El documento compara países pobres y ricos, señalando que la diferencia no radica en la edad o los recursos naturales de un país. Explica que países como Japón y Suiza son ricos a pesar de tener territorios poco adecuados para la agricultura. Sugiere que la clave es el nivel de conciencia de la gente y los valores de la sociedad. Propone transformar la conciencia de los latinoamericanos a través de la educación y cultura en las comunidades, para adoptar principios como la ética y el trabajo duro.