Un pensador indio preguntó a sus discípulos por qué las personas gritan cuando están enojadas. Ninguno de los discípulos pudo dar una respuesta satisfactoria. El pensador explicó que cuando dos personas están enojadas, sus corazones se alejan mucho, por lo que deben gritar fuerte para poder escucharse a través de la gran distancia entre ellos. En contraste, cuando dos personas se aman, sus corazones están muy cerca, por lo que pueden hablar suavemente y comprenderse sin necesidad de gritos.