El documento compara la vida de un árbol con la vida cristiana, señalando que ambas requieren agua, luz y raíces para sobrevivir y dar fruto. Explica que los árboles, al igual que los cristianos, pasan por etapas de primavera, verano, otoño e invierno, y deben permanecer firmes durante las pruebas para continuar dando frutos a través de la fe y el Espíritu Santo. Concluye enfatizando la necesidad de la sabiduría y el temor a Dios