La autora plantea que América Latina ha estado históricamente subordinada a las naciones hegemónicas, pero que en el siglo XX ingresó en una etapa de dependencia capitalista. Mientras que la subordinación implica la pérdida total del poder decisorio, la dependencia supone vínculos económicos desiguales entre naciones fuertes y débiles que permiten cierta autonomía. El Estado jugó un rol central en la implementación de modelos de desarrollo nacionales dependientes en el siglo XX, aunque la influencia estadoun