Los sistemas operativos Unix, Linux y Windows gestionan los procesos de forma jerárquica, asignando un identificador único a cada proceso y vinculándolos a través de su proceso padre. Cada proceso tiene recursos, directorios y permisos asociados que son administrados y monitoreados por el núcleo del sistema operativo. Existen comandos y herramientas para visualizar, controlar y dar soporte a los procesos en ejecución.