El documento describe cómo la innovación técnica en los procesos productivos ha permitido que los países más avanzados mejoren continuamente su productividad desde el siglo XVIII. Dos factores clave fueron la revolución científico-técnica que permitió el uso de nuevas fuentes de energía como el carbón y el petróleo, y la acumulación de capital realizada por las potencias coloniales europeas entre los siglos XVI y XVIII, lo que permitió fuertes inversiones.