Pedro cita el Salmo 16 en su sermón en Pentecostés para explicar que Jesús no permaneció en el infierno y fue resucitado por Dios, como había profetizado David. Pedro convence a la multitud de que Jesús es el Mesías prometido. Tres mil personas se convierten ese día. El don del Espíritu Santo, que los discípulos recibieron después de la ascensión de Jesús, es celebrado durante la Pascua y permite una relación eterna con Dios.