Los piratas del Cantábrico dominaron el territorio y fueron implacables con quienes no compartían su bandera. Su jefe tribal prometió quitar los peajes pero en realidad los subió, y aunque no le gustaba que los parapléjicos tuvieran hospitales, quería construir un trenecito. Planeó apoderarse de los fondos mineros destinados a generar empleo en las zonas mineras para financiar su tren, decidido a conseguir este botín bajo decreto y controlando cualquier oposición, aunque tal vez encontraría más resistencia de lo esperado.