Una epidemia de peste asoló la ciudad de Málaga en tiempos de Carlos III, matando a muchas personas. Los presos de la prisión pidieron permiso para sacar en procesión la imagen de Nuestro Padre Jesús "El Rico" para pedir el fin de la epidemia, aunque se les negó por temor a que escaparan. Los presos se amotinaron para realizar la procesión de todos modos y, tras regresar a la prisión, uno de ellos sanó a un compañero enfermo llevándole la cabeza de San Juan Bautista.