Este documento resume las intervenciones de los amigos de Job, Elifaz, Bildad y Sofar, defendiendo la idea de un Dios estrictamente justiciero que castiga siempre el mal y recompensa siempre el bien. Argumentan que los sufrimientos de Job son un castigo divino por sus pecados, aunque Job mantiene su inocencia. Más tarde interviene Elihú con argumentos similares, aunque reconoce que a veces Dios usa el sufrimiento para enseñar.