Lanzarote y el orgulloso

                                                   Nunca fuera caballero
                                                de damas tan bien servido
                                                   como fuera Lanzarote
                                                 cuando de Bretaña vino,
                                                que dueñas curaban de él,
                                                  doncellas del su rocino.
                                                  Esa dueña Quintañona,
                                                ésa le escanciaba el vino,
                                                   la linda reina Ginebra
                                                  se lo acostaba consigo;
                                                 y estando al mejor sabor,
                                              que sueño no había dormido,
                                                    la reina toda turbada
                                                 un pleito ha conmovido:
                                                  —Lanzarote, Lanzarote,
                                                 si antes hubieras venido,
                                                  no hablara el Orgulloso
                                              las palabras que había dicho,
                                                que a pesar de vos, señor,
                             se acostaría conmigo.


Ya se arma Lanzarote
de gran pesar conmovido,
despídese de su amiga,
pregunta por el camino.
Topó con el Orgulloso
debajo de un verde pino,
combátense de las lanzas,
a las hachas han venido.
Ya desmaya el Orgulloso,
ya cae en tierra tendido.
Cortárale la cabeza,
sin hacer ningún partido ;
vuélvese para su amiga,
donde fue bien recibido.
ROMANCE XX ES EL DE LA JURA DE SANTA   Después habla contra el Cid
GADEA                                  malamente y enojado:
   En Santa Gadea de Burgos            —Mucho me aprietas, Rodrigo,
   do juran los hijosdalgo,            Cid, muy mal me has conjurado,
   allí toma juramento                 mas si hoy me tomas la jura,
   el Cid al rey castellano,           después besarás mi mano.
   sobre un cerrojo de hierro          —Aqueso será, buen rey,
   y una ballesta de palo.             como fuer galardonado,
   Las juras eran tan recias           porque allá en cualquier tierra
   que al buen rey ponen espanto.      dan sueldo a los hijosdalgo.
                                       —¡Vete de mis tierras, Cid,
   —Villanos te maten, rey,            mal caballero probado,
   villanos, que no hidalgos;          y no me entres más en ellas,
   abarcas traigan calzadas,           desde este día en un año!
   que no zapatos con lazo;            —Que me place —dijo el Cid—.
   traigan capas aguaderas,            que me place de buen grado,
   no capuces ni tabardos;             por ser la primera cosa
   con camisones de estopa,            que mandas en tu reinado.
   no de holanda ni labrados;          Tú me destierras por uno
   cabalguen en sendas burras,         yo me destierro por cuatro.
   que no en mulas ni en caballos,
   las riendas traigan de cuerda,      Ya se partía el buen Cid
   no de cueros fogueados;             sin al rey besar la mano;
   mátente por las aradas,             ya se parte de sus tierras,
   no en camino ni en poblado;         de Vivar y sus palacios:
   con cuchillos cachicuernos,         las puertas deja cerradas,
   no con puñales dorados;             los alamudes echados,
   sáquente el corazón vivo,           las cadenas deja llenas
   por el derecho costado,             de podencos y de galgos;
   si no dices la verdad               sólo lleva sus halcones,
   de lo que te es preguntado:         los pollos y los mudados.
   si tú fuiste o consentiste          Con el iban los trescientos
   en la muerte de tu hermano.         caballeros hijosdalgo;
                                       los unos iban a mula
   Las juras eran tan fuertes          y los otros a caballo;
   que el rey no las ha otorgado.      todos llevan lanza en puño,
   Allí habló un caballero             con el hierro acicalado,
   de los suyos más privado:           y llevan sendas adargas
   —Haced la jura, buen rey,           con borlas de colorado.
   no tengáis de eso cuidado,          Por una ribera arriba
   que nunca fue rey traidor,          al Cid van acompañando;
   ni Papa descomulgado.               acompañándolo iban
   Jura entonces el buen rey           mientras él iba cazando.
   que en tal nunca se ha hallado.

lanzarote y el Cid

  • 1.
    Lanzarote y elorgulloso Nunca fuera caballero de damas tan bien servido como fuera Lanzarote cuando de Bretaña vino, que dueñas curaban de él, doncellas del su rocino. Esa dueña Quintañona, ésa le escanciaba el vino, la linda reina Ginebra se lo acostaba consigo; y estando al mejor sabor, que sueño no había dormido, la reina toda turbada un pleito ha conmovido: —Lanzarote, Lanzarote, si antes hubieras venido, no hablara el Orgulloso las palabras que había dicho, que a pesar de vos, señor, se acostaría conmigo. Ya se arma Lanzarote de gran pesar conmovido, despídese de su amiga, pregunta por el camino. Topó con el Orgulloso debajo de un verde pino, combátense de las lanzas, a las hachas han venido. Ya desmaya el Orgulloso, ya cae en tierra tendido. Cortárale la cabeza, sin hacer ningún partido ; vuélvese para su amiga, donde fue bien recibido.
  • 2.
    ROMANCE XX ESEL DE LA JURA DE SANTA Después habla contra el Cid GADEA malamente y enojado: En Santa Gadea de Burgos —Mucho me aprietas, Rodrigo, do juran los hijosdalgo, Cid, muy mal me has conjurado, allí toma juramento mas si hoy me tomas la jura, el Cid al rey castellano, después besarás mi mano. sobre un cerrojo de hierro —Aqueso será, buen rey, y una ballesta de palo. como fuer galardonado, Las juras eran tan recias porque allá en cualquier tierra que al buen rey ponen espanto. dan sueldo a los hijosdalgo. —¡Vete de mis tierras, Cid, —Villanos te maten, rey, mal caballero probado, villanos, que no hidalgos; y no me entres más en ellas, abarcas traigan calzadas, desde este día en un año! que no zapatos con lazo; —Que me place —dijo el Cid—. traigan capas aguaderas, que me place de buen grado, no capuces ni tabardos; por ser la primera cosa con camisones de estopa, que mandas en tu reinado. no de holanda ni labrados; Tú me destierras por uno cabalguen en sendas burras, yo me destierro por cuatro. que no en mulas ni en caballos, las riendas traigan de cuerda, Ya se partía el buen Cid no de cueros fogueados; sin al rey besar la mano; mátente por las aradas, ya se parte de sus tierras, no en camino ni en poblado; de Vivar y sus palacios: con cuchillos cachicuernos, las puertas deja cerradas, no con puñales dorados; los alamudes echados, sáquente el corazón vivo, las cadenas deja llenas por el derecho costado, de podencos y de galgos; si no dices la verdad sólo lleva sus halcones, de lo que te es preguntado: los pollos y los mudados. si tú fuiste o consentiste Con el iban los trescientos en la muerte de tu hermano. caballeros hijosdalgo; los unos iban a mula Las juras eran tan fuertes y los otros a caballo; que el rey no las ha otorgado. todos llevan lanza en puño, Allí habló un caballero con el hierro acicalado, de los suyos más privado: y llevan sendas adargas —Haced la jura, buen rey, con borlas de colorado. no tengáis de eso cuidado, Por una ribera arriba que nunca fue rey traidor, al Cid van acompañando; ni Papa descomulgado. acompañándolo iban Jura entonces el buen rey mientras él iba cazando. que en tal nunca se ha hallado.