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
odo en la vida de Ari hasta este punto ha sido prestado.
Su vida humana con un hombre que no era su verdadero padre.
El amor por un chico que necesitaba algo más que a ella para ser
fuerte.
Besos con un Jinn que se negaba a hacer cualquier cosa que no fuera
entregarlos en momentos de debilidad.
E incluso su resolución, que parecía fallarle cuando más la necesitaba.
Pero Ari está harta de los préstamos. Finalmente se siente lo
suficientemente fuerte para hacer de la cacería de Jinn no sólo un
pasatiempo para sobrellevar su triste situación, sino una carrera necesaria y
permanente. Su amistad con Charlie finalmente puede hacerse sólida y
estable, sólo si puede salvarlo del Juicio en el Monte Qaf. Y su amor por Jai
puede ser eterno, sólo si puede controlar la oscuridad del Seal que está
dentro de ella.
Ari cree que todo esto es posible. Que finalmente será dueña de las
relaciones en su vida y que, hasta cierto punto, será propietaria de su
futuro.
Pero nada de eso importa cuando no depende de ella...
... En lo alto de las montañas color esmeralda del Monte Qaf, el Sultán
Azazil ha mantenido secretos.
Incluso de los Reyes de los Jinn.
Secretos que cambiarán todo... y llevarán a Ari a darse cuenta de que,
una vez más...
... ella ha tomado algo que nunca le perteneció realmente.
Algo que está desesperado por desatarse.
Algo que puede destruirlos a todos.
Tercer libro de la Saga Fire Spirits
Traducido por Paaau
T
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
Prólogo
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
Capítulo 11
Capítulo 12
Capítulo 13
Capítulo 14
Capítulo 15
Capítulo 16
Capítulo 17
Capítulo 18
Capítulo 19
Capítulo 20
Capítulo 21
Capítulo 22
Capítulo 23
Capítulo 24
Capítulo 25
Capítulo 26
Capítulo 27
Capítulo 28
Epílogo
Sobre la Autora
Escena adicional
Siguiente libro
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
Cada Hilo Del Que Se Tira, Nos Desenreda
Traducido por Miranda.
Corregido por Akanet
illones de granos de arena brillante estaban suspendidos en el
aire alrededor de ellos como una cortina de tierra fragmentada
que los envolvía completamente. La brillante luz del Sol
atravesaba todos los espacios entre cada grano. Ari miró con asombro por
un instante, vagamente preguntándose si sería capaz de crear el mismo
efecto con la arena del desierto. Era como un grueso túnel, como si un
tornado se hubiera arrastrado sobre el suelo en una poderosa y frenética
carrera sólo para encontrar a alguien incluso más poderoso que pulsara el
botón de “pausa”.
A pesar del extraordinario impacto visual, Ari estaba más impresionada con
su propósito. Era un capullo de privacidad que permitía a madre e hijo
hablar libremente sin astutos y ansiosos oídos escuchando sus palabras.
Dirigiendo su atención hacia Lilif y su hijo, El Rey Blanco, Ari merodeó a su
alrededor. Ya estaba acostumbrada a sus visiones, o sueños, o lo que sea
que fueran, y más que ansiosa por conocer más sobre ellos. El Rey Blanco
se alzaba sobre su hermosa madre quien parecía como si no fuera mayor
que él. Su alta y elegante figura estaba envuelta en un vestido, blanco,
como una toga, una prenda extrañamente descolorida para Lilif, las joyas
en sus orejas y en sus dedos proporcionaban la única chispa de color. Sus
mechones oscuros estaban atados en un elegante peinado, un pequeño
círculo de diamantes parpadeando en el sol desde su tensa posición a
través de su frente.
Fascinada, como siempre estaba por las mujeres Jinn, le tomó a Ari un
momento recordar la presencia de su verdadero padre. Su silencio curioso
llevó sus ojos hacia él mientras Lilif miraba encantadoramente a su rostro.
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Tan pronto como Ari reparó en él se detuvo, paralizada por su expresión.
Para Ari, el Rey Blanco era el Jinn más frío que jamás había conocido. Sólo
una vez lo había visto perder su serenidad, e incluso entonces fue la rabia
más controlada que había visto nunca. Blanco era el señor de la expresión
en blanco, así que fue con grata sorpresa que Ari miró hacia esta versión
más joven del rey Jinn y vio amor y respeto en sus ojos, y un suave intento
de una sonrisa en la esquina de sus labios. Era vulnerable ante Lilif.
Despreocupado. Más humano, de alguna forma.
—Sabes que me encanta tu dramatismo, madre, ¿pero es esto realmente
necesario? —Sonrió ampliamente, señalando el capullo de arena a su
alrededor.
Los ojos de Lilif se entrecerraron.
—Por supuesto. ¿O acaso tus hermanos todavía no te han llamado la
atención?
Inmediatamente Blanco frunció el ceño.
—Rojo y Cristal están tratando de causar daño. Creo que padre los incitó a
ello. Te lo aseguro, no les creo.
—Bien. —Lilif puso una mano cariñosa en su antebrazo—. Eso me llena de
alivio, mi hijo. Nunca heriría a ninguno de mis hijos. ¿Cómo pueden
acusarme de una cosa tan abominable?
—Padre —respondió Blanco con tono grave.
—Eso es por qué te he traído aquí. —Lilif dio un paso hacia atrás,
retorciendo sus manos de una forma que hizo a Ari pensar que estaba
mintiendo. Frunció el ceño. Esta no era la Lilif que Ari había llegado a
conocer por sus anteriores sueños sobre ella—. Azazil está tratando
volverlos a todos ustedes contra mí.
—¿Por qué? ¿Qué ha pasado?
—A menudo hemos estado en desacuerdo por su búsqueda egoísta de
placer. Parece no preocuparse de nuestras costumbres, de nuestro
propósito. Temo que pronto incluso empezará a interferir en el propósito de
sus hijos, que pueda desequilibrar la balanza influenciándolos a interferir en
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los días de otros, a interferir con los destinos de los Importantes. Su
petulancia, su tendencia al aburrimiento lo destruirá todo. ¿Entiendes
verdaderamente a qué nos conducirá su infantil irresponsabilidad? Con el
tiempo, cada destino que esté roto, cada camino que esté cambiado,
cada carretera que esté perdida, creará grietas en la tela de la
naturaleza, del tiempo, del espacio y de la luz. Los reinos empezarán a
juntarse entre sí, hasta que no haya nada más que un desierto de polvo.
Sólo el más fuerte sobrevivirá. Sólo el inmortal y más poderoso. Tendremos
que empezar de nuevo, solos en un mundo más pequeño…
Ari sintió la respiración dejar su cuerpo con la profecía de Lilif, su estómago
revolviéndose con miedo. ¿Eran verdad sus palabras? ¿Es eso lo que
verdaderamente pasaría si Azazil perdía el control de todo ello? ¿Es eso lo
que el Rey Rojo había querido decir cuando le dijo que las consecuencias
de que ella usara el Seal contra el Sultán serían catastróficas? Tragó con
fuerza, de repente muy agradecida de que hubiera seguido su consejo.
Con la atención de regresó a Blanco, Ari se dio cuenta de que estaba
igualmente horrorizado.
—¿Así que todo habrá desaparecido, excepto nosotros?
—Casi. Azazil fue el que me previno de las consecuencias de manipular los
hilos de nuestra existencia, y aún así creo, que al final, será tu padre quien
saque a relucir tal desastre.
—¿Saben los otros esto?
—Si no lo saben, tenemos que decírselo —susurró Lilif con voz ronca, sus
ojos amplios con preocupación. Ari entrecerró sus ojos, no tan sobrecogida
por Lilif como obviamente estaba su hijo.
—Madre, no podemos dejar que padre juegue a estos juegos a los que ha
estado jugando estos últimos años. Equilibrio… el equilibrio es nuestro
propósito.
Lilif asintió con cansancio.
—Lo es. Te traje aquí para hacerte entender la importancia de que
estemos unidos contra tu padre. Incluso si eso significa estar unidos contra
tus hermanos.
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El Rey Blanco se irguió con determinación.
—Brillante querrá saber de esto. Está simplemente sospechando tanto
como yo de las ofensivas reclamaciones de Rojo y Cristal últimamente.
—¿Y Sombra?
—Sí, Sombra también. Dorado y Afortunado, no estoy tan seguro. Sabes
que les gusta mantener cobardemente la neutralidad.
—No hables tan mal de ellos, Blanco. Aún podemos ser capaces de apelar
a sus naturalezas inteligentes y su sentido del honor. Creen profundamente
en su propósito justo como tú lo haces.
—Debería ir ahora y hablar con ellos. Necesitamos prepararlos. Tenemos
que estar fuertes e intentar contrarrestar cualquier caos impredecible que
altere la balanza.
—Deprisa. —Lilif estiró su mano y apretó su mejilla cariñosamente.
—Lo haré. Es mi deber. —Con una respetuosa inclinación de cabeza,
Blanco caminó hacia atrás y las llamas del Peripatos lo envolvieron.
Los ojos de Ari se deslizaron lentamente de vuelta hacia Lilif y vio, de
alguna manera sin sorprenderse, mientras todo el comportamiento de la
Ifrit cambiaba. La estirada toga blanca se deslizó alrededor de su cuerpo
como si tuviera vida, remodelándose en la brillante caída de un vestido
que se aferraba a todas sus lujuriosas curvas. Dos reveladores cortes
atravesaban la longitud del vestido en cada lado, mostrando sus
torneadas piernas desde el pie hasta el muslo. Mágicas, invisibles manos
desenredaron su cabello hasta que colgaba suelto y salvaje hasta la
cintura. El manipulante, peligroso brillo que Ari había llegado a conocer
estaba de vuelta en los oscuros ojos de Lilif, el familiar giro cruel volvió a sus
labios llenos mientras se burlaba del espacio donde Blanco había estado
de pie hacía solo unos minutos.
—Justo como tu padre, Blanco. En más formas de las que jamás notarás.
Antes de que Ari tuviera tiempo siquiera para intentar resolver el significado
de lo que dijo Lilif la arena explotó en un ruido sordo alrededor de ellas y la
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voz de Lilif se unió a su gimoteo. Partículas se deslizaron en la piel y ojos de
Ari, y sacudió el ataque del desierto con inútiles manos pesadas.
La claustrofobia se agarró a su pecho y Ari se hizo hacia delante buscando
aire, sus ojos abriéndose en la oscuridad de la poco familiar habitación.
Con el corazón desbocado, Ari se dejó caer con alivio mientras luz pálida
de la gran luna fuera del balcón iluminaba la cama con armazón de hierro
en la que estaba, así como la pantalla de hierro musulmán y el mobiliario a
juego.
Monte Qaf.
El alivio momentáneo se evaporó mientras recordaba.
Dalí.
El Rey Brillante.
Charlie. Su juicio.
Sus dedos se curvaron en el edredón de seda fina. Su tío, el Rey Rojo, la
había puesto en una de las habitaciones en su zona del palacio. A pesar
de su proximidad, Ari todavía temía estar dentro de la casa del Sultán
Azazil en el Monte Qaf. Pasillos a distancia de él. Sólo pasillos a distancia
del peligroso y enigmático gemelo de Lilif, Asmodeus.
Pero sólo a una habitación de distancia de Jai. Sus hombros de relajaron
desde su posición junto a sus orejas y lentamente el resto de ella empezó a
relajarse. Se tumbó hacia atrás de nuevo para mirar fijamente al techo y se
preguntó ¿si debería sentirse culpable de que la presencia de Jai pudiera
traerle tanta comodidad cuando a miles de kilómetros del palacio Charlie
estaba encerrado en una mazmorra esperando su juicio de mañana?
Esperando el juicio que determinaría si viviría o moriría.
Ari ya sabía el resultado.
No había forma en el infierno de que dejara morir a su mejor amigo.
Ninguna forma.
Sin importar qué pasara.
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
Soy una Montaña Contra el Viento
Traducido por AariS y Jo
Corregido por Akanet
olver a dormirse era imposible. Ari ni siquiera sabía cómo lo había
conseguido en primer lugar.
Miró, acurrucada en la cama, mientras la luna flotaba más lejos en
el cielo iluminado. El sol invernal comenzaba a jugar al escondite sobre las
montañas, la esmeralda despertándose bajo su mirada juguetona.
Por fin, Ari respiró interiormente, saltando fuera de la cama. Se apresuró al
vistoso baño marroquí con baldosas en bronce, azul y oro, lanzándose a
una lujosa ducha y secándose el cabello con un secador que se parecía
sorprendentemente al que había dejado en Ohio. El Rey Rojo
verdaderamente quería que se sintiera en casa. Bueno, nunca lo haría,
pero no podía evitar sentirse agradecida con su tío por intentarlo.
Con la adrenalina pulsando a través de su cuerpo, Ari rebuscó en su
pequeña bolsa un par de pantalones vaqueros limpios y una camiseta sin
mangas. Los pequeños gremlins que había llegado a conocer y odiar
jugaban a patear la pelota en su estómago mientras se concentraba.
Rojo, lo llamó a través de la telepatía, de algún modo sabiendo que no le
importaría que fuera informal con él, ¿Estás ahí?
Dos segundos después llamas sisearon a la vida en la puerta y el Rey Rojo
salió del Peripatos. Su largo y brillante cabello rojo estaba recogido en una
trenza que rozaba la parte inferior de su columna vertebral, y llevaba
pantalones de cuero negro que se ataban a los lados. Su torso estaba
desnudo, su poderosa estructura haciendo a Ari sentirse incómoda cuando
los músculos de sus bíceps se ondularon bajo los anillos de oro alrededor de
ellos mientras se movía hacia ella. Notó las gruesas muñequeras doradas
alrededor de sus muñecas y los taches de rubíes en sus orejas. Estaba
vestido para impresionar. Estaba vestido para el juicio.
V
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Los penetrantes ojos azul pálido de Rojo se movieron sobre su cara,
buscando… ¿qué? ¿Dolor? ¿Tristeza? ¿Preocupación?
—¿Estás bien?
Ari negó con la cabeza.
—Quiero ver a Charlie.
—Ya te lo he dicho, no puedes.
Una fea e inesperada llamarada de ira ardió en el pecho de Ari y tragó
saliva con fuerza tratando de devolverla. Necesitaba permanecer
tranquila.
—Sólo quiero asegurarme de que está bien.
Su tío había empezado a rodearla y Ari odiaba sentirse todavía intimidada
cuando hacía eso.
—¿Cuestionas mi palabra? Te aseguré que no sería tratado pobremente.
¿No me crees? —Había un borde en las preguntas y al igual que a Rojo
obviamente le disgustaba ser cuestionado también le disgustaba a Ari.
El nudo oscuro en su pecho se desplegó y se dio la vuelta para mirarlo a la
cara, sus ojos llameantes. ¿No se daba cuenta de que podía ponerlo de
rodillas? ¿Cómo se atrevía a tratar de intimidarla? ¿Cómo se atrevía a
negar su derecho a ver a Charlie? ¿Cómo se atrevía a…?
—¿Ari? —Rojo agarró la parte superior de sus brazos, sacándola de la
enroscada niebla de rabia que la había envuelto con una sacudida. Se
estremeció, volviendo en sí, su respiración irregular.
Santos macarrones.
Se había permitido a sí misma perderse en el poder del Seal. Les había
prometido a todos ellos que no lo haría y Ari había estado tan segura de
que podía mantener esa promesa. Es sólo que…
—Se está volviendo más fuerte. —Rojo frunció el ceño, dando un paso
atrás—. El Seal. Está tratando de empujarte a usarlo.
Ari asintió aturdida. No necesitaba esta mierda justo ahora.
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—Lo intentaré más duramente —susurró.
—Será mejor que lo hagas. Necesitas tener un asidero de la oscuridad en
tu interior, Ari. Y el Seal es oscuridad. Nunca lo olvides.
Ari recordó su sueño, de Lilif diciendo lo que sucedería si se tiraran de
demasiados hilos del tejido de toda la existencia del universo. El Seal podía
tirar de un millón de hilos y llevar a que todo se derrumbara. No podía
permitir que eso ocurriera.
—Lo prometo. Puedo manejar esto. Lo prometo —insistió, sus extraños ojos
llameando ahora por una razón diferente.
Mirándola cuidadosamente, Rojo asintió por fin.
—Bien. El juicio comenzará en una hora. Vendré a buscarte.
Probablemente deberías asegurarte de que Jai está despierto y luego
quedarte con él hasta que yo vuelva.
Una vez que se hubo ido, Ari se dejó caer sobre la cama. El Seal se había
apoderado de ella tan rápidamente esa vez. No hubo acumulación, ni
amenaza hacia ella, ni razón. Había estado enfadada porque Rojo no se
rendiría ante ella, a su modo. ¿Qué demonios fue eso? Gimiendo, Ari
enterró su cabeza en sus manos. Esto era lo último que necesitaba ahora
mismo. Tenía que ser más fuerte que esto.
Sacudiendo sus manos, Ari se puso de pie y enderezó los hombros.
Sería más fuerte que esto.
Llamando a Jai por telepatía, Ari le hizo saber que estaba yendo a su
habitación.
Bien. El profundo retumbar hizo eco en su cabeza mientras dejaba su
habitación. Sólo esa única palabra, el sonido de su voz, y su pulso estaba
saltando por todo el lugar, las mariposas cosquilleando en su vientre ante
el pensamiento de ver el rostro que iba con esa voz.
La puerta se abrió al otro lado del pasillo y Ari se precipitó al interior. Su
habitación era casi un reflejo de la suya, excepto que Jai,
sorprendentemente, no había hecho aún su cama. Ari sintió calentarse sus
mejillas ante el pensamiento de él tumbado bajo las sábanas arrugadas sin
una prenda de ropa puesta. Sintió sus entrañas convertirse en papilla y se
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reprendió mentalmente, deseando que el fuego se fuera de sus mejillas
mientras se volvía para hacer frente a su guardián. Jai se inclinó hacia
atrás contra la puerta cerrada, mirándola con ese intenso ardor que volvió
a encender todo el calor que estaba tratando de sofocar. Llevaba su
uniforme habitual, una simple camiseta negra que esculpía su
impresionante torso, y pantalones vaqueros negros y botas cortas de
motorista muy gastadas. Jai era pura atracción sexual casual, era ardiente
sin siquiera intentarlo, y todo lo que Ari quería era saltar sobre él y dejar que
el calor la encendiera.
La culpa pinchó en su conciencia cuando recordó por qué estaban aquí
exactamente.
Buenos días. Jai le ofreció una leve sonrisa, sus hermosos ojos verdes
hipnotizándola. Se sintió estupefacta por un momento. Ante su reacción, la
leve sonrisa de Jai se transformó en una sonrisa arrogante, sacando a Ari
de su estupor.
Ari hizo una mueca y el rió. No pudo evitar sonreír ante eso. Jai raramente
reía y cuando lo hacía se sentía como si hubiera metido los pies en el más
cálido y relajante baño del mundo. Buenos días. Habían decidido que
mientras estuvieran en el Monte Qaf, sería más prudente hablar el uno con
el otro telepáticamente siempre que fuera posible.
Dio un paso decidido hacia ella, y Ari esperó, su respiración cada vez más
profunda. La rica y exótica esencia de él parecía nadar entre ellos en
pesadas ondas, y pudo haber jurado que se tambaleó un poco justo antes
de que él la alcanzara. Apenas había espacio entre los dos cuando ella
echó la cabeza hacia atrás para encontrar su mirada. Sintió el tentativo
toque de sus grandes y fuertes manos en sus caderas, amasando
suavemente como si probara el nuevo terreno en el que estaban. El aliento
de Ari huyó de su cuerpo ante la expresión en la cara de Jai. Nadie nunca
la había mirado así antes, como si fuera preciosa y extraordinaria.
Como si lo fuera todo.
Sus manos se deslizaron lentamente hacia arriba por sus caderas alrededor
de su cintura. Ari no pudo evitar los estremecimientos que ondearon sobre
ella, estremecimientos que hicieron que los ojos de Jai relampaguearan y
sus labios se separaran con su suave exhalación.
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Vagamente, Ari recordaba que no debería estar haciendo esto. Había
algo importante que hacer…
La cabeza de Jai cayó hacia la suya y Ari tembló de nuevo, los
pensamientos sobrecargando su cerebro. La boca de Jai, su sabor, su
calor, la cama, las sábanas arrugadas, los abdominales de Jai, sus manos,
un juicio, peligro, Charlie.
Oh mierda, Charlie.
Se congeló justo cuando los labios de Jai estaban a punto de tocar los
suyos. Se detuvo y retrocedió un poco, un surco confundido entre sus
cejas. ¿Qué?
Oh hombre, esto no iba a ir bien, pero ¿sin duda Jai quería que fuera
honesta con él? No me siento bien sobre nosotros… haciendo algo
mientras Charlie está en problemas. Además, el Rey Rojo dijo que tal vez
deberíamos mantener nuestra relación en secreto durante un tiempo. No
estuve de acuerdo al principio, pero mientras más lo pienso, más creo que
puede que tenga razón. La gente podría intentar usar mis sentimientos por
ti contra mí y viceversa.
Jai dio un paso atrás, dejándola ir, y Ari inmediatamente se arrepintió de
haber hablado. Quería sus labios de vuelta y sus manos sobre ella. Quería
sacarle la camiseta y poner sus manos sobre él. Pero más que nada quería
que su posible novio, oh Dios, esa palabra la hizo querer sonreír como una
idiota, dejara de mirarla así. Como si estuviera enojado. Entonces, ¿quieres
que finjamos que no estamos juntos?
Sólo en público.
Entrecerró sus ojos hacia ella, las espesas pestañas casi oscureciendo sus
vívidos irises. No estamos en público.
Pero Charlie…
Una nube oscura tembló en el rostro de Jai y pasó junto a ella, su ira
arrastrándose detrás de él como llamas expuestas. Ari hizo una mueca y se
dio la vuelta para enfrentarlo. Vale, no era estúpida. Sabía que sonaba
mal. Esto no es acerca de mí y Charlie, si eso es lo que estás pensando.
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Jai se burló y se negó a mirarla, quedándose en cambio con las manos
apoyadas en la barandilla del balcón mientras miraba afuera hacia las
montañas. Su melancólico silencio llenó la habitación hasta que Ari sintió
que no podía respirar.
Estupendo. Su primer día como… lo que sea que fueran, y ya lo había
herido.
No es porque esté enamorada de él y sienta que lo estoy traicionando,
trató de explicar. Es sólo que, está aquí enfrentándose a la muerte porque
salvó la vida de alguien, y no siento que debería permitirme ser feliz hasta
que sepa que está a salvo. Y estar contigo… bueno, me hace feliz. Incluso
con todo esto ocurriendo.
Jai suspiró y lentamente volvió la cabeza para mirarla. ¿Lo prometes?
La pregunta causó dolor en su interior. Este era un lado de Jai que no
había visto nunca antes. Realmente estaba inseguro acerca de Charlie, y
no podía ocultarlo más. Estaba haciéndose vulnerable a ella.
Vaya.
Una oleada de amor abrumadora se derrumbó en el pecho de Ari y luchó
un momento para recuperar el aliento. Tenía que tranquilizarlo de algún
modo. Tenía que saber cómo se sentía. Dando tentativos pasos hacia él,
Ari sonrió con su mirada. Te dije que ya no pienso en Charlie de ese modo.
Y también le dejé claro a él lo que siento por ti.
La sorpresa iluminó sus ojos y Jai se irguió en toda su altura, dándose la
vuelta para mirarla. Tan rápidamente como la sorpresa lo había golpeado,
la chispa de esperanza que vio en sus ojos se desvaneció.
La fulminó con la mirada. Le dijiste a Fallon que morirías aquí intentando
salvarlo.
La comprensión le llegó mientras cerraba la distancia entre los dos. Ari casi
había muerto para salvar a Jai de un Haqeeqah, la esencia de la
esmeralda del Monte Qaf en su forma más pura, un arma, y eso fue lo que
había hecho que por fin se diera cuenta de lo mucho que Ari
verdaderamente se preocupaba por él. ¿Acaso ahora pensaba que,
porque ella moriría por Charlie, de alguna manera significaba lo mismo?
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Sacudiendo su cabeza, Ari se estiró para tocar su rostro, algo que había
querido hacer casi desde el momento en que lo había conocido. Sus
dedos acariciaron suavemente su mejilla, recorriendo su pómulo y más
bajo al firme, duro molde de su mandíbula. En lugar de inclinarse ante su
toque como había deseado que hiciera, Jai se tensó. Jai, suplicó
silenciosamente, si no te has dado cuenta soy el tipo de chica de agallas y
gloria. Creo que moriría intentando salvar a cualquiera por el que me
preocupe. Es sólo la forma en que estoy hecha, supongo. Moriría
intentando proteger a Charlie porque lo quiero. Él es mi familia, y no quiero
perder más familia.
Se acercó otro paso para que su cuerpo estuviera presionado contra el de
él, sus dedos cayendo a los labios de él. El sonido de su respiración
superficial la incentivó. Pero Jai… moriría cien muertes para salvarte…
porque el pensamiento de estar aquí sin ti ahora, el pensamiento de
perderte… es inimaginable.
Sus ojos se unieron y el calor floreció en sus mejillas mientras Jai la
presionaba más cerca a él, su mano deslizándose a través de su espalda
baja y suavemente llevándola aún más cerca contra él. Jai, no tienes idea
de cuánto me he enamorado de ti. No creo que una persona pudiera
hacerlo con más fuerza.
Sus ojos se ensancharon, sus labios separándose con muda sorpresa.
Anticipación suspendida se esparció entre ellos y luego inmediatamente se
rompió con el sonido de un fuerte golpe en la puerta.
No había respondido a su declaración.
Ari se tragó una maldición. ¡Todos siempre estaban interrumpiéndolos!
La puerta se abrió antes de que Jai pudiera responder al golpe, y para la
sorpresa de Ari, el Rey Blanco entró casualmente a la habitación, su
vestidura esmeralda flotando detrás de él. El chasquido de tela apenas
evitó el rostro de un ojo de su monstruoso Nisnas, Vadit, quien trotaba con
torpeza detrás de él con su un brazo y una pierna.
Ari recordó vívidamente su ataque con un estremecimiento…
Se interrumpió con un grito silencioso mientras el monstruo se levantaba por
el aire hacia ella, su boca abriéndose. Ari aventó sus manos hacia arriba
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para cubrir su rostro, cerrando sus ojos fuertemente y esperando que su
subconsciente la arrancara de la pesadilla. En vez de eso sintió el impacto
del golpe, su cuerpo pegando en el piso con un ruido sordo que le sacó el
aire. Su cabeza se golpeó contra el piso de espejo con un dolor que le
sacaba lágrimas. Un duro rayo de luz se disparó a través de sus ojos y
después sintió un calor húmedo restringiendo su antebrazo.
La agonía rebotaba a través de todo su sistema mientras los dientes del
monstruo perforaban a través de su piel.
… Sorprendida con su flagrante desprecio por los deseos de su padre, Ari
se paró inmóvil mientras el Rey Blanco miraba a Jai en blanco.
—¿Este es el Ginnaye? —preguntó en su voz plana.
Jai estaba estudiándolo cuidadosamente, ignorando con quién estaba
tratando ya que nunca había conocido realmente al Rey Blanco. Ari
quería tomar su mano y llevarlo detrás de ella. En su lugar suspiró como si
estuviera lidiando con una mera molestia en lugar de un poderoso y
peligroso inmortal. Sí, iba a sacar una página del libro de su querido viejo
padre y jugaría el juego a su manera.
—Jai, este es el Rey Blanco.
Sus instintos de Ginnaye lo tenían moviéndose con reflejos tan rápidos que
Ari sólo fue lo suficientemente rápido como para tirarlo de vuelta a ella,
mientras Vadit dejaba salir un hilo de resonantes gruñidos de advertencia.
—Vadit, cálmate —ordenó el Rey Blanco mientras levantaba una
suplicante mano hacia Jai—. Sólo quiero conversar. —Prometió
suavemente.
Su intento de empujar a Jai detrás de ella fue recibido con una
incredulidad enojada y ella se resignó a dejarlo pararse a su lado. Jai le
recordaba a una olla hirviendo, toda espumosa e impaciente. Los
músculos de Ari se tensaron mientras el miedo se fusionaba en su pecho.
No quería a Jai cerca de Blanco.
Sin embargo, tal vez fue el recuerdo de su sueño en el cual había visto
como Blanco había sido una vez… “accesible”… pero Ari se encontraba
sin temor de él por su propio bien. O tal vez sólo estaba cansada de huir de
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él. Mirándolo recelosamente, Ari cruzó sus manos sobre su pecho con
desafío y avanzó un paso.
—¿Sobre qué?
Algo titiló en su mirada ante su nueva actitud, ella casi podía verlo
volviendo a calcular cual fuera el plan con el que había venido.
—Quiero ayudarte a salvar a Charlie.
—¿Y estamos a punto de creer eso? —gruñó Jai.
Los ojos de Rey Jinn se deslizaron tan lentamente hacia Jai que la
habitación tuvo tiempo para helarse con su amenaza.
—Tal vez deberías amarrar a tu perro, hija. Su negativa a mostrarme
respeto podría hacer que lo sacrificaran.
En lugar de asustarlo, Ari sabía que sólo haría que Jai quisiera atacar. Le
disparó a su guardián una mirada de advertencia y él la fulminó con la
mirada. No soy estúpido. Soy un Ginnaye entrenado. ¿Crees que voy a
atacar a un Rey Jinn inmortal?
Para ser honesta no estaba segura. Jai era más impulsivo cuando tenía
que ver con ella. Justo como ella a menudo reaccionaba sin pensar en lo
que a él concernía.
—Si pudieras ir al grano sin ser grosero, sería apreciado —le replicó Ari a
Blanco.
Para su sorpresa, Blanco asintió.
—Si aceptas volver a mi casa aquí en el Monte Qaf por un tiempo
indefinido, hablaré por Charlie en su juicio. Juntos, Rojo y yo podemos
salvarlo.
Las palabras liberaron la oscuridad. Se desenroscó en su pecho como una
pitón arremetiendo contra su víctima más cercana y Ari tuvo que
sostenerla, cerrando sus ojos y apretando sus dientes para evitar ordenarle
a Blanco que le suplicara por atreverse a usar el aprieto de Charlie contra
ella. Refrenó la oscuridad y la empujó hacia abajo, sus manos temblando
tanto que tuvo que apretarlas en puños.
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Podía decir que sí y Charlie podría salir indemne. Pero estaría aquí a
merced de Blanco, quien quería que Azazil estuviera bajo órdenes. ¿Había
pasado tanto desde su charla con su madre que había olvidado lo que tal
cosa le haría al mundo? ¿O era eso lo que quería ahora?
Orando porque Charlie nunca se enterara que se había alejado de una
oportunidad de salvarlo, Ari negó con su cabeza.
—Nunca voy a confiar en ti, sabes. Tus tratos, tu fingida paciencia… todo
está escondiendo la verdad. Nos vas a destruir. —Creyó ver una nota de
asombro en los ojos de Blanco antes de que inclinara su cabeza a un lado
en esa extraña y perturbadora manera suya.
—Tu testaruda determinación por ignorarme va a hacer que maten a uno
de tus amigos, Ari. Estoy sorprendido contigo. —Sus ojos se entrecerraron y
luego miró a Jai—. O tal vez estoy apuntándole al amigo equivocado. —
Jai lo fulminó con la mirada, inquebrantable—. ¿Es eso lo que quieres?
¿Qué yo lastime a él?
—Tan tonto como pueda sonar esto para ti, todo lo que quiero es que me
dejen tranquila.
Blanco sacudió su cabeza, sus ojos encontrándola de nuevo.
—Yo te hice, Ari. Te hice con un propósito. No voy a alejarme.
—¿Por qué? —Dio un paso sin pensar hacia él, y con el gruñido de Vadit,
sintió la fuerte mano de Jai envolverse alrededor de su cintura y hacerla
retroceder—. ¿Realmente crees que ordenarle a tu padre a hacer tus
mandatos va conforme a tus supuestos deseos de devolver las cosas a
como deberían haber estado, para mantener el balance? De acuerdo a
Rojo, ordenarle a Azazil por cada antojo tuyo podría traer la destrucción a
los reinos. —Bien, tal vez Rojo no había dicho todo eso, pero Lilif lo había
hecho.
El Rey Blanco se congeló por el conocimiento que ella había adquirido, y
luego suspiró como decidiendo que no importaba.
—No quiero ordenar a mi padre por cada antojo, Ari. Sólo quiero una cosa
de él. Algo que nunca dará a menos que lo forzara a dármelo. Una cosa.
Ari sacudió su cabeza, incrédula.
19
—Tú mismo dijiste que quieres ser Sultán.
—¿Lo hice? No recuerdo haber dicho eso alguna vez. Dije que quería
devolver el orden. Todos los demás creen que mi propósito es destronar a
Azazil. Déjalos. Mi padre sabe más. Él sabe exactamente lo que quiero, y
dividirá a mis hermanos para evitar que lo consiga. Pero sabe que tú
puedes darme lo que quiera. Él sabe, Ari, y hará lo que sea para que eso
no pase. Así que deberías pensar muy cuidadosamente antes de que
confíes en él.
Intentando no dejarlo jugar juegos mentales con ella, Ari se encogió de
hombros.
—¿Qué cosa? ¿Qué es lo que quieres?
—Algo que restablecerá al mundo Jinn. Algo que asegurará que el caos
permanezca en su propio espacio y no se meta en los otros y traiga la
destrucción de la que has hablado.
Por un momento, Ari estuvo perdida en la inusual sinceridad en la mirada
de Blanco, pero el sonido de Jai aclarándose la garganta la hizo sacudir su
cabeza, expulsando las extrañas y poco bienvenidas preguntas de eso.
—Lo siento. No puedo ayudarte. No confío en ti, y no quiero tener nada
que ver con el poder dentro de mí. Pasaría bastante feliz el resto de mi vida
pretendiendo que ni siquiera existe.
Los rasgos de Blanco se congelaron y una sombría determinación bordeó
la dureza.
—Eso es tonto e ingenuo. Pronto otros descubrirán lo que eres. Vas a pasar
el resto de tu vida huyendo y luchando a menos de que me dejes
ayudarte. A menos de que me ayudes.
—Aquí está la cosa… Rojo es tan poderoso como tú y está protegiéndome
aparentemente sin condiciones. No necesito que me protejas.
—Mi hermano es la marioneta de mi padre, Ari. Te protegerá tanto tiempo
como Azazil deseé que te proteja. Descubrirás esa dura verdad lo
suficientemente pronto. —Se acercó un paso hacia a ella, y Ari quería
retroceder. Su padre real era tan enorme que podría aplastar su tráquea
20
con un apretón de su mano—. No estoy pidiendo mucho de ti, hija. Quiero
una cosa, y entonces serás libre. Liberaría hasta a tu madre.
Golpe bajo. Ari lo miró con desagrado, el asco despertando la oscuridad
de nuevo. La empujó hacia abajo y dejó que su propia rabia se
apoderara.
—Podría tener un poquito más de fe en tus promesas si hicieras algo que
no fuera noventa y nueve por ciento egoísta. Libera a mi madre sólo
porque sí, y tal vez hablaremos.
El Rey Blanco sacudió su cabeza, su expresión en blanco una vez más.
—Soy un hombre de negocios, y ese es un mal negocio.
Ari se encogió de hombros de nuevo, viéndose más valiente de lo que se
sentía.
—Entonces supongo que esta reunión ha acabado.
—Diría que lo ha hecho —gruñó Rojo mientras se movía a través de la
entrada abierta con una rabia predadora—. Azazil te ordenó mantener tu
distancia, Blanco.
Con apenas una mirada hacia su hermano, Blanco llevó a Vadit hacia la
puerta y con una mirada de total aburrimiento respondió planamente
mientras pasaba junto a Rojo.
—Como si alguna vez escuchara a padre.
Tan pronto como se fue, Ari dejó salir la respiración que ni siquiera sabía
que había estado sosteniendo.
El Rey Rojo avanzó hacia ellos con determinación, su cuerpo parecía vibrar
con rabia desenvuelta.
—¿Estás bien?
Jai frotó una mano consoladora sobre su hombro.
—Se manejó maravillosamente.
Le envió una sonrisa agradecida y casi se derritió con el orgullo en sus ojos.
Oh vaya.
21
Una garganta aclarándose rompió su mirada y Ari levantó la vista hacia su
tío. Él le sonrió con complicidad, y luego, muy rápidamente, se puso serio.
Asintió hacia ella.
—Puedes decirme lo que Blanco dijo después. Por ahora… es momento del
juicio de Charlie.
22

El caos de reyes y tribunales
Traducido por Miranda, Paaau, AariS
Corregido por Clau12345.
e había tomado un rato a los pulmones de Charlie acostumbrarse al
espeso, rico aroma de la tierra húmeda. Estaba en todas partes. El
suelo estaba intacto y compacto. Los muros, por lo menos, habían
sido despojados de sus esmeraldas. Si hubiera tenido que sentarse toda la
noche en una habitación llena de esmeraldas, podría haberse vuelto loco
de la necesidad. Charlie se estremeció mientras apoyaba su cabeza
contra la sucia piedra y se hizo daño en el cuero cabelludo. Era
aproximadamente la quinceava vez que había hecho eso.
Miró las barras que formaban su celda en las mazmorras del palacio del
Sultán Azazil. Eran la única fuente de luz, el hierro brillante con una magia
muy fuerte. El enorme Shaitan que lo había arrojado allí le había advertido
que si tocaba las barras sería incinerado. Después de oír un grito que
desgarró el aire la pasada noche, seguido del olor a carne humana
quemada que provocaba vómitos, Charlie estuvo agradecido de haber
escogido sentarse en la esquina más alejada del pequeño espacio y
aceptar la palabra del Shaitan. Después de que el grito del hombre muerto
desgarrara el aire, la charla alrededor de él entre los otros prisioneros se
había silenciado hasta morir y de alguna forma, imposiblemente, Charlie
había tanto dormido como estado despierto.
El Rey Rojo lo había visitado la noche anterior, el secreto de la intervención
de Rojo en la transformación de Charlie en un Sorcerer había enhebrando
un frágil vínculo entre ellos. Charlie no sabía lo que quería Rojo, o si sólo
estaba siguiendo las órdenes del Sultán, pero le gustaba pensar en Rojo
como un tipo correcto. Por lo menos cada que miraba a Ari, Charlie
estaba seguro que detectaba sensibilidad en la mirada del Rey Jinn. Tenía
que creer que algunos de esos malditos idiotas atemorizantes estaban de
su lado.
L
23
Tenía que creer que Rojo no le iba a dejar morir hoy.
El Rey Jinn le había prometido eso la noche anterior, jurando hacer todo lo
que pudiera por salvar la vida de Charlie. El estómago de Charlie se
revolvió y su pecho se tensó con miedo. ¿Cómo es que todo había
terminado en esto? Su vida era extraña, no era broma, ¿pero esto?
¿Sentarse en una mazmorra en otro reino, esperando averiguar si iba a
morir por matar a un Sorcerer maníaco?
Quizás había fumado un poco demasiada droga este último año, pensó
con pesar.
Un crujido silbó en el aire y Charlie escuchó los murmullos de un guardia y
el arrastrar de pies. ¿Ese era el primer prisionero siendo liberado para el
juicio? ¿Fue hace sólo un día que estaba sentado con Fallon mientras ella
lo calmaba sobre la situación de Jai y Ari? Los Roes habían estado
brillantes, ayudándolo a manejar la culpa por matar a un hombre.
Había matado a un hombre.
Aún peor, su mejor amiga estaba todavía muy débil por su propio ataque
a manos del mismo hombre para ayudarle a hablar de ello. Y sólo para
añadir crema glaseada amarga en la parte superior de esa porción de
pastel de mierda, Jai había estado sentado al lado de la cama de Ari,
esperando que despertara de modo que pudiera decirle que quería estar
con ella.
Charlie había perdido a Ari.
Fallon era un consuelo. Charlie podría escucharla hablar de todo y nada y
por un momento mantenía el mundo a raya. Eso era lo que ella había
estado haciendo, hablándole de su primer trabajo como cazadora, sus
pequeñas manos metiendo su creciente cabello detrás de su oreja,
frotando sus hombros, acariciando el tatuaje alrededor de su muñeca,
midiendo su pequeña mano con la suya. Cosas tontas y familiares que le
hacían sentirse más cercano a ella, que calmaban el dolor de perder a
alguien tan exquisito como su Ari. Y no tenía a nadie más que él mismo
para culparse.
24
Su auto compadecencia había sido interrumpida por el Rey Rojo, quien
saltó fuera del Peripatos para avisarle, demasiado tarde, que estaban
llegando Jinn del Monte Qaf para arrestarlo por la muerte de Dalí. Los dos
Shaitan habían llegado justo después de la advertencia de Rojo.
Charlie no podía recordar llegar al Monte Qaf. Intentó e intentó pero no
había nada allí. Un minuto había estado en shock ante la advertencia de
Rojo y al siguiente estaba siendo arrastrado por un oscuro túnel de barro,
fuego sacudiéndose hacia él desde los candelabros de estilo medieval de
la pared. Había pasado celda tras celda hasta que fue lanzado en la suya
propia.
¿Realmente tenía a alguien más a quien culpar aparte de sí mismo por su
apuro? Todo el tiempo esto es lo que Ari había temido que le pasara
cuando le había dicho que se había convertido en Sorcerer para vengarse
del Labartu que había matado a su hermano, Mike. Había sido advertido
de que matar a un auténtico Jinn acabaría con él enfrentando una pena
de muerte en el Monte Qaf. Charlie había aceptado eso, siempre y
cuando significara que el Labartu estuviera muerto.
¿Pero ser forzado a enfrentar un juicio por matar a un mestizo y uno que
casi había matado a Ari? Bueno eso lo molestaba más que un poco.
Apostaba que también molestaba a Ari. El Rey Rojo le había dicho que
estaba aquí con Jai y que había pedido verlo, pero no se lo permitieron.
Charlie golpeó con el puño en la tierra a su lado. Esperaba que estuviera lo
suficientemente bien para estar aquí. Rezó para que no fuera a hacer algo
impredeciblemente estúpido para liberarlo. Dios, esperaba que no fuera a
ser como él.
Y egoístamente, al final del todo, Charlie estaba contento de que hubiera
venido tras de él. Que todavía significara lo suficiente como para dejar
todo, incluyendo a ese chico Jinn Jai. Una estúpida parte de él aún
esperaba que quizás temer por él le haría recordar su vínculo. Que eran
familia...
—De acuerdo, ¿quién va ganando? —Charlie sonrió mientras entraba de
nuevo en la sala de estar con un vaso de Coca Cola muy fría para Ari. Era
25
un abrasador día de verano y el aire acondicionado de la casa se había
estropeado, haciéndoles usar asquerosos abanicos que sólo le soplaban
de vuelta aire caluroso.
Mike le frunció el ceño desde su posición sentado al lado de Ari en el suelo,
el control del juego colgando de su mano.
—¿Dónde está la mía?
Charlie se encogió de hombros.
—Sólo tengo dos manos.
Suspirando hacia él, Ari intentó darle la Coca Cola que él le había dado a
Mike. Su hermano pequeño le sonrió y sacudió la cabeza.
—Gracias Ari, pero cogeré la mía. —Su sonrisa se transformó en una mirada
fulminante cuando miró a Charlie—. No creas que no sé qué hiciste eso a
propósito de modo que tendría que soltar el control.
Ese era exactamente el por qué lo había hecho. El imbécil había estado
acaparando el juego, y a Ari, desde que había llegado a aquí.
Ari arrugó su nariz.
—Bueno, sugeriría dejar mi control de modo que los dos puedan jugar
contra el otro, pero todos sabemos cómo acaba eso y no estoy de humor
para limpiar sangre hoy.
Mike refunfuñó y se puso de pie. Tan pronto como dejó la habitación,
Charlie se deslizó más cerca de Ari mientras cogía el control, su rodilla
desnuda tocando la rodilla desnuda de ella. Trató de ser frío mientras le
echaba un vistazo en sus pantalones cortos y camiseta de tirantes. Ah
amigo, gracias a Dios por las olas de calor. Eran el sueño de un chico
adolescente hecho realidad.
Ari rio, arrastrando su mirada hacia arriba y encontró sus extraños pero
maravillosos ojos centelleando juguetonamente hacia él.
—¿Has acabado?
26
Charlie rio por la vergüenza de ser atrapado mirándola y la empujó con su
codo mientras miraba la pantalla, comenzando un nuevo juego.
—Usaste esos pantalones cortos.
Ella rió de nuevo y el sonido lo golpeó directo en sus partes-buenas-para-
nada. Tomó una respiración. Tener quince años y ser amigo de Ari era
fuerte para su libido.
—Charlie, estás usando pantalones cortos.
Él frunció el ceño a sus largos pantalones cortos.
—No es lo mismo.
—Quizás lo es para mí. Quizás los encuentro igual de distractores, pero no
te miro descaradamente.
Ante el tono coqueto de su voz, Charlie se giró para mirarla de nuevo. Sus
mejillas estaban un poco sonrojadas pero aún estaba sonriéndole.
—¿Estás mirándome? —Vaya, él no quería que su voz fuera tan grave y
sugestiva.
La sonrisa de Ari despareció y él observó, con alegría, como su respiración
se detenía.
—Quizás.
Sin control sobre sus acciones, la mirada de Charlie cayó sobre la boca de
ella. Últimamente había pensado mucho en esa boca. Está bien,
demasiado. Como, cada segundo.
—¿Qué, ni siquiera has comenzado un nuevo juego? —se quejó Mike
mientras volvía a pasearse por la habitación y rompía el épico momento
entre Charlie y Ari.
Ari rio y se movió un poco, así había más espacio entre ellos.
Charlie suspiró y contempló cincuentas diferentes formas de deshacerse
de su hermanito pequeño.
27
—Estábamos a punto de hacerlo.
—Bueno, si eres así de lento para comenzar, apuesto 10 dólares a que Ari
patea tu culo… —Charlie levantó una ceja y Mike suspiró—. Trasero. Patea
tu trasero.
—Tomo esa apuesta —replicó Charlie, extendiendo su mano para
estrechar la de su hermano. Ari carraspeó y ambos Creagh se detuvieron
para mirarla.
—¿Qué?
Ari se encogió de hombros.
—Estás a punto de perder 10 dólares. Quiero decir, Mike por lo menos tiene
una oportunidad de luchar contra mí, pero tú…
—¿Crees que Mike es mejor que yo en Súper Mario Bros?
—Oh, definitivamente.
Mike rió feliz.
Charlie los miró a ambos y luego se giró determinadamente hacia la
pantalla.
—Oh, está encendida.
…Charlie estaba temblando por sus recuerdos mientras un Shaitan se
acercaba a su celda. El guardia de la noche anterior. El Shaitan levantó
una mano y el brillo alrededor de las barras desapareció mientras las
barras volvían a entrar en la roca para permitir la salida de Charlie.
—Es hora —le señaló El Shaitan, grilletes brillantes colgando de su mano.
Charlie se levantó y miró extrañado los grilletes, sus rodillas amenazando
con derrumbarse. El Shaitan pareció sentir su terror y se rio de él, los ojos
negros volviéndose rojos.
28
Su burla era como una bala en el trasero de Charlie. Deja de ser un
cobarde, puedes hacer esto.
Encogiéndose de hombros, pretendiendo indiferencia, Charlie se reunió
con el Shaitan y se giró en su dirección. Los grilletes brillantes no
quemaban, pero eran pesados mientras se cerraban en torno a sus
muñecas. Caminar fuera de la mazmorra, entre los dos Shaitan, era
humillante, pero mientras hacían su camino a través de los túneles de tierra
y arriba por una escalera en espiral, Charlie conoció la verdadera
humillación. Las paredes de roca alrededor de ellos dieron paso a amplios
pasillos e incrustadas en la roca estaban las famosas esmeraldas del Monte
Qaf.
La atracción de su poder le susurraba a Charlie, era casi como si cada una
de las piedras atrajera un poco de él hacia ellas. Se tambaleó y gimió, el
hambre creciendo dentro de él y ambos Shaitan rieron de nuevo.
—Eso es lo que pasa cuando a los niños se les da poder más allá de la
habilidad que pueden controlar. Lloriquean como gatitos tras la leche.
Su risa enrojeció las mejillas de Charlie e intentó ignorar el poder de las
esmeraldas, sus dientes adoloridos por la fuerza que le tomaba. Intentó
enfocarse en los alrededores, pero no había puertas, ventanas, cuadros ni
sirvientes, sólo antorchas suspendidas en lo alto de las paredes.
Cuando vio la puerta arqueada al final del pasillo, un alivio se disparó
dentro de él. Quería salir, quería alejarse de las esmeraldas.
La puerta se abrió con un crujido, una ráfaga de aire frío llegó a sus ojos y
bajó por su garganta. Tosió un poco, permitiendo a sus pulmones
adaptarse al aire fresco pero frio. Parpadeó mientras lo obligaban a
avanzar y la escena a su alrededor hizo que su corazón latiera detrás de
sus costillas.
Tembló en su delgada camiseta.
Era como algo salido de EL Gladiador.
Ante él había un gran anfiteatro, asientos que comenzaban a elevarse
desde un gran espacio en el centro, en donde un Jinn lo esperaba. Los
Jinn se amontonaban en los miles de asientos, un mar de cuerpo vestidos
29
con sedas brillantes, terciopelo y algodón, todos de los colores de las
gemas más brillantes: verde esmeralda, amatista morada, azul zafiro y rojo
rubí. Era como mirar en un baúl del tesoro. El anfiteatro era menos antiguo
que Roma y más Marroquí en apariencia, con sus arcos de piedra tallados
con arabescos y los pilares torcidos envueltos en tela rubí y esmeralda y
champaña, tela que ondeaba suavemente con la brisa, como si muriera
por desenvolver sus brazos del pilar y volar en el viento. Charlie entendió el
sentimiento. Obligado a avanzar nuevamente, Charlie descendió las
escaleras frente a él, intentado ignorar los murmullos de los Jinn a su
alrededor. Su pulso se aceleró ante el extraño piso de espejo bajo sus pies,
su vidrio cubriendo todo el primer piso. Sombras contra el cielo de invierno
atraparon su vista en el reflejo y Charlie levantó la mirada, el aire
abandonándolo ante la vista del cielo sobre la multitud. Las noticias de
que los Reyes de los Jinn involucrados en un juicio deben haber viajado,
porque todo el palacio estaba tan lleno que había Jinn flotando en el aire
sobre los asientos, como brillantes y coloridos colibrís, observándolo con
ojos curiosos. Charlie tragó saliva, viendo un Jinn sentado sobre una
alfombra flotante. Sentía ganas de frotar sus ojos para asegurarse de que
estuviera viendo bien. Todo se había vuelto demasiado como “Aladín y la
lámpara mágica” para él.
Antes de que Charlie pudiera deshacerse ante el estrés de estar en una
situación tan irreal, su mirada viajó más allá del Jinn flotante y la alfombra
mágica y se amplió ante la vista de las montañas brillando verdes bajo el
sol. Ahora, eso era asombroso, lamió sus labios casi con avidez, la
necesidad por las esmeraldas casi sobrepasando cualquier posible
humillación que había sentido antes.
Un cosquilleo de conciencia se arrastró hasta su cuello mientras caminaba
hacia el centro y miraba a su izquierda sólo para trabar su mirada con unos
ojos de color cambiante. Una preocupada Ari le ofreció una trémula
sonrisa mientras se sentaba en la primera fila, los círculos oscuros bajo sus
ojos le decían que había estado despierta durante horas, probablemente
a causa de la ansiedad por el día de hoy. Una oleada de calidez inundó su
pecho y le ofreció una sonrisa tentativa, sintiéndose mejor sólo por tenerla
allí. La sonrisa se deslizó de sus labios cuando su mirada tropezó con la
persona sentada demasiado cerca de ella.
Jai.
30
Le ofreció al Jinn un frágil asentimiento y volvió de nuevo el rostro al frente.
Todo se sentía tan surrealista, tan acabado, su visión parecía ir y venir. Un
pequeño escenario redondo estaba en el centro y el Shaitan lo instó hacia
él. El Rey Rojo estaba a su izquierda y le dio a Charlie un brusco
asentimiento de aliento. A su derecha había un Jinn casi tan alto como
Rojo, su cabeza rapada brillando en el sol invernal. Como Rojo, parecía
vestido para el deber con pantalones de cuero negro, brazaletes de oro,
muñequeras doradas, y un torque1 alrededor de su cuello.
Las joyas brillaban en sus dedos y en sus orejas. Sus ojos negros perforaron a
Charlie con un peligroso odio, y Charlie miró rápidamente lejos del que
asumía era el Rey Brillante, sólo para encontrarse cara a cara con la vida y
la muerte misma. El poder del Jinn delante de él casi lo hizo volar de nuevo
fuera de sus pies. Charlie se sintió congelado bajo la oscura mirada del
Jinn. El Jinn era enorme, incluso sentado en su trono de mármol negro. Su
largo cabello blanco plateado estaba perfectamente inmóvil alrededor
de su cara a pesar de la suave brisa que parecía susurrar a través de todos
los demás. Vestiduras de seda turquesa caían en una cascada a su
alrededor. Su poderoso torso estaba desnudo bajo las vestiduras mientras
que sus largas y poderosas piernas estaba envueltas en el mismo cuero
negro que Rojo y los demás Reyes de los Jinn.
Este era Azazil, el Sultán de todos los Jinn.
Charlie no necesitaba que se lo dijeran.
El Sultán le sonrió con descaro y Charlie parpadeó, sin estar seguro de si vio
bien o no. El parpadeo desvió su mirada a la izquierda de Azazil y
rápidamente miró lejos del enorme y joven Jinn de cabello oscuro que
estaba mirándolo como si estuviera a punto de comérselo.
Pasos interrumpieron los frenéticos pensamientos interiores de Charlie y miró
hacia abajo para ver a Rojo aproximándose a él.
—Charlie. ¿Cómo estás?
Se encogió de hombros, pretendiendo indiferencia.
—Estoy soportando.
1
Torque: Es un collar de origen celta, que queda abierto y con adornos en los extremos.
31
—Estaré defendiéndote hoy contra mi hermano, el Rey Brillante. —Señaló al
Jinn con la cabeza rapada.
Charlie asintió.
—Muy bien.
Suspirando, como si ya estuviera cansado del juicio, Rojo asintió con la
cabeza hacia el Jinn del pelo blanco y su compañero.
—Este es el Sultán Azazil. Está acompañado hoy por su lugarteniente, el
Príncipe Asmodeus.
Charlie resistió el impulso de morderse la piel alrededor de su pulgar como
hacía cuando estaba sentado en un examen.
—¿Es el Sultán… tú sabes, el juez?
—No. Azazil vela por el juicio. El Marid.
Rojo señaló a un hombre alto y delgado que estaba sentado en una
aburrida posición despatarrado justo al lado de Ari.
—Su nombre es Adeel: el justo, el sabio.
—Parece aburrido.
—Bueno, el juicio no ha comenzado aún.
—¿Así que Azazil no tiene voz en esto?
Rojo asintió en garantía y por alguna razón el conocimiento de que el
voluble y francamente, demente, Sultán no tomaba parte en el resultado
de su juicio hizo a Charlie sentirse mejor, demente o no, el tipo era
todopoderoso.
Disparó otra mirada rápida a Azazil.
—¿Tengo que inclinarme o algo?
Rojo sonrió con suficiencia.
—Sólo cuando estás absuelto.
32
—Ooh, me está gustando la confianza.
Charlie se frotó las sudorosas manos en los vaqueros.
—La confianza es la clave.
Riéndose, Rojo asintió y se retiró.
Tomando una profunda y controlada respiración, Charlie intentó no dejar
que sus piernas temblaran de nuevo. Iba a pasar por esto. Hoy no se sentía
como el día en el que iba a morir.
¿Verdad?
Ari observaba mientras Charlie era conducido al anfiteatro por los Shaitan,
y su estómago casi tocó fondo. Pareciendo sentir su ansiosa mirada,
Charlie se dio la vuelta y captó su atención. Le ofreció una sonrisa
tranquilizadora y él se la devolvió antes de ofrecerle a Jai un brusco
asentimiento mientras se dirigía hacia el centro del piso.
—Me siento enferma —le murmuró a Jai, presionando su muslo contra el de
él buscando consuelo.
Inmediatamente su piel hormigueó, como pequeñas agujas incómodas
por toda su cara. Su corazón dio un vuelco literalmente cuando levantó la
mirada y encontró a Azazil sonriéndole, y a Asmodeus mirándola con una
expresión sin emoción pero de algún modo concentrada. Tragó saliva y
luchó para contenerse de enterrar sus manos en el brazo de Jai.
¿Crees que me oye? Azazil, quiero decir. Mira el modo en que me está
mirando.
Probablemente, contestó Jai suavemente, Sólo apeguémonos a la
telepatía mientras estamos aquí, ¿vale?
Sí. Vale. Hizo caso omiso de la aterradora atención de Azazil y Asmodeus y
miró de nuevo a Charlie. Estaba tiritando en el invierno del reino y Ari se
preguntó amargamente por qué, si iba a pedir el deseo idiota de ser un
33
Sorcerer, no podría haber conseguido la ingeniosa temperatura templada
como parte del acuerdo. Debería haberle comprado un jersey o algo.
Jai presionó su pierna de nuevo contra la de ella, atrayendo su atención.
¿Has pensado acerca de lo que vamos a hacer si Rojo no gana esto?
Amando que usara el “nosotros”, Ari quiso apoderarse de su mano con la
de ella, pero con Azazil mirando y la advertencia de Rojo antes, se las
arregló para contenerse de buscar consuelo en el tacto de Jai.
Honestamente no lo sé.
Ari, Estaba usando su voz de “soy mayor, más sabio y un guardián”, ¿No
estás pensando en usar tu poder, verdad? Ese es un deseo de muerte.
No lo sé, Jai. Sólo sé que no puedo dejarlo morir.
Sintió su cuerpo tensarse junto a ella.
No te preocupes, sus palabras fueron suaves y persuasivas, Mi poder es el
último recurso. Hablaré primero. A pesar de todas sus maneras retorcidas,
el Jinn cree en el honor y la defensa de sus leyes. Bueno, el hijo de Brillante
me atacó, a una sangre pura. Iba a matarme, un crimen castigado con la
muerte. Veamos a Brillante hablar para tratar de salirse de esto.
Después de un segundo, sintió a Jai relajarse, su brazo rozando el de ella
de un modo que envió hormigueos inapropiados disparándose en lugares
inapropiados. Sus ojos cayeron a su mano que estaba hecha un puño
encima de su muslo. Lentamente, sus dedos se desplegaron y se relajó,
creyendo en ella. Tenía buenas manos, pensó, fuertes pero gráciles. Sólo la
visión de ellas le dio un hormigueo también.
Ruborizada, Ari estuvo contenta por la distracción cuando el Rey Brillante
habló a la arena.
—Damas y caballeros, estamos hoy aquí para traer justicia a mi hijo.
—Paseó por delante de Charlie, sus poderosos músculos flexionándose de
un modo que hizo a Ari tragar saliva por el bien de Charlie. Sus ojos
taladraron a su amigo con un odio amargo y le tomó todo lo que tenía
para no lanzarse a sí misma delante de él y esconderle de la vista de
Brillante.
34
—Este monstruo, este mestizo, aspirante a Jinn, mató a mi hijo a sangre
fría...
... A diferencia de cualquier juicio que Ari había visto alguna vez, Brillante y
Rojo argumentaron una y otra vez acerca de los acontecimientos que
condujeron a la muerte de Dalí sin verdadero sentido de la lógica, no hubo
ofrecimiento de pruebas para empezar. Simplemente asumieron que un
Rey de los Jinn tenía que ser creído.
El alegato era difícil para Rojo porque estaba intentando evitar la
participación de Ari en todo este feo asunto con un perfil tan bajo como
fuera posible.
—¡El caso no es acerca de lo que hizo mi hijo, Rojo! —bramó Brillante y Ari
se encontró a sí misma casi burlándose. Rojo e incluso su padre, Blanco,
estaban tan calmados y serenos que no pudo evitar admirar eso de ellos.
Brillante era impetuoso y llegó a ser petulante, infantil e indigno. Además,
estaba tratando de clavar a su mejor amigo en una cruz—. Este chico, este
escasamente Jinn, medio humano, asesinó a mi hijo. —Se volvió hacia la
multitud—. Una puñalada por la espalda, por favor.
La multitud jadeó ante eso, y Ari oyó los murmullos de ‘cobarde’ ondear a
través de la arena.
—Estaba a medio camino de asfixiar hasta la muerte a una cazadora del
Gremio. Charlie salvó la vida de la chica —gritó Rojo, tratando de atraer la
atención de vuelta, pero parecía no tener efecto.
Ari miró ansiosamente al Marid, Adeel, que estaba juzgando el juicio. Antes
parecía medio dormido pero ahora estaba sentado, estudiando a Charlie
cuidadosamente. Tragó duro, notando a Charlie flexionar sus manos,
viendo el temblor en sus dedos.
Sintió ganas de llorar por él.
—Si se me permite. —Una fuerte voz familiar sonó a su alrededor y todas las
cabezas se volvieron hacia donde Charlie había entrado antes.
Sorpresa y temor anticipado la congelaron en el lugar y sintió a Jai
presionarse más cerca de ella mientras el Rey Blanco obtenía la atención
35
de todos. Con la cara en blanco, paseó hacia el centro del anfiteatro y se
dirigió a Adeel.
—Tengo un testimonio que hacer en favor del acusado.
Hubo más jadeos, incluido el de Ari.
Adeel inclinó la cabeza ante el Rey Blanco.
—El Rey Blanco tiene permitido por supuesto ofrecer su versión de los
hechos.
Los ojos de Ari se trabaron con los de Charlie cuando su cabeza se giró
hacia ella, sus ojos interrogándola silenciosamente. Ella sacudió la cabeza,
dejándole saber que no había organizado esto.
—¿Qué estás haciendo, Blanco? —preguntó Brillante en voz baja, toda su
pose desinflándose bajo la mirada de su hermano.
Blanco no le contestó. Miró a través de él y luego se volvió hacia la
multitud.
—Este juicio es irrelevante. Si Charlie Creagh no hubiera matado a Dalí, hijo
de Brillante, Dalí mismo estaría aquí enfrentándose a la inevitable muerte
por secuestro y tortura, con intento de muerte, a mi hija Ari Johnson. —La
miró en la multitud y ella sintió elevarse los murmullos y caer las miradas
sobre ella—. Mi hija es una Jinn pura sangre.
“¿Puede ser? ¿Es de Sala, la hija del Ifrit?”
“¿Pura sangre? Debe ser la hija perdida de Sala”.
El nombre de su madre rebotó alrededor de la arena, y la mirada temerosa
de Ari encontró la de Rojo. Su expresión era siniestra. Ahora todos sabían
quién era ella.
Este era sólo el principio.
—¿Qué dices, Sabio Adeel? —continuó Blanco y Ari arriesgó una mirada
hacia Azazil. Estaba mirando al Rey Blanco con diversión. Un ardor en las
mejillas de Ari atrajo su mirada hacia Asmodeus y para su temor encontró
que su mirada estaba aún sobre ella, no en los procedimientos.
36
Moviéndose ansiosamente bajo su atención, Ari rápidamente miró hacia
otro lado, y hacia Adeel.
—¿Está diciendo que Dalí fue asesinado porque estaba tratando de
asesinar a su hija pura sangre, Su Majestad?
—El Rey Rojo y yo tuvimos que obtener a la fuerza el paradero de Dalí del
Rey Brillante después de enterarnos de que se la había llevado.
El asombro recorrió la audiencia Jinn y Adeel frunció el ceño.
—¿El Rey Brillante estaba permitiendo de buena gana la tortura de un pura
sangre por parte de un mestizo?
—Sí —contestaron Blanco y Rojo al unísono.
Ante el inmediato gruñido desde la dirección de Brillante, Ari sintió su
estómago voltear con alivio y dejó caer los hombros. Adeel se puso de pie
y se dirigió al Sultán.
—A partir de los testimonios de dos Reyes de los Jinn, no tengo más
elección que permitir a Charlie Creagh volver en libertad al reino mortal, Su
Majestad. Uno: mató a un mestizo. No hay leyes contra los mestizos
matándose unos a otros. El hecho de que el mestizo fuera una Persona
Real ciertamente podría haber influido en la decisión de otro modo, pero
ya que ese mestizo Real habría sido ejecutado por sus crímenes contra una
pura sangre, no tengo influencia. Ninguna ley fue violada por parte de
Charlie Creagh. No veo razón para continuar el juicio, Su Majestad.
Azazil asintió y con un grito de indignación, Brillante huyó en el Peripatos.
Aturdida de que hubiera terminado tan abruptamente y de que el Rey
Blanco hubiera hecho lo que había dicho que haría sólo si Ari se acogía a
su voluntad, Ari sólo podía mirar mientras la multitud de Jinn se iba, algunos
más a regañadientes que otros mientras miraban a Ari, esperando que
hiciera un movimiento. Sí, habría cotilleos ahora.
Tratando de hacer caso omiso de ello, de enfocarse en lo que importaba,
levantó la mirada para buscar a Charlie. Estaba de pie al lado del Rey
Rojo, sonriendo hacia ella con agotamiento y alivio.
37

Tu dulce crueldad…
Traducido por Kira.godoy y Maru Belikov
Corregido por Akanet
ilbidos y chasquidos llenaron el anfiteatro y brillantes ráfagas de fuego
explotaron aquí, allá y en todas partes, como fuegos artificiales en la
víspera de año nuevo mientras los Jinn vaciaban el anfiteatro con
pública poca satisfacción por el juicio siendo cancelado. Ari aún podía
sentir el hormigueo en la base de su cuello por los Jinn mirándola fijamente
mientras se marchaba, su curiosa especulación causando que su corazón
corriera con más preocupación. La última cosa que necesitaba ahora
mismo era ser cazada por alguien más. Tratando de hacer caso omiso de
su inquietud Ari le lanzó una mirada aliviada a Charlie y pasó una mano a
través de la de Jai, silenciosamente diciéndole que la siguiera mientras se
dirigía a través del extraño suelo de vidrio que le recordaba el gran salón
en el palacio de Azazil. Tan pronto como alcanzó a Charlie, él la jaló en un
abrazo apretado, metiendo su mano en la curva de su cuello e inhalando
de ella. Él se estremeció de alivio e incómodamente Ari peleó con la
urgencia de consolarlo tanto como con la urgencia de apartarse a sí
misma de su abrazo, para que Jai no fuera a tener la idea errónea.
—¿Estás bien? —preguntó en su lugar, dándole palmaditas firmes en la
espalma antes de apartarse de su abrazo. Estudió la cara de Charlie
mientras daba un paso hacia atrás, al lado de Jai.
Charlie lucía agotado.
—Lo estoy ahora. —Sonrió débilmente y entonces cabeceó hacia Jai.
Jai cabeceó de regreso con cautela.
—Buen resultado.
—Sí.
S
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Un tenso silencio se esparció entre ambos y Ari disparó una mirada al Rey
Rojo quien estaba sonriéndole en respuesta con regocijo. Ignorando su
burla, Ari le envió un mensaje telepático. Seriamente te abrazaría justo
ahora pero tengo la sensación de que a Azazil no le gustaría eso.
Su tío sonrió. Buena decisión.
Otra sensación de conciencia hormigueó en la base del cuello de Ari y ella
se dio la vuelta para seguir la sensación, sólo para encontrarse con la
mirada del Rey Blanco. Ella estaba sorprendida de ver que la estaba
mirando como si fuera un complejo rompecabezas. Uno que estaba
determinado a resolver. Él asintió hacia ella, y luego dio un paso atrás de
regreso dentro del Peripatos. Frunciendo el ceño, Ari se volteó hacia su tío,
consciente de las miradas de los tres hombres sobre ella, esperando para
ver cómo iba a reaccionar ella ante la aparición de su padre.
—¿Por qué hizo eso? —le preguntó tranquilamente a Rojo—. ¿Por qué el
Rey Blanco ayudó luego de que me rehusara a ser chantajeada?
Rojo se encogió de hombros.
—Era una cosa de honor. No importaba tu respuesta, él siempre iba a
ayudar a liberar a Charlie porque eso molestaría a Brillante. Brillante
traicionó a Blanco cuando le permitió a Dalí ir tras de ti. Blanco no podía
dejar eso pasar sin buscar justicia.
—Quieres decir venganza.
—A pesar de lo que puedas pensar, algunas veces los dos son uno mismo.
Charlie le sonrió a Rojo.
—Traté de decirle eso a ella una vez.
—Entonces ustedes dos están equivocados. —Ari espetó y se deslizó incluso
más cerca de Jai. Charlie entrecerró sus ojos hacia ellos y Ari suspiró,
cruzando sus brazos sobre su pecho defensivamente—. No importa. ¿Lo
que estás diciendo es que no deberíamos estar agradecidos con el Rey
Blanco?
Su tío resopló ante la idea de eso.
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—No en su cara.
—Bueno, no me importa porque sólo estoy agradecido de ser libre —
respondió Charlie, frotando sus muñecas que lucían un poco sensibles. Ari
frunció el ceño. Esas argollas debieron haber sido pesadas. Ella se
estremeció ante el pensamiento de Charlie en esas argollas otra vez. Dios,
no había habido ninguna manera de convencerlo para que no se vengara
del Labartu. Seguramente, ese viaje al monte Qaf lo debía haber asustado
un poco. ¿Lo suficiente para hacerlo pensárselo dos veces?
Preocupada por él, Ari se estremeció.
—¿Podemos irnos? ¿Podemos regresar a nuestro mundo?
—Técnicamente este es tu mundo.
Una profunda, ruidosa voz anciana respondió y ellos se voltearon para ver
a Azazil de pie a centímetros delante de ellos, su gran figura fundiendo a
Ari en sombra. Ella trató de no sentirse intimidada, pero el Sultán se
mantuvo tan cerca que ella podía oler la fuerte esencia de cítrico y
granada que parecía persistir continuamente en su cabello. Podía sentir
esa poderosa onda de energía golpeándola otra vez, la que parecía
determinada a levantarla de sus pies. El orgullo la forzó a no tragar mientras
su mirada derivaba de los masivos hombros del Sultán de cabello blanco a
su teniente de cabello negro, Asmodeus.
Tan pronto como sus ojos chocaron con el Marid, una extraña necesidad
se apretó en su pecho, una familiaridad, un anhelo. Ella trató de suprimirla,
apartándola pensando en ella como algún tipo de consecuencia de los
sueños que había estado teniendo acerca de él. El hecho de que él no
apartaría esos pecaminosos ojos oscuros de ella, no estaba ayudando.
—Maestro. —Rojo inclinó su cabeza, y cuando Jai siguió el ejemplo,
también lo hicieron Ari y Charlie—. ¿Disfrutó el juicio?
—Bastante entretenido. Pero, qué es esta conversación acerca de ti
dejándonos tan pronto. —Azazil sonrió, un espantoso destello de dientes
que hizo a Charlie retroceder junto a ella—. Dejen que el chico tenga una
noche de diversión en el Monte Qaf. Tendrá algo de comida fina y sueño
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en una cama fina. Ustedes cenarán con nosotros esta noche, tendrán algo
de descanso y luego regresarán al reino mortal en la mañana.
Incluso mientras los hombros de Ari se encorvaron hacia sus oídos ante
desagradable invitación, oyó la voz de Rojo golpeando dentro de su
cabeza. Ni siquiera pienses en decir que no.
Vencida, pero pretendiendo otra cosa refunfuñó en respuesta. No soy
estúpida.
Tratando de mantener su expresión tan en blanco como fuera posible, Ari
levantó la mirada hacia el Sultán Azazil e inmediatamente peleó la
urgencia de tener arcadas por la manera en que él la miraba, como si
pudiera ver y entender sus mismas entrañas.
—Gracias por la invitación, Su Majestad. Estaríamos honrados de aceptar
su hospitalidad esta noche.
Complacido, Azazil sonrió e inclinó su cabeza antes de girar en sus talones
y dirigirse a través del anfiteatro con sus túnicas vaporosas detrás de él.
Asmodeus no se había movido. Miró a Ari resueltamente y ella sintió como
si él también estuviera tratando de examinar su interior. Jai movió sus pies,
sus ojos yendo de un lado para otro entre Ari y Asmodeus inseguramente.
Finalmente, justo cuando los ojos de Jai se entrecerraron y su cuerpo se
tensó, Rojo dio un paso delante de ellos y se puso cara a cara con
Asmodeus.
—¿Hay algo que necesite, teniente? —le preguntó tranquilamente, con el
acero irrompible en sus palabras que Ari tanto admiraba. Asmodeus apartó
su mirada de Ari lo suficiente para lanzarle a Rojo una mirada desdeñosa.
—No. No hay necesidad… —Y con ese enigmático comentario le lanzó a
Ari otra mirada antes de hacer su camino tras Azazil lentamente.
Rojo se volteó y la volvió a mirar, sus ojos entrecerrándose a modo de
pregunta.
Ari sostuvo sus manos arriba en modo de defensa.
—No sé de qué diablos se trataba eso. Lo juro.
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Disgustado, su tío giró completamente para mirar ferozmente a Jai.
—Recuerdas lo que te dije. Me llamas si él viene a algún lugar cerca de
ella.
—¿Qué es lo que él quiere con ella? —La voz de Jai se había vuelto
terroríficamente baja y de pronto Ari sintió la inusual viscosidad de sudor en
sus palmas. Ella estaba asustada. Dios, quería salir rápidamente de aquí.
—No lo sé.
—Espera, ¿qué fue lo que me perdí? —Charlie preguntó bruscamente—.
¿Qué diablos es lo que ese atemorizante tipo quiere con Ari? El modo en
que la estaba mirando, quería gol…
—Ni siquiera lo pienses —espetó Rojo—. Ninguno de ustedes. Ninguno de
ustedes es rival para Asmodeus.
Sintiéndome un poco sacudida mientras ellos regresaban a sus
habitaciones, Charlie ahora en una habitación dos puertas más abajo de
la de Jai, Ari odiaba separarse de ellos, pero Rojo había dicho que ellos
necesitaban alistarse para la cena. No fue hasta que ella puso un pie en su
habitación que se dio cuenta de lo que él quería decir. Esperando dentro
por ella había tres de las mujeres Shaitan de Azazil.
Ella hizo una mueca mientras ellas les decían que habían sido enviadas
para alistarla para la ocasión.
Su mueca no hizo nada para detenerlas.
Trabajando con tranquilidad y en sincronía, las tres hermosas Jinn de
cabello oscuro revolotearon alrededor de ella, tirando de sus ropas,
torciendo su cabello, y envolviéndola en la más suave tela roja que ella
había sentido alguna vez contra su cuerpo. Detuvieron su trabajo en un
semicírculo alrededor de ella, sus propios cuerpos estaban envueltos en el
más suave vinilo de cuero, ajustados pantalones amarrados a los lados, y lo
que Ari habría considerado una camiseta de tirantes de cuero apretaba
sus amplios atributos hacia arriba y hacia fuera audazmente. Ari casi se
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estremeció cuando hizo contacto visual con la que estaba aplicando kohl2
alrededor de los bordes de sus ojos. Los propios ojos de las mujeres Shaitan
eran de un morado brillante. ¿Acaso eran trillizas?
La fría mirada en la cara de la Shaitan frente a ella calmó a Ari de la
pequeña cantidad de resistencia que estaba haciendo.
Excluyéndolas, Ari se negó a pensar acerca de la cena a la que estaba
invitada esta noche. En vez de eso, lo puso a un lado y se concentró en lo
que podría hacer una vez que ellos dejaran el monte Qaf. Para Ari su futuro
era incierto. De acuerdo, sabía que su padre no estaba dispuesto a
renunciar a ella, y que podría amenazarla con su juego si no se entregaba
a él, pero aparte de El Rey Blanco no sabía quiénes eran sus enemigos. Y
había un noventa por ciento de posibilidad de que luego de hoy iba a
tener más enemigos. Pero, ¿qué tenía que hacer ella? ¿Sentarse en una
habitación en algún lugar y esperar para que ellos vinieran por ella? No.
De ninguna maldita manera.
Cazar a Dalí, entrenar con Trey y Jai, y luego con Fallon, la habían hecho
sentir como que tenía una oportunidad. Quizás no la tenía, pero si iba a
caer, ya había decidido que no iba a caer sin una pelea. Así que, ¿cuál
era su siguiente movimiento?
Ari pensó en Fallon y El Gremio Roe. Ellos estaban tan dedicados a su
trabajo y era un trabajo tan digno y honorable el que ellos hacían. Un
propósito tan bueno… significativo. Y Charlie… Charlie era mejor con los
Roes. De acuerdo, así que sí, le estaban enseñándole a usar la magia, pero
era controlado y… y al menos con ellos él no estaba bebiendo o usando
drogas. Quizás la influencia de los Roe podría quitar eso de él y dejaría su
propia caza y se uniría a El Gremio.
Ari se puso rígida. ¿Quizás eso era lo que todos ellos podrían hacer? Ella, Jai
y Charlie. ¿Podrían los Roes recibirlos en su grupo? ¿Por qué no?
Sintiendo una sensación de paz flotar alrededor de sus hombros, Ari sonrió
suavemente. Sí. Esa decisión se sentía correcta. Ella podría entrenar para
2 Kohl: Es un cosmético a base de hollín y otros ingredientes, usado principalmente por las
mujeres de Oriente Medio, Norte de África, África subsahariana y Sur de Asia, y en menor
medida por los hombres, para oscurecer los párpados y como máscara de ojos.
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ser una cazadora de El Gremio. Podría ser la cazadora en vez de la presa.
Y si ellos eventualmente venían por ella… bueno, podría estar lista para
ellos.
¿Y qué pasa con Jai?
Su corazón dio un pequeño alarido de angustia. Jai era un Ginnaye no del
Gremio. ¿Podría el dejar su tribu atrás por ella? ¿Era eso pedir demasiado,
muy pronto?
—Estás lista. —La Shaitan frente a ella la alejó de sus pensamientos
profundos y Ari tropezó un poco mientras era forzada a voltearse para que
pudiera ver su reflejo en el espejo de cuerpo entero que había sido traído
a su habitación. Su boca cayó abierta e inmediatamente quizo hundirse
en el suelo. El vestido le recordaba la visión que tuvo de Lilif una vez.
—No puedo usar esto. —Ari respiró, sintiendo sus mejillas volverse rojas.
Las Shaitan fruncieron el ceño y respondieron al unísono.
—Debes hacerlo. El maestro lo desea.
El maestro es un pervertido. Ari gruñó internamente, recordando que
técnicamente, el muy bien parecido Azazil era de hecho su abuelo.
Lanzando una insegura mirada hacia su cuerpo, Ari se pregunto si los
chicos habían sido disfrazados. Apostaba que no de este modo. Miró el
vestido rojo que se aferraba a cada una de sus curvas, el cuello suelto en
el escote mostraba mucho más de con lo que Ari estaba cómoda, y las
rendijas hacia arriba a cada lado mostrando sus piernas bronceadas todo
el camino hasta la mitad del muslo. Puños de oro con formas de serpiente
con ojos de rubí habían sido esposados alrededor de cada uno de sus
bíceps. Su cabello estaba despeinado y salvaje, cayendo hacia abajo
alrededor de sus hombros en rizos y su maquillaje era ahumado y seductor.
Lucía más adulta. No lucía para nada como ella misma. Y lo odiaba.
—Seriamente, tengo que…
Se detuvo mientras fuego explotaba tras de ella y se dio la vuelta mientras
Asmodeus daba un paso fuera del Peripatos.
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Ari se congeló mientras él hacía gestos con un chasquido impaciente de
sus manos para que las Shaitan se fueran, quienes lo hicieron en un apuro.
La advertencia de Rojo de que Ari no debía ser dejada a solas con el
teniente tomó el corazón de Ari y lo apretó, la respiración silbando fuera de
su cuerpo.
—¿Realmente estás dejándolos que se vayan? —preguntó Rojo
suavemente, sin desear enojar a su padre o hacerle pensar que estaba
cuestionándolo de alguna manera. Ya había empujado a Azazil lo
suficiente las últimas semanas. Espero pacientemente, mirando mientras
Azazil tomaba un sorbo del vino que una mujer Shaitan le había entregado
desde su posición en sus rodillas al lado de la enorme silla en la que el
Sultán estaba relajándose.
Ella era una de las cinco Shaitan que Azazil había cegado y ensordecido
antes de entrenarlas para servirle usando sus otros sentidos. De ese modo
podrían estar enteradas de todos sus asuntos secretos sin siquiera saberlo.
Ellas sólo estaban permitidas en sus cámaras privadas, sus cámaras
privadas que cambiaban de un día al otro. El día de hoy habían sido
decoradas en opulento oro y ricos borgoñas, cada pieza de mueblería
diseñado con un estilo rococó francés en mente.
Cuando su padre no dijo nada y simplemente cerró sus ojos, disfrutando el
más fino vino que la magia podía comprar, Rojo dio un paso hacia
adelante.
—¿Pensé que esto es lo que quería maestro? Ari. Aquí. Ese es el porqué me
hiciste cambiar el destino de Charlie, para volverlo un Sorcerer así él
encontraría su venganza, sería llevado a juicio y sentenciado a muerte.
Para traer a Ari aquí y entonces que no tuviera nada que la ate al reino
mortal.
Azazil suspiró con cansancio y extendió la copa de vino de regreso al
Shaitan a sus pies. Finalmente él miro a Rojo, su mirada reprimida.
—Casi me atrevería a decir que suenas acusatorio, hijo.
45
Rojo se movió incómodamente. Eso había sido exactamente lo opuesto de
lo que estaba tratando de ser.
—Por supuesto que no, padre.
Encogiéndose de hombros, Azazil jugó perezosamente con un anillo de rubí
en el dedo medio de su mano derecha, ya sea pretendiendo aburrimiento
o retratando real aburrimiento.
—Admito estar intrigado por Ari. Ella es pura de una manera que no he
visto en muchos de los de nuestro tipo y definitivamente no lo que
esperaba de una niña descendiente de un Rey Jinn y una Ifrit.
—Quizás porque ella fue criada como una humana.
El Sultán se rio.
—Sé que tienes una debilidad por la raza, pero créeme, hijo, cuando te
digo que los humanos son justo como nosotros, buenos, malos y todo lo
demás. Ellos simplemente no tienen nuestro poder. Gracias a las estrellas,
porque tampoco tienen nuestro autocontrol.
Él se detuvo y miró hacia Rojo, su mirada directa y penetrante.
—No, Ari es diferente. Me recuerda a los Ginnaye. Es una protectora
natural. No es para nada lo que hubiera esperado de ella… y aun así… es
exactamente lo que quiero de ella.
A pesar del legendario estatus de Azazil como el enigma más grande del
mundo, a Rojo le gustaba pensar que él sabía algunas cosas sobre su
propio padre. La mirada en su cara en ese momento era una de ellos. Se
estaba obsesionando con una idea. Rojo no sabía qué idea era, o cuál era
el propósito real de Azazil para proteger a Ari, pero sabía que su aparente
“pureza” tenía algo que ver.
Mejor para él entonces desengañarlo de la idea.
—Ari en sí misma puede ser pura pero son dos veces ahora que he
presenciado al Seal tratando de infectarla con su poder… la mitad más
oscura de su poder.
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El Sultán se pudo rígido y Rojo tuvo que sostener una sonrisa de suficiencia.
Bingo. El pensamiento de Ari siendo “pura” significaba algo para su padre.
Algo importante. Y la corrupción del Seal era un problema.
—¿En serio? Bueno… no es eso… interesante.
—¿Maestro?
Sacudiéndose así mismo, Azazil sonrió tranquilamente y volvió a tomar la
copa de vino de parte del Shaitan.
—Más razón todavía para observarla está noche. Asmodeus está
convencido de que hay algo entre Ari y su guardián. Si esto es cierto,
necesito verlo por mí mismo. Podría ser útil.
Intentando ignorar el extraño sentimiento que no quería etiquetar como
“pánico”, Rojo decidió que ignorar la sospecha de Asmodeus era la mejor
manera para lidiarlo. En lugar de eso pensó en Charlie y descubrió que eso
también incitaba su ira. Él aflojo su mandíbula, así su padre no lo vería.
—¿Y el propósito de Charlie? —preguntó suavemente, furioso de que
Charlie hubiera sido usado aparentemente para nada. Los juegos que Rojo
jugaba siempre tenían un propósito. Así es como él era capaz de lidiar con
algunas de las cosas más desagradables que tuvo que hacer desde que
conoció a Ari.
—Blanco inesperadamente lo salvó. —Azazil sonrió, completamente
entretenido por como las cosas se habían dado—. No importa. El punto
para él era matar el Labartu, uno de sangre pura. Allí no hay salvación
para él. O se muere intentando alcanzar lo que quiere o lo asesinamos por
su crimen. De cualquier manera lo quiero fuera de la imagen. No lo usamos
innecesariamente.
Su sonrisa se volvió afilada y cáustica. Conocedora. Rojo tembló, una vez
más preguntándose por millonésima vez si su padre era un lector de
mentes.
—Charlie debe morir por su propia estupidez. Recuerda, Ari no debe tener
ningún motivo para culparnos.
—¿Así que realmente les estás permitiendo irse mañana?
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—Por supuesto. ¿Por qué el apuro? Es lo más divertido que hemos tenido
en algún tiempo.
—Bueno, mírate —ronroneó Asmodeus, sus hermosos ojos oscuros llenos
con fría indiferencia. Ari se estremeció, quedándose en silencio, mientras él
empezaba a rodearla, su mirada recorriendo su cuerpo.
Tan rápido como había sido golpeada por el miedo, el sentimiento de
estar atrapada encendió el fuego oscuro enrollado en su pecho. Se
desplegó ante su cuidadoso estudio y repentinamente los tensos músculos
de Ari se relajaron. Asmodeus se detuvo como si hubiera notado el cambio
en Ari y ella inclinó su cabeza para encontrar su mirada. Sus ojos fijos y el
inexplicable sentimiento de familiaridad barrieron sobre ella otra vez.
Un dolor se fusionó en su interior, apretando su corazón. Se sentía atraída
hacia Asmodeus. Como si… como si lo conociera de alguna manera.
—Eres diferente. —El susurro silencioso de las palabras de Ari hicieron su
mirada afilada.
—¿Qué quieres decir?
Desorientada y confundida por su propia conducta, Ari sacudió su cabeza.
—Yo… no sé por qué dije eso.
Frunciéndole el ceño, el peligroso Marid se detuvo frente a ella, su altura
haciéndolo estirar el cuello hacia atrás. El olor a cuero y picante la
envolvió, y Ari odiaba que no fuera un olor desagradable.
—¿Está el Seal tratando de controlarte, Ari Johnson?
Su perceptiva pregunta la hizo ahogarse en un jadeo y ella dio un paso
atrás. Deseaba saber si fue por su pregunta o su proximidad.
—Hace eso cuando siento que quizás esté en peligro.
Asmodeus se rió ante eso y ladeó su cabeza hacia un lado, su sedoso
cabello cayendo de sus hombros como una sábana de puro hielo oscuro.
48
—¿Crees que tienes que temer algo de mí?
—Creo, estando donde estoy, que tengo algo que temer casi cualquier
Jinn.
Él se tenso ante su respuesta, pareciendo sorprendido.
—Respuesta inteligente. —Y entonces frunció el ceño—. ¿Pero casi?
¿Quieres decir el Ginnaye? ¿Crees que no tienes nada que temer de Jai
Bitar? Porque… ¿Qué? ¿Lo amas?
Heladas estalactitas se formaron bajo el corazón de Ari y empezaron a
congelarla, miedo cayendo en su estómago. Se revolvió del frío y tomó
otro paso atrás alejándose del Teniente. ¿Cómo sabía él eso?
—No sé de lo que estás hablando.
Su ceño fruncido se volvió una mirada tan fría que la respiración de Ari
quedó atrapada otra vez.
—No me mientas.
Este hombre. A este Jinn… de alguna manera, Ari le temía más que a los
otros, a pesar de la fuerza de él. A pesar de su atractivo. A pesar del
sentimiento que evocaban todos los otros, este era un Jinn que de alguna
manera ella conocía. Seguramente ¿No estaba atraída hacia él? El
pensamiento la llenó con horror. Seguro él era hermoso… pero era
absolutamente escalofriante.
Mientras Ari pensaba de nuevo en Asmodeus, la mirada en sus ojos, la
espeluznante ira empezando a registrarse, y en lugar del miedo que sintió
hace unos pocos momentos, un extraño sentimiento de melancolía la
abrumó. La horrible rabia que dirigía hacia ella la hizo sentir como si
perdiera algo. Que él había perdido algo.
Como si no fuera más el mismo.
Ari dio un dudoso paso hacia adelante, ni siquiera consciente de su propio
cuerpo mientras recordaba sus sueños sobre Lilif y Asmodeus. En todos ellos
Asmodeus había parecido racional, sabio, y casi… amable. Él había sido
increíblemente paciente con su hermana, con la excepción del primer
49
sueño que Ari había tenido donde los dos trataban de golpearse el uno al
otro. O más precisamente cuando Lilif había estado intentando destruir a
Asmodeus. ¿Por qué? Y, ¿para qué? ¿Qué había cambiado a Asmodeus
en este… este retorcido, frío Marid como todos los otros que tenían fama
de serlo?
Ari quería tanto preguntarle pero preguntarle significaría decirle que había
estado soñando con su pasado con Lilif, y estaba segura de que era su
pasado. Los sueños se sentían como recuerdos. ¿Pero los recuerdo de
quién? ¿Los de Lilif o Asmodeus?
¿Y cómo diablos habían llegado a la cabeza de Ari?
¿Soy ahora un tipo de psíquica?
En ningún lado en el libro que Jai le había dado decía algo sobre el Seal
teniendo poderes proféticos o algo. Ella era lo suficientemente rara como
era… no quería volverse más rara.
Sacudiéndose a sí misma de sus pensamientos, Ari se dio cuenta de que
Asmodeus estaba allí de pie. Mirándola. Ella cruzó los brazos sobre su
pecho defensivamente.
—Tú todavía llevas el Seal. Bueno, pretendes hacerlo. —Ella asintió hacia
anillo colgando de la tira de cuero alrededor de su cuello.
Asmodeus lo tocó sin romper su mirada, sus largos, masculinos dedos
cepillando el antiguo anillo.
—Azazil así lo deseó. Él no quiere a otros cazándote.
Ari inmediatamente pensó en Dalí. ¿Le había dicho el Sorcerer a alguien
más sobre ella?
—Puede ser algo tarde para eso.
Los ojos de Asmodeus brillaron con violencia y su voz bajó en un estruendo
profundo.
—Oh, lo es.
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Miedo se disparó a través de ella, encendiendo la oscura masa en su
pecho otra vez y Ari sintió su piel volverse inusualmente caliente. Palabras
en forma de gruñido salieron de sus labios antes de que pudiera
detenerlas.
—¿Me estás amenazando?
—Advirtiéndote. —Se encogió de hombros, sus ojos muertos.
Furia por la amenaza abrazó todo su cuerpo y el calor era insoportable. Ella
arremetió, el poder del Seal crepitando en sus dedos. El aire en la
habitación se volvió eléctrico y un viento fantasmal se abalanzó a su
alrededor soplando el cabello de Ari.
—Tu amable advertencia es indeseada y poco sabia, Asmodeus.
Sorpresa transformó los rasgos de Asmodeus, su cara palideciendo, sus ojos
estrechándose.
—¿Lilif? —susurró él, una mano extendiéndose hacia ella.
Tan repentinamente como el Seal había tomado el control, la oscuridad
fue empujada de regreso, succionada por el vacío del propio control de
Ari. Todo su cuerpo temblaba mientras ella intentaba de reafirmar su
dominio sobre su propia mente y cuerpo. Parpadeó, temblando y agitada.
La sorpresiva pregunta de Asmodeus había traído de vuelta a Ari al control.
—¿Qué? —Ella respiró bajo total confusión.
—Tus ojos —gruñó Asmodeus y se dirigió hacia ella amenazadoramente—.
Cambiaron.
Ari se tambaleó hacia atrás y levantó las manos para protegerse de él, la
oscuridad despertando ante la nueva amenaza. Para su sorpresa, se
detuvo y lo mismo hizo la oscuridad.
—¿Cambiaron?
—Se volvieron oscuros. Marrón oscuro. —Él se movió otra vez la advertencia
de Rojo volvió a ella mientras Asmodeus la acorralaba contra la pared. Su
mano envuelta alrededor de su garganta para mantenerla en su lugar, sus
ojos ardiendo con furiosas preguntas.
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Aterrorizada de que su ataque le causaría que usara el Seal otra vez, Ari
usó la telepatía, buscando a Rojo. Rojo, ¡Te necesito! ¡Asmodeus está en mi
habitación!
Asmodeus apretó su garganta, cortándole el suministro de aire. Y entonces
de repente aflojó su agarre.
—Dime lo que sabes. —La empujó un poco y su cabeza golpeó contra la
pared—. Dim…
Fuego estalló detrás de él y Ari se hundió con alivio mientras Asmodeus la
dejaba ir para girarse alrededor y enfrentar al intruso. No intruso. Ari
encontró la molesta mirada de Rojo y se deslizó a lo largo de la pared lejos
de Asmodeus sólo para quedarse quieta ante la vista de Azazil. Él se
elevaba al lado del Rey Rojo, mirando a Asmodeus cuidadosamente. Su
mirada se encontró con la de Ari y sonrió políticamente.
—Luces encantadora, Ari. —Y luego se giró de regreso a su Teniente—.
Vamos, Asmodeus. Sabes que es poco caballeroso hacer una visita a la
habitación de una doncella sola. Dejemos a Ari alistarse antes de la cena.
Asmodeus bajó su mirada hacia ella como si estuviera considerando
desobedecer al Sultán. Ari le devolvió la mirada con recelo,
completamente desconcertada por su agresión hacia ella.
Finalmente él asintió y con una última mirada penetrante, Asmodeus se
giró y siguió a Azazil fuera de la habitación.
Ari se apoyó contra la pared mientras la puerta se cerró tras ellos.
—A él realmente no le gusto.
Su tío asintió.
—Quiero averiguar el porqué.
—¿Puedes?
—No si mi padre no quiere que sepa.
La cara de Ari cayó y le dio un asentimiento con entendimiento.
52
Rojo suspiró.
—Pero puedo intentar.
Gracias a los cielos por su tío, Ari le dio una sonrisa de agradecimiento
—Gracias.
Él sonrío en respuesta y le tendió el codo para que lo tomara.
—Luces hermosa por cierto. Igual que tu madre.
Ari parpadeó ante la mención de Sala.
—¿La conociste? —le preguntó suavemente mientras tomaba el codo que
le ofrecía.
La cara de Rojo se redujo a una perfecta inexpresividad.
—Hace mucho tiempo.
53

Deléitate con estas palabras antes de que el plato
sea retirado de la mesa
Traducido por Paaau
Corregido por Akanet
ún temblando por su encuentro con Asmodeus y desesperada por
mantener en secreto lo desconcertada que estaba para que así
Jai y Charlie no sospecharan que había sido acosada, Ari intentó
mantener su expresión serena mientras se acercaba a ellos. Estaban de pie
juntos al final del pasillo, en la salida de las habitaciones de Rojo en el
palacio. Parados junto a una ventana, el aire de tensión alrededor de ellos
era obvio, Jai miraba hacia afuera a algo que había atrapado su interés,
mientras Charlie miraba fijamente el piso.
Debo decir que no creo haber estado tan entretenido por un triángulo
amoroso desde las novelas de Meyer. Rojo rio, dándole a ella una mirada
sarcástica.
Ari puso sus ojos en blanco y lo golpeó amistosamente con su codo. ¿Por
qué no me impresiona que leas literatura paranormal juvenil?
Porque leo todo. Estaba particularmente encantado con la de la chica que
pelea en la arena con los otros tributos de los diferentes distritos… como
gladiadores de la antigua Roma. Era sangriento y muy entretenido.
Sonriendo, Ari negó con la cabeza.
—De nuevo, no me sorprende.
—¿No te sorprende qué? —preguntó Charlie y Ari se dio la vuelta para
mirarlo, sólo para sentir sus mejillas enrojecer bajo su mirada. Él estaba
mirándola como si nunca antes la hubiera visto, sus ojos parecían penetrar
la suave tela que la cubría. De nuevo, Ari luchó con la urgencia de
cubrirse. En cambio, lanzó una mirada ansiosa a Jai, quien ya no estaba
mirando aburrido por la ventana. Sus ojos estaban viajando por su cuerpo,
A
54
su mandíbula apretándose mientras llegaban a descansar en su rostro. Él
notó su sonrojo y dirigió una rápida mirada a Charlie, su ceño
profundizándose.
—No pedí vestirme así. —Ari se apresuró en asegurarle—. Aparentemente,
Azazil insistió.
Jai no parecía estar escuchando. Aún estaba mirando a Charlie, quien
finalmente se había dado cuenta de que lo habían atrapado mirándola.
Miró de forma extraña a Jai y le dio a Ari un asentimiento de cabeza
cuidadoso.
—Te ves bien —le dijo él con voz ronca.
Ari hizo una mueca mientras Jai cruzaba sus brazos sobre su pecho, sus
bíceps flexionándose amenazadoramente. Él estaba usando una
camiseta. Y pantalones. También Charlie.
—¿Qué demonios? —gruñó ella, señalando su atuendo—. ¿Por qué no
están vestidos con trajes ridículos?
El Rey Rojo carraspeó.
—No fue requerido para ellos.
—¿Sólo yo? —se burló Ari, sintiéndose desnuda—. ¿Por qué?
—No lo tomes como un insulto, Ari. Fue hecho como un cumplido. Sugiere
que Azazil piensa en ti como uno de los suyos. No fue para ofenderte.
Aunque —volvió a mirar su apariencia y frunció el ceño—, pensándolo
bien, es un poco revelador.
—¿Un poco? —espetó Jai.
Ante el sonido de disgusto en su voz, Ari lo miró furiosa.
—¿Así de mal me veo?
Él frunció el ceño.
—No. Todo lo contrario.
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—Amigo, ella puede usar eso si quiere —interrumpió Charlie, frunciendo el
ceño ante la actitud posesiva de Jai—. No eres su vigilante.
El guardián Jinn le dio una mirada peligrosa.
—Simplemente mantén tus ojos pegados a tu cabeza, niño.
—Niño…
—Oh por Dios —les susurró Ari—. Ahora no es el lugar ni el momento. Estoy
vestida como una extra de Cleopatra y aunque no puedo sentir el frío,
estoy congelándome de vulnerabilidad, así que, ¿pueden simplemente ser
mis amigos, callarse, ir a cenar y comportarse lo mejor posible para así
poder largarnos de aquí rápidamente y que pueda regresar a mis
pantalones?
Hubo un silencio atónito por un momento y luego Rojo suspiró.
—Bien dicho. Vamos a hacer esto.
Jai dio un paso al lado mientras Rojo guiaba a Ari más allá de ellos,
quedando en la parte trasera y actuando tan guardián como siempre. Ari
tembló, sintiendo su mirada en su espalda. Parte de estaba enfadada con
él por actuar como un idiota cuando ya se sentía tan expuesta… pero
suponía que estaría igual si alguien lo tuviera desfilando sin camisa en
frente de muchas otras mujeres.
Si te hace sentir mejor, también desearía no estar vestida así. Le habló a él
telepáticamente, mientras sus ojos paseaban por las ventanas que
pasaban. Fuera, un enorme mercado estaba iluminado en los terrenos más
bajos del palacio. Difícilmente había alguien ahí ya que la noche había
caído en el Monte Qaf, pero Ari aún podía ver a vendedores vagando
alrededor, junto a sus puestos. Era tan normal para un lugar tan… extraño.
Y aterrador.
Escuchó a Jai suspirar en su cabeza y se relajó un poco ante el sonido. Lo
sé. Esa es, en parte, la razón de por qué también estoy molesto.
Y por la pierna y el escote, ¿verdad?
56
Él gruñó. Sólo porque no estamos solos. El vestido no es realmente tú,
pero…
¿Pero?
Te ves realmente hermosa.
El interior de Ari se derritió, sus músculos relajándose mientras se acercaban
a una gran entrada y cuatro Shaitan vigilaban la puerta doble más alta
que alguna vez hubiera visto en su vida.
Gracias.
De nada. Lo siento. Por lo de antes.
No lo estés. También me molestaría si fuera al revés. Le dio a Jai una sonrisa
tímida mientras él llegaba a su lado. La miró apreciativamente, pareciendo
un poco sorprendido por su entendimiento.
—Ejem —carraspeó Rojo deliberadamente, atrayendo su atención de
regreso a las puertas. Ari evitó la mirada curiosa de Charlie y esperó
mientras las puertas dobles se abrían lentamente hacia adentro, la
confusión en el gran salón haciéndose evidente y más vívida cuando la
entrada se ampliaba. Desde la última vez que había estado ahí, cálidos
tapices rojo sangre habían sido colocados en medio de cada pared, la
iluminación había disminuido a luz de velas y ahora, una larga mesa
estaba en el centro de la habitación, montones de comida esperando por
ellos. El estómago de Ari gruñó un poco y ella se dio cuenta de que no
había comido en todo el día. De pie junto a la cabecera de la gran mesa,
estaba Azazil. Con la excepción de cientos de Shaitan quienes hacían
guardia en cada lado de la habitación, el Sultán estaba solo.
Sin Asmodeus.
Ari lanzó un suspiro de alivio.
—Bienvenidos, invitados —resonó la voz de Azazil por la habitación—.
Vengan, siéntense. Hagamos un banquete en celebración.
Azazil hizo muchas preguntas. Banales, del día a día, preguntas
indagatorias con las que sabía que estaba haciéndolos retorcerse
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incómodamente, temerosos de que la próxima pregunta podría ser incluso
más personal que la anterior. Ari apenas miraba la comida en frente suyo y
solamente había comenzado a mordisquear las deliciosas tapas de pollo
luego de que Rojo le diera una mirada intencionada.
Pareciendo que por el momento se había terminado, luego de interrogar
intensamente a Charlie acerca de cuál pensaba él que era la mejor
cerveza, Ari intentó dirigir la conversación.
—Sus juicios son tan distintos a los de los humanos, Su Majestad. Estuvo lleno
de sorpresas.
Azazil le sonrió.
—Sí. Son más entretenidos.
—¿Cómo funciona exactamente?
Rojo le frunció el ceño.
—¿A qué te refieres?
—Bueno, ¿cómo puedes saber cuando alguien ha roto la ley? Dijiste que
sabías cuando alguien lo había hecho, que los buscabas y los arrastrabas
de regreso aquí. ¿No entiendo cómo funciona eso?
—Ya veo. —Asintió su tío—. Hay Jinn en este reino, cuyos únicos poderes
crearon la ley. Los Creadores de la Ley. La magia es compleja… —Frunció
el ceño, pensando—. Estoy intentando pensar una forma de describírtelo…
Está bien… Piensa en ello como una barrera, una barrera creada por los
Creadores de Ley que está en sintonía con lo que consideramos bueno y
malo. Cuando alguien rompe la ley, es como si golpearan en la barrera y
los Creadores de la Ley sienten la vibración del impacto. Pueden rastrear
esa vibración de los infractores a escasa distancia de donde cometió el
crimen. Desde ahí, es cosa de intentar rastrear al criminal a través de sus
poderes o encontrar a otro Jinn que conozca su paradero. Esa es la razón
de por qué es más difícil rastrear a un mestizo, especialmente un Sorcerer
con una Esmeralda, porque la magia está diluida y basada en un trozo de
roca en vez de ser parte de ellos. La magia de un Jinn es como una firma.
Entre menos Jinn eres, más débil es la firma. Los mestizos son una prioridad
para los Creadores de Ley. A pesar de lo que se les ha dicho a todos, los
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Jinn pura sangre raramente son juzgados por matar a otro, pero la
amenaza contra la ley ha disminuido. Si…
—¿Escuché que habías tenido problemas en uno de tus pueblos, hijo? —lo
interrumpió Azazil.
¿Uno de sus pueblos? La curiosidad de Ari en la información de Rojo,
rápidamente se transformó en curiosidad por Rojo. Como sintiendo su
mirada interrogadora, Rojo le sonrió.
—Cada Rey Jinn tiene su propio estado en el Monte Qaf. Yo reino sobre el
estado de Madani. —Se giró hacia Azazil—. Hubo un Jinn que creyó poder
sacar esmeraldas de la Montaña sin licencia. Creo que algunos pensaron
que mi preocupación por los negocios Reales y mi ausencia, significaba
que, de alguna forma, no me enteraba de todo lo que sucede en mi tierra.
Su padre gruñó.
—Necios. ¿Qué pasó con el ladrón?
—Robé una gran porción de su esencia y lo desterré del reino.
—¿Robaste su esencia? —interrumpió Ari, rápidamente añadiendo—: ¿Su
Alteza? —Su tío no podía esconder su sonrisa ante su pretensión de respeto
hacia él para el beneficio de Azazil, pero Ari no estaba de humor para reír.
Lo que fuera que Rojo había hecho, no sonaba como un castigo ligero y el
pensamiento de él siendo cruel y autocrático en cualquier forma, la hacía
sentir enferma. Ella necesitaba que fuera diferente de Azazil y su padre.
Qué tan diferente, era algo que aún no había resuelto. ¿Era capaz de
confiar en él incluso cuando hacía cosas como robar la esencia de
alguien?
—¿Su esencia? —preguntó ella suavemente, necesitando más
información.
Rojo se volvió pensativo y serio.
—Un Jinn muy poderoso puede extraer la esencia de un Jinn menos
poderoso. Su esencia… así como su poder y lo que los conectada a la vida
y al equilibrio. Podemos tener la esencia atrapada en una botella o
colocar la esencia en otro Jinn.
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—¿Cómo es posible? —Ari le dio a Jai una mirada preocupada.
Él se encogió de hombros.
—No lo sé. Ni siquiera sabía que era posible.
—Como dije —suspiró Rojo antes de tomar un sorbo de vino—, sólo los
realmente poderosos pueden hacer esto. Algunas veces, incluso se
necesita a dos poderosos…
—Estoy aburrido —interrumpió Azazil, su mal humor creciendo—. Pasemos
al postre. —Movió una mano enjoyada hacia los sirvientes, quienes se
apresuraron a limpiar sus platos y Ari luchó contra la mueca que estaba
determinada a arruinar su expresión. Quería saber más acerca del asunto
de la esencia robada.
—Así que, Charles —murmuró Azazil mientras Awamet era puesto frente a
él. Hizo una pausa por un momento mientras miraba la dona como un niño
viendo su primer dulce. Ari nunca había conocido a nadie tan
contradictorio en toda su vida. Sonriendo un poco, la mirada de Azazil
regresó a Charlie.
—¿Qué se siente tener sangre en tus manos?
Sí, eso era más como él.
Ari envolvió sus dedos alrededor del mango de su cuchara, mordiendo su
lengua con la esperanza de evitar insultar al Sultán.
Mirando a Charlie cuidadosamente, estaba sorprendida de ver que él no
se sobresaltó ante la pregunta de Azazil.
En cambio, se encogió de hombros, mordiendo una dona y tragando
tranquilamente
—Imagino que es un sentimiento con el que estás familiarizado, Sultán
Azazil.
Mientras un espeso silencio caía sobre la mesa, Ari frunció el ceño, su
corazón subió hasta su garganta mientras esperaba a ver cómo
reaccionaría Azazil a la impertinencia de Charlie.
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Finalmente, después de lo que pareció por siempre, el Sultán dejó salir una
forzada y poco natural risa, que la hizo temblar de miedo. Sus oscuros ojos
se estrecharon hacía su amigo mientras la risa finalizaba abruptamente.
—Creo que me agradas, Charlie Creagh. —Su mirada se volvió
calculadora—. Ciertamente.
Ari intentó relajarse pero el resto de la comida se sentó tensa, frenando su
instinto natural de tomar a Jai y a Charlie y alejarlos del Monte Qaf.
61

Es una vieja clase de magia en besos y destellos
Traducido por Vanehz & MewHiine
Corregido por Clau12345
o sabía qué lo había poseído para actuar tan poco serio con el
Sultán, pero Charlie se estaba arrepintiendo ahora. Sentado en el
borde de la cama en la suite de invitados que Rojo le había
asignado, deseaba como el infierno que simplemente lo hubieran dejado ir
ya. La forma en que Azazil lo había mirado a lo largo de toda la comida lo
había vuelto loco, a pesar de que tratara de esconderlo lo mejor que
podía. Ari estaba enojada con él. Lo sabía. Lo podía sentir viniendo de ella
en olas mientras dejaban el comedor y eran conducidos de regreso a sus
habitaciones por Rojo. Si ya no lo hubiera adivinado por la mirada furiosa
de incredulidad que le había seguido disparando, ciertamente lo habría
sabido cuando se detuvo en la puerta de su suite y dijo:
—Trata de no decir nada estúpido a las paredes cuando entres en tu
habitación ¿De acuerdo? —Entonces se había encerrado dentro de su
propia habitación dejándolo humillado en frente de Jai y Rojo. La mirada
de disgusto que Jai le había dado no era nueva, así que Charlie trató de
no dejar que le molestara demasiado. En su lugar giró y caminó
casualmente dentro de su habitación como si no le preocupara el mundo.
Le preocupaba.
La noche entera había apestado.
Primero Ari apareció en ese atuendo que… Jesucristo… que atuendo.
Respiró, sintiendo los celos girar en feos nudos en su pecho. Cada vez que
la veía, recordada que ya no era suya y eso le quitaba el aliento. Incluso
cuando había estado alejándola, siempre había pensado en ella como
suya, porque había estado tan determinada a ser suya. Charlie suponía
que siempre había pensado que en algún punto terminarían juntos. Ahora
parecía que iba a terminar con Jai el chico Jinn, y miraba a ese chico de
una forma en que nunca había mirado a Charlie.
N
62
Entonces ¿Qué hacía? Sacaba su furia en el único ser en todo el mundo
que podía freír su trasero con sólo una mirada.
Qué inteligente.
Sí. Se estaba volviendo más listo cada día.
Charlie gimió, enterrando su cabeza en sus manos. Necesitaba regresar a
casa. Quería ver a Jack y empezar a entrenar otra vez. Quería pasear con
Fallon y no pretender que no pensaba en tomar su venganza 24/7.
—¿Charlie? —La voz del Rey Rojo rompió a través de sus reflexiones, y
Charlie se congeló, sorprendido de oír la voz del tío de Ari al otro lado de su
puerta. Lentamente, curiosamente, se dirigió a zancadas hacia la puerta,
recordando que la última vez que él y el Rey Rojo habían hablado en
privado, había aceptado felizmente la oferta de un deseo. Algo de lo que
Ari aún no sabía. Charlie aplastó la culpa por eso, viendo cuánto Ari había
llegado a confiar en el Rey Jinn. Definitivamente habría dejado de confiar
en él si lo hubiera descubierto, y Charlie consideraba que Ari necesitaba al
Rey Jinn de su lado más de lo que necesitaba saber la verdad acerca de
dónde había venido su hechicería en primer lugar.
Abrió la puerta, haciéndose a un lado para dejar entrar al Rey. Rojo asintió
hacia él para que cerrara la puerta y Charlie lo hizo, mirándolo todo el
tiempo.
—¿Esto es sobre lo que dije en la mesa? Porque sé que fui un idiota.
—Eso fue estúpido —acordó Rojo—, pero creo que no cambiará la…
opinión de Azazil sobre ti.
No estaba seguro de que le gustara el énfasis que Rojo había puesto en la
palabra “opinión”, Charlie cruzó sus brazos sobre su pecho
defensivamente.
—Entonces, ¿por qué estás aquí?
La habitación parecía crepitar con poder y Charlie quedó atónito cuando
oyó la voz de Rojo en su cabeza. Para darte esto, Rojo escarbó en su túnica
y cuando su mano regresó a la vista, estaba sosteniendo una cadena de
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plata. Y chispeando al final de ella en luz baja, estaba un colgante brillante
de pura esmeralda.
Los ojos de Charlie se ampliaron mientras su sangre vibraba y se aceleraba
por la piedra preciosa.
—¿Por qué? —susurró, incapaz de despegar sus ojos de ella.
Porque… vas a necesitarla. Te protegerá… cuando yo no pueda.
Estirándose por la cadena, Charlie sintió el poder surgir a través de él tan
pronto como la tocó, su cabeza volando hacia atrás con el impacto. Su
cuerpo entero tembló mientras el calor fluía por él de arriba a abajo, como
lava lanzando roca volcánica. Era tan abrazador que Charlie estuvo
sorprendido de que se sintiera bien en lugar de doloroso. Eventualmente se
detuvo y se rió entre dientes con maravilla mientras finalmente encontraba
la mirada de Rojo.
—Eso fue increíble.
Mantenla oculta —le advirtió Rojo—. Úsala solo cuando realmente la
necesites. Dice… si alguien trata de rastrearte por romper una ley.
La comprensión surgió y Charlie sintió una oleada de sobrecogedora
gratitud. Rojo sabía que Charlie no iba a renunciar a su venganza y en vez
de querer castigarlo por ello, estaba dándole la oportunidad de escapar
del castigo. La esmeralda podría hacerlo más poderoso. Le ayudaría a
evitar ser capturado.
—Gracias —respondió, esperando que Rojo pudiera ver cuánto significaba
para él.
De nada. Solo trata de seguir vivo. Eso significa no más comentarios
estúpidos en la mesa del comedor. Con una última mirada de reprensión,
Rojo salió de la habitación, dejando a Charlie con la tentación de la
esmeralda.
A pesar de que su brillo era como gotas de agua cristalina para un hombre
sediento, Charlie metió la cadena en su bolsillo. Debía ser inteligente esta
vez. La esmeralda era para después… después de que tomara su
venganza contra el Labartu que había matado a Mike.
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Ari hizo un giro y se volvió por decimoquinta vez golpeando la almohada
con frustración. No podía dormir. Su cerebro estaba demasiado ocupado.
Lo que Charlie había hecho en la mesa le molestaba demasiado. Era
como que el idiota tenía un deseo suicida. Y entonces estaba lo que
Blanco había dicho acerca de Azazil… cómo Rojo sólo era la marioneta de
Azazil y Azazil tenía una agenda. Había notado al Sultán cortando a Rojo
cada vez que estaba a punto de decirles acerca de los Jinn… como si
quisiera mantener a Ari ignorante. Se preguntaba si Rojo estaba en
problemas por decir demasiado. Esperaba que no. Estaba empezando a
creer, a pesar de la advertencia de Blanco, que su tío realmente quería
protegerla.
Y entonces estaba Jai.
Sabía que tenía enormes problemas justo ahora. Como todos esos Jinn hoy
averiguando quién era ella. Y además la evidencia constantemente en
aumento de que de alguna forma iba a tener que ser la jodida guardiana
de Charlie hasta que empezara a actuar como una persona cuerda otra
vez. Pero… estaba enamorada. Y no la chiquillada de amor de mejor
amiga que tenía por Charlie. Esto era potente, fascinante, quería tocar a
Jai todo el tiempo, no podía dejar de pensar en él por un segundo, quería
arrastrarse en su mente y cuerpo con un amor que de alguna manera se
robaba el aliento. Lo extrañaba. Yaciendo allí, al otro lado del pasillo de
donde él estaba, en realidad lo extrañaba físicamente.
Era esa chica.
Y Ari sabía que se suponía que debían mantener su relación por lo bajo,
pero ahora que Charlie se había dado cuenta, podía estar con su…
¿novio?... en privado sin sentir culpa. ¿Cierto?
Arrojó su edredón sin otro pensamiento. Ari conjuró sus jeans y una
camiseta sin mangas y caminó de puntillas fuera de su habitación. El pulso
en su cuello palpitaba y su corazón estaba golpeando contra sus costillas.
Jai, Estoy fuera de tu puerta.
No hubo respuesta. Ari esperó un segundo, sintiéndose deprimida. Debía
estar dormido.
65
Girándose para irse, Ari ahogó un jadeo mientras una mano fuerte salió
disparada de la puerta ahora abierta y tiró de ella hacia adentro. Jai le
sonrió mientras usaba su cuerpo para cerrar la puerta.
Desafortunadamente estaba completamente vestido.
¿Qué estás haciendo aquí?, preguntó, alcanzando un riso de su cabello
para meterlo tras su oreja. Ari tembló y se inclinó hacia su toque.
Como si no supiera por qué estaba aquí.
No podía dormir. Colocó sus manos gentilmente sobre su pecho, trazando
pequeños patrones sobre su camiseta y disfrutando de sentirlo bajo la
punta de sus dedos.
¿Duermes con esto?, preguntó ella dudosamente, mirando sus jeans.
Él caminó hacia sus manos temblorosas, cerrando la distancia entre ellos.
Su mirada caliente fijó a Ari a la puerta y ella deslizó sus manos hacia arriba
alrededor de su cuello para anclarse. Sus piernas estaban empezando a
sentirse temblorosas.
Me los puse cuando viniste a la puerta.
Sonrió ante su gesto caballeroso a pesar de que le decepcionaba su
modestia. ¿Entonces con qué duermes normalmente cuando no estoy allí?
Dejando de sonreír, Jai colocó ambas manos sobre la puerta a cada lado
de su cabeza, atrapándola. Estoy más interesado en saber con qué
duermes tú…
Y antes de que pudiera responder, bajó su cabeza, sus labios rozando los
de ella en movimientos seductores que hacían su boca temblar y sus
manos apretarse más alrededor de su cuello. Pareciendo determinado a
probar su implacabilidad, Jai trazó esos besos de mariposa a lo largo de su
mandíbula hasta que alcanzó su oreja. Sus dientes mordisquearon su lóbulo
y Ari gimió, sorprendida de que su oreja fuera un lugar tan sensitivo. Lo
sintió sonreír contra su piel y parte de ella quería quitarle la petulancia a
golpes, pero la mayor parte de ella estaba demasiado ocupada
disfrutando la sensual caricia como para preocuparse. Dejando caer la
cabeza hacia atrás contra la pared, Ari suspiró suavemente mientras Jai
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besaba el camino hacia abajo por su cuello. Cuando alcanzó su clavícula
se detuvo y se enderezó, sus brazos aun sosteniéndola contra la puerta. Sus
ojos se habían oscurecido a un ardiente esmeralda y su respiración era un
poco irregular. Presionó un suave beso en sus brazos.
Deberías regresar a tu habitación.
No. Protestó, deseando que su cabello fuera más largo para que pudiera
tener un agarre de él y mantenerlo allí. Quiero hablarte de algo.
Jai retrocedió, frunciendo el ceño. ¿Qué?
Ari iba a abordar el tema de regresar a trabajar para El Gremio, pero sus
ojos bajaron a su boca y esas palabras simplemente… se escurrieron fuera
de su cabeza. Queriendo un beso real, Ari lo llevó hacia abajo a su boca,
besándolo fuertemente y demandando que le devolviera el beso. Su tensa
sorpresa se derritió en un estremecimiento mientras la lengua de Ari tocaba
la suya y repentinamente estaba encontrando su demanda, su beso
lujurioso y desesperado mientras sus brazos se envolvían alrededor de ella
de forma que cada centímetro de ella estaba presionado contra él.
Y Ari quería estar aún más cerca.
No supo quién de los dos se movió, pero repentinamente tuvo el colchón
contra su espalda y el fuerte cuerpo de Jai apoyado sobre el suyo. Jai
rompió su beso frenético y una Ari sonrojada tomó aliento antes de urgirlo
a regresar a ella por más. El frenesí de su extensión finalmente se alivió en
largos, lánguidos y apasionados besos. Aprendieron el sabor del otro, el
olor, la sensación. Jai pasó una mano por su lado hacia abajo, su pulgar
haciendo cosquillas a un lado de su pecho, Ari jadeó en su boca con
excitación.
El ruido y su reacción a ello parecieron despertar a Jai y se arrancó a sí
mismo de ella, colapsando a su lado en la cama.
—Bien, tiempo fuera —susurró con voz ronca.
Ari gimió. Estropeas el deporte.
Riendo entre dientes, Jai sacudió la cabeza. Dijiste que querías hablar de
algo.
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Volteando a su lado de forma que pudiera mirarlo, Ari descansó su cabeza
en su mano y asintió reluctantemente, su cuerpo aún encadenado a la
tensión que había creado en su interior. Quería hablar de un par de cosas.
¿Como por ejemplo?
Si estás realmente bien con mantener nuestra relación en privado hasta
que...
Jai resopló. ¿Hasta cuándo? No sabemos cuánto tiempo durará esta
situación. Indefinidamente, posiblemente.
Bien, vamos a mantenerlo en secreto hasta que mi padre haga su próximo
movimiento. Y hasta que tú y yo hayamos pasado más tiempo juntos.
En privado.
En privado. Estoy intentando protegerte. No es que no quiera estar contigo
abiertamente, no hay nada que me gustaría más en el mundo que todos
supieran que te amo. Pero también tienes que pensar en tu familia y yo...
sólo creo que será mejor si esperamos para decírselo a la gente.
Jai jadeó en silencio un momento mientras miraba hacia el techo. Ari
esperó, tensa, con mariposas batallando con duendes en su estómago.
Quería ver si él había reconocido su segundo ‘Te Amo’.
Entiendo, respondió lentamente a medida que volvía a mirarla a los ojos, Y
probablemente tienes razón. Vamos a mantenerlo en secreto.
¿Y...? Ella no pudo evitar preguntar, molesta de que estuviera haciendo
caso omiso de esas dos palabras.
Jai frunció el ceño. ¿Y...? Pero ella vio un destello en sus ojos. Algo
desesperado e inquieto, y casi suplicante.
Después de un momento, Ari empezó a entender lo que significaba su
mirada... o lo que podía significar. Un dolor creció en su pecho por él y por
todo el dolor por el que su familia lo había hecho pasar. Habían
estropeado a Jai emocionalmente, pero Ari estaba determinada en que
sería la que los pondría de nuevo juntos. Relajándose para que él se
relajara, Ari extendió la mano para acariciar su mejilla. Él no era como ella.
68
Jai no era un libro abierto y esto era nuevo para él. Confiar en ella. Cuidar
de ella.
Él no estaba listo.
Y ella podía entenderlo por ahora...
Y, respondió en cambio, ¿Sobre nuestro próximo movimiento? Como has
dicho, no sabemos cuánto tiempo estará jugando a favor mi situación,
pero realmente me gustaría volver a El Gremio. Como cazadora.
Su guardián parecía permitirse captar esto y luego se sentó, apoyó los
brazos sobre las rodillas dobladas y se volvió a mirarla. Si es eso lo que
necesitas, iremos a hablar con Rojo. Estoy seguro de que El Gremio nos
ofrecerá refugio por un tiempo.
¿Nos?
Él sonrió. ¿Qué? ¿No me quieres contigo?
Aliviada, Ari meneó la cabeza. No sabía que querías. Quiero decir, eres un
Ginnaye.
No somos tan diferentes de El Gremio. Y esto no se trata de mí. Se trata de
ti. Si tú crees necesitas esto, entonces lo haremos por todo el tiempo que
quieras.
Ari lo necesitaba. Más de lo necesario. Pensó en Dalí y sintió un miedo
recorrer su interior. Tan sólo hacía dos días desde que él la había robado y
trató de usar su sangre para utilizar El Seal como suyo. Ari nunca antes se
había sentido tan impotente. Ni siquiera cuando su padre murió. Había sido
terrible y no quería volver a sentirse de esa manera nunca más. Un poco
más relajado vino a sentarse a su lado, Ari apoyó la cabeza en su hombro
y cerró los ojos mientras la beso en la frente. Tengo miedo. Reconoció y lo
sintió tensarse debajo de ella. Después de lo que Dalí me hizo, tengo miedo
Ari... Jai inspiró profundamente, su fuerte brazo se deslizó alrededor de sus
hombros y la empujó aún más cerca en su costado.
69
No quiero sentir miedo, Jai. Y no quiero ocultarlo. Quiero cazar Jinn como
Dalí y Pazuzu. Quiero el control de nuevo. Necesito tener el control de
nuevo.
Él pasó una reconfortante mano por su brazo. Entonces definitivamente
vamos a El Gremio.
Ari sofocó otro ‘te amo’ y en su lugar le dio un suave beso en el hombro.
Gracias.
Me gustaría parar en casa primero y explicarle a mi padre que me iré por
un tiempo. Quiero decirle adiós a Trey.
Trey. Ari palideció al darse cuenta de que estaba llevando a Jai lejos de su
mejor amigo. Jai, yo... tal vez deberías quedarte.
Él se apartó hacia ella, sus ojos eran incrédulos. Puedo vivir sin ver a Trey
todos los días, Ari. Pero no puedo vivir sin verte a ti cada día.
Ella se dio la vuelta en un instante. ¿Quién necesita un ‘te amo’ cuando el
chico caliente que amas te dice cosas así? Ari sabía que su sonrisa era
peligrosamente ancha. Te estás volviendo bueno en esto.
Riendo, un poco avergonzado por su confesión, Jai la abrazó más cerca y
se sentaron en un silencio perfecto y cómodo por un tiempo. Finalmente,
mientras sus ojos vagaban cerrados, él susurró en su mente. ¿Has tenido
más sueños?
El recuerdo de su sueño sobre Blanco y Lilif despertó a Ari de una sacudida
y se apartó para enfrentar a Jai mientras le decía todo lo que recordaba
del sueño. ¿Los reinos comenzarán a chocar entre sí, hasta que no haya
más que un polvo de desierto, si el equilibrio es completamente destruido?
Jai estaba horrorizado.
Eso es lo que Lilif le dijo a Blanco. Ella se encogió de hombros.
Estoy empezando a pensar que debes decirle a Rojo acerca de los sueños.
Podríamos estar perdiéndonos algo realmente importante. ¿Qué te
parece?
70
Sinceramente, no sé qué pensar sobre Rojo. Pero tienes razón. Puede ser
que esa sea la única manera de interpretar los sueños y descubrir por qué
los estás teniendo.
Ari asintió, sintiéndose un poco mejor ahora que había tomado una
decisión. Supongo que tengo que confiar en él.
Si te hace sentir mejor, creo que él realmente se preocupa por ti, Ari. Tú no
viste su reacción cuando Anabeth te golpeó con el Haqeeqah, o cuando
Dalí te tomó.
¿Tú crees? Preguntó incrédula.
Jai sonrió lentamente. Sexy. Eres un poco difícil de resistir.
No lo creías así hace dos segundos.
La respuesta de Jai fue empujarla de espaldas sobre la cama y empezar a
besarla quitándole el oxígeno. Ari abrió la boca, permitiéndole profundizar
el beso, saboreando los restos de la pasta de dientes de menta que debía
haber usado antes de prepararse para ir a la cama. Ari nunca creyó que la
pasta de dientes podría hacerla encenderse. Ella deslizó las manos por su
espalda, instándole más cerca, más profundo. Como si cediera a lo
inevitable, las manos de Jai empezaron a vagar, su tacto suave
provocándole piel de gallina por todo su cuerpo.
Perdidos en el momento y ávidos de un poco de piel sobre piel, Ari se
agachó y empezó a tirar de la camiseta de Jai. Ayudándola, él se sentó,
sus rodillas apoyadas a ambos lados de sus caderas y empujó su camisa
sobre su cabeza, arrojándola al suelo. Ari se mordió el labio inferior para
ahogar un sonido de placer. Lo había visto antes sin camiseta, pero nunca
tan cerca.
Oh vaya.
Era ancho de hombros, fuertemente construido, fibroso y atlético, sin ser
demasiado musculoso. Aunque... esos bíceps... Ari suspiró, deslizando una
mano por el brazo. Estaba mareada por la excitación, tratando de
contenerse, tratando de no actuar como una virgen inexperta. Pero nunca
se había sentido así. Ahora sentía, de lo que Rachel siempre estaba
hablando, el calor, la necesidad, el deseo.
71
El sexo es un gran problema y tienes que quererlo. Tienes que estar
preparada para ello. Con la persona correcta.
Ari estaba finalmente preparada para ello. Y era definitivamente con la
persona adecuada.
La idea acababa de surgir en su cabeza cuando los labios de Jai
regresaron a su boca. Sus besos eran cada vez más frenéticos, los dos
sabían por igual a dónde se dirigía esto y estaban dispuestos a llegar ahí
antes de que algo épico, como un Rey Jinn, los interrumpiera. Las manos
de Ari vagaron por cada centímetro de la piel de Jai, tocando y
acariciando y aprendiendo. Pero cuando se aventuró más allá de donde
había tocado a algún hombre antes, Jai se echó hacia atrás con un
gemido ahogado y suavemente empujó sus manos fuera de ella.
Él la miró sardónicamente como si no pudiera creer que ella se hubiera
dejado llevar tanto. Tenemos que desacelerar esto.
No tenemos que hacerlo. Ari se sentó, tratando de llegar a él de nuevo.
Jai tomó sus manos entre las suyas y arqueó una ceja. ¿Hasta dónde has
llegado con un chico?
Ante tal pregunta completamente inesperada, Ari se ruborizó. No muy
lejos. Admitió. Besos, toques por debajo de la camisa, no bajo el sujetador.
Realmente no he salido con muchos chicos. Restó importancia a su
explicación, sintiéndose un poco avergonzada cuando las palabras
“debido a Charlie” colgaron tácitas y suspendidas entre ellos.
Jai se tensó y Ari no pudo dejar de alcanzarle para sujetar su mejilla con la
mano.
¿Qué?
Su intensa mirada ardió en la de ella y por un momento Ari olvidó lo que le
estaba preguntando. Jai finalmente negó con la cabeza, pero aún
quedaba allí un brillo duro en sus ojos. Odio la idea de cualquier tipo
tocándote.
Ari intentó no estar satisfecha. ¿Estás celoso?
72
Supongo.
Sonriendo, Ari se movió más cerca de él. Bueno, tengo la esperanza de que
tú estés a punto de hacerme un montón de cosas que ningún hombre me
ha hecho.
Jai se rió con voz ronca, la dureza fundiéndose de sus ojos. Aun así
debemos tomarlo con calma. No estoy apurando ni un segundo de esto
contigo.
No es justo. Ari hizo un puchero.
Su sonrisa se volvió arrogante cuando se inclinó para apartar su puchero
con un beso. Créeme... te gustará como lo hago lento.
Un rato después, Ari sintió que su cuerpo se relajaba en la cama como si se
hubiera fundido en un charco de gozo. Sus dedos se estiraron desde las
sábanas de la cama mientras estaba allí jadeando y mirando al techo con
asombro.
Ella nunca había sido besada allí antes.
—Vaya —suspiró ella.
Jai se rió en voz baja. No en voz alta. Su expresión era ligera y feliz cuando
apartó el cabello de su cara. Y sí. Vaya.
Ari rodó hacia él, sus piernas desnudas sintiéndose sensibles contra sus
vaqueros. Envolvió sus brazos alrededor de él, se recostó cerca y cerró sus
labios en su cuello. ¿Qué pasa contigo?, preguntó, decidida a luchar
contra la languidez que se había creado en su cuerpo por si tenía que
hacerlo.
En su lugar, Jai sonrió contra su cuello. Créeme, estoy bien. Estoy muy bien.
Esta cosa de tomarlo despacio es agradable, Ari respiraba en relajación
total, con los ojos cerrándose.
Lo último que sintió y escuchó fue la manta cayendo sobre ella y a Jai
acurrucándose cerca, susurrando en su oído buenas noches.
73

Perder Demasiado Puede Hacerte Anhelar Estar
Perdido
Traducido por LizC (SOS) y magdaa. (SOS)
Corregido por Akanet
ri sentía el dolor y la rabia de Lilif como si fueran suyos. Siguió a la
Jinn, confundida por lo joven que Lilif aparentaba ser. Parecía
como si no tuviera más de dieciocho años. El viento azotaba el
cabello largo y negro de Lilif, mugre y sangre manchaban su rostro y
empañaban el metal del vestido que se ajustaba a su cuerpo. Las paredes
de piedra arenisca parecían pulidas hasta relucir, los pasillos amplios y
abiertos, los sirvientes se quedaban boquiabiertos ante Lilif mientras pasaba
volando con furia junto a ellos. Ari se apresuró a seguirla, de alguna
manera dolida por Lilif mientras se estrellaba contra las puertas dobles,
abriéndolas de un empujón. Como los pasillos afuera, la habitación estaba
embaldosada y pulida, escasa pero lujosa, con una enorme cama en el
centro cubierta de mantas de pieles exóticas. Asmodeus levantó la
cabeza desde la cama y gimió al ver a su hermana. Empujó suavemente a
la mujer desnuda junto a él.
—Déjanos.
La Shaitan femenina se apresuró a agarrar la tela que apenas la cubría y
huyó de la habitación, lanzando miradas aterrorizadas en dirección de Lilif.
—Da la espalda, hermana, para que pueda vestirme.
Lilif lo hizo y Ari se encontró desviando la mirada también. Eso era algo que
no necesitaba saber acerca de Asmodeus.
—No puedo creer que mientras estoy fuera luchando una guerra tú estás
aquí copulando con cualquier cosa que se mueva.
—No cualquier cosa —argumentó Asmodeus—. De todos modos, ¿dónde
estuviste esta vez?
A
74
—África.
Confundida, Ari trató de centrarse más en los sueños. Ahora era
plenamente consciente mientras estaba en el sueño de que era un sueño,
pero que no por ello era menos confuso. La línea de tiempo de los sueños
seguía cambiando. Este fue un momento anterior. Un tiempo mucho antes
de lo que ella había visitado alguna vez antes. ¿De qué había estado
hablando Lilif? Miró de cerca a la Jinn y como si su curiosidad tuviera
poder, el conocimiento se filtró desde Lilif a Ari. Lilif y Asmodeus formaban
parte del equilibrio dentro de la guerra. A lo largo de los siglos, en todo el
reino, lucharían guerras de los mortales, trayendo equilibrio a la situación. A
veces Lilif seduciría a los líderes hasta la debilidad con su don de súcubo, o
lucharía físicamente al lado de los Jinn que fueron enviados en su ayuda
contra los que fueron enviados a ayudar al otro lado. Al igual que había
hecho la noche anterior. Y el mes antes de eso y antes de eso...
—Perdí a Meenah —jadeó Lilif, sus ojos redondos y vidriosos con
incredulidad.
De repente Asmodeus estaba allí, dándole la vuelta, sus ojos brillantes con
simpatía.
—Lo siento, hermana. Sé lo mucho que te preocupabas por ella.
—Era mi amiga. —Lilif negó con la cabeza—. Hemos sido amigas durante
más de cien años. La conocí cuando ella no era más que una niña. Tenía
tanta vida por delante. Meenah era luz, Asmodeous. Era una hermosa luz.
¿Cómo podría alguien apagar esa luz? ¿Cómo puede ser esto lo que
debemos hacer?
—Ssh, Lilif, shh, está bien. —Él la abrazó más cerca.
Pero Lilif no estaba recibiendo nada de eso. Se apartó de su agarre y lo
empujó rudamente lejos de ella, su mirada ardiendo sobre él.
—¿Cómo puedes decir eso? ¡No está bien! ¡Y Meenah no es la primera!
Durante siglos he sido testigo de las guerras de los hombres. Azazil predica
el equilibrio, ¡poniendo Jinn en un lado de la guerra y Jinn en el otro y
luchamos con nuestra propia gente, para equilibrar la vida de los mortales!
Meenah fue asesinada por uno de los nuestros. Todos mis amigos, muertos
75
por nosotros mismos. ¿Debido a que es la forma de ser? ¡Deberíamos dejar
las guerras para los mortales y dejar que se destruyan los unos a los otros!
El rostro de Asmodeus se tornó sombrío.
—Estás de duelo. Dices cosas que no quieres decir. Si Azazil te escuchara
hablar así... Lilif vas a estar casada con él dentro de una semana. No
hagas nada estúpido para arruinar eso.
Lilif hizo una mueca de disgusto.
—Como si pudiera. Por la forma en que nuestro Señor habla del futuro, no
puede hacer otra cosa que casarse conmigo. Soy la que llevará sus hijos.
—Exactamente. Y una vez que lo hagas, el balance se igualará. Tal vez ya
no será necesario que luchemos todas estas guerras.
Pareciendo cansada ahora, Lilif se desplomó, una lágrima rodando por su
suave mejilla.
—¿Crees que es así, hermano? ¿Cuando sea Sultana quizá el Maestro me
permitirá sugerir algunos cambios?
—Tal vez.
—Oh, Asmodeus —sollozó Lilif como una niña pequeña—. He soñado con
un mundo tan alejado de este, mi pecho duele de nostalgia por él. Es una
tierra árida, estéril, nueva, intacta. Vacía. Lista para la vida. Me parece que
no puedo dejar de soñar con ello últimamente.
—Te refieres a El Después —suspiró Asmodeus.
Lilif se puso rígida.
—¿Has soñado con ello también?
—Plagó mi sueño por un tiempo, así que confié en Azazil al respecto. No es
un sueño, hermana, sino una advertencia.
—¿Una advertencia?
76
—El Después es lo que sucederá si el balance es destruido. Si destruimos el
equilibrio. Los reinos chocarán y causarán desolación a todo lo que ya
existe. En su lugar, existirá El Después y sólo aquellos lo suficientemente
poderosos sobrevivirán... sólo para encontrarse solos.
—¿Los más poderosos?
—Azazil. Tú, yo... algunos de los más fuertes Jinn como lo era Meenah.
Lilif bajó la mirada de la de su hermano.
—Es demasiado tarde para Meenah —murmuró, y Ari sintió el dolor
disminuir cuando un nuevo sentimiento envolvió a Lilif.
Esperanza.
… Ari, despierta, la voz de Jai invadió la conciencia de Ari, llevándola fuera
del mundo de los sueños y de nuevo a él. Sus ojos se abrieron y, para su
feliz sorpresa, se encontró en los brazos cálidos de Jai, su hermoso rostro
cerniéndose sobre ella. Buenos días. Él se inclinó y le dio un suave beso en
la boca, los vellos de su mejilla rozando contra las de ella.
Mmm, murmuró ella perezosamente, rozando sus dedos sobre su cara,
tienes que afeitarte.
Su risa hizo que los ojos de ella se abrieran por completo y preguntaran
“¿qué?” Él negó con la cabeza, sonriendo. Es agradable.
¿Qué es agradable?
El despertar con mi novia diciéndome que me tengo que afeitar. Es tan
normal.
Ari se rió y lo besó otra vez antes de empujarse a sí misma a una posición
sentada. Así que... ella era definitivamente su novia. Era bueno saberlo.
Ella apartó la mirada del pecho desnudo de Jai, decidida a no dejarse
distraer. Puedo des-normalizar las cosas para ti al decirte sobre el sueño
que acabo de tener.
77
Jai frunció el ceño. Quiero oír todo al respecto. Pero es mejor que nos
demos prisa. No puedes ser encontrada aquí.
Cuando terminó de relatarle el sueño, los dos estaban aún más
confundidos de lo que ya habían estado. Decidiendo que era
definitivamente el momento de decirle a Rojo, Ari se deslizó fuera de la
cama de Jai y en sus ropas, corriendo por la habitación y fuera de ella
hacia la suya en tiempo récord.
Después de una ducha rápida, se puso de pie en medio de la habitación y
le habló telepáticamente a Rojo.
—¿Me has llamado? —pronunció extrañamente el Rey Rojo mientras salía
de los Peripatos.
Ari sonrió, y por si acaso hubiera oídos escuchando detrás de las puertas o
mirando a través de mirillas, y ¿no era un pensamiento absolutamente
escalofriante?, Ari respondió:
—¿Estamos listos para partir? —Y telepáticamente—: Tenemos que hablar.
Pronto. En algún lugar privado.
Rojo alzó una ceja y asintió.
—Sí. Nos vamos ahora mismo. Iré por Charlie. —Luego telepáticamente le
dio una dirección en Los Ángeles, diciéndole que le diera a Jai la
dirección. Llevaré a Charlie. Vamos.
El Peripatos era sin duda una de las cosas menos favoritas de Ari sobre los
Jinn. Claro que estaba bien cuando estabas sólo parpadeando de una
habitación a otra, pero dejar el Monte Qaf y dirigirse a Los Ángeles era
dolorosamente repugnante. Ari colapsó en el suelo de cemento después
de lo que parecía ser el más rápido y más nauseabundo paseo en
montaña rusa alguna vez visto.
Sintió fuertes manos envolviéndose alrededor de sus brazos, sujetándola
para ponerla de pie.
—¿Estás bien? —preguntó Jai suavemente, sus cejas fruncidas con
preocupación.
78
Ari tragó fuertemente reprimiendo el vómito y sonrió débilmente.
—De maravilla.
—Lo lograste. —La voz del Rey Rojo la hizo levantar la cabeza y Ari miró a
través de la longitud de un almacén prácticamente vacío para ver a Rojo
dirigirse hacia ella a grandes zancadas con Charlie a su lado. Charlie
parecía descansado y ansioso. Ella lo odiaba por eso, sabiendo que se
veía como si acabara de donar tres litros de sangre.
—¿En dónde estamos exactamente? —preguntó Ari, limpiándose la tierra
de sus rodillas.
—Un almacén de un estudio. Televisión. —El Rey Jinn sonrió—. Tiene un
estado a prueba de sonido.
—Oh caramba, piensas en todo.
Rojo la miró pensativamente.
—Todavía no estás acostumbrada al Peripatos, ¿huh?
—¿Fue el cabello lo que lo delató? —preguntó Ari sarcásticamente.
Charlie resopló.
—Definitivamente has heredado una mordacidad desde que te
convertiste en Jinn.
—Mira, sólo estoy tratando de mantener abajo el pichón de lo que sea que
comimos anoche así que, podemos ponernos en esto.
Rojo no parecía tomarse muy bien su actitud. La miró fijamente hasta que
Ari empezó a retorcerse.
—¿Me quieres aquí?
—Sí. Lo siento. Su Alteza —agregó por añadidura, feliz de verlo sonreír—. He
estado teniendo estos sueños...
Cuando Ari había terminado de explicar los sueños, desde en los que veía
a Lilif peleando con Asmodeus, hasta en el que un Jinn sin cara mataba a
79
Lilif, hasta en los que Lilif lamentaba su destino como esposa de Azazil,
hasta en el cual ella hablaba con Blanco y finalmente el último en el que
ella perdía a su amiga en un tiempo mucho más temprano en su
inmortalidad, Rojo se había puesto extrañamente silencioso. Había una
tensión a su alrededor, un crepitar de expectación. Cuando se dio cuenta
de que todos lo estaban mirando, una máscara cayó sobre su cara,
ocultando su reacción.
Imposible, pensó Ari. No había manera en la que él estuviera ocultándoles
cosas importantes.
—Esto significa algo para ti, ¿no? —tanteó.
Suspirando, Rojo se tomó un momento.
—No sé cuanto decirles. O por dónde empezar.
—Empecemos con la verdad. Por favor... tío.
Sus ojos chispearon por el uso de su título familiar. Suspirando otra vez, Rojo
se apartó de ellos, sus largas, brillantes trenzas rojas balanceándose en
contra de la etiqueta de cuero en la parte trasera de sus jeans.
—Lilif... mi madre... trató de destruirlo todo.
—¿Por qué?
Se encogió de hombros y le lanzó a Ari una mirada desamparada,
pareciéndose demasiado a un joven al cual sus padres abandonaron.
—Fuimos criados para creer en el balance, y sí, por muchos años los Jinn
pelearon en todas las guerras de los hombres, pero luego mis hermanos y
yo nacimos y trajimos un nuevo balance al mundo. Ahora sólo peleamos
en guerras políticas a gran escala. Guerras que determinan el resultado de
un grandioso destino. —Rojo frotó su frente, como si estuviera tratando de
ver sus recuerdos—. Siempre supe que mi madre no estaba feliz por el
estado de las cosas. No sabía por qué, pero sabía que lo estaba. Mientras
los siglos pasaron y los nacimientos de sus hijos fallaron en traer los cambios
que obviamente buscaba, empezó a planear... a planear la destrucción
del balance.
80
»Su primera traba fueron sus hijos. Cada uno de nosotros tenía más esencia
de uno de nuestros padres dentro de nosotros. Blanco, Sombra, yo y
Dorado tenemos más de Azazil dentro de nosotros. Cristal, Afortunado y
Brillante tienen más de Lilif. Ella atacó primero a Cristal porque aunque él
tenía su esencia, era más como Azazil en su porte. Irónicamente, Cristal era
su favorito.
»Planeó matar a mis hermanos porque con el paso de los siglos nos
habíamos embrollado en demasiados destinos y en tantas líneas de
sangre, que nos habíamos enhebrado tan profundamente en la tela de la
naturaleza que nuestras muertes romperían las costuras de nuestro mundo
justo como quería Lilif.
»Piensen en este reino como si fuera hecho de millones de caminos, y esos
caminos están creados por billones de personas como si fueran adoquines.
Todos esos caminos están conectados a siete carreteras más grandes, mis
hermanos y yo. Piensen en Azazil como si estuviera partido en siete puentes
que nos conectan con él, con este reino y los Otros. Si destruyes esas
carreteras una por una, todo empieza a desconectarse, a desmoronarse, y
eventualmente todos los caminos son destruidos también. Eso dejaría un
paisaje estéril, un nuevo mundo sin nada en él, sólo con esos lo
suficientemente poderosos para sobrevivir sin conexión. Eso es lo que Lilif
quería. Quería El Después.
»Pero salvé a Cristal. Ella no era rival contra nosotros dos. Advertí a Azazil y
traté de advertir a Blanco... Blanco no nos creyó. Él fue envenenado por
Lilif. De verdad creía que ella estaba tratando de proteger el balance.
—Creo que todavía lo cree —susurró Ari tristemente.
Rojo asintió distraídamente.
—Mi padre creyó en mí, pero tuvo un tiempo difícil tratando de convencer
a Asmodeus. Con mis hermanos ahora protegidos por Azazil, Lilif se inclinó
hacía el nivel que ninguno de nosotros pensó que lo haría. Fue tras
Asmodeus.
»Aunque muy claramente le dolía porque no había nadie más en cualquier
mundo que mi madre amara más que su hermano mellizo, Lilif creía que
matando a Asmodeus podría robar su esencia y volverse lo
81
suficientemente poderosa para ganarle a Azazil. Verán, ellos eran la mitad
el uno del otro, Asmodeus y Lilif. Asmodeus era calma, luz, sabiduría,
paciencia. Lilif era pasión, oscuridad, impetuosa e implacable. Juntos eran
capaces de balancearse el uno con el otro, era por eso que nunca
estaban sin el otro. Pero Lilif comenzó a separarse más y más de Asmodeus
hasta que finalmente lo atacó. Mi padre salvó su vida y Asmodeus ha sido
completamente leal a él desde entonces.
—Pero cambió —dijo Ari, pensando en cuan diferente era Asmodeus en el
pasado comparado con ahora—. Él es más oscuro.
—Él no tiene sentido sin Lilif. Asmodeus pasa a través de períodos de
oscuridad y luz. Desafortunadamente este no parece ser uno de los últimos,
y me pregunto qué quiere exactamente contigo, Ari.
Se sacudió su propio comentario, no queriendo descarrilarse.
—Mi padre mató a Lilif. Le robó su esencia y la destruyó. Luego enterró su
cuerpo en una tumba que nunca nadie ha visto. Nadie sabe dónde está.
Blanco nunca lo ha perdonado. Es por eso que quiere usarte. Para castigar
a Azazil. Para de alguna manera dominarlo sin fastidiar al balance.
Ari pestañeó, tratando de acoger toda la información. Miró a Jai para ver
su reacción, pero él sólo estaba escuchando a Rojo con completa
fascinación. Algo inquietaba a Ari pero no podía estar segura de qué. Sin
querer ser distraída de su punto, Ari se acercó un paso a su tío.
—Así que estos sueños... ¿son recuerdos?
—Pareciera. ¿Cómo sino podrías saber esas cosas?
—¿Cómo es posible? ¿Cómo sé estas cosas? ¿Por qué estoy soñando con
eso? ¿Qué significa?
El Rey Rojo levantó una mano para callarla.
—No tengo idea. Déjame esto a mí, Ari. Lo averiguaré pero tendré que
pisar muy cuidadosamente aquí. No le digas a nadie más lo que me has
dicho hoy.
82
A pesar de su impaciencia, a pesar de la fea oscuridad en su pecho
tratando de hacerla pararse y forzar a Rojo a descubrir todo lo que pudiera
tan pronto como pudiera, sin importar las consecuencias, Ari tomó control
de sí misma. Tomando profundos y constantes respiros, Ari se esforzó en
calmarse y eventualmente lo logró.
—¿Así que ahora qué? —preguntó Charlie tranquilamente.
Girando su mirada hacia su amigo, Ari sintió otra ola de alivio ya que él
estaba aquí en el reino mortal y en una pieza.
—¿Cómo te sentirías uniéndote a los Roe?
Él sonrió lentamente, asintiendo.
—Sí, eso suena bien.
Ari hizo una mueca, viendo la excitación empezando a quemar en sus
ojos. Charlie estaba claramente desesperado por volver con Jack y su
entrenamiento. Esperaba tener un momento a solas con él para obtener
un mejor entendimiento de en dónde estaba su cabeza. Ari todavía
estaba aferrándose a la esperanza de que después del miedo a un Juicio
Jinn, él hubiera puesto su necesidad de venganza tras él.
—Rojo. —Se giró hacía su tío lentamente—. ¿Puedes hablar con El Gremio?
Asegurarte de que seremos bienvenidos allí. Como cazadores, quiero decir.
—¿Quieres cazar?
—Estoy harta de esperar que la mierda me pase. Quiero ser la que los
chicos malos teman para variar.
Silencio la recibió y luego los tres resoplaron. Jai al menos trató de cubrir su
risa pero era demasiado tarde. Lo había visto.
—¿Qué? —espetó—. Los chicos malos me temerán.
—No al principio. —Rojo no estuvo de acuerdo, todavía sonriendo—. Pero
tu apariencia actuará en tu favor. No estarán esperando tu tipo de poder.
De alguna manera apaciguada, pero no completamente, Ari escuchó
atentamente mientras Jai discutía los planes para los próximos días. Rojo
83
llevaría a Charlie a donde los Roe y explicaría que se estarían quedando
como parte de El Gremio por un tiempo indefinido, aparentemente Rojo
no pedía, él ordenaba, y que Ari deseaba ser entrenada como una
cazadora. Mientras tanto, Ari iba a acompañar a Jai de vuelta a su tribu
aquí en L.A. para explicar que estaría perdido en acción por un tiempo. Jai
trató de insistir una última vez que Ari no necesitaba ir con él, pero Ari fue
firme. Después de todo lo que había descubierto de su crianza bajo el
dominio de Luca Bitar, no había manera de que Ari dejara a Jai
aventurarse en ese mundo sin su apoyo.
84

Mi Calor Golpea Su Hielo y La Nieve Cae
Traducido por Miranda. y Lalaemk (SOS)
Corregido por Akanet
ierda.
Ari miró a su alrededor con los ojos entrecerrados, sorprendida de
averiguar que ella y Jai habían volado a través del Peripatos a la
oficina de Luca Bitar, sólo para descubrir que ya estaba llena. Sentados en
un semicírculo alrededor de la habitación y de pie detrás de las sillas que
habían sido establecidas delante del escritorio de Luca, había un gran
grupo de personas que no reconocía junto con dos personas a las que sí,
Nicki y David Bitar. Luca estaba de pie delante de su escritorio, sus ojos
alarmados mientras Ari y Jai se giraban para enfrentarlo.
Jai le dio a su padre un respetuoso asentimiento.
—Disculpas, padre. Olvidé que estarías manteniendo una reunión de la
tribu en este momento.
Oh. Ari se acercó un poco más a su novio, su piel picando por el calor de
la mirada del grupo. Esta era una reunión de la tribu Ginnaye. Era como…
una clase.
—Disculpa aceptada. —Luca frunció el ceño, mirando cautelosamente
entre su hijo y Ari—. ¿Ha ocurrido algo?
Sabiendo que sólo Luca, Nicki y Tarik eran conscientes de la verdadera
naturaleza de Ari, no estuvo sorprendida cuando Jai contestó:
—¿Podemos hablar en privado?
—Por supuesto. —Luca miró a su alrededor en busca de su esposa—.
Volveré en cinco minutos. Discúlpanos.
M
85
Ari pudo sentir la curiosidad de la tribu golpeándola en ondas mientras
seguía a Jai y Luca fuera de la habitación. Secretamente buscó a Trey en
la multitud pero no lo vio.
La decepción la inundó sabiendo que Jai habría querido despedirse de su
amigo.
No fue hasta que la puerta se había cerrado detrás de ellos y estuvieron en
el vestíbulo de cuadros blancos y negros, que Ari pensó que Jai podrías
querer estar solo para decirle a su padre que dejaba indefinidamente su
asignación. Carraspeó, haciendo que los dos hombres se detuvieran.
Ambos se giraron para mirar hacia atrás a ella con el mismo movimiento de
depredador. Ari tembló por Jai. Era el hijo de su padre en ciertas maneras.
Sólo esperaba que supiera que era todas las cosas buenas y ninguna de
las malas.
—Yo… eh… los dejaré hablar solos. Iré a dar un pequeño paseo.
Jai frunció el ceño.
—¿Estás segura?
—Sí, estaré bien —le dijo adiós y miró mientras que a regañadientes él se
giraba para seguir a su padre. Esperó hasta que desaparecieron a la
vuelta de la esquina.
¿Ahora qué? Ari le dio una cuidadosa mirada a la puerta de la oficina de
Luca. De ninguna forma iba a volver a entrar allí. Relajándose, Ari dio
rienda suelta a sus pies y vagó tranquilamente por la mansión Bitar,
agradecida de que ella y Jai se dejaran caer sólo por unos pocos minutos.
Realmente no había disfrutado su última estancia con los Bitar. Jai seguía
apartándola, Nicki era una perra, Luca se había atrevido a decirle que no
insistiera con Jai, y el hermano de Jai había intentado atacarla, y ella
había acabado usando el poder del Seal contra él. Genial. La única
brillante distracción de toda la visita había sido Trey.
Y está bien… no iba a mentir. El besuqueo con Jai en el baño del club en
L.A. había estado bastante caliente hasta que él se había puesto a la
defensiva.
86
—Oh. —Respiró Ari, mientras entraba a donde su dispersa mente y pies la
habían traído. Estaba en la habitación del tesoro, aquella que albergaba
el reloj de arena de Shakespeare, el símbolo del punto en el tiempo en que
Azazil había roto las reglas y volvió atrás en el tiempo para corregir el
destino de Shakespeare después de que Blanco lo destrozara. Teruze, el
Jinn que guardaba el tesoro Bitar, vigilaba dentro de su botella roja en la
esquina y Ari podía sentir su fuerte energía palpitando hacia ella. Tembló
un poco, dándose cuenta de que la había estado vigilando para
asegurarse de que no robaba nada. Pero Ari claramente no estaba
interesada en robar nada. Había sido arrastrada aquí solo por una única
razón.
El cuadro de Lilif.
En su última visita Ari había descubierto el oscuro cuadro de Lilif y había
quedado impresionada por el parecido entre Lilif en el cuadro y la de sus
sueños. Fue entonces cuando se dio cuenta de que realmente podría estar
soñando con auténticos Jinn. Dando pequeños pasos hacia el cuadro, Ari
entrecerró sus ojos, deseando saber exactamente qué significaban todos
los sueños y preguntándose si Rojo realmente diría la verdad sobre ello una
vez que lo descubriera.
—No es capaz de amar, sabes.
Con el corazón en su garganta Ari se dio la vuelta ante la poco habitual
voz, y sus ojos se ampliaron mientras se encontraban con Yasmin Lenz.
Había visto a la chica una vez antes. Una belleza exótica, Yasmin era una
guardiana e hija del mejor amigo de Luca Bitar, Hugo. Era también alguien
con quien Jai solía, íntimamente, vengarse de Hugo por engañar a Luca
con Nicki. Algo de lo que Luca no sabía nada hasta donde Jai era
consciente. Ari estaba impresionada y enfadada con Jai por usar a
Yasmin, pero le había dicho cuán cruel lo había tratado Yasmin, y a pesar
de que Ari deseó que no la hubiera usado como una herramienta de
venganza, tampoco se sentía especialmente mal por la joven Ginnaye.
—¿Disculpa? —preguntó Ari cuidadosamente.
La alta belleza de cabello oscuro dio unos grandes pasos más hacia
adelante. Era tan sofisticada y segura. Salvaje y rapaz. Todo lo que Ari no
87
era. Frunció el ceño, tratando de no pensar en Jai junto a esta
supermodelo.
—Dije… Jai no es capaz de amar.
Debido al silencio de Ari, Yasmin sonrió orgullosamente.
—Oh, por favor, todas las personas con ojos ven la forma en que lo miras.
—No sabes de lo qué estás hablando.
—Oh pero lo hago. —Yasmin asintió—. Veo la atracción, lo hago. Es
maravilloso e inestable y muy poderoso. Pasé meses aprendiendo cada
centímetro de él. Lo conozco mejor que nadie y aun así me hizo a un lado.
Ari se tensó, sintiendo un movimiento dentro de su pecho. Ese dolor familiar
se profundizó y empezó a desenredarse, su oscuro látigo como una cola
moviéndose en anticipación para arremeter contra su cruel belleza. Ella se
burló, tratando mantener la compostura.
—Por favor. Te preocupas más por tu tribu de lo que alguna vez te
preocupaste por Jai y él lo sabe. Tenías la atracción sexual para él y lo
estabas utilizando. Odia a Hugo. Te estaba utilizando para llegar a él. Pero
eres ilusa si crees que alguna vez llegaste a conocerlo.
Yasmin rió, viendo cuánto había afectado a Ari. Sus ojos parpadearon
perversamente.
—Oh te ha tocado de verdad. Ojalá pudiera estar ahí para verlo hundirte.
Puedes creer que puedes salvarlo, Ari, pero yo estaba allí… sé lo que le ha
hecho su familia. Y al final, recordará que eres simplemente una niñita. Y
volverá corriendo hacia una mujer que sabe exactamente qué hacer en la
habitación.
Su mirada se volvió fantasiosa, su piel sonrojada.
—Amo cómo hace ese ruido entrecortado y jadeante cuando…
—Cállate —escupió Ari, el látigo diciendo las palabras. Demasiado tarde,
se dio cuenta de que sus palabras habían sido una orden.
88
Mirándola estupefacta, Yasmin se agarró su cuello incapaz de hablar y la
oscuridad dentro de Ari disfrutó teniendo poder sobre ella.
—Te quedaste parada y viste a su familia hacerle eso —le gruñó, sintiendo
su otra mitad haciendo su camino hacia su lengua y sus extremidades
mientras merodeaba hacia Yasmin.
»Los viste romperlo y después tuviste el atrevimiento de pedir algo de él.
Pero todo lo que te dio fue una concha vacía. Y eso es todo lo que alguna
vez te dará. Has terminado de hacerle daño. Has terminado
definitivamente de hacerle daño. Te ordeno que lo dejes en paz.
—¡Ari!
Ari parpadeó rápidamente ante el sonido de la voz de Jai, el otro ser
doblándose de nuevo hacia ella, así que Ari estaba otra vez en control de
sí misma. Se tambaleó hacia atrás ante el inesperado control, sus latidos
acelerándose, un trozo de enferma incredulidad en su garganta mientras
miraba de mala gana hacia Jai que estaba de pie, boquiabierto hacia
ella con horror. Ella hizo una mueca, mirando sobre su hombro para ver a
Luca al lado de Yasmin.
—Ari, ¿qué demonios hiciste? —susurró Jai con voz quebrada.
Ella sacudió la cabeza, desesperada por que él entendiera. No había sido
ella. No había hecho esto. Estaba…
Estoy volviéndome loca, estoy volviéndome loca.
—¿Ari?
Ella lo alejó, retrocediendo a tropezones de él, la habitación daba vueltas
a su alrededor. Pensó que estaba en control. No estaba en control. Oh
mierda.
Santos macarrones, sólo no lo cortes. Esta era una santa mi…
Sus pensamientos fueron llevados a paralizarse por los ruidos chillones, de
asfixia que Yasmin estaba haciendo cuando se volvió hacia Luca en
estado de pánico, todavía sin poder hablar.
89
Horrorizada, Ari espetó:
—Te ordeno que vuelvas a hablar.
—Oh por... ¡Qué demonios! —gritó Yasmin con terror, sus ojos abiertos hacia
Ari—. ¿Qué demonios es ella? ¡No es normal! No está bien…
—Cálmate —soltó Luca, tomando a la joven mujer por los brazos. Él maldijo
mientras ella luchaba y se volvió desesperadamente a Ari.
—Ari, tienes que ordenarle que no sepa lo que sabe. ¡Ahora!
El pánico aleteaba en su pecho, Ari dio un paso frenético hacia adelante,
ignorando el silencio acusatorio de Jai.
—Te ordeno, Yasmin Lenz, que nunca le digas a nadie, por ningún medio
de comunicación, lo que hoy pasó aquí entre —le echó un vistazo a su
reloj—, las 7:30 y 7:50 pm. Nunca.
La boca de Yasmin se cerró de golpe y le disparó a Luca una mirada de
angustiada traición.
Luca, sin embargo, tenía el ceño fruncido.
—¿Segura de que lo redactaste bien?
Con voz tranquila y agitada, Ari explicó:
—Si lo hubiera redactado de manera diferente, podría haber dejado un
vacío legal. De esta manera no puede traer lo que sospecha de mí sin
referirse a lo ocurrido en los últimos veinte minutos y es completamente
incapaz de hacer eso ahora que le he ordenado lo contrario.
—Bien. —Bitar se volvió hacia Yasmin—. Regresa a mi oficina. Esto es por tu
propia culpa por interferir en algo que no tenía nada que ver contigo.
Tan pronto como Yasmin se había ido, Luca miró a Jai.
—Yasmin Lenz. ¿En serio?
—Hugo se lo merecía. —Jai se encogió de hombros, todavía incapaz de
mirar a Ari.
90
Luca se congeló por un momento.
—Sabes lo de Nicki.
Jai se tensó y Ari jadeó. ¿Luca sabía que su esposa había tenido una
aventura con Hugo Lenz?
—¿Lo sabías?
—Por supuesto que lo sabía —respondió Luca con amargura—. Sé todo lo
que pasa en mi tribu. Y aunque comprendo que tu motivo estuvo basado
en tu sentido de lealtad, no aprecio tus métodos.
Jai asintió, su mandíbula apretada por la tensión.
—Terminó antes de que comenzara.
—Sí, bueno... así fue con el romance de Hugo y Nicki. —Luca se volvió más
silencioso antes de pasar a mirar a Ari cuidadosamente—. Trata de cuidar
de la Srta. Johnson sin “ir tras ella”…
—Padre…
—Eso es todo lo que diré sobre el asunto. Que tengas una vigilancia segura
con los Roes. Adiós. —Giró hacia Ari, su expresión pensativa—. Adiós Srta.
Johnson.
Ari asintió como un vago gesto de despedida y luego se hundió cuando él
se fue.
—Jai... lo siento... yo…
—Detente. —Jai sostuvo una mano en alto, sin mirarla—. Necesitamos salir
de aquí de inmediato.
Sintiendo que su pecho se apretaba con temor ante su tono distante y frío,
Ari preguntó suavemente:
—¿Qué pasa con Trey?
—Él está en una misión. Lo llamaré y le haré saber lo que sucedió.
91
—Jai... —Ella lo intentó de nuevo, su mano extendida para cepillar
suavemente su brazo.
Él se puso rígido, encorvando los hombros hasta sus orejas.
—Sólo vámonos.
Sobresaltada y angustiada, Ari tomó aire y escapó hacia el Peripatos, con
el corazón roto porque no sólo tenía que lidiar con el hecho de que el Seal
estaba ganando más poder sobre ella, sino que también por el hecho de
que Jai, a diferencia de Ari, podía ser incapaz de amar a alguien que
estaba roto.
92

La esperanza es lo último que muere
Traducido por Andy Parth y Laala Stark
Corregido por Nony_mo
a sensación de la energía de Ari a su lado distrajo a Jai. Ella todavía
temblaba un poco y a pesar de la forma en que había reaccionado,
como un idiota, por perder el control y usar el Seal, Ari todavía se
acercaba a él, buscando consuelo.
Jai no estaba enojado con ella. Sabía que eso era lo que ella pensaba,
pero no estaba enojado. Temía por ella y no sabía qué hacer por ella a
excepción de mantenerla en una cuidadosa vigilancia. Y eso sólo lo hacía
sentirse impotente y enojado consigo mismo.
Hacer que Ari se sintiera como una mierda no estaba ayudando. Ella ya
estaba asustada también. Él no quería que pensara que estaba en esto
sola y aun así… eso es lo que había hecho. ¿Por qué?
Jai asintió al hombre que lo saludó, pero su rostro parecía muy lejano.
Ari estaba arruinándolo. Estaba destrozando su enfoque y llenando su
mente hasta que no hubiera nada excepto ella. Y la noche pasada… él
cerró los ojos e inclinó la cabeza, recordando cómo se sentía al tenerla en
sus brazos. La suavidad de su piel, el roce de sus suaves manos, la esencia
de vainilla que se aferraba a su sedoso cabello, los suspiros
entrecortados… sus amorosas sonrisas.
Sus “Te amo”.
El anhelo atravesó a Jai y eso era peligroso. Peligroso y adictivo y…
¿Por qué no puedo decirlo en respuesta? Él le lanzó un vistazo por el rabillo
del ojo. Ella parecía más estable ahora mientras dirigía a Michael Roe, el
padre de Fallon y líder de la Cofradía Roe.
Aun así… ¿Por qué?
L
93
Tú sabes por qué, susurró una voz viciosa en su cabeza.
Nicki.
Jai apretó sus manos en puños, forzando a retroceder el recuerdo… el
recuerdo que lo marcaba más que todos los demás…
…Su madrastra Nicki Bitar se burlaba de él, sus brazos doblados sobre su
pecho, sus uñas con manicura repiqueteando siniestramente en su brazo.
Eso señalaba violencia. De pie a su izquierda su hermano menor Stephen.
A los diez años de edad, se encontraba con recelo al lado de su madre. Y
a su derecha, David, seis años mayor que Jai. Un jovencito de dieciocho
años. Le estaba sonriéndole a Jai con anticipación y sed de sangre en sus
ojos.
Nicki miró al hombre que lo sostenía. Un Tarik de veinte años cuyas fuertes
manos lo apretaban tan fuertemente que no había forma de que el
mucho más joven Jai pudiera conseguir salirse de su asimiento.
—No lo dejes ir, hijo. Stephen y David van a tomar turnos para castigar al
chico por dejarle contusiones a David en el entrenamiento.
Jai jaló otra vez los brazos sosteniendo los suyos.
—¡Estábamos entrenando! —gritó indignado.
—De verdad, mamá —suspiró Tarik—. Si a David lo tomó desprevenido un
niño de doce años, merece la contusión. ¿Podemos simplemente dejarlo
pasar?
Los ojos de Nicki brillaron con indignación.
—¡No! Si me amas, te quedarás y verás al niño ser castigado.
—Está bien. Terminemos con esto. Sabes, tengo una vida.
—Stephen —Nicki empujó al más pequeño hacia adelante—. Tu primero.
Observando a su medio hermano con algo parecido al terror, Stephen
sacudió su cabeza y giró para mirar de nuevo a Nicki.
94
—Mamá, ¿tengo que hacerlo?
—Sí —siseó ella—. Te dije que es un niño malo. Se merece esto.
—Pero no quiero hacerlo.
—Por el amor de… —suspiró David y dio un paso adelante, agarrando la
muñeca de su hermano menor. Lo remolcó rudamente hacia Jai y guió su
mano hacia atrás antes de estrellarla a través del rostro de Jai. El aguijón
de la bofetada estalló en su mejilla izquierda y cerró los ojos, sintiendo el
calor siguiendo su estela.
—¡Ves! —David sonrió con suficiencia—. Ahora hazlo tu mismo, pero esta
vez un puñetazo. Si no lo haces… yo te golpearé.
Cuando ninguna reprimenda vino de su madre, Stephen se giró de vuelta
a Jai con lágrimas en sus ojos. Lo golpeó pero apenas rozó la barbilla de
Jai.
—Eso fue patético —gruñó David—. Sal de mi camino. —Empujó a Stephen
a un lado y llevó hacia atrás su puño.
Alcanzó a Jai en la mejilla y lo envió bruscamente hacia atrás en los brazos
de Tarik. El mayor inmediatamente lo dejó caer, su cabeza estrellándose
contra el piso a cuadros blancos y negros. Mientras las patadas y
puñetazos cayeron sobre su cuerpo, Jai envió su mente a otro lugar, a un
océano chispeante y una playa arenosa donde nadie estaba alrededor,
donde no pudiera sentir dolor ni tormento. Era su lugar siempre que el
abuso se tornaba violento.
—¡Suficiente! —Jai escuchó a Tarik gruñir a través del zumbido en sus oídos.
Fácilmente abrió su ojo derecho desde que su ojo izquierdo estaba
hinchado y vio a Tarik asentir a su madre mientras limpiaba la sangre de sus
nudillos—. Padre estará enojado si vamos demasiado lejos.
Jai se tensó con esperanza, esperanza de que hubiera acabado, y rodó un
poco, atrapando los ojos de Stephen. El niño palideció y se volvió hacia su
madre.
—Creo que Tarik tiene razón mamá.
95
En respuesta, Nicki empujó a Stephen hacia la puerta.
—Sal —chasqueó—. Todos ustedes. Fuera.
Tan pronto como los chicos se fueron, Nicki miró de nuevo a Jai. Su labio
torcido en disgusto mientras daba zancadas cuidadosamente hacia él.
—¿Es eso lo que crees, muchacho? ¿Realmente piensas que a Luca le
importa si vives o mueres? —Ella se agachó a su lado, su rostro tan cerca
que podía sentir el roce de su aliento irlandés en su rostro—. No le importa.
Pensando en la playa, se defendía a sí mismo, la agonía de esas palabras
todavía le cortaba, a pesar de todas las paredes que había tratado de
construir contra el odio de su padre.
—Todo lo que le importa es su honor —continuó Nicki—. Si no fuera por eso,
no estarías aquí. Recuerda eso chico. Siempre recuerda eso.
Lágrimas de ira brillaban en sus ojos mientras ella se inclinó lo
suficientemente cerca como para mostrarle el tormento en ellos.
—Lo único de valor que puede tener una persona en este mundo es la
esperanza. La esperanza nos levanta del más oscuro de los lugares, los
sentimientos más feos y de los mayores desamores. Hace mucho tiempo…
Luca era mi esperanza. Podía mirarlo y toda mi tristeza se iría porque tenía
mi esperanza… el conocimiento profundo de que siempre estaría ahí para
mí, que siempre mostraría la clase de conexión que algunas personas en
este mundo tienen suerte de encontrar. Y entonces tu mamá rompió a
Luca. Se deslizó dentro de él y lo robó de él. De mí. Y aún así tenía
esperanza. —Lágrimas comenzaron a rodar por su bonito rostro—.
Esperaba que pudiéramos superar lo que ella nos había hecho, que
pudiéramos reparar lo que estaba roto. Hasta que… aterrizaste en mi
puerta. Un recuerdo constante de lo que ella había hecho. Y mientras vivas
nunca tendré esperanza otra vez, ninguna esperanza de recuperar lo que
perdí.
Ella secó apresuradamente sus lágrimas y gruñó en su oído.
—Y entonces te quitaré lo que tú me quitaste, chico. Seré tu recuerdo
constante de que no hay esperanza para ti. Nunca habrá nadie que
pueda amarte. No un amor verdadero, profundo, permanente, porque
96
haré que estés tan roto, tan no amado, que serás incapaz de conectar
con ello. Estarás sin amor por siempre.
Aplastó su brazo y Jai apretó sus ojos cerrados junto con el ojo inflamado.
Aunque su cuerpo dolía con la paliza que había recibido, no era nada
comparado al sentimiento cortante, desgarrador que estaba destrozando
su pecho y provocando que las lágrimas cayeran cuando nunca antes lo
habían hecho.
—Sí —susurró ella con satisfacción—. Nunca nadie te amará. Nadie. Cómo
podrían, cuando ni siquiera los seres que te trajeron a este mundo
pudieron.
… Jai se sacudió el recuerdo y volvió a mirar a Ari, olvidando
completamente adónde estaban. Sintiendo su mirada, ella miró atrás
hacia él con sorpresa y lo que sea que vio en su expresión volvió sus ojos
oscuros con tristeza.
Te amo, susurró ella en su mente. Sé que estás enojado… pero te amo.
A pesar de lo que Nicki había tratado de hacer, a pesar de lo mucho que
le había quitado, Ari todavía lo amaba. Y lo mejor de todo, ella parecía
entender que incluso aunque él no pudiera decirle las palabras todavía, no
significaba que no se preocupara por ella, que no estuviera luchando con
su pasado con la esperanza de tener un futuro con ella. Ari lo amaba sin
esperar nada a cambio. Y aunque lo asustaba completamente y no quería
herirla o ser herido por ella, Jai iba a ver cómo pasar esto. Iba a estar allí
para ella. Sin importar qué.
No estoy enojado, le prometió. Lo solucionaremos. Juntos.
Ella sonrió lentamente, la tensión pareció filtrarse a través de su cuerpo y el
hecho de que tenía esa clase de efecto en ella hacía sentir a Jai muy
eufórico y un poquito aterrorizado.
Un carraspeo rompió su mirada. Michael Roe estaba mirándolos con los
ojos entrecerrados desde su posición privilegiada en su gigantesco
escritorio. Estaban en su oficina en su casa en Burlington, New Jersey,
97
rodeados por tradición. La habitación estaba ricamente amueblada en
costosa madera de nogal: pisos, puertas, escritorio, estanterías. Las
estanterías estaban repletas de libros de cuero y artículos de coleccionista.
Una alfombra persa yacía bajo sus pies y un computador último modelo
estaba encaramado en el escritorio. Una vitrina cerrada contenía algunas
armas de aspecto antiguo que llamaron la atención de Jai. Se recordó a si
mismo preguntar acerca de ellas más tarde.
De hecho, la habitación entera gritaba dinero, y Jai recordó de sus propias
investigaciones sobre el Gremio Roe antes de que se les unieran en
Phoenix, que las familias habían invertido su dinero en una serie de
restaurantes exitosos, panaderías e incluso una sala de cine. Les pagaban
a otras personas para administrar sus negocios mientras que ellos tomaban
el dinero y lo usaban para financiar la caza del Gremio.
—¿Está usted bien, señor Bitar? —preguntó Michael curiosamente.
Jai asintió, desatando la fuerza de su energía en la habitación. Él podría
estar distraído por Ari, pero ellos todavía necesitaban saber que era
poderoso. Y que era su guardián. Y podría hacer lo que sea para hacerla
feliz. Tenían que estar intimidados por él en caso de que decidieran
negligentemente abusar de su posición como santuario.
—Ansioso por ver a Ari instalada, Michael. Y por favor… llámame Jai.
Un inesperado sentimiento de orgullo corrió a través de Ari por la manera
en que Jai había manejado la situación. Estaba mezclado con alivio. Y…
sí… lujuria. Ella no podía evitarlo. Él hacía que su piel cosquilleara incluso en
la más terrible de las situaciones. Ari sonrió y entonces disparó un vistazo a
Charlie que había llegado a casa de los Roe antes que ellos. Él estaba
sentado al lado de Fallon en la chimenea en la oficina de Michael Roe.
Charlie le dio un asentimiento y Fallon le guiñó un ojo, pareciendo feliz de
tenerlos de vuelta.
—El Rey Rojo me ha informado que deseas buscar refugio en el Gremio
Roe. ¿Correcto? —le preguntó Michael a Ari, llevando su atención de
vuelta a él.
98
—Sí, señor.
—A pesar de las amenazas de su Majestad de matar a cualquiera de mi
Gremio que traicione tu existencia aquí y, de hecho, tu secreto, estoy
encantado de darle la bienvenida. A ambos. Un Ginnaye con su
reputación, Jai, es siempre bienvenido. Y Ari, a pesar de ser peligroso darte
refugio, que tipo de Gremio podríamos llamarnos si le damos la espalda a
alguien en necesidad y en efecto al desafío. Sin embargo… —Michael
frunció el ceño, poniéndose de pie frente a la mesa y sorprendiendo a Ari
con su altura. Era casi tan alto como Jai. Y a pesar de estar un poco más
allá de la mediana edad, era desgarrador, una clase de fuerza intimidante
y en verdad autoritaria—. El Rey Rojo ha insistido en que se te permita
cazar. Esta es una concesión que encuentro difícil de hacer. Has estado
controlando tus poderes por sólo unos pocos meses. No estás entrenada.
Eres inexperta y tu inexperiencia puede ser peligrosa.
Un puño se apretó en pánico alrededor de la caja torácica de Ari por la
dirección que estaba tomando esta conversación. Necesitaba cazar. Ella
no podía simplemente sentarse todo el día esperando a que los chicos
malos vinieran y la atraparan. Necesitaba ser uno de los que los perseguían
o se volvería loca.
—Entiendo tu indisposición —empezó, manteniéndose tan calmada como
podía—. Pero soy una aprendiz rápida. Ya empecé el entrenamiento con
Jai y Fallon, y estoy segura de que ambos te dirán cuán lejos he llegado en
tan corto tiempo.
El padre de Fallon asintió hacia ella con una pequeña sonrisa.
—Aprecio tu entusiasmo, Ari. Lo admiro. De verdad. Y si, mi hija me ha
contado lo impresionada que está contigo, pero, y no pretendo ser cruel, si
no fuiste capaz de protegerte de ser secuestrada, ¿cómo puedo esperar
que puedas cazar?
Ari hizo una mueca, sin ver realmente como argumentar a eso con
dignidad.
—He estado entrenando desde niño. —Jai caminó hacia adelante,
sorprendiéndola a ella y a Michael. Sus ojos grises brillaron con fuerza y
verdad—. E incluso yo fui sorprendido por el brebaje que Harman utilizó
99
para drogar a Ari. —Le lanzó una mirada, su expresión seria y profesional,
sin traicionar ninguno de sus sentimientos hacia ella—. Trabajé con un
montón de Jinn a través de los años y te prometo, nunca he visto mejor
potencia que la de Ari. Ha pasado por mucho más que otros y no está
corriendo. Esta aquí, fuerte y lista para pelear. Ese es el tipo de cazador
que cualquier Gremio soñaría tener.
La habitación se quedó en silencio ante su declaración y Ari tuvo que
apartar las lágrimas de emoción que se juntaron en sus ojos en caso de
que arruinaran el efecto que Jai había tratado de crear sobre ella. Soltó el
aliento y le dio una sonrisa de agradecimiento. Estaba ganándose un gran
beso por eso más tarde.
Michael Roe estaba mirándola de nuevo, estudiándola más
detenidamente que antes.
—Tal vez en unos cuantos años.
Ari frunció el ceño.
—Sr. Roe, sin ofender, pero no puedo esperar unos cuantos años.
Entréneme, obsérveme, y después lánceme al profundo final. —Tomó un
suplicante paso adelante—. Necesito esto. Usted ha sido un cazador toda
su vida… pero ¿alguna vez ha sido la presa? Y no cualquier presa… soy
como ganar la maldita presa Ídolo Americano… miles de personas lo
quieren. Me quieren. O lo harán cuando descubran lo que realmente soy.
Lo cual estoy casi segura de que lo harán eventualmente, o mi tío no
habría contratado al mejor Ginnaye en el planeta para cuidarme. Sé que
mi tío fue algo despótico al pedirle que me dejara cazar, pero es porque
sabe que ya no puedo ser una víctima. ¿Entiende? —preguntó
fieramente—. No puedo dejarlos hacerme eso. Necesito volverlo contra sus
cabezas. ¿Y no hay algún loco Jinn afuera que amaría detener?
¿Permanentemente? Porque puedo hacerlo… y aparentemente, de
acuerdo con mi tío, nadie será juzgado alguna vez por eso.
Todos estaban tan callados que por un momento, Ari pensó que tal vez
había ido muy lejos, actuando desesperadamente. Pero cuando Michael
sonrió, una risa escapándose de sus labios mientras la miraba un poco
diferente que antes.
100
—De acuerdo. —Asintió—. Podría lamentarlo más tarde, pero me has
ganado. Serás puesta en entrenamiento inmediatamente mientras Charlie
continúa su entrenamiento con Jack.
—Gracias. Lo aprecio. —Ari le sonrió y después le dio una sonrisa
esperanzada a Jai. Él le dio un pequeño asentimiento, claramente
tratando de despejar su temprana preocupación por su actuación algo
fría hacia ella. A Ari no le importaba. La besaría a puerta cerrada más
tarde.
—Jai y Ari se quedaran con mi familia. —Michael se volteó hacia Charlie—.
Jack dice que eres bienvenido a quedarte en su casa con él, Charlie.
—Genial. —Charlie sonrió y después guiñó hacia Ari—. Gran comienzo,
bestia.
Ari rió.
—Sabes, para alguien que casi muere ayer, estás de un excelente humor.
—Me escapé de las garras de la muerte. Eso hace algo en un chico.
Jai gruñó y Ari se dio cuenta que aún estaba desconfiado de Charlie.
—Sí, bueno esperemos que eso no te haya vuelto más estúpido.
Charlie le mostró el dedo haciendo que Jai murmurara en voz baja sobre
niños inmaduros y deseos de morir. Un apretado nudo de ansiedad se
formó en el estomago de Ari. ¿Charlie era positivo porque aún no se había
rendido en su venganza? Eso era lo que Jai pensaba, ¿no es así?
—Interesante —murmuró Michael, sus ojos volando entre Jai y Charlie.
Fallon agitó su mano para alejar la atención de su padre.
—Ellos son así todo el tiempo. No te dejes intimidar por eso. En realidad es
un poco entretenido.
—Es un dolor de cabeza —gruñó Ari—. Así que dejen de hacerlo.
Charlie alzó sus manos en defensa.
101
—Oye, no he hecho nada.
—Aún. —Jai alzó una arrogante ceja hacia él.
Jai, lo reprendió Ari, su propia necesidad de creer en Charlie sofocando sus
instintos, sabes lo que se siente al no tener nadie que crea en ti. Vamos a
darle el beneficio de la duda por ahora.
Negó con su cabeza. Te estás preparando para una caída. No quiero que
te lastimen.
Mira, sólo vamos a darle una oportunidad de enamorarse de El Gremio. Si
es feliz, tal vez no querrá poner su nueva vida en peligro.
¿Cómo puedes ser aún tan optimista?, preguntó con asombro.
Ari arrugó su nariz. Me haces sonar delicada. No soy delicada. Soy…
esperanzadora.
—¿Qué están haciendo ellos? —preguntó Michael.
—Oh, están hablando telepáticamente —respondió Fallon
perezosamente—. Se mantienen haciendo eso.
—Sí, es molesto —agregó Charlie.
Ari le alzó el dedo medio.
Michael gruñó.
—¿Por qué me siento como si acabara de adoptar otra Fallon Roe? Una es
suficiente.
Riendo, Ari compartió una sonrisa afectiva con Fallon.
—Lo tomaré como un cumplido.
Más tarde, después de ser presentada a la madre de Fallon, Caroline, y
mostrarle la habitación al otro lado del corredor desde la de Fallon, Ari
terminó de lavarse y silenciosamente bajó las escaleras desde segundo
piso de la encantadora e inmensa casa en la que Fallon se había sido
criado. Jai se estaba quedando en el cuarto de invitados junto a la
102
habitación de Michael y Caroline. La cena los esperaba abajo, pero Ari
quería ver a Jai a solas. No habían estado solos desde lo que pasó con
Yasmin donde Luca.
Él abrió la puerta ante su telepático mensaje para dejarla entrar y Ari se
quedó sin aliento.
¿Cómo podía hacerle eso aún? Lo veía cada día. Pero esos ojos, tan
verdes y hermosos con sus oscuras pestañas, eran una caliente
contradicción ante la cincelada mandíbula y pómulos, y el enfurruñado y
endurecido mohín en su boca. Era hermoso, poderoso, leal y maduro.
Bueno, cuando Charlie no estaba en los alrededores. Claro, no era del tipo
hablador, pero todo estaba en las acciones de Jai. Era bueno. Era bueno y
auténtico y confiaba en él como nunca había confiado en nadie más.
Cada vez, siempre, que lo veía… sí… le quitaba el aliento.
Sonrió un poco tímidamente, repentinamente sobrecogida por lo profundo
de sus propios sentimientos hacia él.
—Sólo quería reportarme antes de la cena. Aún no he sentido a la Srta.
Maggie. Estoy un poco preocupada.
—Yo no lo estaría. Aparecerá. Tal vez puedas lograr que se muestre a ella
misma esta vez.
—Me estoy poniendo curiosa sobre ella.
—Por fin.
Ante su seco tono, Ari se movió incómodamente.
—¿Estamos bien, no?
Revisando el salón para asegurarse de que estaban solos, Jai tomó su
mano y la hizo entrar. Su habitación era más grande que la de ella. Al igual
que su cama.
Umm.
Las manos de Jai en sus hombros captaron su atención de nuevo hacia su
cara. Estaba parado tan cerca que tenía que inclinar su cabeza para
encontrar su mirada.
103
—¿Qué pasó con Yasmin? Quiero decir, sé lo que pasó pero ¿por qué no
pudiste controlarlo esta vez?
Inclinando su cabeza por la mortificación y la vergüenza, Ari suspiró.
—No lo sé. Fue como si por un momento me enojara tan rápido que no
tenía tiempo para sentir la oscuridad controlándome. Un minuto era yo y al
siguiente el Seal estaba controlándome.
—¿Por qué?
Ari lo enfrentó, sus mejillas aún rojas por la vergüenza.
—Porque eras tú.
Jai frunció el ceño.
—¿Qué significa eso?
—Mis emociones están un poco alteradas justo ahora, de acuerdo… por ti.
Y ella estaba diciendo todas esas cosas sobre ti, sobre nosotros… quería
lastimarla porque todos ellos te lastimaron y supongo que el Seal lo usó en
mi contra o algo. No lo sé, Jai, no sé cómo funciona. ¿Cómo puede ser el
Seal algo consciente, lo sabes?
Temblando fuerte, Ari se hundió en el sólido agarre de Jai mientras el
acunaba sus mejillas en sus largas manos y besaba su frente.
—No lo sé —murmuró contra su piel—. Tal vez deberíamos pensar en
entrenarte. Incitando disparadores y entrenarte para que presiones de
nuevo al Seal hacia abajo.
—¿Crees que funcionará?
—Vale la pena intentarlo, ¿no?
Deslizando sus brazos en su cintura y apoyándose en su abrazo mientras los
brazos de Jai se apretaban alrededor de sus hombros, Ari asintió.
—Sí. No me quiero sentir de ese modo de nuevo. O que te sientes de ese
modo por mí de nuevo.
104
Empujándola gentilmente, Jai arrugó su frente.
—¿Sentir de qué manera?
—Estabas… enojado. Desilusionado.
—No. Estaba molesto. No me gusta sentirme indefenso, y no saber cómo
ayudarte me hace sentir como una mierda, de acuerdo.
—¿De verdad? —Ari preguntó dudosa—. Porque medio tenías tu cosa que
da miedo de, no me hablas, ni siquiera me mires, en acción cuando paso
eso.
—Esa es mi cara de indefenso.
—Oh. Parece como de ira.
—Sí, solo tengo tres expresiones. En blanco. Enojado. Y de aburrimiento
educado.
Ari rió y él sonrió suavemente hacia ella. El subestimarse era algo que no
había visto en él antes. Le gustaba que estuviera empezando a ver un lado
de él que, sospechaba, solo conocía Trey.
—Bueno, te desequilibré, así que no te preocupes. Me han dicho que soy
como un libro abierto.
—No lo sé. —Jai sacudió su cabeza mientras metía un mechón de cabello
detrás de su oreja y acariciaba su cintura con su otra mano—. Ya no tanto.
Algunas veces me encantaría saber que estás pensando.
Sonriendo coquetamente, Ari se acercó a él hasta que sus cuerpos
estuvieron presionados fuertemente.
—¿Puedes adivinar qué estoy pensando ahora?
En respuesta, Jai agarró su nuca y la jaló para encontrar su boca, su
movimiento sorpresivamente rápido y rudo, sus besos abrumadores. El
hormigueo de excitación se disparó a través de Ari mientras abría sus labios
para dejar que su lengua tocara la suya. El beso se profundizó y él gruñía
en su boca, y mientras la vibración de eso zumbaba por todo su cuerpo,
chispas se disparaban en lugares que Ari no sabía que podía sentir. Sus
105
bocas se negaban a separarse, sus cuerpos cubriéndose y gritándoles que
querían fundirse en uno solo. La pierna de Ari estaba escalando la de Jai,
sus manos estaban en sus caderas, manteniéndola apretada contra él, sus
alientos mezclándose mientras recordaban la noche pasada y todas las
posibilidades delante de ellos. No fue hasta que Ari estiró su mano bajo la
camisa de Jai, toqueteando con sus manos por toda la cintura de sus
pantalones vaqueros, que el sentido pareció regresar a él y entonces
rompió el beso, jadeando pesadamente.
Los propios pantalones de Ari susurraron a través de su boca. Se sentía
mareada y desorientada, sus ojos desenfocados. Vaya.
—Paraste —murmuró desilusionada.
—Sí. —Rió ronco, gentilmente apartándola de él—. Porque tenemos una
cena a la que asistir y no quiero parecer como si quisiera llevar a mi cliente
a la cama.
Riéndose ahora ante su apuro físico, Ari camino hacia atrás.
—Ya veo. Bueno, si te sirve de consuelo, estabas tratando de llevar a tu
novia a la cama. —Con una sonrisa arrogante que hizo que se suavizara el
ceño de Jai, Ari caminó hacia la puerta—. Te dejo sólo para que te enfríes.
Te veo en la cena.
—Estás aprendiendo demasiado rápido —murmuró Jai.
Ari se detuvo a medio camino de la puerta.
—¿Aprendiendo qué demasiado rápido?
Su ceño se convirtió en una traviesa y sexy mirada.
—Cómo volverme loco.
Sonriendo, Ari se encogió de hombros.
—Es lo justo. Tú me volviste loca por días, durmiendo en el piso, algunas
veces sin camisa. Era una forma de tortura e intento obtener mi venganza.
—Sintiéndose más liviana de lo que había estado hace quince minutos, Ari
dejó a Jai mirándola sensualmente y dio unos cuantos pasos engreídos por
106
el pasillo antes de detenerse, colocando su mano en su acelerado
corazón.
Tal vez necesitaba tomar unos segundos para enfriarse también.
107

Dar al peón un nombre hace al juego un poco más difícil
Traducido por Mari NC
Corregido por Akanet
—Te pedí protegerla tanto como pudieras. No animarla a buscar el peligro
de convertirse en un cazador.
Rojo la miró, su amonestación aumentando su ira.
—Te olvidas de ti misma.
Burlándose, la belleza se apartó el cabello oscuro por encima de su
hombro y lo miró sin miedo.
—No uses ese tono conmigo, Rojo. Tú y yo estamos más allá de eso.
—Entonces no me acuses de poner en peligro a Ari. Está siendo
sobreprotectora, Srta. Maggie.
Ella frunció el ceño ante el apodo.
—¿Estás seguro de que esto no encaja en los planes retorcidos de tu
padre? Al igual que sus planes para Charlie. Planes infructuosos —se rió con
amargura.
—No infructuosos. Él todavía tiene planes para que Charlie mate al
Labartu. En estos momentos, Cristal está rastreando al Jinn así puede llevar
a Charlie a él.
—¿Así que Azazil mata a Charlie y pone a Ari al frente como un cazador…
para morir también? ¿Cuál es el significado de esto? ¿Qué es lo que
quiere?
Tratando de controlar su ira, Rojo giró su espalda y se quedó mirando las
llamas de su chimenea. A pesar de todo lo que había sucedido, ella
108
todavía era capaz de hacerlo sentir más que nadie en este mundo.
Hablando despacio, con calma, Rojo respondió:
—Azazil no tiene nada que ver con esto. Hice esto por Ari.
—Ari no sabe lo que está haciendo. ¡Es sólo una niña! Y después de este
juicio todos ellos están curiosos acerca de ella. Las preguntas han sido
planteadas. Los viejos rumores sobre el Seal están resurgiendo y no pasará
mucho tiempo antes de que vengan detrás de ella —maldijo ella con
vehemencia—. Me gustaría poder confiar en que te preocupas lo
suficiente por ella para ponerla en primer lugar… como me pones a mí en
primer lugar.
—No puedes —Rojo dio la vuelta, con sus ojos ardiendo en los de ella—. Ni
siquiera puedo confiar en eso yo mismo. —En la triste desesperación en sus
ojos, Rojo quería desesperadamente llegar a ella.
En su lugar, negó con su cabeza.
—Yo… tú te preocupas por ella. Lo haces. Y eres fuerte. Ve con ella.
Protégela.
Aturdida, ella dio un paso tentativo hacia él.
—Dijiste que no querías que me pusiera en peligro a mí misma.
Prácticamente lo prohibiste, si recuerdo correctamente.
—Sí, bueno… —Sintiendo su garganta cerrarse por la emoción al pensar en
algo sucediéndole a ella, Rojo no pudo mirarla a los ojos—. Estoy
empezando a comprender tu necesidad de proteger a Ari. Ya no voy a
impedirte eso. Sólo te resentirías conmigo si algo llegara a pasarle a ella.
—Rojo… —susurró ansiosamente.
Levantó la vista bruscamente, desesperado por deshacerse de ella antes
de que rompiera su estricto control.
—Pero recuerda que nunca te perdonaré si algo te pasa… así que
permanece oculta y sólo intervén en caso de que sea absolutamente
necesario.
Ella sonrió dulcemente, seductoramente.
109
—Por supuesto. No soy suicida, mi amor.
Un viento cruel atravesó el Estado de Zubair, la tierra en la que el Rey
Blanco gobernaba en el Monte Qaf. La tela entraba bruscamente desde
su balcón mientras el torrente helado trataba de arremeter para lograr
entrar, buscando cualquier calor que encontrara y apagándolo con triunfo
cruel. Blanco se quedó mirando hacia afuera al balcón desde su asiento
junto a la chimenea vacía en su dormitorio. El viento no encontraría calor
aquí, sólo un compañero que entendía su desesperación y no sentía nada
de su frío brutal.
—Ella lo ha tomado por sorpresa, Maestro —murmuró Rabir
cuidadosamente desde la esquina de la habitación.
Blanco miró a su sirviente, su expresión suave y tranquila a pesar de su
tormenta interior.
—Ari cambió el juego.
—Estaba seguro de que el chantaje habría funcionado, Maestro.
—Oh, lo habría hecho. Sin embargo, ella ya no tiene la intención de dejar
que su afecto por la gente en su vida gobierne sus acciones. Mi hija tiene
más de mí en ella de lo que yo esperaba.
—¿Y ahora qué, Maestro? Me temo que ya no tenemos tiempo para
tomarlo con calma. El juicio ha resurgido los viejos rumores. Su gente se ha
vuelto más curiosa y temo lo que desean descubrir. Me temo que puedan
buscar a Ari antes de que usted la tenga a su alcance.
Blanco asintió con la cabeza, un poco aturdido ahora. El tiempo se estaba
acabando. Él necesitaba un nuevo plan. Si tan sólo pudiera hacerla
comprender lo que estaba en juego. Si tan sólo pudiera hacerle ver que su
sacrificio los salvaría a todos.
—Me temo que tienes razón, Rabir. Debo reconsiderar tácticas. Y
rápidamente.
110
Captando un movimiento con el rabillo del ojo, Blanco miró hacia arriba
para ver que Rabir estaba de pie al lado de la botella púrpura que él
mantenía a salvo en su dormitorio. Lanzándole una sonrisa muy tentativa,
Rabir gesticuló hacia la botella.
—¿Y qué dice Ari de Sala, Maestro? ¿Está eso fuera de cuestión?
Su primer instinto fue ponerse furioso por la imprudencia de Rabir. Por
siquiera sugerir tal cosa… Blanco se estremeció interiormente, calmando la
furia para poder pensar con más claridad.
Finalmente, cuando se sintió lo suficientemente tranquilo para hablar, le
disparó a la botella que palpitaba con el sabor de la esencia de Sala una
insondablemente oscura mirada antes de apartarla de golpe y volverla a
la tormenta exterior.
—Pensaré en ello.
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
Sin Miedo, envuelvo mis Sombras a tu alrededor
Traducido por Auroo_J
Corregido por Akanet
¿Qué están haciendo? —preguntó Charlie con risa en su voz
mientras miraba a Mikey y Ari. Estaban en la cocina de los
Creagh, rodeados por periódico, pintura y engrudo. Y había
una especie de bulto en medio de ellos en el que tenían su completa
concentración.
Ari pegó otro pedazo de periódico sobre el bulto y se mordió el labio con
concentración. Pareciendo convencida de que estaba libre de arrugas,
cogió otra tira sin mirarlo.
—El proyecto de arte de Mikey es para mañana, así que le estoy
ayudando.
Arrastrándose en el taburete frente a ellos, Charlie trató de reprimir su
sonrisa mientras Mikey fruncía el ceño ante los planos que tenía delante y
luego al bulto con el que Ari estaba tan ocupada.
—Uh... y ¿cuál es tu proyecto, Mikey?
Su hermano pequeño lo miró con una expresión de dolor en su joven rostro.
—Tenemos que hacer un artículo casero, pero con un tema. Escogí el
espacio.
—Oh. —Charlie asintió con la cabeza e hizo un gesto al bulto—. ¿Estás
haciendo un adorno de la luna? —Un ornamento de la luna ladeada,
agregó interiormente.
—No —resopló Ari, mirándolo.
Charlie trató de no sonreír.
—
112
—Tienes una mancha de engrudo en la nariz.
Ella la limpió toscamente y sopló su cabello apartándolo de su cara.
—Es una pantalla de lámpara. Una pantalla de lámpara en forma de un
extraterrestre.
Conteniendo la risa, Charlie alcanzó los planes que Mikey le tendía. Se
suponía que estuvieran haciendo una pantalla de lámpara verde de un
extraterrestre con tres brazos a cada lado.
—Esto es ambicioso.
—Sí. Pero podemos hacerlo.
—Charlie... —Mikey rogó en silencio con sus ojos.
—Ari, ¿alguna vez has hecho algo de papel maché antes?
—Por supuesto. Recuerda que hicimos los planetas en cuarto grado.
—No —Charlie suavemente la empujó a un lado y tomó su asiento—, yo
hice los planetas. Tú comiste engrudo.
—No puedes simplemente sacarme de esto. Soy la gerente del proyecto.
Riendo, Charlie miró a su hermano.
—¿Quieres despedirla o lo hago yo?
Luciendo serio y arrepentido, Mikey se volvió hacia Ari que estaba de pie
junto a ellos, con las manos en las caderas.
—Lo siento, Ari. Estás despedida.
Ella hizo algunos ruidos balbuceantes antes de cruzar los brazos sobre su
pecho.
—Eso fue muy duro.
Como siempre, el tratamiento silencioso de Ari duró cinco minutos. Ella se
cernía sobre ellos, mientras empezaban de cero, haciéndoles bocadillos y
llevándoles refresco, y ofreciendo comentarios y sugerencias que fueron
113
ignoradas, mientras él y Mikey pasaron tres horas creando una pantalla de
lámpara de papel maché de un extraterrestre. Para cuando terminaron,
los ojos de Mikey estaban inclinados hacia abajo.
—Listo, estará seco en la mañana. Será mejor que vayas a la cama. —
Charlie dirigió a Mikey hacia el pasillo.
Murmurando un gracias a Charlie, su hermano pequeño somnoliento
tropezó en su camino a la cama, dándole un perezoso buenas noches a su
madre cuando pasó el cuarto de estar.
Suspirando con cansancio él mismo, Charlie volvió a entrar en la cocina
para ver que Ari había despejado milagrosamente todo en cuestión de
segundos. Él le sonrió con gratitud mientras levantaba su mochila del piso.
—Supongo que será mejor que me vaya. —Ari bostezó y luego lo miró
mientras sacaba el capítulo de matemáticas que tenía que terminar para
la clase de mañana—. ¿No lo has hecho aún?
Charlie negó con la cabeza.
—Fui abordado, recuerdas. —Ante su silencio e inquebrantable mirada,
Charlie frunció el ceño—. ¿Qué?
Ella le sonrió de repente e impulsivamente se acercó y lo besó en la mejilla.
Charlie sintió que su piel se volvía caliente donde sus labios lo habían
tocado y se rió un poco nerviosamente.
—¿Por qué fue eso?
—Eres un buen hermano. —Ella se deslizó en el taburete a su lado—. He
terminado este capítulo. Te puedo ayudarte a terminarlo más rápido.
—No tienes que hacerlo, Ari. Lo que hice esta noche... no fue nada. Era
una pantalla de lámpara estúpida.
—Una pantalla de lámpara estúpida que significó mucho para Mikey. Me
gustaría tener a alguien como tú. Admítelo. —Ella le dio un codazo a su
hombro juguetonamente—. Harías cualquier cosa por tu hermano.
Jadeando, Charlie puso los ojos en blanco.
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—¿Me vas a ayudar o qué?
—No hasta que lo admitas.
Al ver que hablaba en serio, Charlie sonrió, dándose por vencido.
—Bien. Lo admito. Haría cualquier cosa por el pequeño repugnante. —
Empujó el libro de matemáticas hacia ella—. ¿Ahora me ayudarás o no?
... Charlie miraba fijamente hacia el techo, la luz de las farolas afuera
lanzando sombras a través de la calle. Vio las sombras de las hojas del
árbol afuera bailar delante de él y deseaba, como lo deseaba todos los
días, que pudiera sacar con ese baile las sombras de su alma. No pasaba
un día en que no tuviera un recuerdo de un día normal con Mikey, días
ordinarios que se habían vuelto repentinamente extraordinarios ahora,
aunque sólo sea por el hecho de que le permitían a Charlie hablar con
Mikey otra vez en sus recuerdos.
Una parte de él seguía esperando, como Ari seguía esperando, que
recobrara el sentido. Que dejara ir este peligroso plan de venganza. Pero
la necesidad se estaba haciendo más fuerte. Unas semanas habían
pasado desde su llegada y la de Ari a la casa de los Roe y Charlie aún no
lo dejaba ir.
Él estaba entrenando todos los días con Jack, aprendiendo más y más
sobre el poder. Tentado cada día de sacar la esmeralda que Rojo le había
dado. Hasta ahora había sido lo suficientemente fuerte para resistir.
Jack había comenzado la búsqueda del Labartu para él y ambos podían
sentir a la perra cada vez más cerca de ellos. Jack lo entendía. Lo sabía. Lo
comprendía. Charlie se había pasado su vida como joven haciendo todo
por Mikey, cuidando de él, manteniéndolo a salvo, manteniéndolo feliz.
Bueno... esto era lo último que tenía que hacer por él.
Y ayudaba tener a Jack. Pero también ayudaba tener a Fallon. Ella era la
persona con menos prejuicios que había conocido alguna vez.
115
Suspirando, Charlie se sentó en la cama y bajó la mirada hacia Fallon. Ella
estaba durmiendo pacíficamente, con la mano metida debajo de su
barbilla como una niña pequeña. Una oleada de afecto se apoderó de él
y Charlie se esforzó por hacerla retroceder. Pero no pudo. Era muy
agotador.
Reacio a despertarla pero sabiendo que Jack estaría esperándolo, Charlie
le rozó la mejilla hasta que sus pestañas se abrieron.
—Será mejor que vuelvas antes de que tus padres se den cuenta de que te
has ido —le dijo en voz baja y disfrutó de la vista de ella mientras se
sentaba, estirándose lánguidamente.
Ella bostezó y luego le lanzó una sonrisa maliciosa que hacía cosas
divertidas a su interior.
—Ni siquiera hay luz afuera. ¿Es por eso que te levantas tan temprano?
¿Para despertarme y proteger mi reputación?
Charlie rió entre dientes.
—No. A Jack le gusta entrenar temprano. —Él la miró pensativamente—.
¿Quieres entrenar con nosotros hoy? Fue divertido la última vez.
Sacudiendo la cabeza pesadamente, Fallon se levantó de la cama y
arrastró sus cortas pero magníficas piernas en sus pantalones vaqueros.
—No puedo. Tengo mi propio entrenamiento con Ari. Esa chica es
impresionante. Papá está realmente impresionado con ella.
Su nombre puso tenso a Charlie, una sensación inexplicable de culpa
astillando a su buen humor. No sabía lo que había pasado con Ari y Jai
pero no se dejaba engañar por su pretensión de que no había pasado
nada. Tenía la sensación de que mantenían su relación oculta para
proteger a Jai. Así que Ari había seguido adelante. ¿Por qué entonces
Charlie sentía que la estaba engañando? Siempre se había sentido de esa
manera, desde lo de Mikey... cada vez que tonteaba con otra chica, se
sentía como un novio infiel.
Fallon suspiró y Charlie la miró por debajo de sus pestañas, cauteloso por la
pesadez en aquel suspiro.
116
—Charlie, sabes que sólo crees que estás obsesionado con ella, ¿verdad?
—No es sólo creerlo —respondió él bruscamente, sin querer hacerle daño,
pero sintiendo el pinchazo ante la sugerencia condescendiente de que él
no conocía su propia mente. Confundido, él negó con la cabeza—. De
todos modos, aún tuviste sexo conmigo sabiendo cual era el trato.
—Sí, lo hice. —Ella se encogió de hombros con indiferencia antes de
ponerse la camisa de Twin Atlantic de él. Debería estar enojada de que
ella la había tomado prestada sin preguntarle, ya que no había sido fácil
de encontrar... pero lucía realmente caliente con ella—. Tú y yo hemos
tenido vibra desde que nos conocimos. ¿En serio crees honestamente que
puedes estar enamorado de Ari y aun así querer perder el tiempo con otras
chicas?
—Ella no me quiere. Estoy siguiendo adelante.
—Bien. Es por eso que has estado coqueteando conmigo desde el primer
momento, antes de saber a ciencia cierta que Ari no te quería. —Ella negó
con la cabeza hacia él, no enojada sino que casi suplicante—. A pesar de
que Ari y Jai no admitirán lo que sienten el uno por el otro, Jai no ha mirado
a otra chica excepto a Ari desde que lo conocí.
Ceñudo ahora y odiando a donde ella estaba llevando con esto, Charlie
gruñó:
—¿Tu punto?
—Estoy diciendo que, cuando Ari está cerca eres todo juguetón y cariñoso
y cercano. Pero no como una necesitada, tengo que estar contigo en ese
tipo de manera. Como un amigo, cercano. Cuando Ari está en la
habitación con Jai, ese tipo está totalmente centrado en ella. Cuando ella
no está mirando, él la está viendo. Es como una maldita novela de Jane
Austen.
—Eso no quiere decir nada —argumentó Charlie—. Somos tipos totalmente
diferentes.
—Correcto —Fallon estuvo de acuerdo—, tú profesas estar enamorado de
una chica, luego renuncias a ella sin una pelea, y entonces follas con su
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nueva amiga. Dudo que Jai este follando con alguien. Apuesto a que no
se ha acostado con nadie desde que la conoció.
—Si estás tratando de decir que no amo Ari, entonces estás equivocada.
—Creo que amas a Ari. No creo que la ames lo suficiente.
Era como si lo hubiera abofeteado. Parpadeó rápidamente, su corazón
corriendo un poco más rápido mientras sus palabras traían de regreso las
palabras de Ari hacia él. Exactamente esas mismas palabras.
—Cariño, lo siento. —Fallon pasó una mano suavemente por su mejilla
mientras él la miraba, perdido—. No quería ponerme toda seria contigo.
Él negó con la cabeza lentamente y llevó la mano de ella a sus labios,
presionando un beso de perdón en sus dedos.
—Está bien. No muchas chicas tendrían esta conversación con un chico
con el que se acaban de acostar.
Ella sonrió con picardía.
—Bueno, no soy como las otras chicas.
—Sí, estoy entendiendo eso.
—Tuve un montón de diversión anoche. Como un montón. Como... más de
la que he tenido antes.
Él le devolvió la sonrisa ahora, envolviendo sus brazos alrededor de su
cintura e inhaló su aroma. Ella olía como él, y Charlie sintió una oleada de
posesividad que no había estado esperando.
—¿Estás diciendo que soy el mejor que has tenido?
—Bueno, según los rumores has tenido mucha práctica.
En represalia, empezó a hacerle cosquillas, hasta que su lucha los hizo caer
de nuevo sobre la cama. Charlie la inmovilizó allí, con los ojos hipnotizados
por el lindo arco de su boca. Ella era tan adorablemente hermosa, pero el
exterior escondía una mente aguda, un ingenio mordaz y una franqueza
118
que le resultaba refrescante. A él le gustaba. Sonriendo ante la realización
y sintiéndose un poco más libre por ello, Charlie preguntó en voz baja:
—¿Fue anoche el tipo de diversión que te gustaría repetir conmigo?
Pareciendo disfrutar de ser inmovilizada por él, Fallon hizo un pequeño y
suave sonido zumbante antes de asentir lentamente.
—Oh, definitivamente.
A medida que su beso se profundizó, Charlie se puso aún más relajado.
Aparte de Jack, Fallon era la única con la que podía hablar de su
venganza sin que enloqueciera, como Ari. No, Fallon, sólo escucharía,
dejándolo hablar. Ella estaba algo así como convirtiéndose en su mejor
amiga. Se detuvo, echándose hacia atrás para mirarla.
—¿Qué? —susurró.
Su sonrisa era un poco tímida cuando él contestó:
—Me gustas.
Sonriendo ahora, Fallon asintió.
—Sí. Tú también me gustas, Charlie Creagh.
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
Temes lo que no entiendes. Siempre he entendido lo
que temo.
Traducido por rihano
Corregido por Nony_mo
an pasado semanas. No había ni rastro de raros o peligrosos Jinn. Ni
rastro del Rey Blanco. Todo estaba tranquilo.
Demasiado tranquilo, en lo que a Ari se refería. Se sentía ansiosa
todo el tiempo, esperando a que algo sucediera, y enterró esa ansiedad
en su formación con Fallon y Jai. Todas las noches caía en la cama
físicamente agotada de ser golpeada, magullada y maltratada, mientras
ellos trataban de ponerla al día con años de formación defensiva,
tocando principalmente el kickboxing3 y el Krav Maga4. Otros días, se
concentraban en la magia defensiva de Ari. Fuera de todo, era lo más
difícil de controlar. Le habían arrojado rayos de energía, usado su magia
para enviar equipo de gimnasia volando hacia ella, cualquier cosa
alrededor de ellos que pudiera ser utilizado como un arma era utilizado
como arma, para simular lo que sería un verdadero ataque de un Jinn. Los
tres luchaban pero siempre estaban pensando diez pasos por delante,
recordando que cada vez que usaban magia tenía consecuencias.
Algunos Jinn no harían eso, y Ari tuvo que aprender a luchar sin causar una
onda con su magia. Esa fue la parte difícil. Cada vez que pensaba que iba
a llegar a algo inteligente, se daba cuenta de que sus tácticas de defensa
podrían causar una ola. Tres veces había intentado algo y luego se daba
cuenta de lo que estaba haciendo, sólo para detenerse y luego casi
conseguir ser maltratada por una pesa de entrenamiento o cortada por un
cuchillo. La Srta. Maggie, quien había regresado al día siguiente de que
3 Kickboxing: Es un deporte de contacto de origen japonés en el cual se mezclan las
técnicas de lucha del boxeo con las de algunas artes marciales como el karate y el boxeo
tailandés.
4 Krav Maga: Es el sistema oficial de lucha y defensa personal usado por las fuerzas de
defensa y seguridad israelíes.
H
120
ella se había instalado con la familia de Fallon, había salvado su culo
demasiadas veces para contarlas.
Sólo ayer, y cuando la madre de Fallon, Caroline, había estado mirando
también, Fallon había conjurado al doberman del vecino. Vicious
custodiaba la entrada de la gran casa de los Doneli, junto con su
hermano, Terror. Aturdido, asustado y confundido, Vicious había echado
un vistazo a Ari en ese pequeño gimnasio, echó hacia atrás los dientes y
cargó contra ella.
Ella sabía que podía usar su propia energía para crear un escudo que él
golpearía, pero su energía defensiva, había aprendido, realmente dolía.
Amante del perro en el fondo, Ari no quería herir a la bestia. Sin pensarlo,
había creado un bolsillo en el aire a su alrededor y Vicious había golpeado
contra este con un gruñido confuso. Inmediatamente, él había
desaparecido mientras Fallon le había dejado caer sus manos encendidas,
transportándolo de vuelta a de donde había venido.
—¿Qué fue eso? —Había gritado Jai desde el otro lado de la habitación.
Ruborizándose, Ari había mirado a Caroline que estaba frunciendo el ceño
hacia su hija.
—Te dije que no conjurarás a los perros del vecino, jovencita. Es poco
amable.
Fallon había levantado una ceja.
—Poco amable. Esos perros están entrenados para arrancar mi garganta.
Estoy segura de que pueden manejar un pequeño conjuro de vez en
cuando, madre. —Le disparó una mirada a Ari.
—No contaba con tu debilidad por los machos gruñones, sin embargo.
Fallon le guiñó un ojo antes de sonreírle a Jai, que a cambio enarcó una
ceja en señal de advertencia. Riendo, Fallon se encogió de hombros.
—Está bien, no debería haber conjurado al perro, pero Ari se protegió.
Jai suspiró.
121
—Mediante el uso de aire. —Él frotó una mano sobre su cabeza mientras se
volvía hacia Ari—. Pensé que habíamos superado esto. Recuerda, hay
consecuencias para el uso de la magia, el uso de la magia elemental
especialmente.
—Pero lo habría lastimado... —Ari se encogió de hombros.
—Ari —la llamó Caroline. La mujer le estaba dando una mirada sin
sentido—. En la vida real, si un perro vicioso viene corriendo hacia ti, incluso
si no está ahí por elección, me temo que vas a tener que usar tu magia
defensiva para protegerte y a otros de ese perro. O cualquier otro animal
que esté empeñado en atacarte.
—¿Incluso si está bajo la magia Jinn y realmente no lo quiere hacer?
—Desafortunadamente sí. Este es un mundo lleno de decisiones difíciles. Se
llama ser un adulto. —Caroline sonrió amablemente, para suavizar la
tirantez de sus palabras y luego se marchó, después de lanzarle a su hija
otra mirada de advertencia.
—Correcto. —Jai se había acercado a grandes zancadas—. Vamos a
intentarlo de nuevo.
Ari había tratado de probarse a sí misma, ante Michael y el resto de los
Roes día tras día de entrenamiento, y todos ellos parecían haberla
acogido. Por supuesto, ella no había conocido a todo El Gremio, ya que
había un montón de ellos, y unos pocos estaban en otra parte, en trabajos
de caza. Hubo cierta torpeza al principio, ya que los Roes estaban
bastante incómodos con el hecho de que uno de los suyos, Anabeth, los
había traicionado y deshonrado y trató de matar a Jai y en su lugar casi
mató a Ari. Pero Ari nunca lo mencionó, ni tampoco Jai.
Ella vio a su novio por el rabillo del ojo mientras se paraba cuidadosamente
a un lado, los brazos en alto delante de su cara, lista para el ataque de
Fallon. La colchoneta era firme bajo sus pies y su cuerpo estaba zumbando
con energía.
Había tenido una gran noche de sueño, teniendo en cuenta que había
sido un desastre ayer, pero en lugar de que esto la hundiera, Ari estaba
decidida a asegurarse de que nunca pasara de nuevo. Jai estaba
122
asintiendo con la cabeza alentadoramente mientras la observaba y a
Fallon con total concentración. Lo echaba de menos. No habían pasado
realmente mucho tiempo a solas estas últimas semanas. Él le había dado
unos cuantos besos aquí y allá, cada vez que habían conseguido un trozo
de milagrosa privacidad, y había habido esta noche en el gimnasio
cuando había conseguido algo caliente, pero la verdad era que
usualmente estaban tan cansados al final de la noche, que colapsaban en
sus dormitorios separados. Y, por supuesto Jai era muy condenadamente
respetuoso con Michael...
... Se estaba convirtiendo un poco en un dolor no ser capaz de estar en
público con él. A veces, lo más cerca que ella llegaba a él era cuando
estaban entrenando. Hoy no era uno de esos días, sin embargo. Él tenía su
combate con Fallon para que pudiera ver exactamente en lo que
necesitaba trabajar. Lo cual era mucho.
Fallon hizo un movimiento y Ari dio un paso atrás con su pie izquierdo y
bloqueó la patada con el costado de su antebrazo derecho. Ambas
dieron un paso atrás, rebotando un poco, calentando. Y entonces
empezaron el entrenamiento en serio, el intercambio de golpes, ninguna
de ellas consiguiendo un golpe.
—Me acosté con Charlie anoche —admitió Fallon de repente y todo el
cuerpo de Ari simplemente se congeló.
El dolor explotó a través de su pómulo mientras el puño de Fallon
conectaba con su cara. Ella se tambaleó hacia atrás, aclarando su visión
borrosa mientras jadeaba por el aliento que había quedado atrapado en
su pecho con el golpe.
—¿Qué dem...? —Escuchó a Jai gritar.
El rostro de Fallon apareció frente a ella, con los ojos abiertos llenos de
preocupación.
—Ari, ¿estás bien? Mierda, lo siento, ya estaba lanzando el golpe...
Ari meneó su cabeza, su mejilla sintiéndose como si fuera dos veces el
tamaño de la otra, palpitante y quemante, como si hubiera sido estrellada
contra una pared de ladrillo en lugar de un puño pequeño.
123
—Está bien.
—Siento lo de Charlie. No pensé que sería... oh mierda. Mira, sólo pensé
que debería decirte porque somos amigas y no quiero que pienses que
estoy escondiendo algo.
—Ari, ¿estás bien? —preguntó Jai mientras pisaba las colchonetas, sus
cejas juntándose con preocupación.
Fallon lo miró por encima del hombro.
—Consigue un poco de hielo, envuélvelo en una toalla.
Él asintió con la cabeza y se fue rápidamente, lanzándoles una última
mirada de perplejidad antes de irse.
Ari suspiró y se volvió hacia Fallon, sintiendo un pequeño dolor estúpido en
su pecho porque Charlie hubiera continuado con su vida tan rápido.
—No estoy molesta. Estoy bien. Sólo me tomaste por sorpresa. —Ella sonrió
tristemente, tocando tentativamente su mejilla—. Eso significa que tomé la
decisión correcta.
Comprendiendo, Fallon asintió con la cabeza, sus ojos de color marrón
oscuro llenos de más sabiduría de la que alguien de su edad debería tener.
—La tomaste, sabes. Charlie se dará cuenta de eso muy pronto, también.
Él solo está siendo testarudo.
—Hemos sido amigos desde siempre. A veces es difícil desprenderse de los
recuerdos.
—Yo conseguiré que lo haga. —Fallon sonrió amablemente, luciendo tan
parecida a su mamá que daba miedo—. ¿Si te parece bien?
Ari le devolvió la sonrisa a regañadientes.
—Me gusta cómo se comporta a tu alrededor —admitió, aunque hacerlo
la ponía un poco triste—. Él es mejor.
—Así que, ¿seguimos siendo amigas, entonces?
124
—Por supuesto.
—¿Estamos entrenando o chismeando, señoritas? —preguntó Jai,
caminando de vuelta a la habitación con el hielo.
Fallon rodó sus ojos.
—Hablando de tercos. —Ella le sonrió mientras él la pasaba, deteniéndose
frente a Ari para presionar suavemente la toalla con hielo frío en su mejilla.
Sus dedos rozaban su barbilla mientras él inclinó la cabeza de ella un poco
y Ari se estremeció.
Fallon se rió entre dientes.
—Solo estábamos hablando de sexo, Maravilloso. ¿Tal vez tengas algo que
añadir a eso?
Sintiendo sus mejillas calentarse mientras Jai se tensaba, Ari levantó la
mirada para atrapar la suya, pero él estaba mirando a Fallon, frunciendo el
ceño.
—¿Qué? —Fallon se encogió de hombros, riendo—. ¡Ella es caliente! —Hizo
un gesto hacia Ari—. La mitad de los chicos del Gremio están babeando
por ella. Deberías pensar en acelerar el paso de tortuga antes de que
algún otro chico llegue primero.
—Fallon —se quejó Ari, alejándose de Jai avergonzada cuando él giró
para mirarla inquisitivamente. Está bien, un par de los chicos que había
conocido habían sido un poco coquetos.
La otra mitad estaba aterrorizada de ella, así que pensaba que eso lo
igualaba un poco.
—Perdón por la interrupción, gente —dijo Caroline, apareciendo en la
puerta. Estaba mirando a Jai—. Alguien vino a verte.
—Oh Dios mío —susurró Ari, una sonrisa enorme estallando en su cara—.
Trey.
125
El guardián Jinn que, con su alta y larguirucha estructura, desordenado
cabello rubio oscuro y rasgados ojos grises, podría ser el hombre más
hermoso en el que Ari había puesto sus ojos alguna vez.
Verlo trajo una oleada de calor al pecho de Ari mientras él permanecía de
pie, apoyado casualmente contra una de las estanterías de libros de
Michael con una amplia sonrisa. Estaba usando un par de pantalones
negros de diseño, unas botas de motociclista usadas, una fresca camiseta
blanca, y una chaqueta de cuero a la medida. Usaba bien la ropa y él lo
sabía. Ari no estaba contenta de verlo porque fuera muy hermoso, aunque
hacia lindo cualquier sitio en que estaba, estaba alegre de verlo porque
era muy leal a Jai. Él amaba a su amigo, y por eso tenía la amistad y
confianza de Ari.
—Hola, preciosa. —Él le guiñó un ojo mientras caminaba hacia Jai y tomó
su mano, jalándolo para un brusco abrazo.
—No es que no me alegre de verte —dijo Jai lentamente, con aspecto
confundido mientras miraba entre Trey y Michael Roe—, pero, ¿qué estás
haciendo aquí?
—Pensé que podrías necesitar ayuda —respondió vagamente Trey antes
de sonreír de nuevo a Ari y alcanzarla para meterla en un abrazo de oso.
Ella se echó a reír, empujándolo juguetonamente lejos cuando él la apretó
demasiado. Frunció el ceño repentinamente y estiró su mano para
voltearle la cara hacia la luz—. ¿Qué pasó aquí? —Miró el moretón en su
pómulo que estaba agradecidamente empezando a sanar.
Ari se encogió de hombros.
—No estaba prestando atención. Los diminutos e inútiles puños de Fallon...
no son tan inútiles.
Michael se aclaró la garganta, levantándose de detrás de su escritorio.
—¿Trey has solicitado permiso para unirse al Gremio mientras están aquí?
Sorprendidos, tanto Ari como Jai fijaron a Trey con miradas inquisitivas. Él se
rió de nuevo y se encogió de hombros.
126
—Terminé mi caso y pensé que unas vacaciones del Ginnaye podrían estar
bien.
—¿Y estás dejando que se quede? —le preguntó Jai a Michael, y Ari podía
oír la curiosidad en la pregunta. Ella también estaba un poco curiosa, en
cuanto a por qué el Gremio dejaría a Trey quedarse.
No era como que el Rey Rojo hubiera forzado esto sobre Michael Roe.
El padre de Fallon se encogió de hombros.
—He oído hablar de Trey. Es un gran Ginnaye. Es tu amigo y creo que es
prudente que tengamos tantos Jinn poderosos entre el Gremio como
podamos tener en nuestras manos mientras Ari se queda con nosotros.
Jai asintió.
—Está bien. —Y entonces se volvió hacia Trey, con preguntas silenciosas en
sus ojos.
Ari se preguntó si estarían hablando telepáticamente.
—Vamos a ponernos al día. —Trey hizo un gesto hacia la puerta, su sonrisa
marchitándose un poco.
Oh oh. Algo había sucedido.
Ellos se dirigieron en silencio a través de la casa, Jai los condujo a su
dormitorio. Ari se deslizó dentro, sorprendida de ver todo limpio y
ordenado. Su lugar era como la barraca de un soldado.
—¿Qué está sucediendo realmente? —preguntó bruscamente Jai, pero Ari
podía ver en sus ojos que estaba preocupado por su amigo.
Dejándose caer sobre la cama de Jai, Trey miró entre ellos, su sonrisa falsa,
sus ojos usualmente brillantes, apagados.
—Mi papá me sorprendió con un chico.
El silencio cayó sobre la habitación y el pecho de Ari dolía por él. Trey era
bisexual, algo que él nunca le había dicho a nadie en la tribu, excepto a
Jai. Su padre, Rik, era abiertamente homofóbico y Trey no había querido
127
lidiar con las consecuencias de su padre averiguando la verdad. Incluso
había perdido una relación bastante seria por esto.
—Oh infiernos. —Jai suspiró y se sentó al lado de su amigo—. ¿Qué pasó?
—Mi papá se volvió loco. Intentó pegarme... lo que no funcionó. Le di a su
culo un buen golpe. Luego se fue a donde Luca y le pidió que me echara
de la tribu Bitar.
La cabeza de Jai se sacudió ante la mención de su padre, sus ojos
entrecerrados con odio preparado.
—¿Lo hizo?
—No. —Trey sacudió la cabeza y Ari vio a Jai relajarse visiblemente—. Creo
que tu viejo siempre lo ha sabido. Me dijo que podía quedarme, pero no
quiero estar en un lugar en el que ni siquiera soy querido por mi propia
familia. Y ellos realmente no son mi familia.
Él sonrió tímidamente, con una mirada tan infantil, que Ari sintió otra
punzada de afecto haciendo eco en su pecho por él.
—Pensé que localizaría a mi familia real y vería si necesitaba ayuda, por
ejemplo, con un cierto aspirante a brujo.
Ari dio un paso hacia adelante.
—¿Quieres ayudar con Charlie?
Trey se encogió de hombros.
—Michael dice que Jai está ocupado entrenándote con su hija Fallon.
Dice que Charlie está siendo entrenado por un tipo llamado Jack, y que
ninguno de ustedes sabe lo que está pasando con su formación.
—Es cierto —murmuró Jai.
—Bueno, soy otro par de ojos. Mantendré un ojo sobre ellos.
Asegurándome de que todo esté en ascenso y mejorando.
Agradecida, Ari se deslizó entre los dos y tomó la mano de Trey.
128
—Eso significaría mucho.
Él le dirigió una sonrisa maliciosa y levantó sus manos juntas para presionar
un beso en sus nudillos.
—Sí, nada de eso —interrumpió Jai, deslizando una mano alrededor de la
cintura de Ari y jalándola más cerca de él. Su boca cayó abierta por la
sorpresa.
—¡De ninguna manera! —Trey se echó a reír—. Amigo, ¿finalmente volviste
a tus sentidos?
—Sí, lo hice. Así que quita las manos.
Ari miró a Jai, con los ojos abiertos, y un poco molesta de que los celos le
hubieran hecho compartir su secreto.
—¿Estamos diciéndoselo a la gente ahora?
Él hizo una mueca.
—Trey no es la gente. Él no va a decirle a nadie.
—Oh es un secreto. —Trey rebotó de la cama, sus ojos brillaban con
picardía—. Muy caliente.
—No puedes decirle a nadie. —Ari lo pegó a la pared con la mirada,
esperando que estuviera volviéndose un poco agresiva. Por cierto, él se
mantuvo sonriéndole—. Lo digo en serio, Trey. La vida de Jai depende de
ello.
Intrigado, Trey alzó una ceja hacia Jai.
Él suspiró al lado de ella, con su mano flexionándose sobre la cadera de
ella.
—Se le ha metido en la cabeza que alguien me podría utilizar para llegar a
ella.
Molesta, Ari respondió:
—Ella está sentada aquí mismo.
129
—No está equivocada —dijo Trey pensativamente—. Intentaron usar a
Charlie, y él sólo era su amigo.
—Una vez más, estoy aquí mismo.
—Sí, pero no soy ningún chico estúpido con sed de venganza. Puedo
cuidar de mí mismo. Ella tiene que dejar de preocuparse.
—Aún creo que tiene razón. Además, realmente nadie necesita saberlo
ahora mismo.
—Ella necesita un poco de chocolate —gruñó Ari antes de alejarse del
abrazo de Jai. Se levantó de la cama, caminando hacia la puerta—, antes
de golpear a uno de ustedes.
La risa de Trey se filtró a través de la puerta justo cuando cerraba de un
portazo. La voz de Jai retumbó a través de la pared, sonando perdido.
—¿Qué acaba de pasar? —A pesar de sí misma, su pregunta amortiguada
la hizo sonreír mientras se alejaba.
130

Persiguiendo sueños que son ajenos
Traducido por Sweet Nemesis
Corregido por Deyanira
omo todos los Jinn, Rojo era templado. No sentía el frío o el calor.
Sin embargo, eso no lo detenía de disfrutar de las cosas que los
creaban. El sol era esta cálida bola, el ser en el cielo que
ahuyentaba las sombras de los rostros y destellaba los rayos del sol en los
ojos. Por siglos, Rojo había visto a los humanos levantar sus caras al cielo,
con los ojos cerrados, mientras se perdían en la paz que sólo el calor del sol
podía brindarles.
Pero el sol también podía quemar. Podía ampollar la piel. Podía secar un
río, causar sed. Hambre. Muerte.
En cuanto a la luna, Rojo siempre la había visto como este frío y duro
objeto que perseguía al sol, desesperada por alcanzarlo, para entender
qué los hacía tan diferentes. Para entender qué hacía a todo tan
diferente. Y nunca jamás, alcanzando ese entendimiento.
Pero la luna también era luz. Pura, luz blanca. Una guía para las estrellas en
el más oscuro de los cielos. Un ser de esperanza, de admiración y, a pesar
de su sed por conocimiento, un ser de paciencia.
Cuando era joven y su madre aún estaba viva, Rojo siempre había
pensado en Lilif como el sol y en Asmodeus como la luna. Ahora, mientras
se paraba frente a quien era esencialmente su tío, aunque nunca había
pensado en Asmodeus bajo esos términos, Rojo se preguntaba con una
ansiedad que lo sorprendía y espantaba, por qué de pronto Ari se había
convertido en la tierra dentro de su analogía. ¿Qué era ella para los
gemelos que soñaría los recuerdos de Lilif y que Asmodeus estaría tan
intrigado por ella? ¿Por qué estarían orbitando el uno hacia el otro?
C
131
—¿Vas simplemente a quedarte viéndome fijamente todo el día? ¿O estás
aquí por alguna razón? —preguntó sedosamente Asmodeus, sus ojos
entrecerrados con fingido aburrimiento, sus labios curvados en una ligera
sonrisa. Se encontraba en su sofá junto a la enorme chimenea en su salón
de descanso del Palacio de Azazil. Las llamas proyectaban sombras por
todo su cuerpo, recordándole a Rojo la descripción moderna de los
humanos del diablo.
—Mi padre podrá pensar que te tiene bajo sus pies, pero yo no estoy tan
convencido. Rompiste su protocolo al ir hacia Ari en su cuarto. ¿Qué te
detendría de hacerlo otra vez?
—¿Por qué eres tan protector con esa pequeña belleza? A mí me parece
como si estuvieras tomándote las órdenes de Azazil demasiado en serio.
—¿Por qué estás tan interesado en ella? —le contrarrestó Rojo, dando un
paso hacia Asmodeus, deliberadamente vibrando con energía mágica así
el Marid sabría que no estaba jugando.
Asmodeus sonrió en respuesta sin siquiera moverse.
—Ella es la pieza que todos quieren. A veces, me gusta tomar cosas que las
otras personas quieren porque me divierte.
Algo se apretó en el pecho de Rojo ante el pensamiento de Ari en las
manos del teniente.
Sobre mi cadáver, el pensamiento destelló por su mente y se detuvo por la
sorpresa. Alejando ese pensamiento, Rojo miró a Asmodeus.
—Seguramente no traicionarías a Azazil.
—Por supuesto que no —espetó Asmodeus, ya no tan despreocupado o
inalterable. Se burló de Rojo—: Pero eso no significa que no pueda
divertirme un poco con ella. Es realmente deliciosa ¿sabes?
Esforzándose en ignorarlo, Rojo suspiró.
—Vi algo entre ustedes que era más que sólo indebida lujuria… ella te
afecta. ¿Por qué?
132
Lentamente Asmodeus se levantó de su asiento, cuidadosamente bajando
un pie, luego del otro antes de levantarse en toda su altura. Con una
expresión en blanco, se paseó casualmente hacia Rojo hasta que estuvo a
solo unos centímetros frente a él. Inclinó su cabeza hacia un lado, su
oscura mirada aburrida pero aun así de alguna manera, buscando. Rojo ni
siquiera titubeó. Él no era intimidado tan fácilmente, ni siquiera si el Marid
tenía miles de siglos o más.
—¿Por qué estás tan interesado en cuál es mi interés por Ari? ¿Sabe Azazil
que estás aquí interrogando a su más leal sirviente?
—Creo que tramas algo. Creo que hay una conexión entre tú y Ari que me
estoy perdiendo. Y creo que esa conexión la pone en peligro. La última vez
que supe, mi padre quería que la mantuviera con vida. Por cualquier
medio. Incluyendo interrogar a su más leal sirviente, quien parece tener un
interés insano en ella.
Asmodeus sonrió maliciosamente ante eso.
—Ahí lo tienes Rojo. Tengo un interés insano en ella… No había visto una
belleza tan inusual en un tiempo y estaba pensando en que cuando Azazil
termine con ella, si es que sobrevive, la podría agregar a mi harén. Ella sería
mi favorita. Puedo asegurarlo.
Ira desenfrenada reptó a través de Rojo, pero siglos de vida militar y
espionaje le habían enseñado que dejar que la ira lo rasgara por dentro
era preferible a dejar que se mostrara. En su lugar fingió una sonrisa y un
asentimiento que sugería que pensaba que la idea de Asmodeus era
divertida.
—Entonces siento haberte disgustado, Asmodeus.
—En absoluto. Tu visita ha sido… enriquecedora.
Intentando no saltar con la sugerencia de Asmodeus de que había
revelado mucho sobre sí mismo, Rojo le dirigió otro asentimiento y dio un
paso en el Peripatos. Casi inmediatamente se encontró a sí mismo en su
destino, el estado de Nusrah, la tierra en el Monte Qaf donde su hermano
el Rey Sombra reinaba sobre cualquiera que no estuviera sirviendo a
Blanco.
133
A pesar de su nombre, las sombras apenas eran encontradas en el
pequeño palacio de Sombra, con sus altos ventanales como de catedral y
los pesados candelabros que colgaban de cada techo.
Sombra estaba cenando en su gran salón con los que eran
probablemente sus vecinos ricos…. mercaderes y propietarios de tierras
probablemente.
Todos se sobresaltaron por Rojo antes de inclinar su cabeza en respeto
hacia él. Sombra frunció sus labios en molestia ante su visión, pero se paró
de la mesa. Todos alrededor inmediatamente se pusieron de pie también y
Sombra ondeó una mano sin adornos hacia ellos para que se sentaran.
Caminando hacia él, el oscuro y largo cabello de Sombra voló hacia su
espalda, revelando los largos aros de piedras que usaba en sus orejas. Eran
las únicas joyas que usaba, se las había dado Lilif. La seda rojo sangre de su
túnica brillaba en la luz mientras se acercaba, el único toque de color en
todo el cuarto.
—¿Qué quieres hermano? —preguntó en voz baja, sus oscuros ojos
entrecerrados con disgusto—. Estás interrumpiendo nuestra cena.
—Habla conmigo en privado. —Rojo se giró sobre sus talones, sin esperar
una respuesta. Sonrió petulantemente mientras los pasos resonaban detrás
de él mientras hacía su camino a través de los pasillos de frías piedras
blancas y entraba a un cuarto igual de blanco. La madera caoba era un
duro contraste frente a todo el blanco: paredes blancas, sofás blancos,
sillas blancas. Blanco, blanco, blanco. Rojo rodó sus ojos. Ya lo entendía.
Sombra era sólo un nombre. Su hermano era tan obvio. Como una lectura
de poesía de tercer grado.
—Bueno, habla —espetó Sombra, intentando recuperar la ventaja.
Rojo le disparó una mirada de aburrimiento que sabía exasperaría a su
hermano.
—Estoy aquí por el Seal.
—Creí que estabas protegiendo esa cosa para nuestro padre.
134
—La cosa es un ella —respondió calmadamente Rojo, aunque sentía de
todo menos eso—. Cuando era una cosa, ¿quién estaba ahí? ¿Cuándo
nuestro padre se lo otorgó por primera vez a Salomón? ¿Quién más estaba
allí?
—¿Por qué me preguntas? Tú estuviste ahí.
Intentando ahogar su frustración, Rojo suspiró.
—No, hermano, no estuve ahí. Eso me dice mucho de tu respuesta, ni
siquiera puedes recordar mi ausencia.
Sombra frunció el ceño por su condescendencia.
—¿Dónde estabas entonces?
—Estaba guiando al asirio Adad-Nirari II hacia su nuevo imperio. Creo que
estábamos luchando contra Babilonia en aquel entonces. Me perdí toda
la cosa del Seal de Salomón por ello —siseó Rojo con frustración, deseando
no haber hecho tan buen trabajo en liderar esa guerra. Si hubiera dejado
que el Jinn Ramshi, quien estaba guiando a todos los otros estados en su
grave situación contra Asiria, ganara, podría haber estado junto a su
familia observando esos históricos e importantes eventos.
—Aah. —Sombra sonrió—. Bueno, no estaba al tanto de nada aparte de
Blanco. Tan pronto como padre produjo ese maldito Seal, Blanco salió
detrás de este. Tal vez deberías dirigir estas preguntas a él.
—Creo que ambos sabemos lo poco fructífero que eso sería.
—Creo, tal vez, que estás atascado entonces. Voy a…
Moviéndose a través del aire al igual que el viento en sí, Rojo agarró a
Sombra por el cuello y lo presionó contra la puerta antes de que Sombra
siquiera terminara la oración. Él agarró la mano de Rojo, arreglándoselas
para evitar que le quitara el oxígeno, pero no logrando librarse de él. Sus
poderes se cancelaban el uno al otro.
—Dime quien más estuvo ahí —demandó Rojo en una baja y peligrosa voz.
Sombra asintió lentamente y Rojo retrocedió, dejándolo ir
cuidadosamente. Sombra se encogió en sus túnicas, mirando a Rojo.
135
—No hay necesidad de usar la violencia hermano. Hay alguien más que
podría saber algo.
—Si dices Asmodeus podría matarte.
Sombra sonrió.
—No exactamente. No. Él era de los favoritos de padre en esos tiempos.
Creo que su nombre era Kadeen.
El reconocimiento se encendió de inmediato y los recuerdos se
reprodujeron detrás de él. Kadeen había sido unos de los confidentes de
Azazil por siglos. Era unos de los Marid más viejo en su mundo. Pero… Rojo
frunció el ceño.
—Kadeen se fue a aislamiento hace siglos.
—Oh, así lo hizo. —Sonrió Sombra, disfrutando del aumento de la frustración
de Rojo—. Cansado de los métodos reales sin duda. Ahí tienes tu respuesta
hermano. Tal vez él sea de ayuda… si lo encuentras.
—Lo tomaré como que no conoces su paradero.
—No. No realmente. ¿Me vas a decir de qué se trata todo esto?
Rojo se burló del hermano por el cual nunca había sentido mucho respeto.
Por muchas razones.
—No me gustaría arrastrarte a todo esto y sacarte de tu cómoda posición
de no hacer nada.
Frunciéndole el ceño como un niño petulante, Sombra aspiró.
—Blanco no ha pedido mi ayuda. No he oído de él desde que le dije que
sabía sobre Ari. Me dijo que me sentara y esperara. ¿Qué otra cosa se
supone que haga?
Preparándose para retroceder en el Peripatos, Rojo se encogió de
hombros como si no le interesara.
—Por qué no, por una vez, dejas de actuar como un perro faldero y actúas
como un rey en todo tu derecho.
136

Usaré Tu Amor como un Molde Para Hacer una Daga
Traducido por Violette, karliie_j & Florciscuchis
Corregido por Clau12345
lla se sentía desesperada. El tiempo se estaba agotando y tenía
que hacer esto. Lilif enroscó su mano con más fuerza alrededor del
Jinn menor. No era más que un joven. Apuesto, inteligente,
encantador. Había algo sobre él, algo que atraía a la gente. Tamir.
Hermoso Tamir. Y su hijo, el amante del rey Cristal. Él permaneció rígido en
contra de ella, sabiendo que podía destriparlo en cuestión de segundos si
así lo deseaba. Que eso tuvo que llegar a esto, teniendo que extinguir a los
niños que tanto amaba. Y Cristal, él siempre tuvo que ser su favorito con su
cabello azul oscuro, que hacia juego con la profundidad de su lealtad y
fuerza. Lilif lloró lágrimas internamente mientras empujaba a Tamir a través
de las puertas dobles, sorprendiendo a su hijo, quien se dio la vuelta, con su
largo cabello llamativo a la luz de las velas, coincidiendo con su expresión
impresionada.
Sus ojos entrecerrados mientras él se percataba del oscuro semblante
nublado de ella y su agarre sobre Tamir.
—Madre, ¿qué está ocurriendo? —Él dio un paso tentativo hacia ellos, su
mandíbula apretada con tensión mientras sus ojos se encontraban con los
de Tamir. Cristal nunca había amado a nadie de la manera en que él
amaba a Tamir. Un jirón de celos sopló a través del corazón de Lilif.
—Traje tu amor como garantía, mi querido.
—Entonces las sospechas de Rojo son ciertas. Buscas matarnos, para
destruir el equilibro, destruyendo a tus propios hijos —susurró Cristal con voz
ronca, la desesperación en sus ojos tornándose repugnancia. Eso sólo la
hizo apretar más duro a Tamir con su magia y él dejó escapar un gruñido.
Cristal se lanzó hacia ellos con un grito gutural y Lilif se movió como el
viento hasta que tuvo a Tamir en el lado opuesto de la habitación.
E
137
Ella sonrió dulcemente a su hijo, escondiendo su dolor. —Tengo que
cambiar todo. Demasiado se ha perdido bajo esta regla, necesito algo…
nuevo. Mi dolor por una nueva vida para los Jinn.
—Has vivido demasiado, Madre. Esa es tu única enfermedad.
Su sonrisa se transformó a un ceño fruncido malicioso y alcanzó la barbilla
de Tamir, inclinando su apuesto rostro hacia el suyo, para poder estudiarlo.
Él se negó a encontrarse con sus ojos, sus puños cerrados con furia ante su
propia impotencia.
—Él es hermoso, hijo mío. Puedo ver porque te tiene tan cautivado. —Sus
dedos se enterraron en su piel, sacando sangre, haciéndole
estremecerse—. Terminare su vida si no me entregas tu esencia
voluntariamente.
—Te has vuelto loca —escupió Cristal, pero ella podía escuchar la
desesperación en sus palabras.
Sus ojos brillaban ahora mientras se giraba hacia él.
—Tengo que hacer esto. Por favor, perdóname por buscarte primero, mi
amor, pero temo que esto será lo más difícil de todo… destruir a mi Cristal.
Mi hermoso Cristal. Debo hacer esto primero. Esto debe ser terminado
primero.
—Madre, por favor…
—No puedo ser razonable con esto. Sólo dame tu esencia y liberaré a
Tamir. Me aseguraré de que no sufra ningún daño. Trataré de salvarlo
cuando El Después venga por nosotros.
Como alguien que necesitaba ser querida por todo el mundo, Lilif observó
con dolorosa envidia como Cristal dirigía su mirada hacia Tamir. Un
profundo amor por el Jinn menor vivía en Cristal para ser visto por todos y
Lilif pudo ver el momento en que Tamir se dio cuenta de lo que la
profundidad de ese amor significaba. Él empezó a luchar en los brazos de
Lilif.
138
—¡No, Cristal, no! —gritó—. ¿Qué es mi vida sin ti? ¡No hagas esto! ¡No
valgo las consecuencias!
—Tú eres todo lo que vale la pena —susurró Cristal roncamente. Él se giró
hacia su madre, viéndose entumecido, pero resignado—. Si lo dejas ir, me
iré contigo.
Lo más cercano que Lilif había estado de amar a alguien tanto, fue su
amor por su gemelo, Asmodeus. Ella creía que haría cualquier cosa por
él…. ¿pero morir por él? ¿Era capaz de tal amor? Una amarga
incapacidad para entender a su hijo, torció la boca de Lilif en una mueca
de desprecio.
—Mi querido hijo, cuando amas, tu amor es tan profundo. Si no lo hubiera
usado en contra tuya, tu padre o tus hermanos sin duda lo harían
eventualmente.
—No este hermano —gruñó Rojo furiosamente mientras irrumpía en la
habitación, el aire alrededor de él crepitando peligrosamente. En sincronía,
como los dos hermanos siempre lo habían hecho, Rojo y Cristal se volvieron
hacia ella y Lilif sintió el apretón de acero de sus poderes combinados
atando su cuerpo.
Ella gritó de rabia mientras Tamir tropezaba lejos de ella.
—No lo tendrás —proclamó Rojo. Dolor y rabia fueron solo dos de la
infinidad de emociones en sus sobrenaturales ojos azules.
Éste, pensó Lilif con odio, saltando lejos de la unión de forma lenta pero
segura, éste siempre había sido manipulado fácilmente por Azazil.
—Tonto —escupió hacia él—. La lealtad no es una moneda que puedas
darte el lujo de usar.
Rojo curvó un labio con disgusto hacia ella.
—Entonces deberé ser siempre un pobre para un rey, madre.
Ira impotente la hizo reaccionar más rápidamente contra ellos y Rojo y
Cristal lucharon para sujetarla. Pero aun así, el miedo de que no pudiera
ser capaz de ganar contra ellos dos, la llenó. Con un chillido de furia,
139
rompió su unión y se abalanzó sobre Tamir. El crujido de su cuello
quebrándose, el sonido del fin de su vida, se hizo eco por toda la
habitación. El profundo grito de dolor de Cristal siguió sus pasos.
Lilif retrocedió un paso hacia los Peripatos antes de que Cristal pudiera
tomar su venganza.
—… Ari, vamos, despierta —Una voz profunda retumbó en su oído. Ella se
restregó profundamente en la suave almohada, encorvando los hombros,
para que así, rozara su oído donde el aliento le había cosquilleado—.
Michael quiere verte en su oficina.
Ari gimió y se dio la vuelta, sus ojos se entrecerraron en el rostro de Jai. Él
estaba asegurado sobre ella, sus manos en cada lado de la cabeza. Su
precioso rostro afeitado y sus brillantes ojos cerniéndose a centímetros
sobre ella.
—Me despertaste de un sueño. Creo que fui realmente Lilif en este.
Las cejas de Jai se juntaron.
—¿Sobre qué era?
—Era su recuerdo de cuando trató de matar a Cristal. De tomar su esencia
—murmuró, aún un poco adormilada. Una tristeza hizo eco en su pecho
por el rey Jinn que nunca había conocido.
Él era tan extraordinario como Rojo, con su cabello azul claro y ojos a
juego. Si sus sueños fueran recuerdos reales, Lilif había matado al hombre
que Cristal amó.
—Ella mató a su amante cuando Rojo y Cristal no le permitieron tomar su
esencia.
—Suena como algo que El Rey Blanco podría hacer.
—Hmm. —Ari estuvo de acuerdo, tratando de olvidar que estaba
relacionada con esos seres rencorosos—. No es que no sea agradable ser
despertada por ti, ¿pero por qué la llamada tan temprano?
140
Él sonrió sombríamente hacia ella mientras se alejaba para sentarse en la
cama.
—Michael quiere verte en su oficina.
Su corazón dio un pequeño salto cuando las palabras finalmente la
despertaron. Si Michael quería verla, eso podría significar que estaba lista
para sus asignaciones. Con un pequeño arranque de energía, Ari empujó
las sabanas y se deslizó pasando junto a Jai, prácticamente corriendo al
interior del baño contiguo. Se lavó velozmente y cepilló sus dientes,
riéndose con la boca llena de pasta de dientes mientras la puerta del
baño se abría lo suficiente como para que Jai arrojara una camiseta,
vaqueros y algo de ropa interior limpia. Ella trató de no pensar en él
pasando por su cajón de ropa interior. No es como si él nunca la hubiera
quedarse sin ella. Más o menos. Gritando un ilegible agradecimiento, Ari
escupió y se vistió apresuradamente con su ropa, tomando un segundo
para tirar de su largo cabello en una coleta.
Cuando salió del baño, Jai estaba de pie junto a la ventana con esa
mirada melancólica en su rostro, esa mirada que tenía siempre para ella. El
sol de la mañana iluminó sus ojos, haciéndolos brillar como el verde
cristalino del agua de un lago. Sus cejas se sumergieron en un pequeño
fruncimiento y su labio inferior hizo un pequeño puchero. Su rico cabello
oscuro estaba empezando a crecer en la parte superior de su cabeza y Ari
no podía decidir qué le quedaba mejor… el estilo casi afeitado o este de
vigorosidad juvenil. Su corazón se sentía lleno mientras lo observaba,
asombrada por cómo cada nervio en su cuerpo parecía zumbar con vida
en su presencia. Cómo su pecho dolía tan sólo con demasiado
sentimiento.
Percibiendo su estudio, Jai giró su cabeza para mirarla, el pequeño
diamante en su oreja centelleando a la luz del sol.
—¿Estás bien?
No, estaba completamente distraída.
—¿Michael realmente me necesita en este momento? —preguntó en voz
baja, caminando lentamente hacia él.
141
El alargó el brazo a medida que se acercaba, deslizándolo alrededor de su
cintura y atrayéndola hacia su pecho. Ella sintió sus bíceps flexionándose
contra ella, sintió la dureza de su pecho bajo las yemas de sus dedos y
agradeció a quien sea que estuviera escuchando por darle a Jai. Al estar
con él, era el único momento en el que se sentía a salvo. El único momento
en el que olvidaba quien era en realidad y lo que eso significaba. Recorrió
su pecho con la yema de sus dedos, desde su cuello hasta su mandíbula,
Ari se estremeció cuando Jai exhaló ligeramente debido al placer
provocado por su toque.
Ella alzó la mirada mientras colocaba sus dedos a lo largo de su mejilla, su
mirada se fundió en sus ojos y se maravilló. Ari había leído sobre momentos
como ese, cuando te perdías tanto en otra persona que todo a tu
alrededor desaparecía. Era real. Todo lo que era irrelevante para ella se
volvió borroso e irreal. La llamada de Michael se fue con la briza.
Se acercaron el uno al otro en busca de un beso.
—¿Qué estás haciéndome? —susurró Jai cerca de sus labios, sin esperar
una respuesta, antes de besarla. Sus bocas se rozaron suavemente una
contra la otra, emitiendo un suave cosquilleo tortuoso. Y justo cuando Ari
estaba a punto de ceder ante su impaciencia, Jai la golpeó con ella, sus
manos acunando su rostro más cerca mientras profundizaba el beso, sus
lenguas tocándose y enviando ráfagas de placer apresurándose a través
de ella. Él sabía de nuevo a pasta de dientes, o era ella, Ari no sabría
decirlo. No importaba. Él sabía divino. Queriéndolo más cerca, Ari deslizó
un brazo alrededor de su espalda, jalando su camisa para que sus manos
se escabulleran debajo de ella. Su piel se sentía sedosa y dura, sus dedos
haciendo cosquillas en su espalda baja, Jai gimió y tensó su agarre en su
nuca, sus besos más largos y profundos ahora, Ari jadeaba en busca de
aire. Si un Jinn no podía sentir el calor, ¿cómo podía ella sentir que ambos
estaban en llamas?
Tan abruptamente como el beso se profundizó, Jai la apartó hasta que ella
retrocedió tambaleante. Sus jadeos llenaban el silencio de la habitación y
Ari lo miró con los ojos muy abiertos, sus labios inflamados.
—Te detuviste. De nuevo.
Él asintió y después sacudió la cabeza, sonriendo con pesar.
142
—Creo que Michael tiene un trabajo para ti. Será mejor que vayamos a
verlo.
El entusiasmo nervioso inundó su estómago y Ari no podía decir si era por lo
que había pasado o por lo que iba a pasar.
—Eso es bueno, ¿no? ¿Que él tenga un trabajo para mí? —Su
novio/guardián inmediatamente volvió a su modo melancólico—. Hmm.
Ahh, él se sentía un poco sobreprotector esta mañana. Reconfortada por
el pensamiento, Ari se estiró para darle un rápido beso en los labios. Ella
sonrío.
—Estaré bien.
Él la estudió por un momento y ella se preguntó qué era lo que realmente
pasaba detrás de esos hermosos ojos.
—Lo sé —respondió finalmente.
No muy segura de si lo decía en serio, Ari suspiró y empezó a dirigirse a la
puerta. Un repentino jalón de su muñeca hizo que un jadeo escapara de
sus labios, un jadeo que casi inmediatamente fue tragado por la boca de
Jai mientras la atraía de nuevo a sus brazos. Su beso fue más rudo, más
duro y más desesperado, sus manos hirviendo contra su cintura a medida
que la atraía tan cerca de él como le era posible. Sintiendo la necesidad
de tranquilizarlo, aunque no estaba segura de porqué, Ari envolvió sus
brazos alrededor de su cuello y se sumergió en su beso, adaptándose a él
en vez de tratar de calmarlo. Su peso lo empujó de espaldas hacia la
pared y él gimió dentro de su boca. Eso nunca dejaría de ser ardiente, Ari
se estremeció. Su estremecimiento lo encendiéndolo de nuevo, sus manos
deslizándose hacia abajo, a la parte trasera de sus muslos. Su agarre se
volvió fuerte y Ari dejó salir otro gemido de sorpresa cuando él la levantó,
permitiéndole rodear su cintura con sus piernas mientras que con un sólo
movimiento giró para que la espalda de Ari quedara contra la pared. Jai
con su boca, dejó un rastro de ardientes besos por todo su cuello y Ari dejó
caer su cabeza hacia atrás, sus pensamientos confusos, su sinapsis hecha
trizas. Solo estaban él y la sensación de sus fuertes manos bajo su blusa,
buscando el broche de su sostén.
143
Un fuerte golpe detrás de ellos detuvo las manos de Jai quien gruñó de
frustración, poniendo su cabeza sobre su pecho.
—Déjame adivinar… —susurró con voz ronca.
Ari acarició su cabello, sus dedos temblando por la adrenalina que
bombeaba por todo su cuerpo. Ella le echó un vistazo a la pantalla de la
lámpara destrozada y la pila de libros que habían estado sobre su mesa de
noche pero que ahora estaban tirados por todo el piso. El zumbido de la
energía de la señorita Maggie rompió la bruma de deseo.
—… la señorita Maggie —terminó por él suavemente.
La sobreprotectora señorita Maggie. Ari empezaba a pensar que el Ifrit
había sido una monja en otra vida. Con su cuerpo ahora tenso, Jai se
separó de ella y Ari lentamente desenredó sus piernas de su cintura.
Gentilmente la ayudó a ponerse de pie, sus ojos entrecerrados mientras
trataba de poner el cabello de Ari en su lugar. Sus dedos permanecieron
en su mejilla antes de acariciar el camino hacia su boca. Su pulgar capturó
su labio inferior y su mirada se oscureció nuevamente. Otro escalofrío
recorrió la columna de Ari.
Despejándose a sí mismo, Jai se apartó, metiendo sus manos dentro de los
bolsillos de sus pantalones.
—Justo cuando estaba empezando a gustarme el  poltergeist.
Ari resopló y lo consoló frotando su mano sobre su brazo mientras pasaba a
su lado.
—Hablaré con ella acerca de la privacidad —prometió.
Él gruñó al escuchar eso y la siguió afuera.
—Tal vez mientras estás en eso deberías decirle “oh por cierto, ¿quién
diablos eres?”
Fallon la miraba de manera extraña y Ari se preguntó por un segundo si tal
vez Jai no le había acomodado bien el cabello o si sus labios todavía
144
estaban inflamados. Se arregló el cabello y miró a Michael que estaba
sentado detrás de su escritorio, mirando sobre su hija quien tenía su trasero
sobre éste, bloqueándole la vista.
—Fallon, siéntate en la silla. —Él hizo un gesto cansado hacia la silla.
Con movimientos fluidos, Fallon se bajó del escritorio y se sentó en la silla
con una irritante sonrisa de suficiencia.
Ari estrechó sus ojos hacia ella. ¿Lo sabía? Con un rubor inevitable, Ari
mantuvo su mirada deliberadamente apartada de Jai.
—Te tengo una misión. —Michael fue directo al punto.
Ari dio un paso hacia adelante, mariposas cosquilleando sobre los
nerviosos duendecillos dentro de su estómago.
—¿De verdad? —Una verdadera misión. Cazar a un Jinn, en vez de ellos
cazándola a ella. Genial.
—Preparatoria Emmett Bradford en Midland, Connecticut —Michael
empujó unos papeles hacia ella y Fallon y Ari tomó sus papeles con un
entusiasmo que no pudo esconder. Leyó el reporte mientras Michael
explicaba—, el último semestre hubo una serie de sucesos extraños en esa
preparatoria. Sólo falta una semana para el nuevo semestre y ya ha
habido un incidente.
Ari escaneó los papeles enfrente de ella. La semana pasada un estudiante
ganó la lotería. No sonaba tan alocado, excepto que el último semestre
cuatro estudiantes desaparecieron, tres se dieron de baja por inusuales
problemas médicos, una vagina donde previamente había estado un
pene durante dieciséis años, por ejemplo, y un joven maestro de historia
que había tenido un amorío con una estudiante y después ella lo mató
cuando trató de terminar con la relación.
Ari le pasó el reporte a Jai y lo leyó rápidamente, su expresión
oscureciéndose al instante. Él miró a Michael, sus ojos como de acero.
—¿Piensas que un Marid anda por ahí concediendo deseos?
Michael asintió.
145
—Necesitamos identificarlo para que podamos seguirlo, asegurarnos de
arruinar su diversión cuando ataque en un lugar público. Quiero que Fallon
y Ari se hagan pasar por estudiantes y vean si pueden sentir la energía del
Jinn. —Él hojeó su copia del reporte—. Han ingresado dos estudiantes
nuevos en los últimos seis meses y un nuevo consejero. Hace las cosas un
poco más fáciles para nosotros el que los dos estudiantes son de tercer
año. Las inscribí a ambas en la preparatoria Emmett Brandford.
Michael asintió hacia Fallon y después hacia Ari.
—Van a hacer de estudiantes de tercer año, su horario está dividido para
que cada una de ustedes pueda llegar a conocer a los dos estudiantes
nuevos. Y como agregado, dado que también ustedes son estudiantes
nuevas, pueden visitar al nuevo consejero.
Jai dio un paso hacia delante antes de que Ari se pudiera empezar a
quejar de lo simple que era su primera misión.
—Si esto es un Marid, debería estar dentro de la misión —dijo a través de
sus dientes apretados.
Ari pestañó. Ella sabía que los Marid eran difíciles, pero entre ella y Fallon lo
iban a poder manejar. ¿No? Un diablillo en su estómago mordió una de las
mariposas.
La mirada en respuesta de Michael indicaba que estaba pensando.
Finalmente suspiró.
—Está bien, puedes ser el novio mayor celoso de Ari que la visita en el
almuerzo. —Las mejillas de Ari se enrojecieron, mientras que Fallon se reía.
Cuando miró a Jai, se dio cuenta de que él se había tensado.
—¿No me puedes meter dentro de la escuela?
—No. Primero tienes un vibra alta de energía, y segundo todo tu ser grita
“Guardián Jinn”. Al visitar a Ari en el almuerzo puedes mantenerte al tanto
de las cosas de la escuela sin levantar sospechas. —Miró a Ari como si no
acabara de decir algo muy cercano a la verdad acerca de la relación
entre ella y Jai de lo que siquiera sabía y dijo—: Tú y Fallon son medio
hermanas. Marissa y Bela Ribisi.
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Fallon gruñó y le pegó una patada a un sillón.
—Genial, no solo tengo que volver a la escuela, que por cierto apestó la
primera vez que fui, sino que ahora me voy a tener que aguantar brillantes
bromas de vampiros todos los días.
Michael frunció el ceño.
—No lo entiendo.
—No eres el único —dijo Jai, mirando a Fallon confundido.
—No te preocupes sexy, es una referencia de la cultura pop. No la
entenderías.
—Fallon. —Michael suspiró profundamente—. Por favor, deja de llamar al
Sr. Bitar con nombres inapropiados.
—Una verdad inapropiada. —Fallon le guiñó un ojo a Jai y Ari sintió el ardor
de los celos subiéndole por el pecho. Oh Dios. ¿Quién era el celoso ahora?
—¿Cuándo empezamos? —dijo, interponiéndose entre Fallon y Jai.
Dándole el horario de clases, Michael dijo:
—Mañana, quiero terminar esto lo más rápido posible, ya que su
apariencia va a alertar al Jinn que estamos buscando. Tenemos la
esperanza de que piense que las dos son Jinn menos poderosas, pero si es
lo suficientemente poderoso, no cometerá ese error, especialmente si
puede sentir la fuerza de tu energía Jinn, Ari. Voy a enviar un equipo
ustedes para que cuide sus espaldas.
Si estaba esperando que abandonara la misión, se iba a decepcionar. Ari
podría llegar a estar completamente nerviosa y bien, tal vez no
completamente preparada, pero quería hacer esto. Aún tenía recuerdos
de como se había sentido al estar tan adormecida e indefensa bajo el
Harmal que Dalí le había dado.
Ari no tenía ninguna intención de volver a sentirse así.
Michael carraspeó, sintiéndose incómodo de repente.
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—¿Me preguntaba si podrías utilizar tu don especial, Jai?
Ari frunció el ceño mientras Jai se tensaba, ¿Qué don especial?
—¿En quién? —preguntó Jai suavemente.
¿Por qué parecía que Michael quería salir corriendo por la puerta?
—Bueno, según lo que entiendo, Ari ya tiene el rastreador. Sería una buena
precaución si Fallon también lo tuviera también. De esa manera si algo
pasa…
—La puedo rastrear —terminó Jai, asintiendo al entender.
Ahora Ari también lo entendía y su estómago acababa de dar un gran
giro. Michael quería que Jai besara a Fallon así la podría rastrear si
desaparecía durante la misión. Sintió como los celos enrojecían sus mejillas
cuando Fallon, quién también lo había entendido, dio un paso hacia Jai.
—¿Ahora? —preguntó casualmente, mirando entre su padre y Jai.
Una mano fea y arrugada salió del pecho de Ari, ahogándola, su enojo
con toda la situación la estaba quemando por dentro, obligándola a
pararse, a hacer algo. Ordénales que no lo hagan, le susurró una voz
cuando Jai le lanzó una mirada a escondidas a Ari, la forma tensa de sus
hombros le indicaba que se sentía más que un poquito incómodo.
Poder corría por los dedos de Ari cuando le dio sentido a esas palabras. No
quería que Jai besara a otras chicas. Le debería decir que no lo hiciera. Era
su derecho. Jai le pertenecía a ella. Sus labios le pertenecían a ella. Miró a
Fallon y pensó que obligarla a no respirar sería una mejor decisión.
Dejaría de respirar y moriría, así no tendría que volver a preocuparse con
esto. Horror y sorpresa atravesaron la mente de Ari, haciendo que
contuviera un grito ahogado. Tenía que salir de allí. Ahora.
El Seal. Era la primera vez que pasaba en semanas. Había empezado a
pensar que eso significaba que lo tenía controlado. Obviamente estaba
equivocada.
Ari empezó a temblar con miedo mientras empujaba esa mano turbia
dentro de su pecho, hasta que se apretó en un puño doloroso.
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No desapareció por completo. Pero por lo menos se había callado. Ari
sabía que de todas formas, no podría ver como Jai y Fallon se besaban.
Sabía que era sólo un estúpido besito, pero el idiota tenía que usar lengua
y ella no quería ver eso. Así fuera sólo porque el Seal podría aparecer otra
vez.
—Yo simplemente saldré.
—Yo también —dijo Michael rápidamente y la siguió fuera de la
habitación.
Por suerte, Jai y Fallon salieron sólo unos segundos después, pero Ari no
podía mirar a ninguno de los dos a la cara. La lengua de su novio
acababa de estar en la boca de otra persona.
Y casi había matado a esa persona por eso.
—Le voy a decir a Charlie que nos estamos yendo. ¿Te quieres despedir de
Trey? —preguntó Fallon, sus ojos desorbitados, como si buscaran a alguien
mientras le dirigía la pregunta a Ari.
Ari asintió, seguía sin poder mirarla a los ojos después de lo que el Seal le
acaba de hacer pensar.
—Seguro.
Mientras comenzaba a seguir a Fallon, sintió como Jai se deslizaba a su
lado, acariciando sus dedos deliberadamente con los de él.
¿Sabes cuánto odio hacer eso? La voz de Jai penetró la mente horrorizada
de Ari.
¿Qué? ¿Besar chicas lindas?, preguntó distraída. ¿Debería decirle a Jai?
No, solo se preocuparía. Ella podía dominar al Seal.
Sólo tendría que seguir haciendo lo que hizo antes.
Tener que besar a chicas, quiera o no. Siempre lo pensé como parte del
trabajo. Pero ahora, no puedo pensar lo mismo, porque no me gusta
hacerte eso.
Es parte de tu trabajo, Jai. Lo entiendo. Me lo hiciste a mí también.
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¿Entonces por qué no puedes mirarme?
Ari suspiró mientras salían de la casa, siguiendo silenciosamente a Fallon
que se estaba dirigiendo a la casa de Jack. Tenía que mentir. No le podía
decir la verdad. Porque verás mis celos irracionales en mis ojos y vas a
pensar que soy una loca.
Su risa suave resonó en su cabeza y sonrió con el hermoso sonido. Ari, me
sentiría igual, si hubieras sido tú con cualquier otro chico.
Respirando profundamente, Ari forzó una sonrisa y finalmente lo miró. Lo sé.
Estamos bien.
Quiero besarte.
Ari sonrió, sintiéndose un poco mejor. Pronto.
150

A veces el encender la luz sólo vuelve real la
pesadilla
Traducido por kris sc15, Paaau y Miranda.
Corregido por Micca.F
abía llegado a esto. Forzado a seguir las órdenes de otro con el fin
de conseguir lo que quería. Rabir, su siervo más leal, lo miraba sin
comprender. No había juicio, ni aceptación. Así como debía ser.
Pero Blanco se estaba juzgando a sí mismo. Habían pasado semanas.
Semanas de redactar nuevos planes para coaccionar a Ari para que fuera
al Monte Qaf, se quedara a su lado y lo ayudara a tomar lo que
necesitaba. Pero todos los planes terminaban con alguien inocente
haciéndose daño o él resultando ser de poca confianza. Maldita sea su
hija y su moral.
Honor, Blanco lo entendía. ¿Pero moral?
Así que él estaba haciendo lo único que Ari le había pedido como un signo
de fe.
Con un suspiro de remordimiento de que el castigo de Sala terminara tan
pronto, Blanco dejó que su magia alrededor del florero púrpura en su
dormitorio muriera con una muerte silenciosa. Cuando ella no apareció
inmediatamente, él cerró una mano en un puño sobre la boca de la
botella y tiró. El humo manó de la botella y en una silueta al lado de ella.
Poco a poco se evaporó, dejando una Ifrit debilitada balanceándose
delante de él.
Hielo inundó las venas de Blanco mientras sus pálidos ojos azules le pedían
misericordia.
Ojos azules.
No los ojos de un color cambiante.
H
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Tampoco la cara de una gran belleza.
¡No Sala!
El hielo se cristalizó en rabia, y con esa furia él envió una explosión impulsiva
de energía hacia este extraño, este Ifrit que había sustituido a su prisionera.
Ella puso sus ojos en blanco, la sangre goteando de su nariz y orejas. Su
cuerpo delgado difícilmente impacto al chocar contra el suelo.
El sabor de la esencia de Sala se estaba desvaneciendo ahora que la
botella había sido abierta. Desvaneciéndose... mientras volvía a ella,
dondequiera que estuviera.
¿Cómo lo había hecho? ¿Cómo había escapado de él?
—¿Maestro? —Incluso Rabir estaba con los ojos abiertos.
Castigo endurecía sus facciones cuando se volvió a su criado con un solo
nombre.
—Ari.
—He escuchado noticias de mi contacto en el Gremio Braemar —dijo Jack
tan pronto como Charlie entró en la gran extensión de la parte posterior de
su casa que se había convertido en una especie de escuela para Charlie.
Sólo segundos antes, él había estado sintiéndose cansado y abrumado.
Ahora, su corazón se aceleraba, su adrenalina bombeaba. Jack había
estado buscando al Gremio que podría haber estado siguiendo al Labartu
que había matado a Mikey. Le tomó un par de semanas encontrar
cualquier rastro de actividad del Gremio en y alrededor de Sandford Ridge
en el momento de la muerte de Mikey. Finalmente había averiguado que
el Gremio Braemar había estado en Ohio, y después de hablar con su líder,
había descubierto que estaban, de hecho, persiguiendo al Labartu que
había matado a Mikey. Su nombre era Akasha, y ella era una
particularmente vieja y malvada perra del infierno. Para decepción de
Charlie, el Gremio Braemar había perdido su pista hacía siete meses, y
estaban en el medio de tratar de volver sobre su paradero. Como una
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bonificación el Gremio Braemar dejaría a Jack saber dónde estaba
Akasha cuando la encontraran.
¿Era esto, entonces? El estómago de Charlie se revolvió ante la idea de
que todo terminara. Era extraño. ¿Qué haría una vez que tuviera su
venganza? ¿Qué propósito tendría él entonces? Eso era si lograba matar a
Akasha y escapar del juicio.
Jack negó con su cabeza.
—La última pista era falsa. Les prometí un extra si ponían más hombres en
ello.
—Jack, no tenías que hacer eso.
Jack se lo quitó de encima.
—No es nada.
Mientras Charlie abría su boca para protestar, Trey se paseó con una
amplia sonrisa en su rostro.
—Buenos días, a todos.
Charlie dijo hola con un asentimiento, frunciendo el ceño mientras Jack
miraba a Trey. Desde su llegada hace una semana, Trey había seguido los
pasos de él y Jack. Había pasado casi cada minuto en esta habitación
con ellos mientras Jack educaba a Charlie en el uso de la magia a través
de talismanes, piedras preciosas y metales. Acostumbrado a actividad más
física de la que estaba obteniendo, Trey hacía bromas inapropiadas todo
el tiempo hasta que Jack finalmente cedió y le dejó asumir el control,
enseñándole a Charlie defensa física. Aunque a Charlie le gustaba Trey,
tuvo la clara sensación de que Jack tomó el camino equivocado.
—Genial. Ha regresado —murmuró Jack, dándoles la espalda para abrir un
armario. Comenzó a sacar los cristales que había prometido ayer mostrarle
a Charlie.
—Mira, necesitas parar con todo el amor —replicó Trey secamente—. Te lo
dije, no me voy a ningún lado así que acostúmbrate. Retén la emoción.
Jack arqueó una ceja un poco impresionado.
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—No confías en mí con Charlie.
—Oh, creo que no —respondió, sus ojos grises de acero iluminados con
sospecha—. Creo que los dos están ocultando algo.
Tratando de no moverse incómodo, Charlie se apresura a unirse a Jack
para su lección de cristales.
—¿Qué podríamos estar escondido? Has estado con nosotros todos los
días.
—Sí, y por eso sé que hacen silencio cuando entro en la habitación —Trey
le sonrió a Jack, pero fue un poco amenazante—. Estoy advirtiéndote, si
estás ayudándolo a hacer algo que no debería, te haré daño.
Suspirando, Jack le lanzó una mirada de cansancio.
—Creo que ya me diste esa nota. A la lección... por favor.
Él alzó las manos, como diciendo que estaba retrocediendo, y se paró a un
lado en silencio mientras Jack empezó a explicar las propiedades curativas
detrás del cristal blanco.
Una hora más tarde, Trey rompió una taza de porcelana con la que había
estado jugueteando y recibió otra mirada mordaz de Jack. Eso fue hasta
que se disculpó con tanto encanto que incluso obtuvo una sonrisa
renuente de Jack. Eso los había sorprendido a ambos. Ninguno tanto como
Trey que había estado encantado. Charlie tenía la sensación de que él
estaba convencido de que podía hacer que cualquiera lo quisiera.
Probablemente podría.
El sonido de la puerta principal abriéndose y cerrándose detuvo a Jack en
seco y esperaron pacientemente mientras pasos resonaban a través de la
casa, cada vez más fuertes a medida que se acercaban a la extensión
desordenada. Finalmente Jai, Ari y Fallon aparecieron en el umbral. Por un
momento, la mirada nostálgica de Charlie se quedó en Ari. Él no había
visto mucho de ella estas últimas semanas. Sus extraños ojos brillaban con
vida y todo su ser parecía pulsar con la energía vibrante. Se veía
encerrada en sus propios pensamientos.
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Frunciendo el ceño, Charlie vio la cara pensativa de Jai y se preguntó qué
estaba pasando. Jai cavilaba cuando estaba feliz y cuando estaba
irritado, así que sabía que no obtendría ninguna respuesta de esa
dirección. En cambio, le echó un vistazo a Fallon, atrapando sus ojos. Ella
también lucía nerviosa. Él le dio una sonrisa afectuosa, sus ojos
preguntando qué demonios pasaba.
—Pensamos que teníamos que pasar por aquí y decir adiós —dijo Ari
lentamente, mirando de Charlie a Trey—. Fallon y yo tenemos una misión
en Connecticut. Jai viene con nosotras.
—¿Necesitan ayuda? —Charlie y Trey ofrecieron al unísono, dando un paso
hacia el trío en la puerta.
Jack gruñó, levantando una ceja sarcástica.
—Me siento tan amado.
La risa de Charlie fue interrumpida cuando vio la mirada inquisitiva que
Fallon le lanzó a Jack. Ella inclinó la cabeza, con su mirada penetrante y
Jack frunció el ceño hasta que ella apartó su mirada.
—¿Estás bien? —le preguntó Charlie, mirando de nuevo a Jack.
Ella asintió con la cabeza cuidadosamente, y luego pareciendo hacer
caso omiso de cualquier rareza que se había apoderado de ella, se puso
de puntillas, dándole un breve beso en los labios. Él lo regresó, aunque
todo su cuerpo se sentía tenso a medida que la incomodidad de la
situación quemaba a través de él. Le lanzó una mirada a Ari, pero ella
estaba ocupada dándole a Trey un abrazo de despedida y explicando
que su tarea era en una escuela secundaria en Connecticut y no deberían
estar fuera mucho tiempo. Fallon le había dicho que ella sabía de la
relación causal que tenían. Incluso dijo que Ari estaba bien al respecto,
para ser honesto, eso lo ponía furioso, teniendo en cuenta que todavía se
erizaba en cualquier momento que Jai estaba demasiado cerca de Ari.
Como ahora, por ejemplo.
—Vamos con un equipo —les aseguró Ari, sus dedos rozando los de Jai
mientras se movía.
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Mientras Charlie miraba a su guardián, Trey estaba palmeando a Jai en la
espalda.
—Llámame si me necesitas.
—Lo haré —dijo Jai bruscamente.
—Sabes que creo que él es heterosexual. —Jack le dio una mirada burlona
a Trey, mirando lo cerca que estaba de Jai—. Árbol equivocado al que
estás ladrando.
Sorpresa, más como shock, se disparó a través de Charlie por el
comentario inusual de Jack. Cuando miró alrededor vio que todos estaban
un poco sorprendidos. Su tono. La forma en que lo dijo... sonaba como...
no. Charlie negó con la cabeza. No importa.
Trey fue el único que rió.
—No te preocupes, Jack. Yo al menos sé a qué árboles ladrar.
Algo estaba pasando entre Jack y Trey, y Ari quería saber qué era.
Definitivamente ahí había una vibra, pensó. Su susto anterior por el Seal se
había disipado mientras su preocupación se volvía hacia Charlie. ¿Trey
había descubierto algo? ¿Estaba Jack ayudando a Charlie a hacer algo?
Justo mientras abría su boca para preguntar bruscamente qué estaba
pasando, fuego estalló en la habitación en una explosión de color y ruido.
El Rey Blanco salió de las llamas, su oscura mirada cayendo sobre Ari.
—¿Qué has hecho? —gruñó él, caminando lenta y violentamente hacia
ella—. ¿Cómo la liberaste? —Un rayo de su magia pasó a un centímetro de
Ari.
Antes de que pudiera formar un pensamiento o hacer un movimiento la
mano de Jai llegó hasta ella, sacándola del camino con la fuerza
suficiente para mandarla volando hasta el piso. Aterrizó sobre su trasero
con una mueca de dolor, las astillas del piso de madera de Jack
enterrándose en sus manos mientras levantaba la mirada hasta Jai, quien
había lanzado su brazo hacia atrás como si fuera a lanzar una pelota de
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béisbol. Una enorme bola de fuego brilló sobre su palma y la lanzó hacia
Blanco con un fiero gruñido. Tomado por sorpresa, la magia de Jai golpeó
a Blanco y él se tambaleó hacia atrás, haciendo una mueca mientras el
fuego brillaba en él, pareciendo congelarlo en el lugar por un segundo.
Tiempo suficiente para que Jai corriera hasta él, con ambas manos
extendidas hacia él, su energía pulsando hacia afuera como un ariete
invisible que levantó a Blanco de sus pies y lo envió a toda velocidad
contra una de las vitrinas de vidrio de Jack.
—¡Salgan! —Jai se giró hacia los demás, enviando a Fallon y a Charlie
fuera de la habitación, Trey andando a zancadas tras ellos, sus ojos fijos en
Blanco hasta que estuvieron fuera.
Ari se levantó mientras Blanco sacaba astillas de vidrio de su pecho y
manos, sangre empapando sus túnicas de seda blanca.
—Ari, sal de aquí. —Jai la tomó del brazo en un doloroso agarre,
moviéndola hacia la salida. Él le envió una mirada a Jack quien estaba de
pie, mirando siniestramente a Blanco.
—¡Tú también, Jack!
La puerta se cerró con un golpe mientras Blanco se levantaba, rozando
una brillante pieza de vidrio. Inclino su cabeza hacia Jai, quien empujó a
Ari tras él.
—Nadie más va a salir. Primero, tú —señaló a Jai—, vas a morir. Y luego Ari
va a ser torturada dolorosamente hasta que me diga dónde está Sala y
¿cómo en el Monte Qaf, logró liberar a la perra?
¿Qué? Ari jadeó e intentó empujar a Jai lejos, pero él no se movía.
—¿De qué estás hablando? —preguntó, aún empujando a Jai hasta que él
tomó su muñeca, enviando un ardor de su magia a través de ella. Eso la
paralizó y ella lo miró, horrorizada.
Para detenerte de hacer algo estúpido, se disculpó él telepáticamente.
—Entonces, ¿lo vas a negar? —preguntó suavemente Blanco, sus suaves
palabras como el silbido de un volcán a punto de estallar—. ¿Niegas haber
robado en mi palacio y liberado a Sala de la botella? ¿Niegas haber
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colocado su esencia dentro para enmascarar el sabor de la Ifrit con la que
la reemplazaste, para así engañarme al hacerme pensar que Sala aún
estaba dentro?
Amarillos, rojos y asombrosos dorados parpadearon en el aire cerca de
Jack, quien aún estaba de pie, mirando silenciosamente. De las llamas
salió el Rey Rojo y si Ari pudiera haber suspirado de alivio, lo habría hecho.
—Por supuesto que Ari lo niega, hermano —respondió él como si hubiera
estado ahí todo ese tiempo. Dio un paso hacia el Rey Blanco, su propia
expresión igual de vacía—. Ella no tiene nada que ver. Cristal y yo
reemplazamos a Sala hace años.
Esta vez, Blanco no pudo enmascarar su furia.
—¿Qué hiciste qué?
Rojo le sonrió. Era frío. Hizo a Ari temblar y se dio cuenta que la magia de
Jai se había ido. Lo pellizco en venganza y dio un paso hacia adelante. Jai
tomó su mano, no usando su magia contra ella, sino que a sí mismo. Sus
dedos se entrelazaron con los de ella y prácticamente la sofocó contra su
costado mientras observaban y escuchaban.
—¿Realmente crees que te permitiría mantener a Sala encerrada en una
botella?
Blanco negó con la cabeza lentamente, incrédulo.
—¿Crees que una Ifrit, con los beneficios de Lilif, puede amar, Rojo? ¿Qué
te ama? Ingenuo. Ingenuo que toma lo que es mío.
—Ella no era tuya —argumentó Rojo suavemente.
—Estaba en mi harem. Era mi sirviente.
—Sí, bueno, simplemente digamos que no estaba satisfecha.
Frunciendo el ceño, Blanco inclinó su cabeza.
—¿Cómo lo hiciste?
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—Se necesitó tanto de Cristal como de mí para penetrar en tu palacio sin
tu conocimiento. Encontramos a una Ifrit con una energía similar a la de
Sala. La liberamos combinando nuestros poderes y nos dejó tomar una
pequeña parte de su esencia. Tapamos la botella con la esencia para que
cuando liberaras a la chica, una nadie, la esencia de Sala regresara a ella.
Ari jadeó, incrédula. Su madre estaba libre. Estaba ahí, en alguna parte. Y
Rojo la había liberado. Y no le había dicho. ¿Qué demonios estaba
pasando?
—La encontraré —les aseguró Blanco—, y la mataré. —Y luego miró a Ari y
a Jai—. No me vengaré por tu ataque, Ginnaye, ya que estuve mal en
atacar a Ari. Pero no dejaré que eso pase otra vez. ¿Entiendes?
—Nunca encontrarás a Sala —susurró Rojo como si Blanco no hubiera
dicho nada—. Nunca la encontrarás. No dejaré que eso pase.
Algo brilló en los ojos de Blanco y luego sonrió, un destello de dientes que
envió escalofríos de malestar por la columna de Ari.
—Ari, ¿sabes que Rojo es quién envió al Marid a Charlie? Él es el la razón de
que Charlie sea un Sorcerer.
Con eso, Blanco desapareció en el Peripatos, dejando un silencio
incómodo a su paso.
Ari sintió los ojos de Jai en su rostro, sintió su garganta cerrarse ante el
anuncio de Blanco. Miró asombrada a Rojo, a su tío en quien había
llegado a confiar y negó con la cabeza, rogando silenciosamente.
—Dime que está mintiendo. —No podía haberla traicionado de esa forma.
No podía haber conspirado para destruir la vida de su mejor amigo.
Las facciones de su tío se suavizaron hasta ser un rostro sin expresión, pero
creyó ver un destello de emoción en él antes de que pudiera manejarla.
¿Qué era esta vez?
¿Conmoción por haber descubierto su traición?
—¡Dime que está mintiendo! —gritó, el silencio de su tío activando el puño
en su pecho. Flexionó sus dedos y comenzó a desenroscarse. Su sangre
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hervía y… susurrando, susurros perversos se deslizaban por sus venas y
subían hasta sus oídos. Susurros de destrucción. De mando.
—No miente —respondió Rojo finalmente y luego miró a Jack. Para total
desconcierto de Ari, Jack frunció el ceño.
—¿Estás seguro? —preguntó Jack.
—Ella ya sabe mucho.
—Padre estará disgustado.
—Entonces estará disgustado.
—¿Qué…? —susurró Jai, tan confundido como Ari. Pero con la confusión
de Ari crecía la oscuridad en ella, oscuridad que sólo disminuía por la
fuerza de su curiosidad.
El aire alrededor de Jack brilló. Su rostro se infló, luego se hundió antes de
volver a salir, y luego volvió a romperse con un chasquido que hizo a Ari
buscar equilibrio contra Jai. El oscuro cabello de Jack comenzó a crecer a
una velocidad alarmante, el color cambiando, hasta que una gloriosa
melena de color azul brillante colgó hasta su cintura. Sus hombros se
ensancharon, su cuerpo creció unos cuantos centímetros y su camisa y
jeans desaparecieron para ser reemplazados por un chaleco de cuero y
pantalones.
Muñecas gruesas estaban envueltas en esposas de cuero, botas de
motorista reemplazando las botas de montaña. Y el rostro de Jack… se fue.
Reemplazado por una belleza masculina tan deslumbrante que Ari sólo
pudo jadear en admiración.
—Ari… —Rojo pareció perder el habla—, este es mi hermano y tu tío… El
Rey de Cristal.
—¿Qué demonios? —La voz de Charlie atravesó la habitación y todos se
giraron para verlo a él, Fallon y Trey de pie en la puerta, con la boca
abierta con confusión. Michael estaba de pie delante de ellos como si
hubiera venido a ayudar a pelear contra el Rey Blanco. Probablemente
era así, sin importar lo inútil que el esfuerzo habría sido. El Gremio era
increíblemente respetuoso de su Líder, porque era un Jinn pura sangre y un
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cazador muy fuerte del Gremio; aunque no lo suficientemente fuerte para
derrotar a un Rey Jinn.
—¿Charlie? —susurró Ari con voz ronca, su cuerpo temblando ahora
mientras los susurros del Seal se hacían más fuertes en sus oídos—. ¿Es
cierto? ¿Rojo envió al Marid para cumplir tu deseo?
Con los ojos amplios, Charlie miró a Rojo antes de responderle y eso sólo
enfureció al Seal aún más.
—Sí —le dijo a ella suavemente.
Oscuridad tapó el interior de Ari, sintió encogerse en sí misma y poner las
manos sobre sus oídos para silenciar los susurros.
Pero las manos, brazos y piernas del Seal empujaban las de ella, forzándola
a estar erguida.
—Ari —continuó Rojo—, reemplacé a Jack con Cristal para monitorear a
Charlie, para educarlo para que así tuviera una oportunidad en la lucha,
pero también para ayudarlo a buscar al Labartu.
—Le estoy agradecido, Ari —admitió Charlie.
Ordénale al Rey Rojo ponerse de rodillas por lo que ha hecho. Ordénale a
Charlie que deje de buscar venganza. ¡Ordénales a todos! ¡Son tuyos para
ordenarles! Los mantendrá a salvo. Los mantendrá a todos a salvo.
—Detente —susurró Ari.
—¿Qué sucedió con Jack, Alteza? —preguntó Michael Roe, su fuerte voz
cortando la frágil atmósfera creada por las admisiones y las traiciones.
—Está muerto —respondió Rojo sin remordimientos.
¡Bastardos! Los susurros volvieron a rugir en su cabeza. ¿Cómo se atreven a
tomar lo que se les antoja? ¡Incluyendo vidas inocentes!
—Esto es una guerra. —La profunda, suave voz de Cristal llenó la
habitación por primera vez—. Jack fue una víctima de la guerra.
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Trey dio un paso delante de Michael, no pareciendo preocupado por estar
enfrentándose a un Rey Jinn.
—Jack fue una víctima tuya.
—¿Descubres que soy un Rey Jinn y aun así me hablas sin respeto? —Cristal
entrecerró los ojos hacia Trey.
—Haz algo para ganártelo.
Ari apenas era consciente de la misteriosa sonrisa de Cristal. Su mente
estaba muy saturada, muy saturada de todo. Sus propios pensamientos
empujaban y empujaban a través del vello, tratando por lo menos tomar el
control de eso, incluso si el Seal había ganado el control sobre su cuerpo.
—¿Y mi madre? —preguntó, aturdida, no siendo capaz de mirar a los ojos
a nadie—. ¿Sala? ¿Dónde está?
Un zumbido de energía llamó su atención mientras se movía cerca de su
lado izquierdo. Ari giró la cabeza para mirar fijamente al espacio, la
confusión haciéndola sentir enferma y trastornada, como si acabara de
bajar de una montaña rusa muy rápida.
—¿Srta. Maggie? —susurró.
Y allí… donde había sentido la energía de la Ifrit, el aire tembló hasta que
una figura empezó a convertirse en humana justo delante de sus ojos. Con
la boca abierta por la impresión, Ari miró hacia una hermosa mujer con
largo, rico cabello oscuro como ella misma y ojos… como los suyos… pero
eran mayores… eran ojos de mil noches, ojos que habían hecho el amor a
cada espectro de color que este reino y los otros tenían para ofrecer.
—Sala —gruñó Rojo mientras atravesaba la sala hacia ellos—. No deberías
estar aquí. Blanco podría regresar.
Ignorando a Rojo, Sala caminó hacia Ari, sus ojos llenos de lágrimas
mientras levantaba su mano para tocar la cara de su hija.
—Te explicaré todo tan pronto como pueda, pero Rojo tiene razón. Tengo
que irme. Para poder protegerte tengo que irme. Pero quiero que sepas…
que siempre estaré cuidándote. —Sus delgados pero sorprendentemente
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fuertes brazos tiraron de Ari en un abrazo y se derritió contra ella por la
sorpresa, un poco de oscuridad deslizándose de nuevo hacia abajo. Sala
olía a flores silvestres y miel—. Te quiero mi querida niña. Siempre te he
querido. —Dejó ir a Ari tan rápido como la había agarrado y con una triste
sonrisa, desapareció en el Peripatos.
—Ari. —De repente Rojo estuvo delante de ella, y todo el mundo estaba
murmurando con sorpresa y conmoción, haciendo preguntas y
provocando que la oscuridad que Sala había apartado, creciera y se
extendiera dentro de ella. Acababa de conocer a su madre. Su verdadera
madre. Y le había dicho que la amaba—. Ari —repitió Rojo—. Sala no tiene
nada que ver con mi padre o la Guerra. De lo único que se preocupa es
de protegerte. Intentamos liberarla justo antes de tu cumpleaños número
dieciséis. Se marchó para estar contigo y te ha vigilado desde entonces.
Cuando Blanco finalmente descubrió tu paradero y usó a Rabir para
traerte al Monte Qaf a través de un deseo para ver a tu madre, el deseo
estaba manteniéndote en tu casa con la Srta. Maggie. Yo solo traté de
reformular el deseo a tiempo, o mi hermano habría sabido que Sala no
estaba. Y ahora lo hace. Está en gran peligro.
Ari apenas estaba escuchando. Podía sentir la mano de Jai en su hombro,
pero el Seal no le dejaba sentirla. Quería atacar. Podía imaginarse
mandándolos a todos al infierno por sus mentiras y traiciones. Paredes de
rojo sangre. Paredes goteando sangre. Algo rió con placer dentro de ella.
¡No! Luchó por aire y se apartó de Jai, alejándose de Rojo mientras
luchaba por pensar, sus palabras cuidadosas de no ordenar mientras
caían de sus labios entumecidos.
—Creo… creo que mejor dan un paso atrás. Creo que mejor se marchan…
antes de que haga algo que lamente.
—Maldita sea. —Oyó susurrar a Rojo con voz ronca—. El Seal la tiene en sus
garras.
—¿Qué hago? —preguntó Jai, su voz llena de preocupación.
—¡No, no la toques! —gritó Rojo como una orden hacia alguien—. Voy a
tener que noquearla.
163
—¡No! —gritó ella. No, no ella. Era el Seal gritando. Abrió la boca para
ordenar y de repente se congeló, sus oscuras extremidades secándose
mientras manchas negras cubrían sus ojos y la habitación empezaba a
inclinarse.
Jai miró a Ari, mirando el lento subir y bajar de su pecho. Después de que
Rojo usara su poder para noquearla, Jai la había llevado a una de las
habitaciones del piso de arriba de la casa de Jack, bueno, la que una vez
había sido la casa de Jack. Era raro pensar que realmente nunca hubiera
llegado a conocer del todo a Jack. Que sólo se habían visto antes de que
los reyes Rojo y Cristal lo hubieran matado.
Eran malvados e inflexibles hijos de puta.
Jai podía sentir sus poderosas energías al otro lado de la puerta, donde
estaban esperando con Fallon, Charlie, Trey y Michael. Había insistido en
ser el único en sentarse con Ari hasta que despertara, a pesar de las
advertencias de Rojo de que el Seal todavía podría tenerla en sus garras.
Agarrando su mano, se preguntó cómo estaría cuando recuperara la
consciencia. Mucho había pasado. Descubrir sobre su madre, Sala, quien
en realidad había sido la Srta. Maggie todo el tiempo, aunque tenía
sentido ahora el por qué sus sesiones de besuqueo eran interrumpidas por
ella, y descubrir que Rojo la había traicionado desde el principio. Había
cruzado por la mente de Jai más de una vez que Rojo estaba detrás del
deseo de Charlie. Estaba bastante seguro que también había cruzado por
la mente de Ari, pero ahora lo había confirmado. Ella había estado
empezando a confiar en Rojo. Ambos lo habían hecho. Ambos
necesitaban confiar en él. Y el bastardo había ido y arruinado todo.
Las pestañas de Ari se agitaron y él apretó su mano. Hizo un pequeño
gemido antes de que sus ojos se abrieran de golpe.
—Jai —susurró y cuando giró su cabeza en la almohada para encontrar su
mirada, Jai se hundió con alivio. Era Ari. Simplemente Ari.
—Hola —susurró—. ¿Cómo te sientes?
164
—Un poco mareada. —Se puso en una posición sentada, su silencio espeso
en la habitación. Finalmente lo miró de nuevo, sus extraordinarios ojos con
un extraño color azul dorado—. ¿Todavía está aquí? ¿Rojo?
Jai asintió.
—No confío más en él, Jai. No lo quiero aquí.
—Es un Rey Jinn, Ari. Se irá cuando quiera.
Su labio inferior tembló un poco y sintió su dolor como un puñetazo en el
estómago. ¿Así se sentía el preocuparse por alguien? ¿Sentir el dolor como
si fuera propio? Moviéndose hacia la cama, envolvió un brazo alrededor
de sus hombros y la empujó contra su costado. Ella descansó la mano en
su pecho, su mano sobre su corazón.
—El Seal me petrifica, Jai. Eso fue malo. Eso fue muy malo.
Era peor que malo. La oscuridad en el interior de ella lo hacía sentirse
perdido, desesperado, pero no podía dejar que ella supiera eso. Lo
necesitaba para esto.
—Haremos lo que dije antes. Usaremos cualquier truco que podamos para
despertar el Seal y te entrenaremos para vencerlo.
—Eso es muy arriesgado. ¿Qué si no puedo controlarlo? Justo como
entonces, Jai, si Rojo no me hubiera noqueado…
—Entonces te noquearé yo —murmuró con una sonrisa en su voz—, antes
de que puedas hacer cualquier daño. Pero vamos a sacarte de esta.
—¿Me va a retirar Michael de la misión?
—No —respondió sin pensarlo. Incluso aunque Michael quisiera, Jai no le
iba a dejar. Ella había pasado por mucho… necesitaba algo a lo que
agarrarse y ese algo para ella era cazar. Era una forma de control para
ella. La hacía sentir menos como un blanco fácil y nadie le iba a quitar eso,
especialmente ahora—. Aún nos dirigiremos si te sientes dispuesta a
hacerlo.
—Sí, sí lo hago. —Ari levantó su cabeza para mirar a su cara—. Necesito
escabullirme de aquí por un tiempo.
165
Miró la puerta.
—¿Está ahí fuera?
Sabiendo a quién se refería, Jai asintió.
—¿Le dirás que se marche?
Con los dos Reyes Jinn en la casa, podía sentir la vibración de energía
construida a su alrededor como un cubo sobre un castillo de arena. Ante
las palabras de Ari, la casa pareció desinflarse, como si el cubo hubiera
sido levantado y el castillo derrumbado.
—No es necesario —le dijo suavemente—. Cristal y él se acaban de
marchar.
¿Entonces ahora estaban solos? ¿Estaban ellos solos contra Azazil y el Rey
Blanco?
—Supongo —respondió su propia pregunta.
166

Este cielo no es suyo para alcanzarlo… es tuyo para
colocar tus estrellas
Traducido por Mari NC
Corregido por Deyanira
staba muy tranquilo en Midland, Connecticut. El equipo, que consistía
en algunas caras conocidas, Fallon y Jai por supuesto, Bryleigh, Scott
Becke y el hermano de Scott, James y la hermana de Bryleigh, Ailidh,
se instalaron en la bastante gran casa de granja que habían alquilado en
las afueras de Midland. Estaba en lo que solía ser una granja de trabajo, y
estaba cercada en la parte posterior por un bosque. Al haber crecido
acostumbrada al ruido del tráfico, Ari no podía dormir. Fallon estaba
durmiendo sin problemas, habiendo caído dormida en su cama al otro
lado de Ari, los sonidos de los pájaros y los árboles mecidos por el viento
claramente eran un alivio para ella.
Simplemente agitaban a Ari.
A pesar de posponer su llegada por un día, todavía habían salido a toda
prisa para Midland. Temerosa de enojarse, Ari no había sido capaz de
decirle adiós a Charlie. Se sentía como traición de nuevo. Así que en su
lugar le había prometido a Michael que podía cumplir con la asignación y
Jai la había respaldado, prometiéndoles a todos, incluyendo a un muy
preocupado Trey, que él le ayudaría a conseguir el control sobre el Seal.
Sin Jack/Cristal alrededor, Trey era más necesario para cuidar de Charlie.
Fallon había querido que Charlie viniera con ellos ahora que ya no tenía un
mentor, pero Ari no toleraría nada de eso y Jai estaba actuando como su
fiel guardián. Después de ver lo que él le hizo a El Rey Blanco, nadie estaba
discutiendo con él.
Inquieta, preocupándose por todo, Ari finalmente se quitó las mantas y se
vistió con algo de ropa. El pensamiento de su madre allí afuera, en alguna
parte, el hecho de que ya no tenían un Rey Jinn aliado, ¿lo habían tenido
alguna vez?, el Seal tomando el control de ella otra vez, la asignación
E
167
empezando mañana por la mañana, estaba causando caos en su mente
y estómago.
La única vez que se había sentido tranquila estas últimas veinticuatro horas
era cuando Jai estaba cerca.
Necesitándolo más de lo que le gustaba, Ari salió de puntillas de su
habitación y bajó hacia el vestíbulo hacia la de Jai. Él estaba
compartiendo con James así que ella no podía ir allí.
Jai, dijo en voz lo suficiente alta como para egoístamente despertarlo.
¿Sí? Su rápida respuesta le dijo que ya había estado despierto.
¿Caminarías conmigo?
Ningunas palabras fueron enviadas telepáticamente hacia ella, pero le
pareció oír un poco de roce detrás de la puerta. Se esforzó por escuchar y
casi de inmediato saltó hacia atrás cuando su puerta se abrió. Él estaba de
pie en jeans solamente, el poder de la parte superior de su cuerpo
resplandeciendo a la luz de la luna brillando a través de la ventana del
vestíbulo.
—¿Estás bien? —le susurró a ella, sus cejas fruncidas en preocupación.
—Quiero caminar contigo —susurró ella—. No puedo dormir.
Sin decir una palabra, Jai se deslizó de nuevo en la habitación. Hubo un
poco más de ruido y luego regresó, vestido con una camiseta y botas.
Para que no despertar a nadie saliendo de puntillas por la escalera
chirriante, ambos usaron el Peripatos, llevándolos afuera al patio en las
afueras de los bosques.
—¿Quieres entrar ahí? —Jai levantó una ceja.
—¿Asustado? —bromeó Ari.
Rodando sus ojos hacia ella, Jai despegó a una lenta caminata y Ari
rápidamente se puso a caminar junto a él.
—¿Preocupándote por todo? —preguntó en voz baja, mirando hacia ella
en la cercana oscuridad.
168
Ella asintió con la cabeza.
—Hay muchas cosas en mi cabeza ahora mismo. Gracias por venir aquí
conmigo.
—No podía dormir tampoco. —Él se encogió de hombros.
Se quedaron en silencio por un momento, el único sonido que hacían era
la rotura de ramas, crujido de hojas y salpicadura de tierra bajo los pies.
Olía tan limpio y fresco aquí. Le recordaba un poco a los bosque allá en
casa en Sandford, excepto que el aire era más enérgico de alguna
manera. Y los árboles que la rodeaban eran más gruesos que los de casa.
La idea de su casa sólo le recordó a todos los que había dejado atrás y
más melancolía la invadió. Necesitando consuelo, Ari tomó la mano de Jai,
deslizando sus dedos fríos entre los suyos.
Observó su fuerte perfil mientras miraba con incertidumbre hacia su agarre.
Finalmente él apretó su mano entre las suyas.
—¿Qué? —preguntó ella—. ¿Es demasiado tomarnos de las manos?
Para su sorpresa, él la miró con una sonrisa triste, negando con la cabeza.
Pero no dijo nada.
—Puedes decirme, sabes. Recuerdo cómo eras cuando nos conocimos. No
eras exactamente del tipo abrazos y tomar de las manos.
—Contigo… parece que lo soy.
Sonriendo un poco tímidamente a eso, Ari se acercó más a él, envolviendo
su mano derecha alrededor de la muñeca de la mano que sostenía su
izquierda.
—No puedo creer que mi madre estaba cuidándome todo este tiempo.
—Tiene mucho sentido ahora.
—Estoy tan enojada con ella y estoy muy enojada con Rojo… pero hay
una parte de mí que se siente… —Se encogió de hombros y él detuvo
abruptamente. Levantando la vista hacia él, Ari trató de encontrar las
palabras adecuadas—. No sé cómo explicarlo.
169
—Inténtalo.
—Me siento… menos abandonada. —De alguna manera admitir eso hizo
que Ari se incomodara y soltó abruptamente a Jai para continuar—: Mi
verdadero padre me creó como si fuera un experimento genético y estoy
bastante segura de que simplemente trató de matarme o al menos iba a
torturarme. Mi papá falso me dijo literalmente en mi cara que realmente
nunca me amó lo suficiente, y mi mamá… bueno, todo este tiempo pensé
que mi mamá me abandonó y luego consiguió mágicamente ser
encarcelada. Pero ella no me abandonó, Jai. Y me dijo que me ama. —
Sonrió débilmente—. Es una locura, pero ya no me siento tan sola.
Acercándola, la expresión de Jai era ilegible.
—No es una locura, pero Ari, nunca estabas sola. —Tomó un suspiro
tembloroso y para su sorpresa sintió sus dedos temblar en su cara—. Te amo
—admitió, su voz áspera por la emoción—. ¿Está bien? Te amo. No estás
sola.
Por un momento, Ari no podía creer que él realmente lo dijo, pero la cálida
y urgente sensación de delirante alegría que explotó a través de su pecho
y todo su cuerpo finalmente la trajo a casa. Fusionándose contra él, con
una sonrisa estúpida en su cara, Ari susurró:
—Dios, también te amo. Mucho. —Se sentía casi desesperada mientras
deslizaba sus manos alrededor de su cuello, apretando su nuca—. Sabes,
todavía no tengo todas las respuestas. Acerca de mi mamá, o Rojo, o
Blanco… o Azazil. Lilif, Asmodeus. Todo lo que sé es que hay toda esa
gente que piensa que les pertenezco. Y la verdad es, Jai, simplemente
siempre te perteneceré. Si me quieres, te perteneceré para siempre.
Sus ojos se abrieron un poco por su declaración y luego parecieron
chispear con alguna emoción sin nombre.
—Ari —gimió y envolvió sus brazos alrededor de su cintura, acercándola,
estaba casi levantada de la tierra—. Siempre te querré —le susurró con
urgencia contra sus labios—. Ahora eres mía, está bien. Sólo mía. —Su beso
era tan desesperado como lo había sido su declaración, y ella se aferró a
él con fuerza, disfrutando de su sabor y el sabor de su certeza recién
descubierta del uno hacia el otro. Su beso se suavizó, volviéndose drogado
170
y lánguido, dulce y caliente al mismo tiempo. Ari gimió, mientras él
arrastraba besos de mariposa por su cuello, su aliento vacilando cuando él
llegó a desabrochar su camisa para poder presionar besos contra la curva
de sus senos. Emoción tiró en su vientre mientras sus hormonas se
aceleraban. Necesitando de nuevo sus labios sobre los de ella, Ari cogió su
cabeza y buscó su boca, tocando su lengua con la suya tan suave y
tentativamente que ella sabía que iba a volverlo loco. Su gemido sordo
retumbó a través de su boca y las rodillas de Ari casi se doblaron debajo
de ella. Queriendo algo de piel sobre piel, ella deslizó sus manos bajo su
camisa, sus dedos arrastrándose a través de sus abdominales. Jai se
estremeció y la besó más fuerte, su cuerpo impulsándola contra un árbol.
Ella ni siquiera sintió el impacto, estaba demasiado ocupada pasando su
mano sobre todo él bajo su camisa y empujando sus caderas contra las
suyas de una manera que ella sabía que era segura para intensificar las
cosas.
—Alto. —Jai se echó hacia atrás, sus manos apartándose de ella y
apoyándose en el árbol a cada lado de su cabeza. Ella sintió su aliento
pesado y cálido soplando contra su cara mientras trataba de ganar algo
de control. Los nervios de Ari se habían roto uno por uno, todo su cuerpo
temblaba, y no quería parar.
—He terminado con todo este asunto yendo lento, Jai —se quejó.
Él se rió sin humor y se inclinó para darle un tentativo beso en los labios.
—Yo también. Pero aquí no podemos. —Él entrecerró los ojos, quizás por el
pensamiento de tener que esperar para estar con ella—. Esta tarea tiene
que estar terminada mañana.
Ari negó con la cabeza.
—No, necesitas de nuevo tu propio cuarto y yo necesito escabullirme
dentro y fuera de este.
Apartándose del árbol, Jai se pasó una mano temblorosa por encima de
su cabeza y sonrió cariñosamente hacia ella. Ari podía identificar esa
maravillosa mirada en sus ojos como amor.
171
—Cuando volvamos a Jersey tendré mi propio lugar y estaremos
diciéndole a todo el mundo que eres mía. ¿De acuerdo? No me importa
quién sepa. No me importan los peligros. Quiero que todos sepan que eres
mía.
Ari asintió con la cabeza, amando el sonido de eso.
—Tuya. ¿Y tú eres mío?
Él le dio un beso rápido antes de lanzar su brazo sobre sus hombros para
llevarla de vuelta a la casa.
—Siempre. Y nada de echarte para atrás.
Ari se rió suavemente, amando este lado juguetón de él.
—Tendrías que ser arrancado de mis manos frías y muertas antes de que te
devuelva, Jai Bitar.
Él la apretó más cerca.
—Igual para ti, Srta. Johnson… pero lo hubiera dicho más elocuentemente.
Sin la imagen espeluznante.
—Oh, por supuesto. Porque eres todo palabras.
—¿Alguien alguna vez te dijo que tienes una boca inteligente? —gruñó él,
haciéndole cosquillas en la cintura.
Ari trató de acallar un grito mientras se alejaba de él riendo.
—Para —resopló ella, tratando de agarrar sin éxito sus dedos.
Sonriendo maliciosamente, Jai dejó de hacerle cosquillas y tiró de ella
bruscamente contra él, sus brazos apretados alrededor de su cintura.
—¿Vas a vigilar esa boca tuya?
—Tú vigílala —respondió ella descaradamente.
Con su expresión casi solemne ahora, Jai se inclinó para besarla, sus
palabras susurrando a través de su boca antes de que sus labios se
tocaran.
172
—Oh, he estado vigilándola desde el primer día que te vi.
173

El honor no sabe del bien o del mal
Traducido por Akanet
Corregido por BrendaCarpio
l Rey Blanco nunca había amado a Sala pero había pensado en ella
como suya. Una Ifrit con poderes de seducción incluso mayores que
la súcubo Jinn Lilif, Sala podía embelesar a un hombre humano con
una sola mirada. Para ser capaz de seducir a un Jinn, una Lilif tenía que
tener algo extra especial, extra encanto y sensualidad, para penetrar la
magia defensiva de uno de los suyos.
Sala ni siquiera era un Lilif y podía encantar los pantalones de harén de
cualquier Jinn.
Por supuesto sus ojos, ojos que compartía con su hija, habían atraído a
Blanco hacia ella cuando él la había encontrado en un viaje a Marruecos.
Una Ifrit bastante antigua y muy potente, Sala, por supuesto era renuente a
renunciar a su libertad y unirse a él en el monte Qaf como parte de su
harén. Eso sólo lo hizo quererla aún más. Era obstinada, inteligente,
retadora. Sin embargo, era lo suficientemente inteligente como para saber
que no era rival para un Rey Jinn. Blanco la robó de sí misma, la puso como
su favorita en su harén, al mismo tiempo conspirando para utilizarla contra
Asmodeus.
Pero la arrogancia de Blanco era lo que lo había metido en problemas, y
ahora podía admitir eso para sí mismo. Tan satisfecho de sí mismo por
adquirir tal hallazgo como lo era la hermosa Sala, no sólo la había
despreciado ante Asmodeus, con la esperanza de provocar su interés, la
había ostentado ante sus hermanos.
Y Rojo no pudo resistirse.
Blanco se había enterado de la aventura de Rojo y Sala. Le gustaba creer
que sabía todo lo que ocurría a su alrededor. Incapaz de castigar a su
hermano por la infracción, había golpeado a Sala hasta la sumisión, y
E
174
cuando ella estaba bien otra vez, la había arrojado a Asmodeus, e incluso
el noble teniente había sucumbido a la seducción.
El amor era lo único que no había tenido en cuenta. Ni siquiera se le había
ocurrido a Blanco que Rojo había sido lo suficientemente tonto como para
enamorarse de Sala, y lograr entonces la ayuda de Cristal para salvarla de
su encarcelamiento. Blanco se negó a creer que Sala en realidad tuviera
algún sentimiento por Rojo. Su hermano no era nada comparado con él.
Nada.
Tenía que encontrar a Sala. También quería sacudirla hasta que no fuera
nada y luego meterla de nuevo en la maldita botella donde pertenecía.
Sólo que esta vez estaría muerta.
Ella estaba resultando ser difícil de alcanzar, pero estaba esa palabra otra
vez. Amor. No se había dado cuenta de que la Sala tuviera tan profundo
apego por su hija. Podía entenderlo hasta cierto punto. Ari era
extraordinaria para ser una niña criada por humanos. Le gustaba creer
que ella tenía mucho de él dentro de ella. Sala amaba a la niña. Todo lo
que había hecho hasta ese momento era para proteger a la niña, lo que
quería decir que todavía estaba protegiéndola. Blanco estaba seguro de
que a donde Ari fuera, Sala la seguiría.
Un silbido y una ligera brisa que soplaba contra la tela envuelta alrededor
de su ventana, tela que había estado sólo hace unos momentos
perfectamente quieta, alertó a Blanco de su visitante.
Se volvió lentamente, sus entrañas batiéndose con una impaciencia que
pronto se transformó en irritación cuando su mirada negra chocó con la
igualmente negra de El Rey Sombra.
Su largo cabello negro estaba enrollado en una trenza y su túnica había
sido sustituida por un chaleco de cuero y pantalones. Ese era su atuendo
de guerrero. Blanco trató de estar intrigado pero... Sombra era tan
aburrido.
—¿Qué? —preguntó con suavidad—. Estoy un poco ocupado, hermano, si
no te importa. —Él hizo un gesto hacia la puerta para que se fuera.
175
Sombra le hizo una mueca, esa mirada petulante de apenas disimulada
herida de la que nunca había conseguido librarse desde la infancia.
—En realidad me importa. —Sombra marchó decididamente hacia él, sus
ojos brillando con una especie de triunfo—. Rojo vino a verme. Me dijo
algo, y aunque me gustaría mucho arrancarle la laringe a través de la
nariz, hay una pequeña posibilidad de que pudiera haber tenido un punto.
Volviéndose continuamente más molesto por la presencia de Sombra,
Blanco arqueó una ceja como diciendo "¿Y?".
—Su punto es que me siento a esperar que me digas qué hacer. Bueno, no
más, hermano. También tengo un interés en el resultado de esta guerra.
—¿Tienes la intención de hacerme tu enemigo?
—No, por supuesto que no. Contrariamente a la creencia popular no soy
tonto. De hecho, mis pequeños espías me dijeron que has descubierto que
Sala escapó de su prisión.
Un brote de cólera cortó el camino por su pecho. Blanco realmente no
quería que se le recordara su fracaso. Fingiendo indiferencia, se encogió
de hombros.
—¿Tu punto?
—Bueno, mis espías también me dijeron que ibas a utilizar a Sala como una
ofrenda de paz para Ari. Para animarla a ayudarte.
—¿Quiénes son estos espías tuyos, y con quién han estado hablando? —
Blanco tendría que matarlos inmediatamente.
Como si sus pensamientos hubieran sido hablados en voz alta, Sombra le
sonrió a su hermano.
—Te diré a quien dentro de tu palacio le gusta cotillear si escuchas mi idea.
—Bien.
—Tienes que secuestrar al guardián de Ari. Jai Bitar. Úsalo para negociar
con ella.
176
Tratando de no suspirar con condescendencia y fallando miserablemente,
Blanco se apartó de su hermano, su lenguaje corporal diciéndole a
Sombra que había acabado.
—Si supieras algo sabrías que ya no puedes negociar con Ari amenazando
las vidas de quienes la rodean.
—Estás pensando en el Sorcerer. Charlie, ¿verdad? ¿Debido a que Ari
rechazó tu oferta para salvarlo en el juicio?
Curiosamente, Blanco recordó su respuesta a su oferta con una sonrisa
interior. Su fuerza de carácter debía ser admirada y su anticuado sentido
del honor casi hizo a un padre orgulloso.
—Ella ha demostrado que no puede ser dominada.
—Creo que cuando se trata de un determinado Ginnaye, puede serlo.
Lanzándole una mirada cautelosa sobre su hombro, Blanco asintió con la
cabeza para que continuara.
—Mis espías vieron una escena íntima entre Ari y Jai sólo unas horas atrás.
Declararon amor apasionado del uno por el otro, hermano. —Él sonrió,
evidentemente satisfecho de sí mismo—. Las palabras que fueron dichas
me llevan a creer que tu hija hará cualquier cosa por ese Jinn.
Ni uno solo tragaría información como esta tan fácilmente, Blanco
entrecerró los ojos con sospecha.
—Ari puede sentir Jinn escondidos en el Manto. ¿Cómo fue que tu espía
incluso se acercó lo suficiente para presenciar una escena así?
—He usado un humano, Blanco. —Sombra chasqueó su lengua con
desaprobación hacia él—. Sabes, para alguien que está tan empeñado
en tratar de mantener el equilibrio de este mundo y el de ellos, eres
terriblemente prejuicio contra los mortales. Ellos tienen su utilidad sabes.
Haciendo su comentario a un lado como si se tratara de una simple
mosca, Blanco sintió la opresión en su pecho ganar algo de alivio. Si esto
era cierto...
177
—¿Estás seguro? ¿Ari y Ginnaye están secretamente juntos? ¿Ella lo ama?
¿Lo suficiente para hacer cualquier cosa para salvarlo?
—Creo que las palabras “siempre te perteneceré solamente a ti” fueron
utilizadas.
Blanco soltó un bufido.
—Suena… serio.
—Oh, creo que lo suficientemente serio para nuestros propósitos.
Blanco suspiró, pensando.
—Esperaría hasta que pudiera tenerlo a solas, pero nunca deja el lado de
Ari. Así que necesitaré hacer arreglos para que los dos estén solos y
atraparlo y salir rápidamente de allí antes de que ella pueda ordenarme
parar.
—¿Cómo esperas lograr eso?
—Al ponerlos en una situación que lo obligue a llevar a Ari a un lugar
seguro. En algún lugar donde tengan que estar solos. —Blanco le ofreció a
Sombra una pequeña sonrisa mientras un plan comenzaba a formarse—. Y
creo que deberíamos irritar a padre mientras estamos en ello.
Se tomó un momento para exponer sus ideas a Sombra. Cuando hubo
terminado, su hermano tenía el ceño fruncido.
—¿No es eso un poco arriesgado? Ari podría hacerse daño.
Blanco negó con la cabeza.
—No, si planeamos esto hasta el más mínimo detalle. Además, cuento con
algo con lo que nunca antes conté.
—¿Y qué es eso?
Blanco sonrió ahora, sintiéndose con más energía de lo que había estado
en las últimas semanas.
—El amor de una madre por su hija.
178
—Eres un ser difícil de encontrar, Kadeen —anunció el Rey Rojo en voz baja
mientras merodeaba en la cueva. Estaba enterrado en lo profundo de las
montañas Tibetanas cerca del monte Kailash. Rojo apreciaba la
importancia de la ubicación. En el hinduismo, el Monte Kailash era
considerado como un lugar de felicidad eterna.
Kadeen realmente se había cansado del mundo Jinn.
Kadeen lo miró con calma, sus ojos azules pálidos sorprendentes en la luz
de las velas. Rojo tenía que concedérselo, el Marid había hecho el lugar
bastante cómodo. Los suelos de piedra estaban cubiertas centímetro a
centímetro con gruesas alfombras marroquíes y pinturas al óleo habían sido
clavadas a las paredes escarpadas. Muebles ingleses antiguos dispersos
por el gran espacio, incluyendo una cama enorme tallada con dosel, que
estaba ubicada en el medio de la habitación con una especie de
majestad que uno no esperaría encontrar en una cueva.
—Claramente no tan difícil de encontrar —respondió Kadeen sin
problemas, haciendo un gesto hacia el sillón frente a él.
Rojo sonrió ante su respuesta y se sentó. No se había molestado en
cambiarse sus pantalones vaqueros preferidos y camiseta por Kadeen. Si él
recordaba bien, Kadeen no había sido realmente muy de tradiciones.
—Tal vez fuiste más fácil de encontrar de lo que pensé que lo serías. Tu hija
fue muy comunicativa.
Ante la mención de su única hija, Kadeen entrecerró los ojos hacia Rojo.
—Le dije que si un Rey Jinn alguna vez pedía mi paradero le dijera la
verdad. Mi santuario no vale la pena para arriesgar su vida.
—Un padre que pone a su hija antes que a él. Que novedoso.
—Sólo entre la realeza Jinn.
—Touché.
179
Kadeen inclinó su cabeza hacia un lado, un hábito que probablemente
había recogido de Azazil. Era gracioso que él todavía lo tuviera incluso
siglos después de dejar el lado del Sultán.
—¿Ha venido a verme por una razón, Maestro Rojo?
—Eras uno de los favoritos de mi padre. Su afecto por ti es la única razón
por la que te permitió irte en paz.
—Sí.
—Debes haber sido testigo de cosas, Kadeen, escuchado cosas, ¿tal vez
cosas privadas?
—Haga su punto, Maestro Rojo. No me estoy volviendo más joven.
Rojo reconoció su comentario con una sonrisa divertida, pero en el fondo
estaba ansioso, ansioso por saber.
—No estaba allí cuando mi padre produjo el Seal. Él nunca ha confiado en
mis hermanos como confía en mí, pero aún con esto no tengo su
confianza.
—¿Esto?
Sus sospechas del verdadero origen del Seal ardían en sus ojos.
—El Seal, Kadeen. ¿Sabes de dónde vino?
La oscuridad cayó en el rostro Kadeen como si todas las velas hubieran
sido apagadas. Sacudió su cabeza y se puso de pie, su desgarbado y
tembloroso cuerpo desmintiendo su edad.
Kadeen era un Marid llegando al final de su vida.
—No sé nada de esto. Por favor, déjelo, su majestad.
No convencido, Rojo se puso de pie, elevándose por encima del Marid por
lo menos diez centímetros.
—Te estás muriendo, Kadeen. ¿Quién protegerá a tu hija una vez que te
hayas ido?
180
—¿Mi hija?
Rojo asintió con la cabeza, su mandíbula apretada con determinación.
—Harías cualquier cosa para proteger a tu hija, ¿no Kadeen? Entiendo
esto. También estoy tratando de proteger a una niña. Dime de donde vino
el Seal, o masacraré a tu hija y a todos sus hijos.
Odio puro se desató en los ojos de Kadeen.
—Por eso me fui. Ya no hay honor en medio de ustedes. Esta guerra, esta
insensata e infantil guerra ha contaminado lo que antes era
resplandeciente sobre los siete de la realeza y su Sultán. Tendría que haber
sido descuartizada por lo que creó.
—¿Mi madre quieres decir?
—Lilif. No siempre se reduce a Lilif. —Kadeen negó con su cabeza
tristemente—. Te diré lo que quieres saber si me prometes proteger a mi
familia.
—Tienes mi palabra.
—¿Y eso todavía significa algo, Maestro Rojo?
Rojo suspiró, su pecho girando un poco ante la amarga verdad en la
desconfianza de Kadeen.
—Hoy lo hace.
181

Una Caperucita Roja y demasiados lobos
Traducido por MaryLuna, y Miranda. (SOS) y LizC
Corregido por Micca.F
as revelaciones de los últimos días todavía se aferraban a Ari, pero
mientras se sentaba en una clase de inglés de tercer año en la bien
financiada secundaria Emmett Bradford, hizo todo lo posible para
encogerse de hombros y concentrarse en su tarea. Estar de vuelta en la
escuela era extraño, especialmente fingir ser una nueva estudiante de
tercer año. Nunca había sido una estudiante nueva. Había crecido
rodeada en su mayoría por las mismas personas durante toda su vida.
Sentándose en un escritorio, apenas escuchando el tono monótono de la
maestra sobre Fitzgerald, recordó a Staci y Rachel. Una punzada de dolor
resonó en su pecho mientras pensaba en sus amigas, preguntándose
cómo les iba. Ahora estarían yendo a la universidad y no podía creer que
había sido un verano entero desde que las había visto por última vez...
... desde que había levantado el edredón del mundo y vio lo que estaba
acostado en el colchón.
Un montón de miedo.
—¿Y qué hay de ti, Marissa? —le preguntó la alta, flaca maestra de inglés,
con el rostro apretado como si supiera que no había estado escuchando
una palabra de lo que dijo.
Ari se sentó por un momento, decidiendo de qué manera actuaría en esto.
No era como que necesitaba la clase. Y siempre había sido una niña
buena.
Tal vez Marissa era un dolor en el culo.
Rodando los ojos, se encogió de hombros.
—No tengo ni idea.
L
182
La maestra ahora frunció el ceño.
—No tienes ni idea, ¿o no puedes molestarte en responder la pregunta?
—Sí, esa.
La clase rió por lo bajo y la maestra les lanzó una mirada mordaz que
rápidamente los calló. Con un chasquido de desaprobación de su lengua
y un movimiento de su mano, se alejó de ella despectivamente.
—Las chicas bonitas necesitan ser educadas también, Marissa, no importa
lo que las revistas de moda te dicen.
Ouch.
La verdadera ella quería ruborizarse como una loca porque nunca antes
había tenido a una maestra poniéndola en su lugar. Como Marissa, sólo
iba a perseverar con la desaprobación porque francamente no tenía
tiempo para hacer las tareas escolares, así que, ¿por qué establecer el
precedente de que iba a hacerlo?
—¿Y? —Fallon le preguntó tan pronto cuando se encontraron en el pasillo
después del segundo período.
Ari negó con la cabeza, bajando la voz mientras se dirigían lentamente por
el pasillo entre una multitud de estudiantes que estaban mirando con
curiosidad a las chicas nuevas.
—El chico nuevo en mi clase es sólo eso: un chico —resopló—. También
interpreté el papel de chica vaga. Es algo divertido cuando todo tu futuro
no depende de las buenas calificaciones.
Para su sorpresa, Fallon no se rió.
—Ten cuidado —replicó en voz baja, su expresión severa—. Queremos
mezclarnos tanto como sea posible. Ahora sé que esos ojos tuyos lo hacen
un poco difícil. Hablando de eso, deberíamos haberte conseguido lentes
de contacto, pero no podemos llamar la atención sobre nosotras mismas
183
por ser las chicas graciosas, calientes, holgazanas. Tienes que ser suave,
tienes que mezclarte. No queremos que este Jinn sospeche de nosotras.
—Él o ella va a sentirnos de todos modos.
—Sí, pero tal vez piense que sólo somos ordinarias, Jinn menores viviendo
como humanos. Así que menos chica vaga, más Ari, ¿de acuerdo?
—Estoy sorprendida —suspiró—. Pensé que te gustaría hacer de vaga.
Riendo, Fallon asintió.
—Me encantaría hacer de vaga. Pero más me encanta hacer un buen
trabajo.
—Te entiendo —Ari asintió con la cabeza—. No más Marissa la vaga. Sin
embargo fue divertido... por dos segundos enteros.
—¿Próxima clase? —Fallon miró hacia su horario—. Ugh, tienes cálculo.
—Yupi por mí. ¿Tú?
—Laboratorio de computación.
—No puedo esperar para el almu… —Ari paró a mitad de su gruñido, todo
su cuerpo tensándose mientras una onda de energía familiar la golpeó.
Jinn.
Se dio la vuelta, sus ojos buscando a través de la multitud de estudiantes
mientras caminaban entre las clases. No, no es él, no es ella, no es él, no es
ella, no…
Su mirada chocó con un hombre mayor. ¿Un maestro? Él entrecerró sus
ojos hacia ella, como si la conociera pero no pudiera ubicarla. Con un
ligero ensanchamiento de sus ojos, retrocedió y giró sobre sus talones,
dirigiéndose por el pasillo en dirección opuesta.
Con el corazón desbocado, sin poder creer que ya habían encontrado al
hijo de perra, Ari siguió al Jinn, empujando estudiantes al pasar sin cuidado.
—¿Ari? —siseó Fallon, agarrando su brazo—. ¿Pero qué...?
184
—¿No lo sientes? —preguntó, todavía moviéndose rápidamente, ni siquiera
tomándose el tiempo para mirar hacia atrás a Fallon.
—No.
—Es él. Vamos.
Doblamos la esquina y me detuve abruptamente, ocasionando que Fallon
tropezara. Este pasillo estaba casi vacío. Él se había ido.
Con la adrenalina bombeando rápido, Ari hizo un gesto hacia las aulas
repartidas por todo el camino a lo largo del pasillo.
—Vamos a empezar a buscar.
Tomándole su palabra, Fallon asintió.
—No nos dividimos, está bien.
—Bien.
Miraron en todas las clases, sin encontrar nada de interés. Estaba lista para
renunciar a mitad del pasillo ya que no había rastro de energía Jinn en
absoluto, y luego sus pies la detuvieron en el umbral de un aula. La
habitación estaba llena de caballetes y materiales de arte, y todas las
paredes estaban cubiertas de obras de arte cuidadosamente montadas
que iban desde lo realmente bueno a lo completa, e inidentificablemente
malo. Sin embargo, la colorida habitación no era lo que había conseguido
su atención.
Era él.
Él se levantó inclinándose sobre su escritorio, escribiendo en una nota
adhesiva antes de pegarlo en la parte superior de una pila de papeles.
Como si sintiera su presencia, miró hacia la puerta y luego se enderezó. Era
él. Este era definitivamente el tipo, pero, no había energía Jinn irradiando
de él.
Él sonrió, un confuso, educado estiramiento de labios.
—¿Sí? ¿Puedo ayudarte en algo?
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Sus ojos castaños eran cálidos y tan humanos. Él probablemente estaba en
sus cuarentas y vestía exactamente lo contrario de lo que Ari esperaba en
un maestro de arte, un suéter sobre una camisa y corbata, pantalones,
mocasines pulidos. Pelo corto. Los maestros de arte que había conocido
también habían utilizado su estilo como una expresión de arte.
—¿Ari? —susurró Fallon a su lado, esa única palabra llena con
preocupación y confusión.
—Lo siento. —Ari finalmente logró formar palabras. Un poco nerviosa, miró
hacia abajo al horario en sus manos—. Somos nuevas. Pensamos que
ahora teníamos arte pero claramente no. —Hizo un gesto a la clase
vacía—. Hoy no.
—Está bien. —Él sonrió de nuevo, aceptando su mentira—. Bien, soy el Sr.
Shepherd, pero dejo que me llamen Sam. Bienvenidas. Estoy ansioso por
ver lo que ustedes dos pueden hacer con un pedazo de papel y un lápiz.
Volviendo a su sonrisa amable, Ari negó con la cabeza.
—Oh, yo no lo haría. —Y después de darle una pequeña señal de
despedida, agarró el brazo de Fallon y salió corriendo de allí, sintiéndose
como la idiota más grande del mundo.
—¿Qué demonios fue eso? —gruñó ella, su hermoso rostro contraído—.
Tenías mi sangre bombeando y lista para una pelea.
—Habría jurado que sentía algo de él en el pasillo. Pero entonces... hay...
nada.
—Bueno, ahora llegamos tarde a clase. Revisa la señal en tu radar, Ari. Oh
cielos, hasta ahora apestas en esto.
—Sabes, nunca antes me había dado cuenta pero para una persona tan
linda puedes ser realmente mala.
—Siempre he sido mala. —Fallon despidió con la mano su sugerencia de
que era algo más—. Y no soy linda.
186
Echó un vistazo a su horario mientras Fallon se dirigió hacia el ala este de la
escuela. De acuerdo con esto, cálculo estaba en la parte oeste, primer
piso. Comenzó a apartarse de Fallon con una sonrisa en los labios.
—¡Linda como un botón! Toda de negro. —Hizo un gesto con la mano a sus
jeans apretados y a la camiseta negra de la Teoría del Big Bang—. No
engañas a nadie, Blanca nieves.
La boca de Fallon se abrió un poco, pasmada. Entonces con la misma
rapidez la cerró. Frunciendo el ceño en broma, le dio a Ari su insulto
favorito. El dedo medio.
Ari seguía riendo cuando llegó a clase.
Su profesor de cálculo borró la sonrisa de su cara mientras le reprendía con
la mirada por llegar tarde. Aparentemente ser una nueva estudiante no
contaba para nada.
Estúpida escuela secundaria.
El período del almuerzo no podía haber llegado lo suficientemente rápido.
Realmente esperaba que encontraran a su Jinn pronto, porque no sabía
cuánto tiempo podría soportar repetir la secundaria. Era algo con lo que
había terminado. Ella había hecho las paces con el fin de su carrera en la
secundaria antes del verano y ahora sabía por qué. Lo había superado.
Corriendo por su vida este verano sólo había hecho su desconexión incluso
mayor.
Movió la cabeza hacia sí misma, mientras caminaba por el pasillo principal
hacia la entrada donde sabía que Jai estaría esperándola. Tenía que dejar
de quejarse. Esto era lo que quería. Una asignación. Bueno, ten cuidado
con lo que deseas, cierto.
Ari resopló y luego negó con la cabeza de nuevo. Probablemente se veía
como una persona loca, pero no le importaba.
Estaba a punto de ver a Jai.
187
Pasos golpearon a su espalda y una sombra cayó sobre ella. No Jinn.
Mirando hacia arriba a la cara linda de algún estudiante alto, de cabello
oscuro, Ari le dirigió una mirada con los ojos abiertos de: “¿te conozco?".
Él le sonrió, recordándole un poco a Nick.
—Eh, Um, eres nueva ¿no?
Distraída por los pensamientos de Jai a unos metros afuera en alguna
parte, Ari se limitó a asentir.
—Soy Beau —dijo, sosteniendo la puerta abierta para ella y dejando una
suave brisa pasar. No por primera vez, y quizá por millonésima vez desde la
activación de su patrimonio Jinn, deseó poder sentir si la brisa era fría o
caliente. Dado las faldas que algunas de las chicas llevaban, y pantalones
cortos que algunos de los chicos estaban vistiendo, Ari imaginó que era un
día sorprendentemente caluroso para septiembre en Connecticut—. Soy
de último año —continuó mientras salían, estudiantes empujando
suavemente para pasarlos—. Te vi antes en los pasillos. ¿Con tu hermana?
—Hermanastra. —Ari se detuvo, volviéndose hacia él, entrecerrando los
ojos contra la luz brillante del sol.
—Marissa, ¿no?
Ella casi se sonrojó ante la apreciación abierta en sus ojos mientras
viajaban a través de su cuerpo antes de regresar a su rostro. Se ajustó la
mochila mientras la bajó de su hombro, con su amplia, hermosa sonrisa.
Estaba coqueteando. Genial.
Sí, Ari, ¡Genial!
Estaban en una investigación e información del interior ayudaría, tal vez
información de Beau de último año. Oh cielos, Fallon tenía razón. Apestaba
en esto.
—Sí, soy Marissa. —Ella le devolvió la cálida sonrisa y le tendió la mano para
que la sacudiera. Su agarre era sorprendentemente suave para su tamaño
y con el toque de su mano, amplió su sonrisa. Se le ocurrió que este chico,
que era sólo un año menor que ella, se veía tan joven y tan inocente.
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—¿Alguien te ha dicho que tienes los ojos más increíbles? —preguntó, tan
seguro de su propio encanto y atractivo.
¿Quién es el chico?
Ari parpadeó sorprendida al oír la voz de Jai en su cabeza. Dándose la
vuelta, lo espió por encima del hombro, apoyado en su todoterreno que
había estacionado en la primera fila a pocos metros de la entrada.
Llevaba gafas de sol oscuras, un par de bien gastados jeans negros, botas
y una simple camiseta blanca que dejaba ver su físico perfeccionado.
Ella miró a las chicas caminando junto a él, estirando el cuello para atrapar
otro buen vistazo y luego girando para reírse tontamente con sus amigas.
Toda la escena era un total cliché.
Chico caliente mayor en la escuela secundaria: el efecto.
Cliché o no, tuvo un efecto en ella. Su mirada se desvió hacia él y su boca
se secó. Jai era de ella.
Eso nunca iba a cambiar.
—Mi novio en realidad —murmuró Ari en respuesta a la pregunta coqueta
de Beau. Aunque distraída, recordó el enojo de Fallon, por lo que se volvió
a Beau con una sonrisa de disculpa—. ¿Tal vez pueda ponerme al día
contigo después? —Después de todo, todavía podría necesitarlo.
Ahora su mirada también estaba en Jai. Parecía un poco desconcertado
cuando respondió con cautela.
—Por supuesto.
Mierda. ¿Por qué Jai tiene que ser tan intimidante?
Rodando los ojos interiormente, Ari pasó al lado de Beau, tratando de
caminar casualmente hacia su novio e ignorando a todas las personas
mirándolos.
Tan pronto como lo alcanzó, Jai se irguió del lado del SUV y tiró de ella a
sus brazos, su jadeo de sorpresa perdido en su posesivo beso profundo.
Agarrando sus bíceps para apoyarse, su interior en llamas a pesar de la fría
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temperatura de su piel. Ari le devolvió el beso con todo lo que pudo.
Cuando finalmente la dejó ir, ambos estaban jadeando un poco.
No estaba segura si podría recordar qué eran siquiera las palabras, o cómo
usarlas. Era la primera vez que se habían besado en público.
—¿Qué fue eso? —dijo finalmente, su voz baja y ronca.
Él simplemente se encogió de hombros, mirando alrededor del campus
casualmente.
—Solo interpretando mi parte como novio posesivo.
—¿Interpretando o de verdad? —Fallon apareció de repente a su lado,
una enorme sonrisa del gato de Cheshire rompiendo su cara—. Chicos,
¡eso fue tan caliente! Meses de atracción contenida, ¿eh? Por cierto, el
chico deportista todavía está mirando. —Señaló hacia Beau con un
movimiento de su pequeño hombro.
Ari trató de ocultarlo mientras miraba sobre su hombro y bastante segura,
Beau todavía estaba de pie mirando hacia ellos, su expresión dividida
entre decepción y algo más, algo que no pudo descifrar totalmente. Dos
chicos aparecieron a su lado, palmeándolo en el hombro a modo de
saludo y finalmente arrastrándolo con ellos. Ella suspiró con alivio,
preguntándose de qué iba todo aquello.
—Sabes. —Fallon suspiró con cansancio—. Tres chicos ya me han
preguntado si mi hermana está libre. Sé que eres caliente y eso, pero creo
que tienes algunas vibraciones súcubas raras de tu madre. Es totalmente
deprimente ser tu amiga.
Fue como si hubiera sido abofeteada con ese comentario tan descuidado.
Ari frunció el ceño. ¿Tenía algunas vibraciones súcubas raras de su madre?
¿Era eso lo que atraía a Jai?
Fallon sonrió orgullosamente a Jai antes de que ella pueda contestar.
—Vas a tener que estar preparado para tu trabajo interpretando al celoso,
posesivo novio, Hermoso. Ari es un éxito como Marissa.
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—Creo que puedo manejarlo —contestó Jai con brusquedad, sus ojos
brillando un poco demasiado brillantes con una emoción sin nombre
mientras buscaban la cara sonrojada de Ari.
—Saben, su épico “no noviazgo” está empezando a enfadarme.
—Es gracioso. —Él le lanzó a Fallon una de sus miradas más atemorizantes—
. Porque tú me estás empezando a enfadar.
Fallon simplemente rodó los ojos.
—¿Bueno? —preguntó él—. ¿Todavía nada?
Ari sacudió su cabeza.
—Nada.
—No es cierto. —La corrigió Fallon con una ceja enarcada—. Sentiste algo
antes. Sólo porque no era el profesor de arte no significa que no sintieras
algo.
—Oh, ahora me lo dices.
Antes de que Fallon pudiera responder con algo completamente
inteligente, una ráfaga violenta de viento atravesó el aparcamiento,
apartando el cabello de Ari de su cara. Papeles se escaparon de la
carpeta suelta que Fallon estaba llevando y revolvieron su pequeño corte
de cabello corto. Estudiantes gritaron a su alrededor mientras perdían el
control de las tareas, paquetes de patatas fritas y otras cosas.
Eso no fue lo que causó que la sangre dejara su rostro, o que sus ojos se
abrieran en reconocimiento, o que todo el cuerpo de Jai se tensara
mientras se ponía delante de ella, protegiéndola.
Con el viento había llegado la masa de poder Jinn más extensa que había
sentido desde que conoció a Azazil. Pero no era su poder. Le habría sido
familiar.
—¿Chicos sienten eso verdad? —preguntó, mirando sobre los hombros de
Jai al aparcamiento. Fallon y Jai la imitaron, buscando la fuente a través
de la multitud.
191
Como si sus ojos fueran descuidados, Ari pasó las multitudes de estudiantes
y autos para encontrar al Jinn. Y él no estaba solo. Los encontró uno por
uno, Jinn masculinos y femeninos de pie en la multitud mirándola fijamente.
Eran al menos quince, sus expresiones con oscuras intenciones.
—Estamos rodeados —murmuró Jai habiéndolos avistado también en el
semicírculo que habían formado alrededor de los tres.
—¿Jai…? —preguntó Ari con voz temblorosa, preguntándose cómo
demonios iban a salir de esta sin que activara al Seal. La última cosa que
debía hacer era aprovecharse de esa cosa. Era muy peligroso. Nada…
nada merecía ese riesgo.
Jai caminó hacia atrás, su mano agarrando la de ella apretadamente. —
Te han encontrado. Saben lo que eres.
—El juicio —dejó escapar ella—, debido al juicio.
—No importa por qué, todo lo que importa es sacarte de aquí. —Fallon
miró a Jai, su expresión feroz—. No podemos despertar al Seal. No después
de lo que pasó… —Se calló, casi como disculpándose.
Ari asintió, ignorando el pellizco de dolor que le picó al saber que todos
pensaba que podría encender un interruptor y se volvería loca con ellos.
—No, tienes razón. Pero todos vamos a salir de aquí.
El enfado de Jai era palpable, pero viendo cuán determinada estaba
maldijo bajo su respiración, sus cejas arrugándose con concentración.
Después de un segundo que permitió que el pánico de Ari creciera, sus
ojos volaron detrás hacia ella.
Ella agarró su brazo.
—¿Y el todoterreno? Si nos subimos podemos alejarlos de la escuela, de los
estudiantes…
—Destrozarían el motor —respondió Fallon, empujando sus respuestas a un
lado con impaciencia—. Seríamos un blanco fácil.
—El tejado —murmuró Jai por debajo de su respiración—. Ari y yo vamos
dentro de la escuela y hacia el tejado. Fallon, no están aquí por ti. —Puso
192
las llaves de su auto en su mano—. Coge mi auto, está más cerca que el
tuyo, y vuelve a la casa. Voy a llevar a Ari a algún lugar seguro y tan pronto
como lleguemos, llamaré para asegurar que es seguro volver con el
equipo.
—De acuerdo.
—No, no de acuerdo. —Ari discutió, no creyendo lo que estaba oyendo—.
¿Y qué si están esperando en la casa? No puedo dejarte entrar en esto.
—Ari —susurró Fallon—. Si dejamos que tu culo caiga en las manos de
algún Jinn anti social, de cualquier forma estamos muertos. Solo pégate a
Jai y por una vez trata de escucharlo.
El hecho de que Fallon se hubiera dirigido a Jai por su verdadero nombre
era bastante para dejar que la seriedad de la situación cayera entre ellos.
Antes incluso de que Ari hubiera asentido en acuerdo al plan, Fallon se
estaba montando en el todoterreno y Jai la estaba llevando por la
muñeca dentro de la escuela. Empujó a los estudiantes fuera de su
camino, su expresión haciendo que el resto se deslizara de su camino.
—¿Por qué la azotea? —resopló, tratando de mantener el ritmo.
—Porque he probado los Peripatos y los Jinn han unido su poder para
bloquear el canal. Están trabajando juntos, Ari, lo cual es peor que una
mala noticia. Nada puede entrar o salir alrededor de esta maldita escuela.
Jai estaba maldiciendo. Él estaba preocupado.
Ari lo agarró con más fuerza, su corazón martillando en su pecho cuando
de repente él maldijo otra vez, mirando a su alrededor desconcertado.
Extendió su fuerte brazo y agarró el cuello de un estudiante que pasaba.
—¿Cómo podemos llegar a la azotea? —exigió.
La respuesta del chico pasó desapercibida para ella. Ahora apenas
estaba escuchando mientras el pensamiento de la inminente batalla con
los Jinn establecía el pánico a un nivel máximo. No era que tuviera miedo
de luchar. Había peleado con los Jinn antes y vivido para ver otro día. Era
que ahora el Seal estaba reaccionando mucho, abriéndose paso y
193
dominándola. No podía permitir que el Seal tuviera el control y ya sentía su
fea oscuridad sacudiéndose en vigilancia en su pecho.
A medida que Jai la arrastraba por una escalera estrecha vacía, de
repente Ari cayó en cuenta del por qué se dirigían a la azotea.
—Oh, Dios —escupió—. Quieres que volemos.
—Ari, no pierdas la cabeza, nena —gruñó—. Sé que odias volar, pero
ahora mismo sólo necesito que te concentres en mantener un lazo sobre el
Seal. ¿De acuerdo?
—Ser condescendiente no me ayudará a mantener el lazo sobre él —
gruñó, apartando su mano de un tirón de la de él mientras salían a la
azotea. El viento aquí era más fuerte y proporcionaba una gran vista de la
ciudad, y de los cuatro Jinn parados detrás de Jai—. Oh, mierda.
Cuando sus ojos se abrieron de par en par, Jai se dio la vuelta, sus reflejos
rápidos mientras él pasaba una mano por el aire a tiempo para desviar
una onda de energía mágica. Brasas ardieron en su mano izquierda y las
arrojó a uno de los Jinn, que hizo lo que Jai había hecho y creó un escudo
en el cual la magia rebotó.
—¡Ari, defensa! —le recordó usar su magia defensiva contra el enemigo
mientras él corría hacia los Jinn, bloqueando su magia con una mano y
atacando con la otra. Los cuatro tenían la intención de pasar a través de
Jai. Después de haber descubierto que él era su guardián, había que
quitarlo.
Bueno, ella no permitiría que eso sucediera.
Haciendo como Jai le había enseñado en su entrenamiento, se concentró
hasta que sintió su propia energía Jinn. Era como escuchar a su corazón.
Una vez que la encontró, pudo controlar sus emociones. Y en estos
momentos sus emociones ardían.
Empujando la energía hacia su mano, la dejó erigirse hasta que floreció en
la palma de su mano como un arma. Con un grito de indignación, la arrojó
y chocó contra el hombro de uno de los Jinn hembra que se estaba
desplazando hacia Jai. El ver las gotas de sudor goteando por la cara de
Jai mientras él luchaba cuatro contra uno, la desestabilizó y de inmediato
194
despertó al Seal. Sus susurros se enroscaron alrededor de sus venas y Ari
tuvo que tomarse un momento para encerrarlo de nuevo.
Un momento que casi le costó la vida.
Se agachó evitando la bola de energía que se alzó sobre ella y convocó al
Manto. La invisibilidad se envolvió a su alrededor y se movió a una
velocidad que nunca habría creído capaz de hacerlo hasta que Jai le
había mostrado cómo. En cuestión de segundos estaba detrás de la mujer,
su mano cerrándose de golpe como un martillo en la parte posterior de su
cuello como Jai la había entrenado.
La hembra Jinn se desplomó a sus pies y Ari saltó sobre ella en señal de
triunfo, dirigiéndose al siguiente Jinn. Cargó contra el macho Jinn que
había marcado para atacar. A la velocidad que iba, fue increíblemente
doloroso cuando él interceptó su ataque, agarrándola por el cuello, y con
éxito empujándola fuera del Manto. Con poco más de un metro ochenta y
dos, el Jinn tenía la constitución de un tanque, sus oscuros ojos ocultos bajo
una frente sobresaliente que gritaba: “¡hombre de las cavernas
invencible!”. Sin duda se sentía invencible mientras la arrojaba al
pavimento de hormigón del techo, sus dientes rompiendo la piel de su
labio inferior mientras su cabeza se estrellaba una y otra vez con la fuerza
suficiente para matar a una chica normal.
El mundo giró, y Ari sintió sus extremidades aflojar mientras el Seal
empujaba por su propia cuenta hacia ellos. Cuando se hizo con el control,
miró a través de la confusión como Jai rompía el cuello de los primeros Jinn
que había atacado apenas unos segundos antes de que la explosión de la
energía combinada de los otros dos lo enviaran volando hacia atrás a la
salida de la azotea, con tal fuerza que su cuerpo entero simplemente cayó
estropeado al suelo.
Cuando Ari/el Seal estaba a punto de mandarlos a detenerse, llamas
estallaron detrás de uno de los dos restantes. Ari se asombró ante la vista
frente a ella que había hecho que el Seal perdiera su control. Luchó por
incorporarse cuando Sala apareció de entre las llamas. Sin dudarlo un
instante Sala estrelló un puño de brasa encendida en el pecho del
atacante más cercano y arrancó su corazón. Su cuerpo no se había
doblado sobre sí mismo cuando dejó caer su corazón para sostenerlo con
ambas manos, esta increíble energía pulsante de ellos ante la goliath que
195
había golpeado a Ari en el culo. Él sacudió horriblemente la cabeza, como
si estuviera siendo electrocutado en silencio, y luego cayó encima de los
Jinn muertos.
Sala se volvió para mirarla, su largo cabello azotado por el viento, su
vestido rojo a juego con la sangre goteando de su mano.
—Es un Marid, así que no está muerto. Y es fuerte, de modo que tienes que
irte.
—El otro... —Ari señaló al Jinn al que Sala había con tan poco esfuerzo
arrancado el corazón.
Caminando hacia ella con decisión y violencia en sus ojos, Sala la puso de
pie.
—Soy mayor que él, cariño. No hay tiempo para explicar. Busca a Jai. —Le
lanzó una mirada de preocupación a Jai, quien gemía con voz temblorosa
mientras se levantaba del piso—. Y váyanse.
—Gracias —susurró Ari, sin saber qué más decir.
Sala le dio una débil sonrisa.
—Te dije que siempre estaría cuidándote. Ahora vete —Ella la empujó
hacia Jai y luego dio un paso de vuelta al Manto antes de que pudiera
decir otra palabra.
—¡Jai! —exclamó cuando él se puso de pie, mirando fijamente a los
vencidos Jinn.
—¿Qué pasó? —preguntó él, tocando la parte posterior de su cabeza y
trayendo de vuelta sus dedos ensangrentados.
Ari palideció ante la vista de la herida.
—Sala... mi... mi mamá.
—¿Ella te salvó? —suspiró él, sus ojos oscurecidos por la emoción.
—Ambos lo hicieron —lo tranquilizó.
196
Parecía cualquier cosa menos tranquilo.
—Vamos a salir de aquí. —Él la empujó hacia sí y ambos envolvieron el
Manto a su alrededor segundos antes de que Jai los empujara, volando en
el aire y fuera de la escuela, y dejando el estómago de Ari en el techo con
los muertos y el inconsciente Jinn.
197

¿Cómo Puede una Esmeralda Sanar Cuando su Veneno
Causó la Herida?
Traducido por Jo
Corregido por Deyanira
enos mal que Michael Roe tenía una gran casa. Tenía dos
invitados más que acomodar.
Todos acordaron que sería raro para Charlie y Trey seguir viviendo
en la casa de Jack. Charlie todavía no podía meter en su cabeza el hecho
de que nunca había estado entrenando y aprendiendo de Jack. Él había
aprendido de un condenado Rey Jinn real.
El Rey Cristal había pasado horas, días, semanas, pacientemente
enseñándole, en cierto modo, convirtiéndose en su amigo. Charlie sabía
que Ari se había sentido completamente traicionada por Rojo y
posteriormente por Cristal, pero él no podía evitar estar agradecido con
ellos. Y sí, él sabía cuán egoísta sonaba. Pero cual sea que fuera su
agenda personal, habían estado ayudándolo a conseguir la venganza. Y
Cristal había estado alimentando su necesidad de magia cada día en las
dosis que podía manejar. Y ahora estaba de vuelta en el punto de partida
porque Ari no los quería en ningún lugar cerca de ella.
Charlie suspiró, inclinado su cabeza hacia atrás en el sofá, mirando el
techo de la segunda sala de estar en la casa de Michael y Caroline.
Sonaba como un imbécil aún en sus pensamientos. Rojo había lastimado a
Ari. Hubo un tiempo en que Charlie hubiera matado a cualquiera que la
hiriera. ¿Tan lejos había ido?
—Amigo, te ves pensativo —remarcó Trey mientras entraba tranquilamente
a la habitación, sus manos metidas en los bolsillos de sus jeans. Se detuvo,
mirando fijamente a Charlie como un aburrido niño pequeño—. Desearía
estar allá afuera con ellos. Haciendo algo. Cualquier cosa. No estoy
acostumbrado a estar de brazos cruzados.
M
198
Charlie levantó una ceja curiosa.
—¿Quieres entrenar usando magia?
—No voy a tocar eso. —Trey sacudió su cabeza, estudiándolo
cuidadosamente—. ¿Eres adicto chico Charlie?
Sí.
—No —gruñó—. Sólo pensé que podríamos aliviar el aburrimiento
golpeándonos hasta que estuviéramos agotados.
—Suena algo entretenido. Yo observaré —murmuró una voz profunda
desde la esquina.
La adrenalina se alzó, Charlie saltó del sofá para pararse junto a Trey, sus
ojos muy abiertos ante el Jinn de cabello azul que estaba inclinado
casualmente en la pared en la esquina trasera de la sala de estar. El Rey
Cristal les sonrió con suficiencia sin embargo sus ojos carecían de cualquier
alegría real.
—He estado de pie en el Manto por cuarenta minutos observándote
meditar. Creo que me extrañas, Charlie.
Antes de que Charlie pudiera decir una palabra, Trey estaba empujándolo
hacia la entrada. El rostro normalmente relajado de Trey estaba tenso, sus
ojos pálidos quemando, todo su cuerpo erizándose con energía mientras
caminaba hacia el Rey Cristal. Este era un lado de Trey que Charlie nunca
había visto. Este era su lado de guardián.
—¿Te atreves a venir aquí luego de lo que has hecho? —Trey estaba lleno
de reproche, su voz grave con rabia.
Charlie no era el único que no podía creer que Trey estuviera realmente
hablándole a un Rey Jinn tan irrespetuosamente, tan
despreocupadamente. La ceja de Cristal se arqueó, sus ojos deslizándose
por Trey con su perezoso escrutinio antes de subir de vuelta a su rostro.
—¿Te atreves a hablarme de este modo? ¿Has olvidado quién soy?
—Eres el tipo que asesinó a un hombre inocente y lo suplantó. Eres el tipo
que está intentando convencer a mi amigo de asesinar a un Jinn pura
199
sangre para que pueda ser llevado al Monte Qaf y ser sentenciado a
muerte. Lo quieres fuera del camino por alguna razón. Bueno vas a tener
que pasar por mí primero.
Cuando las palabras valientes y leales se habían asentado en Charlie y
Cristal, Charlie no pudo evitar sonreír un poco. Tal vez no era tan imbécil
después de todo si un tipo bueno como Trey estaba dispuesto a tomar una
bala por él. No que fuera a dejarlo, él pensó en la esmeralda anidada en
el bolsillo de su pantalón. Había intentado mantenerla oculta pero estar
muy lejos de ella lo hacía sentirse agitado, de la manera en que su viejo
conocido Mel Rickman se agitaba cuando pasaba muchas horas sin tomar
una pastilla.
—Trey. —Charlie sacudió su cabeza, dando un paso adelante—. No. —Le
dio una mirada ansiosa a Cristal, preocupado de cuál sería su respuesta.
La mirada indescifrable se enterró en la de Trey y el aire alrededor de ellos
crepitó. Se sentía como si las paredes estuvieran cerrándose sobre ellos,
que juntos estaban succionando todo el aire de la habitación. De pronto
Charlie sintió que se estaba inmiscuyendo en… algo.
—No quiero herirte, Trey. Y Charlie no quiere que lo haga tampoco. Él
conoce el riesgo que está tomando al perseguir al Labartu.
Sus ojos pasaron del rostro de Trey al de Charlie, destellaron con
complicidad hacia él.
—Él sabe lo que mi padre quiere y sabe lo que Rojo está haciendo. Tiene
toda la información. —Y Charlie supo entonces que Cristal estaba
consciente de que tenía la esmeralda. Que Rojo se la había dado a él
para escapar de la captura luego de que asesinara al Labartu. Cualquier
desconfianza que sentía hacia Cristal desapareció en una ráfaga egoísta
con la necesidad de encontrarla. De encontrar a la que destruyó la vida
de su familia. No importaba si Rojo y Cristal habían asesinado a Jack,
habían herido a Ari.
Tal vez algún día le importaría de nuevo. Pero no hoy.
—Tiene razón, Trey. Sé lo que estoy haciendo.
200
—Pero, Charlie… —Mientras Trey comenzaba a discutir, luz explotó
alrededor de la habitación con un crujido y silbido. No fue hasta que
Charlie observó con una congelada sorpresa mientras Cristal saltaba en
frente de Trey, tomando un golpe invisible del extraño Jinn que había
aparecido del Peripatos para atacar al joven Ginnaye, que Charlie se dio
cuenta de que había más de uno de ellos.
Estaban bajo ataque.
El dolor explotó en su hombro izquierdo cuando la bruma empezó a
aclararse, y con los ojos aguados, luchando por respirar, Charlie se giró a
tiempo para crear un cojín para el brillante puño que venía hacia él. Él se
giró, los ojos entrecerrados hacia la alta mujer Jinn en sus pantalones de
cuero y camiseta blanca. Ella se burló de él y lanzó sus brazos hacia afuera
hacia él, con las palmas hacia arriba, una ola de energía pulsando hacia
él.
Sin pensarlo, Charlie sacó la esmeralda de su bolsillo, curvándola con
fuerza en su puño y sintiendo más de lo pensó, estiró sus brazos como un
director ante una orquesta.
Su sentimiento debió haber sido uno de destrucción pura.
La mujer se congeló completamente, sus ojos ensanchándose con horror,
su boca cayendo abierta en un grito silencioso. Su piel comenzó a ponerse
lúcida con transparencia mientras todas sus venas reventaban, fluido
verde esmeralda pasando por ellas. Sangre salió de su muñeca cuando la
primera vena reventó y Charlie se tambaleó hacia atrás con horror
mientras se daba cuenta de lo que había hecho. Era demasiado tarde.
Cálidas y húmedas gotas se salpicaron por su rostro, el suelo, el techo, la
pared detrás de donde la mujer Jinn que él acababa de explotar había
estado de pie.
Silencio enfermizo inundó la habitación junto con el embriagante, que
revolvía estómagos olor cobrizo a sangre y entrañas. Momentáneamente
paralizado, Charlie fue sólo sacudido de su estupor por la voz de Trey.
—¿Qué? —murmuró él, sintiendo la sangre de Jinn en su mejilla. Miró a Trey,
la habitación pareciendo encerrarse alrededor del guardián.
201
—¿Charlie? —Trey estaba pálido, sacudido.
¿Qué? Charlie pestañeó, sacudiendo su cabeza mientras la visión de túnel
se disipaba y podía ver claramente de nuevo. El Rey Cristal y Trey estaban
de pie mirándolo fijamente, el primero con una expresión severa y el último
con sorpresa. Dispersos alrededor de la habitación había cinco
inconscientes, posiblemente muertos Jinn. Trey no tenía una marca en él y
a pesar de que Charlie sabía que era poderoso, sabía que él no era lo
suficientemente formidable para abatir cinco Jinn en meros segundos.
El Rey Cristal había salvado sus pescuezos.
—¿Charlie, cómo…? —Hizo un gesto al desastre que Charlie había
hecho—. No es posible.
—Él no lo hizo. —Cristal avanzó—. Fui yo. —Se detuvo frente a Charlie y fue
fácil para él leer la expresión de Cristal. “Guarda la esmeralda y déjame
llevarme el crédito”.
Guardando la esmeralda en su bolsillo apresuradamente, Charlie miró con
el interior revuelto como Cristal pasaba una mano por el aire alrededor de
Charlie, el suelo, el techo, la pared, la sangre y cualquier materia corporal
desapareciendo. Justo como magia.
Tomando un aliento tembloroso, Charlie intentó calmarse lo suficiente para
no estar enfermo.
Había asesinado a alguien. De nuevo.
Peor todavía, la manera en que se sentía, la manera en que se sentía la
esmeralda, era embriagante. Excitante.
Se sentía invencible.
—Infierno, pensé por un minuto que iba a volver al Monte Qaf para un
juicio. —Trey dejó salir un aliento aliviado.
—No lo habrías hecho de todas formas. —Cristal hizo un gesto a los cuerpos
de los Jinn—. No te di mucho tiempo para que te des cuenta antes de que
los derribara, pero estos son Sorcerer.
202
—¿Sorcerer? No entiendo. ¿Qué están haciendo los Sorcerer aquí?
¿Buscando a Ari?
Antes de que Cristal pudiera responder el sonido del caos reinante desde
la parte trasera de la casa encontró sus oídos. Gritos de ira mezclados con
destrucción del mobiliario. Y entonces los disparos de pistolas sonaron.
—Mi hermano —gruñó Cristal mientras los tres se apresuraban hacia los
sonidos—. El Rey Sombra. Muchos de sus sirvientes son Sorcerer. Y puedo
oler su deshonor desde aquí.
Con la adrenalina latiendo, Charlie corrió detrás de Trey y Cristal,
chocando con Trey en la salida de la oficina de Michael. En una esquina
Caroline luchaba mano a mano con lo que Charlie estaba seguro que era
un hombre humano. Michael estaba apuntando una pistola hacia él,
intentando dar un disparo limpio. En el suelo había dos humanos más, un
joven hombre y una mujer, y un tercer cuerpo con una energía pulsando
de ellos. Un Jinn.
No muerto, registró Charlie, viendo el levantar y caer del pecho del
hombre Jinn. ¿O era un Sorcerer?
Y en la esquina, por encima de un armario de cristal donde Michael
mostraba armamento antiguo que coleccionaba, había otro Jinn. Su largo
cabello oscuro estaba trenzado sobre su hombro, y como Cristal, usaba un
austero chaleco de cuero con pantalones de cuero. Su mirada oscura se
enterró en Cristal, una sonrisa de suficiencia entretenida girando sus labios
mientras sólo flotaba allí, cruzado de piernas.
—Justo a tiempo para la diversión, hermano. —Movió su mano sobre la
escena.
En un borrón de movimiento, su velocidad tan rápida que fue sólo un
camino de negro y azul a través de la habitación, Cristal estaba detrás del
hombre humano luchando con Caroline. Puso una mano en su cabeza y el
hombre se congeló, estremeciéndose, sus ojos rodando hacia atrás en su
cabeza antes de que un último jadeo se escapara de su ahora espumosa
boca. Sus rodillas se debilitaron y colapsó en el suelo, Caroline alejándose
de su camino, permitiéndole a su marido acercarla a su lado. Michael miró
203
a Cristal con sorprendente calma, su pistola todavía sostenida con fuerza
en su mano izquierda.
—¿Qué en la tierra está ocurriendo, Su Majestad? —preguntó en voz baja,
indicando los cuerpos alrededor de ellos.
—Eso es lo que me gustaría saber —dijo una voz muy similar a la de Rojo
muy cerca a la oreja de Charlie.
Al unísono, ambos Charlie y Trey retrocedieron en la habitación, sus ojos
mirando fijamente un rostro familiar.
Un Rey Jinn.
Todos lucían tan parecidos.
Este tenía una nariz de halcón, y severos ojos observadores que barrieron la
habitación, permaneciendo en Cristal y el Rey Sombra que todavía flotaba
en su posición elevada en la esquina.
En vestiduras de seda dorada a juego con pantalones dorados, su cuerpo
superior desnudo bajo la capa excepto por el enorme rubí que colgaba
alrededor de su cuello, este rey era una extraña mezcla de peligro y luz. Su
largo cabello esparcido alrededor de sus hombros, tan rubio dorado que
podía ser confundido con hilos del metal precioso. También era el Rey Jinn
más alto que Charlie había conocido. Más alto que Rojo o Cristal.
Hablando de Rojo. El aire en la habitación parecía ponerse más superficial
mientras Charlie se tambaleaba hacia atrás involuntariamente. El Rey Rojo
entró a la habitación al lado de su hermano, unos pocos centímetros más
bajo que el rey dorado.
Cuatro Reyes de los Jinn en una habitación. Los ojos de Charlie casi se
volvieron dentro de su cabeza. Era casi como se había sentido estar de pie
en frente de Azazil.
Ambos, Rojo y su desconocido familiar estaban mirando a Sombra en la
esquina. Con sus ojos todavía en Sombra, Rojo le murmuró a Michael: —Sr.
Roe, este es mi hermano El Rey Dorado y padre fundador de Los Gremios.
204
Caroline jadeó y rápidamente inclinó su cabeza mientras su marido se
doblaba con respeto hacia el Rey Dorado.
—Su Majestad, es un honor tenerlo en mi casa —reconoció Michael, su voz
llena de impresión. Era la primera vez que Charlie había visto a Michael
nervioso.
—El honor es todo mío, Michael del Gremio Roe. Sólo desearía que fuera
bajo mejores circunstancias. —Sus ojos oscuros no estaban ni siquiera en
Michael. Estaba fulminando con la mirada con resuelto rencor a Sombra—.
¿Qué está pasando aquí?
Sonriendo con suficiencia, pareciendo completamente despreocupado
de que fuera superado por número por tres de sus hermanos, el Rey
Sombra lentamente bajó hasta el suelo. Charlie casi tragó con fuerza.
Maldición, era enorme también. Lanzó una mirada a Trey que escondió
una sonrisa inapropiadamente entretenida.
Esto era tan malditamente surrealista.
—Lo que sea que haya hecho, deberían realmente culpar a Rojo por ello.
—Sombra se encogió de hombros, su mirada siniestra y dura, como la de
un tiburón.
Sus expresiones eran más ricas que las de sus hermanos, más de alguna
manera, como si no supiera como esconder sus sentimientos. Le recordó a
Charlie al Rey Brillante en ese aspecto.
—Él me dijo que dejara de sentarme alrededor esperando a que Blanco
me dijera qué hacer. Así que fui a Blanco y le dije a él qué hacer.
—Ari, no está aquí. —Rojo curvó sus labios con disgusto hacia él—.
Realmente eres una mierda en esto ¿no, Sombra?
Charlie tosió, resoplando una risa con el uso de Rojo de la palabra
“mierda”. Los otros reyes eran tan formales comparados al tío de Ari.
Espera. Charlie se congeló, su mirada dirigiéndose de Cristal, a Sombra, a
Rojo y al enorme Dorado. Todos ellos eran los malditos tíos de Ari.
205
—Sé que Ari no está aquí tú arrogante canalla. —Sombra rodó sus ojos—.
Sólo envié algunos Jinn a atacarla. No tienen idea de quién es ella, sólo
que les pagué un montón de dinero para hacerlo. Hice esto para
distraerlos. Blanco probablemente tiene lo que quiere de ella a estas
alturas.
Como si supiera cómo reaccionaría, Trey estaba al lado de Charlie en
segundos, su duro agarre se curvó alrededor del brazo de Charlie,
manteniéndolo quieto y deteniéndolo de hacer algo tonto. Estaba
agradecido por eso, porque por un momento todo lo que sintió fue puro
miedo y rabia por Ari. ¿Qué le había hecho el hijo-de-puta a ella? ¿Y
Fallon? Su corazón golpeteó aún más rápido. Fallon estaba con Ari. Las dos
estaban juntas.
Ellas tienen a Jai, le susurró una voz calmada.
Tanto como Charlie lo odiaba, ese recordatorio calmado lo tranquilizó un
poco.
Con la voz sorprendentemente calmada, Rojo avanzó hacia Sombra. —
¿Qué trama Blanco?
—Te detendré allí. —Dorado caminó junto a Rojo hasta que estaba de pie
en el centro de la habitación. Aquellos ojos de ave de caza de él
abarcaron la habitación, asimilando a cada uno de sus hermanos
cuidadosamente—. Vine sólo a dar una advertencia. Puedo ser neutral en
esta guerra en el presente, pero eso puede cambiar fácilmente si
cualquiera de ustedes —Su mirada amenazante aplastó a Sombra en la
pared—, pretenden arrastrar uno de mis Gremios en ella de nuevo. Estos
Gremios fueron creados para el balance —discutió—, para equilibrar la
destrucción que nuestra raza es tan fácilmente capaz de crear. Lleven esa
destrucción a lo que es mío y elegiré el lado opuesto y diezmaremos todo
lo que ha contenido algún valor para ustedes. ¿Entendido?
La diversión pareció filtrarse del rostro de Sombra, como un travieso niño
pequeño recibiendo un castigo por su jugarreta.
—Entendido —murmuró y antes de que Rojo o Cristal pudieran detenerlo,
Sombra desapareció dentro del Peripatos.
206
Dorado suspiró cansinamente y le envió a Rojo una mirada.
—Eso va para ti también.
—Por supuesto, hermano. —Rojo inclinó su cabeza—. No fue mi intención
hacer daño al Gremio.
—Mientras más rápido se lidie con esta chica mejor. Ella no debería existir
—declaró Dorado rectamente—. Creo, que en el fondo, ambos saben eso.
Un gruñido casi imperceptible cavó fuera de la parte trasera de la
garganta de Rojo mientras daba un paso hacia Dorado. Cristal imitó sus
movimientos, dando un paso detrás de Dorado para que estuviera
rodeado. Charlie tembló con la inesperada oscuridad en los ojos de Rojo.
Todo su ser pareciendo agitarse con una corazonada. —Justo como
proteges El Gremio, yo protejo a la chica. Cualquier daño que llegue a ella
por tus manos y nosotros diezmaremos cualquier cosa que ha tenido
significado para ti alguna vez.
Admirablemente tranquilo, Dorado giró su cabeza muy levemente para
reconocer la amenazante presencia de Cristal detrás de él. Asintió, su
dorado cabello cayendo por su rostro, escondiendo su perfil de Charlie. —
Tienes mi palabra de que voy a permanecer fuera de la guerra. No voy a
llevar daño hacia ella.
Satisfechos, Rojo y Cristal se alejaron como gemelos telepáticos e
inmediatamente las más puras, doradas llamas cayeron en cascada
alrededor de Dorado mientras partía al Peripatos.
Rojo le envió una casi frenética mirada a Michael.
—¿Ari está en la escuela en Connecticut?
Michael asintió, sus ojos afligidos.
—También mi hija.
—Las encontraré —prometió Rojo y luego se giró hacia Cristal—. Quédate
aquí. Protégelos.
Luego de recibir un agresivo asentimiento de Cristal, Rojo los dejó.
207
Llámalo adrenalina, culpa, miedo, preocupación, impaciencia, emoción,
el corazón de Charlie simplemente no dejaba de correr, todo su cuerpo
estaba temblando.
No podía entender cómo Trey podía sólo estar de pie allí tan calmado,
hasta le ofrecía a Cristal una sonrisa entretenida mientras soltaba un chiste
sobre limpiar el desastre que Sombra había hecho. Parecía más cordial
hacia Cristal de lo que lo había sido sólo quince minutos antes, tal vez
porque Cristal se había parado en frente de él, protegiéndolo. Charlie al
menos entendía eso. Cuando alguien salvaba tu piel, no podías evitar
perder el odio hacia ellos.
Los invisibles y resbaladizos restos de la matanza que Charlie había
cometido todavía aferrados a su piel, a su ropa, a las paredes y al suelo de
la sala de estar, a su alma. Y Charlie frotó la esmeralda escondida en su
bolsillo, una parte de él asqueado por su propia euforia, pero la mayor
parte de él sabía que ahora… ahora él era lo suficientemente fuerte para
matar al Labartu.
¿Cuán retorcido era él, que podía estar tan enfocado en su venganza,
cuando su mejor amiga y la chica con la que él se estaba acostando
estaban perdidas en acción?
208
  
Te colaste en mi ático y robaste mi cosa favorita
Traducido por Andy Parth
Corregido por BrendaCarpio
a cabaña era pequeña, pero tenía una cocina bien surtida y
plomería… aunque como eran Jinn, el hambre y la deshidratación no
eran realmente un problema cuando podrías conjurar lo que sea que
quisieras.
—No es realmente para Jinn —respondió Jai a la pregunta no expresada
de Ari mientras ella miraba los gabinetes de la cocina—. Este refugio es en
caso de que necesitáramos traer un cliente humano aquí. —Terminó con
un siseo, apartando el paño mojado de su cabeza.
Preocupada, Ari tomó el paño y lo movió con cuidado alrededor de él
para poder ver la herida. Era una herida en la base de su cráneo y ya
estaba curando.
—¿Estás bien?
—Sí, es sólo que pica mientras se cose de nuevo.
—Genial súper curación Jinn —murmuró ella, su estómago todavía
revuelto.
Lo que había sucedido se sintió tan surrealista.
—¿Jai? ¿Por qué ellos están trabajando juntos? —preguntó mientras se
giraba lentamente para enfrentarlo—. Los Jinn, seguramente saben que
trabajar juntos es estúpido si me quieren para ellos mismos.
Jai asintió y botó el paño ensangrentado en el fregadero. Con un pesado
suspiro y los ojos cansados, se inclinó hacia atrás contra la encimera, sus
brazos cruzados sobre su pecho.
L
209
—Había una mezcla de poder por ahí. Un par eran Marid… y bastante
fuertes. Imagino que ellos fueron los que convencieron a los Jinn menores
para atacarte. Probablemente les pagaron. Los fuertes probablemente
resolverían a puñetazos quién te tendría una vez que te tuvieran
realmente.
Estremeciéndose ante el pensamiento, Ari hizo un gesto en acuerdo. Tenía
sentido… una horrible, repugnante clase de sentido. Había sido una cosa
discutir la probabilidad de que los Jinn fueran detrás de ella, pero la
realidad de ellos atacando era completamente diferente. Era impactante.
Y aterrorizante. De alguna manera apocalíptico en su horror épico.
Todavía temblando, pero tratando de no hacerlo, Ari se encogió de
hombros.
—Entonces, ¿ahora qué? ¿Vas a llamar a Fallon?
Sorpresa se disparó a través de ella cuando él sacudió su cabeza, su
expresión seria.
—No podemos confiar en nadie, Ari. Te encontraron de alguna manera, y
la última vez que eso pasó fue uno de los Roes quien nos había
traicionado.
—Entonces… ¿Qué? ¿Qué vamos a hacer?
—Si es cierto, si los Jinn están detrás de ti, estás más segura conmigo.
Huyendo conmigo.
Horrorizada ante la idea de dejar a todo el mundo, Ari sacudió su cabeza.
—No. ¿Qué hay acerca de Charlie? ¿Trey? ¡No podemos simplemente
dejarlos!
Con expresión implacable, Jai caminó tentativamente hacia ella, como si
se acercara a un animal herido. Se estiró para cepillar su cabello
gentilmente fuera de su rostro, sus dedos se arrastraron por su mejilla hasta
que su pulgar descansó en el corte de su labio. Lentamente, su boca bajó
a la suya y presionó el más suave de los besos en su herida. Cuando se
alejó, sus ojos estaban a centímetros de ella, perforando en suyos con calor
y emoción oscura. —Todo lo que importa es protegerte. Si Sala no hubiera
llegado, no sé lo que habría hecho. Tratamos de vivir nuestras vidas tan
210
normalmente como era posible y traté de darte lo que querías al acordar
dejarte trabajar con El Gremio. Pero casi te secuestran Ari. Conexiones…
las conexiones justo ahora van a conseguir que te maten. Trataremos de
comunicarnos con Charlie y Trey, pero ellos justo ahora están solos. Como
lo estamos nosotros.
La parte de ella que quería llorar estaba peleando con la oscuridad del
Seal. Su garganta obstruida con miedo y agotamiento y, mientras no
quería parecer frágil, Ari pensó que lo mejor era dejar que las lágrimas
ganaran sobre el Seal. Inundaron sus mejillas y Jai maldijo suavemente bajo
su aliento mientras la halaba hacia él, sus brazos envueltos tan fuerte a su
alrededor que apenas podía respirar mientras empapaba su camiseta con
sus lágrimas.
—Quiero ser fuerte Jai. Quiero devolver la pelea, pero la realidad de cada
Jinn en el mundo sabiendo lo que soy es mucho más alarmante de lo que
pensé que sería.
Gentilmente, la empujó lejos de él, sus manos sujetando sus brazos cuando
se inclinó hacia abajo con amor feroz en sus ojos.
—Tú peleaste y fuiste fuerte. Era aterrador Ari, pero peleaste. No te
quedaste simplemente ahí y lo tomaste. Peleaste. Y tienes que
prometerme, sin importar lo que pase, que siempre pelearás.
Ella asintió, succionando de vuelta las lágrimas provocadas por la
conmoción.
—Lo prometo.
Los hombros de Jai cayeron con alivio y se inclinó para colocar un suave
beso en su frente. Ari suspiró. Al menos todavía tenía a Jai.
—¿Ahora qué? —preguntó ella otra vez mientras él caminaba al salón de
la cabaña sin paredes. Buscó distraídamente un vaso, desesperada por
algo de agua, mientras esperaba por su respuesta.
—Nos quedaremos aquí durante unas horas, planeando nuestro próximo
movimiento. Pero tenemos que irnos pronto antes de que alguien empiece
a chequear los refugios de mi padre.
211
El vaso de Ari se le escapó de las manos y se destrozó en el fregadero
mientras escuchó el silbido familiar de las llamas detrás de ella. Giró, su
corazón palpitando, ojos amplios con ansiedad mientras veían el rostro del
Rey Blanco quemar hacia ella en las llamas del Peripatos.
Ni siquiera dio un paso fuera de él y Ari no tuvo tiempo de pensar, mucho
menos para actuar, antes de que su larga mano se estirara, agarró fuerte a
Jai y lo jaló a las llamas con él.
—Demasiado tarde. —Él la fulminó con la mirada, su rugido de
incredulidad siguiendo la estela de su desaparición.
Silenció reinó en la cabaña excepto por los ecos de su propio grito
palpitando en sus oídos y el ruido sordo de sus latidos acelerados.
Blanco se había llevado a Jai.
Lágrimas se derramaron por las mejillas de Ari mientras se agachaba,
tratando de recuperar su aliento. Un extraño ruido agudo se le escapó
mientras el cansancio y la furia intentaban tomar el control. Él sabía. Blanco
sabía acerca de ella y Jai.
Él sabía.
Colapsó en sus rodillas, tratando de respirar, tratando de empujar el
ataque de pánico hacia abajo. Un ataque de pánico no le haría ningún
bien. No le haría ningún bien a Jai.
Con las manos apretadas en puños, Ari miró alrededor buscando
inspiración. Piensa. Piensa. ¡Piensa!
Blanco tenía a Jai. Iba a usarlo para conseguirla a ella. Le haría daño. Y no
podía saber cuánto tiempo le tomaría hacer su movimiento. Ari tenía que
recuperar a Jai. No iba a sentarse alrededor esperando a que Blanco
viniera por ella. ¡De ninguna maldita manera! Sin importar qué, ella iba a
recuperar a Jai.
¡Rojo! Gritó ella telepáticamente. ¡Te necesito!
Ella esperó.
Nada.
212
Mierda.
¿Ahora Rojo no le estaba hablando? ¿Realmente estaba sola? ¿Cómo
podría no hablarle? ¿Él era el que la había traicionado?
¡Rojo! Gritó más fuerte, empujando más energía en la llamada. ¡Ayuda! ¡Te
necesito! ¡Ahora!
Segundos…
Minutos…
Nada.
Lágrimas furiosas se agruparon en las esquinas de los ojos de Ari y ella
empujó esa emoción en su energía, sudor rodando por su frente.
¡ROJO! ¡TE NECESITO AHORA!
El crujido del fuego hizo que Ari se levantara con alivio, el Rey Rojo saliendo
del Peripatos era una vista más bienvenida de lo que ella había incluso
pensado que sería otra vez.
—Ari. —Él suspiró con alivio mientras se acercaba para pararse ante ella—.
He estado buscándote.
—Sí. Bueno, tu hermano me encontró primero. —Ella escupió su odio y
estuvo satisfecha por la mirada de sorpresa mientras él asimilaba su
expresión violenta.
Sus labios se apretaron juntos.
—¿Qué pasó?
Su boca tembló, desmintiendo su fragilidad en ese momento.
—Blanco se llevó a Jai.
—Él se enteró de lo de ustedes —susurró Rojo, pareciendo casi simpático.
Ari no le creyó ni por un segundo.
213
—¿Fuiste tú? Sabías acerca de Jai y yo, sé que sabías. Entonces, ¿le dijiste
a Azazil? ¿Le dijo él a Blanco porque estaba aburrido?
El rostro de Rojo se oscureció y dio un paso amenazante hacia ella.
—Debes recordar a quién le estás hablando, jovencita. Mantuve tu
romance secreto con tu guardián para mí mismo. Incluso lo guardé de mi
padre y créeme está un poco molesto al saber que le estoy guardando
cosas.
Sin estar segura de creerle o no, y sintiéndose estúpida por las odiosas
cosquillas de esperanza que sintió ante pensamiento de Rojo siendo un
aliado otra vez, Ari se encogió de hombros.
—Tú o alguien más, el resultado siempre es el mismo. Blanco sabe. Y no
puedo prometer que no haré rodo lo que él quiera para recuperar a Jai…
entonces tenemos que robarnos a Jai para tenerlo de vuelta. Y entonces
Jai y yo necesitamos huir.
—¿Huir? —La frente de Rojo se surcó con confusión.
—Todos los Jinn saben acerca de mí ahora.
—No. No, ellos no saben.
Con su corazón tambaleándose, Ari se movió lentamente hacia su tío
como si pudiera sacarle esas palabras otra vez.
—¿Qué quieres decir?
—Los Jinn que te atacaron en la escuela y los Jinn que atacaron a los
Roes…
—¿Atacaron a los Roe? ¿De qué estás hablando? ¿Charlie? Trey…
—Están bien. —Rojo sostuvo sus manos en un gesto calmante—. Todo el
mundo está bien. El Rey Sombra y Blanco planificaron los ataques como
una distracción para que Jai te llevara a algún lugar donde Blanco
pudiera llevárselo sin temor a una interferencia. Él necesitaba ser capaz de
entrar y salir con Jai antes de que pudieras usar el Seal en su contra.
Imagino que el ataque también era para enojarme a mí y a mi padre.
214
—Entonces, ¿los Jinn no saben acerca de mí?
—No. Todavía hay algunos curiosos acerca de ti, pero hasta donde soy
consciente, todavía estás a salvo de ellos. Al menos por ahora.
Ari deseó poder disfrutar de la sensación de alivio pero todos sus
pensamientos estaban centrados en Jai.
—Todavía no confío en ti. Pero necesito tu ayuda.
—No sé donde está Blanco Ari. Tomaría semanas encontrarlo. —Rojo
suspiró, sus cejas se unieron con desagrado—. Tu mejor apuesta es
esperar… esperar a que él te envíe sus demandas. Y todos sabemos que
será eso… que voluntariamente vengas con él al Monte Qaf y a cambio él
promete que Jai no sufrirá más daño hasta que hayas hecho lo que sea
que quiera que hagas.
Una tormenta de ira estaba azotando dentro de Ari.
—¿Y qué hay acerca de Jai? En el tiempo que nos tomamos esperando
aquí como títeres, ¿qué le estará haciendo a Jai? —Ella sacudió su
cabeza—. No. Blanco conseguirá parte de su deseo. Yo en el Monte Qaf —
Ella miró a Rojo, su energía chisporroteando en sus dedos—. Llévame a
Azazil. Él sabrá dónde está Blanco.
—¿Entiendes lo que me estás pidiendo que haga?
Ella asintió, completamente consciente de que Azazil iba a querer algo a
cambio.
Su tío abrió su boca como si fuera a argumentar y entonces cerró sus labios
de golpe en una mueca, su rostro entero con una mirada amenazadora
hacia ella. Entonces él suspiró, asintiendo en consentimiento.
—Llévame ahora.
—Ari. —Estiró su mano para tocar su brazo, en un gesto casi cariñoso—. Si
hago esto, debes prometerme que recordarás que no tienes nada que
temer de Asmodeus o de mi padre. Sin importar lo que ellos digan o
insinúen, no te lastimarán. No pueden.
215
Con confusión y sospecha por la enigmática súplica de Rojo, Ari sacó su
barbilla desafiante.
—¿De qué estás hablando? ¿Qué no me estás diciendo?
Él sacudió su cabeza, su boca curvada en una sonrisa amarga. —No
puedo decirte lo que quieres que te diga. Debes entender Ari. Debo
lealtad a mi padre, pero le prometí a Sala que haría todo lo que pudiera
para protegerte. Así que todo lo que puedo decir es que puedes caminar
en el palacio de mi padre sin temor a que te herirá… personalmente.
—Entonces él todavía podría herir a las personas a mi alrededor ¿Cierto? —
respondió Ari tristemente con cansancio—. ¿Él todavía podría herirte?
Rojo parpadeó, pareciendo sorprendido. Esa sorpresa se transformó en una
lenta sonrisa que iluminó su apuesto rostro.
—No niña, él no me herirá. ¿Pero eso significa que te importa?
Encogiéndose de hombros enigmáticamente Ari respondió.
—Tanto como a ti.
Con un resoplido no muy de la realeza, Rojo tomó su mano y le susurró que
se preparara.
216

Hay juguetes dispuestos a que juegues con ellos. Y
otros que preferirían permanecer en la caja.
Traducido por AariS
Corregido por Micca.F
a urgencia se había disipado; sus besos perezosos, reconfortantes.
Charlie sostenía a Fallon flojamente, sus manos en sus caderas, las
piernas de ella envueltas alrededor de su cintura mientras estaba
sentada apoyada en la mesa de billar en la biblioteca de su padre. Se
sentía cálida y flexible, increíblemente viva y sexy. Olía como algún tipo de
flor, pero debe haber sido de su champú porque Fallon no podría
molestarse por cosas como el perfume. No como Ari que siempre olía
ligeramente como a vainilla.
Charlie inmediatamente trató de apartar a Ari de sus pensamientos. Sólo
segundos antes se había sentido tranquilo como lo había hecho desde
que Fallon había regresado a casa, sana y salva. Ella tenía ese efecto en
él. Había sido un enorme alivio ver el equipo en el que estaba ella
acercarse a la casa después de haber conducido directamente a casa
desde Connecticut. Afortunadamente, habían salido de los ataques
completamente ilesos. Anunciando que le había prometido a Jai que los
esperaría, Fallon no había querido dejar la casa en Connecticut hasta que
él y Ari regresaran a ellos. Luego Rojo había aparecido para darle las
noticias y Fallon había volado a Jersey para darle las noticias a El Gremio:
el Rey Blanco había cogido a Jai y en un intento de traerlo de vuelta, Ari
había volado al Monte Qaf para buscar ayuda de Azazil.
Días después, y aún no había noticias de ella.
El Rey Cristal se había quedado alrededor, pero con Fallon colándose en la
habitación de Charlie por la noche y Trey constantemente bloqueando
cualquier intento que Cristal hacía para hablar con él en privado acerca
del Labartu, nada había progresado en ese departamento. Si Charlie fuera
L
217
honesto consigo mismo, habría admitido que una parte de él estaba
disfrutando del respiro.
Después del disturbio, aquellas tumultuosas emociones a través de las que
había pasado después de utilizar la esmeralda del Monte Qaf, estaba
asustado. Asustado de sí mismo, su reacción, su desprecio por…
Por todo lo demás salvo el poder que podía darle.
—Mmm —murmuró Fallon retrocediendo de su lánguido beso—. ¿Adónde
fuiste? Te perdí ahí durante un minuto.
—Pensando demasiado. —Charlie se encogió de hombros disculpándose.
—¿En Ari? —preguntó en voz baja, un velo cubriendo su expresión e
irónicamente descubriendo su vulnerabilidad.
Charlie sintió una punzada de culpa y preocupación de que estuviera
hiriéndola. Solía acostarse por ahí con chicas y alejarse. De algún modo, no
había resultado así con Fallon. Habían estado juntos durante semanas y
todavía no estaba aburrido. En cambio, su intriga por ella aumentó cada
día más. Desafortunadamente, el dolor que sentía siempre que Ari entraba
en una habitación todavía no se había ido. Quería seguir adelante.
Simplemente todavía no estaba allí.
—Sólo estoy preocupado. —Trató de asegurarle—. Sin embargo, me alegro
de que estés bien.
Ella se mordió el labio, sin encontrar su mirada, toda su actitud era tan
poco como Fallon que Charlie no pudo evitar tensarse en anticipación de
lo que vendría a continuación.
—Charlie… —Su respiración parecía un poco superficial—. Creo… creo
que puede que realmente me preocupe por ti.
Sus hombros cayeron desde donde habían estado encorvados hasta sus
orejas, todos sus músculos relajándose mientras sus palabras se dispararon
a través de su pecho como agua caliente en un día de frío glacial.
Alcanzándola, movió con cuidado su barbilla hacia arriba de modo que
tenía que mirarlo a los ojos.
218
—Realmente también me preocupo por ti. No sé qué habría hecho sin ti
estas últimas semanas.
—¿En serio? —Su sonrisa otra vez era engreída, volviéndolos a poner en
territorio familiar.
—En serio.
—Bien. Entonces estarás bien con el hecho de que voy a ir contigo cuando
vayas tras Labartu.
Fue como si le hubiera tirado un cubo de agua helada sobre toda esa
calidez que había creado sólo momentos antes. Charlie sintió la sangre
drenarse de su cara ante el pensamiento de Fallon en cualquier lugar
cerca de la zorra que había matado a Mikey. ¡De ninguna manera! Y de
ningún modo iba a permitirle estar cerca de él cuando consiguiera su
venganza. No quería que ella ni nadie fuera testigo de la clase de persona
en la que iba a tener que convertirse para hacer eso.
—No. —Su voz era fría e inamovible mientras se apartaba de ella.
Fallon cerró sus piernas a su alrededor, parando su retirada.
—No me dejes fuera de esto, Charlie. No puedo detenerte de hacerlo,
pero puedo asegurarme malditamente bien de que salgas vivo de ello.
—No necesito que me mantengas vivo. —Empujó sus piernas fuera de él y
retrocedió, flexionando sus manos con irritación—. Y no necesito estar
preocupándome por ti y si el resto del mundo Jinn te retendrá simplemente
como responsable de la muerte de ese monstruo.
—¡Esto es suicidio, Charlie! Entiendo que necesites venganza, pero ¿qué
hay de toda la gente que se preocupa por ti? Yo, Ari… ¡incluso Trey! Y ¿has
hablado con tu madre últimamente? ¿Le has contado que va a perder al
único hijo que le queda?
—Cállate —siseó, cerrando los ojos ante la verdad, el dolor—. No necesito
esta mierda. ¡No de ti! Se supone que tú lo entiendes. Se supone que me
entiendes.
219
—Lo entiendo. Lo hago. —Ahora estaba más calmada mientras saltaba
ágilmente desde la mesa de billar y caminaba hacia él—. Simplemente no
quiero que mueras.
Gimió.
¿Cómo podía estar enfadado con ella por eso?
Suavizándose bajo su franca mirada, Charlie suspiró y atrajo hacia sí su
pequeño cuerpo, metiéndole la cabeza bajo su barbilla.
—Tienes que confiar en mí. —Pensó en la esmeralda y le dijo
confiadamente—. Sé que voy a salir de esta vivo.
—Pero después tendrás que huir, tú, cabrón arrogante. Nunca te veré de
nuevo.
—Idioteces. Por supuesto que lo harás. Tendremos encuentros clandestinos.
Será caliente. —Prometió y sonrió cuando ella se rió entre dientes,
pinchándolo juguetonamente en el brazo.
El aumento de energía en la habitación los alertó de otra presencia y
Fallon se apartó rápidamente para que pudieran darse la vuelta para
enfrentarse al intruso.
El intimidante Rey Cristal miró a Charlie desde su posición en la puerta, su
expresión insulsa. Casi aburrida.
—Odio interrumpir, pero he encontrado a Akasha… he encontrado a tu
Labartu, Charlie.
Esto era lo que Ari siempre había imaginado cuando había pensado en
genios. A diferencia de la fría elegancia de la suite dormitorio en la que
Rojo la había puesto cuando visitó su parte del palacio de Azazil, los
alojamientos en los que el Sultán la había colocado eran un derroche de
profundos colores enjoyados y lujo sensual. La habitación era pura
decadencia. Desde su tamaño, a los elementos y accesorios, y el armario
lleno de ropas que Azazil había insistido en que llevara durante su estancia.
220
La cama ocupaba el centro de la habitación, pegada al suelo, cubierta
de almohadones de seda y mantas de tafetán. El mobiliario de bronce
estilo marroquí estaba diseminado elegantemente aquí y allá, y el vestidor
estaba separado del resto de la habitación por pesadas cortinas de
damasco púrpura profundo y dorado. Mujeres Shaitan de ojos misteriosos
pero extrañamente bellas se aseguraban de cada una de sus
necesidades, su casi constante presencia rozaba a Ari crudamente como
una cuerda en su muñeca.
Días.
Había estado en el Monte Qaf por días.
Y temía que muchos más los seguían.
Era su culpa. Después de días recorriendo los terrenos del palacio,
deambulando por los puestos del mercado, y cenando con Azazil y
Asmodeus, Ari había perdido finalmente la paciencia. Sin embargo, en un
esfuerzo por ser inteligente en sus interacciones con el Sultán, Ari había
elegido sus palabras cuidadosamente cuando le había preguntado
educadamente a Azazil en la cena dos noches antes si le importaría
decirle dónde estaba manteniendo Blanco a Jai.
Azazil había bajado su tenedor y su cuchillo de oro y la había mirado con
un brillo especulativo en los ojos, un brillo que había enviado invisibles
banderas de advertencia por la espina dorsal de Ari.
Efectivamente, había querido jugar con ella.
—Sé dónde está Jai. También sé que tu querido amigo, Charlie, ha
descubierto la localización de la Labartu y ha salido tras ella.
El corazón de Ari se había alojado en algún lugar de su garganta mientras
miraba de vuelta al Sultán con incredulidad. La presencia de Azazil aún la
hacía sentir como si hubiera estado bajo el agua demasiado tiempo, y
mirarlo era como mirar a una bola de energía demasiado brillante. Su aura
presionaba contra la piel con tal fuerza, que siempre estaba sorprendida
de nunca tambalearse hacia atrás ante él. Sus pensamientos habían sido
caóticos mientras miraba a ese antiguo ser. Charlie no, había pensado.
Aún no, cuando no estaba allí para detenerlo. Para protegerlo.
221
—Elige uno. —Azazil había sacudido una enorme mano enjoyada hacia
ella—. Y le ayudaré.
Furiosa ni siquiera se acercaba a explicar cómo se había sentido en ese
momento. Desconsolada. Traicionada. Asqueada. Por él. Por ella misma.
¿Cómo podía ser alguien tan cruel? ¿Y cómo podía haber tardado sólo
unos minutos en responder? ¿Cómo podía haberle dado siquiera una
respuesta?
—Jai. —Había susurrado, casi ahogándose con su propia culpa.
Azazil le había sonreído, una leve curvatura en la comisura de sus labios.
Qué joven tan cruel había parecido ser. Pero un joven cruel podía ser
perdonado por ser tan joven y sin conocimientos. Sin embargo, ¿un ser tan
antiguo como la tierra? Ari habría pensado que siglos de ver cómo el amor
podía hacer que la gente hiciera cosas extraordinarias, había sacado la
crueldad de él.
Pero entonces también había pasado siglos viendo cuán fácilmente la
crueldad tenía su propia manera de convertir el amor en un arma.
—Entonces es Jai. —Había sonreído a Asmodeus, que miraba a Ari sin
mucho cariño—. Haré un pacto contigo, Ari. Tú permaneces aquí conmigo,
indefinidamente, y prometo asegurarme de que ningún daño caerá sobre
cualquiera de tus jóvenes.
Su mandíbula casi había golpeado la mesa.
—Pero por qué… —Había comenzado antes de darse cuenta de que ya
sabía la respuesta a esa pregunta. ¿Por qué la había hecho escoger si iba
a salvarlos a ambos?
Porque le divertía jugar con sus emociones.
Verla destrozada con la culpa.
—Quiero actualizaciones de ambos. —Había levantado la barbilla con
desafío, su mirada moviéndose rápidamente entre los dos inmortales. Azazil
había continuado sonriendo benévolamente, mientras Asmodeus se había
echado hacia atrás con un atisbo de algo más que aburrimiento en sus
ojos.
222
—Hecho. —Había estado de acuerdo Azazil.
—Entonces me quedaré indefinidamente.
Era un trato estúpido para haberlo hecho. Ahora lo sabía. Tres días habían
pasado y aún no había sabido nada acerca de los paraderos de Jai o
Charlie.
Se echó hacia atrás en la lujosa cama que le habían dado, mirando a los
grabados del techo que habían sido pintados con oro. Por una vez estaba
disfrutando de un momento a solas de esas insistentes Shaitan. Más como
espías, refunfuñó para sí, girando para acurrucarse mientras su corazón se
apenaba ante el pensamiento de Jai. Azazil había prometido que no
sufriría ningún daño. ¿Significaba eso que era libre? Si no, ¿estaba siendo
tratado bien? Una y otra vez, había intentado comunicarse
telepáticamente con él, pero sólo la debilitaba. Era inútil. Estaba
demasiado lejos de ella. Y ¿qué pasa con Blanco? No estaba haciéndole
daño a Jai, ¿verdad?
Ante el pensamiento de Blanco torturándolo, se estremeció de dolor.
—Vas a tener pesadillas si continúas así.
Ari voló a una posición sentada, girando alrededor para encontrarse a
Asmodeus descansando en una tumbona. Había estado tan perdida en
sus pensamientos que ni siquiera lo había oído o sentido entrar en su
habitación. Esta noche estaba vestido con ropas tan oscuras que su
cabello parecía estar perdido en la seda donde se derramaba por su
espalda. Sus largas piernas estaban estiradas en cuero negro, su torso
desnudo excepto por un torque dorado alrededor de su cuello. Oscuros y
letales ojos brillaban puestos en ella, sujetándola a la cama. Odiaba la
forma en que se sentía a su alrededor. Asustada, insegura… intrigada…
—¿Qué estás haciendo aquí? —espetó, recordando la promesa de Rojo
de que no podría ser dañada por Asmodeus. Siete días había estado aquí.
Siete días en este extraño, oscuro y solitario mundo. A pesar de todo,
deseaba que Rojo volviera.
223
—Ahora, ¿qué forma es esa de saludar a un visitante? —le ronroneó,
recordándole a un gran jaguar. Hermoso, pero una cuchillada de esas
garras…
—Sí recuerdo correctamente, la última vez que estuvimos a solas estabas
amenazando mi vida.
—Lo malentendiste, eso es todo.
—¿Qué quieres, Asmodeus?
—Estoy aburrido. Siempre estoy aburrido, Ari. Pensé que podrías
entretenerme.
Un nuevo temor se disparó a través de ella e involuntariamente se deslizó
de nuevo en la cama, su pecho pareciendo desplomarse.
El Marid puso los ojos en blanco.
—No de ese modo. Tengo un harén. No necesito llevarme a mujeres
reacias a la cama. Sin embargo… ha pasado algún tiempo desde que he
compartido cama con una virgen.
Luchando contra el rubor, lo fulminó con la mirada.
—Quiero que te vayas.
—Yo quiero quedarme. —Se encogió de hombros—. Quiero saber más
sobre el Seal.
—¿El Seal? Seguramente lo sabes todo.
—No. Quiero saber acerca del efecto del Seal en ti.
Ari se puso de pie, tratando de ganar un poco de equilibrio, pero la
habitación estaba tan llena de tensión que casi la empujó hacia abajo.
—¿Por qué te contaría algo?
Se movió muy rápido.
Un momento había estado descansando como un indolente lord y al
siguiente la cabeza de ella casi rozó su pecho cuando se alzó sobre ella al
224
menos treinta centímetros. Su mirada era suave sobre ella, y fue cuidadoso
cuando se inclinó para enroscar un mechón de cabello detrás de su oreja.
Ari se estremeció.
Y luego inmediatamente palideció, pensando en Jai. Dando un paso atrás,
sacudió la cabeza.
—¿Ahora estás intentando sacarme la información seduciéndome,
Asmodeus?
Ese destello de antes brilló desde las profundidades de su mirada oscura.
—Eres una cosa curiosa. No eres para nada como ella. Pero antes… podía
haber jurado que la vi. No es posible.
—¿De qué estás hablando?
Sacudió la cabeza.
—Nada. Sólo estoy pensando en voz alta, eso es todo.
—Realmente deberías irte, Asmodeus.
—¿Por qué? ¿Temes poder sucumbir a mis encantos y traicionar a tu joven
Sr. Bitar del modo en que traicionaste al hechicero?
Un rayo de pura aversión por él se disparó a través de ella, y debió haberlo
visto en su expresión ya que su mirada se ensombreció y sus ojos se
entrecerraron peligrosamente.
—¿Por qué traicionaría a alguien tan bueno, amable y leal como Jai Bitar
por alguien tan desalmado y vacío como tú?
El dolor atravesó su cabeza cuando la mano de Asmodeus salió disparada,
agarrando su cabello y tirando de ella hacia atrás mientras empujaba su
cuerpo contra el suyo.
—Ten cuidado —susurró en sus labios, su aliento dulce en desacuerdo con
sus palabras—. Te he dicho que me aburro fácilmente y cuando estoy
aburrido me gusta jugar con la gente. Intenta no molestarme. —Retrocedió
225
para acariciar su mejilla casi tiernamente—. O podría decidir que tú y tu
Ginnaye son pequeños y bonitos juguetes.
Y luego se había ido en un borrón negro, la puerta de su habitación
golpeando a su paso.
Ari se hundió, cayendo en la cama, sus piernas temblando. Se sentía como
si acabara de escapar de ser comida por un felino de la jungla.
226

Como una cruda verdad, el Rojo sobre el Blanco es
una mancha difícil de quitar
Traducido por Paaau
Corregido por Akanet
ajo los cielos invernales del Monte Qaf, dos Reyes Jinn en conflicto
estaban de pie junto a un gran balcón, mirando el estado de Zubair.
No siempre había sido así, pensó Rojo, un poco melancólico mientras
miraba al frío perfil de su hermano. Una vez, antes de que Lilif lo hubiera
contaminado en contra de todos, Blanco había sido uno de los
confidentes más cercanos de Rojo. Sin embargo, Cristal y Blanco nunca
habían estado de acuerdo y sus constantes enfrentamientos habían
puesto a Rojo en el medio, hasta que Lilif había usado la volátil dinámica
entre los tres hermanos para envenenar a Blanco contra Rojo, quien
siempre había creído que tomaba el lado de Cristal para todas las cosas.
—¿Dónde has estado? —preguntó Rojo suavemente, girándose para mirar
hacia el pueblo que bajaba a través de las montañas y hacia la neblina
de abajo.
Blanco acababa de regresar a Zubair, pero Rojo ya sabía, antes de que él
llegara sin invitación, que Jai no estaba con él.
—Por ahí. No voy a darte al Ginnaye, hermano, así que puedes olvidarte
de eso. Ayudaste a padre a castigar a Ari al enviar a ese chico al que
convertiste en Sorcerer tras el Labartu…
—Y ayudaste a padre al raptar a Jai. Él hizo lo que tú ibas a hacer, sólo que
lo hizo antes.
—Padre pudo haber puesto protección alrededor del Ginnaye, pero eso
no significa que tenga que dejarlo ir. Se queda en donde está, así que bien
puedes irte.
B
227
Había una gran sospecha generándose dentro de Rojo. Después de todo
lo que había aprendido, de los sueños de Ari acerca de Lilif, de lo que
Kadeen le había dicho, comenzó a ver cómo era la verdadera agenda de
Blanco. Y ahora se daba cuenta de que había más que la decisión de
Azazil de dejar a Sala robar el Seal de Asmodeus. Quizás, incluso suponía
las razones de Azazil de forma correcta. Por un momento, Rojo pensó en
decirle todo a Blanco, en aplastar su arrogancia para que él viera de una
vez por todas que nunca nadie lo haría mejor que su padre. En cambio,
escogió una táctica diferente.
—El Seal está cambiando a Ari. Está tomando control sobre ella cada vez
más cada día. Puede que llegue un día en que ella no sea capaz de
hacer lo que tú deseas porque ya no será Ari.
Vio el ceño de Blanco fruncirse levemente mientras apoyaba sus manos en
la baranda, el suave viento enviando hacia atrás su túnica azul y
revelando la decorada funda de una daga, atada a su costado derecho.
Blanco sólo la usaba cuando iba a una batalla. Hmm, Rojo frunció el ceño.
Su hermano volviéndose todo simbólico con él.
—¿Cómo es eso siquiera posible? —Blanco negó con su cabeza,
incrédulo—. No. Estás mintiéndome de nuevo.
—Nunca te he mentido. Nuestra madre intentó asesinar a Cristal y nos iba a
asesinar a todos. Su falló al intentar asesinar a Cristal la expuso, por lo que
fue tras Asmodeus y lo habría matado si padre no lo hubiera protegido.
—Equivocado. Asmodeus intentaba matar a madre. Siempre fue la
pequeña mascota de padre, hacienda sus mandados. Incluso si eso
significaba matar a su una vez querida hermana.
¿Cuántas veces tendrían esa discusión? Cansado, Rojo se giró para mirar
directamente a su hermano, la expresión de Blanco sin expresar nada
nuevamente.
—Siempre me pregunté por qué madre renunció a este mundo. Ahora,
tengo razones para creer que se cansó de ver a las personas que amaba
morir. Ella creía que El Después sería un lugar de paz para los Jinn. Y no le
importaba cuántos de esos Jinn tuvieran que morir para alcanzarlo. Su
alma no estaba hecha para la vida eterna, Blanco. Demasiados siglos,
228
demasiado dolor… la alteró. Creo que nuestro hermano, Afortunado, se
siente igual. Pero él es lo suficientemente fuerte para esconderse en su
tierra, lejos de todo esto. Lilif… nos habría matado a todos para destruir el
balance.
Por un momento, hubo silencio entre ellos, los únicos sonidos provenían de
las conversaciones de los Jinn, más abajo. Finalmente, Blanco lo miró, sus
ojos sin ninguna expresión, pero su voz grave por la emoción.
—Tú no la conocías como yo lo hacía —le dijo, triste—. Desde mi juventud,
ella me advirtió de padre y de su naturaleza voluble. Sabía que él algún
día sería el final de las cosas, me educó para ser un soldado, para
protegernos de eso.
—El mundo aún está de pie, hermano, y han pasado siglos desde que
madre falleció. Siglos.
Blanco sacudió una mano para despedirlo.
—Estoy cansado de tener esta misma discusión una y otra vez. Sólo… vete.
Igual de frustrado, Rojo gruñó y se dirigió hacia las puertas del balcón. Pero
una criatura diabólica lo devoró y se encontró a si mismo dándose la
vuelta para mirar directamente la espalda de Blanco.
—Me tomó un tiempo reunir todas las piezas.
Lentamente, Blanco lo miró por sobre el hombro.
—¿Reunir qué?
—Lo que quieres hacer. Cuando padre me dijo de la existencia de Ari,
pensé que lo habías hecho para poner a padre de rodillas, tomar su lugar.
Sin embargo, me di cuenta ahora de lo ingenuo de ese pensamiento,
ingenuo de creer que tú, que creías tan enormemente en el balance, te
atreverías a hacer algo tan catastrófico. No. Esto es todo acerca de Lilif.
Crees que aún está viva y que padre la tiene escondido en algún lugar.
Querías que Ari le ordenara decir la verdad de su paradero a Azazil.
229
La inexpresividad se fundió de los ojos de Blanco y brillaron hacia Rojo con
mucho odio. Pero no era odio hacia él. En su mayoría. Era odio por su
padre.
—Él no destruyó su esencia, Rojo. Mintió. Puedo encontrarla a ella y a su
cuerpo con la ayuda de Ari, y entonces madre regresará a nosotros. Con
ella, podemos controlar a padre y restaurar el camino correcto del
equilibrio. Juntos podemos hacer cumplir las antiguas maneras. Nada más
de traspasar el día de un hermano para moldear los destinos. Volveré a
tener mis jueves, otra vez y tú los martes.
Tan arrogante. Tanta arrogancia ciega. La boca de Rojo se retorció
mientras le daba a Blanco una mirada casi de lástima.
—El equilibrio no se ha ido. Lilif intentó robar nuestra esencia para destruir el
balance. Cuando eso falló, ella recordó a Azazil refiriéndose a ella y a
Asmodeus como dos partes de un todo. Así que decidió que robar su
esencia probablemente la haría igual a Azazil. Heredaste su arrogancia,
Blanco. Y eres un tonto. Un tonto que pudo creer que Asmodeus fue
seducido por Sala. Él dejó que lo sedujera para quitarle el Seal porque
padre así se lo dijo.
Blanco se dio la vuelta, todo su cuerpo en tensión.
—¡Mientes! —gritó, perdiendo su calma característica, como Rojo sabía
que pasaría. Sintiéndose ganador al haber traspasado la armadura de
hielo de Blanco, le sonrió tristemente—. No. Él quería que tú lo tuvieras. Y mi
pregunta es, ¿por qué? ¿Por qué, te pregunto?
Rojo creía saber el por qué, pero esa era más información de la que
estaba dispuesto a entregar a Blanco. Por ahora, sólo quería que su
hermano se diera cuenta de que estaba por sobre él y que siempre lo
había estado.
—Mientes —repitió él suavemente—. No. mientes. Sólo vete. —Se dio la
vuelta para mirar hacia las montañas—. Sólo vete. Y puedes decirle a tu
preciosa sobrina que nunca le entregaré al Ginnaye, hasta que acepte
hacer lo que quiero.
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
Brasa Prestada
Traducido por Paaau y Maru Belikov
Corregido por BrendaCarpio
abia. Hervía a fuego lento bajo la superficie. Esperando. ¿Por qué
siempre las personas decían “a fuego lento” cuando hablaban de la
rabia? Pero mientras Ari veía a Asmodeus mientras la guiaba más
adentro en la caverna, sabía la respuesta a su pregunta. Incluso la rabia
escondida nunca se quedaba quieta… Siempre estaba temblando,
cociéndose a fuego lento, lista para el momento cuando el cemento que
la mantenía enterrada se rompiera bajo la devastación de cualquiera
terremoto que finalmente apartara a su guardián. Entonces no había
forma de detener la fuente de fundida emoción que salía para acabar
con cualquiera a su paso.
La rabia de Ari, consigo misma, con Azazil, con este Marid ante ella, estaba
cada día haciéndose más impaciente. Tan impaciente que había
despertado al Seal. Todo su cuerpo se sentía bañado por la oscuridad del
Seal, como si estuviera peleando por pasar cada vez que ella daba un
paso. Sus susurros se hacían más fuertes cada día, presionando a Ari para
que le permitiera salir.
Era una idiota. Una maldita idiota que no pensaba. A pesar de todas sus
promesas a sí misma, de que no dejaría a los Reyes y a su padre usar a las
personas que amaba contra ella, todo lo que había bastado para enviarla
en un espiral de pánico, fue ver los ojos de Blanco mientras robaba a Jai
desde el Peripatos. Tan asustada de que su miedo despertaría al Seal, que
el Seal la usaría, Ari había dejado que Azazil la usara.
Cuando estuviera sola en su habitación en el palacio, la paranoia del Seal
le susurraría, enterrando sus opciones dentro de la mente de Ari. Pero
cuando Asmodeus se acercaba a ella, los susurros se silenciaban, de
alguna forma acobardados por él y Ari era un poco más ella de nuevo. Así
R
231
que ahora, una vez más, con la esperanza de acallar el Seal, se había
permitido ir en este extraño tour por las tierras de Azazil con Asmodeus.
Habían ido a la parte inferior de los terrenos del palacio y de regreso al
mercado, en donde Ari había visto a los Jinn vendedores y compradores
salir del camino de Asmodeus, inclinando la cabeza en respeto cuando él
pasaba con fría indiferencia. Él apenas le habló a Ari y cuando lo hacía sus
palabras eran cortantes y sabía que debería tener cuidado del por qué le
había pedido que lo acompañara, cuando parecía que no podía soportar
estar a su alrededor. Pero… Ari estaba más asustada del Seal. Estaba
perdiéndose en él.
En sus momentos más oscuros estos últimos días, Ari había comenzado a
preguntarse si abandonar el Monte Qaf seguía siendo una buena idea. No
podía poner a Jai, Charlie y a las personas que le importaban en peligro. Y
ella era peligrosa ahora.
Y tan, tan furiosa que la lastimaba profundamente.
Alejando las lágrimas, Ari respiró profundamente para calmarse,
intentando alejar el ataque de pánico que sentía viniendo. Para molestar a
Asmodeus, declaró estar aburrida en el mismo tono de voz que él siempre
lo decía. Con eso, había ganado una extraña sonrisa de parte de él y
decidió llevarla hasta las minas.
Los Jinn mineros, que no se parecían para nada a los mineros humanos, en
sus camisetas de colores brillantes y pantalones de harén, se habían
detenido cuando Ari y Asmodeus aparecieron en las puertas de las minas.
Les había tomado una hora atravesar la niebla, pasando casas que Ari
nunca antes había visto, notando ahora, irónicamente, que las casas se
hacían menos lujosas mientras más lejos viajaban. Ella no se atrevió a mirar
al borde de los caminos tallados en las montañas, pero Ari estaba curiosa
acerca de cuán lejos iban.
Explicándole que las minas se movían cada año, Asmodeus la había
guiado a través de las puertas y se detuvo para hablar con un trabajador
que llevaba un barril lleno de esmeraldas. Impresionada por la belleza de
las gemas, Ari había estado en trance por un momento antes de apartar la
mirada.
232
Asmodeus le había sonreído.
—No pensaría en robar ninguna, si fuera tú. —Señaló a una alta mujer.
Ella miró a Ari, su cuerpo musculoso vestido por completo de negro,
recordándole a Ari a un ninja japonés. Mirando alrededor, Ari había
notado al mirar entre todos los colores de los trabajadores, más Jinn
vestidos en el mismo “uniforme” negro.
—Guardias. —Había explicado Asmodeus, regresando a su lado para así
poder tomarla gentilmente del brazo. Los trabajadores se apresuraron a
inclinarse ante él cuando pasó—. Están aquí para asegurarse de que nadie
robe las esmeraldas. Son Jinn que protegen tesoros.
—Tesoros… —Sabiendo el tipo de Jinn que eran, Ari había recordado
inmediatamente a Tezure, el Jinn que protegía los tesoros de Luca Bitar, y
con el pensamiento de Tezure llegó el pensamiento de Jai. Ari lo
extrañaba. Lo extrañaba tanto que era un dolor intenso en todo su cuerpo.
Quería esconder su cabeza en su cuello e inhalar su esencia picante y
exótica, quería sentir sus fuertes brazos alrededor de su cintura, sus labios
rozando su oído. Jadeó ante el dolor en su pecho mientras pensaba en el
Seal y en el hecho de que quizás, nunca volvería a ver a Jai de nuevo por
culpa de eso.
Dándole una mirada, Asmodeus parecía haber oído el jadeo pero lo
ignoró, continuando hacia adelante. Ari lo había seguido, orando para
que el entumecimiento se apoderara de su cuerpo, para así no tener que
sentir más. La oscuridad los había envuelto mientras Asmodeus entraba en
una caverna, muy atrás en el sitio, en donde había unos pocos
trabajadores dando vueltas. Con un movimiento de su muñeca, la
caverna se iluminó y Asmodeus la había liberado para adentrarse más en
el interior.
Así que ahí estaba ella. Sola en una caverna con el Teniente Asmodeus.
Otro tonto movimiento, sin duda.
—Cada vez que una esmeralda es sacada de la roca —dijo él de pronto,
pasando una mano sobre la pared junto a la que él se había detenido—,
otra esmeralda aparece en su lugar. —Se giró y le lanzó una sonrisa infantil
233
tan desarmadora, que inmediatamente hizo sospechar a Ari—. Uno de los
pocos misterios en estos mundos.
¿Por qué la había traído aquí? Ari dejó salir otro suspiro al sentir su pecho
apretándose, los primeros síntomas de su ataque de pánico volviendo.
Rojo le había prometido que Asmodeus no podía hacerle daño. Pero claro,
Rojo también había ido a sus espaldas y destruido el futuro de Charlie.
—No debería ser posible. —Asmodeus negó con la cabeza mientras la
estudiaba.
—¿Qué no debería ser posible? ¿Las esmeraldas? —Los ojos de él se
entrecerraron y agachó la mandíbula, su mirada tan fija que Ari tuvo que
combatir un estremecimiento de intimidación—. Tengo una teoría que me
gustaría probar.
Bueno, eso no sonaba muy bien. Eso no sonaba nada de bien.
—¿Una teoría? —preguntó Ari, sus pies queriendo llevarla lejos de él, pero
su orgullo diciéndole que no le dejara saber al bastardo que la asustaba—.
¿Qué teoría?
Él respondió con un flojo encogimiento de hombros. Su silencio comenzó a
reventar las moléculas de oxigeno de la habitación hasta que la
respiración de Ari se volvió jadeante otra vez. Finalmente, sus labios se
levantaron en la esquina, en una sonrisa que ella pensó que comenzaba a
entender. La amenaza, de lo que fuera que él quería de ella, estaba de
regreso.
—Antes de que hicieras el trato con Azazil por la seguridad del Ginnaye…
Blanco torturó a Jai.
Si le hubiera disparado una bala, habría tenido el mismo impacto. Ari se
tambaleó ante sus palabras, su insinuación tan poderosa y dolorosa como
ser golpeada con el Hageegah.
—No —susurró ella.
—Oh, sí. —Asmodeus estaba caminando lentamente hacia ella ahora—.
Lo colgó y comenzó con lo básico. Un gato de nueve colas rasgó su
234
espalda hasta que el bruto testarudo finalmente dejó salir un gruñido de
dolor…
No. Ari negó con la cabeza, la caverna comenzando a girar a su
alrededor. No.
—Y creo que probablemente, estabas dando tu primer viaje alrededor del
mercado cuando Blanco sacó el alquitrán. Oh, eso debe haber dolido...
—Detente —susurró ella con voz ronca, sintiendo sus extremidades volverse
pesadas mientras el Seal peleaba por dominarla—, estás mintiendo…
—Luego fueron los clavos en los pies. Oh y no olvidemos el hambre…
Déjame salir, Ari. Haré que se detenga. Juntas podemos hacer que se
detenga. ¡Detenerlo! ¡DETENERLO! ¡DETENERLO!
—Creo que lo que más admiré fue cuando Blanco cambió de forma para
parecerse al padre de Jai mientras lo golpeaba con un cinturón. Usó todos
esos recuerdos dolorosos para torturar el alma de ese chico. Ahí fue
cuando los gritos comenzaron realmente. Incluso hubo lágrimas. Y tú
estabas aquí, jugando a ser la invitada, sin hacer nada para evitarlo…
—¡DETENTE! —gritó ella, el sonido haciendo que la caverna temblara.
Y de pronto, fue como si estuviera mirando por los ojos de alguien más,
enterrada tras los pensamientos y emociones de otra persona.
Asmodeus estaba quieto, sus ojos amplios con sorpresa mientras su boca se
abría.
—Lo sabía.
La persona que estaba dentro abrió la boca del cuerpo que compartían, y
Ari pudo sentir los extraños pero familiares pensamientos triunfales
femeninos mientras comenzaba a ordenarle a Asmodeus que se pusiera
de rodillas.
Las palabras ni siquiera tuvieron oportunidad de salir de sus labios
compartidos.
235
Él era una veta, un borrón de movimiento hacia ellas antes de que la
cortina cayera y todo se volviera oscuro y silencioso.
La familiar sensación de piso duro bajo ella, regresó a Ari a la conciencia,
con un dolor en su cabeza y en los hombros. Gimió, acostándose sobre su
costado, sintiendo cada musculo punzar y hueso crujir mientras ella
también lo hacía. Mientras la niebla de la inconsciencia se levantaba, Ari
se dio cuenta de la poderosa presencia de Azazil pulsando a través de su
cuerpo como olas en la costa. Rápidamente intentó recordar lo que había
pasado, imágenes de Asmodeus y la caverna volarón a través de su visión.
Jai.
Sus ojos se abrieron de golpe y el dolor en su pecho estaba de regreso
mientras recordaba lo que Asmodeus le había dicho.
—Relájate. —La profunda voz de Azazil capturó sus oídos—. Asmodeus
estaba mintiéndote acerca del Ginnaye, Jai. Nunca fue herido por mi hijo.
Sólo encarcelado.
La esperanza se regodeó, diciéndole que era débil mientras levantaba la
cabeza y se giraba para mirar a Azazil. Estaba sentado en una silla de
cristal frente a una árida chimenea.
Mirando rápidamente alrededor, Ari se encontró en una cámara pequeña.
Habían pocos muebles o decoración, sólo frías paredes de piedra que
brillaban con esmeraldas y pisos de losa bajo ella. Se quedó quieta, sus ojos
entrecerrándose con odio mientas se volvía consciente de la presencia de
Asmodeus. Él dio un paso lejos de las sombras para quedar de pie junto a
Azazil.
—¿Por qué? —le preguntó ella amargamente.
—Él es tu disparador. —Asmodeus volvió a ser un chico aburrido mientras se
encogía de hombros—. Necesitaba liberar al Seal para ver si tenía razón en
algo.
—¿Entonces Jai está bien? —Los latidos de Ari resonaban en sus oídos.
236
—Jai está bien. Aún encarcelado, pero sin daños.
Desconfianza y traición tiro de ella desde el suelo y se tambaleó de
manera poco elegante hasta estar de pie y mirar al Sultán,
desesperadamente luchando su ira y contra el Seal. Esa última vez había
sido aterradora. El Seal realmente había tomado control sobre ella, y sabía
lo que era el Seal. Quien era. Ella jadeó, su rabia al enterarse que Jai
todavía era prisionero disipándose mientras se giraba para mirar con los
ojos abiertos hacia Asmodeus.
—Lilif —susurró ella. Y Asmodeus le dio una sonrisa de burla a manera de
felicitación.
—No lo entiendo. —Su pecho se sentía otra vez muy apretado.
Azazil alzó una enjoyada mano para llamar su atención.
—Cuando Lilif se atrevió a tomar la esencia de Asmodeus, ese al que ella
amaba más sobre los otros, sabía que no podía por más tiempo sentarme
con los brazos cruzados. El problema, mi querida Seal, es que Lilif, como mis
hijos, Asmodeus y yo, son parte de un balance. Temía que asesinarla
rompería profundamente las uniones, así que separé su esencia de su
cuerpo y la escondí donde nadie pudiera encontrarla. Significaba que se
había ido sin realmente haberse ido. El único hijo que se dio cuenta que no
había destruido su esencia fue Blanco. Estoy agradecido por la
desconfianza entre él y sus hermanos. Ha mantenido un secreto lejos de
todos los demás. Ha mantenido a Blanco en silencio. Silencioso pero
persistente. Siglos han pasado. Me cansé. Estaba aburrido, supongo. —Él se
encogió de hombros descuidadamente.
—Y junto con eso vino el Rey Salomón, quien sabía que estaba destinado a
tener su lugar en la historia religiosa. Algo sobre él me recordaba a Lilif en
su juventud. Ella había estado tan ansiosa por más, ansiaba poder. Tan
ansiosa por ser extraordinaria. A veces regresaba al lugar donde mantenía
su esencia sólo para sentirla cerca de mí, y un día tuve una idea. Un Jinn
podía cargar con la esencia de otro Jinn y mantenerlas en un cuerpo Jinn,
pero la esencia no desaparecía realmente a menos que estuviera en otro
cuerpo. No quería eso en ese entonces. Alguien teniendo su poder dentro
de ellos. Pero era una perdida desperdiciar el poder así que tome su
esencia y la encerré en el Seal. El anillo estaba fundido con mi propia
237
magia, la única cosa lo suficientemente poderosa para encerrar su
esencia en metales y dividí esa esencia en luz y oscuridad así Salomón
podía ordenar a Jinn buenos con la parte de plata del Seal y ordenar a los
malos con la parte de hierro. Era tan hermosamente poético, Ari. El poder
de mi Lilif fuera en el mundo otra vez, pero controlado por mí como
siempre había querido. La plata y el hierro sellados eran solamente para mi
propio disfrute. Siempre he estado intrigado por el concepto del bien y el
mal. Pero Salomón falló justo como Lilif lo había hecho. Él no podía estar a
la altura de mi anillo. Él abuso de el —Sus rasgos se endurecieron—. Así que
lo envíe al desierto a morir y lo reemplace con Asmodeus, que cumplió su
destino por él. Después de eso, le pregunté a Asmodeus si prefería que
regresara su esencia al escondite o si prefería guardarla como estaba.
—Tú ya sabes que escogí —interrumpió Asmodeus en voz baja.
—¿Por qué? —Ari se sentía a punto de llorar por el conocimiento de lo que
había sido colocado dentro de ella por su padre—. ¿Y el Rey Blanco sabe
lo que me ha hecho?
—No —replicó Asmodeus—. Él no se da cuenta que lo que ha estado
buscando es en realidad el Seal. Él piensa que el Seal lo ayudará a
encontrar lo que está buscando. Mientras que con respecto a tu otra
pregunta… tengo mis propias razones.
—Nadie sabe que la esencia de Lilif existía dentro del Seal. Aunque, espero
que mí inteligente hijo detective, Rojo, haya deducido la verdad para este
momento después de aprender de tus sueños y hacerle una visita a un
viejo amigo mío. —Azazil parecía asimilar los escrutadores y ardientes ojos
de Ari mientras continuaba su historia—. Admito haber estado intrigado
cuando descubrí los planes de Blanco para robar el Seal y usarlo para
concebir un niño que cargaría sus propiedades junto con las de ella o él.
Pensó que sería un canal para su esquema de encontrar el cuerpo y la
esencia de Lilif, mientras que yo estaba curioso de si la esencia de Lilif, tan
naturalmente colocada dentro de un Jinn, traería el balance sin el peligro
de su locura. Así que ordené a Asmodeus dejar que tu madre lo sedujera
para robar el Seal.
—Oh Dios mío. —Ari sintió como si le hubieran pateado en el estómago—.
Todo lo hiciste tú. Todo este tiempo, fuiste tú.
238
—Te quería para mí. Quería ver si, a través de ti, podía tener una Lilif en la
forma en que mi Sultana siempre debió ser. Se suponía que tenía que ser
luz y oscuridad. Cierto, ella siempre estaba más en la oscuridad y
Asmodeus en la luz, pero allí siempre había un balance. Hasta que dejó
que la oscuridad la destruyera. Pero a través de ti había esperanza de que
al menos su poder pudiera existir como debía ser. —Él dejó caer su cabeza,
pareciendo casi triste—. Pero Asmodeus, inconsciente de mis verdaderas
esperanzas, empezó a sospechar lo que el Seal estaba realmente
haciendo contigo. Cuando discutes, tus ojos cambian a negro como los de
Lilif y todo tú ser le recuerda a ella, por lo que hoy decidió provocar el Seal
y ver de una vez por todas si sus sospechas eran correctas.
—¿Qué sospechas? —preguntó ella, retrocediendo, pero el miedo en sus
entrañas estaba diciéndole que ya sabía lo que estaba por decir.
—Que la esencia de Lilif está escapando del Seal y peleando para tomar
control de ti.
—¿Cómo es eso siquiera posible? —susurró Ari—. ¿Pensé que la esencia
sólo era el poder?
—Lilif no es una Jinn ordinaria, Ari. Es casi tan vieja como yo. Ningún Jinn fue
alguna vez creado para cargar su esencia dentro. Ahora veo eso.
—¿Así que, que soy? ¿Un experimento que salió mal? —espetó.
Él se encogió de hombros.
—En pocas palabras. Ahora creo que deberíamos tomar el Seal de regreso
antes de que Lilif cause más daños.
¿De regreso? De regreso… De regreso significaría matarla. ¿Cierto? Oh
Dios, ¡Los despreciaba! Ari quería destruir a Azazil, quería ordenar a ese hijo
de puta ponerse de rodillas… y Lilif estaba ahí lista para ayudarla a
hacerlo.
Como si sintiera el peligro en ella, Asmodeus empezó a mover una mano y
Ari lo sintió reunir su poder en el aire. Ella voló de regreso a él usando su
recién descubierta velocidad y alzo una mano.
239
—¡Alto! —ordenó ella y la expresión de ambos Azazil y Asmodeus se
oscureció, como un trueno ondulando sobre el cielo que hace unos
momentos había estado tranquilo.
Para sorpresa de todos Asmodeus tomó un amenazador paso hacia
adelante, la orden del Seal parecía no tener efecto en él.
—¡Alto, Asmodeus! —chilló ella con desesperación, su mano volando hacia
arriba como si impulsara el poder del Seal fuera de él.
Él siguió acercándose.
—Detente —ordenó Azazil tranquilamente y Asmodeus inmediatamente se
giró para darle una mirada de perpleja frustración—. El Seal no funciona
contra ti. ¿Sabías esto?
Asmodeus sacudió su cabeza, una desconcertante y salvaje mirada en sus
ojos.
—No, su majestad, no sabía.
Sonriendo ahora, Azazil se puso de pie, su expresión petulante
aterrorizando a Ari.
—Bueno, esto cambia ligeramente las cosas. No para ti. —Él le lanzó una
descuidada mirada a Ari—. Sino para Asmodeus. Iba a destruir el Seal y
colocar la esencia de Lilif de regreso en su escondite. Pero… —Él sonrío
como si estuviera encantado—. El Seal es casi mítico en su existencia.
Emociona a mi gente. Desafía a mi hijo para trazar un plan más o menos
brillante, incluso aunque sea contraproducente para todos nosotros. Y aquí
está Asmodeus, inmune al Seal. El protector perfecto. ¿Por qué no permitir
que permanezca aquí contigo, Asmodeus? Simplemente es apropiado
desde que es el ser de tu hermana. El Seal ha estado seguro contigo por
siglos mí amigo, y claramente por un motivo. Así que… ¿Qué será? ¿Ari
como mascota? O ¿El anillo alrededor de tu cuello?
Considerando sus opciones con unos penetrantes ojos recorriendo el
cuerpo de Ari, el teniente finalmente sacudió su cabeza y Ari no estaba
segura si fue remordimiento lo que leyó en sus ojos, o solamente sus deseos.
240
—Creo que prefiero el anillo alrededor de mi cuello. Esta es muy peligrosa
para tenerla alrededor.
Azazil asintió, pareciendo entender el enigmático comentario de
Asmodeus.
—Oh no te preocupes, Ari. —La expresión de Azazil era suave otra vez.
—Recuperar el Seal puede o no matarte. No tenemos ninguna manera de
saberlo. Tu destino está muy, a falta de mejores palabras, borroso, por el
momento.
Ari dio un paso atrás, sus pensamientos zumbando alrededor dentro de su
cabeza. Está bien. No podía vivir con Lilif dentro de ella. Lo sabía. Lo hacía.
Una momentánea descarga de terror se sujetó a su corazón mientras
entendía que quizás moriría de cualquier manera. Pero mientras luchaba
para controlar su respiración y relajarse de la manera en que Jai le enseñó,
Ari se permitió pensar al respecto. Sacrificarse a sí misma significaría que Lilif
seguiría atrapada. ¿Seguramente eso haría que valiera la pena el
sacrificio?
Pero si ofrecía sacrificarse y había una posibilidad de que sobreviviera,
obtendría algo bueno a cambio.
—Acércate más y ordenaré a Azazil que te mate antes de que siquiera
hagas un movimiento —le dijo Ari a Asmodeus suavemente.
La habitación se oscureció mientras la energía de Azazil se espesaba con
lo que Ari asumía era su ira.
—¿Qué quieres? —preguntó él con perspicacia.
Ari tomó aire en un tembloroso aliento.
—Si muero, salvarás a Jai y lo dejarás regresar sin daños a su tribu.
—Hecho. —Él asintió, su expresión de total aburrimiento.
Ari estrecho sus ojos.
—Y…
241
—¿Y? —Azazil se sentó hacia adelante ahora, sus cejas alzadas en un
arrogante escudriñamiento.
—Si hago esto voluntariamente, y vivo, entonces consigo un favor.
—Pensé que ese era tu favor.
—No, ese sólo era un gesto de buena voluntad.
Él se río ante eso.
—Si tu favor luego es por el Sorcerer, no puedo salvarlo si mata al Labartu.
Lo siento. Eso está fuera de mis manos.
Maldición. Ari forzó a sus impotentes lágrimas a retroceder. No eran de
ayuda aquí.
—Está bien. Pero todavía quiero un favor si sobrevivo. Y quiero tu palabra
de que me darás lo que sea que te pida.
Ella lanzó una mirada a Asmodeus para ver sus ojos resplandecer hacia ella
otra vez, como si él casi la respetara en ese momento. Mientras se giraba
hacia Azazil para encontrar su respuesta, vio que él estaba sonriendo,
como si estuviera disfrutando de él mismo inmensamente. —Tienes mi
palabra de que si sobrevives, te concederé un favor, si está en mi poder
darlo.
—Hecho.
Asmodeus fue un borrón, su brillante puño estrellándose en su pecho antes
de que Ari hubiera siquiera parpadeado. Una increíble agonía atravesó a
través de Ari mientras sus oscuros ojos se clavaron en los de ella suplicantes.
Lo siento, su voz susurro dentro de su cabeza. ¿O ella simplemente lo había
imaginado?
Fue un alivio cuando su puño se retiró de ella, luz pulsando entre las grietas
en sus dedos. Se desenroscaron lentamente, y la palpitante bola de fuego
en su palma fue la última cosa que Ari vio antes de que el dulce alivio del
agonizante dolor la alejara.
242

Al Menos Toma Mi Escudo Cuando Vayas A La Batalla
Traducido por Auroo_J
Corregido por Akanet
urante dos años el Labartu, Akasha, quien había matado a Mikey y
dejó a la familia Creagh ahogándose en su propia destrucción, no
había salido de los Estados Unidos. La fuerte aura de poder de Ari
cuando había cumplido dieciséis años y la ruptura de la protección
mágica que Sala había colocado a su alrededor, había arrastrado a
Akasha a Sandford Ridge cuando había estado cerca con otra víctima.
Pero después de matar a Mikey, y con hambre de nuevas víctimas y
nuevos lugares, rápidamente se había ido.
De acuerdo con El Rey Cristal, Akasha había estado saltando de un estado
a otro durante varios años, aunque había habido un período de tres meses,
cuando había desaparecido, su suposición al monte Qaf, dejando a El
Gremio que había estado siguiéndola luchando para encontrarla cuando
regresó.
Su hambre, su vil y retorcido mal, habían llevado a Charlie a este
momento, a esta habitación de un motel en Alief, al suroeste de Houston.
El motel estaba situado justo al lado de la Autopista del Suroeste, el flujo
constante de tráfico zumbando en la distancia era lo único en rompía el
silencio de la desesperación de Charlie.
Cuando Cristal le había dicho a Charlie que había encontrado a Akasha,
Charlie le había mentido a Fallon. Le había prometido que no iba a
ninguna parte hasta que supiera que Ari estaba bien.
Antes de que Rojo le hubiera dado la esmeralda, eso probablemente
hubiera sido verdad. Hubiera esperado saber de ella. Puede que incluso
hubiera intentado una misión de rescate estúpida.
Pero no ahora.
D
243
Cualquiera que fuera el miedo que había sentido después de usar la
esmeralda había comenzado a retroceder de nuevo con su proximidad.
Había empezado a retroceder cuando Cristal había venido a él con la
noticia del paradero de Akasha. Él estaba en la cúspide de su venganza y
se consumía con la necesidad de utilizar la esmeralda de nuevo, el sabor
persistente de su increíble poder provocador y atrayente.
Así que con Fallon convencida de que no iba a ninguna parte, Charlie se
había acercado a Cristal y le pidió que lo llevara a la Labartu. Habían
viajado con la prisa vertiginosa que era el Peripatos a una habitación
pequeña y oscura de la Ruta 59 en Houston.
Entonces el Rey Rojo se había presentado a destruir todo, Charlie pensó
con amargura.
Sin necesidad de palabras de explicación, su rostro sombrío mientras había
mirado a Cristal, Rojo había dicho simplemente: —Hemos hecho lo que
padre deseaba de nosotros. No más. Hemos terminado aquí.
—Pero... ¿qué? —Charlie había preguntado rápidamente, en estado de
pánico—. Estamos en Houston, Texas. ¡Houston! ¿Cómo diablos se supone
que voy a encontrar a Akasha en una ciudad tan enorme por mí mismo?
Ese era el punto, Charlie se había dado cuenta de repente, tomando la
expresión en blanco de Rojo con absoluta incredulidad y decepción
amarga. Sin su ayuda, Charlie no podría encontrar a Akasha a tiempo.
Rojo estaba tratando de mantener su palabra con Ari.
Antes de que Charlie pudiera intentar argumentar, los dos reyes Jinn
habían desaparecido entre las llamas.
Él siempre sería sólo un niño humano al que estos tipos le habían
concedido un poder. Todavía no podía sentir Jinn a grandes distancias.
Todo lo que tenía era una esmeralda y lo que Cristal le había enseñado.
Y eso debería ser suficiente.
Maldiciendo las consecuencias, Charlie había conjurado una tarjeta de
crédito para pagar por la habitación del motel. Conjuró comida que no le
pertenecía, después de pasar día tras día peinando las calles en busca de
Akasha, con la esperanza de que si él se acercaba lo suficiente, la sentiría.
244
Era una tarea bastante complicada, molesta y frustrante mientras tenía
que evitar los peores barrios. Lo último que quería era matar
accidentalmente a un humano inclinado a sujetarlo a punta de pistola por
lo que estaba en su cartera.
La búsqueda se sentía inútil.
Nada.
Todavía nada.
Pero no podía darse por vencido.
No podía salir.
Un golpe impaciente se abrió paso por el estupor desgraciado de Charlie,
su corazón latía de repente mientras miraba a la puerta de la habitación
del motel.
Cuidadoso y apretando la esmeralda en el bolsillo, Charlie dio pasos lentos
hacia la puerta, mirando por la mirilla para ver qué tipo de visitante tenía.
Conmoción y rabia, mezclada con una extraña sensación de alivio lo
atravesó mientras él azotaba la puerta abierta. Fallon lo fulminó con la
mirada en la penumbra.
—¿Cómo me encontraste?
Empujando para pasarlo con un resoplido familiar, Fallon arrojó su bolso
sobre una de las camas y se dio la vuelta para enfrentarse a él, con su
erizado, cabello corto volando alrededor de su bonita cara.
—Cristal me dijo. Todavía está cuidando de mi Gremio y de Trey.
Con la barbilla sobresaliendo obstinadamente, Charlie negó con la
cabeza.
—No me iré hasta que la encuentre.
Aún frunciendo el ceño hacia él, Fallon asintió mientras lentamente se
dejaba caer sobre la cama.
245
—Sabía que dirías eso, por eso he traído bocadillos y talismanes y piedras
suficientes para conjurar más, y todo lo que necesitamos.
¿Qué? Charlie levantó una ceja a modo de pregunta.
Ella resopló de nuevo.
—Sé que estás tratando de protegerme al salir corriendo sin decir una
palabra y enfurecerme, pero sólo estoy tratando de protegerte también.
No voy a ninguna parte. Si vas a encontrar y acabar con esta perra, voy a
ayudarte a hacerlo.
Tratando de ignorar el dolor en su pecho y la forma en que parecía que se
contraía con demasiado sentimiento, Charlie se limitó a asentir. Un poco
estupefacto, cerró lentamente la puerta del motel y dejó el resto del
mundo fuera, y con éxito se encerró con una chica que había salido de la
nada y había cambiado una parte importante del juego.
—Dijiste que la protegerías.
Rojo dio la vuelta, dividido por su propia incredulidad, sus propias
reflexiones, para enfrentar a Sala. Se puso de pie en la entrada de su
cámara de dormitorio, pareciendo indiferente de que cualquier Shaitan
que pasara podría verla. Con un movimiento furioso de su mano, la puerta
se cerró detrás de ella. Antes de que pudiera advertirle, el dolor en sus ojos
finalmente se registró junto con su acusación.
Había hecho todo lo posible para proteger a Ari: bordeando las órdenes
de su padre, ocultando las cosas de él, investigándolo... descubriendo la
verdad...
Suspirando y sin estar de humor para un pelea apasionado con Sala, Rojo
se encogió de hombros con cansancio.
—Dejé a Charlie a su suerte y me imagino que Akasha se habrá ido antes
de que él la encuentre. En cuanto a Jai, sí, no puedo encontrarlo, pero mi
hermano y padre me aseguraron que él no ha recibido ningún daño, ni lo
hará.
246
Los ojos de Sala ahora ardían hacia él y Rojo casi se estremeció de nuevo
por el dolor en ellos.
—¿Y qué pasa con Ari? ¡Dijiste que la protegerías!
Con el ceño fruncido, Rojo asintió.
—La estoy protegiendo. Es más seguro aquí en el monte Qaf con mi padre
de lo que es en cualquier otro lugar. El Seal, sus propiedades, son
importantes para él. Azazil la protegerá.
—Entonces, ¿por qué siento como si algo estuviera mal? —siseó
enfadada—. Creo que se está muriendo, Rojo. Siempre la he sentido aquí.
—Golpeó el puño contra su pecho—. Pero siento que la cuerda que me
ata a ella se está desvaneciendo.
Sacudiendo la cabeza, mientras el temor se apoderaba de él, Rojo fue con
la negación primero.
—No. Ari no puede estar herida. Sé que no puede.
—Una madre lo sabe, Rojo. —Sala sacudió la cabeza y una lágrima cayó
por su mejilla, martillando el temor firmemente alrededor del corazón de
Rojo.
Con su mente corriendo, trató de pensar qué hacer. ¿Qué puede haber
pasado? ¿Fue Blanco? ¿No pudo ser Azazil? ¿Asmodeus?
Maldiciendo, Rojo dejó de adivinar y se dirigió resueltamente hacia Sala. Le
limpió las lágrimas cariñosamente de la cara y le susurró:
—¡Vuelve al Manto donde sé que vas a estar a salvo! Te llamaré cuando
sepa lo que está pasando.
—¿Qué vas a hacer?
—Tomar a mi sanador y llegar al palacio de mi padre tan pronto como sea
posible.
247

La noche es inmune al día pero adicta a la luz
Traducido por Akanet, Otravaga y Paaau
Corregido por Micca.F
ealmente amas lo que haces, ¿verdad? —comentó Ari
suavemente, sentada frente a Jai en el pequeño
gimnasio de Michael. Fallon había desaparecido de su
vista y Jai finalmente había declarado el final de su día de entrenamiento.
Pero en lugar de dirigirse arriba para darse una ducha antes de la cena
como siempre lo hacían, ambos se encontraron prolongándolo,
disfrutando de este raro momento a solas. Jai estaba sentado, apoyado
contra la pared junto a las puertas francesas, sus fuertes manos colgando
sobre sus rodillas inclinadas. Por una vez parecía relajado. Él había estado
trabajando muy duro con Ari estas últimas semanas y ella sabía que era
porque él quería que fuera capaz de cuidar de sí misma, en caso de que
no pudiera estar allí para protegerla. Ella ni siquiera quería preocuparse por
ello. No soportaba pensar en ello. Pero tomando placer en ser capaz de
poder estudiarlo de manera ininterrumpida, deseaba que él se preocupara
un poco más acerca de sí mismo y menos por ella. Sus ojos estaban
cansados, se veía un poco más delgado y no se había afeitado en varios
días. Para el momento, sólo estaba cubierto de vello erizado y sexy que le
hacía parecer más viejo, pero en unos días más tendría una barba
completa.
—¿Qué quieres decir? —preguntó él con una leve sonrisa, que parecía
también por disfrutar de la vista de ella acostada de lado a lo largo del
borde de la colchoneta de entrenamiento, con el brazo doblado
sosteniendo su cabeza para que pudiera absorberlo.
—Ser Ginnaye. Un protector. Un guardián.
—Es la única cosa en la que siempre fui bueno.
Una punzada de pesar la golpeó.
—R
248
—Y te he llevado lejos de ello —murmuró, bajando la mirada para no ver su
expresión confirmándolo.
—Todavía estoy haciendo mi trabajo, Ari.
—Sabes lo que quiero decir.
Ante su silencio, no pudo evitar volver a mirarlo. Tenía el ceño fruncido
hacia ella, y podría haberlo confundido con mala cara si no hubiera sido
por la suave inclinación en el lado izquierdo de su boca, que le dijo que
estaba perplejo, no enfadado.
—Ari, es sólo un trabajo.
Ella soltó una carcajada ante eso.
—Nunca habrías dicho eso hace dos meses. Hace dos meses era toda tu
vida.
Su melancolía debe haberse mostrado en su cara porque Jai se levantó
con un gran suspiro sólo para bajar a su lado, sus rodillas inclinadas
curvándose alrededor de la espalda de él.
—Ari, la razón por la que amaba mi trabajo era porque estaba buscando
aceptación. Ahora sé eso.
Atraída por su proximidad, incluso adicta a ella, Ari se reacomodó para
que sus cuerpos estuvieran girados el uno hacia el otro.
—¿Así que realmente estás bien acerca de estar aquí?
Él extendió la mano para tocar su mejilla suavemente, y como si estuviera
hipnotizado por la sensación de ella, se olvidó de lo que estaba a punto de
decir, sus ojos siguiendo las puntas ásperas de sus dedos mientras se
arrastraban en una línea por su mejilla, a través de su cuello, a lo largo de
su clavícula, antes de que poco a poco llegaron a un alto en su esternón.
A estas alturas la respiración de Ari era errática, su pecho subía y bajaba,
deseando que sus dedos se deslizaran más abajo. Sus ojos estaban
pegados a la cara de él, a la espera de su siguiente movimiento.
249
Finalmente, parpadeó, aclarándose la garganta mientras volvía a sí mismo.
Pero sus ojos eran un poco más brillantes que antes mientras él los
levantaba de su pecho para encontrarse con su mirada.
—¿Por qué me estás preguntando esto de nuevo? —Su voz era más
profunda y retumbante—. Te dije cuando me pediste por primera vez que
viniera contigo que haría cualquier cosa para protegerte.
—Eso no quiere decir que no extrañes tu vida de antes.
—Tienes razón. —Estuvo de acuerdo—. Me gustaba mi trabajo. Pero era
indiferente a mi vida. Y cambiaste eso.
No pudo evitar sonreír ante su mirada significativa, mariposas batiendo sus
alas dentro de su pecho en lugar de su vientre.
—¿Sabes qué más ha cambiado?
—¿Qué es?
—Eres mucho más locuaz.
Jai se echó a reír, un sonido suave y áspero que la emocionó. —Locuaz es
una buena palabra.
—Es una buena palabra. Eso es exactamente lo que estaba pensando
cuando anoche la leí en un libro. Estaba, como, no uso esa palabra lo
suficiente. Así que decidí que hoy iba a usarla en una frase.
Él se echó a reír de nuevo, pero la mirada en sus ojos se había vuelto más
seria.
—Eres tan adorablemente rara, lo sabes.
—Buena idea agregar la parte de adorable.
Jai inclinó su cabeza hacia un lado como si estuviera pensando
profundamente en el asunto.
—Sí. Lo fue. Creo que me estoy volviendo bueno con esta mierda de novio.
Ari se echó a reír, sacudiendo la cabeza.
250
—Oh, creo que es posible que tengas que trabajar en ello un poco más.
¿Mierda de novio?
Compartieron sonrisas divertidas hasta que finalmente un cómodo silencio
se apoderó de ellos mientras se miraban el uno al otro.
—Supongo que es mejor que nos pongamos en marcha —dijo finalmente
en voz baja.
Pero Ari no quería irse, y pensaba que él tampoco quería hacerlo.
En lugar de responder a eso, ella se acercó para pasar sus dedos sobre lo
descuidado en sus mejillas.
—Tienes que afeitarte —susurró, amando la sensación de sus pelos erizados
sobre su piel. Era extraño, pero quería besarlo en ese momento sólo para
sentir la quemadura de esos pelos raspando contra su piel. Como si, de
alguna manera, la estuviera marcando como suya.
Jai se había quedado quieto bajo sus dedos, sus ojos oscureciéndose de
una manera que había llegado a reconocer. Hacía juego con su propia
hambre emocionada. Necesitando estar más cerca a él, se deslizó a lo
largo de la alfombra hasta que estuvieron presionados juntos y luego
lentamente curvó su brazo alrededor de su cuello, llevando su mejilla
izquierda a la derecha de él mientras lo acariciaba como un gato, su
barba de dos días restregando su suave piel.
La respiración de Jai sonaba poco profunda en su oído mientras sentía su
brazo deslizarse alrededor de su espalda, sus dedos amasando sus
músculos. Ella giró su cabeza, aspirándolo, antes de presionar sus labios
contra su mejilla, una presión caliente y sensual de su boca en la esquina
de la de él. No había nada inocente en ese beso y el agarre de Jai en ella
se apretó.
—Te extraño. —Ella respiró profundamente.
—Ari... —Jai gimió, pero antes de que pudiera responder ella se apartó,
mordiéndose los labios con anticipación—. ¿Qué? —preguntó, sus dedos
cepillando con patrones perezosos en su columna vertebral.
251
—Quítate la camisa —ordenó ella suavemente, con voz baja y ronca. Le
gustó cómo sonaba, esperaba que fuera suficiente para convencerlo de
ceder a su solicitud. Se mordió el labio más fuerte para detener la sonrisa
que se despertó en su interior mientras los ojos de Jai se estrecharon con
intensidad ante su ronca demanda.
—¿Qué?
—Sólo quiero verte. Te echo de menos. Todo de ti.
—¿Quieres que me quite la camisa aquí? ¿Donde podríamos ser
atrapados?
—Si alguien entra aquí ellos sólo pensarán que estamos entrenando. Te he
visto entrenar sin tu camisa puesta antes.
No parecía convencido, pero como si estuviera decidiendo que quería
satisfacer su antojo de todos modos, Jai se puso de pie con una gracia que
Ari tanto envidiaba y codiciaba. Su gracia fuerte y masculina era una de
las cosas más calientes acerca de él.
Su respiración se volvió más tensa mientras Jai la miraba fijamente. Él
estaba completamente centrado en ella, su mirada nunca vacilando
mientras le ofrecía un pequeño striptease, alcanzando el dobladillo de su
camiseta y levantándolo centímetro a centímetro lentamente hasta que
estaba por encima de su cabeza y luego la descartaba en la alfombra al
lado de ella.
Antes lo había visto sin camisa, pero de alguna manera se había olvidado
con el paso de las semanas justo como... vaya. Estaba pulido y bien
constituido.
Tenía el cuerpo de un guerrero.
Tan caliente.
Agarrándose de su mano, comenzó a levantarse y los dedos de Jai
automáticamente se apretaron alrededor de los de ella mientras la
ayudaba a levantarse. De pie ahora, todavía tenía que inclinar su barbilla
para mirarlo a los ojos.
252
—¿Y ahora qué? —La voz de él era ronca.
—Sólo quiero tocarte.
Sus ojos brillaron y se quedó inmóvil, como si considerara si era o no una
buena idea. Finalmente asintió.
—Está bien.
Emoción pulsaba a través de Ari mientras tentativamente dejaba que sus
dedos cayeran contra su estómago. Se agitó bajo el más ligero de los
toques y sintió un cosquilleo en la parte baja de su vientre ante la forma en
que lo afectaba. Que tenía tanto poder sobre él. Eso hizo que sus
inseguridades sobre su experiencia sexual y su inexperiencia se derritieran.
Sintiéndose más audaz, pasó su mano hacia arriba por el centro de su bien
formado abdomen, trazando los surcos del músculo. Su piel color oliva era
sedosa bajo su tacto, seda sobre acero puro. Había leído eso en alguna
parte de una novela de romance cursi que Rachel le había dado, pero
Dios, hacerlo encajaba. Ella estaba encontrando un poco más difícil
respirar uniformemente mientras su toque alcanzaba sus duros pectorales.
Cuando sus dedos rozaron su pezón Jai gimió y los ojos de Ari volaron hacia
los de él. Estaban ardiendo hacia ella y sintió esa mirada como una
explosión en la parte baja de su abdomen. Animada, respirando
totalmente desigual, se acercó y apretó sus labios contra su pecho,
susurrando besos de mariposa a través de su piel y deleitándose con la
forma en que su pecho había comenzado a subir y bajar con mayor
rapidez.
Algo diabólico se arrastró dentro de ella y su mano dio marcha atrás,
deslizándose lentamente hacia abajo, deslizándose sobre su abdomen
hasta que golpeó la cintura de sus pantalones vaqueros. Al mismo tiempo
que ella le hacía cosquillas con los dedos a lo largo de su abdomen
inferior, Ari le dio un beso sobre su pezón, su lengua tentativamente
moviéndose sobre él.
Jai maldijo, su voz baja y gutural. Él la agarró por los codos y la atrajo hacia
él, pero antes de que pudiera tomar represalias el sonido de pasos
resonando por las escaleras hacia ellos los detuvo. Se congelaron por un
segundo, y luego Jai estaba alejándola de él, dándole la espalda y
253
dejando que su magia crepitara a su alrededor. Una camiseta cubrió la
parte superior de su cuerpo, pero se negó a dar la vuelta.
—¿Casi lista? —gritó la voz de Caroline hacia ellos, y entonces estaba allí,
mirando alrededor del marco de la puerta—. La cena está casi lista.
Jai parecía que aún estaba meditando, mirando por las ventanas
francesas. Ari estaba enrojecida, temblando, pero de alguna manera se
las arregló para lanzarle a Caroline una sonrisa apretada.
—Sí. Justo estábamos terminando.
—Genial —Caroline sonrió hacia ella y se fue después de disparar a Jai una
mirada curiosa.
Escuchó sus pasos desvanecerse y luego se volvió hacia Jai. Él le lanzó una
mirada ilegible por encima del hombro y ella deseaba entender qué
diablos significaba.
—¿Estás enojado?
—No. No estoy enojado. Yo... te quiero. Ahora.
Sonrió, disfrutando la mirada posesiva en sus ojos. —Bueno, eso es bueno,
¿verdad?
—No, Ari —se rió a pesar de sí mismo mientras pasaba rosándola, con
cuidado de apenas tocarla—. Un tiempo y un lugar. ¿De acuerdo? Hay un
tiempo y un lugar.
Apurándose para alcanzarlo, Ari no estuvo de acuerdo. —Bueno, pensé
que era increíblemente caliente. Tal vez el tiempo y el lugar fueron un
factor en ello.
—Tal vez tengas razón. Pero si vamos a poner un freno a esto, entonces no
más de quitarse la ropa.
Aunque poco característico en ella, se encontró haciendo pucheros. —No
me gusta el sonido de eso.
Captó su mirada y se rió, sacudiendo la cabeza.
254
—Amo ese sonido sin embargo —admitió ella, las palabras simplemente
deslizándose fuera antes de que pudiera detenerlas.
Jai se detuvo en la escalera, con un ceño burlón apareciendo entre sus
cejas. Se estaban acercando más al resto de la casa y sus ocupantes,
donde oídos no deseados podrían estar a la escucha, por lo que entendió
por qué la voz de Jai de repente entró en su cabeza.
¿Qué sonido?
Tu risa. Me hace cosas locas.
Sus ojos se abrieron. Ari, respiraba como sin aliento, nadie nunca ha...
Nadie nunca, ¿qué?
Nunca nadie me ha mirado del modo en que tú lo haces. Es humillante…
tener a alguien como tú mirando a alguien como yo de esa forma.
¿Alguien como yo?
Tú lo eres todo, admitió él, con voz cautivadora. Sabes eso, ¿cierto?
Entonces dime que me amas, quería decir ella. En su lugar, asintió. Tú
también lo eres todo para mí. Te miro y olvido que estoy en medio de la
mierda más profunda en la que nunca nadie ha estado.
Jai resopló, sacudiendo la cabeza. Y dices que el poco romántico soy yo.
Se sonrieron juguetonamente el uno al otro y Ari impulsivamente se puso de
puntillas para presionar un beso rápido en sus labios. Ella retrocedió,
acariciándole la mejilla. Necesitas afeitarte.
En respuesta, él se inclinó para besar su frente. Nunca me cansaré de
escucharte decir eso.
El dolor atravesó su pecho cuando Ari tomó aire. Vaya, se sentía como si
hubiera recibido un disparo. ¿Qué había pasado? ¿Dónde estaba Jai?
¿Por qué estaba oscuro? ¿No acababan de estar en la escalera
dirigiéndose a cenar?
255
—¿Jai? —murmuró, extendiendo una mano en la oscuridad hacia él.
—No, Ari, soy yo.
El retumbar familiar de la voz de su tío fue como una llave desbloqueando
los recuerdos desde el momento con Jai en el gimnasio en adelante. El
bosque donde él finalmente le había dicho que la amaba, la escuela
secundaria, el ataque de los Jinn, su madre salvándola, El Rey Blanco
robando a Jai, su pacto con Azazil…
La imagen de Asmodeus se abrió paso haciendo trizas las demás, con su
puño desgarrando fuera de su pecho con la brasa dentro de su mano
cerrada.
Los ojos de Ari se abrieron de golpe con un jadeo.
Cerniéndose por encima de ella estaba el familiar rostro de El Rey Rojo y el
curandero de cabello plateado que le rozaba la barbilla. Él la había
salvado antes. Después del Haqeeqah y luego de nuevo después de que
Dalí le hubiera drenado la sangre.
—¿Rojo? —dijo con voz ronca, con su boca sintiéndose polvorienta, la
garganta seca. Cuando trató de moverse, dolores agudos y ardientes
atravesaron su cuerpo. Sus miembros ya no se sentían tan ligeros… se
sentían… ¿reales? Era casi como si desde hace años hubiera tenido ayuda
para cargar con el peso de ellos y ahora la habían dejado sola para
llevarlo.
El Seal.
La esencia de Lilif…
Se había ido.
—Estoy viva —logró decir, tratando de incorporarse. Rojo la alcanzó para
ayudarla, sus facciones un poco tensas cuando él la haló hacia arriba en
una posición sentada. Había estado yaciendo en un colchón con sábanas
de seda y una montaña de cojines desperdigados. La habitación que
Azazil le había dado.
Todavía estaba en el palacio.
256
—¿Sobreviví?
—Sí. —El Rey Rojo le dio una suave sonrisa y ella juró que vio alivio en su
deslumbrante mirada azul. Tal vez lo hizo. ¿Pero era real?—. Eres tú misma.
Ya no eres el Seal. Sólo Jinn. —Frunció el ceño repentinamente—. Sí, sólo
Jinn. Me había preguntado si, sin el Seal dentro de ti, serías como tu madre,
una Ifrit. Pero todavía no sé lo que eres. O cuán poderosa te ha hecho la
sangre de tu padre. —Su rostro se ensombreció al pensar en Blanco.
Ari apenas registró el diagnóstico de Rojo de su herencia Jinn. Estaba
demasiado ocupada siendo distraída por el dolor que dividía su pecho. Se
estremeció, presionando suavemente las manos sobre el mismo. Estaba un
poco sensible, pero cuando miró hacia abajo, no había cicatrices feas,
sólo carne magullada. Asmodeus había perforado a través de su pecho.
Asqueroso y tan perturbador.
Sin duda iba a necesitar terapia después de esto.
Frotando el lugar, miró de nuevo a Rojo y a su compañero. Azazil le había
dicho que ella podía o no vivir… sus ojos se posaron en el sanador.
—¿Gracias a ti? ¿Sobreviví gracias a ti?
—Necesitabas un poco de ayuda. No creo que hubieras muerto, pero
cuando el Teniente te arrancó el Seal, el trauma causó que tu conciencia
y tu cuerpo físico se separaran. Ellos estaban luchando por volver a
conectarse y lo más probable es que podrías haber terminado en coma si
su alteza no hubiera tenido la precaución de traerme con él.
Llena con demasiada confusión, volteó hacia su tío.
—De nuevo ayudaste a salvar mi vida, Rojo. ¿Qué voy a pensar realmente
de ti, eh? —preguntó con voz temblorosa.
—Por ahora, vamos a suponer que no quiero verte muerta —replicó él con
voz divertida.
—¿Y Azazil simplemente te permitió arreglarme?
—De todas formas no creo que le importara lo que ocurriera. Él dejó que tu
destino se desarrollara por sí mismo…
257
—Entonces, ¿puedo irme ahora? —Estaba agotada sabiendo que el Seal
ya no estaba dentro de ella, que no había ninguna razón para que los Jinn
quisieran tener nada más que ver con ella y estaba… bueno, sería un
eufemismo decir que estaba aliviada—. ¿Podemos encontrar a Jai y a
Charlie, y correr la voz de que el Seal está definitivamente de regreso en el
cuello de Asmodeus?
—Le hiciste una promesa a mi padre de que te quedarías aquí de forma
indefinida, Ari. Tenemos que saber si él tiene la intención de hacerte
mantener eso. Déjame hablar con él mientras Kit aquí te revisa de nuevo y
te da algo de comer. Necesitarás tu fuerza si mi padre permite que te
vayas.
Oh, él permitirá que me vaya, gruñó interiormente. Ella le había sacado un
juramento de que él le concedería un favor. Pero primero dejaría que Rojo
hablara con él. No tenía sentido agotar su boleto de oro por el momento.
—Está bien.
Cuando él se fue, Ari volteó hacia el sanador.
—Así que… ¿Kit? Ese es un nombre inusual… por aquí de todos modos.
Él le sonrió, sin verse mayor que ella.
—Mi madre es fanática acérrima de Christopher Marlowe, pero pensó que
el nombre Christopher era de plebeyo, así que en cambio me puso su
apodo.
Ella sonrió agradecida hacia él.
—Gracias, Kit. Una vez más.
—No hay de qué.
—¿Entonces eres de Inglaterra?
—¿Fue el acento lo que me delató? —bromeó.
—Oh, sólo un poco.
258
—Sí. Soy de Inglaterra. Vengo de una larga línea de Jinn que tienen
habilidades especiales cuando se trata de curación. Cuando mi madre se
dio cuenta de la total magnitud de mis dones, pidió una audiencia con el
Rey Rojo y me ofreció a su servicio.
—¿Tu madre te puso deliberadamente en medio de toda esta mierda? —
dijo Ari bruscamente.
No fue correcto decir eso. El rostro de Kit se cerró.
—Se considera un gran honor ser elegido como curador personal de un
Rey Jinn. Nadie en mi familia ha trabajado para una corte real durante
siglos.
Ella gimió, restándole importancia a su actitud defensiva.
—No entiendo a tu gente.
Decidiendo ignorar eso, Kit la alcanzó.
—Basta de hablar de mí. Ponte de pie. Veamos si estás bien.
Él la hizo mover sus extremidades alrededor, en busca de cualquier signo
de lesión que no pudiera ver o sentir. Pero, aparte de sentirse
increíblemente cansada, estaba bien. De hecho, pensó, tocando el lugar
en su pecho donde ella solía sentir esa oscuridad enroscada, tal vez
estaba más que bien. Experimentando, se concentró en el hecho de que
Jai todavía estaba desaparecido, y que Charlie le estaba pisando los
talones a la Labartu. Se sintió enojada, frustrada y un poco desesperada…
Sin embargo, la rabia oscura ya no estaba allí. Esa necesidad inmediata de
castigar y subyugar había desaparecido.
Se hundió con alivio, lágrimas escociéndole los ojos. No sólo era un alivio
saber que Lilif había desaparecido de ella, y que ya no tenía el tipo de
poder por el que la gente mataría, también estaba aliviada porque en
medio de todo, había comenzado a dudar de cuales sentimientos eran
realmente suyos. Era bueno saber que ella estaba un poco más unida de
lo que Lilif estaba.
Tal vez mucho más, ella se estremeció, pensando en algunas de las viles
cosas que Lilif había puesto en su cabeza, la sensación de su furia en sus
259
venas y el sabor de ésta en su lengua. Esa mujer era apocalípticamente
mala. Sólo podía esperar que toda la caballería de Blanco y todos sus
hombres no pudieran reunir a Lilif de nuevo.
—Aquí —ofreció Kit amablemente, sosteniendo un plato de lo que parecía
caldo—. Te dará un poco de energía.
—Gracias. —Ari lo tomó—. Por todo.
Él inclinó la cabeza en reconocimiento de su gratitud, las plateadas hebras
de su cabello brillando en la tenue luz. Se sentaron juntos en silencio
mientras terminaba su caldo.
Él tenía razón. Ella se sentía mejor.
Apenas había puesto el cuenco en el suelo junto al colchón cuando el
familiar silbido y crepitar de las llamas marcó la llegada de alguien a través
del Peripatos.
Asmodeus salió, vestido todo de negro, con el Seal colgando de una fina
cuerda de cuero negro alrededor de su cuello. A diferencia de la réplica
que había llevado antes, el anillo real palpitaba con una energía invisible
que atraía la atención de cualquier Jinn lo suficientemente fuerte como
para sentirla. El Marid le echó un vistazo a Kit mientras su corazón palpitaba
por estar de nuevo en su presencia. Se sintió enferma de miedo y para su
sorpresa las palmas de sus manos estaban sudando. Era extraño que un
Jinn pudiera sudar incluso cuando no sentían los cambios de temperatura.
Debía ser algo nervioso.
Nervioso, Ari soltó una carcajada. Trata con aterrorizado.
Se le había ocurrido de pronto que el tener el Seal en su interior había
disminuido su miedo en situaciones como éstas… el poder que había
ejercido era un escudo entre ella y cualquiera que pudiera hacerle daño.
Ahora eso se había ido. Estaba sólo ella y su poder normal de Jinn y el
entrenamiento que Jai le había dado.
—Déjanos —le ordenó Asmodeus a Kit, una orden común y no proveniente
del Seal, a la que Kit, a pesar de que sus ojos estaban muy abiertos por el
miedo, negó con la cabeza.
260
—Su Alteza, el Rey Rojo, me pidió que protegiera a la joven en su ausencia.
Sigo sus órdenes, señor, no las suyas.
Ari miró al sanador. Dios, era valiente.
Asmodeus dio un paso amenazador hacia Kit y Ari automáticamente se
interpuso entre ellos, sosteniendo una mano en alto para detener a
Asmodeus. Con el corazón aporreando contra su caja torácica, le lanzó a
Kit una mirada suplicante por encima del hombro. No quería que él
resultara herido. Ve a buscar a Rojo, le dijo telepáticamente.
Por un momento, no creyó que fuera a obedecer, pero después de un
segundo de vacilación, asintió y salió corriendo de la habitación antes de
que Asmodeus pensara en detenerlo.
Estaba sola con el Teniente.
Enderezó los hombros. Puede que ella ya no tuviese el Seal, pero todavía
se negaba a ser intimidada.
—Todavía autosacrificándote tontamente, ya veo —se burló él.
Lo fulminó con la mirada, cruzando los brazos sobre el pecho
defensivamente. Se sentía como si hubiera llegado a conocer a Asmodeus
en las últimas semanas y mostrarle a él su temor sólo lo irritaba.
—¿Este es otro autosacrificio? ¿Has venido a intentar matarme de nuevo?
—Oh, no te preocupes, Ari, si te quisiera muerta, ya lo estarías.
—Entonces, ¿qué quieres?
—Un poco de gratitud tal vez. —Él le dirigió una sonrisa maliciosa, y dado
que era la primera sonrisa en sí que alguna vez le había dado, se dio
cuenta de que sus blancos dientes estaban ligeramente torcidos,
añadiendo un cierto encanto imperfecto a su belleza que ella deseaba
que no lo hiciera—. Te salvé del venenoso poder de Lilif.
Mirándolo cuidadosamente, lo consideró. Él parecía diferente. Un poco
más ligero. ¿Más feliz? No. No más feliz. No creía que fuera capaz de ser
“feliz”, pero sin duda carecía de su habitual pesimismo. ¿Era el Seal
261
alrededor de su cuello? ¿El tener la esencia de Lilif cerca de él estaba
afectando un poco el equilibrio en su interior?
—Me habrías puesto en un coma si Rojo no hubiera llegado con su sanador
—le dijo bruscamente en respuesta, con el recuerdo de su disculpa
cuando él le había arrancado el Seal haciendo que su voz se extinguiera
en la última palabra. ¿Realmente se había disculpado? Y si así era… ¿por
qué?
—Sin embargo, dejé que te sanara —argumentó Asmodeus—. Pude
haberlo detenido, pero no lo hice.
—Que generoso de tu parte. ¿Y por qué fue eso, exactamente? ¿Pensé
que era demasiado “peligrosa” para estar alrededor?
Él dio otro paso hacia ella y Ari se negó a retroceder.
—Eres tan joven. Realmente sólo una niña —murmuró—, pero he vivido lo
suficiente para reconocer una complicación cuando la veo, y tú eres una.
—¿Una complicación?
Él asintió, una sonrisa cruel torciendo sus labios bien definidos.
—Tienes la inusual belleza de tu madre, pero incluso más fuerte que ella.
Luchas incluso cuando estás asustada, incluso cuando no deberías. Tienes
integridad. Tienes carácter.
Intentando no sonrojarse bajo su apreciación, su cuerpo dio un involuntario
paso hacia atrás como si sintiera algo que ella no.
—¿Pensé que esas cualidades eran las que despreciabas?
—Por el contrario. —Su voz se hizo más grave y profunda y Ari tembló ante
la sensación de caricias en su piel—. Siempre estoy intrigado por personas
como tú.
—¿Por qué?
—Porque me recuerdas a cómo fui yo una vez.
262
Simpatía no deseada creció en su pecho e intentó mantener esa emoción
escondida de su voz mientras respondía:
—¿No puedes volver a ser así?
Asmodeus sonrío.
—Tan inocente. No, Ari. No puedo. Desde que perdí a Lilif, he hecho cosas
que cambiaron mi alma. No hay vuelta atrás.
—No, no hay vuelta atrás —Estuvo de acuerdo—, pero puedes ir adelante.
Puedes intentar ser más como el viejo Asmodeus. Por lo que vi, él era sabio
y a veces, incluso amable…
Su mirada oscura se intensificó, el silencio entre ellos se hizo incómodo. Se
preguntó frenéticamente en dónde estaba Rojo.
—Ves —murmuró Asmodeus, tomando otro paso hacia ella—, una
complicación.
Con el pecho apretándose con pánico ante su proximidad, levantó una
mano para detener su avance hacia ella.
—¿Qué quieres, Asmodeus? ¿Por qué estás aquí?
Esos ojos suyos flamearon y conocía esa mirada. La había visto antes en
Charlie y luego en Jai. La mirada de Charlie había llegado demasiado
tarde y la de Jai siempre había sido bienvenida. La de Asmodeus
definitivamente no era bienvenida, a pesar del deslizar de su corazón y el
extraño halago de que un inmortal como Asmodeus pudiera quererla de
esa forma.
—Un pequeño pajarito me dijo que te ibas. —Se acercó aún más—. Azazil
está permitiéndote regresar al reino mortal. No quería que te fueras sin una
despedida apropiada. —Se detuvo ahora, su pecho a centímetros de la
cara de ella y Ari tuvo que inclinar su cabeza hacia atrás para encontrar su
mirada. Su energía crepitó a su alrededor y no pudo negar la desleal llama
de atracción entre ellos.
Pero eso era todo lo que era, se recordó. Era todo lo que sería alguna vez.
Carraspeó.
263
—Adiós entonces, Asmodeus. Diría que ha sido un placer, pero ambos
sabemos que sólo estaría apaciguándolo.
Él le sonrió ante eso y saltó cuando él extendió su mano para tocar su
mejilla, sus largos dedos rozando a lo largo de su mandíbula antes de
detenerse para tomar su mentón un poco demasiado firme.
—Esa no es la clase de despedida que tenía en mente.
Desesperada por detenerlo, dijo lo primero que le pasó por la mente.
—Sabes que eres técnicamente el hermano de mi abuela.
Él rió de nuevo.
—Hay siglos de sangre entre tú y Lilif. Esa distancia significa algo para los
Jinn, no pensamos como los mortales con sus cortas vidas y extrañas
estructuras sociales, especialmente cuando todo lo que quiero es un beso
de despedida.
—Puedes olvidarte de ello —espetó, intentado alejarse. Pero Asmodeus la
sostuvo firmemente, sus ojos aun riéndose de ella.
—Es sólo un beso, Ari. El Ginnaye no necesita saberlo nunca.
—Yo lo sabría. —Ella sacó su mentón de su agarre, pero él era rápido, sus
brazos como bandas alrededor de su espalda, presionándola contra él.
—Tan malditamente honorable.
—Déjame ir.
—Bésame.
—No.
Sus ojos se entrecerraron y los de ella se ampliaron mientras la parte cobriza
del Seal alrededor del cuello de él comenzó a brillar. ¡No! ¡Ese hijo de perra!
—Pensé que dijiste que no necesitabas forzar a las mujeres, Teniente —dijo,
su pánico visible en su expresión mientras miraba al Seal.
264
—No he casi asesinado a la mayoría de las mujeres que quiero en mi
cama, así que estoy pensando que quizás necesites un leve empujón.
Bésame —ordenó él.
Ari se congeló, incredulidad corriendo en su sangre.
Ella sintió… nada.
—¿Haz eso de nuevo? —susurró ella y sintió los brazos de Asmodeus
relajarse y su mirada se llenó de entendimiento.
—Bésame —comandó él con más fuerza.
Ari lo empujó y él dio un paso atrás, sorprendido.
—No funcionó. —Sonrió triunfante—. No funciona en mí.
Asmodeus la hizo saltar con el abrupto chasqueo de sus dedos.
Inmediatamente, a continuación del gesto, llegó un ligero toque en la
puerta. Se abrió ante su orden y un hombre Shaitan entró.
—¿Sí, maestro? —preguntó él, sin mirar al Teniente. Era algo que todos los
sirvientes hacían por respeto al Sultán, sus hijos y Asmodeus.
Él avanzó hacia el Shaitan, todo su cuerpo tenso y Ari repentinamente se
sintió muy inquieta.
De la nada, el Marid produjo una daga corta y curvada y se la entregó al
Shaitan.
—Corta tu garganta con esto —ordenó.
Los ojos del Shaitan se ampliaron con horror pero con una mano
temblorosa, alcanzó la daga.
—¡No! —gritó Ari, corriendo hacia ellos.
Era demasiado tarde.
La hoja se deslizó por su piel, derramando sangre y el sordo golpe de su
cuerpo colapsando en el piso, hizo eco alrededor de la habitación tras el
grito de Ari.
265
Con la mirada borrosa por la conmoción, la garganta apretada con
impotencia, Ari vio a Asmodeus girarse hacia ella con el ceño fruncido.
—Bueno, sabemos que el Seal funciona.
—¿Por qué? —espetó con disgusto—. ¡No necesitabas asesinarlo!
Él ignoró su reproche y avanzó hacia ella con violencia en sus ojos. Incluso
aunque todo su cuerpo estaba temblando de miedo y repulsión por lo que
él acababa de hacer, se mantuvo firme. Él afirmó su brazo izquierdo en un
agarre doloroso, llevando su cuerpo hacia el de él.
—¿Cómo es posible? —Respiró enfadado—. ¿Cómo puedes resistirte a la
orden del Seal?
—Quizás de la misma forma en que tú puedes —respondió agresivamente,
odiándolo en ese momento y deseando estar muy, muy lejos de él.
Deseo estar cerca de la protectora, confortable presencia de Jai.
—Tuviste el Seal alrededor de tu cuello durante siglos y yo lo tuve dentro de
mí durante dieciocho años. Figúrate.
Los ojos de él brillaron peligrosamente.
—Ahora no te irás de aquí.
—¿Por qué? —siseó, tirando de su agarre—. ¡Claro que no! —Ellos no la
estaban manteniendo aquí.
El crepitar de llamas fue un bienvenido sonido mientras Rojo salía del
Peripatos. Su mirada se oscureció ante la vista de Asmodeus acosándola.
—Déjala ir, Asmodeus.
—El Seal no funciona contra ella. No se puede ir hasta que yo sepa por
qué.
—Estás equivocado. —Rojo avanzó en un borrón por la habitación, su
cuerpo llegando junto a ellos mientras empujaba ferozmente a Asmodeus
lejos de ella, su propia mano amable alrededor de su muñeca mientras la
presionaba detrás de él.
266
—Azazil ya ha dado su palabra de que su promesa de quedarse se ha
cumplido. No puedes mantenerla aquí a menos que ella quiera.
Rojo disparó una mirada sobre su hombro.
—¿Quieres quedarte aquí?
—Demonios, no —gruñó ella.
Sonriendo triunfante, Rojo volvió a encarar a Asmodeus.
—Apesta ser tú ahora mismo.
Ari bufó, sintiendo un pequeño triunfo sobre Asmodeus y su aparente
crueldad sin límites.
—Esto no ha terminado —prometió él, inmovilizándola en la pared con los
ojos. Sintió un miedo familiar en su estómago. Honestamente, por un minuto
pensó que estaba libre de todas las cosas Jinn.
Después de otro movimiento amenazador por parte de Rojo, el Marid salió
de la habitación, la puerta golpeándose tras él. Los ojos de Rojo cayeron
en el Shaitan muerto.
—Lo siento —susurró Ari—, no pude detenerlo a tiempo.
Rojo movió una mano y el cuerpo simplemente desapareció. Se giró hacia
ella viéndose despreocupado. Eran todos tan insensibles, pensó
desesperanzada. La vida del Shaitan no significaba nada para ninguno de
ellos.
—No es tu culpa. —La estudió por un momento—. ¿Puedes resistirte a la
orden del Seal?
—Sí, así parece.
—Bueno. —Frunció el ceño en preocupación—. Intentaremos mantener
eso en silencio. Puede traernos problemas. ¿Estás lista para irte?
—Definitivamente. —Volvió a mirar hacia donde el Shaitan había sido
asesinado. ¿Era eso lo que esta vida te hacía? ¿Te volvía tan
267
acostumbrado a la violencia y a la muerte que un cuerpo era sólo eso? Un
caparazón. ¿No una vida?
Rojo de pronto parecía incómodo, sus ojos encontrando difícil mirar los
suyos.
—Mi padre dio a entender que la tribu de Jai puede saber cómo
encontrarlo.
Alivio y esperanza la golpearon, sacándola de los pensamientos
depresivos.
—Eso es fantástico. Vamos.
—Ari, espera. —Rojo apretó el puente de su nariz, su mirada casi ansiosa—.
Saqué a Cristal de su asignación para ayudar a Charlie a encontrar al
Labartu. Lo dejamos en un motel en Houston, sabiendo que no sería capaz
de encontrarla por sí mismo a tiempo.
Atónica por las noticias, Ari respondió suavemente:
—Lo agradezco. Pero eso no significa que te perdono. O confío en ti.
—Yo no… —Dejó salir un suspiro exasperado—. Eso no es lo que estoy
intentado decirte. Mi padre no está feliz de que no haya completado la
asignación. Está arreglando que Charlie encuentre a Akasha.
El miedo estaba de regreso.
Ari respiró, temblando.
—Como venganza.
—Es como él trabaja.
—Está bien…
—Sin embargo… también me preocupa que Blanco, si se entera de que ya
no eres el Seal, tome esa noticia contra Jai de una forma sangrienta y mi
padre ha abandonado su protección a su alrededor.
La desgarradora comprensión apareció.
268
—Estás diciendo… estás diciendo que tengo que elegir a quién rescataré
primero y a quien sea que elija después, ¿puede morir antes de que yo
llegue ahí?
Él asintió, sus ojos azules llenos de arrepentimiento.
—No puedo ayudar a Charlie, Ari. Mi padre puede hacer algo peor en
venganza.
—Oh, Dios. —Piensa. Piensa—. ¿Qué hay de mi mamá? —Se aferró
desesperadamente a la idea—. ¿No puede ella ayudar a Charlie?
Rojo negó con la cabeza rotundamente.
—No puedo… no la pondré… en esa clase de peligro. Blanco puede
encontrarla y si lo hace…
—Está bien —susurró—, lo entiendo. —Dejó salir un suspiro y asintió,
tomando una decisión—. Necesito hablar con los Roes. ¿Puedes al menos
hacer eso? Son la mejor apuesta por ahora.
Rojo asintió como si estuviera esperando esto.
—Has hecho una elección. Los estás enviando a ellos tras Charlie. Irás tras
de Jai.
Ari sintió lágrimas de vergüenza cerrar su garganta.
—No estoy orgullosa de eso. Pero sí.
—Lo siento, Ari.
Sus ojos ardieron ante el pensamiento de las posibles consecuencias de su
elección.
—Yo también.
269

Esos viajes continuos de perder y encontrar están
cansando mi alma
Traducido por Vanehz y rihano
Corregido por Akanet
uántos días han pasado hasta ahora? ¿O han sido sólo horas?
Peor, ¿habían sido semanas? ¿Meses?
El sofocante negro era un perverso vacío, al igual que un lienzo en blanco
ante un artista, tentaba a su prisionero a llenar la negrura con imágenes;
imágenes de Ari, de su padre, de su madre sin rostro. Los recuerdos se
burlaban de Jai. Los miedos lo sofocaban así como imágenes del cuerpo
muerto de Ari continuaban flotando por la oscuridad.
Ante esto había gritado a su captor para que lo dejara ir, hasta que su voz
se volvió ronca. No podía sentir a Ari en el rastreo. La botella apagaba
mucha de la energía de Jai. Esperaba que esa fuera la causa y no que Ari
estuviera…
El no saber si estaba viva era la peor parte de todo esto. Si alguna vez salía
de la botella en que había sido atrapado sólo para descubrir que Ari se
había ido…
… Jai no podía respirar.
¿Cómo regresaría de eso?
Su dulce sonrisa llenó la oscuridad, y Jai frotó su mano sobre su pecho
donde quemaba. ¿Así que esto era amar a alguien profundamente?
Pensar en sus captores trajo lágrimas de furia a sus ojos, lágrimas que no se
había permitido desde que era niño. Estaba herido por el conocimiento de
quienes eran, la gente que se suponía que lo protegía. Estaba destruido
por la verdad de que debería haber tomado su propio consejo mucho
¿C
270
antes y mantener su distancia de Ari. No quería amar a nadie con esta
intensidad. Nunca.
Ahora era demasiado tarde. No había vuelta atrás. No podía alejarse de
ella ahora incluso si sus instintos de supervivencia le decían que debería.
Tenía que salir de allí. Tenía que salvarla…
El piso a cuadros blancos y negros de la casa Bitar le recordaba
demasiado a un tablero de ajedrez. El robo de Blanco, robándole a Jai,
era una burla, igual que la vez anterior, cuando había matado al padre
adoptivo de Ari, Derek. “Jaque mate”
Bastardo.
El dolor se ondulaba sobre ella de nuevo, golpeándola como lo hacía
cuando menos lo esperaba. Una rabia que no había sentido contra Sala
desde que la conoció, la devoraba. Había destruido la vida de Derek. Lo
había puesto en peligro. Y peor, había amado a Sala y nunca realmente
amó a Ari por ello.
Echando a un lado esos indeseados y feos sentimientos, Ari escuchó
mientras los pasos hacían eco por el pasillo hacia ella, un taconeo,
haciendo a su estómago anudarse con pavor. Genial. Nicki Bitar. Como si
Ari realmente quisiera pedirle ayuda a esa psicópata.
Ni siquiera tenía a Rojo a su lado para presionar a la malvada madrastra.
Estaba fuera actuando como mensajero, haciendo la única cosa que
podía para notificar a Michael Roe del paradero de Charlie. Solo podía
esperar que fueran capaces de usar sus recursos para encontrarlo y
detenerlo.
Nicki entró en su visión, su oscura belleza irlandesa tan odiada para Ari que
tenía la absurda urgencia de rastrillar sus uñas por el rostro de la bruja. Ari la
odiaba por lo que les había hecho a Jabi y ella sabía que ni siquiera
conocía la mitad de la crueldad que había cometido contra él. Nicki se
detuvo a unas casillas de Ari, su bonita boca retorciéndose en una mueca.
271
—¿Qué quieres?
—Quiero hablar con Luca.
—No está en casa.
Mierda. Inquietándose, tratando de no sentirse en pánico, Ari se preguntó
si solo podía negarse a irse hasta que regresara. Sabía que podía confiar
en el sentido el honor de Luca al menos para ayudarla a encontrar a Jai,
¿pero Nicki? Era una vaca sin corazón cuando se trataba de su hijastro.
—Jai ha sido secuestrado —chasqueó—. Tengo razones para creer que
Luca puede ayudarme a encontrarlo.
—¿Ayudarte cómo? —Nicki sacudió su cabeza, sus ojos entrecerrándose
con odio amargo—. No hay forma de que traigamos a nuestra tribu a esta
guerra por un pedazo de escoria.
—Cuida tu boca —dijo Ari con un gruñido, dando un paso amenazador
hacia ella. La satisfacción vibrando a través de ella cuando Nicki se
encogió y dio un paso atrás. Como si estuviera asustada.
Por supuesto. Se burló Ari. Ella aún creía que Ari era el Seal.
Antes de que alguna de ellas pudiera decir otra palabra, la gran puerta
doble de la entrada atrajo su atención mientras una de las puertas osciló
abierta. Luca Bitar entró, su apariencia sorprendentemente desaliñada.
Lucía cansado. Se detuvo ante la visión de Ari delante de él, sus ojos
ampliándose con alivio, parecía.
—Luca. —Nicki marchó pasando a Ari hacia él, su voz alta con sorpresa—.
¿Qué haces en casa tan temprano?
Él le disparó una mirada de odio.
—¿Por qué no llamaste para dejarme saber que Ari estaba aquí?
—Acaba de llegar. Iba a hacerlo.
—Mentirosa —siseó Ari.
Luca se quitó la mano de su esposa del brazo y se apresuró al lado de Ari.
272
—Lo tenemos, Ari.
Su boca cayó abierta con sorpresa, su estómago volando. No es lo que
había estado esperando que dijera.
—¿Qué? —Exhaló con incredulidad, horror y esperanza.
—El Rey Blanco me ordenó colocar a Jai en una botella donde Teruze
puede velar por él en la habitación del tesoro.
Sus palabras estaban apenas fuera de su boca y Ari estaba girando, lista
para volar a la habitación donde Luca mantenía todo tipo de artículos
preciosos. Su firme agarre se cerró en su muñeca, girándola de regreso
para encararlo.
—Ari, Teruze es muy viejo. Te matará si te atreves a tratar de liberar a Jai de
su encarcelamiento.
—¡Entonces libéralo! —gritó Ari, la furia y disgusto por él, ardiendo en sus
ojos. ¡Jai era su hijo! ¿Cómo podía hacerle esto? Su mano se curvó en un
puño y se tuvo que detener físicamente de golpearle en la boca.
—No puedo —se defendió, sin parecerse en nada al hombre que había
llegado a conocer y aborrecer. Parecía mucho más viejo de lo que solía
ser—. Sólo yo puedo ordenar a Teruze que retroceda y sólo yo puedo soltar
a Jai, pero El Rey Blanco prometió que destruiría a toda mi Tribu si,
voluntariamente, libero a Jai. Sé que he tomado decisiones con las que no
estás de acuerdo con respecto a Jai. Sé que mi hijo y yo no somos
cercanos, pero Ari, nunca deseé esta clase de infierno para él. Estar
atrapado en una botella, es como estar prisionero en un agujero. Por
semanas. Yo… he estado esperando para que tú o El Rey Rojo se
mostraran y me ordenaran dejarlo ir. Es la única forma de evadir mi
juramento al Rey Blanco. Ari.
Le pellizcó el brazo desesperadamente.
—Aún es mi hijo. Tienes que creerme cuando te digo que nunca quise esto.
Ordéname que lo libere. ¡Ordénamelo!
—No puedo —respiró dificultosamente—. Asmodeus me arrancó el Seal.
Ahora él lo tiene.
273
—¿QUÉ? —El bajo rugido de Blanco rodeó toda la mansión mientras
caminaba fuera del Manto, avanzando hacia Ari con oscuras preguntas
en sus ojos. Por un momento estuvo sorprendida de que no lo hubiera
sentido ocultándose allí, y entonces se dio cuenta… que ya no era más el
Seal. Ya no tenía el donde detectar a un Jinn ocultándose en el Manto.
¡Mierda!
—Me preguntaba cuál era el truco, por qué pretendías no sentirme
ocultándome en el Manto. ¿Qué está pasando?
Luca hizo un intento valiente de pararse entre Ari y Blanco, pero el Rey Jinn
apenas lo miró mientras barría su mano, enviando a Luca con manos
invisibles a golpearse hacia atrás contra uno de los feos portarretratos de
Nicki. Nicki hizo un sonido ahogado de angustia mientras corría al lado de
Luca y Ari apenas registró la proximidad de Blanco mientras esperaba los
signos de vida del padre de Jai. Cuando gruñó, Ari se hundió con alivio.
Cuando liberara a Jai, la última cosa que quería decirle era que su padre
estaba muerto.
Asegurándose de que Nicki lo cuidara, Ari se giró para encarar a Blanco.
Un sentimiento de deleite, de triunfo, la sobrecogió mientras asimilaba la
furia real de su padre. La fría, cuidadosa expresión en blanco que había
adoptado como máscara perenne, finalmente se había deslizado. Estaba
sintiendo algo.
Bien.
Había tomado demasiado de ella.
Era bueno saber que lo había superado por una vez.
Sintiéndose como si estuviera parada bajo la pesada respiración de un
dragón, Ari trató de no encogerse cuando él dio otro paso más cerca.
—Jugaron contigo todo el tiempo. —Se burló de él suavemente—. Azazil le
dijo a Asmodeus que dejara a Sala seducirlo porque sabía lo que
planeabas y quería que lo hicieras.
—Mentirosa —gruñó, pero algo vaciló en el negro de sus ojos, ¿como si
pensara que había oído esto antes? Ari entrecerró los ojos con sospecha
274
mientras Blanco daba otro paso hacia ella—.¿Por qué Azazil querría el Seal
en forma humana?
Cansada de su demente y obstinada fe ciega en Lilif, Ari se preguntó si la
verdad finalmente había sacado a golpes algo de sentido en Blanco.
—Lilif realmente quiere El Después. Lo sabía. El Seal es realmente la esencia
de tu madre. ¿Lo que has estado buscando? La tuviste siempre hasta que
lo usaste para fecundar a mi madre.
Sus ojos se entrecerraron y Ari esperó un momento para asegurarse de que
no iba a arremeter contra ella antes de decidir continuar.
—Azazil pensó que poner el poder de Lilif en un Jinn a través de nacimiento
natural quizás le proveería con un Jinn con su poder, pero carente de su
locura. Que de alguna manera traería el balance de vuelta. Pero le salió el
tiro por la culata. Empecé a tener todas esas visiones. Eran los recuerdos de
Lilif. Su esencia, no es sólo su poder. Realmente es ella. Y estaba tratando
de tomar el control de mi cuerpo. Y esos recuerdos… te vi. Jugaba
contigo. Ella dejó… —Ari se ahogó cuando su gran mano se disparó y se
envolvió en su garganta. La arañó en pánico mientras la levantaba del
suelo, su peso era nada para él mientras la sostenía cera.
—Mientes —gruñó—. Te han envenenado con sus mentiras. Plantaron
semillas, visiones, dudas. —La sacudió como una muñeca rota y Ari sintió
sus ojos rodar hacia atrás en su cabeza.
—Ordéname que haga algo.
¿Cómo podría? Jadeó, sus uñas clavándose en su mano, sus piernas
pateando hacia él.
Abruptamente la soltó y ella cayó sobre sus rodillas tosiendo y escupiendo
mientras trataba de recuperar el aliento.
—¡Ordéname!
—No puedo. —Logró decir con voz ronca.
—¡Ordéname, Ari!
—¡Te ordeno que te calles! —gritó, su voz chasqueando con las palabras.
275
Estuvieron todos en silencio un momento y Ari se arriesgó a mirar hacia
Luca y Nicki. Luca estaba sobre sus pies ahora, Nicki parada
protectoramente a su lado. Ari captó la confusión en su expresión. Quería
ayudar, pero el hacerlo solo podía perjudicar a su Tribu. Dio una pequeña
sacudida con su cabeza para dejarle saber que sabía que quería que se
quedara fuera de esto.
—No funcionó —respondió Blanco, su voz muy baja con incredulidad—. No
funcionó.
Mientras estaba allí parado con horror, Ari consideró la forma más rápida
de pasarlo hacia el cuarto del tesoro. Justo cuando estaba reuniendo los
nervios para pasarlo rápidamente, Blanco volvió su mirada hacia ella, sus
ojos opacos con acero blanco.
—Entonces ya no tienes uso para mí —anunció suavemente, pero las
palabras estaban mezcladas con la más calmada furia que Ari había oído
alguna vez.
La amenaza la atravesó y Ari rápidamente lanzó sus manos al aire,
convocando sus poderes justo a tiempo para bloquear el rayo de magia
que había disparado en su dirección. Este rebotó en la protección que
había creado y Ari se apartó de él a velocidad Jinn.
Él era más rápido.
Mientras tomaba forma corpórea, el borroso rastro de humo en que se
había convertido se solidificó de nuevo sobre ella, una mano envuelta
alrededor de su garganta otra vez y los ojos de Ari se abrieron
completamente mientras Blanco arrastraba su cuerpo hacia la puerta de
entrada de la mansión, su cuerpo colgando indefenso otra vez. No había
nada en los ojos de él. Nada de nada.
Ari forzó su magia a través de sus dedos mientras sujetaba la mano que la
ahogaba, enviando un dolor afilado como cuchillos en su mano, bajo su
brazo y en su cuerpo, como arañas de energía virulenta teniendo como
objetivo su corazón. Transpiraba por la energía que le tomó disparar toda
su magia defensiva contra él, y aun así no tuvo efecto.
276
Sintió su llama mágica irse mientras sus habilidades, de lejos más
poderosas, la abrumaban.
Él era un rey Jinn inmortal después de todo.
Y ella iba a morir.
Ari se pidió no llorar por el pánico. No iba a irse de esa manera. No después
de todo lo que él había hecho. Él merecía, incluso si ella era la que moría,
sentir como si él hubiera perdido.
Jaque mate, ella le envió telepáticamente alto y claro, su voz presentaba
una extraña mezcla de presumida aceptación.
Mientras se miraban a los ojos, mientras miraba a la cara de su
monstruosamente cruel padre, mientras su respiración comenzaba a
volverse más tensa, y puntos negros comenzaron a empujar en la esquina
de sus ojos, Ari podría haber jurado que la falta de emoción sangró de los
ojos de él. Ellos se abrieron un poco, como si la reconociera.
Su apretón comenzó a aflojarse y Ari sintió una ráfaga de aire arrastrarse
hacia su tráquea mientras una explosión de llamas se podía oír desde más
allá de ellos.
Blanco se estremeció, su cuerpo sacudiéndose, su mano soltando a Ari
mientras él hacia un sonido gutural de dolor. Ari se estrelló contra el suelo
con un golpe duro mientras Blanco se daba la vuelta sobre ella para
enfrentarse a su atacante. Tosiendo, luchando por aspirar aire por su
garganta herida, Ari miró a través de la cortina de su cabello y se congeló
con consternación absoluta.
Sala.
El poder de la Haqeeqah en las manos de Sala azotaba sus largos rizos
oscuros detrás de ella, ondeando hacia atrás la tela de su vestido de seda
azul dramáticamente. Sus ojos eran salvajes sobre Blanco mientras él daba
lentos y calculados pasos hacia ella.
—Tú nunca lastimarás a mi hija otra vez —siseó Sala, enfurecida, su pecho
subía y bajaba rápidamente con la emoción.
277
—Mamá —graznó Ari, tambaleándose hasta ponerse de pie—. Sal de aquí
—suplicó.
—Tú sal de aquí —le dijo Sala en respuesta con desesperación—. Él no se
detendrá hasta que te mate. No voy a dejar que eso suceda. Ahora busca
a Jai y sal de aquí. ¡Ahora!
—No. —Ari soltó, el recuerdo del apretón de Blanco aflojándose alrededor
de su cuello desgarrándola. ¡Ella estaba más segura con él de lo que Sala
lo estaba! ¡ROJO! Ari lanzó telepáticamente tan poderosamente como
pudo. ¡ÉL TIENE A SALA!
Como si sintiera el poder que ella acababa de desatar en su llamada de
auxilio, Blanco le lanzó una mirada peligrosa por encima de su hombro.
Utilizando ese momento de distracción Sala arrojó el Haqeeqah.
Blanco se movió.
En un borrón de humo, él estaba al otro lado del vestíbulo en milisegundos,
la Haqeeqah volando la pared a centímetros de Ari, la magia filtrándose
en las molduras. Comenzaron a desmoronarse, los ladrillos comenzaron a
cambiar.
La mirada de Ari volvió de nuevo hacia su madre sólo para sentir su
corazón vomitar en su garganta al ver a Blanco agarrándola. Se puso de
pie con la espalda de Sala apretada contra su frente, con los brazos
apretados alrededor de ella, la boca en su oreja. Ellos podían haber
parecido dos amantes abrazados, si no hubiera sido por el terror de Sala,
mientras miraba por encima a Ari.
—Ari, vete —susurró ella suplicante, estremeciéndose mientras Blanco
murmuraba algo en su oído.
Ari corrió hacia ellos, sacando su energía hacia Blanco para apartarlo de
ella, pero él se movió de nuevo, esta vez llevando a Sala con él, y cuando
Ari giró para orientarse...
... fue demasiado tarde.
278
Su puño sangriento ya estaba apareciendo fuera de la cavidad torácica
de Sala, su corazón muriendo en su mano, y su cuerpo vacío arrugándose
en el suelo.
—¡NO!
Ari lo oyó por lo bajo, lo sintió vibrar a través de ella mientras sus rodillas
cedieron. Cabello rojo cruzó su visión seguido por el azul.
Su mirada borrosa se congeló en el cuerpo de su madre, en sus grandes
ojos vacíos que miraban directamente a los de Ari. El propio cuerpo de Ari
arrugado sobre sí mismo en agonía. Dolor, pesar, deseos, todos ellos
golpeaban contra ella como una banda de jóvenes golpeándola antes de
recoger y embolsar toda promesa del futuro que ella había tenido en su
interior. La promesa de tener un padre que la quería.
Se había ido.
Sala se había ido.
Manos agarraron cada uno de los brazos de Ari y se dejó arrastrar de
nuevo a la puerta de una de las salas de estar de los Bitar. Volvió sus ojos
nublados al rostro de Luca. Sus facciones estaban tensas, una simpatía de
la que no sabía que él fuera capaz ardiendo en sus ojos.
—¿Qué estás haciendo? —susurró ella aturdida.
—Sacarte del camino de eso. —Él asintió con la cabeza hacia la entrada y
Ari volteó, los sonidos del caos finalmente filtrándose en sus oídos y
conectando con la visión ante ella.
Rojo y Cristal habían atacado a Blanco. El vestíbulo de entrada era una
zona de desastre, la barandilla inferior de la escalera estaba rota, los
retratos se habían estrellado en el suelo, grietas grandes surcaban los lados
de las paredes a donde Blanco había sido lanzado con la fuerza de una
bola de demolición. Ahora el Rey Blanco estaba atrapado contra la
escalera bajo el poder de ambos Cristal y Rojo.
La comprensión apareció mientras tomaba nota del absoluto dolor y horror
en los ojos de Rojo mientras él apretaba un puño en el aire y apretaba, la
279
acción parecía exprimir mágicamente el aire de los pulmones de Blanco
mientras él clavaba las uñas en la mano invisible alrededor de su garganta.
—Hermano —le susurró suavemente Cristal, aunque él no aflojó su agarre
en Blanco—. Rojo... no podemos...
Pero Rojo estaba más allá, su cara manchada con la furia.
—Voy a destruirte. —Soltó entre dientes—. Por lo que has tomado hoy, te
voy a destruir.
Ari apenas había registrado la abertura en el Peripatos cuando un Jinn
alto, de cabello oscuro salió con un atuendo similar a Cristal. Otro Rey Jinn.
Él le echó un vistazo a Ari mientras caminaba hacia sus hermanos.
—No hoy tú no lo harás, Rojo —respondió él con una aburrida voz
monótona—. Dos contra dos, podría continuar para siempre.
—¡Fuera de aquí, Sombra! —Rojo frunció los labios hacia él—. Esta no es tu
lucha.
—En realidad lo es.
El Rey Sombra. Ari dejó escapar un lento suspiro viendo a los cuatro reyes
Jinn juntos. Era aterrador. Ellos podrían destruir todo a su paso, y nadie sería
capaz de detenerlos.
—Rojo. —Cristal llevó una mano tentativa a los hombros de su hermano—.
Sé lo que estás sintiendo. Sabes que sí. Sin embargo, esto no tiene sentido.
Sabes que nunca lo matarás.
El aire era pesado mientras todos ellos esperaban la decisión de Rojo.
Con un gruñido de disgusto él dio un paso atrás y Cristal siguió el ejemplo.
Blanco se atragantó y escupió al igual que Ari había hecho unos minutos
antes, cuando él la había atacado de la misma manera. Lanzándole a
Rojo una mirada siniestra, Blanco se puso de pie con un movimiento
elegante. Tan inteligente como era, Ari no se sorprendió cuando dio un
paso atrás hacia la escalera, dejando que las llamas lo engulleran hacia el
Peripatos.
280
El rey Sombra gruñó.
—Gracias, Sombra —Él imitó a Blanco—, por venir en mi ayuda. Oh, eres
más que bienvenido, hermano. —Él rodó sus ojos. —Cerdo ingrato.
Al darse cuenta de que había llamado la atención de sus hermanos
furiosos, Sombra les dio una sonrisa burlona antes de volver la cabeza para
mirar a Ari.
—Así que este era el Seal. Te ves como tu madre.
Y antes de que Rojo pudiera tomar represalias ante ese comentario
sarcástico y cruel, Sombra desapareció en el Peripatos.
El silencio se escabulló alrededor de la habitación como si supiera que no
había tiempo para estar allí, pero no podía salir porque era
magnéticamente atraído por la pena que espesaba el aire.
Finalmente, ante la presión de la mano de Luca alrededor de su brazo, Ari
dio un paso tentativo hacia el Rey Rojo. Él se quedó parado mirando hacia
abajo a Sala con incredulidad, con el Rey Cristal a su lado, su mano sobre
la espalda de Rojo ofreciéndole consuelo. Las lágrimas comenzaron a
derramarse por las mejillas de Ari mientras daba una mirada a la madre
que la quería, una madre a la que nunca había conocido, y a su tío, cuya
abrumadora presencia sólo hizo que su dolor se filtrara en todos a su
alrededor.
Sus dudas acerca de si un rey Jinn realmente podía sentir fueron
enterradas por el evidente amor que Rojo había tenido por Sala.
Con los labios temblando, la lengua zumbando con el sabor de la sal de
sus lágrimas, Ari abrió la boca para hablar y cuando las palabras no
salieron tuvo que aclararse la garganta. El ruido atrajo la mirada de Cristal,
y él le ofreció un asentimiento simpático. A pesar de la distancia entre ellos,
Ari había perdido a Sala también.
Eso sólo hizo que sus lágrimas cayeran más rápido y tuvo apartarlas
rápidamente a un lado para hacer frente a Rojo.
—Rojo —susurró ella—. Lo siento mucho.
281
Él no la miró. No podía hablar.
¿La culpaba?
Oh Dios, si él la culpaba...
Decidiendo entonces que ella no podría pedir su ayuda, Ari movió sus ojos
hacia Cristal que la miraba expectante.
—Necesito tu ayuda —le dijo en voz baja.
Él frunció el ceño, pero asintió con la cabeza para que continuara. Ella se
dio cuenta que ni una sola vez quitó la mano del hombro de Rojo.
—Jai está atrapado aquí en una botella por su padre, pero Luca hizo un
juramento a Blanco que no dejaría salir a Jai voluntariamente.
—¿Voluntariamente? —repitió Cristal y luego suspiró cuando él comenzó a
comprender lo que ella implicaba. Se dio la vuelta hacia Rojo—. Voy a
ayudar a Ari. Debes llevar a Sala a alguna parte. Ponerla a descansar
finalmente.
Un sollozo fue arrancado de la garganta de Ari antes de que pudiera
detenerlo y todo su cuerpo empezó a temblar con dolor. Ella no había
esperado sentir tanto. Sentirse tan en carne viva y herida por la pérdida de
una mujer a la que apenas conocía. Pero el amor absoluto que ella había
tenido por Ari había sido una promesa de una verdadera relación con su
madre. Su sacrificio para salvar a su hija... ¿había sido en vano? ¿Blanco
realmente habría matado a Ari? El pensamiento atormentaba su cuerpo
con sollozos.
Una presencia familiar pero sorprendente estaba a su lado de repente y Ari
logró mirar a través de sus lágrimas y dolor hacia el rostro del Rey Rojo. Su
expresión era severa, sus ojos sombríos y Ari esperaba con el aliento casi
contenido, sus sollozos desapareciendo, mientras él levantaba una mano
hacia ella. Se congeló.
Esperando. La gran mano bajó y acarició su hombro y Ari se inclinó hacia
esta.
282
—Ella te amaba —le dijo con la voz adormecida por el dolor—. No querría
que te echaras la culpa por su muerte. Tampoco querría que yo te
culpara.
—¿Tú lo haces? —preguntó Ari con cautela, alejando las lágrimas, sin
poder evitar que sus manos temblaran.
—Estoy tratando de no hacerlo.
La respuesta sincera fue cortante, pero Ari la aceptó. Ella entendía.
Deseaba no hacerlo, pero lo hacía.
—Ve con Cristal y Luca —ordenó Rojo en voz baja—. Estoy llevando a Sala
a algún lado que prometí que la llevaría si esto pasaba.
Sabiendo que otra disculpa sería inútil, Ari permitió a Cristal tomarla del
brazo mientras Luca los llevaba a la sala del tesoro. Aún en estado de
shock, las palabras de Luca no tenían sentido para Ari mientras él le
hablaba a la botella roja que sostenía Teruze. Entonces ellos estaban
delante de una botella moteada de color verde y Cristal estaba exigiendo
que Luca dejara salir a Jai.
La energía de Luca llenó la pequeña habitación, y luego Jai estaba allí,
encogido contra Luca quien extendió la mano para sostenerlo.
Ari se dio cuenta de la forma en que los ojos de Jai parpadeaban
rápidamente como si la luz estuviera cegándolo. Su ropa estaba sucia y
arrugada y le había crecido la barba, haciéndole casi irreconocible.
Ella voló hacia él. Sin importarle por lo que ambos habían pasado, sus
brazos como bandas alrededor de él, fuertemente apretados, mientras ella
se presionaba contra él, sus pies tambaleándose bajo el impacto.
Mientras ella lloraba silenciosamente contra su pecho, los brazos de Jai se
envolvieron a su alrededor y él pareció hundirse en contra suyo.
—Ari —susurró, sus brazos apretándose hasta que ella apenas podía
respirar—. Ari.
283

Darle sentido a todas las cosas no tiene sentido
cuando lo has sentido demasiado tarde
Traducido por Sweet Nemesis
Corregido por Nony_mo
Esto no nos lleva a ninguna parte, Charlie —resopló Fallon mientras se
arrastraba junto a él en la cama del motel—. No hay ninguna anomalía en
esta área; ninguno de los registros de la morgue indican un incremento en
la moralidad infantil y no hay ningún registro de suministros de agua
contaminada como pasa usualmente cuando un Labartu está en el área.
Tal vez se fue, o tal vez esté en la otra punta del maldito Houston… o Rojo y
Cristal mintieron…
—Nah. —Charlie sacudió su cabeza, levantando un brazo para que ella
pudiera acurrucarse contra él. Había sido un largo día. De nuevo—. Creo
que la perra sabe que estoy tras de ella. Puede haber manipulado los
registros, o tal vez a Rojo. Él pareciera haber cambiado de idea sobre
dejarme hacer esto. —Sabía que sonaba como un amargado, pero lo
estaba. Lo último que necesitaba era al Rey Jinn poniéndose suave con él.
—¿No crees que te estás acercando?
—Creo que me está cansando esto de esperar. —La apretó más cerca
para hacerle saber que no estaba cansado de ella. La verdad era que
estaba simplemente cansado de todo. Estaba preocupado por Ari,
preguntándose si se encontraba bien, sabiendo que si lo estuviera ya
hubiera ido por él para esos momentos. La culpa y la vergüenza lo
inundaban. Estaría buscándola si no fuera por la esmeralda ardiendo en su
bolsillo. Se había vuelto una obsesión. Y ahora mismo se sentía como si
hubiera ido de inhalar a fumar. Como si necesitara usar esa esmeralda más
de lo que necesitaba rescatar a la chica que amaba.
Era una verdadera mierda todo eso.
—
284
Charlie palideció, intentando ignorar el calor de la esmeralda en su bolsillo.
Cada vez tenía más ganas de usarla, sólo para poder saborear el poder de
nuevo.
… El gerente del motel había sido grosero con Fallon…
El tono del celular de Fallon lo sacó de sus oscuras cavilaciones mientras
ella se inclinaba sobre él para tomarlo de la mesita de noche. Tocó dos
veces la pantalla y entonces sus ojos se ampliaron.
—Oh Dios mío —exhaló.
Instantáneamente alerta, Charlie se levantó para ver la pantalla.
—¿Qué? ¿Qué sucede?
—Es ella. Akasha. —Con el rostro pálido, Fallon le pasó su teléfono.
Escuché que estás cazándome.
Ven y encuentra el mismo destino que tu hermano, niño.
A la medianoche, mañana.
Secundaria Sydney Marone. Calle High Star, Alief.
Dulces sueños.
Akasha.
—¿Por qué? —preguntó Fallon con voz irregular, mientras sacaba el
teléfono de sus temblorosas manos—. ¿Por qué te provocaría a ir tras ella?
Intentando contener la rabia y la anticipación que lo roía, Charlie miró
hacia otro lado, para que no pudiera ver la profunda oscuridad que sentía
que lo estaba arrastrando.
—Porque —murmuró—, esto es lo que Azazil quiere. —Me quiere fuera de la
foto. De la misma forma en que quiere a Jai fuera de su camino. Quiere
que Ari no tenga a nadie más a quien recurrir excepto por él.
285
El entendimiento de eso, hizo que sus puños se apretaran en las sábanas.
Su mano rozó el bolsillo donde estaba la esmeralda, y la preocupación por
Ari comenzó a disiparse.
Sin embargo, eso significa que probablemente ella esté bien, discutió con
su culpable conciencia.
—¿Charlie…?
Oyendo el temblor de preocupación en su voz, Charlie saltó fuera de sus
pensamientos repentinamente perceptivos para dispararle a Fallon una
sombría mirada.
—No te me acobardes ahora. Para esto fue que te anotaste.
Instantáneamente el miedo se derritió del rostro de Fallon, y se transformó
en irritación.
—No me lo recuerdes, imbécil.
—Eres libre de irte cuando quieras.
—Tú eres libre de irte a la mier…
—-Oye. —La cortó Charlie, alcanzándola como si fuera su marca personal
de Xanax—. Sé que toda la cosa de chica ruda es un acto. Lo digo en
serio Fallon. Deberías irte mientras puedes.
Cepilló su corto cabello fuera de su rostro, su adrenalina aún pinchándolo,
pero sus músculos al menos relajados al ver a sus enormes y hermosos ojos
sin prejuicios.
—Nah —resopló, tirando de su camiseta y acercándolo—. Nunca me
perdonaría a mi misma si algo te sucediera. Estúpido.
Él se acostó, tirando de ella, para que quedara acomodada sobre su
pecho.
—No puedo creer que esto vaya a suceder.
—Eres un idiota.
286
—Lo sé —estuvo de acuerdo—. Pero siento como que me voy a volver loco
si no saco esto de mi sistema.
¿La venganza o usar la esmeralda?, preguntó burlonamente su
subconsciente.
Fallon suspiró, su aliento cálido contra su camiseta.
—Realmente tengo miedo por ti.
—También temo por ti.
—No lo hagas. De los dos, soy la que tiene más posibilidades de sobrevivir.
Charlie resopló.
—Uh, gracias.
—Ven aquí.
Ella levantó la cabeza y se deslizó un poco más arriba para acariciar su
cuello. Respondiendo a ella instantáneamente, Charlie envolvió sus brazos
alrededor de su cintura y la levantó hasta que sus labios estuvieron casi
tocando los suyos. Sus enormes ojos eran honestos por una vez. Realmente
temía por él.
—Quítame de la cabeza lo de mañana, ¿de acuerdo?
Contento de que la ola de necesidad que sentía por ella se sobrepusiera a
la esmeralda, Charlie la agarró por la nuca, y la besó duro y
desesperadamente.
Prendiéndose rápidamente, Fallon recibió su desenfrenado beso con otro
desenfrenado, sus manos deslizándose el uno en el otro mientras se
apresuraban a deshacerse de cada pedazo de ropa que estuviera
evitando el contacto de piel con piel.
Dejaron que los cuerpos tomaran el control, usándolo para decir todo
aquello que no podían permitirse admitir.
287
Decir que se sentía desorientado era una subestimación.
Jai sentía la pesada mirada de Ari y la de su padre sobre él, mientras
intentaba procesar todo lo que le habían dicho. Sus nervios se estremecían
y sus pulmones aún estaban ajustándose al aire extra, trabajando
libremente ahora en vez de en contra de su ansiedad.
Había estado en confinamiento aislado por dos semanas. Para alguien que
estaba más acostumbrado a volar que a estar encerrado, bien podrían
haber sido dos meses.
Y ahora esto… tener que sentarse y escuchar a su padre disculparse por
primera vez en su vida, tener que encontrar el coraje para perdonar
cuando Jai aun se sentía como si estuviera siendo sofocado y sus músculos
aún pesados por el desuso.
Y Ari.
Ella ya no era el Seal. Asmodeus casi la había matado. El Rey Rojo la había
salvado. El Rey Blanco casi la había matado. Sala la había salvado. Sala
había muerto. Rojo estaba furioso. Charlie en problemas. Ari quería irse de
inmediato para ayudarlo.
Jai respiró hondo, el agotamiento ralentizaba el proceso de su
pensamiento.
La primera cosa que realmente caía sobre él, era que debía presionar más
a Ari en sus entrenamientos ahora que no era el Seal. Casi había muerto
dos veces, y lo hubiera hecho si no hubiera habido alguien ahí para
salvarla. Necesitaba ser capaz de salvarse a sí misma.
Jai sacudió su cabeza para aclararse.
—¿Charlie está en Houston yendo tras Akasha y quieres que nos vayamos
ahora?
—Tú no vas a ninguna parte —ordenó Luca, negando con su cabeza
agresivamente. Ya no tenía esa humilde y arrepentida mirada que hacía
sentir a Jai tan incómodo.
288
No. Su padre estaba de vuelta con venganza, el viejo fuego de la
intimidación de regreso a su voz y a sus ojos.
—Has atravesado un suplicio atroz Jai, una prueba que incluso el más
fuerte de los Ginnaye difícilmente hubiera podido soportar. Necesitas una
ducha, una afeitada, algo de comida en tu estómago, y un par de noches
de descanso en una cama apropiada.
—Padre… —Jai intentó discutir, pero Luca levantó su mano cortándolo.
—La Srta. Johnson ya no es el Seal. Tu deber con ella ha terminado. —Los
miró a ambos significativamente con advertencia.
Ari jadeó de pronto, como si no se hubiera dado cuenta hasta ese
momento que ya no se requería que él fuera su guardián.
Encontrando su atormentada mirada, Jai suspiró. Él tampoco se había
dado cuenta de eso. No es que cambiara alguna cosa.
Poniéndose de pie lentamente, pero tan estable como podía, en un
intento por convencer a Luca de que era de nuevo él mismo y que tenía
todas sus fuerzas, Jai enderezó sus hombros, preparándose para enfrentar
a su padre por primera vez, de hombre a hombre.
—Ari tuvo a un rey Jinn inmortal literalmente arrancándole algo de su
cuerpo. Casi muere. ¿Y qué fue la primera cosa que hizo cuando se
despertó? Me eligió a mí. Vino aquí a salvarme. —Se volvió para mirarla,
dejando que todo el amor que sentía por ella se reflejara en sus ojos,
decidiendo ahí y en ese momento que así tuviera que ir al infierno para
amarla, lo haría de la manera correcta—. Esto no se trata de un deber del
uno con el otro. Se trata de lealtad. Honor. —Volvió a mirar a Luca—. Y
porque me ama casi tanto como yo a ella.
—Uh, de igual manera —corrigió Ari, sus cejas levantándose en
advertencia.
Jai sonrió a pesar del hecho de que su padre no estaba sorprendido, pero
si decepcionado por su revelación. Bueno, a él eso lo llenaba con una
sensación de alivio. Alivio porque ya no tendría que preocuparse de que
Luca se decepcionara de él. Le había tomado mucho tiempo, pero la
opinión de su padre… simplemente ya no importaba. Lo que Luca le había
289
hecho, incluso bajo la coacción del Rey Blanco fue, como diría la gente, la
gota que colmó el vaso.
—Estoy seguro de que Ari es una chica perfectamente agradable —
respondió Luca, sus palabras claramente cautelosas—. Pero ni siquiera
puedes pensar en la posibilidad de renunciar a tu Tribu, tu deber al
Ginnaye, para estar con ella.
Jai miró a su padre con incredulidad. Este hombre realmente no tenía ni
idea.
—Ari recibió el golpe de un Haqeeqag para salvarme. Saltó frente a mí —
enfatizó para que su padre pudiera realmente comprender el significado
de su punto—. Tú te hiciste a un lado y miraste mientras Nicki me golpeaba
por años por algo que no había hecho. Incluso tomaste tu turno
golpeándome para probarle que la amabas más. Una mujer que ni
siquiera tuvo la decencia de serte fiel. —Sacudió la cabeza de pronto
sintiendo lástima por su padre—. Ari es más que solo una agradable chica.
Ella es mi familia. Más de lo que tú nunca has sido.
Luca lo miró, un sinnúmero de emociones en sus ojos.
—Así que sí. —Asintió Jai, intentando obligar al agotamiento a salir de su
cuerpo—. Voy a renunciar a todo por ella, así signifique salir tras un idiota
que fue lo suficientemente tonto como para pedir ese estúpido deseo.
Su boca se torció con ironía mientras le disparaba a ella una mirada. La
burla, sin embargo, se deslizó muy rápidamente al percatarse de su
expresión. Su rostro estaba abierto y su propio amor por él se sentía
palpable en el aire.
Un golpe en la puerta rompió el hechizo entre ellos y Jai se volvió, la
sorpresa sacudiéndolo al ver la familiar y alta figura de Trey irrumpir a
zancadas en la habitación.
—¿Trey?
El rostro de su mejor amigo se oscureció al reparar en el aspecto de Jai.
Sintiéndose consiente de sí mismo por primera vez desde que era un niño,
Jai se pasó una mano por la barba. Necesitaba una ducha. Podría
290
mágicamente haberse aseado, tan bien como haberse liberado de la
barba, pero realmente había sido la última cosa en su mente.
—Te ves como el infierno —exhaló Trey horrorizado.
Jai le sonrió a su estético amigo.
—Gracias. ¿Qué haces aquí?
Trey se aclaró la garganta, echando un rápido vistazo en dirección a Ari.
—Uh, Cristal vino a verme. Me dijo que mis amigos podrían necesitarme.
—¿Cristal? —Jai levantó una ceja inquisitiva—. ¿Lo llamas Cristal?
Él se encogió de hombros casualmente, como si no fuera la gran cosa que
tratara por su primer nombre a un Rey Jinn inmortal.
—Ari llama al Rey Rojo, Rojo.
—Porque es mi tío —respondió Ari, su nariz arrugándose con
preocupación—. Trey ten cuidado. No quiero que Cristal te pegue un tiro
por ser irrespetuoso.
Trey se rió roncamente guiñándole un ojo.
—No te preocupes. Creo que a Cristal le gusta cuando soy irrespetuoso.
Las cejas de Ari se levantaron con curiosidad, pero Jai se mantuvo muy
quieto. Mierda. Conocía a su amigo mejor que nadie, y conocía la mirada
en los ojos de Trey.
Por favor dime que no estás tonteando con un Rey Jinn, dijo
telepáticamente, sin poder creerse la estupidez de Trey.
La sonrisa de su amigo se desvaneció, pero el humor permaneció en sus
ojos. Bien, no te lo diré. Aguafiestas. De todas formas tienes problemas más
grandes.
—Fallon está con Charlie —anunció en voz alta—. Las Roes se dirigen a
ellos, pero nosotros llegaremos antes usando el Peripatos. Además tú tienes
un rastro de Fallon en caso de que no los encontremos en el motel. —Su
291
mirada se nubló con preocupación mientras buscaba en el rostro de Jai—.
¿Estás listo para esto?
Dejando a un lado su preocupación por el posible amorío de su mejor
amigo con el Rey Cristal, Jai asintió y se pasó una mano por su barba para
sacársela.
Su magia brilló alrededor suyo limpiando su cuerpo y reemplazando su
ropa sucia por unas limpias del armario en su condominio. No era lo mismo
que una relajante ducha o una calmada afeitada, pero tendría que
bastar.
Sintiéndose un poco mejor, asintió hacia Ari haciéndole saber que estaba
ciento por ciento de su lado.
—Hagámoslo.
292

Llegar Demasiado Temprano es Casi tan Grosero como
Llegar Demasiado Tarde
Traducido por LizC
Corregido por Akanet
ran las seis en punto. Faltaban seis horas hasta el encuentro. El
encuentro que cambiaría todo. Esperaba.
Demasiada adrenalina estaba haciendo a sus nervios irregulares y a
su estómago enfermarse. Charlie dejó escapar otro gran suspiro,
pasándose una mano por el cabello mientras se paseaba arriba y abajo
por la habitación del motel. Él sólo quería salir. Quería salir ahora. Quería
poner su mano alrededor de la esmeralda y quería torturar a la escoria del
mal que había destruido la vida de su familia.
Quería estar en paz finalmente.
Quería que Mikey estuviera en paz finalmente.
Necesitaba que Mikey supiera que a él le importaba...
... El sol de la tarde caía sobre el auto mientras Charlie esperaba fuera de
las instalaciones del parque que el equipo de Pequeñas Ligas de Mike
utilizaba para la práctica. Su rodilla temblando de arriba abajo con
creciente impaciencia, Charlie miró el reloj. Mierda. Iba a llegar tarde a
recoger a Ari, y si no llegaban a su reserva para la cena toda la noche
empezaría a caer en pedazos. Tenía que ser perfecto. Había planificado
todo para su decimosexto cumpleaños. Esta era la noche. Esta era la
noche en que finalmente se convertirían en una pareja.
Entonces, ¿dónde diablos estaba su hermano menor?
E
293
Charlie gruñó, mirando a los otros niños salir al encuentro de sus padres. La
práctica había evidentemente terminado, pero casi todos los demás niños
habían sido recogidos.
El miedo de repente apuñaló a Charlie en el pecho.
¿Había pasado algo a Mikey?
Desabrochando su cinturón de seguridad, con dedos torpes preocupado
ahora, Charlie se lanzó fuera del auto dirigiéndose hacia el parque.
Algunas de las madres le lanzaron sonrisas curiosas. Llevaba un pantalón y
camisa de vestir. Se sentía como un idiota.
Al ver a la Sra. Myer y su hija, Jane, Charlie las detuvo.
—¿Han visto a Mike?
La Sra. Myer miró expectante a Jane. La niña del grado de Mike negó con
la cabeza, su lengua pegada en presencia de Charlie como siempre lo
hacía. La Sra. Myer sonrió disculpándose ante Charlie.
—Supongo que eso es un no. Comprueba el parque. Todavía hay algunos
niños allí.
—Gracias.
Se apresuró por el sendero bordeado por una valla de tela metálica y
gruñó con una mezcla de alivio y rabia cuando el parque quedó a la vista
detrás del lugar donde se sentaban los equipos.
Mikey estaba de pie en el centro del campo con un grupo de amigos,
jugando un poco.
Pequeño dolor en el culo, Charlie hervía. Sabía que Charlie tenía que llegar
a tiempo y ¿estaba dando vueltas con sus amigos? ¿Dónde diablos estaba
la entrenadora?
—¡Trae tu culo hasta aquí ahora, Mike! —gritó Charlie.
—¡Sr. Creagh! —espetó una voz conocida a medida que Mike palidecía al
ver a su hermano mayor, empujando a un lado a un amigo mientras
canturreaban “oh, estás en problemas”. Charlie se volvió hacia la
294
entrenadora de Pequeñas Ligas de Mike quien estaba ocupada limpiando
los equipos. Ella lo miró—. Cuide su vocabulario.
—Lo siento, entrenadora, pero llego tarde a algo y el pedazo de mie...
idiota lo sabe.
—Hmm. ¡Mikey, muévete! —gritó la entrenadora y Charlie le dio un débil
guiño de agradecimiento.
Mike trotaba hacia él, arrastrando los pies. Tan pronto como estuvo al
alcance, Charlie lo enganchó por el cuello de la camisa y lo empujó
suavemente delante de él.
—¡Oye, cuidado! —espetó Mike.
—¿Cuidado? —resopló Charlie—. ¿Cuidado? Voy a llegar tarde para mi
cita con Ari. ¡La cita de la que te hablé! Entra en el maldito auto. —Él saltó
en el asiento del conductor, dando un portazo.
Deliberadamente irritándolo, Mike dio pasos dolorosamente lentos hacia el
auto hasta que Charlie golpeó su mano sobre la bocina. Se apresuró sólo
un poco, pero no lo suficiente para moderar la ira creciente de Charlie.
—Eres un pedazo de mierda, lo sabes —gruñó Charlie cuando Mike se
ajustó el cinturón de seguridad. Suspiró, tratando de controlar su mal
humor.
—Eres un idiota.
—Mike… —Apretando el volante, Charlie respiró hondo mientras se alejaba
de la acera—. Te dije que tenía reservas para la cena con Ari y que tenías
que estar listo y esperando por mí para recogerte, y no sólo te quedaste de
más en las Pequeñas Ligas, ¡sino que te juntabas en la parte de atrás con
tus amigos con una indiferencia completa a lo que te pedí que hicieras!
—No eres papá —Mike se encogió de hombros—. No me dices qué hacer.
—¿Cuál es tu problema? —preguntó Charlie con incredulidad.
—¡Se me olvidó! ¡Está bien! No tenías que alejarme de mis amigos y
hacerme ver como un bebé.
295
—Estás actuando como un bebé.
—¿Estoy actuando como un bebé? Tú eres el que dijo palabrotas delante
de la entrenadora Delia y luego me llamaste pedazo de mierda.
—Me llamaste idiota —Charlie bajó la voz mientras respingaba ante el tono
subyacente de dolor en la voz de Mike. Él estaba descargando su
nerviosismo por esta noche en Mike. No era justo.
—Eres un idiota.
—No uses ese lenguaje.
—¿Pero tú si puedes?
Sintiendo que su irritación se elevaba de nuevo, Charlie golpeó el volante.
—¿Puedes simplemente durante cinco segundos no actuar como un
mocoso?
—Oh, ahora soy un mocoso y un idiota.
Charlie giró la cabeza para mirarlo.
—En serio, amigo, ¿qué está pasando?
—Nada. —Mike se encogió de hombros y luego le lanzó una mirada
cuando no apartaba la mirada—. ¡Nada!
Charlie se volvió hacia la carretera y su corazón saltó en su pecho al ver al
ciclista que parecía haber salido de la nada. El sonido de los gritos de Mike
se hicieron incomprensibles entre el sonido del chirriar de los neumáticos y
el crujido de metal...
—... Me estás poniendo nerviosa, caminando de arriba a abajo de esa
forma. —Fallon lo fulminó con la mirada desde su posición, apoyada en el
marco de la puerta del baño—. Basta. No me gusta ponerme nerviosa.
296
Charlie le dedicó una débil sonrisa mientras ella lo sacaba de su último
recuerdo de Mike. Un recuerdo terrible. Él continuó su ritmo mientras
revisaba su reloj. Sólo las seis y cuarto.
Jesús.
Un golpe juguetón en la puerta lo detuvo en seco, con los ojos chocando
con los de Fallon. Los dos estaban congelados, en silencio comunicándose
sobre lo que debían hacer. Finalmente Fallon asintió.
Pisando suavemente para que así quien sea que estaba en la puerta no
pudiera oír sus pasos, Charlie cruzó la habitación y miró por la mirilla.
Frunció el ceño. Nadie. Una sensación de inquietud onduló sobre él
mientras agarraba el pomo de la puerta y comenzaba a abrir la puerta de
la habitación de motel, su burbujeante magia en sus manos. Como si
hubiera sido golpeado por una fuerte ráfaga de viento, Charlie se
tambaleó hacia atrás a medida que un rayo de color se abalanzó junto a
él y dentro la habitación. Se giró, aturdido, con los ojos muy abiertos ante
la mujer alta, flaca que estaba junto a Fallon. Era de aspecto sencillo con
el cabello rojo, piel pálida y... ojos amarillos.
¿Ojos amarillos?
—¿Me buscaban? —Sonrió ella y justo cuando Charlie registraba que esta
era la Labartu, que se trataba de Akasha, ella sostuvo la cabeza de Fallon
entre sus manos.
CRACK.
El delicado cuello de Fallon se quebró, la vida abandonando su cuerpo a
medida que caía inútil, vacío, sin alma al suelo. La irrealidad se apoderó de
Charlie mientras observaba el lugar donde había sido descartado el
cuerpo de su novia muerta.
Peleó con una súbita oleada de vómito nauseabundo mientras alcanzaba
una pared para apoyarse.
—Ahora, son dos personas por las que querrás vengarte de mí,
muchachito.
297
Respirando con dificultad, Charlie se apartó de la pared para hacerle
frente a ella, su mano sumergiéndose en su bolsillo con mente propia,
teniendo en cuenta que su propia mente estaba entumecida por el shock.
Akasha era demasiado rápida. El viento de su partida le sopló de nuevo y
Charlie se quedó perplejo por un momento, el cuerpo de Fallon yacía en el
borde de su visión, tentándolo a mirar.
En su lugar, cerró los dedos en torno a la esmeralda. Encuéntrala, susurró
interiormente, su rabia tranquila pero inextinguible. Encuéntrala. Las llamas
del Peripatos lo envolvieron y Charlie cerró los ojos, preparándose para una
masacre.
298

Y dicen que una gran cantidad de esmeraldas no te
cambiarán…
Traducido por Dai & carmen170796
Corregido por Clau12345
ri vio como Michael Roe consolaba a su esposa sollozante mientras
el tío de Fallon, Gerard, y Jacob Balendine acomodaban el cuerpo
de Fallon en un ataúd de madera forrado con mantas. Lo habían
ocultado en el Manto mientras la sacaban del motel, usando una pieza de
esmeralda que El Gremio Roe tenía en su caja fuerte.
Las manos de Jai estaban sobre el hombro de Ari, ofreciéndole silencioso
consuelo, pero ella estaba paralizada. El cuerpo de Fallon lucía tan
pequeño y esa cara hermosa que había estado tan llena de carácter
estaba pálida y flácida. Vacía. Ella ya no estaba ahí.
Era demasiado.
Demasiadas muertes a las que hacer frente al mismo tiempo. Demasiadas
pérdidas dolorosas.
—Charlie no hizo esto —anunció Trey a la habitación mientras cerraba su
celular—. Cristal confirmó que Akasha fue enviada aquí por Azazil. Ella
debe haber matado… —Sus ojos se estrecharon con furia ante la visión del
cuerpo de Fallon—. Ella mató a Fallon y se llevó a Charlie. O Charlie la
persiguió.
Los sollozos de Caroline se calmaron, pero el propio dolor de Ari sólo se
intensificó cuando vio a Gerard limpiar una lágrima de su mejilla mientras la
tapa del cajón dejaba encerrada dentro a su sobrina. Parecía imposible
creer que Fallon no volvería a hablar con ella de nuevo. Que nunca
intercambiarían juguetones intercambios punzantes e insultos, o sólo pasar
el rato… La suya había sido una amistad abierta y honesta. Una que Ari
realmente había apreciado.
Había perdido a la única amiga que realmente la conocía y entendía…
A
299
…Y peor… Charlie también la había perdido.
No podía ni imaginar lo que Charlie estaría atravesando ahora. Qué estaría
pensando. Cómo estaría reaccionando.
—Él realmente se preocupaba por ella —susurró casi para sí misma—.
Estaban juntos. Juntos. Juntos. Dios. —Se quedó muda de la emoción—,
debe estar volviéndose loco. —Girándose hacia Jai, Ari fue decidida y
demandante—. Tenemos que encontrarlo. Tenemos que detenerlo.
—Si lo encuentras. —La voz sin emoción de Michael atrajo la atención de
todos—. Si lo detienes, está fuera de El Gremio y ya no está más bajo la
protección de los Roe. Su amarga necesidad de venganza ha asesinado a
mi hija.
Ari palideció, incluso en ese momento, sintiendo como si necesitara de
alguna manera defender a Charlie. Fallon sabía lo que estaba haciendo
cuando persiguió a Charlie. Fallon se preocupó por él. Ella sólo estaba
tratando de protegerlo. Charlie nunca habría querido que algo le pasara a
ella.
—Michael… —Realmente no sabía cómo responder.
—Está fuera, Ari. Es definitivo. Entiendo si eso también significa que tú estás
fuera.
La verdad era que ella no podía contestar eso en ese momento. El
pensamiento de dejar a Charlie indefenso cuando él la necesitaba
parecía impensable. Pero por ahora, no era lo que importaba. Lo
importante, se dio cuenta Ari, mientras asimilaba la agonía pura en el rostro
de Michael, era que los Roe necesitaban llorar en privado y todos ellos
estaban molestando.
—Entiendo. —Esta podría ser la última vez que los veía. Charlie era su mejor
amigo, aunque podría no parecer eso. Estaban unidos por años de
amistad, y él la necesitaba al igual que los Roes se necesitaban
mutuamente.
—Mejor nos vamos. —Ari tiró de los brazos de Jai y de Trey.
300
—Si hay algo que podamos hacer. —Jai habló de repente, su voz grave y
fuerte, el tipo de persona al que se podría creer cuando dice que se
encargaría de algo.
—Michael... por favor, hágamelo saber.
Caroline estaba sorda para todo menos para su propia pérdida, pero
Michael escuchó y le asintió agradecidamente a Jai antes de acurrucar a
su esposa en sus brazos.
Fuera del motel, de pie en el estacionamiento mal iluminado, Ari
finalmente sintió que podía respirar de nuevo.
—Esto es irreal —murmuró, tratando de sacarse de encima la tristeza
profunda que hacía estremecer hasta lo más profundo de sus huesos. Más
tarde, podría acurrucarse en los brazos de Jai y llorar hasta que no
quedara nada, pero no ahora.
Mirando con renovada determinación entre Jai y Trey, Ari trató de disimular
su fragilidad.
—¿Cómo podemos obtener una pista de Charlie y de la Labartu?
El teléfono de Trey sonó y lo abrió, sus ojos leyendo el mensaje con
satisfacción.
—A veces como que hay un dios escuchando —murmuró con una
sonrisa—. No es necesario que lo hagamos. —Él los miró, la sonrisa
reemplazada por algo más sombrío—. Cristal. Dice que Akasha ha huido a
la escuela media Sydney Marone aquí en Alief. Se trata de una nueva
escuela, todavía en construcción.
La boca de Ari se abrió, sus ojos en el celular de Trey.
—¿Debería estar haciendo eso Cristal? Pensé que Azazil lo quería fuera de
esto.
—Técnicamente, el Sultán dijo que Rojo debería mantenerse fuera.
Además, no es como si estuviera ayudando físicamente.
—Los Jinn y sus tecnicismos —se quejó Ari. Luego frunció el ceño, teniendo
un nuevo pensamiento—. ¿Pensé que Cristal y tú se odiaban mutuamente?
301
Trey era absolutamente hermoso cuando le sonrió, sus exóticos ojos grises
eran malvados bajo sus pestañas oscuras.
—Oh, definitivamente tenemos nuestros momentos.
Asombrada por sus comentarios enigmáticos cuando se trataba del Rey
Cristal, Ari le restó importancia. Se giró hacia su novio. Todavía lucía tan
cansado y la preocupación por él la abrumó. Ella lo quería fuera de esto.
Todavía no había recuperado completamente su fuerza. —Iré con Trey.
Quiero que te quedes con los Roes.
—Oh, ¿entonces está bien que muera? —lo cortó Trey—. Me conmueves,
de verdad.
Ari lo miró ante su humor inapropiado sólo para encontrar a su mirada
amenazante vacilar bajo la de Jai.
—No hay manera de que te deje hacerlo sola.
Él estaba usando esa voz. Ari dejó escapar un suspiro, sabiendo que él no
se movería de allí.
—Está bien. Los encontraré allí. —Los tres miraron alrededor para
asegurarse de que nadie miraba mientras se desvanecían entre las
sombras detrás de tres autos. Seguros de que tenían un poco de
privacidad, dejaron que el Manto los cubriera hasta de la visibilidad y
luego cada uno de ellos llamó al Peripatos para llevarlos a un Sorcerer que
desesperadamente necesitaba taladrar un poco de sentido dentro de él.
La Labartu estaba jugando con él.
La cabeza de Charlie estaba sangrando por donde se había golpeado
cuando ella lo tiró contra un andamio fuera de la escuela mientras
llegaba. Una escuela media, pensó con desagrado.
Adecuado, para alguien a quien le gustaba destruir a niños pequeños.
Akasha era de la pero clase de chico malo, Charlie hizo una mueca
mientras pisaba cuidadosa y lentamente por un pasillo. ¿Un chico malo
302
que era un chico malo por perseguir a los niños? Eran los más bajos, viles,
malvados que existían en la faz de la tierra.
Incluso los chicos malos odiaban a esa clase de chicos malos.
Charlie se detuvo, sus orejas aguzadas ante el sonido de las hebillas de las
botas de Akasha tintineando suavemente. El sonido hizo eco desde cada
dirección, confundiendo deliberadamente a Charlie. Esta era la sexta vez
que usaba ese truco.
—¡Eres una cobarde! —gritó él, sonando mucho más tranquilo y cuerdo de
lo que se sentía.
Los pasos se detuvieron.
Luego empezaron de nuevo, esta vez llevándolo sólo en una dirección. Un
agujero en la pared con puertas apiladas cerca, esperando a ser
colgadas, condujeron a Charlie a un gran cuarto. Fijándose en la barra del
otro extremo, y la larga y superficial ventanilla de servicio que se extendía
por toda la longitud de la barra, Charlie debería imaginar que esta era la
cafetería.
Akasha no estaba en ningún lugar a la vista.
El misterioso silencio le permitió a sus orejas dar rienda suelta a su
imaginación. No fue a ella a quien escuchó mientras se giraba lentamente,
sus ojos posándose en cada sombra. Era la risa de Fallon, su malvada risa
haciendo eco dentro de su cabeza, las imágenes de ella, el aroma, el
sonido… todo comenzó a volverse confuso con sus recuerdos de Mike.
Fallon se había ido.
Justo como Mike, ahora ella también era sólo un recuerdo.
Charlie se puso rígido, su cara arrugándose con dolor mientras una furia
helada corría por sus venas. Dejando escapar un grito de dolor, envolvió
con su mano la esmeralda todavía escondida en su bolsillo.
¿Qué tenía que perder? ¿Cierto?
Él retrocedió encogiéndose de dolor, levantando un brazo para proteger
sus ojos de la luz cegadora que iluminaba la oscuridad mientras alguien se
303
acercaba desde el Peripatos. O algunos, en plural. Sintió una opresión en el
pecho a medida que las imágenes al otro lado de sus ojos se desvanecían
y se encontró frente a Ari, Jai y Trey.
—Charlie. —Ari se apresuró hacia él y una voz en su cabeza le rogaba que
la dejara envolver sus brazos a su alrededor y salvarlo. La otra voz, la que
estaba a cargo, se sacudió esa debilidad y lo que sea que Ari vio en su
expresión la hizo parar.
—Charlie, no quieres hacer esto —imploró.
Ante su silencio, sus ojos se ensancharon como si acabara de pensar en
algo.
Sin prestar atención Charlie se preguntó cómo alguien podía ser tan
hermosa.
—Yo puedo. —Ari asintió frenéticamente—. Sí. Puedo hacer esto por ti. No
seré juzgada. Soy sangre pura.
La sorpresa apretó su corazón.
—¿La matarías por mí?
Ella asintió de nuevo, aferrándose ansiosamente a la idea.
—Ella mató a Mike. Mató a Fallon. Puedo hacer esto.
La vista de ella siempre lo hacía contener un poco la respiración. Él se
había sentido culpable, todo el tiempo que estuvo con Fallon, de que la
vista de Ari entrando a un cuarto todavía podía hacer que el cabello en la
parte de atrás de su cuello se levantara. Por un momento, el calor en su
mirada atravesó la confusión a su alrededor y se sintió como el Charlie que
había sido antes de que toda esta mierda monstruosa hubiera pasado. Sus
ojos se llenaron con lágrimas mientras la absorbía. Esos extraños pero
hermosos ojos no podían esconder cuan buena era ella. Él había perdido a
Mike, Fallon, pero todavía tenía a Ari.
Y Dios, él todavía la amaba mucho. Él amaba su risa ronca y sus ágiles
ocurrencias, su lealtad, su habilidad para escuchar los problemas de
cualquier idiota con paciencia y sinceridad.
304
Charlie se dio cuenta con una triste y naciente aceptación, que amaba
cuán pura ella era. Le habían pasado muchas cosas, le habían robado
mucho, personas que amaba, y aún así, de alguna manera, no había
dejado que la envenenara. Ari nunca entendería la venganza. Justicia, sí.
Pero no venganza.
Charlie no podía dejarla matar a Akasha por él. La cambiaria. Sería otra
cosa por la que él no sería capaz de perdonarse.
El familiar sonido de hebillas lo trajeron de vuelta al presente y todo su ser
se tensó ante la vista de Akasha sonriéndole desde su posición en la barra.
La perra de ojos amarrillos ladeo su cabeza para inspeccionar a Ari, Jai y
Trey.
—Trajiste refuerzos. —Frunció los labios con decepción—. Imagínate.
Charlie volvió a mirar a Ari, el poder de la esmeralda en guerra con la
manera en que se sentía por ella como había hecho estas últimas
semanas. Siempre había ganado porque había estado ahí y no Ari. Pero
teniéndola frente a él, sus ojos llenos de amor…
… Si hacia esto, también la perdería. Primero Mike. Después Fallon. ¿Podría
soportar perder a Ari?
—¿Charlie? —La voz de Jai traspasó toda la confusión mientras el alto
Ginnaye daba un paso hacia él. Rompió la concentración de Charlie en
Ari.
Su corazón desaceleró mientras sus ojos asimilaban a Jai y la esmeralda
parecía empujar imágenes que él no quería ver. Jai viendo a Ari cuando
ella no estaba mirando. Ari mirándolo, observándolo de una manera que
nunca había mirado a Charlie, aún cuando pensaba que estaba
enamorada de él. Ari miraba a Jai como si pensara que él siempre se
ocuparía de todo, como si todo estaría bien mientras él estuviera
alrededor.
Y probablemente sí lo estaría. Peor, la mayor parte del tiempo, Ari miraba a
Charlie con una arruga de preocupación entre sus cejas. Justo como
ahora.
¿A quién estaba engañando? Clamó él amargamente.
305
Ya la había perdido. ¡La perdió dos años atrás cuando Akasha mató a su
hermano!
Con un bramido de impotente rabia, Charlie retiró la esmeralda de su
bolsillo y volvió su poder contra Akasha.
Sus ojos apenas se habían ensanchado con sorpresa antes de que su
cuerpo fuera destrozado, una explosión de tripas, sangre, entrañas y
cerebro salpicando en las paredes y piso alrededor de ella.
Desconfianza.
Una incoherente sensación de decepción llenó a Charlie hasta el tope y su
pecho subió y bajó rápidamente mientras trataba de respirar.
La esmeralda latía en su mano y se calmó instantáneamente, bajando la
mirada hacia ella con asombro. Su dulce, emocionante poder lo calmaba
y Charlie suspiró con alivio como si hubiera estado en agonía sólo para que
alguien le administrara una gran dosis de morfina.
Él había querido torturar a Akasha.
Castigarla.
Se había terminado demasiado rápido.
Él había querido prolongarlo.
Pero la esmeralda, necesitaba aprender a controlarla.
—¿Charlie? —Ari prácticamente chilló.
Charlie la miró sobre su hombro. Una última mirada amarga. Él no tenía
mucho tiempo.
—Esa tiene que ser una Esmeralda del Monte Qaf. —Señaló Trey con voz
ronca, señalando la roca en la mano de Charlie. Sus ojos volaron hacia la
cara de Charlie—. Eras tú. Donde los Roe. Eras tú. Cristal mintió. El hijo de
perra mintió.
—¿Qué? ¿Qué está pasando? —preguntó Ari frenéticamente, sus ojos
enfocados en la esmeralda.
306
—Rojo —respondió Charlie calmadamente mientras empezaba a alejarse.
Cuando la miró, la paz que la esmeralda le estaba dando empezó a
desvanecerse un poco. Él necesitaba esa paz. La necesitaba más de lo
que la necesitaba a ella. Ella había sido desleal a su amistad. Se había
enamorado fácilmente de alguien más.
¿Es en realidad tan pura? Una insidiosa voz susurró en su oído.
—Rojo me la dio. —Él observó la esmeralda con veneración—. Para
ayudarme a escapar cuando todo se terminara.
—Charlie, no… —Ari empezó a moverse hacia él, pero Jai se estiró y agarró
su brazo, sosteniéndola, su mirada desconfiada y dudosa sobre Charlie.
Charlie lo odiaba por sostenerla. Por ser capaz de ello. Las cosas que podía
hacer para hundir al poderoso Ginnaye que tenía a Ari bajo su hechizo, las
cosas que podía hacer ahora que tenía la esmeralda del Monte Qaf en su
mano.
—Charlie. Tira la esmeralda —exigió Ari.
—No. —Él ya no era un títere y todo gracias a que tenía la esmeralda.
—Charlie.
El dolor en su voz alejó su mirada de la esmeralda y vio sus ojos llenos de
lágrimas. Por él. Algo intentó liberarse mientras su mirada caía a su carnosa
y temblorosa boca. Él la había protegido antes de que Mike muriera. Él
todavía la habría protegido, no tenía duda.
Un día, la suave voz en él murmuró, un día será mía de nuevo.
La esmeralda latía en su palma y bajó la mirada hacia ella. Un día cuando
probara de que era capaz, volvería para protegerla, pero no hoy cuando
sólo la vista de ella lo rasgaba y lo llenaba con duda, arrepentimiento y
odio.
—Adiós, Ari —susurró y después retrocedió convocando las llamas del
Peripatos como si hubiera nacido para hacerlo toda su vida. El sonido de
los gritos afligidos de dolor de Ari lo hicieron sonreír y él apretó su puño
307
alrededor de la esmeralda preguntándose a dónde lo llevaría a
continuación.
308

El Jinn Correcto Para El Trabajo
Traducido por Miranda.
Corregido por Akanet
ri estaba agradecida por la sensación de la mano de Jai en la suya
mientras bajaba la escalera de Michael Roe hacia su oficina. Se
había sentido tan indecisa estos últimos días, tan inútil, su posición
entre los Jinn era muy inestable. Necesitaba una sensación de propósito.
Volver a la escuela, empezar su educación podría haber sido una opción.
Ari no estaba segura de que pudiera volver a vivir una vida normal, ser una
chica universitaria normal. El hecho era que ni siquiera podía ser una
opción para ella todavía.
Todo lo que tenía era su amor por Jai, y a pesar de que estaban locos el
uno por el otro y Ari le estaba muy agradecida, los dos no eran lo
suficientemente estúpidos para pensar que no necesitarían algo más en
sus vidas. Especialmente Jai, quien estaba acostumbrado a estar activo
todo el tiempo.
Ari miró su fuerte perfil y sintió una punzada familiar en su corazón. Estaba
preocupada por él. Le estaba costando un tiempo recuperarse de lo que
su padre le había hecho, y no importaba cuánto intentara pretender que
era irrelevante porque ahora tenía a Ari, ella sabía que todavía estaba
herido.
Apretó su mano y él le dio una sonrisa que no llegó a sus ojos.
Lo entendía.
Estaba preocupado.
Ari también. Todavía había mucho en el aire.
Después de que Charlie había desaparecido, dejando a Ari hecha un
completo desastre mientras trataba de superar la muerte de su mamá,
A
309
Fallon y su mejor amigo en menos de veinticuatro horas, Jai había insistido
en volver a El Gremio. Ambos sabían que el Charlie que había matado a
Akasha, y había vuelto su mirada hacia ella antes de entrar en el Peripatos,
ya no era su amigo. Como Dalí, Charlie había sido embrujado por el poder
de la esmeralda.
Había tenido un problema con el abuso de sustancias. ¿Cómo pudo Rojo
haber pensado que una persona con adicción a peligrosos mecanismos
de supervivencia sería capaz de manejar tanto poder? No.
Charlie se había ido. No sabía si volvería a verlo de nuevo. El Gremio era el
único lugar que era familiar y seguro para ella ahora. Michael no los había
recibido exactamente con los brazos abiertos, especialmente después de
descubrir que Charlie había conseguido matar a Akasha y poseía una rara
extraña de esmeralda del Monte Qaf que aparentemente podría hacer
explotar a los Jinn con una orden.
Pero Michael había dejado que se quedaran.
Intentando ser útil, de ayuda, Ari había querido estar ahí para Caroline de
cualquier forma que pudiera. Pero ella estaba rodeada de familia y
amigos del Gremio que ayudaron con los arreglos del funeral de Fallon y a
cuidar la casa. Ari fue dejada a un lado.
Lo entendía. Eran cercanos. Eran familia.
Antes y justo después del funeral de Fallon la casa había estado a rebosar
de personas yendo y viniendo.
Hoy era el primer día que estaba vacía. Hoy era el primer día que Ari
realmente podía tocar y saborear el aire cargado de dolor que colgaba
de cada pared, cada puerta…
Trey estaba cuidando de Caroline, asegurándose de que estaba bien,
haciendo bromas, limpiando sus lágrimas, y constantemente mirando su
celular. ¿Era eso por Cristal?
Ari se preguntó, sus sospechas sobre esos dos haciéndose más profundas
cuanto más y más pensaba en ello. Esperaba que Trey le dijera si
escuchaba algo de Cristal.
310
Aún no había escuchado una palabra de Rojo y no tenía ni idea de dónde
había sido enterrada su madre. Si es que había sido enterrada.
Luego también estaba, como no, el problema de Asmodeus y el Rey
Blanco, que todavía no habían acabado con ella. Según Jai, quien había
escuchado por Luca que Yasmin había estado quejándose sobre
despertarse y descubrir que podía hablar sobre lo que Ari le había
ordenado hacer, esto marcaba la posibilidad de una nueva amenaza.
Podría ser que todos a quienes había ordenado no estuvieran más bajo
coacción. El Ghulah. Pazuzu. ¿La perseguirían para vengarse?
Ari expulsó la respiración entre los labios mientras entraban en la oficina de
Michael. Los estaba esperando, mirando fijamente a la chimenea pero
distraído. La sala debía haber estado cálida con las llamas cobrando vida
por primera vez desde que Ari había llegado para quedarse con él. Todos
se quejaban de la ola de frío que había pasado por Nueva Jersey, pero
como normalmente, Ari y Jai no podían sentirla.
Otra punzada dolorosa se encendió en el pecho de Ari al ver a Michael, su
fuerte rostro arrasado con la tristeza. ¿La culpaba Michael? Después de
todo, si ella nunca hubiera interrumpido en las vidas de El Gremio, llevando
a Charlie lejos del cuadro, Fallon todavía estaría viva.
—Siéntense, por favor. —Michael señaló los dos asientos delante de su
escritorio.
Sintiendo inesperados duendecillos empezando a comer las mariposas en
su estómago, Ari tragó con fuerza, esperando su decisión de si le iba a
permitir quedarse por un tiempo en El Gremio.
—Me estás mirando, Ari, como si esperaras que de repente fuera a echarte
de la casa. —Le frunció el ceño, pareciendo muy cansado y un poco
molesto.
Ari hizo una mueca. No se había dado cuenta de que fuera tan obvio.
—Como miembros de El Gremio, somos conscientes de que una vida corta
es una posibilidad. Mi hija fue consciente de eso y estoy tratando de
aceptarlo, sabiendo que mi hija murió en servicio a un amigo. —
311
Mordacidad fue salpicada sobre la palabra amigo—. Ya he hablado con
Jai y les ofrezco a ambos un lugar en el Gremio junto con Trey.
Recuperada, Ari miró a Jai y este le dio una sonrisa arrepentida por no
decirle hasta ahora.
—Jai ha adquirido una propiedad en el área para que vivan Trey y él. Está
en el vecindario así que pueden estar cerca para ayudarme. Estoy
agradecido de tenerlos en El Gremio. —Asintió respetuosamente hacia Jai
y entonces miró a Ari, su mirada cambiando a sabia y casi… ¿paternal? —
También me dio a conocer la verdadera naturaleza de tu relación con él.
Sé que tienes dieciocho pero no tienes padres y sentiría que fallo en mis
responsabilidades como líder de El Gremio si no te apremiara a considerar
quedarte aquí con Caroline y conmigo en lugar de mudarte con dos
hombres mayores. Pero el Sr. Bitar quiere que tú hagas la elección.
Con los ojos abiertos completamente, Ari se giró para mirar a Jai, su boca
abriéndose ligeramente. Emoción inesperada empezó a aplastar los
duendecillos de su estómago. ¿Mudarme contigo? Le dijo
telepáticamente.
Él sonrió con dulzura. Si quieres.
Los duendecillos aplastaron de nuevo a la emoción ante el pensamiento
de vivir con Jai alrededor. Era pronto. Vivirían juntos como una verdadera
pareja. Ella solo tenía dieciocho. Todavía no habían dormido juntos, y Trey
sería su compañero de habitación. O todos serían compañeros de
habitación, ¿y ella tendría su propia habitación?, O… oh mierda.
Se sentía un poco mareada.
De repente Jai tomó su mano, sus cejas juntándose con preocupación. Ari
le echó un vistazo a través de la cortina de pelo y sintió que algo la golpeó
en el pecho cuando descubrió algo más que preocupación vagando
detrás de esos preciosos ojos de él. Ella vio miedo.
¿Miedo de qué no lo quisiera?
Ari apretó el agarre en su mano.
312
Estarían viviendo juntos. Lo vería todos los días. Para saber que estaba
seguro.
Se besarían sin ninguna interrupción.
Eso esperaba.
Trey también estaría allí, y se preocupaba por Trey. Los dos la hacían
sentirse segura.
Eran familia.
La emoción retiró los duendecillos con un bate de béisbol. —Voy a
quedarme con mi familia. Quiero mudarme con Jai y Trey.
Michael no parecía del todo contento.
—La gente podría hablar.
—Entonces dejémoslos hablar. —Ari se encogió de hombros,
completamente indiferente ante el pensamiento—. Hay peores cosas en la
vida que el cotilleo.
Con un suspiro, Michael finalmente asintió, sus ojos llenándose con dolor de
nuevo.
—Sí. Eso es. Lo que me lleva a mi siguiente parte de novedades.
La mano de Jai se apretó en la suya casi hasta el punto de ser doloroso y
Ari sintió la emoción en su interior muerta, muriendo con temor.
—¿Novedades?
—Tu última misión fue llevada a cabo por el hijo de mi tío, Aidan. Puede
que lo recuerdes de Phoenix.
Ari asintió. En realidad no había hablado mucho con él.
—Aidan se hizo pasar por un profesor suplente y descubrió que el profesor
de arte, un tal Sr. Sam Shepherd, tenía un Qarin.
—¿Un qué?
313
—Un doble —explicó Jai—. El dopplegänger de una persona.
Normalmente tratan de corromper a su humano hacia el lado oscuro, o en
algunos casos simplemente quieren destrozar la vida humana de su doble.
No todos son malos. Pero la mayoría lo son.
—Sí —coincidió Michael—. Y este lo era. Se hizo pasar por un profesor de
arte y concedía deseos a través de un cuadro de un estudiante. Los
dejaría pintar lo que más querían.
Eso tenía sentido, pensó Ari. Cuando sintió por primera vez el poder del Jinn
en los pasillos del colegio debió de haber sido el Qarin con quien se había
encontrado. Después cuando conoció a Sam, fue la parte humana.
—Aidan descubrió una taquilla llena con cuadros. Los cuatro chicos
desaparecidos. Estaban atrapados dentro de sus cuadros. Aidan dijo que
era una de las cosas más raras que ha visto. Había un chico atrapado en el
cuadro de… —Dirigió a Ari una mirada arrepentida—. Una escena de una
película de “adultos”. Por amor de Dios.
¿No acababa Jai de resoplar? Ari le hizo una mueca mientras se giraba de
nuevo hacia Michael.
—¿Entonces qué pasó?
—El Qarin sabía que había sido descubierto y huyó con su doble humano.
Lo estamos buscando pero queríamos ponerte al día. Si empieza a
aparecer en algún sitio nuevo y sin nuestra jurisdicción, los queremos a ti y
a Jai ahí para detenerlo. Es la prioridad número uno y de ahora en
adelante, viendo que tengo tres pura sangres en mi Gremio, cualquier
caza prioritaria es ahora muerte prioritaria. Jai me contó que Rojo dijo algo
sobre que los purasangres no son juzgados. —Sonrió secamente al ser
consciente de la verdad sobre la Ley.
Ari asintió un poco atontada. Sabía que eso repetía la promesa que había
dado a Michael durante el discurso que había utilizado para convencerlo
de dejarla ser una cazadora, pero escucharla claramente sin rodeos…
Michael le estaba pidiendo a ella, Jai y Trey que fueran sus asesinos
personales.
Le dirigió una mirada a Jai pero parecía tranquilo. Parecía preparado.
314
Sé un adulto, Ari, se reprendió a sí misma. Querías un propósito.
—De acuerdo —accedió.
—Ari… —Michael aclaró su garganta, de repente pareciendo
increíblemente incómodo—. El Gremio Roe ha recibido otra tarea
prioritaria, órdenes del Monte Qaf.
Su mirada se oscureció y sus ojos se hundieron con pensamientos feroces.
—Ayudaremos a los Creadores de la Ley en una cacería. Este está
considerado extremadamente peligroso e imposible de encontrar. Es por
eso que te necesitamos en ella.
Su corazón de repente estaba golpeando contra su pecho y sintió que sus
palmas empezaban a sudar. Sintiéndola temblar, Jai apretó su mano.
Dejó escapar la respiración que estaba aguantando, sal picando en sus
ojos mientras intentaba luchar contra sus emociones para ser capaz de
aguantar lo que él iba a decir.
—Es un híbrido. Algo así. Así que es una orden de buscar y matar.
—¿Por qué yo? ¿Por qué me necesitan? —Ari necesitaba que se lo dijera.
—Porque tú lo conoces mejor que nadie. Sabes sus costumbres. Sus deseos.
—¿Buscar y matar…? —Se ahogó, la incredulidad envolviendo sus manos
alrededor de su cuello.
—Si no nos deshacemos de él, otro lo hará. —Michael sacudió su cabeza,
sus ojos sorprendentemente llenos de simpatía—. No puedo imaginar cuán
difícil es esto para ti, Ari, pero se ha ido. Ya no es él.
—Sólo dilo —siseó con furia—. Sólo di su nombre.
Michael asintió, su expresión triste pero determinada.
—Es Charlie. Nuestra próxima meta es Charlie Creagh.
315

amantha Young es una escocesa de 26 años adicta a los libros y
graduada de la Universidad de Edimburgo en 2009. Estudió
historia antigua y medieval en la universidad, y fue en su primer
año allí, en medio de una conferencia de literatura clásica, que por
primera vez se le ocurrió la idea de Lunarmorte. Ha estado
escribiendo casi desde siempre, y tiene un especial interés en los
géneros paranormal, fantasía y ciencia ficción, pero había estado
esperando que algo fresco y original le golpeara en la cabeza. De
repente se le ocurrió durante esa conferencia cuan increíble es la
mitología Griega y como podría ajustarla para ser una historia de
seres sobrenaturales.
Se inspira en bases mitológicas o históricas y luego las retuerce para
adaptarlas a sus historias, y está muy agradecida porque su titulo le
sea útil mientras escribe.
S
316
Empezó la auto-publicación en 2011 y ahora se dedica a escribir a
tiempo completo. Cuando no está escribiendo, usualmente está
pensando en escribir. Cuando se aparta de la escritura, usualmente
la pueden encontrar leyendo, en largas caminatas, viendo un poco
de televisión o divirtiéndose con su familia y amigos.
Actualmente vive en una casa campestre en Stirlingshire, Escocia.
Otra gran parte de sus vida es la música y la mayoría de las veces la
música y la escritura vienen juntas. Le gustan muchas bandas y
artistas, encabezando la lista están: The Airborne Toxic Event, Metric,
White Lies, Biffy Clyro, the Killers, Muse, Paramore, The Cardigans,
Adele, We Are Scientists, the Kooks, Arcade Fire, Silverchair,Rihanna,
Paolo Nutini,Kings of Leon, Florence y the Machine, y muchos otros
artistas que pueden inspirar una escena perfecta.
Como adicta a los libros sus escritores preferidos son: Chloe Neill,
Stacia Kane, Laini Taylor, Taherah Mafi, E.L. James, Tammy Blackwell,
Julie Kagawa, Patrick Ness, Orson Scott Card, Verónica Roth, Richelle
Mead, Cassandra Clare, Michael Grant, Suzanne Collins, Racgek
Vincent, Rachel Caine, Charlaine Harris, Maria V. Snyder, Melissa de la
Cruz, Karen Marie Moning, Angela Carter, Margaret Atwood, J.K.
Rowling y muchos autores más que la hacen querer hacer esto para
vivir.
317

Escena del Club – Scorched Skies
Escrita desde el punto de vista de Jai
Traducido por Otravaga y Miranda.
Corregido por Paaau
ai todavía no podía creer que estaba dejando que esto sucediera,
que su padre estuviera dejando que esto sucediera. Caminó a lo
largo del pasillo de recepción a cuadros de la casa de su padre,
preguntándose qué demonios, aparte de Trey, había subido en la mente
de Luca para convencerlo de que enviar a Ari prematuramente en una
misión no era una idea excepcionalmente mala. Tenía la esperanza de
que fuera sin problemas, teniendo en cuenta que la actriz británica para la
que estaban trabajando esta noche era Jennifer Hadley y su
experimentado equipo de seguridad iba a estar fuera del club todo el
tiempo. Él y Ari tenían que hacerle compañía en el interior a Jennifer y a su
novio, Chris, observando a la multitud en busca de cualquier cosa
sospechosa.
Demonios, es mejor que fuera así de fácil.
Ante el sonido de unos pasos que descendían hacia él, Jai miró hacia las
escaleras. Y sintió el impacto de la visión ante él como un puñetazo en el
estómago. Ari era una chica hermosa. Vestida con una camiseta,
pantalones vaqueros y sin maquillaje, ella era una chica hermosa. No de la
clase de belleza que algunas personas encontraban hermosa. La clase de
belleza que simplemente lo era. Sin argumento. Sin poderlo negar. Era
hermosa. Esta noche ella lo había llevado a otro nivel y añadió una
cantidad alarmante de atractivo sexual a su belleza.
Ella tiene dieciocho años, se recordó Jai. El recuerdo le hizo poco bien
mientras la veía descender hacia él con un corto vestido rojo sin tirantes,
que revelaba las piernas más largas y bien formadas que alguna vez había
visto, y se aferraba demasiado bien a todas sus esbeltas curvas. Luciendo
así, Jai no veía una chica de dieciocho años de edad. Él sólo veía a una
J
318
mujer joven y bella que era fuerte, poderosa, fiel y valiente. Mía, gruñó una
voz en su interior cuando ella se detuvo. Mía. Quería decirle que se veía
preciosa, pero fue detenido por la suave sonrisa de Ari. Sus ojos brillaban
con deleite mientras estudiaba su reacción a su apariencia.
Genial. Esa mirada en sus ojos fue como un jarro de agua fría,
recordándole abruptamente a Jai que ella no era suya y que nunca
podría serlo. Jai suspiró para sus adentros. Deja de darle una idea
equivocada.
Decidiendo en contra de reaccionar verbalmente a su apariencia, pero
todavía luchando para controlar dicha reacción, Jai preguntó con voz
ronca:
—¿Estás lista? —Mientras le entregaba su falso documento de identidad.
Falso documento de identidad.
Claro. Ni siquiera era lo bastante mayor para entrar en el club. En ese
vestido parecía bastante mayor. Lo suficiente mayor para un montón de
cosas…
Jai decidió que odiaba ese vestido tanto como lo amaba. Al darse cuenta
de que Ari aún no había respondido, él miró su rostro y la encontró
frunciendo el ceño.
—¿Qué?
Ari se encogió de hombros, con su expresión instantáneamente despejada.
—Voy a llevar a la Srta. Maggie, espero que no te importe.
Jai no creía que eso fuera lo que había causado el ceño, pero a este
punto quería distanciarse un poco de ella y eso incluía no preguntarle
sobre lo que estaba pasando en ese ocupado cerebro de ella.
—Bien. Protección extra, supongo. —Se dio la vuelta sobre sus talones—.
Conduciremos. Podría venirte bien un descanso de la casa.
—¿Sin Peripatos? —preguntó ella, siguiéndolo.
319
—Me gusta conducir. —Eso era cierto. Le gustaba conducir. Pero pronto se
dio cuenta de su error después de veinte minutos en marcha.
Era condenadamente incómodo. No la belleza que él estaba
conduciendo, el SL Roadster de su padre y uno de los favoritos de Jai, sino
la belleza sentada a su lado. Él no quería hablar y Ari claramente no sabía
qué decir. No ayudaba que cada cinco segundos la veía por el rabillo de
su ojo, tirando del dobladillo de su vestido hacia abajo. Ese destello de
muslo, la continua atención que sus movimientos atraían hacia sus piernas,
causaba imágenes que quemaban a través del cerebro de Jai antes de
que pudiera detenerlas. Ari con ese vestido, esperando por él en su cama.
Su mano deslizándose hacia arriba por la parte posterior de su pantorrilla,
acariciando su piel, sus dedos rozando más arriba…
Sintió los ojos de Ari en él y cerró los puños sobre el volante, sintiendo la
tensión espesándose entre ellos, ambos perfectamente conscientes de
que la única cosa en sus mentes no era la misión sino… Sexo.
Jai se estremeció. Él no había estado con una mujer desde hace tiempo.
Debería hacerlo. Tomar un descanso rápido de Ari. Sus ojos se deslizaron de
nuevo sobre ella, su rostro de perfil mientras ella miraba hacia el océano. El
anhelo se apoderó de su pecho con fuerza, anhelo como nunca había
sentido antes, y sabía, sin importar que ella nunca fuera suya, que mientras
ella estuviera en su vida, nunca habría nadie más.
Mierda.
Aliviado como el infierno por llegar al hotel, Jai respiró un poco más fácil
cuando se reunió con el equipo de seguridad de la Srta. Hadley, la
seriedad de la misión apartando su mente de su pareja para la noche.
Su atención se centró en mantener a Ari, a Jennifer y a Chris seguros.
Llegaron al club y cuando los paparazzi comenzaron a tomar fotos de
Jennifer con Ari, Jai inmediatamente usó su magia para borrar sus tarjetas
de memoria. Maldito Luca por no pensar en esto. El que Ari estuviera aquí
significaba que no podía concentrarse por completo en la misión, porque
estaba centrado en mantenerla fuera de las garras de El Rey Blanco y el
imbécil de Dalí. Frunció el ceño, añadiendo otro punto negro en contra de
su padre mientras seguía a sus encargos dentro el club.
320
Fueron detenidos por una empresaria flaca que sonrió afectadamente
mientras hablaba con Jennifer. Jai la observó cuidadosamente,
verificando su identificación. Una vez que se aseguró de que era la
gerente del club, le permitió mostrarles el camino a la mesa VIP. Sus ojos
hicieron un rápido reconocimiento. Dos salidas al norte de la barra, una en
el muro este y la entrada por la que acababan de entrar. Había cerca de
200 personas en el club y Jai escaneó tantos rostros como pudo, en busca
de alguien que luciera como si no perteneciera ahí. La mayoría de los
rostros eran familiares, puesto que el club estaba lleno de celebridades.
Muchos de ellos vieron la entrada de Jennifer en el club y más
inquietantemente, muchos de los hombres estaban viendo a Ari,
preguntándose quién era. Muchos de ellos la estaban admirando, algunos
de forma ruin y algunos simplemente pidiendo ser golpeados.
Ella no debería haber usado ese vestido.
La gerente los llevó a una sección VIP, una mesa y un sofá curvo separados
del resto del club por una barandilla de hierro forjado. Jennifer y Chris
entraron al área, deslizándose en sus asientos y Jai se acercó por detrás de
Ari, su mano cayendo a la parte baja de su espalda para guiarla adentro.
Él lo hizo sin pensar, tratando de enviarle un mensaje a los sujetos que
habían estado viéndola, y ahora su mano ardía por la sensación de ella. Se
sentaron al lado de Jennifer y Chris, y Jai pasó el brazo sobre el respaldo
del asiento de Ari, su lenguaje corporal claro para cualquier otro sujeto
aquí.
Vino aquí conmigo. Retírate.
Un camarero apareció tan pronto como se hubieron sentado y Jai le echo
una ojeada. Parecía nervioso, lo que inmediatamente alertó a Jai. En una
inspección más cercana, sin embargo, Jai vio las miradas de
preocupación que él seguía lanzándole a la gerente, quien estaba de pie
a un lado, fingiendo no merodear. Claramente el camarero estaba
nervioso por hacer su trabajo bien. Probablemente incluso había sido
advertido. La gerente del club parecía de ese tipo.
Jai curvó un labio. Odiaba a los bravucones.
—¿Qué puedo servirles? —preguntó el camarero.
321
—Tendré un Glenlivet y ginger ale. —Jennifer le sonrió. A Jai le gustaba
bastante Jennifer. Ella parecía agradable, no tenía ningún aire
pretencioso. Su novio Chris también parecía bien… Del tipo de persona
altamente amable, leal y responsable.
—Lo mismo para mí —agregó Chris.
El camarero se dirigió a Ari y Jai respondió prudentemente antes de que
ella pudiera.
—Agua para nosotros.
—Entonces, ¿cómo entraron ustedes dos al negocio de la seguridad? —
preguntó Jennifer en cuanto el camarero se había ido.
No. La actriz podría ser agradable pero ellos no iban a hacer esto. Sin
conversación. Tenía que mantenerse concentrado.
—Negocio familiar —respondió él secamente, esperando que su tono
significaría el fin de la discusión.
—Oh. ¿Ustedes dos son hermanos?
—No —respondió Ari inmediatamente, claramente tan consternada por la
idea como lo estaba él. Sólo que él era mejor ocultando sus sentimientos.
Ari dejaba que los suyos colgaran allí para que todos los vieran. Jai
realmente deseaba que ella dejara de hacer eso, porque sólo le hacía
más difícil el no hacerle daño sin querer.
Él le lanzó una mirada, tratando de comunicarle esto silenciosamente y
luego le contestó a Jennifer con una mentira.
—Nuestros padres son amigos y colegas.
—¿Cuánto tiempo han sido oficiales de seguridad?
¿Cuánto tiempo va a durar esta noche?
—Un tiempo.
—¿Te gusta?
322
¿En este momento? No.
—Sí, señora.
Para alivio de Jai, después de unas cuantas preguntas más, Jennifer
finalmente entendió que él no estaba de un humor locuaz. Se volteó hacia
su novio y comenzaron a tener una conversación íntima, sus cuerpos
curvándose entre sí.
Sintiendo el retorno de la tensión entre él y Ari, Jai esperaba que esa
conversación íntima no se convirtiera en una intimidad real. Lo último que
necesitaba era una exhibición.
Diez minutos después, sus esperanzas se desvanecieron cuando Jennifer y
Chris comenzaron a besuquearse. Supo exactamente cuándo se dio
cuenta Ari, porque todo su cuerpo se tensó. Volteó un poco la cabeza
para verla, sus ojos saltando sobre las errantes manos de la pareja. Ella se
removió incómoda y Jai no pudo dejar de sonreír sin humor. Si necesitaba
alguna prueba de que era una mala idea que algo sucediera entre él y
Ari, esta era. Ella estaba avergonzada por una pareja besándose.
Sintiendo su mirada, Ari lo miró, y aunque cinco segundos más tarde ella
estaba fulminando con la mirada su sonrisa, Jai captó la mirada que había
en sus ojos y se puso rígido. No estaba avergonzada de que Jennifer y Chris
estuvieran besándose. Ella se sentía incómoda… porque la estaba
excitando.
Oh, demonios.
Jai casi dejó caer la cabeza, rezando para que alguien lo librara de la
tentación, cuando una voz borracha gritó:
—¡Oye!
Un hombre alto, con cara de niño, miraba a Ari a través de las rejas.
—¿Quieres bailar, niña bonita?
¿Quieres mantener tu nariz donde está, niño bonito?
Jai deslizó su brazo hacia abajo alrededor de los sedosos hombros
desnudos de Ari y la haló hacia él.
323
—¡Lárgate! —gruñó en señal de advertencia. El punk desapareció entre la
multitud y Jai la dejó ir, sólo deteniéndose a sí mismo de apartar su suave
cuerpo del suyo como un estudiante de tercer grado con un flechazo.
Ante la mirada medio esperanzada, medio confundida en sus ojos, Jai
optó por una fría explicación—. No podemos dejar nuestro puesto.
Él sintió su dolor y apartó la mirada bruscamente, sin necesidad de
presenciar el efecto de su gilipollez en ella.
—¿Saben? —les gritó Jennifer en voz alta por encima de la música—.
Quiero bailar. —Arrastró a Chris para ponerlo de pie y le sonrió
pícaramente a Jai—. Supongo que eso significa que es mejor que ustedes
dos se unan a nosotros.
Jesús, si no era Trey emparejándolos, era otra persona. Quizás, era el
momento para enviar un memo. Jai y Ari = guardián y cliente. Nada más.
Jamás.
Pero todavía iba a tener que bailar con ella. Genial. No pudo evitar el
suspiro reticente que cayó de entre sus labios mientras permanecía de pie,
esperando que Ari se uniera a él. Ella se levantó lentamente, pero sin
mirarlo a los ojos y sintió otra punzada de remordimiento. Estaba siendo un
idiota.
Necesitando tranquilizarla, a pesar de que era una idea increíblemente
mala, y queriendo mantenerla cerca mientras se movían a través del club,
Jai tomó la mano de Ari, tirando de ella delante de sus clientes para poder
observar a la multitud. Sus ojos constantemente regresaban a Jennifer y
Chris, y a la gente alrededor de ellos. Hasta ahora, todo bien.
Con el ceño fruncido y emitiendo una energía seriamente molesta, Jai
logró despejar un espacio para ellos en la pista de baile y los colocó a él y
a Ari cerca de Jennifer y Chris. Sin necesitar frustraciones o molestias
adicionales, sostuvo a Ari suavemente por la cintura y mantuvo una buena
distancia entre sus cuerpos. De esta manera, podría mantenerse
concentrado y lo hizo, sus ojos moviéndose constantemente por el club a
través de la multitud de bailarines.
Dos manos le golpearon los hombros, sobresaltándolo y sacándolo de su
concentración. Jai le frunció el ceño a Ari mientras la cabeza de ella
324
giraba para mirar fijamente a una Jennifer riendo, para luego mirarlo
ferozmente a los ojos. ¿Qué estaba pasando con ella ahora? Maldita sea,
él no necesitaba esto.
—¿Qué?
Para su sorpresa, Ari haló su cabeza hacia abajo con una sorprendente
cantidad de fuerza, sus labios rozando su oído mientras ella exigía:
—Baila conmigo apropiadamente o te daré una patada en las pelotas.
Desconcertado, Jai no pudo evitar reírse ante sus palabras, con sus brazos
automáticamente apretándose alrededor de su cintura para atraerla más
cerca. Era una mala idea, lo supo tan pronto tuvo su suave cuerpo
apretado contra el suyo y su cabeza apoyada en su hombro, pero Ari
tenía una manera de encantarte con su honestidad. Esa era una de las
cosas que más le gustaban de ella. Él siempre sabía lo que quería. Sólo
deseaba que ella no lo quisiera. Eso lo haría muchísimo más fácil para él.
Ante el toque de sus dedos acariciándole la nuca, Jai tuvo que reprimir un
estremecimiento. Ella olía muy bien. Se sentía muy bien. Y él se sentía como
si estuviera a punto de estallar fuera de su piel por la frustración.
—Estamos aquí para trabajar —le recordó él con brusquedad, con la
esperanza de que también se lo estuviera recordando a sí mismo—. No
para bailar.
Podemos hacer ambos, contestó ella mediante la telepatía, su voz
bromeando pero insistente.
Con un suspiro interior, Jai decidió darle eso. Yo vigilaré a la pareja feliz. Tú
vigilas el gentío.
Sí, señor.
Él resopló. Ahí estaba esa boca rápida de nuevo.
Jai no supo cómo ocurrió. Un minuto había estado haciendo su trabajo,
vigilando… pero su cerebro y cuerpo no la podían evitar. Todo lo que
podía oler era ella, podía sentir su suave pelo debajo de su barbilla, sus
325
dedos acariciando la piel en su nuca, sus curvas rozándose contra él
desde el pecho hasta el muslo.
Quizás fuera un Ginnaye bastante poderoso… Pero también era sólo un
chico.
Se sentía increíble. Se sentía bien.
Y mientras él bajaba la mano por su fina espalda, siguiendo la agradable
curva inclinada para descansar su mano posesivamente en su cadera, su
otra mano haciendo su camino para detenerse en su baja espalda y trazar
círculos ahí, Jai nunca había estado más convencido de ese hecho. Se
sentía bien. Esto se sentía bien. Era suya.
Mía.
Su mano automáticamente agarró con fuerza su cadera, tirándola hacia
él mientras su conciencia hacía lo mejor para convencerlo. Ella tembló un
poco en sus brazos, dejándole saber que también lo sentía.
Dios… esto era una tortura, Jai exhaló con fuerza contra su oído, casi
expulsando su frustración.
—¿Listos para otra bebida? —La voz de Jennifer picó su burbuja y devolvió
a Jai a la realidad con un aplastante y descongelante golpe.
Mierda.
Apartó a Ari de él, ignorando la curiosa sonrisa de Jennifer y el silencio
confundido de Ari. ¿Qué demonios estaba haciendo? ¿Estaba tratando de
arruinarla? Furioso consigo mismo y con la rápida desaparición de su
autocontrol, Jai los dirigió de nuevo a la mesa, decidiendo que era mejor ni
siquiera mirar a Ari.
Se suponía que estaba de servicio, no deseando a una chica de dieciocho
años que estaba más pérdida y confundida de lo que él jamás había
estado, y eso decía algo. Mierda. Jesús. Qué demonios…
326
Jai trató de sacudir su molestia, pero era difícil con su Talón de Aquiles5
sentada justo a su lado, viéndose como si la hubiera abofeteado.
Escuchó su voz suspirar en su cabeza antes de que dijera: Tengo que ir al
baño.
Genial.
Jai estudió su cara durante un momento para ver si podía evitarlo, pero por
la forma en que estaba arrugando la nariz y moviéndose un poco en su
sitio como una niña pequeña, lo dudaba. Miró los vasos de agua vacíos en
la mesa. Maldita sea, era una novata en esto. Le disparó una mirada de
advertencia. Sé rápida. No me gusta la idea de que andes sola.
Demasiadas manos vagando fuera de la pista de baile.
Tengo a la Srta. Maggie, trató de asegurarle.
Ah sí, el poltergeist que no parecía gustarle mucho. Pero la Ifrit era
protectora con Ari así que… Jai le dio un asentimiento firme y ella
prácticamente se marchó corriendo de allí.
Jennifer y Chris estaban de nuevo ignorándolo. Jai no pudo decir que los
culpara. No era exactamente el señor Conversación. No le molestaba. No
le estaban pagando para ser amable o para que les gustara. Le pagaban
por mantener viva a la gente. Hablando de eso…
Los ojos de Jai se pasearon a través de la oscuridad del club. Ari estaba
tardando un poco. ¿Se había caído por el inodoro? Suspiró con molestia
mientras su conciencia le decía que probablemente se estaba
recomponiendo después de que se pusiera tan caliente y molesta en la
pista.
Imbécil.
Iba a matar a Trey por esto cuando regresara a la casa.
5 Talón de Aquiles: Metáfora usada para referirse a una debilidad mortal, a pesar de la
gran fuerza que alguien posea.
327
La columna de Jai se tensó ante el repentino escalofrío que le recorrió. El
rastro. ¿Ari?
—¿Jai? —preguntó Jennifer suavemente mientras él se giraba para
encontrarla, el ceño fruncido con preocupación—. ¿Todo bien?
Acababa de girar, cuando una voz baja, femenina, retumbó alta en su
cabeza. ¡El Rey Blanco tiene a Ari encerrada en el baño de damas!
El corazón de Jai se paró ante el mensaje de la Srta. Maggie, sus puños
cerrándose con miedo.
—Volveré, quédense aquí —ordenó a la pareja y entonces se estaba
moviendo tan rápido como pudo sin parecer otra cosa que un humano,
empujándose a través de los bailarines, su cara oscura con decisión de
modo que le abrieran el paso.
Finalmente, giró en la esquina hacia los baños y volcó toda su energía en
sus pies, moviéndose por el pasillo como el viento y golpeando la puerta
para que la madera se partiera con el impacto.
—¡ARI! —rugió a través de la madera, sus puños, iluminados con magia,
golpeando en ella. ¿Qué si llegaba demasiado tarde? ¿Qué si…?
Sacudiéndose el pánico, Jai dio un paso hacia atrás y cogió una profunda
respiración. Miró detrás de él para asegurarse que estaba solo y entonces,
puso toda su energía mágica en su pierna derecha, sus vaqueros brillando.
Con un gruñido primitivo, dobló hacia atrás su rodilla y luego estampó su
pie contra la madera, casi sacando la puerta de sus bisagras. Sin otro
pensamiento, Jai derrapó en el baño, sus ojos buscándola.
Alivio fluyó a través de él.
Ari estaba sola, con el rostro pálido, los ojos abiertos mientras lo miraba,
temblando de la cabeza a los pies. Estaba aterrorizada. Furia impotente
corrió a través de él y Jai apretó su mandíbula al mismo tiempo que
cerraba la puerta del baño de un golpe y la cerraba con el pestillo. Ella
aún estaba temblando. Él se acercó deprisa hasta ella, la sangre corriendo
a sus oídos ante el pensamiento de lo que le podía haber ocurrido. Hizo
que su estómago se revolviera y su pecho ardiera con miedo. De hecho,
nunca había sentido así el miedo.
328
—¿Estás bien? ¿Estuvo aquí?
Extendiendo sus manos para calmarlo, Ari suspiró.
—Se ha marchado, estoy bien. ¿Cómo supiste? No dije nada.
¡No, pero deberías haberlo hecho!
Sus ojos se entrecerraron con enfado mientras buscaba daños en su
cuerpo. Estaba en una pieza.
—Justo cuando sentía una alarma en el rastro, la Srta. Maggie me habló
telepáticamente.
Si no hubiera tenido el rastro… Si la Srta. Maggie no le hubiera avisado.
Mierda. El Rey Blanco pudo haberle hecho cualquier cosa. Quizás hubiera
desaparecido. Nunca hubiera sido capaz de hablarle de nuevo… O
tocarla…
Era un desastre. Un jodido, confuso desastre, porque todo lo que
importaba en aquel momento era que ella estuviera bien, no que él no
debiera quererla. Por ahora estaba con ella… Y podía tocarla. Sus ojos
cayeron a sus labios temblorosos y la necesidad golpeó en su estómago.
Nada más importaba.
Había mucho espacio entre ellos.
Sin pensar en las consecuencias, los brazos de Jai se extendieron por
voluntad propia y tiró de ella con fuerza entre sus brazos, de modo que
pudo abrazarla y asegurarse de que estaba segura con él. La sensación
familiar de ella contra él sólo profundizó la necesidad, y su agarre se
apretó, su corazón latiendo tan fuerte que ambos podían oírlo.
Sintió que Ari lo apretaba de vuelta.
—Estoy bien —le aseguró con suavidad—. Solo quería hacerme un lío en la
cabeza. No hice nada. No le ordené. Fue difícil, pero no lo hice, lo
prometo…
—Ssh. —Jai la calló al instante, no queriendo que se preocupara porque él
pensara que sería bastante imprudente hacer eso. Ari era sincera y a
329
veces impulsiva, pero era inteligente y al contrario de otras personas, tenía
mucho autocontrol. Lo fascinaba—. Lo sé. Estoy orgulloso de ti.
Oyó su respiración cambiar, se volvió irregular mientras se hacía atrás para
mirarlo. Todo estaba ahí, en sus ojos. Su gratitud, su alivio… Su deseo. Los
ojos de Jai cayeron a su boca de nuevo. Una probada. Una probada no
estaría tan mal…
Ella trató de dar un paso atrás y las manos de Jai se tensaron a su
alrededor. Aún no quería que se fuera… No había tenido tiempo…
—Jai…
Su control se disolvió.
La arrastró contra él, sus labios chocando con los de ella, satisfacción
atravesándolo ante su sabor. Ella se derritió enseguida contra él, sus brazos
envolviéndose alrededor de él, su lengua burlándose de la de ella sin
piedad. Y esa rendición inmediata fue como echar leña al fuego. La
quería más cerca. Quería estar dentro de ella, tan adentro que nunca le
dejara salir.
Ante el sonido del jadeo en su boca, Jai casi expiró en el momento. No
estaba lo bastante cerca. Empujándola contra el lavabo, dulzura,
delicadeza, todo fue arrasado por el calor abrasador en su sangre. Jai
tomó sus caderas y la levantó sobre el lavabo con facilidad, de modo que
podía insinuarse entre sus piernas, largas piernas que inmediatamente se
envolvieron a su alrededor, arrastrándolo más cerca. Sus dedos se clavaron
en las caderas de ella mientras se rozaba con ella, gimiendo con fuerza
ante el placer que lo atravesaba por la burla. La primera vez que la había
besado, hubo una chispa, una chispa entre dos extraños y eso lo hizo
cuidadoso. Lo confundió. Así que realmente no había perdido el tiempo en
disfrutar su sabor. Ahora iba a disfrutarlo.
Maldita sea, la chica sabía besar, pensó mientras le lamía la boca, su ritmo
enlenteciendo y llevándolo a algo más profundo, más lánguido… Sexy
como el infierno. Ante la sensación de las manos en su pecho, Jai se echó
atrás. Él también quería sentirla. Con sus labios. Besó su mandíbula,
probando su piel. ¿Era posible ser adicto a una persona? Se preguntó
vagamente, su mente una niebla de masa ahora que otra parte de su
330
cuerpo lo estaba controlando. Jai la apretó más contra sí mientras dejaba
suaves, lujuriosos besos en su cuello, hasta que llegó a su hombro desnudo.
Esa piel desnuda había estado burlándose de él toda la noche. La mordió
suavemente.
Ella gimió, el sonido lleno de necesidad.
Era como una patada en el estómago.
Jai había acabado con la paciencia.
Era suya y la tenía ahora.
Su mano tomó su nuca, echando su cabeza atrás para poder mirar su
rostro sonrojado, sus ojos brillantes. Ella también quería eso. Ella lo quería…
La empujó con fuerza contra su boca, su beso más profundo incluso que
antes, su cuerpo empujando el suyo mientras sus piernas subían a sus
caderas. Esas piernas llamaron su atención. Quería tocarla, ver el mismo
cuán suave era la piel en la parte superior de sus muslos…
¡CRASH!
La puerta se abrió de golpe.
El instinto le hizo apartar su cuerpo de ella y después protegerla, su pecho
subiendo y bajando mientras trataba de recuperar el aliento. No había
nadie allí.
Jai lanzó una mirada de ojos abiertos a Ari, sólo para encontrarla
mirándolo con la misma expresión en su cara.
—Es la Srta. Maggie —le informó con voz ronca.
¿La Srta. Maggie? ¿Por qué? Los ojos de Jai viajaron sobre Ari. Sus mejillas
sonrojadas, sus ojos cansados y oscuros, boca inflamada, el borde del
vestido subido indecentemente… La Srta. Maggie los había interrumpido
antes de que él hiciera algo que lamentara.
Mierda.
Demonios.
331
¿A qué punto había llegado? Maldita sea, ¡podía haber perdido todo sólo
porque no podía quedarse en sus pantalones! Habría perdido a Ari, su
reputación, la frágil amistad con su padre… ¿En qué demonios había
estado pensando? Claramente no lo estaba. Y Ari… ¡No lo estaba
ayudando! Él le había dicho que no eran nada más que amigos y ella lo
seguía mirando…
¡Mierda! No era su culpa.
Ella era inocente. Él era el adulto. El Ginnaye. Y por primera vez en su vida,
estaba fallando en lo que mejor hacía. Gimió, pasando una mano por su
cabeza mientras su tenso, frustrado cuerpo peleaba con su auto flagelante
mente.
—Esto no debería haber ocurrido.
Los ojos heridos de Ari lo destrozaron y viéndola luchar para bajar el borde
del vestido del que casi la había sacado, lo hizo sentirse como la mierda
más grande. Y eso sólo lo ponía más enfadado de lo que cualquiera
podía. ¿Se estaba convirtiendo en lo que su madrasta Nicki siempre había
dicho?
—¿Jai…? —La voz de Ari estaba llena de vulnerable necesidad de
seguridad.
Seguridad que él no le podía dar.
Enfadado, necesitando que ella entendiera, el gruñido salió de él antes de
que pudiera pararlo.
—No. Esto nunca ocurrió. Estaba preocupado por ti y simplemente…
¡Mierda! —Golpeó su palma contra las paredes de azulejos, necesitando
un golpe de claridad.
Ella se bajó del lavabo, peleando con su vestido, pareciéndose bastante a
una chica que casi había dado todo a un chico, sólo para que él actuara
como un idiota y la tratara como si no lo mereciera.
Culpa lo pinchó, mezclada con el dolor de herirla.
Bueno, hoy era la última vez que le haría eso a ella. Se merecía algo mejor.
332
—Ari, lo siento mucho —le dijo con una disculpa sincera—. La última cosa
que necesitas es un chico mayor tratándote como la mierda. Te mereces
algo mejor. Y no te puedo dar más.
Nunca seré capaz.
Aunque ella lo consiguió.
Fue y lo hizo quererla, incluso más de que lo que ya hacía. Miró con
fascinación y admiración mientras ella finalmente aceptaba la realidad. Se
encogió de hombros ante esa verdad, a pesar de que él sabía que le dolía
y que lo manejaba con una cuidadosa y controlada expresión. Se alisó el
cabello y enderezó los hombros, mirándolo a los ojos con nada excepto
fría cortesía.
—Será mejor que volvamos al trabajo. —Lo pasó como si no tuviera una
preocupación en el mundo y Jai solo pudo mirar detrás de ella. Dios, ella
era algo.
Y ese algo no era suyo.
333

(Fire Spirits #4)
Ari Johnson desea que adaptarse a vivir con su novio fuera su única
fuente de emoción y ansiedad.
Ella desea muchas cosas.
Pero claro, desear fue lo que la trajo aquí en primer lugar.
Ari escogió ser una cazadora de El Gremio. Quería perseguir Jinn
peligrosos y destruirlos antes de que puedan lastimar a personas
334
inocentes. Pero ahora que Ari es miembro de El Gremio, se encuentra
a sí misma en la imposible posición de cazar a su ex mejor amigo-
humano-convertido-en-un-peligroso-Sorcerer, Charlie Creagh.
Mientras Ari lucha por aceptar su labor, un antiguo Jinn y su
compañero quieren vengarse de ella por usar el Seal contra ellos. El
Rey Blanco se niega a renunciar a su búsqueda por revivir a Lilif, y
Asmodeus no ha terminado de jugar con ella.
Cuando Ari no puede soportar más, corriendo hacia el Sultán Azazil
para exigir el favor que él le debe, los eventos que ella
desencadenará no sólo alterarán la vida de todos, sino que
encenderán una oscuridad que estremecerá a los reinos en su
esencia misma.
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
El cielo es un lugar oscuro en este nuevo mundo
Traducido por Vanehz y Maru Belikov
Corregido por Paaau
ri, ¡agáchate! gritó Jai telepáticamente y los reflejos de Ari
golpearon instantáneamente. Golpeó el piso, barbilla abajo, sus
ojos elevándose mientras miraba el cuchillo silbar a través del aire y
clavarse en la pared, a centímetros de la cabeza de Jai. Ari rodó sobre su
espalda y sacudió sus manos hacia adelante, palmas afuera, enviando
dos bolas de magia defensiva hacia el Qarin. El chico de al lado que
parecía Jinn saltó a un lado para evitar el ataque de Ari y caminó justo
hacia la magia de Jai. El puñado de brasas que había enviado, segundos
después de las de Ari, lo golpearon con la fuerza de un tren de carga. El
cuerpo del Qarin se elevó del suelo y chocó contra la pared de delgado
papel de la casa de un pequeño pueblo, Milwaukee.
Ari se tambaleó sobre sus pies.
—¿Estás bien? —preguntó Jai afiladamente mientras caminaba por su
lado, su cuerpo automáticamente poniéndola detrás de él a pesar de las
incontables veces que le había dicho que dejara de hacer eso.
—Estoy bien —murmuró, quitando los escombros de su camiseta.
Jai no se molestó en escatimarle una mirada en respuesta a su tono y Ari
no estaba sorprendida. Ahora no era realmente momento de tratar de
entender por qué su novia estaba enojada con él.
Michael les había dicho que el grupo que había estado cazando al Jinn
dopplegänger de Sam Shepherd, el profesor de arte, había finalmente sido
localizado después de dos meses de búsqueda. Ari y Jai habían venido tras
él y ella había usado el tiempo de proximidad para dejar claro que estaba
enojada con su novio. Como fuera, Jai no había abordado el asunto de
sus respuestas monosílabas y pesado silencio, y eso sólo la enojaba más. Lo
cual significaba que la perra Dopplegänger iba a darle un mundo de dolor
A
336
si esto no acababa rápido. Ari y Jai habían usado el Peripatos para llegar a
las coordenadas que el Gremio de Cazadores les había dado. Eso había
sido media hora atrás. Con el humano Sam Shepherd noqueado escaleras
arriba, el trabajo práctico de Jai, habían estado jugando a ocultarse,
buscar y encontrar, luego a esconderse, buscar y encontrar otra vez con el
Qarin por tanto tiempo como Ari estuvo preocupada. Ella tenía dos heridas
cortantes: Una en su frente y un profundo corte a lo largo de sus costillas,
que dolía como el infierno. Jai, por supuesto, estaba ileso. El Qarin estaba
jugando con ellos, sin embargo y Ari tenía la clara sensación de que había
determinado que Jai iba caer con más que un simple corte.
Bien, Ari había terminado de jugar.
Gruñó mientras se detenía junto a Jai para ver que la mancha sobre el piso
lleno de escombros en donde el Qarin debería estar, estaba vacía.
—Mierda —murmuró Jai, su mandíbula apretándose—. Voy a…
—Silencio —chasqueó Ari, ignorando las cejas alzadas de Jai. La mirada de
“¿peeerdón?” debía verse cómica si no estuviera tan molesta. Dame un
minuto, trató de explicar menos lacónicamente, usando telepatía y estuvo
agradecida cuando Jai permaneció en silencio.
Ari cerró sus ojos. Antes, cuando ella y su tío Rojo habían estado de alguna
manera en terreno más estable con su relación, él le había dicho que
incluso sin sus habilidades como el Seal, era una poderosa Jinn. Su madre,
Sala, había sido una antigua y poderosa Ifrit y su padre era El Rey Blanco,
uno de los más poderosos Jinn que existía. Si los Jinn fueran sociales, ella
habría sido la Waldorf Blair del monte Qaf, el reino Jinn. Rojo había
insinuado que significaba que ni siquiera había aprovechado el alcance
completo de sus habilidades aún. Jai estaba tratando de llevarla allí con
entrenamiento y habían estado en algunas cacerías juntos, donde ella
descubrió más y más sobre sí misma. Era tiempo de desenredar más, sin
embargo. Había visto los sentidos Jinn de su tío, que estaban en otra
condición, por Cristo Santo. Seguramente podía encontrar a este asno de
dopplegänger, para que así Jai y ella pudieran hacer la cosa
desagradable que habían venido a hacer aquí y entonces, salir
rápidamente de allí.
337
Ari se enfocó. Sentía el movimiento de los escombros mientras se
desplazaba en incremento contra la suave briza soplando a través de una
ventana abierta. Sintió el aire a su izquierda bailando hacia los lados
mientras Jai se movía sólo un centímetro y sus sentidos se enganchaban a
su magia. Tomando una profunda respiración, dejó que la riqueza de su
sello la abrumara. La atracción de Jai era diferente a la de cualquier otro
Jinn que nunca hubiera sentido. Un guardián Ginnaye, pura sangre y
extremadamente fuerte, la magia de Jai pulsaba hacia afuera desde lo
profundo, formando olas. Pero a diferencia de muchos, la suya tenía una
acaparadora y rica calidez que venía de sus instintos protectores naturales.
Podía usar esa poderosa energía para envolverte en su seguridad o podía
usarla para destruirte.
Dándose a sí misma una ligera sacudida, Ari empujó pasando el aura de
Jai y sintió a través de la oscura memoria de la casa en su mente. Buscó en
cada esquina, cada rincón, tomando las escaleras silenciosamente hacia
el segundo piso.
Allí.
En el baño, subiendo las escaleras.
Ari tomó una profunda respiración, su estómago repentinamente revuelto
con su decisión.
La verdad era que había estado jugando con el Qarin tanto como él
había estado jugando con ella. Tratando de evitarse.
Las dos cacerías en las que había estado habían sido de formación más
que otra cosa. Jinn que sólo necesitaban ser etiquetados y trasladados de
las ciudades en las que se portaban mal.
Esto era diferente.
El Qarin dopplegänger iba a ser su primer asesinato.
Jai quería hacerlo. Él no quería ese peso sobre sus hombros.
¿Pero a quién estaba engañando Ari? Era la hija de un rey Jinn que estaba
en la misión de sacar al más peligroso ser de todos los reinos fuera de su
prisión. Apenas había hablado con su único aliado, Rojo, en semanas, su
338
mejor amigo era enemigo del estado y había un cierto antiguo Marid,
quien resultaba ser el teniente del Sultán, quien había estado haciéndole
pequeñas visitas a sus sueños últimamente.
Iba a acabar matando a alguien, alguna vez, en defensa propia.
Parecía como si hoy fuera el primer día en un nuevo mundo…
La magia hormigueó en su mano hasta que sintió el agarre estriado del
cuchillo de pelea F-S que había elegido del gabinete de armas de
Michael.
Escuchó la inhalación de aire de Jai segundos antes de usar el Peripatos.
Las llamas aún estaban parpadeando alrededor de ella mientras aparecía
en el baño, sus ojos encontrando los del Qarin en el espejo… Los suyos
amplios, los de Ari en blanco.
La hoja de su cuchillo se hundió en y a través de su espalda, dentro de su
pecho, reforzado por la magia Jinn de Ari y su fuerza. Una puñalada al
corazón. Había entrenado para hacer esto en maniquíes.
Se sentía diferente apuñalar a través de carne y músculos.
Sus ojos se ampliaron con horror, la sangre goteando de la comisura de su
boca.
Y entonces su cuerpo se relajó, flojo, golpeando el piso como una
marioneta sin maestro.
El cuchillo ensangrentado cayó de la mano de Ari, repiqueteando sobre el
piso de baldosas mientras miraba al Jinn muerto. Se quedó de pie,
congelada por un momento, mirando abajo hacia el cuerpo y el charco
de sangre reuniéndose alrededor de él. Acababa de matar a alguien. Su
estómago dio un vuelco.
Tropezando con el cuerpo, Ari se agarró del lavabo, sus manos sujetas a
cada lado mientras la fría náusea escalaba a través de ella y vomitaba el
horror de lo que acababa de hacer.
Sintió su energía antes de sentir sus manos rozando los mechones perdidos
de su cabello lejos de su rostro.
339
—Nena —susurró roncamente, su cálido aliento en su oído.
Ari giró la fría llave con dedos temblorosos y a pesar de que apenas sentía
la frialdad en ella, puso su boca abajo, bebiendo. Luego tiró algo de agua
en su rostro y se enderezó, recostándose contra el pecho de Jai. Sus ojos se
encontraron en el espejo, los suyos rodeados y huecos, los de él suaves y
preocupados.
—Te dije que lo haría yo. He hecho esto antes. Tú no necesitas hacerlo.
Dio una ligera sacudida a su cabeza, tratando de no cerrar los ojos
mientras sentía el corte de la hoja en el pecho del Qarin otra vez. Había
estado nerviosa por asesinar a un chico malo.
—Lo haría eventualmente. Quería acabar con esto.
Las manos de Jai se deslizaron hacia arriba por sus brazos para envolverse
gentilmente en sus bíceps, sosteniéndola más cerca de él.
—Lo hiciste bien.
—¿Lo hice? —preguntó Ari, aturdida.
Besó su cabello.
—No serías tú si no te sintieras así de mal por esto. Sólo recuerda: Él le hizo
un montón de cosas terribles a los humanos, Ari. Humillantes, aterradoras y
mortales cosas.
Ella lo sabía. Sabía que acababa de quitar a un chico malo más de las
calles. Ari simplemente necesitaba que su culpable consciencia se pusiera
al día. Haciendo una mueca al lavabo, Ari se giró en los brazos de Jai, sus
manos cayendo a sus caderas para mantenerse cerca de él.
—No le digas a nadie que vomité, ¿está bien?
—Nadie pensaría menos de ti.
—Sólo no lo hagas. —Michael y Caroline podrían haberla aceptado, pero
algunos de los otros Cazadores del Gremio aún desconfiaban de ella.
Necesitaba probarse a sí misma ante ellos. Si sabían que había vomitado
después de su primer asesinato… Bueno… No sabía qué pensarían.
340
—No le diré a nadie —le aseguró Jai, pero el músculo en su mandíbula se
flexionó—. Pero no tienes nada por lo que sentirte avergonzada. El
asesinato no está en la descripción del trabajo, así que la mayoría de ellos
no tiene idea de cómo se siente tomar una vida. No tienen derecho a
juzgarte.
Ya sin estar enojada con él, Ari apretó una de sus manos con gratitud. Lo
que Jai había dicho era verdad. Los Cazadores del Gremio eran Jinn
mestizos, medio humanos, medio Jinn, creados por el Rey Dorado como
una medida de balance contra los malvados Jinn. Los Cazadores del
Gremio podían cazar y etiquetar Jinn malvados, pero si tan siquiera
mataban uno, los Legisladores en el Monte Qaf lo sabrían y los llevarían a
ser juzgados. Desafortunadamente, en el Monte Qaf, era un crimen
castigable con la muerte, si un mestizo mataba a un Jinn pura sangre.
También fue proclamado que los pura sangre no tenían permitido matarse
los unos a los otros sin enfrentar un juicio, pero Rojo había caído en que esa
no era realmente una ley creada por los legisladores y los juicios sólo se
efectuaban de vez en cuando, para desalentar las luchas internas.
Eso significaba que Michael Roe, el líder de El Gremio de Cazadores Roe,
tenía en su posesión tres Jinn sangre pura: Ari, Jai y el mejor amigo de Jai,
Trey. Después de que Charlie desapareciera, una vez hubo matado a
Akasha, el Labartu que había asesinado a su pequeño hermano, Ari había
decidido que unirse al Gremio junto con Jai y Trey, era la mejor decisión. A
Michael le gustó la idea de tener Cazadores en su Gremio que pudieran
realmente asesinar a los chicos malos de una vez. Además, les había dicho
que matar a Charlie era prioridad ahora que era un Sorcerer loco con un
poderoso trozo de esmeralda del monte Qaf alimentando su fuerza. Para
eterno alivio de Ari, Charlie había ido bajo tierra esos últimos dos meses y
ningún Gremio podía encontrarlo. Esperaba que se quedara allí.
—Tienes razón. —Sonrió Ari débilmente—. Sólo les hice un favor. ¿Quién da
una mierda por lo que piensen?
—Bien. —Asintió Jai, sus ojos endureciéndose otra vez—. Ahora déjame
limpiar a este chico, llamar al Gremio para que vengan a cuidar del
humano Sam Shepherd y luego podemos llevarte a casa. ¿Cómo está la
costilla?
341
Ari miró abajo hacia el Qarin, su estómago sintiéndose un poco más
calmado.
—Curándose. Estoy… Bien.
Para alivio de Ari, ella y Jai se mantuvieron ocupados limpiando el desastre,
encargando al humano Sam Shepherd al resto del Gremio para informarlo
antes de enviarlo de regreso al mundo humano y luego, ella y su novio
tuvieron que regresar donde Michael para informarlo sobre la situación.
Hablar de eso realmente ayudaba a Ari a tratar con la inmensidad de lo
que había hecho. Los ojos de Michael eran todos paternales y
preocupados cuando entendió que Ari era la que había hecho el
asesinato y Ari quería preguntarle a qué demonios estaba jugando. Él
quería que ella asesinara Jinn y cuando lo hacía ¿se volvía amable con
ella por eso? Era bueno que se preocupara… Pero también confundía.
Ari no dijo nada, sin embargo. Después de perder a su hija Fallon en la
guerra de Charlie contra el Labartu, Ari no tenía el corazón para gritarle
sobre sus complicadas habilidades de liderazgo con ella.
Caroline les dio de comer a todos mientras le informaban a Michael sobre
la carrera y cuando terminaron, enviaron a Ari y a Jai por su cuenta con
otra mirada preocupada. El hecho de que Ari hubiera elegido vivir con Jai
y Trey en la casa que habían comprado a un par de cuadras de la de
Michael, les había preocupado.
Si, Ari tenía dieciocho y legalmente podía tomar sus propias decisiones,
pero les preocupaba lo que sus otros empleados pudieran pensar de una
chica joven viviendo con dos hombres extremadamente calientes y
ligeramente mayores.
Podían pensar lo que quisieran.
Trey era como su mejor amigo ahora. Y Jai… Bien… Jai se estaba
poniéndose raro.
Por eso el enojo anterior.
342
Aún sacudida por lo que había hecho, Ari estaba demasiado exhausta
para tratar con su frustración con Jai. Entraron en la tranquila casa de
cuatro habitaciones separadas e inmediatamente sintió que Trey no
estaba en casa. No era sorprendente. Con él habiendo asumido como
instructor de lucha del Gremio y sólo porque era Trey y estaba bendecido
con abundante encanto, se había hecho amigos fácilmente entre los
cazadores y era probable que estuviera en un bar con algunos de los
chicos.
—Deberías comer —le dijo Jai mientras se dirigía hacia la amplia escalera.
Arrastrándose hacia ellas, negó con la cabeza.
—No tengo hambre.
—Ari…
—Comeré en la mañana. —Se giró hacia su puerta. Su habitación estaba
al final del pasillo desde la de Trey y directamente cruzando el pasillo hacia
la de Jai.
¿El origen de su exasperación con él?
Cuando se habían mudado hace dos meses, Ari había sido tocada por la
consideración de Jai cuando abrió la puerta de la habitación más grande
de la casa y le dijo que era toda suya. Dándole su propia habitación le
estaba diciendo que no la presionaba para tener sexo o forzar su relación
a ir demasiado rápido. Era atento, considerado y tan dulce.
Pero dos meses de besos casi allí de parte de él y no entrar a hurtadillas a
su habitación en la noche ¡La estaba volviendo loca! Está bien, entonces
no eran besos casi allí, pero cada vez que cualquier cosa se volvía
demasiado caliente, él retrocedía y le decía que fuera a su cama, como si
fuera una niña o algo así.
No había habido nada de lo bueno como lo que pasó meses atrás en el
monte Qaf, después del juicio de Charlie. Apenas se había vuelto loco
tocándola y estaba empezando a sentirse como un leproso no tan
caliente.
343
El gentil toque de los nudillos de Jai acariciando su mandíbula la trajo de
regreso de sus vagos pensamientos y tomó su mano, sus ojos capturando
los de él. Los ojos de él buscando, preocupado por ella. Sintió una oleada
de amor, deseo y confusión.
Y ella no estaba de humor para lidiar con ello. Acababa de asesinar a un
malvado Jinn. Los problemas de novios tendrían que pasar a segundo
plano por la noche.
—Te veo en la mañana. —Ella se apartó de él, dejando caer su mano
gentilmente.
—Oye. —Ella sintió el apretado agarre de sus dedos en sus bíceps mientras
tiraba de ella hacia él. Jai frunció el ceño—. ¿Necesitas que me quede
contigo esta noche?
Esta noche de todas las noches, ¿Él preguntaba eso? Cuando estoy tan
cansada que apenas puedo estar de pie. Ari negó con la cabeza,
mordiendo su frustración.
—Sólo quiero dormir. Estaré bien.
Sus fuertes dedos se flexionaron alrededor de su brazo y él camino más
cerca, hasta que su pecho estaba rozando el de ella. Él le dio una triste,
insegura sonrisa que no eliminaba exactamente la sorprendente mirada
vulnerable en sus hermosos ojos.
—¿Puedo al menos tener un beso de buenas noches?
Un dolor palpitó en su pecho y Ari sintió sus labios curvarse suavemente en
las esquinas.
—Para futuras referencias, esa es una pregunta que nunca tienes que
hacerme.
La sonrisa de Jai aumentó, derritiendo a Ari por dentro y agradeciendo la
mirada extraña que había estado momentos antes.
—Es bueno saberlo —murmuró él contra su boca antes de presionar
suavemente la de él contra la suya. Ella esperaba que fuera dulce y corto.
En lugar de eso fue… emocional.
344
Jai la sostuvo apretadamente hacia él, su mano envuelta alrededor de su
cuello y Ari dejó que sus labios se abrieran mientras Jai rozaba sus labios
con los de ella de un lado a otro, su lengua provocando sus labios antes de
lamer dentro, ligeros, movimientos contra su lengua que hacían contener
su aliento e hizo el cansancio huir. Ella arqueó su cuerpo hacia el de él y lo
consumió, su corazón acelerándose ante el caliente sabor de él.
Pero Jai se negaba a apresurar el beso. Era una seducción de profundas
caricias, provocando, mordisqueando, rozando… Una marca de él sobre
ella. Un posesivo beso sin la agresión. Él la estaba tocando gentilmente
pero diciéndole que ella era suya.
Mientras él renuentemente se apartaba, las manos de Ari temblando en su
pecho, sus ojos cerrados, sus labios hormigueando e hinchados.
—Te veo en la mañana —le dijo él con voz ronca, claramente tan
afectado por el beso como ella.
Lentamente abriendo sus ojos, Ari tomó aire ante el calor en los suyos. Ahí
estaba. Cada vez que ellos llegaban al punto de enrollarse sus ojos hacían
eso… Esa mirada abrazadora de “quiero tomarte como un tipo en una
novela romántica”, Jai retrocedía.
Con una previsibilidad que estaba empezando a ser molesta, él dio dos
pasos atrás.
—Buenas noches.
Ella le dio una sonrisa que no llegó a sus ojos y se apresuró dentro de su
habitación, cerrándola detrás de ella. Después de unos segundos, escuchó
los pasos de Jai alejarse de su puerta y la puerta de él se abrió, luego
cerrándose silenciosamente. Ella suspiro profundamente y encendió la luz.
La habitación que Jai le había dado era hermosa y enorme. Una gran
cama con dosel se encontraba en el centro de la habitación y se
encontraba flanqueada por un gran armario, tocador y mesitas de noche
a juego. Los muebles eran modernos y chic, con un toque marroquí. Ella
tenía su propio baño e incluso un vestidor. Él estaba intentando darle un
hogar otra vez y en su mayor parte, estaba teniendo éxito. Ari sólo estaba
cansada de la extraña distancia entre ellos. Y no era sólo sobre el sexo. Era
345
sobre su familia. Cada vez que ella intentaba hablar con él sobre su papá,
Luca, manteniéndolo encerrado en esa botella para el Rey Blanco, él se
cerraba y le decía que estaba bien. Ella sabía que él no estaba bien.
¿Cómo podía estar bien después de un momento de traición así?
Con la cabeza palpitando, los ojos cayendo, Ari decidió que mañana era
un nuevo día para preocuparse sobre estas cosas. Afortunadamente,
estaba muy cansada para lidiar sobre el Qarin que acaba de asesinar, Ari
torpemente se desvistió y se estiró en busca de su nueva pijama de seda.
Una vez que se la colocó, se metió bajo sus mantas y acurrucó su cabeza
profundamente en su almohada, oliendo su propio perfume en ella.
Cómodamente, dejó al mundo desaparecer…
El agua del lago todavía estaba iluminada por la luna, las rocas
montañosas que lo rodeaban proveyendo privacidad al místico valle. Tan
pronto como Ari lo asimiló y sintió la áspera arena contra su piel, gruñó.
Había estado aquí antes.
Maldición.
—Asmodeus —se quejó, dando vueltas alrededor de su asiento en la arena
para mirar en la oscuridad.
Como esperaba, él apareció fuera de las sombras, viniendo hacia ella
vistiendo sólo unos pantalones negros sueltos. No llevaba nada en la parte
superior de su cuerpo, excepto por un circulo de bronce pequeño
alrededor de cada fuerte bíceps, su largo cabello oscuro fluyendo
libremente por una vez sobre sus anchos hombros. Ari apartó sus ojos de su
arrebatador físico y miró a su inquietantemente hermoso rostro.
Era tan injusto que alguien tan psicótico fuera tan bien parecido.
Asmodeus le sonrío mientras se acercaba, sus pies desnudos pateando la
arena. Ari se puso de pie e hizo una mueca al revelador vestido blanco
con que él la había vestido. Mostraba bastante escote y bastante pierna.
Disgustada, ella cruzó sus brazos e inclino su cabeza hacia atrás para mirar
arriba al apuesto hombre alto.
346
—Basta de meterte con mis sueños y déjame salir de aquí, ¡por centésima
vez!
Su sonrisa se profundizó, un destello de dientes blancos en la oscuridad
mientras él caminaba alrededor de ella, dos dedos deslizándose por su
brazo. Ari tembló y lo empujó lejos.
—Estoy hablando en serio.
—Lo sé —replico él con indiferencia mientras se detenía.
—¿Por qué no dejas de atormentarme? —Por los últimos dos meses, el
príncipe Asmodeus había estado sacándola de sus propios sueños y
empujándola a los de él. Después de determinar que ella realmente no
tenía idea de por qué era tan inmune a la orden del Seal de Salomón
como él, Asmodeus continuó regresándola aquí. Parecía haber un
propósito para estas visitas más que molestarla y tratar de cautivarla y
ocasionalmente amenazar la vida de Jai.
—Es divertido.
—¿Es divertido?
Él se encogió de hombros.
—Estoy muy cansada para esto. Cada vez que visitas mis sueños, estoy
exhausta en la mañana.
Un destello malvado cruzó por sus oscuros ojos.
—Creo que si vas a estar exhausta, deberías estarlo por una razón… y ya
que el Ginnaye no está dispuesto a abastecerte, estaré más que feliz para
complacer cualquiera de tus… necesidades.
—Ni siquiera en tus sueños.
Asmodeus se rió y cruzó sus brazos sobre su pecho mientras la estudiaba.
Mientras se miraban el uno al otro, su sonrisa se deslizó.
—Mataste hoy.
Ari se encogió.
347
—¿Cómo lo…?
—Hice de mi interés el saber.
—¿Estás viéndome?
—Cuando sea que estoy aburrido, sí.
Disgustada, Ari sacudió su cabeza.
—Eres un repulsivo hijo de puta.
Sus ojos se estrecharon en ella.
—Sé cuidadosa.
Una descarga de miedo hormigueó por su espalda y tuvo que morderse el
labio para evitar decir algo aún más tonto.
Satisfecho, él se giró y se sentó en la arena, sus brazos colgando sobre sus
rodillas.
—Siéntate.
—No tienes modales, sabías eso, ¿cierto? —refunfuñó Ari mientras se
acomodaba en el suelo, manteniendo una cuidadosa distancia entre ellos.
El Marid le lanzó una mirada divertida.
—Deja de desviarte. Asesinaste hoy.
Ari suspiró.
—Sí, lo hice. ¿Estoy en problemas?
—No conmigo.
—¿Con alguien?
—No hay nadie a quien le importe el fallecimiento del Qarin.
Ari dejó escapar un suspiro de alivio.
—Bueno, es bueno saberlo.
348
Después de un momento de silencio, Asmodeus levantó una pequeña
roca y con un movimiento de su muñeca, la envió rozando el agua.
—No deberías estar haciéndolo.
—¿Trabajar para el Gremio?
—Convertirte a ti misma en una asesina.
Ari trató de no hacer una mueca de dolor ante la palabra.
—¿Por qué? Lo estoy haciendo bien. Estoy liberando al mundo humano de
malvados Jinn.
Él alzó una ceja hacia ella.
—¿Eso vale la pena para la pérdida de tu pureza?
Ella quería poner los ojos en blanco.
—No soy pura, Asmodeus.
—Tú alma estaba limpia, Ari. Lo estás arruinando con esta necesidad de
cazar Jinn.
—No es una necesidad —mintió ella—. Es un deseo. Incluso antes de todo
esto… —Hizo un gesto hacia sus alrededores—, era una graduada de la
escuela con una seria crisis de identidad. No sabía que quería de la vida.
No sabía dónde encajaba. A pesar de todas las cosas malas, de
enterarme quien era realmente, al menos también encontré mi lugar en
este mundo.
—Con el Ginnaye, ¿asesinando Jinn?
—Con Jai, cazando tipos malos.
Él gruño.
—Eres tan ingenua que me duele físicamente.
—Entonces deja de empujarme a tus sueños.
—No.
349
—¿No?
—No.
Ari trató desesperadamente de retener su irritación.
—¿Qué quieres, Asmodeus?
Su oscura, insondable mirada se deslizó de regreso a ella y Ari no pudo
apartar sus ojos mientras ellos recorrían su fuerte rostro. Ojos negros
enmarcados por largas, oscuras pestañas, oscuro bronceado, piel libre de
manchas, afilados pómulos, una fuerte pero recta nariz y una boca
perfecta: Un labio inferior lleno y el superior ligeramente más delgado. Si un
humano lo conocía, pensaría que él era un exótico pero joven
veinteañero. No un retorcido, antiguo Marid que había estado alrededor
Dios sabe cuántos siglos.
—Esta noche quería ver cómo la estabas pasando después de tu primer
asesinato. —Sorpresa se disparó a través de ella, forzando su cabeza de
regreso y él atrapo su reacción. Sus oscuros ojos brillaron—. No estoy
jugando juegos contigo.
Ignorando la curiosidad retorciéndose dentro, Ari le dio una sonrisa cínica.
—Lo que sea que esto es, ¿podemos al menos ser honestos con el otro?
—Está bien. —Asintió él—. Me gusta jugar juegos contigo. Pero no estoy
jugando esta noche.
Ari miró directamente a sus ojos y se encontró así misma confesando.
—Estuve enferma al principio. Fue horrible. No esperaba sentirme tan
avergonzada.
—¿Y ahora?
—Jai me recordó todas las cosas que el Qarin hizo. Me sentí orgullosa de
ser lo suficientemente fuerte para hacer algo al respecto.
—¿Entonces ninguna culpa?
Ella miró lejos.
350
—Siempre estará la culpa, Asmodeus. Estoy aprendiendo rápidamente a
dejarla a un lado para tener una visión más grande.
Él le lanzó una mirada con los ojos entrecerrados y de repente se levantó
sobre sus pies. Sus ojos se abalanzaron hacia ella.
—Así es como empieza. Dejar las cosas a un lado para tener una visión más
amplia.
Confundida como siempre estaba después de uno de sus encuentros, Ari
se puso de pie también.
—¿Por qué te importa?
Cuando él alcanzo su mano, Ari se preparó para retroceder, sabiendo por
experiencias pasadas que él no tomaba el rechazo ligeramente. Sus dedos
cepillando contra su mejilla.
—No puedo decidir si quiero que cambies o no.
Ella le frunció el ceño.
—Ya sea que cambie o no, realmente no es tú problema.
Al repentino y oscuro calor y molestia en sus ojos. Ari se tensó, reteniendo su
aliento mientras él se inclinaba hacia ella, su boca tocando su oreja.
—Estoy haciéndolo mi problema.
Los ojos de Ari se abrieron de golpe y luchó por respirar, jadeando de
miedo y algo más mientras miraba hacia el techo de su habitación en la
oscuridad. Ella se giró rápidamente sobre su lado, empujando las colchas
apretadamente alrededor de ella. No sabía qué hacer sobre Asmodeus.
No le había dicho a Jai que él visitaba sus sueños. No le había dicho a
nadie. Pero Ari sabía que su creciente atención era preocupante y la
única persona a la que quería decirle era a su tío Rojo. Él sabría qué hacer.
Ya sea si Rojo quisiera hablar con ella o no. Y si la ayudaría si lo hiciera.
351

Moderadora
Paaau
Staff de Traducción
Paaau
Miranda.
Aaris
Jo
Kira. Godoy
Maru Belikov
Vanehz
MewHine
LizC
magdaa
lalaemk
Andy Parth
LaaLa Stark
Mari NC
Auroo_J
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Sweet Nemesis
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Akanet
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otravaga
Dai
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Staff de Corrección
Akanet
Nony_mo
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Deyanira
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Brendacarpio
Recopilación y revisión
Akanet
Diseño
Paovalera
352
Para más lecturas, visita:
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03 be sy

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    2  odo en lavida de Ari hasta este punto ha sido prestado. Su vida humana con un hombre que no era su verdadero padre. El amor por un chico que necesitaba algo más que a ella para ser fuerte. Besos con un Jinn que se negaba a hacer cualquier cosa que no fuera entregarlos en momentos de debilidad. E incluso su resolución, que parecía fallarle cuando más la necesitaba. Pero Ari está harta de los préstamos. Finalmente se siente lo suficientemente fuerte para hacer de la cacería de Jinn no sólo un pasatiempo para sobrellevar su triste situación, sino una carrera necesaria y permanente. Su amistad con Charlie finalmente puede hacerse sólida y estable, sólo si puede salvarlo del Juicio en el Monte Qaf. Y su amor por Jai puede ser eterno, sólo si puede controlar la oscuridad del Seal que está dentro de ella. Ari cree que todo esto es posible. Que finalmente será dueña de las relaciones en su vida y que, hasta cierto punto, será propietaria de su futuro. Pero nada de eso importa cuando no depende de ella... ... En lo alto de las montañas color esmeralda del Monte Qaf, el Sultán Azazil ha mantenido secretos. Incluso de los Reyes de los Jinn. Secretos que cambiarán todo... y llevarán a Ari a darse cuenta de que, una vez más... ... ella ha tomado algo que nunca le perteneció realmente. Algo que está desesperado por desatarse. Algo que puede destruirlos a todos. Tercer libro de la Saga Fire Spirits Traducido por Paaau T
  • 3.
    3  Prólogo Capítulo 1 Capítulo 2 Capítulo3 Capítulo 4 Capítulo 5 Capítulo 6 Capítulo 7 Capítulo 8 Capítulo 9 Capítulo 10 Capítulo 11 Capítulo 12 Capítulo 13 Capítulo 14 Capítulo 15 Capítulo 16 Capítulo 17 Capítulo 18 Capítulo 19 Capítulo 20 Capítulo 21 Capítulo 22 Capítulo 23 Capítulo 24 Capítulo 25 Capítulo 26 Capítulo 27 Capítulo 28 Epílogo Sobre la Autora Escena adicional Siguiente libro
  • 4.
    4  Cada Hilo DelQue Se Tira, Nos Desenreda Traducido por Miranda. Corregido por Akanet illones de granos de arena brillante estaban suspendidos en el aire alrededor de ellos como una cortina de tierra fragmentada que los envolvía completamente. La brillante luz del Sol atravesaba todos los espacios entre cada grano. Ari miró con asombro por un instante, vagamente preguntándose si sería capaz de crear el mismo efecto con la arena del desierto. Era como un grueso túnel, como si un tornado se hubiera arrastrado sobre el suelo en una poderosa y frenética carrera sólo para encontrar a alguien incluso más poderoso que pulsara el botón de “pausa”. A pesar del extraordinario impacto visual, Ari estaba más impresionada con su propósito. Era un capullo de privacidad que permitía a madre e hijo hablar libremente sin astutos y ansiosos oídos escuchando sus palabras. Dirigiendo su atención hacia Lilif y su hijo, El Rey Blanco, Ari merodeó a su alrededor. Ya estaba acostumbrada a sus visiones, o sueños, o lo que sea que fueran, y más que ansiosa por conocer más sobre ellos. El Rey Blanco se alzaba sobre su hermosa madre quien parecía como si no fuera mayor que él. Su alta y elegante figura estaba envuelta en un vestido, blanco, como una toga, una prenda extrañamente descolorida para Lilif, las joyas en sus orejas y en sus dedos proporcionaban la única chispa de color. Sus mechones oscuros estaban atados en un elegante peinado, un pequeño círculo de diamantes parpadeando en el sol desde su tensa posición a través de su frente. Fascinada, como siempre estaba por las mujeres Jinn, le tomó a Ari un momento recordar la presencia de su verdadero padre. Su silencio curioso llevó sus ojos hacia él mientras Lilif miraba encantadoramente a su rostro. M
  • 5.
    5 Tan pronto comoAri reparó en él se detuvo, paralizada por su expresión. Para Ari, el Rey Blanco era el Jinn más frío que jamás había conocido. Sólo una vez lo había visto perder su serenidad, e incluso entonces fue la rabia más controlada que había visto nunca. Blanco era el señor de la expresión en blanco, así que fue con grata sorpresa que Ari miró hacia esta versión más joven del rey Jinn y vio amor y respeto en sus ojos, y un suave intento de una sonrisa en la esquina de sus labios. Era vulnerable ante Lilif. Despreocupado. Más humano, de alguna forma. —Sabes que me encanta tu dramatismo, madre, ¿pero es esto realmente necesario? —Sonrió ampliamente, señalando el capullo de arena a su alrededor. Los ojos de Lilif se entrecerraron. —Por supuesto. ¿O acaso tus hermanos todavía no te han llamado la atención? Inmediatamente Blanco frunció el ceño. —Rojo y Cristal están tratando de causar daño. Creo que padre los incitó a ello. Te lo aseguro, no les creo. —Bien. —Lilif puso una mano cariñosa en su antebrazo—. Eso me llena de alivio, mi hijo. Nunca heriría a ninguno de mis hijos. ¿Cómo pueden acusarme de una cosa tan abominable? —Padre —respondió Blanco con tono grave. —Eso es por qué te he traído aquí. —Lilif dio un paso hacia atrás, retorciendo sus manos de una forma que hizo a Ari pensar que estaba mintiendo. Frunció el ceño. Esta no era la Lilif que Ari había llegado a conocer por sus anteriores sueños sobre ella—. Azazil está tratando volverlos a todos ustedes contra mí. —¿Por qué? ¿Qué ha pasado? —A menudo hemos estado en desacuerdo por su búsqueda egoísta de placer. Parece no preocuparse de nuestras costumbres, de nuestro propósito. Temo que pronto incluso empezará a interferir en el propósito de sus hijos, que pueda desequilibrar la balanza influenciándolos a interferir en
  • 6.
    6 los días deotros, a interferir con los destinos de los Importantes. Su petulancia, su tendencia al aburrimiento lo destruirá todo. ¿Entiendes verdaderamente a qué nos conducirá su infantil irresponsabilidad? Con el tiempo, cada destino que esté roto, cada camino que esté cambiado, cada carretera que esté perdida, creará grietas en la tela de la naturaleza, del tiempo, del espacio y de la luz. Los reinos empezarán a juntarse entre sí, hasta que no haya nada más que un desierto de polvo. Sólo el más fuerte sobrevivirá. Sólo el inmortal y más poderoso. Tendremos que empezar de nuevo, solos en un mundo más pequeño… Ari sintió la respiración dejar su cuerpo con la profecía de Lilif, su estómago revolviéndose con miedo. ¿Eran verdad sus palabras? ¿Es eso lo que verdaderamente pasaría si Azazil perdía el control de todo ello? ¿Es eso lo que el Rey Rojo había querido decir cuando le dijo que las consecuencias de que ella usara el Seal contra el Sultán serían catastróficas? Tragó con fuerza, de repente muy agradecida de que hubiera seguido su consejo. Con la atención de regresó a Blanco, Ari se dio cuenta de que estaba igualmente horrorizado. —¿Así que todo habrá desaparecido, excepto nosotros? —Casi. Azazil fue el que me previno de las consecuencias de manipular los hilos de nuestra existencia, y aún así creo, que al final, será tu padre quien saque a relucir tal desastre. —¿Saben los otros esto? —Si no lo saben, tenemos que decírselo —susurró Lilif con voz ronca, sus ojos amplios con preocupación. Ari entrecerró sus ojos, no tan sobrecogida por Lilif como obviamente estaba su hijo. —Madre, no podemos dejar que padre juegue a estos juegos a los que ha estado jugando estos últimos años. Equilibrio… el equilibrio es nuestro propósito. Lilif asintió con cansancio. —Lo es. Te traje aquí para hacerte entender la importancia de que estemos unidos contra tu padre. Incluso si eso significa estar unidos contra tus hermanos.
  • 7.
    7 El Rey Blancose irguió con determinación. —Brillante querrá saber de esto. Está simplemente sospechando tanto como yo de las ofensivas reclamaciones de Rojo y Cristal últimamente. —¿Y Sombra? —Sí, Sombra también. Dorado y Afortunado, no estoy tan seguro. Sabes que les gusta mantener cobardemente la neutralidad. —No hables tan mal de ellos, Blanco. Aún podemos ser capaces de apelar a sus naturalezas inteligentes y su sentido del honor. Creen profundamente en su propósito justo como tú lo haces. —Debería ir ahora y hablar con ellos. Necesitamos prepararlos. Tenemos que estar fuertes e intentar contrarrestar cualquier caos impredecible que altere la balanza. —Deprisa. —Lilif estiró su mano y apretó su mejilla cariñosamente. —Lo haré. Es mi deber. —Con una respetuosa inclinación de cabeza, Blanco caminó hacia atrás y las llamas del Peripatos lo envolvieron. Los ojos de Ari se deslizaron lentamente de vuelta hacia Lilif y vio, de alguna manera sin sorprenderse, mientras todo el comportamiento de la Ifrit cambiaba. La estirada toga blanca se deslizó alrededor de su cuerpo como si tuviera vida, remodelándose en la brillante caída de un vestido que se aferraba a todas sus lujuriosas curvas. Dos reveladores cortes atravesaban la longitud del vestido en cada lado, mostrando sus torneadas piernas desde el pie hasta el muslo. Mágicas, invisibles manos desenredaron su cabello hasta que colgaba suelto y salvaje hasta la cintura. El manipulante, peligroso brillo que Ari había llegado a conocer estaba de vuelta en los oscuros ojos de Lilif, el familiar giro cruel volvió a sus labios llenos mientras se burlaba del espacio donde Blanco había estado de pie hacía solo unos minutos. —Justo como tu padre, Blanco. En más formas de las que jamás notarás. Antes de que Ari tuviera tiempo siquiera para intentar resolver el significado de lo que dijo Lilif la arena explotó en un ruido sordo alrededor de ellas y la
  • 8.
    8 voz de Lilifse unió a su gimoteo. Partículas se deslizaron en la piel y ojos de Ari, y sacudió el ataque del desierto con inútiles manos pesadas. La claustrofobia se agarró a su pecho y Ari se hizo hacia delante buscando aire, sus ojos abriéndose en la oscuridad de la poco familiar habitación. Con el corazón desbocado, Ari se dejó caer con alivio mientras luz pálida de la gran luna fuera del balcón iluminaba la cama con armazón de hierro en la que estaba, así como la pantalla de hierro musulmán y el mobiliario a juego. Monte Qaf. El alivio momentáneo se evaporó mientras recordaba. Dalí. El Rey Brillante. Charlie. Su juicio. Sus dedos se curvaron en el edredón de seda fina. Su tío, el Rey Rojo, la había puesto en una de las habitaciones en su zona del palacio. A pesar de su proximidad, Ari todavía temía estar dentro de la casa del Sultán Azazil en el Monte Qaf. Pasillos a distancia de él. Sólo pasillos a distancia del peligroso y enigmático gemelo de Lilif, Asmodeus. Pero sólo a una habitación de distancia de Jai. Sus hombros de relajaron desde su posición junto a sus orejas y lentamente el resto de ella empezó a relajarse. Se tumbó hacia atrás de nuevo para mirar fijamente al techo y se preguntó ¿si debería sentirse culpable de que la presencia de Jai pudiera traerle tanta comodidad cuando a miles de kilómetros del palacio Charlie estaba encerrado en una mazmorra esperando su juicio de mañana? Esperando el juicio que determinaría si viviría o moriría. Ari ya sabía el resultado. No había forma en el infierno de que dejara morir a su mejor amigo. Ninguna forma. Sin importar qué pasara.
  • 9.
    9  Soy una MontañaContra el Viento Traducido por AariS y Jo Corregido por Akanet olver a dormirse era imposible. Ari ni siquiera sabía cómo lo había conseguido en primer lugar. Miró, acurrucada en la cama, mientras la luna flotaba más lejos en el cielo iluminado. El sol invernal comenzaba a jugar al escondite sobre las montañas, la esmeralda despertándose bajo su mirada juguetona. Por fin, Ari respiró interiormente, saltando fuera de la cama. Se apresuró al vistoso baño marroquí con baldosas en bronce, azul y oro, lanzándose a una lujosa ducha y secándose el cabello con un secador que se parecía sorprendentemente al que había dejado en Ohio. El Rey Rojo verdaderamente quería que se sintiera en casa. Bueno, nunca lo haría, pero no podía evitar sentirse agradecida con su tío por intentarlo. Con la adrenalina pulsando a través de su cuerpo, Ari rebuscó en su pequeña bolsa un par de pantalones vaqueros limpios y una camiseta sin mangas. Los pequeños gremlins que había llegado a conocer y odiar jugaban a patear la pelota en su estómago mientras se concentraba. Rojo, lo llamó a través de la telepatía, de algún modo sabiendo que no le importaría que fuera informal con él, ¿Estás ahí? Dos segundos después llamas sisearon a la vida en la puerta y el Rey Rojo salió del Peripatos. Su largo y brillante cabello rojo estaba recogido en una trenza que rozaba la parte inferior de su columna vertebral, y llevaba pantalones de cuero negro que se ataban a los lados. Su torso estaba desnudo, su poderosa estructura haciendo a Ari sentirse incómoda cuando los músculos de sus bíceps se ondularon bajo los anillos de oro alrededor de ellos mientras se movía hacia ella. Notó las gruesas muñequeras doradas alrededor de sus muñecas y los taches de rubíes en sus orejas. Estaba vestido para impresionar. Estaba vestido para el juicio. V
  • 10.
    10 Los penetrantes ojosazul pálido de Rojo se movieron sobre su cara, buscando… ¿qué? ¿Dolor? ¿Tristeza? ¿Preocupación? —¿Estás bien? Ari negó con la cabeza. —Quiero ver a Charlie. —Ya te lo he dicho, no puedes. Una fea e inesperada llamarada de ira ardió en el pecho de Ari y tragó saliva con fuerza tratando de devolverla. Necesitaba permanecer tranquila. —Sólo quiero asegurarme de que está bien. Su tío había empezado a rodearla y Ari odiaba sentirse todavía intimidada cuando hacía eso. —¿Cuestionas mi palabra? Te aseguré que no sería tratado pobremente. ¿No me crees? —Había un borde en las preguntas y al igual que a Rojo obviamente le disgustaba ser cuestionado también le disgustaba a Ari. El nudo oscuro en su pecho se desplegó y se dio la vuelta para mirarlo a la cara, sus ojos llameantes. ¿No se daba cuenta de que podía ponerlo de rodillas? ¿Cómo se atrevía a tratar de intimidarla? ¿Cómo se atrevía a negar su derecho a ver a Charlie? ¿Cómo se atrevía a…? —¿Ari? —Rojo agarró la parte superior de sus brazos, sacándola de la enroscada niebla de rabia que la había envuelto con una sacudida. Se estremeció, volviendo en sí, su respiración irregular. Santos macarrones. Se había permitido a sí misma perderse en el poder del Seal. Les había prometido a todos ellos que no lo haría y Ari había estado tan segura de que podía mantener esa promesa. Es sólo que… —Se está volviendo más fuerte. —Rojo frunció el ceño, dando un paso atrás—. El Seal. Está tratando de empujarte a usarlo. Ari asintió aturdida. No necesitaba esta mierda justo ahora.
  • 11.
    11 —Lo intentaré másduramente —susurró. —Será mejor que lo hagas. Necesitas tener un asidero de la oscuridad en tu interior, Ari. Y el Seal es oscuridad. Nunca lo olvides. Ari recordó su sueño, de Lilif diciendo lo que sucedería si se tiraran de demasiados hilos del tejido de toda la existencia del universo. El Seal podía tirar de un millón de hilos y llevar a que todo se derrumbara. No podía permitir que eso ocurriera. —Lo prometo. Puedo manejar esto. Lo prometo —insistió, sus extraños ojos llameando ahora por una razón diferente. Mirándola cuidadosamente, Rojo asintió por fin. —Bien. El juicio comenzará en una hora. Vendré a buscarte. Probablemente deberías asegurarte de que Jai está despierto y luego quedarte con él hasta que yo vuelva. Una vez que se hubo ido, Ari se dejó caer sobre la cama. El Seal se había apoderado de ella tan rápidamente esa vez. No hubo acumulación, ni amenaza hacia ella, ni razón. Había estado enfadada porque Rojo no se rendiría ante ella, a su modo. ¿Qué demonios fue eso? Gimiendo, Ari enterró su cabeza en sus manos. Esto era lo último que necesitaba ahora mismo. Tenía que ser más fuerte que esto. Sacudiendo sus manos, Ari se puso de pie y enderezó los hombros. Sería más fuerte que esto. Llamando a Jai por telepatía, Ari le hizo saber que estaba yendo a su habitación. Bien. El profundo retumbar hizo eco en su cabeza mientras dejaba su habitación. Sólo esa única palabra, el sonido de su voz, y su pulso estaba saltando por todo el lugar, las mariposas cosquilleando en su vientre ante el pensamiento de ver el rostro que iba con esa voz. La puerta se abrió al otro lado del pasillo y Ari se precipitó al interior. Su habitación era casi un reflejo de la suya, excepto que Jai, sorprendentemente, no había hecho aún su cama. Ari sintió calentarse sus mejillas ante el pensamiento de él tumbado bajo las sábanas arrugadas sin una prenda de ropa puesta. Sintió sus entrañas convertirse en papilla y se
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    12 reprendió mentalmente, deseandoque el fuego se fuera de sus mejillas mientras se volvía para hacer frente a su guardián. Jai se inclinó hacia atrás contra la puerta cerrada, mirándola con ese intenso ardor que volvió a encender todo el calor que estaba tratando de sofocar. Llevaba su uniforme habitual, una simple camiseta negra que esculpía su impresionante torso, y pantalones vaqueros negros y botas cortas de motorista muy gastadas. Jai era pura atracción sexual casual, era ardiente sin siquiera intentarlo, y todo lo que Ari quería era saltar sobre él y dejar que el calor la encendiera. La culpa pinchó en su conciencia cuando recordó por qué estaban aquí exactamente. Buenos días. Jai le ofreció una leve sonrisa, sus hermosos ojos verdes hipnotizándola. Se sintió estupefacta por un momento. Ante su reacción, la leve sonrisa de Jai se transformó en una sonrisa arrogante, sacando a Ari de su estupor. Ari hizo una mueca y el rió. No pudo evitar sonreír ante eso. Jai raramente reía y cuando lo hacía se sentía como si hubiera metido los pies en el más cálido y relajante baño del mundo. Buenos días. Habían decidido que mientras estuvieran en el Monte Qaf, sería más prudente hablar el uno con el otro telepáticamente siempre que fuera posible. Dio un paso decidido hacia ella, y Ari esperó, su respiración cada vez más profunda. La rica y exótica esencia de él parecía nadar entre ellos en pesadas ondas, y pudo haber jurado que se tambaleó un poco justo antes de que él la alcanzara. Apenas había espacio entre los dos cuando ella echó la cabeza hacia atrás para encontrar su mirada. Sintió el tentativo toque de sus grandes y fuertes manos en sus caderas, amasando suavemente como si probara el nuevo terreno en el que estaban. El aliento de Ari huyó de su cuerpo ante la expresión en la cara de Jai. Nadie nunca la había mirado así antes, como si fuera preciosa y extraordinaria. Como si lo fuera todo. Sus manos se deslizaron lentamente hacia arriba por sus caderas alrededor de su cintura. Ari no pudo evitar los estremecimientos que ondearon sobre ella, estremecimientos que hicieron que los ojos de Jai relampaguearan y sus labios se separaran con su suave exhalación.
  • 13.
    13 Vagamente, Ari recordabaque no debería estar haciendo esto. Había algo importante que hacer… La cabeza de Jai cayó hacia la suya y Ari tembló de nuevo, los pensamientos sobrecargando su cerebro. La boca de Jai, su sabor, su calor, la cama, las sábanas arrugadas, los abdominales de Jai, sus manos, un juicio, peligro, Charlie. Oh mierda, Charlie. Se congeló justo cuando los labios de Jai estaban a punto de tocar los suyos. Se detuvo y retrocedió un poco, un surco confundido entre sus cejas. ¿Qué? Oh hombre, esto no iba a ir bien, pero ¿sin duda Jai quería que fuera honesta con él? No me siento bien sobre nosotros… haciendo algo mientras Charlie está en problemas. Además, el Rey Rojo dijo que tal vez deberíamos mantener nuestra relación en secreto durante un tiempo. No estuve de acuerdo al principio, pero mientras más lo pienso, más creo que puede que tenga razón. La gente podría intentar usar mis sentimientos por ti contra mí y viceversa. Jai dio un paso atrás, dejándola ir, y Ari inmediatamente se arrepintió de haber hablado. Quería sus labios de vuelta y sus manos sobre ella. Quería sacarle la camiseta y poner sus manos sobre él. Pero más que nada quería que su posible novio, oh Dios, esa palabra la hizo querer sonreír como una idiota, dejara de mirarla así. Como si estuviera enojado. Entonces, ¿quieres que finjamos que no estamos juntos? Sólo en público. Entrecerró sus ojos hacia ella, las espesas pestañas casi oscureciendo sus vívidos irises. No estamos en público. Pero Charlie… Una nube oscura tembló en el rostro de Jai y pasó junto a ella, su ira arrastrándose detrás de él como llamas expuestas. Ari hizo una mueca y se dio la vuelta para enfrentarlo. Vale, no era estúpida. Sabía que sonaba mal. Esto no es acerca de mí y Charlie, si eso es lo que estás pensando.
  • 14.
    14 Jai se burlóy se negó a mirarla, quedándose en cambio con las manos apoyadas en la barandilla del balcón mientras miraba afuera hacia las montañas. Su melancólico silencio llenó la habitación hasta que Ari sintió que no podía respirar. Estupendo. Su primer día como… lo que sea que fueran, y ya lo había herido. No es porque esté enamorada de él y sienta que lo estoy traicionando, trató de explicar. Es sólo que, está aquí enfrentándose a la muerte porque salvó la vida de alguien, y no siento que debería permitirme ser feliz hasta que sepa que está a salvo. Y estar contigo… bueno, me hace feliz. Incluso con todo esto ocurriendo. Jai suspiró y lentamente volvió la cabeza para mirarla. ¿Lo prometes? La pregunta causó dolor en su interior. Este era un lado de Jai que no había visto nunca antes. Realmente estaba inseguro acerca de Charlie, y no podía ocultarlo más. Estaba haciéndose vulnerable a ella. Vaya. Una oleada de amor abrumadora se derrumbó en el pecho de Ari y luchó un momento para recuperar el aliento. Tenía que tranquilizarlo de algún modo. Tenía que saber cómo se sentía. Dando tentativos pasos hacia él, Ari sonrió con su mirada. Te dije que ya no pienso en Charlie de ese modo. Y también le dejé claro a él lo que siento por ti. La sorpresa iluminó sus ojos y Jai se irguió en toda su altura, dándose la vuelta para mirarla. Tan rápidamente como la sorpresa lo había golpeado, la chispa de esperanza que vio en sus ojos se desvaneció. La fulminó con la mirada. Le dijiste a Fallon que morirías aquí intentando salvarlo. La comprensión le llegó mientras cerraba la distancia entre los dos. Ari casi había muerto para salvar a Jai de un Haqeeqah, la esencia de la esmeralda del Monte Qaf en su forma más pura, un arma, y eso fue lo que había hecho que por fin se diera cuenta de lo mucho que Ari verdaderamente se preocupaba por él. ¿Acaso ahora pensaba que, porque ella moriría por Charlie, de alguna manera significaba lo mismo?
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    15 Sacudiendo su cabeza,Ari se estiró para tocar su rostro, algo que había querido hacer casi desde el momento en que lo había conocido. Sus dedos acariciaron suavemente su mejilla, recorriendo su pómulo y más bajo al firme, duro molde de su mandíbula. En lugar de inclinarse ante su toque como había deseado que hiciera, Jai se tensó. Jai, suplicó silenciosamente, si no te has dado cuenta soy el tipo de chica de agallas y gloria. Creo que moriría intentando salvar a cualquiera por el que me preocupe. Es sólo la forma en que estoy hecha, supongo. Moriría intentando proteger a Charlie porque lo quiero. Él es mi familia, y no quiero perder más familia. Se acercó otro paso para que su cuerpo estuviera presionado contra el de él, sus dedos cayendo a los labios de él. El sonido de su respiración superficial la incentivó. Pero Jai… moriría cien muertes para salvarte… porque el pensamiento de estar aquí sin ti ahora, el pensamiento de perderte… es inimaginable. Sus ojos se unieron y el calor floreció en sus mejillas mientras Jai la presionaba más cerca a él, su mano deslizándose a través de su espalda baja y suavemente llevándola aún más cerca contra él. Jai, no tienes idea de cuánto me he enamorado de ti. No creo que una persona pudiera hacerlo con más fuerza. Sus ojos se ensancharon, sus labios separándose con muda sorpresa. Anticipación suspendida se esparció entre ellos y luego inmediatamente se rompió con el sonido de un fuerte golpe en la puerta. No había respondido a su declaración. Ari se tragó una maldición. ¡Todos siempre estaban interrumpiéndolos! La puerta se abrió antes de que Jai pudiera responder al golpe, y para la sorpresa de Ari, el Rey Blanco entró casualmente a la habitación, su vestidura esmeralda flotando detrás de él. El chasquido de tela apenas evitó el rostro de un ojo de su monstruoso Nisnas, Vadit, quien trotaba con torpeza detrás de él con su un brazo y una pierna. Ari recordó vívidamente su ataque con un estremecimiento… Se interrumpió con un grito silencioso mientras el monstruo se levantaba por el aire hacia ella, su boca abriéndose. Ari aventó sus manos hacia arriba
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    16 para cubrir surostro, cerrando sus ojos fuertemente y esperando que su subconsciente la arrancara de la pesadilla. En vez de eso sintió el impacto del golpe, su cuerpo pegando en el piso con un ruido sordo que le sacó el aire. Su cabeza se golpeó contra el piso de espejo con un dolor que le sacaba lágrimas. Un duro rayo de luz se disparó a través de sus ojos y después sintió un calor húmedo restringiendo su antebrazo. La agonía rebotaba a través de todo su sistema mientras los dientes del monstruo perforaban a través de su piel. … Sorprendida con su flagrante desprecio por los deseos de su padre, Ari se paró inmóvil mientras el Rey Blanco miraba a Jai en blanco. —¿Este es el Ginnaye? —preguntó en su voz plana. Jai estaba estudiándolo cuidadosamente, ignorando con quién estaba tratando ya que nunca había conocido realmente al Rey Blanco. Ari quería tomar su mano y llevarlo detrás de ella. En su lugar suspiró como si estuviera lidiando con una mera molestia en lugar de un poderoso y peligroso inmortal. Sí, iba a sacar una página del libro de su querido viejo padre y jugaría el juego a su manera. —Jai, este es el Rey Blanco. Sus instintos de Ginnaye lo tenían moviéndose con reflejos tan rápidos que Ari sólo fue lo suficientemente rápido como para tirarlo de vuelta a ella, mientras Vadit dejaba salir un hilo de resonantes gruñidos de advertencia. —Vadit, cálmate —ordenó el Rey Blanco mientras levantaba una suplicante mano hacia Jai—. Sólo quiero conversar. —Prometió suavemente. Su intento de empujar a Jai detrás de ella fue recibido con una incredulidad enojada y ella se resignó a dejarlo pararse a su lado. Jai le recordaba a una olla hirviendo, toda espumosa e impaciente. Los músculos de Ari se tensaron mientras el miedo se fusionaba en su pecho. No quería a Jai cerca de Blanco. Sin embargo, tal vez fue el recuerdo de su sueño en el cual había visto como Blanco había sido una vez… “accesible”… pero Ari se encontraba sin temor de él por su propio bien. O tal vez sólo estaba cansada de huir de
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    17 él. Mirándolo recelosamente,Ari cruzó sus manos sobre su pecho con desafío y avanzó un paso. —¿Sobre qué? Algo titiló en su mirada ante su nueva actitud, ella casi podía verlo volviendo a calcular cual fuera el plan con el que había venido. —Quiero ayudarte a salvar a Charlie. —¿Y estamos a punto de creer eso? —gruñó Jai. Los ojos de Rey Jinn se deslizaron tan lentamente hacia Jai que la habitación tuvo tiempo para helarse con su amenaza. —Tal vez deberías amarrar a tu perro, hija. Su negativa a mostrarme respeto podría hacer que lo sacrificaran. En lugar de asustarlo, Ari sabía que sólo haría que Jai quisiera atacar. Le disparó a su guardián una mirada de advertencia y él la fulminó con la mirada. No soy estúpido. Soy un Ginnaye entrenado. ¿Crees que voy a atacar a un Rey Jinn inmortal? Para ser honesta no estaba segura. Jai era más impulsivo cuando tenía que ver con ella. Justo como ella a menudo reaccionaba sin pensar en lo que a él concernía. —Si pudieras ir al grano sin ser grosero, sería apreciado —le replicó Ari a Blanco. Para su sorpresa, Blanco asintió. —Si aceptas volver a mi casa aquí en el Monte Qaf por un tiempo indefinido, hablaré por Charlie en su juicio. Juntos, Rojo y yo podemos salvarlo. Las palabras liberaron la oscuridad. Se desenroscó en su pecho como una pitón arremetiendo contra su víctima más cercana y Ari tuvo que sostenerla, cerrando sus ojos y apretando sus dientes para evitar ordenarle a Blanco que le suplicara por atreverse a usar el aprieto de Charlie contra ella. Refrenó la oscuridad y la empujó hacia abajo, sus manos temblando tanto que tuvo que apretarlas en puños.
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    18 Podía decir quesí y Charlie podría salir indemne. Pero estaría aquí a merced de Blanco, quien quería que Azazil estuviera bajo órdenes. ¿Había pasado tanto desde su charla con su madre que había olvidado lo que tal cosa le haría al mundo? ¿O era eso lo que quería ahora? Orando porque Charlie nunca se enterara que se había alejado de una oportunidad de salvarlo, Ari negó con su cabeza. —Nunca voy a confiar en ti, sabes. Tus tratos, tu fingida paciencia… todo está escondiendo la verdad. Nos vas a destruir. —Creyó ver una nota de asombro en los ojos de Blanco antes de que inclinara su cabeza a un lado en esa extraña y perturbadora manera suya. —Tu testaruda determinación por ignorarme va a hacer que maten a uno de tus amigos, Ari. Estoy sorprendido contigo. —Sus ojos se entrecerraron y luego miró a Jai—. O tal vez estoy apuntándole al amigo equivocado. — Jai lo fulminó con la mirada, inquebrantable—. ¿Es eso lo que quieres? ¿Qué yo lastime a él? —Tan tonto como pueda sonar esto para ti, todo lo que quiero es que me dejen tranquila. Blanco sacudió su cabeza, sus ojos encontrándola de nuevo. —Yo te hice, Ari. Te hice con un propósito. No voy a alejarme. —¿Por qué? —Dio un paso sin pensar hacia él, y con el gruñido de Vadit, sintió la fuerte mano de Jai envolverse alrededor de su cintura y hacerla retroceder—. ¿Realmente crees que ordenarle a tu padre a hacer tus mandatos va conforme a tus supuestos deseos de devolver las cosas a como deberían haber estado, para mantener el balance? De acuerdo a Rojo, ordenarle a Azazil por cada antojo tuyo podría traer la destrucción a los reinos. —Bien, tal vez Rojo no había dicho todo eso, pero Lilif lo había hecho. El Rey Blanco se congeló por el conocimiento que ella había adquirido, y luego suspiró como decidiendo que no importaba. —No quiero ordenar a mi padre por cada antojo, Ari. Sólo quiero una cosa de él. Algo que nunca dará a menos que lo forzara a dármelo. Una cosa. Ari sacudió su cabeza, incrédula.
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    19 —Tú mismo dijisteque quieres ser Sultán. —¿Lo hice? No recuerdo haber dicho eso alguna vez. Dije que quería devolver el orden. Todos los demás creen que mi propósito es destronar a Azazil. Déjalos. Mi padre sabe más. Él sabe exactamente lo que quiero, y dividirá a mis hermanos para evitar que lo consiga. Pero sabe que tú puedes darme lo que quiera. Él sabe, Ari, y hará lo que sea para que eso no pase. Así que deberías pensar muy cuidadosamente antes de que confíes en él. Intentando no dejarlo jugar juegos mentales con ella, Ari se encogió de hombros. —¿Qué cosa? ¿Qué es lo que quieres? —Algo que restablecerá al mundo Jinn. Algo que asegurará que el caos permanezca en su propio espacio y no se meta en los otros y traiga la destrucción de la que has hablado. Por un momento, Ari estuvo perdida en la inusual sinceridad en la mirada de Blanco, pero el sonido de Jai aclarándose la garganta la hizo sacudir su cabeza, expulsando las extrañas y poco bienvenidas preguntas de eso. —Lo siento. No puedo ayudarte. No confío en ti, y no quiero tener nada que ver con el poder dentro de mí. Pasaría bastante feliz el resto de mi vida pretendiendo que ni siquiera existe. Los rasgos de Blanco se congelaron y una sombría determinación bordeó la dureza. —Eso es tonto e ingenuo. Pronto otros descubrirán lo que eres. Vas a pasar el resto de tu vida huyendo y luchando a menos de que me dejes ayudarte. A menos de que me ayudes. —Aquí está la cosa… Rojo es tan poderoso como tú y está protegiéndome aparentemente sin condiciones. No necesito que me protejas. —Mi hermano es la marioneta de mi padre, Ari. Te protegerá tanto tiempo como Azazil deseé que te proteja. Descubrirás esa dura verdad lo suficientemente pronto. —Se acercó un paso hacia a ella, y Ari quería retroceder. Su padre real era tan enorme que podría aplastar su tráquea
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    20 con un apretónde su mano—. No estoy pidiendo mucho de ti, hija. Quiero una cosa, y entonces serás libre. Liberaría hasta a tu madre. Golpe bajo. Ari lo miró con desagrado, el asco despertando la oscuridad de nuevo. La empujó hacia abajo y dejó que su propia rabia se apoderara. —Podría tener un poquito más de fe en tus promesas si hicieras algo que no fuera noventa y nueve por ciento egoísta. Libera a mi madre sólo porque sí, y tal vez hablaremos. El Rey Blanco sacudió su cabeza, su expresión en blanco una vez más. —Soy un hombre de negocios, y ese es un mal negocio. Ari se encogió de hombros de nuevo, viéndose más valiente de lo que se sentía. —Entonces supongo que esta reunión ha acabado. —Diría que lo ha hecho —gruñó Rojo mientras se movía a través de la entrada abierta con una rabia predadora—. Azazil te ordenó mantener tu distancia, Blanco. Con apenas una mirada hacia su hermano, Blanco llevó a Vadit hacia la puerta y con una mirada de total aburrimiento respondió planamente mientras pasaba junto a Rojo. —Como si alguna vez escuchara a padre. Tan pronto como se fue, Ari dejó salir la respiración que ni siquiera sabía que había estado sosteniendo. El Rey Rojo avanzó hacia ellos con determinación, su cuerpo parecía vibrar con rabia desenvuelta. —¿Estás bien? Jai frotó una mano consoladora sobre su hombro. —Se manejó maravillosamente. Le envió una sonrisa agradecida y casi se derritió con el orgullo en sus ojos. Oh vaya.
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    21 Una garganta aclarándoserompió su mirada y Ari levantó la vista hacia su tío. Él le sonrió con complicidad, y luego, muy rápidamente, se puso serio. Asintió hacia ella. —Puedes decirme lo que Blanco dijo después. Por ahora… es momento del juicio de Charlie.
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    22  El caos dereyes y tribunales Traducido por Miranda, Paaau, AariS Corregido por Clau12345. e había tomado un rato a los pulmones de Charlie acostumbrarse al espeso, rico aroma de la tierra húmeda. Estaba en todas partes. El suelo estaba intacto y compacto. Los muros, por lo menos, habían sido despojados de sus esmeraldas. Si hubiera tenido que sentarse toda la noche en una habitación llena de esmeraldas, podría haberse vuelto loco de la necesidad. Charlie se estremeció mientras apoyaba su cabeza contra la sucia piedra y se hizo daño en el cuero cabelludo. Era aproximadamente la quinceava vez que había hecho eso. Miró las barras que formaban su celda en las mazmorras del palacio del Sultán Azazil. Eran la única fuente de luz, el hierro brillante con una magia muy fuerte. El enorme Shaitan que lo había arrojado allí le había advertido que si tocaba las barras sería incinerado. Después de oír un grito que desgarró el aire la pasada noche, seguido del olor a carne humana quemada que provocaba vómitos, Charlie estuvo agradecido de haber escogido sentarse en la esquina más alejada del pequeño espacio y aceptar la palabra del Shaitan. Después de que el grito del hombre muerto desgarrara el aire, la charla alrededor de él entre los otros prisioneros se había silenciado hasta morir y de alguna forma, imposiblemente, Charlie había tanto dormido como estado despierto. El Rey Rojo lo había visitado la noche anterior, el secreto de la intervención de Rojo en la transformación de Charlie en un Sorcerer había enhebrando un frágil vínculo entre ellos. Charlie no sabía lo que quería Rojo, o si sólo estaba siguiendo las órdenes del Sultán, pero le gustaba pensar en Rojo como un tipo correcto. Por lo menos cada que miraba a Ari, Charlie estaba seguro que detectaba sensibilidad en la mirada del Rey Jinn. Tenía que creer que algunos de esos malditos idiotas atemorizantes estaban de su lado. L
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    23 Tenía que creerque Rojo no le iba a dejar morir hoy. El Rey Jinn le había prometido eso la noche anterior, jurando hacer todo lo que pudiera por salvar la vida de Charlie. El estómago de Charlie se revolvió y su pecho se tensó con miedo. ¿Cómo es que todo había terminado en esto? Su vida era extraña, no era broma, ¿pero esto? ¿Sentarse en una mazmorra en otro reino, esperando averiguar si iba a morir por matar a un Sorcerer maníaco? Quizás había fumado un poco demasiada droga este último año, pensó con pesar. Un crujido silbó en el aire y Charlie escuchó los murmullos de un guardia y el arrastrar de pies. ¿Ese era el primer prisionero siendo liberado para el juicio? ¿Fue hace sólo un día que estaba sentado con Fallon mientras ella lo calmaba sobre la situación de Jai y Ari? Los Roes habían estado brillantes, ayudándolo a manejar la culpa por matar a un hombre. Había matado a un hombre. Aún peor, su mejor amiga estaba todavía muy débil por su propio ataque a manos del mismo hombre para ayudarle a hablar de ello. Y sólo para añadir crema glaseada amarga en la parte superior de esa porción de pastel de mierda, Jai había estado sentado al lado de la cama de Ari, esperando que despertara de modo que pudiera decirle que quería estar con ella. Charlie había perdido a Ari. Fallon era un consuelo. Charlie podría escucharla hablar de todo y nada y por un momento mantenía el mundo a raya. Eso era lo que ella había estado haciendo, hablándole de su primer trabajo como cazadora, sus pequeñas manos metiendo su creciente cabello detrás de su oreja, frotando sus hombros, acariciando el tatuaje alrededor de su muñeca, midiendo su pequeña mano con la suya. Cosas tontas y familiares que le hacían sentirse más cercano a ella, que calmaban el dolor de perder a alguien tan exquisito como su Ari. Y no tenía a nadie más que él mismo para culparse.
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    24 Su auto compadecenciahabía sido interrumpida por el Rey Rojo, quien saltó fuera del Peripatos para avisarle, demasiado tarde, que estaban llegando Jinn del Monte Qaf para arrestarlo por la muerte de Dalí. Los dos Shaitan habían llegado justo después de la advertencia de Rojo. Charlie no podía recordar llegar al Monte Qaf. Intentó e intentó pero no había nada allí. Un minuto había estado en shock ante la advertencia de Rojo y al siguiente estaba siendo arrastrado por un oscuro túnel de barro, fuego sacudiéndose hacia él desde los candelabros de estilo medieval de la pared. Había pasado celda tras celda hasta que fue lanzado en la suya propia. ¿Realmente tenía a alguien más a quien culpar aparte de sí mismo por su apuro? Todo el tiempo esto es lo que Ari había temido que le pasara cuando le había dicho que se había convertido en Sorcerer para vengarse del Labartu que había matado a su hermano, Mike. Había sido advertido de que matar a un auténtico Jinn acabaría con él enfrentando una pena de muerte en el Monte Qaf. Charlie había aceptado eso, siempre y cuando significara que el Labartu estuviera muerto. ¿Pero ser forzado a enfrentar un juicio por matar a un mestizo y uno que casi había matado a Ari? Bueno eso lo molestaba más que un poco. Apostaba que también molestaba a Ari. El Rey Rojo le había dicho que estaba aquí con Jai y que había pedido verlo, pero no se lo permitieron. Charlie golpeó con el puño en la tierra a su lado. Esperaba que estuviera lo suficientemente bien para estar aquí. Rezó para que no fuera a hacer algo impredeciblemente estúpido para liberarlo. Dios, esperaba que no fuera a ser como él. Y egoístamente, al final del todo, Charlie estaba contento de que hubiera venido tras de él. Que todavía significara lo suficiente como para dejar todo, incluyendo a ese chico Jinn Jai. Una estúpida parte de él aún esperaba que quizás temer por él le haría recordar su vínculo. Que eran familia... —De acuerdo, ¿quién va ganando? —Charlie sonrió mientras entraba de nuevo en la sala de estar con un vaso de Coca Cola muy fría para Ari. Era
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    25 un abrasador díade verano y el aire acondicionado de la casa se había estropeado, haciéndoles usar asquerosos abanicos que sólo le soplaban de vuelta aire caluroso. Mike le frunció el ceño desde su posición sentado al lado de Ari en el suelo, el control del juego colgando de su mano. —¿Dónde está la mía? Charlie se encogió de hombros. —Sólo tengo dos manos. Suspirando hacia él, Ari intentó darle la Coca Cola que él le había dado a Mike. Su hermano pequeño le sonrió y sacudió la cabeza. —Gracias Ari, pero cogeré la mía. —Su sonrisa se transformó en una mirada fulminante cuando miró a Charlie—. No creas que no sé qué hiciste eso a propósito de modo que tendría que soltar el control. Ese era exactamente el por qué lo había hecho. El imbécil había estado acaparando el juego, y a Ari, desde que había llegado a aquí. Ari arrugó su nariz. —Bueno, sugeriría dejar mi control de modo que los dos puedan jugar contra el otro, pero todos sabemos cómo acaba eso y no estoy de humor para limpiar sangre hoy. Mike refunfuñó y se puso de pie. Tan pronto como dejó la habitación, Charlie se deslizó más cerca de Ari mientras cogía el control, su rodilla desnuda tocando la rodilla desnuda de ella. Trató de ser frío mientras le echaba un vistazo en sus pantalones cortos y camiseta de tirantes. Ah amigo, gracias a Dios por las olas de calor. Eran el sueño de un chico adolescente hecho realidad. Ari rio, arrastrando su mirada hacia arriba y encontró sus extraños pero maravillosos ojos centelleando juguetonamente hacia él. —¿Has acabado?
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    26 Charlie rio porla vergüenza de ser atrapado mirándola y la empujó con su codo mientras miraba la pantalla, comenzando un nuevo juego. —Usaste esos pantalones cortos. Ella rió de nuevo y el sonido lo golpeó directo en sus partes-buenas-para- nada. Tomó una respiración. Tener quince años y ser amigo de Ari era fuerte para su libido. —Charlie, estás usando pantalones cortos. Él frunció el ceño a sus largos pantalones cortos. —No es lo mismo. —Quizás lo es para mí. Quizás los encuentro igual de distractores, pero no te miro descaradamente. Ante el tono coqueto de su voz, Charlie se giró para mirarla de nuevo. Sus mejillas estaban un poco sonrojadas pero aún estaba sonriéndole. —¿Estás mirándome? —Vaya, él no quería que su voz fuera tan grave y sugestiva. La sonrisa de Ari despareció y él observó, con alegría, como su respiración se detenía. —Quizás. Sin control sobre sus acciones, la mirada de Charlie cayó sobre la boca de ella. Últimamente había pensado mucho en esa boca. Está bien, demasiado. Como, cada segundo. —¿Qué, ni siquiera has comenzado un nuevo juego? —se quejó Mike mientras volvía a pasearse por la habitación y rompía el épico momento entre Charlie y Ari. Ari rio y se movió un poco, así había más espacio entre ellos. Charlie suspiró y contempló cincuentas diferentes formas de deshacerse de su hermanito pequeño.
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    27 —Estábamos a puntode hacerlo. —Bueno, si eres así de lento para comenzar, apuesto 10 dólares a que Ari patea tu culo… —Charlie levantó una ceja y Mike suspiró—. Trasero. Patea tu trasero. —Tomo esa apuesta —replicó Charlie, extendiendo su mano para estrechar la de su hermano. Ari carraspeó y ambos Creagh se detuvieron para mirarla. —¿Qué? Ari se encogió de hombros. —Estás a punto de perder 10 dólares. Quiero decir, Mike por lo menos tiene una oportunidad de luchar contra mí, pero tú… —¿Crees que Mike es mejor que yo en Súper Mario Bros? —Oh, definitivamente. Mike rió feliz. Charlie los miró a ambos y luego se giró determinadamente hacia la pantalla. —Oh, está encendida. …Charlie estaba temblando por sus recuerdos mientras un Shaitan se acercaba a su celda. El guardia de la noche anterior. El Shaitan levantó una mano y el brillo alrededor de las barras desapareció mientras las barras volvían a entrar en la roca para permitir la salida de Charlie. —Es hora —le señaló El Shaitan, grilletes brillantes colgando de su mano. Charlie se levantó y miró extrañado los grilletes, sus rodillas amenazando con derrumbarse. El Shaitan pareció sentir su terror y se rio de él, los ojos negros volviéndose rojos.
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    28 Su burla eracomo una bala en el trasero de Charlie. Deja de ser un cobarde, puedes hacer esto. Encogiéndose de hombros, pretendiendo indiferencia, Charlie se reunió con el Shaitan y se giró en su dirección. Los grilletes brillantes no quemaban, pero eran pesados mientras se cerraban en torno a sus muñecas. Caminar fuera de la mazmorra, entre los dos Shaitan, era humillante, pero mientras hacían su camino a través de los túneles de tierra y arriba por una escalera en espiral, Charlie conoció la verdadera humillación. Las paredes de roca alrededor de ellos dieron paso a amplios pasillos e incrustadas en la roca estaban las famosas esmeraldas del Monte Qaf. La atracción de su poder le susurraba a Charlie, era casi como si cada una de las piedras atrajera un poco de él hacia ellas. Se tambaleó y gimió, el hambre creciendo dentro de él y ambos Shaitan rieron de nuevo. —Eso es lo que pasa cuando a los niños se les da poder más allá de la habilidad que pueden controlar. Lloriquean como gatitos tras la leche. Su risa enrojeció las mejillas de Charlie e intentó ignorar el poder de las esmeraldas, sus dientes adoloridos por la fuerza que le tomaba. Intentó enfocarse en los alrededores, pero no había puertas, ventanas, cuadros ni sirvientes, sólo antorchas suspendidas en lo alto de las paredes. Cuando vio la puerta arqueada al final del pasillo, un alivio se disparó dentro de él. Quería salir, quería alejarse de las esmeraldas. La puerta se abrió con un crujido, una ráfaga de aire frío llegó a sus ojos y bajó por su garganta. Tosió un poco, permitiendo a sus pulmones adaptarse al aire fresco pero frio. Parpadeó mientras lo obligaban a avanzar y la escena a su alrededor hizo que su corazón latiera detrás de sus costillas. Tembló en su delgada camiseta. Era como algo salido de EL Gladiador. Ante él había un gran anfiteatro, asientos que comenzaban a elevarse desde un gran espacio en el centro, en donde un Jinn lo esperaba. Los Jinn se amontonaban en los miles de asientos, un mar de cuerpo vestidos
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    29 con sedas brillantes,terciopelo y algodón, todos de los colores de las gemas más brillantes: verde esmeralda, amatista morada, azul zafiro y rojo rubí. Era como mirar en un baúl del tesoro. El anfiteatro era menos antiguo que Roma y más Marroquí en apariencia, con sus arcos de piedra tallados con arabescos y los pilares torcidos envueltos en tela rubí y esmeralda y champaña, tela que ondeaba suavemente con la brisa, como si muriera por desenvolver sus brazos del pilar y volar en el viento. Charlie entendió el sentimiento. Obligado a avanzar nuevamente, Charlie descendió las escaleras frente a él, intentado ignorar los murmullos de los Jinn a su alrededor. Su pulso se aceleró ante el extraño piso de espejo bajo sus pies, su vidrio cubriendo todo el primer piso. Sombras contra el cielo de invierno atraparon su vista en el reflejo y Charlie levantó la mirada, el aire abandonándolo ante la vista del cielo sobre la multitud. Las noticias de que los Reyes de los Jinn involucrados en un juicio deben haber viajado, porque todo el palacio estaba tan lleno que había Jinn flotando en el aire sobre los asientos, como brillantes y coloridos colibrís, observándolo con ojos curiosos. Charlie tragó saliva, viendo un Jinn sentado sobre una alfombra flotante. Sentía ganas de frotar sus ojos para asegurarse de que estuviera viendo bien. Todo se había vuelto demasiado como “Aladín y la lámpara mágica” para él. Antes de que Charlie pudiera deshacerse ante el estrés de estar en una situación tan irreal, su mirada viajó más allá del Jinn flotante y la alfombra mágica y se amplió ante la vista de las montañas brillando verdes bajo el sol. Ahora, eso era asombroso, lamió sus labios casi con avidez, la necesidad por las esmeraldas casi sobrepasando cualquier posible humillación que había sentido antes. Un cosquilleo de conciencia se arrastró hasta su cuello mientras caminaba hacia el centro y miraba a su izquierda sólo para trabar su mirada con unos ojos de color cambiante. Una preocupada Ari le ofreció una trémula sonrisa mientras se sentaba en la primera fila, los círculos oscuros bajo sus ojos le decían que había estado despierta durante horas, probablemente a causa de la ansiedad por el día de hoy. Una oleada de calidez inundó su pecho y le ofreció una sonrisa tentativa, sintiéndose mejor sólo por tenerla allí. La sonrisa se deslizó de sus labios cuando su mirada tropezó con la persona sentada demasiado cerca de ella. Jai.
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    30 Le ofreció alJinn un frágil asentimiento y volvió de nuevo el rostro al frente. Todo se sentía tan surrealista, tan acabado, su visión parecía ir y venir. Un pequeño escenario redondo estaba en el centro y el Shaitan lo instó hacia él. El Rey Rojo estaba a su izquierda y le dio a Charlie un brusco asentimiento de aliento. A su derecha había un Jinn casi tan alto como Rojo, su cabeza rapada brillando en el sol invernal. Como Rojo, parecía vestido para el deber con pantalones de cuero negro, brazaletes de oro, muñequeras doradas, y un torque1 alrededor de su cuello. Las joyas brillaban en sus dedos y en sus orejas. Sus ojos negros perforaron a Charlie con un peligroso odio, y Charlie miró rápidamente lejos del que asumía era el Rey Brillante, sólo para encontrarse cara a cara con la vida y la muerte misma. El poder del Jinn delante de él casi lo hizo volar de nuevo fuera de sus pies. Charlie se sintió congelado bajo la oscura mirada del Jinn. El Jinn era enorme, incluso sentado en su trono de mármol negro. Su largo cabello blanco plateado estaba perfectamente inmóvil alrededor de su cara a pesar de la suave brisa que parecía susurrar a través de todos los demás. Vestiduras de seda turquesa caían en una cascada a su alrededor. Su poderoso torso estaba desnudo bajo las vestiduras mientras que sus largas y poderosas piernas estaba envueltas en el mismo cuero negro que Rojo y los demás Reyes de los Jinn. Este era Azazil, el Sultán de todos los Jinn. Charlie no necesitaba que se lo dijeran. El Sultán le sonrió con descaro y Charlie parpadeó, sin estar seguro de si vio bien o no. El parpadeo desvió su mirada a la izquierda de Azazil y rápidamente miró lejos del enorme y joven Jinn de cabello oscuro que estaba mirándolo como si estuviera a punto de comérselo. Pasos interrumpieron los frenéticos pensamientos interiores de Charlie y miró hacia abajo para ver a Rojo aproximándose a él. —Charlie. ¿Cómo estás? Se encogió de hombros, pretendiendo indiferencia. —Estoy soportando. 1 Torque: Es un collar de origen celta, que queda abierto y con adornos en los extremos.
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    31 —Estaré defendiéndote hoycontra mi hermano, el Rey Brillante. —Señaló al Jinn con la cabeza rapada. Charlie asintió. —Muy bien. Suspirando, como si ya estuviera cansado del juicio, Rojo asintió con la cabeza hacia el Jinn del pelo blanco y su compañero. —Este es el Sultán Azazil. Está acompañado hoy por su lugarteniente, el Príncipe Asmodeus. Charlie resistió el impulso de morderse la piel alrededor de su pulgar como hacía cuando estaba sentado en un examen. —¿Es el Sultán… tú sabes, el juez? —No. Azazil vela por el juicio. El Marid. Rojo señaló a un hombre alto y delgado que estaba sentado en una aburrida posición despatarrado justo al lado de Ari. —Su nombre es Adeel: el justo, el sabio. —Parece aburrido. —Bueno, el juicio no ha comenzado aún. —¿Así que Azazil no tiene voz en esto? Rojo asintió en garantía y por alguna razón el conocimiento de que el voluble y francamente, demente, Sultán no tomaba parte en el resultado de su juicio hizo a Charlie sentirse mejor, demente o no, el tipo era todopoderoso. Disparó otra mirada rápida a Azazil. —¿Tengo que inclinarme o algo? Rojo sonrió con suficiencia. —Sólo cuando estás absuelto.
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    32 —Ooh, me estágustando la confianza. Charlie se frotó las sudorosas manos en los vaqueros. —La confianza es la clave. Riéndose, Rojo asintió y se retiró. Tomando una profunda y controlada respiración, Charlie intentó no dejar que sus piernas temblaran de nuevo. Iba a pasar por esto. Hoy no se sentía como el día en el que iba a morir. ¿Verdad? Ari observaba mientras Charlie era conducido al anfiteatro por los Shaitan, y su estómago casi tocó fondo. Pareciendo sentir su ansiosa mirada, Charlie se dio la vuelta y captó su atención. Le ofreció una sonrisa tranquilizadora y él se la devolvió antes de ofrecerle a Jai un brusco asentimiento mientras se dirigía hacia el centro del piso. —Me siento enferma —le murmuró a Jai, presionando su muslo contra el de él buscando consuelo. Inmediatamente su piel hormigueó, como pequeñas agujas incómodas por toda su cara. Su corazón dio un vuelco literalmente cuando levantó la mirada y encontró a Azazil sonriéndole, y a Asmodeus mirándola con una expresión sin emoción pero de algún modo concentrada. Tragó saliva y luchó para contenerse de enterrar sus manos en el brazo de Jai. ¿Crees que me oye? Azazil, quiero decir. Mira el modo en que me está mirando. Probablemente, contestó Jai suavemente, Sólo apeguémonos a la telepatía mientras estamos aquí, ¿vale? Sí. Vale. Hizo caso omiso de la aterradora atención de Azazil y Asmodeus y miró de nuevo a Charlie. Estaba tiritando en el invierno del reino y Ari se preguntó amargamente por qué, si iba a pedir el deseo idiota de ser un
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    33 Sorcerer, no podríahaber conseguido la ingeniosa temperatura templada como parte del acuerdo. Debería haberle comprado un jersey o algo. Jai presionó su pierna de nuevo contra la de ella, atrayendo su atención. ¿Has pensado acerca de lo que vamos a hacer si Rojo no gana esto? Amando que usara el “nosotros”, Ari quiso apoderarse de su mano con la de ella, pero con Azazil mirando y la advertencia de Rojo antes, se las arregló para contenerse de buscar consuelo en el tacto de Jai. Honestamente no lo sé. Ari, Estaba usando su voz de “soy mayor, más sabio y un guardián”, ¿No estás pensando en usar tu poder, verdad? Ese es un deseo de muerte. No lo sé, Jai. Sólo sé que no puedo dejarlo morir. Sintió su cuerpo tensarse junto a ella. No te preocupes, sus palabras fueron suaves y persuasivas, Mi poder es el último recurso. Hablaré primero. A pesar de todas sus maneras retorcidas, el Jinn cree en el honor y la defensa de sus leyes. Bueno, el hijo de Brillante me atacó, a una sangre pura. Iba a matarme, un crimen castigado con la muerte. Veamos a Brillante hablar para tratar de salirse de esto. Después de un segundo, sintió a Jai relajarse, su brazo rozando el de ella de un modo que envió hormigueos inapropiados disparándose en lugares inapropiados. Sus ojos cayeron a su mano que estaba hecha un puño encima de su muslo. Lentamente, sus dedos se desplegaron y se relajó, creyendo en ella. Tenía buenas manos, pensó, fuertes pero gráciles. Sólo la visión de ellas le dio un hormigueo también. Ruborizada, Ari estuvo contenta por la distracción cuando el Rey Brillante habló a la arena. —Damas y caballeros, estamos hoy aquí para traer justicia a mi hijo. —Paseó por delante de Charlie, sus poderosos músculos flexionándose de un modo que hizo a Ari tragar saliva por el bien de Charlie. Sus ojos taladraron a su amigo con un odio amargo y le tomó todo lo que tenía para no lanzarse a sí misma delante de él y esconderle de la vista de Brillante.
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    34 —Este monstruo, estemestizo, aspirante a Jinn, mató a mi hijo a sangre fría... ... A diferencia de cualquier juicio que Ari había visto alguna vez, Brillante y Rojo argumentaron una y otra vez acerca de los acontecimientos que condujeron a la muerte de Dalí sin verdadero sentido de la lógica, no hubo ofrecimiento de pruebas para empezar. Simplemente asumieron que un Rey de los Jinn tenía que ser creído. El alegato era difícil para Rojo porque estaba intentando evitar la participación de Ari en todo este feo asunto con un perfil tan bajo como fuera posible. —¡El caso no es acerca de lo que hizo mi hijo, Rojo! —bramó Brillante y Ari se encontró a sí misma casi burlándose. Rojo e incluso su padre, Blanco, estaban tan calmados y serenos que no pudo evitar admirar eso de ellos. Brillante era impetuoso y llegó a ser petulante, infantil e indigno. Además, estaba tratando de clavar a su mejor amigo en una cruz—. Este chico, este escasamente Jinn, medio humano, asesinó a mi hijo. —Se volvió hacia la multitud—. Una puñalada por la espalda, por favor. La multitud jadeó ante eso, y Ari oyó los murmullos de ‘cobarde’ ondear a través de la arena. —Estaba a medio camino de asfixiar hasta la muerte a una cazadora del Gremio. Charlie salvó la vida de la chica —gritó Rojo, tratando de atraer la atención de vuelta, pero parecía no tener efecto. Ari miró ansiosamente al Marid, Adeel, que estaba juzgando el juicio. Antes parecía medio dormido pero ahora estaba sentado, estudiando a Charlie cuidadosamente. Tragó duro, notando a Charlie flexionar sus manos, viendo el temblor en sus dedos. Sintió ganas de llorar por él. —Si se me permite. —Una fuerte voz familiar sonó a su alrededor y todas las cabezas se volvieron hacia donde Charlie había entrado antes. Sorpresa y temor anticipado la congelaron en el lugar y sintió a Jai presionarse más cerca de ella mientras el Rey Blanco obtenía la atención
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    35 de todos. Conla cara en blanco, paseó hacia el centro del anfiteatro y se dirigió a Adeel. —Tengo un testimonio que hacer en favor del acusado. Hubo más jadeos, incluido el de Ari. Adeel inclinó la cabeza ante el Rey Blanco. —El Rey Blanco tiene permitido por supuesto ofrecer su versión de los hechos. Los ojos de Ari se trabaron con los de Charlie cuando su cabeza se giró hacia ella, sus ojos interrogándola silenciosamente. Ella sacudió la cabeza, dejándole saber que no había organizado esto. —¿Qué estás haciendo, Blanco? —preguntó Brillante en voz baja, toda su pose desinflándose bajo la mirada de su hermano. Blanco no le contestó. Miró a través de él y luego se volvió hacia la multitud. —Este juicio es irrelevante. Si Charlie Creagh no hubiera matado a Dalí, hijo de Brillante, Dalí mismo estaría aquí enfrentándose a la inevitable muerte por secuestro y tortura, con intento de muerte, a mi hija Ari Johnson. —La miró en la multitud y ella sintió elevarse los murmullos y caer las miradas sobre ella—. Mi hija es una Jinn pura sangre. “¿Puede ser? ¿Es de Sala, la hija del Ifrit?” “¿Pura sangre? Debe ser la hija perdida de Sala”. El nombre de su madre rebotó alrededor de la arena, y la mirada temerosa de Ari encontró la de Rojo. Su expresión era siniestra. Ahora todos sabían quién era ella. Este era sólo el principio. —¿Qué dices, Sabio Adeel? —continuó Blanco y Ari arriesgó una mirada hacia Azazil. Estaba mirando al Rey Blanco con diversión. Un ardor en las mejillas de Ari atrajo su mirada hacia Asmodeus y para su temor encontró que su mirada estaba aún sobre ella, no en los procedimientos.
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    36 Moviéndose ansiosamente bajosu atención, Ari rápidamente miró hacia otro lado, y hacia Adeel. —¿Está diciendo que Dalí fue asesinado porque estaba tratando de asesinar a su hija pura sangre, Su Majestad? —El Rey Rojo y yo tuvimos que obtener a la fuerza el paradero de Dalí del Rey Brillante después de enterarnos de que se la había llevado. El asombro recorrió la audiencia Jinn y Adeel frunció el ceño. —¿El Rey Brillante estaba permitiendo de buena gana la tortura de un pura sangre por parte de un mestizo? —Sí —contestaron Blanco y Rojo al unísono. Ante el inmediato gruñido desde la dirección de Brillante, Ari sintió su estómago voltear con alivio y dejó caer los hombros. Adeel se puso de pie y se dirigió al Sultán. —A partir de los testimonios de dos Reyes de los Jinn, no tengo más elección que permitir a Charlie Creagh volver en libertad al reino mortal, Su Majestad. Uno: mató a un mestizo. No hay leyes contra los mestizos matándose unos a otros. El hecho de que el mestizo fuera una Persona Real ciertamente podría haber influido en la decisión de otro modo, pero ya que ese mestizo Real habría sido ejecutado por sus crímenes contra una pura sangre, no tengo influencia. Ninguna ley fue violada por parte de Charlie Creagh. No veo razón para continuar el juicio, Su Majestad. Azazil asintió y con un grito de indignación, Brillante huyó en el Peripatos. Aturdida de que hubiera terminado tan abruptamente y de que el Rey Blanco hubiera hecho lo que había dicho que haría sólo si Ari se acogía a su voluntad, Ari sólo podía mirar mientras la multitud de Jinn se iba, algunos más a regañadientes que otros mientras miraban a Ari, esperando que hiciera un movimiento. Sí, habría cotilleos ahora. Tratando de hacer caso omiso de ello, de enfocarse en lo que importaba, levantó la mirada para buscar a Charlie. Estaba de pie al lado del Rey Rojo, sonriendo hacia ella con agotamiento y alivio.
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    37  Tu dulce crueldad… Traducidopor Kira.godoy y Maru Belikov Corregido por Akanet ilbidos y chasquidos llenaron el anfiteatro y brillantes ráfagas de fuego explotaron aquí, allá y en todas partes, como fuegos artificiales en la víspera de año nuevo mientras los Jinn vaciaban el anfiteatro con pública poca satisfacción por el juicio siendo cancelado. Ari aún podía sentir el hormigueo en la base de su cuello por los Jinn mirándola fijamente mientras se marchaba, su curiosa especulación causando que su corazón corriera con más preocupación. La última cosa que necesitaba ahora mismo era ser cazada por alguien más. Tratando de hacer caso omiso de su inquietud Ari le lanzó una mirada aliviada a Charlie y pasó una mano a través de la de Jai, silenciosamente diciéndole que la siguiera mientras se dirigía a través del extraño suelo de vidrio que le recordaba el gran salón en el palacio de Azazil. Tan pronto como alcanzó a Charlie, él la jaló en un abrazo apretado, metiendo su mano en la curva de su cuello e inhalando de ella. Él se estremeció de alivio e incómodamente Ari peleó con la urgencia de consolarlo tanto como con la urgencia de apartarse a sí misma de su abrazo, para que Jai no fuera a tener la idea errónea. —¿Estás bien? —preguntó en su lugar, dándole palmaditas firmes en la espalma antes de apartarse de su abrazo. Estudió la cara de Charlie mientras daba un paso hacia atrás, al lado de Jai. Charlie lucía agotado. —Lo estoy ahora. —Sonrió débilmente y entonces cabeceó hacia Jai. Jai cabeceó de regreso con cautela. —Buen resultado. —Sí. S
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    38 Un tenso silenciose esparció entre ambos y Ari disparó una mirada al Rey Rojo quien estaba sonriéndole en respuesta con regocijo. Ignorando su burla, Ari le envió un mensaje telepático. Seriamente te abrazaría justo ahora pero tengo la sensación de que a Azazil no le gustaría eso. Su tío sonrió. Buena decisión. Otra sensación de conciencia hormigueó en la base del cuello de Ari y ella se dio la vuelta para seguir la sensación, sólo para encontrarse con la mirada del Rey Blanco. Ella estaba sorprendida de ver que la estaba mirando como si fuera un complejo rompecabezas. Uno que estaba determinado a resolver. Él asintió hacia ella, y luego dio un paso atrás de regreso dentro del Peripatos. Frunciendo el ceño, Ari se volteó hacia su tío, consciente de las miradas de los tres hombres sobre ella, esperando para ver cómo iba a reaccionar ella ante la aparición de su padre. —¿Por qué hizo eso? —le preguntó tranquilamente a Rojo—. ¿Por qué el Rey Blanco ayudó luego de que me rehusara a ser chantajeada? Rojo se encogió de hombros. —Era una cosa de honor. No importaba tu respuesta, él siempre iba a ayudar a liberar a Charlie porque eso molestaría a Brillante. Brillante traicionó a Blanco cuando le permitió a Dalí ir tras de ti. Blanco no podía dejar eso pasar sin buscar justicia. —Quieres decir venganza. —A pesar de lo que puedas pensar, algunas veces los dos son uno mismo. Charlie le sonrió a Rojo. —Traté de decirle eso a ella una vez. —Entonces ustedes dos están equivocados. —Ari espetó y se deslizó incluso más cerca de Jai. Charlie entrecerró sus ojos hacia ellos y Ari suspiró, cruzando sus brazos sobre su pecho defensivamente—. No importa. ¿Lo que estás diciendo es que no deberíamos estar agradecidos con el Rey Blanco? Su tío resopló ante la idea de eso.
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    39 —No en sucara. —Bueno, no me importa porque sólo estoy agradecido de ser libre — respondió Charlie, frotando sus muñecas que lucían un poco sensibles. Ari frunció el ceño. Esas argollas debieron haber sido pesadas. Ella se estremeció ante el pensamiento de Charlie en esas argollas otra vez. Dios, no había habido ninguna manera de convencerlo para que no se vengara del Labartu. Seguramente, ese viaje al monte Qaf lo debía haber asustado un poco. ¿Lo suficiente para hacerlo pensárselo dos veces? Preocupada por él, Ari se estremeció. —¿Podemos irnos? ¿Podemos regresar a nuestro mundo? —Técnicamente este es tu mundo. Una profunda, ruidosa voz anciana respondió y ellos se voltearon para ver a Azazil de pie a centímetros delante de ellos, su gran figura fundiendo a Ari en sombra. Ella trató de no sentirse intimidada, pero el Sultán se mantuvo tan cerca que ella podía oler la fuerte esencia de cítrico y granada que parecía persistir continuamente en su cabello. Podía sentir esa poderosa onda de energía golpeándola otra vez, la que parecía determinada a levantarla de sus pies. El orgullo la forzó a no tragar mientras su mirada derivaba de los masivos hombros del Sultán de cabello blanco a su teniente de cabello negro, Asmodeus. Tan pronto como sus ojos chocaron con el Marid, una extraña necesidad se apretó en su pecho, una familiaridad, un anhelo. Ella trató de suprimirla, apartándola pensando en ella como algún tipo de consecuencia de los sueños que había estado teniendo acerca de él. El hecho de que él no apartaría esos pecaminosos ojos oscuros de ella, no estaba ayudando. —Maestro. —Rojo inclinó su cabeza, y cuando Jai siguió el ejemplo, también lo hicieron Ari y Charlie—. ¿Disfrutó el juicio? —Bastante entretenido. Pero, qué es esta conversación acerca de ti dejándonos tan pronto. —Azazil sonrió, un espantoso destello de dientes que hizo a Charlie retroceder junto a ella—. Dejen que el chico tenga una noche de diversión en el Monte Qaf. Tendrá algo de comida fina y sueño
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    40 en una camafina. Ustedes cenarán con nosotros esta noche, tendrán algo de descanso y luego regresarán al reino mortal en la mañana. Incluso mientras los hombros de Ari se encorvaron hacia sus oídos ante desagradable invitación, oyó la voz de Rojo golpeando dentro de su cabeza. Ni siquiera pienses en decir que no. Vencida, pero pretendiendo otra cosa refunfuñó en respuesta. No soy estúpida. Tratando de mantener su expresión tan en blanco como fuera posible, Ari levantó la mirada hacia el Sultán Azazil e inmediatamente peleó la urgencia de tener arcadas por la manera en que él la miraba, como si pudiera ver y entender sus mismas entrañas. —Gracias por la invitación, Su Majestad. Estaríamos honrados de aceptar su hospitalidad esta noche. Complacido, Azazil sonrió e inclinó su cabeza antes de girar en sus talones y dirigirse a través del anfiteatro con sus túnicas vaporosas detrás de él. Asmodeus no se había movido. Miró a Ari resueltamente y ella sintió como si él también estuviera tratando de examinar su interior. Jai movió sus pies, sus ojos yendo de un lado para otro entre Ari y Asmodeus inseguramente. Finalmente, justo cuando los ojos de Jai se entrecerraron y su cuerpo se tensó, Rojo dio un paso delante de ellos y se puso cara a cara con Asmodeus. —¿Hay algo que necesite, teniente? —le preguntó tranquilamente, con el acero irrompible en sus palabras que Ari tanto admiraba. Asmodeus apartó su mirada de Ari lo suficiente para lanzarle a Rojo una mirada desdeñosa. —No. No hay necesidad… —Y con ese enigmático comentario le lanzó a Ari otra mirada antes de hacer su camino tras Azazil lentamente. Rojo se volteó y la volvió a mirar, sus ojos entrecerrándose a modo de pregunta. Ari sostuvo sus manos arriba en modo de defensa. —No sé de qué diablos se trataba eso. Lo juro.
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    41 Disgustado, su tíogiró completamente para mirar ferozmente a Jai. —Recuerdas lo que te dije. Me llamas si él viene a algún lugar cerca de ella. —¿Qué es lo que él quiere con ella? —La voz de Jai se había vuelto terroríficamente baja y de pronto Ari sintió la inusual viscosidad de sudor en sus palmas. Ella estaba asustada. Dios, quería salir rápidamente de aquí. —No lo sé. —Espera, ¿qué fue lo que me perdí? —Charlie preguntó bruscamente—. ¿Qué diablos es lo que ese atemorizante tipo quiere con Ari? El modo en que la estaba mirando, quería gol… —Ni siquiera lo pienses —espetó Rojo—. Ninguno de ustedes. Ninguno de ustedes es rival para Asmodeus. Sintiéndome un poco sacudida mientras ellos regresaban a sus habitaciones, Charlie ahora en una habitación dos puertas más abajo de la de Jai, Ari odiaba separarse de ellos, pero Rojo había dicho que ellos necesitaban alistarse para la cena. No fue hasta que ella puso un pie en su habitación que se dio cuenta de lo que él quería decir. Esperando dentro por ella había tres de las mujeres Shaitan de Azazil. Ella hizo una mueca mientras ellas les decían que habían sido enviadas para alistarla para la ocasión. Su mueca no hizo nada para detenerlas. Trabajando con tranquilidad y en sincronía, las tres hermosas Jinn de cabello oscuro revolotearon alrededor de ella, tirando de sus ropas, torciendo su cabello, y envolviéndola en la más suave tela roja que ella había sentido alguna vez contra su cuerpo. Detuvieron su trabajo en un semicírculo alrededor de ella, sus propios cuerpos estaban envueltos en el más suave vinilo de cuero, ajustados pantalones amarrados a los lados, y lo que Ari habría considerado una camiseta de tirantes de cuero apretaba sus amplios atributos hacia arriba y hacia fuera audazmente. Ari casi se
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    42 estremeció cuando hizocontacto visual con la que estaba aplicando kohl2 alrededor de los bordes de sus ojos. Los propios ojos de las mujeres Shaitan eran de un morado brillante. ¿Acaso eran trillizas? La fría mirada en la cara de la Shaitan frente a ella calmó a Ari de la pequeña cantidad de resistencia que estaba haciendo. Excluyéndolas, Ari se negó a pensar acerca de la cena a la que estaba invitada esta noche. En vez de eso, lo puso a un lado y se concentró en lo que podría hacer una vez que ellos dejaran el monte Qaf. Para Ari su futuro era incierto. De acuerdo, sabía que su padre no estaba dispuesto a renunciar a ella, y que podría amenazarla con su juego si no se entregaba a él, pero aparte de El Rey Blanco no sabía quiénes eran sus enemigos. Y había un noventa por ciento de posibilidad de que luego de hoy iba a tener más enemigos. Pero, ¿qué tenía que hacer ella? ¿Sentarse en una habitación en algún lugar y esperar para que ellos vinieran por ella? No. De ninguna maldita manera. Cazar a Dalí, entrenar con Trey y Jai, y luego con Fallon, la habían hecho sentir como que tenía una oportunidad. Quizás no la tenía, pero si iba a caer, ya había decidido que no iba a caer sin una pelea. Así que, ¿cuál era su siguiente movimiento? Ari pensó en Fallon y El Gremio Roe. Ellos estaban tan dedicados a su trabajo y era un trabajo tan digno y honorable el que ellos hacían. Un propósito tan bueno… significativo. Y Charlie… Charlie era mejor con los Roes. De acuerdo, así que sí, le estaban enseñándole a usar la magia, pero era controlado y… y al menos con ellos él no estaba bebiendo o usando drogas. Quizás la influencia de los Roe podría quitar eso de él y dejaría su propia caza y se uniría a El Gremio. Ari se puso rígida. ¿Quizás eso era lo que todos ellos podrían hacer? Ella, Jai y Charlie. ¿Podrían los Roes recibirlos en su grupo? ¿Por qué no? Sintiendo una sensación de paz flotar alrededor de sus hombros, Ari sonrió suavemente. Sí. Esa decisión se sentía correcta. Ella podría entrenar para 2 Kohl: Es un cosmético a base de hollín y otros ingredientes, usado principalmente por las mujeres de Oriente Medio, Norte de África, África subsahariana y Sur de Asia, y en menor medida por los hombres, para oscurecer los párpados y como máscara de ojos.
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    43 ser una cazadorade El Gremio. Podría ser la cazadora en vez de la presa. Y si ellos eventualmente venían por ella… bueno, podría estar lista para ellos. ¿Y qué pasa con Jai? Su corazón dio un pequeño alarido de angustia. Jai era un Ginnaye no del Gremio. ¿Podría el dejar su tribu atrás por ella? ¿Era eso pedir demasiado, muy pronto? —Estás lista. —La Shaitan frente a ella la alejó de sus pensamientos profundos y Ari tropezó un poco mientras era forzada a voltearse para que pudiera ver su reflejo en el espejo de cuerpo entero que había sido traído a su habitación. Su boca cayó abierta e inmediatamente quizo hundirse en el suelo. El vestido le recordaba la visión que tuvo de Lilif una vez. —No puedo usar esto. —Ari respiró, sintiendo sus mejillas volverse rojas. Las Shaitan fruncieron el ceño y respondieron al unísono. —Debes hacerlo. El maestro lo desea. El maestro es un pervertido. Ari gruñó internamente, recordando que técnicamente, el muy bien parecido Azazil era de hecho su abuelo. Lanzando una insegura mirada hacia su cuerpo, Ari se pregunto si los chicos habían sido disfrazados. Apostaba que no de este modo. Miró el vestido rojo que se aferraba a cada una de sus curvas, el cuello suelto en el escote mostraba mucho más de con lo que Ari estaba cómoda, y las rendijas hacia arriba a cada lado mostrando sus piernas bronceadas todo el camino hasta la mitad del muslo. Puños de oro con formas de serpiente con ojos de rubí habían sido esposados alrededor de cada uno de sus bíceps. Su cabello estaba despeinado y salvaje, cayendo hacia abajo alrededor de sus hombros en rizos y su maquillaje era ahumado y seductor. Lucía más adulta. No lucía para nada como ella misma. Y lo odiaba. —Seriamente, tengo que… Se detuvo mientras fuego explotaba tras de ella y se dio la vuelta mientras Asmodeus daba un paso fuera del Peripatos.
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    44 Ari se congelómientras él hacía gestos con un chasquido impaciente de sus manos para que las Shaitan se fueran, quienes lo hicieron en un apuro. La advertencia de Rojo de que Ari no debía ser dejada a solas con el teniente tomó el corazón de Ari y lo apretó, la respiración silbando fuera de su cuerpo. —¿Realmente estás dejándolos que se vayan? —preguntó Rojo suavemente, sin desear enojar a su padre o hacerle pensar que estaba cuestionándolo de alguna manera. Ya había empujado a Azazil lo suficiente las últimas semanas. Espero pacientemente, mirando mientras Azazil tomaba un sorbo del vino que una mujer Shaitan le había entregado desde su posición en sus rodillas al lado de la enorme silla en la que el Sultán estaba relajándose. Ella era una de las cinco Shaitan que Azazil había cegado y ensordecido antes de entrenarlas para servirle usando sus otros sentidos. De ese modo podrían estar enteradas de todos sus asuntos secretos sin siquiera saberlo. Ellas sólo estaban permitidas en sus cámaras privadas, sus cámaras privadas que cambiaban de un día al otro. El día de hoy habían sido decoradas en opulento oro y ricos borgoñas, cada pieza de mueblería diseñado con un estilo rococó francés en mente. Cuando su padre no dijo nada y simplemente cerró sus ojos, disfrutando el más fino vino que la magia podía comprar, Rojo dio un paso hacia adelante. —¿Pensé que esto es lo que quería maestro? Ari. Aquí. Ese es el porqué me hiciste cambiar el destino de Charlie, para volverlo un Sorcerer así él encontraría su venganza, sería llevado a juicio y sentenciado a muerte. Para traer a Ari aquí y entonces que no tuviera nada que la ate al reino mortal. Azazil suspiró con cansancio y extendió la copa de vino de regreso al Shaitan a sus pies. Finalmente él miro a Rojo, su mirada reprimida. —Casi me atrevería a decir que suenas acusatorio, hijo.
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    45 Rojo se movióincómodamente. Eso había sido exactamente lo opuesto de lo que estaba tratando de ser. —Por supuesto que no, padre. Encogiéndose de hombros, Azazil jugó perezosamente con un anillo de rubí en el dedo medio de su mano derecha, ya sea pretendiendo aburrimiento o retratando real aburrimiento. —Admito estar intrigado por Ari. Ella es pura de una manera que no he visto en muchos de los de nuestro tipo y definitivamente no lo que esperaba de una niña descendiente de un Rey Jinn y una Ifrit. —Quizás porque ella fue criada como una humana. El Sultán se rio. —Sé que tienes una debilidad por la raza, pero créeme, hijo, cuando te digo que los humanos son justo como nosotros, buenos, malos y todo lo demás. Ellos simplemente no tienen nuestro poder. Gracias a las estrellas, porque tampoco tienen nuestro autocontrol. Él se detuvo y miró hacia Rojo, su mirada directa y penetrante. —No, Ari es diferente. Me recuerda a los Ginnaye. Es una protectora natural. No es para nada lo que hubiera esperado de ella… y aun así… es exactamente lo que quiero de ella. A pesar del legendario estatus de Azazil como el enigma más grande del mundo, a Rojo le gustaba pensar que él sabía algunas cosas sobre su propio padre. La mirada en su cara en ese momento era una de ellos. Se estaba obsesionando con una idea. Rojo no sabía qué idea era, o cuál era el propósito real de Azazil para proteger a Ari, pero sabía que su aparente “pureza” tenía algo que ver. Mejor para él entonces desengañarlo de la idea. —Ari en sí misma puede ser pura pero son dos veces ahora que he presenciado al Seal tratando de infectarla con su poder… la mitad más oscura de su poder.
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    46 El Sultán sepudo rígido y Rojo tuvo que sostener una sonrisa de suficiencia. Bingo. El pensamiento de Ari siendo “pura” significaba algo para su padre. Algo importante. Y la corrupción del Seal era un problema. —¿En serio? Bueno… no es eso… interesante. —¿Maestro? Sacudiéndose así mismo, Azazil sonrió tranquilamente y volvió a tomar la copa de vino de parte del Shaitan. —Más razón todavía para observarla está noche. Asmodeus está convencido de que hay algo entre Ari y su guardián. Si esto es cierto, necesito verlo por mí mismo. Podría ser útil. Intentando ignorar el extraño sentimiento que no quería etiquetar como “pánico”, Rojo decidió que ignorar la sospecha de Asmodeus era la mejor manera para lidiarlo. En lugar de eso pensó en Charlie y descubrió que eso también incitaba su ira. Él aflojo su mandíbula, así su padre no lo vería. —¿Y el propósito de Charlie? —preguntó suavemente, furioso de que Charlie hubiera sido usado aparentemente para nada. Los juegos que Rojo jugaba siempre tenían un propósito. Así es como él era capaz de lidiar con algunas de las cosas más desagradables que tuvo que hacer desde que conoció a Ari. —Blanco inesperadamente lo salvó. —Azazil sonrió, completamente entretenido por como las cosas se habían dado—. No importa. El punto para él era matar el Labartu, uno de sangre pura. Allí no hay salvación para él. O se muere intentando alcanzar lo que quiere o lo asesinamos por su crimen. De cualquier manera lo quiero fuera de la imagen. No lo usamos innecesariamente. Su sonrisa se volvió afilada y cáustica. Conocedora. Rojo tembló, una vez más preguntándose por millonésima vez si su padre era un lector de mentes. —Charlie debe morir por su propia estupidez. Recuerda, Ari no debe tener ningún motivo para culparnos. —¿Así que realmente les estás permitiendo irse mañana?
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    47 —Por supuesto. ¿Porqué el apuro? Es lo más divertido que hemos tenido en algún tiempo. —Bueno, mírate —ronroneó Asmodeus, sus hermosos ojos oscuros llenos con fría indiferencia. Ari se estremeció, quedándose en silencio, mientras él empezaba a rodearla, su mirada recorriendo su cuerpo. Tan rápido como había sido golpeada por el miedo, el sentimiento de estar atrapada encendió el fuego oscuro enrollado en su pecho. Se desplegó ante su cuidadoso estudio y repentinamente los tensos músculos de Ari se relajaron. Asmodeus se detuvo como si hubiera notado el cambio en Ari y ella inclinó su cabeza para encontrar su mirada. Sus ojos fijos y el inexplicable sentimiento de familiaridad barrieron sobre ella otra vez. Un dolor se fusionó en su interior, apretando su corazón. Se sentía atraída hacia Asmodeus. Como si… como si lo conociera de alguna manera. —Eres diferente. —El susurro silencioso de las palabras de Ari hicieron su mirada afilada. —¿Qué quieres decir? Desorientada y confundida por su propia conducta, Ari sacudió su cabeza. —Yo… no sé por qué dije eso. Frunciéndole el ceño, el peligroso Marid se detuvo frente a ella, su altura haciéndolo estirar el cuello hacia atrás. El olor a cuero y picante la envolvió, y Ari odiaba que no fuera un olor desagradable. —¿Está el Seal tratando de controlarte, Ari Johnson? Su perceptiva pregunta la hizo ahogarse en un jadeo y ella dio un paso atrás. Deseaba saber si fue por su pregunta o su proximidad. —Hace eso cuando siento que quizás esté en peligro. Asmodeus se rió ante eso y ladeó su cabeza hacia un lado, su sedoso cabello cayendo de sus hombros como una sábana de puro hielo oscuro.
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    48 —¿Crees que tienesque temer algo de mí? —Creo, estando donde estoy, que tengo algo que temer casi cualquier Jinn. Él se tenso ante su respuesta, pareciendo sorprendido. —Respuesta inteligente. —Y entonces frunció el ceño—. ¿Pero casi? ¿Quieres decir el Ginnaye? ¿Crees que no tienes nada que temer de Jai Bitar? Porque… ¿Qué? ¿Lo amas? Heladas estalactitas se formaron bajo el corazón de Ari y empezaron a congelarla, miedo cayendo en su estómago. Se revolvió del frío y tomó otro paso atrás alejándose del Teniente. ¿Cómo sabía él eso? —No sé de lo que estás hablando. Su ceño fruncido se volvió una mirada tan fría que la respiración de Ari quedó atrapada otra vez. —No me mientas. Este hombre. A este Jinn… de alguna manera, Ari le temía más que a los otros, a pesar de la fuerza de él. A pesar de su atractivo. A pesar del sentimiento que evocaban todos los otros, este era un Jinn que de alguna manera ella conocía. Seguramente ¿No estaba atraída hacia él? El pensamiento la llenó con horror. Seguro él era hermoso… pero era absolutamente escalofriante. Mientras Ari pensaba de nuevo en Asmodeus, la mirada en sus ojos, la espeluznante ira empezando a registrarse, y en lugar del miedo que sintió hace unos pocos momentos, un extraño sentimiento de melancolía la abrumó. La horrible rabia que dirigía hacia ella la hizo sentir como si perdiera algo. Que él había perdido algo. Como si no fuera más el mismo. Ari dio un dudoso paso hacia adelante, ni siquiera consciente de su propio cuerpo mientras recordaba sus sueños sobre Lilif y Asmodeus. En todos ellos Asmodeus había parecido racional, sabio, y casi… amable. Él había sido increíblemente paciente con su hermana, con la excepción del primer
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    49 sueño que Arihabía tenido donde los dos trataban de golpearse el uno al otro. O más precisamente cuando Lilif había estado intentando destruir a Asmodeus. ¿Por qué? Y, ¿para qué? ¿Qué había cambiado a Asmodeus en este… este retorcido, frío Marid como todos los otros que tenían fama de serlo? Ari quería tanto preguntarle pero preguntarle significaría decirle que había estado soñando con su pasado con Lilif, y estaba segura de que era su pasado. Los sueños se sentían como recuerdos. ¿Pero los recuerdo de quién? ¿Los de Lilif o Asmodeus? ¿Y cómo diablos habían llegado a la cabeza de Ari? ¿Soy ahora un tipo de psíquica? En ningún lado en el libro que Jai le había dado decía algo sobre el Seal teniendo poderes proféticos o algo. Ella era lo suficientemente rara como era… no quería volverse más rara. Sacudiéndose a sí misma de sus pensamientos, Ari se dio cuenta de que Asmodeus estaba allí de pie. Mirándola. Ella cruzó los brazos sobre su pecho defensivamente. —Tú todavía llevas el Seal. Bueno, pretendes hacerlo. —Ella asintió hacia anillo colgando de la tira de cuero alrededor de su cuello. Asmodeus lo tocó sin romper su mirada, sus largos, masculinos dedos cepillando el antiguo anillo. —Azazil así lo deseó. Él no quiere a otros cazándote. Ari inmediatamente pensó en Dalí. ¿Le había dicho el Sorcerer a alguien más sobre ella? —Puede ser algo tarde para eso. Los ojos de Asmodeus brillaron con violencia y su voz bajó en un estruendo profundo. —Oh, lo es.
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    50 Miedo se disparóa través de ella, encendiendo la oscura masa en su pecho otra vez y Ari sintió su piel volverse inusualmente caliente. Palabras en forma de gruñido salieron de sus labios antes de que pudiera detenerlas. —¿Me estás amenazando? —Advirtiéndote. —Se encogió de hombros, sus ojos muertos. Furia por la amenaza abrazó todo su cuerpo y el calor era insoportable. Ella arremetió, el poder del Seal crepitando en sus dedos. El aire en la habitación se volvió eléctrico y un viento fantasmal se abalanzó a su alrededor soplando el cabello de Ari. —Tu amable advertencia es indeseada y poco sabia, Asmodeus. Sorpresa transformó los rasgos de Asmodeus, su cara palideciendo, sus ojos estrechándose. —¿Lilif? —susurró él, una mano extendiéndose hacia ella. Tan repentinamente como el Seal había tomado el control, la oscuridad fue empujada de regreso, succionada por el vacío del propio control de Ari. Todo su cuerpo temblaba mientras ella intentaba de reafirmar su dominio sobre su propia mente y cuerpo. Parpadeó, temblando y agitada. La sorpresiva pregunta de Asmodeus había traído de vuelta a Ari al control. —¿Qué? —Ella respiró bajo total confusión. —Tus ojos —gruñó Asmodeus y se dirigió hacia ella amenazadoramente—. Cambiaron. Ari se tambaleó hacia atrás y levantó las manos para protegerse de él, la oscuridad despertando ante la nueva amenaza. Para su sorpresa, se detuvo y lo mismo hizo la oscuridad. —¿Cambiaron? —Se volvieron oscuros. Marrón oscuro. —Él se movió otra vez la advertencia de Rojo volvió a ella mientras Asmodeus la acorralaba contra la pared. Su mano envuelta alrededor de su garganta para mantenerla en su lugar, sus ojos ardiendo con furiosas preguntas.
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    51 Aterrorizada de quesu ataque le causaría que usara el Seal otra vez, Ari usó la telepatía, buscando a Rojo. Rojo, ¡Te necesito! ¡Asmodeus está en mi habitación! Asmodeus apretó su garganta, cortándole el suministro de aire. Y entonces de repente aflojó su agarre. —Dime lo que sabes. —La empujó un poco y su cabeza golpeó contra la pared—. Dim… Fuego estalló detrás de él y Ari se hundió con alivio mientras Asmodeus la dejaba ir para girarse alrededor y enfrentar al intruso. No intruso. Ari encontró la molesta mirada de Rojo y se deslizó a lo largo de la pared lejos de Asmodeus sólo para quedarse quieta ante la vista de Azazil. Él se elevaba al lado del Rey Rojo, mirando a Asmodeus cuidadosamente. Su mirada se encontró con la de Ari y sonrió políticamente. —Luces encantadora, Ari. —Y luego se giró de regreso a su Teniente—. Vamos, Asmodeus. Sabes que es poco caballeroso hacer una visita a la habitación de una doncella sola. Dejemos a Ari alistarse antes de la cena. Asmodeus bajó su mirada hacia ella como si estuviera considerando desobedecer al Sultán. Ari le devolvió la mirada con recelo, completamente desconcertada por su agresión hacia ella. Finalmente él asintió y con una última mirada penetrante, Asmodeus se giró y siguió a Azazil fuera de la habitación. Ari se apoyó contra la pared mientras la puerta se cerró tras ellos. —A él realmente no le gusto. Su tío asintió. —Quiero averiguar el porqué. —¿Puedes? —No si mi padre no quiere que sepa. La cara de Ari cayó y le dio un asentimiento con entendimiento.
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    52 Rojo suspiró. —Pero puedointentar. Gracias a los cielos por su tío, Ari le dio una sonrisa de agradecimiento —Gracias. Él sonrío en respuesta y le tendió el codo para que lo tomara. —Luces hermosa por cierto. Igual que tu madre. Ari parpadeó ante la mención de Sala. —¿La conociste? —le preguntó suavemente mientras tomaba el codo que le ofrecía. La cara de Rojo se redujo a una perfecta inexpresividad. —Hace mucho tiempo.
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    53  Deléitate con estaspalabras antes de que el plato sea retirado de la mesa Traducido por Paaau Corregido por Akanet ún temblando por su encuentro con Asmodeus y desesperada por mantener en secreto lo desconcertada que estaba para que así Jai y Charlie no sospecharan que había sido acosada, Ari intentó mantener su expresión serena mientras se acercaba a ellos. Estaban de pie juntos al final del pasillo, en la salida de las habitaciones de Rojo en el palacio. Parados junto a una ventana, el aire de tensión alrededor de ellos era obvio, Jai miraba hacia afuera a algo que había atrapado su interés, mientras Charlie miraba fijamente el piso. Debo decir que no creo haber estado tan entretenido por un triángulo amoroso desde las novelas de Meyer. Rojo rio, dándole a ella una mirada sarcástica. Ari puso sus ojos en blanco y lo golpeó amistosamente con su codo. ¿Por qué no me impresiona que leas literatura paranormal juvenil? Porque leo todo. Estaba particularmente encantado con la de la chica que pelea en la arena con los otros tributos de los diferentes distritos… como gladiadores de la antigua Roma. Era sangriento y muy entretenido. Sonriendo, Ari negó con la cabeza. —De nuevo, no me sorprende. —¿No te sorprende qué? —preguntó Charlie y Ari se dio la vuelta para mirarlo, sólo para sentir sus mejillas enrojecer bajo su mirada. Él estaba mirándola como si nunca antes la hubiera visto, sus ojos parecían penetrar la suave tela que la cubría. De nuevo, Ari luchó con la urgencia de cubrirse. En cambio, lanzó una mirada ansiosa a Jai, quien ya no estaba mirando aburrido por la ventana. Sus ojos estaban viajando por su cuerpo, A
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    54 su mandíbula apretándosemientras llegaban a descansar en su rostro. Él notó su sonrojo y dirigió una rápida mirada a Charlie, su ceño profundizándose. —No pedí vestirme así. —Ari se apresuró en asegurarle—. Aparentemente, Azazil insistió. Jai no parecía estar escuchando. Aún estaba mirando a Charlie, quien finalmente se había dado cuenta de que lo habían atrapado mirándola. Miró de forma extraña a Jai y le dio a Ari un asentimiento de cabeza cuidadoso. —Te ves bien —le dijo él con voz ronca. Ari hizo una mueca mientras Jai cruzaba sus brazos sobre su pecho, sus bíceps flexionándose amenazadoramente. Él estaba usando una camiseta. Y pantalones. También Charlie. —¿Qué demonios? —gruñó ella, señalando su atuendo—. ¿Por qué no están vestidos con trajes ridículos? El Rey Rojo carraspeó. —No fue requerido para ellos. —¿Sólo yo? —se burló Ari, sintiéndose desnuda—. ¿Por qué? —No lo tomes como un insulto, Ari. Fue hecho como un cumplido. Sugiere que Azazil piensa en ti como uno de los suyos. No fue para ofenderte. Aunque —volvió a mirar su apariencia y frunció el ceño—, pensándolo bien, es un poco revelador. —¿Un poco? —espetó Jai. Ante el sonido de disgusto en su voz, Ari lo miró furiosa. —¿Así de mal me veo? Él frunció el ceño. —No. Todo lo contrario.
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    55 —Amigo, ella puedeusar eso si quiere —interrumpió Charlie, frunciendo el ceño ante la actitud posesiva de Jai—. No eres su vigilante. El guardián Jinn le dio una mirada peligrosa. —Simplemente mantén tus ojos pegados a tu cabeza, niño. —Niño… —Oh por Dios —les susurró Ari—. Ahora no es el lugar ni el momento. Estoy vestida como una extra de Cleopatra y aunque no puedo sentir el frío, estoy congelándome de vulnerabilidad, así que, ¿pueden simplemente ser mis amigos, callarse, ir a cenar y comportarse lo mejor posible para así poder largarnos de aquí rápidamente y que pueda regresar a mis pantalones? Hubo un silencio atónito por un momento y luego Rojo suspiró. —Bien dicho. Vamos a hacer esto. Jai dio un paso al lado mientras Rojo guiaba a Ari más allá de ellos, quedando en la parte trasera y actuando tan guardián como siempre. Ari tembló, sintiendo su mirada en su espalda. Parte de estaba enfadada con él por actuar como un idiota cuando ya se sentía tan expuesta… pero suponía que estaría igual si alguien lo tuviera desfilando sin camisa en frente de muchas otras mujeres. Si te hace sentir mejor, también desearía no estar vestida así. Le habló a él telepáticamente, mientras sus ojos paseaban por las ventanas que pasaban. Fuera, un enorme mercado estaba iluminado en los terrenos más bajos del palacio. Difícilmente había alguien ahí ya que la noche había caído en el Monte Qaf, pero Ari aún podía ver a vendedores vagando alrededor, junto a sus puestos. Era tan normal para un lugar tan… extraño. Y aterrador. Escuchó a Jai suspirar en su cabeza y se relajó un poco ante el sonido. Lo sé. Esa es, en parte, la razón de por qué también estoy molesto. Y por la pierna y el escote, ¿verdad?
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    56 Él gruñó. Sóloporque no estamos solos. El vestido no es realmente tú, pero… ¿Pero? Te ves realmente hermosa. El interior de Ari se derritió, sus músculos relajándose mientras se acercaban a una gran entrada y cuatro Shaitan vigilaban la puerta doble más alta que alguna vez hubiera visto en su vida. Gracias. De nada. Lo siento. Por lo de antes. No lo estés. También me molestaría si fuera al revés. Le dio a Jai una sonrisa tímida mientras él llegaba a su lado. La miró apreciativamente, pareciendo un poco sorprendido por su entendimiento. —Ejem —carraspeó Rojo deliberadamente, atrayendo su atención de regreso a las puertas. Ari evitó la mirada curiosa de Charlie y esperó mientras las puertas dobles se abrían lentamente hacia adentro, la confusión en el gran salón haciéndose evidente y más vívida cuando la entrada se ampliaba. Desde la última vez que había estado ahí, cálidos tapices rojo sangre habían sido colocados en medio de cada pared, la iluminación había disminuido a luz de velas y ahora, una larga mesa estaba en el centro de la habitación, montones de comida esperando por ellos. El estómago de Ari gruñó un poco y ella se dio cuenta de que no había comido en todo el día. De pie junto a la cabecera de la gran mesa, estaba Azazil. Con la excepción de cientos de Shaitan quienes hacían guardia en cada lado de la habitación, el Sultán estaba solo. Sin Asmodeus. Ari lanzó un suspiro de alivio. —Bienvenidos, invitados —resonó la voz de Azazil por la habitación—. Vengan, siéntense. Hagamos un banquete en celebración. Azazil hizo muchas preguntas. Banales, del día a día, preguntas indagatorias con las que sabía que estaba haciéndolos retorcerse
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    57 incómodamente, temerosos deque la próxima pregunta podría ser incluso más personal que la anterior. Ari apenas miraba la comida en frente suyo y solamente había comenzado a mordisquear las deliciosas tapas de pollo luego de que Rojo le diera una mirada intencionada. Pareciendo que por el momento se había terminado, luego de interrogar intensamente a Charlie acerca de cuál pensaba él que era la mejor cerveza, Ari intentó dirigir la conversación. —Sus juicios son tan distintos a los de los humanos, Su Majestad. Estuvo lleno de sorpresas. Azazil le sonrió. —Sí. Son más entretenidos. —¿Cómo funciona exactamente? Rojo le frunció el ceño. —¿A qué te refieres? —Bueno, ¿cómo puedes saber cuando alguien ha roto la ley? Dijiste que sabías cuando alguien lo había hecho, que los buscabas y los arrastrabas de regreso aquí. ¿No entiendo cómo funciona eso? —Ya veo. —Asintió su tío—. Hay Jinn en este reino, cuyos únicos poderes crearon la ley. Los Creadores de la Ley. La magia es compleja… —Frunció el ceño, pensando—. Estoy intentando pensar una forma de describírtelo… Está bien… Piensa en ello como una barrera, una barrera creada por los Creadores de Ley que está en sintonía con lo que consideramos bueno y malo. Cuando alguien rompe la ley, es como si golpearan en la barrera y los Creadores de la Ley sienten la vibración del impacto. Pueden rastrear esa vibración de los infractores a escasa distancia de donde cometió el crimen. Desde ahí, es cosa de intentar rastrear al criminal a través de sus poderes o encontrar a otro Jinn que conozca su paradero. Esa es la razón de por qué es más difícil rastrear a un mestizo, especialmente un Sorcerer con una Esmeralda, porque la magia está diluida y basada en un trozo de roca en vez de ser parte de ellos. La magia de un Jinn es como una firma. Entre menos Jinn eres, más débil es la firma. Los mestizos son una prioridad para los Creadores de Ley. A pesar de lo que se les ha dicho a todos, los
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    58 Jinn pura sangreraramente son juzgados por matar a otro, pero la amenaza contra la ley ha disminuido. Si… —¿Escuché que habías tenido problemas en uno de tus pueblos, hijo? —lo interrumpió Azazil. ¿Uno de sus pueblos? La curiosidad de Ari en la información de Rojo, rápidamente se transformó en curiosidad por Rojo. Como sintiendo su mirada interrogadora, Rojo le sonrió. —Cada Rey Jinn tiene su propio estado en el Monte Qaf. Yo reino sobre el estado de Madani. —Se giró hacia Azazil—. Hubo un Jinn que creyó poder sacar esmeraldas de la Montaña sin licencia. Creo que algunos pensaron que mi preocupación por los negocios Reales y mi ausencia, significaba que, de alguna forma, no me enteraba de todo lo que sucede en mi tierra. Su padre gruñó. —Necios. ¿Qué pasó con el ladrón? —Robé una gran porción de su esencia y lo desterré del reino. —¿Robaste su esencia? —interrumpió Ari, rápidamente añadiendo—: ¿Su Alteza? —Su tío no podía esconder su sonrisa ante su pretensión de respeto hacia él para el beneficio de Azazil, pero Ari no estaba de humor para reír. Lo que fuera que Rojo había hecho, no sonaba como un castigo ligero y el pensamiento de él siendo cruel y autocrático en cualquier forma, la hacía sentir enferma. Ella necesitaba que fuera diferente de Azazil y su padre. Qué tan diferente, era algo que aún no había resuelto. ¿Era capaz de confiar en él incluso cuando hacía cosas como robar la esencia de alguien? —¿Su esencia? —preguntó ella suavemente, necesitando más información. Rojo se volvió pensativo y serio. —Un Jinn muy poderoso puede extraer la esencia de un Jinn menos poderoso. Su esencia… así como su poder y lo que los conectada a la vida y al equilibrio. Podemos tener la esencia atrapada en una botella o colocar la esencia en otro Jinn.
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    59 —¿Cómo es posible?—Ari le dio a Jai una mirada preocupada. Él se encogió de hombros. —No lo sé. Ni siquiera sabía que era posible. —Como dije —suspiró Rojo antes de tomar un sorbo de vino—, sólo los realmente poderosos pueden hacer esto. Algunas veces, incluso se necesita a dos poderosos… —Estoy aburrido —interrumpió Azazil, su mal humor creciendo—. Pasemos al postre. —Movió una mano enjoyada hacia los sirvientes, quienes se apresuraron a limpiar sus platos y Ari luchó contra la mueca que estaba determinada a arruinar su expresión. Quería saber más acerca del asunto de la esencia robada. —Así que, Charles —murmuró Azazil mientras Awamet era puesto frente a él. Hizo una pausa por un momento mientras miraba la dona como un niño viendo su primer dulce. Ari nunca había conocido a nadie tan contradictorio en toda su vida. Sonriendo un poco, la mirada de Azazil regresó a Charlie. —¿Qué se siente tener sangre en tus manos? Sí, eso era más como él. Ari envolvió sus dedos alrededor del mango de su cuchara, mordiendo su lengua con la esperanza de evitar insultar al Sultán. Mirando a Charlie cuidadosamente, estaba sorprendida de ver que él no se sobresaltó ante la pregunta de Azazil. En cambio, se encogió de hombros, mordiendo una dona y tragando tranquilamente —Imagino que es un sentimiento con el que estás familiarizado, Sultán Azazil. Mientras un espeso silencio caía sobre la mesa, Ari frunció el ceño, su corazón subió hasta su garganta mientras esperaba a ver cómo reaccionaría Azazil a la impertinencia de Charlie.
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    60 Finalmente, después delo que pareció por siempre, el Sultán dejó salir una forzada y poco natural risa, que la hizo temblar de miedo. Sus oscuros ojos se estrecharon hacía su amigo mientras la risa finalizaba abruptamente. —Creo que me agradas, Charlie Creagh. —Su mirada se volvió calculadora—. Ciertamente. Ari intentó relajarse pero el resto de la comida se sentó tensa, frenando su instinto natural de tomar a Jai y a Charlie y alejarlos del Monte Qaf.
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    61  Es una viejaclase de magia en besos y destellos Traducido por Vanehz & MewHiine Corregido por Clau12345 o sabía qué lo había poseído para actuar tan poco serio con el Sultán, pero Charlie se estaba arrepintiendo ahora. Sentado en el borde de la cama en la suite de invitados que Rojo le había asignado, deseaba como el infierno que simplemente lo hubieran dejado ir ya. La forma en que Azazil lo había mirado a lo largo de toda la comida lo había vuelto loco, a pesar de que tratara de esconderlo lo mejor que podía. Ari estaba enojada con él. Lo sabía. Lo podía sentir viniendo de ella en olas mientras dejaban el comedor y eran conducidos de regreso a sus habitaciones por Rojo. Si ya no lo hubiera adivinado por la mirada furiosa de incredulidad que le había seguido disparando, ciertamente lo habría sabido cuando se detuvo en la puerta de su suite y dijo: —Trata de no decir nada estúpido a las paredes cuando entres en tu habitación ¿De acuerdo? —Entonces se había encerrado dentro de su propia habitación dejándolo humillado en frente de Jai y Rojo. La mirada de disgusto que Jai le había dado no era nueva, así que Charlie trató de no dejar que le molestara demasiado. En su lugar giró y caminó casualmente dentro de su habitación como si no le preocupara el mundo. Le preocupaba. La noche entera había apestado. Primero Ari apareció en ese atuendo que… Jesucristo… que atuendo. Respiró, sintiendo los celos girar en feos nudos en su pecho. Cada vez que la veía, recordada que ya no era suya y eso le quitaba el aliento. Incluso cuando había estado alejándola, siempre había pensado en ella como suya, porque había estado tan determinada a ser suya. Charlie suponía que siempre había pensado que en algún punto terminarían juntos. Ahora parecía que iba a terminar con Jai el chico Jinn, y miraba a ese chico de una forma en que nunca había mirado a Charlie. N
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    62 Entonces ¿Qué hacía?Sacaba su furia en el único ser en todo el mundo que podía freír su trasero con sólo una mirada. Qué inteligente. Sí. Se estaba volviendo más listo cada día. Charlie gimió, enterrando su cabeza en sus manos. Necesitaba regresar a casa. Quería ver a Jack y empezar a entrenar otra vez. Quería pasear con Fallon y no pretender que no pensaba en tomar su venganza 24/7. —¿Charlie? —La voz del Rey Rojo rompió a través de sus reflexiones, y Charlie se congeló, sorprendido de oír la voz del tío de Ari al otro lado de su puerta. Lentamente, curiosamente, se dirigió a zancadas hacia la puerta, recordando que la última vez que él y el Rey Rojo habían hablado en privado, había aceptado felizmente la oferta de un deseo. Algo de lo que Ari aún no sabía. Charlie aplastó la culpa por eso, viendo cuánto Ari había llegado a confiar en el Rey Jinn. Definitivamente habría dejado de confiar en él si lo hubiera descubierto, y Charlie consideraba que Ari necesitaba al Rey Jinn de su lado más de lo que necesitaba saber la verdad acerca de dónde había venido su hechicería en primer lugar. Abrió la puerta, haciéndose a un lado para dejar entrar al Rey. Rojo asintió hacia él para que cerrara la puerta y Charlie lo hizo, mirándolo todo el tiempo. —¿Esto es sobre lo que dije en la mesa? Porque sé que fui un idiota. —Eso fue estúpido —acordó Rojo—, pero creo que no cambiará la… opinión de Azazil sobre ti. No estaba seguro de que le gustara el énfasis que Rojo había puesto en la palabra “opinión”, Charlie cruzó sus brazos sobre su pecho defensivamente. —Entonces, ¿por qué estás aquí? La habitación parecía crepitar con poder y Charlie quedó atónito cuando oyó la voz de Rojo en su cabeza. Para darte esto, Rojo escarbó en su túnica y cuando su mano regresó a la vista, estaba sosteniendo una cadena de
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    63 plata. Y chispeandoal final de ella en luz baja, estaba un colgante brillante de pura esmeralda. Los ojos de Charlie se ampliaron mientras su sangre vibraba y se aceleraba por la piedra preciosa. —¿Por qué? —susurró, incapaz de despegar sus ojos de ella. Porque… vas a necesitarla. Te protegerá… cuando yo no pueda. Estirándose por la cadena, Charlie sintió el poder surgir a través de él tan pronto como la tocó, su cabeza volando hacia atrás con el impacto. Su cuerpo entero tembló mientras el calor fluía por él de arriba a abajo, como lava lanzando roca volcánica. Era tan abrazador que Charlie estuvo sorprendido de que se sintiera bien en lugar de doloroso. Eventualmente se detuvo y se rió entre dientes con maravilla mientras finalmente encontraba la mirada de Rojo. —Eso fue increíble. Mantenla oculta —le advirtió Rojo—. Úsala solo cuando realmente la necesites. Dice… si alguien trata de rastrearte por romper una ley. La comprensión surgió y Charlie sintió una oleada de sobrecogedora gratitud. Rojo sabía que Charlie no iba a renunciar a su venganza y en vez de querer castigarlo por ello, estaba dándole la oportunidad de escapar del castigo. La esmeralda podría hacerlo más poderoso. Le ayudaría a evitar ser capturado. —Gracias —respondió, esperando que Rojo pudiera ver cuánto significaba para él. De nada. Solo trata de seguir vivo. Eso significa no más comentarios estúpidos en la mesa del comedor. Con una última mirada de reprensión, Rojo salió de la habitación, dejando a Charlie con la tentación de la esmeralda. A pesar de que su brillo era como gotas de agua cristalina para un hombre sediento, Charlie metió la cadena en su bolsillo. Debía ser inteligente esta vez. La esmeralda era para después… después de que tomara su venganza contra el Labartu que había matado a Mike.
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    64 Ari hizo ungiro y se volvió por decimoquinta vez golpeando la almohada con frustración. No podía dormir. Su cerebro estaba demasiado ocupado. Lo que Charlie había hecho en la mesa le molestaba demasiado. Era como que el idiota tenía un deseo suicida. Y entonces estaba lo que Blanco había dicho acerca de Azazil… cómo Rojo sólo era la marioneta de Azazil y Azazil tenía una agenda. Había notado al Sultán cortando a Rojo cada vez que estaba a punto de decirles acerca de los Jinn… como si quisiera mantener a Ari ignorante. Se preguntaba si Rojo estaba en problemas por decir demasiado. Esperaba que no. Estaba empezando a creer, a pesar de la advertencia de Blanco, que su tío realmente quería protegerla. Y entonces estaba Jai. Sabía que tenía enormes problemas justo ahora. Como todos esos Jinn hoy averiguando quién era ella. Y además la evidencia constantemente en aumento de que de alguna forma iba a tener que ser la jodida guardiana de Charlie hasta que empezara a actuar como una persona cuerda otra vez. Pero… estaba enamorada. Y no la chiquillada de amor de mejor amiga que tenía por Charlie. Esto era potente, fascinante, quería tocar a Jai todo el tiempo, no podía dejar de pensar en él por un segundo, quería arrastrarse en su mente y cuerpo con un amor que de alguna manera se robaba el aliento. Lo extrañaba. Yaciendo allí, al otro lado del pasillo de donde él estaba, en realidad lo extrañaba físicamente. Era esa chica. Y Ari sabía que se suponía que debían mantener su relación por lo bajo, pero ahora que Charlie se había dado cuenta, podía estar con su… ¿novio?... en privado sin sentir culpa. ¿Cierto? Arrojó su edredón sin otro pensamiento. Ari conjuró sus jeans y una camiseta sin mangas y caminó de puntillas fuera de su habitación. El pulso en su cuello palpitaba y su corazón estaba golpeando contra sus costillas. Jai, Estoy fuera de tu puerta. No hubo respuesta. Ari esperó un segundo, sintiéndose deprimida. Debía estar dormido.
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    65 Girándose para irse,Ari ahogó un jadeo mientras una mano fuerte salió disparada de la puerta ahora abierta y tiró de ella hacia adentro. Jai le sonrió mientras usaba su cuerpo para cerrar la puerta. Desafortunadamente estaba completamente vestido. ¿Qué estás haciendo aquí?, preguntó, alcanzando un riso de su cabello para meterlo tras su oreja. Ari tembló y se inclinó hacia su toque. Como si no supiera por qué estaba aquí. No podía dormir. Colocó sus manos gentilmente sobre su pecho, trazando pequeños patrones sobre su camiseta y disfrutando de sentirlo bajo la punta de sus dedos. ¿Duermes con esto?, preguntó ella dudosamente, mirando sus jeans. Él caminó hacia sus manos temblorosas, cerrando la distancia entre ellos. Su mirada caliente fijó a Ari a la puerta y ella deslizó sus manos hacia arriba alrededor de su cuello para anclarse. Sus piernas estaban empezando a sentirse temblorosas. Me los puse cuando viniste a la puerta. Sonrió ante su gesto caballeroso a pesar de que le decepcionaba su modestia. ¿Entonces con qué duermes normalmente cuando no estoy allí? Dejando de sonreír, Jai colocó ambas manos sobre la puerta a cada lado de su cabeza, atrapándola. Estoy más interesado en saber con qué duermes tú… Y antes de que pudiera responder, bajó su cabeza, sus labios rozando los de ella en movimientos seductores que hacían su boca temblar y sus manos apretarse más alrededor de su cuello. Pareciendo determinado a probar su implacabilidad, Jai trazó esos besos de mariposa a lo largo de su mandíbula hasta que alcanzó su oreja. Sus dientes mordisquearon su lóbulo y Ari gimió, sorprendida de que su oreja fuera un lugar tan sensitivo. Lo sintió sonreír contra su piel y parte de ella quería quitarle la petulancia a golpes, pero la mayor parte de ella estaba demasiado ocupada disfrutando la sensual caricia como para preocuparse. Dejando caer la cabeza hacia atrás contra la pared, Ari suspiró suavemente mientras Jai
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    66 besaba el caminohacia abajo por su cuello. Cuando alcanzó su clavícula se detuvo y se enderezó, sus brazos aun sosteniéndola contra la puerta. Sus ojos se habían oscurecido a un ardiente esmeralda y su respiración era un poco irregular. Presionó un suave beso en sus brazos. Deberías regresar a tu habitación. No. Protestó, deseando que su cabello fuera más largo para que pudiera tener un agarre de él y mantenerlo allí. Quiero hablarte de algo. Jai retrocedió, frunciendo el ceño. ¿Qué? Ari iba a abordar el tema de regresar a trabajar para El Gremio, pero sus ojos bajaron a su boca y esas palabras simplemente… se escurrieron fuera de su cabeza. Queriendo un beso real, Ari lo llevó hacia abajo a su boca, besándolo fuertemente y demandando que le devolviera el beso. Su tensa sorpresa se derritió en un estremecimiento mientras la lengua de Ari tocaba la suya y repentinamente estaba encontrando su demanda, su beso lujurioso y desesperado mientras sus brazos se envolvían alrededor de ella de forma que cada centímetro de ella estaba presionado contra él. Y Ari quería estar aún más cerca. No supo quién de los dos se movió, pero repentinamente tuvo el colchón contra su espalda y el fuerte cuerpo de Jai apoyado sobre el suyo. Jai rompió su beso frenético y una Ari sonrojada tomó aliento antes de urgirlo a regresar a ella por más. El frenesí de su extensión finalmente se alivió en largos, lánguidos y apasionados besos. Aprendieron el sabor del otro, el olor, la sensación. Jai pasó una mano por su lado hacia abajo, su pulgar haciendo cosquillas a un lado de su pecho, Ari jadeó en su boca con excitación. El ruido y su reacción a ello parecieron despertar a Jai y se arrancó a sí mismo de ella, colapsando a su lado en la cama. —Bien, tiempo fuera —susurró con voz ronca. Ari gimió. Estropeas el deporte. Riendo entre dientes, Jai sacudió la cabeza. Dijiste que querías hablar de algo.
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    67 Volteando a sulado de forma que pudiera mirarlo, Ari descansó su cabeza en su mano y asintió reluctantemente, su cuerpo aún encadenado a la tensión que había creado en su interior. Quería hablar de un par de cosas. ¿Como por ejemplo? Si estás realmente bien con mantener nuestra relación en privado hasta que... Jai resopló. ¿Hasta cuándo? No sabemos cuánto tiempo durará esta situación. Indefinidamente, posiblemente. Bien, vamos a mantenerlo en secreto hasta que mi padre haga su próximo movimiento. Y hasta que tú y yo hayamos pasado más tiempo juntos. En privado. En privado. Estoy intentando protegerte. No es que no quiera estar contigo abiertamente, no hay nada que me gustaría más en el mundo que todos supieran que te amo. Pero también tienes que pensar en tu familia y yo... sólo creo que será mejor si esperamos para decírselo a la gente. Jai jadeó en silencio un momento mientras miraba hacia el techo. Ari esperó, tensa, con mariposas batallando con duendes en su estómago. Quería ver si él había reconocido su segundo ‘Te Amo’. Entiendo, respondió lentamente a medida que volvía a mirarla a los ojos, Y probablemente tienes razón. Vamos a mantenerlo en secreto. ¿Y...? Ella no pudo evitar preguntar, molesta de que estuviera haciendo caso omiso de esas dos palabras. Jai frunció el ceño. ¿Y...? Pero ella vio un destello en sus ojos. Algo desesperado e inquieto, y casi suplicante. Después de un momento, Ari empezó a entender lo que significaba su mirada... o lo que podía significar. Un dolor creció en su pecho por él y por todo el dolor por el que su familia lo había hecho pasar. Habían estropeado a Jai emocionalmente, pero Ari estaba determinada en que sería la que los pondría de nuevo juntos. Relajándose para que él se relajara, Ari extendió la mano para acariciar su mejilla. Él no era como ella.
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    68 Jai no eraun libro abierto y esto era nuevo para él. Confiar en ella. Cuidar de ella. Él no estaba listo. Y ella podía entenderlo por ahora... Y, respondió en cambio, ¿Sobre nuestro próximo movimiento? Como has dicho, no sabemos cuánto tiempo estará jugando a favor mi situación, pero realmente me gustaría volver a El Gremio. Como cazadora. Su guardián parecía permitirse captar esto y luego se sentó, apoyó los brazos sobre las rodillas dobladas y se volvió a mirarla. Si es eso lo que necesitas, iremos a hablar con Rojo. Estoy seguro de que El Gremio nos ofrecerá refugio por un tiempo. ¿Nos? Él sonrió. ¿Qué? ¿No me quieres contigo? Aliviada, Ari meneó la cabeza. No sabía que querías. Quiero decir, eres un Ginnaye. No somos tan diferentes de El Gremio. Y esto no se trata de mí. Se trata de ti. Si tú crees necesitas esto, entonces lo haremos por todo el tiempo que quieras. Ari lo necesitaba. Más de lo necesario. Pensó en Dalí y sintió un miedo recorrer su interior. Tan sólo hacía dos días desde que él la había robado y trató de usar su sangre para utilizar El Seal como suyo. Ari nunca antes se había sentido tan impotente. Ni siquiera cuando su padre murió. Había sido terrible y no quería volver a sentirse de esa manera nunca más. Un poco más relajado vino a sentarse a su lado, Ari apoyó la cabeza en su hombro y cerró los ojos mientras la beso en la frente. Tengo miedo. Reconoció y lo sintió tensarse debajo de ella. Después de lo que Dalí me hizo, tengo miedo Ari... Jai inspiró profundamente, su fuerte brazo se deslizó alrededor de sus hombros y la empujó aún más cerca en su costado.
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    69 No quiero sentirmiedo, Jai. Y no quiero ocultarlo. Quiero cazar Jinn como Dalí y Pazuzu. Quiero el control de nuevo. Necesito tener el control de nuevo. Él pasó una reconfortante mano por su brazo. Entonces definitivamente vamos a El Gremio. Ari sofocó otro ‘te amo’ y en su lugar le dio un suave beso en el hombro. Gracias. Me gustaría parar en casa primero y explicarle a mi padre que me iré por un tiempo. Quiero decirle adiós a Trey. Trey. Ari palideció al darse cuenta de que estaba llevando a Jai lejos de su mejor amigo. Jai, yo... tal vez deberías quedarte. Él se apartó hacia ella, sus ojos eran incrédulos. Puedo vivir sin ver a Trey todos los días, Ari. Pero no puedo vivir sin verte a ti cada día. Ella se dio la vuelta en un instante. ¿Quién necesita un ‘te amo’ cuando el chico caliente que amas te dice cosas así? Ari sabía que su sonrisa era peligrosamente ancha. Te estás volviendo bueno en esto. Riendo, un poco avergonzado por su confesión, Jai la abrazó más cerca y se sentaron en un silencio perfecto y cómodo por un tiempo. Finalmente, mientras sus ojos vagaban cerrados, él susurró en su mente. ¿Has tenido más sueños? El recuerdo de su sueño sobre Blanco y Lilif despertó a Ari de una sacudida y se apartó para enfrentar a Jai mientras le decía todo lo que recordaba del sueño. ¿Los reinos comenzarán a chocar entre sí, hasta que no haya más que un polvo de desierto, si el equilibrio es completamente destruido? Jai estaba horrorizado. Eso es lo que Lilif le dijo a Blanco. Ella se encogió de hombros. Estoy empezando a pensar que debes decirle a Rojo acerca de los sueños. Podríamos estar perdiéndonos algo realmente importante. ¿Qué te parece?
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    70 Sinceramente, no séqué pensar sobre Rojo. Pero tienes razón. Puede ser que esa sea la única manera de interpretar los sueños y descubrir por qué los estás teniendo. Ari asintió, sintiéndose un poco mejor ahora que había tomado una decisión. Supongo que tengo que confiar en él. Si te hace sentir mejor, creo que él realmente se preocupa por ti, Ari. Tú no viste su reacción cuando Anabeth te golpeó con el Haqeeqah, o cuando Dalí te tomó. ¿Tú crees? Preguntó incrédula. Jai sonrió lentamente. Sexy. Eres un poco difícil de resistir. No lo creías así hace dos segundos. La respuesta de Jai fue empujarla de espaldas sobre la cama y empezar a besarla quitándole el oxígeno. Ari abrió la boca, permitiéndole profundizar el beso, saboreando los restos de la pasta de dientes de menta que debía haber usado antes de prepararse para ir a la cama. Ari nunca creyó que la pasta de dientes podría hacerla encenderse. Ella deslizó las manos por su espalda, instándole más cerca, más profundo. Como si cediera a lo inevitable, las manos de Jai empezaron a vagar, su tacto suave provocándole piel de gallina por todo su cuerpo. Perdidos en el momento y ávidos de un poco de piel sobre piel, Ari se agachó y empezó a tirar de la camiseta de Jai. Ayudándola, él se sentó, sus rodillas apoyadas a ambos lados de sus caderas y empujó su camisa sobre su cabeza, arrojándola al suelo. Ari se mordió el labio inferior para ahogar un sonido de placer. Lo había visto antes sin camiseta, pero nunca tan cerca. Oh vaya. Era ancho de hombros, fuertemente construido, fibroso y atlético, sin ser demasiado musculoso. Aunque... esos bíceps... Ari suspiró, deslizando una mano por el brazo. Estaba mareada por la excitación, tratando de contenerse, tratando de no actuar como una virgen inexperta. Pero nunca se había sentido así. Ahora sentía, de lo que Rachel siempre estaba hablando, el calor, la necesidad, el deseo.
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    71 El sexo esun gran problema y tienes que quererlo. Tienes que estar preparada para ello. Con la persona correcta. Ari estaba finalmente preparada para ello. Y era definitivamente con la persona adecuada. La idea acababa de surgir en su cabeza cuando los labios de Jai regresaron a su boca. Sus besos eran cada vez más frenéticos, los dos sabían por igual a dónde se dirigía esto y estaban dispuestos a llegar ahí antes de que algo épico, como un Rey Jinn, los interrumpiera. Las manos de Ari vagaron por cada centímetro de la piel de Jai, tocando y acariciando y aprendiendo. Pero cuando se aventuró más allá de donde había tocado a algún hombre antes, Jai se echó hacia atrás con un gemido ahogado y suavemente empujó sus manos fuera de ella. Él la miró sardónicamente como si no pudiera creer que ella se hubiera dejado llevar tanto. Tenemos que desacelerar esto. No tenemos que hacerlo. Ari se sentó, tratando de llegar a él de nuevo. Jai tomó sus manos entre las suyas y arqueó una ceja. ¿Hasta dónde has llegado con un chico? Ante tal pregunta completamente inesperada, Ari se ruborizó. No muy lejos. Admitió. Besos, toques por debajo de la camisa, no bajo el sujetador. Realmente no he salido con muchos chicos. Restó importancia a su explicación, sintiéndose un poco avergonzada cuando las palabras “debido a Charlie” colgaron tácitas y suspendidas entre ellos. Jai se tensó y Ari no pudo dejar de alcanzarle para sujetar su mejilla con la mano. ¿Qué? Su intensa mirada ardió en la de ella y por un momento Ari olvidó lo que le estaba preguntando. Jai finalmente negó con la cabeza, pero aún quedaba allí un brillo duro en sus ojos. Odio la idea de cualquier tipo tocándote. Ari intentó no estar satisfecha. ¿Estás celoso?
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    72 Supongo. Sonriendo, Ari semovió más cerca de él. Bueno, tengo la esperanza de que tú estés a punto de hacerme un montón de cosas que ningún hombre me ha hecho. Jai se rió con voz ronca, la dureza fundiéndose de sus ojos. Aun así debemos tomarlo con calma. No estoy apurando ni un segundo de esto contigo. No es justo. Ari hizo un puchero. Su sonrisa se volvió arrogante cuando se inclinó para apartar su puchero con un beso. Créeme... te gustará como lo hago lento. Un rato después, Ari sintió que su cuerpo se relajaba en la cama como si se hubiera fundido en un charco de gozo. Sus dedos se estiraron desde las sábanas de la cama mientras estaba allí jadeando y mirando al techo con asombro. Ella nunca había sido besada allí antes. —Vaya —suspiró ella. Jai se rió en voz baja. No en voz alta. Su expresión era ligera y feliz cuando apartó el cabello de su cara. Y sí. Vaya. Ari rodó hacia él, sus piernas desnudas sintiéndose sensibles contra sus vaqueros. Envolvió sus brazos alrededor de él, se recostó cerca y cerró sus labios en su cuello. ¿Qué pasa contigo?, preguntó, decidida a luchar contra la languidez que se había creado en su cuerpo por si tenía que hacerlo. En su lugar, Jai sonrió contra su cuello. Créeme, estoy bien. Estoy muy bien. Esta cosa de tomarlo despacio es agradable, Ari respiraba en relajación total, con los ojos cerrándose. Lo último que sintió y escuchó fue la manta cayendo sobre ella y a Jai acurrucándose cerca, susurrando en su oído buenas noches.
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    73  Perder Demasiado PuedeHacerte Anhelar Estar Perdido Traducido por LizC (SOS) y magdaa. (SOS) Corregido por Akanet ri sentía el dolor y la rabia de Lilif como si fueran suyos. Siguió a la Jinn, confundida por lo joven que Lilif aparentaba ser. Parecía como si no tuviera más de dieciocho años. El viento azotaba el cabello largo y negro de Lilif, mugre y sangre manchaban su rostro y empañaban el metal del vestido que se ajustaba a su cuerpo. Las paredes de piedra arenisca parecían pulidas hasta relucir, los pasillos amplios y abiertos, los sirvientes se quedaban boquiabiertos ante Lilif mientras pasaba volando con furia junto a ellos. Ari se apresuró a seguirla, de alguna manera dolida por Lilif mientras se estrellaba contra las puertas dobles, abriéndolas de un empujón. Como los pasillos afuera, la habitación estaba embaldosada y pulida, escasa pero lujosa, con una enorme cama en el centro cubierta de mantas de pieles exóticas. Asmodeus levantó la cabeza desde la cama y gimió al ver a su hermana. Empujó suavemente a la mujer desnuda junto a él. —Déjanos. La Shaitan femenina se apresuró a agarrar la tela que apenas la cubría y huyó de la habitación, lanzando miradas aterrorizadas en dirección de Lilif. —Da la espalda, hermana, para que pueda vestirme. Lilif lo hizo y Ari se encontró desviando la mirada también. Eso era algo que no necesitaba saber acerca de Asmodeus. —No puedo creer que mientras estoy fuera luchando una guerra tú estás aquí copulando con cualquier cosa que se mueva. —No cualquier cosa —argumentó Asmodeus—. De todos modos, ¿dónde estuviste esta vez? A
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    74 —África. Confundida, Ari tratóde centrarse más en los sueños. Ahora era plenamente consciente mientras estaba en el sueño de que era un sueño, pero que no por ello era menos confuso. La línea de tiempo de los sueños seguía cambiando. Este fue un momento anterior. Un tiempo mucho antes de lo que ella había visitado alguna vez antes. ¿De qué había estado hablando Lilif? Miró de cerca a la Jinn y como si su curiosidad tuviera poder, el conocimiento se filtró desde Lilif a Ari. Lilif y Asmodeus formaban parte del equilibrio dentro de la guerra. A lo largo de los siglos, en todo el reino, lucharían guerras de los mortales, trayendo equilibrio a la situación. A veces Lilif seduciría a los líderes hasta la debilidad con su don de súcubo, o lucharía físicamente al lado de los Jinn que fueron enviados en su ayuda contra los que fueron enviados a ayudar al otro lado. Al igual que había hecho la noche anterior. Y el mes antes de eso y antes de eso... —Perdí a Meenah —jadeó Lilif, sus ojos redondos y vidriosos con incredulidad. De repente Asmodeus estaba allí, dándole la vuelta, sus ojos brillantes con simpatía. —Lo siento, hermana. Sé lo mucho que te preocupabas por ella. —Era mi amiga. —Lilif negó con la cabeza—. Hemos sido amigas durante más de cien años. La conocí cuando ella no era más que una niña. Tenía tanta vida por delante. Meenah era luz, Asmodeous. Era una hermosa luz. ¿Cómo podría alguien apagar esa luz? ¿Cómo puede ser esto lo que debemos hacer? —Ssh, Lilif, shh, está bien. —Él la abrazó más cerca. Pero Lilif no estaba recibiendo nada de eso. Se apartó de su agarre y lo empujó rudamente lejos de ella, su mirada ardiendo sobre él. —¿Cómo puedes decir eso? ¡No está bien! ¡Y Meenah no es la primera! Durante siglos he sido testigo de las guerras de los hombres. Azazil predica el equilibrio, ¡poniendo Jinn en un lado de la guerra y Jinn en el otro y luchamos con nuestra propia gente, para equilibrar la vida de los mortales! Meenah fue asesinada por uno de los nuestros. Todos mis amigos, muertos
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    75 por nosotros mismos.¿Debido a que es la forma de ser? ¡Deberíamos dejar las guerras para los mortales y dejar que se destruyan los unos a los otros! El rostro de Asmodeus se tornó sombrío. —Estás de duelo. Dices cosas que no quieres decir. Si Azazil te escuchara hablar así... Lilif vas a estar casada con él dentro de una semana. No hagas nada estúpido para arruinar eso. Lilif hizo una mueca de disgusto. —Como si pudiera. Por la forma en que nuestro Señor habla del futuro, no puede hacer otra cosa que casarse conmigo. Soy la que llevará sus hijos. —Exactamente. Y una vez que lo hagas, el balance se igualará. Tal vez ya no será necesario que luchemos todas estas guerras. Pareciendo cansada ahora, Lilif se desplomó, una lágrima rodando por su suave mejilla. —¿Crees que es así, hermano? ¿Cuando sea Sultana quizá el Maestro me permitirá sugerir algunos cambios? —Tal vez. —Oh, Asmodeus —sollozó Lilif como una niña pequeña—. He soñado con un mundo tan alejado de este, mi pecho duele de nostalgia por él. Es una tierra árida, estéril, nueva, intacta. Vacía. Lista para la vida. Me parece que no puedo dejar de soñar con ello últimamente. —Te refieres a El Después —suspiró Asmodeus. Lilif se puso rígida. —¿Has soñado con ello también? —Plagó mi sueño por un tiempo, así que confié en Azazil al respecto. No es un sueño, hermana, sino una advertencia. —¿Una advertencia?
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    76 —El Después eslo que sucederá si el balance es destruido. Si destruimos el equilibrio. Los reinos chocarán y causarán desolación a todo lo que ya existe. En su lugar, existirá El Después y sólo aquellos lo suficientemente poderosos sobrevivirán... sólo para encontrarse solos. —¿Los más poderosos? —Azazil. Tú, yo... algunos de los más fuertes Jinn como lo era Meenah. Lilif bajó la mirada de la de su hermano. —Es demasiado tarde para Meenah —murmuró, y Ari sintió el dolor disminuir cuando un nuevo sentimiento envolvió a Lilif. Esperanza. … Ari, despierta, la voz de Jai invadió la conciencia de Ari, llevándola fuera del mundo de los sueños y de nuevo a él. Sus ojos se abrieron y, para su feliz sorpresa, se encontró en los brazos cálidos de Jai, su hermoso rostro cerniéndose sobre ella. Buenos días. Él se inclinó y le dio un suave beso en la boca, los vellos de su mejilla rozando contra las de ella. Mmm, murmuró ella perezosamente, rozando sus dedos sobre su cara, tienes que afeitarte. Su risa hizo que los ojos de ella se abrieran por completo y preguntaran “¿qué?” Él negó con la cabeza, sonriendo. Es agradable. ¿Qué es agradable? El despertar con mi novia diciéndome que me tengo que afeitar. Es tan normal. Ari se rió y lo besó otra vez antes de empujarse a sí misma a una posición sentada. Así que... ella era definitivamente su novia. Era bueno saberlo. Ella apartó la mirada del pecho desnudo de Jai, decidida a no dejarse distraer. Puedo des-normalizar las cosas para ti al decirte sobre el sueño que acabo de tener.
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    77 Jai frunció elceño. Quiero oír todo al respecto. Pero es mejor que nos demos prisa. No puedes ser encontrada aquí. Cuando terminó de relatarle el sueño, los dos estaban aún más confundidos de lo que ya habían estado. Decidiendo que era definitivamente el momento de decirle a Rojo, Ari se deslizó fuera de la cama de Jai y en sus ropas, corriendo por la habitación y fuera de ella hacia la suya en tiempo récord. Después de una ducha rápida, se puso de pie en medio de la habitación y le habló telepáticamente a Rojo. —¿Me has llamado? —pronunció extrañamente el Rey Rojo mientras salía de los Peripatos. Ari sonrió, y por si acaso hubiera oídos escuchando detrás de las puertas o mirando a través de mirillas, y ¿no era un pensamiento absolutamente escalofriante?, Ari respondió: —¿Estamos listos para partir? —Y telepáticamente—: Tenemos que hablar. Pronto. En algún lugar privado. Rojo alzó una ceja y asintió. —Sí. Nos vamos ahora mismo. Iré por Charlie. —Luego telepáticamente le dio una dirección en Los Ángeles, diciéndole que le diera a Jai la dirección. Llevaré a Charlie. Vamos. El Peripatos era sin duda una de las cosas menos favoritas de Ari sobre los Jinn. Claro que estaba bien cuando estabas sólo parpadeando de una habitación a otra, pero dejar el Monte Qaf y dirigirse a Los Ángeles era dolorosamente repugnante. Ari colapsó en el suelo de cemento después de lo que parecía ser el más rápido y más nauseabundo paseo en montaña rusa alguna vez visto. Sintió fuertes manos envolviéndose alrededor de sus brazos, sujetándola para ponerla de pie. —¿Estás bien? —preguntó Jai suavemente, sus cejas fruncidas con preocupación.
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    78 Ari tragó fuertementereprimiendo el vómito y sonrió débilmente. —De maravilla. —Lo lograste. —La voz del Rey Rojo la hizo levantar la cabeza y Ari miró a través de la longitud de un almacén prácticamente vacío para ver a Rojo dirigirse hacia ella a grandes zancadas con Charlie a su lado. Charlie parecía descansado y ansioso. Ella lo odiaba por eso, sabiendo que se veía como si acabara de donar tres litros de sangre. —¿En dónde estamos exactamente? —preguntó Ari, limpiándose la tierra de sus rodillas. —Un almacén de un estudio. Televisión. —El Rey Jinn sonrió—. Tiene un estado a prueba de sonido. —Oh caramba, piensas en todo. Rojo la miró pensativamente. —Todavía no estás acostumbrada al Peripatos, ¿huh? —¿Fue el cabello lo que lo delató? —preguntó Ari sarcásticamente. Charlie resopló. —Definitivamente has heredado una mordacidad desde que te convertiste en Jinn. —Mira, sólo estoy tratando de mantener abajo el pichón de lo que sea que comimos anoche así que, podemos ponernos en esto. Rojo no parecía tomarse muy bien su actitud. La miró fijamente hasta que Ari empezó a retorcerse. —¿Me quieres aquí? —Sí. Lo siento. Su Alteza —agregó por añadidura, feliz de verlo sonreír—. He estado teniendo estos sueños... Cuando Ari había terminado de explicar los sueños, desde en los que veía a Lilif peleando con Asmodeus, hasta en el que un Jinn sin cara mataba a
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    79 Lilif, hasta enlos que Lilif lamentaba su destino como esposa de Azazil, hasta en el cual ella hablaba con Blanco y finalmente el último en el que ella perdía a su amiga en un tiempo mucho más temprano en su inmortalidad, Rojo se había puesto extrañamente silencioso. Había una tensión a su alrededor, un crepitar de expectación. Cuando se dio cuenta de que todos lo estaban mirando, una máscara cayó sobre su cara, ocultando su reacción. Imposible, pensó Ari. No había manera en la que él estuviera ocultándoles cosas importantes. —Esto significa algo para ti, ¿no? —tanteó. Suspirando, Rojo se tomó un momento. —No sé cuanto decirles. O por dónde empezar. —Empecemos con la verdad. Por favor... tío. Sus ojos chispearon por el uso de su título familiar. Suspirando otra vez, Rojo se apartó de ellos, sus largas, brillantes trenzas rojas balanceándose en contra de la etiqueta de cuero en la parte trasera de sus jeans. —Lilif... mi madre... trató de destruirlo todo. —¿Por qué? Se encogió de hombros y le lanzó a Ari una mirada desamparada, pareciéndose demasiado a un joven al cual sus padres abandonaron. —Fuimos criados para creer en el balance, y sí, por muchos años los Jinn pelearon en todas las guerras de los hombres, pero luego mis hermanos y yo nacimos y trajimos un nuevo balance al mundo. Ahora sólo peleamos en guerras políticas a gran escala. Guerras que determinan el resultado de un grandioso destino. —Rojo frotó su frente, como si estuviera tratando de ver sus recuerdos—. Siempre supe que mi madre no estaba feliz por el estado de las cosas. No sabía por qué, pero sabía que lo estaba. Mientras los siglos pasaron y los nacimientos de sus hijos fallaron en traer los cambios que obviamente buscaba, empezó a planear... a planear la destrucción del balance.
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    80 »Su primera trabafueron sus hijos. Cada uno de nosotros tenía más esencia de uno de nuestros padres dentro de nosotros. Blanco, Sombra, yo y Dorado tenemos más de Azazil dentro de nosotros. Cristal, Afortunado y Brillante tienen más de Lilif. Ella atacó primero a Cristal porque aunque él tenía su esencia, era más como Azazil en su porte. Irónicamente, Cristal era su favorito. »Planeó matar a mis hermanos porque con el paso de los siglos nos habíamos embrollado en demasiados destinos y en tantas líneas de sangre, que nos habíamos enhebrado tan profundamente en la tela de la naturaleza que nuestras muertes romperían las costuras de nuestro mundo justo como quería Lilif. »Piensen en este reino como si fuera hecho de millones de caminos, y esos caminos están creados por billones de personas como si fueran adoquines. Todos esos caminos están conectados a siete carreteras más grandes, mis hermanos y yo. Piensen en Azazil como si estuviera partido en siete puentes que nos conectan con él, con este reino y los Otros. Si destruyes esas carreteras una por una, todo empieza a desconectarse, a desmoronarse, y eventualmente todos los caminos son destruidos también. Eso dejaría un paisaje estéril, un nuevo mundo sin nada en él, sólo con esos lo suficientemente poderosos para sobrevivir sin conexión. Eso es lo que Lilif quería. Quería El Después. »Pero salvé a Cristal. Ella no era rival contra nosotros dos. Advertí a Azazil y traté de advertir a Blanco... Blanco no nos creyó. Él fue envenenado por Lilif. De verdad creía que ella estaba tratando de proteger el balance. —Creo que todavía lo cree —susurró Ari tristemente. Rojo asintió distraídamente. —Mi padre creyó en mí, pero tuvo un tiempo difícil tratando de convencer a Asmodeus. Con mis hermanos ahora protegidos por Azazil, Lilif se inclinó hacía el nivel que ninguno de nosotros pensó que lo haría. Fue tras Asmodeus. »Aunque muy claramente le dolía porque no había nadie más en cualquier mundo que mi madre amara más que su hermano mellizo, Lilif creía que matando a Asmodeus podría robar su esencia y volverse lo
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    81 suficientemente poderosa paraganarle a Azazil. Verán, ellos eran la mitad el uno del otro, Asmodeus y Lilif. Asmodeus era calma, luz, sabiduría, paciencia. Lilif era pasión, oscuridad, impetuosa e implacable. Juntos eran capaces de balancearse el uno con el otro, era por eso que nunca estaban sin el otro. Pero Lilif comenzó a separarse más y más de Asmodeus hasta que finalmente lo atacó. Mi padre salvó su vida y Asmodeus ha sido completamente leal a él desde entonces. —Pero cambió —dijo Ari, pensando en cuan diferente era Asmodeus en el pasado comparado con ahora—. Él es más oscuro. —Él no tiene sentido sin Lilif. Asmodeus pasa a través de períodos de oscuridad y luz. Desafortunadamente este no parece ser uno de los últimos, y me pregunto qué quiere exactamente contigo, Ari. Se sacudió su propio comentario, no queriendo descarrilarse. —Mi padre mató a Lilif. Le robó su esencia y la destruyó. Luego enterró su cuerpo en una tumba que nunca nadie ha visto. Nadie sabe dónde está. Blanco nunca lo ha perdonado. Es por eso que quiere usarte. Para castigar a Azazil. Para de alguna manera dominarlo sin fastidiar al balance. Ari pestañeó, tratando de acoger toda la información. Miró a Jai para ver su reacción, pero él sólo estaba escuchando a Rojo con completa fascinación. Algo inquietaba a Ari pero no podía estar segura de qué. Sin querer ser distraída de su punto, Ari se acercó un paso a su tío. —Así que estos sueños... ¿son recuerdos? —Pareciera. ¿Cómo sino podrías saber esas cosas? —¿Cómo es posible? ¿Cómo sé estas cosas? ¿Por qué estoy soñando con eso? ¿Qué significa? El Rey Rojo levantó una mano para callarla. —No tengo idea. Déjame esto a mí, Ari. Lo averiguaré pero tendré que pisar muy cuidadosamente aquí. No le digas a nadie más lo que me has dicho hoy.
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    82 A pesar desu impaciencia, a pesar de la fea oscuridad en su pecho tratando de hacerla pararse y forzar a Rojo a descubrir todo lo que pudiera tan pronto como pudiera, sin importar las consecuencias, Ari tomó control de sí misma. Tomando profundos y constantes respiros, Ari se esforzó en calmarse y eventualmente lo logró. —¿Así que ahora qué? —preguntó Charlie tranquilamente. Girando su mirada hacia su amigo, Ari sintió otra ola de alivio ya que él estaba aquí en el reino mortal y en una pieza. —¿Cómo te sentirías uniéndote a los Roe? Él sonrió lentamente, asintiendo. —Sí, eso suena bien. Ari hizo una mueca, viendo la excitación empezando a quemar en sus ojos. Charlie estaba claramente desesperado por volver con Jack y su entrenamiento. Esperaba tener un momento a solas con él para obtener un mejor entendimiento de en dónde estaba su cabeza. Ari todavía estaba aferrándose a la esperanza de que después del miedo a un Juicio Jinn, él hubiera puesto su necesidad de venganza tras él. —Rojo. —Se giró hacía su tío lentamente—. ¿Puedes hablar con El Gremio? Asegurarte de que seremos bienvenidos allí. Como cazadores, quiero decir. —¿Quieres cazar? —Estoy harta de esperar que la mierda me pase. Quiero ser la que los chicos malos teman para variar. Silencio la recibió y luego los tres resoplaron. Jai al menos trató de cubrir su risa pero era demasiado tarde. Lo había visto. —¿Qué? —espetó—. Los chicos malos me temerán. —No al principio. —Rojo no estuvo de acuerdo, todavía sonriendo—. Pero tu apariencia actuará en tu favor. No estarán esperando tu tipo de poder. De alguna manera apaciguada, pero no completamente, Ari escuchó atentamente mientras Jai discutía los planes para los próximos días. Rojo
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    83 llevaría a Charliea donde los Roe y explicaría que se estarían quedando como parte de El Gremio por un tiempo indefinido, aparentemente Rojo no pedía, él ordenaba, y que Ari deseaba ser entrenada como una cazadora. Mientras tanto, Ari iba a acompañar a Jai de vuelta a su tribu aquí en L.A. para explicar que estaría perdido en acción por un tiempo. Jai trató de insistir una última vez que Ari no necesitaba ir con él, pero Ari fue firme. Después de todo lo que había descubierto de su crianza bajo el dominio de Luca Bitar, no había manera de que Ari dejara a Jai aventurarse en ese mundo sin su apoyo.
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    84  Mi Calor GolpeaSu Hielo y La Nieve Cae Traducido por Miranda. y Lalaemk (SOS) Corregido por Akanet ierda. Ari miró a su alrededor con los ojos entrecerrados, sorprendida de averiguar que ella y Jai habían volado a través del Peripatos a la oficina de Luca Bitar, sólo para descubrir que ya estaba llena. Sentados en un semicírculo alrededor de la habitación y de pie detrás de las sillas que habían sido establecidas delante del escritorio de Luca, había un gran grupo de personas que no reconocía junto con dos personas a las que sí, Nicki y David Bitar. Luca estaba de pie delante de su escritorio, sus ojos alarmados mientras Ari y Jai se giraban para enfrentarlo. Jai le dio a su padre un respetuoso asentimiento. —Disculpas, padre. Olvidé que estarías manteniendo una reunión de la tribu en este momento. Oh. Ari se acercó un poco más a su novio, su piel picando por el calor de la mirada del grupo. Esta era una reunión de la tribu Ginnaye. Era como… una clase. —Disculpa aceptada. —Luca frunció el ceño, mirando cautelosamente entre su hijo y Ari—. ¿Ha ocurrido algo? Sabiendo que sólo Luca, Nicki y Tarik eran conscientes de la verdadera naturaleza de Ari, no estuvo sorprendida cuando Jai contestó: —¿Podemos hablar en privado? —Por supuesto. —Luca miró a su alrededor en busca de su esposa—. Volveré en cinco minutos. Discúlpanos. M
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    85 Ari pudo sentirla curiosidad de la tribu golpeándola en ondas mientras seguía a Jai y Luca fuera de la habitación. Secretamente buscó a Trey en la multitud pero no lo vio. La decepción la inundó sabiendo que Jai habría querido despedirse de su amigo. No fue hasta que la puerta se había cerrado detrás de ellos y estuvieron en el vestíbulo de cuadros blancos y negros, que Ari pensó que Jai podrías querer estar solo para decirle a su padre que dejaba indefinidamente su asignación. Carraspeó, haciendo que los dos hombres se detuvieran. Ambos se giraron para mirar hacia atrás a ella con el mismo movimiento de depredador. Ari tembló por Jai. Era el hijo de su padre en ciertas maneras. Sólo esperaba que supiera que era todas las cosas buenas y ninguna de las malas. —Yo… eh… los dejaré hablar solos. Iré a dar un pequeño paseo. Jai frunció el ceño. —¿Estás segura? —Sí, estaré bien —le dijo adiós y miró mientras que a regañadientes él se giraba para seguir a su padre. Esperó hasta que desaparecieron a la vuelta de la esquina. ¿Ahora qué? Ari le dio una cuidadosa mirada a la puerta de la oficina de Luca. De ninguna forma iba a volver a entrar allí. Relajándose, Ari dio rienda suelta a sus pies y vagó tranquilamente por la mansión Bitar, agradecida de que ella y Jai se dejaran caer sólo por unos pocos minutos. Realmente no había disfrutado su última estancia con los Bitar. Jai seguía apartándola, Nicki era una perra, Luca se había atrevido a decirle que no insistiera con Jai, y el hermano de Jai había intentado atacarla, y ella había acabado usando el poder del Seal contra él. Genial. La única brillante distracción de toda la visita había sido Trey. Y está bien… no iba a mentir. El besuqueo con Jai en el baño del club en L.A. había estado bastante caliente hasta que él se había puesto a la defensiva.
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    86 —Oh. —Respiró Ari,mientras entraba a donde su dispersa mente y pies la habían traído. Estaba en la habitación del tesoro, aquella que albergaba el reloj de arena de Shakespeare, el símbolo del punto en el tiempo en que Azazil había roto las reglas y volvió atrás en el tiempo para corregir el destino de Shakespeare después de que Blanco lo destrozara. Teruze, el Jinn que guardaba el tesoro Bitar, vigilaba dentro de su botella roja en la esquina y Ari podía sentir su fuerte energía palpitando hacia ella. Tembló un poco, dándose cuenta de que la había estado vigilando para asegurarse de que no robaba nada. Pero Ari claramente no estaba interesada en robar nada. Había sido arrastrada aquí solo por una única razón. El cuadro de Lilif. En su última visita Ari había descubierto el oscuro cuadro de Lilif y había quedado impresionada por el parecido entre Lilif en el cuadro y la de sus sueños. Fue entonces cuando se dio cuenta de que realmente podría estar soñando con auténticos Jinn. Dando pequeños pasos hacia el cuadro, Ari entrecerró sus ojos, deseando saber exactamente qué significaban todos los sueños y preguntándose si Rojo realmente diría la verdad sobre ello una vez que lo descubriera. —No es capaz de amar, sabes. Con el corazón en su garganta Ari se dio la vuelta ante la poco habitual voz, y sus ojos se ampliaron mientras se encontraban con Yasmin Lenz. Había visto a la chica una vez antes. Una belleza exótica, Yasmin era una guardiana e hija del mejor amigo de Luca Bitar, Hugo. Era también alguien con quien Jai solía, íntimamente, vengarse de Hugo por engañar a Luca con Nicki. Algo de lo que Luca no sabía nada hasta donde Jai era consciente. Ari estaba impresionada y enfadada con Jai por usar a Yasmin, pero le había dicho cuán cruel lo había tratado Yasmin, y a pesar de que Ari deseó que no la hubiera usado como una herramienta de venganza, tampoco se sentía especialmente mal por la joven Ginnaye. —¿Disculpa? —preguntó Ari cuidadosamente. La alta belleza de cabello oscuro dio unos grandes pasos más hacia adelante. Era tan sofisticada y segura. Salvaje y rapaz. Todo lo que Ari no
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    87 era. Frunció elceño, tratando de no pensar en Jai junto a esta supermodelo. —Dije… Jai no es capaz de amar. Debido al silencio de Ari, Yasmin sonrió orgullosamente. —Oh, por favor, todas las personas con ojos ven la forma en que lo miras. —No sabes de lo qué estás hablando. —Oh pero lo hago. —Yasmin asintió—. Veo la atracción, lo hago. Es maravilloso e inestable y muy poderoso. Pasé meses aprendiendo cada centímetro de él. Lo conozco mejor que nadie y aun así me hizo a un lado. Ari se tensó, sintiendo un movimiento dentro de su pecho. Ese dolor familiar se profundizó y empezó a desenredarse, su oscuro látigo como una cola moviéndose en anticipación para arremeter contra su cruel belleza. Ella se burló, tratando mantener la compostura. —Por favor. Te preocupas más por tu tribu de lo que alguna vez te preocupaste por Jai y él lo sabe. Tenías la atracción sexual para él y lo estabas utilizando. Odia a Hugo. Te estaba utilizando para llegar a él. Pero eres ilusa si crees que alguna vez llegaste a conocerlo. Yasmin rió, viendo cuánto había afectado a Ari. Sus ojos parpadearon perversamente. —Oh te ha tocado de verdad. Ojalá pudiera estar ahí para verlo hundirte. Puedes creer que puedes salvarlo, Ari, pero yo estaba allí… sé lo que le ha hecho su familia. Y al final, recordará que eres simplemente una niñita. Y volverá corriendo hacia una mujer que sabe exactamente qué hacer en la habitación. Su mirada se volvió fantasiosa, su piel sonrojada. —Amo cómo hace ese ruido entrecortado y jadeante cuando… —Cállate —escupió Ari, el látigo diciendo las palabras. Demasiado tarde, se dio cuenta de que sus palabras habían sido una orden.
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    88 Mirándola estupefacta, Yasminse agarró su cuello incapaz de hablar y la oscuridad dentro de Ari disfrutó teniendo poder sobre ella. —Te quedaste parada y viste a su familia hacerle eso —le gruñó, sintiendo su otra mitad haciendo su camino hacia su lengua y sus extremidades mientras merodeaba hacia Yasmin. »Los viste romperlo y después tuviste el atrevimiento de pedir algo de él. Pero todo lo que te dio fue una concha vacía. Y eso es todo lo que alguna vez te dará. Has terminado de hacerle daño. Has terminado definitivamente de hacerle daño. Te ordeno que lo dejes en paz. —¡Ari! Ari parpadeó rápidamente ante el sonido de la voz de Jai, el otro ser doblándose de nuevo hacia ella, así que Ari estaba otra vez en control de sí misma. Se tambaleó hacia atrás ante el inesperado control, sus latidos acelerándose, un trozo de enferma incredulidad en su garganta mientras miraba de mala gana hacia Jai que estaba de pie, boquiabierto hacia ella con horror. Ella hizo una mueca, mirando sobre su hombro para ver a Luca al lado de Yasmin. —Ari, ¿qué demonios hiciste? —susurró Jai con voz quebrada. Ella sacudió la cabeza, desesperada por que él entendiera. No había sido ella. No había hecho esto. Estaba… Estoy volviéndome loca, estoy volviéndome loca. —¿Ari? Ella lo alejó, retrocediendo a tropezones de él, la habitación daba vueltas a su alrededor. Pensó que estaba en control. No estaba en control. Oh mierda. Santos macarrones, sólo no lo cortes. Esta era una santa mi… Sus pensamientos fueron llevados a paralizarse por los ruidos chillones, de asfixia que Yasmin estaba haciendo cuando se volvió hacia Luca en estado de pánico, todavía sin poder hablar.
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    89 Horrorizada, Ari espetó: —Teordeno que vuelvas a hablar. —Oh por... ¡Qué demonios! —gritó Yasmin con terror, sus ojos abiertos hacia Ari—. ¿Qué demonios es ella? ¡No es normal! No está bien… —Cálmate —soltó Luca, tomando a la joven mujer por los brazos. Él maldijo mientras ella luchaba y se volvió desesperadamente a Ari. —Ari, tienes que ordenarle que no sepa lo que sabe. ¡Ahora! El pánico aleteaba en su pecho, Ari dio un paso frenético hacia adelante, ignorando el silencio acusatorio de Jai. —Te ordeno, Yasmin Lenz, que nunca le digas a nadie, por ningún medio de comunicación, lo que hoy pasó aquí entre —le echó un vistazo a su reloj—, las 7:30 y 7:50 pm. Nunca. La boca de Yasmin se cerró de golpe y le disparó a Luca una mirada de angustiada traición. Luca, sin embargo, tenía el ceño fruncido. —¿Segura de que lo redactaste bien? Con voz tranquila y agitada, Ari explicó: —Si lo hubiera redactado de manera diferente, podría haber dejado un vacío legal. De esta manera no puede traer lo que sospecha de mí sin referirse a lo ocurrido en los últimos veinte minutos y es completamente incapaz de hacer eso ahora que le he ordenado lo contrario. —Bien. —Bitar se volvió hacia Yasmin—. Regresa a mi oficina. Esto es por tu propia culpa por interferir en algo que no tenía nada que ver contigo. Tan pronto como Yasmin se había ido, Luca miró a Jai. —Yasmin Lenz. ¿En serio? —Hugo se lo merecía. —Jai se encogió de hombros, todavía incapaz de mirar a Ari.
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    90 Luca se congelópor un momento. —Sabes lo de Nicki. Jai se tensó y Ari jadeó. ¿Luca sabía que su esposa había tenido una aventura con Hugo Lenz? —¿Lo sabías? —Por supuesto que lo sabía —respondió Luca con amargura—. Sé todo lo que pasa en mi tribu. Y aunque comprendo que tu motivo estuvo basado en tu sentido de lealtad, no aprecio tus métodos. Jai asintió, su mandíbula apretada por la tensión. —Terminó antes de que comenzara. —Sí, bueno... así fue con el romance de Hugo y Nicki. —Luca se volvió más silencioso antes de pasar a mirar a Ari cuidadosamente—. Trata de cuidar de la Srta. Johnson sin “ir tras ella”… —Padre… —Eso es todo lo que diré sobre el asunto. Que tengas una vigilancia segura con los Roes. Adiós. —Giró hacia Ari, su expresión pensativa—. Adiós Srta. Johnson. Ari asintió como un vago gesto de despedida y luego se hundió cuando él se fue. —Jai... lo siento... yo… —Detente. —Jai sostuvo una mano en alto, sin mirarla—. Necesitamos salir de aquí de inmediato. Sintiendo que su pecho se apretaba con temor ante su tono distante y frío, Ari preguntó suavemente: —¿Qué pasa con Trey? —Él está en una misión. Lo llamaré y le haré saber lo que sucedió.
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    91 —Jai... —Ella lointentó de nuevo, su mano extendida para cepillar suavemente su brazo. Él se puso rígido, encorvando los hombros hasta sus orejas. —Sólo vámonos. Sobresaltada y angustiada, Ari tomó aire y escapó hacia el Peripatos, con el corazón roto porque no sólo tenía que lidiar con el hecho de que el Seal estaba ganando más poder sobre ella, sino que también por el hecho de que Jai, a diferencia de Ari, podía ser incapaz de amar a alguien que estaba roto.
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    92  La esperanza eslo último que muere Traducido por Andy Parth y Laala Stark Corregido por Nony_mo a sensación de la energía de Ari a su lado distrajo a Jai. Ella todavía temblaba un poco y a pesar de la forma en que había reaccionado, como un idiota, por perder el control y usar el Seal, Ari todavía se acercaba a él, buscando consuelo. Jai no estaba enojado con ella. Sabía que eso era lo que ella pensaba, pero no estaba enojado. Temía por ella y no sabía qué hacer por ella a excepción de mantenerla en una cuidadosa vigilancia. Y eso sólo lo hacía sentirse impotente y enojado consigo mismo. Hacer que Ari se sintiera como una mierda no estaba ayudando. Ella ya estaba asustada también. Él no quería que pensara que estaba en esto sola y aun así… eso es lo que había hecho. ¿Por qué? Jai asintió al hombre que lo saludó, pero su rostro parecía muy lejano. Ari estaba arruinándolo. Estaba destrozando su enfoque y llenando su mente hasta que no hubiera nada excepto ella. Y la noche pasada… él cerró los ojos e inclinó la cabeza, recordando cómo se sentía al tenerla en sus brazos. La suavidad de su piel, el roce de sus suaves manos, la esencia de vainilla que se aferraba a su sedoso cabello, los suspiros entrecortados… sus amorosas sonrisas. Sus “Te amo”. El anhelo atravesó a Jai y eso era peligroso. Peligroso y adictivo y… ¿Por qué no puedo decirlo en respuesta? Él le lanzó un vistazo por el rabillo del ojo. Ella parecía más estable ahora mientras dirigía a Michael Roe, el padre de Fallon y líder de la Cofradía Roe. Aun así… ¿Por qué? L
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    93 Tú sabes porqué, susurró una voz viciosa en su cabeza. Nicki. Jai apretó sus manos en puños, forzando a retroceder el recuerdo… el recuerdo que lo marcaba más que todos los demás… …Su madrastra Nicki Bitar se burlaba de él, sus brazos doblados sobre su pecho, sus uñas con manicura repiqueteando siniestramente en su brazo. Eso señalaba violencia. De pie a su izquierda su hermano menor Stephen. A los diez años de edad, se encontraba con recelo al lado de su madre. Y a su derecha, David, seis años mayor que Jai. Un jovencito de dieciocho años. Le estaba sonriéndole a Jai con anticipación y sed de sangre en sus ojos. Nicki miró al hombre que lo sostenía. Un Tarik de veinte años cuyas fuertes manos lo apretaban tan fuertemente que no había forma de que el mucho más joven Jai pudiera conseguir salirse de su asimiento. —No lo dejes ir, hijo. Stephen y David van a tomar turnos para castigar al chico por dejarle contusiones a David en el entrenamiento. Jai jaló otra vez los brazos sosteniendo los suyos. —¡Estábamos entrenando! —gritó indignado. —De verdad, mamá —suspiró Tarik—. Si a David lo tomó desprevenido un niño de doce años, merece la contusión. ¿Podemos simplemente dejarlo pasar? Los ojos de Nicki brillaron con indignación. —¡No! Si me amas, te quedarás y verás al niño ser castigado. —Está bien. Terminemos con esto. Sabes, tengo una vida. —Stephen —Nicki empujó al más pequeño hacia adelante—. Tu primero. Observando a su medio hermano con algo parecido al terror, Stephen sacudió su cabeza y giró para mirar de nuevo a Nicki.
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    94 —Mamá, ¿tengo quehacerlo? —Sí —siseó ella—. Te dije que es un niño malo. Se merece esto. —Pero no quiero hacerlo. —Por el amor de… —suspiró David y dio un paso adelante, agarrando la muñeca de su hermano menor. Lo remolcó rudamente hacia Jai y guió su mano hacia atrás antes de estrellarla a través del rostro de Jai. El aguijón de la bofetada estalló en su mejilla izquierda y cerró los ojos, sintiendo el calor siguiendo su estela. —¡Ves! —David sonrió con suficiencia—. Ahora hazlo tu mismo, pero esta vez un puñetazo. Si no lo haces… yo te golpearé. Cuando ninguna reprimenda vino de su madre, Stephen se giró de vuelta a Jai con lágrimas en sus ojos. Lo golpeó pero apenas rozó la barbilla de Jai. —Eso fue patético —gruñó David—. Sal de mi camino. —Empujó a Stephen a un lado y llevó hacia atrás su puño. Alcanzó a Jai en la mejilla y lo envió bruscamente hacia atrás en los brazos de Tarik. El mayor inmediatamente lo dejó caer, su cabeza estrellándose contra el piso a cuadros blancos y negros. Mientras las patadas y puñetazos cayeron sobre su cuerpo, Jai envió su mente a otro lugar, a un océano chispeante y una playa arenosa donde nadie estaba alrededor, donde no pudiera sentir dolor ni tormento. Era su lugar siempre que el abuso se tornaba violento. —¡Suficiente! —Jai escuchó a Tarik gruñir a través del zumbido en sus oídos. Fácilmente abrió su ojo derecho desde que su ojo izquierdo estaba hinchado y vio a Tarik asentir a su madre mientras limpiaba la sangre de sus nudillos—. Padre estará enojado si vamos demasiado lejos. Jai se tensó con esperanza, esperanza de que hubiera acabado, y rodó un poco, atrapando los ojos de Stephen. El niño palideció y se volvió hacia su madre. —Creo que Tarik tiene razón mamá.
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    95 En respuesta, Nickiempujó a Stephen hacia la puerta. —Sal —chasqueó—. Todos ustedes. Fuera. Tan pronto como los chicos se fueron, Nicki miró de nuevo a Jai. Su labio torcido en disgusto mientras daba zancadas cuidadosamente hacia él. —¿Es eso lo que crees, muchacho? ¿Realmente piensas que a Luca le importa si vives o mueres? —Ella se agachó a su lado, su rostro tan cerca que podía sentir el roce de su aliento irlandés en su rostro—. No le importa. Pensando en la playa, se defendía a sí mismo, la agonía de esas palabras todavía le cortaba, a pesar de todas las paredes que había tratado de construir contra el odio de su padre. —Todo lo que le importa es su honor —continuó Nicki—. Si no fuera por eso, no estarías aquí. Recuerda eso chico. Siempre recuerda eso. Lágrimas de ira brillaban en sus ojos mientras ella se inclinó lo suficientemente cerca como para mostrarle el tormento en ellos. —Lo único de valor que puede tener una persona en este mundo es la esperanza. La esperanza nos levanta del más oscuro de los lugares, los sentimientos más feos y de los mayores desamores. Hace mucho tiempo… Luca era mi esperanza. Podía mirarlo y toda mi tristeza se iría porque tenía mi esperanza… el conocimiento profundo de que siempre estaría ahí para mí, que siempre mostraría la clase de conexión que algunas personas en este mundo tienen suerte de encontrar. Y entonces tu mamá rompió a Luca. Se deslizó dentro de él y lo robó de él. De mí. Y aún así tenía esperanza. —Lágrimas comenzaron a rodar por su bonito rostro—. Esperaba que pudiéramos superar lo que ella nos había hecho, que pudiéramos reparar lo que estaba roto. Hasta que… aterrizaste en mi puerta. Un recuerdo constante de lo que ella había hecho. Y mientras vivas nunca tendré esperanza otra vez, ninguna esperanza de recuperar lo que perdí. Ella secó apresuradamente sus lágrimas y gruñó en su oído. —Y entonces te quitaré lo que tú me quitaste, chico. Seré tu recuerdo constante de que no hay esperanza para ti. Nunca habrá nadie que pueda amarte. No un amor verdadero, profundo, permanente, porque
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    96 haré que estéstan roto, tan no amado, que serás incapaz de conectar con ello. Estarás sin amor por siempre. Aplastó su brazo y Jai apretó sus ojos cerrados junto con el ojo inflamado. Aunque su cuerpo dolía con la paliza que había recibido, no era nada comparado al sentimiento cortante, desgarrador que estaba destrozando su pecho y provocando que las lágrimas cayeran cuando nunca antes lo habían hecho. —Sí —susurró ella con satisfacción—. Nunca nadie te amará. Nadie. Cómo podrían, cuando ni siquiera los seres que te trajeron a este mundo pudieron. … Jai se sacudió el recuerdo y volvió a mirar a Ari, olvidando completamente adónde estaban. Sintiendo su mirada, ella miró atrás hacia él con sorpresa y lo que sea que vio en su expresión volvió sus ojos oscuros con tristeza. Te amo, susurró ella en su mente. Sé que estás enojado… pero te amo. A pesar de lo que Nicki había tratado de hacer, a pesar de lo mucho que le había quitado, Ari todavía lo amaba. Y lo mejor de todo, ella parecía entender que incluso aunque él no pudiera decirle las palabras todavía, no significaba que no se preocupara por ella, que no estuviera luchando con su pasado con la esperanza de tener un futuro con ella. Ari lo amaba sin esperar nada a cambio. Y aunque lo asustaba completamente y no quería herirla o ser herido por ella, Jai iba a ver cómo pasar esto. Iba a estar allí para ella. Sin importar qué. No estoy enojado, le prometió. Lo solucionaremos. Juntos. Ella sonrió lentamente, la tensión pareció filtrarse a través de su cuerpo y el hecho de que tenía esa clase de efecto en ella hacía sentir a Jai muy eufórico y un poquito aterrorizado. Un carraspeo rompió su mirada. Michael Roe estaba mirándolos con los ojos entrecerrados desde su posición privilegiada en su gigantesco escritorio. Estaban en su oficina en su casa en Burlington, New Jersey,
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    97 rodeados por tradición.La habitación estaba ricamente amueblada en costosa madera de nogal: pisos, puertas, escritorio, estanterías. Las estanterías estaban repletas de libros de cuero y artículos de coleccionista. Una alfombra persa yacía bajo sus pies y un computador último modelo estaba encaramado en el escritorio. Una vitrina cerrada contenía algunas armas de aspecto antiguo que llamaron la atención de Jai. Se recordó a si mismo preguntar acerca de ellas más tarde. De hecho, la habitación entera gritaba dinero, y Jai recordó de sus propias investigaciones sobre el Gremio Roe antes de que se les unieran en Phoenix, que las familias habían invertido su dinero en una serie de restaurantes exitosos, panaderías e incluso una sala de cine. Les pagaban a otras personas para administrar sus negocios mientras que ellos tomaban el dinero y lo usaban para financiar la caza del Gremio. —¿Está usted bien, señor Bitar? —preguntó Michael curiosamente. Jai asintió, desatando la fuerza de su energía en la habitación. Él podría estar distraído por Ari, pero ellos todavía necesitaban saber que era poderoso. Y que era su guardián. Y podría hacer lo que sea para hacerla feliz. Tenían que estar intimidados por él en caso de que decidieran negligentemente abusar de su posición como santuario. —Ansioso por ver a Ari instalada, Michael. Y por favor… llámame Jai. Un inesperado sentimiento de orgullo corrió a través de Ari por la manera en que Jai había manejado la situación. Estaba mezclado con alivio. Y… sí… lujuria. Ella no podía evitarlo. Él hacía que su piel cosquilleara incluso en la más terrible de las situaciones. Ari sonrió y entonces disparó un vistazo a Charlie que había llegado a casa de los Roe antes que ellos. Él estaba sentado al lado de Fallon en la chimenea en la oficina de Michael Roe. Charlie le dio un asentimiento y Fallon le guiñó un ojo, pareciendo feliz de tenerlos de vuelta. —El Rey Rojo me ha informado que deseas buscar refugio en el Gremio Roe. ¿Correcto? —le preguntó Michael a Ari, llevando su atención de vuelta a él.
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    98 —Sí, señor. —A pesarde las amenazas de su Majestad de matar a cualquiera de mi Gremio que traicione tu existencia aquí y, de hecho, tu secreto, estoy encantado de darle la bienvenida. A ambos. Un Ginnaye con su reputación, Jai, es siempre bienvenido. Y Ari, a pesar de ser peligroso darte refugio, que tipo de Gremio podríamos llamarnos si le damos la espalda a alguien en necesidad y en efecto al desafío. Sin embargo… —Michael frunció el ceño, poniéndose de pie frente a la mesa y sorprendiendo a Ari con su altura. Era casi tan alto como Jai. Y a pesar de estar un poco más allá de la mediana edad, era desgarrador, una clase de fuerza intimidante y en verdad autoritaria—. El Rey Rojo ha insistido en que se te permita cazar. Esta es una concesión que encuentro difícil de hacer. Has estado controlando tus poderes por sólo unos pocos meses. No estás entrenada. Eres inexperta y tu inexperiencia puede ser peligrosa. Un puño se apretó en pánico alrededor de la caja torácica de Ari por la dirección que estaba tomando esta conversación. Necesitaba cazar. Ella no podía simplemente sentarse todo el día esperando a que los chicos malos vinieran y la atraparan. Necesitaba ser uno de los que los perseguían o se volvería loca. —Entiendo tu indisposición —empezó, manteniéndose tan calmada como podía—. Pero soy una aprendiz rápida. Ya empecé el entrenamiento con Jai y Fallon, y estoy segura de que ambos te dirán cuán lejos he llegado en tan corto tiempo. El padre de Fallon asintió hacia ella con una pequeña sonrisa. —Aprecio tu entusiasmo, Ari. Lo admiro. De verdad. Y si, mi hija me ha contado lo impresionada que está contigo, pero, y no pretendo ser cruel, si no fuiste capaz de protegerte de ser secuestrada, ¿cómo puedo esperar que puedas cazar? Ari hizo una mueca, sin ver realmente como argumentar a eso con dignidad. —He estado entrenando desde niño. —Jai caminó hacia adelante, sorprendiéndola a ella y a Michael. Sus ojos grises brillaron con fuerza y verdad—. E incluso yo fui sorprendido por el brebaje que Harman utilizó
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    99 para drogar aAri. —Le lanzó una mirada, su expresión seria y profesional, sin traicionar ninguno de sus sentimientos hacia ella—. Trabajé con un montón de Jinn a través de los años y te prometo, nunca he visto mejor potencia que la de Ari. Ha pasado por mucho más que otros y no está corriendo. Esta aquí, fuerte y lista para pelear. Ese es el tipo de cazador que cualquier Gremio soñaría tener. La habitación se quedó en silencio ante su declaración y Ari tuvo que apartar las lágrimas de emoción que se juntaron en sus ojos en caso de que arruinaran el efecto que Jai había tratado de crear sobre ella. Soltó el aliento y le dio una sonrisa de agradecimiento. Estaba ganándose un gran beso por eso más tarde. Michael Roe estaba mirándola de nuevo, estudiándola más detenidamente que antes. —Tal vez en unos cuantos años. Ari frunció el ceño. —Sr. Roe, sin ofender, pero no puedo esperar unos cuantos años. Entréneme, obsérveme, y después lánceme al profundo final. —Tomó un suplicante paso adelante—. Necesito esto. Usted ha sido un cazador toda su vida… pero ¿alguna vez ha sido la presa? Y no cualquier presa… soy como ganar la maldita presa Ídolo Americano… miles de personas lo quieren. Me quieren. O lo harán cuando descubran lo que realmente soy. Lo cual estoy casi segura de que lo harán eventualmente, o mi tío no habría contratado al mejor Ginnaye en el planeta para cuidarme. Sé que mi tío fue algo despótico al pedirle que me dejara cazar, pero es porque sabe que ya no puedo ser una víctima. ¿Entiende? —preguntó fieramente—. No puedo dejarlos hacerme eso. Necesito volverlo contra sus cabezas. ¿Y no hay algún loco Jinn afuera que amaría detener? ¿Permanentemente? Porque puedo hacerlo… y aparentemente, de acuerdo con mi tío, nadie será juzgado alguna vez por eso. Todos estaban tan callados que por un momento, Ari pensó que tal vez había ido muy lejos, actuando desesperadamente. Pero cuando Michael sonrió, una risa escapándose de sus labios mientras la miraba un poco diferente que antes.
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    100 —De acuerdo. —Asintió—.Podría lamentarlo más tarde, pero me has ganado. Serás puesta en entrenamiento inmediatamente mientras Charlie continúa su entrenamiento con Jack. —Gracias. Lo aprecio. —Ari le sonrió y después le dio una sonrisa esperanzada a Jai. Él le dio un pequeño asentimiento, claramente tratando de despejar su temprana preocupación por su actuación algo fría hacia ella. A Ari no le importaba. La besaría a puerta cerrada más tarde. —Jai y Ari se quedaran con mi familia. —Michael se volteó hacia Charlie—. Jack dice que eres bienvenido a quedarte en su casa con él, Charlie. —Genial. —Charlie sonrió y después guiñó hacia Ari—. Gran comienzo, bestia. Ari rió. —Sabes, para alguien que casi muere ayer, estás de un excelente humor. —Me escapé de las garras de la muerte. Eso hace algo en un chico. Jai gruñó y Ari se dio cuenta que aún estaba desconfiado de Charlie. —Sí, bueno esperemos que eso no te haya vuelto más estúpido. Charlie le mostró el dedo haciendo que Jai murmurara en voz baja sobre niños inmaduros y deseos de morir. Un apretado nudo de ansiedad se formó en el estomago de Ari. ¿Charlie era positivo porque aún no se había rendido en su venganza? Eso era lo que Jai pensaba, ¿no es así? —Interesante —murmuró Michael, sus ojos volando entre Jai y Charlie. Fallon agitó su mano para alejar la atención de su padre. —Ellos son así todo el tiempo. No te dejes intimidar por eso. En realidad es un poco entretenido. —Es un dolor de cabeza —gruñó Ari—. Así que dejen de hacerlo. Charlie alzó sus manos en defensa.
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    101 —Oye, no hehecho nada. —Aún. —Jai alzó una arrogante ceja hacia él. Jai, lo reprendió Ari, su propia necesidad de creer en Charlie sofocando sus instintos, sabes lo que se siente al no tener nadie que crea en ti. Vamos a darle el beneficio de la duda por ahora. Negó con su cabeza. Te estás preparando para una caída. No quiero que te lastimen. Mira, sólo vamos a darle una oportunidad de enamorarse de El Gremio. Si es feliz, tal vez no querrá poner su nueva vida en peligro. ¿Cómo puedes ser aún tan optimista?, preguntó con asombro. Ari arrugó su nariz. Me haces sonar delicada. No soy delicada. Soy… esperanzadora. —¿Qué están haciendo ellos? —preguntó Michael. —Oh, están hablando telepáticamente —respondió Fallon perezosamente—. Se mantienen haciendo eso. —Sí, es molesto —agregó Charlie. Ari le alzó el dedo medio. Michael gruñó. —¿Por qué me siento como si acabara de adoptar otra Fallon Roe? Una es suficiente. Riendo, Ari compartió una sonrisa afectiva con Fallon. —Lo tomaré como un cumplido. Más tarde, después de ser presentada a la madre de Fallon, Caroline, y mostrarle la habitación al otro lado del corredor desde la de Fallon, Ari terminó de lavarse y silenciosamente bajó las escaleras desde segundo piso de la encantadora e inmensa casa en la que Fallon se había sido criado. Jai se estaba quedando en el cuarto de invitados junto a la
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    102 habitación de Michaely Caroline. La cena los esperaba abajo, pero Ari quería ver a Jai a solas. No habían estado solos desde lo que pasó con Yasmin donde Luca. Él abrió la puerta ante su telepático mensaje para dejarla entrar y Ari se quedó sin aliento. ¿Cómo podía hacerle eso aún? Lo veía cada día. Pero esos ojos, tan verdes y hermosos con sus oscuras pestañas, eran una caliente contradicción ante la cincelada mandíbula y pómulos, y el enfurruñado y endurecido mohín en su boca. Era hermoso, poderoso, leal y maduro. Bueno, cuando Charlie no estaba en los alrededores. Claro, no era del tipo hablador, pero todo estaba en las acciones de Jai. Era bueno. Era bueno y auténtico y confiaba en él como nunca había confiado en nadie más. Cada vez, siempre, que lo veía… sí… le quitaba el aliento. Sonrió un poco tímidamente, repentinamente sobrecogida por lo profundo de sus propios sentimientos hacia él. —Sólo quería reportarme antes de la cena. Aún no he sentido a la Srta. Maggie. Estoy un poco preocupada. —Yo no lo estaría. Aparecerá. Tal vez puedas lograr que se muestre a ella misma esta vez. —Me estoy poniendo curiosa sobre ella. —Por fin. Ante su seco tono, Ari se movió incómodamente. —¿Estamos bien, no? Revisando el salón para asegurarse de que estaban solos, Jai tomó su mano y la hizo entrar. Su habitación era más grande que la de ella. Al igual que su cama. Umm. Las manos de Jai en sus hombros captaron su atención de nuevo hacia su cara. Estaba parado tan cerca que tenía que inclinar su cabeza para encontrar su mirada.
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    103 —¿Qué pasó conYasmin? Quiero decir, sé lo que pasó pero ¿por qué no pudiste controlarlo esta vez? Inclinando su cabeza por la mortificación y la vergüenza, Ari suspiró. —No lo sé. Fue como si por un momento me enojara tan rápido que no tenía tiempo para sentir la oscuridad controlándome. Un minuto era yo y al siguiente el Seal estaba controlándome. —¿Por qué? Ari lo enfrentó, sus mejillas aún rojas por la vergüenza. —Porque eras tú. Jai frunció el ceño. —¿Qué significa eso? —Mis emociones están un poco alteradas justo ahora, de acuerdo… por ti. Y ella estaba diciendo todas esas cosas sobre ti, sobre nosotros… quería lastimarla porque todos ellos te lastimaron y supongo que el Seal lo usó en mi contra o algo. No lo sé, Jai, no sé cómo funciona. ¿Cómo puede ser el Seal algo consciente, lo sabes? Temblando fuerte, Ari se hundió en el sólido agarre de Jai mientras el acunaba sus mejillas en sus largas manos y besaba su frente. —No lo sé —murmuró contra su piel—. Tal vez deberíamos pensar en entrenarte. Incitando disparadores y entrenarte para que presiones de nuevo al Seal hacia abajo. —¿Crees que funcionará? —Vale la pena intentarlo, ¿no? Deslizando sus brazos en su cintura y apoyándose en su abrazo mientras los brazos de Jai se apretaban alrededor de sus hombros, Ari asintió. —Sí. No me quiero sentir de ese modo de nuevo. O que te sientes de ese modo por mí de nuevo.
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    104 Empujándola gentilmente, Jaiarrugó su frente. —¿Sentir de qué manera? —Estabas… enojado. Desilusionado. —No. Estaba molesto. No me gusta sentirme indefenso, y no saber cómo ayudarte me hace sentir como una mierda, de acuerdo. —¿De verdad? —Ari preguntó dudosa—. Porque medio tenías tu cosa que da miedo de, no me hablas, ni siquiera me mires, en acción cuando paso eso. —Esa es mi cara de indefenso. —Oh. Parece como de ira. —Sí, solo tengo tres expresiones. En blanco. Enojado. Y de aburrimiento educado. Ari rió y él sonrió suavemente hacia ella. El subestimarse era algo que no había visto en él antes. Le gustaba que estuviera empezando a ver un lado de él que, sospechaba, solo conocía Trey. —Bueno, te desequilibré, así que no te preocupes. Me han dicho que soy como un libro abierto. —No lo sé. —Jai sacudió su cabeza mientras metía un mechón de cabello detrás de su oreja y acariciaba su cintura con su otra mano—. Ya no tanto. Algunas veces me encantaría saber que estás pensando. Sonriendo coquetamente, Ari se acercó a él hasta que sus cuerpos estuvieron presionados fuertemente. —¿Puedes adivinar qué estoy pensando ahora? En respuesta, Jai agarró su nuca y la jaló para encontrar su boca, su movimiento sorpresivamente rápido y rudo, sus besos abrumadores. El hormigueo de excitación se disparó a través de Ari mientras abría sus labios para dejar que su lengua tocara la suya. El beso se profundizó y él gruñía en su boca, y mientras la vibración de eso zumbaba por todo su cuerpo, chispas se disparaban en lugares que Ari no sabía que podía sentir. Sus
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    105 bocas se negabana separarse, sus cuerpos cubriéndose y gritándoles que querían fundirse en uno solo. La pierna de Ari estaba escalando la de Jai, sus manos estaban en sus caderas, manteniéndola apretada contra él, sus alientos mezclándose mientras recordaban la noche pasada y todas las posibilidades delante de ellos. No fue hasta que Ari estiró su mano bajo la camisa de Jai, toqueteando con sus manos por toda la cintura de sus pantalones vaqueros, que el sentido pareció regresar a él y entonces rompió el beso, jadeando pesadamente. Los propios pantalones de Ari susurraron a través de su boca. Se sentía mareada y desorientada, sus ojos desenfocados. Vaya. —Paraste —murmuró desilusionada. —Sí. —Rió ronco, gentilmente apartándola de él—. Porque tenemos una cena a la que asistir y no quiero parecer como si quisiera llevar a mi cliente a la cama. Riéndose ahora ante su apuro físico, Ari camino hacia atrás. —Ya veo. Bueno, si te sirve de consuelo, estabas tratando de llevar a tu novia a la cama. —Con una sonrisa arrogante que hizo que se suavizara el ceño de Jai, Ari caminó hacia la puerta—. Te dejo sólo para que te enfríes. Te veo en la cena. —Estás aprendiendo demasiado rápido —murmuró Jai. Ari se detuvo a medio camino de la puerta. —¿Aprendiendo qué demasiado rápido? Su ceño se convirtió en una traviesa y sexy mirada. —Cómo volverme loco. Sonriendo, Ari se encogió de hombros. —Es lo justo. Tú me volviste loca por días, durmiendo en el piso, algunas veces sin camisa. Era una forma de tortura e intento obtener mi venganza. —Sintiéndose más liviana de lo que había estado hace quince minutos, Ari dejó a Jai mirándola sensualmente y dio unos cuantos pasos engreídos por
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    106 el pasillo antesde detenerse, colocando su mano en su acelerado corazón. Tal vez necesitaba tomar unos segundos para enfriarse también.
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    107  Dar al peónun nombre hace al juego un poco más difícil Traducido por Mari NC Corregido por Akanet —Te pedí protegerla tanto como pudieras. No animarla a buscar el peligro de convertirse en un cazador. Rojo la miró, su amonestación aumentando su ira. —Te olvidas de ti misma. Burlándose, la belleza se apartó el cabello oscuro por encima de su hombro y lo miró sin miedo. —No uses ese tono conmigo, Rojo. Tú y yo estamos más allá de eso. —Entonces no me acuses de poner en peligro a Ari. Está siendo sobreprotectora, Srta. Maggie. Ella frunció el ceño ante el apodo. —¿Estás seguro de que esto no encaja en los planes retorcidos de tu padre? Al igual que sus planes para Charlie. Planes infructuosos —se rió con amargura. —No infructuosos. Él todavía tiene planes para que Charlie mate al Labartu. En estos momentos, Cristal está rastreando al Jinn así puede llevar a Charlie a él. —¿Así que Azazil mata a Charlie y pone a Ari al frente como un cazador… para morir también? ¿Cuál es el significado de esto? ¿Qué es lo que quiere? Tratando de controlar su ira, Rojo giró su espalda y se quedó mirando las llamas de su chimenea. A pesar de todo lo que había sucedido, ella
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    108 todavía era capazde hacerlo sentir más que nadie en este mundo. Hablando despacio, con calma, Rojo respondió: —Azazil no tiene nada que ver con esto. Hice esto por Ari. —Ari no sabe lo que está haciendo. ¡Es sólo una niña! Y después de este juicio todos ellos están curiosos acerca de ella. Las preguntas han sido planteadas. Los viejos rumores sobre el Seal están resurgiendo y no pasará mucho tiempo antes de que vengan detrás de ella —maldijo ella con vehemencia—. Me gustaría poder confiar en que te preocupas lo suficiente por ella para ponerla en primer lugar… como me pones a mí en primer lugar. —No puedes —Rojo dio la vuelta, con sus ojos ardiendo en los de ella—. Ni siquiera puedo confiar en eso yo mismo. —En la triste desesperación en sus ojos, Rojo quería desesperadamente llegar a ella. En su lugar, negó con su cabeza. —Yo… tú te preocupas por ella. Lo haces. Y eres fuerte. Ve con ella. Protégela. Aturdida, ella dio un paso tentativo hacia él. —Dijiste que no querías que me pusiera en peligro a mí misma. Prácticamente lo prohibiste, si recuerdo correctamente. —Sí, bueno… —Sintiendo su garganta cerrarse por la emoción al pensar en algo sucediéndole a ella, Rojo no pudo mirarla a los ojos—. Estoy empezando a comprender tu necesidad de proteger a Ari. Ya no voy a impedirte eso. Sólo te resentirías conmigo si algo llegara a pasarle a ella. —Rojo… —susurró ansiosamente. Levantó la vista bruscamente, desesperado por deshacerse de ella antes de que rompiera su estricto control. —Pero recuerda que nunca te perdonaré si algo te pasa… así que permanece oculta y sólo intervén en caso de que sea absolutamente necesario. Ella sonrió dulcemente, seductoramente.
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    109 —Por supuesto. Nosoy suicida, mi amor. Un viento cruel atravesó el Estado de Zubair, la tierra en la que el Rey Blanco gobernaba en el Monte Qaf. La tela entraba bruscamente desde su balcón mientras el torrente helado trataba de arremeter para lograr entrar, buscando cualquier calor que encontrara y apagándolo con triunfo cruel. Blanco se quedó mirando hacia afuera al balcón desde su asiento junto a la chimenea vacía en su dormitorio. El viento no encontraría calor aquí, sólo un compañero que entendía su desesperación y no sentía nada de su frío brutal. —Ella lo ha tomado por sorpresa, Maestro —murmuró Rabir cuidadosamente desde la esquina de la habitación. Blanco miró a su sirviente, su expresión suave y tranquila a pesar de su tormenta interior. —Ari cambió el juego. —Estaba seguro de que el chantaje habría funcionado, Maestro. —Oh, lo habría hecho. Sin embargo, ella ya no tiene la intención de dejar que su afecto por la gente en su vida gobierne sus acciones. Mi hija tiene más de mí en ella de lo que yo esperaba. —¿Y ahora qué, Maestro? Me temo que ya no tenemos tiempo para tomarlo con calma. El juicio ha resurgido los viejos rumores. Su gente se ha vuelto más curiosa y temo lo que desean descubrir. Me temo que puedan buscar a Ari antes de que usted la tenga a su alcance. Blanco asintió con la cabeza, un poco aturdido ahora. El tiempo se estaba acabando. Él necesitaba un nuevo plan. Si tan sólo pudiera hacerla comprender lo que estaba en juego. Si tan sólo pudiera hacerle ver que su sacrificio los salvaría a todos. —Me temo que tienes razón, Rabir. Debo reconsiderar tácticas. Y rápidamente.
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    110 Captando un movimientocon el rabillo del ojo, Blanco miró hacia arriba para ver que Rabir estaba de pie al lado de la botella púrpura que él mantenía a salvo en su dormitorio. Lanzándole una sonrisa muy tentativa, Rabir gesticuló hacia la botella. —¿Y qué dice Ari de Sala, Maestro? ¿Está eso fuera de cuestión? Su primer instinto fue ponerse furioso por la imprudencia de Rabir. Por siquiera sugerir tal cosa… Blanco se estremeció interiormente, calmando la furia para poder pensar con más claridad. Finalmente, cuando se sintió lo suficientemente tranquilo para hablar, le disparó a la botella que palpitaba con el sabor de la esencia de Sala una insondablemente oscura mirada antes de apartarla de golpe y volverla a la tormenta exterior. —Pensaré en ello.
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    111  Sin Miedo, envuelvomis Sombras a tu alrededor Traducido por Auroo_J Corregido por Akanet ¿Qué están haciendo? —preguntó Charlie con risa en su voz mientras miraba a Mikey y Ari. Estaban en la cocina de los Creagh, rodeados por periódico, pintura y engrudo. Y había una especie de bulto en medio de ellos en el que tenían su completa concentración. Ari pegó otro pedazo de periódico sobre el bulto y se mordió el labio con concentración. Pareciendo convencida de que estaba libre de arrugas, cogió otra tira sin mirarlo. —El proyecto de arte de Mikey es para mañana, así que le estoy ayudando. Arrastrándose en el taburete frente a ellos, Charlie trató de reprimir su sonrisa mientras Mikey fruncía el ceño ante los planos que tenía delante y luego al bulto con el que Ari estaba tan ocupada. —Uh... y ¿cuál es tu proyecto, Mikey? Su hermano pequeño lo miró con una expresión de dolor en su joven rostro. —Tenemos que hacer un artículo casero, pero con un tema. Escogí el espacio. —Oh. —Charlie asintió con la cabeza e hizo un gesto al bulto—. ¿Estás haciendo un adorno de la luna? —Un ornamento de la luna ladeada, agregó interiormente. —No —resopló Ari, mirándolo. Charlie trató de no sonreír. —
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    112 —Tienes una manchade engrudo en la nariz. Ella la limpió toscamente y sopló su cabello apartándolo de su cara. —Es una pantalla de lámpara. Una pantalla de lámpara en forma de un extraterrestre. Conteniendo la risa, Charlie alcanzó los planes que Mikey le tendía. Se suponía que estuvieran haciendo una pantalla de lámpara verde de un extraterrestre con tres brazos a cada lado. —Esto es ambicioso. —Sí. Pero podemos hacerlo. —Charlie... —Mikey rogó en silencio con sus ojos. —Ari, ¿alguna vez has hecho algo de papel maché antes? —Por supuesto. Recuerda que hicimos los planetas en cuarto grado. —No —Charlie suavemente la empujó a un lado y tomó su asiento—, yo hice los planetas. Tú comiste engrudo. —No puedes simplemente sacarme de esto. Soy la gerente del proyecto. Riendo, Charlie miró a su hermano. —¿Quieres despedirla o lo hago yo? Luciendo serio y arrepentido, Mikey se volvió hacia Ari que estaba de pie junto a ellos, con las manos en las caderas. —Lo siento, Ari. Estás despedida. Ella hizo algunos ruidos balbuceantes antes de cruzar los brazos sobre su pecho. —Eso fue muy duro. Como siempre, el tratamiento silencioso de Ari duró cinco minutos. Ella se cernía sobre ellos, mientras empezaban de cero, haciéndoles bocadillos y llevándoles refresco, y ofreciendo comentarios y sugerencias que fueron
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    113 ignoradas, mientras ély Mikey pasaron tres horas creando una pantalla de lámpara de papel maché de un extraterrestre. Para cuando terminaron, los ojos de Mikey estaban inclinados hacia abajo. —Listo, estará seco en la mañana. Será mejor que vayas a la cama. — Charlie dirigió a Mikey hacia el pasillo. Murmurando un gracias a Charlie, su hermano pequeño somnoliento tropezó en su camino a la cama, dándole un perezoso buenas noches a su madre cuando pasó el cuarto de estar. Suspirando con cansancio él mismo, Charlie volvió a entrar en la cocina para ver que Ari había despejado milagrosamente todo en cuestión de segundos. Él le sonrió con gratitud mientras levantaba su mochila del piso. —Supongo que será mejor que me vaya. —Ari bostezó y luego lo miró mientras sacaba el capítulo de matemáticas que tenía que terminar para la clase de mañana—. ¿No lo has hecho aún? Charlie negó con la cabeza. —Fui abordado, recuerdas. —Ante su silencio e inquebrantable mirada, Charlie frunció el ceño—. ¿Qué? Ella le sonrió de repente e impulsivamente se acercó y lo besó en la mejilla. Charlie sintió que su piel se volvía caliente donde sus labios lo habían tocado y se rió un poco nerviosamente. —¿Por qué fue eso? —Eres un buen hermano. —Ella se deslizó en el taburete a su lado—. He terminado este capítulo. Te puedo ayudarte a terminarlo más rápido. —No tienes que hacerlo, Ari. Lo que hice esta noche... no fue nada. Era una pantalla de lámpara estúpida. —Una pantalla de lámpara estúpida que significó mucho para Mikey. Me gustaría tener a alguien como tú. Admítelo. —Ella le dio un codazo a su hombro juguetonamente—. Harías cualquier cosa por tu hermano. Jadeando, Charlie puso los ojos en blanco.
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    114 —¿Me vas aayudar o qué? —No hasta que lo admitas. Al ver que hablaba en serio, Charlie sonrió, dándose por vencido. —Bien. Lo admito. Haría cualquier cosa por el pequeño repugnante. — Empujó el libro de matemáticas hacia ella—. ¿Ahora me ayudarás o no? ... Charlie miraba fijamente hacia el techo, la luz de las farolas afuera lanzando sombras a través de la calle. Vio las sombras de las hojas del árbol afuera bailar delante de él y deseaba, como lo deseaba todos los días, que pudiera sacar con ese baile las sombras de su alma. No pasaba un día en que no tuviera un recuerdo de un día normal con Mikey, días ordinarios que se habían vuelto repentinamente extraordinarios ahora, aunque sólo sea por el hecho de que le permitían a Charlie hablar con Mikey otra vez en sus recuerdos. Una parte de él seguía esperando, como Ari seguía esperando, que recobrara el sentido. Que dejara ir este peligroso plan de venganza. Pero la necesidad se estaba haciendo más fuerte. Unas semanas habían pasado desde su llegada y la de Ari a la casa de los Roe y Charlie aún no lo dejaba ir. Él estaba entrenando todos los días con Jack, aprendiendo más y más sobre el poder. Tentado cada día de sacar la esmeralda que Rojo le había dado. Hasta ahora había sido lo suficientemente fuerte para resistir. Jack había comenzado la búsqueda del Labartu para él y ambos podían sentir a la perra cada vez más cerca de ellos. Jack lo entendía. Lo sabía. Lo comprendía. Charlie se había pasado su vida como joven haciendo todo por Mikey, cuidando de él, manteniéndolo a salvo, manteniéndolo feliz. Bueno... esto era lo último que tenía que hacer por él. Y ayudaba tener a Jack. Pero también ayudaba tener a Fallon. Ella era la persona con menos prejuicios que había conocido alguna vez.
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    115 Suspirando, Charlie sesentó en la cama y bajó la mirada hacia Fallon. Ella estaba durmiendo pacíficamente, con la mano metida debajo de su barbilla como una niña pequeña. Una oleada de afecto se apoderó de él y Charlie se esforzó por hacerla retroceder. Pero no pudo. Era muy agotador. Reacio a despertarla pero sabiendo que Jack estaría esperándolo, Charlie le rozó la mejilla hasta que sus pestañas se abrieron. —Será mejor que vuelvas antes de que tus padres se den cuenta de que te has ido —le dijo en voz baja y disfrutó de la vista de ella mientras se sentaba, estirándose lánguidamente. Ella bostezó y luego le lanzó una sonrisa maliciosa que hacía cosas divertidas a su interior. —Ni siquiera hay luz afuera. ¿Es por eso que te levantas tan temprano? ¿Para despertarme y proteger mi reputación? Charlie rió entre dientes. —No. A Jack le gusta entrenar temprano. —Él la miró pensativamente—. ¿Quieres entrenar con nosotros hoy? Fue divertido la última vez. Sacudiendo la cabeza pesadamente, Fallon se levantó de la cama y arrastró sus cortas pero magníficas piernas en sus pantalones vaqueros. —No puedo. Tengo mi propio entrenamiento con Ari. Esa chica es impresionante. Papá está realmente impresionado con ella. Su nombre puso tenso a Charlie, una sensación inexplicable de culpa astillando a su buen humor. No sabía lo que había pasado con Ari y Jai pero no se dejaba engañar por su pretensión de que no había pasado nada. Tenía la sensación de que mantenían su relación oculta para proteger a Jai. Así que Ari había seguido adelante. ¿Por qué entonces Charlie sentía que la estaba engañando? Siempre se había sentido de esa manera, desde lo de Mikey... cada vez que tonteaba con otra chica, se sentía como un novio infiel. Fallon suspiró y Charlie la miró por debajo de sus pestañas, cauteloso por la pesadez en aquel suspiro.
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    116 —Charlie, sabes quesólo crees que estás obsesionado con ella, ¿verdad? —No es sólo creerlo —respondió él bruscamente, sin querer hacerle daño, pero sintiendo el pinchazo ante la sugerencia condescendiente de que él no conocía su propia mente. Confundido, él negó con la cabeza—. De todos modos, aún tuviste sexo conmigo sabiendo cual era el trato. —Sí, lo hice. —Ella se encogió de hombros con indiferencia antes de ponerse la camisa de Twin Atlantic de él. Debería estar enojada de que ella la había tomado prestada sin preguntarle, ya que no había sido fácil de encontrar... pero lucía realmente caliente con ella—. Tú y yo hemos tenido vibra desde que nos conocimos. ¿En serio crees honestamente que puedes estar enamorado de Ari y aun así querer perder el tiempo con otras chicas? —Ella no me quiere. Estoy siguiendo adelante. —Bien. Es por eso que has estado coqueteando conmigo desde el primer momento, antes de saber a ciencia cierta que Ari no te quería. —Ella negó con la cabeza hacia él, no enojada sino que casi suplicante—. A pesar de que Ari y Jai no admitirán lo que sienten el uno por el otro, Jai no ha mirado a otra chica excepto a Ari desde que lo conocí. Ceñudo ahora y odiando a donde ella estaba llevando con esto, Charlie gruñó: —¿Tu punto? —Estoy diciendo que, cuando Ari está cerca eres todo juguetón y cariñoso y cercano. Pero no como una necesitada, tengo que estar contigo en ese tipo de manera. Como un amigo, cercano. Cuando Ari está en la habitación con Jai, ese tipo está totalmente centrado en ella. Cuando ella no está mirando, él la está viendo. Es como una maldita novela de Jane Austen. —Eso no quiere decir nada —argumentó Charlie—. Somos tipos totalmente diferentes. —Correcto —Fallon estuvo de acuerdo—, tú profesas estar enamorado de una chica, luego renuncias a ella sin una pelea, y entonces follas con su
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    117 nueva amiga. Dudoque Jai este follando con alguien. Apuesto a que no se ha acostado con nadie desde que la conoció. —Si estás tratando de decir que no amo Ari, entonces estás equivocada. —Creo que amas a Ari. No creo que la ames lo suficiente. Era como si lo hubiera abofeteado. Parpadeó rápidamente, su corazón corriendo un poco más rápido mientras sus palabras traían de regreso las palabras de Ari hacia él. Exactamente esas mismas palabras. —Cariño, lo siento. —Fallon pasó una mano suavemente por su mejilla mientras él la miraba, perdido—. No quería ponerme toda seria contigo. Él negó con la cabeza lentamente y llevó la mano de ella a sus labios, presionando un beso de perdón en sus dedos. —Está bien. No muchas chicas tendrían esta conversación con un chico con el que se acaban de acostar. Ella sonrió con picardía. —Bueno, no soy como las otras chicas. —Sí, estoy entendiendo eso. —Tuve un montón de diversión anoche. Como un montón. Como... más de la que he tenido antes. Él le devolvió la sonrisa ahora, envolviendo sus brazos alrededor de su cintura e inhaló su aroma. Ella olía como él, y Charlie sintió una oleada de posesividad que no había estado esperando. —¿Estás diciendo que soy el mejor que has tenido? —Bueno, según los rumores has tenido mucha práctica. En represalia, empezó a hacerle cosquillas, hasta que su lucha los hizo caer de nuevo sobre la cama. Charlie la inmovilizó allí, con los ojos hipnotizados por el lindo arco de su boca. Ella era tan adorablemente hermosa, pero el exterior escondía una mente aguda, un ingenio mordaz y una franqueza
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    118 que le resultabarefrescante. A él le gustaba. Sonriendo ante la realización y sintiéndose un poco más libre por ello, Charlie preguntó en voz baja: —¿Fue anoche el tipo de diversión que te gustaría repetir conmigo? Pareciendo disfrutar de ser inmovilizada por él, Fallon hizo un pequeño y suave sonido zumbante antes de asentir lentamente. —Oh, definitivamente. A medida que su beso se profundizó, Charlie se puso aún más relajado. Aparte de Jack, Fallon era la única con la que podía hablar de su venganza sin que enloqueciera, como Ari. No, Fallon, sólo escucharía, dejándolo hablar. Ella estaba algo así como convirtiéndose en su mejor amiga. Se detuvo, echándose hacia atrás para mirarla. —¿Qué? —susurró. Su sonrisa era un poco tímida cuando él contestó: —Me gustas. Sonriendo ahora, Fallon asintió. —Sí. Tú también me gustas, Charlie Creagh.
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    119  Temes lo queno entiendes. Siempre he entendido lo que temo. Traducido por rihano Corregido por Nony_mo an pasado semanas. No había ni rastro de raros o peligrosos Jinn. Ni rastro del Rey Blanco. Todo estaba tranquilo. Demasiado tranquilo, en lo que a Ari se refería. Se sentía ansiosa todo el tiempo, esperando a que algo sucediera, y enterró esa ansiedad en su formación con Fallon y Jai. Todas las noches caía en la cama físicamente agotada de ser golpeada, magullada y maltratada, mientras ellos trataban de ponerla al día con años de formación defensiva, tocando principalmente el kickboxing3 y el Krav Maga4. Otros días, se concentraban en la magia defensiva de Ari. Fuera de todo, era lo más difícil de controlar. Le habían arrojado rayos de energía, usado su magia para enviar equipo de gimnasia volando hacia ella, cualquier cosa alrededor de ellos que pudiera ser utilizado como un arma era utilizado como arma, para simular lo que sería un verdadero ataque de un Jinn. Los tres luchaban pero siempre estaban pensando diez pasos por delante, recordando que cada vez que usaban magia tenía consecuencias. Algunos Jinn no harían eso, y Ari tuvo que aprender a luchar sin causar una onda con su magia. Esa fue la parte difícil. Cada vez que pensaba que iba a llegar a algo inteligente, se daba cuenta de que sus tácticas de defensa podrían causar una ola. Tres veces había intentado algo y luego se daba cuenta de lo que estaba haciendo, sólo para detenerse y luego casi conseguir ser maltratada por una pesa de entrenamiento o cortada por un cuchillo. La Srta. Maggie, quien había regresado al día siguiente de que 3 Kickboxing: Es un deporte de contacto de origen japonés en el cual se mezclan las técnicas de lucha del boxeo con las de algunas artes marciales como el karate y el boxeo tailandés. 4 Krav Maga: Es el sistema oficial de lucha y defensa personal usado por las fuerzas de defensa y seguridad israelíes. H
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    120 ella se habíainstalado con la familia de Fallon, había salvado su culo demasiadas veces para contarlas. Sólo ayer, y cuando la madre de Fallon, Caroline, había estado mirando también, Fallon había conjurado al doberman del vecino. Vicious custodiaba la entrada de la gran casa de los Doneli, junto con su hermano, Terror. Aturdido, asustado y confundido, Vicious había echado un vistazo a Ari en ese pequeño gimnasio, echó hacia atrás los dientes y cargó contra ella. Ella sabía que podía usar su propia energía para crear un escudo que él golpearía, pero su energía defensiva, había aprendido, realmente dolía. Amante del perro en el fondo, Ari no quería herir a la bestia. Sin pensarlo, había creado un bolsillo en el aire a su alrededor y Vicious había golpeado contra este con un gruñido confuso. Inmediatamente, él había desaparecido mientras Fallon le había dejado caer sus manos encendidas, transportándolo de vuelta a de donde había venido. —¿Qué fue eso? —Había gritado Jai desde el otro lado de la habitación. Ruborizándose, Ari había mirado a Caroline que estaba frunciendo el ceño hacia su hija. —Te dije que no conjurarás a los perros del vecino, jovencita. Es poco amable. Fallon había levantado una ceja. —Poco amable. Esos perros están entrenados para arrancar mi garganta. Estoy segura de que pueden manejar un pequeño conjuro de vez en cuando, madre. —Le disparó una mirada a Ari. —No contaba con tu debilidad por los machos gruñones, sin embargo. Fallon le guiñó un ojo antes de sonreírle a Jai, que a cambio enarcó una ceja en señal de advertencia. Riendo, Fallon se encogió de hombros. —Está bien, no debería haber conjurado al perro, pero Ari se protegió. Jai suspiró.
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    121 —Mediante el usode aire. —Él frotó una mano sobre su cabeza mientras se volvía hacia Ari—. Pensé que habíamos superado esto. Recuerda, hay consecuencias para el uso de la magia, el uso de la magia elemental especialmente. —Pero lo habría lastimado... —Ari se encogió de hombros. —Ari —la llamó Caroline. La mujer le estaba dando una mirada sin sentido—. En la vida real, si un perro vicioso viene corriendo hacia ti, incluso si no está ahí por elección, me temo que vas a tener que usar tu magia defensiva para protegerte y a otros de ese perro. O cualquier otro animal que esté empeñado en atacarte. —¿Incluso si está bajo la magia Jinn y realmente no lo quiere hacer? —Desafortunadamente sí. Este es un mundo lleno de decisiones difíciles. Se llama ser un adulto. —Caroline sonrió amablemente, para suavizar la tirantez de sus palabras y luego se marchó, después de lanzarle a su hija otra mirada de advertencia. —Correcto. —Jai se había acercado a grandes zancadas—. Vamos a intentarlo de nuevo. Ari había tratado de probarse a sí misma, ante Michael y el resto de los Roes día tras día de entrenamiento, y todos ellos parecían haberla acogido. Por supuesto, ella no había conocido a todo El Gremio, ya que había un montón de ellos, y unos pocos estaban en otra parte, en trabajos de caza. Hubo cierta torpeza al principio, ya que los Roes estaban bastante incómodos con el hecho de que uno de los suyos, Anabeth, los había traicionado y deshonrado y trató de matar a Jai y en su lugar casi mató a Ari. Pero Ari nunca lo mencionó, ni tampoco Jai. Ella vio a su novio por el rabillo del ojo mientras se paraba cuidadosamente a un lado, los brazos en alto delante de su cara, lista para el ataque de Fallon. La colchoneta era firme bajo sus pies y su cuerpo estaba zumbando con energía. Había tenido una gran noche de sueño, teniendo en cuenta que había sido un desastre ayer, pero en lugar de que esto la hundiera, Ari estaba decidida a asegurarse de que nunca pasara de nuevo. Jai estaba
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    122 asintiendo con lacabeza alentadoramente mientras la observaba y a Fallon con total concentración. Lo echaba de menos. No habían pasado realmente mucho tiempo a solas estas últimas semanas. Él le había dado unos cuantos besos aquí y allá, cada vez que habían conseguido un trozo de milagrosa privacidad, y había habido esta noche en el gimnasio cuando había conseguido algo caliente, pero la verdad era que usualmente estaban tan cansados al final de la noche, que colapsaban en sus dormitorios separados. Y, por supuesto Jai era muy condenadamente respetuoso con Michael... ... Se estaba convirtiendo un poco en un dolor no ser capaz de estar en público con él. A veces, lo más cerca que ella llegaba a él era cuando estaban entrenando. Hoy no era uno de esos días, sin embargo. Él tenía su combate con Fallon para que pudiera ver exactamente en lo que necesitaba trabajar. Lo cual era mucho. Fallon hizo un movimiento y Ari dio un paso atrás con su pie izquierdo y bloqueó la patada con el costado de su antebrazo derecho. Ambas dieron un paso atrás, rebotando un poco, calentando. Y entonces empezaron el entrenamiento en serio, el intercambio de golpes, ninguna de ellas consiguiendo un golpe. —Me acosté con Charlie anoche —admitió Fallon de repente y todo el cuerpo de Ari simplemente se congeló. El dolor explotó a través de su pómulo mientras el puño de Fallon conectaba con su cara. Ella se tambaleó hacia atrás, aclarando su visión borrosa mientras jadeaba por el aliento que había quedado atrapado en su pecho con el golpe. —¿Qué dem...? —Escuchó a Jai gritar. El rostro de Fallon apareció frente a ella, con los ojos abiertos llenos de preocupación. —Ari, ¿estás bien? Mierda, lo siento, ya estaba lanzando el golpe... Ari meneó su cabeza, su mejilla sintiéndose como si fuera dos veces el tamaño de la otra, palpitante y quemante, como si hubiera sido estrellada contra una pared de ladrillo en lugar de un puño pequeño.
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    123 —Está bien. —Siento lode Charlie. No pensé que sería... oh mierda. Mira, sólo pensé que debería decirte porque somos amigas y no quiero que pienses que estoy escondiendo algo. —Ari, ¿estás bien? —preguntó Jai mientras pisaba las colchonetas, sus cejas juntándose con preocupación. Fallon lo miró por encima del hombro. —Consigue un poco de hielo, envuélvelo en una toalla. Él asintió con la cabeza y se fue rápidamente, lanzándoles una última mirada de perplejidad antes de irse. Ari suspiró y se volvió hacia Fallon, sintiendo un pequeño dolor estúpido en su pecho porque Charlie hubiera continuado con su vida tan rápido. —No estoy molesta. Estoy bien. Sólo me tomaste por sorpresa. —Ella sonrió tristemente, tocando tentativamente su mejilla—. Eso significa que tomé la decisión correcta. Comprendiendo, Fallon asintió con la cabeza, sus ojos de color marrón oscuro llenos de más sabiduría de la que alguien de su edad debería tener. —La tomaste, sabes. Charlie se dará cuenta de eso muy pronto, también. Él solo está siendo testarudo. —Hemos sido amigos desde siempre. A veces es difícil desprenderse de los recuerdos. —Yo conseguiré que lo haga. —Fallon sonrió amablemente, luciendo tan parecida a su mamá que daba miedo—. ¿Si te parece bien? Ari le devolvió la sonrisa a regañadientes. —Me gusta cómo se comporta a tu alrededor —admitió, aunque hacerlo la ponía un poco triste—. Él es mejor. —Así que, ¿seguimos siendo amigas, entonces?
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    124 —Por supuesto. —¿Estamos entrenandoo chismeando, señoritas? —preguntó Jai, caminando de vuelta a la habitación con el hielo. Fallon rodó sus ojos. —Hablando de tercos. —Ella le sonrió mientras él la pasaba, deteniéndose frente a Ari para presionar suavemente la toalla con hielo frío en su mejilla. Sus dedos rozaban su barbilla mientras él inclinó la cabeza de ella un poco y Ari se estremeció. Fallon se rió entre dientes. —Solo estábamos hablando de sexo, Maravilloso. ¿Tal vez tengas algo que añadir a eso? Sintiendo sus mejillas calentarse mientras Jai se tensaba, Ari levantó la mirada para atrapar la suya, pero él estaba mirando a Fallon, frunciendo el ceño. —¿Qué? —Fallon se encogió de hombros, riendo—. ¡Ella es caliente! —Hizo un gesto hacia Ari—. La mitad de los chicos del Gremio están babeando por ella. Deberías pensar en acelerar el paso de tortuga antes de que algún otro chico llegue primero. —Fallon —se quejó Ari, alejándose de Jai avergonzada cuando él giró para mirarla inquisitivamente. Está bien, un par de los chicos que había conocido habían sido un poco coquetos. La otra mitad estaba aterrorizada de ella, así que pensaba que eso lo igualaba un poco. —Perdón por la interrupción, gente —dijo Caroline, apareciendo en la puerta. Estaba mirando a Jai—. Alguien vino a verte. —Oh Dios mío —susurró Ari, una sonrisa enorme estallando en su cara—. Trey.
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    125 El guardián Jinnque, con su alta y larguirucha estructura, desordenado cabello rubio oscuro y rasgados ojos grises, podría ser el hombre más hermoso en el que Ari había puesto sus ojos alguna vez. Verlo trajo una oleada de calor al pecho de Ari mientras él permanecía de pie, apoyado casualmente contra una de las estanterías de libros de Michael con una amplia sonrisa. Estaba usando un par de pantalones negros de diseño, unas botas de motociclista usadas, una fresca camiseta blanca, y una chaqueta de cuero a la medida. Usaba bien la ropa y él lo sabía. Ari no estaba contenta de verlo porque fuera muy hermoso, aunque hacia lindo cualquier sitio en que estaba, estaba alegre de verlo porque era muy leal a Jai. Él amaba a su amigo, y por eso tenía la amistad y confianza de Ari. —Hola, preciosa. —Él le guiñó un ojo mientras caminaba hacia Jai y tomó su mano, jalándolo para un brusco abrazo. —No es que no me alegre de verte —dijo Jai lentamente, con aspecto confundido mientras miraba entre Trey y Michael Roe—, pero, ¿qué estás haciendo aquí? —Pensé que podrías necesitar ayuda —respondió vagamente Trey antes de sonreír de nuevo a Ari y alcanzarla para meterla en un abrazo de oso. Ella se echó a reír, empujándolo juguetonamente lejos cuando él la apretó demasiado. Frunció el ceño repentinamente y estiró su mano para voltearle la cara hacia la luz—. ¿Qué pasó aquí? —Miró el moretón en su pómulo que estaba agradecidamente empezando a sanar. Ari se encogió de hombros. —No estaba prestando atención. Los diminutos e inútiles puños de Fallon... no son tan inútiles. Michael se aclaró la garganta, levantándose de detrás de su escritorio. —¿Trey has solicitado permiso para unirse al Gremio mientras están aquí? Sorprendidos, tanto Ari como Jai fijaron a Trey con miradas inquisitivas. Él se rió de nuevo y se encogió de hombros.
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    126 —Terminé mi casoy pensé que unas vacaciones del Ginnaye podrían estar bien. —¿Y estás dejando que se quede? —le preguntó Jai a Michael, y Ari podía oír la curiosidad en la pregunta. Ella también estaba un poco curiosa, en cuanto a por qué el Gremio dejaría a Trey quedarse. No era como que el Rey Rojo hubiera forzado esto sobre Michael Roe. El padre de Fallon se encogió de hombros. —He oído hablar de Trey. Es un gran Ginnaye. Es tu amigo y creo que es prudente que tengamos tantos Jinn poderosos entre el Gremio como podamos tener en nuestras manos mientras Ari se queda con nosotros. Jai asintió. —Está bien. —Y entonces se volvió hacia Trey, con preguntas silenciosas en sus ojos. Ari se preguntó si estarían hablando telepáticamente. —Vamos a ponernos al día. —Trey hizo un gesto hacia la puerta, su sonrisa marchitándose un poco. Oh oh. Algo había sucedido. Ellos se dirigieron en silencio a través de la casa, Jai los condujo a su dormitorio. Ari se deslizó dentro, sorprendida de ver todo limpio y ordenado. Su lugar era como la barraca de un soldado. —¿Qué está sucediendo realmente? —preguntó bruscamente Jai, pero Ari podía ver en sus ojos que estaba preocupado por su amigo. Dejándose caer sobre la cama de Jai, Trey miró entre ellos, su sonrisa falsa, sus ojos usualmente brillantes, apagados. —Mi papá me sorprendió con un chico. El silencio cayó sobre la habitación y el pecho de Ari dolía por él. Trey era bisexual, algo que él nunca le había dicho a nadie en la tribu, excepto a Jai. Su padre, Rik, era abiertamente homofóbico y Trey no había querido
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    127 lidiar con lasconsecuencias de su padre averiguando la verdad. Incluso había perdido una relación bastante seria por esto. —Oh infiernos. —Jai suspiró y se sentó al lado de su amigo—. ¿Qué pasó? —Mi papá se volvió loco. Intentó pegarme... lo que no funcionó. Le di a su culo un buen golpe. Luego se fue a donde Luca y le pidió que me echara de la tribu Bitar. La cabeza de Jai se sacudió ante la mención de su padre, sus ojos entrecerrados con odio preparado. —¿Lo hizo? —No. —Trey sacudió la cabeza y Ari vio a Jai relajarse visiblemente—. Creo que tu viejo siempre lo ha sabido. Me dijo que podía quedarme, pero no quiero estar en un lugar en el que ni siquiera soy querido por mi propia familia. Y ellos realmente no son mi familia. Él sonrió tímidamente, con una mirada tan infantil, que Ari sintió otra punzada de afecto haciendo eco en su pecho por él. —Pensé que localizaría a mi familia real y vería si necesitaba ayuda, por ejemplo, con un cierto aspirante a brujo. Ari dio un paso hacia adelante. —¿Quieres ayudar con Charlie? Trey se encogió de hombros. —Michael dice que Jai está ocupado entrenándote con su hija Fallon. Dice que Charlie está siendo entrenado por un tipo llamado Jack, y que ninguno de ustedes sabe lo que está pasando con su formación. —Es cierto —murmuró Jai. —Bueno, soy otro par de ojos. Mantendré un ojo sobre ellos. Asegurándome de que todo esté en ascenso y mejorando. Agradecida, Ari se deslizó entre los dos y tomó la mano de Trey.
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    128 —Eso significaría mucho. Élle dirigió una sonrisa maliciosa y levantó sus manos juntas para presionar un beso en sus nudillos. —Sí, nada de eso —interrumpió Jai, deslizando una mano alrededor de la cintura de Ari y jalándola más cerca de él. Su boca cayó abierta por la sorpresa. —¡De ninguna manera! —Trey se echó a reír—. Amigo, ¿finalmente volviste a tus sentidos? —Sí, lo hice. Así que quita las manos. Ari miró a Jai, con los ojos abiertos, y un poco molesta de que los celos le hubieran hecho compartir su secreto. —¿Estamos diciéndoselo a la gente ahora? Él hizo una mueca. —Trey no es la gente. Él no va a decirle a nadie. —Oh es un secreto. —Trey rebotó de la cama, sus ojos brillaban con picardía—. Muy caliente. —No puedes decirle a nadie. —Ari lo pegó a la pared con la mirada, esperando que estuviera volviéndose un poco agresiva. Por cierto, él se mantuvo sonriéndole—. Lo digo en serio, Trey. La vida de Jai depende de ello. Intrigado, Trey alzó una ceja hacia Jai. Él suspiró al lado de ella, con su mano flexionándose sobre la cadera de ella. —Se le ha metido en la cabeza que alguien me podría utilizar para llegar a ella. Molesta, Ari respondió: —Ella está sentada aquí mismo.
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    129 —No está equivocada—dijo Trey pensativamente—. Intentaron usar a Charlie, y él sólo era su amigo. —Una vez más, estoy aquí mismo. —Sí, pero no soy ningún chico estúpido con sed de venganza. Puedo cuidar de mí mismo. Ella tiene que dejar de preocuparse. —Aún creo que tiene razón. Además, realmente nadie necesita saberlo ahora mismo. —Ella necesita un poco de chocolate —gruñó Ari antes de alejarse del abrazo de Jai. Se levantó de la cama, caminando hacia la puerta—, antes de golpear a uno de ustedes. La risa de Trey se filtró a través de la puerta justo cuando cerraba de un portazo. La voz de Jai retumbó a través de la pared, sonando perdido. —¿Qué acaba de pasar? —A pesar de sí misma, su pregunta amortiguada la hizo sonreír mientras se alejaba.
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    130  Persiguiendo sueños queson ajenos Traducido por Sweet Nemesis Corregido por Deyanira omo todos los Jinn, Rojo era templado. No sentía el frío o el calor. Sin embargo, eso no lo detenía de disfrutar de las cosas que los creaban. El sol era esta cálida bola, el ser en el cielo que ahuyentaba las sombras de los rostros y destellaba los rayos del sol en los ojos. Por siglos, Rojo había visto a los humanos levantar sus caras al cielo, con los ojos cerrados, mientras se perdían en la paz que sólo el calor del sol podía brindarles. Pero el sol también podía quemar. Podía ampollar la piel. Podía secar un río, causar sed. Hambre. Muerte. En cuanto a la luna, Rojo siempre la había visto como este frío y duro objeto que perseguía al sol, desesperada por alcanzarlo, para entender qué los hacía tan diferentes. Para entender qué hacía a todo tan diferente. Y nunca jamás, alcanzando ese entendimiento. Pero la luna también era luz. Pura, luz blanca. Una guía para las estrellas en el más oscuro de los cielos. Un ser de esperanza, de admiración y, a pesar de su sed por conocimiento, un ser de paciencia. Cuando era joven y su madre aún estaba viva, Rojo siempre había pensado en Lilif como el sol y en Asmodeus como la luna. Ahora, mientras se paraba frente a quien era esencialmente su tío, aunque nunca había pensado en Asmodeus bajo esos términos, Rojo se preguntaba con una ansiedad que lo sorprendía y espantaba, por qué de pronto Ari se había convertido en la tierra dentro de su analogía. ¿Qué era ella para los gemelos que soñaría los recuerdos de Lilif y que Asmodeus estaría tan intrigado por ella? ¿Por qué estarían orbitando el uno hacia el otro? C
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    131 —¿Vas simplemente aquedarte viéndome fijamente todo el día? ¿O estás aquí por alguna razón? —preguntó sedosamente Asmodeus, sus ojos entrecerrados con fingido aburrimiento, sus labios curvados en una ligera sonrisa. Se encontraba en su sofá junto a la enorme chimenea en su salón de descanso del Palacio de Azazil. Las llamas proyectaban sombras por todo su cuerpo, recordándole a Rojo la descripción moderna de los humanos del diablo. —Mi padre podrá pensar que te tiene bajo sus pies, pero yo no estoy tan convencido. Rompiste su protocolo al ir hacia Ari en su cuarto. ¿Qué te detendría de hacerlo otra vez? —¿Por qué eres tan protector con esa pequeña belleza? A mí me parece como si estuvieras tomándote las órdenes de Azazil demasiado en serio. —¿Por qué estás tan interesado en ella? —le contrarrestó Rojo, dando un paso hacia Asmodeus, deliberadamente vibrando con energía mágica así el Marid sabría que no estaba jugando. Asmodeus sonrió en respuesta sin siquiera moverse. —Ella es la pieza que todos quieren. A veces, me gusta tomar cosas que las otras personas quieren porque me divierte. Algo se apretó en el pecho de Rojo ante el pensamiento de Ari en las manos del teniente. Sobre mi cadáver, el pensamiento destelló por su mente y se detuvo por la sorpresa. Alejando ese pensamiento, Rojo miró a Asmodeus. —Seguramente no traicionarías a Azazil. —Por supuesto que no —espetó Asmodeus, ya no tan despreocupado o inalterable. Se burló de Rojo—: Pero eso no significa que no pueda divertirme un poco con ella. Es realmente deliciosa ¿sabes? Esforzándose en ignorarlo, Rojo suspiró. —Vi algo entre ustedes que era más que sólo indebida lujuria… ella te afecta. ¿Por qué?
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    132 Lentamente Asmodeus selevantó de su asiento, cuidadosamente bajando un pie, luego del otro antes de levantarse en toda su altura. Con una expresión en blanco, se paseó casualmente hacia Rojo hasta que estuvo a solo unos centímetros frente a él. Inclinó su cabeza hacia un lado, su oscura mirada aburrida pero aun así de alguna manera, buscando. Rojo ni siquiera titubeó. Él no era intimidado tan fácilmente, ni siquiera si el Marid tenía miles de siglos o más. —¿Por qué estás tan interesado en cuál es mi interés por Ari? ¿Sabe Azazil que estás aquí interrogando a su más leal sirviente? —Creo que tramas algo. Creo que hay una conexión entre tú y Ari que me estoy perdiendo. Y creo que esa conexión la pone en peligro. La última vez que supe, mi padre quería que la mantuviera con vida. Por cualquier medio. Incluyendo interrogar a su más leal sirviente, quien parece tener un interés insano en ella. Asmodeus sonrió maliciosamente ante eso. —Ahí lo tienes Rojo. Tengo un interés insano en ella… No había visto una belleza tan inusual en un tiempo y estaba pensando en que cuando Azazil termine con ella, si es que sobrevive, la podría agregar a mi harén. Ella sería mi favorita. Puedo asegurarlo. Ira desenfrenada reptó a través de Rojo, pero siglos de vida militar y espionaje le habían enseñado que dejar que la ira lo rasgara por dentro era preferible a dejar que se mostrara. En su lugar fingió una sonrisa y un asentimiento que sugería que pensaba que la idea de Asmodeus era divertida. —Entonces siento haberte disgustado, Asmodeus. —En absoluto. Tu visita ha sido… enriquecedora. Intentando no saltar con la sugerencia de Asmodeus de que había revelado mucho sobre sí mismo, Rojo le dirigió otro asentimiento y dio un paso en el Peripatos. Casi inmediatamente se encontró a sí mismo en su destino, el estado de Nusrah, la tierra en el Monte Qaf donde su hermano el Rey Sombra reinaba sobre cualquiera que no estuviera sirviendo a Blanco.
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    133 A pesar desu nombre, las sombras apenas eran encontradas en el pequeño palacio de Sombra, con sus altos ventanales como de catedral y los pesados candelabros que colgaban de cada techo. Sombra estaba cenando en su gran salón con los que eran probablemente sus vecinos ricos…. mercaderes y propietarios de tierras probablemente. Todos se sobresaltaron por Rojo antes de inclinar su cabeza en respeto hacia él. Sombra frunció sus labios en molestia ante su visión, pero se paró de la mesa. Todos alrededor inmediatamente se pusieron de pie también y Sombra ondeó una mano sin adornos hacia ellos para que se sentaran. Caminando hacia él, el oscuro y largo cabello de Sombra voló hacia su espalda, revelando los largos aros de piedras que usaba en sus orejas. Eran las únicas joyas que usaba, se las había dado Lilif. La seda rojo sangre de su túnica brillaba en la luz mientras se acercaba, el único toque de color en todo el cuarto. —¿Qué quieres hermano? —preguntó en voz baja, sus oscuros ojos entrecerrados con disgusto—. Estás interrumpiendo nuestra cena. —Habla conmigo en privado. —Rojo se giró sobre sus talones, sin esperar una respuesta. Sonrió petulantemente mientras los pasos resonaban detrás de él mientras hacía su camino a través de los pasillos de frías piedras blancas y entraba a un cuarto igual de blanco. La madera caoba era un duro contraste frente a todo el blanco: paredes blancas, sofás blancos, sillas blancas. Blanco, blanco, blanco. Rojo rodó sus ojos. Ya lo entendía. Sombra era sólo un nombre. Su hermano era tan obvio. Como una lectura de poesía de tercer grado. —Bueno, habla —espetó Sombra, intentando recuperar la ventaja. Rojo le disparó una mirada de aburrimiento que sabía exasperaría a su hermano. —Estoy aquí por el Seal. —Creí que estabas protegiendo esa cosa para nuestro padre.
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    134 —La cosa esun ella —respondió calmadamente Rojo, aunque sentía de todo menos eso—. Cuando era una cosa, ¿quién estaba ahí? ¿Cuándo nuestro padre se lo otorgó por primera vez a Salomón? ¿Quién más estaba allí? —¿Por qué me preguntas? Tú estuviste ahí. Intentando ahogar su frustración, Rojo suspiró. —No, hermano, no estuve ahí. Eso me dice mucho de tu respuesta, ni siquiera puedes recordar mi ausencia. Sombra frunció el ceño por su condescendencia. —¿Dónde estabas entonces? —Estaba guiando al asirio Adad-Nirari II hacia su nuevo imperio. Creo que estábamos luchando contra Babilonia en aquel entonces. Me perdí toda la cosa del Seal de Salomón por ello —siseó Rojo con frustración, deseando no haber hecho tan buen trabajo en liderar esa guerra. Si hubiera dejado que el Jinn Ramshi, quien estaba guiando a todos los otros estados en su grave situación contra Asiria, ganara, podría haber estado junto a su familia observando esos históricos e importantes eventos. —Aah. —Sombra sonrió—. Bueno, no estaba al tanto de nada aparte de Blanco. Tan pronto como padre produjo ese maldito Seal, Blanco salió detrás de este. Tal vez deberías dirigir estas preguntas a él. —Creo que ambos sabemos lo poco fructífero que eso sería. —Creo, tal vez, que estás atascado entonces. Voy a… Moviéndose a través del aire al igual que el viento en sí, Rojo agarró a Sombra por el cuello y lo presionó contra la puerta antes de que Sombra siquiera terminara la oración. Él agarró la mano de Rojo, arreglándoselas para evitar que le quitara el oxígeno, pero no logrando librarse de él. Sus poderes se cancelaban el uno al otro. —Dime quien más estuvo ahí —demandó Rojo en una baja y peligrosa voz. Sombra asintió lentamente y Rojo retrocedió, dejándolo ir cuidadosamente. Sombra se encogió en sus túnicas, mirando a Rojo.
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    135 —No hay necesidadde usar la violencia hermano. Hay alguien más que podría saber algo. —Si dices Asmodeus podría matarte. Sombra sonrió. —No exactamente. No. Él era de los favoritos de padre en esos tiempos. Creo que su nombre era Kadeen. El reconocimiento se encendió de inmediato y los recuerdos se reprodujeron detrás de él. Kadeen había sido unos de los confidentes de Azazil por siglos. Era unos de los Marid más viejo en su mundo. Pero… Rojo frunció el ceño. —Kadeen se fue a aislamiento hace siglos. —Oh, así lo hizo. —Sonrió Sombra, disfrutando del aumento de la frustración de Rojo—. Cansado de los métodos reales sin duda. Ahí tienes tu respuesta hermano. Tal vez él sea de ayuda… si lo encuentras. —Lo tomaré como que no conoces su paradero. —No. No realmente. ¿Me vas a decir de qué se trata todo esto? Rojo se burló del hermano por el cual nunca había sentido mucho respeto. Por muchas razones. —No me gustaría arrastrarte a todo esto y sacarte de tu cómoda posición de no hacer nada. Frunciéndole el ceño como un niño petulante, Sombra aspiró. —Blanco no ha pedido mi ayuda. No he oído de él desde que le dije que sabía sobre Ari. Me dijo que me sentara y esperara. ¿Qué otra cosa se supone que haga? Preparándose para retroceder en el Peripatos, Rojo se encogió de hombros como si no le interesara. —Por qué no, por una vez, dejas de actuar como un perro faldero y actúas como un rey en todo tu derecho.
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    136  Usaré Tu Amorcomo un Molde Para Hacer una Daga Traducido por Violette, karliie_j & Florciscuchis Corregido por Clau12345 lla se sentía desesperada. El tiempo se estaba agotando y tenía que hacer esto. Lilif enroscó su mano con más fuerza alrededor del Jinn menor. No era más que un joven. Apuesto, inteligente, encantador. Había algo sobre él, algo que atraía a la gente. Tamir. Hermoso Tamir. Y su hijo, el amante del rey Cristal. Él permaneció rígido en contra de ella, sabiendo que podía destriparlo en cuestión de segundos si así lo deseaba. Que eso tuvo que llegar a esto, teniendo que extinguir a los niños que tanto amaba. Y Cristal, él siempre tuvo que ser su favorito con su cabello azul oscuro, que hacia juego con la profundidad de su lealtad y fuerza. Lilif lloró lágrimas internamente mientras empujaba a Tamir a través de las puertas dobles, sorprendiendo a su hijo, quien se dio la vuelta, con su largo cabello llamativo a la luz de las velas, coincidiendo con su expresión impresionada. Sus ojos entrecerrados mientras él se percataba del oscuro semblante nublado de ella y su agarre sobre Tamir. —Madre, ¿qué está ocurriendo? —Él dio un paso tentativo hacia ellos, su mandíbula apretada con tensión mientras sus ojos se encontraban con los de Tamir. Cristal nunca había amado a nadie de la manera en que él amaba a Tamir. Un jirón de celos sopló a través del corazón de Lilif. —Traje tu amor como garantía, mi querido. —Entonces las sospechas de Rojo son ciertas. Buscas matarnos, para destruir el equilibro, destruyendo a tus propios hijos —susurró Cristal con voz ronca, la desesperación en sus ojos tornándose repugnancia. Eso sólo la hizo apretar más duro a Tamir con su magia y él dejó escapar un gruñido. Cristal se lanzó hacia ellos con un grito gutural y Lilif se movió como el viento hasta que tuvo a Tamir en el lado opuesto de la habitación. E
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    137 Ella sonrió dulcementea su hijo, escondiendo su dolor. —Tengo que cambiar todo. Demasiado se ha perdido bajo esta regla, necesito algo… nuevo. Mi dolor por una nueva vida para los Jinn. —Has vivido demasiado, Madre. Esa es tu única enfermedad. Su sonrisa se transformó a un ceño fruncido malicioso y alcanzó la barbilla de Tamir, inclinando su apuesto rostro hacia el suyo, para poder estudiarlo. Él se negó a encontrarse con sus ojos, sus puños cerrados con furia ante su propia impotencia. —Él es hermoso, hijo mío. Puedo ver porque te tiene tan cautivado. —Sus dedos se enterraron en su piel, sacando sangre, haciéndole estremecerse—. Terminare su vida si no me entregas tu esencia voluntariamente. —Te has vuelto loca —escupió Cristal, pero ella podía escuchar la desesperación en sus palabras. Sus ojos brillaban ahora mientras se giraba hacia él. —Tengo que hacer esto. Por favor, perdóname por buscarte primero, mi amor, pero temo que esto será lo más difícil de todo… destruir a mi Cristal. Mi hermoso Cristal. Debo hacer esto primero. Esto debe ser terminado primero. —Madre, por favor… —No puedo ser razonable con esto. Sólo dame tu esencia y liberaré a Tamir. Me aseguraré de que no sufra ningún daño. Trataré de salvarlo cuando El Después venga por nosotros. Como alguien que necesitaba ser querida por todo el mundo, Lilif observó con dolorosa envidia como Cristal dirigía su mirada hacia Tamir. Un profundo amor por el Jinn menor vivía en Cristal para ser visto por todos y Lilif pudo ver el momento en que Tamir se dio cuenta de lo que la profundidad de ese amor significaba. Él empezó a luchar en los brazos de Lilif.
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    138 —¡No, Cristal, no!—gritó—. ¿Qué es mi vida sin ti? ¡No hagas esto! ¡No valgo las consecuencias! —Tú eres todo lo que vale la pena —susurró Cristal roncamente. Él se giró hacia su madre, viéndose entumecido, pero resignado—. Si lo dejas ir, me iré contigo. Lo más cercano que Lilif había estado de amar a alguien tanto, fue su amor por su gemelo, Asmodeus. Ella creía que haría cualquier cosa por él…. ¿pero morir por él? ¿Era capaz de tal amor? Una amarga incapacidad para entender a su hijo, torció la boca de Lilif en una mueca de desprecio. —Mi querido hijo, cuando amas, tu amor es tan profundo. Si no lo hubiera usado en contra tuya, tu padre o tus hermanos sin duda lo harían eventualmente. —No este hermano —gruñó Rojo furiosamente mientras irrumpía en la habitación, el aire alrededor de él crepitando peligrosamente. En sincronía, como los dos hermanos siempre lo habían hecho, Rojo y Cristal se volvieron hacia ella y Lilif sintió el apretón de acero de sus poderes combinados atando su cuerpo. Ella gritó de rabia mientras Tamir tropezaba lejos de ella. —No lo tendrás —proclamó Rojo. Dolor y rabia fueron solo dos de la infinidad de emociones en sus sobrenaturales ojos azules. Éste, pensó Lilif con odio, saltando lejos de la unión de forma lenta pero segura, éste siempre había sido manipulado fácilmente por Azazil. —Tonto —escupió hacia él—. La lealtad no es una moneda que puedas darte el lujo de usar. Rojo curvó un labio con disgusto hacia ella. —Entonces deberé ser siempre un pobre para un rey, madre. Ira impotente la hizo reaccionar más rápidamente contra ellos y Rojo y Cristal lucharon para sujetarla. Pero aun así, el miedo de que no pudiera ser capaz de ganar contra ellos dos, la llenó. Con un chillido de furia,
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    139 rompió su unióny se abalanzó sobre Tamir. El crujido de su cuello quebrándose, el sonido del fin de su vida, se hizo eco por toda la habitación. El profundo grito de dolor de Cristal siguió sus pasos. Lilif retrocedió un paso hacia los Peripatos antes de que Cristal pudiera tomar su venganza. —… Ari, vamos, despierta —Una voz profunda retumbó en su oído. Ella se restregó profundamente en la suave almohada, encorvando los hombros, para que así, rozara su oído donde el aliento le había cosquilleado—. Michael quiere verte en su oficina. Ari gimió y se dio la vuelta, sus ojos se entrecerraron en el rostro de Jai. Él estaba asegurado sobre ella, sus manos en cada lado de la cabeza. Su precioso rostro afeitado y sus brillantes ojos cerniéndose a centímetros sobre ella. —Me despertaste de un sueño. Creo que fui realmente Lilif en este. Las cejas de Jai se juntaron. —¿Sobre qué era? —Era su recuerdo de cuando trató de matar a Cristal. De tomar su esencia —murmuró, aún un poco adormilada. Una tristeza hizo eco en su pecho por el rey Jinn que nunca había conocido. Él era tan extraordinario como Rojo, con su cabello azul claro y ojos a juego. Si sus sueños fueran recuerdos reales, Lilif había matado al hombre que Cristal amó. —Ella mató a su amante cuando Rojo y Cristal no le permitieron tomar su esencia. —Suena como algo que El Rey Blanco podría hacer. —Hmm. —Ari estuvo de acuerdo, tratando de olvidar que estaba relacionada con esos seres rencorosos—. No es que no sea agradable ser despertada por ti, ¿pero por qué la llamada tan temprano?
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    140 Él sonrió sombríamentehacia ella mientras se alejaba para sentarse en la cama. —Michael quiere verte en su oficina. Su corazón dio un pequeño salto cuando las palabras finalmente la despertaron. Si Michael quería verla, eso podría significar que estaba lista para sus asignaciones. Con un pequeño arranque de energía, Ari empujó las sabanas y se deslizó pasando junto a Jai, prácticamente corriendo al interior del baño contiguo. Se lavó velozmente y cepilló sus dientes, riéndose con la boca llena de pasta de dientes mientras la puerta del baño se abría lo suficiente como para que Jai arrojara una camiseta, vaqueros y algo de ropa interior limpia. Ella trató de no pensar en él pasando por su cajón de ropa interior. No es como si él nunca la hubiera quedarse sin ella. Más o menos. Gritando un ilegible agradecimiento, Ari escupió y se vistió apresuradamente con su ropa, tomando un segundo para tirar de su largo cabello en una coleta. Cuando salió del baño, Jai estaba de pie junto a la ventana con esa mirada melancólica en su rostro, esa mirada que tenía siempre para ella. El sol de la mañana iluminó sus ojos, haciéndolos brillar como el verde cristalino del agua de un lago. Sus cejas se sumergieron en un pequeño fruncimiento y su labio inferior hizo un pequeño puchero. Su rico cabello oscuro estaba empezando a crecer en la parte superior de su cabeza y Ari no podía decidir qué le quedaba mejor… el estilo casi afeitado o este de vigorosidad juvenil. Su corazón se sentía lleno mientras lo observaba, asombrada por cómo cada nervio en su cuerpo parecía zumbar con vida en su presencia. Cómo su pecho dolía tan sólo con demasiado sentimiento. Percibiendo su estudio, Jai giró su cabeza para mirarla, el pequeño diamante en su oreja centelleando a la luz del sol. —¿Estás bien? No, estaba completamente distraída. —¿Michael realmente me necesita en este momento? —preguntó en voz baja, caminando lentamente hacia él.
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    141 El alargó elbrazo a medida que se acercaba, deslizándolo alrededor de su cintura y atrayéndola hacia su pecho. Ella sintió sus bíceps flexionándose contra ella, sintió la dureza de su pecho bajo las yemas de sus dedos y agradeció a quien sea que estuviera escuchando por darle a Jai. Al estar con él, era el único momento en el que se sentía a salvo. El único momento en el que olvidaba quien era en realidad y lo que eso significaba. Recorrió su pecho con la yema de sus dedos, desde su cuello hasta su mandíbula, Ari se estremeció cuando Jai exhaló ligeramente debido al placer provocado por su toque. Ella alzó la mirada mientras colocaba sus dedos a lo largo de su mejilla, su mirada se fundió en sus ojos y se maravilló. Ari había leído sobre momentos como ese, cuando te perdías tanto en otra persona que todo a tu alrededor desaparecía. Era real. Todo lo que era irrelevante para ella se volvió borroso e irreal. La llamada de Michael se fue con la briza. Se acercaron el uno al otro en busca de un beso. —¿Qué estás haciéndome? —susurró Jai cerca de sus labios, sin esperar una respuesta, antes de besarla. Sus bocas se rozaron suavemente una contra la otra, emitiendo un suave cosquilleo tortuoso. Y justo cuando Ari estaba a punto de ceder ante su impaciencia, Jai la golpeó con ella, sus manos acunando su rostro más cerca mientras profundizaba el beso, sus lenguas tocándose y enviando ráfagas de placer apresurándose a través de ella. Él sabía de nuevo a pasta de dientes, o era ella, Ari no sabría decirlo. No importaba. Él sabía divino. Queriéndolo más cerca, Ari deslizó un brazo alrededor de su espalda, jalando su camisa para que sus manos se escabulleran debajo de ella. Su piel se sentía sedosa y dura, sus dedos haciendo cosquillas en su espalda baja, Jai gimió y tensó su agarre en su nuca, sus besos más largos y profundos ahora, Ari jadeaba en busca de aire. Si un Jinn no podía sentir el calor, ¿cómo podía ella sentir que ambos estaban en llamas? Tan abruptamente como el beso se profundizó, Jai la apartó hasta que ella retrocedió tambaleante. Sus jadeos llenaban el silencio de la habitación y Ari lo miró con los ojos muy abiertos, sus labios inflamados. —Te detuviste. De nuevo. Él asintió y después sacudió la cabeza, sonriendo con pesar.
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    142 —Creo que Michaeltiene un trabajo para ti. Será mejor que vayamos a verlo. El entusiasmo nervioso inundó su estómago y Ari no podía decir si era por lo que había pasado o por lo que iba a pasar. —Eso es bueno, ¿no? ¿Que él tenga un trabajo para mí? —Su novio/guardián inmediatamente volvió a su modo melancólico—. Hmm. Ahh, él se sentía un poco sobreprotector esta mañana. Reconfortada por el pensamiento, Ari se estiró para darle un rápido beso en los labios. Ella sonrío. —Estaré bien. Él la estudió por un momento y ella se preguntó qué era lo que realmente pasaba detrás de esos hermosos ojos. —Lo sé —respondió finalmente. No muy segura de si lo decía en serio, Ari suspiró y empezó a dirigirse a la puerta. Un repentino jalón de su muñeca hizo que un jadeo escapara de sus labios, un jadeo que casi inmediatamente fue tragado por la boca de Jai mientras la atraía de nuevo a sus brazos. Su beso fue más rudo, más duro y más desesperado, sus manos hirviendo contra su cintura a medida que la atraía tan cerca de él como le era posible. Sintiendo la necesidad de tranquilizarlo, aunque no estaba segura de porqué, Ari envolvió sus brazos alrededor de su cuello y se sumergió en su beso, adaptándose a él en vez de tratar de calmarlo. Su peso lo empujó de espaldas hacia la pared y él gimió dentro de su boca. Eso nunca dejaría de ser ardiente, Ari se estremeció. Su estremecimiento lo encendiéndolo de nuevo, sus manos deslizándose hacia abajo, a la parte trasera de sus muslos. Su agarre se volvió fuerte y Ari dejó salir otro gemido de sorpresa cuando él la levantó, permitiéndole rodear su cintura con sus piernas mientras que con un sólo movimiento giró para que la espalda de Ari quedara contra la pared. Jai con su boca, dejó un rastro de ardientes besos por todo su cuello y Ari dejó caer su cabeza hacia atrás, sus pensamientos confusos, su sinapsis hecha trizas. Solo estaban él y la sensación de sus fuertes manos bajo su blusa, buscando el broche de su sostén.
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    143 Un fuerte golpedetrás de ellos detuvo las manos de Jai quien gruñó de frustración, poniendo su cabeza sobre su pecho. —Déjame adivinar… —susurró con voz ronca. Ari acarició su cabello, sus dedos temblando por la adrenalina que bombeaba por todo su cuerpo. Ella le echó un vistazo a la pantalla de la lámpara destrozada y la pila de libros que habían estado sobre su mesa de noche pero que ahora estaban tirados por todo el piso. El zumbido de la energía de la señorita Maggie rompió la bruma de deseo. —… la señorita Maggie —terminó por él suavemente. La sobreprotectora señorita Maggie. Ari empezaba a pensar que el Ifrit había sido una monja en otra vida. Con su cuerpo ahora tenso, Jai se separó de ella y Ari lentamente desenredó sus piernas de su cintura. Gentilmente la ayudó a ponerse de pie, sus ojos entrecerrados mientras trataba de poner el cabello de Ari en su lugar. Sus dedos permanecieron en su mejilla antes de acariciar el camino hacia su boca. Su pulgar capturó su labio inferior y su mirada se oscureció nuevamente. Otro escalofrío recorrió la columna de Ari. Despejándose a sí mismo, Jai se apartó, metiendo sus manos dentro de los bolsillos de sus pantalones. —Justo cuando estaba empezando a gustarme el  poltergeist. Ari resopló y lo consoló frotando su mano sobre su brazo mientras pasaba a su lado. —Hablaré con ella acerca de la privacidad —prometió. Él gruñó al escuchar eso y la siguió afuera. —Tal vez mientras estás en eso deberías decirle “oh por cierto, ¿quién diablos eres?” Fallon la miraba de manera extraña y Ari se preguntó por un segundo si tal vez Jai no le había acomodado bien el cabello o si sus labios todavía
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    144 estaban inflamados. Searregló el cabello y miró a Michael que estaba sentado detrás de su escritorio, mirando sobre su hija quien tenía su trasero sobre éste, bloqueándole la vista. —Fallon, siéntate en la silla. —Él hizo un gesto cansado hacia la silla. Con movimientos fluidos, Fallon se bajó del escritorio y se sentó en la silla con una irritante sonrisa de suficiencia. Ari estrechó sus ojos hacia ella. ¿Lo sabía? Con un rubor inevitable, Ari mantuvo su mirada deliberadamente apartada de Jai. —Te tengo una misión. —Michael fue directo al punto. Ari dio un paso hacia adelante, mariposas cosquilleando sobre los nerviosos duendecillos dentro de su estómago. —¿De verdad? —Una verdadera misión. Cazar a un Jinn, en vez de ellos cazándola a ella. Genial. —Preparatoria Emmett Bradford en Midland, Connecticut —Michael empujó unos papeles hacia ella y Fallon y Ari tomó sus papeles con un entusiasmo que no pudo esconder. Leyó el reporte mientras Michael explicaba—, el último semestre hubo una serie de sucesos extraños en esa preparatoria. Sólo falta una semana para el nuevo semestre y ya ha habido un incidente. Ari escaneó los papeles enfrente de ella. La semana pasada un estudiante ganó la lotería. No sonaba tan alocado, excepto que el último semestre cuatro estudiantes desaparecieron, tres se dieron de baja por inusuales problemas médicos, una vagina donde previamente había estado un pene durante dieciséis años, por ejemplo, y un joven maestro de historia que había tenido un amorío con una estudiante y después ella lo mató cuando trató de terminar con la relación. Ari le pasó el reporte a Jai y lo leyó rápidamente, su expresión oscureciéndose al instante. Él miró a Michael, sus ojos como de acero. —¿Piensas que un Marid anda por ahí concediendo deseos? Michael asintió.
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    145 —Necesitamos identificarlo paraque podamos seguirlo, asegurarnos de arruinar su diversión cuando ataque en un lugar público. Quiero que Fallon y Ari se hagan pasar por estudiantes y vean si pueden sentir la energía del Jinn. —Él hojeó su copia del reporte—. Han ingresado dos estudiantes nuevos en los últimos seis meses y un nuevo consejero. Hace las cosas un poco más fáciles para nosotros el que los dos estudiantes son de tercer año. Las inscribí a ambas en la preparatoria Emmett Brandford. Michael asintió hacia Fallon y después hacia Ari. —Van a hacer de estudiantes de tercer año, su horario está dividido para que cada una de ustedes pueda llegar a conocer a los dos estudiantes nuevos. Y como agregado, dado que también ustedes son estudiantes nuevas, pueden visitar al nuevo consejero. Jai dio un paso hacia delante antes de que Ari se pudiera empezar a quejar de lo simple que era su primera misión. —Si esto es un Marid, debería estar dentro de la misión —dijo a través de sus dientes apretados. Ari pestañó. Ella sabía que los Marid eran difíciles, pero entre ella y Fallon lo iban a poder manejar. ¿No? Un diablillo en su estómago mordió una de las mariposas. La mirada en respuesta de Michael indicaba que estaba pensando. Finalmente suspiró. —Está bien, puedes ser el novio mayor celoso de Ari que la visita en el almuerzo. —Las mejillas de Ari se enrojecieron, mientras que Fallon se reía. Cuando miró a Jai, se dio cuenta de que él se había tensado. —¿No me puedes meter dentro de la escuela? —No. Primero tienes un vibra alta de energía, y segundo todo tu ser grita “Guardián Jinn”. Al visitar a Ari en el almuerzo puedes mantenerte al tanto de las cosas de la escuela sin levantar sospechas. —Miró a Ari como si no acabara de decir algo muy cercano a la verdad acerca de la relación entre ella y Jai de lo que siquiera sabía y dijo—: Tú y Fallon son medio hermanas. Marissa y Bela Ribisi.
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    146 Fallon gruñó yle pegó una patada a un sillón. —Genial, no solo tengo que volver a la escuela, que por cierto apestó la primera vez que fui, sino que ahora me voy a tener que aguantar brillantes bromas de vampiros todos los días. Michael frunció el ceño. —No lo entiendo. —No eres el único —dijo Jai, mirando a Fallon confundido. —No te preocupes sexy, es una referencia de la cultura pop. No la entenderías. —Fallon. —Michael suspiró profundamente—. Por favor, deja de llamar al Sr. Bitar con nombres inapropiados. —Una verdad inapropiada. —Fallon le guiñó un ojo a Jai y Ari sintió el ardor de los celos subiéndole por el pecho. Oh Dios. ¿Quién era el celoso ahora? —¿Cuándo empezamos? —dijo, interponiéndose entre Fallon y Jai. Dándole el horario de clases, Michael dijo: —Mañana, quiero terminar esto lo más rápido posible, ya que su apariencia va a alertar al Jinn que estamos buscando. Tenemos la esperanza de que piense que las dos son Jinn menos poderosas, pero si es lo suficientemente poderoso, no cometerá ese error, especialmente si puede sentir la fuerza de tu energía Jinn, Ari. Voy a enviar un equipo ustedes para que cuide sus espaldas. Si estaba esperando que abandonara la misión, se iba a decepcionar. Ari podría llegar a estar completamente nerviosa y bien, tal vez no completamente preparada, pero quería hacer esto. Aún tenía recuerdos de como se había sentido al estar tan adormecida e indefensa bajo el Harmal que Dalí le había dado. Ari no tenía ninguna intención de volver a sentirse así. Michael carraspeó, sintiéndose incómodo de repente.
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    147 —¿Me preguntaba sipodrías utilizar tu don especial, Jai? Ari frunció el ceño mientras Jai se tensaba, ¿Qué don especial? —¿En quién? —preguntó Jai suavemente. ¿Por qué parecía que Michael quería salir corriendo por la puerta? —Bueno, según lo que entiendo, Ari ya tiene el rastreador. Sería una buena precaución si Fallon también lo tuviera también. De esa manera si algo pasa… —La puedo rastrear —terminó Jai, asintiendo al entender. Ahora Ari también lo entendía y su estómago acababa de dar un gran giro. Michael quería que Jai besara a Fallon así la podría rastrear si desaparecía durante la misión. Sintió como los celos enrojecían sus mejillas cuando Fallon, quién también lo había entendido, dio un paso hacia Jai. —¿Ahora? —preguntó casualmente, mirando entre su padre y Jai. Una mano fea y arrugada salió del pecho de Ari, ahogándola, su enojo con toda la situación la estaba quemando por dentro, obligándola a pararse, a hacer algo. Ordénales que no lo hagan, le susurró una voz cuando Jai le lanzó una mirada a escondidas a Ari, la forma tensa de sus hombros le indicaba que se sentía más que un poquito incómodo. Poder corría por los dedos de Ari cuando le dio sentido a esas palabras. No quería que Jai besara a otras chicas. Le debería decir que no lo hiciera. Era su derecho. Jai le pertenecía a ella. Sus labios le pertenecían a ella. Miró a Fallon y pensó que obligarla a no respirar sería una mejor decisión. Dejaría de respirar y moriría, así no tendría que volver a preocuparse con esto. Horror y sorpresa atravesaron la mente de Ari, haciendo que contuviera un grito ahogado. Tenía que salir de allí. Ahora. El Seal. Era la primera vez que pasaba en semanas. Había empezado a pensar que eso significaba que lo tenía controlado. Obviamente estaba equivocada. Ari empezó a temblar con miedo mientras empujaba esa mano turbia dentro de su pecho, hasta que se apretó en un puño doloroso.
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    148 No desapareció porcompleto. Pero por lo menos se había callado. Ari sabía que de todas formas, no podría ver como Jai y Fallon se besaban. Sabía que era sólo un estúpido besito, pero el idiota tenía que usar lengua y ella no quería ver eso. Así fuera sólo porque el Seal podría aparecer otra vez. —Yo simplemente saldré. —Yo también —dijo Michael rápidamente y la siguió fuera de la habitación. Por suerte, Jai y Fallon salieron sólo unos segundos después, pero Ari no podía mirar a ninguno de los dos a la cara. La lengua de su novio acababa de estar en la boca de otra persona. Y casi había matado a esa persona por eso. —Le voy a decir a Charlie que nos estamos yendo. ¿Te quieres despedir de Trey? —preguntó Fallon, sus ojos desorbitados, como si buscaran a alguien mientras le dirigía la pregunta a Ari. Ari asintió, seguía sin poder mirarla a los ojos después de lo que el Seal le acaba de hacer pensar. —Seguro. Mientras comenzaba a seguir a Fallon, sintió como Jai se deslizaba a su lado, acariciando sus dedos deliberadamente con los de él. ¿Sabes cuánto odio hacer eso? La voz de Jai penetró la mente horrorizada de Ari. ¿Qué? ¿Besar chicas lindas?, preguntó distraída. ¿Debería decirle a Jai? No, solo se preocuparía. Ella podía dominar al Seal. Sólo tendría que seguir haciendo lo que hizo antes. Tener que besar a chicas, quiera o no. Siempre lo pensé como parte del trabajo. Pero ahora, no puedo pensar lo mismo, porque no me gusta hacerte eso. Es parte de tu trabajo, Jai. Lo entiendo. Me lo hiciste a mí también.
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    149 ¿Entonces por quéno puedes mirarme? Ari suspiró mientras salían de la casa, siguiendo silenciosamente a Fallon que se estaba dirigiendo a la casa de Jack. Tenía que mentir. No le podía decir la verdad. Porque verás mis celos irracionales en mis ojos y vas a pensar que soy una loca. Su risa suave resonó en su cabeza y sonrió con el hermoso sonido. Ari, me sentiría igual, si hubieras sido tú con cualquier otro chico. Respirando profundamente, Ari forzó una sonrisa y finalmente lo miró. Lo sé. Estamos bien. Quiero besarte. Ari sonrió, sintiéndose un poco mejor. Pronto.
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    150  A veces elencender la luz sólo vuelve real la pesadilla Traducido por kris sc15, Paaau y Miranda. Corregido por Micca.F abía llegado a esto. Forzado a seguir las órdenes de otro con el fin de conseguir lo que quería. Rabir, su siervo más leal, lo miraba sin comprender. No había juicio, ni aceptación. Así como debía ser. Pero Blanco se estaba juzgando a sí mismo. Habían pasado semanas. Semanas de redactar nuevos planes para coaccionar a Ari para que fuera al Monte Qaf, se quedara a su lado y lo ayudara a tomar lo que necesitaba. Pero todos los planes terminaban con alguien inocente haciéndose daño o él resultando ser de poca confianza. Maldita sea su hija y su moral. Honor, Blanco lo entendía. ¿Pero moral? Así que él estaba haciendo lo único que Ari le había pedido como un signo de fe. Con un suspiro de remordimiento de que el castigo de Sala terminara tan pronto, Blanco dejó que su magia alrededor del florero púrpura en su dormitorio muriera con una muerte silenciosa. Cuando ella no apareció inmediatamente, él cerró una mano en un puño sobre la boca de la botella y tiró. El humo manó de la botella y en una silueta al lado de ella. Poco a poco se evaporó, dejando una Ifrit debilitada balanceándose delante de él. Hielo inundó las venas de Blanco mientras sus pálidos ojos azules le pedían misericordia. Ojos azules. No los ojos de un color cambiante. H
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    151 Tampoco la carade una gran belleza. ¡No Sala! El hielo se cristalizó en rabia, y con esa furia él envió una explosión impulsiva de energía hacia este extraño, este Ifrit que había sustituido a su prisionera. Ella puso sus ojos en blanco, la sangre goteando de su nariz y orejas. Su cuerpo delgado difícilmente impacto al chocar contra el suelo. El sabor de la esencia de Sala se estaba desvaneciendo ahora que la botella había sido abierta. Desvaneciéndose... mientras volvía a ella, dondequiera que estuviera. ¿Cómo lo había hecho? ¿Cómo había escapado de él? —¿Maestro? —Incluso Rabir estaba con los ojos abiertos. Castigo endurecía sus facciones cuando se volvió a su criado con un solo nombre. —Ari. —He escuchado noticias de mi contacto en el Gremio Braemar —dijo Jack tan pronto como Charlie entró en la gran extensión de la parte posterior de su casa que se había convertido en una especie de escuela para Charlie. Sólo segundos antes, él había estado sintiéndose cansado y abrumado. Ahora, su corazón se aceleraba, su adrenalina bombeaba. Jack había estado buscando al Gremio que podría haber estado siguiendo al Labartu que había matado a Mikey. Le tomó un par de semanas encontrar cualquier rastro de actividad del Gremio en y alrededor de Sandford Ridge en el momento de la muerte de Mikey. Finalmente había averiguado que el Gremio Braemar había estado en Ohio, y después de hablar con su líder, había descubierto que estaban, de hecho, persiguiendo al Labartu que había matado a Mikey. Su nombre era Akasha, y ella era una particularmente vieja y malvada perra del infierno. Para decepción de Charlie, el Gremio Braemar había perdido su pista hacía siete meses, y estaban en el medio de tratar de volver sobre su paradero. Como una
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    152 bonificación el GremioBraemar dejaría a Jack saber dónde estaba Akasha cuando la encontraran. ¿Era esto, entonces? El estómago de Charlie se revolvió ante la idea de que todo terminara. Era extraño. ¿Qué haría una vez que tuviera su venganza? ¿Qué propósito tendría él entonces? Eso era si lograba matar a Akasha y escapar del juicio. Jack negó con su cabeza. —La última pista era falsa. Les prometí un extra si ponían más hombres en ello. —Jack, no tenías que hacer eso. Jack se lo quitó de encima. —No es nada. Mientras Charlie abría su boca para protestar, Trey se paseó con una amplia sonrisa en su rostro. —Buenos días, a todos. Charlie dijo hola con un asentimiento, frunciendo el ceño mientras Jack miraba a Trey. Desde su llegada hace una semana, Trey había seguido los pasos de él y Jack. Había pasado casi cada minuto en esta habitación con ellos mientras Jack educaba a Charlie en el uso de la magia a través de talismanes, piedras preciosas y metales. Acostumbrado a actividad más física de la que estaba obteniendo, Trey hacía bromas inapropiadas todo el tiempo hasta que Jack finalmente cedió y le dejó asumir el control, enseñándole a Charlie defensa física. Aunque a Charlie le gustaba Trey, tuvo la clara sensación de que Jack tomó el camino equivocado. —Genial. Ha regresado —murmuró Jack, dándoles la espalda para abrir un armario. Comenzó a sacar los cristales que había prometido ayer mostrarle a Charlie. —Mira, necesitas parar con todo el amor —replicó Trey secamente—. Te lo dije, no me voy a ningún lado así que acostúmbrate. Retén la emoción. Jack arqueó una ceja un poco impresionado.
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    153 —No confías enmí con Charlie. —Oh, creo que no —respondió, sus ojos grises de acero iluminados con sospecha—. Creo que los dos están ocultando algo. Tratando de no moverse incómodo, Charlie se apresura a unirse a Jack para su lección de cristales. —¿Qué podríamos estar escondido? Has estado con nosotros todos los días. —Sí, y por eso sé que hacen silencio cuando entro en la habitación —Trey le sonrió a Jack, pero fue un poco amenazante—. Estoy advirtiéndote, si estás ayudándolo a hacer algo que no debería, te haré daño. Suspirando, Jack le lanzó una mirada de cansancio. —Creo que ya me diste esa nota. A la lección... por favor. Él alzó las manos, como diciendo que estaba retrocediendo, y se paró a un lado en silencio mientras Jack empezó a explicar las propiedades curativas detrás del cristal blanco. Una hora más tarde, Trey rompió una taza de porcelana con la que había estado jugueteando y recibió otra mirada mordaz de Jack. Eso fue hasta que se disculpó con tanto encanto que incluso obtuvo una sonrisa renuente de Jack. Eso los había sorprendido a ambos. Ninguno tanto como Trey que había estado encantado. Charlie tenía la sensación de que él estaba convencido de que podía hacer que cualquiera lo quisiera. Probablemente podría. El sonido de la puerta principal abriéndose y cerrándose detuvo a Jack en seco y esperaron pacientemente mientras pasos resonaban a través de la casa, cada vez más fuertes a medida que se acercaban a la extensión desordenada. Finalmente Jai, Ari y Fallon aparecieron en el umbral. Por un momento, la mirada nostálgica de Charlie se quedó en Ari. Él no había visto mucho de ella estas últimas semanas. Sus extraños ojos brillaban con vida y todo su ser parecía pulsar con la energía vibrante. Se veía encerrada en sus propios pensamientos.
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    154 Frunciendo el ceño,Charlie vio la cara pensativa de Jai y se preguntó qué estaba pasando. Jai cavilaba cuando estaba feliz y cuando estaba irritado, así que sabía que no obtendría ninguna respuesta de esa dirección. En cambio, le echó un vistazo a Fallon, atrapando sus ojos. Ella también lucía nerviosa. Él le dio una sonrisa afectuosa, sus ojos preguntando qué demonios pasaba. —Pensamos que teníamos que pasar por aquí y decir adiós —dijo Ari lentamente, mirando de Charlie a Trey—. Fallon y yo tenemos una misión en Connecticut. Jai viene con nosotras. —¿Necesitan ayuda? —Charlie y Trey ofrecieron al unísono, dando un paso hacia el trío en la puerta. Jack gruñó, levantando una ceja sarcástica. —Me siento tan amado. La risa de Charlie fue interrumpida cuando vio la mirada inquisitiva que Fallon le lanzó a Jack. Ella inclinó la cabeza, con su mirada penetrante y Jack frunció el ceño hasta que ella apartó su mirada. —¿Estás bien? —le preguntó Charlie, mirando de nuevo a Jack. Ella asintió con la cabeza cuidadosamente, y luego pareciendo hacer caso omiso de cualquier rareza que se había apoderado de ella, se puso de puntillas, dándole un breve beso en los labios. Él lo regresó, aunque todo su cuerpo se sentía tenso a medida que la incomodidad de la situación quemaba a través de él. Le lanzó una mirada a Ari, pero ella estaba ocupada dándole a Trey un abrazo de despedida y explicando que su tarea era en una escuela secundaria en Connecticut y no deberían estar fuera mucho tiempo. Fallon le había dicho que ella sabía de la relación causal que tenían. Incluso dijo que Ari estaba bien al respecto, para ser honesto, eso lo ponía furioso, teniendo en cuenta que todavía se erizaba en cualquier momento que Jai estaba demasiado cerca de Ari. Como ahora, por ejemplo. —Vamos con un equipo —les aseguró Ari, sus dedos rozando los de Jai mientras se movía.
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    155 Mientras Charlie mirabaa su guardián, Trey estaba palmeando a Jai en la espalda. —Llámame si me necesitas. —Lo haré —dijo Jai bruscamente. —Sabes que creo que él es heterosexual. —Jack le dio una mirada burlona a Trey, mirando lo cerca que estaba de Jai—. Árbol equivocado al que estás ladrando. Sorpresa, más como shock, se disparó a través de Charlie por el comentario inusual de Jack. Cuando miró alrededor vio que todos estaban un poco sorprendidos. Su tono. La forma en que lo dijo... sonaba como... no. Charlie negó con la cabeza. No importa. Trey fue el único que rió. —No te preocupes, Jack. Yo al menos sé a qué árboles ladrar. Algo estaba pasando entre Jack y Trey, y Ari quería saber qué era. Definitivamente ahí había una vibra, pensó. Su susto anterior por el Seal se había disipado mientras su preocupación se volvía hacia Charlie. ¿Trey había descubierto algo? ¿Estaba Jack ayudando a Charlie a hacer algo? Justo mientras abría su boca para preguntar bruscamente qué estaba pasando, fuego estalló en la habitación en una explosión de color y ruido. El Rey Blanco salió de las llamas, su oscura mirada cayendo sobre Ari. —¿Qué has hecho? —gruñó él, caminando lenta y violentamente hacia ella—. ¿Cómo la liberaste? —Un rayo de su magia pasó a un centímetro de Ari. Antes de que pudiera formar un pensamiento o hacer un movimiento la mano de Jai llegó hasta ella, sacándola del camino con la fuerza suficiente para mandarla volando hasta el piso. Aterrizó sobre su trasero con una mueca de dolor, las astillas del piso de madera de Jack enterrándose en sus manos mientras levantaba la mirada hasta Jai, quien había lanzado su brazo hacia atrás como si fuera a lanzar una pelota de
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    156 béisbol. Una enormebola de fuego brilló sobre su palma y la lanzó hacia Blanco con un fiero gruñido. Tomado por sorpresa, la magia de Jai golpeó a Blanco y él se tambaleó hacia atrás, haciendo una mueca mientras el fuego brillaba en él, pareciendo congelarlo en el lugar por un segundo. Tiempo suficiente para que Jai corriera hasta él, con ambas manos extendidas hacia él, su energía pulsando hacia afuera como un ariete invisible que levantó a Blanco de sus pies y lo envió a toda velocidad contra una de las vitrinas de vidrio de Jack. —¡Salgan! —Jai se giró hacia los demás, enviando a Fallon y a Charlie fuera de la habitación, Trey andando a zancadas tras ellos, sus ojos fijos en Blanco hasta que estuvieron fuera. Ari se levantó mientras Blanco sacaba astillas de vidrio de su pecho y manos, sangre empapando sus túnicas de seda blanca. —Ari, sal de aquí. —Jai la tomó del brazo en un doloroso agarre, moviéndola hacia la salida. Él le envió una mirada a Jack quien estaba de pie, mirando siniestramente a Blanco. —¡Tú también, Jack! La puerta se cerró con un golpe mientras Blanco se levantaba, rozando una brillante pieza de vidrio. Inclino su cabeza hacia Jai, quien empujó a Ari tras él. —Nadie más va a salir. Primero, tú —señaló a Jai—, vas a morir. Y luego Ari va a ser torturada dolorosamente hasta que me diga dónde está Sala y ¿cómo en el Monte Qaf, logró liberar a la perra? ¿Qué? Ari jadeó e intentó empujar a Jai lejos, pero él no se movía. —¿De qué estás hablando? —preguntó, aún empujando a Jai hasta que él tomó su muñeca, enviando un ardor de su magia a través de ella. Eso la paralizó y ella lo miró, horrorizada. Para detenerte de hacer algo estúpido, se disculpó él telepáticamente. —Entonces, ¿lo vas a negar? —preguntó suavemente Blanco, sus suaves palabras como el silbido de un volcán a punto de estallar—. ¿Niegas haber robado en mi palacio y liberado a Sala de la botella? ¿Niegas haber
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    157 colocado su esenciadentro para enmascarar el sabor de la Ifrit con la que la reemplazaste, para así engañarme al hacerme pensar que Sala aún estaba dentro? Amarillos, rojos y asombrosos dorados parpadearon en el aire cerca de Jack, quien aún estaba de pie, mirando silenciosamente. De las llamas salió el Rey Rojo y si Ari pudiera haber suspirado de alivio, lo habría hecho. —Por supuesto que Ari lo niega, hermano —respondió él como si hubiera estado ahí todo ese tiempo. Dio un paso hacia el Rey Blanco, su propia expresión igual de vacía—. Ella no tiene nada que ver. Cristal y yo reemplazamos a Sala hace años. Esta vez, Blanco no pudo enmascarar su furia. —¿Qué hiciste qué? Rojo le sonrió. Era frío. Hizo a Ari temblar y se dio cuenta que la magia de Jai se había ido. Lo pellizco en venganza y dio un paso hacia adelante. Jai tomó su mano, no usando su magia contra ella, sino que a sí mismo. Sus dedos se entrelazaron con los de ella y prácticamente la sofocó contra su costado mientras observaban y escuchaban. —¿Realmente crees que te permitiría mantener a Sala encerrada en una botella? Blanco negó con la cabeza lentamente, incrédulo. —¿Crees que una Ifrit, con los beneficios de Lilif, puede amar, Rojo? ¿Qué te ama? Ingenuo. Ingenuo que toma lo que es mío. —Ella no era tuya —argumentó Rojo suavemente. —Estaba en mi harem. Era mi sirviente. —Sí, bueno, simplemente digamos que no estaba satisfecha. Frunciendo el ceño, Blanco inclinó su cabeza. —¿Cómo lo hiciste?
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    158 —Se necesitó tantode Cristal como de mí para penetrar en tu palacio sin tu conocimiento. Encontramos a una Ifrit con una energía similar a la de Sala. La liberamos combinando nuestros poderes y nos dejó tomar una pequeña parte de su esencia. Tapamos la botella con la esencia para que cuando liberaras a la chica, una nadie, la esencia de Sala regresara a ella. Ari jadeó, incrédula. Su madre estaba libre. Estaba ahí, en alguna parte. Y Rojo la había liberado. Y no le había dicho. ¿Qué demonios estaba pasando? —La encontraré —les aseguró Blanco—, y la mataré. —Y luego miró a Ari y a Jai—. No me vengaré por tu ataque, Ginnaye, ya que estuve mal en atacar a Ari. Pero no dejaré que eso pase otra vez. ¿Entiendes? —Nunca encontrarás a Sala —susurró Rojo como si Blanco no hubiera dicho nada—. Nunca la encontrarás. No dejaré que eso pase. Algo brilló en los ojos de Blanco y luego sonrió, un destello de dientes que envió escalofríos de malestar por la columna de Ari. —Ari, ¿sabes que Rojo es quién envió al Marid a Charlie? Él es el la razón de que Charlie sea un Sorcerer. Con eso, Blanco desapareció en el Peripatos, dejando un silencio incómodo a su paso. Ari sintió los ojos de Jai en su rostro, sintió su garganta cerrarse ante el anuncio de Blanco. Miró asombrada a Rojo, a su tío en quien había llegado a confiar y negó con la cabeza, rogando silenciosamente. —Dime que está mintiendo. —No podía haberla traicionado de esa forma. No podía haber conspirado para destruir la vida de su mejor amigo. Las facciones de su tío se suavizaron hasta ser un rostro sin expresión, pero creyó ver un destello de emoción en él antes de que pudiera manejarla. ¿Qué era esta vez? ¿Conmoción por haber descubierto su traición? —¡Dime que está mintiendo! —gritó, el silencio de su tío activando el puño en su pecho. Flexionó sus dedos y comenzó a desenroscarse. Su sangre
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    159 hervía y… susurrando,susurros perversos se deslizaban por sus venas y subían hasta sus oídos. Susurros de destrucción. De mando. —No miente —respondió Rojo finalmente y luego miró a Jack. Para total desconcierto de Ari, Jack frunció el ceño. —¿Estás seguro? —preguntó Jack. —Ella ya sabe mucho. —Padre estará disgustado. —Entonces estará disgustado. —¿Qué…? —susurró Jai, tan confundido como Ari. Pero con la confusión de Ari crecía la oscuridad en ella, oscuridad que sólo disminuía por la fuerza de su curiosidad. El aire alrededor de Jack brilló. Su rostro se infló, luego se hundió antes de volver a salir, y luego volvió a romperse con un chasquido que hizo a Ari buscar equilibrio contra Jai. El oscuro cabello de Jack comenzó a crecer a una velocidad alarmante, el color cambiando, hasta que una gloriosa melena de color azul brillante colgó hasta su cintura. Sus hombros se ensancharon, su cuerpo creció unos cuantos centímetros y su camisa y jeans desaparecieron para ser reemplazados por un chaleco de cuero y pantalones. Muñecas gruesas estaban envueltas en esposas de cuero, botas de motorista reemplazando las botas de montaña. Y el rostro de Jack… se fue. Reemplazado por una belleza masculina tan deslumbrante que Ari sólo pudo jadear en admiración. —Ari… —Rojo pareció perder el habla—, este es mi hermano y tu tío… El Rey de Cristal. —¿Qué demonios? —La voz de Charlie atravesó la habitación y todos se giraron para verlo a él, Fallon y Trey de pie en la puerta, con la boca abierta con confusión. Michael estaba de pie delante de ellos como si hubiera venido a ayudar a pelear contra el Rey Blanco. Probablemente era así, sin importar lo inútil que el esfuerzo habría sido. El Gremio era increíblemente respetuoso de su Líder, porque era un Jinn pura sangre y un
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    160 cazador muy fuertedel Gremio; aunque no lo suficientemente fuerte para derrotar a un Rey Jinn. —¿Charlie? —susurró Ari con voz ronca, su cuerpo temblando ahora mientras los susurros del Seal se hacían más fuertes en sus oídos—. ¿Es cierto? ¿Rojo envió al Marid para cumplir tu deseo? Con los ojos amplios, Charlie miró a Rojo antes de responderle y eso sólo enfureció al Seal aún más. —Sí —le dijo a ella suavemente. Oscuridad tapó el interior de Ari, sintió encogerse en sí misma y poner las manos sobre sus oídos para silenciar los susurros. Pero las manos, brazos y piernas del Seal empujaban las de ella, forzándola a estar erguida. —Ari —continuó Rojo—, reemplacé a Jack con Cristal para monitorear a Charlie, para educarlo para que así tuviera una oportunidad en la lucha, pero también para ayudarlo a buscar al Labartu. —Le estoy agradecido, Ari —admitió Charlie. Ordénale al Rey Rojo ponerse de rodillas por lo que ha hecho. Ordénale a Charlie que deje de buscar venganza. ¡Ordénales a todos! ¡Son tuyos para ordenarles! Los mantendrá a salvo. Los mantendrá a todos a salvo. —Detente —susurró Ari. —¿Qué sucedió con Jack, Alteza? —preguntó Michael Roe, su fuerte voz cortando la frágil atmósfera creada por las admisiones y las traiciones. —Está muerto —respondió Rojo sin remordimientos. ¡Bastardos! Los susurros volvieron a rugir en su cabeza. ¿Cómo se atreven a tomar lo que se les antoja? ¡Incluyendo vidas inocentes! —Esto es una guerra. —La profunda, suave voz de Cristal llenó la habitación por primera vez—. Jack fue una víctima de la guerra.
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    161 Trey dio unpaso delante de Michael, no pareciendo preocupado por estar enfrentándose a un Rey Jinn. —Jack fue una víctima tuya. —¿Descubres que soy un Rey Jinn y aun así me hablas sin respeto? —Cristal entrecerró los ojos hacia Trey. —Haz algo para ganártelo. Ari apenas era consciente de la misteriosa sonrisa de Cristal. Su mente estaba muy saturada, muy saturada de todo. Sus propios pensamientos empujaban y empujaban a través del vello, tratando por lo menos tomar el control de eso, incluso si el Seal había ganado el control sobre su cuerpo. —¿Y mi madre? —preguntó, aturdida, no siendo capaz de mirar a los ojos a nadie—. ¿Sala? ¿Dónde está? Un zumbido de energía llamó su atención mientras se movía cerca de su lado izquierdo. Ari giró la cabeza para mirar fijamente al espacio, la confusión haciéndola sentir enferma y trastornada, como si acabara de bajar de una montaña rusa muy rápida. —¿Srta. Maggie? —susurró. Y allí… donde había sentido la energía de la Ifrit, el aire tembló hasta que una figura empezó a convertirse en humana justo delante de sus ojos. Con la boca abierta por la impresión, Ari miró hacia una hermosa mujer con largo, rico cabello oscuro como ella misma y ojos… como los suyos… pero eran mayores… eran ojos de mil noches, ojos que habían hecho el amor a cada espectro de color que este reino y los otros tenían para ofrecer. —Sala —gruñó Rojo mientras atravesaba la sala hacia ellos—. No deberías estar aquí. Blanco podría regresar. Ignorando a Rojo, Sala caminó hacia Ari, sus ojos llenos de lágrimas mientras levantaba su mano para tocar la cara de su hija. —Te explicaré todo tan pronto como pueda, pero Rojo tiene razón. Tengo que irme. Para poder protegerte tengo que irme. Pero quiero que sepas… que siempre estaré cuidándote. —Sus delgados pero sorprendentemente
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    162 fuertes brazos tiraronde Ari en un abrazo y se derritió contra ella por la sorpresa, un poco de oscuridad deslizándose de nuevo hacia abajo. Sala olía a flores silvestres y miel—. Te quiero mi querida niña. Siempre te he querido. —Dejó ir a Ari tan rápido como la había agarrado y con una triste sonrisa, desapareció en el Peripatos. —Ari. —De repente Rojo estuvo delante de ella, y todo el mundo estaba murmurando con sorpresa y conmoción, haciendo preguntas y provocando que la oscuridad que Sala había apartado, creciera y se extendiera dentro de ella. Acababa de conocer a su madre. Su verdadera madre. Y le había dicho que la amaba—. Ari —repitió Rojo—. Sala no tiene nada que ver con mi padre o la Guerra. De lo único que se preocupa es de protegerte. Intentamos liberarla justo antes de tu cumpleaños número dieciséis. Se marchó para estar contigo y te ha vigilado desde entonces. Cuando Blanco finalmente descubrió tu paradero y usó a Rabir para traerte al Monte Qaf a través de un deseo para ver a tu madre, el deseo estaba manteniéndote en tu casa con la Srta. Maggie. Yo solo traté de reformular el deseo a tiempo, o mi hermano habría sabido que Sala no estaba. Y ahora lo hace. Está en gran peligro. Ari apenas estaba escuchando. Podía sentir la mano de Jai en su hombro, pero el Seal no le dejaba sentirla. Quería atacar. Podía imaginarse mandándolos a todos al infierno por sus mentiras y traiciones. Paredes de rojo sangre. Paredes goteando sangre. Algo rió con placer dentro de ella. ¡No! Luchó por aire y se apartó de Jai, alejándose de Rojo mientras luchaba por pensar, sus palabras cuidadosas de no ordenar mientras caían de sus labios entumecidos. —Creo… creo que mejor dan un paso atrás. Creo que mejor se marchan… antes de que haga algo que lamente. —Maldita sea. —Oyó susurrar a Rojo con voz ronca—. El Seal la tiene en sus garras. —¿Qué hago? —preguntó Jai, su voz llena de preocupación. —¡No, no la toques! —gritó Rojo como una orden hacia alguien—. Voy a tener que noquearla.
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    163 —¡No! —gritó ella.No, no ella. Era el Seal gritando. Abrió la boca para ordenar y de repente se congeló, sus oscuras extremidades secándose mientras manchas negras cubrían sus ojos y la habitación empezaba a inclinarse. Jai miró a Ari, mirando el lento subir y bajar de su pecho. Después de que Rojo usara su poder para noquearla, Jai la había llevado a una de las habitaciones del piso de arriba de la casa de Jack, bueno, la que una vez había sido la casa de Jack. Era raro pensar que realmente nunca hubiera llegado a conocer del todo a Jack. Que sólo se habían visto antes de que los reyes Rojo y Cristal lo hubieran matado. Eran malvados e inflexibles hijos de puta. Jai podía sentir sus poderosas energías al otro lado de la puerta, donde estaban esperando con Fallon, Charlie, Trey y Michael. Había insistido en ser el único en sentarse con Ari hasta que despertara, a pesar de las advertencias de Rojo de que el Seal todavía podría tenerla en sus garras. Agarrando su mano, se preguntó cómo estaría cuando recuperara la consciencia. Mucho había pasado. Descubrir sobre su madre, Sala, quien en realidad había sido la Srta. Maggie todo el tiempo, aunque tenía sentido ahora el por qué sus sesiones de besuqueo eran interrumpidas por ella, y descubrir que Rojo la había traicionado desde el principio. Había cruzado por la mente de Jai más de una vez que Rojo estaba detrás del deseo de Charlie. Estaba bastante seguro que también había cruzado por la mente de Ari, pero ahora lo había confirmado. Ella había estado empezando a confiar en Rojo. Ambos lo habían hecho. Ambos necesitaban confiar en él. Y el bastardo había ido y arruinado todo. Las pestañas de Ari se agitaron y él apretó su mano. Hizo un pequeño gemido antes de que sus ojos se abrieran de golpe. —Jai —susurró y cuando giró su cabeza en la almohada para encontrar su mirada, Jai se hundió con alivio. Era Ari. Simplemente Ari. —Hola —susurró—. ¿Cómo te sientes?
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    164 —Un poco mareada.—Se puso en una posición sentada, su silencio espeso en la habitación. Finalmente lo miró de nuevo, sus extraordinarios ojos con un extraño color azul dorado—. ¿Todavía está aquí? ¿Rojo? Jai asintió. —No confío más en él, Jai. No lo quiero aquí. —Es un Rey Jinn, Ari. Se irá cuando quiera. Su labio inferior tembló un poco y sintió su dolor como un puñetazo en el estómago. ¿Así se sentía el preocuparse por alguien? ¿Sentir el dolor como si fuera propio? Moviéndose hacia la cama, envolvió un brazo alrededor de sus hombros y la empujó contra su costado. Ella descansó la mano en su pecho, su mano sobre su corazón. —El Seal me petrifica, Jai. Eso fue malo. Eso fue muy malo. Era peor que malo. La oscuridad en el interior de ella lo hacía sentirse perdido, desesperado, pero no podía dejar que ella supiera eso. Lo necesitaba para esto. —Haremos lo que dije antes. Usaremos cualquier truco que podamos para despertar el Seal y te entrenaremos para vencerlo. —Eso es muy arriesgado. ¿Qué si no puedo controlarlo? Justo como entonces, Jai, si Rojo no me hubiera noqueado… —Entonces te noquearé yo —murmuró con una sonrisa en su voz—, antes de que puedas hacer cualquier daño. Pero vamos a sacarte de esta. —¿Me va a retirar Michael de la misión? —No —respondió sin pensarlo. Incluso aunque Michael quisiera, Jai no le iba a dejar. Ella había pasado por mucho… necesitaba algo a lo que agarrarse y ese algo para ella era cazar. Era una forma de control para ella. La hacía sentir menos como un blanco fácil y nadie le iba a quitar eso, especialmente ahora—. Aún nos dirigiremos si te sientes dispuesta a hacerlo. —Sí, sí lo hago. —Ari levantó su cabeza para mirar a su cara—. Necesito escabullirme de aquí por un tiempo.
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    165 Miró la puerta. —¿Estáahí fuera? Sabiendo a quién se refería, Jai asintió. —¿Le dirás que se marche? Con los dos Reyes Jinn en la casa, podía sentir la vibración de energía construida a su alrededor como un cubo sobre un castillo de arena. Ante las palabras de Ari, la casa pareció desinflarse, como si el cubo hubiera sido levantado y el castillo derrumbado. —No es necesario —le dijo suavemente—. Cristal y él se acaban de marchar. ¿Entonces ahora estaban solos? ¿Estaban ellos solos contra Azazil y el Rey Blanco? —Supongo —respondió su propia pregunta.
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    166  Este cielo noes suyo para alcanzarlo… es tuyo para colocar tus estrellas Traducido por Mari NC Corregido por Deyanira staba muy tranquilo en Midland, Connecticut. El equipo, que consistía en algunas caras conocidas, Fallon y Jai por supuesto, Bryleigh, Scott Becke y el hermano de Scott, James y la hermana de Bryleigh, Ailidh, se instalaron en la bastante gran casa de granja que habían alquilado en las afueras de Midland. Estaba en lo que solía ser una granja de trabajo, y estaba cercada en la parte posterior por un bosque. Al haber crecido acostumbrada al ruido del tráfico, Ari no podía dormir. Fallon estaba durmiendo sin problemas, habiendo caído dormida en su cama al otro lado de Ari, los sonidos de los pájaros y los árboles mecidos por el viento claramente eran un alivio para ella. Simplemente agitaban a Ari. A pesar de posponer su llegada por un día, todavía habían salido a toda prisa para Midland. Temerosa de enojarse, Ari no había sido capaz de decirle adiós a Charlie. Se sentía como traición de nuevo. Así que en su lugar le había prometido a Michael que podía cumplir con la asignación y Jai la había respaldado, prometiéndoles a todos, incluyendo a un muy preocupado Trey, que él le ayudaría a conseguir el control sobre el Seal. Sin Jack/Cristal alrededor, Trey era más necesario para cuidar de Charlie. Fallon había querido que Charlie viniera con ellos ahora que ya no tenía un mentor, pero Ari no toleraría nada de eso y Jai estaba actuando como su fiel guardián. Después de ver lo que él le hizo a El Rey Blanco, nadie estaba discutiendo con él. Inquieta, preocupándose por todo, Ari finalmente se quitó las mantas y se vistió con algo de ropa. El pensamiento de su madre allí afuera, en alguna parte, el hecho de que ya no tenían un Rey Jinn aliado, ¿lo habían tenido alguna vez?, el Seal tomando el control de ella otra vez, la asignación E
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    167 empezando mañana porla mañana, estaba causando caos en su mente y estómago. La única vez que se había sentido tranquila estas últimas veinticuatro horas era cuando Jai estaba cerca. Necesitándolo más de lo que le gustaba, Ari salió de puntillas de su habitación y bajó hacia el vestíbulo hacia la de Jai. Él estaba compartiendo con James así que ella no podía ir allí. Jai, dijo en voz lo suficiente alta como para egoístamente despertarlo. ¿Sí? Su rápida respuesta le dijo que ya había estado despierto. ¿Caminarías conmigo? Ningunas palabras fueron enviadas telepáticamente hacia ella, pero le pareció oír un poco de roce detrás de la puerta. Se esforzó por escuchar y casi de inmediato saltó hacia atrás cuando su puerta se abrió. Él estaba de pie en jeans solamente, el poder de la parte superior de su cuerpo resplandeciendo a la luz de la luna brillando a través de la ventana del vestíbulo. —¿Estás bien? —le susurró a ella, sus cejas fruncidas en preocupación. —Quiero caminar contigo —susurró ella—. No puedo dormir. Sin decir una palabra, Jai se deslizó de nuevo en la habitación. Hubo un poco más de ruido y luego regresó, vestido con una camiseta y botas. Para que no despertar a nadie saliendo de puntillas por la escalera chirriante, ambos usaron el Peripatos, llevándolos afuera al patio en las afueras de los bosques. —¿Quieres entrar ahí? —Jai levantó una ceja. —¿Asustado? —bromeó Ari. Rodando sus ojos hacia ella, Jai despegó a una lenta caminata y Ari rápidamente se puso a caminar junto a él. —¿Preocupándote por todo? —preguntó en voz baja, mirando hacia ella en la cercana oscuridad.
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    168 Ella asintió conla cabeza. —Hay muchas cosas en mi cabeza ahora mismo. Gracias por venir aquí conmigo. —No podía dormir tampoco. —Él se encogió de hombros. Se quedaron en silencio por un momento, el único sonido que hacían era la rotura de ramas, crujido de hojas y salpicadura de tierra bajo los pies. Olía tan limpio y fresco aquí. Le recordaba un poco a los bosque allá en casa en Sandford, excepto que el aire era más enérgico de alguna manera. Y los árboles que la rodeaban eran más gruesos que los de casa. La idea de su casa sólo le recordó a todos los que había dejado atrás y más melancolía la invadió. Necesitando consuelo, Ari tomó la mano de Jai, deslizando sus dedos fríos entre los suyos. Observó su fuerte perfil mientras miraba con incertidumbre hacia su agarre. Finalmente él apretó su mano entre las suyas. —¿Qué? —preguntó ella—. ¿Es demasiado tomarnos de las manos? Para su sorpresa, él la miró con una sonrisa triste, negando con la cabeza. Pero no dijo nada. —Puedes decirme, sabes. Recuerdo cómo eras cuando nos conocimos. No eras exactamente del tipo abrazos y tomar de las manos. —Contigo… parece que lo soy. Sonriendo un poco tímidamente a eso, Ari se acercó más a él, envolviendo su mano derecha alrededor de la muñeca de la mano que sostenía su izquierda. —No puedo creer que mi madre estaba cuidándome todo este tiempo. —Tiene mucho sentido ahora. —Estoy tan enojada con ella y estoy muy enojada con Rojo… pero hay una parte de mí que se siente… —Se encogió de hombros y él detuvo abruptamente. Levantando la vista hacia él, Ari trató de encontrar las palabras adecuadas—. No sé cómo explicarlo.
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    169 —Inténtalo. —Me siento… menosabandonada. —De alguna manera admitir eso hizo que Ari se incomodara y soltó abruptamente a Jai para continuar—: Mi verdadero padre me creó como si fuera un experimento genético y estoy bastante segura de que simplemente trató de matarme o al menos iba a torturarme. Mi papá falso me dijo literalmente en mi cara que realmente nunca me amó lo suficiente, y mi mamá… bueno, todo este tiempo pensé que mi mamá me abandonó y luego consiguió mágicamente ser encarcelada. Pero ella no me abandonó, Jai. Y me dijo que me ama. — Sonrió débilmente—. Es una locura, pero ya no me siento tan sola. Acercándola, la expresión de Jai era ilegible. —No es una locura, pero Ari, nunca estabas sola. —Tomó un suspiro tembloroso y para su sorpresa sintió sus dedos temblar en su cara—. Te amo —admitió, su voz áspera por la emoción—. ¿Está bien? Te amo. No estás sola. Por un momento, Ari no podía creer que él realmente lo dijo, pero la cálida y urgente sensación de delirante alegría que explotó a través de su pecho y todo su cuerpo finalmente la trajo a casa. Fusionándose contra él, con una sonrisa estúpida en su cara, Ari susurró: —Dios, también te amo. Mucho. —Se sentía casi desesperada mientras deslizaba sus manos alrededor de su cuello, apretando su nuca—. Sabes, todavía no tengo todas las respuestas. Acerca de mi mamá, o Rojo, o Blanco… o Azazil. Lilif, Asmodeus. Todo lo que sé es que hay toda esa gente que piensa que les pertenezco. Y la verdad es, Jai, simplemente siempre te perteneceré. Si me quieres, te perteneceré para siempre. Sus ojos se abrieron un poco por su declaración y luego parecieron chispear con alguna emoción sin nombre. —Ari —gimió y envolvió sus brazos alrededor de su cintura, acercándola, estaba casi levantada de la tierra—. Siempre te querré —le susurró con urgencia contra sus labios—. Ahora eres mía, está bien. Sólo mía. —Su beso era tan desesperado como lo había sido su declaración, y ella se aferró a él con fuerza, disfrutando de su sabor y el sabor de su certeza recién descubierta del uno hacia el otro. Su beso se suavizó, volviéndose drogado
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    170 y lánguido, dulcey caliente al mismo tiempo. Ari gimió, mientras él arrastraba besos de mariposa por su cuello, su aliento vacilando cuando él llegó a desabrochar su camisa para poder presionar besos contra la curva de sus senos. Emoción tiró en su vientre mientras sus hormonas se aceleraban. Necesitando de nuevo sus labios sobre los de ella, Ari cogió su cabeza y buscó su boca, tocando su lengua con la suya tan suave y tentativamente que ella sabía que iba a volverlo loco. Su gemido sordo retumbó a través de su boca y las rodillas de Ari casi se doblaron debajo de ella. Queriendo algo de piel sobre piel, ella deslizó sus manos bajo su camisa, sus dedos arrastrándose a través de sus abdominales. Jai se estremeció y la besó más fuerte, su cuerpo impulsándola contra un árbol. Ella ni siquiera sintió el impacto, estaba demasiado ocupada pasando su mano sobre todo él bajo su camisa y empujando sus caderas contra las suyas de una manera que ella sabía que era segura para intensificar las cosas. —Alto. —Jai se echó hacia atrás, sus manos apartándose de ella y apoyándose en el árbol a cada lado de su cabeza. Ella sintió su aliento pesado y cálido soplando contra su cara mientras trataba de ganar algo de control. Los nervios de Ari se habían roto uno por uno, todo su cuerpo temblaba, y no quería parar. —He terminado con todo este asunto yendo lento, Jai —se quejó. Él se rió sin humor y se inclinó para darle un tentativo beso en los labios. —Yo también. Pero aquí no podemos. —Él entrecerró los ojos, quizás por el pensamiento de tener que esperar para estar con ella—. Esta tarea tiene que estar terminada mañana. Ari negó con la cabeza. —No, necesitas de nuevo tu propio cuarto y yo necesito escabullirme dentro y fuera de este. Apartándose del árbol, Jai se pasó una mano temblorosa por encima de su cabeza y sonrió cariñosamente hacia ella. Ari podía identificar esa maravillosa mirada en sus ojos como amor.
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    171 —Cuando volvamos aJersey tendré mi propio lugar y estaremos diciéndole a todo el mundo que eres mía. ¿De acuerdo? No me importa quién sepa. No me importan los peligros. Quiero que todos sepan que eres mía. Ari asintió con la cabeza, amando el sonido de eso. —Tuya. ¿Y tú eres mío? Él le dio un beso rápido antes de lanzar su brazo sobre sus hombros para llevarla de vuelta a la casa. —Siempre. Y nada de echarte para atrás. Ari se rió suavemente, amando este lado juguetón de él. —Tendrías que ser arrancado de mis manos frías y muertas antes de que te devuelva, Jai Bitar. Él la apretó más cerca. —Igual para ti, Srta. Johnson… pero lo hubiera dicho más elocuentemente. Sin la imagen espeluznante. —Oh, por supuesto. Porque eres todo palabras. —¿Alguien alguna vez te dijo que tienes una boca inteligente? —gruñó él, haciéndole cosquillas en la cintura. Ari trató de acallar un grito mientras se alejaba de él riendo. —Para —resopló ella, tratando de agarrar sin éxito sus dedos. Sonriendo maliciosamente, Jai dejó de hacerle cosquillas y tiró de ella bruscamente contra él, sus brazos apretados alrededor de su cintura. —¿Vas a vigilar esa boca tuya? —Tú vigílala —respondió ella descaradamente. Con su expresión casi solemne ahora, Jai se inclinó para besarla, sus palabras susurrando a través de su boca antes de que sus labios se tocaran.
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    172 —Oh, he estadovigilándola desde el primer día que te vi.
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    173  El honor nosabe del bien o del mal Traducido por Akanet Corregido por BrendaCarpio l Rey Blanco nunca había amado a Sala pero había pensado en ella como suya. Una Ifrit con poderes de seducción incluso mayores que la súcubo Jinn Lilif, Sala podía embelesar a un hombre humano con una sola mirada. Para ser capaz de seducir a un Jinn, una Lilif tenía que tener algo extra especial, extra encanto y sensualidad, para penetrar la magia defensiva de uno de los suyos. Sala ni siquiera era un Lilif y podía encantar los pantalones de harén de cualquier Jinn. Por supuesto sus ojos, ojos que compartía con su hija, habían atraído a Blanco hacia ella cuando él la había encontrado en un viaje a Marruecos. Una Ifrit bastante antigua y muy potente, Sala, por supuesto era renuente a renunciar a su libertad y unirse a él en el monte Qaf como parte de su harén. Eso sólo lo hizo quererla aún más. Era obstinada, inteligente, retadora. Sin embargo, era lo suficientemente inteligente como para saber que no era rival para un Rey Jinn. Blanco la robó de sí misma, la puso como su favorita en su harén, al mismo tiempo conspirando para utilizarla contra Asmodeus. Pero la arrogancia de Blanco era lo que lo había metido en problemas, y ahora podía admitir eso para sí mismo. Tan satisfecho de sí mismo por adquirir tal hallazgo como lo era la hermosa Sala, no sólo la había despreciado ante Asmodeus, con la esperanza de provocar su interés, la había ostentado ante sus hermanos. Y Rojo no pudo resistirse. Blanco se había enterado de la aventura de Rojo y Sala. Le gustaba creer que sabía todo lo que ocurría a su alrededor. Incapaz de castigar a su hermano por la infracción, había golpeado a Sala hasta la sumisión, y E
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    174 cuando ella estababien otra vez, la había arrojado a Asmodeus, e incluso el noble teniente había sucumbido a la seducción. El amor era lo único que no había tenido en cuenta. Ni siquiera se le había ocurrido a Blanco que Rojo había sido lo suficientemente tonto como para enamorarse de Sala, y lograr entonces la ayuda de Cristal para salvarla de su encarcelamiento. Blanco se negó a creer que Sala en realidad tuviera algún sentimiento por Rojo. Su hermano no era nada comparado con él. Nada. Tenía que encontrar a Sala. También quería sacudirla hasta que no fuera nada y luego meterla de nuevo en la maldita botella donde pertenecía. Sólo que esta vez estaría muerta. Ella estaba resultando ser difícil de alcanzar, pero estaba esa palabra otra vez. Amor. No se había dado cuenta de que la Sala tuviera tan profundo apego por su hija. Podía entenderlo hasta cierto punto. Ari era extraordinaria para ser una niña criada por humanos. Le gustaba creer que ella tenía mucho de él dentro de ella. Sala amaba a la niña. Todo lo que había hecho hasta ese momento era para proteger a la niña, lo que quería decir que todavía estaba protegiéndola. Blanco estaba seguro de que a donde Ari fuera, Sala la seguiría. Un silbido y una ligera brisa que soplaba contra la tela envuelta alrededor de su ventana, tela que había estado sólo hace unos momentos perfectamente quieta, alertó a Blanco de su visitante. Se volvió lentamente, sus entrañas batiéndose con una impaciencia que pronto se transformó en irritación cuando su mirada negra chocó con la igualmente negra de El Rey Sombra. Su largo cabello negro estaba enrollado en una trenza y su túnica había sido sustituida por un chaleco de cuero y pantalones. Ese era su atuendo de guerrero. Blanco trató de estar intrigado pero... Sombra era tan aburrido. —¿Qué? —preguntó con suavidad—. Estoy un poco ocupado, hermano, si no te importa. —Él hizo un gesto hacia la puerta para que se fuera.
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    175 Sombra le hizouna mueca, esa mirada petulante de apenas disimulada herida de la que nunca había conseguido librarse desde la infancia. —En realidad me importa. —Sombra marchó decididamente hacia él, sus ojos brillando con una especie de triunfo—. Rojo vino a verme. Me dijo algo, y aunque me gustaría mucho arrancarle la laringe a través de la nariz, hay una pequeña posibilidad de que pudiera haber tenido un punto. Volviéndose continuamente más molesto por la presencia de Sombra, Blanco arqueó una ceja como diciendo "¿Y?". —Su punto es que me siento a esperar que me digas qué hacer. Bueno, no más, hermano. También tengo un interés en el resultado de esta guerra. —¿Tienes la intención de hacerme tu enemigo? —No, por supuesto que no. Contrariamente a la creencia popular no soy tonto. De hecho, mis pequeños espías me dijeron que has descubierto que Sala escapó de su prisión. Un brote de cólera cortó el camino por su pecho. Blanco realmente no quería que se le recordara su fracaso. Fingiendo indiferencia, se encogió de hombros. —¿Tu punto? —Bueno, mis espías también me dijeron que ibas a utilizar a Sala como una ofrenda de paz para Ari. Para animarla a ayudarte. —¿Quiénes son estos espías tuyos, y con quién han estado hablando? — Blanco tendría que matarlos inmediatamente. Como si sus pensamientos hubieran sido hablados en voz alta, Sombra le sonrió a su hermano. —Te diré a quien dentro de tu palacio le gusta cotillear si escuchas mi idea. —Bien. —Tienes que secuestrar al guardián de Ari. Jai Bitar. Úsalo para negociar con ella.
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    176 Tratando de nosuspirar con condescendencia y fallando miserablemente, Blanco se apartó de su hermano, su lenguaje corporal diciéndole a Sombra que había acabado. —Si supieras algo sabrías que ya no puedes negociar con Ari amenazando las vidas de quienes la rodean. —Estás pensando en el Sorcerer. Charlie, ¿verdad? ¿Debido a que Ari rechazó tu oferta para salvarlo en el juicio? Curiosamente, Blanco recordó su respuesta a su oferta con una sonrisa interior. Su fuerza de carácter debía ser admirada y su anticuado sentido del honor casi hizo a un padre orgulloso. —Ella ha demostrado que no puede ser dominada. —Creo que cuando se trata de un determinado Ginnaye, puede serlo. Lanzándole una mirada cautelosa sobre su hombro, Blanco asintió con la cabeza para que continuara. —Mis espías vieron una escena íntima entre Ari y Jai sólo unas horas atrás. Declararon amor apasionado del uno por el otro, hermano. —Él sonrió, evidentemente satisfecho de sí mismo—. Las palabras que fueron dichas me llevan a creer que tu hija hará cualquier cosa por ese Jinn. Ni uno solo tragaría información como esta tan fácilmente, Blanco entrecerró los ojos con sospecha. —Ari puede sentir Jinn escondidos en el Manto. ¿Cómo fue que tu espía incluso se acercó lo suficiente para presenciar una escena así? —He usado un humano, Blanco. —Sombra chasqueó su lengua con desaprobación hacia él—. Sabes, para alguien que está tan empeñado en tratar de mantener el equilibrio de este mundo y el de ellos, eres terriblemente prejuicio contra los mortales. Ellos tienen su utilidad sabes. Haciendo su comentario a un lado como si se tratara de una simple mosca, Blanco sintió la opresión en su pecho ganar algo de alivio. Si esto era cierto...
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    177 —¿Estás seguro? ¿Ariy Ginnaye están secretamente juntos? ¿Ella lo ama? ¿Lo suficiente para hacer cualquier cosa para salvarlo? —Creo que las palabras “siempre te perteneceré solamente a ti” fueron utilizadas. Blanco soltó un bufido. —Suena… serio. —Oh, creo que lo suficientemente serio para nuestros propósitos. Blanco suspiró, pensando. —Esperaría hasta que pudiera tenerlo a solas, pero nunca deja el lado de Ari. Así que necesitaré hacer arreglos para que los dos estén solos y atraparlo y salir rápidamente de allí antes de que ella pueda ordenarme parar. —¿Cómo esperas lograr eso? —Al ponerlos en una situación que lo obligue a llevar a Ari a un lugar seguro. En algún lugar donde tengan que estar solos. —Blanco le ofreció a Sombra una pequeña sonrisa mientras un plan comenzaba a formarse—. Y creo que deberíamos irritar a padre mientras estamos en ello. Se tomó un momento para exponer sus ideas a Sombra. Cuando hubo terminado, su hermano tenía el ceño fruncido. —¿No es eso un poco arriesgado? Ari podría hacerse daño. Blanco negó con la cabeza. —No, si planeamos esto hasta el más mínimo detalle. Además, cuento con algo con lo que nunca antes conté. —¿Y qué es eso? Blanco sonrió ahora, sintiéndose con más energía de lo que había estado en las últimas semanas. —El amor de una madre por su hija.
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    178 —Eres un serdifícil de encontrar, Kadeen —anunció el Rey Rojo en voz baja mientras merodeaba en la cueva. Estaba enterrado en lo profundo de las montañas Tibetanas cerca del monte Kailash. Rojo apreciaba la importancia de la ubicación. En el hinduismo, el Monte Kailash era considerado como un lugar de felicidad eterna. Kadeen realmente se había cansado del mundo Jinn. Kadeen lo miró con calma, sus ojos azules pálidos sorprendentes en la luz de las velas. Rojo tenía que concedérselo, el Marid había hecho el lugar bastante cómodo. Los suelos de piedra estaban cubiertas centímetro a centímetro con gruesas alfombras marroquíes y pinturas al óleo habían sido clavadas a las paredes escarpadas. Muebles ingleses antiguos dispersos por el gran espacio, incluyendo una cama enorme tallada con dosel, que estaba ubicada en el medio de la habitación con una especie de majestad que uno no esperaría encontrar en una cueva. —Claramente no tan difícil de encontrar —respondió Kadeen sin problemas, haciendo un gesto hacia el sillón frente a él. Rojo sonrió ante su respuesta y se sentó. No se había molestado en cambiarse sus pantalones vaqueros preferidos y camiseta por Kadeen. Si él recordaba bien, Kadeen no había sido realmente muy de tradiciones. —Tal vez fuiste más fácil de encontrar de lo que pensé que lo serías. Tu hija fue muy comunicativa. Ante la mención de su única hija, Kadeen entrecerró los ojos hacia Rojo. —Le dije que si un Rey Jinn alguna vez pedía mi paradero le dijera la verdad. Mi santuario no vale la pena para arriesgar su vida. —Un padre que pone a su hija antes que a él. Que novedoso. —Sólo entre la realeza Jinn. —Touché.
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    179 Kadeen inclinó sucabeza hacia un lado, un hábito que probablemente había recogido de Azazil. Era gracioso que él todavía lo tuviera incluso siglos después de dejar el lado del Sultán. —¿Ha venido a verme por una razón, Maestro Rojo? —Eras uno de los favoritos de mi padre. Su afecto por ti es la única razón por la que te permitió irte en paz. —Sí. —Debes haber sido testigo de cosas, Kadeen, escuchado cosas, ¿tal vez cosas privadas? —Haga su punto, Maestro Rojo. No me estoy volviendo más joven. Rojo reconoció su comentario con una sonrisa divertida, pero en el fondo estaba ansioso, ansioso por saber. —No estaba allí cuando mi padre produjo el Seal. Él nunca ha confiado en mis hermanos como confía en mí, pero aún con esto no tengo su confianza. —¿Esto? Sus sospechas del verdadero origen del Seal ardían en sus ojos. —El Seal, Kadeen. ¿Sabes de dónde vino? La oscuridad cayó en el rostro Kadeen como si todas las velas hubieran sido apagadas. Sacudió su cabeza y se puso de pie, su desgarbado y tembloroso cuerpo desmintiendo su edad. Kadeen era un Marid llegando al final de su vida. —No sé nada de esto. Por favor, déjelo, su majestad. No convencido, Rojo se puso de pie, elevándose por encima del Marid por lo menos diez centímetros. —Te estás muriendo, Kadeen. ¿Quién protegerá a tu hija una vez que te hayas ido?
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    180 —¿Mi hija? Rojo asintiócon la cabeza, su mandíbula apretada con determinación. —Harías cualquier cosa para proteger a tu hija, ¿no Kadeen? Entiendo esto. También estoy tratando de proteger a una niña. Dime de donde vino el Seal, o masacraré a tu hija y a todos sus hijos. Odio puro se desató en los ojos de Kadeen. —Por eso me fui. Ya no hay honor en medio de ustedes. Esta guerra, esta insensata e infantil guerra ha contaminado lo que antes era resplandeciente sobre los siete de la realeza y su Sultán. Tendría que haber sido descuartizada por lo que creó. —¿Mi madre quieres decir? —Lilif. No siempre se reduce a Lilif. —Kadeen negó con su cabeza tristemente—. Te diré lo que quieres saber si me prometes proteger a mi familia. —Tienes mi palabra. —¿Y eso todavía significa algo, Maestro Rojo? Rojo suspiró, su pecho girando un poco ante la amarga verdad en la desconfianza de Kadeen. —Hoy lo hace.
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    181  Una Caperucita Rojay demasiados lobos Traducido por MaryLuna, y Miranda. (SOS) y LizC Corregido por Micca.F as revelaciones de los últimos días todavía se aferraban a Ari, pero mientras se sentaba en una clase de inglés de tercer año en la bien financiada secundaria Emmett Bradford, hizo todo lo posible para encogerse de hombros y concentrarse en su tarea. Estar de vuelta en la escuela era extraño, especialmente fingir ser una nueva estudiante de tercer año. Nunca había sido una estudiante nueva. Había crecido rodeada en su mayoría por las mismas personas durante toda su vida. Sentándose en un escritorio, apenas escuchando el tono monótono de la maestra sobre Fitzgerald, recordó a Staci y Rachel. Una punzada de dolor resonó en su pecho mientras pensaba en sus amigas, preguntándose cómo les iba. Ahora estarían yendo a la universidad y no podía creer que había sido un verano entero desde que las había visto por última vez... ... desde que había levantado el edredón del mundo y vio lo que estaba acostado en el colchón. Un montón de miedo. —¿Y qué hay de ti, Marissa? —le preguntó la alta, flaca maestra de inglés, con el rostro apretado como si supiera que no había estado escuchando una palabra de lo que dijo. Ari se sentó por un momento, decidiendo de qué manera actuaría en esto. No era como que necesitaba la clase. Y siempre había sido una niña buena. Tal vez Marissa era un dolor en el culo. Rodando los ojos, se encogió de hombros. —No tengo ni idea. L
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    182 La maestra ahorafrunció el ceño. —No tienes ni idea, ¿o no puedes molestarte en responder la pregunta? —Sí, esa. La clase rió por lo bajo y la maestra les lanzó una mirada mordaz que rápidamente los calló. Con un chasquido de desaprobación de su lengua y un movimiento de su mano, se alejó de ella despectivamente. —Las chicas bonitas necesitan ser educadas también, Marissa, no importa lo que las revistas de moda te dicen. Ouch. La verdadera ella quería ruborizarse como una loca porque nunca antes había tenido a una maestra poniéndola en su lugar. Como Marissa, sólo iba a perseverar con la desaprobación porque francamente no tenía tiempo para hacer las tareas escolares, así que, ¿por qué establecer el precedente de que iba a hacerlo? —¿Y? —Fallon le preguntó tan pronto cuando se encontraron en el pasillo después del segundo período. Ari negó con la cabeza, bajando la voz mientras se dirigían lentamente por el pasillo entre una multitud de estudiantes que estaban mirando con curiosidad a las chicas nuevas. —El chico nuevo en mi clase es sólo eso: un chico —resopló—. También interpreté el papel de chica vaga. Es algo divertido cuando todo tu futuro no depende de las buenas calificaciones. Para su sorpresa, Fallon no se rió. —Ten cuidado —replicó en voz baja, su expresión severa—. Queremos mezclarnos tanto como sea posible. Ahora sé que esos ojos tuyos lo hacen un poco difícil. Hablando de eso, deberíamos haberte conseguido lentes de contacto, pero no podemos llamar la atención sobre nosotras mismas
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    183 por ser laschicas graciosas, calientes, holgazanas. Tienes que ser suave, tienes que mezclarte. No queremos que este Jinn sospeche de nosotras. —Él o ella va a sentirnos de todos modos. —Sí, pero tal vez piense que sólo somos ordinarias, Jinn menores viviendo como humanos. Así que menos chica vaga, más Ari, ¿de acuerdo? —Estoy sorprendida —suspiró—. Pensé que te gustaría hacer de vaga. Riendo, Fallon asintió. —Me encantaría hacer de vaga. Pero más me encanta hacer un buen trabajo. —Te entiendo —Ari asintió con la cabeza—. No más Marissa la vaga. Sin embargo fue divertido... por dos segundos enteros. —¿Próxima clase? —Fallon miró hacia su horario—. Ugh, tienes cálculo. —Yupi por mí. ¿Tú? —Laboratorio de computación. —No puedo esperar para el almu… —Ari paró a mitad de su gruñido, todo su cuerpo tensándose mientras una onda de energía familiar la golpeó. Jinn. Se dio la vuelta, sus ojos buscando a través de la multitud de estudiantes mientras caminaban entre las clases. No, no es él, no es ella, no es él, no es ella, no… Su mirada chocó con un hombre mayor. ¿Un maestro? Él entrecerró sus ojos hacia ella, como si la conociera pero no pudiera ubicarla. Con un ligero ensanchamiento de sus ojos, retrocedió y giró sobre sus talones, dirigiéndose por el pasillo en dirección opuesta. Con el corazón desbocado, sin poder creer que ya habían encontrado al hijo de perra, Ari siguió al Jinn, empujando estudiantes al pasar sin cuidado. —¿Ari? —siseó Fallon, agarrando su brazo—. ¿Pero qué...?
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    184 —¿No lo sientes?—preguntó, todavía moviéndose rápidamente, ni siquiera tomándose el tiempo para mirar hacia atrás a Fallon. —No. —Es él. Vamos. Doblamos la esquina y me detuve abruptamente, ocasionando que Fallon tropezara. Este pasillo estaba casi vacío. Él se había ido. Con la adrenalina bombeando rápido, Ari hizo un gesto hacia las aulas repartidas por todo el camino a lo largo del pasillo. —Vamos a empezar a buscar. Tomándole su palabra, Fallon asintió. —No nos dividimos, está bien. —Bien. Miraron en todas las clases, sin encontrar nada de interés. Estaba lista para renunciar a mitad del pasillo ya que no había rastro de energía Jinn en absoluto, y luego sus pies la detuvieron en el umbral de un aula. La habitación estaba llena de caballetes y materiales de arte, y todas las paredes estaban cubiertas de obras de arte cuidadosamente montadas que iban desde lo realmente bueno a lo completa, e inidentificablemente malo. Sin embargo, la colorida habitación no era lo que había conseguido su atención. Era él. Él se levantó inclinándose sobre su escritorio, escribiendo en una nota adhesiva antes de pegarlo en la parte superior de una pila de papeles. Como si sintiera su presencia, miró hacia la puerta y luego se enderezó. Era él. Este era definitivamente el tipo, pero, no había energía Jinn irradiando de él. Él sonrió, un confuso, educado estiramiento de labios. —¿Sí? ¿Puedo ayudarte en algo?
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    185 Sus ojos castañoseran cálidos y tan humanos. Él probablemente estaba en sus cuarentas y vestía exactamente lo contrario de lo que Ari esperaba en un maestro de arte, un suéter sobre una camisa y corbata, pantalones, mocasines pulidos. Pelo corto. Los maestros de arte que había conocido también habían utilizado su estilo como una expresión de arte. —¿Ari? —susurró Fallon a su lado, esa única palabra llena con preocupación y confusión. —Lo siento. —Ari finalmente logró formar palabras. Un poco nerviosa, miró hacia abajo al horario en sus manos—. Somos nuevas. Pensamos que ahora teníamos arte pero claramente no. —Hizo un gesto a la clase vacía—. Hoy no. —Está bien. —Él sonrió de nuevo, aceptando su mentira—. Bien, soy el Sr. Shepherd, pero dejo que me llamen Sam. Bienvenidas. Estoy ansioso por ver lo que ustedes dos pueden hacer con un pedazo de papel y un lápiz. Volviendo a su sonrisa amable, Ari negó con la cabeza. —Oh, yo no lo haría. —Y después de darle una pequeña señal de despedida, agarró el brazo de Fallon y salió corriendo de allí, sintiéndose como la idiota más grande del mundo. —¿Qué demonios fue eso? —gruñó ella, su hermoso rostro contraído—. Tenías mi sangre bombeando y lista para una pelea. —Habría jurado que sentía algo de él en el pasillo. Pero entonces... hay... nada. —Bueno, ahora llegamos tarde a clase. Revisa la señal en tu radar, Ari. Oh cielos, hasta ahora apestas en esto. —Sabes, nunca antes me había dado cuenta pero para una persona tan linda puedes ser realmente mala. —Siempre he sido mala. —Fallon despidió con la mano su sugerencia de que era algo más—. Y no soy linda.
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    186 Echó un vistazoa su horario mientras Fallon se dirigió hacia el ala este de la escuela. De acuerdo con esto, cálculo estaba en la parte oeste, primer piso. Comenzó a apartarse de Fallon con una sonrisa en los labios. —¡Linda como un botón! Toda de negro. —Hizo un gesto con la mano a sus jeans apretados y a la camiseta negra de la Teoría del Big Bang—. No engañas a nadie, Blanca nieves. La boca de Fallon se abrió un poco, pasmada. Entonces con la misma rapidez la cerró. Frunciendo el ceño en broma, le dio a Ari su insulto favorito. El dedo medio. Ari seguía riendo cuando llegó a clase. Su profesor de cálculo borró la sonrisa de su cara mientras le reprendía con la mirada por llegar tarde. Aparentemente ser una nueva estudiante no contaba para nada. Estúpida escuela secundaria. El período del almuerzo no podía haber llegado lo suficientemente rápido. Realmente esperaba que encontraran a su Jinn pronto, porque no sabía cuánto tiempo podría soportar repetir la secundaria. Era algo con lo que había terminado. Ella había hecho las paces con el fin de su carrera en la secundaria antes del verano y ahora sabía por qué. Lo había superado. Corriendo por su vida este verano sólo había hecho su desconexión incluso mayor. Movió la cabeza hacia sí misma, mientras caminaba por el pasillo principal hacia la entrada donde sabía que Jai estaría esperándola. Tenía que dejar de quejarse. Esto era lo que quería. Una asignación. Bueno, ten cuidado con lo que deseas, cierto. Ari resopló y luego negó con la cabeza de nuevo. Probablemente se veía como una persona loca, pero no le importaba. Estaba a punto de ver a Jai.
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    187 Pasos golpearon asu espalda y una sombra cayó sobre ella. No Jinn. Mirando hacia arriba a la cara linda de algún estudiante alto, de cabello oscuro, Ari le dirigió una mirada con los ojos abiertos de: “¿te conozco?". Él le sonrió, recordándole un poco a Nick. —Eh, Um, eres nueva ¿no? Distraída por los pensamientos de Jai a unos metros afuera en alguna parte, Ari se limitó a asentir. —Soy Beau —dijo, sosteniendo la puerta abierta para ella y dejando una suave brisa pasar. No por primera vez, y quizá por millonésima vez desde la activación de su patrimonio Jinn, deseó poder sentir si la brisa era fría o caliente. Dado las faldas que algunas de las chicas llevaban, y pantalones cortos que algunos de los chicos estaban vistiendo, Ari imaginó que era un día sorprendentemente caluroso para septiembre en Connecticut—. Soy de último año —continuó mientras salían, estudiantes empujando suavemente para pasarlos—. Te vi antes en los pasillos. ¿Con tu hermana? —Hermanastra. —Ari se detuvo, volviéndose hacia él, entrecerrando los ojos contra la luz brillante del sol. —Marissa, ¿no? Ella casi se sonrojó ante la apreciación abierta en sus ojos mientras viajaban a través de su cuerpo antes de regresar a su rostro. Se ajustó la mochila mientras la bajó de su hombro, con su amplia, hermosa sonrisa. Estaba coqueteando. Genial. Sí, Ari, ¡Genial! Estaban en una investigación e información del interior ayudaría, tal vez información de Beau de último año. Oh cielos, Fallon tenía razón. Apestaba en esto. —Sí, soy Marissa. —Ella le devolvió la cálida sonrisa y le tendió la mano para que la sacudiera. Su agarre era sorprendentemente suave para su tamaño y con el toque de su mano, amplió su sonrisa. Se le ocurrió que este chico, que era sólo un año menor que ella, se veía tan joven y tan inocente.
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    188 —¿Alguien te hadicho que tienes los ojos más increíbles? —preguntó, tan seguro de su propio encanto y atractivo. ¿Quién es el chico? Ari parpadeó sorprendida al oír la voz de Jai en su cabeza. Dándose la vuelta, lo espió por encima del hombro, apoyado en su todoterreno que había estacionado en la primera fila a pocos metros de la entrada. Llevaba gafas de sol oscuras, un par de bien gastados jeans negros, botas y una simple camiseta blanca que dejaba ver su físico perfeccionado. Ella miró a las chicas caminando junto a él, estirando el cuello para atrapar otro buen vistazo y luego girando para reírse tontamente con sus amigas. Toda la escena era un total cliché. Chico caliente mayor en la escuela secundaria: el efecto. Cliché o no, tuvo un efecto en ella. Su mirada se desvió hacia él y su boca se secó. Jai era de ella. Eso nunca iba a cambiar. —Mi novio en realidad —murmuró Ari en respuesta a la pregunta coqueta de Beau. Aunque distraída, recordó el enojo de Fallon, por lo que se volvió a Beau con una sonrisa de disculpa—. ¿Tal vez pueda ponerme al día contigo después? —Después de todo, todavía podría necesitarlo. Ahora su mirada también estaba en Jai. Parecía un poco desconcertado cuando respondió con cautela. —Por supuesto. Mierda. ¿Por qué Jai tiene que ser tan intimidante? Rodando los ojos interiormente, Ari pasó al lado de Beau, tratando de caminar casualmente hacia su novio e ignorando a todas las personas mirándolos. Tan pronto como lo alcanzó, Jai se irguió del lado del SUV y tiró de ella a sus brazos, su jadeo de sorpresa perdido en su posesivo beso profundo. Agarrando sus bíceps para apoyarse, su interior en llamas a pesar de la fría
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    189 temperatura de supiel. Ari le devolvió el beso con todo lo que pudo. Cuando finalmente la dejó ir, ambos estaban jadeando un poco. No estaba segura si podría recordar qué eran siquiera las palabras, o cómo usarlas. Era la primera vez que se habían besado en público. —¿Qué fue eso? —dijo finalmente, su voz baja y ronca. Él simplemente se encogió de hombros, mirando alrededor del campus casualmente. —Solo interpretando mi parte como novio posesivo. —¿Interpretando o de verdad? —Fallon apareció de repente a su lado, una enorme sonrisa del gato de Cheshire rompiendo su cara—. Chicos, ¡eso fue tan caliente! Meses de atracción contenida, ¿eh? Por cierto, el chico deportista todavía está mirando. —Señaló hacia Beau con un movimiento de su pequeño hombro. Ari trató de ocultarlo mientras miraba sobre su hombro y bastante segura, Beau todavía estaba de pie mirando hacia ellos, su expresión dividida entre decepción y algo más, algo que no pudo descifrar totalmente. Dos chicos aparecieron a su lado, palmeándolo en el hombro a modo de saludo y finalmente arrastrándolo con ellos. Ella suspiró con alivio, preguntándose de qué iba todo aquello. —Sabes. —Fallon suspiró con cansancio—. Tres chicos ya me han preguntado si mi hermana está libre. Sé que eres caliente y eso, pero creo que tienes algunas vibraciones súcubas raras de tu madre. Es totalmente deprimente ser tu amiga. Fue como si hubiera sido abofeteada con ese comentario tan descuidado. Ari frunció el ceño. ¿Tenía algunas vibraciones súcubas raras de su madre? ¿Era eso lo que atraía a Jai? Fallon sonrió orgullosamente a Jai antes de que ella pueda contestar. —Vas a tener que estar preparado para tu trabajo interpretando al celoso, posesivo novio, Hermoso. Ari es un éxito como Marissa.
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    190 —Creo que puedomanejarlo —contestó Jai con brusquedad, sus ojos brillando un poco demasiado brillantes con una emoción sin nombre mientras buscaban la cara sonrojada de Ari. —Saben, su épico “no noviazgo” está empezando a enfadarme. —Es gracioso. —Él le lanzó a Fallon una de sus miradas más atemorizantes— . Porque tú me estás empezando a enfadar. Fallon simplemente rodó los ojos. —¿Bueno? —preguntó él—. ¿Todavía nada? Ari sacudió su cabeza. —Nada. —No es cierto. —La corrigió Fallon con una ceja enarcada—. Sentiste algo antes. Sólo porque no era el profesor de arte no significa que no sintieras algo. —Oh, ahora me lo dices. Antes de que Fallon pudiera responder con algo completamente inteligente, una ráfaga violenta de viento atravesó el aparcamiento, apartando el cabello de Ari de su cara. Papeles se escaparon de la carpeta suelta que Fallon estaba llevando y revolvieron su pequeño corte de cabello corto. Estudiantes gritaron a su alrededor mientras perdían el control de las tareas, paquetes de patatas fritas y otras cosas. Eso no fue lo que causó que la sangre dejara su rostro, o que sus ojos se abrieran en reconocimiento, o que todo el cuerpo de Jai se tensara mientras se ponía delante de ella, protegiéndola. Con el viento había llegado la masa de poder Jinn más extensa que había sentido desde que conoció a Azazil. Pero no era su poder. Le habría sido familiar. —¿Chicos sienten eso verdad? —preguntó, mirando sobre los hombros de Jai al aparcamiento. Fallon y Jai la imitaron, buscando la fuente a través de la multitud.
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    191 Como si susojos fueran descuidados, Ari pasó las multitudes de estudiantes y autos para encontrar al Jinn. Y él no estaba solo. Los encontró uno por uno, Jinn masculinos y femeninos de pie en la multitud mirándola fijamente. Eran al menos quince, sus expresiones con oscuras intenciones. —Estamos rodeados —murmuró Jai habiéndolos avistado también en el semicírculo que habían formado alrededor de los tres. —¿Jai…? —preguntó Ari con voz temblorosa, preguntándose cómo demonios iban a salir de esta sin que activara al Seal. La última cosa que debía hacer era aprovecharse de esa cosa. Era muy peligroso. Nada… nada merecía ese riesgo. Jai caminó hacia atrás, su mano agarrando la de ella apretadamente. — Te han encontrado. Saben lo que eres. —El juicio —dejó escapar ella—, debido al juicio. —No importa por qué, todo lo que importa es sacarte de aquí. —Fallon miró a Jai, su expresión feroz—. No podemos despertar al Seal. No después de lo que pasó… —Se calló, casi como disculpándose. Ari asintió, ignorando el pellizco de dolor que le picó al saber que todos pensaba que podría encender un interruptor y se volvería loca con ellos. —No, tienes razón. Pero todos vamos a salir de aquí. El enfado de Jai era palpable, pero viendo cuán determinada estaba maldijo bajo su respiración, sus cejas arrugándose con concentración. Después de un segundo que permitió que el pánico de Ari creciera, sus ojos volaron detrás hacia ella. Ella agarró su brazo. —¿Y el todoterreno? Si nos subimos podemos alejarlos de la escuela, de los estudiantes… —Destrozarían el motor —respondió Fallon, empujando sus respuestas a un lado con impaciencia—. Seríamos un blanco fácil. —El tejado —murmuró Jai por debajo de su respiración—. Ari y yo vamos dentro de la escuela y hacia el tejado. Fallon, no están aquí por ti. —Puso
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    192 las llaves desu auto en su mano—. Coge mi auto, está más cerca que el tuyo, y vuelve a la casa. Voy a llevar a Ari a algún lugar seguro y tan pronto como lleguemos, llamaré para asegurar que es seguro volver con el equipo. —De acuerdo. —No, no de acuerdo. —Ari discutió, no creyendo lo que estaba oyendo—. ¿Y qué si están esperando en la casa? No puedo dejarte entrar en esto. —Ari —susurró Fallon—. Si dejamos que tu culo caiga en las manos de algún Jinn anti social, de cualquier forma estamos muertos. Solo pégate a Jai y por una vez trata de escucharlo. El hecho de que Fallon se hubiera dirigido a Jai por su verdadero nombre era bastante para dejar que la seriedad de la situación cayera entre ellos. Antes incluso de que Ari hubiera asentido en acuerdo al plan, Fallon se estaba montando en el todoterreno y Jai la estaba llevando por la muñeca dentro de la escuela. Empujó a los estudiantes fuera de su camino, su expresión haciendo que el resto se deslizara de su camino. —¿Por qué la azotea? —resopló, tratando de mantener el ritmo. —Porque he probado los Peripatos y los Jinn han unido su poder para bloquear el canal. Están trabajando juntos, Ari, lo cual es peor que una mala noticia. Nada puede entrar o salir alrededor de esta maldita escuela. Jai estaba maldiciendo. Él estaba preocupado. Ari lo agarró con más fuerza, su corazón martillando en su pecho cuando de repente él maldijo otra vez, mirando a su alrededor desconcertado. Extendió su fuerte brazo y agarró el cuello de un estudiante que pasaba. —¿Cómo podemos llegar a la azotea? —exigió. La respuesta del chico pasó desapercibida para ella. Ahora apenas estaba escuchando mientras el pensamiento de la inminente batalla con los Jinn establecía el pánico a un nivel máximo. No era que tuviera miedo de luchar. Había peleado con los Jinn antes y vivido para ver otro día. Era que ahora el Seal estaba reaccionando mucho, abriéndose paso y
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    193 dominándola. No podíapermitir que el Seal tuviera el control y ya sentía su fea oscuridad sacudiéndose en vigilancia en su pecho. A medida que Jai la arrastraba por una escalera estrecha vacía, de repente Ari cayó en cuenta del por qué se dirigían a la azotea. —Oh, Dios —escupió—. Quieres que volemos. —Ari, no pierdas la cabeza, nena —gruñó—. Sé que odias volar, pero ahora mismo sólo necesito que te concentres en mantener un lazo sobre el Seal. ¿De acuerdo? —Ser condescendiente no me ayudará a mantener el lazo sobre él — gruñó, apartando su mano de un tirón de la de él mientras salían a la azotea. El viento aquí era más fuerte y proporcionaba una gran vista de la ciudad, y de los cuatro Jinn parados detrás de Jai—. Oh, mierda. Cuando sus ojos se abrieron de par en par, Jai se dio la vuelta, sus reflejos rápidos mientras él pasaba una mano por el aire a tiempo para desviar una onda de energía mágica. Brasas ardieron en su mano izquierda y las arrojó a uno de los Jinn, que hizo lo que Jai había hecho y creó un escudo en el cual la magia rebotó. —¡Ari, defensa! —le recordó usar su magia defensiva contra el enemigo mientras él corría hacia los Jinn, bloqueando su magia con una mano y atacando con la otra. Los cuatro tenían la intención de pasar a través de Jai. Después de haber descubierto que él era su guardián, había que quitarlo. Bueno, ella no permitiría que eso sucediera. Haciendo como Jai le había enseñado en su entrenamiento, se concentró hasta que sintió su propia energía Jinn. Era como escuchar a su corazón. Una vez que la encontró, pudo controlar sus emociones. Y en estos momentos sus emociones ardían. Empujando la energía hacia su mano, la dejó erigirse hasta que floreció en la palma de su mano como un arma. Con un grito de indignación, la arrojó y chocó contra el hombro de uno de los Jinn hembra que se estaba desplazando hacia Jai. El ver las gotas de sudor goteando por la cara de Jai mientras él luchaba cuatro contra uno, la desestabilizó y de inmediato
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    194 despertó al Seal.Sus susurros se enroscaron alrededor de sus venas y Ari tuvo que tomarse un momento para encerrarlo de nuevo. Un momento que casi le costó la vida. Se agachó evitando la bola de energía que se alzó sobre ella y convocó al Manto. La invisibilidad se envolvió a su alrededor y se movió a una velocidad que nunca habría creído capaz de hacerlo hasta que Jai le había mostrado cómo. En cuestión de segundos estaba detrás de la mujer, su mano cerrándose de golpe como un martillo en la parte posterior de su cuello como Jai la había entrenado. La hembra Jinn se desplomó a sus pies y Ari saltó sobre ella en señal de triunfo, dirigiéndose al siguiente Jinn. Cargó contra el macho Jinn que había marcado para atacar. A la velocidad que iba, fue increíblemente doloroso cuando él interceptó su ataque, agarrándola por el cuello, y con éxito empujándola fuera del Manto. Con poco más de un metro ochenta y dos, el Jinn tenía la constitución de un tanque, sus oscuros ojos ocultos bajo una frente sobresaliente que gritaba: “¡hombre de las cavernas invencible!”. Sin duda se sentía invencible mientras la arrojaba al pavimento de hormigón del techo, sus dientes rompiendo la piel de su labio inferior mientras su cabeza se estrellaba una y otra vez con la fuerza suficiente para matar a una chica normal. El mundo giró, y Ari sintió sus extremidades aflojar mientras el Seal empujaba por su propia cuenta hacia ellos. Cuando se hizo con el control, miró a través de la confusión como Jai rompía el cuello de los primeros Jinn que había atacado apenas unos segundos antes de que la explosión de la energía combinada de los otros dos lo enviaran volando hacia atrás a la salida de la azotea, con tal fuerza que su cuerpo entero simplemente cayó estropeado al suelo. Cuando Ari/el Seal estaba a punto de mandarlos a detenerse, llamas estallaron detrás de uno de los dos restantes. Ari se asombró ante la vista frente a ella que había hecho que el Seal perdiera su control. Luchó por incorporarse cuando Sala apareció de entre las llamas. Sin dudarlo un instante Sala estrelló un puño de brasa encendida en el pecho del atacante más cercano y arrancó su corazón. Su cuerpo no se había doblado sobre sí mismo cuando dejó caer su corazón para sostenerlo con ambas manos, esta increíble energía pulsante de ellos ante la goliath que
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    195 había golpeado aAri en el culo. Él sacudió horriblemente la cabeza, como si estuviera siendo electrocutado en silencio, y luego cayó encima de los Jinn muertos. Sala se volvió para mirarla, su largo cabello azotado por el viento, su vestido rojo a juego con la sangre goteando de su mano. —Es un Marid, así que no está muerto. Y es fuerte, de modo que tienes que irte. —El otro... —Ari señaló al Jinn al que Sala había con tan poco esfuerzo arrancado el corazón. Caminando hacia ella con decisión y violencia en sus ojos, Sala la puso de pie. —Soy mayor que él, cariño. No hay tiempo para explicar. Busca a Jai. —Le lanzó una mirada de preocupación a Jai, quien gemía con voz temblorosa mientras se levantaba del piso—. Y váyanse. —Gracias —susurró Ari, sin saber qué más decir. Sala le dio una débil sonrisa. —Te dije que siempre estaría cuidándote. Ahora vete —Ella la empujó hacia Jai y luego dio un paso de vuelta al Manto antes de que pudiera decir otra palabra. —¡Jai! —exclamó cuando él se puso de pie, mirando fijamente a los vencidos Jinn. —¿Qué pasó? —preguntó él, tocando la parte posterior de su cabeza y trayendo de vuelta sus dedos ensangrentados. Ari palideció ante la vista de la herida. —Sala... mi... mi mamá. —¿Ella te salvó? —suspiró él, sus ojos oscurecidos por la emoción. —Ambos lo hicieron —lo tranquilizó.
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    196 Parecía cualquier cosamenos tranquilo. —Vamos a salir de aquí. —Él la empujó hacia sí y ambos envolvieron el Manto a su alrededor segundos antes de que Jai los empujara, volando en el aire y fuera de la escuela, y dejando el estómago de Ari en el techo con los muertos y el inconsciente Jinn.
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    197  ¿Cómo Puede unaEsmeralda Sanar Cuando su Veneno Causó la Herida? Traducido por Jo Corregido por Deyanira enos mal que Michael Roe tenía una gran casa. Tenía dos invitados más que acomodar. Todos acordaron que sería raro para Charlie y Trey seguir viviendo en la casa de Jack. Charlie todavía no podía meter en su cabeza el hecho de que nunca había estado entrenando y aprendiendo de Jack. Él había aprendido de un condenado Rey Jinn real. El Rey Cristal había pasado horas, días, semanas, pacientemente enseñándole, en cierto modo, convirtiéndose en su amigo. Charlie sabía que Ari se había sentido completamente traicionada por Rojo y posteriormente por Cristal, pero él no podía evitar estar agradecido con ellos. Y sí, él sabía cuán egoísta sonaba. Pero cual sea que fuera su agenda personal, habían estado ayudándolo a conseguir la venganza. Y Cristal había estado alimentando su necesidad de magia cada día en las dosis que podía manejar. Y ahora estaba de vuelta en el punto de partida porque Ari no los quería en ningún lugar cerca de ella. Charlie suspiró, inclinado su cabeza hacia atrás en el sofá, mirando el techo de la segunda sala de estar en la casa de Michael y Caroline. Sonaba como un imbécil aún en sus pensamientos. Rojo había lastimado a Ari. Hubo un tiempo en que Charlie hubiera matado a cualquiera que la hiriera. ¿Tan lejos había ido? —Amigo, te ves pensativo —remarcó Trey mientras entraba tranquilamente a la habitación, sus manos metidas en los bolsillos de sus jeans. Se detuvo, mirando fijamente a Charlie como un aburrido niño pequeño—. Desearía estar allá afuera con ellos. Haciendo algo. Cualquier cosa. No estoy acostumbrado a estar de brazos cruzados. M
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    198 Charlie levantó unaceja curiosa. —¿Quieres entrenar usando magia? —No voy a tocar eso. —Trey sacudió su cabeza, estudiándolo cuidadosamente—. ¿Eres adicto chico Charlie? Sí. —No —gruñó—. Sólo pensé que podríamos aliviar el aburrimiento golpeándonos hasta que estuviéramos agotados. —Suena algo entretenido. Yo observaré —murmuró una voz profunda desde la esquina. La adrenalina se alzó, Charlie saltó del sofá para pararse junto a Trey, sus ojos muy abiertos ante el Jinn de cabello azul que estaba inclinado casualmente en la pared en la esquina trasera de la sala de estar. El Rey Cristal les sonrió con suficiencia sin embargo sus ojos carecían de cualquier alegría real. —He estado de pie en el Manto por cuarenta minutos observándote meditar. Creo que me extrañas, Charlie. Antes de que Charlie pudiera decir una palabra, Trey estaba empujándolo hacia la entrada. El rostro normalmente relajado de Trey estaba tenso, sus ojos pálidos quemando, todo su cuerpo erizándose con energía mientras caminaba hacia el Rey Cristal. Este era un lado de Trey que Charlie nunca había visto. Este era su lado de guardián. —¿Te atreves a venir aquí luego de lo que has hecho? —Trey estaba lleno de reproche, su voz grave con rabia. Charlie no era el único que no podía creer que Trey estuviera realmente hablándole a un Rey Jinn tan irrespetuosamente, tan despreocupadamente. La ceja de Cristal se arqueó, sus ojos deslizándose por Trey con su perezoso escrutinio antes de subir de vuelta a su rostro. —¿Te atreves a hablarme de este modo? ¿Has olvidado quién soy? —Eres el tipo que asesinó a un hombre inocente y lo suplantó. Eres el tipo que está intentando convencer a mi amigo de asesinar a un Jinn pura
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    199 sangre para quepueda ser llevado al Monte Qaf y ser sentenciado a muerte. Lo quieres fuera del camino por alguna razón. Bueno vas a tener que pasar por mí primero. Cuando las palabras valientes y leales se habían asentado en Charlie y Cristal, Charlie no pudo evitar sonreír un poco. Tal vez no era tan imbécil después de todo si un tipo bueno como Trey estaba dispuesto a tomar una bala por él. No que fuera a dejarlo, él pensó en la esmeralda anidada en el bolsillo de su pantalón. Había intentado mantenerla oculta pero estar muy lejos de ella lo hacía sentirse agitado, de la manera en que su viejo conocido Mel Rickman se agitaba cuando pasaba muchas horas sin tomar una pastilla. —Trey. —Charlie sacudió su cabeza, dando un paso adelante—. No. —Le dio una mirada ansiosa a Cristal, preocupado de cuál sería su respuesta. La mirada indescifrable se enterró en la de Trey y el aire alrededor de ellos crepitó. Se sentía como si las paredes estuvieran cerrándose sobre ellos, que juntos estaban succionando todo el aire de la habitación. De pronto Charlie sintió que se estaba inmiscuyendo en… algo. —No quiero herirte, Trey. Y Charlie no quiere que lo haga tampoco. Él conoce el riesgo que está tomando al perseguir al Labartu. Sus ojos pasaron del rostro de Trey al de Charlie, destellaron con complicidad hacia él. —Él sabe lo que mi padre quiere y sabe lo que Rojo está haciendo. Tiene toda la información. —Y Charlie supo entonces que Cristal estaba consciente de que tenía la esmeralda. Que Rojo se la había dado a él para escapar de la captura luego de que asesinara al Labartu. Cualquier desconfianza que sentía hacia Cristal desapareció en una ráfaga egoísta con la necesidad de encontrarla. De encontrar a la que destruyó la vida de su familia. No importaba si Rojo y Cristal habían asesinado a Jack, habían herido a Ari. Tal vez algún día le importaría de nuevo. Pero no hoy. —Tiene razón, Trey. Sé lo que estoy haciendo.
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    200 —Pero, Charlie… —MientrasTrey comenzaba a discutir, luz explotó alrededor de la habitación con un crujido y silbido. No fue hasta que Charlie observó con una congelada sorpresa mientras Cristal saltaba en frente de Trey, tomando un golpe invisible del extraño Jinn que había aparecido del Peripatos para atacar al joven Ginnaye, que Charlie se dio cuenta de que había más de uno de ellos. Estaban bajo ataque. El dolor explotó en su hombro izquierdo cuando la bruma empezó a aclararse, y con los ojos aguados, luchando por respirar, Charlie se giró a tiempo para crear un cojín para el brillante puño que venía hacia él. Él se giró, los ojos entrecerrados hacia la alta mujer Jinn en sus pantalones de cuero y camiseta blanca. Ella se burló de él y lanzó sus brazos hacia afuera hacia él, con las palmas hacia arriba, una ola de energía pulsando hacia él. Sin pensarlo, Charlie sacó la esmeralda de su bolsillo, curvándola con fuerza en su puño y sintiendo más de lo pensó, estiró sus brazos como un director ante una orquesta. Su sentimiento debió haber sido uno de destrucción pura. La mujer se congeló completamente, sus ojos ensanchándose con horror, su boca cayendo abierta en un grito silencioso. Su piel comenzó a ponerse lúcida con transparencia mientras todas sus venas reventaban, fluido verde esmeralda pasando por ellas. Sangre salió de su muñeca cuando la primera vena reventó y Charlie se tambaleó hacia atrás con horror mientras se daba cuenta de lo que había hecho. Era demasiado tarde. Cálidas y húmedas gotas se salpicaron por su rostro, el suelo, el techo, la pared detrás de donde la mujer Jinn que él acababa de explotar había estado de pie. Silencio enfermizo inundó la habitación junto con el embriagante, que revolvía estómagos olor cobrizo a sangre y entrañas. Momentáneamente paralizado, Charlie fue sólo sacudido de su estupor por la voz de Trey. —¿Qué? —murmuró él, sintiendo la sangre de Jinn en su mejilla. Miró a Trey, la habitación pareciendo encerrarse alrededor del guardián.
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    201 —¿Charlie? —Trey estabapálido, sacudido. ¿Qué? Charlie pestañeó, sacudiendo su cabeza mientras la visión de túnel se disipaba y podía ver claramente de nuevo. El Rey Cristal y Trey estaban de pie mirándolo fijamente, el primero con una expresión severa y el último con sorpresa. Dispersos alrededor de la habitación había cinco inconscientes, posiblemente muertos Jinn. Trey no tenía una marca en él y a pesar de que Charlie sabía que era poderoso, sabía que él no era lo suficientemente formidable para abatir cinco Jinn en meros segundos. El Rey Cristal había salvado sus pescuezos. —¿Charlie, cómo…? —Hizo un gesto al desastre que Charlie había hecho—. No es posible. —Él no lo hizo. —Cristal avanzó—. Fui yo. —Se detuvo frente a Charlie y fue fácil para él leer la expresión de Cristal. “Guarda la esmeralda y déjame llevarme el crédito”. Guardando la esmeralda en su bolsillo apresuradamente, Charlie miró con el interior revuelto como Cristal pasaba una mano por el aire alrededor de Charlie, el suelo, el techo, la pared, la sangre y cualquier materia corporal desapareciendo. Justo como magia. Tomando un aliento tembloroso, Charlie intentó calmarse lo suficiente para no estar enfermo. Había asesinado a alguien. De nuevo. Peor todavía, la manera en que se sentía, la manera en que se sentía la esmeralda, era embriagante. Excitante. Se sentía invencible. —Infierno, pensé por un minuto que iba a volver al Monte Qaf para un juicio. —Trey dejó salir un aliento aliviado. —No lo habrías hecho de todas formas. —Cristal hizo un gesto a los cuerpos de los Jinn—. No te di mucho tiempo para que te des cuenta antes de que los derribara, pero estos son Sorcerer.
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    202 —¿Sorcerer? No entiendo.¿Qué están haciendo los Sorcerer aquí? ¿Buscando a Ari? Antes de que Cristal pudiera responder el sonido del caos reinante desde la parte trasera de la casa encontró sus oídos. Gritos de ira mezclados con destrucción del mobiliario. Y entonces los disparos de pistolas sonaron. —Mi hermano —gruñó Cristal mientras los tres se apresuraban hacia los sonidos—. El Rey Sombra. Muchos de sus sirvientes son Sorcerer. Y puedo oler su deshonor desde aquí. Con la adrenalina latiendo, Charlie corrió detrás de Trey y Cristal, chocando con Trey en la salida de la oficina de Michael. En una esquina Caroline luchaba mano a mano con lo que Charlie estaba seguro que era un hombre humano. Michael estaba apuntando una pistola hacia él, intentando dar un disparo limpio. En el suelo había dos humanos más, un joven hombre y una mujer, y un tercer cuerpo con una energía pulsando de ellos. Un Jinn. No muerto, registró Charlie, viendo el levantar y caer del pecho del hombre Jinn. ¿O era un Sorcerer? Y en la esquina, por encima de un armario de cristal donde Michael mostraba armamento antiguo que coleccionaba, había otro Jinn. Su largo cabello oscuro estaba trenzado sobre su hombro, y como Cristal, usaba un austero chaleco de cuero con pantalones de cuero. Su mirada oscura se enterró en Cristal, una sonrisa de suficiencia entretenida girando sus labios mientras sólo flotaba allí, cruzado de piernas. —Justo a tiempo para la diversión, hermano. —Movió su mano sobre la escena. En un borrón de movimiento, su velocidad tan rápida que fue sólo un camino de negro y azul a través de la habitación, Cristal estaba detrás del hombre humano luchando con Caroline. Puso una mano en su cabeza y el hombre se congeló, estremeciéndose, sus ojos rodando hacia atrás en su cabeza antes de que un último jadeo se escapara de su ahora espumosa boca. Sus rodillas se debilitaron y colapsó en el suelo, Caroline alejándose de su camino, permitiéndole a su marido acercarla a su lado. Michael miró
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    203 a Cristal consorprendente calma, su pistola todavía sostenida con fuerza en su mano izquierda. —¿Qué en la tierra está ocurriendo, Su Majestad? —preguntó en voz baja, indicando los cuerpos alrededor de ellos. —Eso es lo que me gustaría saber —dijo una voz muy similar a la de Rojo muy cerca a la oreja de Charlie. Al unísono, ambos Charlie y Trey retrocedieron en la habitación, sus ojos mirando fijamente un rostro familiar. Un Rey Jinn. Todos lucían tan parecidos. Este tenía una nariz de halcón, y severos ojos observadores que barrieron la habitación, permaneciendo en Cristal y el Rey Sombra que todavía flotaba en su posición elevada en la esquina. En vestiduras de seda dorada a juego con pantalones dorados, su cuerpo superior desnudo bajo la capa excepto por el enorme rubí que colgaba alrededor de su cuello, este rey era una extraña mezcla de peligro y luz. Su largo cabello esparcido alrededor de sus hombros, tan rubio dorado que podía ser confundido con hilos del metal precioso. También era el Rey Jinn más alto que Charlie había conocido. Más alto que Rojo o Cristal. Hablando de Rojo. El aire en la habitación parecía ponerse más superficial mientras Charlie se tambaleaba hacia atrás involuntariamente. El Rey Rojo entró a la habitación al lado de su hermano, unos pocos centímetros más bajo que el rey dorado. Cuatro Reyes de los Jinn en una habitación. Los ojos de Charlie casi se volvieron dentro de su cabeza. Era casi como se había sentido estar de pie en frente de Azazil. Ambos, Rojo y su desconocido familiar estaban mirando a Sombra en la esquina. Con sus ojos todavía en Sombra, Rojo le murmuró a Michael: —Sr. Roe, este es mi hermano El Rey Dorado y padre fundador de Los Gremios.
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    204 Caroline jadeó yrápidamente inclinó su cabeza mientras su marido se doblaba con respeto hacia el Rey Dorado. —Su Majestad, es un honor tenerlo en mi casa —reconoció Michael, su voz llena de impresión. Era la primera vez que Charlie había visto a Michael nervioso. —El honor es todo mío, Michael del Gremio Roe. Sólo desearía que fuera bajo mejores circunstancias. —Sus ojos oscuros no estaban ni siquiera en Michael. Estaba fulminando con la mirada con resuelto rencor a Sombra—. ¿Qué está pasando aquí? Sonriendo con suficiencia, pareciendo completamente despreocupado de que fuera superado por número por tres de sus hermanos, el Rey Sombra lentamente bajó hasta el suelo. Charlie casi tragó con fuerza. Maldición, era enorme también. Lanzó una mirada a Trey que escondió una sonrisa inapropiadamente entretenida. Esto era tan malditamente surrealista. —Lo que sea que haya hecho, deberían realmente culpar a Rojo por ello. —Sombra se encogió de hombros, su mirada siniestra y dura, como la de un tiburón. Sus expresiones eran más ricas que las de sus hermanos, más de alguna manera, como si no supiera como esconder sus sentimientos. Le recordó a Charlie al Rey Brillante en ese aspecto. —Él me dijo que dejara de sentarme alrededor esperando a que Blanco me dijera qué hacer. Así que fui a Blanco y le dije a él qué hacer. —Ari, no está aquí. —Rojo curvó sus labios con disgusto hacia él—. Realmente eres una mierda en esto ¿no, Sombra? Charlie tosió, resoplando una risa con el uso de Rojo de la palabra “mierda”. Los otros reyes eran tan formales comparados al tío de Ari. Espera. Charlie se congeló, su mirada dirigiéndose de Cristal, a Sombra, a Rojo y al enorme Dorado. Todos ellos eran los malditos tíos de Ari.
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    205 —Sé que Arino está aquí tú arrogante canalla. —Sombra rodó sus ojos—. Sólo envié algunos Jinn a atacarla. No tienen idea de quién es ella, sólo que les pagué un montón de dinero para hacerlo. Hice esto para distraerlos. Blanco probablemente tiene lo que quiere de ella a estas alturas. Como si supiera cómo reaccionaría, Trey estaba al lado de Charlie en segundos, su duro agarre se curvó alrededor del brazo de Charlie, manteniéndolo quieto y deteniéndolo de hacer algo tonto. Estaba agradecido por eso, porque por un momento todo lo que sintió fue puro miedo y rabia por Ari. ¿Qué le había hecho el hijo-de-puta a ella? ¿Y Fallon? Su corazón golpeteó aún más rápido. Fallon estaba con Ari. Las dos estaban juntas. Ellas tienen a Jai, le susurró una voz calmada. Tanto como Charlie lo odiaba, ese recordatorio calmado lo tranquilizó un poco. Con la voz sorprendentemente calmada, Rojo avanzó hacia Sombra. — ¿Qué trama Blanco? —Te detendré allí. —Dorado caminó junto a Rojo hasta que estaba de pie en el centro de la habitación. Aquellos ojos de ave de caza de él abarcaron la habitación, asimilando a cada uno de sus hermanos cuidadosamente—. Vine sólo a dar una advertencia. Puedo ser neutral en esta guerra en el presente, pero eso puede cambiar fácilmente si cualquiera de ustedes —Su mirada amenazante aplastó a Sombra en la pared—, pretenden arrastrar uno de mis Gremios en ella de nuevo. Estos Gremios fueron creados para el balance —discutió—, para equilibrar la destrucción que nuestra raza es tan fácilmente capaz de crear. Lleven esa destrucción a lo que es mío y elegiré el lado opuesto y diezmaremos todo lo que ha contenido algún valor para ustedes. ¿Entendido? La diversión pareció filtrarse del rostro de Sombra, como un travieso niño pequeño recibiendo un castigo por su jugarreta. —Entendido —murmuró y antes de que Rojo o Cristal pudieran detenerlo, Sombra desapareció dentro del Peripatos.
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    206 Dorado suspiró cansinamentey le envió a Rojo una mirada. —Eso va para ti también. —Por supuesto, hermano. —Rojo inclinó su cabeza—. No fue mi intención hacer daño al Gremio. —Mientras más rápido se lidie con esta chica mejor. Ella no debería existir —declaró Dorado rectamente—. Creo, que en el fondo, ambos saben eso. Un gruñido casi imperceptible cavó fuera de la parte trasera de la garganta de Rojo mientras daba un paso hacia Dorado. Cristal imitó sus movimientos, dando un paso detrás de Dorado para que estuviera rodeado. Charlie tembló con la inesperada oscuridad en los ojos de Rojo. Todo su ser pareciendo agitarse con una corazonada. —Justo como proteges El Gremio, yo protejo a la chica. Cualquier daño que llegue a ella por tus manos y nosotros diezmaremos cualquier cosa que ha tenido significado para ti alguna vez. Admirablemente tranquilo, Dorado giró su cabeza muy levemente para reconocer la amenazante presencia de Cristal detrás de él. Asintió, su dorado cabello cayendo por su rostro, escondiendo su perfil de Charlie. — Tienes mi palabra de que voy a permanecer fuera de la guerra. No voy a llevar daño hacia ella. Satisfechos, Rojo y Cristal se alejaron como gemelos telepáticos e inmediatamente las más puras, doradas llamas cayeron en cascada alrededor de Dorado mientras partía al Peripatos. Rojo le envió una casi frenética mirada a Michael. —¿Ari está en la escuela en Connecticut? Michael asintió, sus ojos afligidos. —También mi hija. —Las encontraré —prometió Rojo y luego se giró hacia Cristal—. Quédate aquí. Protégelos. Luego de recibir un agresivo asentimiento de Cristal, Rojo los dejó.
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    207 Llámalo adrenalina, culpa,miedo, preocupación, impaciencia, emoción, el corazón de Charlie simplemente no dejaba de correr, todo su cuerpo estaba temblando. No podía entender cómo Trey podía sólo estar de pie allí tan calmado, hasta le ofrecía a Cristal una sonrisa entretenida mientras soltaba un chiste sobre limpiar el desastre que Sombra había hecho. Parecía más cordial hacia Cristal de lo que lo había sido sólo quince minutos antes, tal vez porque Cristal se había parado en frente de él, protegiéndolo. Charlie al menos entendía eso. Cuando alguien salvaba tu piel, no podías evitar perder el odio hacia ellos. Los invisibles y resbaladizos restos de la matanza que Charlie había cometido todavía aferrados a su piel, a su ropa, a las paredes y al suelo de la sala de estar, a su alma. Y Charlie frotó la esmeralda escondida en su bolsillo, una parte de él asqueado por su propia euforia, pero la mayor parte de él sabía que ahora… ahora él era lo suficientemente fuerte para matar al Labartu. ¿Cuán retorcido era él, que podía estar tan enfocado en su venganza, cuando su mejor amiga y la chica con la que él se estaba acostando estaban perdidas en acción?
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    208    Tecolaste en mi ático y robaste mi cosa favorita Traducido por Andy Parth Corregido por BrendaCarpio a cabaña era pequeña, pero tenía una cocina bien surtida y plomería… aunque como eran Jinn, el hambre y la deshidratación no eran realmente un problema cuando podrías conjurar lo que sea que quisieras. —No es realmente para Jinn —respondió Jai a la pregunta no expresada de Ari mientras ella miraba los gabinetes de la cocina—. Este refugio es en caso de que necesitáramos traer un cliente humano aquí. —Terminó con un siseo, apartando el paño mojado de su cabeza. Preocupada, Ari tomó el paño y lo movió con cuidado alrededor de él para poder ver la herida. Era una herida en la base de su cráneo y ya estaba curando. —¿Estás bien? —Sí, es sólo que pica mientras se cose de nuevo. —Genial súper curación Jinn —murmuró ella, su estómago todavía revuelto. Lo que había sucedido se sintió tan surrealista. —¿Jai? ¿Por qué ellos están trabajando juntos? —preguntó mientras se giraba lentamente para enfrentarlo—. Los Jinn, seguramente saben que trabajar juntos es estúpido si me quieren para ellos mismos. Jai asintió y botó el paño ensangrentado en el fregadero. Con un pesado suspiro y los ojos cansados, se inclinó hacia atrás contra la encimera, sus brazos cruzados sobre su pecho. L
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    209 —Había una mezclade poder por ahí. Un par eran Marid… y bastante fuertes. Imagino que ellos fueron los que convencieron a los Jinn menores para atacarte. Probablemente les pagaron. Los fuertes probablemente resolverían a puñetazos quién te tendría una vez que te tuvieran realmente. Estremeciéndose ante el pensamiento, Ari hizo un gesto en acuerdo. Tenía sentido… una horrible, repugnante clase de sentido. Había sido una cosa discutir la probabilidad de que los Jinn fueran detrás de ella, pero la realidad de ellos atacando era completamente diferente. Era impactante. Y aterrorizante. De alguna manera apocalíptico en su horror épico. Todavía temblando, pero tratando de no hacerlo, Ari se encogió de hombros. —Entonces, ¿ahora qué? ¿Vas a llamar a Fallon? Sorpresa se disparó a través de ella cuando él sacudió su cabeza, su expresión seria. —No podemos confiar en nadie, Ari. Te encontraron de alguna manera, y la última vez que eso pasó fue uno de los Roes quien nos había traicionado. —Entonces… ¿Qué? ¿Qué vamos a hacer? —Si es cierto, si los Jinn están detrás de ti, estás más segura conmigo. Huyendo conmigo. Horrorizada ante la idea de dejar a todo el mundo, Ari sacudió su cabeza. —No. ¿Qué hay acerca de Charlie? ¿Trey? ¡No podemos simplemente dejarlos! Con expresión implacable, Jai caminó tentativamente hacia ella, como si se acercara a un animal herido. Se estiró para cepillar su cabello gentilmente fuera de su rostro, sus dedos se arrastraron por su mejilla hasta que su pulgar descansó en el corte de su labio. Lentamente, su boca bajó a la suya y presionó el más suave de los besos en su herida. Cuando se alejó, sus ojos estaban a centímetros de ella, perforando en suyos con calor y emoción oscura. —Todo lo que importa es protegerte. Si Sala no hubiera llegado, no sé lo que habría hecho. Tratamos de vivir nuestras vidas tan
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    210 normalmente como eraposible y traté de darte lo que querías al acordar dejarte trabajar con El Gremio. Pero casi te secuestran Ari. Conexiones… las conexiones justo ahora van a conseguir que te maten. Trataremos de comunicarnos con Charlie y Trey, pero ellos justo ahora están solos. Como lo estamos nosotros. La parte de ella que quería llorar estaba peleando con la oscuridad del Seal. Su garganta obstruida con miedo y agotamiento y, mientras no quería parecer frágil, Ari pensó que lo mejor era dejar que las lágrimas ganaran sobre el Seal. Inundaron sus mejillas y Jai maldijo suavemente bajo su aliento mientras la halaba hacia él, sus brazos envueltos tan fuerte a su alrededor que apenas podía respirar mientras empapaba su camiseta con sus lágrimas. —Quiero ser fuerte Jai. Quiero devolver la pelea, pero la realidad de cada Jinn en el mundo sabiendo lo que soy es mucho más alarmante de lo que pensé que sería. Gentilmente, la empujó lejos de él, sus manos sujetando sus brazos cuando se inclinó hacia abajo con amor feroz en sus ojos. —Tú peleaste y fuiste fuerte. Era aterrador Ari, pero peleaste. No te quedaste simplemente ahí y lo tomaste. Peleaste. Y tienes que prometerme, sin importar lo que pase, que siempre pelearás. Ella asintió, succionando de vuelta las lágrimas provocadas por la conmoción. —Lo prometo. Los hombros de Jai cayeron con alivio y se inclinó para colocar un suave beso en su frente. Ari suspiró. Al menos todavía tenía a Jai. —¿Ahora qué? —preguntó ella otra vez mientras él caminaba al salón de la cabaña sin paredes. Buscó distraídamente un vaso, desesperada por algo de agua, mientras esperaba por su respuesta. —Nos quedaremos aquí durante unas horas, planeando nuestro próximo movimiento. Pero tenemos que irnos pronto antes de que alguien empiece a chequear los refugios de mi padre.
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    211 El vaso deAri se le escapó de las manos y se destrozó en el fregadero mientras escuchó el silbido familiar de las llamas detrás de ella. Giró, su corazón palpitando, ojos amplios con ansiedad mientras veían el rostro del Rey Blanco quemar hacia ella en las llamas del Peripatos. Ni siquiera dio un paso fuera de él y Ari no tuvo tiempo de pensar, mucho menos para actuar, antes de que su larga mano se estirara, agarró fuerte a Jai y lo jaló a las llamas con él. —Demasiado tarde. —Él la fulminó con la mirada, su rugido de incredulidad siguiendo la estela de su desaparición. Silenció reinó en la cabaña excepto por los ecos de su propio grito palpitando en sus oídos y el ruido sordo de sus latidos acelerados. Blanco se había llevado a Jai. Lágrimas se derramaron por las mejillas de Ari mientras se agachaba, tratando de recuperar su aliento. Un extraño ruido agudo se le escapó mientras el cansancio y la furia intentaban tomar el control. Él sabía. Blanco sabía acerca de ella y Jai. Él sabía. Colapsó en sus rodillas, tratando de respirar, tratando de empujar el ataque de pánico hacia abajo. Un ataque de pánico no le haría ningún bien. No le haría ningún bien a Jai. Con las manos apretadas en puños, Ari miró alrededor buscando inspiración. Piensa. Piensa. ¡Piensa! Blanco tenía a Jai. Iba a usarlo para conseguirla a ella. Le haría daño. Y no podía saber cuánto tiempo le tomaría hacer su movimiento. Ari tenía que recuperar a Jai. No iba a sentarse alrededor esperando a que Blanco viniera por ella. ¡De ninguna maldita manera! Sin importar qué, ella iba a recuperar a Jai. ¡Rojo! Gritó ella telepáticamente. ¡Te necesito! Ella esperó. Nada.
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    212 Mierda. ¿Ahora Rojo nole estaba hablando? ¿Realmente estaba sola? ¿Cómo podría no hablarle? ¿Él era el que la había traicionado? ¡Rojo! Gritó más fuerte, empujando más energía en la llamada. ¡Ayuda! ¡Te necesito! ¡Ahora! Segundos… Minutos… Nada. Lágrimas furiosas se agruparon en las esquinas de los ojos de Ari y ella empujó esa emoción en su energía, sudor rodando por su frente. ¡ROJO! ¡TE NECESITO AHORA! El crujido del fuego hizo que Ari se levantara con alivio, el Rey Rojo saliendo del Peripatos era una vista más bienvenida de lo que ella había incluso pensado que sería otra vez. —Ari. —Él suspiró con alivio mientras se acercaba para pararse ante ella—. He estado buscándote. —Sí. Bueno, tu hermano me encontró primero. —Ella escupió su odio y estuvo satisfecha por la mirada de sorpresa mientras él asimilaba su expresión violenta. Sus labios se apretaron juntos. —¿Qué pasó? Su boca tembló, desmintiendo su fragilidad en ese momento. —Blanco se llevó a Jai. —Él se enteró de lo de ustedes —susurró Rojo, pareciendo casi simpático. Ari no le creyó ni por un segundo.
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    213 —¿Fuiste tú? Sabíasacerca de Jai y yo, sé que sabías. Entonces, ¿le dijiste a Azazil? ¿Le dijo él a Blanco porque estaba aburrido? El rostro de Rojo se oscureció y dio un paso amenazante hacia ella. —Debes recordar a quién le estás hablando, jovencita. Mantuve tu romance secreto con tu guardián para mí mismo. Incluso lo guardé de mi padre y créeme está un poco molesto al saber que le estoy guardando cosas. Sin estar segura de creerle o no, y sintiéndose estúpida por las odiosas cosquillas de esperanza que sintió ante pensamiento de Rojo siendo un aliado otra vez, Ari se encogió de hombros. —Tú o alguien más, el resultado siempre es el mismo. Blanco sabe. Y no puedo prometer que no haré rodo lo que él quiera para recuperar a Jai… entonces tenemos que robarnos a Jai para tenerlo de vuelta. Y entonces Jai y yo necesitamos huir. —¿Huir? —La frente de Rojo se surcó con confusión. —Todos los Jinn saben acerca de mí ahora. —No. No, ellos no saben. Con su corazón tambaleándose, Ari se movió lentamente hacia su tío como si pudiera sacarle esas palabras otra vez. —¿Qué quieres decir? —Los Jinn que te atacaron en la escuela y los Jinn que atacaron a los Roes… —¿Atacaron a los Roe? ¿De qué estás hablando? ¿Charlie? Trey… —Están bien. —Rojo sostuvo sus manos en un gesto calmante—. Todo el mundo está bien. El Rey Sombra y Blanco planificaron los ataques como una distracción para que Jai te llevara a algún lugar donde Blanco pudiera llevárselo sin temor a una interferencia. Él necesitaba ser capaz de entrar y salir con Jai antes de que pudieras usar el Seal en su contra. Imagino que el ataque también era para enojarme a mí y a mi padre.
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    214 —Entonces, ¿los Jinnno saben acerca de mí? —No. Todavía hay algunos curiosos acerca de ti, pero hasta donde soy consciente, todavía estás a salvo de ellos. Al menos por ahora. Ari deseó poder disfrutar de la sensación de alivio pero todos sus pensamientos estaban centrados en Jai. —Todavía no confío en ti. Pero necesito tu ayuda. —No sé donde está Blanco Ari. Tomaría semanas encontrarlo. —Rojo suspiró, sus cejas se unieron con desagrado—. Tu mejor apuesta es esperar… esperar a que él te envíe sus demandas. Y todos sabemos que será eso… que voluntariamente vengas con él al Monte Qaf y a cambio él promete que Jai no sufrirá más daño hasta que hayas hecho lo que sea que quiera que hagas. Una tormenta de ira estaba azotando dentro de Ari. —¿Y qué hay acerca de Jai? En el tiempo que nos tomamos esperando aquí como títeres, ¿qué le estará haciendo a Jai? —Ella sacudió su cabeza—. No. Blanco conseguirá parte de su deseo. Yo en el Monte Qaf — Ella miró a Rojo, su energía chisporroteando en sus dedos—. Llévame a Azazil. Él sabrá dónde está Blanco. —¿Entiendes lo que me estás pidiendo que haga? Ella asintió, completamente consciente de que Azazil iba a querer algo a cambio. Su tío abrió su boca como si fuera a argumentar y entonces cerró sus labios de golpe en una mueca, su rostro entero con una mirada amenazadora hacia ella. Entonces él suspiró, asintiendo en consentimiento. —Llévame ahora. —Ari. —Estiró su mano para tocar su brazo, en un gesto casi cariñoso—. Si hago esto, debes prometerme que recordarás que no tienes nada que temer de Asmodeus o de mi padre. Sin importar lo que ellos digan o insinúen, no te lastimarán. No pueden.
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    215 Con confusión ysospecha por la enigmática súplica de Rojo, Ari sacó su barbilla desafiante. —¿De qué estás hablando? ¿Qué no me estás diciendo? Él sacudió su cabeza, su boca curvada en una sonrisa amarga. —No puedo decirte lo que quieres que te diga. Debes entender Ari. Debo lealtad a mi padre, pero le prometí a Sala que haría todo lo que pudiera para protegerte. Así que todo lo que puedo decir es que puedes caminar en el palacio de mi padre sin temor a que te herirá… personalmente. —Entonces él todavía podría herir a las personas a mi alrededor ¿Cierto? — respondió Ari tristemente con cansancio—. ¿Él todavía podría herirte? Rojo parpadeó, pareciendo sorprendido. Esa sorpresa se transformó en una lenta sonrisa que iluminó su apuesto rostro. —No niña, él no me herirá. ¿Pero eso significa que te importa? Encogiéndose de hombros enigmáticamente Ari respondió. —Tanto como a ti. Con un resoplido no muy de la realeza, Rojo tomó su mano y le susurró que se preparara.
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    216  Hay juguetes dispuestosa que juegues con ellos. Y otros que preferirían permanecer en la caja. Traducido por AariS Corregido por Micca.F a urgencia se había disipado; sus besos perezosos, reconfortantes. Charlie sostenía a Fallon flojamente, sus manos en sus caderas, las piernas de ella envueltas alrededor de su cintura mientras estaba sentada apoyada en la mesa de billar en la biblioteca de su padre. Se sentía cálida y flexible, increíblemente viva y sexy. Olía como algún tipo de flor, pero debe haber sido de su champú porque Fallon no podría molestarse por cosas como el perfume. No como Ari que siempre olía ligeramente como a vainilla. Charlie inmediatamente trató de apartar a Ari de sus pensamientos. Sólo segundos antes se había sentido tranquilo como lo había hecho desde que Fallon había regresado a casa, sana y salva. Ella tenía ese efecto en él. Había sido un enorme alivio ver el equipo en el que estaba ella acercarse a la casa después de haber conducido directamente a casa desde Connecticut. Afortunadamente, habían salido de los ataques completamente ilesos. Anunciando que le había prometido a Jai que los esperaría, Fallon no había querido dejar la casa en Connecticut hasta que él y Ari regresaran a ellos. Luego Rojo había aparecido para darle las noticias y Fallon había volado a Jersey para darle las noticias a El Gremio: el Rey Blanco había cogido a Jai y en un intento de traerlo de vuelta, Ari había volado al Monte Qaf para buscar ayuda de Azazil. Días después, y aún no había noticias de ella. El Rey Cristal se había quedado alrededor, pero con Fallon colándose en la habitación de Charlie por la noche y Trey constantemente bloqueando cualquier intento que Cristal hacía para hablar con él en privado acerca del Labartu, nada había progresado en ese departamento. Si Charlie fuera L
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    217 honesto consigo mismo,habría admitido que una parte de él estaba disfrutando del respiro. Después del disturbio, aquellas tumultuosas emociones a través de las que había pasado después de utilizar la esmeralda del Monte Qaf, estaba asustado. Asustado de sí mismo, su reacción, su desprecio por… Por todo lo demás salvo el poder que podía darle. —Mmm —murmuró Fallon retrocediendo de su lánguido beso—. ¿Adónde fuiste? Te perdí ahí durante un minuto. —Pensando demasiado. —Charlie se encogió de hombros disculpándose. —¿En Ari? —preguntó en voz baja, un velo cubriendo su expresión e irónicamente descubriendo su vulnerabilidad. Charlie sintió una punzada de culpa y preocupación de que estuviera hiriéndola. Solía acostarse por ahí con chicas y alejarse. De algún modo, no había resultado así con Fallon. Habían estado juntos durante semanas y todavía no estaba aburrido. En cambio, su intriga por ella aumentó cada día más. Desafortunadamente, el dolor que sentía siempre que Ari entraba en una habitación todavía no se había ido. Quería seguir adelante. Simplemente todavía no estaba allí. —Sólo estoy preocupado. —Trató de asegurarle—. Sin embargo, me alegro de que estés bien. Ella se mordió el labio, sin encontrar su mirada, toda su actitud era tan poco como Fallon que Charlie no pudo evitar tensarse en anticipación de lo que vendría a continuación. —Charlie… —Su respiración parecía un poco superficial—. Creo… creo que puede que realmente me preocupe por ti. Sus hombros cayeron desde donde habían estado encorvados hasta sus orejas, todos sus músculos relajándose mientras sus palabras se dispararon a través de su pecho como agua caliente en un día de frío glacial. Alcanzándola, movió con cuidado su barbilla hacia arriba de modo que tenía que mirarlo a los ojos.
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    218 —Realmente también mepreocupo por ti. No sé qué habría hecho sin ti estas últimas semanas. —¿En serio? —Su sonrisa otra vez era engreída, volviéndolos a poner en territorio familiar. —En serio. —Bien. Entonces estarás bien con el hecho de que voy a ir contigo cuando vayas tras Labartu. Fue como si le hubiera tirado un cubo de agua helada sobre toda esa calidez que había creado sólo momentos antes. Charlie sintió la sangre drenarse de su cara ante el pensamiento de Fallon en cualquier lugar cerca de la zorra que había matado a Mikey. ¡De ninguna manera! Y de ningún modo iba a permitirle estar cerca de él cuando consiguiera su venganza. No quería que ella ni nadie fuera testigo de la clase de persona en la que iba a tener que convertirse para hacer eso. —No. —Su voz era fría e inamovible mientras se apartaba de ella. Fallon cerró sus piernas a su alrededor, parando su retirada. —No me dejes fuera de esto, Charlie. No puedo detenerte de hacerlo, pero puedo asegurarme malditamente bien de que salgas vivo de ello. —No necesito que me mantengas vivo. —Empujó sus piernas fuera de él y retrocedió, flexionando sus manos con irritación—. Y no necesito estar preocupándome por ti y si el resto del mundo Jinn te retendrá simplemente como responsable de la muerte de ese monstruo. —¡Esto es suicidio, Charlie! Entiendo que necesites venganza, pero ¿qué hay de toda la gente que se preocupa por ti? Yo, Ari… ¡incluso Trey! Y ¿has hablado con tu madre últimamente? ¿Le has contado que va a perder al único hijo que le queda? —Cállate —siseó, cerrando los ojos ante la verdad, el dolor—. No necesito esta mierda. ¡No de ti! Se supone que tú lo entiendes. Se supone que me entiendes.
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    219 —Lo entiendo. Lohago. —Ahora estaba más calmada mientras saltaba ágilmente desde la mesa de billar y caminaba hacia él—. Simplemente no quiero que mueras. Gimió. ¿Cómo podía estar enfadado con ella por eso? Suavizándose bajo su franca mirada, Charlie suspiró y atrajo hacia sí su pequeño cuerpo, metiéndole la cabeza bajo su barbilla. —Tienes que confiar en mí. —Pensó en la esmeralda y le dijo confiadamente—. Sé que voy a salir de esta vivo. —Pero después tendrás que huir, tú, cabrón arrogante. Nunca te veré de nuevo. —Idioteces. Por supuesto que lo harás. Tendremos encuentros clandestinos. Será caliente. —Prometió y sonrió cuando ella se rió entre dientes, pinchándolo juguetonamente en el brazo. El aumento de energía en la habitación los alertó de otra presencia y Fallon se apartó rápidamente para que pudieran darse la vuelta para enfrentarse al intruso. El intimidante Rey Cristal miró a Charlie desde su posición en la puerta, su expresión insulsa. Casi aburrida. —Odio interrumpir, pero he encontrado a Akasha… he encontrado a tu Labartu, Charlie. Esto era lo que Ari siempre había imaginado cuando había pensado en genios. A diferencia de la fría elegancia de la suite dormitorio en la que Rojo la había puesto cuando visitó su parte del palacio de Azazil, los alojamientos en los que el Sultán la había colocado eran un derroche de profundos colores enjoyados y lujo sensual. La habitación era pura decadencia. Desde su tamaño, a los elementos y accesorios, y el armario lleno de ropas que Azazil había insistido en que llevara durante su estancia.
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    220 La cama ocupabael centro de la habitación, pegada al suelo, cubierta de almohadones de seda y mantas de tafetán. El mobiliario de bronce estilo marroquí estaba diseminado elegantemente aquí y allá, y el vestidor estaba separado del resto de la habitación por pesadas cortinas de damasco púrpura profundo y dorado. Mujeres Shaitan de ojos misteriosos pero extrañamente bellas se aseguraban de cada una de sus necesidades, su casi constante presencia rozaba a Ari crudamente como una cuerda en su muñeca. Días. Había estado en el Monte Qaf por días. Y temía que muchos más los seguían. Era su culpa. Después de días recorriendo los terrenos del palacio, deambulando por los puestos del mercado, y cenando con Azazil y Asmodeus, Ari había perdido finalmente la paciencia. Sin embargo, en un esfuerzo por ser inteligente en sus interacciones con el Sultán, Ari había elegido sus palabras cuidadosamente cuando le había preguntado educadamente a Azazil en la cena dos noches antes si le importaría decirle dónde estaba manteniendo Blanco a Jai. Azazil había bajado su tenedor y su cuchillo de oro y la había mirado con un brillo especulativo en los ojos, un brillo que había enviado invisibles banderas de advertencia por la espina dorsal de Ari. Efectivamente, había querido jugar con ella. —Sé dónde está Jai. También sé que tu querido amigo, Charlie, ha descubierto la localización de la Labartu y ha salido tras ella. El corazón de Ari se había alojado en algún lugar de su garganta mientras miraba de vuelta al Sultán con incredulidad. La presencia de Azazil aún la hacía sentir como si hubiera estado bajo el agua demasiado tiempo, y mirarlo era como mirar a una bola de energía demasiado brillante. Su aura presionaba contra la piel con tal fuerza, que siempre estaba sorprendida de nunca tambalearse hacia atrás ante él. Sus pensamientos habían sido caóticos mientras miraba a ese antiguo ser. Charlie no, había pensado. Aún no, cuando no estaba allí para detenerlo. Para protegerlo.
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    221 —Elige uno. —Azazilhabía sacudido una enorme mano enjoyada hacia ella—. Y le ayudaré. Furiosa ni siquiera se acercaba a explicar cómo se había sentido en ese momento. Desconsolada. Traicionada. Asqueada. Por él. Por ella misma. ¿Cómo podía ser alguien tan cruel? ¿Y cómo podía haber tardado sólo unos minutos en responder? ¿Cómo podía haberle dado siquiera una respuesta? —Jai. —Había susurrado, casi ahogándose con su propia culpa. Azazil le había sonreído, una leve curvatura en la comisura de sus labios. Qué joven tan cruel había parecido ser. Pero un joven cruel podía ser perdonado por ser tan joven y sin conocimientos. Sin embargo, ¿un ser tan antiguo como la tierra? Ari habría pensado que siglos de ver cómo el amor podía hacer que la gente hiciera cosas extraordinarias, había sacado la crueldad de él. Pero entonces también había pasado siglos viendo cuán fácilmente la crueldad tenía su propia manera de convertir el amor en un arma. —Entonces es Jai. —Había sonreído a Asmodeus, que miraba a Ari sin mucho cariño—. Haré un pacto contigo, Ari. Tú permaneces aquí conmigo, indefinidamente, y prometo asegurarme de que ningún daño caerá sobre cualquiera de tus jóvenes. Su mandíbula casi había golpeado la mesa. —Pero por qué… —Había comenzado antes de darse cuenta de que ya sabía la respuesta a esa pregunta. ¿Por qué la había hecho escoger si iba a salvarlos a ambos? Porque le divertía jugar con sus emociones. Verla destrozada con la culpa. —Quiero actualizaciones de ambos. —Había levantado la barbilla con desafío, su mirada moviéndose rápidamente entre los dos inmortales. Azazil había continuado sonriendo benévolamente, mientras Asmodeus se había echado hacia atrás con un atisbo de algo más que aburrimiento en sus ojos.
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    222 —Hecho. —Había estadode acuerdo Azazil. —Entonces me quedaré indefinidamente. Era un trato estúpido para haberlo hecho. Ahora lo sabía. Tres días habían pasado y aún no había sabido nada acerca de los paraderos de Jai o Charlie. Se echó hacia atrás en la lujosa cama que le habían dado, mirando a los grabados del techo que habían sido pintados con oro. Por una vez estaba disfrutando de un momento a solas de esas insistentes Shaitan. Más como espías, refunfuñó para sí, girando para acurrucarse mientras su corazón se apenaba ante el pensamiento de Jai. Azazil había prometido que no sufriría ningún daño. ¿Significaba eso que era libre? Si no, ¿estaba siendo tratado bien? Una y otra vez, había intentado comunicarse telepáticamente con él, pero sólo la debilitaba. Era inútil. Estaba demasiado lejos de ella. Y ¿qué pasa con Blanco? No estaba haciéndole daño a Jai, ¿verdad? Ante el pensamiento de Blanco torturándolo, se estremeció de dolor. —Vas a tener pesadillas si continúas así. Ari voló a una posición sentada, girando alrededor para encontrarse a Asmodeus descansando en una tumbona. Había estado tan perdida en sus pensamientos que ni siquiera lo había oído o sentido entrar en su habitación. Esta noche estaba vestido con ropas tan oscuras que su cabello parecía estar perdido en la seda donde se derramaba por su espalda. Sus largas piernas estaban estiradas en cuero negro, su torso desnudo excepto por un torque dorado alrededor de su cuello. Oscuros y letales ojos brillaban puestos en ella, sujetándola a la cama. Odiaba la forma en que se sentía a su alrededor. Asustada, insegura… intrigada… —¿Qué estás haciendo aquí? —espetó, recordando la promesa de Rojo de que no podría ser dañada por Asmodeus. Siete días había estado aquí. Siete días en este extraño, oscuro y solitario mundo. A pesar de todo, deseaba que Rojo volviera.
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    223 —Ahora, ¿qué formaes esa de saludar a un visitante? —le ronroneó, recordándole a un gran jaguar. Hermoso, pero una cuchillada de esas garras… —Sí recuerdo correctamente, la última vez que estuvimos a solas estabas amenazando mi vida. —Lo malentendiste, eso es todo. —¿Qué quieres, Asmodeus? —Estoy aburrido. Siempre estoy aburrido, Ari. Pensé que podrías entretenerme. Un nuevo temor se disparó a través de ella e involuntariamente se deslizó de nuevo en la cama, su pecho pareciendo desplomarse. El Marid puso los ojos en blanco. —No de ese modo. Tengo un harén. No necesito llevarme a mujeres reacias a la cama. Sin embargo… ha pasado algún tiempo desde que he compartido cama con una virgen. Luchando contra el rubor, lo fulminó con la mirada. —Quiero que te vayas. —Yo quiero quedarme. —Se encogió de hombros—. Quiero saber más sobre el Seal. —¿El Seal? Seguramente lo sabes todo. —No. Quiero saber acerca del efecto del Seal en ti. Ari se puso de pie, tratando de ganar un poco de equilibrio, pero la habitación estaba tan llena de tensión que casi la empujó hacia abajo. —¿Por qué te contaría algo? Se movió muy rápido. Un momento había estado descansando como un indolente lord y al siguiente la cabeza de ella casi rozó su pecho cuando se alzó sobre ella al
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    224 menos treinta centímetros.Su mirada era suave sobre ella, y fue cuidadoso cuando se inclinó para enroscar un mechón de cabello detrás de su oreja. Ari se estremeció. Y luego inmediatamente palideció, pensando en Jai. Dando un paso atrás, sacudió la cabeza. —¿Ahora estás intentando sacarme la información seduciéndome, Asmodeus? Ese destello de antes brilló desde las profundidades de su mirada oscura. —Eres una cosa curiosa. No eres para nada como ella. Pero antes… podía haber jurado que la vi. No es posible. —¿De qué estás hablando? Sacudió la cabeza. —Nada. Sólo estoy pensando en voz alta, eso es todo. —Realmente deberías irte, Asmodeus. —¿Por qué? ¿Temes poder sucumbir a mis encantos y traicionar a tu joven Sr. Bitar del modo en que traicionaste al hechicero? Un rayo de pura aversión por él se disparó a través de ella, y debió haberlo visto en su expresión ya que su mirada se ensombreció y sus ojos se entrecerraron peligrosamente. —¿Por qué traicionaría a alguien tan bueno, amable y leal como Jai Bitar por alguien tan desalmado y vacío como tú? El dolor atravesó su cabeza cuando la mano de Asmodeus salió disparada, agarrando su cabello y tirando de ella hacia atrás mientras empujaba su cuerpo contra el suyo. —Ten cuidado —susurró en sus labios, su aliento dulce en desacuerdo con sus palabras—. Te he dicho que me aburro fácilmente y cuando estoy aburrido me gusta jugar con la gente. Intenta no molestarme. —Retrocedió
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    225 para acariciar sumejilla casi tiernamente—. O podría decidir que tú y tu Ginnaye son pequeños y bonitos juguetes. Y luego se había ido en un borrón negro, la puerta de su habitación golpeando a su paso. Ari se hundió, cayendo en la cama, sus piernas temblando. Se sentía como si acabara de escapar de ser comida por un felino de la jungla.
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    226  Como una crudaverdad, el Rojo sobre el Blanco es una mancha difícil de quitar Traducido por Paaau Corregido por Akanet ajo los cielos invernales del Monte Qaf, dos Reyes Jinn en conflicto estaban de pie junto a un gran balcón, mirando el estado de Zubair. No siempre había sido así, pensó Rojo, un poco melancólico mientras miraba al frío perfil de su hermano. Una vez, antes de que Lilif lo hubiera contaminado en contra de todos, Blanco había sido uno de los confidentes más cercanos de Rojo. Sin embargo, Cristal y Blanco nunca habían estado de acuerdo y sus constantes enfrentamientos habían puesto a Rojo en el medio, hasta que Lilif había usado la volátil dinámica entre los tres hermanos para envenenar a Blanco contra Rojo, quien siempre había creído que tomaba el lado de Cristal para todas las cosas. —¿Dónde has estado? —preguntó Rojo suavemente, girándose para mirar hacia el pueblo que bajaba a través de las montañas y hacia la neblina de abajo. Blanco acababa de regresar a Zubair, pero Rojo ya sabía, antes de que él llegara sin invitación, que Jai no estaba con él. —Por ahí. No voy a darte al Ginnaye, hermano, así que puedes olvidarte de eso. Ayudaste a padre a castigar a Ari al enviar a ese chico al que convertiste en Sorcerer tras el Labartu… —Y ayudaste a padre al raptar a Jai. Él hizo lo que tú ibas a hacer, sólo que lo hizo antes. —Padre pudo haber puesto protección alrededor del Ginnaye, pero eso no significa que tenga que dejarlo ir. Se queda en donde está, así que bien puedes irte. B
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    227 Había una gransospecha generándose dentro de Rojo. Después de todo lo que había aprendido, de los sueños de Ari acerca de Lilif, de lo que Kadeen le había dicho, comenzó a ver cómo era la verdadera agenda de Blanco. Y ahora se daba cuenta de que había más que la decisión de Azazil de dejar a Sala robar el Seal de Asmodeus. Quizás, incluso suponía las razones de Azazil de forma correcta. Por un momento, Rojo pensó en decirle todo a Blanco, en aplastar su arrogancia para que él viera de una vez por todas que nunca nadie lo haría mejor que su padre. En cambio, escogió una táctica diferente. —El Seal está cambiando a Ari. Está tomando control sobre ella cada vez más cada día. Puede que llegue un día en que ella no sea capaz de hacer lo que tú deseas porque ya no será Ari. Vio el ceño de Blanco fruncirse levemente mientras apoyaba sus manos en la baranda, el suave viento enviando hacia atrás su túnica azul y revelando la decorada funda de una daga, atada a su costado derecho. Blanco sólo la usaba cuando iba a una batalla. Hmm, Rojo frunció el ceño. Su hermano volviéndose todo simbólico con él. —¿Cómo es eso siquiera posible? —Blanco negó con su cabeza, incrédulo—. No. Estás mintiéndome de nuevo. —Nunca te he mentido. Nuestra madre intentó asesinar a Cristal y nos iba a asesinar a todos. Su falló al intentar asesinar a Cristal la expuso, por lo que fue tras Asmodeus y lo habría matado si padre no lo hubiera protegido. —Equivocado. Asmodeus intentaba matar a madre. Siempre fue la pequeña mascota de padre, hacienda sus mandados. Incluso si eso significaba matar a su una vez querida hermana. ¿Cuántas veces tendrían esa discusión? Cansado, Rojo se giró para mirar directamente a su hermano, la expresión de Blanco sin expresar nada nuevamente. —Siempre me pregunté por qué madre renunció a este mundo. Ahora, tengo razones para creer que se cansó de ver a las personas que amaba morir. Ella creía que El Después sería un lugar de paz para los Jinn. Y no le importaba cuántos de esos Jinn tuvieran que morir para alcanzarlo. Su alma no estaba hecha para la vida eterna, Blanco. Demasiados siglos,
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    228 demasiado dolor… laalteró. Creo que nuestro hermano, Afortunado, se siente igual. Pero él es lo suficientemente fuerte para esconderse en su tierra, lejos de todo esto. Lilif… nos habría matado a todos para destruir el balance. Por un momento, hubo silencio entre ellos, los únicos sonidos provenían de las conversaciones de los Jinn, más abajo. Finalmente, Blanco lo miró, sus ojos sin ninguna expresión, pero su voz grave por la emoción. —Tú no la conocías como yo lo hacía —le dijo, triste—. Desde mi juventud, ella me advirtió de padre y de su naturaleza voluble. Sabía que él algún día sería el final de las cosas, me educó para ser un soldado, para protegernos de eso. —El mundo aún está de pie, hermano, y han pasado siglos desde que madre falleció. Siglos. Blanco sacudió una mano para despedirlo. —Estoy cansado de tener esta misma discusión una y otra vez. Sólo… vete. Igual de frustrado, Rojo gruñó y se dirigió hacia las puertas del balcón. Pero una criatura diabólica lo devoró y se encontró a si mismo dándose la vuelta para mirar directamente la espalda de Blanco. —Me tomó un tiempo reunir todas las piezas. Lentamente, Blanco lo miró por sobre el hombro. —¿Reunir qué? —Lo que quieres hacer. Cuando padre me dijo de la existencia de Ari, pensé que lo habías hecho para poner a padre de rodillas, tomar su lugar. Sin embargo, me di cuenta ahora de lo ingenuo de ese pensamiento, ingenuo de creer que tú, que creías tan enormemente en el balance, te atreverías a hacer algo tan catastrófico. No. Esto es todo acerca de Lilif. Crees que aún está viva y que padre la tiene escondido en algún lugar. Querías que Ari le ordenara decir la verdad de su paradero a Azazil.
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    229 La inexpresividad sefundió de los ojos de Blanco y brillaron hacia Rojo con mucho odio. Pero no era odio hacia él. En su mayoría. Era odio por su padre. —Él no destruyó su esencia, Rojo. Mintió. Puedo encontrarla a ella y a su cuerpo con la ayuda de Ari, y entonces madre regresará a nosotros. Con ella, podemos controlar a padre y restaurar el camino correcto del equilibrio. Juntos podemos hacer cumplir las antiguas maneras. Nada más de traspasar el día de un hermano para moldear los destinos. Volveré a tener mis jueves, otra vez y tú los martes. Tan arrogante. Tanta arrogancia ciega. La boca de Rojo se retorció mientras le daba a Blanco una mirada casi de lástima. —El equilibrio no se ha ido. Lilif intentó robar nuestra esencia para destruir el balance. Cuando eso falló, ella recordó a Azazil refiriéndose a ella y a Asmodeus como dos partes de un todo. Así que decidió que robar su esencia probablemente la haría igual a Azazil. Heredaste su arrogancia, Blanco. Y eres un tonto. Un tonto que pudo creer que Asmodeus fue seducido por Sala. Él dejó que lo sedujera para quitarle el Seal porque padre así se lo dijo. Blanco se dio la vuelta, todo su cuerpo en tensión. —¡Mientes! —gritó, perdiendo su calma característica, como Rojo sabía que pasaría. Sintiéndose ganador al haber traspasado la armadura de hielo de Blanco, le sonrió tristemente—. No. Él quería que tú lo tuvieras. Y mi pregunta es, ¿por qué? ¿Por qué, te pregunto? Rojo creía saber el por qué, pero esa era más información de la que estaba dispuesto a entregar a Blanco. Por ahora, sólo quería que su hermano se diera cuenta de que estaba por sobre él y que siempre lo había estado. —Mientes —repitió él suavemente—. No. mientes. Sólo vete. —Se dio la vuelta para mirar hacia las montañas—. Sólo vete. Y puedes decirle a tu preciosa sobrina que nunca le entregaré al Ginnaye, hasta que acepte hacer lo que quiero.
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    230  Brasa Prestada Traducido porPaaau y Maru Belikov Corregido por BrendaCarpio abia. Hervía a fuego lento bajo la superficie. Esperando. ¿Por qué siempre las personas decían “a fuego lento” cuando hablaban de la rabia? Pero mientras Ari veía a Asmodeus mientras la guiaba más adentro en la caverna, sabía la respuesta a su pregunta. Incluso la rabia escondida nunca se quedaba quieta… Siempre estaba temblando, cociéndose a fuego lento, lista para el momento cuando el cemento que la mantenía enterrada se rompiera bajo la devastación de cualquiera terremoto que finalmente apartara a su guardián. Entonces no había forma de detener la fuente de fundida emoción que salía para acabar con cualquiera a su paso. La rabia de Ari, consigo misma, con Azazil, con este Marid ante ella, estaba cada día haciéndose más impaciente. Tan impaciente que había despertado al Seal. Todo su cuerpo se sentía bañado por la oscuridad del Seal, como si estuviera peleando por pasar cada vez que ella daba un paso. Sus susurros se hacían más fuertes cada día, presionando a Ari para que le permitiera salir. Era una idiota. Una maldita idiota que no pensaba. A pesar de todas sus promesas a sí misma, de que no dejaría a los Reyes y a su padre usar a las personas que amaba contra ella, todo lo que había bastado para enviarla en un espiral de pánico, fue ver los ojos de Blanco mientras robaba a Jai desde el Peripatos. Tan asustada de que su miedo despertaría al Seal, que el Seal la usaría, Ari había dejado que Azazil la usara. Cuando estuviera sola en su habitación en el palacio, la paranoia del Seal le susurraría, enterrando sus opciones dentro de la mente de Ari. Pero cuando Asmodeus se acercaba a ella, los susurros se silenciaban, de alguna forma acobardados por él y Ari era un poco más ella de nuevo. Así R
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    231 que ahora, unavez más, con la esperanza de acallar el Seal, se había permitido ir en este extraño tour por las tierras de Azazil con Asmodeus. Habían ido a la parte inferior de los terrenos del palacio y de regreso al mercado, en donde Ari había visto a los Jinn vendedores y compradores salir del camino de Asmodeus, inclinando la cabeza en respeto cuando él pasaba con fría indiferencia. Él apenas le habló a Ari y cuando lo hacía sus palabras eran cortantes y sabía que debería tener cuidado del por qué le había pedido que lo acompañara, cuando parecía que no podía soportar estar a su alrededor. Pero… Ari estaba más asustada del Seal. Estaba perdiéndose en él. En sus momentos más oscuros estos últimos días, Ari había comenzado a preguntarse si abandonar el Monte Qaf seguía siendo una buena idea. No podía poner a Jai, Charlie y a las personas que le importaban en peligro. Y ella era peligrosa ahora. Y tan, tan furiosa que la lastimaba profundamente. Alejando las lágrimas, Ari respiró profundamente para calmarse, intentando alejar el ataque de pánico que sentía viniendo. Para molestar a Asmodeus, declaró estar aburrida en el mismo tono de voz que él siempre lo decía. Con eso, había ganado una extraña sonrisa de parte de él y decidió llevarla hasta las minas. Los Jinn mineros, que no se parecían para nada a los mineros humanos, en sus camisetas de colores brillantes y pantalones de harén, se habían detenido cuando Ari y Asmodeus aparecieron en las puertas de las minas. Les había tomado una hora atravesar la niebla, pasando casas que Ari nunca antes había visto, notando ahora, irónicamente, que las casas se hacían menos lujosas mientras más lejos viajaban. Ella no se atrevió a mirar al borde de los caminos tallados en las montañas, pero Ari estaba curiosa acerca de cuán lejos iban. Explicándole que las minas se movían cada año, Asmodeus la había guiado a través de las puertas y se detuvo para hablar con un trabajador que llevaba un barril lleno de esmeraldas. Impresionada por la belleza de las gemas, Ari había estado en trance por un momento antes de apartar la mirada.
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    232 Asmodeus le habíasonreído. —No pensaría en robar ninguna, si fuera tú. —Señaló a una alta mujer. Ella miró a Ari, su cuerpo musculoso vestido por completo de negro, recordándole a Ari a un ninja japonés. Mirando alrededor, Ari había notado al mirar entre todos los colores de los trabajadores, más Jinn vestidos en el mismo “uniforme” negro. —Guardias. —Había explicado Asmodeus, regresando a su lado para así poder tomarla gentilmente del brazo. Los trabajadores se apresuraron a inclinarse ante él cuando pasó—. Están aquí para asegurarse de que nadie robe las esmeraldas. Son Jinn que protegen tesoros. —Tesoros… —Sabiendo el tipo de Jinn que eran, Ari había recordado inmediatamente a Tezure, el Jinn que protegía los tesoros de Luca Bitar, y con el pensamiento de Tezure llegó el pensamiento de Jai. Ari lo extrañaba. Lo extrañaba tanto que era un dolor intenso en todo su cuerpo. Quería esconder su cabeza en su cuello e inhalar su esencia picante y exótica, quería sentir sus fuertes brazos alrededor de su cintura, sus labios rozando su oído. Jadeó ante el dolor en su pecho mientras pensaba en el Seal y en el hecho de que quizás, nunca volvería a ver a Jai de nuevo por culpa de eso. Dándole una mirada, Asmodeus parecía haber oído el jadeo pero lo ignoró, continuando hacia adelante. Ari lo había seguido, orando para que el entumecimiento se apoderara de su cuerpo, para así no tener que sentir más. La oscuridad los había envuelto mientras Asmodeus entraba en una caverna, muy atrás en el sitio, en donde había unos pocos trabajadores dando vueltas. Con un movimiento de su muñeca, la caverna se iluminó y Asmodeus la había liberado para adentrarse más en el interior. Así que ahí estaba ella. Sola en una caverna con el Teniente Asmodeus. Otro tonto movimiento, sin duda. —Cada vez que una esmeralda es sacada de la roca —dijo él de pronto, pasando una mano sobre la pared junto a la que él se había detenido—, otra esmeralda aparece en su lugar. —Se giró y le lanzó una sonrisa infantil
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    233 tan desarmadora, queinmediatamente hizo sospechar a Ari—. Uno de los pocos misterios en estos mundos. ¿Por qué la había traído aquí? Ari dejó salir otro suspiro al sentir su pecho apretándose, los primeros síntomas de su ataque de pánico volviendo. Rojo le había prometido que Asmodeus no podía hacerle daño. Pero claro, Rojo también había ido a sus espaldas y destruido el futuro de Charlie. —No debería ser posible. —Asmodeus negó con la cabeza mientras la estudiaba. —¿Qué no debería ser posible? ¿Las esmeraldas? —Los ojos de él se entrecerraron y agachó la mandíbula, su mirada tan fija que Ari tuvo que combatir un estremecimiento de intimidación—. Tengo una teoría que me gustaría probar. Bueno, eso no sonaba muy bien. Eso no sonaba nada de bien. —¿Una teoría? —preguntó Ari, sus pies queriendo llevarla lejos de él, pero su orgullo diciéndole que no le dejara saber al bastardo que la asustaba—. ¿Qué teoría? Él respondió con un flojo encogimiento de hombros. Su silencio comenzó a reventar las moléculas de oxigeno de la habitación hasta que la respiración de Ari se volvió jadeante otra vez. Finalmente, sus labios se levantaron en la esquina, en una sonrisa que ella pensó que comenzaba a entender. La amenaza, de lo que fuera que él quería de ella, estaba de regreso. —Antes de que hicieras el trato con Azazil por la seguridad del Ginnaye… Blanco torturó a Jai. Si le hubiera disparado una bala, habría tenido el mismo impacto. Ari se tambaleó ante sus palabras, su insinuación tan poderosa y dolorosa como ser golpeada con el Hageegah. —No —susurró ella. —Oh, sí. —Asmodeus estaba caminando lentamente hacia ella ahora—. Lo colgó y comenzó con lo básico. Un gato de nueve colas rasgó su
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    234 espalda hasta queel bruto testarudo finalmente dejó salir un gruñido de dolor… No. Ari negó con la cabeza, la caverna comenzando a girar a su alrededor. No. —Y creo que probablemente, estabas dando tu primer viaje alrededor del mercado cuando Blanco sacó el alquitrán. Oh, eso debe haber dolido... —Detente —susurró ella con voz ronca, sintiendo sus extremidades volverse pesadas mientras el Seal peleaba por dominarla—, estás mintiendo… —Luego fueron los clavos en los pies. Oh y no olvidemos el hambre… Déjame salir, Ari. Haré que se detenga. Juntas podemos hacer que se detenga. ¡Detenerlo! ¡DETENERLO! ¡DETENERLO! —Creo que lo que más admiré fue cuando Blanco cambió de forma para parecerse al padre de Jai mientras lo golpeaba con un cinturón. Usó todos esos recuerdos dolorosos para torturar el alma de ese chico. Ahí fue cuando los gritos comenzaron realmente. Incluso hubo lágrimas. Y tú estabas aquí, jugando a ser la invitada, sin hacer nada para evitarlo… —¡DETENTE! —gritó ella, el sonido haciendo que la caverna temblara. Y de pronto, fue como si estuviera mirando por los ojos de alguien más, enterrada tras los pensamientos y emociones de otra persona. Asmodeus estaba quieto, sus ojos amplios con sorpresa mientras su boca se abría. —Lo sabía. La persona que estaba dentro abrió la boca del cuerpo que compartían, y Ari pudo sentir los extraños pero familiares pensamientos triunfales femeninos mientras comenzaba a ordenarle a Asmodeus que se pusiera de rodillas. Las palabras ni siquiera tuvieron oportunidad de salir de sus labios compartidos.
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    235 Él era unaveta, un borrón de movimiento hacia ellas antes de que la cortina cayera y todo se volviera oscuro y silencioso. La familiar sensación de piso duro bajo ella, regresó a Ari a la conciencia, con un dolor en su cabeza y en los hombros. Gimió, acostándose sobre su costado, sintiendo cada musculo punzar y hueso crujir mientras ella también lo hacía. Mientras la niebla de la inconsciencia se levantaba, Ari se dio cuenta de la poderosa presencia de Azazil pulsando a través de su cuerpo como olas en la costa. Rápidamente intentó recordar lo que había pasado, imágenes de Asmodeus y la caverna volarón a través de su visión. Jai. Sus ojos se abrieron de golpe y el dolor en su pecho estaba de regreso mientras recordaba lo que Asmodeus le había dicho. —Relájate. —La profunda voz de Azazil capturó sus oídos—. Asmodeus estaba mintiéndote acerca del Ginnaye, Jai. Nunca fue herido por mi hijo. Sólo encarcelado. La esperanza se regodeó, diciéndole que era débil mientras levantaba la cabeza y se giraba para mirar a Azazil. Estaba sentado en una silla de cristal frente a una árida chimenea. Mirando rápidamente alrededor, Ari se encontró en una cámara pequeña. Habían pocos muebles o decoración, sólo frías paredes de piedra que brillaban con esmeraldas y pisos de losa bajo ella. Se quedó quieta, sus ojos entrecerrándose con odio mientas se volvía consciente de la presencia de Asmodeus. Él dio un paso lejos de las sombras para quedar de pie junto a Azazil. —¿Por qué? —le preguntó ella amargamente. —Él es tu disparador. —Asmodeus volvió a ser un chico aburrido mientras se encogía de hombros—. Necesitaba liberar al Seal para ver si tenía razón en algo. —¿Entonces Jai está bien? —Los latidos de Ari resonaban en sus oídos.
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    236 —Jai está bien.Aún encarcelado, pero sin daños. Desconfianza y traición tiro de ella desde el suelo y se tambaleó de manera poco elegante hasta estar de pie y mirar al Sultán, desesperadamente luchando su ira y contra el Seal. Esa última vez había sido aterradora. El Seal realmente había tomado control sobre ella, y sabía lo que era el Seal. Quien era. Ella jadeó, su rabia al enterarse que Jai todavía era prisionero disipándose mientras se giraba para mirar con los ojos abiertos hacia Asmodeus. —Lilif —susurró ella. Y Asmodeus le dio una sonrisa de burla a manera de felicitación. —No lo entiendo. —Su pecho se sentía otra vez muy apretado. Azazil alzó una enjoyada mano para llamar su atención. —Cuando Lilif se atrevió a tomar la esencia de Asmodeus, ese al que ella amaba más sobre los otros, sabía que no podía por más tiempo sentarme con los brazos cruzados. El problema, mi querida Seal, es que Lilif, como mis hijos, Asmodeus y yo, son parte de un balance. Temía que asesinarla rompería profundamente las uniones, así que separé su esencia de su cuerpo y la escondí donde nadie pudiera encontrarla. Significaba que se había ido sin realmente haberse ido. El único hijo que se dio cuenta que no había destruido su esencia fue Blanco. Estoy agradecido por la desconfianza entre él y sus hermanos. Ha mantenido un secreto lejos de todos los demás. Ha mantenido a Blanco en silencio. Silencioso pero persistente. Siglos han pasado. Me cansé. Estaba aburrido, supongo. —Él se encogió de hombros descuidadamente. —Y junto con eso vino el Rey Salomón, quien sabía que estaba destinado a tener su lugar en la historia religiosa. Algo sobre él me recordaba a Lilif en su juventud. Ella había estado tan ansiosa por más, ansiaba poder. Tan ansiosa por ser extraordinaria. A veces regresaba al lugar donde mantenía su esencia sólo para sentirla cerca de mí, y un día tuve una idea. Un Jinn podía cargar con la esencia de otro Jinn y mantenerlas en un cuerpo Jinn, pero la esencia no desaparecía realmente a menos que estuviera en otro cuerpo. No quería eso en ese entonces. Alguien teniendo su poder dentro de ellos. Pero era una perdida desperdiciar el poder así que tome su esencia y la encerré en el Seal. El anillo estaba fundido con mi propia
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    237 magia, la únicacosa lo suficientemente poderosa para encerrar su esencia en metales y dividí esa esencia en luz y oscuridad así Salomón podía ordenar a Jinn buenos con la parte de plata del Seal y ordenar a los malos con la parte de hierro. Era tan hermosamente poético, Ari. El poder de mi Lilif fuera en el mundo otra vez, pero controlado por mí como siempre había querido. La plata y el hierro sellados eran solamente para mi propio disfrute. Siempre he estado intrigado por el concepto del bien y el mal. Pero Salomón falló justo como Lilif lo había hecho. Él no podía estar a la altura de mi anillo. Él abuso de el —Sus rasgos se endurecieron—. Así que lo envíe al desierto a morir y lo reemplace con Asmodeus, que cumplió su destino por él. Después de eso, le pregunté a Asmodeus si prefería que regresara su esencia al escondite o si prefería guardarla como estaba. —Tú ya sabes que escogí —interrumpió Asmodeus en voz baja. —¿Por qué? —Ari se sentía a punto de llorar por el conocimiento de lo que había sido colocado dentro de ella por su padre—. ¿Y el Rey Blanco sabe lo que me ha hecho? —No —replicó Asmodeus—. Él no se da cuenta que lo que ha estado buscando es en realidad el Seal. Él piensa que el Seal lo ayudará a encontrar lo que está buscando. Mientras que con respecto a tu otra pregunta… tengo mis propias razones. —Nadie sabe que la esencia de Lilif existía dentro del Seal. Aunque, espero que mí inteligente hijo detective, Rojo, haya deducido la verdad para este momento después de aprender de tus sueños y hacerle una visita a un viejo amigo mío. —Azazil parecía asimilar los escrutadores y ardientes ojos de Ari mientras continuaba su historia—. Admito haber estado intrigado cuando descubrí los planes de Blanco para robar el Seal y usarlo para concebir un niño que cargaría sus propiedades junto con las de ella o él. Pensó que sería un canal para su esquema de encontrar el cuerpo y la esencia de Lilif, mientras que yo estaba curioso de si la esencia de Lilif, tan naturalmente colocada dentro de un Jinn, traería el balance sin el peligro de su locura. Así que ordené a Asmodeus dejar que tu madre lo sedujera para robar el Seal. —Oh Dios mío. —Ari sintió como si le hubieran pateado en el estómago—. Todo lo hiciste tú. Todo este tiempo, fuiste tú.
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    238 —Te quería paramí. Quería ver si, a través de ti, podía tener una Lilif en la forma en que mi Sultana siempre debió ser. Se suponía que tenía que ser luz y oscuridad. Cierto, ella siempre estaba más en la oscuridad y Asmodeus en la luz, pero allí siempre había un balance. Hasta que dejó que la oscuridad la destruyera. Pero a través de ti había esperanza de que al menos su poder pudiera existir como debía ser. —Él dejó caer su cabeza, pareciendo casi triste—. Pero Asmodeus, inconsciente de mis verdaderas esperanzas, empezó a sospechar lo que el Seal estaba realmente haciendo contigo. Cuando discutes, tus ojos cambian a negro como los de Lilif y todo tú ser le recuerda a ella, por lo que hoy decidió provocar el Seal y ver de una vez por todas si sus sospechas eran correctas. —¿Qué sospechas? —preguntó ella, retrocediendo, pero el miedo en sus entrañas estaba diciéndole que ya sabía lo que estaba por decir. —Que la esencia de Lilif está escapando del Seal y peleando para tomar control de ti. —¿Cómo es eso siquiera posible? —susurró Ari—. ¿Pensé que la esencia sólo era el poder? —Lilif no es una Jinn ordinaria, Ari. Es casi tan vieja como yo. Ningún Jinn fue alguna vez creado para cargar su esencia dentro. Ahora veo eso. —¿Así que, que soy? ¿Un experimento que salió mal? —espetó. Él se encogió de hombros. —En pocas palabras. Ahora creo que deberíamos tomar el Seal de regreso antes de que Lilif cause más daños. ¿De regreso? De regreso… De regreso significaría matarla. ¿Cierto? Oh Dios, ¡Los despreciaba! Ari quería destruir a Azazil, quería ordenar a ese hijo de puta ponerse de rodillas… y Lilif estaba ahí lista para ayudarla a hacerlo. Como si sintiera el peligro en ella, Asmodeus empezó a mover una mano y Ari lo sintió reunir su poder en el aire. Ella voló de regreso a él usando su recién descubierta velocidad y alzo una mano.
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    239 —¡Alto! —ordenó ellay la expresión de ambos Azazil y Asmodeus se oscureció, como un trueno ondulando sobre el cielo que hace unos momentos había estado tranquilo. Para sorpresa de todos Asmodeus tomó un amenazador paso hacia adelante, la orden del Seal parecía no tener efecto en él. —¡Alto, Asmodeus! —chilló ella con desesperación, su mano volando hacia arriba como si impulsara el poder del Seal fuera de él. Él siguió acercándose. —Detente —ordenó Azazil tranquilamente y Asmodeus inmediatamente se giró para darle una mirada de perpleja frustración—. El Seal no funciona contra ti. ¿Sabías esto? Asmodeus sacudió su cabeza, una desconcertante y salvaje mirada en sus ojos. —No, su majestad, no sabía. Sonriendo ahora, Azazil se puso de pie, su expresión petulante aterrorizando a Ari. —Bueno, esto cambia ligeramente las cosas. No para ti. —Él le lanzó una descuidada mirada a Ari—. Sino para Asmodeus. Iba a destruir el Seal y colocar la esencia de Lilif de regreso en su escondite. Pero… —Él sonrío como si estuviera encantado—. El Seal es casi mítico en su existencia. Emociona a mi gente. Desafía a mi hijo para trazar un plan más o menos brillante, incluso aunque sea contraproducente para todos nosotros. Y aquí está Asmodeus, inmune al Seal. El protector perfecto. ¿Por qué no permitir que permanezca aquí contigo, Asmodeus? Simplemente es apropiado desde que es el ser de tu hermana. El Seal ha estado seguro contigo por siglos mí amigo, y claramente por un motivo. Así que… ¿Qué será? ¿Ari como mascota? O ¿El anillo alrededor de tu cuello? Considerando sus opciones con unos penetrantes ojos recorriendo el cuerpo de Ari, el teniente finalmente sacudió su cabeza y Ari no estaba segura si fue remordimiento lo que leyó en sus ojos, o solamente sus deseos.
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    240 —Creo que prefieroel anillo alrededor de mi cuello. Esta es muy peligrosa para tenerla alrededor. Azazil asintió, pareciendo entender el enigmático comentario de Asmodeus. —Oh no te preocupes, Ari. —La expresión de Azazil era suave otra vez. —Recuperar el Seal puede o no matarte. No tenemos ninguna manera de saberlo. Tu destino está muy, a falta de mejores palabras, borroso, por el momento. Ari dio un paso atrás, sus pensamientos zumbando alrededor dentro de su cabeza. Está bien. No podía vivir con Lilif dentro de ella. Lo sabía. Lo hacía. Una momentánea descarga de terror se sujetó a su corazón mientras entendía que quizás moriría de cualquier manera. Pero mientras luchaba para controlar su respiración y relajarse de la manera en que Jai le enseñó, Ari se permitió pensar al respecto. Sacrificarse a sí misma significaría que Lilif seguiría atrapada. ¿Seguramente eso haría que valiera la pena el sacrificio? Pero si ofrecía sacrificarse y había una posibilidad de que sobreviviera, obtendría algo bueno a cambio. —Acércate más y ordenaré a Azazil que te mate antes de que siquiera hagas un movimiento —le dijo Ari a Asmodeus suavemente. La habitación se oscureció mientras la energía de Azazil se espesaba con lo que Ari asumía era su ira. —¿Qué quieres? —preguntó él con perspicacia. Ari tomó aire en un tembloroso aliento. —Si muero, salvarás a Jai y lo dejarás regresar sin daños a su tribu. —Hecho. —Él asintió, su expresión de total aburrimiento. Ari estrecho sus ojos. —Y…
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    241 —¿Y? —Azazil sesentó hacia adelante ahora, sus cejas alzadas en un arrogante escudriñamiento. —Si hago esto voluntariamente, y vivo, entonces consigo un favor. —Pensé que ese era tu favor. —No, ese sólo era un gesto de buena voluntad. Él se río ante eso. —Si tu favor luego es por el Sorcerer, no puedo salvarlo si mata al Labartu. Lo siento. Eso está fuera de mis manos. Maldición. Ari forzó a sus impotentes lágrimas a retroceder. No eran de ayuda aquí. —Está bien. Pero todavía quiero un favor si sobrevivo. Y quiero tu palabra de que me darás lo que sea que te pida. Ella lanzó una mirada a Asmodeus para ver sus ojos resplandecer hacia ella otra vez, como si él casi la respetara en ese momento. Mientras se giraba hacia Azazil para encontrar su respuesta, vio que él estaba sonriendo, como si estuviera disfrutando de él mismo inmensamente. —Tienes mi palabra de que si sobrevives, te concederé un favor, si está en mi poder darlo. —Hecho. Asmodeus fue un borrón, su brillante puño estrellándose en su pecho antes de que Ari hubiera siquiera parpadeado. Una increíble agonía atravesó a través de Ari mientras sus oscuros ojos se clavaron en los de ella suplicantes. Lo siento, su voz susurro dentro de su cabeza. ¿O ella simplemente lo había imaginado? Fue un alivio cuando su puño se retiró de ella, luz pulsando entre las grietas en sus dedos. Se desenroscaron lentamente, y la palpitante bola de fuego en su palma fue la última cosa que Ari vio antes de que el dulce alivio del agonizante dolor la alejara.
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    242  Al Menos TomaMi Escudo Cuando Vayas A La Batalla Traducido por Auroo_J Corregido por Akanet urante dos años el Labartu, Akasha, quien había matado a Mikey y dejó a la familia Creagh ahogándose en su propia destrucción, no había salido de los Estados Unidos. La fuerte aura de poder de Ari cuando había cumplido dieciséis años y la ruptura de la protección mágica que Sala había colocado a su alrededor, había arrastrado a Akasha a Sandford Ridge cuando había estado cerca con otra víctima. Pero después de matar a Mikey, y con hambre de nuevas víctimas y nuevos lugares, rápidamente se había ido. De acuerdo con El Rey Cristal, Akasha había estado saltando de un estado a otro durante varios años, aunque había habido un período de tres meses, cuando había desaparecido, su suposición al monte Qaf, dejando a El Gremio que había estado siguiéndola luchando para encontrarla cuando regresó. Su hambre, su vil y retorcido mal, habían llevado a Charlie a este momento, a esta habitación de un motel en Alief, al suroeste de Houston. El motel estaba situado justo al lado de la Autopista del Suroeste, el flujo constante de tráfico zumbando en la distancia era lo único en rompía el silencio de la desesperación de Charlie. Cuando Cristal le había dicho a Charlie que había encontrado a Akasha, Charlie le había mentido a Fallon. Le había prometido que no iba a ninguna parte hasta que supiera que Ari estaba bien. Antes de que Rojo le hubiera dado la esmeralda, eso probablemente hubiera sido verdad. Hubiera esperado saber de ella. Puede que incluso hubiera intentado una misión de rescate estúpida. Pero no ahora. D
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    243 Cualquiera que fuerael miedo que había sentido después de usar la esmeralda había comenzado a retroceder de nuevo con su proximidad. Había empezado a retroceder cuando Cristal había venido a él con la noticia del paradero de Akasha. Él estaba en la cúspide de su venganza y se consumía con la necesidad de utilizar la esmeralda de nuevo, el sabor persistente de su increíble poder provocador y atrayente. Así que con Fallon convencida de que no iba a ninguna parte, Charlie se había acercado a Cristal y le pidió que lo llevara a la Labartu. Habían viajado con la prisa vertiginosa que era el Peripatos a una habitación pequeña y oscura de la Ruta 59 en Houston. Entonces el Rey Rojo se había presentado a destruir todo, Charlie pensó con amargura. Sin necesidad de palabras de explicación, su rostro sombrío mientras había mirado a Cristal, Rojo había dicho simplemente: —Hemos hecho lo que padre deseaba de nosotros. No más. Hemos terminado aquí. —Pero... ¿qué? —Charlie había preguntado rápidamente, en estado de pánico—. Estamos en Houston, Texas. ¡Houston! ¿Cómo diablos se supone que voy a encontrar a Akasha en una ciudad tan enorme por mí mismo? Ese era el punto, Charlie se había dado cuenta de repente, tomando la expresión en blanco de Rojo con absoluta incredulidad y decepción amarga. Sin su ayuda, Charlie no podría encontrar a Akasha a tiempo. Rojo estaba tratando de mantener su palabra con Ari. Antes de que Charlie pudiera intentar argumentar, los dos reyes Jinn habían desaparecido entre las llamas. Él siempre sería sólo un niño humano al que estos tipos le habían concedido un poder. Todavía no podía sentir Jinn a grandes distancias. Todo lo que tenía era una esmeralda y lo que Cristal le había enseñado. Y eso debería ser suficiente. Maldiciendo las consecuencias, Charlie había conjurado una tarjeta de crédito para pagar por la habitación del motel. Conjuró comida que no le pertenecía, después de pasar día tras día peinando las calles en busca de Akasha, con la esperanza de que si él se acercaba lo suficiente, la sentiría.
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    244 Era una tareabastante complicada, molesta y frustrante mientras tenía que evitar los peores barrios. Lo último que quería era matar accidentalmente a un humano inclinado a sujetarlo a punta de pistola por lo que estaba en su cartera. La búsqueda se sentía inútil. Nada. Todavía nada. Pero no podía darse por vencido. No podía salir. Un golpe impaciente se abrió paso por el estupor desgraciado de Charlie, su corazón latía de repente mientras miraba a la puerta de la habitación del motel. Cuidadoso y apretando la esmeralda en el bolsillo, Charlie dio pasos lentos hacia la puerta, mirando por la mirilla para ver qué tipo de visitante tenía. Conmoción y rabia, mezclada con una extraña sensación de alivio lo atravesó mientras él azotaba la puerta abierta. Fallon lo fulminó con la mirada en la penumbra. —¿Cómo me encontraste? Empujando para pasarlo con un resoplido familiar, Fallon arrojó su bolso sobre una de las camas y se dio la vuelta para enfrentarse a él, con su erizado, cabello corto volando alrededor de su bonita cara. —Cristal me dijo. Todavía está cuidando de mi Gremio y de Trey. Con la barbilla sobresaliendo obstinadamente, Charlie negó con la cabeza. —No me iré hasta que la encuentre. Aún frunciendo el ceño hacia él, Fallon asintió mientras lentamente se dejaba caer sobre la cama.
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    245 —Sabía que diríaseso, por eso he traído bocadillos y talismanes y piedras suficientes para conjurar más, y todo lo que necesitamos. ¿Qué? Charlie levantó una ceja a modo de pregunta. Ella resopló de nuevo. —Sé que estás tratando de protegerme al salir corriendo sin decir una palabra y enfurecerme, pero sólo estoy tratando de protegerte también. No voy a ninguna parte. Si vas a encontrar y acabar con esta perra, voy a ayudarte a hacerlo. Tratando de ignorar el dolor en su pecho y la forma en que parecía que se contraía con demasiado sentimiento, Charlie se limitó a asentir. Un poco estupefacto, cerró lentamente la puerta del motel y dejó el resto del mundo fuera, y con éxito se encerró con una chica que había salido de la nada y había cambiado una parte importante del juego. —Dijiste que la protegerías. Rojo dio la vuelta, dividido por su propia incredulidad, sus propias reflexiones, para enfrentar a Sala. Se puso de pie en la entrada de su cámara de dormitorio, pareciendo indiferente de que cualquier Shaitan que pasara podría verla. Con un movimiento furioso de su mano, la puerta se cerró detrás de ella. Antes de que pudiera advertirle, el dolor en sus ojos finalmente se registró junto con su acusación. Había hecho todo lo posible para proteger a Ari: bordeando las órdenes de su padre, ocultando las cosas de él, investigándolo... descubriendo la verdad... Suspirando y sin estar de humor para un pelea apasionado con Sala, Rojo se encogió de hombros con cansancio. —Dejé a Charlie a su suerte y me imagino que Akasha se habrá ido antes de que él la encuentre. En cuanto a Jai, sí, no puedo encontrarlo, pero mi hermano y padre me aseguraron que él no ha recibido ningún daño, ni lo hará.
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    246 Los ojos deSala ahora ardían hacia él y Rojo casi se estremeció de nuevo por el dolor en ellos. —¿Y qué pasa con Ari? ¡Dijiste que la protegerías! Con el ceño fruncido, Rojo asintió. —La estoy protegiendo. Es más seguro aquí en el monte Qaf con mi padre de lo que es en cualquier otro lugar. El Seal, sus propiedades, son importantes para él. Azazil la protegerá. —Entonces, ¿por qué siento como si algo estuviera mal? —siseó enfadada—. Creo que se está muriendo, Rojo. Siempre la he sentido aquí. —Golpeó el puño contra su pecho—. Pero siento que la cuerda que me ata a ella se está desvaneciendo. Sacudiendo la cabeza, mientras el temor se apoderaba de él, Rojo fue con la negación primero. —No. Ari no puede estar herida. Sé que no puede. —Una madre lo sabe, Rojo. —Sala sacudió la cabeza y una lágrima cayó por su mejilla, martillando el temor firmemente alrededor del corazón de Rojo. Con su mente corriendo, trató de pensar qué hacer. ¿Qué puede haber pasado? ¿Fue Blanco? ¿No pudo ser Azazil? ¿Asmodeus? Maldiciendo, Rojo dejó de adivinar y se dirigió resueltamente hacia Sala. Le limpió las lágrimas cariñosamente de la cara y le susurró: —¡Vuelve al Manto donde sé que vas a estar a salvo! Te llamaré cuando sepa lo que está pasando. —¿Qué vas a hacer? —Tomar a mi sanador y llegar al palacio de mi padre tan pronto como sea posible.
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    247  La noche esinmune al día pero adicta a la luz Traducido por Akanet, Otravaga y Paaau Corregido por Micca.F ealmente amas lo que haces, ¿verdad? —comentó Ari suavemente, sentada frente a Jai en el pequeño gimnasio de Michael. Fallon había desaparecido de su vista y Jai finalmente había declarado el final de su día de entrenamiento. Pero en lugar de dirigirse arriba para darse una ducha antes de la cena como siempre lo hacían, ambos se encontraron prolongándolo, disfrutando de este raro momento a solas. Jai estaba sentado, apoyado contra la pared junto a las puertas francesas, sus fuertes manos colgando sobre sus rodillas inclinadas. Por una vez parecía relajado. Él había estado trabajando muy duro con Ari estas últimas semanas y ella sabía que era porque él quería que fuera capaz de cuidar de sí misma, en caso de que no pudiera estar allí para protegerla. Ella ni siquiera quería preocuparse por ello. No soportaba pensar en ello. Pero tomando placer en ser capaz de poder estudiarlo de manera ininterrumpida, deseaba que él se preocupara un poco más acerca de sí mismo y menos por ella. Sus ojos estaban cansados, se veía un poco más delgado y no se había afeitado en varios días. Para el momento, sólo estaba cubierto de vello erizado y sexy que le hacía parecer más viejo, pero en unos días más tendría una barba completa. —¿Qué quieres decir? —preguntó él con una leve sonrisa, que parecía también por disfrutar de la vista de ella acostada de lado a lo largo del borde de la colchoneta de entrenamiento, con el brazo doblado sosteniendo su cabeza para que pudiera absorberlo. —Ser Ginnaye. Un protector. Un guardián. —Es la única cosa en la que siempre fui bueno. Una punzada de pesar la golpeó. —R
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    248 —Y te hellevado lejos de ello —murmuró, bajando la mirada para no ver su expresión confirmándolo. —Todavía estoy haciendo mi trabajo, Ari. —Sabes lo que quiero decir. Ante su silencio, no pudo evitar volver a mirarlo. Tenía el ceño fruncido hacia ella, y podría haberlo confundido con mala cara si no hubiera sido por la suave inclinación en el lado izquierdo de su boca, que le dijo que estaba perplejo, no enfadado. —Ari, es sólo un trabajo. Ella soltó una carcajada ante eso. —Nunca habrías dicho eso hace dos meses. Hace dos meses era toda tu vida. Su melancolía debe haberse mostrado en su cara porque Jai se levantó con un gran suspiro sólo para bajar a su lado, sus rodillas inclinadas curvándose alrededor de la espalda de él. —Ari, la razón por la que amaba mi trabajo era porque estaba buscando aceptación. Ahora sé eso. Atraída por su proximidad, incluso adicta a ella, Ari se reacomodó para que sus cuerpos estuvieran girados el uno hacia el otro. —¿Así que realmente estás bien acerca de estar aquí? Él extendió la mano para tocar su mejilla suavemente, y como si estuviera hipnotizado por la sensación de ella, se olvidó de lo que estaba a punto de decir, sus ojos siguiendo las puntas ásperas de sus dedos mientras se arrastraban en una línea por su mejilla, a través de su cuello, a lo largo de su clavícula, antes de que poco a poco llegaron a un alto en su esternón. A estas alturas la respiración de Ari era errática, su pecho subía y bajaba, deseando que sus dedos se deslizaran más abajo. Sus ojos estaban pegados a la cara de él, a la espera de su siguiente movimiento.
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    249 Finalmente, parpadeó, aclarándosela garganta mientras volvía a sí mismo. Pero sus ojos eran un poco más brillantes que antes mientras él los levantaba de su pecho para encontrarse con su mirada. —¿Por qué me estás preguntando esto de nuevo? —Su voz era más profunda y retumbante—. Te dije cuando me pediste por primera vez que viniera contigo que haría cualquier cosa para protegerte. —Eso no quiere decir que no extrañes tu vida de antes. —Tienes razón. —Estuvo de acuerdo—. Me gustaba mi trabajo. Pero era indiferente a mi vida. Y cambiaste eso. No pudo evitar sonreír ante su mirada significativa, mariposas batiendo sus alas dentro de su pecho en lugar de su vientre. —¿Sabes qué más ha cambiado? —¿Qué es? —Eres mucho más locuaz. Jai se echó a reír, un sonido suave y áspero que la emocionó. —Locuaz es una buena palabra. —Es una buena palabra. Eso es exactamente lo que estaba pensando cuando anoche la leí en un libro. Estaba, como, no uso esa palabra lo suficiente. Así que decidí que hoy iba a usarla en una frase. Él se echó a reír de nuevo, pero la mirada en sus ojos se había vuelto más seria. —Eres tan adorablemente rara, lo sabes. —Buena idea agregar la parte de adorable. Jai inclinó su cabeza hacia un lado como si estuviera pensando profundamente en el asunto. —Sí. Lo fue. Creo que me estoy volviendo bueno con esta mierda de novio. Ari se echó a reír, sacudiendo la cabeza.
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    250 —Oh, creo quees posible que tengas que trabajar en ello un poco más. ¿Mierda de novio? Compartieron sonrisas divertidas hasta que finalmente un cómodo silencio se apoderó de ellos mientras se miraban el uno al otro. —Supongo que es mejor que nos pongamos en marcha —dijo finalmente en voz baja. Pero Ari no quería irse, y pensaba que él tampoco quería hacerlo. En lugar de responder a eso, ella se acercó para pasar sus dedos sobre lo descuidado en sus mejillas. —Tienes que afeitarte —susurró, amando la sensación de sus pelos erizados sobre su piel. Era extraño, pero quería besarlo en ese momento sólo para sentir la quemadura de esos pelos raspando contra su piel. Como si, de alguna manera, la estuviera marcando como suya. Jai se había quedado quieto bajo sus dedos, sus ojos oscureciéndose de una manera que había llegado a reconocer. Hacía juego con su propia hambre emocionada. Necesitando estar más cerca a él, se deslizó a lo largo de la alfombra hasta que estuvieron presionados juntos y luego lentamente curvó su brazo alrededor de su cuello, llevando su mejilla izquierda a la derecha de él mientras lo acariciaba como un gato, su barba de dos días restregando su suave piel. La respiración de Jai sonaba poco profunda en su oído mientras sentía su brazo deslizarse alrededor de su espalda, sus dedos amasando sus músculos. Ella giró su cabeza, aspirándolo, antes de presionar sus labios contra su mejilla, una presión caliente y sensual de su boca en la esquina de la de él. No había nada inocente en ese beso y el agarre de Jai en ella se apretó. —Te extraño. —Ella respiró profundamente. —Ari... —Jai gimió, pero antes de que pudiera responder ella se apartó, mordiéndose los labios con anticipación—. ¿Qué? —preguntó, sus dedos cepillando con patrones perezosos en su columna vertebral.
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    251 —Quítate la camisa—ordenó ella suavemente, con voz baja y ronca. Le gustó cómo sonaba, esperaba que fuera suficiente para convencerlo de ceder a su solicitud. Se mordió el labio más fuerte para detener la sonrisa que se despertó en su interior mientras los ojos de Jai se estrecharon con intensidad ante su ronca demanda. —¿Qué? —Sólo quiero verte. Te echo de menos. Todo de ti. —¿Quieres que me quite la camisa aquí? ¿Donde podríamos ser atrapados? —Si alguien entra aquí ellos sólo pensarán que estamos entrenando. Te he visto entrenar sin tu camisa puesta antes. No parecía convencido, pero como si estuviera decidiendo que quería satisfacer su antojo de todos modos, Jai se puso de pie con una gracia que Ari tanto envidiaba y codiciaba. Su gracia fuerte y masculina era una de las cosas más calientes acerca de él. Su respiración se volvió más tensa mientras Jai la miraba fijamente. Él estaba completamente centrado en ella, su mirada nunca vacilando mientras le ofrecía un pequeño striptease, alcanzando el dobladillo de su camiseta y levantándolo centímetro a centímetro lentamente hasta que estaba por encima de su cabeza y luego la descartaba en la alfombra al lado de ella. Antes lo había visto sin camisa, pero de alguna manera se había olvidado con el paso de las semanas justo como... vaya. Estaba pulido y bien constituido. Tenía el cuerpo de un guerrero. Tan caliente. Agarrándose de su mano, comenzó a levantarse y los dedos de Jai automáticamente se apretaron alrededor de los de ella mientras la ayudaba a levantarse. De pie ahora, todavía tenía que inclinar su barbilla para mirarlo a los ojos.
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    252 —¿Y ahora qué?—La voz de él era ronca. —Sólo quiero tocarte. Sus ojos brillaron y se quedó inmóvil, como si considerara si era o no una buena idea. Finalmente asintió. —Está bien. Emoción pulsaba a través de Ari mientras tentativamente dejaba que sus dedos cayeran contra su estómago. Se agitó bajo el más ligero de los toques y sintió un cosquilleo en la parte baja de su vientre ante la forma en que lo afectaba. Que tenía tanto poder sobre él. Eso hizo que sus inseguridades sobre su experiencia sexual y su inexperiencia se derritieran. Sintiéndose más audaz, pasó su mano hacia arriba por el centro de su bien formado abdomen, trazando los surcos del músculo. Su piel color oliva era sedosa bajo su tacto, seda sobre acero puro. Había leído eso en alguna parte de una novela de romance cursi que Rachel le había dado, pero Dios, hacerlo encajaba. Ella estaba encontrando un poco más difícil respirar uniformemente mientras su toque alcanzaba sus duros pectorales. Cuando sus dedos rozaron su pezón Jai gimió y los ojos de Ari volaron hacia los de él. Estaban ardiendo hacia ella y sintió esa mirada como una explosión en la parte baja de su abdomen. Animada, respirando totalmente desigual, se acercó y apretó sus labios contra su pecho, susurrando besos de mariposa a través de su piel y deleitándose con la forma en que su pecho había comenzado a subir y bajar con mayor rapidez. Algo diabólico se arrastró dentro de ella y su mano dio marcha atrás, deslizándose lentamente hacia abajo, deslizándose sobre su abdomen hasta que golpeó la cintura de sus pantalones vaqueros. Al mismo tiempo que ella le hacía cosquillas con los dedos a lo largo de su abdomen inferior, Ari le dio un beso sobre su pezón, su lengua tentativamente moviéndose sobre él. Jai maldijo, su voz baja y gutural. Él la agarró por los codos y la atrajo hacia él, pero antes de que pudiera tomar represalias el sonido de pasos resonando por las escaleras hacia ellos los detuvo. Se congelaron por un segundo, y luego Jai estaba alejándola de él, dándole la espalda y
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    253 dejando que sumagia crepitara a su alrededor. Una camiseta cubrió la parte superior de su cuerpo, pero se negó a dar la vuelta. —¿Casi lista? —gritó la voz de Caroline hacia ellos, y entonces estaba allí, mirando alrededor del marco de la puerta—. La cena está casi lista. Jai parecía que aún estaba meditando, mirando por las ventanas francesas. Ari estaba enrojecida, temblando, pero de alguna manera se las arregló para lanzarle a Caroline una sonrisa apretada. —Sí. Justo estábamos terminando. —Genial —Caroline sonrió hacia ella y se fue después de disparar a Jai una mirada curiosa. Escuchó sus pasos desvanecerse y luego se volvió hacia Jai. Él le lanzó una mirada ilegible por encima del hombro y ella deseaba entender qué diablos significaba. —¿Estás enojado? —No. No estoy enojado. Yo... te quiero. Ahora. Sonrió, disfrutando la mirada posesiva en sus ojos. —Bueno, eso es bueno, ¿verdad? —No, Ari —se rió a pesar de sí mismo mientras pasaba rosándola, con cuidado de apenas tocarla—. Un tiempo y un lugar. ¿De acuerdo? Hay un tiempo y un lugar. Apurándose para alcanzarlo, Ari no estuvo de acuerdo. —Bueno, pensé que era increíblemente caliente. Tal vez el tiempo y el lugar fueron un factor en ello. —Tal vez tengas razón. Pero si vamos a poner un freno a esto, entonces no más de quitarse la ropa. Aunque poco característico en ella, se encontró haciendo pucheros. —No me gusta el sonido de eso. Captó su mirada y se rió, sacudiendo la cabeza.
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    254 —Amo ese sonidosin embargo —admitió ella, las palabras simplemente deslizándose fuera antes de que pudiera detenerlas. Jai se detuvo en la escalera, con un ceño burlón apareciendo entre sus cejas. Se estaban acercando más al resto de la casa y sus ocupantes, donde oídos no deseados podrían estar a la escucha, por lo que entendió por qué la voz de Jai de repente entró en su cabeza. ¿Qué sonido? Tu risa. Me hace cosas locas. Sus ojos se abrieron. Ari, respiraba como sin aliento, nadie nunca ha... Nadie nunca, ¿qué? Nunca nadie me ha mirado del modo en que tú lo haces. Es humillante… tener a alguien como tú mirando a alguien como yo de esa forma. ¿Alguien como yo? Tú lo eres todo, admitió él, con voz cautivadora. Sabes eso, ¿cierto? Entonces dime que me amas, quería decir ella. En su lugar, asintió. Tú también lo eres todo para mí. Te miro y olvido que estoy en medio de la mierda más profunda en la que nunca nadie ha estado. Jai resopló, sacudiendo la cabeza. Y dices que el poco romántico soy yo. Se sonrieron juguetonamente el uno al otro y Ari impulsivamente se puso de puntillas para presionar un beso rápido en sus labios. Ella retrocedió, acariciándole la mejilla. Necesitas afeitarte. En respuesta, él se inclinó para besar su frente. Nunca me cansaré de escucharte decir eso. El dolor atravesó su pecho cuando Ari tomó aire. Vaya, se sentía como si hubiera recibido un disparo. ¿Qué había pasado? ¿Dónde estaba Jai? ¿Por qué estaba oscuro? ¿No acababan de estar en la escalera dirigiéndose a cenar?
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    255 —¿Jai? —murmuró, extendiendouna mano en la oscuridad hacia él. —No, Ari, soy yo. El retumbar familiar de la voz de su tío fue como una llave desbloqueando los recuerdos desde el momento con Jai en el gimnasio en adelante. El bosque donde él finalmente le había dicho que la amaba, la escuela secundaria, el ataque de los Jinn, su madre salvándola, El Rey Blanco robando a Jai, su pacto con Azazil… La imagen de Asmodeus se abrió paso haciendo trizas las demás, con su puño desgarrando fuera de su pecho con la brasa dentro de su mano cerrada. Los ojos de Ari se abrieron de golpe con un jadeo. Cerniéndose por encima de ella estaba el familiar rostro de El Rey Rojo y el curandero de cabello plateado que le rozaba la barbilla. Él la había salvado antes. Después del Haqeeqah y luego de nuevo después de que Dalí le hubiera drenado la sangre. —¿Rojo? —dijo con voz ronca, con su boca sintiéndose polvorienta, la garganta seca. Cuando trató de moverse, dolores agudos y ardientes atravesaron su cuerpo. Sus miembros ya no se sentían tan ligeros… se sentían… ¿reales? Era casi como si desde hace años hubiera tenido ayuda para cargar con el peso de ellos y ahora la habían dejado sola para llevarlo. El Seal. La esencia de Lilif… Se había ido. —Estoy viva —logró decir, tratando de incorporarse. Rojo la alcanzó para ayudarla, sus facciones un poco tensas cuando él la haló hacia arriba en una posición sentada. Había estado yaciendo en un colchón con sábanas de seda y una montaña de cojines desperdigados. La habitación que Azazil le había dado. Todavía estaba en el palacio.
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    256 —¿Sobreviví? —Sí. —El ReyRojo le dio una suave sonrisa y ella juró que vio alivio en su deslumbrante mirada azul. Tal vez lo hizo. ¿Pero era real?—. Eres tú misma. Ya no eres el Seal. Sólo Jinn. —Frunció el ceño repentinamente—. Sí, sólo Jinn. Me había preguntado si, sin el Seal dentro de ti, serías como tu madre, una Ifrit. Pero todavía no sé lo que eres. O cuán poderosa te ha hecho la sangre de tu padre. —Su rostro se ensombreció al pensar en Blanco. Ari apenas registró el diagnóstico de Rojo de su herencia Jinn. Estaba demasiado ocupada siendo distraída por el dolor que dividía su pecho. Se estremeció, presionando suavemente las manos sobre el mismo. Estaba un poco sensible, pero cuando miró hacia abajo, no había cicatrices feas, sólo carne magullada. Asmodeus había perforado a través de su pecho. Asqueroso y tan perturbador. Sin duda iba a necesitar terapia después de esto. Frotando el lugar, miró de nuevo a Rojo y a su compañero. Azazil le había dicho que ella podía o no vivir… sus ojos se posaron en el sanador. —¿Gracias a ti? ¿Sobreviví gracias a ti? —Necesitabas un poco de ayuda. No creo que hubieras muerto, pero cuando el Teniente te arrancó el Seal, el trauma causó que tu conciencia y tu cuerpo físico se separaran. Ellos estaban luchando por volver a conectarse y lo más probable es que podrías haber terminado en coma si su alteza no hubiera tenido la precaución de traerme con él. Llena con demasiada confusión, volteó hacia su tío. —De nuevo ayudaste a salvar mi vida, Rojo. ¿Qué voy a pensar realmente de ti, eh? —preguntó con voz temblorosa. —Por ahora, vamos a suponer que no quiero verte muerta —replicó él con voz divertida. —¿Y Azazil simplemente te permitió arreglarme? —De todas formas no creo que le importara lo que ocurriera. Él dejó que tu destino se desarrollara por sí mismo…
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    257 —Entonces, ¿puedo irmeahora? —Estaba agotada sabiendo que el Seal ya no estaba dentro de ella, que no había ninguna razón para que los Jinn quisieran tener nada más que ver con ella y estaba… bueno, sería un eufemismo decir que estaba aliviada—. ¿Podemos encontrar a Jai y a Charlie, y correr la voz de que el Seal está definitivamente de regreso en el cuello de Asmodeus? —Le hiciste una promesa a mi padre de que te quedarías aquí de forma indefinida, Ari. Tenemos que saber si él tiene la intención de hacerte mantener eso. Déjame hablar con él mientras Kit aquí te revisa de nuevo y te da algo de comer. Necesitarás tu fuerza si mi padre permite que te vayas. Oh, él permitirá que me vaya, gruñó interiormente. Ella le había sacado un juramento de que él le concedería un favor. Pero primero dejaría que Rojo hablara con él. No tenía sentido agotar su boleto de oro por el momento. —Está bien. Cuando él se fue, Ari volteó hacia el sanador. —Así que… ¿Kit? Ese es un nombre inusual… por aquí de todos modos. Él le sonrió, sin verse mayor que ella. —Mi madre es fanática acérrima de Christopher Marlowe, pero pensó que el nombre Christopher era de plebeyo, así que en cambio me puso su apodo. Ella sonrió agradecida hacia él. —Gracias, Kit. Una vez más. —No hay de qué. —¿Entonces eres de Inglaterra? —¿Fue el acento lo que me delató? —bromeó. —Oh, sólo un poco.
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    258 —Sí. Soy deInglaterra. Vengo de una larga línea de Jinn que tienen habilidades especiales cuando se trata de curación. Cuando mi madre se dio cuenta de la total magnitud de mis dones, pidió una audiencia con el Rey Rojo y me ofreció a su servicio. —¿Tu madre te puso deliberadamente en medio de toda esta mierda? — dijo Ari bruscamente. No fue correcto decir eso. El rostro de Kit se cerró. —Se considera un gran honor ser elegido como curador personal de un Rey Jinn. Nadie en mi familia ha trabajado para una corte real durante siglos. Ella gimió, restándole importancia a su actitud defensiva. —No entiendo a tu gente. Decidiendo ignorar eso, Kit la alcanzó. —Basta de hablar de mí. Ponte de pie. Veamos si estás bien. Él la hizo mover sus extremidades alrededor, en busca de cualquier signo de lesión que no pudiera ver o sentir. Pero, aparte de sentirse increíblemente cansada, estaba bien. De hecho, pensó, tocando el lugar en su pecho donde ella solía sentir esa oscuridad enroscada, tal vez estaba más que bien. Experimentando, se concentró en el hecho de que Jai todavía estaba desaparecido, y que Charlie le estaba pisando los talones a la Labartu. Se sintió enojada, frustrada y un poco desesperada… Sin embargo, la rabia oscura ya no estaba allí. Esa necesidad inmediata de castigar y subyugar había desaparecido. Se hundió con alivio, lágrimas escociéndole los ojos. No sólo era un alivio saber que Lilif había desaparecido de ella, y que ya no tenía el tipo de poder por el que la gente mataría, también estaba aliviada porque en medio de todo, había comenzado a dudar de cuales sentimientos eran realmente suyos. Era bueno saber que ella estaba un poco más unida de lo que Lilif estaba. Tal vez mucho más, ella se estremeció, pensando en algunas de las viles cosas que Lilif había puesto en su cabeza, la sensación de su furia en sus
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    259 venas y elsabor de ésta en su lengua. Esa mujer era apocalípticamente mala. Sólo podía esperar que toda la caballería de Blanco y todos sus hombres no pudieran reunir a Lilif de nuevo. —Aquí —ofreció Kit amablemente, sosteniendo un plato de lo que parecía caldo—. Te dará un poco de energía. —Gracias. —Ari lo tomó—. Por todo. Él inclinó la cabeza en reconocimiento de su gratitud, las plateadas hebras de su cabello brillando en la tenue luz. Se sentaron juntos en silencio mientras terminaba su caldo. Él tenía razón. Ella se sentía mejor. Apenas había puesto el cuenco en el suelo junto al colchón cuando el familiar silbido y crepitar de las llamas marcó la llegada de alguien a través del Peripatos. Asmodeus salió, vestido todo de negro, con el Seal colgando de una fina cuerda de cuero negro alrededor de su cuello. A diferencia de la réplica que había llevado antes, el anillo real palpitaba con una energía invisible que atraía la atención de cualquier Jinn lo suficientemente fuerte como para sentirla. El Marid le echó un vistazo a Kit mientras su corazón palpitaba por estar de nuevo en su presencia. Se sintió enferma de miedo y para su sorpresa las palmas de sus manos estaban sudando. Era extraño que un Jinn pudiera sudar incluso cuando no sentían los cambios de temperatura. Debía ser algo nervioso. Nervioso, Ari soltó una carcajada. Trata con aterrorizado. Se le había ocurrido de pronto que el tener el Seal en su interior había disminuido su miedo en situaciones como éstas… el poder que había ejercido era un escudo entre ella y cualquiera que pudiera hacerle daño. Ahora eso se había ido. Estaba sólo ella y su poder normal de Jinn y el entrenamiento que Jai le había dado. —Déjanos —le ordenó Asmodeus a Kit, una orden común y no proveniente del Seal, a la que Kit, a pesar de que sus ojos estaban muy abiertos por el miedo, negó con la cabeza.
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    260 —Su Alteza, elRey Rojo, me pidió que protegiera a la joven en su ausencia. Sigo sus órdenes, señor, no las suyas. Ari miró al sanador. Dios, era valiente. Asmodeus dio un paso amenazador hacia Kit y Ari automáticamente se interpuso entre ellos, sosteniendo una mano en alto para detener a Asmodeus. Con el corazón aporreando contra su caja torácica, le lanzó a Kit una mirada suplicante por encima del hombro. No quería que él resultara herido. Ve a buscar a Rojo, le dijo telepáticamente. Por un momento, no creyó que fuera a obedecer, pero después de un segundo de vacilación, asintió y salió corriendo de la habitación antes de que Asmodeus pensara en detenerlo. Estaba sola con el Teniente. Enderezó los hombros. Puede que ella ya no tuviese el Seal, pero todavía se negaba a ser intimidada. —Todavía autosacrificándote tontamente, ya veo —se burló él. Lo fulminó con la mirada, cruzando los brazos sobre el pecho defensivamente. Se sentía como si hubiera llegado a conocer a Asmodeus en las últimas semanas y mostrarle a él su temor sólo lo irritaba. —¿Este es otro autosacrificio? ¿Has venido a intentar matarme de nuevo? —Oh, no te preocupes, Ari, si te quisiera muerta, ya lo estarías. —Entonces, ¿qué quieres? —Un poco de gratitud tal vez. —Él le dirigió una sonrisa maliciosa, y dado que era la primera sonrisa en sí que alguna vez le había dado, se dio cuenta de que sus blancos dientes estaban ligeramente torcidos, añadiendo un cierto encanto imperfecto a su belleza que ella deseaba que no lo hiciera—. Te salvé del venenoso poder de Lilif. Mirándolo cuidadosamente, lo consideró. Él parecía diferente. Un poco más ligero. ¿Más feliz? No. No más feliz. No creía que fuera capaz de ser “feliz”, pero sin duda carecía de su habitual pesimismo. ¿Era el Seal
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    261 alrededor de sucuello? ¿El tener la esencia de Lilif cerca de él estaba afectando un poco el equilibrio en su interior? —Me habrías puesto en un coma si Rojo no hubiera llegado con su sanador —le dijo bruscamente en respuesta, con el recuerdo de su disculpa cuando él le había arrancado el Seal haciendo que su voz se extinguiera en la última palabra. ¿Realmente se había disculpado? Y si así era… ¿por qué? —Sin embargo, dejé que te sanara —argumentó Asmodeus—. Pude haberlo detenido, pero no lo hice. —Que generoso de tu parte. ¿Y por qué fue eso, exactamente? ¿Pensé que era demasiado “peligrosa” para estar alrededor? Él dio otro paso hacia ella y Ari se negó a retroceder. —Eres tan joven. Realmente sólo una niña —murmuró—, pero he vivido lo suficiente para reconocer una complicación cuando la veo, y tú eres una. —¿Una complicación? Él asintió, una sonrisa cruel torciendo sus labios bien definidos. —Tienes la inusual belleza de tu madre, pero incluso más fuerte que ella. Luchas incluso cuando estás asustada, incluso cuando no deberías. Tienes integridad. Tienes carácter. Intentando no sonrojarse bajo su apreciación, su cuerpo dio un involuntario paso hacia atrás como si sintiera algo que ella no. —¿Pensé que esas cualidades eran las que despreciabas? —Por el contrario. —Su voz se hizo más grave y profunda y Ari tembló ante la sensación de caricias en su piel—. Siempre estoy intrigado por personas como tú. —¿Por qué? —Porque me recuerdas a cómo fui yo una vez.
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    262 Simpatía no deseadacreció en su pecho e intentó mantener esa emoción escondida de su voz mientras respondía: —¿No puedes volver a ser así? Asmodeus sonrío. —Tan inocente. No, Ari. No puedo. Desde que perdí a Lilif, he hecho cosas que cambiaron mi alma. No hay vuelta atrás. —No, no hay vuelta atrás —Estuvo de acuerdo—, pero puedes ir adelante. Puedes intentar ser más como el viejo Asmodeus. Por lo que vi, él era sabio y a veces, incluso amable… Su mirada oscura se intensificó, el silencio entre ellos se hizo incómodo. Se preguntó frenéticamente en dónde estaba Rojo. —Ves —murmuró Asmodeus, tomando otro paso hacia ella—, una complicación. Con el pecho apretándose con pánico ante su proximidad, levantó una mano para detener su avance hacia ella. —¿Qué quieres, Asmodeus? ¿Por qué estás aquí? Esos ojos suyos flamearon y conocía esa mirada. La había visto antes en Charlie y luego en Jai. La mirada de Charlie había llegado demasiado tarde y la de Jai siempre había sido bienvenida. La de Asmodeus definitivamente no era bienvenida, a pesar del deslizar de su corazón y el extraño halago de que un inmortal como Asmodeus pudiera quererla de esa forma. —Un pequeño pajarito me dijo que te ibas. —Se acercó aún más—. Azazil está permitiéndote regresar al reino mortal. No quería que te fueras sin una despedida apropiada. —Se detuvo ahora, su pecho a centímetros de la cara de ella y Ari tuvo que inclinar su cabeza hacia atrás para encontrar su mirada. Su energía crepitó a su alrededor y no pudo negar la desleal llama de atracción entre ellos. Pero eso era todo lo que era, se recordó. Era todo lo que sería alguna vez. Carraspeó.
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    263 —Adiós entonces, Asmodeus.Diría que ha sido un placer, pero ambos sabemos que sólo estaría apaciguándolo. Él le sonrió ante eso y saltó cuando él extendió su mano para tocar su mejilla, sus largos dedos rozando a lo largo de su mandíbula antes de detenerse para tomar su mentón un poco demasiado firme. —Esa no es la clase de despedida que tenía en mente. Desesperada por detenerlo, dijo lo primero que le pasó por la mente. —Sabes que eres técnicamente el hermano de mi abuela. Él rió de nuevo. —Hay siglos de sangre entre tú y Lilif. Esa distancia significa algo para los Jinn, no pensamos como los mortales con sus cortas vidas y extrañas estructuras sociales, especialmente cuando todo lo que quiero es un beso de despedida. —Puedes olvidarte de ello —espetó, intentado alejarse. Pero Asmodeus la sostuvo firmemente, sus ojos aun riéndose de ella. —Es sólo un beso, Ari. El Ginnaye no necesita saberlo nunca. —Yo lo sabría. —Ella sacó su mentón de su agarre, pero él era rápido, sus brazos como bandas alrededor de su espalda, presionándola contra él. —Tan malditamente honorable. —Déjame ir. —Bésame. —No. Sus ojos se entrecerraron y los de ella se ampliaron mientras la parte cobriza del Seal alrededor del cuello de él comenzó a brillar. ¡No! ¡Ese hijo de perra! —Pensé que dijiste que no necesitabas forzar a las mujeres, Teniente —dijo, su pánico visible en su expresión mientras miraba al Seal.
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    264 —No he casiasesinado a la mayoría de las mujeres que quiero en mi cama, así que estoy pensando que quizás necesites un leve empujón. Bésame —ordenó él. Ari se congeló, incredulidad corriendo en su sangre. Ella sintió… nada. —¿Haz eso de nuevo? —susurró ella y sintió los brazos de Asmodeus relajarse y su mirada se llenó de entendimiento. —Bésame —comandó él con más fuerza. Ari lo empujó y él dio un paso atrás, sorprendido. —No funcionó. —Sonrió triunfante—. No funciona en mí. Asmodeus la hizo saltar con el abrupto chasqueo de sus dedos. Inmediatamente, a continuación del gesto, llegó un ligero toque en la puerta. Se abrió ante su orden y un hombre Shaitan entró. —¿Sí, maestro? —preguntó él, sin mirar al Teniente. Era algo que todos los sirvientes hacían por respeto al Sultán, sus hijos y Asmodeus. Él avanzó hacia el Shaitan, todo su cuerpo tenso y Ari repentinamente se sintió muy inquieta. De la nada, el Marid produjo una daga corta y curvada y se la entregó al Shaitan. —Corta tu garganta con esto —ordenó. Los ojos del Shaitan se ampliaron con horror pero con una mano temblorosa, alcanzó la daga. —¡No! —gritó Ari, corriendo hacia ellos. Era demasiado tarde. La hoja se deslizó por su piel, derramando sangre y el sordo golpe de su cuerpo colapsando en el piso, hizo eco alrededor de la habitación tras el grito de Ari.
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    265 Con la miradaborrosa por la conmoción, la garganta apretada con impotencia, Ari vio a Asmodeus girarse hacia ella con el ceño fruncido. —Bueno, sabemos que el Seal funciona. —¿Por qué? —espetó con disgusto—. ¡No necesitabas asesinarlo! Él ignoró su reproche y avanzó hacia ella con violencia en sus ojos. Incluso aunque todo su cuerpo estaba temblando de miedo y repulsión por lo que él acababa de hacer, se mantuvo firme. Él afirmó su brazo izquierdo en un agarre doloroso, llevando su cuerpo hacia el de él. —¿Cómo es posible? —Respiró enfadado—. ¿Cómo puedes resistirte a la orden del Seal? —Quizás de la misma forma en que tú puedes —respondió agresivamente, odiándolo en ese momento y deseando estar muy, muy lejos de él. Deseo estar cerca de la protectora, confortable presencia de Jai. —Tuviste el Seal alrededor de tu cuello durante siglos y yo lo tuve dentro de mí durante dieciocho años. Figúrate. Los ojos de él brillaron peligrosamente. —Ahora no te irás de aquí. —¿Por qué? —siseó, tirando de su agarre—. ¡Claro que no! —Ellos no la estaban manteniendo aquí. El crepitar de llamas fue un bienvenido sonido mientras Rojo salía del Peripatos. Su mirada se oscureció ante la vista de Asmodeus acosándola. —Déjala ir, Asmodeus. —El Seal no funciona contra ella. No se puede ir hasta que yo sepa por qué. —Estás equivocado. —Rojo avanzó en un borrón por la habitación, su cuerpo llegando junto a ellos mientras empujaba ferozmente a Asmodeus lejos de ella, su propia mano amable alrededor de su muñeca mientras la presionaba detrás de él.
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    266 —Azazil ya hadado su palabra de que su promesa de quedarse se ha cumplido. No puedes mantenerla aquí a menos que ella quiera. Rojo disparó una mirada sobre su hombro. —¿Quieres quedarte aquí? —Demonios, no —gruñó ella. Sonriendo triunfante, Rojo volvió a encarar a Asmodeus. —Apesta ser tú ahora mismo. Ari bufó, sintiendo un pequeño triunfo sobre Asmodeus y su aparente crueldad sin límites. —Esto no ha terminado —prometió él, inmovilizándola en la pared con los ojos. Sintió un miedo familiar en su estómago. Honestamente, por un minuto pensó que estaba libre de todas las cosas Jinn. Después de otro movimiento amenazador por parte de Rojo, el Marid salió de la habitación, la puerta golpeándose tras él. Los ojos de Rojo cayeron en el Shaitan muerto. —Lo siento —susurró Ari—, no pude detenerlo a tiempo. Rojo movió una mano y el cuerpo simplemente desapareció. Se giró hacia ella viéndose despreocupado. Eran todos tan insensibles, pensó desesperanzada. La vida del Shaitan no significaba nada para ninguno de ellos. —No es tu culpa. —La estudió por un momento—. ¿Puedes resistirte a la orden del Seal? —Sí, así parece. —Bueno. —Frunció el ceño en preocupación—. Intentaremos mantener eso en silencio. Puede traernos problemas. ¿Estás lista para irte? —Definitivamente. —Volvió a mirar hacia donde el Shaitan había sido asesinado. ¿Era eso lo que esta vida te hacía? ¿Te volvía tan
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    267 acostumbrado a laviolencia y a la muerte que un cuerpo era sólo eso? Un caparazón. ¿No una vida? Rojo de pronto parecía incómodo, sus ojos encontrando difícil mirar los suyos. —Mi padre dio a entender que la tribu de Jai puede saber cómo encontrarlo. Alivio y esperanza la golpearon, sacándola de los pensamientos depresivos. —Eso es fantástico. Vamos. —Ari, espera. —Rojo apretó el puente de su nariz, su mirada casi ansiosa—. Saqué a Cristal de su asignación para ayudar a Charlie a encontrar al Labartu. Lo dejamos en un motel en Houston, sabiendo que no sería capaz de encontrarla por sí mismo a tiempo. Atónica por las noticias, Ari respondió suavemente: —Lo agradezco. Pero eso no significa que te perdono. O confío en ti. —Yo no… —Dejó salir un suspiro exasperado—. Eso no es lo que estoy intentado decirte. Mi padre no está feliz de que no haya completado la asignación. Está arreglando que Charlie encuentre a Akasha. El miedo estaba de regreso. Ari respiró, temblando. —Como venganza. —Es como él trabaja. —Está bien… —Sin embargo… también me preocupa que Blanco, si se entera de que ya no eres el Seal, tome esa noticia contra Jai de una forma sangrienta y mi padre ha abandonado su protección a su alrededor. La desgarradora comprensión apareció.
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    268 —Estás diciendo… estásdiciendo que tengo que elegir a quién rescataré primero y a quien sea que elija después, ¿puede morir antes de que yo llegue ahí? Él asintió, sus ojos azules llenos de arrepentimiento. —No puedo ayudar a Charlie, Ari. Mi padre puede hacer algo peor en venganza. —Oh, Dios. —Piensa. Piensa—. ¿Qué hay de mi mamá? —Se aferró desesperadamente a la idea—. ¿No puede ella ayudar a Charlie? Rojo negó con la cabeza rotundamente. —No puedo… no la pondré… en esa clase de peligro. Blanco puede encontrarla y si lo hace… —Está bien —susurró—, lo entiendo. —Dejó salir un suspiro y asintió, tomando una decisión—. Necesito hablar con los Roes. ¿Puedes al menos hacer eso? Son la mejor apuesta por ahora. Rojo asintió como si estuviera esperando esto. —Has hecho una elección. Los estás enviando a ellos tras Charlie. Irás tras de Jai. Ari sintió lágrimas de vergüenza cerrar su garganta. —No estoy orgullosa de eso. Pero sí. —Lo siento, Ari. Sus ojos ardieron ante el pensamiento de las posibles consecuencias de su elección. —Yo también.
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    269  Esos viajes continuosde perder y encontrar están cansando mi alma Traducido por Vanehz y rihano Corregido por Akanet uántos días han pasado hasta ahora? ¿O han sido sólo horas? Peor, ¿habían sido semanas? ¿Meses? El sofocante negro era un perverso vacío, al igual que un lienzo en blanco ante un artista, tentaba a su prisionero a llenar la negrura con imágenes; imágenes de Ari, de su padre, de su madre sin rostro. Los recuerdos se burlaban de Jai. Los miedos lo sofocaban así como imágenes del cuerpo muerto de Ari continuaban flotando por la oscuridad. Ante esto había gritado a su captor para que lo dejara ir, hasta que su voz se volvió ronca. No podía sentir a Ari en el rastreo. La botella apagaba mucha de la energía de Jai. Esperaba que esa fuera la causa y no que Ari estuviera… El no saber si estaba viva era la peor parte de todo esto. Si alguna vez salía de la botella en que había sido atrapado sólo para descubrir que Ari se había ido… … Jai no podía respirar. ¿Cómo regresaría de eso? Su dulce sonrisa llenó la oscuridad, y Jai frotó su mano sobre su pecho donde quemaba. ¿Así que esto era amar a alguien profundamente? Pensar en sus captores trajo lágrimas de furia a sus ojos, lágrimas que no se había permitido desde que era niño. Estaba herido por el conocimiento de quienes eran, la gente que se suponía que lo protegía. Estaba destruido por la verdad de que debería haber tomado su propio consejo mucho ¿C
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    270 antes y mantenersu distancia de Ari. No quería amar a nadie con esta intensidad. Nunca. Ahora era demasiado tarde. No había vuelta atrás. No podía alejarse de ella ahora incluso si sus instintos de supervivencia le decían que debería. Tenía que salir de allí. Tenía que salvarla… El piso a cuadros blancos y negros de la casa Bitar le recordaba demasiado a un tablero de ajedrez. El robo de Blanco, robándole a Jai, era una burla, igual que la vez anterior, cuando había matado al padre adoptivo de Ari, Derek. “Jaque mate” Bastardo. El dolor se ondulaba sobre ella de nuevo, golpeándola como lo hacía cuando menos lo esperaba. Una rabia que no había sentido contra Sala desde que la conoció, la devoraba. Había destruido la vida de Derek. Lo había puesto en peligro. Y peor, había amado a Sala y nunca realmente amó a Ari por ello. Echando a un lado esos indeseados y feos sentimientos, Ari escuchó mientras los pasos hacían eco por el pasillo hacia ella, un taconeo, haciendo a su estómago anudarse con pavor. Genial. Nicki Bitar. Como si Ari realmente quisiera pedirle ayuda a esa psicópata. Ni siquiera tenía a Rojo a su lado para presionar a la malvada madrastra. Estaba fuera actuando como mensajero, haciendo la única cosa que podía para notificar a Michael Roe del paradero de Charlie. Solo podía esperar que fueran capaces de usar sus recursos para encontrarlo y detenerlo. Nicki entró en su visión, su oscura belleza irlandesa tan odiada para Ari que tenía la absurda urgencia de rastrillar sus uñas por el rostro de la bruja. Ari la odiaba por lo que les había hecho a Jabi y ella sabía que ni siquiera conocía la mitad de la crueldad que había cometido contra él. Nicki se detuvo a unas casillas de Ari, su bonita boca retorciéndose en una mueca.
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    271 —¿Qué quieres? —Quiero hablarcon Luca. —No está en casa. Mierda. Inquietándose, tratando de no sentirse en pánico, Ari se preguntó si solo podía negarse a irse hasta que regresara. Sabía que podía confiar en el sentido el honor de Luca al menos para ayudarla a encontrar a Jai, ¿pero Nicki? Era una vaca sin corazón cuando se trataba de su hijastro. —Jai ha sido secuestrado —chasqueó—. Tengo razones para creer que Luca puede ayudarme a encontrarlo. —¿Ayudarte cómo? —Nicki sacudió su cabeza, sus ojos entrecerrándose con odio amargo—. No hay forma de que traigamos a nuestra tribu a esta guerra por un pedazo de escoria. —Cuida tu boca —dijo Ari con un gruñido, dando un paso amenazador hacia ella. La satisfacción vibrando a través de ella cuando Nicki se encogió y dio un paso atrás. Como si estuviera asustada. Por supuesto. Se burló Ari. Ella aún creía que Ari era el Seal. Antes de que alguna de ellas pudiera decir otra palabra, la gran puerta doble de la entrada atrajo su atención mientras una de las puertas osciló abierta. Luca Bitar entró, su apariencia sorprendentemente desaliñada. Lucía cansado. Se detuvo ante la visión de Ari delante de él, sus ojos ampliándose con alivio, parecía. —Luca. —Nicki marchó pasando a Ari hacia él, su voz alta con sorpresa—. ¿Qué haces en casa tan temprano? Él le disparó una mirada de odio. —¿Por qué no llamaste para dejarme saber que Ari estaba aquí? —Acaba de llegar. Iba a hacerlo. —Mentirosa —siseó Ari. Luca se quitó la mano de su esposa del brazo y se apresuró al lado de Ari.
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    272 —Lo tenemos, Ari. Suboca cayó abierta con sorpresa, su estómago volando. No es lo que había estado esperando que dijera. —¿Qué? —Exhaló con incredulidad, horror y esperanza. —El Rey Blanco me ordenó colocar a Jai en una botella donde Teruze puede velar por él en la habitación del tesoro. Sus palabras estaban apenas fuera de su boca y Ari estaba girando, lista para volar a la habitación donde Luca mantenía todo tipo de artículos preciosos. Su firme agarre se cerró en su muñeca, girándola de regreso para encararlo. —Ari, Teruze es muy viejo. Te matará si te atreves a tratar de liberar a Jai de su encarcelamiento. —¡Entonces libéralo! —gritó Ari, la furia y disgusto por él, ardiendo en sus ojos. ¡Jai era su hijo! ¿Cómo podía hacerle esto? Su mano se curvó en un puño y se tuvo que detener físicamente de golpearle en la boca. —No puedo —se defendió, sin parecerse en nada al hombre que había llegado a conocer y aborrecer. Parecía mucho más viejo de lo que solía ser—. Sólo yo puedo ordenar a Teruze que retroceda y sólo yo puedo soltar a Jai, pero El Rey Blanco prometió que destruiría a toda mi Tribu si, voluntariamente, libero a Jai. Sé que he tomado decisiones con las que no estás de acuerdo con respecto a Jai. Sé que mi hijo y yo no somos cercanos, pero Ari, nunca deseé esta clase de infierno para él. Estar atrapado en una botella, es como estar prisionero en un agujero. Por semanas. Yo… he estado esperando para que tú o El Rey Rojo se mostraran y me ordenaran dejarlo ir. Es la única forma de evadir mi juramento al Rey Blanco. Ari. Le pellizcó el brazo desesperadamente. —Aún es mi hijo. Tienes que creerme cuando te digo que nunca quise esto. Ordéname que lo libere. ¡Ordénamelo! —No puedo —respiró dificultosamente—. Asmodeus me arrancó el Seal. Ahora él lo tiene.
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    273 —¿QUÉ? —El bajorugido de Blanco rodeó toda la mansión mientras caminaba fuera del Manto, avanzando hacia Ari con oscuras preguntas en sus ojos. Por un momento estuvo sorprendida de que no lo hubiera sentido ocultándose allí, y entonces se dio cuenta… que ya no era más el Seal. Ya no tenía el donde detectar a un Jinn ocultándose en el Manto. ¡Mierda! —Me preguntaba cuál era el truco, por qué pretendías no sentirme ocultándome en el Manto. ¿Qué está pasando? Luca hizo un intento valiente de pararse entre Ari y Blanco, pero el Rey Jinn apenas lo miró mientras barría su mano, enviando a Luca con manos invisibles a golpearse hacia atrás contra uno de los feos portarretratos de Nicki. Nicki hizo un sonido ahogado de angustia mientras corría al lado de Luca y Ari apenas registró la proximidad de Blanco mientras esperaba los signos de vida del padre de Jai. Cuando gruñó, Ari se hundió con alivio. Cuando liberara a Jai, la última cosa que quería decirle era que su padre estaba muerto. Asegurándose de que Nicki lo cuidara, Ari se giró para encarar a Blanco. Un sentimiento de deleite, de triunfo, la sobrecogió mientras asimilaba la furia real de su padre. La fría, cuidadosa expresión en blanco que había adoptado como máscara perenne, finalmente se había deslizado. Estaba sintiendo algo. Bien. Había tomado demasiado de ella. Era bueno saber que lo había superado por una vez. Sintiéndose como si estuviera parada bajo la pesada respiración de un dragón, Ari trató de no encogerse cuando él dio otro paso más cerca. —Jugaron contigo todo el tiempo. —Se burló de él suavemente—. Azazil le dijo a Asmodeus que dejara a Sala seducirlo porque sabía lo que planeabas y quería que lo hicieras. —Mentirosa —gruñó, pero algo vaciló en el negro de sus ojos, ¿como si pensara que había oído esto antes? Ari entrecerró los ojos con sospecha
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    274 mientras Blanco dabaotro paso hacia ella—.¿Por qué Azazil querría el Seal en forma humana? Cansada de su demente y obstinada fe ciega en Lilif, Ari se preguntó si la verdad finalmente había sacado a golpes algo de sentido en Blanco. —Lilif realmente quiere El Después. Lo sabía. El Seal es realmente la esencia de tu madre. ¿Lo que has estado buscando? La tuviste siempre hasta que lo usaste para fecundar a mi madre. Sus ojos se entrecerraron y Ari esperó un momento para asegurarse de que no iba a arremeter contra ella antes de decidir continuar. —Azazil pensó que poner el poder de Lilif en un Jinn a través de nacimiento natural quizás le proveería con un Jinn con su poder, pero carente de su locura. Que de alguna manera traería el balance de vuelta. Pero le salió el tiro por la culata. Empecé a tener todas esas visiones. Eran los recuerdos de Lilif. Su esencia, no es sólo su poder. Realmente es ella. Y estaba tratando de tomar el control de mi cuerpo. Y esos recuerdos… te vi. Jugaba contigo. Ella dejó… —Ari se ahogó cuando su gran mano se disparó y se envolvió en su garganta. La arañó en pánico mientras la levantaba del suelo, su peso era nada para él mientras la sostenía cera. —Mientes —gruñó—. Te han envenenado con sus mentiras. Plantaron semillas, visiones, dudas. —La sacudió como una muñeca rota y Ari sintió sus ojos rodar hacia atrás en su cabeza. —Ordéname que haga algo. ¿Cómo podría? Jadeó, sus uñas clavándose en su mano, sus piernas pateando hacia él. Abruptamente la soltó y ella cayó sobre sus rodillas tosiendo y escupiendo mientras trataba de recuperar el aliento. —¡Ordéname! —No puedo. —Logró decir con voz ronca. —¡Ordéname, Ari! —¡Te ordeno que te calles! —gritó, su voz chasqueando con las palabras.
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    275 Estuvieron todos ensilencio un momento y Ari se arriesgó a mirar hacia Luca y Nicki. Luca estaba sobre sus pies ahora, Nicki parada protectoramente a su lado. Ari captó la confusión en su expresión. Quería ayudar, pero el hacerlo solo podía perjudicar a su Tribu. Dio una pequeña sacudida con su cabeza para dejarle saber que sabía que quería que se quedara fuera de esto. —No funcionó —respondió Blanco, su voz muy baja con incredulidad—. No funcionó. Mientras estaba allí parado con horror, Ari consideró la forma más rápida de pasarlo hacia el cuarto del tesoro. Justo cuando estaba reuniendo los nervios para pasarlo rápidamente, Blanco volvió su mirada hacia ella, sus ojos opacos con acero blanco. —Entonces ya no tienes uso para mí —anunció suavemente, pero las palabras estaban mezcladas con la más calmada furia que Ari había oído alguna vez. La amenaza la atravesó y Ari rápidamente lanzó sus manos al aire, convocando sus poderes justo a tiempo para bloquear el rayo de magia que había disparado en su dirección. Este rebotó en la protección que había creado y Ari se apartó de él a velocidad Jinn. Él era más rápido. Mientras tomaba forma corpórea, el borroso rastro de humo en que se había convertido se solidificó de nuevo sobre ella, una mano envuelta alrededor de su garganta otra vez y los ojos de Ari se abrieron completamente mientras Blanco arrastraba su cuerpo hacia la puerta de entrada de la mansión, su cuerpo colgando indefenso otra vez. No había nada en los ojos de él. Nada de nada. Ari forzó su magia a través de sus dedos mientras sujetaba la mano que la ahogaba, enviando un dolor afilado como cuchillos en su mano, bajo su brazo y en su cuerpo, como arañas de energía virulenta teniendo como objetivo su corazón. Transpiraba por la energía que le tomó disparar toda su magia defensiva contra él, y aun así no tuvo efecto.
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    276 Sintió su llamamágica irse mientras sus habilidades, de lejos más poderosas, la abrumaban. Él era un rey Jinn inmortal después de todo. Y ella iba a morir. Ari se pidió no llorar por el pánico. No iba a irse de esa manera. No después de todo lo que él había hecho. Él merecía, incluso si ella era la que moría, sentir como si él hubiera perdido. Jaque mate, ella le envió telepáticamente alto y claro, su voz presentaba una extraña mezcla de presumida aceptación. Mientras se miraban a los ojos, mientras miraba a la cara de su monstruosamente cruel padre, mientras su respiración comenzaba a volverse más tensa, y puntos negros comenzaron a empujar en la esquina de sus ojos, Ari podría haber jurado que la falta de emoción sangró de los ojos de él. Ellos se abrieron un poco, como si la reconociera. Su apretón comenzó a aflojarse y Ari sintió una ráfaga de aire arrastrarse hacia su tráquea mientras una explosión de llamas se podía oír desde más allá de ellos. Blanco se estremeció, su cuerpo sacudiéndose, su mano soltando a Ari mientras él hacia un sonido gutural de dolor. Ari se estrelló contra el suelo con un golpe duro mientras Blanco se daba la vuelta sobre ella para enfrentarse a su atacante. Tosiendo, luchando por aspirar aire por su garganta herida, Ari miró a través de la cortina de su cabello y se congeló con consternación absoluta. Sala. El poder de la Haqeeqah en las manos de Sala azotaba sus largos rizos oscuros detrás de ella, ondeando hacia atrás la tela de su vestido de seda azul dramáticamente. Sus ojos eran salvajes sobre Blanco mientras él daba lentos y calculados pasos hacia ella. —Tú nunca lastimarás a mi hija otra vez —siseó Sala, enfurecida, su pecho subía y bajaba rápidamente con la emoción.
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    277 —Mamá —graznó Ari,tambaleándose hasta ponerse de pie—. Sal de aquí —suplicó. —Tú sal de aquí —le dijo Sala en respuesta con desesperación—. Él no se detendrá hasta que te mate. No voy a dejar que eso suceda. Ahora busca a Jai y sal de aquí. ¡Ahora! —No. —Ari soltó, el recuerdo del apretón de Blanco aflojándose alrededor de su cuello desgarrándola. ¡Ella estaba más segura con él de lo que Sala lo estaba! ¡ROJO! Ari lanzó telepáticamente tan poderosamente como pudo. ¡ÉL TIENE A SALA! Como si sintiera el poder que ella acababa de desatar en su llamada de auxilio, Blanco le lanzó una mirada peligrosa por encima de su hombro. Utilizando ese momento de distracción Sala arrojó el Haqeeqah. Blanco se movió. En un borrón de humo, él estaba al otro lado del vestíbulo en milisegundos, la Haqeeqah volando la pared a centímetros de Ari, la magia filtrándose en las molduras. Comenzaron a desmoronarse, los ladrillos comenzaron a cambiar. La mirada de Ari volvió de nuevo hacia su madre sólo para sentir su corazón vomitar en su garganta al ver a Blanco agarrándola. Se puso de pie con la espalda de Sala apretada contra su frente, con los brazos apretados alrededor de ella, la boca en su oreja. Ellos podían haber parecido dos amantes abrazados, si no hubiera sido por el terror de Sala, mientras miraba por encima a Ari. —Ari, vete —susurró ella suplicante, estremeciéndose mientras Blanco murmuraba algo en su oído. Ari corrió hacia ellos, sacando su energía hacia Blanco para apartarlo de ella, pero él se movió de nuevo, esta vez llevando a Sala con él, y cuando Ari giró para orientarse... ... fue demasiado tarde.
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    278 Su puño sangrientoya estaba apareciendo fuera de la cavidad torácica de Sala, su corazón muriendo en su mano, y su cuerpo vacío arrugándose en el suelo. —¡NO! Ari lo oyó por lo bajo, lo sintió vibrar a través de ella mientras sus rodillas cedieron. Cabello rojo cruzó su visión seguido por el azul. Su mirada borrosa se congeló en el cuerpo de su madre, en sus grandes ojos vacíos que miraban directamente a los de Ari. El propio cuerpo de Ari arrugado sobre sí mismo en agonía. Dolor, pesar, deseos, todos ellos golpeaban contra ella como una banda de jóvenes golpeándola antes de recoger y embolsar toda promesa del futuro que ella había tenido en su interior. La promesa de tener un padre que la quería. Se había ido. Sala se había ido. Manos agarraron cada uno de los brazos de Ari y se dejó arrastrar de nuevo a la puerta de una de las salas de estar de los Bitar. Volvió sus ojos nublados al rostro de Luca. Sus facciones estaban tensas, una simpatía de la que no sabía que él fuera capaz ardiendo en sus ojos. —¿Qué estás haciendo? —susurró ella aturdida. —Sacarte del camino de eso. —Él asintió con la cabeza hacia la entrada y Ari volteó, los sonidos del caos finalmente filtrándose en sus oídos y conectando con la visión ante ella. Rojo y Cristal habían atacado a Blanco. El vestíbulo de entrada era una zona de desastre, la barandilla inferior de la escalera estaba rota, los retratos se habían estrellado en el suelo, grietas grandes surcaban los lados de las paredes a donde Blanco había sido lanzado con la fuerza de una bola de demolición. Ahora el Rey Blanco estaba atrapado contra la escalera bajo el poder de ambos Cristal y Rojo. La comprensión apareció mientras tomaba nota del absoluto dolor y horror en los ojos de Rojo mientras él apretaba un puño en el aire y apretaba, la
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    279 acción parecía exprimirmágicamente el aire de los pulmones de Blanco mientras él clavaba las uñas en la mano invisible alrededor de su garganta. —Hermano —le susurró suavemente Cristal, aunque él no aflojó su agarre en Blanco—. Rojo... no podemos... Pero Rojo estaba más allá, su cara manchada con la furia. —Voy a destruirte. —Soltó entre dientes—. Por lo que has tomado hoy, te voy a destruir. Ari apenas había registrado la abertura en el Peripatos cuando un Jinn alto, de cabello oscuro salió con un atuendo similar a Cristal. Otro Rey Jinn. Él le echó un vistazo a Ari mientras caminaba hacia sus hermanos. —No hoy tú no lo harás, Rojo —respondió él con una aburrida voz monótona—. Dos contra dos, podría continuar para siempre. —¡Fuera de aquí, Sombra! —Rojo frunció los labios hacia él—. Esta no es tu lucha. —En realidad lo es. El Rey Sombra. Ari dejó escapar un lento suspiro viendo a los cuatro reyes Jinn juntos. Era aterrador. Ellos podrían destruir todo a su paso, y nadie sería capaz de detenerlos. —Rojo. —Cristal llevó una mano tentativa a los hombros de su hermano—. Sé lo que estás sintiendo. Sabes que sí. Sin embargo, esto no tiene sentido. Sabes que nunca lo matarás. El aire era pesado mientras todos ellos esperaban la decisión de Rojo. Con un gruñido de disgusto él dio un paso atrás y Cristal siguió el ejemplo. Blanco se atragantó y escupió al igual que Ari había hecho unos minutos antes, cuando él la había atacado de la misma manera. Lanzándole a Rojo una mirada siniestra, Blanco se puso de pie con un movimiento elegante. Tan inteligente como era, Ari no se sorprendió cuando dio un paso atrás hacia la escalera, dejando que las llamas lo engulleran hacia el Peripatos.
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    280 El rey Sombragruñó. —Gracias, Sombra —Él imitó a Blanco—, por venir en mi ayuda. Oh, eres más que bienvenido, hermano. —Él rodó sus ojos. —Cerdo ingrato. Al darse cuenta de que había llamado la atención de sus hermanos furiosos, Sombra les dio una sonrisa burlona antes de volver la cabeza para mirar a Ari. —Así que este era el Seal. Te ves como tu madre. Y antes de que Rojo pudiera tomar represalias ante ese comentario sarcástico y cruel, Sombra desapareció en el Peripatos. El silencio se escabulló alrededor de la habitación como si supiera que no había tiempo para estar allí, pero no podía salir porque era magnéticamente atraído por la pena que espesaba el aire. Finalmente, ante la presión de la mano de Luca alrededor de su brazo, Ari dio un paso tentativo hacia el Rey Rojo. Él se quedó parado mirando hacia abajo a Sala con incredulidad, con el Rey Cristal a su lado, su mano sobre la espalda de Rojo ofreciéndole consuelo. Las lágrimas comenzaron a derramarse por las mejillas de Ari mientras daba una mirada a la madre que la quería, una madre a la que nunca había conocido, y a su tío, cuya abrumadora presencia sólo hizo que su dolor se filtrara en todos a su alrededor. Sus dudas acerca de si un rey Jinn realmente podía sentir fueron enterradas por el evidente amor que Rojo había tenido por Sala. Con los labios temblando, la lengua zumbando con el sabor de la sal de sus lágrimas, Ari abrió la boca para hablar y cuando las palabras no salieron tuvo que aclararse la garganta. El ruido atrajo la mirada de Cristal, y él le ofreció un asentimiento simpático. A pesar de la distancia entre ellos, Ari había perdido a Sala también. Eso sólo hizo que sus lágrimas cayeran más rápido y tuvo apartarlas rápidamente a un lado para hacer frente a Rojo. —Rojo —susurró ella—. Lo siento mucho.
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    281 Él no lamiró. No podía hablar. ¿La culpaba? Oh Dios, si él la culpaba... Decidiendo entonces que ella no podría pedir su ayuda, Ari movió sus ojos hacia Cristal que la miraba expectante. —Necesito tu ayuda —le dijo en voz baja. Él frunció el ceño, pero asintió con la cabeza para que continuara. Ella se dio cuenta que ni una sola vez quitó la mano del hombro de Rojo. —Jai está atrapado aquí en una botella por su padre, pero Luca hizo un juramento a Blanco que no dejaría salir a Jai voluntariamente. —¿Voluntariamente? —repitió Cristal y luego suspiró cuando él comenzó a comprender lo que ella implicaba. Se dio la vuelta hacia Rojo—. Voy a ayudar a Ari. Debes llevar a Sala a alguna parte. Ponerla a descansar finalmente. Un sollozo fue arrancado de la garganta de Ari antes de que pudiera detenerlo y todo su cuerpo empezó a temblar con dolor. Ella no había esperado sentir tanto. Sentirse tan en carne viva y herida por la pérdida de una mujer a la que apenas conocía. Pero el amor absoluto que ella había tenido por Ari había sido una promesa de una verdadera relación con su madre. Su sacrificio para salvar a su hija... ¿había sido en vano? ¿Blanco realmente habría matado a Ari? El pensamiento atormentaba su cuerpo con sollozos. Una presencia familiar pero sorprendente estaba a su lado de repente y Ari logró mirar a través de sus lágrimas y dolor hacia el rostro del Rey Rojo. Su expresión era severa, sus ojos sombríos y Ari esperaba con el aliento casi contenido, sus sollozos desapareciendo, mientras él levantaba una mano hacia ella. Se congeló. Esperando. La gran mano bajó y acarició su hombro y Ari se inclinó hacia esta.
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    282 —Ella te amaba—le dijo con la voz adormecida por el dolor—. No querría que te echaras la culpa por su muerte. Tampoco querría que yo te culpara. —¿Tú lo haces? —preguntó Ari con cautela, alejando las lágrimas, sin poder evitar que sus manos temblaran. —Estoy tratando de no hacerlo. La respuesta sincera fue cortante, pero Ari la aceptó. Ella entendía. Deseaba no hacerlo, pero lo hacía. —Ve con Cristal y Luca —ordenó Rojo en voz baja—. Estoy llevando a Sala a algún lado que prometí que la llevaría si esto pasaba. Sabiendo que otra disculpa sería inútil, Ari permitió a Cristal tomarla del brazo mientras Luca los llevaba a la sala del tesoro. Aún en estado de shock, las palabras de Luca no tenían sentido para Ari mientras él le hablaba a la botella roja que sostenía Teruze. Entonces ellos estaban delante de una botella moteada de color verde y Cristal estaba exigiendo que Luca dejara salir a Jai. La energía de Luca llenó la pequeña habitación, y luego Jai estaba allí, encogido contra Luca quien extendió la mano para sostenerlo. Ari se dio cuenta de la forma en que los ojos de Jai parpadeaban rápidamente como si la luz estuviera cegándolo. Su ropa estaba sucia y arrugada y le había crecido la barba, haciéndole casi irreconocible. Ella voló hacia él. Sin importarle por lo que ambos habían pasado, sus brazos como bandas alrededor de él, fuertemente apretados, mientras ella se presionaba contra él, sus pies tambaleándose bajo el impacto. Mientras ella lloraba silenciosamente contra su pecho, los brazos de Jai se envolvieron a su alrededor y él pareció hundirse en contra suyo. —Ari —susurró, sus brazos apretándose hasta que ella apenas podía respirar—. Ari.
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    283  Darle sentido atodas las cosas no tiene sentido cuando lo has sentido demasiado tarde Traducido por Sweet Nemesis Corregido por Nony_mo Esto no nos lleva a ninguna parte, Charlie —resopló Fallon mientras se arrastraba junto a él en la cama del motel—. No hay ninguna anomalía en esta área; ninguno de los registros de la morgue indican un incremento en la moralidad infantil y no hay ningún registro de suministros de agua contaminada como pasa usualmente cuando un Labartu está en el área. Tal vez se fue, o tal vez esté en la otra punta del maldito Houston… o Rojo y Cristal mintieron… —Nah. —Charlie sacudió su cabeza, levantando un brazo para que ella pudiera acurrucarse contra él. Había sido un largo día. De nuevo—. Creo que la perra sabe que estoy tras de ella. Puede haber manipulado los registros, o tal vez a Rojo. Él pareciera haber cambiado de idea sobre dejarme hacer esto. —Sabía que sonaba como un amargado, pero lo estaba. Lo último que necesitaba era al Rey Jinn poniéndose suave con él. —¿No crees que te estás acercando? —Creo que me está cansando esto de esperar. —La apretó más cerca para hacerle saber que no estaba cansado de ella. La verdad era que estaba simplemente cansado de todo. Estaba preocupado por Ari, preguntándose si se encontraba bien, sabiendo que si lo estuviera ya hubiera ido por él para esos momentos. La culpa y la vergüenza lo inundaban. Estaría buscándola si no fuera por la esmeralda ardiendo en su bolsillo. Se había vuelto una obsesión. Y ahora mismo se sentía como si hubiera ido de inhalar a fumar. Como si necesitara usar esa esmeralda más de lo que necesitaba rescatar a la chica que amaba. Era una verdadera mierda todo eso. —
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    284 Charlie palideció, intentandoignorar el calor de la esmeralda en su bolsillo. Cada vez tenía más ganas de usarla, sólo para poder saborear el poder de nuevo. … El gerente del motel había sido grosero con Fallon… El tono del celular de Fallon lo sacó de sus oscuras cavilaciones mientras ella se inclinaba sobre él para tomarlo de la mesita de noche. Tocó dos veces la pantalla y entonces sus ojos se ampliaron. —Oh Dios mío —exhaló. Instantáneamente alerta, Charlie se levantó para ver la pantalla. —¿Qué? ¿Qué sucede? —Es ella. Akasha. —Con el rostro pálido, Fallon le pasó su teléfono. Escuché que estás cazándome. Ven y encuentra el mismo destino que tu hermano, niño. A la medianoche, mañana. Secundaria Sydney Marone. Calle High Star, Alief. Dulces sueños. Akasha. —¿Por qué? —preguntó Fallon con voz irregular, mientras sacaba el teléfono de sus temblorosas manos—. ¿Por qué te provocaría a ir tras ella? Intentando contener la rabia y la anticipación que lo roía, Charlie miró hacia otro lado, para que no pudiera ver la profunda oscuridad que sentía que lo estaba arrastrando. —Porque —murmuró—, esto es lo que Azazil quiere. —Me quiere fuera de la foto. De la misma forma en que quiere a Jai fuera de su camino. Quiere que Ari no tenga a nadie más a quien recurrir excepto por él.
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    285 El entendimiento deeso, hizo que sus puños se apretaran en las sábanas. Su mano rozó el bolsillo donde estaba la esmeralda, y la preocupación por Ari comenzó a disiparse. Sin embargo, eso significa que probablemente ella esté bien, discutió con su culpable conciencia. —¿Charlie…? Oyendo el temblor de preocupación en su voz, Charlie saltó fuera de sus pensamientos repentinamente perceptivos para dispararle a Fallon una sombría mirada. —No te me acobardes ahora. Para esto fue que te anotaste. Instantáneamente el miedo se derritió del rostro de Fallon, y se transformó en irritación. —No me lo recuerdes, imbécil. —Eres libre de irte cuando quieras. —Tú eres libre de irte a la mier… —-Oye. —La cortó Charlie, alcanzándola como si fuera su marca personal de Xanax—. Sé que toda la cosa de chica ruda es un acto. Lo digo en serio Fallon. Deberías irte mientras puedes. Cepilló su corto cabello fuera de su rostro, su adrenalina aún pinchándolo, pero sus músculos al menos relajados al ver a sus enormes y hermosos ojos sin prejuicios. —Nah —resopló, tirando de su camiseta y acercándolo—. Nunca me perdonaría a mi misma si algo te sucediera. Estúpido. Él se acostó, tirando de ella, para que quedara acomodada sobre su pecho. —No puedo creer que esto vaya a suceder. —Eres un idiota.
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    286 —Lo sé —estuvode acuerdo—. Pero siento como que me voy a volver loco si no saco esto de mi sistema. ¿La venganza o usar la esmeralda?, preguntó burlonamente su subconsciente. Fallon suspiró, su aliento cálido contra su camiseta. —Realmente tengo miedo por ti. —También temo por ti. —No lo hagas. De los dos, soy la que tiene más posibilidades de sobrevivir. Charlie resopló. —Uh, gracias. —Ven aquí. Ella levantó la cabeza y se deslizó un poco más arriba para acariciar su cuello. Respondiendo a ella instantáneamente, Charlie envolvió sus brazos alrededor de su cintura y la levantó hasta que sus labios estuvieron casi tocando los suyos. Sus enormes ojos eran honestos por una vez. Realmente temía por él. —Quítame de la cabeza lo de mañana, ¿de acuerdo? Contento de que la ola de necesidad que sentía por ella se sobrepusiera a la esmeralda, Charlie la agarró por la nuca, y la besó duro y desesperadamente. Prendiéndose rápidamente, Fallon recibió su desenfrenado beso con otro desenfrenado, sus manos deslizándose el uno en el otro mientras se apresuraban a deshacerse de cada pedazo de ropa que estuviera evitando el contacto de piel con piel. Dejaron que los cuerpos tomaran el control, usándolo para decir todo aquello que no podían permitirse admitir.
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    287 Decir que sesentía desorientado era una subestimación. Jai sentía la pesada mirada de Ari y la de su padre sobre él, mientras intentaba procesar todo lo que le habían dicho. Sus nervios se estremecían y sus pulmones aún estaban ajustándose al aire extra, trabajando libremente ahora en vez de en contra de su ansiedad. Había estado en confinamiento aislado por dos semanas. Para alguien que estaba más acostumbrado a volar que a estar encerrado, bien podrían haber sido dos meses. Y ahora esto… tener que sentarse y escuchar a su padre disculparse por primera vez en su vida, tener que encontrar el coraje para perdonar cuando Jai aun se sentía como si estuviera siendo sofocado y sus músculos aún pesados por el desuso. Y Ari. Ella ya no era el Seal. Asmodeus casi la había matado. El Rey Rojo la había salvado. El Rey Blanco casi la había matado. Sala la había salvado. Sala había muerto. Rojo estaba furioso. Charlie en problemas. Ari quería irse de inmediato para ayudarlo. Jai respiró hondo, el agotamiento ralentizaba el proceso de su pensamiento. La primera cosa que realmente caía sobre él, era que debía presionar más a Ari en sus entrenamientos ahora que no era el Seal. Casi había muerto dos veces, y lo hubiera hecho si no hubiera habido alguien ahí para salvarla. Necesitaba ser capaz de salvarse a sí misma. Jai sacudió su cabeza para aclararse. —¿Charlie está en Houston yendo tras Akasha y quieres que nos vayamos ahora? —Tú no vas a ninguna parte —ordenó Luca, negando con su cabeza agresivamente. Ya no tenía esa humilde y arrepentida mirada que hacía sentir a Jai tan incómodo.
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    288 No. Su padreestaba de vuelta con venganza, el viejo fuego de la intimidación de regreso a su voz y a sus ojos. —Has atravesado un suplicio atroz Jai, una prueba que incluso el más fuerte de los Ginnaye difícilmente hubiera podido soportar. Necesitas una ducha, una afeitada, algo de comida en tu estómago, y un par de noches de descanso en una cama apropiada. —Padre… —Jai intentó discutir, pero Luca levantó su mano cortándolo. —La Srta. Johnson ya no es el Seal. Tu deber con ella ha terminado. —Los miró a ambos significativamente con advertencia. Ari jadeó de pronto, como si no se hubiera dado cuenta hasta ese momento que ya no se requería que él fuera su guardián. Encontrando su atormentada mirada, Jai suspiró. Él tampoco se había dado cuenta de eso. No es que cambiara alguna cosa. Poniéndose de pie lentamente, pero tan estable como podía, en un intento por convencer a Luca de que era de nuevo él mismo y que tenía todas sus fuerzas, Jai enderezó sus hombros, preparándose para enfrentar a su padre por primera vez, de hombre a hombre. —Ari tuvo a un rey Jinn inmortal literalmente arrancándole algo de su cuerpo. Casi muere. ¿Y qué fue la primera cosa que hizo cuando se despertó? Me eligió a mí. Vino aquí a salvarme. —Se volvió para mirarla, dejando que todo el amor que sentía por ella se reflejara en sus ojos, decidiendo ahí y en ese momento que así tuviera que ir al infierno para amarla, lo haría de la manera correcta—. Esto no se trata de un deber del uno con el otro. Se trata de lealtad. Honor. —Volvió a mirar a Luca—. Y porque me ama casi tanto como yo a ella. —Uh, de igual manera —corrigió Ari, sus cejas levantándose en advertencia. Jai sonrió a pesar del hecho de que su padre no estaba sorprendido, pero si decepcionado por su revelación. Bueno, a él eso lo llenaba con una sensación de alivio. Alivio porque ya no tendría que preocuparse de que Luca se decepcionara de él. Le había tomado mucho tiempo, pero la opinión de su padre… simplemente ya no importaba. Lo que Luca le había
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    289 hecho, incluso bajola coacción del Rey Blanco fue, como diría la gente, la gota que colmó el vaso. —Estoy seguro de que Ari es una chica perfectamente agradable — respondió Luca, sus palabras claramente cautelosas—. Pero ni siquiera puedes pensar en la posibilidad de renunciar a tu Tribu, tu deber al Ginnaye, para estar con ella. Jai miró a su padre con incredulidad. Este hombre realmente no tenía ni idea. —Ari recibió el golpe de un Haqeeqag para salvarme. Saltó frente a mí — enfatizó para que su padre pudiera realmente comprender el significado de su punto—. Tú te hiciste a un lado y miraste mientras Nicki me golpeaba por años por algo que no había hecho. Incluso tomaste tu turno golpeándome para probarle que la amabas más. Una mujer que ni siquiera tuvo la decencia de serte fiel. —Sacudió la cabeza de pronto sintiendo lástima por su padre—. Ari es más que solo una agradable chica. Ella es mi familia. Más de lo que tú nunca has sido. Luca lo miró, un sinnúmero de emociones en sus ojos. —Así que sí. —Asintió Jai, intentando obligar al agotamiento a salir de su cuerpo—. Voy a renunciar a todo por ella, así signifique salir tras un idiota que fue lo suficientemente tonto como para pedir ese estúpido deseo. Su boca se torció con ironía mientras le disparaba a ella una mirada. La burla, sin embargo, se deslizó muy rápidamente al percatarse de su expresión. Su rostro estaba abierto y su propio amor por él se sentía palpable en el aire. Un golpe en la puerta rompió el hechizo entre ellos y Jai se volvió, la sorpresa sacudiéndolo al ver la familiar y alta figura de Trey irrumpir a zancadas en la habitación. —¿Trey? El rostro de su mejor amigo se oscureció al reparar en el aspecto de Jai. Sintiéndose consiente de sí mismo por primera vez desde que era un niño, Jai se pasó una mano por la barba. Necesitaba una ducha. Podría
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    290 mágicamente haberse aseado,tan bien como haberse liberado de la barba, pero realmente había sido la última cosa en su mente. —Te ves como el infierno —exhaló Trey horrorizado. Jai le sonrió a su estético amigo. —Gracias. ¿Qué haces aquí? Trey se aclaró la garganta, echando un rápido vistazo en dirección a Ari. —Uh, Cristal vino a verme. Me dijo que mis amigos podrían necesitarme. —¿Cristal? —Jai levantó una ceja inquisitiva—. ¿Lo llamas Cristal? Él se encogió de hombros casualmente, como si no fuera la gran cosa que tratara por su primer nombre a un Rey Jinn inmortal. —Ari llama al Rey Rojo, Rojo. —Porque es mi tío —respondió Ari, su nariz arrugándose con preocupación—. Trey ten cuidado. No quiero que Cristal te pegue un tiro por ser irrespetuoso. Trey se rió roncamente guiñándole un ojo. —No te preocupes. Creo que a Cristal le gusta cuando soy irrespetuoso. Las cejas de Ari se levantaron con curiosidad, pero Jai se mantuvo muy quieto. Mierda. Conocía a su amigo mejor que nadie, y conocía la mirada en los ojos de Trey. Por favor dime que no estás tonteando con un Rey Jinn, dijo telepáticamente, sin poder creerse la estupidez de Trey. La sonrisa de su amigo se desvaneció, pero el humor permaneció en sus ojos. Bien, no te lo diré. Aguafiestas. De todas formas tienes problemas más grandes. —Fallon está con Charlie —anunció en voz alta—. Las Roes se dirigen a ellos, pero nosotros llegaremos antes usando el Peripatos. Además tú tienes un rastro de Fallon en caso de que no los encontremos en el motel. —Su
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    291 mirada se nublócon preocupación mientras buscaba en el rostro de Jai—. ¿Estás listo para esto? Dejando a un lado su preocupación por el posible amorío de su mejor amigo con el Rey Cristal, Jai asintió y se pasó una mano por su barba para sacársela. Su magia brilló alrededor suyo limpiando su cuerpo y reemplazando su ropa sucia por unas limpias del armario en su condominio. No era lo mismo que una relajante ducha o una calmada afeitada, pero tendría que bastar. Sintiéndose un poco mejor, asintió hacia Ari haciéndole saber que estaba ciento por ciento de su lado. —Hagámoslo.
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    292  Llegar Demasiado Tempranoes Casi tan Grosero como Llegar Demasiado Tarde Traducido por LizC Corregido por Akanet ran las seis en punto. Faltaban seis horas hasta el encuentro. El encuentro que cambiaría todo. Esperaba. Demasiada adrenalina estaba haciendo a sus nervios irregulares y a su estómago enfermarse. Charlie dejó escapar otro gran suspiro, pasándose una mano por el cabello mientras se paseaba arriba y abajo por la habitación del motel. Él sólo quería salir. Quería salir ahora. Quería poner su mano alrededor de la esmeralda y quería torturar a la escoria del mal que había destruido la vida de su familia. Quería estar en paz finalmente. Quería que Mikey estuviera en paz finalmente. Necesitaba que Mikey supiera que a él le importaba... ... El sol de la tarde caía sobre el auto mientras Charlie esperaba fuera de las instalaciones del parque que el equipo de Pequeñas Ligas de Mike utilizaba para la práctica. Su rodilla temblando de arriba abajo con creciente impaciencia, Charlie miró el reloj. Mierda. Iba a llegar tarde a recoger a Ari, y si no llegaban a su reserva para la cena toda la noche empezaría a caer en pedazos. Tenía que ser perfecto. Había planificado todo para su decimosexto cumpleaños. Esta era la noche. Esta era la noche en que finalmente se convertirían en una pareja. Entonces, ¿dónde diablos estaba su hermano menor? E
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    293 Charlie gruñó, mirandoa los otros niños salir al encuentro de sus padres. La práctica había evidentemente terminado, pero casi todos los demás niños habían sido recogidos. El miedo de repente apuñaló a Charlie en el pecho. ¿Había pasado algo a Mikey? Desabrochando su cinturón de seguridad, con dedos torpes preocupado ahora, Charlie se lanzó fuera del auto dirigiéndose hacia el parque. Algunas de las madres le lanzaron sonrisas curiosas. Llevaba un pantalón y camisa de vestir. Se sentía como un idiota. Al ver a la Sra. Myer y su hija, Jane, Charlie las detuvo. —¿Han visto a Mike? La Sra. Myer miró expectante a Jane. La niña del grado de Mike negó con la cabeza, su lengua pegada en presencia de Charlie como siempre lo hacía. La Sra. Myer sonrió disculpándose ante Charlie. —Supongo que eso es un no. Comprueba el parque. Todavía hay algunos niños allí. —Gracias. Se apresuró por el sendero bordeado por una valla de tela metálica y gruñó con una mezcla de alivio y rabia cuando el parque quedó a la vista detrás del lugar donde se sentaban los equipos. Mikey estaba de pie en el centro del campo con un grupo de amigos, jugando un poco. Pequeño dolor en el culo, Charlie hervía. Sabía que Charlie tenía que llegar a tiempo y ¿estaba dando vueltas con sus amigos? ¿Dónde diablos estaba la entrenadora? —¡Trae tu culo hasta aquí ahora, Mike! —gritó Charlie. —¡Sr. Creagh! —espetó una voz conocida a medida que Mike palidecía al ver a su hermano mayor, empujando a un lado a un amigo mientras canturreaban “oh, estás en problemas”. Charlie se volvió hacia la
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    294 entrenadora de PequeñasLigas de Mike quien estaba ocupada limpiando los equipos. Ella lo miró—. Cuide su vocabulario. —Lo siento, entrenadora, pero llego tarde a algo y el pedazo de mie... idiota lo sabe. —Hmm. ¡Mikey, muévete! —gritó la entrenadora y Charlie le dio un débil guiño de agradecimiento. Mike trotaba hacia él, arrastrando los pies. Tan pronto como estuvo al alcance, Charlie lo enganchó por el cuello de la camisa y lo empujó suavemente delante de él. —¡Oye, cuidado! —espetó Mike. —¿Cuidado? —resopló Charlie—. ¿Cuidado? Voy a llegar tarde para mi cita con Ari. ¡La cita de la que te hablé! Entra en el maldito auto. —Él saltó en el asiento del conductor, dando un portazo. Deliberadamente irritándolo, Mike dio pasos dolorosamente lentos hacia el auto hasta que Charlie golpeó su mano sobre la bocina. Se apresuró sólo un poco, pero no lo suficiente para moderar la ira creciente de Charlie. —Eres un pedazo de mierda, lo sabes —gruñó Charlie cuando Mike se ajustó el cinturón de seguridad. Suspiró, tratando de controlar su mal humor. —Eres un idiota. —Mike… —Apretando el volante, Charlie respiró hondo mientras se alejaba de la acera—. Te dije que tenía reservas para la cena con Ari y que tenías que estar listo y esperando por mí para recogerte, y no sólo te quedaste de más en las Pequeñas Ligas, ¡sino que te juntabas en la parte de atrás con tus amigos con una indiferencia completa a lo que te pedí que hicieras! —No eres papá —Mike se encogió de hombros—. No me dices qué hacer. —¿Cuál es tu problema? —preguntó Charlie con incredulidad. —¡Se me olvidó! ¡Está bien! No tenías que alejarme de mis amigos y hacerme ver como un bebé.
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    295 —Estás actuando comoun bebé. —¿Estoy actuando como un bebé? Tú eres el que dijo palabrotas delante de la entrenadora Delia y luego me llamaste pedazo de mierda. —Me llamaste idiota —Charlie bajó la voz mientras respingaba ante el tono subyacente de dolor en la voz de Mike. Él estaba descargando su nerviosismo por esta noche en Mike. No era justo. —Eres un idiota. —No uses ese lenguaje. —¿Pero tú si puedes? Sintiendo que su irritación se elevaba de nuevo, Charlie golpeó el volante. —¿Puedes simplemente durante cinco segundos no actuar como un mocoso? —Oh, ahora soy un mocoso y un idiota. Charlie giró la cabeza para mirarlo. —En serio, amigo, ¿qué está pasando? —Nada. —Mike se encogió de hombros y luego le lanzó una mirada cuando no apartaba la mirada—. ¡Nada! Charlie se volvió hacia la carretera y su corazón saltó en su pecho al ver al ciclista que parecía haber salido de la nada. El sonido de los gritos de Mike se hicieron incomprensibles entre el sonido del chirriar de los neumáticos y el crujido de metal... —... Me estás poniendo nerviosa, caminando de arriba a abajo de esa forma. —Fallon lo fulminó con la mirada desde su posición, apoyada en el marco de la puerta del baño—. Basta. No me gusta ponerme nerviosa.
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    296 Charlie le dedicóuna débil sonrisa mientras ella lo sacaba de su último recuerdo de Mike. Un recuerdo terrible. Él continuó su ritmo mientras revisaba su reloj. Sólo las seis y cuarto. Jesús. Un golpe juguetón en la puerta lo detuvo en seco, con los ojos chocando con los de Fallon. Los dos estaban congelados, en silencio comunicándose sobre lo que debían hacer. Finalmente Fallon asintió. Pisando suavemente para que así quien sea que estaba en la puerta no pudiera oír sus pasos, Charlie cruzó la habitación y miró por la mirilla. Frunció el ceño. Nadie. Una sensación de inquietud onduló sobre él mientras agarraba el pomo de la puerta y comenzaba a abrir la puerta de la habitación de motel, su burbujeante magia en sus manos. Como si hubiera sido golpeado por una fuerte ráfaga de viento, Charlie se tambaleó hacia atrás a medida que un rayo de color se abalanzó junto a él y dentro la habitación. Se giró, aturdido, con los ojos muy abiertos ante la mujer alta, flaca que estaba junto a Fallon. Era de aspecto sencillo con el cabello rojo, piel pálida y... ojos amarillos. ¿Ojos amarillos? —¿Me buscaban? —Sonrió ella y justo cuando Charlie registraba que esta era la Labartu, que se trataba de Akasha, ella sostuvo la cabeza de Fallon entre sus manos. CRACK. El delicado cuello de Fallon se quebró, la vida abandonando su cuerpo a medida que caía inútil, vacío, sin alma al suelo. La irrealidad se apoderó de Charlie mientras observaba el lugar donde había sido descartado el cuerpo de su novia muerta. Peleó con una súbita oleada de vómito nauseabundo mientras alcanzaba una pared para apoyarse. —Ahora, son dos personas por las que querrás vengarte de mí, muchachito.
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    297 Respirando con dificultad,Charlie se apartó de la pared para hacerle frente a ella, su mano sumergiéndose en su bolsillo con mente propia, teniendo en cuenta que su propia mente estaba entumecida por el shock. Akasha era demasiado rápida. El viento de su partida le sopló de nuevo y Charlie se quedó perplejo por un momento, el cuerpo de Fallon yacía en el borde de su visión, tentándolo a mirar. En su lugar, cerró los dedos en torno a la esmeralda. Encuéntrala, susurró interiormente, su rabia tranquila pero inextinguible. Encuéntrala. Las llamas del Peripatos lo envolvieron y Charlie cerró los ojos, preparándose para una masacre.
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    298  Y dicen queuna gran cantidad de esmeraldas no te cambiarán… Traducido por Dai & carmen170796 Corregido por Clau12345 ri vio como Michael Roe consolaba a su esposa sollozante mientras el tío de Fallon, Gerard, y Jacob Balendine acomodaban el cuerpo de Fallon en un ataúd de madera forrado con mantas. Lo habían ocultado en el Manto mientras la sacaban del motel, usando una pieza de esmeralda que El Gremio Roe tenía en su caja fuerte. Las manos de Jai estaban sobre el hombro de Ari, ofreciéndole silencioso consuelo, pero ella estaba paralizada. El cuerpo de Fallon lucía tan pequeño y esa cara hermosa que había estado tan llena de carácter estaba pálida y flácida. Vacía. Ella ya no estaba ahí. Era demasiado. Demasiadas muertes a las que hacer frente al mismo tiempo. Demasiadas pérdidas dolorosas. —Charlie no hizo esto —anunció Trey a la habitación mientras cerraba su celular—. Cristal confirmó que Akasha fue enviada aquí por Azazil. Ella debe haber matado… —Sus ojos se estrecharon con furia ante la visión del cuerpo de Fallon—. Ella mató a Fallon y se llevó a Charlie. O Charlie la persiguió. Los sollozos de Caroline se calmaron, pero el propio dolor de Ari sólo se intensificó cuando vio a Gerard limpiar una lágrima de su mejilla mientras la tapa del cajón dejaba encerrada dentro a su sobrina. Parecía imposible creer que Fallon no volvería a hablar con ella de nuevo. Que nunca intercambiarían juguetones intercambios punzantes e insultos, o sólo pasar el rato… La suya había sido una amistad abierta y honesta. Una que Ari realmente había apreciado. Había perdido a la única amiga que realmente la conocía y entendía… A
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    299 …Y peor… Charlietambién la había perdido. No podía ni imaginar lo que Charlie estaría atravesando ahora. Qué estaría pensando. Cómo estaría reaccionando. —Él realmente se preocupaba por ella —susurró casi para sí misma—. Estaban juntos. Juntos. Juntos. Dios. —Se quedó muda de la emoción—, debe estar volviéndose loco. —Girándose hacia Jai, Ari fue decidida y demandante—. Tenemos que encontrarlo. Tenemos que detenerlo. —Si lo encuentras. —La voz sin emoción de Michael atrajo la atención de todos—. Si lo detienes, está fuera de El Gremio y ya no está más bajo la protección de los Roe. Su amarga necesidad de venganza ha asesinado a mi hija. Ari palideció, incluso en ese momento, sintiendo como si necesitara de alguna manera defender a Charlie. Fallon sabía lo que estaba haciendo cuando persiguió a Charlie. Fallon se preocupó por él. Ella sólo estaba tratando de protegerlo. Charlie nunca habría querido que algo le pasara a ella. —Michael… —Realmente no sabía cómo responder. —Está fuera, Ari. Es definitivo. Entiendo si eso también significa que tú estás fuera. La verdad era que ella no podía contestar eso en ese momento. El pensamiento de dejar a Charlie indefenso cuando él la necesitaba parecía impensable. Pero por ahora, no era lo que importaba. Lo importante, se dio cuenta Ari, mientras asimilaba la agonía pura en el rostro de Michael, era que los Roe necesitaban llorar en privado y todos ellos estaban molestando. —Entiendo. —Esta podría ser la última vez que los veía. Charlie era su mejor amigo, aunque podría no parecer eso. Estaban unidos por años de amistad, y él la necesitaba al igual que los Roes se necesitaban mutuamente. —Mejor nos vamos. —Ari tiró de los brazos de Jai y de Trey.
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    300 —Si hay algoque podamos hacer. —Jai habló de repente, su voz grave y fuerte, el tipo de persona al que se podría creer cuando dice que se encargaría de algo. —Michael... por favor, hágamelo saber. Caroline estaba sorda para todo menos para su propia pérdida, pero Michael escuchó y le asintió agradecidamente a Jai antes de acurrucar a su esposa en sus brazos. Fuera del motel, de pie en el estacionamiento mal iluminado, Ari finalmente sintió que podía respirar de nuevo. —Esto es irreal —murmuró, tratando de sacarse de encima la tristeza profunda que hacía estremecer hasta lo más profundo de sus huesos. Más tarde, podría acurrucarse en los brazos de Jai y llorar hasta que no quedara nada, pero no ahora. Mirando con renovada determinación entre Jai y Trey, Ari trató de disimular su fragilidad. —¿Cómo podemos obtener una pista de Charlie y de la Labartu? El teléfono de Trey sonó y lo abrió, sus ojos leyendo el mensaje con satisfacción. —A veces como que hay un dios escuchando —murmuró con una sonrisa—. No es necesario que lo hagamos. —Él los miró, la sonrisa reemplazada por algo más sombrío—. Cristal. Dice que Akasha ha huido a la escuela media Sydney Marone aquí en Alief. Se trata de una nueva escuela, todavía en construcción. La boca de Ari se abrió, sus ojos en el celular de Trey. —¿Debería estar haciendo eso Cristal? Pensé que Azazil lo quería fuera de esto. —Técnicamente, el Sultán dijo que Rojo debería mantenerse fuera. Además, no es como si estuviera ayudando físicamente. —Los Jinn y sus tecnicismos —se quejó Ari. Luego frunció el ceño, teniendo un nuevo pensamiento—. ¿Pensé que Cristal y tú se odiaban mutuamente?
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    301 Trey era absolutamentehermoso cuando le sonrió, sus exóticos ojos grises eran malvados bajo sus pestañas oscuras. —Oh, definitivamente tenemos nuestros momentos. Asombrada por sus comentarios enigmáticos cuando se trataba del Rey Cristal, Ari le restó importancia. Se giró hacia su novio. Todavía lucía tan cansado y la preocupación por él la abrumó. Ella lo quería fuera de esto. Todavía no había recuperado completamente su fuerza. —Iré con Trey. Quiero que te quedes con los Roes. —Oh, ¿entonces está bien que muera? —lo cortó Trey—. Me conmueves, de verdad. Ari lo miró ante su humor inapropiado sólo para encontrar a su mirada amenazante vacilar bajo la de Jai. —No hay manera de que te deje hacerlo sola. Él estaba usando esa voz. Ari dejó escapar un suspiro, sabiendo que él no se movería de allí. —Está bien. Los encontraré allí. —Los tres miraron alrededor para asegurarse de que nadie miraba mientras se desvanecían entre las sombras detrás de tres autos. Seguros de que tenían un poco de privacidad, dejaron que el Manto los cubriera hasta de la visibilidad y luego cada uno de ellos llamó al Peripatos para llevarlos a un Sorcerer que desesperadamente necesitaba taladrar un poco de sentido dentro de él. La Labartu estaba jugando con él. La cabeza de Charlie estaba sangrando por donde se había golpeado cuando ella lo tiró contra un andamio fuera de la escuela mientras llegaba. Una escuela media, pensó con desagrado. Adecuado, para alguien a quien le gustaba destruir a niños pequeños. Akasha era de la pero clase de chico malo, Charlie hizo una mueca mientras pisaba cuidadosa y lentamente por un pasillo. ¿Un chico malo
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    302 que era unchico malo por perseguir a los niños? Eran los más bajos, viles, malvados que existían en la faz de la tierra. Incluso los chicos malos odiaban a esa clase de chicos malos. Charlie se detuvo, sus orejas aguzadas ante el sonido de las hebillas de las botas de Akasha tintineando suavemente. El sonido hizo eco desde cada dirección, confundiendo deliberadamente a Charlie. Esta era la sexta vez que usaba ese truco. —¡Eres una cobarde! —gritó él, sonando mucho más tranquilo y cuerdo de lo que se sentía. Los pasos se detuvieron. Luego empezaron de nuevo, esta vez llevándolo sólo en una dirección. Un agujero en la pared con puertas apiladas cerca, esperando a ser colgadas, condujeron a Charlie a un gran cuarto. Fijándose en la barra del otro extremo, y la larga y superficial ventanilla de servicio que se extendía por toda la longitud de la barra, Charlie debería imaginar que esta era la cafetería. Akasha no estaba en ningún lugar a la vista. El misterioso silencio le permitió a sus orejas dar rienda suelta a su imaginación. No fue a ella a quien escuchó mientras se giraba lentamente, sus ojos posándose en cada sombra. Era la risa de Fallon, su malvada risa haciendo eco dentro de su cabeza, las imágenes de ella, el aroma, el sonido… todo comenzó a volverse confuso con sus recuerdos de Mike. Fallon se había ido. Justo como Mike, ahora ella también era sólo un recuerdo. Charlie se puso rígido, su cara arrugándose con dolor mientras una furia helada corría por sus venas. Dejando escapar un grito de dolor, envolvió con su mano la esmeralda todavía escondida en su bolsillo. ¿Qué tenía que perder? ¿Cierto? Él retrocedió encogiéndose de dolor, levantando un brazo para proteger sus ojos de la luz cegadora que iluminaba la oscuridad mientras alguien se
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    303 acercaba desde elPeripatos. O algunos, en plural. Sintió una opresión en el pecho a medida que las imágenes al otro lado de sus ojos se desvanecían y se encontró frente a Ari, Jai y Trey. —Charlie. —Ari se apresuró hacia él y una voz en su cabeza le rogaba que la dejara envolver sus brazos a su alrededor y salvarlo. La otra voz, la que estaba a cargo, se sacudió esa debilidad y lo que sea que Ari vio en su expresión la hizo parar. —Charlie, no quieres hacer esto —imploró. Ante su silencio, sus ojos se ensancharon como si acabara de pensar en algo. Sin prestar atención Charlie se preguntó cómo alguien podía ser tan hermosa. —Yo puedo. —Ari asintió frenéticamente—. Sí. Puedo hacer esto por ti. No seré juzgada. Soy sangre pura. La sorpresa apretó su corazón. —¿La matarías por mí? Ella asintió de nuevo, aferrándose ansiosamente a la idea. —Ella mató a Mike. Mató a Fallon. Puedo hacer esto. La vista de ella siempre lo hacía contener un poco la respiración. Él se había sentido culpable, todo el tiempo que estuvo con Fallon, de que la vista de Ari entrando a un cuarto todavía podía hacer que el cabello en la parte de atrás de su cuello se levantara. Por un momento, el calor en su mirada atravesó la confusión a su alrededor y se sintió como el Charlie que había sido antes de que toda esta mierda monstruosa hubiera pasado. Sus ojos se llenaron con lágrimas mientras la absorbía. Esos extraños pero hermosos ojos no podían esconder cuan buena era ella. Él había perdido a Mike, Fallon, pero todavía tenía a Ari. Y Dios, él todavía la amaba mucho. Él amaba su risa ronca y sus ágiles ocurrencias, su lealtad, su habilidad para escuchar los problemas de cualquier idiota con paciencia y sinceridad.
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    304 Charlie se diocuenta con una triste y naciente aceptación, que amaba cuán pura ella era. Le habían pasado muchas cosas, le habían robado mucho, personas que amaba, y aún así, de alguna manera, no había dejado que la envenenara. Ari nunca entendería la venganza. Justicia, sí. Pero no venganza. Charlie no podía dejarla matar a Akasha por él. La cambiaria. Sería otra cosa por la que él no sería capaz de perdonarse. El familiar sonido de hebillas lo trajeron de vuelta al presente y todo su ser se tensó ante la vista de Akasha sonriéndole desde su posición en la barra. La perra de ojos amarrillos ladeo su cabeza para inspeccionar a Ari, Jai y Trey. —Trajiste refuerzos. —Frunció los labios con decepción—. Imagínate. Charlie volvió a mirar a Ari, el poder de la esmeralda en guerra con la manera en que se sentía por ella como había hecho estas últimas semanas. Siempre había ganado porque había estado ahí y no Ari. Pero teniéndola frente a él, sus ojos llenos de amor… … Si hacia esto, también la perdería. Primero Mike. Después Fallon. ¿Podría soportar perder a Ari? —¿Charlie? —La voz de Jai traspasó toda la confusión mientras el alto Ginnaye daba un paso hacia él. Rompió la concentración de Charlie en Ari. Su corazón desaceleró mientras sus ojos asimilaban a Jai y la esmeralda parecía empujar imágenes que él no quería ver. Jai viendo a Ari cuando ella no estaba mirando. Ari mirándolo, observándolo de una manera que nunca había mirado a Charlie, aún cuando pensaba que estaba enamorada de él. Ari miraba a Jai como si pensara que él siempre se ocuparía de todo, como si todo estaría bien mientras él estuviera alrededor. Y probablemente sí lo estaría. Peor, la mayor parte del tiempo, Ari miraba a Charlie con una arruga de preocupación entre sus cejas. Justo como ahora. ¿A quién estaba engañando? Clamó él amargamente.
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    305 Ya la habíaperdido. ¡La perdió dos años atrás cuando Akasha mató a su hermano! Con un bramido de impotente rabia, Charlie retiró la esmeralda de su bolsillo y volvió su poder contra Akasha. Sus ojos apenas se habían ensanchado con sorpresa antes de que su cuerpo fuera destrozado, una explosión de tripas, sangre, entrañas y cerebro salpicando en las paredes y piso alrededor de ella. Desconfianza. Una incoherente sensación de decepción llenó a Charlie hasta el tope y su pecho subió y bajó rápidamente mientras trataba de respirar. La esmeralda latía en su mano y se calmó instantáneamente, bajando la mirada hacia ella con asombro. Su dulce, emocionante poder lo calmaba y Charlie suspiró con alivio como si hubiera estado en agonía sólo para que alguien le administrara una gran dosis de morfina. Él había querido torturar a Akasha. Castigarla. Se había terminado demasiado rápido. Él había querido prolongarlo. Pero la esmeralda, necesitaba aprender a controlarla. —¿Charlie? —Ari prácticamente chilló. Charlie la miró sobre su hombro. Una última mirada amarga. Él no tenía mucho tiempo. —Esa tiene que ser una Esmeralda del Monte Qaf. —Señaló Trey con voz ronca, señalando la roca en la mano de Charlie. Sus ojos volaron hacia la cara de Charlie—. Eras tú. Donde los Roe. Eras tú. Cristal mintió. El hijo de perra mintió. —¿Qué? ¿Qué está pasando? —preguntó Ari frenéticamente, sus ojos enfocados en la esmeralda.
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    306 —Rojo —respondió Charliecalmadamente mientras empezaba a alejarse. Cuando la miró, la paz que la esmeralda le estaba dando empezó a desvanecerse un poco. Él necesitaba esa paz. La necesitaba más de lo que la necesitaba a ella. Ella había sido desleal a su amistad. Se había enamorado fácilmente de alguien más. ¿Es en realidad tan pura? Una insidiosa voz susurró en su oído. —Rojo me la dio. —Él observó la esmeralda con veneración—. Para ayudarme a escapar cuando todo se terminara. —Charlie, no… —Ari empezó a moverse hacia él, pero Jai se estiró y agarró su brazo, sosteniéndola, su mirada desconfiada y dudosa sobre Charlie. Charlie lo odiaba por sostenerla. Por ser capaz de ello. Las cosas que podía hacer para hundir al poderoso Ginnaye que tenía a Ari bajo su hechizo, las cosas que podía hacer ahora que tenía la esmeralda del Monte Qaf en su mano. —Charlie. Tira la esmeralda —exigió Ari. —No. —Él ya no era un títere y todo gracias a que tenía la esmeralda. —Charlie. El dolor en su voz alejó su mirada de la esmeralda y vio sus ojos llenos de lágrimas. Por él. Algo intentó liberarse mientras su mirada caía a su carnosa y temblorosa boca. Él la había protegido antes de que Mike muriera. Él todavía la habría protegido, no tenía duda. Un día, la suave voz en él murmuró, un día será mía de nuevo. La esmeralda latía en su palma y bajó la mirada hacia ella. Un día cuando probara de que era capaz, volvería para protegerla, pero no hoy cuando sólo la vista de ella lo rasgaba y lo llenaba con duda, arrepentimiento y odio. —Adiós, Ari —susurró y después retrocedió convocando las llamas del Peripatos como si hubiera nacido para hacerlo toda su vida. El sonido de los gritos afligidos de dolor de Ari lo hicieron sonreír y él apretó su puño
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    307 alrededor de laesmeralda preguntándose a dónde lo llevaría a continuación.
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    308  El Jinn CorrectoPara El Trabajo Traducido por Miranda. Corregido por Akanet ri estaba agradecida por la sensación de la mano de Jai en la suya mientras bajaba la escalera de Michael Roe hacia su oficina. Se había sentido tan indecisa estos últimos días, tan inútil, su posición entre los Jinn era muy inestable. Necesitaba una sensación de propósito. Volver a la escuela, empezar su educación podría haber sido una opción. Ari no estaba segura de que pudiera volver a vivir una vida normal, ser una chica universitaria normal. El hecho era que ni siquiera podía ser una opción para ella todavía. Todo lo que tenía era su amor por Jai, y a pesar de que estaban locos el uno por el otro y Ari le estaba muy agradecida, los dos no eran lo suficientemente estúpidos para pensar que no necesitarían algo más en sus vidas. Especialmente Jai, quien estaba acostumbrado a estar activo todo el tiempo. Ari miró su fuerte perfil y sintió una punzada familiar en su corazón. Estaba preocupada por él. Le estaba costando un tiempo recuperarse de lo que su padre le había hecho, y no importaba cuánto intentara pretender que era irrelevante porque ahora tenía a Ari, ella sabía que todavía estaba herido. Apretó su mano y él le dio una sonrisa que no llegó a sus ojos. Lo entendía. Estaba preocupado. Ari también. Todavía había mucho en el aire. Después de que Charlie había desaparecido, dejando a Ari hecha un completo desastre mientras trataba de superar la muerte de su mamá, A
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    309 Fallon y sumejor amigo en menos de veinticuatro horas, Jai había insistido en volver a El Gremio. Ambos sabían que el Charlie que había matado a Akasha, y había vuelto su mirada hacia ella antes de entrar en el Peripatos, ya no era su amigo. Como Dalí, Charlie había sido embrujado por el poder de la esmeralda. Había tenido un problema con el abuso de sustancias. ¿Cómo pudo Rojo haber pensado que una persona con adicción a peligrosos mecanismos de supervivencia sería capaz de manejar tanto poder? No. Charlie se había ido. No sabía si volvería a verlo de nuevo. El Gremio era el único lugar que era familiar y seguro para ella ahora. Michael no los había recibido exactamente con los brazos abiertos, especialmente después de descubrir que Charlie había conseguido matar a Akasha y poseía una rara extraña de esmeralda del Monte Qaf que aparentemente podría hacer explotar a los Jinn con una orden. Pero Michael había dejado que se quedaran. Intentando ser útil, de ayuda, Ari había querido estar ahí para Caroline de cualquier forma que pudiera. Pero ella estaba rodeada de familia y amigos del Gremio que ayudaron con los arreglos del funeral de Fallon y a cuidar la casa. Ari fue dejada a un lado. Lo entendía. Eran cercanos. Eran familia. Antes y justo después del funeral de Fallon la casa había estado a rebosar de personas yendo y viniendo. Hoy era el primer día que estaba vacía. Hoy era el primer día que Ari realmente podía tocar y saborear el aire cargado de dolor que colgaba de cada pared, cada puerta… Trey estaba cuidando de Caroline, asegurándose de que estaba bien, haciendo bromas, limpiando sus lágrimas, y constantemente mirando su celular. ¿Era eso por Cristal? Ari se preguntó, sus sospechas sobre esos dos haciéndose más profundas cuanto más y más pensaba en ello. Esperaba que Trey le dijera si escuchaba algo de Cristal.
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    310 Aún no habíaescuchado una palabra de Rojo y no tenía ni idea de dónde había sido enterrada su madre. Si es que había sido enterrada. Luego también estaba, como no, el problema de Asmodeus y el Rey Blanco, que todavía no habían acabado con ella. Según Jai, quien había escuchado por Luca que Yasmin había estado quejándose sobre despertarse y descubrir que podía hablar sobre lo que Ari le había ordenado hacer, esto marcaba la posibilidad de una nueva amenaza. Podría ser que todos a quienes había ordenado no estuvieran más bajo coacción. El Ghulah. Pazuzu. ¿La perseguirían para vengarse? Ari expulsó la respiración entre los labios mientras entraban en la oficina de Michael. Los estaba esperando, mirando fijamente a la chimenea pero distraído. La sala debía haber estado cálida con las llamas cobrando vida por primera vez desde que Ari había llegado para quedarse con él. Todos se quejaban de la ola de frío que había pasado por Nueva Jersey, pero como normalmente, Ari y Jai no podían sentirla. Otra punzada dolorosa se encendió en el pecho de Ari al ver a Michael, su fuerte rostro arrasado con la tristeza. ¿La culpaba Michael? Después de todo, si ella nunca hubiera interrumpido en las vidas de El Gremio, llevando a Charlie lejos del cuadro, Fallon todavía estaría viva. —Siéntense, por favor. —Michael señaló los dos asientos delante de su escritorio. Sintiendo inesperados duendecillos empezando a comer las mariposas en su estómago, Ari tragó con fuerza, esperando su decisión de si le iba a permitir quedarse por un tiempo en El Gremio. —Me estás mirando, Ari, como si esperaras que de repente fuera a echarte de la casa. —Le frunció el ceño, pareciendo muy cansado y un poco molesto. Ari hizo una mueca. No se había dado cuenta de que fuera tan obvio. —Como miembros de El Gremio, somos conscientes de que una vida corta es una posibilidad. Mi hija fue consciente de eso y estoy tratando de aceptarlo, sabiendo que mi hija murió en servicio a un amigo. —
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    311 Mordacidad fue salpicadasobre la palabra amigo—. Ya he hablado con Jai y les ofrezco a ambos un lugar en el Gremio junto con Trey. Recuperada, Ari miró a Jai y este le dio una sonrisa arrepentida por no decirle hasta ahora. —Jai ha adquirido una propiedad en el área para que vivan Trey y él. Está en el vecindario así que pueden estar cerca para ayudarme. Estoy agradecido de tenerlos en El Gremio. —Asintió respetuosamente hacia Jai y entonces miró a Ari, su mirada cambiando a sabia y casi… ¿paternal? — También me dio a conocer la verdadera naturaleza de tu relación con él. Sé que tienes dieciocho pero no tienes padres y sentiría que fallo en mis responsabilidades como líder de El Gremio si no te apremiara a considerar quedarte aquí con Caroline y conmigo en lugar de mudarte con dos hombres mayores. Pero el Sr. Bitar quiere que tú hagas la elección. Con los ojos abiertos completamente, Ari se giró para mirar a Jai, su boca abriéndose ligeramente. Emoción inesperada empezó a aplastar los duendecillos de su estómago. ¿Mudarme contigo? Le dijo telepáticamente. Él sonrió con dulzura. Si quieres. Los duendecillos aplastaron de nuevo a la emoción ante el pensamiento de vivir con Jai alrededor. Era pronto. Vivirían juntos como una verdadera pareja. Ella solo tenía dieciocho. Todavía no habían dormido juntos, y Trey sería su compañero de habitación. O todos serían compañeros de habitación, ¿y ella tendría su propia habitación?, O… oh mierda. Se sentía un poco mareada. De repente Jai tomó su mano, sus cejas juntándose con preocupación. Ari le echó un vistazo a través de la cortina de pelo y sintió que algo la golpeó en el pecho cuando descubrió algo más que preocupación vagando detrás de esos preciosos ojos de él. Ella vio miedo. ¿Miedo de qué no lo quisiera? Ari apretó el agarre en su mano.
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    312 Estarían viviendo juntos.Lo vería todos los días. Para saber que estaba seguro. Se besarían sin ninguna interrupción. Eso esperaba. Trey también estaría allí, y se preocupaba por Trey. Los dos la hacían sentirse segura. Eran familia. La emoción retiró los duendecillos con un bate de béisbol. —Voy a quedarme con mi familia. Quiero mudarme con Jai y Trey. Michael no parecía del todo contento. —La gente podría hablar. —Entonces dejémoslos hablar. —Ari se encogió de hombros, completamente indiferente ante el pensamiento—. Hay peores cosas en la vida que el cotilleo. Con un suspiro, Michael finalmente asintió, sus ojos llenándose con dolor de nuevo. —Sí. Eso es. Lo que me lleva a mi siguiente parte de novedades. La mano de Jai se apretó en la suya casi hasta el punto de ser doloroso y Ari sintió la emoción en su interior muerta, muriendo con temor. —¿Novedades? —Tu última misión fue llevada a cabo por el hijo de mi tío, Aidan. Puede que lo recuerdes de Phoenix. Ari asintió. En realidad no había hablado mucho con él. —Aidan se hizo pasar por un profesor suplente y descubrió que el profesor de arte, un tal Sr. Sam Shepherd, tenía un Qarin. —¿Un qué?
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    313 —Un doble —explicóJai—. El dopplegänger de una persona. Normalmente tratan de corromper a su humano hacia el lado oscuro, o en algunos casos simplemente quieren destrozar la vida humana de su doble. No todos son malos. Pero la mayoría lo son. —Sí —coincidió Michael—. Y este lo era. Se hizo pasar por un profesor de arte y concedía deseos a través de un cuadro de un estudiante. Los dejaría pintar lo que más querían. Eso tenía sentido, pensó Ari. Cuando sintió por primera vez el poder del Jinn en los pasillos del colegio debió de haber sido el Qarin con quien se había encontrado. Después cuando conoció a Sam, fue la parte humana. —Aidan descubrió una taquilla llena con cuadros. Los cuatro chicos desaparecidos. Estaban atrapados dentro de sus cuadros. Aidan dijo que era una de las cosas más raras que ha visto. Había un chico atrapado en el cuadro de… —Dirigió a Ari una mirada arrepentida—. Una escena de una película de “adultos”. Por amor de Dios. ¿No acababa Jai de resoplar? Ari le hizo una mueca mientras se giraba de nuevo hacia Michael. —¿Entonces qué pasó? —El Qarin sabía que había sido descubierto y huyó con su doble humano. Lo estamos buscando pero queríamos ponerte al día. Si empieza a aparecer en algún sitio nuevo y sin nuestra jurisdicción, los queremos a ti y a Jai ahí para detenerlo. Es la prioridad número uno y de ahora en adelante, viendo que tengo tres pura sangres en mi Gremio, cualquier caza prioritaria es ahora muerte prioritaria. Jai me contó que Rojo dijo algo sobre que los purasangres no son juzgados. —Sonrió secamente al ser consciente de la verdad sobre la Ley. Ari asintió un poco atontada. Sabía que eso repetía la promesa que había dado a Michael durante el discurso que había utilizado para convencerlo de dejarla ser una cazadora, pero escucharla claramente sin rodeos… Michael le estaba pidiendo a ella, Jai y Trey que fueran sus asesinos personales. Le dirigió una mirada a Jai pero parecía tranquilo. Parecía preparado.
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    314 Sé un adulto,Ari, se reprendió a sí misma. Querías un propósito. —De acuerdo —accedió. —Ari… —Michael aclaró su garganta, de repente pareciendo increíblemente incómodo—. El Gremio Roe ha recibido otra tarea prioritaria, órdenes del Monte Qaf. Su mirada se oscureció y sus ojos se hundieron con pensamientos feroces. —Ayudaremos a los Creadores de la Ley en una cacería. Este está considerado extremadamente peligroso e imposible de encontrar. Es por eso que te necesitamos en ella. Su corazón de repente estaba golpeando contra su pecho y sintió que sus palmas empezaban a sudar. Sintiéndola temblar, Jai apretó su mano. Dejó escapar la respiración que estaba aguantando, sal picando en sus ojos mientras intentaba luchar contra sus emociones para ser capaz de aguantar lo que él iba a decir. —Es un híbrido. Algo así. Así que es una orden de buscar y matar. —¿Por qué yo? ¿Por qué me necesitan? —Ari necesitaba que se lo dijera. —Porque tú lo conoces mejor que nadie. Sabes sus costumbres. Sus deseos. —¿Buscar y matar…? —Se ahogó, la incredulidad envolviendo sus manos alrededor de su cuello. —Si no nos deshacemos de él, otro lo hará. —Michael sacudió su cabeza, sus ojos sorprendentemente llenos de simpatía—. No puedo imaginar cuán difícil es esto para ti, Ari, pero se ha ido. Ya no es él. —Sólo dilo —siseó con furia—. Sólo di su nombre. Michael asintió, su expresión triste pero determinada. —Es Charlie. Nuestra próxima meta es Charlie Creagh.
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    315  amantha Young esuna escocesa de 26 años adicta a los libros y graduada de la Universidad de Edimburgo en 2009. Estudió historia antigua y medieval en la universidad, y fue en su primer año allí, en medio de una conferencia de literatura clásica, que por primera vez se le ocurrió la idea de Lunarmorte. Ha estado escribiendo casi desde siempre, y tiene un especial interés en los géneros paranormal, fantasía y ciencia ficción, pero había estado esperando que algo fresco y original le golpeara en la cabeza. De repente se le ocurrió durante esa conferencia cuan increíble es la mitología Griega y como podría ajustarla para ser una historia de seres sobrenaturales. Se inspira en bases mitológicas o históricas y luego las retuerce para adaptarlas a sus historias, y está muy agradecida porque su titulo le sea útil mientras escribe. S
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    316 Empezó la auto-publicaciónen 2011 y ahora se dedica a escribir a tiempo completo. Cuando no está escribiendo, usualmente está pensando en escribir. Cuando se aparta de la escritura, usualmente la pueden encontrar leyendo, en largas caminatas, viendo un poco de televisión o divirtiéndose con su familia y amigos. Actualmente vive en una casa campestre en Stirlingshire, Escocia. Otra gran parte de sus vida es la música y la mayoría de las veces la música y la escritura vienen juntas. Le gustan muchas bandas y artistas, encabezando la lista están: The Airborne Toxic Event, Metric, White Lies, Biffy Clyro, the Killers, Muse, Paramore, The Cardigans, Adele, We Are Scientists, the Kooks, Arcade Fire, Silverchair,Rihanna, Paolo Nutini,Kings of Leon, Florence y the Machine, y muchos otros artistas que pueden inspirar una escena perfecta. Como adicta a los libros sus escritores preferidos son: Chloe Neill, Stacia Kane, Laini Taylor, Taherah Mafi, E.L. James, Tammy Blackwell, Julie Kagawa, Patrick Ness, Orson Scott Card, Verónica Roth, Richelle Mead, Cassandra Clare, Michael Grant, Suzanne Collins, Racgek Vincent, Rachel Caine, Charlaine Harris, Maria V. Snyder, Melissa de la Cruz, Karen Marie Moning, Angela Carter, Margaret Atwood, J.K. Rowling y muchos autores más que la hacen querer hacer esto para vivir.
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    317  Escena del Club– Scorched Skies Escrita desde el punto de vista de Jai Traducido por Otravaga y Miranda. Corregido por Paaau ai todavía no podía creer que estaba dejando que esto sucediera, que su padre estuviera dejando que esto sucediera. Caminó a lo largo del pasillo de recepción a cuadros de la casa de su padre, preguntándose qué demonios, aparte de Trey, había subido en la mente de Luca para convencerlo de que enviar a Ari prematuramente en una misión no era una idea excepcionalmente mala. Tenía la esperanza de que fuera sin problemas, teniendo en cuenta que la actriz británica para la que estaban trabajando esta noche era Jennifer Hadley y su experimentado equipo de seguridad iba a estar fuera del club todo el tiempo. Él y Ari tenían que hacerle compañía en el interior a Jennifer y a su novio, Chris, observando a la multitud en busca de cualquier cosa sospechosa. Demonios, es mejor que fuera así de fácil. Ante el sonido de unos pasos que descendían hacia él, Jai miró hacia las escaleras. Y sintió el impacto de la visión ante él como un puñetazo en el estómago. Ari era una chica hermosa. Vestida con una camiseta, pantalones vaqueros y sin maquillaje, ella era una chica hermosa. No de la clase de belleza que algunas personas encontraban hermosa. La clase de belleza que simplemente lo era. Sin argumento. Sin poderlo negar. Era hermosa. Esta noche ella lo había llevado a otro nivel y añadió una cantidad alarmante de atractivo sexual a su belleza. Ella tiene dieciocho años, se recordó Jai. El recuerdo le hizo poco bien mientras la veía descender hacia él con un corto vestido rojo sin tirantes, que revelaba las piernas más largas y bien formadas que alguna vez había visto, y se aferraba demasiado bien a todas sus esbeltas curvas. Luciendo así, Jai no veía una chica de dieciocho años de edad. Él sólo veía a una J
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    318 mujer joven ybella que era fuerte, poderosa, fiel y valiente. Mía, gruñó una voz en su interior cuando ella se detuvo. Mía. Quería decirle que se veía preciosa, pero fue detenido por la suave sonrisa de Ari. Sus ojos brillaban con deleite mientras estudiaba su reacción a su apariencia. Genial. Esa mirada en sus ojos fue como un jarro de agua fría, recordándole abruptamente a Jai que ella no era suya y que nunca podría serlo. Jai suspiró para sus adentros. Deja de darle una idea equivocada. Decidiendo en contra de reaccionar verbalmente a su apariencia, pero todavía luchando para controlar dicha reacción, Jai preguntó con voz ronca: —¿Estás lista? —Mientras le entregaba su falso documento de identidad. Falso documento de identidad. Claro. Ni siquiera era lo bastante mayor para entrar en el club. En ese vestido parecía bastante mayor. Lo suficiente mayor para un montón de cosas… Jai decidió que odiaba ese vestido tanto como lo amaba. Al darse cuenta de que Ari aún no había respondido, él miró su rostro y la encontró frunciendo el ceño. —¿Qué? Ari se encogió de hombros, con su expresión instantáneamente despejada. —Voy a llevar a la Srta. Maggie, espero que no te importe. Jai no creía que eso fuera lo que había causado el ceño, pero a este punto quería distanciarse un poco de ella y eso incluía no preguntarle sobre lo que estaba pasando en ese ocupado cerebro de ella. —Bien. Protección extra, supongo. —Se dio la vuelta sobre sus talones—. Conduciremos. Podría venirte bien un descanso de la casa. —¿Sin Peripatos? —preguntó ella, siguiéndolo.
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    319 —Me gusta conducir.—Eso era cierto. Le gustaba conducir. Pero pronto se dio cuenta de su error después de veinte minutos en marcha. Era condenadamente incómodo. No la belleza que él estaba conduciendo, el SL Roadster de su padre y uno de los favoritos de Jai, sino la belleza sentada a su lado. Él no quería hablar y Ari claramente no sabía qué decir. No ayudaba que cada cinco segundos la veía por el rabillo de su ojo, tirando del dobladillo de su vestido hacia abajo. Ese destello de muslo, la continua atención que sus movimientos atraían hacia sus piernas, causaba imágenes que quemaban a través del cerebro de Jai antes de que pudiera detenerlas. Ari con ese vestido, esperando por él en su cama. Su mano deslizándose hacia arriba por la parte posterior de su pantorrilla, acariciando su piel, sus dedos rozando más arriba… Sintió los ojos de Ari en él y cerró los puños sobre el volante, sintiendo la tensión espesándose entre ellos, ambos perfectamente conscientes de que la única cosa en sus mentes no era la misión sino… Sexo. Jai se estremeció. Él no había estado con una mujer desde hace tiempo. Debería hacerlo. Tomar un descanso rápido de Ari. Sus ojos se deslizaron de nuevo sobre ella, su rostro de perfil mientras ella miraba hacia el océano. El anhelo se apoderó de su pecho con fuerza, anhelo como nunca había sentido antes, y sabía, sin importar que ella nunca fuera suya, que mientras ella estuviera en su vida, nunca habría nadie más. Mierda. Aliviado como el infierno por llegar al hotel, Jai respiró un poco más fácil cuando se reunió con el equipo de seguridad de la Srta. Hadley, la seriedad de la misión apartando su mente de su pareja para la noche. Su atención se centró en mantener a Ari, a Jennifer y a Chris seguros. Llegaron al club y cuando los paparazzi comenzaron a tomar fotos de Jennifer con Ari, Jai inmediatamente usó su magia para borrar sus tarjetas de memoria. Maldito Luca por no pensar en esto. El que Ari estuviera aquí significaba que no podía concentrarse por completo en la misión, porque estaba centrado en mantenerla fuera de las garras de El Rey Blanco y el imbécil de Dalí. Frunció el ceño, añadiendo otro punto negro en contra de su padre mientras seguía a sus encargos dentro el club.
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    320 Fueron detenidos poruna empresaria flaca que sonrió afectadamente mientras hablaba con Jennifer. Jai la observó cuidadosamente, verificando su identificación. Una vez que se aseguró de que era la gerente del club, le permitió mostrarles el camino a la mesa VIP. Sus ojos hicieron un rápido reconocimiento. Dos salidas al norte de la barra, una en el muro este y la entrada por la que acababan de entrar. Había cerca de 200 personas en el club y Jai escaneó tantos rostros como pudo, en busca de alguien que luciera como si no perteneciera ahí. La mayoría de los rostros eran familiares, puesto que el club estaba lleno de celebridades. Muchos de ellos vieron la entrada de Jennifer en el club y más inquietantemente, muchos de los hombres estaban viendo a Ari, preguntándose quién era. Muchos de ellos la estaban admirando, algunos de forma ruin y algunos simplemente pidiendo ser golpeados. Ella no debería haber usado ese vestido. La gerente los llevó a una sección VIP, una mesa y un sofá curvo separados del resto del club por una barandilla de hierro forjado. Jennifer y Chris entraron al área, deslizándose en sus asientos y Jai se acercó por detrás de Ari, su mano cayendo a la parte baja de su espalda para guiarla adentro. Él lo hizo sin pensar, tratando de enviarle un mensaje a los sujetos que habían estado viéndola, y ahora su mano ardía por la sensación de ella. Se sentaron al lado de Jennifer y Chris, y Jai pasó el brazo sobre el respaldo del asiento de Ari, su lenguaje corporal claro para cualquier otro sujeto aquí. Vino aquí conmigo. Retírate. Un camarero apareció tan pronto como se hubieron sentado y Jai le echo una ojeada. Parecía nervioso, lo que inmediatamente alertó a Jai. En una inspección más cercana, sin embargo, Jai vio las miradas de preocupación que él seguía lanzándole a la gerente, quien estaba de pie a un lado, fingiendo no merodear. Claramente el camarero estaba nervioso por hacer su trabajo bien. Probablemente incluso había sido advertido. La gerente del club parecía de ese tipo. Jai curvó un labio. Odiaba a los bravucones. —¿Qué puedo servirles? —preguntó el camarero.
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    321 —Tendré un Glenlivety ginger ale. —Jennifer le sonrió. A Jai le gustaba bastante Jennifer. Ella parecía agradable, no tenía ningún aire pretencioso. Su novio Chris también parecía bien… Del tipo de persona altamente amable, leal y responsable. —Lo mismo para mí —agregó Chris. El camarero se dirigió a Ari y Jai respondió prudentemente antes de que ella pudiera. —Agua para nosotros. —Entonces, ¿cómo entraron ustedes dos al negocio de la seguridad? — preguntó Jennifer en cuanto el camarero se había ido. No. La actriz podría ser agradable pero ellos no iban a hacer esto. Sin conversación. Tenía que mantenerse concentrado. —Negocio familiar —respondió él secamente, esperando que su tono significaría el fin de la discusión. —Oh. ¿Ustedes dos son hermanos? —No —respondió Ari inmediatamente, claramente tan consternada por la idea como lo estaba él. Sólo que él era mejor ocultando sus sentimientos. Ari dejaba que los suyos colgaran allí para que todos los vieran. Jai realmente deseaba que ella dejara de hacer eso, porque sólo le hacía más difícil el no hacerle daño sin querer. Él le lanzó una mirada, tratando de comunicarle esto silenciosamente y luego le contestó a Jennifer con una mentira. —Nuestros padres son amigos y colegas. —¿Cuánto tiempo han sido oficiales de seguridad? ¿Cuánto tiempo va a durar esta noche? —Un tiempo. —¿Te gusta?
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    322 ¿En este momento?No. —Sí, señora. Para alivio de Jai, después de unas cuantas preguntas más, Jennifer finalmente entendió que él no estaba de un humor locuaz. Se volteó hacia su novio y comenzaron a tener una conversación íntima, sus cuerpos curvándose entre sí. Sintiendo el retorno de la tensión entre él y Ari, Jai esperaba que esa conversación íntima no se convirtiera en una intimidad real. Lo último que necesitaba era una exhibición. Diez minutos después, sus esperanzas se desvanecieron cuando Jennifer y Chris comenzaron a besuquearse. Supo exactamente cuándo se dio cuenta Ari, porque todo su cuerpo se tensó. Volteó un poco la cabeza para verla, sus ojos saltando sobre las errantes manos de la pareja. Ella se removió incómoda y Jai no pudo dejar de sonreír sin humor. Si necesitaba alguna prueba de que era una mala idea que algo sucediera entre él y Ari, esta era. Ella estaba avergonzada por una pareja besándose. Sintiendo su mirada, Ari lo miró, y aunque cinco segundos más tarde ella estaba fulminando con la mirada su sonrisa, Jai captó la mirada que había en sus ojos y se puso rígido. No estaba avergonzada de que Jennifer y Chris estuvieran besándose. Ella se sentía incómoda… porque la estaba excitando. Oh, demonios. Jai casi dejó caer la cabeza, rezando para que alguien lo librara de la tentación, cuando una voz borracha gritó: —¡Oye! Un hombre alto, con cara de niño, miraba a Ari a través de las rejas. —¿Quieres bailar, niña bonita? ¿Quieres mantener tu nariz donde está, niño bonito? Jai deslizó su brazo hacia abajo alrededor de los sedosos hombros desnudos de Ari y la haló hacia él.
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    323 —¡Lárgate! —gruñó enseñal de advertencia. El punk desapareció entre la multitud y Jai la dejó ir, sólo deteniéndose a sí mismo de apartar su suave cuerpo del suyo como un estudiante de tercer grado con un flechazo. Ante la mirada medio esperanzada, medio confundida en sus ojos, Jai optó por una fría explicación—. No podemos dejar nuestro puesto. Él sintió su dolor y apartó la mirada bruscamente, sin necesidad de presenciar el efecto de su gilipollez en ella. —¿Saben? —les gritó Jennifer en voz alta por encima de la música—. Quiero bailar. —Arrastró a Chris para ponerlo de pie y le sonrió pícaramente a Jai—. Supongo que eso significa que es mejor que ustedes dos se unan a nosotros. Jesús, si no era Trey emparejándolos, era otra persona. Quizás, era el momento para enviar un memo. Jai y Ari = guardián y cliente. Nada más. Jamás. Pero todavía iba a tener que bailar con ella. Genial. No pudo evitar el suspiro reticente que cayó de entre sus labios mientras permanecía de pie, esperando que Ari se uniera a él. Ella se levantó lentamente, pero sin mirarlo a los ojos y sintió otra punzada de remordimiento. Estaba siendo un idiota. Necesitando tranquilizarla, a pesar de que era una idea increíblemente mala, y queriendo mantenerla cerca mientras se movían a través del club, Jai tomó la mano de Ari, tirando de ella delante de sus clientes para poder observar a la multitud. Sus ojos constantemente regresaban a Jennifer y Chris, y a la gente alrededor de ellos. Hasta ahora, todo bien. Con el ceño fruncido y emitiendo una energía seriamente molesta, Jai logró despejar un espacio para ellos en la pista de baile y los colocó a él y a Ari cerca de Jennifer y Chris. Sin necesitar frustraciones o molestias adicionales, sostuvo a Ari suavemente por la cintura y mantuvo una buena distancia entre sus cuerpos. De esta manera, podría mantenerse concentrado y lo hizo, sus ojos moviéndose constantemente por el club a través de la multitud de bailarines. Dos manos le golpearon los hombros, sobresaltándolo y sacándolo de su concentración. Jai le frunció el ceño a Ari mientras la cabeza de ella
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    324 giraba para mirarfijamente a una Jennifer riendo, para luego mirarlo ferozmente a los ojos. ¿Qué estaba pasando con ella ahora? Maldita sea, él no necesitaba esto. —¿Qué? Para su sorpresa, Ari haló su cabeza hacia abajo con una sorprendente cantidad de fuerza, sus labios rozando su oído mientras ella exigía: —Baila conmigo apropiadamente o te daré una patada en las pelotas. Desconcertado, Jai no pudo evitar reírse ante sus palabras, con sus brazos automáticamente apretándose alrededor de su cintura para atraerla más cerca. Era una mala idea, lo supo tan pronto tuvo su suave cuerpo apretado contra el suyo y su cabeza apoyada en su hombro, pero Ari tenía una manera de encantarte con su honestidad. Esa era una de las cosas que más le gustaban de ella. Él siempre sabía lo que quería. Sólo deseaba que ella no lo quisiera. Eso lo haría muchísimo más fácil para él. Ante el toque de sus dedos acariciándole la nuca, Jai tuvo que reprimir un estremecimiento. Ella olía muy bien. Se sentía muy bien. Y él se sentía como si estuviera a punto de estallar fuera de su piel por la frustración. —Estamos aquí para trabajar —le recordó él con brusquedad, con la esperanza de que también se lo estuviera recordando a sí mismo—. No para bailar. Podemos hacer ambos, contestó ella mediante la telepatía, su voz bromeando pero insistente. Con un suspiro interior, Jai decidió darle eso. Yo vigilaré a la pareja feliz. Tú vigilas el gentío. Sí, señor. Él resopló. Ahí estaba esa boca rápida de nuevo. Jai no supo cómo ocurrió. Un minuto había estado haciendo su trabajo, vigilando… pero su cerebro y cuerpo no la podían evitar. Todo lo que podía oler era ella, podía sentir su suave pelo debajo de su barbilla, sus
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    325 dedos acariciando lapiel en su nuca, sus curvas rozándose contra él desde el pecho hasta el muslo. Quizás fuera un Ginnaye bastante poderoso… Pero también era sólo un chico. Se sentía increíble. Se sentía bien. Y mientras él bajaba la mano por su fina espalda, siguiendo la agradable curva inclinada para descansar su mano posesivamente en su cadera, su otra mano haciendo su camino para detenerse en su baja espalda y trazar círculos ahí, Jai nunca había estado más convencido de ese hecho. Se sentía bien. Esto se sentía bien. Era suya. Mía. Su mano automáticamente agarró con fuerza su cadera, tirándola hacia él mientras su conciencia hacía lo mejor para convencerlo. Ella tembló un poco en sus brazos, dejándole saber que también lo sentía. Dios… esto era una tortura, Jai exhaló con fuerza contra su oído, casi expulsando su frustración. —¿Listos para otra bebida? —La voz de Jennifer picó su burbuja y devolvió a Jai a la realidad con un aplastante y descongelante golpe. Mierda. Apartó a Ari de él, ignorando la curiosa sonrisa de Jennifer y el silencio confundido de Ari. ¿Qué demonios estaba haciendo? ¿Estaba tratando de arruinarla? Furioso consigo mismo y con la rápida desaparición de su autocontrol, Jai los dirigió de nuevo a la mesa, decidiendo que era mejor ni siquiera mirar a Ari. Se suponía que estaba de servicio, no deseando a una chica de dieciocho años que estaba más pérdida y confundida de lo que él jamás había estado, y eso decía algo. Mierda. Jesús. Qué demonios…
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    326 Jai trató desacudir su molestia, pero era difícil con su Talón de Aquiles5 sentada justo a su lado, viéndose como si la hubiera abofeteado. Escuchó su voz suspirar en su cabeza antes de que dijera: Tengo que ir al baño. Genial. Jai estudió su cara durante un momento para ver si podía evitarlo, pero por la forma en que estaba arrugando la nariz y moviéndose un poco en su sitio como una niña pequeña, lo dudaba. Miró los vasos de agua vacíos en la mesa. Maldita sea, era una novata en esto. Le disparó una mirada de advertencia. Sé rápida. No me gusta la idea de que andes sola. Demasiadas manos vagando fuera de la pista de baile. Tengo a la Srta. Maggie, trató de asegurarle. Ah sí, el poltergeist que no parecía gustarle mucho. Pero la Ifrit era protectora con Ari así que… Jai le dio un asentimiento firme y ella prácticamente se marchó corriendo de allí. Jennifer y Chris estaban de nuevo ignorándolo. Jai no pudo decir que los culpara. No era exactamente el señor Conversación. No le molestaba. No le estaban pagando para ser amable o para que les gustara. Le pagaban por mantener viva a la gente. Hablando de eso… Los ojos de Jai se pasearon a través de la oscuridad del club. Ari estaba tardando un poco. ¿Se había caído por el inodoro? Suspiró con molestia mientras su conciencia le decía que probablemente se estaba recomponiendo después de que se pusiera tan caliente y molesta en la pista. Imbécil. Iba a matar a Trey por esto cuando regresara a la casa. 5 Talón de Aquiles: Metáfora usada para referirse a una debilidad mortal, a pesar de la gran fuerza que alguien posea.
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    327 La columna deJai se tensó ante el repentino escalofrío que le recorrió. El rastro. ¿Ari? —¿Jai? —preguntó Jennifer suavemente mientras él se giraba para encontrarla, el ceño fruncido con preocupación—. ¿Todo bien? Acababa de girar, cuando una voz baja, femenina, retumbó alta en su cabeza. ¡El Rey Blanco tiene a Ari encerrada en el baño de damas! El corazón de Jai se paró ante el mensaje de la Srta. Maggie, sus puños cerrándose con miedo. —Volveré, quédense aquí —ordenó a la pareja y entonces se estaba moviendo tan rápido como pudo sin parecer otra cosa que un humano, empujándose a través de los bailarines, su cara oscura con decisión de modo que le abrieran el paso. Finalmente, giró en la esquina hacia los baños y volcó toda su energía en sus pies, moviéndose por el pasillo como el viento y golpeando la puerta para que la madera se partiera con el impacto. —¡ARI! —rugió a través de la madera, sus puños, iluminados con magia, golpeando en ella. ¿Qué si llegaba demasiado tarde? ¿Qué si…? Sacudiéndose el pánico, Jai dio un paso hacia atrás y cogió una profunda respiración. Miró detrás de él para asegurarse que estaba solo y entonces, puso toda su energía mágica en su pierna derecha, sus vaqueros brillando. Con un gruñido primitivo, dobló hacia atrás su rodilla y luego estampó su pie contra la madera, casi sacando la puerta de sus bisagras. Sin otro pensamiento, Jai derrapó en el baño, sus ojos buscándola. Alivio fluyó a través de él. Ari estaba sola, con el rostro pálido, los ojos abiertos mientras lo miraba, temblando de la cabeza a los pies. Estaba aterrorizada. Furia impotente corrió a través de él y Jai apretó su mandíbula al mismo tiempo que cerraba la puerta del baño de un golpe y la cerraba con el pestillo. Ella aún estaba temblando. Él se acercó deprisa hasta ella, la sangre corriendo a sus oídos ante el pensamiento de lo que le podía haber ocurrido. Hizo que su estómago se revolviera y su pecho ardiera con miedo. De hecho, nunca había sentido así el miedo.
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    328 —¿Estás bien? ¿Estuvoaquí? Extendiendo sus manos para calmarlo, Ari suspiró. —Se ha marchado, estoy bien. ¿Cómo supiste? No dije nada. ¡No, pero deberías haberlo hecho! Sus ojos se entrecerraron con enfado mientras buscaba daños en su cuerpo. Estaba en una pieza. —Justo cuando sentía una alarma en el rastro, la Srta. Maggie me habló telepáticamente. Si no hubiera tenido el rastro… Si la Srta. Maggie no le hubiera avisado. Mierda. El Rey Blanco pudo haberle hecho cualquier cosa. Quizás hubiera desaparecido. Nunca hubiera sido capaz de hablarle de nuevo… O tocarla… Era un desastre. Un jodido, confuso desastre, porque todo lo que importaba en aquel momento era que ella estuviera bien, no que él no debiera quererla. Por ahora estaba con ella… Y podía tocarla. Sus ojos cayeron a sus labios temblorosos y la necesidad golpeó en su estómago. Nada más importaba. Había mucho espacio entre ellos. Sin pensar en las consecuencias, los brazos de Jai se extendieron por voluntad propia y tiró de ella con fuerza entre sus brazos, de modo que pudo abrazarla y asegurarse de que estaba segura con él. La sensación familiar de ella contra él sólo profundizó la necesidad, y su agarre se apretó, su corazón latiendo tan fuerte que ambos podían oírlo. Sintió que Ari lo apretaba de vuelta. —Estoy bien —le aseguró con suavidad—. Solo quería hacerme un lío en la cabeza. No hice nada. No le ordené. Fue difícil, pero no lo hice, lo prometo… —Ssh. —Jai la calló al instante, no queriendo que se preocupara porque él pensara que sería bastante imprudente hacer eso. Ari era sincera y a
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    329 veces impulsiva, peroera inteligente y al contrario de otras personas, tenía mucho autocontrol. Lo fascinaba—. Lo sé. Estoy orgulloso de ti. Oyó su respiración cambiar, se volvió irregular mientras se hacía atrás para mirarlo. Todo estaba ahí, en sus ojos. Su gratitud, su alivio… Su deseo. Los ojos de Jai cayeron a su boca de nuevo. Una probada. Una probada no estaría tan mal… Ella trató de dar un paso atrás y las manos de Jai se tensaron a su alrededor. Aún no quería que se fuera… No había tenido tiempo… —Jai… Su control se disolvió. La arrastró contra él, sus labios chocando con los de ella, satisfacción atravesándolo ante su sabor. Ella se derritió enseguida contra él, sus brazos envolviéndose alrededor de él, su lengua burlándose de la de ella sin piedad. Y esa rendición inmediata fue como echar leña al fuego. La quería más cerca. Quería estar dentro de ella, tan adentro que nunca le dejara salir. Ante el sonido del jadeo en su boca, Jai casi expiró en el momento. No estaba lo bastante cerca. Empujándola contra el lavabo, dulzura, delicadeza, todo fue arrasado por el calor abrasador en su sangre. Jai tomó sus caderas y la levantó sobre el lavabo con facilidad, de modo que podía insinuarse entre sus piernas, largas piernas que inmediatamente se envolvieron a su alrededor, arrastrándolo más cerca. Sus dedos se clavaron en las caderas de ella mientras se rozaba con ella, gimiendo con fuerza ante el placer que lo atravesaba por la burla. La primera vez que la había besado, hubo una chispa, una chispa entre dos extraños y eso lo hizo cuidadoso. Lo confundió. Así que realmente no había perdido el tiempo en disfrutar su sabor. Ahora iba a disfrutarlo. Maldita sea, la chica sabía besar, pensó mientras le lamía la boca, su ritmo enlenteciendo y llevándolo a algo más profundo, más lánguido… Sexy como el infierno. Ante la sensación de las manos en su pecho, Jai se echó atrás. Él también quería sentirla. Con sus labios. Besó su mandíbula, probando su piel. ¿Era posible ser adicto a una persona? Se preguntó vagamente, su mente una niebla de masa ahora que otra parte de su
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    330 cuerpo lo estabacontrolando. Jai la apretó más contra sí mientras dejaba suaves, lujuriosos besos en su cuello, hasta que llegó a su hombro desnudo. Esa piel desnuda había estado burlándose de él toda la noche. La mordió suavemente. Ella gimió, el sonido lleno de necesidad. Era como una patada en el estómago. Jai había acabado con la paciencia. Era suya y la tenía ahora. Su mano tomó su nuca, echando su cabeza atrás para poder mirar su rostro sonrojado, sus ojos brillantes. Ella también quería eso. Ella lo quería… La empujó con fuerza contra su boca, su beso más profundo incluso que antes, su cuerpo empujando el suyo mientras sus piernas subían a sus caderas. Esas piernas llamaron su atención. Quería tocarla, ver el mismo cuán suave era la piel en la parte superior de sus muslos… ¡CRASH! La puerta se abrió de golpe. El instinto le hizo apartar su cuerpo de ella y después protegerla, su pecho subiendo y bajando mientras trataba de recuperar el aliento. No había nadie allí. Jai lanzó una mirada de ojos abiertos a Ari, sólo para encontrarla mirándolo con la misma expresión en su cara. —Es la Srta. Maggie —le informó con voz ronca. ¿La Srta. Maggie? ¿Por qué? Los ojos de Jai viajaron sobre Ari. Sus mejillas sonrojadas, sus ojos cansados y oscuros, boca inflamada, el borde del vestido subido indecentemente… La Srta. Maggie los había interrumpido antes de que él hiciera algo que lamentara. Mierda. Demonios.
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    331 ¿A qué puntohabía llegado? Maldita sea, ¡podía haber perdido todo sólo porque no podía quedarse en sus pantalones! Habría perdido a Ari, su reputación, la frágil amistad con su padre… ¿En qué demonios había estado pensando? Claramente no lo estaba. Y Ari… ¡No lo estaba ayudando! Él le había dicho que no eran nada más que amigos y ella lo seguía mirando… ¡Mierda! No era su culpa. Ella era inocente. Él era el adulto. El Ginnaye. Y por primera vez en su vida, estaba fallando en lo que mejor hacía. Gimió, pasando una mano por su cabeza mientras su tenso, frustrado cuerpo peleaba con su auto flagelante mente. —Esto no debería haber ocurrido. Los ojos heridos de Ari lo destrozaron y viéndola luchar para bajar el borde del vestido del que casi la había sacado, lo hizo sentirse como la mierda más grande. Y eso sólo lo ponía más enfadado de lo que cualquiera podía. ¿Se estaba convirtiendo en lo que su madrasta Nicki siempre había dicho? —¿Jai…? —La voz de Ari estaba llena de vulnerable necesidad de seguridad. Seguridad que él no le podía dar. Enfadado, necesitando que ella entendiera, el gruñido salió de él antes de que pudiera pararlo. —No. Esto nunca ocurrió. Estaba preocupado por ti y simplemente… ¡Mierda! —Golpeó su palma contra las paredes de azulejos, necesitando un golpe de claridad. Ella se bajó del lavabo, peleando con su vestido, pareciéndose bastante a una chica que casi había dado todo a un chico, sólo para que él actuara como un idiota y la tratara como si no lo mereciera. Culpa lo pinchó, mezclada con el dolor de herirla. Bueno, hoy era la última vez que le haría eso a ella. Se merecía algo mejor.
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    332 —Ari, lo sientomucho —le dijo con una disculpa sincera—. La última cosa que necesitas es un chico mayor tratándote como la mierda. Te mereces algo mejor. Y no te puedo dar más. Nunca seré capaz. Aunque ella lo consiguió. Fue y lo hizo quererla, incluso más de que lo que ya hacía. Miró con fascinación y admiración mientras ella finalmente aceptaba la realidad. Se encogió de hombros ante esa verdad, a pesar de que él sabía que le dolía y que lo manejaba con una cuidadosa y controlada expresión. Se alisó el cabello y enderezó los hombros, mirándolo a los ojos con nada excepto fría cortesía. —Será mejor que volvamos al trabajo. —Lo pasó como si no tuviera una preocupación en el mundo y Jai solo pudo mirar detrás de ella. Dios, ella era algo. Y ese algo no era suyo.
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    333  (Fire Spirits #4) AriJohnson desea que adaptarse a vivir con su novio fuera su única fuente de emoción y ansiedad. Ella desea muchas cosas. Pero claro, desear fue lo que la trajo aquí en primer lugar. Ari escogió ser una cazadora de El Gremio. Quería perseguir Jinn peligrosos y destruirlos antes de que puedan lastimar a personas
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    334 inocentes. Pero ahoraque Ari es miembro de El Gremio, se encuentra a sí misma en la imposible posición de cazar a su ex mejor amigo- humano-convertido-en-un-peligroso-Sorcerer, Charlie Creagh. Mientras Ari lucha por aceptar su labor, un antiguo Jinn y su compañero quieren vengarse de ella por usar el Seal contra ellos. El Rey Blanco se niega a renunciar a su búsqueda por revivir a Lilif, y Asmodeus no ha terminado de jugar con ella. Cuando Ari no puede soportar más, corriendo hacia el Sultán Azazil para exigir el favor que él le debe, los eventos que ella desencadenará no sólo alterarán la vida de todos, sino que encenderán una oscuridad que estremecerá a los reinos en su esencia misma.
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    335  El cielo esun lugar oscuro en este nuevo mundo Traducido por Vanehz y Maru Belikov Corregido por Paaau ri, ¡agáchate! gritó Jai telepáticamente y los reflejos de Ari golpearon instantáneamente. Golpeó el piso, barbilla abajo, sus ojos elevándose mientras miraba el cuchillo silbar a través del aire y clavarse en la pared, a centímetros de la cabeza de Jai. Ari rodó sobre su espalda y sacudió sus manos hacia adelante, palmas afuera, enviando dos bolas de magia defensiva hacia el Qarin. El chico de al lado que parecía Jinn saltó a un lado para evitar el ataque de Ari y caminó justo hacia la magia de Jai. El puñado de brasas que había enviado, segundos después de las de Ari, lo golpearon con la fuerza de un tren de carga. El cuerpo del Qarin se elevó del suelo y chocó contra la pared de delgado papel de la casa de un pequeño pueblo, Milwaukee. Ari se tambaleó sobre sus pies. —¿Estás bien? —preguntó Jai afiladamente mientras caminaba por su lado, su cuerpo automáticamente poniéndola detrás de él a pesar de las incontables veces que le había dicho que dejara de hacer eso. —Estoy bien —murmuró, quitando los escombros de su camiseta. Jai no se molestó en escatimarle una mirada en respuesta a su tono y Ari no estaba sorprendida. Ahora no era realmente momento de tratar de entender por qué su novia estaba enojada con él. Michael les había dicho que el grupo que había estado cazando al Jinn dopplegänger de Sam Shepherd, el profesor de arte, había finalmente sido localizado después de dos meses de búsqueda. Ari y Jai habían venido tras él y ella había usado el tiempo de proximidad para dejar claro que estaba enojada con su novio. Como fuera, Jai no había abordado el asunto de sus respuestas monosílabas y pesado silencio, y eso sólo la enojaba más. Lo cual significaba que la perra Dopplegänger iba a darle un mundo de dolor A
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    336 si esto noacababa rápido. Ari y Jai habían usado el Peripatos para llegar a las coordenadas que el Gremio de Cazadores les había dado. Eso había sido media hora atrás. Con el humano Sam Shepherd noqueado escaleras arriba, el trabajo práctico de Jai, habían estado jugando a ocultarse, buscar y encontrar, luego a esconderse, buscar y encontrar otra vez con el Qarin por tanto tiempo como Ari estuvo preocupada. Ella tenía dos heridas cortantes: Una en su frente y un profundo corte a lo largo de sus costillas, que dolía como el infierno. Jai, por supuesto, estaba ileso. El Qarin estaba jugando con ellos, sin embargo y Ari tenía la clara sensación de que había determinado que Jai iba caer con más que un simple corte. Bien, Ari había terminado de jugar. Gruñó mientras se detenía junto a Jai para ver que la mancha sobre el piso lleno de escombros en donde el Qarin debería estar, estaba vacía. —Mierda —murmuró Jai, su mandíbula apretándose—. Voy a… —Silencio —chasqueó Ari, ignorando las cejas alzadas de Jai. La mirada de “¿peeerdón?” debía verse cómica si no estuviera tan molesta. Dame un minuto, trató de explicar menos lacónicamente, usando telepatía y estuvo agradecida cuando Jai permaneció en silencio. Ari cerró sus ojos. Antes, cuando ella y su tío Rojo habían estado de alguna manera en terreno más estable con su relación, él le había dicho que incluso sin sus habilidades como el Seal, era una poderosa Jinn. Su madre, Sala, había sido una antigua y poderosa Ifrit y su padre era El Rey Blanco, uno de los más poderosos Jinn que existía. Si los Jinn fueran sociales, ella habría sido la Waldorf Blair del monte Qaf, el reino Jinn. Rojo había insinuado que significaba que ni siquiera había aprovechado el alcance completo de sus habilidades aún. Jai estaba tratando de llevarla allí con entrenamiento y habían estado en algunas cacerías juntos, donde ella descubrió más y más sobre sí misma. Era tiempo de desenredar más, sin embargo. Había visto los sentidos Jinn de su tío, que estaban en otra condición, por Cristo Santo. Seguramente podía encontrar a este asno de dopplegänger, para que así Jai y ella pudieran hacer la cosa desagradable que habían venido a hacer aquí y entonces, salir rápidamente de allí.
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    337 Ari se enfocó.Sentía el movimiento de los escombros mientras se desplazaba en incremento contra la suave briza soplando a través de una ventana abierta. Sintió el aire a su izquierda bailando hacia los lados mientras Jai se movía sólo un centímetro y sus sentidos se enganchaban a su magia. Tomando una profunda respiración, dejó que la riqueza de su sello la abrumara. La atracción de Jai era diferente a la de cualquier otro Jinn que nunca hubiera sentido. Un guardián Ginnaye, pura sangre y extremadamente fuerte, la magia de Jai pulsaba hacia afuera desde lo profundo, formando olas. Pero a diferencia de muchos, la suya tenía una acaparadora y rica calidez que venía de sus instintos protectores naturales. Podía usar esa poderosa energía para envolverte en su seguridad o podía usarla para destruirte. Dándose a sí misma una ligera sacudida, Ari empujó pasando el aura de Jai y sintió a través de la oscura memoria de la casa en su mente. Buscó en cada esquina, cada rincón, tomando las escaleras silenciosamente hacia el segundo piso. Allí. En el baño, subiendo las escaleras. Ari tomó una profunda respiración, su estómago repentinamente revuelto con su decisión. La verdad era que había estado jugando con el Qarin tanto como él había estado jugando con ella. Tratando de evitarse. Las dos cacerías en las que había estado habían sido de formación más que otra cosa. Jinn que sólo necesitaban ser etiquetados y trasladados de las ciudades en las que se portaban mal. Esto era diferente. El Qarin dopplegänger iba a ser su primer asesinato. Jai quería hacerlo. Él no quería ese peso sobre sus hombros. ¿Pero a quién estaba engañando Ari? Era la hija de un rey Jinn que estaba en la misión de sacar al más peligroso ser de todos los reinos fuera de su prisión. Apenas había hablado con su único aliado, Rojo, en semanas, su
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    338 mejor amigo eraenemigo del estado y había un cierto antiguo Marid, quien resultaba ser el teniente del Sultán, quien había estado haciéndole pequeñas visitas a sus sueños últimamente. Iba a acabar matando a alguien, alguna vez, en defensa propia. Parecía como si hoy fuera el primer día en un nuevo mundo… La magia hormigueó en su mano hasta que sintió el agarre estriado del cuchillo de pelea F-S que había elegido del gabinete de armas de Michael. Escuchó la inhalación de aire de Jai segundos antes de usar el Peripatos. Las llamas aún estaban parpadeando alrededor de ella mientras aparecía en el baño, sus ojos encontrando los del Qarin en el espejo… Los suyos amplios, los de Ari en blanco. La hoja de su cuchillo se hundió en y a través de su espalda, dentro de su pecho, reforzado por la magia Jinn de Ari y su fuerza. Una puñalada al corazón. Había entrenado para hacer esto en maniquíes. Se sentía diferente apuñalar a través de carne y músculos. Sus ojos se ampliaron con horror, la sangre goteando de la comisura de su boca. Y entonces su cuerpo se relajó, flojo, golpeando el piso como una marioneta sin maestro. El cuchillo ensangrentado cayó de la mano de Ari, repiqueteando sobre el piso de baldosas mientras miraba al Jinn muerto. Se quedó de pie, congelada por un momento, mirando abajo hacia el cuerpo y el charco de sangre reuniéndose alrededor de él. Acababa de matar a alguien. Su estómago dio un vuelco. Tropezando con el cuerpo, Ari se agarró del lavabo, sus manos sujetas a cada lado mientras la fría náusea escalaba a través de ella y vomitaba el horror de lo que acababa de hacer. Sintió su energía antes de sentir sus manos rozando los mechones perdidos de su cabello lejos de su rostro.
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    339 —Nena —susurró roncamente,su cálido aliento en su oído. Ari giró la fría llave con dedos temblorosos y a pesar de que apenas sentía la frialdad en ella, puso su boca abajo, bebiendo. Luego tiró algo de agua en su rostro y se enderezó, recostándose contra el pecho de Jai. Sus ojos se encontraron en el espejo, los suyos rodeados y huecos, los de él suaves y preocupados. —Te dije que lo haría yo. He hecho esto antes. Tú no necesitas hacerlo. Dio una ligera sacudida a su cabeza, tratando de no cerrar los ojos mientras sentía el corte de la hoja en el pecho del Qarin otra vez. Había estado nerviosa por asesinar a un chico malo. —Lo haría eventualmente. Quería acabar con esto. Las manos de Jai se deslizaron hacia arriba por sus brazos para envolverse gentilmente en sus bíceps, sosteniéndola más cerca de él. —Lo hiciste bien. —¿Lo hice? —preguntó Ari, aturdida. Besó su cabello. —No serías tú si no te sintieras así de mal por esto. Sólo recuerda: Él le hizo un montón de cosas terribles a los humanos, Ari. Humillantes, aterradoras y mortales cosas. Ella lo sabía. Sabía que acababa de quitar a un chico malo más de las calles. Ari simplemente necesitaba que su culpable consciencia se pusiera al día. Haciendo una mueca al lavabo, Ari se giró en los brazos de Jai, sus manos cayendo a sus caderas para mantenerse cerca de él. —No le digas a nadie que vomité, ¿está bien? —Nadie pensaría menos de ti. —Sólo no lo hagas. —Michael y Caroline podrían haberla aceptado, pero algunos de los otros Cazadores del Gremio aún desconfiaban de ella. Necesitaba probarse a sí misma ante ellos. Si sabían que había vomitado después de su primer asesinato… Bueno… No sabía qué pensarían.
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    340 —No le diréa nadie —le aseguró Jai, pero el músculo en su mandíbula se flexionó—. Pero no tienes nada por lo que sentirte avergonzada. El asesinato no está en la descripción del trabajo, así que la mayoría de ellos no tiene idea de cómo se siente tomar una vida. No tienen derecho a juzgarte. Ya sin estar enojada con él, Ari apretó una de sus manos con gratitud. Lo que Jai había dicho era verdad. Los Cazadores del Gremio eran Jinn mestizos, medio humanos, medio Jinn, creados por el Rey Dorado como una medida de balance contra los malvados Jinn. Los Cazadores del Gremio podían cazar y etiquetar Jinn malvados, pero si tan siquiera mataban uno, los Legisladores en el Monte Qaf lo sabrían y los llevarían a ser juzgados. Desafortunadamente, en el Monte Qaf, era un crimen castigable con la muerte, si un mestizo mataba a un Jinn pura sangre. También fue proclamado que los pura sangre no tenían permitido matarse los unos a los otros sin enfrentar un juicio, pero Rojo había caído en que esa no era realmente una ley creada por los legisladores y los juicios sólo se efectuaban de vez en cuando, para desalentar las luchas internas. Eso significaba que Michael Roe, el líder de El Gremio de Cazadores Roe, tenía en su posesión tres Jinn sangre pura: Ari, Jai y el mejor amigo de Jai, Trey. Después de que Charlie desapareciera, una vez hubo matado a Akasha, el Labartu que había asesinado a su pequeño hermano, Ari había decidido que unirse al Gremio junto con Jai y Trey, era la mejor decisión. A Michael le gustó la idea de tener Cazadores en su Gremio que pudieran realmente asesinar a los chicos malos de una vez. Además, les había dicho que matar a Charlie era prioridad ahora que era un Sorcerer loco con un poderoso trozo de esmeralda del monte Qaf alimentando su fuerza. Para eterno alivio de Ari, Charlie había ido bajo tierra esos últimos dos meses y ningún Gremio podía encontrarlo. Esperaba que se quedara allí. —Tienes razón. —Sonrió Ari débilmente—. Sólo les hice un favor. ¿Quién da una mierda por lo que piensen? —Bien. —Asintió Jai, sus ojos endureciéndose otra vez—. Ahora déjame limpiar a este chico, llamar al Gremio para que vengan a cuidar del humano Sam Shepherd y luego podemos llevarte a casa. ¿Cómo está la costilla?
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    341 Ari miró abajohacia el Qarin, su estómago sintiéndose un poco más calmado. —Curándose. Estoy… Bien. Para alivio de Ari, ella y Jai se mantuvieron ocupados limpiando el desastre, encargando al humano Sam Shepherd al resto del Gremio para informarlo antes de enviarlo de regreso al mundo humano y luego, ella y su novio tuvieron que regresar donde Michael para informarlo sobre la situación. Hablar de eso realmente ayudaba a Ari a tratar con la inmensidad de lo que había hecho. Los ojos de Michael eran todos paternales y preocupados cuando entendió que Ari era la que había hecho el asesinato y Ari quería preguntarle a qué demonios estaba jugando. Él quería que ella asesinara Jinn y cuando lo hacía ¿se volvía amable con ella por eso? Era bueno que se preocupara… Pero también confundía. Ari no dijo nada, sin embargo. Después de perder a su hija Fallon en la guerra de Charlie contra el Labartu, Ari no tenía el corazón para gritarle sobre sus complicadas habilidades de liderazgo con ella. Caroline les dio de comer a todos mientras le informaban a Michael sobre la carrera y cuando terminaron, enviaron a Ari y a Jai por su cuenta con otra mirada preocupada. El hecho de que Ari hubiera elegido vivir con Jai y Trey en la casa que habían comprado a un par de cuadras de la de Michael, les había preocupado. Si, Ari tenía dieciocho y legalmente podía tomar sus propias decisiones, pero les preocupaba lo que sus otros empleados pudieran pensar de una chica joven viviendo con dos hombres extremadamente calientes y ligeramente mayores. Podían pensar lo que quisieran. Trey era como su mejor amigo ahora. Y Jai… Bien… Jai se estaba poniéndose raro. Por eso el enojo anterior.
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    342 Aún sacudida porlo que había hecho, Ari estaba demasiado exhausta para tratar con su frustración con Jai. Entraron en la tranquila casa de cuatro habitaciones separadas e inmediatamente sintió que Trey no estaba en casa. No era sorprendente. Con él habiendo asumido como instructor de lucha del Gremio y sólo porque era Trey y estaba bendecido con abundante encanto, se había hecho amigos fácilmente entre los cazadores y era probable que estuviera en un bar con algunos de los chicos. —Deberías comer —le dijo Jai mientras se dirigía hacia la amplia escalera. Arrastrándose hacia ellas, negó con la cabeza. —No tengo hambre. —Ari… —Comeré en la mañana. —Se giró hacia su puerta. Su habitación estaba al final del pasillo desde la de Trey y directamente cruzando el pasillo hacia la de Jai. ¿El origen de su exasperación con él? Cuando se habían mudado hace dos meses, Ari había sido tocada por la consideración de Jai cuando abrió la puerta de la habitación más grande de la casa y le dijo que era toda suya. Dándole su propia habitación le estaba diciendo que no la presionaba para tener sexo o forzar su relación a ir demasiado rápido. Era atento, considerado y tan dulce. Pero dos meses de besos casi allí de parte de él y no entrar a hurtadillas a su habitación en la noche ¡La estaba volviendo loca! Está bien, entonces no eran besos casi allí, pero cada vez que cualquier cosa se volvía demasiado caliente, él retrocedía y le decía que fuera a su cama, como si fuera una niña o algo así. No había habido nada de lo bueno como lo que pasó meses atrás en el monte Qaf, después del juicio de Charlie. Apenas se había vuelto loco tocándola y estaba empezando a sentirse como un leproso no tan caliente.
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    343 El gentil toquede los nudillos de Jai acariciando su mandíbula la trajo de regreso de sus vagos pensamientos y tomó su mano, sus ojos capturando los de él. Los ojos de él buscando, preocupado por ella. Sintió una oleada de amor, deseo y confusión. Y ella no estaba de humor para lidiar con ello. Acababa de asesinar a un malvado Jinn. Los problemas de novios tendrían que pasar a segundo plano por la noche. —Te veo en la mañana. —Ella se apartó de él, dejando caer su mano gentilmente. —Oye. —Ella sintió el apretado agarre de sus dedos en sus bíceps mientras tiraba de ella hacia él. Jai frunció el ceño—. ¿Necesitas que me quede contigo esta noche? Esta noche de todas las noches, ¿Él preguntaba eso? Cuando estoy tan cansada que apenas puedo estar de pie. Ari negó con la cabeza, mordiendo su frustración. —Sólo quiero dormir. Estaré bien. Sus fuertes dedos se flexionaron alrededor de su brazo y él camino más cerca, hasta que su pecho estaba rozando el de ella. Él le dio una triste, insegura sonrisa que no eliminaba exactamente la sorprendente mirada vulnerable en sus hermosos ojos. —¿Puedo al menos tener un beso de buenas noches? Un dolor palpitó en su pecho y Ari sintió sus labios curvarse suavemente en las esquinas. —Para futuras referencias, esa es una pregunta que nunca tienes que hacerme. La sonrisa de Jai aumentó, derritiendo a Ari por dentro y agradeciendo la mirada extraña que había estado momentos antes. —Es bueno saberlo —murmuró él contra su boca antes de presionar suavemente la de él contra la suya. Ella esperaba que fuera dulce y corto. En lugar de eso fue… emocional.
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    344 Jai la sostuvoapretadamente hacia él, su mano envuelta alrededor de su cuello y Ari dejó que sus labios se abrieran mientras Jai rozaba sus labios con los de ella de un lado a otro, su lengua provocando sus labios antes de lamer dentro, ligeros, movimientos contra su lengua que hacían contener su aliento e hizo el cansancio huir. Ella arqueó su cuerpo hacia el de él y lo consumió, su corazón acelerándose ante el caliente sabor de él. Pero Jai se negaba a apresurar el beso. Era una seducción de profundas caricias, provocando, mordisqueando, rozando… Una marca de él sobre ella. Un posesivo beso sin la agresión. Él la estaba tocando gentilmente pero diciéndole que ella era suya. Mientras él renuentemente se apartaba, las manos de Ari temblando en su pecho, sus ojos cerrados, sus labios hormigueando e hinchados. —Te veo en la mañana —le dijo él con voz ronca, claramente tan afectado por el beso como ella. Lentamente abriendo sus ojos, Ari tomó aire ante el calor en los suyos. Ahí estaba. Cada vez que ellos llegaban al punto de enrollarse sus ojos hacían eso… Esa mirada abrazadora de “quiero tomarte como un tipo en una novela romántica”, Jai retrocedía. Con una previsibilidad que estaba empezando a ser molesta, él dio dos pasos atrás. —Buenas noches. Ella le dio una sonrisa que no llegó a sus ojos y se apresuró dentro de su habitación, cerrándola detrás de ella. Después de unos segundos, escuchó los pasos de Jai alejarse de su puerta y la puerta de él se abrió, luego cerrándose silenciosamente. Ella suspiro profundamente y encendió la luz. La habitación que Jai le había dado era hermosa y enorme. Una gran cama con dosel se encontraba en el centro de la habitación y se encontraba flanqueada por un gran armario, tocador y mesitas de noche a juego. Los muebles eran modernos y chic, con un toque marroquí. Ella tenía su propio baño e incluso un vestidor. Él estaba intentando darle un hogar otra vez y en su mayor parte, estaba teniendo éxito. Ari sólo estaba cansada de la extraña distancia entre ellos. Y no era sólo sobre el sexo. Era
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    345 sobre su familia.Cada vez que ella intentaba hablar con él sobre su papá, Luca, manteniéndolo encerrado en esa botella para el Rey Blanco, él se cerraba y le decía que estaba bien. Ella sabía que él no estaba bien. ¿Cómo podía estar bien después de un momento de traición así? Con la cabeza palpitando, los ojos cayendo, Ari decidió que mañana era un nuevo día para preocuparse sobre estas cosas. Afortunadamente, estaba muy cansada para lidiar sobre el Qarin que acaba de asesinar, Ari torpemente se desvistió y se estiró en busca de su nueva pijama de seda. Una vez que se la colocó, se metió bajo sus mantas y acurrucó su cabeza profundamente en su almohada, oliendo su propio perfume en ella. Cómodamente, dejó al mundo desaparecer… El agua del lago todavía estaba iluminada por la luna, las rocas montañosas que lo rodeaban proveyendo privacidad al místico valle. Tan pronto como Ari lo asimiló y sintió la áspera arena contra su piel, gruñó. Había estado aquí antes. Maldición. —Asmodeus —se quejó, dando vueltas alrededor de su asiento en la arena para mirar en la oscuridad. Como esperaba, él apareció fuera de las sombras, viniendo hacia ella vistiendo sólo unos pantalones negros sueltos. No llevaba nada en la parte superior de su cuerpo, excepto por un circulo de bronce pequeño alrededor de cada fuerte bíceps, su largo cabello oscuro fluyendo libremente por una vez sobre sus anchos hombros. Ari apartó sus ojos de su arrebatador físico y miró a su inquietantemente hermoso rostro. Era tan injusto que alguien tan psicótico fuera tan bien parecido. Asmodeus le sonrío mientras se acercaba, sus pies desnudos pateando la arena. Ari se puso de pie e hizo una mueca al revelador vestido blanco con que él la había vestido. Mostraba bastante escote y bastante pierna. Disgustada, ella cruzó sus brazos e inclino su cabeza hacia atrás para mirar arriba al apuesto hombre alto.
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    346 —Basta de metertecon mis sueños y déjame salir de aquí, ¡por centésima vez! Su sonrisa se profundizó, un destello de dientes blancos en la oscuridad mientras él caminaba alrededor de ella, dos dedos deslizándose por su brazo. Ari tembló y lo empujó lejos. —Estoy hablando en serio. —Lo sé —replico él con indiferencia mientras se detenía. —¿Por qué no dejas de atormentarme? —Por los últimos dos meses, el príncipe Asmodeus había estado sacándola de sus propios sueños y empujándola a los de él. Después de determinar que ella realmente no tenía idea de por qué era tan inmune a la orden del Seal de Salomón como él, Asmodeus continuó regresándola aquí. Parecía haber un propósito para estas visitas más que molestarla y tratar de cautivarla y ocasionalmente amenazar la vida de Jai. —Es divertido. —¿Es divertido? Él se encogió de hombros. —Estoy muy cansada para esto. Cada vez que visitas mis sueños, estoy exhausta en la mañana. Un destello malvado cruzó por sus oscuros ojos. —Creo que si vas a estar exhausta, deberías estarlo por una razón… y ya que el Ginnaye no está dispuesto a abastecerte, estaré más que feliz para complacer cualquiera de tus… necesidades. —Ni siquiera en tus sueños. Asmodeus se rió y cruzó sus brazos sobre su pecho mientras la estudiaba. Mientras se miraban el uno al otro, su sonrisa se deslizó. —Mataste hoy. Ari se encogió.
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    347 —¿Cómo lo…? —Hice demi interés el saber. —¿Estás viéndome? —Cuando sea que estoy aburrido, sí. Disgustada, Ari sacudió su cabeza. —Eres un repulsivo hijo de puta. Sus ojos se estrecharon en ella. —Sé cuidadosa. Una descarga de miedo hormigueó por su espalda y tuvo que morderse el labio para evitar decir algo aún más tonto. Satisfecho, él se giró y se sentó en la arena, sus brazos colgando sobre sus rodillas. —Siéntate. —No tienes modales, sabías eso, ¿cierto? —refunfuñó Ari mientras se acomodaba en el suelo, manteniendo una cuidadosa distancia entre ellos. El Marid le lanzó una mirada divertida. —Deja de desviarte. Asesinaste hoy. Ari suspiró. —Sí, lo hice. ¿Estoy en problemas? —No conmigo. —¿Con alguien? —No hay nadie a quien le importe el fallecimiento del Qarin. Ari dejó escapar un suspiro de alivio. —Bueno, es bueno saberlo.
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    348 Después de unmomento de silencio, Asmodeus levantó una pequeña roca y con un movimiento de su muñeca, la envió rozando el agua. —No deberías estar haciéndolo. —¿Trabajar para el Gremio? —Convertirte a ti misma en una asesina. Ari trató de no hacer una mueca de dolor ante la palabra. —¿Por qué? Lo estoy haciendo bien. Estoy liberando al mundo humano de malvados Jinn. Él alzó una ceja hacia ella. —¿Eso vale la pena para la pérdida de tu pureza? Ella quería poner los ojos en blanco. —No soy pura, Asmodeus. —Tú alma estaba limpia, Ari. Lo estás arruinando con esta necesidad de cazar Jinn. —No es una necesidad —mintió ella—. Es un deseo. Incluso antes de todo esto… —Hizo un gesto hacia sus alrededores—, era una graduada de la escuela con una seria crisis de identidad. No sabía que quería de la vida. No sabía dónde encajaba. A pesar de todas las cosas malas, de enterarme quien era realmente, al menos también encontré mi lugar en este mundo. —Con el Ginnaye, ¿asesinando Jinn? —Con Jai, cazando tipos malos. Él gruño. —Eres tan ingenua que me duele físicamente. —Entonces deja de empujarme a tus sueños. —No.
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    349 —¿No? —No. Ari trató desesperadamentede retener su irritación. —¿Qué quieres, Asmodeus? Su oscura, insondable mirada se deslizó de regreso a ella y Ari no pudo apartar sus ojos mientras ellos recorrían su fuerte rostro. Ojos negros enmarcados por largas, oscuras pestañas, oscuro bronceado, piel libre de manchas, afilados pómulos, una fuerte pero recta nariz y una boca perfecta: Un labio inferior lleno y el superior ligeramente más delgado. Si un humano lo conocía, pensaría que él era un exótico pero joven veinteañero. No un retorcido, antiguo Marid que había estado alrededor Dios sabe cuántos siglos. —Esta noche quería ver cómo la estabas pasando después de tu primer asesinato. —Sorpresa se disparó a través de ella, forzando su cabeza de regreso y él atrapo su reacción. Sus oscuros ojos brillaron—. No estoy jugando juegos contigo. Ignorando la curiosidad retorciéndose dentro, Ari le dio una sonrisa cínica. —Lo que sea que esto es, ¿podemos al menos ser honestos con el otro? —Está bien. —Asintió él—. Me gusta jugar juegos contigo. Pero no estoy jugando esta noche. Ari miró directamente a sus ojos y se encontró así misma confesando. —Estuve enferma al principio. Fue horrible. No esperaba sentirme tan avergonzada. —¿Y ahora? —Jai me recordó todas las cosas que el Qarin hizo. Me sentí orgullosa de ser lo suficientemente fuerte para hacer algo al respecto. —¿Entonces ninguna culpa? Ella miró lejos.
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    350 —Siempre estará laculpa, Asmodeus. Estoy aprendiendo rápidamente a dejarla a un lado para tener una visión más grande. Él le lanzó una mirada con los ojos entrecerrados y de repente se levantó sobre sus pies. Sus ojos se abalanzaron hacia ella. —Así es como empieza. Dejar las cosas a un lado para tener una visión más amplia. Confundida como siempre estaba después de uno de sus encuentros, Ari se puso de pie también. —¿Por qué te importa? Cuando él alcanzo su mano, Ari se preparó para retroceder, sabiendo por experiencias pasadas que él no tomaba el rechazo ligeramente. Sus dedos cepillando contra su mejilla. —No puedo decidir si quiero que cambies o no. Ella le frunció el ceño. —Ya sea que cambie o no, realmente no es tú problema. Al repentino y oscuro calor y molestia en sus ojos. Ari se tensó, reteniendo su aliento mientras él se inclinaba hacia ella, su boca tocando su oreja. —Estoy haciéndolo mi problema. Los ojos de Ari se abrieron de golpe y luchó por respirar, jadeando de miedo y algo más mientras miraba hacia el techo de su habitación en la oscuridad. Ella se giró rápidamente sobre su lado, empujando las colchas apretadamente alrededor de ella. No sabía qué hacer sobre Asmodeus. No le había dicho a Jai que él visitaba sus sueños. No le había dicho a nadie. Pero Ari sabía que su creciente atención era preocupante y la única persona a la que quería decirle era a su tío Rojo. Él sabría qué hacer. Ya sea si Rojo quisiera hablar con ella o no. Y si la ayudaría si lo hiciera.
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    351  Moderadora Paaau Staff de Traducción Paaau Miranda. Aaris Jo Kira.Godoy Maru Belikov Vanehz MewHine LizC magdaa lalaemk Andy Parth LaaLa Stark Mari NC Auroo_J rihano Sweet Nemesis krisc15 Akanet MaryLuna otravaga Dai carmen170796 Staff de Corrección Akanet Nony_mo Micca.F Deyanira Clau12345 Brendacarpio Recopilación y revisión Akanet Diseño Paovalera
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