El documento contrasta la "falsa hombría" con la "verdadera hombría". Describe la falsa hombría como incrédula, negligente e ignorante, mientras que la verdadera hombría se caracteriza por la fe, la virtud, la paciencia y el amor. Explica que para vencer la falsa hombría, uno debe reconocer sus debilidades, perdonar a los que le hicieron daño y dejar que Dios y el Espíritu Santo lo cambien para producir el carácter de Cristo.