Tamara era una niña de 8 años que vivía en Sevilla y pasaba sus veranos en Matalascañas. Le encantaba ir a la playa con su tabla de surf rosa, pero nunca podía resbalar entre las olas. Un grupo de profesionales del surf la admiraban y decidieron enseñarle. A pesar de muchos intentos fallidos, el último día de junio Tamara finalmente logró resbalar entre las olas, para la alegría de todos. Desde entonces, enseñó el deporte a sus hijos y nietos.