Uno crece cuando acepta las dificultades de la vida sin perder la esperanza o la fe. Aunque las amistades y el amor pueden decepcionar y la salud puede fallar, lo importante es cómo se reacciona a esos eventos. Uno crece cuando aprende de las experiencias pasadas para construir el futuro, ayuda a los demás, y se entrega a los propósitos de Dios con Jesús como guía.