La Palabra de Dios es un legado que debemos recibir, atesorar y transmitir a las generaciones futuras. Dios siempre ha querido que su Palabra sea conocida y enseñada de generación en generación. Quienes guardan la Palabra de Dios en su corazón y la ponen en práctica serán bendecidos, mientras que quienes la olvidan se exponen a la ruina. Los jóvenes deben apasionarse por esta Palabra para no cometer los mismos errores del pasado.