El documento compara las actitudes de Napoleón Bonaparte, Jesucristo y otros líderes religiosos hacia la muerte. Mientras Napoleón estaba dispuesto a sacrificar la vida de 10,000 soldados por su gloria, Jesucristo murió voluntariamente por la humanidad para ofrecerles la vida eterna. El documento también describe cómo Jesucristo ofrece su amistad y ayuda a los necesitados.