El documento contrasta los procesos y eventos en la iglesia. Indica que los eventos son efímeros, atraen atención y no generan crecimiento real, mientras que los procesos constantes como la vida devocional y el discipulado producen cambios duraderos y fruto, como enseñó Jesús usando ejemplos de la naturaleza. El documento concluye instando a enfocarse en los procesos silenciosos de Dios en lugar de eventos para lograr el verdadero crecimiento de la iglesia.