El documento narra cómo el Cid le hizo jurar al rey castellano en Santa Gadea de Burgos sobre un cerrojo de hierro y una ballesta de palo. Las juras eran tan estrictas que asustaron al rey. Un caballero le aconsejó que jurara, afirmando que el Cid nunca fue traidor ni descomulgado. El rey juró que nunca se halló en tal cosa. Luego, el rey desterró al Cid por un año, a lo que el Cid respondió desterrándose por cuatro años.