Juana de Arco fue una heroína francesa que escuchaba voces de santos y fue guiada por Dios para ayudar a defender a Francia de Inglaterra. A pesar de las críticas y acusaciones de brujería, lideró exitosamente al ejército francés hasta que fue capturada por los ingleses, quienes la condenaron a morir en la hoguera después de que se retractó de sus creencias. Más tarde fue canonizada como santa por la Iglesia Católica.