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Comedia de la cestita (Cistellaria)
Plauto
Traducción y recontrucción escénica de Pedro Sáenz Almeida
1
DRAMATIS PERSONAE
SELENIA Meretriz, supuesta hija de Melénide.
GIMNASIA Meretriz, amiga de Selenia.
SIRA Lena, madre de Gimnasia.
AUXILIO Dios que hace el Prólogo.
ALCESIMARCO Joven, amante de Selenia.
EL PADRE Viejo, padre de Alcesimarco.
LAMPADIÓN Esclavo de Fanóstrata.
MELÉNIDE Lena y supuesta madre de Selenia.
FANÓSTRATA Matrona, madre verdadera de Selenia.
HALISCA Criada de Melénide.
La acción transcurre en la ciudad griega de Sición, ante la casa que Alcesimarco ha alquilado para Selenia.
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ACTO I
ESCENA 1
Selenia, Gimnasia, Lena Sira
(Las tres mujeres charlan ante la casa que hasta ahora la joven Selenia ha compartido con su amante
Alcesimarco,)
SELENIA. Si ya desde hace tiempo te apreciaba
y te considera buena amiga,
mi querida Gimnasia, en este día
me lo habéis demostrado, tú y tu madre;
y aunque fueras mi hermana no podrías
honrarme más de lo que ya lo has hecho:
dejando a un lado todas vuestras cosas,
me prestasteis solícita atención.
Por eso mi cariño os pertenece
y os estoy de verdad agradecida.
GIMNASIA. Más que de sobra nos lo pagas tú:
por Pólux, que da gusto visitarte
y hacerte algún favor, cuando nos brindas
tan sabroso y opíparo banquete
que será muy difícil de olvidar.
SELENIA. De corazón os invité, por Pólux,
y sólo desearía de mi parte
poder satisfacervuestros deseos.
LENA SIRA. Como dijo aquel otro que llegó
con viento favorable y mar tranquilo:
"Por Cástor, que me alegro de atracar-me en tu casa."
Se nos trató de perlas hoy aquí
y nada hubo que no fuera agradable,
excepto cierto método o sistema
que no me gustó un pelo...
SELENIA. Di, por favor, qué ha sido.
LENA SIRA. ¡Pues el método ese que tú tienes
de tardar siglos en llenar las copas
y estropearel vino mezclándolo con agua!
GIMNASIA. ¿Te parece bonito soltar eso?
LENA SIRA. No es un crimen decir lo que es verdad.
SELENIA. (Llenando la copa a Lena Sira)
Tenéis todo mi afecto, pues vosotras
os preocupáis de mí.
LENA SIRA. Así ha de ser.
Las que somos, Selenia, del oficio
debemos ayudarnos mutuamente
y echarnos un capote entre nosotras;
como hacen esas nobles señoronas,
que la amistad cultivan entre ellas
y unas con otras andan conchabadas.
Porque las meretrices, aunque hagamos
lo mismo e imitemos su ejemplo,
apenas conseguimos ir tirando
acosadas de envidias y rencores.
Esas nobles matronas querrían vernos
mendigando su amparo y sus favores,
para que siempre estemos a sus pies.
Si te arrimas a ellas, te acarician,
pero luego, en cuanto te descuidas,
te arrojan a traición un jarro de agua fría.
Pregonan que embrujamos a sus hombres,
que somos sus rivales y que nos van a hundir;
así se portan ellas con las de nuestro oficio.
Como somos libertas, yo y tu madre,
nos metimos a putas y a vosotras
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como a hijas 'putaticias' os criamos.
Y si a ésta la empujé yo al 'putiferio'
no fue por avaricia o por soberbia,
sino para no andarpasando hambre.
SELENIA. Más le hubiera valido habertomado marido...
LENA SIRA. ¡Quita allá! ¡Si ésta toma marido cada día!
Por la mañana se ha tomado uno
y luego por la noche toma otro;
jamás permito yo que duerma sin marido,
porque, si ésta no jode, en casa todos
de negra y cruel hambruna moriríamos.
GIMNASIA. Sí, madre: yo no tengo más remedio
que sercomo tú quieres que yo sea.
LENA SIRA. Con un canto en los dientes me daría
si fueras tal y como estás diciendo.
Por Cástor, que, si atiendes mis consejos,
la lozanía y frescura que ahora tienes
habrás de conservarla para ruina
de muchos y beneficio mío.
GIMNASIA. ¡Que los dioses lo hagan!
LENA SIRA. ¡Deja en paz a los dioses!
Si no pones tu parte, no habrá dios
que venga para hacerte tu trabajo.
GIMNASIA. Por Hércules, no dudes que al oficio
me sabré yo aplicar con todo esmero.
Pero, mientras nosotras parloteamos,
tú, Selenia, estás muy calladita;
nunca te vi tan triste, ojos bonitos.
Cuéntame, por favor, dile a tu amiga
a dónde se te ha ido la alegría.
Pálida estás y no te has arreglado
ni estás tan elegante como sueles.
(Selenia suspira hondamente)
Fíjate qué suspiro más profundo
acaba de escapársele del pecho.
Para empezar, explícanos dos cosas:
qué es lo que te sucede y qué podemos
hacer nosotras para verte alegre.
¡No me hagas penarmás con tus suspiros!
SELENIA. ¡Ay, Gimnasia querida, estoy sufriendo!
Me abraso, me consumo y me torturo;
el corazón lo tengo dolorido
y me duelen los ojos de llorar.
Me duele el alma de una gran tristeza.
GIMNASIA. Explícate.
SELENIA. ¿Y qué voy a explicar,
si fue mi estupidez la que me ha puesto
en semejante estado?
GIMNASIA. Allí mismo
donde la estupidez quiera brotar,
tendrás que sepultarla.
SELENIA. ¿Y cómo hacerlo?
GIMNASIA. Entiérrala en las cuevas más hondas de tu pecho.
Haz de manera que tú sola sepas
y nadie más conozca tu propia estupidez.
SELENIA. Pero en mi corazón siento una angustia...
GIMNASIA. ¿Quién te ha dicho que tengas corazón?
Porque yo no tengo, ni ninguna mujer,
según dicen los hombres.
SELENIA. Pues, si hay algo
que me pueda doler, a mí me duele;
y si nada tenemos bajo el pecho,
aquí dentro me está doliendo algo.
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GIMNASIA. ¡Tú estás enamorada!
SELENIA. ¿Y es tan amargo amar?
GIMNASIA. Amor está repleto de mieles y de hieles:
de la miel da a probar sólo un poquito,
pero de hiel te llena hasta saciarte.
SELENIA. Esa es la enfermedad, Gimnasia mía,
que me está consumiendo por completo.
GIMNASIA. Amor es un dios pérfido.
SELENIA. Y en mí se está cebando.
GIMNASIA. Anímate para curar tu mal.
SELENIA. Tendría esperanza si viniera el médico
que puede dar remedio a mi dolencia.
GIMNASIA. Vendrá.
SELENIA. ¡Qué lento es el 'vendrá' para una amante
que sólo quiere oír que ya está aquí su amor!
Pero mía es la culpa, por amar
locamente a uno solo y pretender
que estuviera conmigo para siempre.
LENA SIRA. A las matronas es a las que cuadra
lo de amar a uno solo y dedicar
su vida a aquel con el que se han casado.
La meretriz, en cambio, se parece
a una rica ciudad, que necesita
de muchos hombres para que prospere.
SELENIA. Quizás sea así; pero quisiera ahora
deciros el motivo por el que os he llamado:
como yo no quería ser meretriz,
mi madre, de buen grado, ante mis ruegos
consintió en que viviera con el hombre
al que amara.
LENA SIRA. ¡Menuda tontería!
¿Y jamás has probado a ningún otro?
SELENIA. A ninguno, a no sera Alcesimarco,
y nadie me ha tocado sino él.
LENA SIRA. Y dime, ¿de qué modo el tal sujeto
fue capaz de sorberte la sesera?
SELENIA. Por las Dionisias me llevó mi madre
a ver la procesión y los festejos.
Cuando volvía a mi casa, él me siguió
con mucho disimulo hasta la puerta.
En los días siguientes,con finezas,
detalles y regalos, fue ganándose
la amistad de mi madre... y también, ¡ay! la mía...
LENA SIRA. ¡Para mí le quisiera, que menudos
meneos le iba a dar!
SELENIA. De la amistad
pasé a enamorarme, yo de él
y él de mí.
GIMNASIA. Ay, Selenia, el amor
hay que fingirlo: si una se enamora,
en lugar de mirar su beneficio,
preferirá dar gusto a aquel que ama.
SELENIA. Con hermosas palabras me juró,
delante de mi madre, que conmigo
habría de casarse; pero ahora
se ha de casar con otra, una parienta
que ha venido de Lemnos y que vive
aquí al lado. Su padre le obligó.
Y ahora mi madre se enfadó conmigo
porque no me volví con ella a casa
en cuanto me enteré que Alcesimarco
se iba a casar con otra.
LENA SIRA. Poco le cuesta a Amor jurar en vano.
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SELENIA. Puesto que tengo que irme con mi madre,
quisiera, Lena Sira, que dejaras
a Gimnasia quedarse aquí tres días
y que en mi ausencia guarde ella la casa.
LENA SIRA. Aunque con eso me haces la puñeta
y lograrás que pierda una fortuna,
que se quede.
SELENIA. ¡Qué buena eres conmigo!
Y tú, amiga Gimnasia, si viniera
Alcesimarco por aquí algún día,
no le hables con dureza, que, aunque él
se haya comportado así conmigo,
aún le quiero y está en mi corazón.
Trátale con dulzura y no le digas,
por favor, nada que le pueda herir.
Aquí tienes las llaves: cualquier cosa
que necesites,cógela. Ahora debo marchar.
GIMNASIA. ¡Mira qué lagrimones se me saltan!
SELENIA. Adiós, Gimnasia.
GIMNASIA. Arréglate un poquito.
SELENIA. Mi mala suerte debe reflejarse
en lo desaliñado de mi aspecto.
LENA SIRA. Por lo menos, recógete ese manto.
SELENIA. Deja que arrastre como yo me arrastro.
GIMNASIA. ¡Adiós, cuídate mucho!
SELENIA. ¡Bien querría, si pudiera!
(Entre sollozos sale de escena por el lateral derecho del espectador)
GIMNASIA. ¡Por Cástor, que hoy he visto lo que es
estar enamorada!
LENA SIRA. Pues por eso
yo siempre te machaco las orejas
con que no te enamores. Anda,entra.
GIMNASIA. ¿Quieres algo de mí?
LENA SIRA. Que sigas bien,
y que dejes el cántaro del vino
aquí afuera.
GIMNASIA. Que sigas buena, madre.
(Entra en casa de Selenia)
ESCENA SEGUNDA
(Lena Sira)
LENA SIRA. Me pasa a mí lo mismo que les pasa
a casi todas las que somos putas:
en cuanto que cargamos la barriga
hablamos sin parar más de la cuenta.
Ahora que estoy repleta de la flor
del dios Líber, mi lengua se libera
sin que yo sea capaz de sujetarla
y no puede dejaros de contar
lo que sería mejor que me callara:
A esa infeliz que se marchó llorando
la recogí cuando era pequeñita
del callejón en que la habían expuesto.
La cogí y se la di como regalo
a cierta meretriz amiga mía
que andaba loca con que le buscara
algún recién nacido, niño o niña,
para hacerlo pasar por hijo suyo;
tenía ella un amante forastero
al que quería endosarle la criatura.
Así es que, en cuanto le entregué la niña,
la parió ella sin ningún dolor
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y sin necesidad de comadrona,
no como paren otras, que parece
que les guste pasar un rato malo.
Sólo nosotras dos sabemos esto:
la menda, que la niña le entregó,
y aquella que de mí la recibió.
Y ahora también vosotros lo sabéis.
Así es la historia y, por si os fuera útil
para enteraros bien de esta comedia,
quiero que no olvidéis lo que he contado.
(Un trueno repentino atruena el espacio)
Yo me voy a mi casa, que parece
que esto se está nublando.
(Por el lateral izquierdo sale de escena la Lena Sira)
ESCENA TERCERA
(Dios Auxilio)
(Aparece en medio de fuerte aparato eléctrico)
DIOS AUXILIO. ¡Si será charlatana y borrachuza
la vieja del demonio! ¡Un poco más
y deja al dios sin nada que decir!
¡Anda que no se dio prisa en contar
lo de la niña expuesta y recogida!
Pues, si se hubiera estado calladita,
yo, como dios que soy, lo habría contado
con mayor claridad y precisión.
¡Ah! Mi nombre es Auxilio: dios Auxilio.
Y atención, que ahora os voy a explicar el argumento:
Para los festejos que por las Dionisias
en Sición había, de esto ya hace años,
llegó un mercader venido de Lemnos.
Y este mercader, estando borracho,
de noche cerrada, violó a una muchacha.
Cuando se dio cuenta de lo que había hecho
el violador puso tierra de por medio
y a Lemnos volvióse, el muy trapacero.
Pasaron diez meses y la muchachita
que fuera violada parió una niñita.
Como no sabía quién era el autor
de la fechoría, a un siervo de casa
le cuenta el suceso y a la niña entrega
para que la exponga a una muerte cierta.
El siervo la deja en una calleja.
La vieja de antes coge a la criatura;
el siervo la observa, la sigue a escondidas
y averigua a dónde la vieja se lleva a la niña.
Ya os confesó ella que esa criaturita
se la entregó luego a una meretriz
llamada Melénide, que como hija propia
educó a la niña bien y castamente.
En tanto el de Lemnos tomó por esposa
a una prima suya. Llegado su día
muriose la prima, dando a su marido
cumplida alegría. Hecho el funeral,
se volvió el de Lemnos otra vez acá
y se fue a casar con la misma joven
que, cuando era virgen, él había violado.
Confesó él su crimen y ella le espetó
que, a resultas de ello, ella había parido
una linda niña que entregó a un esclavo
para ser expuesta en una calleja.
El padre al instante ordena al esclavo
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que busque a la vieja que cogió a la niña.
Y en ésas estamos: el buen Lampadión,
esclavo aplicado, no para buscando
a la meretriz que en tiempos cogió a la niñita.
Vosotros veréis la historia que sigue.
Por ahí va a entrar ahora Alcesimarco.
¡Qué bello es el amor si es compartido...!
Pero así son las cosas de los hombres:
nada es perpetuo y todo tiene fin.
Que sigáis bien y os guste la comedia.
(Nuevos truenos acompañan la salida de escena del dios Auxilio)
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ACTO II
ESCENA PRIMERA (Alcesimarco)
(Entra con gesto doliente y recita en tono arrebatado)
ALCESIMARCO. Debió de ser Amor el que enseñó
a los hombres el arte del verdugo;
y de esta conjetura pruebas tuvo
el que en su propia carne lo sufrió.
(Sale de casa Gimnasia, sin que Alcesimarco se percate aún de ello)
El Amor me escarnece y me maltrata,
me agita en su turbión embravecido
mientras mi corazón desfallecido
amarrado a su rueda se desgarra.
GIMNASIA. (Se pone a recitar el soneto CXXVI de Lope de Vega)
Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso.
ALCESIMARCO. Tengo mi mente tan sombría y turbada
y tantos sentimientos encontrados
se agolpan a la vez en mis entrañas,
que sólo sé que donde estoy, no estoy,
y allí donde no estoy se me va el alma.
GIMNASIA. No hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso.
ALCESIMARCO. El Amor me persigue y me da caza,
me rapta, me retiene y me seduce,
me da con abundancia y al instante,
burlándose de mí, me lo arrebata.
GIMNASIA. Huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor suave,
olvidar el provecho, amar el daño.
ALCESIMARCO. Sobre mi corazón enamorado
cual mar tempestuoso el Amor cae
y a punto estoy de perecer ahogado
en el abismo negro al que me atrae.
GIMNASIA. (Recitando ahora para Alcesimarco)
Creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño,
esto es amor: quien lo probó lo sabe.
ALCESIMARCO. (Que por fin ha advertido la presencia de Gimnasia)
¿Qué haces tú aquí?
GIMNASIA. Respóndeme primero
qué haces tú que no estás con tu Selenia.
ALCESIMARCO. ¡Ay, Gimnasia! Mi padre me retuvo
los últimos seis días en la finca,
sin permitirme ver a mi Selenia.
GIMNASIA. ¡Y tú lo has consentido, alma de cántaro!
ALCESIMARCO. ¿No es bien triste mi historia? Se ha empeñado
mi padre en que me case con la hija
de Demifón.
GIMNASIA. Pues tú verás qué haces.
ALCESIMARCO. Seguir agonizando sin morir.
GIMNASIA. ¿Y crees que ella no sufre con tu ausencia?
ALCESIMARCO. Y yo tengo la culpa... ¿Querrías tú
realizar una hazaña memorable?
GIMNASIA. Otras habrá que quieran hacer eso:
no aspiro a ser tenida por valiente.
ALCESIMARCO. Me harías un gran favor...
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GIMNASIA. ¿De qué se trata?
ALCESIMARCO. De que me eches insultos a mansalva.
GIMNASIA. ¿Y eso por qué?
ALCESIMARCO. Porque aún sigo con vida,
estando separado de mi amada.
GIMNASIA. Me va a costar bien poco el insultarte,
por Pólux, si tú quieres.
ALCESIMARCO. Eso quiero.
GIMNASIA. ¿Y no te enfadarás cuando te insulte?
ALCESIMARCO. No lo haré.
GIMNASIA. ¿Me lo juras?
ALCESIMARCO. Te lo juro.
Empiezo yo: ¡No soy más que basura,
porque he podido estar sin mi Selenia!
GIMNASIA. Por Hércules, de acuerdo, ¡eres basura!
ALCESIMARCO. ¡Soy un perdido!
GIMNASIA. ¡Eres un perdido!
ALCESIMARCO. ¡Con lo que me quería...!
GIMNASIA. ¡Desgraciado!
ALCESIMARCO. ¡Y yo a ella también!
GIMNASIA. ¡A garrotazos
debería molerte el espinazo!
ALCESIMARCO. ¡Le partí el corazón!
GIMNASIA. ¡Traidor, canalla!
ALCESIMARCO. ¡Nos habíamos jurado amor eterno!
GIMNASIA. ¡Que te olviden los dioses y los hombres!
ALCESIMARCO. ¡Conmigo iba a casarse y a pasar
su vida junto a mí!
GIMNASIA. ¡A una cadena
te ataba para el resto de tu vida!
ALCESIMARCO. ¡Ella confiaba en mí y en mi lealtad!
GIMNASIA. ¡Morir a latigazos deberías!
ALCESIMARCO. 'Dulce vidita suya' me llamaba
y 'su tierno besito' me decía!
GIMNASIA. ¡Diez veces la horca al cuello merecías!
ALCESIMARCO. ¡Y yo estaría contento si me ahorcasen!
Pero dime, Gimnasia, ¿qué he de hacer?
GIMNASIA. Te lo voy a decir: ¡ahórcate tú!
Quizás, ahorcándote, ella te perdone.
ALCESIMARCO. Tú crees que si me ahorco...
GIMNASIA. ¡Estoy segura!
ALCESIMARCO. Pero, no tengo soga.
GIMNASIA. Si te vale mi estola...
ALCESIMARCO. ¿Con una estola quieres que me ahorque?
GIMNASIA. ¿Qué más da? Lo que importa es ahorcarse,
a ver si así Selenia te perdona.
ALCESIMARCO. ¿Y no sería mejor irme a la guerra?
GIMNASIA. ¿A la guerra? ¿Por qué?
ALCESIMARCO. Sería un miles amator...
GIMNASIA. ¡Y, además, stultíssimus! ¿No ves
que allí pueden matarte tontamente?
ALCESIMARCO. ¿Y qué más da, si tras la muerte sigo
enamorado?
GIMNASIA. ¡Estás para encerrarte!
ALCESIMARCO. ¡Si pudiera meterme en una cárcel
de amor, días y noches, con mi amada,
nadie nos sacaría sino es muertos!
GIMNASIA. ¡Y dale con dale con la muerte y con los muertos!
ALCESIMARCO. ¡Nunca nadie amó así como yo amo!
GIMNASIA. Pues para amar de forma tan estúpida,
mejor, Alcesimarco, es que no ames.
ALCESIMARCO. Hablas como una vieja.
GIMNASIA. Y tú estás loco.
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ALCESIMARCO. (Perdiendo por momentos el poco seso que le queda)
Y mi esclavo Tinisco, ¿dónde está?
GIMNASIA. Pregunta por Tinisco. Voy a seguirle el juego.
ALCESIMARCO. ¡Tinisco!, ¿Dónde estás?
GIMNASIA. (Que se ha remangado las faldas y colocado una máscara de esclavo)
Aquí me tienes.
ALCESIMARCO. Vete y me traes las armas.
GIMNASIA. ¿Qué armas quieres?
ALCESIMARCO. ¡Mis armas! La armadura...
GIMNASIA. ¿La armadura?
ALCESIMARCO. ¡Sí, hombre, sí, con el casco y con las grebas!
GIMNASIA. ¿Y qué más?
ALCESIMARCO. No te olvides del caballo.
¡Venga, corre a por él!
GIMNASIA. Se ha vuelto loco.
ALCESIMARCO. Y soldados con lanza, tráeme muchos;
pero que muchos, muchos y más muchos.
¡De infantería ligera tráeme más!
GIMNASIA. (Quitándosela careta para volver a su personaje)
Está como una cabra.
ALCESIMARCO. ¡Eh, Tinisco!
¡Basta de súplicas! ¿A dónde están
las cosas que he ordenado que me traigas?
GIMNASIA. ¿El casco, la armadura, los infantes...?
ALCESIMARCO. ¿De qué me estás hablando? ¿Y Tinisco?
GIMNASIA. Sólo está en tu cabeza. Le pedías
tu armadura, el caballo, tropas, armas...
ALCESIMARCO. ¿Qué yo he pedido eso? ¡Vamos anda!
GIMNASIA. Estarías delirando, o soñando despierto...
ALCESIMARCO. Pues no sé, porque yo he estado ausente.
GIMNASIA. ¿Estabas y no estabas? ¡Eres mago!
ALCESIMARCO. Estoy enamorado...
GIMNASIA. ¡No volvamos!
Ya me ha quedado claro que el Amor
te ha clavado su dardo envenenado.
Por eso quiero darte un buen consejo.
ALCESIMARCO. Acepto ese consejo que me ofreces.
GIMNASIA. Con el Amor jamás entres en guerra.
ALCESIMARCO. ¿Y qué he de hacer?
GIMNASIA. Irás hasta la casa
de Selenia y allí te excusarás;
jurarás a su madre que jamás
volverás a dejar a tu Selenia;
rogarás suplicando con dulzura
para poder ganarte su perdón.
ALCESIMARCO. Voy a pedir, por Hércules, excusas,
voy a rogar, jurar y suplicar
hasta quedarme ronca la garganta.
Adiós, Gimnasia.
GIMNASIA. Adiós. Que tengas suerte.
(Sale por el lateral derecho, mientras se le oye gritar)
ALCESIMARCO. ¡Selenia! ¡Mi Selenia! ¡Selenita!
GIMNASIA. ¿Será el amor así? Mi madre siempre dice
que no me fe de él, porque el Amor
es un niño malévolo y perverso.
¡Y a la vez tan hermoso...! Ay, en fin...
daré una vueltecita por el barrio,
parece muy tranquilo; a ver si encuentro a alguien.
(Sale Gimnasia por el lateral derecho)
11
ESCENA SEGUNDA
(El Padre de Alcesimarco, Gimnasia)
(Desde el lateral izquierdo entra el viejo jadeando por la rápida andadura)
EL PADRE. ¡Alcesimarco! ¡Hijo! Me descuido un momento
y el cabrito de niño se me escapa volando.
Detrás de él he venido - ¡si lo pillo, lo mato! –
como un galgo corriendo de mi finca hasta aquí,
que a puntito ha estado de que me diera algo.
Me dijeron que el mozo, en cuantito que pudo,
con 'las de Villadiego' se volvió para acá.
Y aquí viene su padre a impedir un desastre,
porque este mal nacido me la quiere jugar.
¡Bien le había advertido, por activa y pasiva,
que lo de esa putita se tenía que acabar!
Una canita al aire, no digo que no echara:
para echar un casquete valen esas mujeres;
pero de eso a que pierda una inmensa fortuna
despreciando una dote sustanciosa y feraz...
¡Pues que no, que eso nunca lo voy yo a tolerar!
Con lo rica que es -y lo rica que está
la heredera que yo...
(Gimnasia vuelve a escena sin ver al viejo; éste se relame al verla)
¡Vaya una mujercita más bien puesta!
¡Y qué maja que está la puñetera!
Me está haciendo 'tilín', aún a mis años...
Aunque ya soy un viejo percherón,
sería capaz, si a solas la cogiera,
de echarle un buen relincho a esa potrilla.
GIMNASIA. (En aparte)
¡No me he encontrado un alma por las calles!
Menuda suerte tuve que volviera
a pasar ese joven por aquí,
pues a nadie conozco que le guste
menos que a mí pasarme el día a solas.
EL PADRE. (En aparte)
Llámame a mí y no estarás tan sola,
que quiero hacer contigo una cosita,
para que no te aburras, vida mía.
GIMNASIA. ¡Qué bellamente aparejó esta casa
y qué bien la ha arreglado Alcesimarco!
EL PADRE. ¡Cómo me gusta que se acerque Venus!
Amar siempre es hermoso.
GIMNASIA. Toda la casa exhala puro amor,
porque un enamorado la adornó.
EL PADRE. ¡Por Hércules, no sólo es un encanto,
sino que hasta se expresa con salero.
Pero, ahora que lo pienso, me parece
que ésta pudiera ser la pelandusca
que ha engatusado al tonto de mi hijo;
me lo figuro, porque a la tal prenda
nunca la vi, pero sí estoy seguro
que esa es la casa que alquiló mi hijo;
también me lo está dando en la nariz
desde que ésta ha nombrado a Alcesimarco.
¿Me acerco a ella y le digo cuatro cosas?
(Se encara con Gimnasia)
¡Buenos días, perdición de los hombres
y hechicera de males y de ruinas!
GIMNASIA. Con ganas de pelea viene el viejo.
EL PADRE. Quiero tener contigo unas palabras.
GIMNASIA. Haría falta saber si a mí también
me apetece charlar con un abuelo.
12
EL PADRE. Si sacaras de ello algún provecho...
GIMNASIA. ¿Provecho yo, de un saco de pellejos?
EL PADRE. ¿Y a ti qué más te da, si te dedicas
a sacar beneficio haciendo el mal.
GIMNASIA. Me parece que vas descaminado.
Llévate el mal por donde lo has traído,
que a mí sólo me gustan cosas buenas.
EL PADRE. Lo bueno para ti, y a los demás...
GIMNASIA. Voy adentro, porque a una meretriz
no le conviene estar sola en la calle
como si fuera una vulgar ramera.
EL PADRE. Espérate un momento.
GIMNASIA. ¿Qué me quieres?
EL PADRE. Quiero saber de ti qué es lo que ha hecho,
sea lo que sea, mi hijo. Y además
quisiera yo saber si te hice yo,
o alguno de los míos, algún mal.
Dime por qué razón la has tomado conmigo,
con mi hijo, con su madre y con mi hacienda.
¿Por qué te has empeñado en arruinarme?
GIMNASIA. (A los espectadores)
Lo que decía: el viejo se equivoca.
Buena ocasión para tomarle el pelo.
(Se dirige al Padre, afectando un tono digno y ofendido)
¿Cómo puedes hablar de esa manera
a una pobre inocente?
EL PADRE. Vamos, dime,
¿no tienes más amantes que mi hijo?
GIMNASIA. A tu hijo sólo amo y él es mi único amante.
EL PADRE. Pues yo me creo que hay otros que te aman.
GIMNASIA. ¿Cómo te atreves...?
EL PADRE. Yo también te amo.
GIMNASIA. Amantes como tú no me interesan:
sólo me causan pérdidas.
EL PADRE. ¿De pérdidas me hablas, cuando aquí
el que ha perdido siempre he sido yo?
GIMNASIA. Ya me dirás qué gano yo contigo.
EL PADRE. ¿Qué tal si nos buscamos quien nos tase
pérdidas y ganancias a cada uno?
GIMNASIA. Poner tasa al amor es violentarlo.
EL PADRE. No, si hay en el amor ganancia y pérdida.
GIMNASIA. ¿Siempre sois los vejetes tan graciosos,
y a la vez tan fenicios, negociando?
EL PADRE. Se trata de saber cuánto dinero
me va a costar que dejes a mi hijo.
GIMNASIA. El verdadero amor no tiene precio.
ESCENA TERCERA
(Lena Sira, El Padre de Alcesimarco, Gimnasia)
LENA SIRA. (Entra a escena hablando consigo misma)
Ya se me ha despejado la cabeza:
la siestecita me ha venido bien;
sólo, que se me ha abierto el apetito
y tengo otra vez ganas de beber.
EL PADRE. ¡Qué bocanada de aire 'mostulento'
y qué olor a vinacho me ha llegado!
LENA SIRA. (A Gimnasia)
¿Qué haces aquí tú en medio de la calle?
¿Te parece decente estar dando palique
a todos los que pasan?
GIMNASIA. Hablaba de negocios con el viejo.
EL PADRE. ¿Y quién es esta vieja entrometida?
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LENA SIRA. Lena Sira me llaman: soy la representante,
además de la madre de la niña;
de los negocios de ésta, yo me ocupo.
EL PADRE. Le decía yo a la niña que cuánto iba a costarme
que dejara a mi hijo Alcesimarco.
LENA SIRA. ¿A... Alcesimarco? ¡Niña, vete adentro!
GIMNASIA. Madre, ¿no pensarás...?
LENA SIRA. ¿No te ibas ya? ¡Pues aligera el paso!
GIMNASIA. (Entrando en la casa con mucho contoneo)
Me han entrenado más para la cama:
en las carreras soy un poco lenta.
EL PADRE. Tiene gracia la niña.
LENA SIRA. Vale mucho.
Y no es como esas otras muertas de hambre,
petardas paliduchas, que van por ahí
como pobres amantes calentonas,
esqueletos andantes de a dos perras el polvo,
espectros perfumados de perfume barato,
los talones roñosos, con unas pernezuelas
delgaduchas...
EL PADRE. ¡Bueno está! ¿Y qué vale el asunto?
Con diez minas habría más que de sobra...
LENA SIRA. ¿Quieres que te responda?
EL PADRE. Eso quisiera.
LENA SIRA. Me ofendes.
A mi me corresponde por mi oficio
adelantar la oferta, estipular el trato,
y no prometer nada hasta cerrarlo.
EL PADRE. Siempre que lo que pidas sea de acuerdo
a mis pobres recursos...
LENA SIRA. Treinta minas.
EL PADRE. ¡Eso es un capital!
LENA SIRA. Tengo entendido
que pretendes casar a Alcesimarco
con la hija del rico Demifón.
Corrígeme si en algo me equivoco.
EL PADRE. En quince cerraríamos el trato.
LENA SIRA. Veinticinco te va a costar la boda.
EL PADRE. No habría discusión en diecisiete.
LENA SIRA. Diecisiete y tres más hacen las veinte.
Podrás casar por veinte a Alcesimarco.
EL PADRE. ¡Me dejas en la ruina!
LENA SIRA. No exageres,
que vas a hacer conmigo un buen negocio.
¿Me darás veinte minas?
EL PADRE. Las daré.
LENA SIRA. Trato hecho.
Date prisita en ir a por los cuartos;
no me demores mucho el desembolso,
que todavía me puedo arrepentir.
Y no pases cuidado por tu chico:
si vuelve por aquí, lo esterilizo.
EL PADRE. (Saliendo de escena por el lateral derecho)
¡Que los dioses me pierdan!
LENA SIRA. Que te pierdan
cuando sueltes lo que hemos acordado.
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ACTO III
ESCENA PRIMERA
(Lena Sira, Lampadión)
LENA SIRA. ¡Mísero mundo éste y perra vida,
en que jamás sabemos los humanos
de qué lado nos vienen los porrazos
o por cuáles oscuros andurriales
nos juega la Fortuna al escondite!
Ese bobo que acaba de marchar
nunca se imaginó que vendría aquí
a perder tontamente veinte minas.
(Mientras se desternilla de risa, entra a escena Lampadión)
Tampoco yo supuse que iba a darme
de bruces con un chollo semejante ...
LAMPADIÓN. Por lo que veo, la vida te sonríe.
LENA SIRA. Ofendería a los dioses si dijera
que me van mal las cosas; pero, dime,
¿con quién tengo el placer de estar hablando?
¿Eres libre, o esclavo?
LAMPADIÓN. No conoces
a aquel que te está hablando, pero él
se acuerda bien de ti.
LENA SIRA. No tengo tiempo
de andar con acertijos; si algo quieres,
me lo dices y en paz.
LAMPADIÓN. Una noche de luna, hace ya años,
no lejos del hipódromo, ibas tú...
LENA SIRA. Como para acordarse, al cabo de los años...
LAMPADIÓN. Sí que recordarás que te encontraste,
al doblar un oscuro callejón...
LENA SIRA. Si estaba tan oscuro...
LAMPADIÓN. Una cestita...
LENA SIRA. No me acuerdo siquiera de lo que ayer cené...
Ando un poco senil; ya la cabeza...
LAMPADIÓN. Dentro de la cestita había una niña...
LENA SIRA. Ni la menor idea. ¡Vaya sorpresa!
LAMPADIÓN. Era hija de mi ama...
LENA SIRA. ¡Menudo folletín!
LAMPADIÓN. Tú cogiste a la niña. Te seguí.
LENA SIRA. Otro día me lo acabas de contar;
tengo cosas que hacer.
LAMPADIÓN. Iré contigo.
LENA SIRA. ¡Que me dejes en paz!
LAMPADIÓN. Cuando me digas lo que quiero saber.
LENA SIRA. ¡Que no sé nada!
LAMPADIÓN. ¡Te vi coger la niña!
LENA SIRA. ¿Y si así fuera?
LAMPADIÓN. Tendrás que devolverla.
LENA SIRA. ¡No la tengo!
LAMPADIÓN. ¡La llevaste a tu casa!
(Van saliendo de escena por la izquierda mientras fuera sus gritos se mezclan con los de los personajes
que se acercan a escena por la derecha)
LENA SIRA. ¡Se murió!
LAMPADIÓN. ¡Me mientes!
LENA SIRA. ¡Te lo juro!
LAMPADIÓN. Si dices la verdad...
LENA SIRA. ¿Qué me darás?
(Sus voces se pierden tras la escena)
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ESCENA SEGUNDA
(Selenia, Alcesimarco, Melénide, Gimnasia)
SELENIA. ¡Y yo digo que no!
ALCESIMARCO. ¡Dime que sí!
MELÉNIDE. ¡Te está diciendo no!
ALCESIMARCO.¡Pero la quiero!
MELÉNIDE. ¡Ella a ti no!
(Entra Selenia seguida de Alcesimarco y tras ellos Melénide)
SELENIA. ¿Me dejarás en paz?
¡Que me estás molestando!
ALCESIMARCO. Vida mía,
la casa está muy triste sin su amita.
¡Deja que yo te lleve a nuestro nido!
SELENIA. ¡Quita de ahí esa mano, estoy diciendo!
ALCESIMARCO. ¡Mi amor, mi dulce amor, mi hermanita!
SELENIA. ¡No quiero ser tu amor, ni tu hermanita!
ALCESIMARCO. (A Melénide)
¡Pues entonces, sé tú mi madrecita!
MELÉNIDE. ¡Tampoco yo te quiero por hijito!
ALCESIMARCO. (A Selenia)
¡Quiéreme, por favor!
SELENIA. ¡Adiós!
GIMNASIA. (Saliendo de la casa)
¡Selenia!
SELENIA. (Arrojándose a sus brazos)
¡Gimnasia!
ALCESIMARCO. (A Gimnasia)
¡Dile lo que yo la quiero!
GIMNASIA. Que dice que te quiere.
SELENIA. No me importa.
GIMNASIA. (A Alcesimarco)
Que no le importas nada.
ALCESIMARCO. Ella a mí sí.
GIMNASIA. Que dice que le importas.
SELENIA. ¡Y un pimiento!
GIMNASIA. Que dice que un pimiento.
SELENIA. (A Gimnasia)
¡Vámonos!
ALCESIMARCO. (Cogiéndola del brazo para evitar su mutis)
¡Perdóname!
SELENIA. ¡Me estás haciendo daño!
ALCESIMARCO. Déjame que te diga...
MELÉNIDE. ¡No te quiere escuchar!
¡Bastante me la hiciste ya sufrir
con tus perjurios!
ALCESIMARCO. ¡Ahora le soy sincero!
MELÉNIDE. Aunque eso fuera así, ya no es posible.
ALCESIMARCO. ¡Os pagaré con creces lo que os hice!
SELENIA. No quiero recibir nada de ti.
ALCESIMARCO. Lo merezco: ningún derecho tengo
a esperar tu perdón...
SELENIA. No me interesa
oír a quien rompió sus juramentos.
Gimnasia, vámonos.
GIMNASIA. Como tú quieras.
(Salen Selenia y Gimnasia; Melénide corta el paso a Alcesimarco)
ESCENA TERCERA
(Melénide, Alcesimarco)
MELÉNIDE. ¿Podrías dejar ya de molestarnos?
ALCESIMARCO. 'Molestón' es mi nombre.
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MELÉNIDE. Te ruego que me dejes.
ALCESIMARCO. Yo te juro...
MELÉNIDE. No creo en tus juramentos:
juramentos de amante nada valen.
ALCESIMARCO. No me tomas en serio...
MELÉNIDE. Tú te has buscado a otra.
ALCESIMARCO. Me la buscó mi padre.
MELÉNIDE. Y tú la has aceptado.
ALCESIMARCO. ¡Que los dioses y diosas la desgracien
y a mí jamás me vuelvan a creer
si en esto estoy mintiendo!
MELÉNIDE. Se acabó:
no puedes engañarme y, si pudieras,
jamás engañarías a los dioses.
ALCESIMARCO. ¡Pero voy a casarme con Selenia!
MELÉNIDE. Te casarás con ella si los dioses lo quieren.
Ahora, si me permites...
ALCESIMARCO. La he cubierto de joyas y vestidos.
MELÉNIDE. La cubriste, eso es cierto,
y ella se entregó a ti como querías.
ALCESIMARCO. Sí que me dio su más preciado bien;
y yo también la amé más que a mi vida.
MELÉNIDE. Y si tanto la amabas, ¿por qué la abandonaste?
ALCESIMARCO. No tuve más remedio.
MELÉNIDE. De nosotras te burlas porque estás
prometido con esa ricachona
que ha venido de Lemnos: que te luzca.
No somos, como tú, de clase alta,
ni en fortuna podemos compararnos,
pero a nosotras nadie nos dirá
que somos mentirosas ni perjuras.
Si alguna vez te ocurre una desgracia,
desde ahora sabrás por qué te ocurre.
ALCESIMARCO. ¡Que los dioses me maten...
MELÉNIDE. ¡Ojalá!
ALCESIMARCO. ...si alguna vez me caso con la prima
que mi padre me tiene destinada!
MELÉNIDE. Y a mí también, si alguna vez te diera
a mi hija por esposa.
ALCESIMARCO. ¿Y te da igual
que me vaya al infierno por perjuro?
MELÉNIDE. Lo mismito me da; mejor es eso
que dejar que te burles de mi hija.
Ve allí donde se crean tus juramentos:
con nosotras has roto la baraja.
ALCESIMARCO. Ponme otra vez a prueba, por favor.
MELÉNIDE. Muchas veces lo hice y me arrepiento.
ALCESIMARCO. ¡Devuélveme a Selenia!
MELÉNIDE. Me aplicaré el refrán:
"Lo que di, no quisiera haberlo dado;
lo que queda, lo tengo bien guardado."
ALCESIMARCO. Pero, entonces, ¿no vas a devolvérmela?
MELÉNIDE. Por mí está respondiendo tu pregunta.
ALCESIMARCO. ¿Y no vas a ceder?
MELÉNIDE. Desde hace tiempo sabes cuál es mi decisión.
ALCESIMARCO. ¿Te lo has pensado bien?
MELÉNIDE. Como que ni me acuerdo del asunto.
(Tapándose los oídos)
Por Pólux, tus palabras no entran ya en mis oídos.
ALCESIMARCO. ¿Ah, no? Ahora verás.
¡Que los dioses y diosas del cielo y del infierno
y hasta los semidioses de entremedio
y Juno, hija de Júpiter supremo,
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y el dios Saturno, que es su tío paterno...
MELÉNIDE. ¡Por Cástor, es su padre!
ALCESIMARCO. ...la opulenta Cibeles, que es su abuela... !
MELÉNIDE. ¡Querrás decir su madre!
ALCESIMARCO. Juno es la hija y Saturno es su tío y dios supremo.
¡Me distraes y por eso me equivoco!
MELÉNIDE. Sigue gritando: no te la daré.
ALCESIMARCO. ¡Pues entonces que Júpiter y Juno
y que Jano me... ! ¡No sé por dónde iba... !
Ah, sí; atiende bien, mujer, y entérate:
¡Oh, dioses todos, grandes y menudos,
incluidos los Lares patelarios,
que no vuelva a besar a mi Selenia
si hoy a ti y a tu hija no os degüello,
o a más tardar mañana, con el alba,
no me llevo a las dos yo por delante,
o si no, a la tercera acometida,
no os machaco a las dos a batacazos
si tú no me devuelves a Selenia!
Me he desahogado ya y ahora me voy.
(Sale por el lateral izquierdo)
MELÉNIDE. Se marchó enfurecido. ¿Qué haré?
Si Selenia se vuelve con él,
estaremos igual que al principio:
cuando el mozo se canse de ella,
la echará de la casa y traerá
como esposa a la prima de Lemnos.
Voy tras él, para ver si este loco
hace algún disparate, que luego,
ya se sabe, la ley no es igual
para el rico que para los pobres.
(Cuando va a ir tras Alcesimarco, ve que alguien llega por la derecha)
Y ahora, santo dios, ¿quién será éste
que viene a la carrera por la plaza
derechito hacia aquí? ¡Qué sobresaltos!
(Se retira hacia la izquierda para no ser vista por Lampadión, que desde el lateral derecho entra
corriendo)
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ACTO IV
ESCENA PRIMERA
Lampadión, Fanóstrata, Melénide
LAMPADIÓN. (A los espectadores)
Gritando por las calles perseguí
como un perro ladrándole a la vieja:
la muy jodida no soltaba prenda:
quería hacerme creer que estaba ida.
Y yo, venga a insistir y a prometer,
hasta que al fin se me ocurrió decirle
que le daría un cántaro de vino...
FANÓSTRATA. (Entrando desde el lateral derecho)
Desde casa venía diciendo yo
que la voz que había oído había de ser
la de mi esclavo, el buen Lampadioncito.
LAMPADIÓN. Y no estás sorda, mi ama: oíste bien.
FANÓSTRATA. ¿Alguna novedad?
LAMPADIÓN. Te va a encantar.
FANÓSTRATA. ¡Cuenta ya!
LAMPADIÓN. Hace sólo un ratito,
vi a una vieja que andaba por aquí...
FANÓSTRATA. ¿Era la misma que cogió a mi niña?
LAMPADIÓN. ¡Acertaste!
FANÓSTRATA. ¿Y qué más?
LAMPADIÓN. Voy y le suelto cómo desde el hipódromo la vi
recoger a la hija de mi ama.
Ella tembló.
MELÉNIDE. (En aparte)
Y a mí un escalofrío
me ha recorrido el cuerpo.
FANÓSTRATA. ¡Continúa,
que me tienes en ascuas!
MELÉNIDE. ¡Ojalá
no pudieras oír lo que ahora sigue!
LAMPADIÓN. La vieja a mis preguntas no responde:
se hace la loca.
FANÓSTRATA. ¿Y tú?
LAMPADIÓN. Yo la persigo
a voces por las calles: "¡Eh, tú, la de la niña!
¡Que robaste una niña! ¡Sí, sí, tú...!"
FANÓSTRATA. ¡Sigue contando, sigue!
LAMPADIÓN. Te resumo:
llegamos a su casa y allí estaba su hija.
FANÓSTRATA. ¿Quieres decir mi hija?
LAMPADIÓN. Espera un poco.
De sopetón me encaro con la chica
y le digo que aquella no es su madre.
Ella se echa a reír y yo le añado:
"A la puta miseria te condena
esta vieja, porque ella no es tu madre.
Yo volveré a llevarte con los tuyos;
te espera la opulencia: perteneces
a una noble y riquísima familia.
Más de veinte talentos te dará
tu padre como dote, y no tendrás
que ganarte la vida al modo etrusco,
alquilando tu cuerpo por tres perras."
FANÓSTRATA. ¿Quieres decir que es una meretriz
la que la recogió?
LAMPADIÓN. Lo fue en su tiempo.
Ya la mujer no está para esos trotes.
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Pero deja que cuente lo que sigue:
casi tenía a la chica convencida;
la vieja entonces se echa a sus rodillas
y le dice llorando que no la deje sola,
y a mí me jura por lo más sagrado
que era su hija y que ella la parió.
"La que tú buscas se la di a una amiga
que la ha criado como hijita suya."
FANÓSTRATA. ¡Salvadme, dioses!
MELÉNIDE. ¡Pero a mí me hundís!
FANÓSTRATA. ¿Le preguntaste el nombre de su amiga?
LAMPADIÓN. Le pregunté y me contestó diciendo
que se la dio a la meretriz Melénide.
MELÉNIDE. ¡Mi nombre ha pronunciado! ¡Estoy perdida!
LAMPADIÓN. De inmediato le digo: "¿Dónde vive?
Llévame hasta su casa." Ella contesta:
"Se marchó al extranjero."
MELÉNIDE. Un respiro me da.
LAMPADIÓN. "¡Me estás tomando el pelo!" digo yo.
"Dondequiera que esté, la buscaremos.
Dile adiós a la vida si, por Hércules,
no me llevas a casa de tu amiga."
Seguí con amenazas y porfías,
y venga 'Hércules sí y Hércules no',
hasta que al fin la vieja me juró
que me iba a decir dónde vivía.
FANÓSTRATA. ¿Y te lo ha dicho ya?
LAMPADIÓN. Todavía no.
FANÓSTRATA. ¿Y la dejaste ir?
LAMPADIÓN. La tengo controlada.
Ella me dijo que debía hablar antes
con otra que era muy amiga suya
y que tenía su parte en el negocio.
Sé que vendrá.
FANÓSTRATA. ¿Qué quieres que haga yo?
LAMPADIÓN. Vete a casa y estate allí tranquila.
Vuelvo corriendo yo donde la vieja.
FANÓSTRATA. Lampadión, por favor, resuélvelo.
LAMPADIÓN. Te lo traeré resuelto. Vete a casa.
FANÓSTRATA. De los dioses lo espero, y de ti.
LAMPADIÓN. De ellos espero yo que tú te vayas.
(Sale Fanóstrata; Lampadión va a iniciar el mutis cuando Melénide lo llama)
MELÉNIDE. ¡Eh, buen mozo, escúchame un momento!
LAMPADIÓN. ¿Es a mí?
MELÉNIDE. Sí, a ti.
LAMPADIÓN. ¿Y qué me quieres?
Estoy hasta los topes de trabajo.
MELÉNIDE. ¿Quién vive ahí?
LAMPADIÓN. Mi amo Demifón.
MELÉNIDE. ¿El que va a dar a su hija en matrimonio
al rico Alcesimarco?
LAMPADIÓN. Ese mismo.
LAMPADIÓN. Oye, tú, ¿y quién es esa otra hija
que andáis buscando ahora?
LAMPADIÓN. Te diré:
esa hija que buscamos no nació
de su esposa y es hija de su esposa.
MELÉNIDE. ¿Y eso qué significa?
LAMPADIÓN. Te lo explico:
Es la hija que a mi amo le nació
de su primera unión.
MELÉNIDE. Pues no lo entiendo:
cuando estabas hablando con tu ama
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le decías que buscabas a su hija.
LAMPADIÓN. Y a su hija estoy buscando.
MELÉNIDE. ¿Pero, entonces,
cómo va a ser tu ama la primera
y la actual esposa de tu amo?
LAMPADIÓN. Me machacas: la joven que mi amo
le dará en matrimonio a Alcesimarco
es hija de la esposa de entremedio.
Esa esposa murió. ¿Lo vas cogiendo?
MELÉNIDE. Hasta ahí lo he cogido; pero explica
ese galimatías que te traes:
¿cómo es que la primera es posterior
y la última mujer es la primera?
LAMPADIÓN. Antes de contraer primeras nupcias,
violó el amo a mi ama y la dejó preñada;
ella parió una niña y a mí me la entregó:
la expuse; la cogió otra mujer y yo la vi.
El amo se casó después con mi ama
y ahora andamos buscando a la criatura.
(Melénide, tocada por el relato y a punto de desfallecer, sube los ojos al cielo)
¿Qué haces mirando al cielo?
MELÉNIDE. Márchate adonde ibas.
No te entretengo más: ahora lo entiendo.
LAMPADIÓN. ¡Por Hércules, doy gracias a los dioses,
porque, de no entenderlo, me parece
que no me habría marchado en todo el día!
(Sale de escena por la izquierda)
MELÉNIDE. Todo se ha descubierto: aunque no quiera
será mucho mejor para las dos
ganar la gratitud de esa familia
antes que Lena Sira me denuncie.
Iré hasta casa y me traeré a Selenia
a fin de que ella vuelva con sus padres.
(Hace mutis por el lateral derecho)
ESCENA SEGUNDA
(Alcesimarco que, espada en mano, entra a escena desde el lateral izquierdo)
ALCESIMARCO. ¡Recibe junto a ti, oh muerte cruel,
a un amigo que siempre te ha querido!
(Dirige la espada a su pecho)
¿Me meteré la espada por aquí,
o me heriré por el costado izquierdo?
(Mira a ambos lados, como buscando a alguien con quien compartir su momento supremo)
¡Con este hierro que en la mano tengo
pondré yo fin a tanto sufrimiento!
¿Qué haces? ¿A qué esperas? ¡Abandona la vida!
(Vuelve a mirar buscando la llegada de otros personajes)
¡Ven a por mí, ven ya, muerte feroz,
y pon fin a un tormento tan atroz!
(Mirando impaciente a los lados del escenario)
¡Reino de sombras, Hades espantoso,
acógeme en tu seno tenebroso!
(Baja la espada, pero sigue recitando en el mismo tono lúgubre y entregado)
¡El texto se me acaba y no es cuestión
de a solas resolver la situación!
(Desistiendo de su interpretación, se dirige al público)
Unas chapuceras son mis compañeras.
¡Porque yo he salido cuando me tocaba!
Debían estar aquí para mi muerte
y andarán por ahí cotilleando.
¡Me hacen siempre la misma! ¡Me han jodido la escena!
Ya les vale que dan con un profesional.
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Me vuelvo adentro mientras que ellas llegan.
(Con mucha dignidad hace mutis hacia la izquierda)
ESCENA TERCERA
(Melénide, Selenia, Halisca entran desde el lateral derecho; Melénide trae con ella una cestita)
MELÉNIDE. De rabo a cabo te conté el asunto.
Separarme de ti me duele mucho,
pero, a pesar de todo mi cariño,
debo hacerme a la idea de perderte
y mirar por tu propio beneficio.
¿Querrás venir conmigo, mi Selenia,
para que yo te lleve con los tuyos?
SELENIA. Te quiero más que si mi madre fueras.
¡No podré soportarlo!
MELÉNIDE. No llores, hija mía.
Dentro de esta cestita encontrarás
el collarcito que traías al cuello.
Con él venías tú cuando te trajo,
tan pequeñita, a mí la Lena Sira;
en cuanto se lo muestres a tus padres
podrán reconocerte fácilmente.
Cógete tú, Halisca, la cestita;
llama a su puerta y diles de mi parte
que salga alguien de dentro.
HALISCA. Sí, señora.
(Cuando Halisca va a dirigirse al lateral derecho, entra por la izquierda, de nuevo espada en mano, Alcesi-
marco; del susto se le cae a Halisca al suelo la cestita)
ALCESIMARCO. ¡Recibe junto a ti, oh muerte cruel,
a un amigo que siempre te ha querido!
SELENIA. (Señalando a Alcesimarco)
¡Madre, estamos perdidas!
MELÉNIDE. ¿Qué te pasa?
ALCESIMARCO. ¿Me meteré la espada por aquí,
o me heriré por el costado izquierdo?
SELENIA. ¿No ves a Alcesimarco con la espada?
ALCESIMARCO. ¡Con este hierro que en la mano tengo
pondré yo fin a tanto sufrimiento!
SELENIA. ¡Por favor, ayudadme, que se mata!
ALCESIMARCO. ¿Qué haces? ¿A qué esperas? ¡Abandona la vida!
(Viendo por fin a Selenia, se abraza a ella)
¡Salvación mía, mucho más benéfica
para mí que la diosa Salvación,
lo quiera o no, tú sola harás que viva!
MELÉNIDE. ¿No ibas a hacerlo en serio? ¿A que no?
ALCESIMARCO. ¡Tú ni me hables! He muerto para ti.
(Abrazándose más estrechamente con Selenia)
Pero seguro que a ésta no la suelto,
pues, por Hércules, tengo decidido
pegarla y adosarla toda a mí.
(Con una mirada de reproche hacia Melénide, entra en la casa muy amartelado con Selenia)
MELÉNIDE. ¡Se fue, se la llevó! Halisca, vamos dentro
a contárselo todo, a ver si así
soy capaz de amansarlo.
HALISCA. Sí, señora.
(Las dos mujeres se meten en la casa; la cestita queda ante la puerta)
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ACTO V
ESCENA PRIMERA
(Lampadión, Fanóstrata entrando a escena desde el lateral derecho)
LAMPADIÓN. ¡No recuerdo haber'visto jamás
a una vieja más bruja que aquella!
Ahora niega lo que antes juró.
¡Que me maten si dejo que esa...!
(Viendo la cestilla)
¿Qué hace aquí esta cestita en el suelo?
Y en la calle no veo ni un alma.
(Recogiendo la cesta del suelo)
¿No será de la casa la cesta?
FANÓSTRATA. (Fijándose en la cesta)
¡Santos dioses, venid a ayudarme!
LAMPADIÓN. ¿A los dioses imploras?
FANÓSTRATA. ¡La cesta!
¡Esa cesta es igual que aquella otra
en que tú te llevaste a la niña!
LAMPADIÓN. Mira a ver...
que de cestas iguales hay muchas; ya se sabe:
el que hace un canasto, hace cien.
FANÓSTRATA. ¡Es su cesta!
Y aún conserva los mismos lacitos
con que yo la adorné.
LAMPADIÓN. Si eso mismo
cualquier otra mujer lo jurara,
le diría que estaba borracha.
FANÓSTRATA. ¡Lo recuerdo muy bien: es la suya!
LAMPADIÓN. ¿Y de dónde salió la cestita,
o qué dios la dejó justamente
en el sitio oportuno y ante nuestra narices?
(Se abre la puerta de la casa de Selenia y de ella, con mucho misterio, sale Halisca) FANÓSTRATA.
¡Santa diosa Esperanza, socórreme!
(Fanóstrata y Lampadión se retiran hacia la izquierda con la cestita, que queda cubierta por el manto de
Fanóstrata)
ESCENA SEGUNDA
(Halisca, Lampadión, Fanóstrata)
HALISCA. Si los dioses no me ayudan,
me parece que la cesta no aparece.
Como soy tan despistada,
si mi ama se enterara,
tengo miedo que mi espalda se resienta.
En la mano la tenía
y no puedo imaginar
dónde pudo ir a parar la cestita.
Espectadores queridos, buenos hombres,
¿no podríais indicarme
si alguien vio dónde cayó la cestita,
o, si alguien se la ha llevado,
si se marchó por aquí
o se fue por aquel lado?
Y si alguno de vosotros la cogió,
le pido que haga el favor de devolvérmela.
Pero, ¿qué hago molestando
y preguntando a unos hombres
que se alegran de lo malo
que nos pasa a las mujeres?
Me pondré yo a rebuscar
por si encuentro alguna huella,
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pues, si nadie la cogió,
la cestita estaría aquí,
y si la cesta no está
es que alguien la cogió.
Vamos a ello, Halisca:
vista a tierra, mira al suelo,
sigue la pista, ojo atento,
con astucia toma augurios
para sacar algo en limpio.
LAMPADIÓN. (Desde su aparte, señalando a Halisca)
¡Ama!
FANÓSTRATA. ¿Qué?
LAMPADIÓN. ¡La que perdió la cestita!
FANÓSTRATA. Ya lo sé.
HALISCA. El que haya sido,
ha pasado por aquí,
porque en el polvo se ve
la huella de su zapato;
voy a rastrear su rastro.
Aquí se junta con otro.
Aquí mis ojos se ofuscan:
se detienen; luego siguen para allá.
Aquí hubo una reunión;
eran dos, eso está claro.
Luego tiran para acá...
¡Y aquí se pierden las huellas!
(Halisca ha llegado justamente a los pies de Lampadión y Fanóstrata)
LAMPADIÓN. ¿No buscarás un zapato?
HALISCA. No, señor: una cestita que se ha volado de aquí.
LAMPADIÓN. Si la cestita volaba,
debieras haberla puesto en una jaula.
HALISCA. Pues no se me había ocurrido.
FANÓSTRATA. ¿Y que hay dentro de la cesta?
HALISCA. Una cosita.
LAMPADIÓN. Me figuro; no iba a haber
todo un rebaño de esclavos en la cesta.
FANÓSTRATA. Déjala que ella se explique.
¿Qué contiene la cestilla?
HALISCA. Un tesorito.
LAMPADIÓN. Pues aquí hay uno que sabe dónde está.
HALISCA. Aquí hay otra que estaría agradecida
si le dicen dónde está.
FANÓSTRATA. Pero el que lo sabe quiere
que le den una propina.
HALISCA. Y la que perdió la cesta
no tiene nada que darle.
LAMPADIÓN. (Acercándose a Halisca)
¿Y si , en lugar de dinero, ese hombre
prefiriera un buen servicio?
HALISCA. (Sugerente)
Por Pólux, esa mujer
siempre paga los favores que le hacen.
FANÓSTRATA. (Cortando el incipiente romance)
Ya nos has hecho un favor:
confesamos que tenemos la cestita.
HALISCA. ¡Que la Salud esté siempre con vosotros!
¿Y dónde está la cestita?
FANÓSTRATA. Está a salvo: yo la tengo.
HALISCA. Pues me haces el favor, buena señora,
de devolverla ya a su propietaria.
FANÓSTRATA. Tendrás que responderme a unas preguntas.
(De casa de Selenia sale Melénide)
HALISCA. Mejor será que te responda mi ama.
24
ESCENA TERCERA
Todos los personajes
MELÉNIDE. Halisca, ¿la cestita...?
HALISCA. ¡Se perdió!
(Señalando a Fanóstrata)
Pero la tiene ella.
FANÓSTRATA. Yo la tengo,
y quisiera saber con quién estoy hablando.
MELÉNIDE. Melénide me llamo. ¿Tú quién eres?
FANÓSTRATA. ¡Santo dios!
LAMPADIÓN. ¡Dioses santos!
FANÓSTRATA. ¡Has pronunciado el nombre de Melénide!
MELÉNIDE. Mi nombre he pronunciado y la cestita
a mí me pertenece.
LAMPADIÓN. ¡Mentirosa! ¡Esa cestita pertenece a mi ama!
(Llegan Lena Sira y Gimnasia, perseguidas por el Padre de Alcesimarco)
EL PADRE. ¡Mentirosas, farsantes, fuleras!
¡Veinte minas me queríais sacar!
¡Veinte minas pedían para que ésta
me dejara a mi chico en paz,
y ahora van y me dicen que ellas
nada tienen que ver con mi hijo!
LENA SIRA. ¡Que era sólo una broma, buen hombre!
GIMNASIA. ¡Se trataba de un juego!
MELÉNIDE. Pues a punto llegáis
de ver cómo termina aquí esta otra partida.
GIMNASIA. (Sorprendida; yendo hacia Melénide)
¡Melénide!
EL PADRE. (Igualmente sorprendido; yendo hacia Fanóstrata)
¡Fanóstrata querida!
¿Tú también por aquí? Mi querida consuegra,
supongo que la boda sigue en pie...
FANÓSTRATA. Mi querido consuegro...
(Dirigiéndose a todos, descubre la cestita)
Es hora de saber
qué esconde esta cestita.
LAMPADIÓN. Lo veremos.
(Coge la cesta, cierra los ojos y mete la mano en ella)
Haré igual que los niños: meteré
la manita en la cesta y sacaré...
(Salen ahora de la casa, muy abrazados, Selenia y Alcesimarco)
EL PADRE. ¡Alcesimarco, el que nos faltaba!
¿De dónde sales tú?
(Señalando a Selenia)
¿Y quién es ésa?
ALCESIMARCO. Ella es mi único amor; ella es mi vida.
EL PADRE. ¡Amor te daré yo, so tarambana!
(A Fanóstrata)
Es una chiquillada, tú ni caso.
LAMPADIÓN. (Que se ha quedado con la mano metida en la cesta)
¿Lo saco o no lo saco?
EL PADRE. ¿Sacar, qué?
FANÓSTRATA. ¡Sácalo ya de una vez!
(Lampadión saca de la cesta un collarcito y lo muestra; Fanóstrata lo coge arrobada)
¡Es su collar! ¡Es el de ella!
¡Soy la madre de la niña
que llevaba este collar!
GIMNASIA. ¡Es el collar de Selenia!
LENA SIRA. También yo lo reconozco.
EL PADRE. Yo me estoy volviendo loco.
LAMPADIÓN. Vas enseguida a entenderlo.
25
MELÉNIDE. (Avanzando con Selenia hacia Fanóstrata)
Aquí te entrego a tu hija
-¡bien que me duele el hacerlo!
Para que ella sea feliz,
te entrego lo que más quiero.
FANÓSTRATA. ¡Hija mía!
SELENIA. ¡Madre querida!
FANÓSTRATA. ¡Hija de mi corazón!
(Se abrazan madre e hUa)
EL PADRE. ¿Hija tuya? ¿Desde cuándo?
A mí me lo explicáis luego.
HALISCA. Este señor no se entera...
SELENIA. Yo soy tu hija Selenia:
Lena Sira me encontró,
Melénide me ha criado,
de hermana tengo a Gimnasia
y el gran amor de mi vida
siempre ha sido Alcesimarco.
GIMNASIA.¡Yo lo siento, pero, mira,
las lágrimas no me aguanto!
FANÓSTRATA. (A Selenia)
Con él te podrás casar.
EL PADRE. Eso, si aún no se han casado.
FANÓSTRATA. Cuando tu padre regrese...
LAMPADIÓN. Si es que a Lesbos no ha marchado...
FANÓSTRATA. ...la boda celebraremos.
Y por supuesto que a ella
todos estáis invitados,
porque de ahora en adelante
una familia formamos.
¡Que se disponga el banquete!
EL PADRE. Conforme, si tú lo ordenas.
GIMNASIA. ¡Enhorabuena, Selenia!
¡Lo has logrado, Alcesimarco!
(Suena la música; en un cómico ballet los personajes acarrean cestas, bandejas, cántaros y guirnaldas que
disponen en torno a la mesa que se está montando; en ella ocupa un lugar preeminente la cestita de
Selenia)
LAMPADIÓN. ¡A preparar el banquete!
EL PADRE. Y ya, metidos en gastos,
¡que se traiga lo mejor!
ALCESIMARCO. ¡Contrataremos flautistas!
EL PADRE. ¡Y un montón de danzarinas!
FANÓSTRATA. ¡Que se pongan los manteles!
GIMNASIA. ¡Y que se adornen con flores!
LAMPADIÓN. ¡Ya llegan los entremeses!
HALISCA. ¡Aquí van los chuletones!
LENA SIRA. ¡Que corra el vino a raudales!
SELENIA. ¡Y los dulces que no falten!
ALCESIMARCO. ¡Lo que tú quieras, mi amor!
SELENIA. ¡Quiero bailar hasta el alba!
ALCESIMARCO. ¡Hasta el alba bailaremos!
HALISCA. ¡Voy con la carne estofada!
LAMPADIÓN. ¡Fresquito llevo el pescado!
GIMNASIA. ¡Alegría, alegría!
MELÉNIDE. ¡Va a ser la boda del año!
FANÓSTRATA. O, mejor, ¡la del milenio!
GIMNASIA. ¡Seguro que lo será,
porque el Amor ha triunfado!
(Los personajes se dirigen al público)
LA COMPAÑÍA. Amables espectadores:
lo mismo que comenzó,
con un banquete termina
la que Plauto tituló
26
'comedia de la cestita',
y que en griego se llamaba
'el banquete de las damas'.
Si queréis acompañarnos,
también estáis invitados.
Cuando hayamos terminado,
nos iremos para adentro
y los trajes dejaremos.
A quien se haya equivocado
le daremos un buen palo,
y el que no se equivocó
se podrá beber un trago.
Una cosa sólo os falta:
al igual que lo hacían vuestros abuelos,
os pedimos que nos deis,
al final de la comedia,
vuestro aplauso como premio.
FIN
27
Actividades de lectura
 Investiga qué era el pallium, el himation griego, podrás establecer su
relación exacta con el nombre aplicado al género de comedias que Plauto
escribió: comoediae palliatae.
 Originaria de la ciudad italiana de Atela, la atelana era un género cómico
popular, anterior a la introducción del teatro literario o escrito. En ella los
actores, a partir de un guión muy simple, improvisaban ante los
espectadores de forma parecida a como luego, durante la Edad Media y el
Renacimiento, se hizo en la commedia dell'arte italiana. Busca infor-
mación sobre los personajes fijos de la atelana y compáralos con los de la
commedia dell'arte.
 Lee la primera escena del Acto I; en ella Gimnasia afirma que "el Amor
es un dios pérfido". Entérate de quién es este dios, cómo se le representa,
cuál es su función y qué nombres recibe en griego y en latín.
 Tras leer esa primera escena, define la posición, en relación al amor, de
cada uno de los tres personajes que en ella aparecen.
 E1 asunto de la niña robada o abandonada de pequeña y luego recuperada
por sus padres es muy común en la comedia antigua y parece responder a
una realidad social bastante corriente en su época, aunque también hoy
nos llegan noticias de abandono o de robo de niños. Con el
reconocimiento –en griego anagnórisis– de Selenia por parte de su
verdadera madre termina esta comedia. Imagina otro final diferente para la
Comedia de la Cestita.
 Los "tipos" fundamentales de los personajes que luego, a partir del
Renacimiento, retomaría el teatro europeo quedaron marcados en el teatro
griego y latino. Lee el acto III de La Celestina de Fernando de Rojas, el
diálogo entre Celestina y Sempronio, y compáralo con lo que sobre las
meretrices dice la Lena Sira en la primera escena de la obra.
 Fíjate cómo se corresponden los sentimientos de Alcesimarco en su primera
entrada en escena con los expresados por Lope de Vega en el soneto que
hemos puesto en boca de Gimnasia. Observa cómo los tópicos o lugares
comunes del mundo clásico –en este caso sobre el amor– perviven en la lite-
ratura posterior. Igualmente podemos encontrar una curiosa relación entre lo
que más adelante dice Alcesimarco sobre el amor y la muerte y lo dicho en
otro soneto de Quevedo titulado "Amor constante más allá de la muerte".
 Elige dos personajes de la comedia y haz su retrato físico (prosopografía) y
su descripción psicológica (etopeya).

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Comedia cestita

  • 1. Comedia de la cestita (Cistellaria) Plauto Traducción y recontrucción escénica de Pedro Sáenz Almeida
  • 2. 1 DRAMATIS PERSONAE SELENIA Meretriz, supuesta hija de Melénide. GIMNASIA Meretriz, amiga de Selenia. SIRA Lena, madre de Gimnasia. AUXILIO Dios que hace el Prólogo. ALCESIMARCO Joven, amante de Selenia. EL PADRE Viejo, padre de Alcesimarco. LAMPADIÓN Esclavo de Fanóstrata. MELÉNIDE Lena y supuesta madre de Selenia. FANÓSTRATA Matrona, madre verdadera de Selenia. HALISCA Criada de Melénide. La acción transcurre en la ciudad griega de Sición, ante la casa que Alcesimarco ha alquilado para Selenia.
  • 3. 2 ACTO I ESCENA 1 Selenia, Gimnasia, Lena Sira (Las tres mujeres charlan ante la casa que hasta ahora la joven Selenia ha compartido con su amante Alcesimarco,) SELENIA. Si ya desde hace tiempo te apreciaba y te considera buena amiga, mi querida Gimnasia, en este día me lo habéis demostrado, tú y tu madre; y aunque fueras mi hermana no podrías honrarme más de lo que ya lo has hecho: dejando a un lado todas vuestras cosas, me prestasteis solícita atención. Por eso mi cariño os pertenece y os estoy de verdad agradecida. GIMNASIA. Más que de sobra nos lo pagas tú: por Pólux, que da gusto visitarte y hacerte algún favor, cuando nos brindas tan sabroso y opíparo banquete que será muy difícil de olvidar. SELENIA. De corazón os invité, por Pólux, y sólo desearía de mi parte poder satisfacervuestros deseos. LENA SIRA. Como dijo aquel otro que llegó con viento favorable y mar tranquilo: "Por Cástor, que me alegro de atracar-me en tu casa." Se nos trató de perlas hoy aquí y nada hubo que no fuera agradable, excepto cierto método o sistema que no me gustó un pelo... SELENIA. Di, por favor, qué ha sido. LENA SIRA. ¡Pues el método ese que tú tienes de tardar siglos en llenar las copas y estropearel vino mezclándolo con agua! GIMNASIA. ¿Te parece bonito soltar eso? LENA SIRA. No es un crimen decir lo que es verdad. SELENIA. (Llenando la copa a Lena Sira) Tenéis todo mi afecto, pues vosotras os preocupáis de mí. LENA SIRA. Así ha de ser. Las que somos, Selenia, del oficio debemos ayudarnos mutuamente y echarnos un capote entre nosotras; como hacen esas nobles señoronas, que la amistad cultivan entre ellas y unas con otras andan conchabadas. Porque las meretrices, aunque hagamos lo mismo e imitemos su ejemplo, apenas conseguimos ir tirando acosadas de envidias y rencores. Esas nobles matronas querrían vernos mendigando su amparo y sus favores, para que siempre estemos a sus pies. Si te arrimas a ellas, te acarician, pero luego, en cuanto te descuidas, te arrojan a traición un jarro de agua fría. Pregonan que embrujamos a sus hombres, que somos sus rivales y que nos van a hundir; así se portan ellas con las de nuestro oficio. Como somos libertas, yo y tu madre, nos metimos a putas y a vosotras
  • 4. 3 como a hijas 'putaticias' os criamos. Y si a ésta la empujé yo al 'putiferio' no fue por avaricia o por soberbia, sino para no andarpasando hambre. SELENIA. Más le hubiera valido habertomado marido... LENA SIRA. ¡Quita allá! ¡Si ésta toma marido cada día! Por la mañana se ha tomado uno y luego por la noche toma otro; jamás permito yo que duerma sin marido, porque, si ésta no jode, en casa todos de negra y cruel hambruna moriríamos. GIMNASIA. Sí, madre: yo no tengo más remedio que sercomo tú quieres que yo sea. LENA SIRA. Con un canto en los dientes me daría si fueras tal y como estás diciendo. Por Cástor, que, si atiendes mis consejos, la lozanía y frescura que ahora tienes habrás de conservarla para ruina de muchos y beneficio mío. GIMNASIA. ¡Que los dioses lo hagan! LENA SIRA. ¡Deja en paz a los dioses! Si no pones tu parte, no habrá dios que venga para hacerte tu trabajo. GIMNASIA. Por Hércules, no dudes que al oficio me sabré yo aplicar con todo esmero. Pero, mientras nosotras parloteamos, tú, Selenia, estás muy calladita; nunca te vi tan triste, ojos bonitos. Cuéntame, por favor, dile a tu amiga a dónde se te ha ido la alegría. Pálida estás y no te has arreglado ni estás tan elegante como sueles. (Selenia suspira hondamente) Fíjate qué suspiro más profundo acaba de escapársele del pecho. Para empezar, explícanos dos cosas: qué es lo que te sucede y qué podemos hacer nosotras para verte alegre. ¡No me hagas penarmás con tus suspiros! SELENIA. ¡Ay, Gimnasia querida, estoy sufriendo! Me abraso, me consumo y me torturo; el corazón lo tengo dolorido y me duelen los ojos de llorar. Me duele el alma de una gran tristeza. GIMNASIA. Explícate. SELENIA. ¿Y qué voy a explicar, si fue mi estupidez la que me ha puesto en semejante estado? GIMNASIA. Allí mismo donde la estupidez quiera brotar, tendrás que sepultarla. SELENIA. ¿Y cómo hacerlo? GIMNASIA. Entiérrala en las cuevas más hondas de tu pecho. Haz de manera que tú sola sepas y nadie más conozca tu propia estupidez. SELENIA. Pero en mi corazón siento una angustia... GIMNASIA. ¿Quién te ha dicho que tengas corazón? Porque yo no tengo, ni ninguna mujer, según dicen los hombres. SELENIA. Pues, si hay algo que me pueda doler, a mí me duele; y si nada tenemos bajo el pecho, aquí dentro me está doliendo algo.
  • 5. 4 GIMNASIA. ¡Tú estás enamorada! SELENIA. ¿Y es tan amargo amar? GIMNASIA. Amor está repleto de mieles y de hieles: de la miel da a probar sólo un poquito, pero de hiel te llena hasta saciarte. SELENIA. Esa es la enfermedad, Gimnasia mía, que me está consumiendo por completo. GIMNASIA. Amor es un dios pérfido. SELENIA. Y en mí se está cebando. GIMNASIA. Anímate para curar tu mal. SELENIA. Tendría esperanza si viniera el médico que puede dar remedio a mi dolencia. GIMNASIA. Vendrá. SELENIA. ¡Qué lento es el 'vendrá' para una amante que sólo quiere oír que ya está aquí su amor! Pero mía es la culpa, por amar locamente a uno solo y pretender que estuviera conmigo para siempre. LENA SIRA. A las matronas es a las que cuadra lo de amar a uno solo y dedicar su vida a aquel con el que se han casado. La meretriz, en cambio, se parece a una rica ciudad, que necesita de muchos hombres para que prospere. SELENIA. Quizás sea así; pero quisiera ahora deciros el motivo por el que os he llamado: como yo no quería ser meretriz, mi madre, de buen grado, ante mis ruegos consintió en que viviera con el hombre al que amara. LENA SIRA. ¡Menuda tontería! ¿Y jamás has probado a ningún otro? SELENIA. A ninguno, a no sera Alcesimarco, y nadie me ha tocado sino él. LENA SIRA. Y dime, ¿de qué modo el tal sujeto fue capaz de sorberte la sesera? SELENIA. Por las Dionisias me llevó mi madre a ver la procesión y los festejos. Cuando volvía a mi casa, él me siguió con mucho disimulo hasta la puerta. En los días siguientes,con finezas, detalles y regalos, fue ganándose la amistad de mi madre... y también, ¡ay! la mía... LENA SIRA. ¡Para mí le quisiera, que menudos meneos le iba a dar! SELENIA. De la amistad pasé a enamorarme, yo de él y él de mí. GIMNASIA. Ay, Selenia, el amor hay que fingirlo: si una se enamora, en lugar de mirar su beneficio, preferirá dar gusto a aquel que ama. SELENIA. Con hermosas palabras me juró, delante de mi madre, que conmigo habría de casarse; pero ahora se ha de casar con otra, una parienta que ha venido de Lemnos y que vive aquí al lado. Su padre le obligó. Y ahora mi madre se enfadó conmigo porque no me volví con ella a casa en cuanto me enteré que Alcesimarco se iba a casar con otra. LENA SIRA. Poco le cuesta a Amor jurar en vano.
  • 6. 5 SELENIA. Puesto que tengo que irme con mi madre, quisiera, Lena Sira, que dejaras a Gimnasia quedarse aquí tres días y que en mi ausencia guarde ella la casa. LENA SIRA. Aunque con eso me haces la puñeta y lograrás que pierda una fortuna, que se quede. SELENIA. ¡Qué buena eres conmigo! Y tú, amiga Gimnasia, si viniera Alcesimarco por aquí algún día, no le hables con dureza, que, aunque él se haya comportado así conmigo, aún le quiero y está en mi corazón. Trátale con dulzura y no le digas, por favor, nada que le pueda herir. Aquí tienes las llaves: cualquier cosa que necesites,cógela. Ahora debo marchar. GIMNASIA. ¡Mira qué lagrimones se me saltan! SELENIA. Adiós, Gimnasia. GIMNASIA. Arréglate un poquito. SELENIA. Mi mala suerte debe reflejarse en lo desaliñado de mi aspecto. LENA SIRA. Por lo menos, recógete ese manto. SELENIA. Deja que arrastre como yo me arrastro. GIMNASIA. ¡Adiós, cuídate mucho! SELENIA. ¡Bien querría, si pudiera! (Entre sollozos sale de escena por el lateral derecho del espectador) GIMNASIA. ¡Por Cástor, que hoy he visto lo que es estar enamorada! LENA SIRA. Pues por eso yo siempre te machaco las orejas con que no te enamores. Anda,entra. GIMNASIA. ¿Quieres algo de mí? LENA SIRA. Que sigas bien, y que dejes el cántaro del vino aquí afuera. GIMNASIA. Que sigas buena, madre. (Entra en casa de Selenia) ESCENA SEGUNDA (Lena Sira) LENA SIRA. Me pasa a mí lo mismo que les pasa a casi todas las que somos putas: en cuanto que cargamos la barriga hablamos sin parar más de la cuenta. Ahora que estoy repleta de la flor del dios Líber, mi lengua se libera sin que yo sea capaz de sujetarla y no puede dejaros de contar lo que sería mejor que me callara: A esa infeliz que se marchó llorando la recogí cuando era pequeñita del callejón en que la habían expuesto. La cogí y se la di como regalo a cierta meretriz amiga mía que andaba loca con que le buscara algún recién nacido, niño o niña, para hacerlo pasar por hijo suyo; tenía ella un amante forastero al que quería endosarle la criatura. Así es que, en cuanto le entregué la niña, la parió ella sin ningún dolor
  • 7. 6 y sin necesidad de comadrona, no como paren otras, que parece que les guste pasar un rato malo. Sólo nosotras dos sabemos esto: la menda, que la niña le entregó, y aquella que de mí la recibió. Y ahora también vosotros lo sabéis. Así es la historia y, por si os fuera útil para enteraros bien de esta comedia, quiero que no olvidéis lo que he contado. (Un trueno repentino atruena el espacio) Yo me voy a mi casa, que parece que esto se está nublando. (Por el lateral izquierdo sale de escena la Lena Sira) ESCENA TERCERA (Dios Auxilio) (Aparece en medio de fuerte aparato eléctrico) DIOS AUXILIO. ¡Si será charlatana y borrachuza la vieja del demonio! ¡Un poco más y deja al dios sin nada que decir! ¡Anda que no se dio prisa en contar lo de la niña expuesta y recogida! Pues, si se hubiera estado calladita, yo, como dios que soy, lo habría contado con mayor claridad y precisión. ¡Ah! Mi nombre es Auxilio: dios Auxilio. Y atención, que ahora os voy a explicar el argumento: Para los festejos que por las Dionisias en Sición había, de esto ya hace años, llegó un mercader venido de Lemnos. Y este mercader, estando borracho, de noche cerrada, violó a una muchacha. Cuando se dio cuenta de lo que había hecho el violador puso tierra de por medio y a Lemnos volvióse, el muy trapacero. Pasaron diez meses y la muchachita que fuera violada parió una niñita. Como no sabía quién era el autor de la fechoría, a un siervo de casa le cuenta el suceso y a la niña entrega para que la exponga a una muerte cierta. El siervo la deja en una calleja. La vieja de antes coge a la criatura; el siervo la observa, la sigue a escondidas y averigua a dónde la vieja se lleva a la niña. Ya os confesó ella que esa criaturita se la entregó luego a una meretriz llamada Melénide, que como hija propia educó a la niña bien y castamente. En tanto el de Lemnos tomó por esposa a una prima suya. Llegado su día muriose la prima, dando a su marido cumplida alegría. Hecho el funeral, se volvió el de Lemnos otra vez acá y se fue a casar con la misma joven que, cuando era virgen, él había violado. Confesó él su crimen y ella le espetó que, a resultas de ello, ella había parido una linda niña que entregó a un esclavo para ser expuesta en una calleja. El padre al instante ordena al esclavo
  • 8. 7 que busque a la vieja que cogió a la niña. Y en ésas estamos: el buen Lampadión, esclavo aplicado, no para buscando a la meretriz que en tiempos cogió a la niñita. Vosotros veréis la historia que sigue. Por ahí va a entrar ahora Alcesimarco. ¡Qué bello es el amor si es compartido...! Pero así son las cosas de los hombres: nada es perpetuo y todo tiene fin. Que sigáis bien y os guste la comedia. (Nuevos truenos acompañan la salida de escena del dios Auxilio)
  • 9. 8 ACTO II ESCENA PRIMERA (Alcesimarco) (Entra con gesto doliente y recita en tono arrebatado) ALCESIMARCO. Debió de ser Amor el que enseñó a los hombres el arte del verdugo; y de esta conjetura pruebas tuvo el que en su propia carne lo sufrió. (Sale de casa Gimnasia, sin que Alcesimarco se percate aún de ello) El Amor me escarnece y me maltrata, me agita en su turbión embravecido mientras mi corazón desfallecido amarrado a su rueda se desgarra. GIMNASIA. (Se pone a recitar el soneto CXXVI de Lope de Vega) Desmayarse, atreverse, estar furioso, áspero, tierno, liberal, esquivo, alentado, mortal, difunto, vivo, leal, traidor, cobarde y animoso. ALCESIMARCO. Tengo mi mente tan sombría y turbada y tantos sentimientos encontrados se agolpan a la vez en mis entrañas, que sólo sé que donde estoy, no estoy, y allí donde no estoy se me va el alma. GIMNASIA. No hallar fuera del bien centro y reposo, mostrarse alegre, triste, humilde, altivo, enojado, valiente, fugitivo, satisfecho, ofendido, receloso. ALCESIMARCO. El Amor me persigue y me da caza, me rapta, me retiene y me seduce, me da con abundancia y al instante, burlándose de mí, me lo arrebata. GIMNASIA. Huir el rostro al claro desengaño, beber veneno por licor suave, olvidar el provecho, amar el daño. ALCESIMARCO. Sobre mi corazón enamorado cual mar tempestuoso el Amor cae y a punto estoy de perecer ahogado en el abismo negro al que me atrae. GIMNASIA. (Recitando ahora para Alcesimarco) Creer que un cielo en un infierno cabe, dar la vida y el alma a un desengaño, esto es amor: quien lo probó lo sabe. ALCESIMARCO. (Que por fin ha advertido la presencia de Gimnasia) ¿Qué haces tú aquí? GIMNASIA. Respóndeme primero qué haces tú que no estás con tu Selenia. ALCESIMARCO. ¡Ay, Gimnasia! Mi padre me retuvo los últimos seis días en la finca, sin permitirme ver a mi Selenia. GIMNASIA. ¡Y tú lo has consentido, alma de cántaro! ALCESIMARCO. ¿No es bien triste mi historia? Se ha empeñado mi padre en que me case con la hija de Demifón. GIMNASIA. Pues tú verás qué haces. ALCESIMARCO. Seguir agonizando sin morir. GIMNASIA. ¿Y crees que ella no sufre con tu ausencia? ALCESIMARCO. Y yo tengo la culpa... ¿Querrías tú realizar una hazaña memorable? GIMNASIA. Otras habrá que quieran hacer eso: no aspiro a ser tenida por valiente. ALCESIMARCO. Me harías un gran favor...
  • 10. 9 GIMNASIA. ¿De qué se trata? ALCESIMARCO. De que me eches insultos a mansalva. GIMNASIA. ¿Y eso por qué? ALCESIMARCO. Porque aún sigo con vida, estando separado de mi amada. GIMNASIA. Me va a costar bien poco el insultarte, por Pólux, si tú quieres. ALCESIMARCO. Eso quiero. GIMNASIA. ¿Y no te enfadarás cuando te insulte? ALCESIMARCO. No lo haré. GIMNASIA. ¿Me lo juras? ALCESIMARCO. Te lo juro. Empiezo yo: ¡No soy más que basura, porque he podido estar sin mi Selenia! GIMNASIA. Por Hércules, de acuerdo, ¡eres basura! ALCESIMARCO. ¡Soy un perdido! GIMNASIA. ¡Eres un perdido! ALCESIMARCO. ¡Con lo que me quería...! GIMNASIA. ¡Desgraciado! ALCESIMARCO. ¡Y yo a ella también! GIMNASIA. ¡A garrotazos debería molerte el espinazo! ALCESIMARCO. ¡Le partí el corazón! GIMNASIA. ¡Traidor, canalla! ALCESIMARCO. ¡Nos habíamos jurado amor eterno! GIMNASIA. ¡Que te olviden los dioses y los hombres! ALCESIMARCO. ¡Conmigo iba a casarse y a pasar su vida junto a mí! GIMNASIA. ¡A una cadena te ataba para el resto de tu vida! ALCESIMARCO. ¡Ella confiaba en mí y en mi lealtad! GIMNASIA. ¡Morir a latigazos deberías! ALCESIMARCO. 'Dulce vidita suya' me llamaba y 'su tierno besito' me decía! GIMNASIA. ¡Diez veces la horca al cuello merecías! ALCESIMARCO. ¡Y yo estaría contento si me ahorcasen! Pero dime, Gimnasia, ¿qué he de hacer? GIMNASIA. Te lo voy a decir: ¡ahórcate tú! Quizás, ahorcándote, ella te perdone. ALCESIMARCO. Tú crees que si me ahorco... GIMNASIA. ¡Estoy segura! ALCESIMARCO. Pero, no tengo soga. GIMNASIA. Si te vale mi estola... ALCESIMARCO. ¿Con una estola quieres que me ahorque? GIMNASIA. ¿Qué más da? Lo que importa es ahorcarse, a ver si así Selenia te perdona. ALCESIMARCO. ¿Y no sería mejor irme a la guerra? GIMNASIA. ¿A la guerra? ¿Por qué? ALCESIMARCO. Sería un miles amator... GIMNASIA. ¡Y, además, stultíssimus! ¿No ves que allí pueden matarte tontamente? ALCESIMARCO. ¿Y qué más da, si tras la muerte sigo enamorado? GIMNASIA. ¡Estás para encerrarte! ALCESIMARCO. ¡Si pudiera meterme en una cárcel de amor, días y noches, con mi amada, nadie nos sacaría sino es muertos! GIMNASIA. ¡Y dale con dale con la muerte y con los muertos! ALCESIMARCO. ¡Nunca nadie amó así como yo amo! GIMNASIA. Pues para amar de forma tan estúpida, mejor, Alcesimarco, es que no ames. ALCESIMARCO. Hablas como una vieja. GIMNASIA. Y tú estás loco.
  • 11. 10 ALCESIMARCO. (Perdiendo por momentos el poco seso que le queda) Y mi esclavo Tinisco, ¿dónde está? GIMNASIA. Pregunta por Tinisco. Voy a seguirle el juego. ALCESIMARCO. ¡Tinisco!, ¿Dónde estás? GIMNASIA. (Que se ha remangado las faldas y colocado una máscara de esclavo) Aquí me tienes. ALCESIMARCO. Vete y me traes las armas. GIMNASIA. ¿Qué armas quieres? ALCESIMARCO. ¡Mis armas! La armadura... GIMNASIA. ¿La armadura? ALCESIMARCO. ¡Sí, hombre, sí, con el casco y con las grebas! GIMNASIA. ¿Y qué más? ALCESIMARCO. No te olvides del caballo. ¡Venga, corre a por él! GIMNASIA. Se ha vuelto loco. ALCESIMARCO. Y soldados con lanza, tráeme muchos; pero que muchos, muchos y más muchos. ¡De infantería ligera tráeme más! GIMNASIA. (Quitándosela careta para volver a su personaje) Está como una cabra. ALCESIMARCO. ¡Eh, Tinisco! ¡Basta de súplicas! ¿A dónde están las cosas que he ordenado que me traigas? GIMNASIA. ¿El casco, la armadura, los infantes...? ALCESIMARCO. ¿De qué me estás hablando? ¿Y Tinisco? GIMNASIA. Sólo está en tu cabeza. Le pedías tu armadura, el caballo, tropas, armas... ALCESIMARCO. ¿Qué yo he pedido eso? ¡Vamos anda! GIMNASIA. Estarías delirando, o soñando despierto... ALCESIMARCO. Pues no sé, porque yo he estado ausente. GIMNASIA. ¿Estabas y no estabas? ¡Eres mago! ALCESIMARCO. Estoy enamorado... GIMNASIA. ¡No volvamos! Ya me ha quedado claro que el Amor te ha clavado su dardo envenenado. Por eso quiero darte un buen consejo. ALCESIMARCO. Acepto ese consejo que me ofreces. GIMNASIA. Con el Amor jamás entres en guerra. ALCESIMARCO. ¿Y qué he de hacer? GIMNASIA. Irás hasta la casa de Selenia y allí te excusarás; jurarás a su madre que jamás volverás a dejar a tu Selenia; rogarás suplicando con dulzura para poder ganarte su perdón. ALCESIMARCO. Voy a pedir, por Hércules, excusas, voy a rogar, jurar y suplicar hasta quedarme ronca la garganta. Adiós, Gimnasia. GIMNASIA. Adiós. Que tengas suerte. (Sale por el lateral derecho, mientras se le oye gritar) ALCESIMARCO. ¡Selenia! ¡Mi Selenia! ¡Selenita! GIMNASIA. ¿Será el amor así? Mi madre siempre dice que no me fe de él, porque el Amor es un niño malévolo y perverso. ¡Y a la vez tan hermoso...! Ay, en fin... daré una vueltecita por el barrio, parece muy tranquilo; a ver si encuentro a alguien. (Sale Gimnasia por el lateral derecho)
  • 12. 11 ESCENA SEGUNDA (El Padre de Alcesimarco, Gimnasia) (Desde el lateral izquierdo entra el viejo jadeando por la rápida andadura) EL PADRE. ¡Alcesimarco! ¡Hijo! Me descuido un momento y el cabrito de niño se me escapa volando. Detrás de él he venido - ¡si lo pillo, lo mato! – como un galgo corriendo de mi finca hasta aquí, que a puntito ha estado de que me diera algo. Me dijeron que el mozo, en cuantito que pudo, con 'las de Villadiego' se volvió para acá. Y aquí viene su padre a impedir un desastre, porque este mal nacido me la quiere jugar. ¡Bien le había advertido, por activa y pasiva, que lo de esa putita se tenía que acabar! Una canita al aire, no digo que no echara: para echar un casquete valen esas mujeres; pero de eso a que pierda una inmensa fortuna despreciando una dote sustanciosa y feraz... ¡Pues que no, que eso nunca lo voy yo a tolerar! Con lo rica que es -y lo rica que está la heredera que yo... (Gimnasia vuelve a escena sin ver al viejo; éste se relame al verla) ¡Vaya una mujercita más bien puesta! ¡Y qué maja que está la puñetera! Me está haciendo 'tilín', aún a mis años... Aunque ya soy un viejo percherón, sería capaz, si a solas la cogiera, de echarle un buen relincho a esa potrilla. GIMNASIA. (En aparte) ¡No me he encontrado un alma por las calles! Menuda suerte tuve que volviera a pasar ese joven por aquí, pues a nadie conozco que le guste menos que a mí pasarme el día a solas. EL PADRE. (En aparte) Llámame a mí y no estarás tan sola, que quiero hacer contigo una cosita, para que no te aburras, vida mía. GIMNASIA. ¡Qué bellamente aparejó esta casa y qué bien la ha arreglado Alcesimarco! EL PADRE. ¡Cómo me gusta que se acerque Venus! Amar siempre es hermoso. GIMNASIA. Toda la casa exhala puro amor, porque un enamorado la adornó. EL PADRE. ¡Por Hércules, no sólo es un encanto, sino que hasta se expresa con salero. Pero, ahora que lo pienso, me parece que ésta pudiera ser la pelandusca que ha engatusado al tonto de mi hijo; me lo figuro, porque a la tal prenda nunca la vi, pero sí estoy seguro que esa es la casa que alquiló mi hijo; también me lo está dando en la nariz desde que ésta ha nombrado a Alcesimarco. ¿Me acerco a ella y le digo cuatro cosas? (Se encara con Gimnasia) ¡Buenos días, perdición de los hombres y hechicera de males y de ruinas! GIMNASIA. Con ganas de pelea viene el viejo. EL PADRE. Quiero tener contigo unas palabras. GIMNASIA. Haría falta saber si a mí también me apetece charlar con un abuelo.
  • 13. 12 EL PADRE. Si sacaras de ello algún provecho... GIMNASIA. ¿Provecho yo, de un saco de pellejos? EL PADRE. ¿Y a ti qué más te da, si te dedicas a sacar beneficio haciendo el mal. GIMNASIA. Me parece que vas descaminado. Llévate el mal por donde lo has traído, que a mí sólo me gustan cosas buenas. EL PADRE. Lo bueno para ti, y a los demás... GIMNASIA. Voy adentro, porque a una meretriz no le conviene estar sola en la calle como si fuera una vulgar ramera. EL PADRE. Espérate un momento. GIMNASIA. ¿Qué me quieres? EL PADRE. Quiero saber de ti qué es lo que ha hecho, sea lo que sea, mi hijo. Y además quisiera yo saber si te hice yo, o alguno de los míos, algún mal. Dime por qué razón la has tomado conmigo, con mi hijo, con su madre y con mi hacienda. ¿Por qué te has empeñado en arruinarme? GIMNASIA. (A los espectadores) Lo que decía: el viejo se equivoca. Buena ocasión para tomarle el pelo. (Se dirige al Padre, afectando un tono digno y ofendido) ¿Cómo puedes hablar de esa manera a una pobre inocente? EL PADRE. Vamos, dime, ¿no tienes más amantes que mi hijo? GIMNASIA. A tu hijo sólo amo y él es mi único amante. EL PADRE. Pues yo me creo que hay otros que te aman. GIMNASIA. ¿Cómo te atreves...? EL PADRE. Yo también te amo. GIMNASIA. Amantes como tú no me interesan: sólo me causan pérdidas. EL PADRE. ¿De pérdidas me hablas, cuando aquí el que ha perdido siempre he sido yo? GIMNASIA. Ya me dirás qué gano yo contigo. EL PADRE. ¿Qué tal si nos buscamos quien nos tase pérdidas y ganancias a cada uno? GIMNASIA. Poner tasa al amor es violentarlo. EL PADRE. No, si hay en el amor ganancia y pérdida. GIMNASIA. ¿Siempre sois los vejetes tan graciosos, y a la vez tan fenicios, negociando? EL PADRE. Se trata de saber cuánto dinero me va a costar que dejes a mi hijo. GIMNASIA. El verdadero amor no tiene precio. ESCENA TERCERA (Lena Sira, El Padre de Alcesimarco, Gimnasia) LENA SIRA. (Entra a escena hablando consigo misma) Ya se me ha despejado la cabeza: la siestecita me ha venido bien; sólo, que se me ha abierto el apetito y tengo otra vez ganas de beber. EL PADRE. ¡Qué bocanada de aire 'mostulento' y qué olor a vinacho me ha llegado! LENA SIRA. (A Gimnasia) ¿Qué haces aquí tú en medio de la calle? ¿Te parece decente estar dando palique a todos los que pasan? GIMNASIA. Hablaba de negocios con el viejo. EL PADRE. ¿Y quién es esta vieja entrometida?
  • 14. 13 LENA SIRA. Lena Sira me llaman: soy la representante, además de la madre de la niña; de los negocios de ésta, yo me ocupo. EL PADRE. Le decía yo a la niña que cuánto iba a costarme que dejara a mi hijo Alcesimarco. LENA SIRA. ¿A... Alcesimarco? ¡Niña, vete adentro! GIMNASIA. Madre, ¿no pensarás...? LENA SIRA. ¿No te ibas ya? ¡Pues aligera el paso! GIMNASIA. (Entrando en la casa con mucho contoneo) Me han entrenado más para la cama: en las carreras soy un poco lenta. EL PADRE. Tiene gracia la niña. LENA SIRA. Vale mucho. Y no es como esas otras muertas de hambre, petardas paliduchas, que van por ahí como pobres amantes calentonas, esqueletos andantes de a dos perras el polvo, espectros perfumados de perfume barato, los talones roñosos, con unas pernezuelas delgaduchas... EL PADRE. ¡Bueno está! ¿Y qué vale el asunto? Con diez minas habría más que de sobra... LENA SIRA. ¿Quieres que te responda? EL PADRE. Eso quisiera. LENA SIRA. Me ofendes. A mi me corresponde por mi oficio adelantar la oferta, estipular el trato, y no prometer nada hasta cerrarlo. EL PADRE. Siempre que lo que pidas sea de acuerdo a mis pobres recursos... LENA SIRA. Treinta minas. EL PADRE. ¡Eso es un capital! LENA SIRA. Tengo entendido que pretendes casar a Alcesimarco con la hija del rico Demifón. Corrígeme si en algo me equivoco. EL PADRE. En quince cerraríamos el trato. LENA SIRA. Veinticinco te va a costar la boda. EL PADRE. No habría discusión en diecisiete. LENA SIRA. Diecisiete y tres más hacen las veinte. Podrás casar por veinte a Alcesimarco. EL PADRE. ¡Me dejas en la ruina! LENA SIRA. No exageres, que vas a hacer conmigo un buen negocio. ¿Me darás veinte minas? EL PADRE. Las daré. LENA SIRA. Trato hecho. Date prisita en ir a por los cuartos; no me demores mucho el desembolso, que todavía me puedo arrepentir. Y no pases cuidado por tu chico: si vuelve por aquí, lo esterilizo. EL PADRE. (Saliendo de escena por el lateral derecho) ¡Que los dioses me pierdan! LENA SIRA. Que te pierdan cuando sueltes lo que hemos acordado.
  • 15. 14 ACTO III ESCENA PRIMERA (Lena Sira, Lampadión) LENA SIRA. ¡Mísero mundo éste y perra vida, en que jamás sabemos los humanos de qué lado nos vienen los porrazos o por cuáles oscuros andurriales nos juega la Fortuna al escondite! Ese bobo que acaba de marchar nunca se imaginó que vendría aquí a perder tontamente veinte minas. (Mientras se desternilla de risa, entra a escena Lampadión) Tampoco yo supuse que iba a darme de bruces con un chollo semejante ... LAMPADIÓN. Por lo que veo, la vida te sonríe. LENA SIRA. Ofendería a los dioses si dijera que me van mal las cosas; pero, dime, ¿con quién tengo el placer de estar hablando? ¿Eres libre, o esclavo? LAMPADIÓN. No conoces a aquel que te está hablando, pero él se acuerda bien de ti. LENA SIRA. No tengo tiempo de andar con acertijos; si algo quieres, me lo dices y en paz. LAMPADIÓN. Una noche de luna, hace ya años, no lejos del hipódromo, ibas tú... LENA SIRA. Como para acordarse, al cabo de los años... LAMPADIÓN. Sí que recordarás que te encontraste, al doblar un oscuro callejón... LENA SIRA. Si estaba tan oscuro... LAMPADIÓN. Una cestita... LENA SIRA. No me acuerdo siquiera de lo que ayer cené... Ando un poco senil; ya la cabeza... LAMPADIÓN. Dentro de la cestita había una niña... LENA SIRA. Ni la menor idea. ¡Vaya sorpresa! LAMPADIÓN. Era hija de mi ama... LENA SIRA. ¡Menudo folletín! LAMPADIÓN. Tú cogiste a la niña. Te seguí. LENA SIRA. Otro día me lo acabas de contar; tengo cosas que hacer. LAMPADIÓN. Iré contigo. LENA SIRA. ¡Que me dejes en paz! LAMPADIÓN. Cuando me digas lo que quiero saber. LENA SIRA. ¡Que no sé nada! LAMPADIÓN. ¡Te vi coger la niña! LENA SIRA. ¿Y si así fuera? LAMPADIÓN. Tendrás que devolverla. LENA SIRA. ¡No la tengo! LAMPADIÓN. ¡La llevaste a tu casa! (Van saliendo de escena por la izquierda mientras fuera sus gritos se mezclan con los de los personajes que se acercan a escena por la derecha) LENA SIRA. ¡Se murió! LAMPADIÓN. ¡Me mientes! LENA SIRA. ¡Te lo juro! LAMPADIÓN. Si dices la verdad... LENA SIRA. ¿Qué me darás? (Sus voces se pierden tras la escena)
  • 16. 15 ESCENA SEGUNDA (Selenia, Alcesimarco, Melénide, Gimnasia) SELENIA. ¡Y yo digo que no! ALCESIMARCO. ¡Dime que sí! MELÉNIDE. ¡Te está diciendo no! ALCESIMARCO.¡Pero la quiero! MELÉNIDE. ¡Ella a ti no! (Entra Selenia seguida de Alcesimarco y tras ellos Melénide) SELENIA. ¿Me dejarás en paz? ¡Que me estás molestando! ALCESIMARCO. Vida mía, la casa está muy triste sin su amita. ¡Deja que yo te lleve a nuestro nido! SELENIA. ¡Quita de ahí esa mano, estoy diciendo! ALCESIMARCO. ¡Mi amor, mi dulce amor, mi hermanita! SELENIA. ¡No quiero ser tu amor, ni tu hermanita! ALCESIMARCO. (A Melénide) ¡Pues entonces, sé tú mi madrecita! MELÉNIDE. ¡Tampoco yo te quiero por hijito! ALCESIMARCO. (A Selenia) ¡Quiéreme, por favor! SELENIA. ¡Adiós! GIMNASIA. (Saliendo de la casa) ¡Selenia! SELENIA. (Arrojándose a sus brazos) ¡Gimnasia! ALCESIMARCO. (A Gimnasia) ¡Dile lo que yo la quiero! GIMNASIA. Que dice que te quiere. SELENIA. No me importa. GIMNASIA. (A Alcesimarco) Que no le importas nada. ALCESIMARCO. Ella a mí sí. GIMNASIA. Que dice que le importas. SELENIA. ¡Y un pimiento! GIMNASIA. Que dice que un pimiento. SELENIA. (A Gimnasia) ¡Vámonos! ALCESIMARCO. (Cogiéndola del brazo para evitar su mutis) ¡Perdóname! SELENIA. ¡Me estás haciendo daño! ALCESIMARCO. Déjame que te diga... MELÉNIDE. ¡No te quiere escuchar! ¡Bastante me la hiciste ya sufrir con tus perjurios! ALCESIMARCO. ¡Ahora le soy sincero! MELÉNIDE. Aunque eso fuera así, ya no es posible. ALCESIMARCO. ¡Os pagaré con creces lo que os hice! SELENIA. No quiero recibir nada de ti. ALCESIMARCO. Lo merezco: ningún derecho tengo a esperar tu perdón... SELENIA. No me interesa oír a quien rompió sus juramentos. Gimnasia, vámonos. GIMNASIA. Como tú quieras. (Salen Selenia y Gimnasia; Melénide corta el paso a Alcesimarco) ESCENA TERCERA (Melénide, Alcesimarco) MELÉNIDE. ¿Podrías dejar ya de molestarnos? ALCESIMARCO. 'Molestón' es mi nombre.
  • 17. 16 MELÉNIDE. Te ruego que me dejes. ALCESIMARCO. Yo te juro... MELÉNIDE. No creo en tus juramentos: juramentos de amante nada valen. ALCESIMARCO. No me tomas en serio... MELÉNIDE. Tú te has buscado a otra. ALCESIMARCO. Me la buscó mi padre. MELÉNIDE. Y tú la has aceptado. ALCESIMARCO. ¡Que los dioses y diosas la desgracien y a mí jamás me vuelvan a creer si en esto estoy mintiendo! MELÉNIDE. Se acabó: no puedes engañarme y, si pudieras, jamás engañarías a los dioses. ALCESIMARCO. ¡Pero voy a casarme con Selenia! MELÉNIDE. Te casarás con ella si los dioses lo quieren. Ahora, si me permites... ALCESIMARCO. La he cubierto de joyas y vestidos. MELÉNIDE. La cubriste, eso es cierto, y ella se entregó a ti como querías. ALCESIMARCO. Sí que me dio su más preciado bien; y yo también la amé más que a mi vida. MELÉNIDE. Y si tanto la amabas, ¿por qué la abandonaste? ALCESIMARCO. No tuve más remedio. MELÉNIDE. De nosotras te burlas porque estás prometido con esa ricachona que ha venido de Lemnos: que te luzca. No somos, como tú, de clase alta, ni en fortuna podemos compararnos, pero a nosotras nadie nos dirá que somos mentirosas ni perjuras. Si alguna vez te ocurre una desgracia, desde ahora sabrás por qué te ocurre. ALCESIMARCO. ¡Que los dioses me maten... MELÉNIDE. ¡Ojalá! ALCESIMARCO. ...si alguna vez me caso con la prima que mi padre me tiene destinada! MELÉNIDE. Y a mí también, si alguna vez te diera a mi hija por esposa. ALCESIMARCO. ¿Y te da igual que me vaya al infierno por perjuro? MELÉNIDE. Lo mismito me da; mejor es eso que dejar que te burles de mi hija. Ve allí donde se crean tus juramentos: con nosotras has roto la baraja. ALCESIMARCO. Ponme otra vez a prueba, por favor. MELÉNIDE. Muchas veces lo hice y me arrepiento. ALCESIMARCO. ¡Devuélveme a Selenia! MELÉNIDE. Me aplicaré el refrán: "Lo que di, no quisiera haberlo dado; lo que queda, lo tengo bien guardado." ALCESIMARCO. Pero, entonces, ¿no vas a devolvérmela? MELÉNIDE. Por mí está respondiendo tu pregunta. ALCESIMARCO. ¿Y no vas a ceder? MELÉNIDE. Desde hace tiempo sabes cuál es mi decisión. ALCESIMARCO. ¿Te lo has pensado bien? MELÉNIDE. Como que ni me acuerdo del asunto. (Tapándose los oídos) Por Pólux, tus palabras no entran ya en mis oídos. ALCESIMARCO. ¿Ah, no? Ahora verás. ¡Que los dioses y diosas del cielo y del infierno y hasta los semidioses de entremedio y Juno, hija de Júpiter supremo,
  • 18. 17 y el dios Saturno, que es su tío paterno... MELÉNIDE. ¡Por Cástor, es su padre! ALCESIMARCO. ...la opulenta Cibeles, que es su abuela... ! MELÉNIDE. ¡Querrás decir su madre! ALCESIMARCO. Juno es la hija y Saturno es su tío y dios supremo. ¡Me distraes y por eso me equivoco! MELÉNIDE. Sigue gritando: no te la daré. ALCESIMARCO. ¡Pues entonces que Júpiter y Juno y que Jano me... ! ¡No sé por dónde iba... ! Ah, sí; atiende bien, mujer, y entérate: ¡Oh, dioses todos, grandes y menudos, incluidos los Lares patelarios, que no vuelva a besar a mi Selenia si hoy a ti y a tu hija no os degüello, o a más tardar mañana, con el alba, no me llevo a las dos yo por delante, o si no, a la tercera acometida, no os machaco a las dos a batacazos si tú no me devuelves a Selenia! Me he desahogado ya y ahora me voy. (Sale por el lateral izquierdo) MELÉNIDE. Se marchó enfurecido. ¿Qué haré? Si Selenia se vuelve con él, estaremos igual que al principio: cuando el mozo se canse de ella, la echará de la casa y traerá como esposa a la prima de Lemnos. Voy tras él, para ver si este loco hace algún disparate, que luego, ya se sabe, la ley no es igual para el rico que para los pobres. (Cuando va a ir tras Alcesimarco, ve que alguien llega por la derecha) Y ahora, santo dios, ¿quién será éste que viene a la carrera por la plaza derechito hacia aquí? ¡Qué sobresaltos! (Se retira hacia la izquierda para no ser vista por Lampadión, que desde el lateral derecho entra corriendo)
  • 19. 18 ACTO IV ESCENA PRIMERA Lampadión, Fanóstrata, Melénide LAMPADIÓN. (A los espectadores) Gritando por las calles perseguí como un perro ladrándole a la vieja: la muy jodida no soltaba prenda: quería hacerme creer que estaba ida. Y yo, venga a insistir y a prometer, hasta que al fin se me ocurrió decirle que le daría un cántaro de vino... FANÓSTRATA. (Entrando desde el lateral derecho) Desde casa venía diciendo yo que la voz que había oído había de ser la de mi esclavo, el buen Lampadioncito. LAMPADIÓN. Y no estás sorda, mi ama: oíste bien. FANÓSTRATA. ¿Alguna novedad? LAMPADIÓN. Te va a encantar. FANÓSTRATA. ¡Cuenta ya! LAMPADIÓN. Hace sólo un ratito, vi a una vieja que andaba por aquí... FANÓSTRATA. ¿Era la misma que cogió a mi niña? LAMPADIÓN. ¡Acertaste! FANÓSTRATA. ¿Y qué más? LAMPADIÓN. Voy y le suelto cómo desde el hipódromo la vi recoger a la hija de mi ama. Ella tembló. MELÉNIDE. (En aparte) Y a mí un escalofrío me ha recorrido el cuerpo. FANÓSTRATA. ¡Continúa, que me tienes en ascuas! MELÉNIDE. ¡Ojalá no pudieras oír lo que ahora sigue! LAMPADIÓN. La vieja a mis preguntas no responde: se hace la loca. FANÓSTRATA. ¿Y tú? LAMPADIÓN. Yo la persigo a voces por las calles: "¡Eh, tú, la de la niña! ¡Que robaste una niña! ¡Sí, sí, tú...!" FANÓSTRATA. ¡Sigue contando, sigue! LAMPADIÓN. Te resumo: llegamos a su casa y allí estaba su hija. FANÓSTRATA. ¿Quieres decir mi hija? LAMPADIÓN. Espera un poco. De sopetón me encaro con la chica y le digo que aquella no es su madre. Ella se echa a reír y yo le añado: "A la puta miseria te condena esta vieja, porque ella no es tu madre. Yo volveré a llevarte con los tuyos; te espera la opulencia: perteneces a una noble y riquísima familia. Más de veinte talentos te dará tu padre como dote, y no tendrás que ganarte la vida al modo etrusco, alquilando tu cuerpo por tres perras." FANÓSTRATA. ¿Quieres decir que es una meretriz la que la recogió? LAMPADIÓN. Lo fue en su tiempo. Ya la mujer no está para esos trotes.
  • 20. 19 Pero deja que cuente lo que sigue: casi tenía a la chica convencida; la vieja entonces se echa a sus rodillas y le dice llorando que no la deje sola, y a mí me jura por lo más sagrado que era su hija y que ella la parió. "La que tú buscas se la di a una amiga que la ha criado como hijita suya." FANÓSTRATA. ¡Salvadme, dioses! MELÉNIDE. ¡Pero a mí me hundís! FANÓSTRATA. ¿Le preguntaste el nombre de su amiga? LAMPADIÓN. Le pregunté y me contestó diciendo que se la dio a la meretriz Melénide. MELÉNIDE. ¡Mi nombre ha pronunciado! ¡Estoy perdida! LAMPADIÓN. De inmediato le digo: "¿Dónde vive? Llévame hasta su casa." Ella contesta: "Se marchó al extranjero." MELÉNIDE. Un respiro me da. LAMPADIÓN. "¡Me estás tomando el pelo!" digo yo. "Dondequiera que esté, la buscaremos. Dile adiós a la vida si, por Hércules, no me llevas a casa de tu amiga." Seguí con amenazas y porfías, y venga 'Hércules sí y Hércules no', hasta que al fin la vieja me juró que me iba a decir dónde vivía. FANÓSTRATA. ¿Y te lo ha dicho ya? LAMPADIÓN. Todavía no. FANÓSTRATA. ¿Y la dejaste ir? LAMPADIÓN. La tengo controlada. Ella me dijo que debía hablar antes con otra que era muy amiga suya y que tenía su parte en el negocio. Sé que vendrá. FANÓSTRATA. ¿Qué quieres que haga yo? LAMPADIÓN. Vete a casa y estate allí tranquila. Vuelvo corriendo yo donde la vieja. FANÓSTRATA. Lampadión, por favor, resuélvelo. LAMPADIÓN. Te lo traeré resuelto. Vete a casa. FANÓSTRATA. De los dioses lo espero, y de ti. LAMPADIÓN. De ellos espero yo que tú te vayas. (Sale Fanóstrata; Lampadión va a iniciar el mutis cuando Melénide lo llama) MELÉNIDE. ¡Eh, buen mozo, escúchame un momento! LAMPADIÓN. ¿Es a mí? MELÉNIDE. Sí, a ti. LAMPADIÓN. ¿Y qué me quieres? Estoy hasta los topes de trabajo. MELÉNIDE. ¿Quién vive ahí? LAMPADIÓN. Mi amo Demifón. MELÉNIDE. ¿El que va a dar a su hija en matrimonio al rico Alcesimarco? LAMPADIÓN. Ese mismo. LAMPADIÓN. Oye, tú, ¿y quién es esa otra hija que andáis buscando ahora? LAMPADIÓN. Te diré: esa hija que buscamos no nació de su esposa y es hija de su esposa. MELÉNIDE. ¿Y eso qué significa? LAMPADIÓN. Te lo explico: Es la hija que a mi amo le nació de su primera unión. MELÉNIDE. Pues no lo entiendo: cuando estabas hablando con tu ama
  • 21. 20 le decías que buscabas a su hija. LAMPADIÓN. Y a su hija estoy buscando. MELÉNIDE. ¿Pero, entonces, cómo va a ser tu ama la primera y la actual esposa de tu amo? LAMPADIÓN. Me machacas: la joven que mi amo le dará en matrimonio a Alcesimarco es hija de la esposa de entremedio. Esa esposa murió. ¿Lo vas cogiendo? MELÉNIDE. Hasta ahí lo he cogido; pero explica ese galimatías que te traes: ¿cómo es que la primera es posterior y la última mujer es la primera? LAMPADIÓN. Antes de contraer primeras nupcias, violó el amo a mi ama y la dejó preñada; ella parió una niña y a mí me la entregó: la expuse; la cogió otra mujer y yo la vi. El amo se casó después con mi ama y ahora andamos buscando a la criatura. (Melénide, tocada por el relato y a punto de desfallecer, sube los ojos al cielo) ¿Qué haces mirando al cielo? MELÉNIDE. Márchate adonde ibas. No te entretengo más: ahora lo entiendo. LAMPADIÓN. ¡Por Hércules, doy gracias a los dioses, porque, de no entenderlo, me parece que no me habría marchado en todo el día! (Sale de escena por la izquierda) MELÉNIDE. Todo se ha descubierto: aunque no quiera será mucho mejor para las dos ganar la gratitud de esa familia antes que Lena Sira me denuncie. Iré hasta casa y me traeré a Selenia a fin de que ella vuelva con sus padres. (Hace mutis por el lateral derecho) ESCENA SEGUNDA (Alcesimarco que, espada en mano, entra a escena desde el lateral izquierdo) ALCESIMARCO. ¡Recibe junto a ti, oh muerte cruel, a un amigo que siempre te ha querido! (Dirige la espada a su pecho) ¿Me meteré la espada por aquí, o me heriré por el costado izquierdo? (Mira a ambos lados, como buscando a alguien con quien compartir su momento supremo) ¡Con este hierro que en la mano tengo pondré yo fin a tanto sufrimiento! ¿Qué haces? ¿A qué esperas? ¡Abandona la vida! (Vuelve a mirar buscando la llegada de otros personajes) ¡Ven a por mí, ven ya, muerte feroz, y pon fin a un tormento tan atroz! (Mirando impaciente a los lados del escenario) ¡Reino de sombras, Hades espantoso, acógeme en tu seno tenebroso! (Baja la espada, pero sigue recitando en el mismo tono lúgubre y entregado) ¡El texto se me acaba y no es cuestión de a solas resolver la situación! (Desistiendo de su interpretación, se dirige al público) Unas chapuceras son mis compañeras. ¡Porque yo he salido cuando me tocaba! Debían estar aquí para mi muerte y andarán por ahí cotilleando. ¡Me hacen siempre la misma! ¡Me han jodido la escena! Ya les vale que dan con un profesional.
  • 22. 21 Me vuelvo adentro mientras que ellas llegan. (Con mucha dignidad hace mutis hacia la izquierda) ESCENA TERCERA (Melénide, Selenia, Halisca entran desde el lateral derecho; Melénide trae con ella una cestita) MELÉNIDE. De rabo a cabo te conté el asunto. Separarme de ti me duele mucho, pero, a pesar de todo mi cariño, debo hacerme a la idea de perderte y mirar por tu propio beneficio. ¿Querrás venir conmigo, mi Selenia, para que yo te lleve con los tuyos? SELENIA. Te quiero más que si mi madre fueras. ¡No podré soportarlo! MELÉNIDE. No llores, hija mía. Dentro de esta cestita encontrarás el collarcito que traías al cuello. Con él venías tú cuando te trajo, tan pequeñita, a mí la Lena Sira; en cuanto se lo muestres a tus padres podrán reconocerte fácilmente. Cógete tú, Halisca, la cestita; llama a su puerta y diles de mi parte que salga alguien de dentro. HALISCA. Sí, señora. (Cuando Halisca va a dirigirse al lateral derecho, entra por la izquierda, de nuevo espada en mano, Alcesi- marco; del susto se le cae a Halisca al suelo la cestita) ALCESIMARCO. ¡Recibe junto a ti, oh muerte cruel, a un amigo que siempre te ha querido! SELENIA. (Señalando a Alcesimarco) ¡Madre, estamos perdidas! MELÉNIDE. ¿Qué te pasa? ALCESIMARCO. ¿Me meteré la espada por aquí, o me heriré por el costado izquierdo? SELENIA. ¿No ves a Alcesimarco con la espada? ALCESIMARCO. ¡Con este hierro que en la mano tengo pondré yo fin a tanto sufrimiento! SELENIA. ¡Por favor, ayudadme, que se mata! ALCESIMARCO. ¿Qué haces? ¿A qué esperas? ¡Abandona la vida! (Viendo por fin a Selenia, se abraza a ella) ¡Salvación mía, mucho más benéfica para mí que la diosa Salvación, lo quiera o no, tú sola harás que viva! MELÉNIDE. ¿No ibas a hacerlo en serio? ¿A que no? ALCESIMARCO. ¡Tú ni me hables! He muerto para ti. (Abrazándose más estrechamente con Selenia) Pero seguro que a ésta no la suelto, pues, por Hércules, tengo decidido pegarla y adosarla toda a mí. (Con una mirada de reproche hacia Melénide, entra en la casa muy amartelado con Selenia) MELÉNIDE. ¡Se fue, se la llevó! Halisca, vamos dentro a contárselo todo, a ver si así soy capaz de amansarlo. HALISCA. Sí, señora. (Las dos mujeres se meten en la casa; la cestita queda ante la puerta)
  • 23. 22 ACTO V ESCENA PRIMERA (Lampadión, Fanóstrata entrando a escena desde el lateral derecho) LAMPADIÓN. ¡No recuerdo haber'visto jamás a una vieja más bruja que aquella! Ahora niega lo que antes juró. ¡Que me maten si dejo que esa...! (Viendo la cestilla) ¿Qué hace aquí esta cestita en el suelo? Y en la calle no veo ni un alma. (Recogiendo la cesta del suelo) ¿No será de la casa la cesta? FANÓSTRATA. (Fijándose en la cesta) ¡Santos dioses, venid a ayudarme! LAMPADIÓN. ¿A los dioses imploras? FANÓSTRATA. ¡La cesta! ¡Esa cesta es igual que aquella otra en que tú te llevaste a la niña! LAMPADIÓN. Mira a ver... que de cestas iguales hay muchas; ya se sabe: el que hace un canasto, hace cien. FANÓSTRATA. ¡Es su cesta! Y aún conserva los mismos lacitos con que yo la adorné. LAMPADIÓN. Si eso mismo cualquier otra mujer lo jurara, le diría que estaba borracha. FANÓSTRATA. ¡Lo recuerdo muy bien: es la suya! LAMPADIÓN. ¿Y de dónde salió la cestita, o qué dios la dejó justamente en el sitio oportuno y ante nuestra narices? (Se abre la puerta de la casa de Selenia y de ella, con mucho misterio, sale Halisca) FANÓSTRATA. ¡Santa diosa Esperanza, socórreme! (Fanóstrata y Lampadión se retiran hacia la izquierda con la cestita, que queda cubierta por el manto de Fanóstrata) ESCENA SEGUNDA (Halisca, Lampadión, Fanóstrata) HALISCA. Si los dioses no me ayudan, me parece que la cesta no aparece. Como soy tan despistada, si mi ama se enterara, tengo miedo que mi espalda se resienta. En la mano la tenía y no puedo imaginar dónde pudo ir a parar la cestita. Espectadores queridos, buenos hombres, ¿no podríais indicarme si alguien vio dónde cayó la cestita, o, si alguien se la ha llevado, si se marchó por aquí o se fue por aquel lado? Y si alguno de vosotros la cogió, le pido que haga el favor de devolvérmela. Pero, ¿qué hago molestando y preguntando a unos hombres que se alegran de lo malo que nos pasa a las mujeres? Me pondré yo a rebuscar por si encuentro alguna huella,
  • 24. 23 pues, si nadie la cogió, la cestita estaría aquí, y si la cesta no está es que alguien la cogió. Vamos a ello, Halisca: vista a tierra, mira al suelo, sigue la pista, ojo atento, con astucia toma augurios para sacar algo en limpio. LAMPADIÓN. (Desde su aparte, señalando a Halisca) ¡Ama! FANÓSTRATA. ¿Qué? LAMPADIÓN. ¡La que perdió la cestita! FANÓSTRATA. Ya lo sé. HALISCA. El que haya sido, ha pasado por aquí, porque en el polvo se ve la huella de su zapato; voy a rastrear su rastro. Aquí se junta con otro. Aquí mis ojos se ofuscan: se detienen; luego siguen para allá. Aquí hubo una reunión; eran dos, eso está claro. Luego tiran para acá... ¡Y aquí se pierden las huellas! (Halisca ha llegado justamente a los pies de Lampadión y Fanóstrata) LAMPADIÓN. ¿No buscarás un zapato? HALISCA. No, señor: una cestita que se ha volado de aquí. LAMPADIÓN. Si la cestita volaba, debieras haberla puesto en una jaula. HALISCA. Pues no se me había ocurrido. FANÓSTRATA. ¿Y que hay dentro de la cesta? HALISCA. Una cosita. LAMPADIÓN. Me figuro; no iba a haber todo un rebaño de esclavos en la cesta. FANÓSTRATA. Déjala que ella se explique. ¿Qué contiene la cestilla? HALISCA. Un tesorito. LAMPADIÓN. Pues aquí hay uno que sabe dónde está. HALISCA. Aquí hay otra que estaría agradecida si le dicen dónde está. FANÓSTRATA. Pero el que lo sabe quiere que le den una propina. HALISCA. Y la que perdió la cesta no tiene nada que darle. LAMPADIÓN. (Acercándose a Halisca) ¿Y si , en lugar de dinero, ese hombre prefiriera un buen servicio? HALISCA. (Sugerente) Por Pólux, esa mujer siempre paga los favores que le hacen. FANÓSTRATA. (Cortando el incipiente romance) Ya nos has hecho un favor: confesamos que tenemos la cestita. HALISCA. ¡Que la Salud esté siempre con vosotros! ¿Y dónde está la cestita? FANÓSTRATA. Está a salvo: yo la tengo. HALISCA. Pues me haces el favor, buena señora, de devolverla ya a su propietaria. FANÓSTRATA. Tendrás que responderme a unas preguntas. (De casa de Selenia sale Melénide) HALISCA. Mejor será que te responda mi ama.
  • 25. 24 ESCENA TERCERA Todos los personajes MELÉNIDE. Halisca, ¿la cestita...? HALISCA. ¡Se perdió! (Señalando a Fanóstrata) Pero la tiene ella. FANÓSTRATA. Yo la tengo, y quisiera saber con quién estoy hablando. MELÉNIDE. Melénide me llamo. ¿Tú quién eres? FANÓSTRATA. ¡Santo dios! LAMPADIÓN. ¡Dioses santos! FANÓSTRATA. ¡Has pronunciado el nombre de Melénide! MELÉNIDE. Mi nombre he pronunciado y la cestita a mí me pertenece. LAMPADIÓN. ¡Mentirosa! ¡Esa cestita pertenece a mi ama! (Llegan Lena Sira y Gimnasia, perseguidas por el Padre de Alcesimarco) EL PADRE. ¡Mentirosas, farsantes, fuleras! ¡Veinte minas me queríais sacar! ¡Veinte minas pedían para que ésta me dejara a mi chico en paz, y ahora van y me dicen que ellas nada tienen que ver con mi hijo! LENA SIRA. ¡Que era sólo una broma, buen hombre! GIMNASIA. ¡Se trataba de un juego! MELÉNIDE. Pues a punto llegáis de ver cómo termina aquí esta otra partida. GIMNASIA. (Sorprendida; yendo hacia Melénide) ¡Melénide! EL PADRE. (Igualmente sorprendido; yendo hacia Fanóstrata) ¡Fanóstrata querida! ¿Tú también por aquí? Mi querida consuegra, supongo que la boda sigue en pie... FANÓSTRATA. Mi querido consuegro... (Dirigiéndose a todos, descubre la cestita) Es hora de saber qué esconde esta cestita. LAMPADIÓN. Lo veremos. (Coge la cesta, cierra los ojos y mete la mano en ella) Haré igual que los niños: meteré la manita en la cesta y sacaré... (Salen ahora de la casa, muy abrazados, Selenia y Alcesimarco) EL PADRE. ¡Alcesimarco, el que nos faltaba! ¿De dónde sales tú? (Señalando a Selenia) ¿Y quién es ésa? ALCESIMARCO. Ella es mi único amor; ella es mi vida. EL PADRE. ¡Amor te daré yo, so tarambana! (A Fanóstrata) Es una chiquillada, tú ni caso. LAMPADIÓN. (Que se ha quedado con la mano metida en la cesta) ¿Lo saco o no lo saco? EL PADRE. ¿Sacar, qué? FANÓSTRATA. ¡Sácalo ya de una vez! (Lampadión saca de la cesta un collarcito y lo muestra; Fanóstrata lo coge arrobada) ¡Es su collar! ¡Es el de ella! ¡Soy la madre de la niña que llevaba este collar! GIMNASIA. ¡Es el collar de Selenia! LENA SIRA. También yo lo reconozco. EL PADRE. Yo me estoy volviendo loco. LAMPADIÓN. Vas enseguida a entenderlo.
  • 26. 25 MELÉNIDE. (Avanzando con Selenia hacia Fanóstrata) Aquí te entrego a tu hija -¡bien que me duele el hacerlo! Para que ella sea feliz, te entrego lo que más quiero. FANÓSTRATA. ¡Hija mía! SELENIA. ¡Madre querida! FANÓSTRATA. ¡Hija de mi corazón! (Se abrazan madre e hUa) EL PADRE. ¿Hija tuya? ¿Desde cuándo? A mí me lo explicáis luego. HALISCA. Este señor no se entera... SELENIA. Yo soy tu hija Selenia: Lena Sira me encontró, Melénide me ha criado, de hermana tengo a Gimnasia y el gran amor de mi vida siempre ha sido Alcesimarco. GIMNASIA.¡Yo lo siento, pero, mira, las lágrimas no me aguanto! FANÓSTRATA. (A Selenia) Con él te podrás casar. EL PADRE. Eso, si aún no se han casado. FANÓSTRATA. Cuando tu padre regrese... LAMPADIÓN. Si es que a Lesbos no ha marchado... FANÓSTRATA. ...la boda celebraremos. Y por supuesto que a ella todos estáis invitados, porque de ahora en adelante una familia formamos. ¡Que se disponga el banquete! EL PADRE. Conforme, si tú lo ordenas. GIMNASIA. ¡Enhorabuena, Selenia! ¡Lo has logrado, Alcesimarco! (Suena la música; en un cómico ballet los personajes acarrean cestas, bandejas, cántaros y guirnaldas que disponen en torno a la mesa que se está montando; en ella ocupa un lugar preeminente la cestita de Selenia) LAMPADIÓN. ¡A preparar el banquete! EL PADRE. Y ya, metidos en gastos, ¡que se traiga lo mejor! ALCESIMARCO. ¡Contrataremos flautistas! EL PADRE. ¡Y un montón de danzarinas! FANÓSTRATA. ¡Que se pongan los manteles! GIMNASIA. ¡Y que se adornen con flores! LAMPADIÓN. ¡Ya llegan los entremeses! HALISCA. ¡Aquí van los chuletones! LENA SIRA. ¡Que corra el vino a raudales! SELENIA. ¡Y los dulces que no falten! ALCESIMARCO. ¡Lo que tú quieras, mi amor! SELENIA. ¡Quiero bailar hasta el alba! ALCESIMARCO. ¡Hasta el alba bailaremos! HALISCA. ¡Voy con la carne estofada! LAMPADIÓN. ¡Fresquito llevo el pescado! GIMNASIA. ¡Alegría, alegría! MELÉNIDE. ¡Va a ser la boda del año! FANÓSTRATA. O, mejor, ¡la del milenio! GIMNASIA. ¡Seguro que lo será, porque el Amor ha triunfado! (Los personajes se dirigen al público) LA COMPAÑÍA. Amables espectadores: lo mismo que comenzó, con un banquete termina la que Plauto tituló
  • 27. 26 'comedia de la cestita', y que en griego se llamaba 'el banquete de las damas'. Si queréis acompañarnos, también estáis invitados. Cuando hayamos terminado, nos iremos para adentro y los trajes dejaremos. A quien se haya equivocado le daremos un buen palo, y el que no se equivocó se podrá beber un trago. Una cosa sólo os falta: al igual que lo hacían vuestros abuelos, os pedimos que nos deis, al final de la comedia, vuestro aplauso como premio. FIN
  • 28. 27 Actividades de lectura  Investiga qué era el pallium, el himation griego, podrás establecer su relación exacta con el nombre aplicado al género de comedias que Plauto escribió: comoediae palliatae.  Originaria de la ciudad italiana de Atela, la atelana era un género cómico popular, anterior a la introducción del teatro literario o escrito. En ella los actores, a partir de un guión muy simple, improvisaban ante los espectadores de forma parecida a como luego, durante la Edad Media y el Renacimiento, se hizo en la commedia dell'arte italiana. Busca infor- mación sobre los personajes fijos de la atelana y compáralos con los de la commedia dell'arte.  Lee la primera escena del Acto I; en ella Gimnasia afirma que "el Amor es un dios pérfido". Entérate de quién es este dios, cómo se le representa, cuál es su función y qué nombres recibe en griego y en latín.  Tras leer esa primera escena, define la posición, en relación al amor, de cada uno de los tres personajes que en ella aparecen.  E1 asunto de la niña robada o abandonada de pequeña y luego recuperada por sus padres es muy común en la comedia antigua y parece responder a una realidad social bastante corriente en su época, aunque también hoy nos llegan noticias de abandono o de robo de niños. Con el reconocimiento –en griego anagnórisis– de Selenia por parte de su verdadera madre termina esta comedia. Imagina otro final diferente para la Comedia de la Cestita.  Los "tipos" fundamentales de los personajes que luego, a partir del Renacimiento, retomaría el teatro europeo quedaron marcados en el teatro griego y latino. Lee el acto III de La Celestina de Fernando de Rojas, el diálogo entre Celestina y Sempronio, y compáralo con lo que sobre las meretrices dice la Lena Sira en la primera escena de la obra.  Fíjate cómo se corresponden los sentimientos de Alcesimarco en su primera entrada en escena con los expresados por Lope de Vega en el soneto que hemos puesto en boca de Gimnasia. Observa cómo los tópicos o lugares comunes del mundo clásico –en este caso sobre el amor– perviven en la lite- ratura posterior. Igualmente podemos encontrar una curiosa relación entre lo que más adelante dice Alcesimarco sobre el amor y la muerte y lo dicho en otro soneto de Quevedo titulado "Amor constante más allá de la muerte".  Elige dos personajes de la comedia y haz su retrato físico (prosopografía) y su descripción psicológica (etopeya).