El narrador, en un restaurante, interactúa con un niño que le pide monedas para comprar pan y le comparte su perspectiva sobre el mundo virtual. A medida que conversan, el niño revela su dura realidad familiar, lo que provoca una profunda reflexión en el narrador sobre la desconexión entre la vida virtual y la realidad. Al final, el narrador se siente conmovido por la sinceridad del niño y la cruda verdad de su existencia.