En el capítulo 3 del libro de Nehemías, se describe cómo diversas personas, desde sacerdotes hasta comerciantes, se unieron para restaurar las murallas de Jerusalén, destacando la importancia de la unidad y la voluntad de colaborar en la obra de Dios. A través de esta narrativa, se subraya que cada individuo, independientemente de su estatus, puede contribuir al propósito divino, mientras que aquellos que se consideran por encima de la tarea quedan en deshonra. Este capítulo invita a la reflexión sobre la disposición personal para cumplir con el llamado de Dios, incluso si implica salir de la zona de confort.