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QUINCE MINUTOS CON JESUS
SACRAMENTADO
Autor: P. Angel Peña
QUINCE MINUTOS CON JESUS
SACRAMENTADO
P. Angel Peña
SI quieres, al terminar cada visita, puedes hacer una estación mayor,
rezando seis Padrenuestros, Avemarías y Glorias; uno de ellos por las
intenciones del Papa. Pero, sobre todo, habla y escucha. Adora y ama. Eso es
lo más importante. Pasa estos minutos con Jesús sacramentado.
.
VISITA 1
AMIGO mío, Yo te amo. Quiero que siempre escuches estas palabras mías
en lo profundo de tu corazón. Sí, yo te amo y te he amado desde toda la
eternidad y te seguiré amando por los siglos y siglos sin fin. Tú eres mi hijo,
mi hermano, mi amigo y YO TE AMO. Y no sólo te lo digo yo. Mi Padre y el
Espíritu Santo, que están conmigo en la hostia santa, también te dicen: YO
TE AMO.
Por eso, cuando te sientas solo y creas que nadie te quiere, ven aquí y
escucha estas palabras, que salen de mi Corazón divino. No temas, no te
angusties. Si nadie te quiere, YO SI TE QUIERO. No te asusten tus pecados
pasados, no me tengas miedo. Ven a Mí. Yo te espero para darte paz y todo lo
que necesites.
Hijo mío, si supieras cuánto te amo, morirías de alegría. Por eso, aleja de ti la
tristeza, la angustia o la desesperación. Y recuerda que, siempre que me
necesites y tengas problemas, yo estoy aquí, esperándote, y te amo. No
importa la hora en que vengas, siempre estoy despierto y vigilante,
esperándote. No tengas miedo, solamente confía en Mí.
No tengas miedo a nada ni a nadie. Yo estoy contigo. ¿Acaso puede haber
alguien o algo que te pueda derrotar o destruir? ¿La muerte de un ser
querido? ¿Una enfermedad incurable? ¿La infidelidad del ser amado? Yo
estoy aquí y soy la verdad, el camino, la vida y la resurrección. No temas, yo
te daré la fuerza necesaria en el momento oportuno. Sólo te pido que confíes
en Mí.
Y nunca odies, nunca mates ni con el pensamiento. No digas: no puedo
perdonar. Yo soy el camino, déjate llevar y acepta mis designios sobre tu
vida. ¿Alguna vez has pensado en el suicidio o en abandonarlo todo y
marcharte? Ven aquí. Tengo todo lo que necesitas y quiero darte mi perdón,
mi amor y mi paz. Confía en Mi. Ven a Mí, yo estoy aquí en el sagrario. Yo
soy la luz. Yo soy tu Dios. No tengas miedo. Confía en Mí y ámame. YO te
amo y te necesito.
MI ALMA:
Oh Jesús, mi amigo inseparable, el amor de mi vida y rey de mi corazón.
Tú estás, todos los días, esperándome en la Eucaristía, y yo ni me entero.
Perdóname, Jesús, por mi indiferencia y por mi cobardía para acercarme
hasta Ti. Tú me esperas y, a veces, me dejo llevar del respeto humano y del
qué dirán. Perdóname, tú sabes que soy un pobre hombre, pero te quiero con
toda mi pobreza y mi debilidad.
Hace muchos años que salí de tus manos y pronto quizás llegará el día en
que volveré a Ti… Mi alforja está vacía, mis flores mustias y descoloridas,
pero mi corazón quiere ser todo para Ti. Me espanta mi pobreza y mi
miseria, pero me consuela tu ternura. Estoy aquí, delante de Ti, como un
cantarillo roto, pero con la ilusión de una vida mejor.
Señor, ¿qué te diré, cuando me pidas cuentas? Te diré que mi vida
humanamente ha sido un fallo, que he volado muy bajo, que he cometido
muchos errores, pero ahora te pido perdón, porque sé que Tú eres Amor y
Misericordia. Señor, quiero ser tu amigo. Acepta en este atardecer la
ofrenda de mi vida. Está llena de agujeros como una flauta. Tómala en tus
manos divinas y haz que tu música pase a través de mi para que llegue a mis
hermanos. Que sea para ellos ritmo y melodía, alegría de sus pasos
cansados.
Señor, te amo. Déjame que te lo diga con el corazón lleno de alegría, porque
siento en este instante tu amor dentro de mí. Sí, te amo, Jesús, gracias por
haberme creado, por haberme redimido, por haberme perdonado, por
haberme escogido. Gracias, por haberme esperado tanto tiempo en la
Eucaristía. Te prometo que no te dejaré solo y que todos los días vendré a
visitarte y a pasar unos minutos en tu compañía. Bendíceme desde tu santo
cielo del sagrario con el Padre y el Espíritu Santo. Saludos a mi dulce Madre
María, que está contigo y a quien tanto quiero también. Señor, yo confío en
Ti. Soy un pobre hombre, pero te quiero y quiero quererte sin medida y para
siempre. Amén.
Jesús, gracias por tu amor, gracias por mi vida y por mi familia. Gracias
por todos los regalos que me has concedido a lo largo de toda mi vida.
Gracias por mi fe católica. GRACIAS. Te quiero mucho y confío en Ti.
VISITA 2
Querido amigo, cuando allá en el principio de los siglos decidí crearte, yo
te amé. Desde entonces, siempre te he llevado con mucho amor en mi
Corazón y he soñado contigo y te he dicho palabras de amor en el fondo de tu
ser. ¿No lo crees? ¿Crees que no tengo sentimientos? Yo te amo, hijo mío.
Me gusta, cuando vienes a visitarme y me dices que me quieres. Me siento
contento con tu respuesta de amor. Hijo mío, yo te amo, tú eres mi hijo. «Tú
eres mi hijo, muy amado, en quien tengo puestas todas mis complacencias»
(Mt 17,5). Tú eres parte de mi vida y «Yo nunca te dejaré ni te abandonaré»
(Jos 1,5; Heb 13,5). Y ahora, cuéntame tus pecados, tus fracasos, tus penas y
tus alegrías.
Cuéntamelo todo. Todo me interesa, porque eres mi amigo. Tú eres todo
para mí. Lo que más me duele es que desconfíes de mi amor.
Y, cuando lleguen días oscuros en que el demonio te haga dudar de mi
presencia eucarística, no razones mucho. No dudes, ama. La Iglesia te habla
de mi presencia en la hostia santa, el Evangelio también, todos los santos sin
excepción me amaban y lo confirman muchos milagros. Cree en mí y
ámame.
Amigo mío ¿estás cansado? Yo soy tu fortaleza en la debilidad. ¿Eres pobre y
necesitado? Yo soy tu tesoro. ¿Estás solo y triste? Yo soy tu compañía y tu
consuelo. Ven a mí y no temas. Yo te acompaño en tu caminar. Y conmigo ¿a
quién puedes temer?
MI ALMA:
Oh mi Jesús sacramentado, yo te amo por tu paciencia infinita, porque
día tras día me esperas en la Eucaristía. Te amo por todos aquellos que,
alguna vez, han blasfemado y te han profanado en la Eucaristía. Te amo y te
adoro en cada uno de los sagrarios del mundo entero, especialmente, en
aquéllos en que estás más olvidado y abandonado. Te amo en aquellas
hostias consagradas, que han sido tiradas o robadas o están siendo
profanadas.
Te amo y te adoro en aquellas partículas en que estabas presente, que
han caído al suelo por descuido, y que han sido pisoteadas. Te amo en
aquellos sagrarios, que están apolillados y tal vez rodeados de telarañas y
hormigas.
Te amo por todas las veces que no te amé y pasé indiferente ante Ti,
presente en este sacramento, y por las veces que no creí en tu presencia real.
También por las veces que no asistí a la misa o por todas las veces que asistí
sin fe y sin amor, por compromiso social.
Te amo, porque Tú eres lo único realmente importante, el tesoro de los
tesoros, Dios de Dios, luz de luz… Oh Jesús sacramentado, que brillas por
encima de nuestras vidas con el resplandor de la hostia blanca. Oh Jesús
divino, amigo de los hombres.
Tú eres el Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo… Dame tu
paz.
Sí, Jesús, «aunque pase por un valle de tinieblas, no temeré mal alguno,
porque Tú estás conmigo, tu vara y tu cayado me sosiegan» (Sal 23,4).
Quiero ser tu amigo.
VISITA 3
¡CUÁNTO amo a las almas puras! Quiero que tu alma sea un templo, un
sagrario, una custodia, un cáliz, donde pueda estar y sentirme a gusto contigo.
Cuando encuentro un alma pura, me siento atraído y quiero llevarla a la
santidad. Mis mejores sonrisas y gracias las reservo para ellas.
¿Sabes qué es un alma pura? La que es transparente en todas sus obras y
hace de la sinceridad la norma principal de su vida. Un alma pura es un alma
limpia, sin mancha… Un alma que busca siempre mi voluntad y no la suya.
Un alma así me glorifica más que una multitud de almas vulgares. Me siento
tan solo en el sagrario… Son tan pocos los que me buscan con fe y amor en la
Eucaristía… Y aquí estoy yo con todas mis bendiciones para repartirlas a los
que vengan a visitarme y me siento triste ante tanta indiferencia, ante tanta
falta de fe y de amor para conmigo, que soy un Dios de amor. ¡Cuánto me
consuelan las almas puras, las almas eucarísticas! Gracias por tu deseo de
pureza y hacerme tan feliz! Consuélame, ámame. Tus lágrimas y tus besos de
amor me confortan. Yo te necesito.
Necesito que escuches mis lamentos por tantas ofensas que recibo. No
olvides que también soy hombre y tengo un corazón sensible y necesito
comprensión y amor.
Yo quiero que tú me imites en la humildad y silencio del sagrario. Quiero
que tu cuerpo sea mi templo, tu corazón mi altar y tu alma mi custodia. Te
quiero toda pura y limpia para mí. Quiero que seas toda mía. TODA DE
JESUS.
Adórame dentro de ti. Allí he puesto mi jardín y quiero que esté lleno de
virtudes. Pero ¡cuántos trabajos y sufrimientos para que tu alma tenga un
jardín hermoso y florido! ¡Cuánto hay que podar y escardar y quitar y
poner!… ¡Cuánto silencio y humildad, cuánta pureza necesitas todavía!…
Pero no te desanimes, yo te espero y tengo paciencia contigo. Lo que más me
agrada es tu buena voluntad y tu deseo de superación y de santidad. Yo soy el
divino jardinero y te ayudaré a limpiar el jardín de tu alma.
Ayúdame para que tu alma esté siempre en Primavera. Tengo sed de
amor. Tengo sed de ser amado por tus hermanos. Todo lo que hagas para que
otros me amen, te lo recompensaré. Tú ámame siempre. Yo pensaré en ti y en
todas tus cosas hasta en los más mínimos detalles.
MI ALMA:
¡Seas por siempre bendito y alabado mi Jesús sacramentado! Permíteme
adorarte en todos los sagrarios del mundo y en cada hostia consagrada.
Bendito seas por todas las comuniones en las que me he encontrado contigo.
Perdóname por tantas veces en que te recibí sin ser plenamente
consciente de lo que recibía. Quiero adorarte, Señor, y consolar el dolor que
te causan aquéllos que te reciben, sin darse cuenta de tu presencia amorosa
en la Eucaristía.
Haz tu morada permanente en mi corazón. Quiero estar siempre en
adoración ante Ti, mi Dios. Consuela y cura a mis hermanos y familiares
enfermos. Bendice a los tristes y abandonados. Sana mi cuerpo y mi alma.
Tú eres la fuente de toda santidad, hazme santo. Dame la gracia de
cumplir fiel y plenamente la misión que me has encomendado en este mundo.
Quiero que mi mente y mi corazón sean UNO contigo.
Madre mía, conságrame Tú a Jesús y aparta de mi corazón toda soberbia
y egoísmo para poder amarlo y adorarlo con un corazón puro y limpio. ¡Oh
Jesús, estás vivo y presente entre nosotros en este sacramento del amor! Yo
te amo en unión con todos los ángeles y santos del cielo. Yo te alabo con toda
la Iglesia peregrina y con todas las almas del Purgatorio. Yo te amo y te
adoro en todas las Iglesias del mundo. Hazme una hostia viva y santa, para
que viva siempre en unión contigo, mi Jesús sacramentado. Amén.
Jesús, Tú eres la fuente de la pureza. Dame tu pureza, porque quiero ser
puro y limpio de corazón y quiero extender por el mundo la fragancia de tu
pureza inmaculada, promoviendo la presencia de sagrarios y de adoradores
de tu presencia eucarística.
VISITA 4
CUANDO vienes a visitarme al sagrario, mi amor te envuelve, aunque no
lo sientas. Por eso, te pido que hagas un verdadero acto de fe en mi presencia
eucarística. Cree en Mí y piensa que yo, tu Dios, te miro con infinito amor.
¿Te imaginas lo que esto significa? ¿Que todo un Dios infinito y
todopoderoso está pendiente de ti? Tengo todo mi amor y todo mi tiempo
exclusivamente para ti. Tú eres tan importante para Mí que te amo con todo
mi infinito amor. Tú eres mi hijo y yo quiero ser tu amigo. Quiero que me
cuentes todos tus secretos y problemas y tentaciones, cuéntamelo todo y te
daré mi paz. No te preocupes de mi silencio. Yo te amo en el silencio.
Durante toda mi vida terrena supe guardar silencio, durante treinta largos
años. Yo guardo silencio para que tengas tiempo para hablarme, pero también
te pido que guardes silencio para que me escuches en el fondo de tu alma.
Estoy aquí contigo y te miro a los ojos con amor y bondad. Háblame. ¿No
tienes nada que decirme? ¿No tienes nada que agradecerme? Yo me siento
feliz, cuando tú me dices: Jesús, yo te amo. Y te respondo desde el sagrario:
Yo también te amo. Háblame, cántame, mírame, sonríeme, bésame con tu
alma y dime muchas veces: Jesús, yo te amo; yo confío en Ti.
Te amo, hijo mío, no lo dudes y recuerda que el sagrario es la fuente viva
del amor, la fuente del amor vivo. Y quiero que tú seas un sagrario viviente y
me lleves siempre en tu corazón. Imítame en el silencio, que guardo en la
hostia consagrada. Yo estoy aquí, intercediendo ante el Padre. Y así te quiero
a ti, intercediendo por tus hermanos en adoración silenciosa. Yo en la hostia
me dejo romper, comer, llevar y traer en el más absoluto silencio y
obediencia sin mostrar gusto o disgusto. Déjate también tú romper, si es
preciso, para servir a tus hermanos. Debes ser una hostia viva, un amigo fiel,
una misa viviente.
MI ALMA:
¡Qué bien se está cerca de Ti, Jesús Eucaristía! Tú eres manantial de
santidad, fuente inagotable de gracias celestiales. De rodillas, con el corazón
abierto, te pido tu bendición. Ven a mí, Jesús, y dame tu paz. Aquí estoy con
todos mis pecados del pasado y con toda la ilusión de un porvenir mejor. Ten
compasión de mí, Jesús. Quiero ser tu amigo, concédeme el don de tu
amistad.
Gracias por escucharme. Sin Ti mi vida no tiene sentido. Ayúdame en mi
caminar. Ayúdame a continuar por este camino del amor… Ayúdame a serte
fiel hasta la muerte. Te necesito. Ayúdame. Perdóname. Un momento cerca
de Ti vale más que un millón de años fuera de Ti. Gracias por tu compañía.
Sé luz de mis ojos ciegos, sol en mi oscuridad, fuego para amar a mis
hermanos, sé amor para todos dentro de mi corazón. Irradia sobre mí los
raudales de tu luz y destruye todas las oscuridades de mis egoísmos,
cobardías, mentiras y pecados. Jesús Eucaristía, mi Dios y mi Todo,
sacramento de amor, alimento de las almas, consuelo en mis desgracias y
fortaleza en mi debilidad. Jesús Eucaristía, contigo todo lo puedo.
Tú eres más grande que cualquier dificultad. Tú eres más grande que
todos mis pecados. Gracias por tu misericordia y tu perdón, gracias por tu
comprensión, gracias por tu alegría. Inunda mi corazón con la paz que sale
del manantial inagotable de la Eucaristía. Gracias Jesús.
¿Quién soy yo y quién eres Tú? Tú eres mi Dios omnipotente, mi Maestro, mi
Redentor y Salvador, mi Creador, que te has hecho pan para poder vivir en
mí y conmigo. Me das tu Corazón palpitante para que esté al unísono con el
mío. No hay palabras para expresar lo inexpresable de tu amor.
Hay momentos en que siento tu mirada sobre mí y me siento feliz de ser
importante para Ti. Tu mirada es ternura y cariño y la siento en lo más
profundo de mi ser. Gracias por amarme tanto y esperarme sin cansancio
todos los días en este sacramento. En Ti quiero amar a todos, me ofrezco por
todos y me uno a todos los santos y ángeles del cielo, que son mis hermanos.
María, Madre mía, enséñame a amar a Jesús y préstame tu Corazón
Inmaculado para amarlo como tú. Amén.
Jesús, estoy dispuesto a todo, lo acepto todo con tal de que tu voluntad se
cumpla en mí y en todas mis cosas. Haz de mí lo que tú quieras. Yo te amo y
confío en Ti. Gracias por tu amor.
Yo creo en tu poder para transformarme. Hazme apóstol de la Eucaristía
entre mis hermanos. Quiero seguir tu camino a tiempo completo y para
siempre. Quiero lo que Tú quieras, Señor. Quiero servirte en mis hermanos y
ser un instrumento de tu amor en el mundo. Gracias por llamarme y ser mi
amigo. Jesús, yo te amo.
Yo confío en Ti.
VISITA 5
QUERIDA esposa, alma consagrada. Tú estás siempre conmigo. Tú eres la
flor más hermosa del jardín de mi Corazón. Te quiero con TODO MI
CORAZÓN… Gracias, por venir a acompañarme, amarme… Ahora, quiero
reposar un poco en tu corazón y recibir tu ternura y tu cariño de esposa.
Son tantas las ofensas que recibo… Son tantos los consagrados que se
olvidan de Mí y me dejan tan solo en el sagrario… Hay tanta indiferencia y
frialdad en sus almas. Por eso, te necesito. Ayúdame a salvar almas.
Cuando estés trabajando, adórame en el altar de tu corazón. Quiero que
estés siempre en mi presencia, que hagas continuos actos de amor, que vivas
tu misa mística perpetua en el altar de tu corazón. Quiero que seas un
instrumento de mi amor en el mundo, que seas mi intermediaria, que seas
madre de todas las almas. Que hagas de tu vida un acto continuo de amor.
Aquí, en el sagrario, encontrarás toda la fuerza que necesitas para ser santa.
Aquí, al pie del sagrario, está la fuerza de la vida. Aquí está la fuente de vida
eterna. Aquí he formado a todos los santos y yo quiero que tú seas santa. No
te olvides de pedirme siempre por mis sacerdotes, mis hijos predilectos, a
quienes tanto amo y quiero que tú ames.
Quiero que seas madre de todos los hombres, pero en especial de los
sacerdotes. Te los encomiendo y quiero que estén siempre presentes en tu
corazón. Pide por ellos y ayúdales con tu vida y oración. Gracias, por tu
ayuda. Gracias por tu amor.
YO TE AMO. No tengas miedo. Yo siempre estoy contigo.
MI ALMA:
Jesús, tu Corazón eucarístico está triste, porque hay muchos sagrarios en
los que te sientes abandonado. Nadie te visita ni de día ni de noche. Muchas
Iglesias están cerradas durante la semana o apenas abiertas para la misa de
la mañana. En muchos pueblos, te pasas los días y las noches solitario,
esperando a las almas que nunca llegan. ¿Es que en esos lugares no hay
enfermos que quieran sanar? ¿No hay hambrientos que quieran comer? ¿No
hay afligidos que quieran consuelo o necesitados que necesiten ayuda?
¿Es que no saben que en el sagrario estás Tú, el amigo divino, el médico
de los cuerpos y de las almas, el consolador, el Dios todopoderoso? ¡Cuánta
paciencia debes tener, Jesús, para no cansarte de tus hijos, que no te quieren
visitar y te olvidan tan fácilmente!
Yo quisiera visitarte en todos los sagrarios del mundo y gritar a todas las
gentes: Jesús está solo y no quiere ni debe estar solo. Allí está la fuente de la
vida, el alimento del alma, la paz del corazón, la alegría del espíritu, el Dios
amigo. Por eso, Señor, quiero visitarte todos los días, al menos
espiritualmente, en todos los sagrarios y hacerte compañía, especialmente en
aquéllos en los que estés más abandonado y olvidado. Quiero agradecerte
por los que no lo hacen, pedir por los que no piden, comulgar por los que no
comulgan, asistir a misa por los que no lo hacen y, sobre todo, amarte por
los que no te aman.
Quiero visitarte todos los días en unión con María y voy a procurar
buscarte muchos amigos y adoradores, especialmente entre los niños. Si es
preciso, iré de puerta en puerta, buscando un poco de cariño para Ti…
pediré a los católicos que vayan por turnos a visitarte, que no te dejen solo.
Y, los que estén impedidos o enfermos, que vayan a visitarte en espíritu,
echando a volar su pensamiento y su corazón hasta el sagrario para darte la
alegría de su amor.
Quiero ser tu misionero, centinela perenne del sagrario, adorador
perpetuo, sobre todo en las horas nocturnas en que estás más solo. Quiero
estar siempre vigilante contigo para defender a mis hermanos de las
asechanzas del Maligno. ¡Cuánta luz sale del sagrario! Venid, adoradores,
adoremos a Cristo Redentor.
Jesús, me siento triste al pensar en tan-tos sagrarios donde estás
abandonado. Nadie te visita ni de día ni de noche. Muchas iglesias están
cerradas durante la semana y apenas se abren para la misa. En muchos
pueblos y ciudades, pasas los días y noches solitario, esperando a las almas
que nunca llegan. ¿Es que en esos lugares no hay enfermos que quieran
sanar? ¿No hay personas tristes que quieran ser felices? ¿No tienen
problemas que quieran solucionar? ¿Por qué no vienen a pedirte ayuda?
¿Por qué no vienen a contarte sus problemas? ¿Es que no tienen nada que
pedir o nada que agradecer? ¿O acaso no saben que Tú, nuestro Dios y
Señor, estás aquí esperándolos? ¡Qué tristeza para Ti el ver tanta ignorancia
y tanto olvido! ¡Cuántas bendiciones perdidas por no venir a pedirlas!
Hay muchos que van al siquiatra o al sicólogo… y se olvidan que toda salud
viene de Ti, aunque cures por medio de los médicos y de las medicinas. No
saben que Tú, Señor, eres el mejor médico de cuerpos y almas. ¡Cuánta
paciencia debes tener para no cansarte de tanta indiferencia! Menos mal que
junto a Ti, siempre hay millones de ángeles haciéndote compañía y
adorándote… Pero Tú te has quedado en el sagrario por nosotros no por los
ángeles. Por eso, una visita nuestra alegra tu Corazón más que la compañía
de millones de ángeles.
¡Qué bien se está contigo, Señor, junto al sagrario! ¡Qué bien se está
contigo!
Jesús, gracias por tantas expectativas que tienes sobre mí. Gracias,
porque a pesar de todo, sigues confiando en mí.
Gracias por haberme escogido.
VISITA 6
QUERIDO hijo, soy un mendigo de amor y en la humanidad sólo encuentro
indiferencia y frialdad. Estoy buscando corazones puros y sinceros, que me
amen sin interés ni egoísmo. Busco quien me consuele y no lo hallo. «Las
aves del cielo tienen sus nidos, las zorras tienen sus madrigueras, pero el Hijo
del hombre no tiene dónde reclinar su cabeza». ¿No podrías tú darme
hospedaje en tu corazón? ¿No lo tienes limpio y presentable? ¿Por qué no me
pides perdón en la confesión?
Quisiera sentir la alegría de perdonarte… y, después, de poder unirme a ti
en la comunión. Todos los días vengo a la tierra en cada Eucaristía que se
celebra, esperando a los hombres y muchos ni se enteran. ¿Por qué no vienes
cada día a celebrar conmigo el gran misterio de la redención?
Yo te invito y te estoy esperando, porque quiero hacerte verdaderamente
feliz y llenarte a ti y a tus seres queridos de mis abundantes bendiciones. No
temas, confía en Mí. No te angusties demasiado por tus preocupaciones.
Déjalas en mis manos.
Date un tiempo para Mí. Quiero estar a solas contigo y hablarte al
corazón. Quiero que sepas que te amo. Y quiero también que tú me ames.
Dame tu amor, tus caricias, tu compañía. Soy un Dios celoso y te quiero
TODO para Mí. No temas, lánzate sin miedo a mis brazos. Y siempre que
tengas problemas o estés caído o abatido, dime sencillamente: Jesús, yo te
amo.
Yo confío en Ti.
MI ALMA:
Hace tiempo que vengo a visitarte y siempre te encuentro solitario. ¡Qué
pocos vienen a visitarte! Estás solo, pobre y escondido. Tú no dices nada y la
gente pasa por la calle sin ni siquiera saludarte. Muchos ni creen en Ti;
otros, que viven junto a tu casa, ni siquiera te conocen; otros ni quieren
verte, tienen cosas más importantes que Tú. ¿Será, Señor, que muchos no
saben que estás aquí? Nadie pregunta por Ti.
Cuando necesitan ayuda o están enfermos, preguntan por los médicos de
la tierra o por alguien que les ayude, pero no piensan en Ti, como si no
existieras o no tuvieras nada que hacer en sus vidas o no tuvieran nada que
agradecerte.
¡Qué bien se está aquí junto a Ti cerca del sagrario! Hago el propósito de
visitarte más seguido para que no estés solo y así pueda consolarte de tantos,
que dicen que no tienen tiempo para visitarte. ¡Tú y yo, amigos para
siempre! ¡Que éste sea un compromiso eterno entre Tú y yo! ¡Amigos para la
eternidad! Todos los días vendré a visitarte a Ti, mi amigo del alma, el
amigo que siempre me esperas y nunca fallas.
Jesús, yo quisiera reparar tanta in-diferencia con mi amor. Quisiera
visitarte en todos los sagrarios del mundo y gritar por todas partes: Jesús
está solo y no quiere ni debe estar solo. Aquí está la fuente de la vida, el
alimento del alma, la paz del corazón y la alegría del espíritu. Por eso,
quiero, Señor, comulgar por los que no comulgan, amarte por los que no te
aman, asistir a misa por los que no lo hacen y agradecerte por todos los que
se olvidan de ti.
Quiero buscarte entre mis amigos y familiares muchos adoradores que
vengan a visitarte y se comprometan todos los días, o al menos una hora a la
semana, para que no te falten amigos que te visiten y así te sien-tas contento
de nosotros. ¡Cuántas bendiciones recibiremos para nosotros y para
nuestras familias a través de estas visitas, mi Jesús sacramentado! Sólo en el
cielo lo sabremos, pero podemos creer que son muchas más de las que
imaginamos.
Quisiera, Jesús, ser un apóstol tuyo e ir de puerta en puerta, buscando turnos
de adoradores que vengan a visitarte para que no estés solo.
Buscaré entre los enfermos e impedidos quienes vengan a visitarte en
espíritu con visitas espirituales desde sus casas. Vale la pena amarte y
adorarte, aunque sea a distancia, especialmente en las horas nocturnas en
que todos duermen.
¡Oh Jesús, me siento inundado de tanta claridad que no sé cómo hay tantos
católicos que no entienden que Tú los esperas para iluminar su vida y darles
tu amor y alegría! ¡Cuánta luz sale del sagrario! ¡Cuánto amor! Por eso,
gritemos todos a los cuatro vientos: ¡Venid, adoradores, adoremos a Cristo
Redentor!
VISITA 7
DESEARÍA que te consagres a Mí. Quisiera que me ames y que te acerques
a Mí con las manos abiertas, con el corazón abierto, con la mente abierta a
todo lo que quiera darte o pedirte. ¿Tienes miedo de que te pase algo malo?
¿No sabes que todo el Universo está en mis manos? ¿No sabes que controlo
hasta el último electrón del Cosmos? Ven aquí y descansa tranquilo entre mis
brazos. No temas por lo que puede sucederte. Todo está bajo mi control.
Descansa.
¿Quieres darme una alegría? Ofréceme todo lo que tienes: tus padres,
hermanos, familiares, tu hogar, tu trabajo, tu cuerpo, tu alma, tus diversiones,
tus necesidades, tus pecados, tus ilusiones… Dame todo. Y, después, dame la
oportunidad de coger algo o de poner algo en tus manos. ¿Estás dispuesto?
¿Confías en mi amor por ti? ¿Crees en mi amor? ¿Crees que yo todo lo hago
por amor? No temas, te quitaré algunas cosas y te daré otras, pero déjame
hacer. No me digas lo que tengo que hacer en tu vida. Yo soy Dios y lo sé
todo y TE AMO.
Consagrarse a Mí significa que me entregues todo sin condiciones y que me
dejes actuar a Mí. Cuida de mis cosas y yo cuidaré de la tuyas. ¿Trato hecho?
¿De verdad? Te aseguro que no saldrás perdiendo, conmigo todos ganan. Así
que no temas, déjame todo lo que tienes en mis manos, necesito las manos
libres. Después no me pidas cuentas, aunque te duela. Yo soy buen médico y
sé cuándo tengo que operar y dónde y sé lo que necesitas. No tengas miedo…
Déjame amarte y hacerlo todo por tu bien, de acuerdo a mis planes, que
son mejores que los tuyos. Tú ves sólo el presente, yo veo el futuro y, por
eso, te pido que confíes en Mí. Entrégamelo todo sin excepción. Pon en mis
manos tu salvación eterna, tu santificación, tu progreso, tu virtud, tus
defectos, tus deseos, todo. Yo cuidaré de tu salud, de tus familiares y seres
más queridos. Confíamelos sin temor.
Si te consagras a mí, debes velar por mis intereses. ¿Sabes cuáles son mis
intereses? Las almas, sólo las almas. Ellas son mi tesoro, mi amor. Por ellas,
me hice hombre y sufrí y morí en la cruz. Por ellas, estoy prisionero en el
sagrario. Dame almas, sé un apóstol, sálvame almas. Para ello, te pido que
ores mucho por ellas.
Además, te pido sacrificios. Acepta con paz todas las penas y trabajos de
cada día. Lleva tu cruz diaria con resignación y ofréceme tus dolores y
enfermedades por la salvación de las almas. Si eres capaz de ofrecerme todo
tu dolor con paz… ¡qué rico apostolado estás haciendo ya!
Haz también sacrificios voluntarios: privarte de una golosina, de un
programa de televisión, de un gusto o de un capricho y dámelo todo con
alegría. Yo quiero apóstoles alegres, con la sonrisa a flor de labios. Y,
después, ofréceme todas las obras de cada día: tu trabajo, tu descanso, tu
caminar, tu hablar, tu paciencia y tu comprensión con los demás, tu sonrisa y
tu amor sincero… Y, a lo largo del día, levanta tu alma a Mí. También me
gustaría que buscaras nuevos apóstoles que se consagren a Mí, que repartas
literatura católica, buenos libros, que harán mucho bien a sus lectores… Es
tan fácil ser apóstol. ¡Hay tantas maneras de hacerme feliz y hacer algo por la
extensión de mi reino!
No te preocupes, solamente deseo que vengas cada día a visitarme al sagrario
y me cuentes cómo te ha ido. Cuéntamelo todo y me sentiré feliz de que seas
mi amigo y yo estaré orgulloso de ti.
Si estás cansado, si te sientes angustiado, derrotado… y no tienes palabras
para expresarte, no te preocupes. Ven a Mí, con confianza, quédate a mi lado,
en silencio. Yo te entiendo y lo sé todo. Yo soy tu Dios. Y te amo
infinitamente.
Y cada día renueva tu consagración y tu amor a Mí con una breve
oración, que podría ser ésta u otra parecida: «Jesús, por medio de María me
consagro a Ti y quiero que Tú seas el Señor y el Rey de mi vida». Y, siempre
que puedas, búscame para recibirme en la comunión. En la misa y comunión
te colmaré de gracias a rebosar.
MI ALMA:
Jesús, hago un pacto contigo de cuidar de tus cosas y de tus intereses
para que tú cuides de los míos. Te confío y pongo en tus manos mi vida, mi
alma, mi salvación, mi libertad y progreso espiritual, mi salud y cualquier
obra buena que pueda realizar, mi familia, mi trabajo y mis cosas para que
tú dispongas de ellas según tu voluntad. Jesús, Yo confío en Ti.
Quiero extender tu reino por el mundo y ser apóstol de tu Corazón
eucarístico. Quiero que la Eucaristía sea el centro de mi vida y buscar por
todas partes, muchos amigos de tu divino Corazón, que se consagren a Ti. En
la Eucaristía nos encontramos cada día, en unión con María, para formar
juntos UN SOLO CORAZÒN. ¡Jesús, amarte es mi cielo! Me siento orgulloso
de ser tu amigo. Dame tu bendición.
¡Seas por siempre bendito y alabado, mi Jesús sacramentado! Permíteme
adorarte en todos los sagrarios del mundo y en cada hostia consagrada y
estar presente, por medio de mi ángel, en cada lugar donde se celebra en
este momento la santa misa. ¡Bendito seas, Jesús, por todas las comuniones
en que me he encontrado contigo!
Perdóname por las veces en que te recibí sin ser consciente de lo que
recibía y por las veces que comulgué sin fe y sin devoción. Quiero adorarte y
consolarte por el dolor que te causan tantos que se dicen católicos y te
reciben sin darse cuenta de tu amorosa presencia en la Eucaristía.
Haz tu morada permanente en mi corazón. Quiero estar siempre en
adoración ante Ti, mi Dios. Consuela y cura a mis hermanos y familiares
enfermos. Bendice a mis seres queridos difuntos. Bendice a todos mis
familiares, especialmente en los momentos de tristeza y dolor. Quiero que mi
familia esté siempre escondida en tu Corazón divino para que siempre la
guardes y la protejas de todo mal.
¡Oh Jesús, Tú estás vivo y presente en este sacramento del amor! Yo te
amo en unión con todos los ángeles y santos del cielo. Yo te alabo con toda
la Iglesia y con todas las almas del purgatorio.
Yo te amo y te adoro en todas las iglesias del mundo. Yo te amo y te
adoro en todos los lugares donde se celebra la misa. Yo te amo con toda mi
familia y te pido tu gracia para que todos puedan ir un día contigo a gozar
eternamente de la gloria celestial.
¡Oh Jesús, qué bien se está aquí junto a Ti! Tú eres manantial de santidad,
fuente inagotable de gracias celestiales. Tú eres el Rey del universo; el Rey
de reyes y el Señor de los señores.
Tú eres mi Dios y yo te consagro mi vida con todo lo que soy y tengo. Me
pongo en tus manos y me rindo a tus pies para que te sirvas de mí para lo
que Tú quieras. Quiero estar siempre disponible para tu servicio y hacer lo
que quieras, Señor.
Señor, haz de mí lo que Tú quieras,
sea lo que sea te doy las gracias,
porque te amo y confío en Ti, porque
Tú eres mi Señor, mi Dios.
Te amo con todo mi corazón.
Gracias, por todo, Señor.
CONSAGRACIÓN AL CORAZON
DE JESUS
YO, me consagro a Ti, Sagrado Corazón de Jesús. Tu Corazón eucarístico
está vivo y palpitante de amor por mí en la Eucaristía y yo te doy gracias con
toda mi alma por haberme creado y redimido, por haberme perdonado y por
llamarme a servirte.
Te doy gracias por mi familia y por todos los hermanos que me rodean. Y
por medio del Corazón Inmaculado de María, te consagro mi vida y mis
acciones, mis penas y sufrimientos, para no servirme ya de ninguna parte de
mi ser, sino para honrarte, amarte y glorificarte.
Esta es mi voluntad irrevocable, ser todo tuyo y hacerlo todo por tu amor,
renunciando a cuanto pudiera desagradarte. Deja, Señor, que llegue hasta ti
con las manos vacías, para que Tú las llenes de tu infinita Misericordia.
Oh Corazón de mi Jesús, te elijo como el protector de mi vida, la garantía de
mi salvación, el remedio de mi fragilidad, el reparador de mis pecados y mi
asilo seguro en la hora de la muerte.
Aparta de mí todo lo que te desagrada. Que tu amor se imprima en lo más
hondo de mi ser de modo que jamás te olvide ni me separe de Ti.
Te suplico que mi nombre esté siempre escrito en tu divino Corazón,
porque quiero vivir y morir como verdadero hijo tuyo y amigo tuyo.
Bendice a mi familia.
Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío
A JESUS POR MARIA
Que Dios te bendiga por medio de María.
Tu hermano y amigo Ángel Peña.

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  • 1.
  • 2. QUINCE MINUTOS CON JESUS SACRAMENTADO Autor: P. Angel Peña
  • 3. QUINCE MINUTOS CON JESUS SACRAMENTADO
  • 4. P. Angel Peña SI quieres, al terminar cada visita, puedes hacer una estación mayor, rezando seis Padrenuestros, Avemarías y Glorias; uno de ellos por las intenciones del Papa. Pero, sobre todo, habla y escucha. Adora y ama. Eso es lo más importante. Pasa estos minutos con Jesús sacramentado. .
  • 5. VISITA 1 AMIGO mío, Yo te amo. Quiero que siempre escuches estas palabras mías en lo profundo de tu corazón. Sí, yo te amo y te he amado desde toda la eternidad y te seguiré amando por los siglos y siglos sin fin. Tú eres mi hijo, mi hermano, mi amigo y YO TE AMO. Y no sólo te lo digo yo. Mi Padre y el Espíritu Santo, que están conmigo en la hostia santa, también te dicen: YO TE AMO. Por eso, cuando te sientas solo y creas que nadie te quiere, ven aquí y escucha estas palabras, que salen de mi Corazón divino. No temas, no te angusties. Si nadie te quiere, YO SI TE QUIERO. No te asusten tus pecados pasados, no me tengas miedo. Ven a Mí. Yo te espero para darte paz y todo lo
  • 6. que necesites. Hijo mío, si supieras cuánto te amo, morirías de alegría. Por eso, aleja de ti la tristeza, la angustia o la desesperación. Y recuerda que, siempre que me necesites y tengas problemas, yo estoy aquí, esperándote, y te amo. No importa la hora en que vengas, siempre estoy despierto y vigilante, esperándote. No tengas miedo, solamente confía en Mí. No tengas miedo a nada ni a nadie. Yo estoy contigo. ¿Acaso puede haber alguien o algo que te pueda derrotar o destruir? ¿La muerte de un ser querido? ¿Una enfermedad incurable? ¿La infidelidad del ser amado? Yo estoy aquí y soy la verdad, el camino, la vida y la resurrección. No temas, yo te daré la fuerza necesaria en el momento oportuno. Sólo te pido que confíes en Mí. Y nunca odies, nunca mates ni con el pensamiento. No digas: no puedo perdonar. Yo soy el camino, déjate llevar y acepta mis designios sobre tu vida. ¿Alguna vez has pensado en el suicidio o en abandonarlo todo y marcharte? Ven aquí. Tengo todo lo que necesitas y quiero darte mi perdón, mi amor y mi paz. Confía en Mi. Ven a Mí, yo estoy aquí en el sagrario. Yo soy la luz. Yo soy tu Dios. No tengas miedo. Confía en Mí y ámame. YO te amo y te necesito. MI ALMA: Oh Jesús, mi amigo inseparable, el amor de mi vida y rey de mi corazón. Tú estás, todos los días, esperándome en la Eucaristía, y yo ni me entero. Perdóname, Jesús, por mi indiferencia y por mi cobardía para acercarme hasta Ti. Tú me esperas y, a veces, me dejo llevar del respeto humano y del qué dirán. Perdóname, tú sabes que soy un pobre hombre, pero te quiero con toda mi pobreza y mi debilidad. Hace muchos años que salí de tus manos y pronto quizás llegará el día en
  • 7. que volveré a Ti… Mi alforja está vacía, mis flores mustias y descoloridas, pero mi corazón quiere ser todo para Ti. Me espanta mi pobreza y mi miseria, pero me consuela tu ternura. Estoy aquí, delante de Ti, como un cantarillo roto, pero con la ilusión de una vida mejor. Señor, ¿qué te diré, cuando me pidas cuentas? Te diré que mi vida humanamente ha sido un fallo, que he volado muy bajo, que he cometido muchos errores, pero ahora te pido perdón, porque sé que Tú eres Amor y Misericordia. Señor, quiero ser tu amigo. Acepta en este atardecer la ofrenda de mi vida. Está llena de agujeros como una flauta. Tómala en tus manos divinas y haz que tu música pase a través de mi para que llegue a mis hermanos. Que sea para ellos ritmo y melodía, alegría de sus pasos cansados. Señor, te amo. Déjame que te lo diga con el corazón lleno de alegría, porque siento en este instante tu amor dentro de mí. Sí, te amo, Jesús, gracias por haberme creado, por haberme redimido, por haberme perdonado, por haberme escogido. Gracias, por haberme esperado tanto tiempo en la Eucaristía. Te prometo que no te dejaré solo y que todos los días vendré a visitarte y a pasar unos minutos en tu compañía. Bendíceme desde tu santo cielo del sagrario con el Padre y el Espíritu Santo. Saludos a mi dulce Madre María, que está contigo y a quien tanto quiero también. Señor, yo confío en Ti. Soy un pobre hombre, pero te quiero y quiero quererte sin medida y para siempre. Amén. Jesús, gracias por tu amor, gracias por mi vida y por mi familia. Gracias por todos los regalos que me has concedido a lo largo de toda mi vida. Gracias por mi fe católica. GRACIAS. Te quiero mucho y confío en Ti.
  • 8. VISITA 2 Querido amigo, cuando allá en el principio de los siglos decidí crearte, yo te amé. Desde entonces, siempre te he llevado con mucho amor en mi Corazón y he soñado contigo y te he dicho palabras de amor en el fondo de tu ser. ¿No lo crees? ¿Crees que no tengo sentimientos? Yo te amo, hijo mío. Me gusta, cuando vienes a visitarme y me dices que me quieres. Me siento contento con tu respuesta de amor. Hijo mío, yo te amo, tú eres mi hijo. «Tú eres mi hijo, muy amado, en quien tengo puestas todas mis complacencias» (Mt 17,5). Tú eres parte de mi vida y «Yo nunca te dejaré ni te abandonaré» (Jos 1,5; Heb 13,5). Y ahora, cuéntame tus pecados, tus fracasos, tus penas y tus alegrías. Cuéntamelo todo. Todo me interesa, porque eres mi amigo. Tú eres todo para mí. Lo que más me duele es que desconfíes de mi amor.
  • 9. Y, cuando lleguen días oscuros en que el demonio te haga dudar de mi presencia eucarística, no razones mucho. No dudes, ama. La Iglesia te habla de mi presencia en la hostia santa, el Evangelio también, todos los santos sin excepción me amaban y lo confirman muchos milagros. Cree en mí y ámame. Amigo mío ¿estás cansado? Yo soy tu fortaleza en la debilidad. ¿Eres pobre y necesitado? Yo soy tu tesoro. ¿Estás solo y triste? Yo soy tu compañía y tu consuelo. Ven a mí y no temas. Yo te acompaño en tu caminar. Y conmigo ¿a quién puedes temer? MI ALMA: Oh mi Jesús sacramentado, yo te amo por tu paciencia infinita, porque día tras día me esperas en la Eucaristía. Te amo por todos aquellos que, alguna vez, han blasfemado y te han profanado en la Eucaristía. Te amo y te adoro en cada uno de los sagrarios del mundo entero, especialmente, en aquéllos en que estás más olvidado y abandonado. Te amo en aquellas hostias consagradas, que han sido tiradas o robadas o están siendo profanadas. Te amo y te adoro en aquellas partículas en que estabas presente, que han caído al suelo por descuido, y que han sido pisoteadas. Te amo en aquellos sagrarios, que están apolillados y tal vez rodeados de telarañas y hormigas. Te amo por todas las veces que no te amé y pasé indiferente ante Ti, presente en este sacramento, y por las veces que no creí en tu presencia real. También por las veces que no asistí a la misa o por todas las veces que asistí sin fe y sin amor, por compromiso social. Te amo, porque Tú eres lo único realmente importante, el tesoro de los
  • 10. tesoros, Dios de Dios, luz de luz… Oh Jesús sacramentado, que brillas por encima de nuestras vidas con el resplandor de la hostia blanca. Oh Jesús divino, amigo de los hombres. Tú eres el Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo… Dame tu paz. Sí, Jesús, «aunque pase por un valle de tinieblas, no temeré mal alguno, porque Tú estás conmigo, tu vara y tu cayado me sosiegan» (Sal 23,4). Quiero ser tu amigo.
  • 11. VISITA 3 ¡CUÁNTO amo a las almas puras! Quiero que tu alma sea un templo, un sagrario, una custodia, un cáliz, donde pueda estar y sentirme a gusto contigo. Cuando encuentro un alma pura, me siento atraído y quiero llevarla a la santidad. Mis mejores sonrisas y gracias las reservo para ellas. ¿Sabes qué es un alma pura? La que es transparente en todas sus obras y hace de la sinceridad la norma principal de su vida. Un alma pura es un alma limpia, sin mancha… Un alma que busca siempre mi voluntad y no la suya. Un alma así me glorifica más que una multitud de almas vulgares. Me siento tan solo en el sagrario… Son tan pocos los que me buscan con fe y amor en la Eucaristía… Y aquí estoy yo con todas mis bendiciones para repartirlas a los que vengan a visitarme y me siento triste ante tanta indiferencia, ante tanta
  • 12. falta de fe y de amor para conmigo, que soy un Dios de amor. ¡Cuánto me consuelan las almas puras, las almas eucarísticas! Gracias por tu deseo de pureza y hacerme tan feliz! Consuélame, ámame. Tus lágrimas y tus besos de amor me confortan. Yo te necesito. Necesito que escuches mis lamentos por tantas ofensas que recibo. No olvides que también soy hombre y tengo un corazón sensible y necesito comprensión y amor. Yo quiero que tú me imites en la humildad y silencio del sagrario. Quiero que tu cuerpo sea mi templo, tu corazón mi altar y tu alma mi custodia. Te quiero toda pura y limpia para mí. Quiero que seas toda mía. TODA DE JESUS. Adórame dentro de ti. Allí he puesto mi jardín y quiero que esté lleno de virtudes. Pero ¡cuántos trabajos y sufrimientos para que tu alma tenga un jardín hermoso y florido! ¡Cuánto hay que podar y escardar y quitar y poner!… ¡Cuánto silencio y humildad, cuánta pureza necesitas todavía!… Pero no te desanimes, yo te espero y tengo paciencia contigo. Lo que más me agrada es tu buena voluntad y tu deseo de superación y de santidad. Yo soy el divino jardinero y te ayudaré a limpiar el jardín de tu alma. Ayúdame para que tu alma esté siempre en Primavera. Tengo sed de amor. Tengo sed de ser amado por tus hermanos. Todo lo que hagas para que otros me amen, te lo recompensaré. Tú ámame siempre. Yo pensaré en ti y en todas tus cosas hasta en los más mínimos detalles. MI ALMA: ¡Seas por siempre bendito y alabado mi Jesús sacramentado! Permíteme adorarte en todos los sagrarios del mundo y en cada hostia consagrada. Bendito seas por todas las comuniones en las que me he encontrado contigo. Perdóname por tantas veces en que te recibí sin ser plenamente
  • 13. consciente de lo que recibía. Quiero adorarte, Señor, y consolar el dolor que te causan aquéllos que te reciben, sin darse cuenta de tu presencia amorosa en la Eucaristía. Haz tu morada permanente en mi corazón. Quiero estar siempre en adoración ante Ti, mi Dios. Consuela y cura a mis hermanos y familiares enfermos. Bendice a los tristes y abandonados. Sana mi cuerpo y mi alma. Tú eres la fuente de toda santidad, hazme santo. Dame la gracia de cumplir fiel y plenamente la misión que me has encomendado en este mundo. Quiero que mi mente y mi corazón sean UNO contigo. Madre mía, conságrame Tú a Jesús y aparta de mi corazón toda soberbia y egoísmo para poder amarlo y adorarlo con un corazón puro y limpio. ¡Oh Jesús, estás vivo y presente entre nosotros en este sacramento del amor! Yo te amo en unión con todos los ángeles y santos del cielo. Yo te alabo con toda la Iglesia peregrina y con todas las almas del Purgatorio. Yo te amo y te adoro en todas las Iglesias del mundo. Hazme una hostia viva y santa, para que viva siempre en unión contigo, mi Jesús sacramentado. Amén. Jesús, Tú eres la fuente de la pureza. Dame tu pureza, porque quiero ser puro y limpio de corazón y quiero extender por el mundo la fragancia de tu pureza inmaculada, promoviendo la presencia de sagrarios y de adoradores de tu presencia eucarística.
  • 14. VISITA 4 CUANDO vienes a visitarme al sagrario, mi amor te envuelve, aunque no lo sientas. Por eso, te pido que hagas un verdadero acto de fe en mi presencia eucarística. Cree en Mí y piensa que yo, tu Dios, te miro con infinito amor. ¿Te imaginas lo que esto significa? ¿Que todo un Dios infinito y todopoderoso está pendiente de ti? Tengo todo mi amor y todo mi tiempo exclusivamente para ti. Tú eres tan importante para Mí que te amo con todo mi infinito amor. Tú eres mi hijo y yo quiero ser tu amigo. Quiero que me cuentes todos tus secretos y problemas y tentaciones, cuéntamelo todo y te daré mi paz. No te preocupes de mi silencio. Yo te amo en el silencio. Durante toda mi vida terrena supe guardar silencio, durante treinta largos años. Yo guardo silencio para que tengas tiempo para hablarme, pero también
  • 15. te pido que guardes silencio para que me escuches en el fondo de tu alma. Estoy aquí contigo y te miro a los ojos con amor y bondad. Háblame. ¿No tienes nada que decirme? ¿No tienes nada que agradecerme? Yo me siento feliz, cuando tú me dices: Jesús, yo te amo. Y te respondo desde el sagrario: Yo también te amo. Háblame, cántame, mírame, sonríeme, bésame con tu alma y dime muchas veces: Jesús, yo te amo; yo confío en Ti. Te amo, hijo mío, no lo dudes y recuerda que el sagrario es la fuente viva del amor, la fuente del amor vivo. Y quiero que tú seas un sagrario viviente y me lleves siempre en tu corazón. Imítame en el silencio, que guardo en la hostia consagrada. Yo estoy aquí, intercediendo ante el Padre. Y así te quiero a ti, intercediendo por tus hermanos en adoración silenciosa. Yo en la hostia me dejo romper, comer, llevar y traer en el más absoluto silencio y obediencia sin mostrar gusto o disgusto. Déjate también tú romper, si es preciso, para servir a tus hermanos. Debes ser una hostia viva, un amigo fiel, una misa viviente. MI ALMA: ¡Qué bien se está cerca de Ti, Jesús Eucaristía! Tú eres manantial de santidad, fuente inagotable de gracias celestiales. De rodillas, con el corazón abierto, te pido tu bendición. Ven a mí, Jesús, y dame tu paz. Aquí estoy con todos mis pecados del pasado y con toda la ilusión de un porvenir mejor. Ten compasión de mí, Jesús. Quiero ser tu amigo, concédeme el don de tu amistad. Gracias por escucharme. Sin Ti mi vida no tiene sentido. Ayúdame en mi caminar. Ayúdame a continuar por este camino del amor… Ayúdame a serte fiel hasta la muerte. Te necesito. Ayúdame. Perdóname. Un momento cerca de Ti vale más que un millón de años fuera de Ti. Gracias por tu compañía. Sé luz de mis ojos ciegos, sol en mi oscuridad, fuego para amar a mis
  • 16. hermanos, sé amor para todos dentro de mi corazón. Irradia sobre mí los raudales de tu luz y destruye todas las oscuridades de mis egoísmos, cobardías, mentiras y pecados. Jesús Eucaristía, mi Dios y mi Todo, sacramento de amor, alimento de las almas, consuelo en mis desgracias y fortaleza en mi debilidad. Jesús Eucaristía, contigo todo lo puedo. Tú eres más grande que cualquier dificultad. Tú eres más grande que todos mis pecados. Gracias por tu misericordia y tu perdón, gracias por tu comprensión, gracias por tu alegría. Inunda mi corazón con la paz que sale del manantial inagotable de la Eucaristía. Gracias Jesús. ¿Quién soy yo y quién eres Tú? Tú eres mi Dios omnipotente, mi Maestro, mi Redentor y Salvador, mi Creador, que te has hecho pan para poder vivir en mí y conmigo. Me das tu Corazón palpitante para que esté al unísono con el mío. No hay palabras para expresar lo inexpresable de tu amor. Hay momentos en que siento tu mirada sobre mí y me siento feliz de ser importante para Ti. Tu mirada es ternura y cariño y la siento en lo más profundo de mi ser. Gracias por amarme tanto y esperarme sin cansancio todos los días en este sacramento. En Ti quiero amar a todos, me ofrezco por todos y me uno a todos los santos y ángeles del cielo, que son mis hermanos. María, Madre mía, enséñame a amar a Jesús y préstame tu Corazón Inmaculado para amarlo como tú. Amén. Jesús, estoy dispuesto a todo, lo acepto todo con tal de que tu voluntad se cumpla en mí y en todas mis cosas. Haz de mí lo que tú quieras. Yo te amo y confío en Ti. Gracias por tu amor. Yo creo en tu poder para transformarme. Hazme apóstol de la Eucaristía entre mis hermanos. Quiero seguir tu camino a tiempo completo y para siempre. Quiero lo que Tú quieras, Señor. Quiero servirte en mis hermanos y ser un instrumento de tu amor en el mundo. Gracias por llamarme y ser mi amigo. Jesús, yo te amo.
  • 18. VISITA 5 QUERIDA esposa, alma consagrada. Tú estás siempre conmigo. Tú eres la flor más hermosa del jardín de mi Corazón. Te quiero con TODO MI CORAZÓN… Gracias, por venir a acompañarme, amarme… Ahora, quiero reposar un poco en tu corazón y recibir tu ternura y tu cariño de esposa. Son tantas las ofensas que recibo… Son tantos los consagrados que se olvidan de Mí y me dejan tan solo en el sagrario… Hay tanta indiferencia y frialdad en sus almas. Por eso, te necesito. Ayúdame a salvar almas. Cuando estés trabajando, adórame en el altar de tu corazón. Quiero que estés siempre en mi presencia, que hagas continuos actos de amor, que vivas tu misa mística perpetua en el altar de tu corazón. Quiero que seas un
  • 19. instrumento de mi amor en el mundo, que seas mi intermediaria, que seas madre de todas las almas. Que hagas de tu vida un acto continuo de amor. Aquí, en el sagrario, encontrarás toda la fuerza que necesitas para ser santa. Aquí, al pie del sagrario, está la fuerza de la vida. Aquí está la fuente de vida eterna. Aquí he formado a todos los santos y yo quiero que tú seas santa. No te olvides de pedirme siempre por mis sacerdotes, mis hijos predilectos, a quienes tanto amo y quiero que tú ames. Quiero que seas madre de todos los hombres, pero en especial de los sacerdotes. Te los encomiendo y quiero que estén siempre presentes en tu corazón. Pide por ellos y ayúdales con tu vida y oración. Gracias, por tu ayuda. Gracias por tu amor. YO TE AMO. No tengas miedo. Yo siempre estoy contigo. MI ALMA: Jesús, tu Corazón eucarístico está triste, porque hay muchos sagrarios en los que te sientes abandonado. Nadie te visita ni de día ni de noche. Muchas Iglesias están cerradas durante la semana o apenas abiertas para la misa de la mañana. En muchos pueblos, te pasas los días y las noches solitario, esperando a las almas que nunca llegan. ¿Es que en esos lugares no hay enfermos que quieran sanar? ¿No hay hambrientos que quieran comer? ¿No hay afligidos que quieran consuelo o necesitados que necesiten ayuda? ¿Es que no saben que en el sagrario estás Tú, el amigo divino, el médico de los cuerpos y de las almas, el consolador, el Dios todopoderoso? ¡Cuánta paciencia debes tener, Jesús, para no cansarte de tus hijos, que no te quieren visitar y te olvidan tan fácilmente! Yo quisiera visitarte en todos los sagrarios del mundo y gritar a todas las gentes: Jesús está solo y no quiere ni debe estar solo. Allí está la fuente de la
  • 20. vida, el alimento del alma, la paz del corazón, la alegría del espíritu, el Dios amigo. Por eso, Señor, quiero visitarte todos los días, al menos espiritualmente, en todos los sagrarios y hacerte compañía, especialmente en aquéllos en los que estés más abandonado y olvidado. Quiero agradecerte por los que no lo hacen, pedir por los que no piden, comulgar por los que no comulgan, asistir a misa por los que no lo hacen y, sobre todo, amarte por los que no te aman. Quiero visitarte todos los días en unión con María y voy a procurar buscarte muchos amigos y adoradores, especialmente entre los niños. Si es preciso, iré de puerta en puerta, buscando un poco de cariño para Ti… pediré a los católicos que vayan por turnos a visitarte, que no te dejen solo. Y, los que estén impedidos o enfermos, que vayan a visitarte en espíritu, echando a volar su pensamiento y su corazón hasta el sagrario para darte la alegría de su amor. Quiero ser tu misionero, centinela perenne del sagrario, adorador perpetuo, sobre todo en las horas nocturnas en que estás más solo. Quiero estar siempre vigilante contigo para defender a mis hermanos de las asechanzas del Maligno. ¡Cuánta luz sale del sagrario! Venid, adoradores, adoremos a Cristo Redentor. Jesús, me siento triste al pensar en tan-tos sagrarios donde estás abandonado. Nadie te visita ni de día ni de noche. Muchas iglesias están cerradas durante la semana y apenas se abren para la misa. En muchos pueblos y ciudades, pasas los días y noches solitario, esperando a las almas que nunca llegan. ¿Es que en esos lugares no hay enfermos que quieran sanar? ¿No hay personas tristes que quieran ser felices? ¿No tienen problemas que quieran solucionar? ¿Por qué no vienen a pedirte ayuda? ¿Por qué no vienen a contarte sus problemas? ¿Es que no tienen nada que pedir o nada que agradecer? ¿O acaso no saben que Tú, nuestro Dios y Señor, estás aquí esperándolos? ¡Qué tristeza para Ti el ver tanta ignorancia y tanto olvido! ¡Cuántas bendiciones perdidas por no venir a pedirlas! Hay muchos que van al siquiatra o al sicólogo… y se olvidan que toda salud
  • 21. viene de Ti, aunque cures por medio de los médicos y de las medicinas. No saben que Tú, Señor, eres el mejor médico de cuerpos y almas. ¡Cuánta paciencia debes tener para no cansarte de tanta indiferencia! Menos mal que junto a Ti, siempre hay millones de ángeles haciéndote compañía y adorándote… Pero Tú te has quedado en el sagrario por nosotros no por los ángeles. Por eso, una visita nuestra alegra tu Corazón más que la compañía de millones de ángeles. ¡Qué bien se está contigo, Señor, junto al sagrario! ¡Qué bien se está contigo! Jesús, gracias por tantas expectativas que tienes sobre mí. Gracias, porque a pesar de todo, sigues confiando en mí. Gracias por haberme escogido.
  • 22. VISITA 6 QUERIDO hijo, soy un mendigo de amor y en la humanidad sólo encuentro indiferencia y frialdad. Estoy buscando corazones puros y sinceros, que me amen sin interés ni egoísmo. Busco quien me consuele y no lo hallo. «Las aves del cielo tienen sus nidos, las zorras tienen sus madrigueras, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar su cabeza». ¿No podrías tú darme hospedaje en tu corazón? ¿No lo tienes limpio y presentable? ¿Por qué no me pides perdón en la confesión? Quisiera sentir la alegría de perdonarte… y, después, de poder unirme a ti en la comunión. Todos los días vengo a la tierra en cada Eucaristía que se celebra, esperando a los hombres y muchos ni se enteran. ¿Por qué no vienes cada día a celebrar conmigo el gran misterio de la redención?
  • 23. Yo te invito y te estoy esperando, porque quiero hacerte verdaderamente feliz y llenarte a ti y a tus seres queridos de mis abundantes bendiciones. No temas, confía en Mí. No te angusties demasiado por tus preocupaciones. Déjalas en mis manos. Date un tiempo para Mí. Quiero estar a solas contigo y hablarte al corazón. Quiero que sepas que te amo. Y quiero también que tú me ames. Dame tu amor, tus caricias, tu compañía. Soy un Dios celoso y te quiero TODO para Mí. No temas, lánzate sin miedo a mis brazos. Y siempre que tengas problemas o estés caído o abatido, dime sencillamente: Jesús, yo te amo. Yo confío en Ti. MI ALMA: Hace tiempo que vengo a visitarte y siempre te encuentro solitario. ¡Qué pocos vienen a visitarte! Estás solo, pobre y escondido. Tú no dices nada y la gente pasa por la calle sin ni siquiera saludarte. Muchos ni creen en Ti; otros, que viven junto a tu casa, ni siquiera te conocen; otros ni quieren verte, tienen cosas más importantes que Tú. ¿Será, Señor, que muchos no saben que estás aquí? Nadie pregunta por Ti. Cuando necesitan ayuda o están enfermos, preguntan por los médicos de la tierra o por alguien que les ayude, pero no piensan en Ti, como si no existieras o no tuvieras nada que hacer en sus vidas o no tuvieran nada que agradecerte. ¡Qué bien se está aquí junto a Ti cerca del sagrario! Hago el propósito de visitarte más seguido para que no estés solo y así pueda consolarte de tantos, que dicen que no tienen tiempo para visitarte. ¡Tú y yo, amigos para
  • 24. siempre! ¡Que éste sea un compromiso eterno entre Tú y yo! ¡Amigos para la eternidad! Todos los días vendré a visitarte a Ti, mi amigo del alma, el amigo que siempre me esperas y nunca fallas. Jesús, yo quisiera reparar tanta in-diferencia con mi amor. Quisiera visitarte en todos los sagrarios del mundo y gritar por todas partes: Jesús está solo y no quiere ni debe estar solo. Aquí está la fuente de la vida, el alimento del alma, la paz del corazón y la alegría del espíritu. Por eso, quiero, Señor, comulgar por los que no comulgan, amarte por los que no te aman, asistir a misa por los que no lo hacen y agradecerte por todos los que se olvidan de ti. Quiero buscarte entre mis amigos y familiares muchos adoradores que vengan a visitarte y se comprometan todos los días, o al menos una hora a la semana, para que no te falten amigos que te visiten y así te sien-tas contento de nosotros. ¡Cuántas bendiciones recibiremos para nosotros y para nuestras familias a través de estas visitas, mi Jesús sacramentado! Sólo en el cielo lo sabremos, pero podemos creer que son muchas más de las que imaginamos. Quisiera, Jesús, ser un apóstol tuyo e ir de puerta en puerta, buscando turnos de adoradores que vengan a visitarte para que no estés solo. Buscaré entre los enfermos e impedidos quienes vengan a visitarte en espíritu con visitas espirituales desde sus casas. Vale la pena amarte y adorarte, aunque sea a distancia, especialmente en las horas nocturnas en que todos duermen. ¡Oh Jesús, me siento inundado de tanta claridad que no sé cómo hay tantos católicos que no entienden que Tú los esperas para iluminar su vida y darles tu amor y alegría! ¡Cuánta luz sale del sagrario! ¡Cuánto amor! Por eso, gritemos todos a los cuatro vientos: ¡Venid, adoradores, adoremos a Cristo Redentor!
  • 25. VISITA 7 DESEARÍA que te consagres a Mí. Quisiera que me ames y que te acerques a Mí con las manos abiertas, con el corazón abierto, con la mente abierta a todo lo que quiera darte o pedirte. ¿Tienes miedo de que te pase algo malo? ¿No sabes que todo el Universo está en mis manos? ¿No sabes que controlo hasta el último electrón del Cosmos? Ven aquí y descansa tranquilo entre mis brazos. No temas por lo que puede sucederte. Todo está bajo mi control. Descansa. ¿Quieres darme una alegría? Ofréceme todo lo que tienes: tus padres, hermanos, familiares, tu hogar, tu trabajo, tu cuerpo, tu alma, tus diversiones, tus necesidades, tus pecados, tus ilusiones… Dame todo. Y, después, dame la oportunidad de coger algo o de poner algo en tus manos. ¿Estás dispuesto?
  • 26. ¿Confías en mi amor por ti? ¿Crees en mi amor? ¿Crees que yo todo lo hago por amor? No temas, te quitaré algunas cosas y te daré otras, pero déjame hacer. No me digas lo que tengo que hacer en tu vida. Yo soy Dios y lo sé todo y TE AMO. Consagrarse a Mí significa que me entregues todo sin condiciones y que me dejes actuar a Mí. Cuida de mis cosas y yo cuidaré de la tuyas. ¿Trato hecho? ¿De verdad? Te aseguro que no saldrás perdiendo, conmigo todos ganan. Así que no temas, déjame todo lo que tienes en mis manos, necesito las manos libres. Después no me pidas cuentas, aunque te duela. Yo soy buen médico y sé cuándo tengo que operar y dónde y sé lo que necesitas. No tengas miedo… Déjame amarte y hacerlo todo por tu bien, de acuerdo a mis planes, que son mejores que los tuyos. Tú ves sólo el presente, yo veo el futuro y, por eso, te pido que confíes en Mí. Entrégamelo todo sin excepción. Pon en mis manos tu salvación eterna, tu santificación, tu progreso, tu virtud, tus defectos, tus deseos, todo. Yo cuidaré de tu salud, de tus familiares y seres más queridos. Confíamelos sin temor. Si te consagras a mí, debes velar por mis intereses. ¿Sabes cuáles son mis intereses? Las almas, sólo las almas. Ellas son mi tesoro, mi amor. Por ellas, me hice hombre y sufrí y morí en la cruz. Por ellas, estoy prisionero en el sagrario. Dame almas, sé un apóstol, sálvame almas. Para ello, te pido que ores mucho por ellas. Además, te pido sacrificios. Acepta con paz todas las penas y trabajos de cada día. Lleva tu cruz diaria con resignación y ofréceme tus dolores y enfermedades por la salvación de las almas. Si eres capaz de ofrecerme todo tu dolor con paz… ¡qué rico apostolado estás haciendo ya! Haz también sacrificios voluntarios: privarte de una golosina, de un programa de televisión, de un gusto o de un capricho y dámelo todo con alegría. Yo quiero apóstoles alegres, con la sonrisa a flor de labios. Y, después, ofréceme todas las obras de cada día: tu trabajo, tu descanso, tu caminar, tu hablar, tu paciencia y tu comprensión con los demás, tu sonrisa y
  • 27. tu amor sincero… Y, a lo largo del día, levanta tu alma a Mí. También me gustaría que buscaras nuevos apóstoles que se consagren a Mí, que repartas literatura católica, buenos libros, que harán mucho bien a sus lectores… Es tan fácil ser apóstol. ¡Hay tantas maneras de hacerme feliz y hacer algo por la extensión de mi reino! No te preocupes, solamente deseo que vengas cada día a visitarme al sagrario y me cuentes cómo te ha ido. Cuéntamelo todo y me sentiré feliz de que seas mi amigo y yo estaré orgulloso de ti. Si estás cansado, si te sientes angustiado, derrotado… y no tienes palabras para expresarte, no te preocupes. Ven a Mí, con confianza, quédate a mi lado, en silencio. Yo te entiendo y lo sé todo. Yo soy tu Dios. Y te amo infinitamente. Y cada día renueva tu consagración y tu amor a Mí con una breve oración, que podría ser ésta u otra parecida: «Jesús, por medio de María me consagro a Ti y quiero que Tú seas el Señor y el Rey de mi vida». Y, siempre que puedas, búscame para recibirme en la comunión. En la misa y comunión te colmaré de gracias a rebosar. MI ALMA: Jesús, hago un pacto contigo de cuidar de tus cosas y de tus intereses para que tú cuides de los míos. Te confío y pongo en tus manos mi vida, mi alma, mi salvación, mi libertad y progreso espiritual, mi salud y cualquier obra buena que pueda realizar, mi familia, mi trabajo y mis cosas para que tú dispongas de ellas según tu voluntad. Jesús, Yo confío en Ti. Quiero extender tu reino por el mundo y ser apóstol de tu Corazón eucarístico. Quiero que la Eucaristía sea el centro de mi vida y buscar por todas partes, muchos amigos de tu divino Corazón, que se consagren a Ti. En la Eucaristía nos encontramos cada día, en unión con María, para formar juntos UN SOLO CORAZÒN. ¡Jesús, amarte es mi cielo! Me siento orgulloso de ser tu amigo. Dame tu bendición.
  • 28. ¡Seas por siempre bendito y alabado, mi Jesús sacramentado! Permíteme adorarte en todos los sagrarios del mundo y en cada hostia consagrada y estar presente, por medio de mi ángel, en cada lugar donde se celebra en este momento la santa misa. ¡Bendito seas, Jesús, por todas las comuniones en que me he encontrado contigo! Perdóname por las veces en que te recibí sin ser consciente de lo que recibía y por las veces que comulgué sin fe y sin devoción. Quiero adorarte y consolarte por el dolor que te causan tantos que se dicen católicos y te reciben sin darse cuenta de tu amorosa presencia en la Eucaristía. Haz tu morada permanente en mi corazón. Quiero estar siempre en adoración ante Ti, mi Dios. Consuela y cura a mis hermanos y familiares enfermos. Bendice a mis seres queridos difuntos. Bendice a todos mis familiares, especialmente en los momentos de tristeza y dolor. Quiero que mi familia esté siempre escondida en tu Corazón divino para que siempre la guardes y la protejas de todo mal. ¡Oh Jesús, Tú estás vivo y presente en este sacramento del amor! Yo te amo en unión con todos los ángeles y santos del cielo. Yo te alabo con toda la Iglesia y con todas las almas del purgatorio. Yo te amo y te adoro en todas las iglesias del mundo. Yo te amo y te adoro en todos los lugares donde se celebra la misa. Yo te amo con toda mi familia y te pido tu gracia para que todos puedan ir un día contigo a gozar eternamente de la gloria celestial. ¡Oh Jesús, qué bien se está aquí junto a Ti! Tú eres manantial de santidad, fuente inagotable de gracias celestiales. Tú eres el Rey del universo; el Rey de reyes y el Señor de los señores. Tú eres mi Dios y yo te consagro mi vida con todo lo que soy y tengo. Me pongo en tus manos y me rindo a tus pies para que te sirvas de mí para lo
  • 29. que Tú quieras. Quiero estar siempre disponible para tu servicio y hacer lo que quieras, Señor. Señor, haz de mí lo que Tú quieras, sea lo que sea te doy las gracias, porque te amo y confío en Ti, porque Tú eres mi Señor, mi Dios. Te amo con todo mi corazón. Gracias, por todo, Señor.
  • 30. CONSAGRACIÓN AL CORAZON DE JESUS YO, me consagro a Ti, Sagrado Corazón de Jesús. Tu Corazón eucarístico está vivo y palpitante de amor por mí en la Eucaristía y yo te doy gracias con toda mi alma por haberme creado y redimido, por haberme perdonado y por llamarme a servirte. Te doy gracias por mi familia y por todos los hermanos que me rodean. Y por medio del Corazón Inmaculado de María, te consagro mi vida y mis acciones, mis penas y sufrimientos, para no servirme ya de ninguna parte de mi ser, sino para honrarte, amarte y glorificarte. Esta es mi voluntad irrevocable, ser todo tuyo y hacerlo todo por tu amor, renunciando a cuanto pudiera desagradarte. Deja, Señor, que llegue hasta ti con las manos vacías, para que Tú las llenes de tu infinita Misericordia. Oh Corazón de mi Jesús, te elijo como el protector de mi vida, la garantía de mi salvación, el remedio de mi fragilidad, el reparador de mis pecados y mi asilo seguro en la hora de la muerte. Aparta de mí todo lo que te desagrada. Que tu amor se imprima en lo más hondo de mi ser de modo que jamás te olvide ni me separe de Ti.
  • 31. Te suplico que mi nombre esté siempre escrito en tu divino Corazón, porque quiero vivir y morir como verdadero hijo tuyo y amigo tuyo. Bendice a mi familia. Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío A JESUS POR MARIA Que Dios te bendiga por medio de María. Tu hermano y amigo Ángel Peña.