El documento analiza la guerra civil en Siria, señalando que la oposición armada variada, motivada por divisiones sectarias y la represión del gobierno de Bashar al-Assad, ha recibido apoyo externo significativo, incluyendo armas y financiamiento de países como Arabia Saudita y Qatar. Se presentan acusaciones sobre la manipulación mediática de los hechos, donde se afirma que los reportes de ataques del gobierno sirio han sido desmentidos, y se señala a facciones extremistas como responsables de crímenes de guerra y ataques químicos. Además, se destaca la participación de mercenarios extranjeros y la organización de grupos violentos que han utilizado tácticas para desestabilizar al estado sirio, alongando así el conflicto.