Según la leyenda de los pueblos originarios de la zona, la diosa serpiente Boi exigía un sacrificio humano anual para calmar su furia. Un joven llamado Tarobá se enamoró de la víctima elegida, Naipi, y huyó con ella en canoa. Enfurecida, Boi partió el río en dos, creando las cataratas de Iguazú. Tarobá fue convertido en árbol y Naipi en las aguas turbulentas, pero dicen que a veces se reúnen en un arcoí