siento que se está creando más distancia entre los dos. Estoy seguro de que estamos a tiempo de hacer algo, simplemente no sé por dónde empezar. Aurelio *** Muy estimado en Cristo, Aurelio: Hay vicios en las relaciones conyugales que deben evitarse a toda costa: la rutina, las faltas de respeto, la falta de convivencia, la ausencia de buen humor, etc. El tiempo cuaresmal es óptimo para ofrecer esfuerzos personales en favor de los demás procurando con ellos hacer la voluntad de Dios. Usa estos 40 días para convertirte en la mejor versión de ti mismo y disfrutarás de una renovación muy favorable en el clima de tu matrimonio. El número 40 es un simbolismo bíblico que nos hace evocar los 40 días del diluvio universal, los 40 años de peregrinación de los judíos rumbo a la tierra prometida, los 40 días de Elías y Moisés en la montaña y, los 40 días que ayunó Jesús en el desierto. El número 4 se refiere al universo material y al ser seguido de un cero nos habla del tiempo de nuestra vida que implica pruebas diversas. La forma más efectiva de enfrentar las dificultades en el matrimonio consiste en modificar las propias conductas. Kelly narra en el prólogo de su libro sobre intimidad, un inspirador episodio en la vida del matrimonio formado por Sara y David. Él se encontraba de camino a su casa de verano. Escuchaba una conferencia en el auto sobre el verdadero amor. Comprendió que no se trataba solo de sentir bonito sino de elegir dar gusto al amado, por su bien y para su bien. Pensó por unos instantes en la rutina y el sinsabor en el que estaban inmersos ya hacía algún tiempo y decidió pasar las próximas dos semanas haciendo felices a su esposa y tres hijos. Al llegar la saludó con un “qué linda estás”. Sara estaba gratamente 49
  • 50. sorprendida. Continuó eligiendo siempre hacer felices a los suyos. Lo hizo tan bien que su hija preguntó en secreto a mamá: “¿mi papá ganó un premio?”. Al finalizar las vacaciones, él se sentía muy satisfecho. La convivencia esta vez había sido un éxito. David estaba meditando y decidiendo seguir igual, cuando su esposa entre lágrimas y con rostro desencajado le preguntó retadora: “ tú sabes algo, ¿verdad? Antes de venir me hice un chequeo, ¿Te dieron los resultados? ¿Tengo algo grave, voy a morir? —Mujer, ¿qué pregunta es esa, por qué lo dices? —Estas vacaciones te has portado como nunca, me has consentido tanto, algo debes saber... El doctor te dijo que moriré, ¿no es cierto? David la abrazó tierna y firmemente diciendo: —no amor, tú no te vas a morir... ¡yo estoy empezando a vivir! La oración del santo de Asís nos recuerda que es dando como recibimos, y muriendo a nosotros, como nacemos a la vida eterna. Decídete ahora y cambia tú. 50
  • 51. POR QUÉ “TENEMOS” QUE SUFRIR Lupita: Me confunde la idea de que tenemos que hacer sacrificios en la Cuaresma. En todas partes veo que debemos dar limosna y orar pero también sufrir, ofrecer dolores, provocarnos dolores como el ayuno y todo eso. Por qué el cristianismo parece una invitación a que nos hagamos daño a nosotros mismos. No puedo estar de acuerdo con eso. ¿Existe alguna explicación? Ofelia *** Hermana en Cristo, Ofelia: Las tres prácticas penitenciales de la Cuaresma son: oración, limosna y ayuno. Las tres son actividades que nos perfeccionan. La primera nos lleva a mejorar nuestra relación con Dios, la segunda con los demás y, la tercera con nosotros mismos. —La oración es un dialogo íntimo con Dios. Él siempre nos mira benignamente y nos deja conocer nuestras fortalezas y debilidades con objetividad. Mantener una comunicación con Él nos hace mejorar como seres humanos y nos convierte en personas que reconocen Su amor y desean corresponderle también con amor. —La limosna nos lleva a practicar el encuentro con los más necesitados, haciendo así la voluntad de nuestro creador, que nos da bienes para administrarlos y compartirlos, no para acapararlos de forma negligente y egoísta. —El ayuno implica un esfuerzo de renuncia voluntaria a lo que nos complace, para elegir lo que nos dignifica. Es ley natural y por tanto irrompible, que lo que más vale más cuesta. Dirigirnos a la cima requiere entrenamiento y fatiga. Bajar, lo hace cualquiera. Subir, solo quien lucha. Aquel que desee ganar en los juegos olímpicos, por ejemplo, deberá renunciar a una vida disipada o perezosa para llevar adelante una disciplina diligente. Si quieres un buen nivel de vida, deberás estudiar y prepararte... El entrenamiento que obtiene el alma que sabe renunciar a lo cómodo y placentero, es camino certero hacia el éxito. No hay victoria sin sacrificio. Dios nos quiere victoriosos y la Iglesia, sabia milenaria en el conocimiento de la naturaleza humana, recomienda aquello que nos perfecciona. Este ejercicio nos fortalece para hacer frente a las pasiones y las tendencias de la carne. Cristo no vino a eliminar el dolor sino a darle un sentido redentor. Nosotros nos 51
  • 52. convertimos en corredentores cuando ofrecemos los sufrimientos que nos toca enfrentar y aquellos que libremente elegimos para hacernos semejantes a Cristo. En la carta apostólica de Juan Pablo II, Salvifici Doloris, leemos: “El amor es la fuente más plena de la respuesta a la pregunta sobre el sentido del sufrimiento. Esta pregunta ha sido dada por Dios al hombre en la cruz de Jesucristo. El hombre que sufre no sólo es útil para los demás, sino que realiza un servicio insustituible. El sufrimiento es el mediador y autor de los bienes indispensables para la salvación del mundo. El sufrimiento más que cualquier otra cosa es el que abre el camino a la gracia, que transforma las almas. Los que participan en los sufrimientos de Cristo conservan en sus sufrimientos una especialísima partícula del tesoro infinito de la redención del mundo y pueden compartir este tesoro con los demás. Y la Iglesia siente la necesidad de recurrir al valor de los sufrimientos humanos para la salvación del mundo”. El dolor y sufrimiento entraron a nuestra vida por nuestros propios pecados. El sacrificio, el hacer sagrados nuestros actos, nos hace virtuosos; y este es sin duda el camino seguro a la plena felicidad. 52
  • 53. PUEDES CAMBIAR SI QUIERES Querida Lupita: Mi esposo me pide el divorcio. Estoy pasando en medio de una tormenta que no puedes imaginar. Su argumento es que soy de carácter fuerte y que ya se cansó de mí. Tenemos 20 años de casados. ¿Cómo es posible que a estas alturas se esté dando cuenta de que siempre no me quiere? ¿Andará con alguien más? Siento que se me cae el mundo y no sé cómo reaccionar. Estoy furiosa y reconozco que he sido agresiva yo con él. Le he gritado de todo, me siento muy lastimada. Evelyn *** Hermana en Cristo, Eve: Con frecuencia, cuando un esposo pide el divorcio no quiere separarse, lo que desea es que se acaben los problemas. En efecto, cuando estamos lastimados no permitimos que alguien se nos acerque pues tememos que nos dañe más. Un joven decidido a hacer una buena obra, se acercó al perrito herido que estaba frente a él con el fin de curarlo. El perrito instintivamente lo mordió en cuanto acercó su mano a la herida. Aquel joven acudió a una clínica para ser curado y se preguntaba por qué le había hecho daño una criatura a quien él solo quería ayudar. Tras unos minutos de conversar con el médico que le atendía, pudo comprender que el animal herido no quiso en realidad atacarlo sino que solo estaba protegiéndose temeroso de encontrar más dolor. Del mismo modo actuamos las personas cuando tenemos heridas emocionales. Mírate con franqueza y descubre tus propios dolores y reacciones. Tal vez tu esposo está actuando igual. Comprenderte y comprenderlo serán los dos primeros pasos hacia la salida del conflicto. Para resolver las crisis, siempre hay algo que será necesario cambiar. Si lo que él te pide, es un cambio que te conviene realizar, ¡hazlo! Los seres humanos hemos sido creados para convertirnos en la mejor versión de nosotros mismos. El matrimonio es camino de superación para los cónyuges. Querer practicar virtudes nos realiza como personas plenas. El cambio siempre es posible. San Francisco de Sales es el ejemplo clásico de este principio. Hoy nos referimos a él como “el más dulce de los hombres y el más amable de 53
  • 54. los santos”, pero sus biógrafos aseguran que tenía un temperamento explosivo. Podemos ver su cuerpo incorrupto ahora en Annecy, Francia, al exhumarlo encontraron su hígado convertido en una piedra. Resulta que toda la violencia que quiso ejercer sobre otros, la ejercía sobre sí mismo; dominando su carácter, venciéndose y eligiendo sus reacciones. La única forma de derribar nuestras tendencias temperamentales, es ejerciendo gobierno sobre nosotros mismos. Veo el bien que quiero y me esfuerzo en alcanzarlo aun en contra de mis impulsos. Esto significa que voy a realizar la acción que conviene y no la que se me antoja. Si tu esposo te ofende, tranquilízate, dile con voz serena y respetuosa que te ofendió y que no quieres pelear, por tanto será mejor continuar la conversación en otro momento. Esto es dominarte y actuar de acuerdo a un ideal. Recuerda: “no puedo” es el pretexto, “no quiero” es la razón. 54
  • 55. ¿POR QUÉ AVANZA EL MAL? Querida Lupita: Es lamentable lo que vivimos en el estadio Jalisco con estos jóvenes que atacaron tan cruelmente a la policía y, los manejos que se dieron de parte de esta también. Soy enfermera y pude atender a algunos jóvenes heridos. Es un grado de violencia que ya no puede ser. Yo iba al estadio en familia y ahora es un peligro. Yo veo que el mal avanza y que nosotros no vamos a poder detener esto. Es una telaraña de corrupción. Ante estos hechos, la esperanza se acaba y uno llega a pensar, ¿En dónde está Dios? Martha E. *** Estimada en Cristo, Martha: Dios está en ti y en muchas otras personas que como tú, están haciendo el bien sin desfallecer. Es la ausencia de Dios la que nos conduce a la violencia y a toda forma de mal. Es tiempo de reconocer que no será posible vencer al mal sin Cristo. Lo hemos sacado de nuestras vidas, de nuestras familias, de las escuelas, de los medios de comunicación. En casa nos hemos olvidado de orar juntos, nos apena bendecir los alimentos, hemos calificado de ridículo el rezo del Rosario, despreciamos la bendición de padres y abuelos. Ya no transmitimos sanas costumbres, buenos modales, y mucho menos la maravilla de la fe. Esto lo llevamos a la sociedad, a nuestras relaciones con los demás. Sin Dios, sin valores, sin buena educación, nos convertimos en barbarie. Actuamos como animales que solo se rigen por instintos. En donde no se siembra amor, no puede cosecharse amor. Estos son los nidos de la violencia, la corrupción, la traición, el rencor y resentimiento, los vicios de todas clases, las familias divididas, los hijos abandonados a su suerte, el desorden moral y espiritual. El mal, dice la Palabra, se vence en abundancia de bien. Cultivemos la vida espiritual, es el hombre cristianizado el que puede elegir libremente dejar su pecado atrás y vivir en el bien. Este hombre corta vicios y puede iniciarse en una vida de virtud. Dios existe, podemos experimentar su poder cuando nos relacionamos con Él sinceramente. 55
  • 56. Inicia una ruta de crecimiento espiritual, atendiendo al llamado divino: “No vivan mas según las intenciones de la carne, sino según el espíritu. El fruto de la carne es bien conocido: envidias, borracheras, orgías y cosas semejantes, contra las cuales os advierto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio”. (Gál. 5, 16-23). Toda nuestra vida, a imitación de Cristo, ha de ser una lucha por hacer la voluntad de Dios. San Juan de la Cruz nos dice cómo lograrlo: “El alma que venza la potencia del demonio no lo podrá conseguir sin oración ni podrá entender sus engaños sin mortificación y sin humildad.” Aquí se nos revela un camino de conversión. Humildad para querer el querer de Dios antes que el nuestro propio, mortificación o sacrificio para vencer nuestros impulsos y actuar en base a nuestra fe y razón; y oración para conseguir la fortaleza necesaria y la esperanza cierta que nos impulse a ese cambio de vida cuyo efecto será la transformación de la sociedad entera. 56
  • 57. NO RENIEGUES DE TU CRUZ, ¡ABRÁZALA! Lupita: Vivo con mi anciana madre. Hace 8 años perdió las dos piernas. La cuido de tiempo completo. Mis hermanos que tienen familia vienen poco a verla. Nadie sabe lo que vivo a su lado. La cuido con esmero pero ni quien lo note. Estoy cansada, no entiendo estos designios de Dios. Le pido que me lleve ya y no le veo sentido a la vida. Sé que es pecado pensar en la muerte, pero ¿cómo puedo superar todo esto? Cecilia *** Querida Ceci: Puedo sentir tu frustración y cansancio. Tienes una cruz pesada que no cualquiera puede llevar. Jesús ha dicho: “Vengan a mi todos los que están cansados y llevan cargas pesadas, yo los aliviaré” (Mt. 11, 28). Si está a tu alcance, busca un descanso, pide ayuda y relájate un poco, cambia de actividad por una temporada. Hay tres formas de cargar la cruz: renegando de ella, aceptándola o abrazándola. Una cruz sin Cristo se hace pesada e imposible, nos lleva a no querer vivir más y a no entender el sentido del dolor. Una cruz que se acepta, se sobrelleva pero sin fruto. La cruz en la que está Cristo ¡tiene sentido! Cargándola con Él, podemos abrazarla como Él lo hizo y redimir a su lado a las almas. La nuestra propia y las de quienes amamos. Quienes tenemos grandes dolores en esta vida, y sabemos ofrecerlos, estamos adelantando nuestro purgatorio. Algunos santos nos dicen que es mejor tener penas en esta vida que en aquel lugar de castigo. Dios ha dado valor redentor al dolor. Hemos de recordar que al cielo solo entran almas santas, limpias. Si la nuestra lleva manchas pequeñas o grandes en el momento de nuestro juicio final, deberá pasar por el purgatorio. Creemos en el purgatorio por la enseñanza de la Iglesia que nos dice que es un lugar de castigo donde se expían las penas temporales debidas por el pecado, si no fueron expiadas en esta vida. En el antiguo testamento encontramos lo siguiente: “Es pensamiento santo y provechoso, orar por los difuntos para que sean libres de sus pecados” (2 Mac. 12, 46). 57
  • 58. El Concilio de Trento nos enseña: Hay un purgatorio y podemos socorrer a las pobres almas que sufren ahí. San Ignacio de Loyola expresa en sus ejercicios espirituales que la justicia de Dios se nos muestra frecuentemente de forma demasiado severa aquí en la tierra, pero lo que acontece aquí abajo, no es ni sombra de las penas eternas. Conviene reconsiderar nuestra vida a la luz de la justicia y misericordia divina. Tenemos la conciencia para arrepentirnos y elegir una vida sin pecado. Tenemos el dolor que podemos ofrecer en satisfacción de nuestras culpas y las de quienes amamos. Tenemos el hoy, para darle sentido a nuestras vidas amando al modo de nuestro creador. Hermana mía, para que bendigas por tu vida y la vida que Dios quiere para ti, búscalo a Él sinceramente, medita en su sufrimiento y el de su madre María Santísima, y únete a ellos con profunda reverencia. No cuentes los años que llevas batallando, puedes darte un descanso, pero da gracias por la oportunidad de servir. Tu madre y tú están viviendo su purgatorio en este mundo. Vive en clave de eternidad y cada nuevo día será una oportunidad para amar. Cada amanecer piensa: “hoy es el primer día, del resto de mi vida”. 58
  • 59. VENTAJAS DE ENSEÑAR Y PRACTICAR LA PUREZA Lic. Lupita: Tengo un hijo que tiene 34 años. Él anda con una y otra mujer y dice que le aburren todas. Yo veo que las maltrata aunque él no lo acepta y ellas se dejan. La mujer con la que ahora sale le ha propuesto hacer “tríos” y él opina que eso será divertido. ¿Qué puedo hacer yo? Me siento rebasada, no puedo comprender estas preferencias de los jóvenes de hoy, siento que la juventud está perdida. Consuelo R. *** Querida Connie: Tu hijo es un adulto, es decir, un ser humano libre y responsable; aunque por lo que me dices no parece ni lo uno ni lo otro. Como madre debes rezar con fe pidiendo ayuda a quien más nos ama. Además, puedes realizar algunas acciones que le lleven a recapacitar. Es premisa imprescindible revalorizar la sexualidad humana. La visión que prevalece es totalmente hedonista, nuestros ambientes erotizados no favorecen la vivencia de la pureza como virtud, por el contrario, la descalifican como cosa del pasado represivo y se burlan de ella olvidando el terrible dolor que causa su ausencia. Pureza se define como la virtud cristiana gracias a la cual se regula la capacidad generativa de acuerdo con la recta razón iluminada por la fe. Comienza por una mirada limpia y termina por gestar hombres templados, rectos, capaces de amar en plenitud. San José María Escrivá decía: Cuando te decidas con firmeza a llevar vida limpia, para ti la pureza no será carga: será corona triunfal. Y Jesucristo en su Sermón de la montaña nos enseñó cómo alcanzar la felicidad: dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios (Mt. 5, 8). No podemos decir “así está la juventud” sin responsabilizarnos por la educación que nosotros mismos les hemos dado. Los jóvenes de hoy son hijos de padres blandengues que no les hablaron de sexualidad y mucho menos de castidad y pureza. No estamos formando hombres virtuosos porque nos dejamos mal-educar por los medios de comunicación que cada vez son más vulgares. Los padres de hoy no formamos en la pureza y luego queremos hijos fieles y felizmente casados. Cómo esperamos eso cuando todo favorece lo contrario y nosotros 59
  • 60. no hacemos nada. Hay una promoción de promiscuidad incluso alentada por nuestro gobierno. Nos sentimos impotentes ante esta avalancha de sexo y placer que tanto dinero reporta a algunos. Pero hay una esperanza, preparémonos para formar a nuestros hijos con valores altos. Existen ya en nuestra ciudad los retiros juveniles EV AE, que muestran que la pureza es posible. Cristy Landeros es su fundadora (3334433085). Tuve la fortuna de participar en el que se llevó a cabo en junio, mes del Sagrado Corazón, y pude constatar que cuando se les habla de ideales altos y dignos a los jóvenes, ¡ellos quedan sinceramente motivados a vivirlos! 70 jóvenes hicieron la promesa de vivir el amor en fidelidad y exclusividad, ellos razonaron, analizaron y se convencieron de que ésta es la mejor forma de vivir. Saben que la clave para ser felices y hacer feliz a la persona que aman puede expresarse sencillamente así: uno con una y para siempre. Citando a San José María: “Todos sabemos por experiencia que podemos ser castos, viviendo vigilantes, frecuentando los Sacramentos y apagando los primeros chispazos de la pasión sin dejar que tome cuerpo la hoguera. Y precisamente entre los castos se cuentan los hombres más íntegros, por todos los aspectos. Y entre los lujuriosos dominan los tímidos, egoístas, falsarios y crueles, que son características de poca virilidad”. 60
  • 61. SANTIDAD EN EL TRABAJO Recibí este magnífico ensayo sobre la santidad en el trabajo, lo incluyo como una forma de avalar que nuestra fe no debe limitarse al campo privado como tanto se señala hoy. Estamos llamados a ser santos de tiempo completo llevando a Cristo y las actitudes cristianas a todos los ambientes en que nos desenvolvemos. El Papa León XIII escribió en 1891 una de las encíclicas más avanzadas de su tiempo denominada “Rerum Novarum”, como respuesta a la explotación laboral en el trabajo. Su papel como jerarca de la Iglesia Católica, misma que es “Madre y Maestra”, no podía ser otro que levantar la voz clamando justicia social, logrando un gran avance en términos de derechos humanos en la empresa. En esta época, los obreros laboraban en condiciones infrahumanas, siendo explotado por sus superiores, con jornadas de trabajo extenuantes (18 horas diarias), recibiendo miserables pagos por sus servicios. La sobre-oferta de mano de obra y la limitada demanda de trabajadores en las empresas (causada por el “avance” tecnológico que sustituía la mano de obra por la maquinaria), dio como resultado, un estilo de liderazgo en las organizaciones, tipo autoritario, explotador, abusivo y carente de respeto a la dignidad humana. La Rerum Novarum puso en claro que el respeto a la dignidad humana en el trabajo, no era un asunto de caridad, más bien de justicia, dejándolo claro en el siguiente texto: “Es inhumano abusar de los hombres como si fueran cosas, para sacar provecho de ellos”. La encíclica, también hace referencia al pago justo y a las condiciones de trabajo, urgiendo a los empresarios y a los trabajadores a unirse en la búsqueda de mejores condiciones, tomando como base de su reflexión, los aspectos religiosos y morales. 1891 es una época de grandes cambios sociales, impulsados por la Revolución Industrial, la cual, con la incorporación de innovadoras tecnologías de producción, equiparó el valor de la persona, a la categoría de un activo fijo; en otras palabras: la maquinaria industrial. Uno de los principales impulsores de esta nueva corriente tecnológica en las empresas, fue el Ing. Federico Taylor, Ingeniero Mecánico y Economista norteamericano. Taylor, se consideró como el “padre” de la Administración Científica con sus estudios sobre “tiempos y movimientos”. En un principio busco la máxima prosperidad para el trabajador y para el empresario; sin embargo, a pesar de su “buena intención” consideraba al hombre como una “extensión” de la maquinaria de producción. Taylor no valoraba a las personas como seres integrales, eliminando lo que se relaciona con el perfil social, dejando a un lado todo tipo de interacción entre los trabajadores. Taylor tuvo mucho éxito con la clase empresarial, ya que logró generar grandes fortunas, con el simple hecho de “controlar” toda clase de tiempos y movimientos de los 61