El capítulo aborda cómo interactuar con una víctima del control mental sectario, sugiriendo que es más efectivo hacer preguntas introspectivas en lugar de afirmaciones que puedan ser percibidas como ataques. Resalta la importancia de establecer un diálogo pacífico y reflexivo, evitando el conflicto y el confrontamiento, para propiciar una evaluación crítica de las creencias por parte de la persona. Se mencionan casos históricos de manipulación y control mental en sectas, advirtiendo sobre los peligros de la aceptación ciega de doctrinas sin cuestionamiento.