La nueva reforma laboral permite a las empresas despedir empleados con 20 días por año trabajado y modifica aspectos clave como la justificación del absentismo, el despido procedente, y la unilateralidad en cambios salariales. Asimismo, se eliminan bonificaciones por maternidad, se permite trabajar y cobrar el paro bajo ciertas condiciones, y se ajustan las condiciones laborales, afectando incluso a personal público y estatutario. El Gobierno argumenta que esta reforma es necesaria para incentivar el esfuerzo laboral, aunque genera preocupaciones sobre posibles abusos y futuros despidos.