Scarlet
A. C. Gaughen
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Sinopsis
Muchos lectores conocen el cuento de Robín Hood, pero serán
cautivados por esta nueva versión llena de acción, secretos y
romance.
Haciéndose pasar por uno de los ladrones de Robín Hood para
evitar la ira del maligno Lord Gisbourne, Scarlet ha mantenido su
identidad en secreto de todos en Nottinghamshire. Sólo Hood y su
banda saben la verdad: el ágil ladrón haciéndose pasar por un chico
es en realidad una mujer valiente con un pasado secreto. Ayudar a
la gente de Nottingham y engañar al corrupto Sheriff podría costarle
la vida a Scarlet mientras Gisbourne se acerca.
Es sólo su fiera lealtad a Robín —cuyas sonrisas fugases y
temperamento fuerte tienen el raro poder de inquietarla— lo que le
hace pensar a Scarlet que en esta lucha vale la pena morir.
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Este libro está dedicado a mi madre.
Tú me enseñaste lo que significa ser fuerte
y cómo tener mi propio vocabulario.
Te amo.
E
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1
n realidad, nadie sabe nada acerca de mí. Soy el secreto de
Rob, yo soy su informante, soy su sombra en lugares oscuros.
Nadie me toma por más de un muchacho bullicioso, un azote
de un niño. Ellos nunca ven realmente. Y no me importa que ellos no vean.
Como, cuando caminas por una habitación llena de hombres enormes y
ebrios como una cuba, no es tan malo ser ignorado.
Abrí la puerta del Friar Tuck, y el aire justo me golpeó en el rostro. Era
demasiado caliente y olía a cerveza y hombres, yo sonreí. Sería difícil, pero
aquí no me echarían por ser un ladrón y una mentirosa. Me introduje por la
puerta y me moví sigilosamente pasando a Tuck, el posadero, y entré en el
bar. Era tumultuoso con cuerpos, risas, y las tazas sirviéndose alrededor. Las
muchachas se abrían paso a través del terreno, con una sonrisa o una
palmada según sea necesario para salirse con la suya.
Atravesé la sala grande a la habitación pequeña que Tuck mantiene
para Rob. Tiene unos pocos pasajes secretos y Malcolm, el escocés grande
que conserva el bar, nos deja saber si algo está fuera de control. Que
viene muy bien viendo como, a pesar de que soy el de menos mentalidad
moral del grupo, no soy la única en hacer cosas contrarias a la ley.
Una puerta se abrió del lado de la sala grande, y luego la puerta de
nuestra habitación pequeña quedó un poco entreabierta hacia el pasillo,
por lo que aún podíamos mirar un toque y ver quiénes estaban llegando.
John estaba allí sentado, en el extremo del banco, mirando como siempre
lo está.
Rob me miró, y como fue justo lo usual, sentí que mi corazón saltó. Él
tiene una manera de mirarme en particular de la que no estoy muy
satisfecha. Me gusta deslizarme alrededor y no ser notada. Pero Rob me
ve. Incluso me vio antes de que yo supiera que estaba mirando.
—Scarlet, finalmente. —Esa era la versión de Rob de un saludo.
—Rob. John. Much —murmuré. Me senté al lado del último de los
tres, en parte porque eso significaba que podía esconderme en la esquina
y en parte porque Much no ve a nadie más que a Rob. Él tuvo algo de
mala suerte, cuando un muchacho y él era el tipo dulce, por lo que la
mayoría de la gente sólo le dio su piedad, como sobras a un perro. Él era el
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más joven de nosotros, también, de dieciséis años al descubierto, lo que no
ayudaba a ninguno, pero Rob sabía de lo que Much era capaz en verdad.
Significaba que Rob era su héroe, por encima y más allá, y yo podía
entender. Si yo fuera el tipo que tenía héroes, me habría vinculado a Rob
directamente. Veinte-y-uno y el mayor de nosotros, Rob era naturalmente
el que nos lideraba, pero además de eso, tendía a ver una poca
inteligencia en todos nosotros.
John me pasó una jarra de cerveza, y yo tomé un sorbo.
—¿Qué palabra? —Preguntó Rob. Él mantuvo su capucha puesta, la
mayoría debido a que el Sheriff estaba contratando nuevos mercenarios
todo el tiempo y sólo un poco porque a la gente le encantaba. Lo
llamaban el Hood1—lo menos que podía hacer era usarla.
—Dos palabras. En primer lugar, Freddy Cooper fue arrestado —dije,
mirando alrededor. No eran buenas noticias.
—¿Fred? —repitió Much—. Es sólo un niño.
—Lo suficientemente mayor para cazar furtivamente para su familia
—recordó Rob.
John se cruzó de brazos. —Él es el hijo mayor. Nosotros deberíamos
haber dejado claro que podría haber llegado a nosotros, Rob.
Rob lo miró. —Los primogénitos piensan que pueden proveer mejor a
su familia, John. Ellos no piden ayuda. Tú sabes eso mejor que la mayoría.
—Bueno —corté—, no estaba del todo en la caza furtiva.
Todos se volvieron hacia mí. —¿Para qué, entonces? —Preguntó Rob.
—La Señora Cooper fue al Sheriff hoy. Pidió más tiempo para pagar
sus impuestos, y él dijo que no. Luego tomó a Freddy y dijo que si ella no
puede pagar, él lo arreglará.
Los muchachos miraban, y raspé la uña en la mesa de madera en
lugar de mirar de regreso.
—¿El alguacil está tomando colateral ahora?
—¿Colateral? —le preguntó Much.
—Él está exigiendo el rescate de las personas por las deudas —dijo
Rob, bajando la capucha y frotándose las manos en su pelo. Sus ojos se
veían en el marco de su mano y me atrapó mirando.
1
Capucha.
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Su ceja se arqueó, pero miré a la mesa de nuevo, esperando que
estuviera lo suficientemente oscuro para ocultar las mejillas que se me
pusieron rojas sin que yo dé mi visto bueno.
—Si él llega a entrar en su cabeza ésta es una buena idea,
podríamos tener un montón de niños colgados desde Nottinghamshire—
dijo John.
—Él no debería. A menos, claro está, que más gente le dejen pensar
que no pueden pagar —dijo Rob.
—Lo que ellos no pueden —dijo Much.
—El Sheriff no sabe eso. Y recogiendo los niños sin causa sería incitar
un motín, que no es su intención. El miedo es mucho más eficaz. Lo que sí
significa, sin embargo, si alguien no puede pagar impuestos cuando llegue
el día, la gente de Nottinghamshire sentirá la carga de una manera
horrible.
Los muchachos se establecieron tranquilos mientras todos
considerábamos eso. Las cosas eran difíciles, y habíamos fijado si se
pondrían peor.
—Le dejaré fuera —les dije—. Hoy encontré una nueva manera de
colarme en la prisión.
—¿Qué?
—¿Qué?
—¿Qué? —Todos se me vinieron a la vez.
Parpadeé. Honestamente, todos ellos me oyeron. Yo no tengo la
costumbre de repetirme.
—¿Esta es tu idea, Rob? ¿Enviarla a la prisión? —Gruñó John.
Así que yo soy una chica. La mayoría de la gente no nota eso de mí.
Todos los chicos me llaman Will Scarlet si otras personas están alrededor;
unas pocas personas saben que es solo Scarlet, pero la mayoría piensa
que soy Will.
—La primera cosa que me preocupa es la seguridad de Scar, John
—dijo Rob, su voz lo suficientemente baja fue lo que me hizo verlo.
Un músculo en la mandíbula de John se tensó, pero no dijo nada—. Scarlet,
¿qué diablos estabas haciendo en el interior del Castillo de Nottingham, y
mucho menos dentro de la prisión? —Preguntó Rob.
Saqué una de mis dagas. Era un poco peligroso, pero había
presentado la hoja con el filo hacia abajo. Me hizo sentir un poco más fácil,
teniendo todos estos ojos en mí, si tuviera un cuchillo en la mano. —Yo
estaba aburrida. Fui a dar un vistazo alrededor.
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—Scar, tan sólo no puedes —comenzó Rob.
—Ni usted, Su Excelencia, ni tú, Pequeño John, pueden decirme a
dónde ir o no ir —Much se inclinó hacia adelante y yo lo miré fijamente—.
Ni siquiera lo pienses, Much.
La boca de John se apretó. —No vas a regresar a la prisión sin mí.
—No puedes meterte en mis entradas, John.
—Y tú no puedes recibir un golpe, Scarlet.
—Nadie ha sido capaz de atraparme para intentarlo.
—Tu cogiste el áspero final de algo una vez —recordó, empujando su
dedo pulgar sobre la delgada cicatriz que corría a lo largo de mi pómulo
izquierdo.
Furia golpeaba detrás de mis ojos y agarré su muñeca, girándola y
presionando mi daga en su vena.
Él apartó la mano lentamente, su boca torcida en un poco de una
sonrisa. —Voy a ir con ella a conseguir a Freddy, Rob.
Rob estaba frunciendo el ceño. —Está bien. Sólo lo sacan de allí, y
cuida de Scar.
—Sinceramente —escupí. Yo podía cuidar de mí misma, después de
todo.
—Y Scar, vigila a John. Nos preocupamos los unos a otros —me
recordó—. Eso es lo que hace una banda.
Fruncí el ceño. —Tú me chantajeaste en esto, ¿te acuerdas? No
estoy en la banda de nadie —dije. Cada vez que yo decía eso, parecía
como si pateara a su gatito.
—Pensé que nadie te hacía hacer nada en contra de tu voluntad —
dijo Rob, cruzando los brazos.
—Ellos no lo hacen. Puedo elegir lo que quiero. Acabo de elegir
ayudarte en vez de ser enviada a prisión.
—Y tú has estado eligiendo eso durante los últimos dos años.
Crucé mis brazos. —Sí. No es como que no puedo abandonar
cuando quiera.
Sus ojos azules recogían algo de la llama de la vela y parpadearon
de nuevo como si fueran mechas. Su cabeza se inclinó hacia delante y el
azul de sus ojos parecía más como aguas revueltas. Una sonrisa
desenfadada se deslizó sobre su boca. Contuve el aliento, tratando de no
notarlo.
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—Entonces no es un chantaje, ¿cierto, Scar?
Apreté mi boca.
—Nos cuidamos unos a otros —repitió. Miró a los otros—. Much, ve a
lo de la madre de Freddy, asegúrate de que esté en calma. Voy a
conseguirles suficiente comida por un tiempo —Rob se asomó a la puerta,
hacia la taberna—. No va a responder el problema más grande, sin
embargo. En primer lugar, vamos a tener que ocultar a los otros niños
Cooper también.
—Toda la familia —dije.
Rob asintió. —Y tenemos que asegurarnos de que cualquier otra
familia pueda pagar. Tenemos menos de un mes antes del día de
impuestos, ¿y cuánto hemos acumulado?
Much suspiró. —¿Para cubrir los impuestos de los campesinos por
ellos? No lo suficientemente cerca. Y lo que tenemos ya es necesitado—la
gente apenas tiene suficiente comida y dinero para sobrevivir, y mucho
menos para ser gravados.
—Es estúpido hacer esto cada vez —dije. Se miraron como si yo fuese
Satanás—. ¡Lo es! Luchamos por mantener a todos a flote y luego el
alguacil sólo nos hunde más.
John rodó sus ojos. —Siento que tengas que trabajar tan duro,
¿ladrón perezosa?
—Esto no nos lleva a ninguna parte —Espeté, mirándolo.
—Tiene razón —dijo Rob—. Ya hemos visto que toma más detener al
Sheriff que tan sólo proteger al pueblo.
—No veo por qué tu no sólo vas ardiendo allí —le dije—. Tú eres el
conde legítimo. Tú te criaste como tal. Toda la gente todavía piensa que
eres su señor.
—Yo era —Recordó Rob—. Pero ahora me falta el derecho y el
ejército para tomarlo de regreso, Scar.
Me encogí de hombros. —Yo podría matarlo.
—Te gustaría poder matarlo —dijo John con un resoplido.
Le di una patada en la espinilla y un gruñido bajo.
—Matarlo no restablecería mi derecho. No después de que el
Príncipe John llamó a mi padre un traidor—después de que él ya estaba
muerto, y mientras yo estaba lejos y no pude defender su nombre —dijo,
haciendo una pausa mientras sus puños se tensaron como cuerdas de
arco.
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Él negó con la cabeza. —El Príncipe John despojó ese derecho y se
lo dio al alguacil, por lo que a menos que el príncipe tenga un cambio de
actitud, matando a este Sheriff tan sólo permitirá que uno nuevo suba. De
todos modos —dijo Rob—, tenemos que conceder a la gente algún tipo de
indulto. No pueden soportar esta opresión.
—El Sheriff obliga a que los guardias les quiten dinero que ellos no
tienen, es mezquino —dije.
—La mayoría se atrasan con los impuestos —recordó Much.
—Y a los guardias se les paga con ese dinero —dijo John.
—Un problema perfecto —dijo Rob. Suspiró—. Y uno que no
podemos estar preocupados por ahora. Tenemos que centrarnos en
conseguir a la gente el dinero suficiente para sobrevivir el impuesto de
día—y suficiente carne como para sobrevivir a la noche —Rob asintió con
la cabeza y se levantó, y yo levanté las cejas.
—No tan rápido. No es la única información que tengo. Hay más. Y
no es bueno.
—¿Qué es?
—Nottingham va a traer a un cazador de ladrones. Desde Londres.
No entendí el nombre, pero lo conseguiré.
John miró a su alrededor. —¿Por qué debemos preocuparnos
acerca de algunos mercenarios que atrapan ladrones?
Much se volvió hacia él. —John, todos podemos fácilmente ser
juzgados y colgados como ladrones. Robamos cosas.
—¿Sabes de cualquier cazador de ladrones? —Preguntó Rob.
Asentí. Un ladrón en Londres aprendió rápido a quién evitar. —Tienes
razón como la lluvia, a menos que sea Wild. O uno o dos más —Como
Gisbourne. Aunque en realidad, soy yo la que estaré en serios problemas si
se trata de Gisbourne.
—¿Con cuánto él va a ponerse en nuestro camino? —preguntó Rob.
—Basta ya. Y ya que estamos pensando tras otras cosas, como la
protección de las personas y conseguir monedas, él no lo hará. Él va a
estar buscando hacer su botín e irse, lo que significa tu cabeza—o todas la
nuestras—en una lanza.
John sonrió, inclinándose hacia atrás. —No podemos ser capturados.
Le pegué. —No seas tonto—Espeté.
Sus ojos se estrecharon en mí y di un chillido cuando me pellizcó.
—Suficiente —dijo Rob, cortando con mirada aguda a John—. Scar,
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mantén los oídos bien abiertos —Trató de pararse otra vez y me miró—.
¿Tengo su permiso ahora, mi señora?
—No me llames así.
—Incluso un ladrón merece un poco de respeto —Él me dio una de
las cálidas y heroicas sonrisas que hacía mis mejillas encenderse, y escondí
mi rostro debajo de mi gastado sombrero de fieltro—. John, asegúrate de
que ella coma algo. Tengo que ir de caza —Él caminó fuera de la
habitación, y con una mirada hacia John y a mí, Much lo siguió.
—¡No tengo hambre! —Le dije a la espalda de Rob—. O algún
mequetrefe que necesites cuidar, para el caso.
John se deslizó más cerca de mí con una sonrisa que significaba que
había escuchado a Rob por encima de mí.
—¿Cuando vamos a entrar en la cárcel, entonces? —Preguntó John.
—Medianoche. El guardia cambia entonces, y tú seguro parecerás
menos llamativo en esa multitud.
—¿Así que crees que luzco como un guardia? Tomaré eso
agradablemente —Tomó un trago de su cerveza, sus ojos brillando hacia
mí encima del borde.
Tiré mis ojos sobre él. —¿Brutal y estúpido? Sí, se te ve muy similar a un
guardia.
El brillo se enfrió. —Nunca tienes nada amable que decir, Scarlet.
—Sólo porque tú piensas que no puede ir sola. No tienes idea de lo
que puedo hacer. Soy más rápida que el relámpago.
—Yo sé que puedes manejarte. Otras personas son la parte más
difícil.
—No estoy hecha de cristal, John. Alguien me golpea y no me
rompo.
—Escucha bien, Scarlet. Siempre que esté cerca, si alguien quiere
hacerte daño y yo puedo detenerlo, lo haré.
Tiré mis ojos hacia él, y él me estaba mirando de esa manera que
odio, como si mirara el tiempo suficiente, él vería todo lo que era. —Me voy
a tirar algunos cuchillos por ahí.
—No, no, no —Llamó Tuck, empujando a través del marco de la
puerta y bloqueando mi salida. Tenía un plato de comida—. Robín dice
que usted coma.
—¡Piérdete! —repliqué.
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Él frunció el ceño. —Scarlet, tú no negarías mi comida, ¿verdad?
¿Conducir a un anciano a beber?
—Tú ya eres un borracho y un cocinero terrible.
—Ahora eso es injusto. Siéntese. Coma —me dijo—. Y yo tomaré una
copa mientras te miro —Sonrió, y sus mejillas captaron la luz y se llenaron
de bondadoso enrojecimiento. Me condujo de nuevo a la mesa, y John se
acercó más por lo que así me enjaulaban. Tuck puso un plato de estofado
de ciervo delante de mí.
Yo sabía que mientras más comiera menos se quedarían mirándome,
así que tragué algunos bocados antes de que empezaran a charlar entre
ellos. Elegí ese momento para pasar por debajo de la mesa y resbalar mi
camino de regreso antes de que pudieran alcanzarme.
No es que yo no coma. Yo como. Simplemente no me gusta la
caridad y no me gusta que piensen que pueden poner sus narices en mi
vida. Rob quiere que todos seamos como una familia, pero no yo. Quiero
mantenerlos lejos de mí.
Además, tenía recados que hacer. Me las arreglé conseguir unas
cuantas hogazas de pan del panadero del Sheriff y un poco de ropa de la
línea de la lavandera de la fortaleza, y no era como si yo tuviera alguna
utilidad para eso. Friar Tuck Inn se encontraba en Edwinstowe2, la pequeña
ciudad que estaba más cerca de nuestro campamento en el bosque, y
sabíamos que la gente de allí es la mejor, así que sabía quién necesitaba
qué. Las casas con techos de paja estaban tan cerca, al igual que los
niños acurrucados, y siempre los hacían parecer débiles, vulnerables.
Como que podían ser aplastados. Dejé pequeños paquetes en frente de
las puertas, la gente los buscó en la mañana, y sabía que, de alguna
pequeña manera, se alegraban.
Hice lo que pude, pero no era como que podría conseguir algo a
cada uno todas las noches. Esa parecía ser la parte más cruel. Trataba de
no pensar en las personas que despertaban y corrían hacia la puerta y no
encontraban nada, eso hacía doler mi pecho.
2
Es una aldea en el corazón del bosque de Sherwood, al norte de Nottinghamshire,
Inglaterra.
R
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2
egresé a la posada para encontrarme con John un poco
antes de medianoche; Edwinstowe estaba al norte de
Nottingham y teníamos un camino que recorrer para llegar a
Castle Rock. John no estaba allí aún, y yo no entré, solo me apoyé contra
el árbol y me mezclé.
John salió de la posada con Bess, una de las más bonitas, y con
mejor corpiño de las mozas en Tuck’s. Le sonrió y la empujó contra la
pared, podía oír cada descuidado movimiento del profundo y abierto
beso. Ella hundió los dedos en su pelo, y él se echó a reír.
Se apartó con una amplia sonrisa. ―Me tengo que ir ahora, mi amor.
¿Por qué no me cuelo en tu ventana más tarde?
―Dejaré la señal de siempre.
La empujó hacia la posada. ―Entonces, fuera de aquí.
Después de que ella cerrara la puerta con una risita, salí de los
arboles. No dije nada, él se limitó a asentir con una sonrisa y se apartó de la
pared.
―¿Ningún comentario? ―preguntó cuando la posada estuvo fuera
de vista. El camino era áspero debajo de mis zapatos, y sin una lámpara, la
luna nublada era la única luz, iluminando plata y suave el camino. Era
como si la ruta que recorríamos todos los días se hubiera ido, y
estuviéramos caminando a un encantado y extranjero lugar en vez de
mantenernos del sheriff. Podría ver a John claramente.
―Supongo que quieres que te diga lo furcia que es ella. ¿O que eres
tú? Pero en realidad, cada vez que escalas a su ventana, la haces pensar
que es todo para lo que ella es buena. Bess es una buena chica.
―Debes haber conocido todo tipo de cosas en Londres.
No lo dije. Yo no parloteo de Londres. Y además, no me respondió
sobre Bess.
―Acabaste bastante rápido en Tuck’s.
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―Lo hago cuando estoy siendo mangoneada ―dije, cortándolo con
una mirada.
―Entonces, ¿Cómo entraremos al castillo?
Miré hacia arriba. ―Buena noche para un ascenso.
―Oh, Scar ―se quejó―. No me gusta escalar, ya lo sabes. Y no es una
buena noche. Lo hiciste a propósito.
Tampoco he dicho eso. Caminé rápido.
Llaman al Castillo Nottingham Castle Rock por una buena razón, está
construido por una gran pila de rocas. Un lado de las rocas puras y
transparentes y el otro una serie de murallas fortificadas. La mayoría podría
pensar que es un camino para ir, pero veo rocas y no puedo dejar de subir
en ellas. Las rocas son fortificaciones, no paredes en lo alto. Un ejército no
puede escalar rocas ¿no? Y los castillos se construyen para mantener a los
ejércitos fuera, no a los ladrones.
Rob solía vivir allí, antes de las Cruzadas y antes del sheriff, con la
aprobación del príncipe John, se hizo cargo de la fortaleza. Llamaron al
padre de Rob traidor después de su muerte y dijeron que sus tierras serían
confiscadas por la Corona Inglesa. No era posible que él fuera un
verdadero traidor, pero había tierras y no estaba Rob aquí para
defenderlas, por lo que la Corona tomó lo que pudo, y a pesar de ello me
llaman ladrona.
Cuando Rob escuchó que su padre había muerto, regresó, y no
encontró nada, solo dolor y sufrimiento por todas partes.
Mientras él estaba fuera defendiendo su país, ellos estaban tomando su
derecho de primogénito.
Rob solía ser un conde, si puedes creerlo. Es por lo que se siente tan
peculiar con respecto a su pueblo, y por qué ellos se sienten peculiares
con respecto a él. La mayoría todavía lo llaman Su Gracia. Será un conde
otra vez cuando el Rey Richard vuelva seguramente.
Rob es el que nos enseñó la mayor parte de los entresijos del castillo,
pero algunos los he encontrado por mí cuenta, escuchando y mirando y
en general hurgando.
―¿Scar? ―le oí en la distancia. Miré hacia abajo. John no estaba en
lo absoluto lejos―. No vallas tan rápido.
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Sonreí. ―Te esperaré arriba. ―Por supuesto no iba hasta arriba, a tres
cuartas partes de escalada había una entrada secreta. Pero él no tenía
por qué saberlo, yo podía entrar y salir con Freddy antes de que siquiera él
estuviera arriba. Subiendo era rápida y constante por la luz de la luna,
haciendo los asideros visibles para mí. Había una gran roca dominado la
entrada del túnel, ocultándolo de vista, y me metí dentro. Desde allí todo
sería oscuro y sin luz, pero era lo suficientemente bueno para mí, no tenía
necesidad de ver las ratas que se escondían en las rocas.
El túnel era pequeño y unas partes estaban cediendo, pero aún
intactas, agachada corrí a lo largo del mismo. Iba derecho a los
apartamentos de la muralla principal en la cima de la roca, y de allí a un
paseo corto y sombrío a la prisión en la mitad de la muralla. El castillo se
encontraba establecido como una gigante escalera de caracol, y cada
una de las murallas un piso de la escalera, una fortaleza, defendido en sí
mismo.
La parte superior de la muralla era la más protegida y mantenía a las
personas y los almacenes, la parte inferior era para los guardias, y la mitad
de la muralla era para todo lo demás.
Ahora, la prisión tenía una entrada frontal, y eso era todo. Bajo el
suelo en la muralla del medio, la prisión no tenía ventanas, sin embargo,
había una salida de aire que era casi de mi tamaño exacto. Me deslicé de
cabeza hacia abajo, manteniéndome en el interior del ducto de escape
para ver a cualquiera que se encontrara en el pasillo. Nadie allí, y me
deslicé hacia abajo, permaneciendo tranquila y pegada a las paredes.
Había ratas por todas partes, y podía escuchar los chillidos tapando el
ruido que yo hacía.
―¡Hood! ―oí susurrar a alguien. Moví mi cabeza alrededor. Un preso
de pie, pegado a los barrotes―. ¿Estás buscando al muchacho?
Asentí con la cabeza, manteniéndola hacia abajo. Señaló al final de
la fila. Pude ver al guardia de frente, apartándose de mí, y la celda de
Freddy a la izquierda. Perfecto. Deslicé mi mano dentro de mi cinturón
mientras me colocaba cerca. Freddy se acurrucó en su sucio saco de
dormir. Parecía aún más joven allí, y en su cara se mostraba un gran
moretón.
Las cerraduras no eran difíciles de abrir, pero todavía tardó unos
cuantos momentos, y no fue ni siquiera la parte más difícil. Ir dolorosamente
lento, mientras se abría la puerta, chirriando hasta que se quedó quieto.
Con un suspiro, me metí en la celda y levanté a Freddy, callándolo
mientras él se despertaba y tirando de él a mi hombro. No preguntó, en
tanto lo sostenía con fuerza y cerraba la puerta detrás de nosotros
lentamente, esperando el pesado clic de la cerradura.
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Lo guié a la salida de aire y lo empujé hacia arriba, luego trepé yo
misma. Se retorció antes de hablar, pero en la parte de arriba de la rejilla
se dio la vuelta y preguntó―: ¿Hacia dónde voy?
―Quédate en la pared.
Desapareció en la parte superior, y oí un grito de Freddy más allá de
la oscuridad. Con el temor de Dios en mí, trepé hasta arriba al tiempo de
ver a John inclinándose y agarrando mi brazo. Su agarre dejaría
moretones. ―Más tarde te mataré, Scar.
Puse los ojos en blanco. ―Sígueme.
Subimos por la muralla superior, esquivando el callejón que había
entre la pared y las tiendas de artesanías. Al final de las tiendas, había una
brecha para cruzar sobre los apartamentos. Me deslicé por la pared, hasta
que recibí una clara mirada del lugar.
El muro de adobe se sentía duro a mi espalda. Escabulléndome
lento, fui al poste de madera en la esquina y miré alrededor.
Regresé mi cabeza, en aliento corriendo por mi pecho. Me quedé helada.
―Espero obtener resultados, Gisbourne.
El nombre quemó a través de mí como una estrella fugaz. Sentí la
garganta como si una mano se cerrara alrededor de ella, presionando,
cerrando mis pulmones.
No lo había visto en cuatro años, y ahora aquí estaba, menos de un
brazo de distancia de mí. Había huido de él y mantenido huyendo, y ahora
parecía que había corrido de vuelta para terminar de golpe nuestras vidas
juntas.
―Si por “resultados” te refieres a colgar a una banda de ladrones
mientras las adoradoras personas ven, dalo por hecho. ―dijo la suave,
oscura voz.
Cerré mis ojos; su voz comiendo a través de mí como el ácido. Sentí
el sudor saltar a mi piel y mi pecho quemando por no respirar. Mi puño se
abrió camino al cuchillo, y contuve un pequeño aliento.
―Pero ¿cuándo, Gisbourne?
Se echó a reír. ―Muy pronto.
―Asegúrate de eso. El Hood y sus hombres son el azote de la selva. El
príncipe John en persona me ha escrito para que esos ladrones sean
cazados como perros. La gente les protege, y no los puedo encontrar.
―Yo puedo. Los ladrones son una presa como cualquier otra, Sheriff.
Cazarlos, seguirlos y matarlos.
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Mi corazón huyó de mi pecho y mis manos temblaban.
―Bueno, te enseñaré en tus apartamentos, entonces.
Los dos cruzaron el patio con un flanco de los guardias, y yo
agachada, en parte porque no quería ser vista y en parte porque mis
rodillas se tambaleaban. Esperé hasta que estuvieron dentro de los
apartamentos y luego hice señales a John. Él y Freddy se deslizaron junto a
mí, y salté cuando Freddy me tocó el brazo.
―El túnel está detrás de las residencias ―susurré. Eché un vistazo
hacia atrás para ver a un guardia quedarse al margen, y solté el aliento―.
Cuando él pase en la otra dirección, podemos ir de uno en uno.
John suspiró pesadamente. ―Cristo, Scar. Soy bueno para algo.
―Pateó un poco el adoquín roto y lo recogió. Lo lanzó por el camino por el
que habíamos venido, y el guardia se puso alerta. Un momento después,
corrió hacia el ruido.
―¡Vamos! ―ordenó John.
Fruncí el seño, pero eché a correr. John tomó a Freddy de un brazo,
volando mientras cruzábamos el patio abierto de regreso a las residencias,
escondidos a salvo en las sombras. Ese era el problema del túnel; estaba
muy lejos del castillo. Nos hicimos con el túnel y sentí el alivio estrecharse a
través de mí. John cerró la escotilla detrás de nosotros, y una vez en la
oscuridad, lanzó un suspiro.
―Está oscuro. ―señaló Freddy al cabo.
―Voy primero, Freddy ―le dije―, vas detrás de mí.
―Fred. ―corrigió.
―Fred. ¿Te asegurarás de no perder a John?
―Lo haré.
Nos apuramos a través del túnel, y en la boca, en la oscuridad, Fred
se apretó a mi lado. ―No soy bueno con la escalada.
Me agaché. ―Yo soy buena. Sube.
―No seas tonta ―murmuró John, cogiendo a Fred y arrojándolo sobre
su espalda―. Por mucho que me gustaría verte caer de Castle Rock, quiero
lo mejor para ti, Fred.
―Todo el mundo sabe que Will Scarlet puede hacerlo todo. ―le
respondió Fred. John puso los ojos en blanco.
Decidí robar esta semana algo extra para Fred por eso.
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Fred se mantuvo tranquilo la mayor parte del camino de regreso, y
John y yo fuimos con él en medio de nosotros, permaneciendo muy cerca
el uno del otro. Sentí como si Fred necesitara personas de pie junto a él en
ese momento, e imaginé que John pudo haber tenido la misma idea.
Cada paso más lejos del castillo a mi espalda significaba que podía
respirar con mayor facilidad, pero aún con Castle Rock lejos, y más lejos de
Gisbourne, no me sentía segura.
Edwinstowe seguía hacia el norte en la carretera principal de
Nottingham. No era tan grande como Worksop, y Lord Thoresby, el noble
responsable de la ciudad, no tenía ese tipo de arcas en su guardia
privada. Así que con más frecuencia no llevaba a Edwinstowe la ira del
Sheriff como un pequeño lleva a un matón.
Además, más allá de Edwinstowe la carretera serpenteaba a través
del bosque hasta antes de llegar a Worksop, que era de los lugares a los
que hemos dado la mayor parte de nuestro dinero, mirando sobre la
carretera en el refugio del bosque, si se quiere. Esto significa que el Sheriff
baja mucho más difícilmente a las carreteras en medio de la selva, que las
que estaban en las ciudades cerca de él.
Cuando entramos al pueblo, la casa de los Cooper era la única con
velas encendidas en el interior, y vi a John dudar en tanto nos
acercábamos. Se detuvo en la puerta, y me detuve con él. ―Ve ahora,
Fred ―le dije―, esperaremos.
Fred avanzó lentamente, y con la poca luz se veía bastante pálido.
No lo culpo. Las madres podían ser algo difíciles. Su madre abrió la puerta
cuando él golpeó y se echó a llorar, llevándolo adentro sin siquiera
dirigirnos una mirada.
―¿Dónde lo llevan? ―preguntó John.
Examiné un rasguño en mi mano. ―Gran parte de padres tomarán a
su familia en Worksop hasta que podamos encontrar algún otro lugar.
―Lamiendo mi dedo pulgar, froté la suciedad de mi mano.
―Me mentiste esta noche. ―dijo John.
Me encogí de hombres. ―Te mentí mucho. Puedes ser más
específico.
―Dijiste que me esperarías arriba. Dijiste que iríamos juntos.
―Bueno, sí, eso fue una mentira.
Volvió la cabeza. ―No me importa un bledo si mientes, pero si lo
haces cuando la vida de un niño está en juego, te juro que te arrastraré
una cuadra.
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Mis oídos ardían, porque John era el tipo de persona que no
bromearía sobre golpear a una chica, pero me encogí de hombros. ―Lo
saqué de ahí, ¿no?
―¿Cómo conoces a Gisbourne? ―preguntó.
Me quedé helada. La mayoría de la gente, cuando está asustada o
algo, grita o sale corriendo, en general hacen justo lo obvio. He aprendido
a ser muy cuidadosa con lo que se muestra, por lo que soy de la clase que
se congela y piensa rápido. ―No lo hago.
―Sí, lo haces. Nunca he visto una pulgada de miedo en ti, y esta
noche tenías una pizca de ello, lo que supongo significa que estabas
aterrorizada. ¿Te iba a colgar en Londres?
―No conozco a Gisbourne. Solo sé su nombre. Eso es todo.
Se encogió de hombros. ―No tienes que decirme. Pero le diré a Rob
y lo obtendrá de ti.
―No hay nada que obtener.
Fred abrió la puerta con un pequeño bulto de ropa, su madre y sus
hermanas se hallaban un paso detrás de él. La vela de la ventana estaba
apagada. ―¿Listo para irnos, Fred? ―pregunté.
Él asintió. John puso su brazo en el hombro de Fred. Siempre el
hermano mayor.
Caminamos a Worksop, y el amanecer se asomaba cuando
llegamos allí. Fuimos a donde el padre Much, un molinero cuya tienda se
encuentra lejos del centro del mercado. Siempre necesita aprendices, por
lo que no es demasiado raro ver a un niño allí. Nos dio unos huevos y pan
para el desayuno y John y yo seguimos nuestro camino.
―Siento que no volvieras a Bess. ―le dije.
―Si es que se ha dado cuenta ―Tiró de un mechón de pelo castaño
que se había escapado de mi sombrero―. Tú te estás deshaciendo.
Empujé mi cabello debajo del sombrero y él empujó hacia arriba con más
fuerza. Sentí el calor en mi cara y odiaba que el sol mostrara mi rubor.
―No sé por qué no te deshaces de esto. Nadie sabría que eres una chica,
¿no es ese el punto?
―¿Por qué, entonces, como me arrastrarías por una cuadra sin
sentirte culpable?
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Su rostro decayó un poco. Lo que estaba bien. Enojándolo
significaba que no tenía que admitir que me gustaba mi cabello. Me
gustaba aún más el hecho de que nadie lo veía excepto yo. Y me recordó
a alguien que me gustaba recordar, solo yo.
―Realmente nunca te golpearía, Scarlet ―gruñó―, deberías saberlo
mejor.
―Entonces no hables de eso. Si acabas de decir lo que quieres decir,
no tendrías que ladrar tanto ―Le dirigí una mirada―. Además, lo hiciste una
vez.
―No te golpeé aquella vez, te tacleé. Lo cual fue un infierno de
manera cuando descubrí que eras una chica, por cierto. Nunca lo hubiera
hecho si hubiera sabido, y luego Rob se dirigió a mí con una santa furia,
diciéndome que no tenía que golpear a las chicas, porque él lo sabía
―frunció el ceño ―¿Por qué le dijiste a Rob todo la primera vez?
―No lo hice. Él lo descubrió en el camino desde Londres.
―¿Cómo?
―Nunca me quise bañar con él o estar en el agua cuando él estaba
cerca. Comenzó a sospechar. Parece que a los chicos de verdad les gusta
exhibir sus partes por ahí.
Soltó un bufido. ―Sabes, eso ha sido así demasiado tiempo para que
estés quejándote sobre ello. Los chicos arreglan sus cosas por pelear unos
con otros.
Asentí con la cabeza. ―Estaba en lo cierto cuando llegué a
Sherwood. Antes de eso era uno de nosotros. Antes de que realmente
hubiera incluso un nosotros. ―Le di una patada a las hojas a mis pies. Era
extraño que a corto y largo plazo pareciera la misma. Siempre, y en un
abrir y cerrar.
John escupió. ―Antes de que Nottingham cortara la mano de Much,
quieres decir.
Me encogí de hombros. No me gustaba pensar en él, mucho menos
para decirlo en voz alta.
Llegamos a la carretera principal de Worksop a Edwinstowe, y había
una fábrica de cerveza con los barriles de grano en un vagón. Podía
incluso ser de Tuck, pero no pude ver la parte delantera. Corrí hacia el
vagón y me subí, John me siguió. Le di la mano para tirar de él.
Nos escondimos atrás del barril de grano, no de la cerveza, porque aquí
pocos son los comerciantes que nos niegan nada, pero los hombres del
Sheriff vigilaban esos barriles.
―Me pregunto cómo le fue a Rob. ―dijo John.
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―Vi un poco de carne de venado donde los Cooper. Edwinstowe va
a comer hoy.
―Vi un poco de pan en el paso en la casa del bosque.
No dije una palabra.
―Toma lo que era tuyo, entonces.
―¿Piensas que cocino?
―No, pienso que robas. A pesar de decir que estás en esto porque
Rob te chantajeó para que entraras.
―No soy criada de Rob, sabes. Honestamente, la gente piensa que
estoy encadenada al hombre.
―¿No lo estás?
―No.
―Bueno, ¿Cómo hiciste todo el trabajo, entonces? O eres
chantajeada, o no lo eres.
No quería admitir que Rob me sorprendió robando. Menos, los días
terribles que me llevaron a eso. ―Rob me dio la elección del diablo. Me dijo
que tenía que ayudar o me mandaría a la cárcel, no a la horca con una
agradable caída rápida y una parada repentina; pero sí a la cárcel de
sangre, donde mueren lentamente, con sus pedacitos interiores podridos.
Pero Rob no es el tipo de hombre que me tira a la cárcel ¿no? No lo sabía
entonces. Pero yo podría irme ahora. De hecho, no puedo quedarme
mucho más tiempo.
Sus cejas se juntaron. ―¿Qué?
Honestamente. ¿De todas las preguntas? Él no es sordo.
―¿Por qué? ―Se inclinó hacia delante―. ¿Por qué te vas, después de
dos años siendo parte de la banda? Dos y un poco más ¿Cuándo las cosas
están peor que nunca? ¿Por qué cambiar de idea?
―No soy de aquí, John ―mentí―. No es como si esta fuera mi gente.
―volví a mentir―. No les debo nada y ya me estoy aburriendo de ti y Rob
actuando como si fueran mis padres. ―dije con una mueca que no pude
contener. Eso fue una mentira y una verdad. Más o menos.
Negó con la cabeza. ―En primer lugar, es tonto decir que soy tu
padre. Los dos tenemos dieciocho años. Ni siquiera es posible.
―Entonces deja de actuar como si lo fueras.
―Sabes, siempre creí que te gustaba que pensásemos que eres una
rata… Pero en realidad eres una cobarde de vientre amarillo de primer
orden. ¿Cómo puedes salvar a Freddy y luego creer que no tienes nada
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que ver con ello? “Will Scarlet puede hacerlo todo” ―Se burló―. Una buena
persona. Me preguntaba como una increíble chica como tú podría ser un
ladrón, pero creo en las cifras perfectamente.
Escupió a mis pies, y para mi horror me encogí un poco. Sin
embargo, no se dio cuenta. Estaba demasiado ocupado pasándose a la
parte trasera del vagón saltando.
Saqué mis rodillas fuera de la saliva y me quedé en el carro, que ya
se acercaba al bosque. Así que mentí y engañé un poco. Aun así, este tipo
de daño. No era una rata. No por mi propia decisión, al menos. Además, la
única cosa que hice en primer lugar fue escapar de Gisbourne. Él era la
única persona en el mundo de la que debo mantenerme lo más lejos
posible, y no puedo decirles a los chicos por qué.
La última vez que vi a Gisbourne, yo había tenido trece, pocos días
antes de mi cumpleaños, pero no he olvidado ni un poco de su cara.
Ahora Gisbourne estaba en Nottingham, y venía por Robín y sus chicos. Y
por mí. Si alguna vez hubo un buen momento para dejarlo todo y correr
tanto y tan rápido como pudiera, era este.
Salté del vagón cuando estuvo lo más cerca que pudo de nuestro
lugar en el bosque y regresé al campamento antes que John.
No hice caso a Rob, subiendo por el Gran Roble. Era un árbol amplio
y antiguamente alto, pero yo era la única que podía subir a la cima, y
había construido una pequeña hamaca ahí. Sería raro para las aves
posarse tan alto. En lugar de ver un gran bosque verde y tierra marrón,
todo lo que podía ver era cielo gris y la copa de los árboles espinosos, todo
un mundo en Sherwood que nadie más conocía, y era el único lugar
donde sentía que podía dormir.
D
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3
esperté con el sonido de Rob golpeando una olla en mi
dirección. Me incliné sobre el borde de la cama.
—El almuerzo está listo, Scar —me llamó.
Suspirando, salté de la hamaca. Para ese momento, John
seguramente habría hablado con él. Y, probablemente, él también
estaría allí.
Sólo la mitad de mi sobrero estaba sobre mi cabeza, así que me
acomodé el cabello hacia atrás y lo bajé hasta mis ojos. Comencé a
saltar a través de las ramas. Me gustó esa parte. Las ramas eran un poco
duras por debajo, y me apoderé de una, luego de la siguiente, pasando
a través del árbol y haciéndome un camino sobre ellas. Me imaginé a mí
misma yendo donde torpes como John no podrían.
Con un salto final, mis pies tocaron el suelo y me agaché sobre ellos.
Robin se encontraba justo frente mí. —Tenemos que hablar, Scar.
Much se encontraba junto al fuego, revolviendo una olla, y John
estaba sentado en el hueco de una de las ramas más bajas, pero no miró
hacia mí.
Me crucé de brazos. —Hablar.
—Camina —dijo Rob, señalando el camino. Fruncí el ceño.
Comenzamos a andar lejos de los demás, y me mantuve a una
buena distancia de Rob. Siempre lo había hecho. Él es justo. . . él es el tipo
de hombre que te atrapa bastante fácil, y yo no quería eso. Siempre
pensé que estar lejos de él era lo mejor. Él no era un torpe como John, en
ningún sentido, pero tenía unos hombros anchos que ocupaban la mayor
parte del camino, y yo me encogí entre algunos arbustos para
mantenerme alejada.
—¿Gisbourne es el caza ladrones?
Asentí.
—¿Qué tan malo es eso para mí?
—Malo.
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mí.
—¿Y qué tan malo es para ti?
—Peor —solté antes de poder detenerme. Rob tenía ese efecto en
Se quedó en silencio por un tiempo, y las hojas secas bajo nuestros
pies, sonaban bastante fuerte. Yo contaba los pasos en mi cabeza.
—¿Alguna vez me dirás cómo te hiciste esa cicatriz? —preguntó.
La cubrí con mi mano. ¿Por qué pensó en eso? —No si puedo
evitarlo —le dije—. Pero es vieja. De una vida completamente diferente.
Él levantó una ceja y yo tragué, sabiendo que era la primera vez
que lo dejaba saber de que no había nacido exactamente en el robo, o
en Londres, para el caso. Que había tenido otra vida anterior a ésta.
Aunque ésta me gustara más.
Se detuvo y me apoyé en un árbol, guardando mis manos detrás de
mí. Traté de no mirar hacia atrás. Él era hermoso, Dios lo sabía. Su cabello
se veía suave y húmedo como el trigo, sus ojos eran de color azul
grisáceo, como el Canal Inglés, y poseía una mandíbula que era lo
suficientemente fuerte como para recibir un par de golpes. —¿Estás
pensando en irte debido a Gisbourne? —preguntó, su voz era suave. Se
acercó a mí. Su mano se posó en el árbol, por sobre mi cabeza, estaba lo
suficientemente cerca para notar que su cuerpo era más cálido que el
resto del bosque.
Asentí con la cabeza. Mi garganta se sentía espesa, como si no
pudiera tragar correctamente.
—Cuando estés lista, Scarlet, puedes confiar en mí. No voy a
forzarte. Y si quieres irte no voy a retenerte, especialmente si estás en
peligro. Pero si te quedas, te mantendré a salvo lo mejor que pueda.
Nuestros ojos se encontraron. No me gustaba que eso sucediera
muy a menudo porque tengo ojos divertidos, y las personas tienden a no
sentirse demasiado cómodas con ellos. Especialmente durante el día.
Verán, cuando Rob dice cosas así, suena como si él sólo estuviera
preocupado por mí. Pero lo vi tragar y no estuve tan segura. He estado
con Rob un largo tiempo, y está perdido como yo. Está solo como lo estoy
yo. Y puedo ser estúpida, pero creo que mi partida podría hacerle daño
también.
—No me voy a ir. Sólo pensaba en ello —le dije—. Además, nos
mantenemos a salvo el uno al otro. —Lo dije por Robin, pero no estaba
tan segura. No estaba segura de si algo podría mantenerme a salvo de
Gisbourne.
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Él contuvo el aliento, sostuvo mi mirada, y su rostro se acercó un
poco al mío. Estaba observando mi cicatriz, cuando dijo—: Sí, lo hacemos
—dejó ir la respiración, meciendo su cuerpo hacia atrás y adelante—. No
vayas a la cárcel sola, nunca más, ¿de acuerdo?
Torcí el gesto —No me hagas prometer eso.
—Scar, por favor. No importa a quien lleves, sólo lleva a alguien
contigo. No es mucho pedir.
Por supuesto que lo era. Yo no era el tipo de persona que dejaba
que otras fueran conmigo para cuidarme, y estaba segura que no quería
cambiar eso.
Dimos la vuelta para regresar, y él rozó su hombro contra el mío. Se
apartó rápidamente. Fruncí el ceño.
Así es como eran las cosas entre Rob y yo. Él dijo esas cosas que
hicieron que me sintiera como si tuviera avena en lugar de un corazón, y
justo cuando pensé que podría significar algo más, él se había alejado.
Había sido justo a la manera de Rob —era el héroe con todo el mundo, y
al igual que Much no podía dejar de estar fascinado, a veces sus formas
de héroe me absorbían como una corriente.
Pero no significaba nada. Él era el líder y yo era su compañera de
banda, y cualquier palabra suave que oía salir de su boca era un engaño
de mi mente. Una vez más.
Cuando doblamos la esquina hacia el campamento, sentí los ojos
de John quemando sobre nosotros a través del campo. Me alejé de Rob
para sentarme junto a Much.
—Tenemos que hablar sobre Gisbourne —dijo Rob, sentándose
cerca nuestro. John saltó del árbol, acercándose al fuego.
Much me pasó la comida primero, una especie de decantación
con cebada y zanahorias en ella, y un trozo de pan duro. Empujé el pan
en el plato, mientras él les pasaba los alimentos a todos los demás.
—Estofado de conejo —me dijo Much—. Es bueno. La señora
Cooper me dio la receta.
Mis dedos se cerraron alrededor de la taza. Estaba caliente, y olía
realmente bien, pero la idea de la señora Cooper y sus pequeños hizo
que mi estómago se llenara de ceniza en lugar de hambre.
—Scarlet, tú eres la única que ha oído hablar de él. ¿Qué sabes? —
preguntó Rob.
Me encogí de hombros. —Es despiadado. Cruel. —La boca de Rob
se hizo un poco más delgada, y por un momento pareció ser mucho más
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viejo que sus veintiún años—. Tiene renombre como caza ladrones. Es el
hijo mayor y no necesita el dinero. Lo hace por deporte. No tiene familia.
Iba a casarse hace un tiempo atrás, pero la chica falleció.
—¿Tuvo algo que ver con eso?
Miré hacia abajo. —Ella se colgó, así que supongo que sí.
Sentí sus ojos sobre mí.
—¿Y él nunca se casó?
—No. —Por supuesto, había mucha más historia que eso, pero no
importaba. Ellos no necesitaban saber el resto—La mayoría de los caza
ladrones en Londres obtienen parte de la acción. Son delincuentes ellos
mismos, de derecha, y dicen que son ladrones. Bueno, obtienen un
equipo, conforman un número reducido de grandes robos, y luego el
caza ladrones convierte a uno de sus propios hombres a los señores que
lo contrataron. Los caza ladrones, por lo general liberan a sus hombres de
la soga del verdugo, también, pero no siempre ha tenido la misma suerte
y, a veces, un ladrón tiene que morir. No importa nada. Los cazadores
cobran una recompensa por el ladrón y continúan recogiendo de sus
robos. Un razonable trabajo sin corazón. Ellos siguen obteniendo una
buena ganancia, pero la ley no se ve tan dura siempre y cuando se
mantengan convirtiendo gente.
—Astuto —sentenció John.
—Sí, excepto que Gisbourne nunca lo hizo. Él sólo los convierte
cuando tiene que hacerlo, prefiere enviarlos a un sueño en el Támesis,
con una garganta sonriente.
—¿Qué significa eso? —preguntó Much.
—Corta sus gargantas antes de tirarlos al río —explicó Rob.
Much se estremeció. —No sé si tenemos suerte o es que aquí no hay
río. El Trent sería algo así como un paseo.
—No —dijeron a coro los demás.
Much miró a la comida.
—Él es reacio a los errores. Yo podía escuchar fuera de su ventana y
él nunca sospecharía nada, porque el palacio está fortificado. Pero no
podemos tirar de la misma mordaza dos veces… Él aprende rápido.
—Y por razones que Scarlet no me dejará saber, yo creo que si
Gisbourne la encuentra, va a matarla —les dijo Rob.
—Él no me conoce —le prometí—. Excepto por mis ojos.
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—No importa, todos lo mantendremos alejado de Scar, ¿de
acuerdo? —preguntó Rob.
Much asintió con la cabeza, y me sorprendió que incluso John lo
hiciera sin dudarlo.
—Él no me conoce —le dije de nuevo.
—Sí, pero tú eres el único ladrón honrado a Dios por oficio, Scar.
Conociéndote o no, creo que debemos mantenerte alejada del caza
ladrones —Much me dijo.
—Ustedes roban mucho, tanto como yo.
Rob sonrió. —Tú nos has enseñado cómo hacerlo.
Mis ojos se dirigieron hacia el brazo de Much, donde faltaba una
mano. No le había enseñado a Much lo suficientemente pronto, y el
sheriff le había cortado la mano mientras él trataba de robar comida
para su familia. Eso fue antes de conocerlo, pero todavía no me
acostumbraba.
—Freddy llegó bien a lo de mi padre, ¿cierto? —preguntó Much
con la boca llena de comida. Miré mi plato. Debería comer por lo menos
un bocado. Tomé un trozo de pan empapado en caldo.
—Sólo bien. Es un chico valiente —respondió John, sorbiendo un
poco de su caldo.
—Scarlet, quiero que mantengas un ojo en la familia. John, tú
también. Estoy tratando de conseguirles un lugar para quedarse y
posicionarlos fuera de Nottinghamshire, pero tendrán que permanecer
aquí hasta que podamos arreglarlo. Vamos a llevarlos a Worksop a
primera hora de la mañana, pero el sheriff estará buscando sangre, por lo
que tenemos que tener a alguien que se mantenga observando el reloj.
—Cerré la celda —les dije—. Después de que él estuvo fuera, la
bloqueé de nuevo.
Rob sonrió. —¡Ja! Ellos probablemente creyeron que era lo
suficientemente pequeño como para deslizarse fuera.
—Lo golpearon, lo sabes. Lo azotaron, también, haciendo cuentas,
pero yo no lo vi. —Realmente no había querido ver.
—No creo que lo hicieran —dijo John, y su voz fue suave, como si él
estuviera tratando de hacerme sentir mejor. No me gustaba—. Agarré su
espalda y él no reaccionó.
Asentí con la cabeza, pero no lo miré.
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—Muchachos, ¿por qué no patrullan las carreteras hoy? Vean lo
que podemos revolver. Y Scar, quiero que tú mantengas el oído alerta
para obtener información.
—Obtienen más botín cuando estoy con ustedes —le recordé. Yo
era buena detectando quiénes tenían dinero y dónde lo guardaban.
—Pero necesitamos más información de dinero hasta que sepamos
lo que Gisbourne trama.
Me toqué el ala de mi sombrero en su dirección.
—Y me gustaría que comieras más.
—Deja de empujar comida por mi garganta, Rob. Como cuando
tengo hambre.
Él levantó una ceja y me miró. No di marcha atrás. Las
preocupaciones de Rob. Hubo momentos, cuando recién nos conocimos,
en los que yo estuve muy enferma por no haber comido por un largo
tiempo, y él nunca lo olvida. Por supuesto, yo tampoco lo olvido, pero
pensar en ello sólo empeora las cosas. Recuerdo que estuve varias
semanas sin comer mucho, días sin comer nada, y pude sobrevivir.
Reconozco que los pequeños niños Cooper no podrían.
Y Rob debería entenderlo. Él toma la culpa y la responsabilidad que
otros no. John toma los golpes. Yo tomo el hambre, y la mayoría de las
veces se siente horriblemente poco.
—Bueno, si tú no tienes hambre, yo sí —dijo John, quitándome la
comida. Lo estaba haciendo por crueldad, pero realmente no tenía
hambre, así que lo dejé.
Se sentó a mi lado y se lo comió de forma ruidosa. Se acomodó
más cerca y presionó su codo contra mi costado. Me golpeó el brazo y
derramó la cucharada por su túnica—. Comida en perfecto estado, Scar.
—Tal vez no deberías sentarte tan cerca de mí.
Empujó todavía más cerca, lo que sólo me hizo empujar a Much —
No creí que te importaría.
Me puse de pie y golpeé su copa hacia arriba, derramando su
contenido sobre él. —No creí que te gustara sentarte con las ratas —
repliqué, yéndome.
—Scarlet —rugió.
Sonreí, pero seguí caminando. Le servirá.
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Paseé a través Edwinstowe, manteniendo la cabeza hacia abajo,
pero con los ojos abiertos. Las casas estaban todas fuera de la central de
agua, pequeños techos de paja con vallas desvencijadas por sus pollos, si
tenían la suerte de poseer uno o dos. Había pocos granjeros en
Edwinstowe y ellos mantenían su ganado en un corral junto al pozo.
No vi ningún guardia del castillo o a cualquiera de los hombres del
sheriff. Ellos eran los únicos de por aquí que llevaban armadura, por lo que
se les hacía fácil de detectar. La señora Thoresby también caminaba por
el pequeño pueblo; ella era la esposa de Lord Thoresby, quién protegía al
pueblo del sheriff. Él no era muy bueno en eso, pero hacía todo lo posible.
La señora Thoresby era hermosa hasta que esas cosas sucedieron.
Tan pálida y rubia, se veía como el sol en el día y la luna después de caer
la noche. Ella estaba llevando sus bonitas faldas a la casa de los Cooper,
me pregunté si iba a decirle a la señora Cooper que su hijo había
escapado de la prisión. Ella era amable, incluso si no podía hacer mucho,
era una ayuda para advertirle a la familia que el sheriff podría venir sobre
ellos. Hacía nuestro trabajo más fácil, también.
Ella tenía una guardia consigo, pero no constituía una amenaza
para la gente del pueblo, así que empecé a caminar hacia Nottingham.
No era realmente el momento adecuado del día para una comida
familiar, así que subí a un árbol y comencé a correr a través de las ramas
que se superponían. Los árboles eran viejos y las ramas eran decentes de
espesor, mientras yo corría rápido, apenas tenían tiempo para doblarse.
Esa era la mejor manera de moverse durante el día. No hacía demasiado
ruido tampoco.
Nottingham era una ciudad de mercado, pero éste no era tan
bueno como el de Worksop, en su mayoría debido a que el sheriff recogía
a cualquiera que fuera bueno y lo depositaba en la torre de homenaje.
Como sheriff, él fijaba los impuestos en Nottinghamshire, y así era como su
gran castillo funcionaba por sí solo; gravaban el grano de los agricultores,
las armas de los herreros, los paños de los tejedores y tintoreros, y así
sucesivamente. El sheriff no tenía nada hecho por sí mismo. También tenía
tendencia a tomar el mejor grano y los alimentos como un impuesto.
Mostrándole a Nottingham lo que significaba a veces tener que perder
sus mercancías, pero algunos todavía lo hacían.
Tomé una manzana mientras pasaba, dejando una moneda en su
lugar. La moneda valía mucho más que la manzana, pero eso no me
importaba. No le robaba a gente que no puede afrontarlo, pero
tampoco me gustaba el trueque.
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Una niña y su hermano se acurrucaban en el suelo junto a la tienda
de su padre, y todo el conjunto parecía raído y delgado. Mi estómago
gruñó y suspiré, yo también había sido una pequeña hambrienta una vez.
Sin mirarla, puse la manzana en sus manos, y me escabullí entre la
multitud antes de que ella pudiera verme.
Las puertas estaban abiertas, así que caminé justo en frente de la
fuerte guardia. Me sentí afortunada de no haber sido vista.
Di la vuelta a la muralla inferior, escuchando. La lavandera y el
panadero estaban abajo, y había mujeres con otras mujeres que trabajan
para ellos, que tendían a cacarear hasta por los codos mientras
trabajaban.
Yo había cosido mi chaleco especial; tenía un bolsillo contra mi
espalda que podría llenar con todo lo que necesitara, y a penas me
hacía parecer un poco más gruesa. No se podía decir lo que había en él.
Empecé a deslizar rollos dentro y robé un buen par de ovillos de lana
negra. Luego simplemente me incliné hacia un rincón oscuro y escuché.
Consideré comer uno de los rollos, pero demasiadas caras de la aldea
vinieron a la cabeza. Tuck me daría comida más tarde.
Una de las chicas se rió, y oí un chasquido cuando ella sacó el
paño húmedo. —¿Estas son cosas de un hombre elegante? —preguntó.
—Sí —dijo la lavandera.
—No son mucho más que trapos —dijo.
—Él los ha estado usando, pero no son suyos —dijo otra chica—.
Jameson me contó que sus cosas se están enviando desde Londres. —Ella
hizo un ruido—. No me gusta. Sus ojos se ven como si Dios hubiera quitado
la luz de ellos.
La lavandera se echó a reír. —¿Jameson? Como si fuera lo
suficiente bueno como para correr con él en cada oportunidad que te
doy.
—Oh, no, me gusta Jameson, mucho. Ese Sir. Él es terrible.
—Al menos él mantiene sus manos para sí —dijo otra.
—Es verdad.
—Me enteré de que estuvo en las Cruzadas.
—He oído que ha matado a un centenar de los ladrones. Ese
hombre se encarga de la tarea de Dios.
Oí un chapoteo. —Eso no es cierto, Margery. Se lo ha llamado para
colgar a Robin Hood. Esa no es la tarea de Dios, en absoluto.
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—Cuidado con esa lengua, pequeña. Puedes ser nueva aquí, pero
hay cosas de las que no podemos hablar.
—Bueno, Hood podría ayudarnos con el lavado, por lo menos —dijo
la que andaba con Jameson—. He oído que están terriblemente
asustados de que los hombres Hood roben las cosas de Gisbourne. Ellos
fueron enviados hacia el río, pero Jameson ha sido designado para
llevarlo a través de Sherwood, disfrazado de alguna manera.
La lavandera se echó a reír. —¡Robin Hood no se deja engañar por
un disfraz! Mejor dile a Jameson que está enfrascado en una tarea de
tontos.
—Lo intenté, pero ya se ha ido. Con suerte, volverán con eso
mañana.
Las mujeres empezaron a silbar, aunque no podía decir por qué. —
Recuerda, muchacha, está la leche y está la vaca, y la parte de la vaca
debe ser lo primero.
Las mujeres ulularon ante esto, y las niñas rieron también.
Salí de Nottingham justo a tiempo; se trataba de una ciudad
amurallada, y sus puertas se cerraban al anochecer. Para la hora en que
el mercado había terminado, la ciudad estaba vacía de gente, y yo
podía ocultarme fácilmente en la marea.
Fui a Edwinstowe y llegué justo antes del anochecer. Los hombres
habían salido a acorralar el ganado, y las mujeres estaban haciendo la
lavandería. Paseé por la ciudad, repartí los rollos cuanto pude, y le di los
ovillos a la señora Clarke. Ella tenía tres hijos en crecimiento y la cosecha
de su marido no había ido bien.
Traté de dejar las cosas de tal manera que yo no tendría que
enfrentarme a sus agradecimientos. No me gustaba que me dieran las
gracias por mis dedos pegajosos. Eso no me llevaría al cielo, así que no
había necesidad de decirlas.
Iba a detenerme en lo de Tuck, al lado del camino, un poco más
lejos de los habitantes del pueblo y el castillo, y estaba yendo hacia allí
cuando oí a alguien gritando. Y luego algo que se rompía, como si
alguien hubiese sido golpeado.
Me agaché en el suelo, escuchando. Lo oí de nuevo, y di vuelta a
la esquina para ver a dos de los hombres del sheriff sosteniendo a Amy
Cooper por el frente de su vestido. Ella tenía apenas nueve años, y era un
poco escurridiza para ser una niña. Se la estaban llevando y tenía un gran
corte debajo de su cabello, como si la bestia la hubiera golpeado con su
mano armada.
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Deslicé un cuchillo desde el interior de mi chaleco y lo dirigí hacia la
mano abierta de la fiera, la que no sostenía a Amy. Lo azoté y grité: —
¡Amy!
Él la dejó con un rugido de dolor, y ella gritó y corrió hacia mí. Me
agaché y la abracé. —Corre a lo de tu madre, no les abras la puerta —le
susurré.
Ella siguió llorando, pero me obedeció, corriendo como si el mismo
diablo se encontrara en sus talones.
El hombre sacó el cuchillo de su mano, al tiempo que su
compañero desenvainaba la espada. Las espadas son terribles. Eran
nada más que cuchillos grandes y pesados que la mayoría no sabe cómo
utilizar correctamente. Saqué dos cuchillos más a medida que ellos
venían hacia mí.
—Vas a lamentar esto, muchacha —dijo uno de ellos. Su mano
goteaba rojo, sin embargo, estaba segura de no arrepentirme de eso.
—Oblígame a hacerlo —lo desafié.
Corrieron hacia mí, me di vuelta y salí corriendo, escuchándolos reír,
mientras me perseguían contra valla del curtidor. Por supuesto, ese era mi
plan.
No dudé, saltando y usando la valla para dar la vuelta sobre sus
cabezas. Caí detrás del lesionado y deslicé mi cuchillo a lo largo de la
parte posterior de su rodilla. Él gritó. No me gusta matar gente, pero ese
tipo de corte significaba que no podría hacer mucho persiguiéndome a
partir de ahora.
El lesionado lanzó su espada, con el objetivo de cortar mi cabeza,
pero se deslizó hacia atrás y atrapó sólo mi cuchillo, cortando la hoja.
—Hijo de puta —gruñí. Su espada quedó clavada en el suelo
blando, y me descargó un puñetazo en la entrepierna. Soltó la espada
con un gruñido, pero él me abofeteó con la mano ensangrentada.
Me retorcí alejándome con estrellas en los ojos, pero la idea
instantánea de John Little diciendo que yo no podía recibir un golpe me
heló sangre. Me volví al guardia y le lancé un puñetazo tan fuerte como
pude en el medio del rostro, lo poco de él que no estaba cubierto por la
malla. Se cayó y golpeó el suelo, y eché a correr hacia el bosque.
No fui muy lejos, por supuesto. Regresé del bosque y me acerqué a
la casa de la señora Cooper. Al ver una luz apagarse, miré por la ventana
y empecé a maldecir.
La señora Cooper estaba allí con Amy. Los otros no se encontraban,
de seguro ya se habrían ido a Worksop. Tenían un paquete en el suelo, y
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me di cuenta de que debían haber estado empacando algunas cosas
más. Me subí al techo de paja, colgado en la cresta del techo, para velar
en la puerta. Todavía tenía tres cuchillos en mí, si venían a molestar a Amy
o cualquier otro Cooper, ellos tendrían que vérselas conmigo.
Mi corazón latía como el tambor de un escocés, duro y parejo.
Tenía la sangre de ese animal en mi rostro, y traté de limpiarla. La mano
con la que lo había golpeado sangraba y dolía, yo nunca golpeaba a la
gente. Sólo los cortaba. Y el bastardo me había roto el cuchillo.
Estaba completamente oscuro y pasó más de una hora antes de
que me moviera. Fue entonces cuando vi a John caminando por el
pueblo, con los ojos puestos en la casa de los Cooper.
Di tres silbidos cortos y él se detuvo, mirando hacia los árboles. Bajó
la mirada un poco y miró hacia el techo. Incluso él no podía verme. Salté
techo y fui hacia el otro lado de la casa.
—Dios Todopoderoso —dijo, tomando mi rostro y haciéndolo girar—.
¿Qué pasó?
Tratando de limpiarme la sangre de nuevo, me quité su brazo de
encima. —No es mi sangre. Los hombres del sheriff fueron tras Amy
Cooper.
—¿Por qué no estaba en Worksop? Pensé que toda la familia había
ido hacia allí temprano.
—No soy adivina, John —gruñí.
—¿Está herida?
Asentí con la cabeza. —Él la golpeó un poco. Estaba aterrorizada.
Ella y su mamá están aquí. No podemos moverlas hasta el anochecer, e
incluso entonces va a ser mejor que usemos el bosque.
Una palabrota saltó de su boca. —Todo lo que tenían que hacer
era escucharnos y nadie habría sido juicioso con ellos en Worksop. ¿Y
quién diablos se atreve a lastimar a una niña? —Sacudió la cabeza
duramente y cruzó los brazos sobre su pecho grande. —¿Tú estás herida?
—Él me rompió el cuchillo —le dije, mostrándole el puño contra el
resto irregular.
—Voy a arreglarlo para ti. —Cuando lo tomó, rozó mis nudillos. Me
quejé.
Agarró mi mano y trató de verla en la penumbra. —¿Qué has
hecho? ¿Darle un puñetazo?
Me deshice de su agarre. —Sí.
—Te la has estropeado feo. Es probable que esté rota.
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—No está rota.
Tomó mi mano de nuevo, guardando los restos de mi cuchillo, para
empujar con sus pulgares sobre mi mano, trabajando cada dedo y
probando el estado de mis huesos. Me dolió, pero apreté los dientes. —
No está rota.
—Te lo dije.
—Ve a lo de Tuck y has que Rob te la limpie. Yo seguiré vigilando.
Negué con la cabeza. —Me quedaré.
—Scar, tú sabes que yo perdí a mi hermana pequeña, ¿verdad?
Tragué saliva. Lo sabía. Una hermana pequeña, su hermano menor
y sus padres en un incendio. Él nunca me lo dijo, por lo que no estaba
segura de si debía o no confesar que lo sabía. —Sí.
—Entonces nadie va a poner un dedo sobre esa niña mientras yo
esté de pie delante de esta casa, ¿entiendes?
—¿Y si vuelven con más?
Sus ojos brillaron en la oscuridad. —Estoy esperando que lo hagan.
—Volveré pronto con Rob.
Él asintió.
Corrí a la posada. Me dolía la cabeza y, con la rabia fuera, me
estaba empezando a sentir un poco mareada. Entré por la puerta trasera,
comprobando que Rob y Much estuvieran allí antes de entrar por
completo. —Rob —le dije suavemente.
Miró hacia arriba, y cambió su cara. —Baja las escaleras. Much, te
quedas aquí.
Much me miró y tragó saliva. —Jesús, ¿estás bien, Scar?
—Estoy bien, Much —le sonreí, y él me devolvió el gesto. John y Rob
eran del mismo tipo. Pensaban que eran ellos quienes debían salvarnos a
todos, y la mayoría de las personas estaban de acuerdo con eso. La
gente nos empujaba a Much y a mí a un lado. Ellos pensaban que yo
nunca podría hacer nada, y que Much necesitaba ser mimado a causa
de su brazo malo. —Amy y la señora Cooper están atrapadas en su casa.
Necesitamos idear una manera de conseguir que lleguen a Worksop.
Much asintió con la cabeza. —Los estamos enviando a Dover esta
noche de todos modos. Mi tía puede llegar a lograr algo allí. Rob, ¿puedo
ir ahora? —preguntó.
Fruncí el ceño. —No es como si necesitaras su permiso, Much.
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Much escondió su boca y me sentí mal.
—Baja las escaleras, Scar. Tenemos que ocuparnos de cualquier
cosa que esté cortada debajo de esa sangre —dijo Rob en un tono
agudo.
Asentí, bajando por la escalera hacia la bodega subterránea. Sería
frío allá abajo, y yo sabía por qué Rob me había enviado allí. Tuck tenía
un gran suministro de agua que mantenía en el frío suelo, y yo pescaría y
secaría cada una de las rocas. Sostuve una al lado de mi cabeza. Se
sentía como hielo contra el dolor.
Rob bajó con una vela y miré mi otra mano, la que tenía los nudillos
reventados. Se abría y ya estaba hinchada. Fruncí el ceño. Mi objetivo
estaba afuera.
Rob no dijo nada. Siguió tratando de tragar como si algo se hubiera
quedado atrapado en su garganta, mientras presionaba otra roca de mi
mano. Me quejé ante el contacto. Él tomó un paño y comenzó a limpiar
la sangre con pequeños movimientos.
—No es mía —le dije rápido, tomando el paño y limpiando la sangre
yo misma, frotando en las partes secas, aunque eso raspara mis cortes.
—Parte de ella es —dijo en voz baja—. ¿Puedo sacarte el
sombrero?
Me mordí el labio, masticándolo un momento. Conteniendo la
respiración, miré hacia abajo, levanté la mano y me lo quité, tirando de
mi pelo largo hacia un lado.
Mis dedos se sentían algo espesos y grumosos en mi pelo. Fruncí el
ceño y froté la sangre enredada con el paño.
Suspiró. —¿Me darías eso? Estás haciéndolo peor. Yo sé cómo
cuidar de un corte, Scar.
Lo fulminé con la mirada, pero le entregué la tela. Comenzó a secar
de nuevo, pero esta vez en el corte de la mejilla, que era bastante
horrible. Incluso los toques quebraban mis dientes.
—¿Me vas a decir lo que pasó?
—Los hombres del sheriff fueron detrás de que Amy Cooper. Ella y su
mamá regresaban a su casa. Uno de ellos alcanzó a Amy.
Rob levantó la vista, con su ceja levantada. —¿Ese hombre del
sheriff sigue vivo?
—Ambos lo están. Corté detrás de la rodilla de uno, y la mano del
otro. Él rompió mi cuchillo —le dije, con amargura.
—Así que, ¿lo golpeaste?
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Asentí.
—No eres buena golpeando, Scar. Podrías haberte roto la mano.
—Eso es lo que dijo John.
—Doy por hecho que está en la casa, o no las hubieras dejado.
Volví a asentir.
Apretó la mejilla con el paño de nuevo, y luego posó en ella su
mano, caliente después del agua fría. —No me gusta verte lastimada.
El aire se sintió pesado en mi pecho, pero rodé mis ojos en lugar de
dejarlo salir. —Nadie se preocuparía si fuera John el que estuviera
golpeado.
Dio un paso atrás, mirándome. Sentí que mis ojos estaban
desprotegidos sin mi sombrero.
—Scar, entraste aquí cubierta de sangre. ¿No ves la forma en que
eso nos molesta?
—No.
Él me tomó de la barbilla con los dedos. —Te guste o no, Scar,
somos tus amigos. Nos preocupamos por ti… Yo me preocupo por ti.
Me deshice de su agarre, empujando los nudillos hacia delante.
Rompió tiras de ropa vieja, desgastada y envolvió mis nudillos con
ellas, atándolas en la palma de mi mano.
—Debemos volver con John. Si los soldados regresan, él necesitará
ayuda.
Rob asintió. Su cabeza estaba hacia abajo y no me miraba. Limpió
las piedras y volvió a ponerlas en agua fría. —Siento haberte metido en
esto, Scar.
Toda mi ira burbujeaba, mezclándose con el poco miedo que no
quería admitir que sentía. Lo empujé hacia atrás, poniéndome el
sombrero en la cabeza aunque doliera. —Ya basta. No te arrepientes de
meter a John y a Much en esto. No sientes el hecho de que esté fuera de
Londres. No hubo ninguna tragedia más que un poco de sangre, así que
deja de mentir.
Me miró con su sonrisa divertida, torcida, como si supiera lo duro
que era y que no era la mitad de lo que yo quería. —Estoy diciendo que
siento que te lastimaran, Scar.
—Y yo estoy diciendo que tomo mis propias decisiones. Incluyendo
con quién luchar y cuándo lastimarme. Así que vamos.
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Su boca se torció en una sonrisa, y asintió. Fuimos a la parte superior
de las escaleras y me dio una mirada dura, pero salimos sin decir una
palabra más. Hacía frío, pero nos movimos bastante rápido hacia lo de
los Cooper. Una parte de mí pensaba que iba a encontrar la casa en
llamas, pero John estaba donde lo había dejado, mirando desde el lado
de la casa. Él era como una especie de gárgola enorme y sombría en
una catedral, cuidando el lugar de los demonios. Hizo que un escalofrío
me recorriera la espalda, pero me sacudí. Pensaba que había terminado
en el lado equivocado de Dios, aunque pasaba la mayor parte de mi
tiempo tratando de compensar aquello.
Much estaba a un costado, y él se acercó cuando John apareció
de entre las sombras y Rob se fue a la puerta de atrás. Oí a Rob llamar, y
en voz baja hablar con los Cooper. Me apoyé contra la pared.
—¿Encontraste algo allí afuera, hoy? —Much me preguntó.
Asentí con la cabeza. —Gisbourne está aquí, pero sus pertenencias
no. Se las iban a enviar hasta el Trent y luego llevarlas hacia abajo para
evitar Sherwood, pero decidieron disfrazar la mercancía en su lugar.
Vienen mañana, tan pronto como amanezca.
John sonrió. —A Rob le gustará eso.
Mis dedos rozaron el espacio vacío donde por lo general guardaba
mi cuchillo. Me preguntaba si en realidad John iba a arreglarlo. Solía ser
un herrero, así que sabía que podía. No se podía confiar en la gente para
que te hiciera favores, no importaba si eran extraños o compañeros de
banda. Supuse que podría robárselo de nuevo si él no lo reparaba.
—¿Sabes qué es el disfraz? —preguntó Much.
—No. Pero lo voy a descubrir.
John me dio un codazo. —Lo único que se puede confiar a un
ladrón es encontrar un tesoro.
Fruncí el ceño. —No habrá ningún gran tesoro. Algo de dinero, pero
sobre todo, sus pertenencias.
—Bueno, ¿por qué las queremos? —dijo John.
—Porque eso lo enojará mucho —respondió Much—. Lo que
probablemente no sea una muy buena idea.
John sonrió y soltó una risa oscura, gutural que puso carne de
gallina en mis brazos. —Enojarlo es siempre una buena idea.
Much se burló. —¿Por qué siempre empezamos los problemas? —
murmuró para sí mismo.
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—No lo hacemos —le dije, probablemente, en el fondo tenía
razón—. Terminamos el problema que ellos comienzan. —Much miró
hacia abajo, y suspiré. No me gustaba hacerlo sentir pequeño, pero yo no
solía pedir disculpas. —¿Obtuvieron un buen botín el día de hoy?
John frunció el ceño. —No. Me duele admitirlo, pero te necesitamos
en las calles con nosotros.
Rob salió del edificio, deslizándose en la oscuridad y asintiendo con
la cabeza hacia nosotros. —La familia está a salvo y en calma. —Él se
dirigió a mí—. Y agradecida, Scar.
Asentí con la cabeza hacia atrás. Estaba demasiado oscuro para
que ellos pudieran notar que estaba sonrojada.
—Much, ¿por qué no tú y yo las llevamos de vuelta a Worksop?
Scar, John… vuelvan al roble. Tenemos que estar en las calles la mañana
temprano, y quiero sus ojos afilados.
—Scar dijo de que las pertenencias de Gisbourne están llegando a
través del bosque. Al amanecer, disfrazadas —dijo John.
Rob sonrió. —Muy interesante. Todos nos encontraremos en el
pasadizo, una hora antes del amanecer. ¿De acuerdo?
Asentimos, y yo tomé mi oportunidad para salir corriendo. Y corrí. Y
corrí. Me tomó una hora llegar al lago Thoresby, los extremos más alejados
de la propiedad del Señor Thoresby llegaban a las profundidades del
bosque de Sherwood, así que corrí tan fuerte como pude. Me sentí más
sucia que en Londres. No era la sangre. Él me golpeó y rompió mi cuchillo.
Por un mísero segundo tuve miedo, y tenía que conseguir que se fuera de
mí antes del amanecer, antes de que patrulláramos las carreteras,
cuando yo no podía sentir ni una pulgada de miedo.
Mis puños temblaban mientras corría, el sudor empujaba hacia
afuera la suciedad. Desesperada por agua, salté de la gran roca y me
sumergí en ella, salí a la superficie y me estrelló un frío feroz.
Me quedé allí, bajo el agua. Mis ojos estaban cerrados y mi piel
bastante entumecida. Mis trozos y rodajas eran hielo. No había espacio
para nada en mi mente, excepto el frío.
Cuando salí del agua, lanzando escalofríos en la orilla, me sentí
valiente.
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os aires estaban razonablemente frescos, con la clase de
crujido como si fuera una dulce manzana. Las hojas todavía no
habían caído, lo cual era bueno. Cuando las hojas caen los
árboles adelgazan, y tengo que esforzarme más para ocultarme. Cuando
las hojas no caen, sin embargo, el bosque entero está cubierto por un
manto. Hojas cubren las trampas y zanjas y nivelan los baches, pero todo
esto está al acecho para los que no saben lo que hay allí. Me gustaría
conocer mi bosque mejor que aquellos que puedan perseguirme en él.
Estaba agazapada en el arco. No era un arco adecuado: dos
árboles tejidos juntos sobre el camino años atrás, formando una gran curva
con sus ramas. No pude ver a John, Rob, o Much, pero supe dónde
estaban, y estaban esperando por mi señal. Sería el amanecer y el camino
condujo a los mercados, por lo que varias carretas habían llegado a
través. La mayoría de ellos sabíamos; algunos de ellos eran extranjeros,
pero no parecían que tenían mucho en el camino de la moneda. Además,
esta mañana no estaban por el dinero.
El viento venía fuerte a través de los árboles justo cuando los divisé
por el camino. Parecía una carreta de ataúd, con dos almas en cajas, y
dos monjes estaban en las riendas. Sería un buen disfraz, pero los monjes
tenían la mitad una barriga corta de la típica raza, y la cota de malla
debajo de sus túnicas tintineó suave con cada paso de la carreta. Lo que
lo estropeó de verdad, sin embargo, fueron los caballos. Ninguna casa
religiosa tendría sólidos corceles de guerra como esos.
Tiré una daga pequeña con una larga cinta roja atada al árbol por
el escondite de Rob. Nunca oí tanto como un rumor, pero sabía que ellos
estarían listos.
Cuando el carro rodó cerca, caí al suelo, mi abrigo de lana delgada
tendido debajo de mí. Las hojas sonaron a la distancia y sonreí, levantando
mi cabeza lentamente.
—Whoa —ellos llamaron a los caballos—. ¡Fuera del camino,
bandido!
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—Ustedes no son monjes —dije—. Y esos no son cuerpos.
Ellos saltaron a sus pies a esto, sacando espadas de sus túnicas. —
Dejarnos pasar, o nuestro maestro te hará arrepentirte.
—No pongo mucha fe en maestros, yo mismo —les dije—. Así que,
¿vais a pagar caballeros el impuesto del bosque?
—¿Quieres una décima parte de un cuerpo?
Los miré por encima. —Si los estás ofreciendo, entonces tomaré tu
mano. Tal vez un pie. Tiene hermosos pies, señor.
—Él se refería a los cadáveres, cachorro.
—Oh, ¿estamos todavía tratando de hacer la vista gorda que tienen
los cuerpos en esos ataúdes?
El de la izquierda bajó de un salto, y oí el traqueteo de la cadena de
correo como la lluvia. Di un paso hacia atrás, cruzando mis brazos sobre mi
pecho para tomar dos cuchillos debajo de mi abrigo.
—Hora de correr ahora, sabandija.
Honestamente. ¿Por qué todos piensan que soy una rata? —Así que
no habrás de pagar el impuesto, ¿entonces?
—Tomaré una décima parte de tu cuello si lo intentas —gruñó.
Me encogí de hombros. —Supongo que eso es justo. Estaré en mi
camino. Puede que quieras asegurarte que esos cuerpos están aún a
salvo, entonces. No quieres un muerto rodando alrededor.
Sonreí, y ambos se giraron para ver a la carreta que estaba muy
vacía. En el momento que ellos se giraron de nuevo, estaba oculta en el
árbol y ellos estaban maldiciendo hasta por los codos.
Ellos cortaron alrededor de los arbustos por un rato, pero no
encontraron a nuestros hombres. Cuanto más tiempo se veían más
discutían entre sí, y después de un poco ellos volvieron en la carreta, rostros
rojos, y se fueron a Nottingham.
Mientras ellos conducían, esperaba que fueran hombres del alguacil.
Entonces, al menos, Gisbourne no tendría ninguna autoridad para matarlos
donde ellos se encontraban.
Ayudé a John con su ataúd mientras que Rob y Much luchaban con
el otro; mis brazos estaban derechamente adoloridos en el momento que
llegamos a la cueva, y que estaba incluso con John transportando la
mayor parte del peso. Odiaba que no fuera más fuerte. Much estaba
sudando y pálido, la espalda apoyada contra el peso con su único brazo
bueno. Tal vez no fuera el peor destino ser el más débil del grupo.
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Los trajimos a lo profundo de la cueva. Mantenemos este lugar
separado de nuestro campamento; lo encontramos el último invierno y
almacenamos cualquier botín que venimos a cruzar aquí hasta que
podemos conseguirlo a la gente del pueblo. También teníamos unos pocos
suministros cruciales que consumiríamos en el invierno y más. Un gato
calico se había alojado aquí para tener a sus bebés, y a uno de los
pequeños gatitos parecía que yo le gustaba. Él arañó hasta mis hombros
como siempre.
—Hey, Gatito —dije, rascándole su oreja. Era cálido al menos.
—Vamos a romperlas, —dijo John.
Asentí con la cabeza, arrodillándome delante de las cerraduras y
tirando mi elección a mis ropas. Tenía el candado abierto en un segundo o
dos. Me paré y John extendió sus brazos.
—¿Por qué no puedo sólo romperlos?
Me crucé de brazos. —Creo que si continuas siendo tú mismo,
necesitaremos un ataúd que esté totalmente intacto en un corto plazo.
Rob nos frunció el ceño. —Muchachos –y Scar–, hay un botín para ser
ordenado. ¿Esto no mantiene su interés?
Me sonrojé. —Interesado.
John pateó la caja abierta. Ellos se inclinaron sobre él, empujando a
través de las cosas, pero yo me quedé clavada en el suelo. Estaba
sentada allí, en la cima de todo: un mechón de pelo castaño oscuro
envuelto en cinta de color rojo brillante. La cinta escarlata estaba tan
cerca de los que había atado a mis cuchillos; incluso si los chicos no sabían
de quien era el mechón de pelo, ellos habían ladrado alrededor de la
cinta.
Metí la mano y alcancé el pelo, girándolo alrededor de mi mano en
un instante para esconderlo de los muchachos. Rob me miró rápido, pero
seguíamos hurgando en las cosas. Había ropa y botas, algunas monedas
pero no muchas. Much se metió en la joyería, la cual se podía fundir y
vender por mayor cantidad de dinero.
—¿Qué es eso? —Preguntó Rob, mirando sobre su hombro, él
recogió un pequeño añillo de mujer. —Esta es la medida de Leaford ¿no?
—Leaford fue su novia —les dije. —Quien se suicidó.
—¿Él mantenía su anillo? Debe haber asumido la muerte de ella
difícil —adivinó John.
Honestamente. —Tú no tienes ni idea de qué estás hablando o lo
qué es un villano, John —le dije.
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Rob me miró en esa manera suya, y yo miré hacia abajo.
—¿Qué significa eso? —Preguntó John.
—Él sólo quería a su dueña, como él es dueño de su anillo. Y ella se
suicidó en lugar de tenerlo a él.
Se sentía como una ola de agua que venía a aplastarme con el
peso de la mirada de Rob.
—Tú la conociste.
No podía tenerlo para eso. Eso me pondría en tierras de Leaford, las
cuales no estaban lejos de Nottingham —Ella tenía una hermana. Yo
conocí a su hermana. —Incluso hablando sobre Joanna hizo mis tuberías
doler. No podía tragar correctamente.
No estaba segura si Rob me creía o no. Él seguía mirándome, como
si dejara una puerta abierta y él estaba tratando de estirar todo el lado
para mirar en él.
John me miró. —Así que tú debes conocer más acerca de él de lo
que estás dejando. ¿Qué sabes?
—Nada útil. Nada bueno.
—Cuéntanos Scar —dijo Much.
—No hay nada que quieras escuchar. Ella sólo decía que él era
horrible. Firmó el contrato antes de que fuera incluso legal para casarse y
establecer la fecha para el primer día que fuera. Ella decía que su
hermana lloró y lloró a sus padres que no quería ser casada, y a no les
importó. Él quería la tierra, y los padres de ella querían el dinero de él, y
que estaban allí para hablar acerca de eso.
—Entonces ella se mató —dijo John.
—Así dicen.
—Lo que realmente no suena tan terrible —murmuró John. —No vale
la pena morir.
—Tú no sabes nada de eso, John. Ser silenciado cuando tus deseos
no importan, ser vendido como una propiedad, ¿y a un hombre como él?
—Escupí a sus pies—. Un hombre no sabría nada de esto.
—¿Y qué sabría un ladrón de eso? —Se burló John—. Como tú
alguna vez has hecho una maldita cosa que no querías.
Sacudí mi cabeza. —Sé lo que es como cuando no puedes
conseguir que nadie te escuche. Cuando lo que dices no importa. Casi
creo que cada chica sabe lo que es ser silenciada.
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—Es una terrible práctica —Rob estuvo de acuerdo. —La mayoría de
los padres esperan más tiempo. La mayoría de los pretendientes quieren
que lo hagan.
—Vamos a abrir el segundo —sugerí, golpeándolo con el pie para
abrirlo como John lo hizo. Mi pie sonó y tintineó con el contacto, pero se
sentía bien después de toda la conversación.
—Oh, armas —dijo Much.
John lo empujó a un lado. —Ni siquiera sabemos qué hacer con ellas,
Much.
Much frunció el ceño oscuro, y antes de que pudiera quejarme con
John por eso, él me lanzó un juego de cuchillos. Los atrapé.
Eran tesoros, el metal oscuro que la mayoría había visto. Había un
fino grano donde el metal había sido plegado. —Este es metal Sarraceno,
—suspiré. Ambos tenían un pequeño conjunto de rubí en la empuñadura,
una versión más fina del granate en mis cuchillos favoritos.
—Tranquila, Scar. Deberíamos vender esos —recordó Rob.
Fruncí el ceño. —Tú nunca obtendrás un buen precio por estos aquí,
no lo que ellos valen. Además, puedo robar de nuevo el valor si me das el
precio.
—Tal vez ella es una chica después de todo, anhelando adornos
brillantes —John se echó a reír.
Mi puño estaba cerrado pero no le di un puñetazo. Yo queriendo
cuchillos brillantes y niñas tontas suspirando por joyas brillantes no estaban
cerca de la misma cosa.
—Haz lo que sea que creas correcto, Scar. No puedo decirte qué
hacer ¿No es lo que siempre dices? —dijo Rob. Él no estaba sonriéndome,
sin embargo, y se alejó, como si no quisiera verme cortarles.
Mi boca apretada y los arrojé en la pila que íbamos a vender o
regalar. No tenía pensamientos grandes de mí misma —no soy ninguna
santa para estar segura— pero pensando en Amy Cooper y la gente que
no tenía nada para comer, no es como si pudiera mantenerlos justo. Nada
era justo.
Seguimos cavando a través de las pertenencias de Gisbourne, y el
único pensamiento que me levantó el ánimo fue la cara de Gisbourne
cuando él se enteró.
Much y yo nos pusimos a ordenar la ropa en paquetes que
podíamos regalar. Podíamos hacer eso con las ropas que no eran tan
distintas, pero la joyería y metales tenían que ser fundidos y quebrados
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para venderlo puro. Mira, si Gisbourne fuera a encontrar a alguien con
algo suyo él podría reconocerlo, habría matado a la oveja de seguro,
inocente o no, y no podíamos arriesgarnos a eso. John y Rob tomaron la
piratería, rompiendo los otros fragmentos.
—¿Me mostrarías cómo lanzar un cuchillo, Scar? —Preguntó Much,
tranquilo.
Levanté la vista hacia él. No estaba mirándome; estaba atando un
paquete de ropa. —No estoy segura si esta es tu arma.
Él frunció el ceño. —Sé que tendría que pedir prestado tu cuchillo.
Negué con la cabeza, señalando a Rob con uno de mis cuchillos. Él
tenía su largo arco cruzado en su espalda. —El arco es el arma de Rob. Le
conviene. Se mueve con él; funciona como sus brazos que consiguió
sacarlo y en forma de un arco.
—Es parte de él —dijo Much, metiendo su brazo malo debajo de su
capa.
Asentí con la cabeza. —Te enseñaré, pero no estoy segura de que es
tu arma.
—Por supuesto que no —murmuró, apilando más ropa.
—Oye —dije, suficiente fuerte para que él levantara la mirada. —No
estoy diciendo que no tienes un arma, Much.
Sus cejas se amontonaron apretadas juntas. —Seguro que lo haces.
Sólo tengo un brazo decente. ¿Cómo puedo luchar si vale nada?
Mi boca se torció, y lo empujé. —Calla, Much. Personas piensan que
no puedo luchar valiendo nada, incluso sin saber que soy una chica, y les
pruebo que están equivocados. Probémosles que están equivocados. Y
tengo una idea, ¿de acuerdo?
Él negó con la cabeza. —Tú piensas mucho que soy un bueno para
nada. John lo dice cada vez que puede.
—Oh, ¿y él lo sabría? Todo lo que él hace es golpear las cosas.
Él se frotó el pecho donde le di un empujón. —Tú haces un montón
razonable de golpearte a ti mismo, Scar.
—No me hagas hacerlo otra vez. John no es el ser-todo de opiniones.
Suspiró, volviendo a su pila de ropa.
—Mira, no estoy diciendo que será razonablemente fácil —Empujé mi
manga y le mostré un montón de pequeñas cicatrices blancas de cortes y
rasguños. —Era terrible con mis cuchillos cuando empecé, pero eran las
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únicas armas que podía mantener y ocultar, así que aprendí a usarlas. —Le
mostré la cinta de una de ellas. —Y entonces ellas aprendieron de mí.
—No lo entiendo.
Deslicé la cinta a través de mis manos. —Solía atar cintas en ellas
para agarrarlas rápido. Son mis cintas para el cabello. Y entonces cuando
Rob me atrapó en Londres, yo no le diría mi nombre. Así que él me llamó
Señor Scarlet hasta que descubrió que era una chica. Entonces sólo era
Scarlet.
—¿Ese no es tu nombre real?
Mis ojos encontraron los suyos, justo serios, justo oscuros. Negué con
mi cabeza lentamente.
Él me miró por un largo tiempo, y miré hacia abajo. Cuando su boca
se abrió, dije—: ¿Cuál es la roca que has estado cortando?
Él me miró. Su rostro cambió un poco, y por un respiro él estaba
mirándome como si mirara a Rob. —¿Quieres ver?
—Yo pregunté, ¿no?
Él sonrió y se puso de pie. Lo seguí, yendo a la hoguera. Él tomó un
leño más pequeño del fuego del banco y fue a la esquina de la cueva.
Pude ver que él había excavado una vena en la gran roca,
coleccionando los fragmentos de grava en un tazón. Él puso la antorcha
en el piso, luego dio un paso hacia atrás, empujándome con su brazo
malo.
Él tomó una pizca de polvo grisáceo. —No grites —dijo con una
sonrisa.
Fruncí el ceño. —No gritaré, Much.
—Es posible.
Él sacudió el polvo hacia la llama.
Lo cogió, estallando en un brillante destello blanco que se parecía a
Dios mismo viniendo a la cueva sin la zarza ardiendo para anunciarse.
Golpee a Much, cubriendo nuestras cabezas, golpeando al suelo de
piedra en una pila.
Él estaba riéndose cuando mi visión volvió lentamente. Luces blancas
estaban aún formando arcos cruzando mis ojos, pero estaba comenzando
a sentir que era más como el trabajo del Diablo que el de Dios.
—¿Qué en nombre de Cristo fue eso? —gritó Rob. El humo estaba
desplegándose por la cueva, pero la combustión estaba hecha. Él y John
estaban agitando los brazos como si sirviera de algo.
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—No estoy seguro —llamó Much.
Le di una palmada a su pecho. —Yo tampoco, pero buen trabajo,
Much. —Lo miré, y él sonrió. —Rob, creo que Much podría conocer una
forma de detener al alguacil un poco.
—¿Lo hago?
Me senté, tirando a Much conmigo, y miré el polvo. —¿No lo sabes?
Me parece que la única cosa que no consideras es que el alguacil no
puede ir después a la gente si está ocupado con sus propios pedazos.
Rob se acercó. —¿Quieres hacer una explosión? —Miró a Much. —
¿Tienes suficiente de este polvo?
—¿Para tumbar Castle Rock? No, pero tal vez puedo encontrar algo
más en las otras cuevas.
—Hazlo.
Nos llevó dos días completos mover lo que podíamos, vender algo
del metal, luego regalar la ropa y el acopio de las joyas y monedas.
También significó dos días fuera del camino, y se sentía como si el tiempo
estuviera hundiendo sus garras en nosotros.
Nos reunimos en la posada esa noche, y vine pasando
desapercibida. Mi cabeza estaba pulsando como un martillo desde el
corte y la contusión de alrededor; desde que el guardia me aporreara
tenía chichones y colores oscuros, y mi sombrero sujeto con fuerza. Aun así,
prefiero el dolor que pavonearme sin mi sombrero, así que estaba
razonablemente fuera de la suerte. También tuve malas noticias, y eso
nunca me puso en una buena cabeza.
John asintió con la cabeza hacia mí mientras me deslizaba en él.
—¿Rob no está aquí todavía?
—No. Tuck hiso un pastel de carne, —respondió John. Se acercó, lo
que significaba que debía sentarme cerca de él. Miré a mí alrededor.
Much estaba sentado en el borde del otro extremo de la banca, no hay
lugar a su lado. La banca era un tipo de curva alrededor de la mesa.
Suspiré y me senté al lado de John. Había un pastel, y este tenía un corte
de S en la parte superior del mismo. Mi estómago rodó y me detuve,
preguntándome si tenía que esperar demasiado tiempo para comer. Pude
sentir a John mirándome, así que traté con otro bocado.
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Rob llegó a continuación, y sus ojos se dirigieron directamente a mí y
a la comida. Tomé otro bocado y mi estómago se retorció. —Termina eso,
Scar. No tomaste desayuno.
—Y tú solamente tomaste un bocado de la cena de anoche —
recordó Much.
Lo fulminé con la mirada. —Gracias, Much.
Rob se cruzó de brazos, y tomé otro bocado. Él sudor estalló en mi
cabeza; sentí como si fuera a vomitar todo de nuevo.
—Bien, las buenas noticias —después de una mala— es que no pude
cercar las armas; ellas son demasiado diferentes. Nadie por aquí está
vendiendo nada igual. Así que todos nosotros tendremos nuevas armas.
Scar, tendrás tus cuchillos de vuelta.
Hice una mueca un poco de sonrisa, y él se quedó mirándome por
un segundo. Tomé otro bocado. Lo tuve en mi boca, tratando de no
tragar, pero sólo me miraba.
Tragué, y él miró hacia otro lado.
—Cristo —gemí, saltando y golpeando fuera la puerta de atrás. Sólo
lo hice afuera cuando toda la comida se apresuró en salir. Mis rodillas
temblaban y se doblaban mientras vomitaba de nuevo, pero el brazo de
Rob me cogía por la cintura, manteniéndome contra él.
Vomité una vez más y traté de tener mis piernas debajo de mí. —
Tranquila, —dijo la voz de John.
Miré hacia arriba, tratando de alejarme. ¿Era John? ¿Por qué había
pensado que sería Rob el que me sostenía?
—Tranquila, tranquila, —repetía él, frotándome la espalda.
—Para de tocarme, por favor —murmuré. Dejó de frotarme, pero su
brazo no dejó mi cintura. Lo empujé, agachándome sobre mis rodillas.
Cerré mis ojos, tomando una respiración profunda. Mi cabeza está latiendo
una melodía media.
—¿Estás bien? —Preguntó Rob. Me giré y vi a Rob y Much parados
ahí. Los brazos de Rob estaban cruzados y él lucía oscuro. Odié la forma en
que todos ellos estaban mirándome.
—Bien —dije. Me levanté, sintiendo solamente un pequeño mareo.
—Scar, estás enferma —dijo Rob, y su voz era áspera y con un poco
de miedo.
—No estoy enferma —repliqué. —Ya te lo dije, como cuando tengo
hambre.
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John estaba aún en una rodilla. —Eres demasiado hambrienta. Ese es
el problema, ¿no?
Crucé mis brazos, y él se puso de pie.
—Eso es lo que sucede cuando no comes lo suficiente, no puedes
comer sólo cuando quieras. Eso es todo, ¿no?
—Como, por amor a Cristo —gruñí. Me moví para volver a entrar a la
taberna, pero Rob no se movía.
—Sin embargo, ¿después de todo este tiempo? —preguntó Rob,
suave. —¿Tú has estado mintiendo acerca de comer más?
—Esto no es acerca de ti, Rob —dijo John.
Los ojos de Rob dispararon a John, pero no me atrevía a mirar a
ninguno de ellos. —No, esto es sobre ella. Prometí que cuidaría de ti, Scar.
Después de que estabas tan hambrienta en Londres, te juré que
conseguiría tu alimento. ¿Por qué mentiste todo este tiempo?
Sentí la vergüenza subiendo por mi garganta detrás de la comida, y
golpeé su pecho. —¡Porque eso no era lo que querías escuchar, Rob!
—Bien, estoy escuchando ahora, Scar.
Negué con mi cabeza. —¡Estoy bien! Yo como. Pero estos malditos
golpes en mi cara duelen tanto que mi estómago se retuerce. Y a veces
sólo de pensar en todas esas personas que ni siquiera pueden raspar una
migaja de pan, hace que mi estómago se retuerza también. Pero no hay
mucho que pueda hacer en el combate —Lo fulminé con la mirada. —Y
no se va. No es algo que pueda arreglar. Estuve hambrienta durante
mucho tiempo, Rob, y tanto como me gustaría, pedazos de mí nunca van
a superar eso. No importa cuánto me gruñas por eso.
Él agarró mis brazos, acercándome a su rostro, y sus ojos se veían
como el océano, profundo y oscuro y lleno de cosas que yo no conocía. —
Nosotros no nos mentimos, Scar. Especialmente no sobre las cosas que
signifiquen que podría perderte.
Mi respiración se congeló en mi pecho. ¿Acaba de decir eso?
Él me dejó ir. —Porque perder un miembro sería poner a la banda
entera en riesgo. ¿Lo entiendes?
Sólo eso, sentí todo el calor abandonar mis huesos, y me estremecí.
Asentí con la cabeza, y John puso su brazo alrededor de mí. Cristo, él
estaba todo caliente de repente. —Vamos adentro —Dijo para mí, más
tranquilo—. Trata de comer algo de pan o caldo. Ellos van a bajar más
fácil que un pastel.
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Asentí y dejé su brazo alrededor de mí mientras entrabamos. John se
sentó muy cerca de mí, caliente y protector. Sacó un pedazo de pan del
plato con el pastel y lo empujó hacia mí.
En todo el tiempo que había conocido a John, él había jugado al
hermano mayor con la mayoría en algún momento, pero nunca conmigo.
Y tenerlo haciendo esto se sentía extraño.
Cogí el pan y tomé un pequeño mordisco, masticando un poco. —
Tengo algo de información —dije, odiando lo débil que mi voz sonaba.
Rob no me miró. —Adelante.
—Gisbourne está volviendo a nosotros. Él ha triplicado las patrullas
del bosque, día y noche. Cualquiera que sea sorprendido cazando será
colgado al siguiente amanecer.
Rob asintió con la cabeza. —Bueno, él podría haberlo hecho peor.
Estamos preparados para lo peor. Simplemente dile a los aldeanos que
vamos a obtener los alimentos; ellos no pueden arriesgarse.
—No creo que eso ayude, —dijo Much—. Todos saben que si son
atrapados, los sacaremos, así que ellos lo intentaran de todos modos.
—Entonces les diremos que Gisbourne tiene la intención de matarlos
en el acto —dijo Rob—. Porque estoy seguro que es lo que tiene realmente
en mente de todos modos.
Asentí. —Él es toda clase de mal.
—Lo cual también significa que por los próximos días, todos
estaremos cazando y patrullando el bosque en parejas, luego asustando
los caminos en la mañana. —Él suspiró, y sus hombros se inclinaron un
poco, como si alguien estuviera empujándolos con fuerza—. Podemos
vender las pieles, al menos.
—Y las astas —agregué.
Él asintió. —Si alguien no está en plena forma para duplicar su
tiempo, dígalo ahora.
Todos estábamos en silencio.
—Bien. Permanezcan alerta. No podemos permitirnos errores en estos
momentos. Scar, ya que tú y yo somos los cazadores, me quedo con John
y tú con Much.
Todos se detuvieron en esto.
—Eso es una tontería. Yo iré con Scar, —dijo John. El rostro de Rob se
volvió tormentoso, pero John continúo. —Rob, yo no soy un cazador, pero
si ella enloquece a los hombres de Gisbourne, yo seré de más ayuda que
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Much. —Much frunció el ceño, y John se encogió de hombros. —Lo siento,
Much.
Much suspiró. —Tiene razón. Nosotros somos los escuálidos, Scar.
—Pero juntos tenemos nuestros usos, —recordé.
—Está bien, —dijo Rob, sus dientes apretados. —John, iras con Scar.
Esperé a John hacer algo de roce por ir conmigo, pero no lo hizo.
¿Quién sabía que tendría que vomitar para que le llevara a él ser como
amigos? No es que yo esperara que esto durara mucho tiempo, creo.
—¿Debemos ir ahora? —preguntó Much.
—¿Podrían esperar los dos afuera por un momento? —preguntó Rob,
asintiendo con la cabeza a John y Much —. ¿Podemos hablar, Scar?
No asentí, pero tampoco me fui. Dejé que John saliera de la banca y
me apoyé contra la pared, cruzando mis brazos y mirando hacia abajo. Él
se apoyó contra la pared opuesta, mirándome. —¿Qué debo hacer por ti,
Scar? Honestamente.
—¿Hacer? —repetí.
—Cuando dejamos Londres, tú no estabas comiendo, y traté tan
duro de conseguir que comieras más. Por años pensé que estaba
solucionado. Pensé que estabas comiendo bien. Pero no lo estás, y no sé
qué hacer por ti—. Él pasó su mano por su cabello, y esto fue cada cual
por su camino en su paso—. Me asustas —dijo—. Pensando en ti cazando
me asusta. Así que tengo que hacer algo. Y tú necesitas decirme qué es,
porque obviamente lo que estaba haciendo antes no era lo correcto.
—No lo sé, —murmuré.
—Tú no comes.
Mi rostro se sentía caliente. —No lo necesito mucho. Después de
Londres, siempre era difícil comer mucho. Teniendo nada por mucho
tiempo no era fácil. Y ahora que tengo, son otras personas las que
necesitan más.
—¿Por qué no comías en Londres? Tú eres uno de los mejores
ladrones que he conocido. Puedes haber robado tu peso en comida.
Una burla saltó de mi garganta. —Apenas era un ladrón entonces.
Además, habían otras personas que lo necesitaban ahí también.
—¿Había una persona en Londres a la que le estabas robando
comida?
—Somos honestos con los demás, ¿cierto, Rob?
Él asintió.
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—Entonces no me hagas responderte eso.
Él me miró por un largo tiempo, y no apartaría mis ojos de él. —¿Y
qué puedo hacer, entonces?
—Es la vida, Rob. Nada que hacer.
—No cometer errores, —me dijo. Lo miré—. Hacemos lo que
hacemos. —Se detuvo, entonces dio un paso más cerca. —Hago lo que
hago porque siempre voy a creer que no importa lo mal que la vida se
vuelva sin embargo para muchas de esas personas, hay algo que puedo
hacer al respecto. Hay algo que haré al respecto.
Asentí con la cabeza. —Eso es por lo que eres el héroe, Rob, y yo soy
un ladrón.
Me giré de vuelta al camino entonces; no había mucho más para
decir.
Él cogió mi muñeca antes de que llegara a la puerta. —Scar —dijo,
áspero, como rocas corriendo por su lengua—. He hecho muchas cosas
imperdonables en mi vida. No permitas que falle para salvarte de ser otro.
Saqué mi mano. —¡Nunca pedí ser salvada!
Eso fue suficiente. Salí, impaciente por el frío en mis mejillas calientes.
John y yo permanecimos en silencio esa primera noche. No estaba
mucho en el modo de charla, y él tuvo que escuchar para el juego de la
mejor manera que podía de todos modos. Me quedé en lo alto de un
árbol durante la mayor parte de la noche; cogía más luz de luna ahí arriba
y podía ver más lejos, por lo que pude apuntar mejor cuando vi un ciervo.
Me iba mejor en la tierra con los cuchillos, por supuesto, pero en el cielo no
me importa usar un arco. Era decente con él; nunca tan buena como Rob,
pero me manejaba. Maté dos, y John descueró ambos. No me gusta esa
parte, viendo todas las partes internas salir. Siempre pienso en lo fácil que
sería para alguien cortar mi estómago y mirar todas mis partes internas
deslizarse afuera.
Los llevamos a la cueva, y John y Much se pusieron a pelarlos y
cortar la carne. Observé, afilando mis cuchillos y desencordando mi arco.
Nunca me gustó cazar. Bueno, me gusta la caza en legítimo derecho, pero
no me gusta la sangre. Aun si gran parte de esta tenía que venir de un
animal para alimentar a un pueblo, y se sentía raro para mí.
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Esto, más que robar chucherías, era lo que nos hacía ladrones, y
forajidos, y todos los nombres que el alguacil nos ponía. Sherwood era el
rey del bosque, una tierra protegida que estaba destinada a ser sus
terrenos de caza. Pero Inglaterra era un país sin rey. El rey Richard, al que
ellos llamaban Corazón de León, había tomado sus patas de león a Tierra
Santa. Estaba fuera luchando contra infieles mientras su gente —mientras
mi gente— moría de hambre. No habría ningún juego dejado para la caza
cuando Richard volvió. En lugar de ciervos, Inglaterra estaría llena de lobos,
el más grande de entre ellos el Príncipe John.
John y Much envolvieron paquetes de carne en las pieles, y Rob y yo
salimos rápido. Rob se dirigió a Worksop y yo fui a Edwinstowe, entregando
la carne antes de la salida del sol.
Repartimos la carne como mejor pudimos, tratando de dar a cada
familia un corte que los alimentaría por el día al menos. Algunas de las
familias tenían más suerte que otras; los granjeros tenían cultivos para
alimentar a sus familias, y algunos de los cultivos del verano lo hacían bien.
Incluso si ellos se establecían, sin embargo, cuando llegamos con la
comida, la compartimos alrededor.
Había terminado la mayoría de Edwinstowe cuando escuché a los
soldados. Me deslicé contra uno de los marcos de una casa, esperando
que ellos no tuvieran perros con ellos. Estaba cubierta en el olor de la
carne cruda.
—Demonios, patrullas nocturnas —se quejó uno.
—Gisbourne es un tonto. Todos sabemos que Hood es sólo un
fantasma.
—Sí, pero alguien está cazando furtivamente, ¿no lo son ellos? Y
nosotros estamos destinados a capturar a los cazadores furtivos.
—Y matarlos. Eso no lo es.
—Los traemos y el alguacil los mata. No tenemos que hacerlo
nosotros mismos.
—No tengo el plan. Él piensa que matándolos a todos los
pescaremos juntos en alguna cosa grande consiguiendo que el Hood
salga. ¡Hood es un fantasma!
—Y si hubiera un Hood, y yo fuera el Hood, los habría sacado la
noche antes. Gisbourne no es muy inteligente.
—No.
—Tal vez podemos deambular por Tuck’s. Rosie está teniendo esa
chispa en sus ojos últimamente.
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El otro se rió entre dientes. —Cuida que no haya ninguna manzana
en su ojo, muchacho.
—Alguacil, nunca lo sabremos. Vamos a revisar.
El otro hombre asintió.
Me quedé escondida hasta que ellos despejaron, y entonces
atornillé a MajorOak.
—Está bien, —dijo Rob cuando terminé de contarle todo lo que oí. —
Simplemente no dejaremos que nadie sea capturado cazando.
No se sentía bien. Se sentía como una gran tormenta, y Gisbourne
estaba en el ojo de esta.
L
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5
a mañana siguiente fue una larga permanencia en carretera.
Había una gran cantidad de viajeros esa mañana, y me sentí
razonablemente limpia mientas me percataba de ellos.
Algunos señores trataban de parecerse al más pobre de los hombres, pero
aún montaban en enormes caballos y estaban sanos y alimentados.
Vergonzoso. Me gustaba escogerlos de la mayoría. Un grupo de caballeros
iban transportando un gran baúl de joyas para una dama, delicada y fina
por cierto, y cuando lo entreabrimos, lejos del borde del camino, sentí
como salía de mí una burbujeante sonrisa.
—Esto cubrirá a la mayor parte de los habitantes de Nottinghamshire.
—Se maravilló John.
Dejé que una cadena de diamantes corriera entre mis dedos como
agua de lluvia. —Alimentarles y vestirles también.
Robin nos guiñó un ojo. —Ese fue un buen sitio, Scarlet.
Sonreí, mirando al sol rebotar en un lingote de plata. —Oh, lo sé.
—Esta es una excelente noticia, muchachos. Una vez que
guardemos la mayor parte de esto, tendremos tiempo de sobra para el día
de impuestos. —Rob asintió hacia mí—. Y nos podremos centrar en expulsar
a Gisbourne de la ciudad.
Asentí de vuelta, aspirando una bocanada de aire que hizo que se
hinchara mi pecho. Él tenía razón, por supuesto. Todo estaría bien, y
estábamos a salvo en las casas.
Eran horas más tarde cuando caminaba por el mercado en Worksop
con Much. Para las gentes de las comarcas del condado Much era el
mejor; era un terrible buen oyente, y todos le conocían de cuando fue
azotado de niño. Simplemente, no siempre sabía cuáles eran las partes
importantes, así que vine con él para escuchar lo que escuchaba.
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Era extraño. La gente lo miraba y se le echaban encima. Querían
hablar con él, y darle palmaditas en su mano buena y besarle la mejilla y
estar a su lado. No era lo mismo conmigo. Me hallaba sola, aunque no
estaba muy segura de si eso era por elección propia o no. Sinceramente,
viéndole, me sentía como un leproso.
También me sentía un poco sensible. —Hola, Will —escuché a mi
lado. Dos muchachas se apiñaban alrededor de una cesta de lavar y me
sonreían radiantemente. Me puse el sombrero más abajo y endurecí la
cara.
—Todo el mundo ha oído lo que hiciste por Freddy Cooper —dijo su
amiga.
Fruncí el ceño. —¿Crees que cotillear sobre eso será bueno para
alguien?
Cerraron sus bocas. —No lo estábamos.
—Lo estabais. Vuestras madres deberían haberos enseñado mejor.
Ambas se sonrojaron, pero una continuó mordiéndose el labio como
si fuese dulce para mí. Fruncí el ceño de nuevo. Estúpida mocosa. Negué
con la cabeza, mirando por encima a Much, y para el momento en que
volví a mirarla, estaba a mi lado; me tomó la cara con ambas manos y me
besó.
Me aparté de un tirón, farfullando juramentos mientras volvía con su
amiga y echaban a correr, ambas riéndose.
Y no eran las únicas. Much se doblaba de la risa. Lo empujé, y rodó
al suelo sin mi previo insulto. —¡Venga ya! —Estampé mi pie.
—¿Qué es tan gracioso? —preguntó John, acercándose a mitad de
comerse una manzana. Me lanzó otra y yo se la tiré a Much.
Sólo se rió más fuerte. —¡B-b-besaron a Scar! —ululó.
—¿Alguien te besó? —preguntó John, volviéndose hacia mí. No
parecía como si le resultase tan gracioso. —¿Quién es?
Esto hizo que Much se riese más.
—No es asunto tuyo, Little John —dije.
Se acercó hasta mí con una cara tan plana que, si pudiese imitarla,
nunca habría sido besada por una estúpida chica cuando no quería serlo.
—¿Quién, Scar?
—¡Jenny Percy! —gritó Much.
La cara de John rompió abierta, como una sonrisa podía dividir un
ánimo oscuro. —Espera a que Rob oiga esto.
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—¡Vosotros dos no sois más que unas bocas flojas! —repliqué.
John sonrió. —Parece que Jenny justo acaba de tener los tuyos un
poco sueltos.
—No es gracioso.
—Mira a Much. Por supuesto que es divertido. Te diré, sin embargo,
que no me hubiese gustado ver la expresión de tu cara.
—¿Qué pasó con lo del “brillando por ti”? ¿No estabas jugueteando
por ahí con ella?
—Con su prima, Emma. —Sonrió—. Ahora, tiene labios que podrían
haber aflojado un poquito los míos.
Negué con la cabeza, disgustada, y luego un brillo me llamó la
atención. Agarré la parte frontal de la camisa de John y le arrastré detrás
de la tienda del tejedor. Much se levantó de un salto, pero negué con la
cabeza. Era demasiado tarde; parecía sospechoso. John no bromeaba
mientras extraía mis cuchillos, enganchando los ojos de vuelta a la esquina
para ver a Gisbourne llegar a través del mercado.
Se detuvo en el centro de la plaza del mercado, subiéndose sobre
una pequeña fuente. —Tal vez debería presentarme —gritó. La gente se
detuvo a mirarlo. Se envolvía en violencia como si fuese ropa, su capa
como la muerte, su armadura como cuchillas. Su pelo era lanudo como el
de un animal y parecía que el Diablo estaba atrapado en su cabeza.
—Soy un chico de Gisbourne, y he sido contratado por vuestro sheriff
para dar captura al que llamáis Hood. He sido informado de que en lugar
de expulsar a este delincuente, le protegéis. —Su labio se curvó, y los
puntos de sus dientes brillaron como colmillos de serpiente—. Ahora, no sé
cuánto tiempo tomará —dijo, y su voz me hizo temblar como una hoja
seca. Todo el mundo quedó mortalmente callado—. Pero rastrearé a Hood
y a sus hombres, y los encontraré. Cuando lo haga, los mataré. Cualquier
persona en el camino que si quiera sospeche esté ayudando a Hood y a su
pandilla lo perderá todo, empezando por su vida.
Chasqueó los dedos, y sus guardias sacaron a dos hombres. Miré a
John. —Quédate. Tengo que llegar al otro lado.
Asintió, y sus manos me llevaron a su otro lado por la cintura. Estaba
absolutamente segura de no necesitar su ayuda, así que no sé por qué lo
hizo. —Ten cuidado, Scar. Te pilla e iré detrás de ti y hay más de ellos así
que moriré haciéndolo. Pero lo haré igualmente.
—No seas estúpido —susurré, moviéndome más allá de él. Caminé
por las afueras de la plaza del mercado, vislumbrando a Gisbourne tomar
a un aldeano local y poner un cuchillo en su garganta. Vi un arco tensado,
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y me deslicé al lado de Robin. Asintió hacia mí, sin mover ningún músculo.
—Sube —murmuró—. Cubre mi disparo.
Asentí, escalando rápidamente al tejado de una pequeña casita a
la derecha.
—Ahora —continuó Gisbourne—, buena gente, sé que sabéis quién
es Hood. Lo amáis. Lo protegéis. ¿Pero moriríais por él? No lo creo. —Miró a
su primer cautivo. No estaba segura, pero podría ser el tintorero. Worksop
hacía un montón de lavandería—. Así que, ¿qué puedes decirme sobre
Hood?
—Su nombre es Robin —espetó—. Robin de Locksley.
Gisbourne parecía directamente impactado, su brazo aflojándose
un ápice. —¿Earl Huntingdon?
El hombre asintió, y Robin tomó su disparo, enviando la zumbante
flecha sobre los nudillos de Gisbourne. Fue un disparo imposible, rozando a
Gisbourne y soltando a su cautivo todo a la vez cuando por un pelo
hubiese fallado, pero Rob lo hizo. Rob era así. Gisbourne soltó al hombre y
rugió de dolor.
—¿Algo que discutir conmigo, chico de Gisbourne? —gritó Rob. Las
personas se dispersaron ante esta oportunidad, el segundo prisionero
olvidado.
—¡Guardias! —gritó Gisbourne, desenvainando la espada.
No lo pude resistir. Soy una ladrona; nunca fuimos buenos contra la
tentación, la verdad. Saqué un cuchillo y lo arrojé; en el ángulo correcto,
se deslizó en una profunda línea por su pómulo izquierdo. La sangre
empezó a gotear rápidamente, me di cuenta con una sonrisa.
Me aplasté contra el techo mientras él se abstenía de perseguir a
Rob, buscando a su atacante. No me vio, pero si vio el cuchillo en el suelo.
No le había puesto una cinta. Pequeños favores como este eran la única
razón por la que iba a la Iglesia.
Agarró el cuchillo y se lo guardó en el cinturón, yendo tras Rob. Miré
a mí alrededor, y vi a Rob en el siguiente tejado, mirándome como si
supiera por qué tiré el cuchillo. Odiaba esa mirada.
Gisbourne envió a sus hombres entorno a la aldea, liberando al
tintorero para que agarrase a su esposa y se escondiesen en su casa. De
hecho, la mayoría de la gente hizo lo mismo, y pronto Much y John
estaban escondidos en la casa de alguien y Rob y yo en diferentes
tejados, acurrucados contra las chimeneas. No mucho tiempo después
Gisbourne envió a sus hombres al bosque en nuestra búsqueda, dejando
esperar a unos pocos en la plaza del pueblo.
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Nos quedamos por separado hasta que los campesinos llegaron a
casa y la gente salió de ellas, por lo que pudimos desaparecer entre ellos
como sombras. Los cuatro nos reunimos en el bosque y nos dirigimos de
vuelta a Major Oak.
—Rob, ¿escuchaste sobre el nuevo amante de Scar? —canturreó
John.
Rob me miró rápidamente. —¿Era alguno antiguo?
—¡Jenny Percy! —dijo Much, satisfecho de sí mismo.
Rob sonrió. —De una banda con tres hombres verdaderos, ¿por qué
están todas las lascivas doncellas detrás del falso?
—¡No tengo nada que ver con eso! Estaba a punto de decirle que se
fuera y me besó —gruñí.
—Creo que a vosotras, las chicas, os gusta ser insultadas —dijo John,
pellizcando mi lateral.
Le golpeé el brazo. —No me toques, y no me vengas con esas. Ella
dijo que todo el mundo escuchó sobre Freddy, Rob. Si la gente del pueblo
está hablando, las cosas van a empeorar.
Me miró, sin dejar de sonreír. —Para nosotros, tal vez un poquito. Pero
cuando hablan entre sí sobre nosotros, están transmitiendo esperanzas,
Scar. Las chicas te quieren porque les devuelves la esperanza.
Escupí en el suelo. —Y si alguna vez supiesen que era una chica la
que les devolvía sus esperanzas, se burlarían de mí hasta en el más allá.
—Algunos lo saben —recordó Rob.
—Sólo aquellos en posición de no juzgar.
Rob se encogió de hombros. —Ninguno de nosotros está en
condiciones de juzgar a nadie amablemente.
—No pondré eso aprueba, gracias.
—Bien —dijo John con una amplia sonrisa—. Porque entonces, ¿qué
haríamos Much y yo para divertirnos?
Echó su brazo alrededor de mi cuello, y me alejé. —Espera, ¿hueles
eso?
John se levantó la camisa a la nariz y la olió, pero yo respiré
profundamente.
—Humo —dijo Rob.
—Algo está ardiendo —acordé.
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Me puse a correr y los muchachos me siguieron, subiendo a la cima
más alta de tierra hacia el MajorOak. Cuando pasamos la cordillera,
pudimos verlo, incluso desde tan lejos. El humo comenzaba a enroscarse a
través de los árboles, borrando las lenguas de color naranja que estaban
destrozando nuestro escondite.
Prendieron fuego a MajorOak.
Nos quedamos congelados en el lugar, y fue entonces cuando las
armas llegaron alrededor de mi espalda. —Te hemos estado esperando
mucho —gruñó una voz en mi oído.
No dudé. Golpeé su pie fuertemente con el mío y extraje los
cuchillos, girándome para asestarlos en su estómago. —Si vas a capturar a
un ladrón, posiblemente desees probar las armas —repliqué, apartándole
de un empujón. Sentí la sangre caliente en mis manos y lo vi caer por la
cordillera, deslizándose en un montón de hojas. Estaba muerto, supuse, y
eso tornó mi sangre en hielo.
—¡Gisbourne! —gritó uno, lo más fuertemente posible. Gisbourne
estaba cerca, entonces, cazándonos en el bosque. Me giré para ver a tres
hombres sobre Rob, y me sentí un poco insultada. Honestamente, era una
amenaza tan grande como él. ¿Por qué sólo obtenía a uno?
Uno le agarró por el cuello mientras los otros dos se le acercaban, y
me lancé a la acción. Me deslicé sobre mis rodillas y corté el talón de uno
de los atacantes de Rob. Cayó de rodillas, aullando. Rob tenía su espada
desenvainada, su arco cruzado en su pecho, y él empujó a los otros dos
hombres, contraatacando.
Miré a John, que estaba siendo golpeado en la cara, pero Much me
llamó la atención. Alguien le golpeó hacia abajo y sacó un cuchillo, la hoja
malvada y larga y más cerca de su pecho de lo que me hacía
razonablemente feliz.
—¡John, esquiva! —exclamé. Dio un puñetazo y me obedeció,
esquivando el tiempo suficiente como para que saltase encima de su
espalda. Comenzó a levantarse mientras me lancé lejos, y di una vuelta en
el aire para patearle con fuerza al atacante de Much. Lo eché a un lado, y
su hoja rozó mi pierna pero no me molestó. Su cabeza golpeó duramente
el suelo, no creía que se levantase en breve. Le tendí la mano a Much, y el
mismo se levantó.
—¡Scar! —dijo, señalando detrás de mí.
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—Agárrame —le dije, apoyándome en su brazo sano fuertemente y
girando a nuestro alrededor. Me apoderé de su brazo y salté, pateando el
pecho del guardia y estampando mi pie en su cara. Much aguantó y tiró
de mí hacia atrás para que no cayese como lo hizo el guardia.
Dejé ir a Much y volví a Robin, cargando contra un guardia por la
espalda y empujándolo al suelo. Era rápido y me echó a su espalda,
arañándome en la parte superior antes de que pudiese levantarme. Le di
una fuerte patada entre las piernas, pero mi rodilla chocó contra una
especie de coquilla3 blindada.
Se rió entre dientes, y un hilo de pánico atravesó mi cuerpo. Una de
sus manos fijó mi brazo hacia atrás y la otra me apretó el pecho hasta el
suelo. Mis dedos buscaron el cuchillo en mi cadera mientras su mano sobre
mi pecho se movía demasiado alrededor para mi gusto.
Sus ojos se estrecharon mientras me pellizcaba los pezones. Cogí un
cuchillo con la mano libre y golpeé la empuñadora en el costado de su
cabeza, donde el casco no lo cubría.
Se cayó como un peso muerto encima de mí, y me sacudí un poco
mientras trataba de levantarlo. Rob lo quitó y John me cogió la mano,
levantándome. Me agarró de la cintura, manteniéndome ahí. —¿Estás
bien, Scar?
Asentí.
—Vamos a la cueva. Scar, toma el camino alto y sé un vigía —dijo
Rob.
—Rob —dije, apartando a John—. Rob, por favor dime que tú y John
llevaron el cofre a la cueva.
—¿Qué? —Su cabeza azotó hacia el árbol, y todos los músculos que
tenía saltaron.
—Por favor dime que no lo dejaste simplemente sentado en el roble.
—Por supuesto que no lo hicimos —dijo John. Se encogió de hombros
y cuadró su mandíbula—. Como que puse algunas hojas a su alrededor.
Robin juró.
—Mejor quédate aquí —ordené—. Voy a ver si descubrieron el cofre.
Salté rápidamente en un viejo pino. Lo escalé aprisa y empecé a
correr a través de las ramas cruzadas, yendo hacia la parte más gruesa
con humo. MajorOak se ocultaba un poco más allá.
3
Taparrabos.
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Cerca de ella, me caí al suelo. El árbol era más brasas y humo ahora,
y no había ningún guardia ni hombres de Gisbourne. El humo picó en mis
ojos como un látigo y me cubrí la boca con la manga, tosiendo
fuertemente. Fui por nuestra pequeña hoguera, y mi estómago se retorcía
como un lavado. El cofre —y todo en él— las baratijas y riquezas que
habrían comprado una pequeña parte de tiempo para la gente de
Nottinghamshire, se habían ido.
Me volví a subir a los árboles. Mis brazos se sentían más pesados
ahora, y escalar era injustamente duro, pero silbé e hice regresar a los
muchachos.
Miraron hacia arriba, y yo negué, señalándoles la cueva. Me quedé
en alto, vigilando a los muchachos que se quedaron en el suelo. El humo se
hacía más grueso, como si estuviera en pos de mí, y era más difícil correr
entre las ramas. Una se rompió bajo mi peso y me tambaleé hacia
adelante para agarrar el tronco siguiente. Miré hacia abajo, mi corazón
tamborileando en mi pecho.
Empujando mi mejilla contra la corteza y agarrándome fuertemente,
esperé a que los chicos me alcanzasen antes de seguir adelante.
Silbé dos veces para que los chicos se escondiesen mientras más
hombres de Gisbourne llegaron abriéndose paso, y todos nos reunimos en
la cueva sin tropezar con más problemas, entrando y adentrándonos hasta
el fondo.
—Mejor para nosotros no encender fuego esta noche —nos dijo
Rob—. ¿Quién está herido?
El corte en la pierna había parado de sangrar, pero los nudillos de
John estaban rotos y Rob tenía una raja en su brazo. Much iba a tener un
resplandeciente, brillante ojo al día siguiente; la piel ya se estaba cerrando.
—Siéntate —le dije a Rob, yendo a por nuestro kit a conseguir
algunas vendas y agua. Cuando regresé se había quitado la camisa, y eso
hizo que mi careto se sintiera un poquito caliente.
Honestamente, no es como si nunca hubiera mentido sobre el hecho
de que Rob tiene más que suficiente para mirar. Con o sin camiseta.
Me mordí el labio mientras frotaba la suciedad y la sangre y limpiaba
con agua partes de la raja, luego levanté su brazo gentilmente y até
pedazos desgarrados de gasa alrededor de la herida. Presioné mi mano
contra la herida cuando estuvo hecho.
—¿Por qué siempre haces eso? —Preguntó suavemente.
—¿El qué? —Escondí mis manos de vuelta a mí alrededor.
—Poner tu mano sobre la herida de esa forma.
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Me encogí de hombros. —Hábito. Alguien me dijo que las manos
pueden sanar. Imagino que si pueden matar, no será gran cosa que
puedan curar también.
—¿Alguien te lo dijo al mismo tiempo que obtuviste esto? —preguntó,
poniendo su mano sobre la cicatriz en mi mejilla como lo hice con su brazo.
Tragué saliva. —Sí.
Su manó cayó lejos. —Lo hiciste bien hoy. Igual que una mujer
guerrera —dijo.
—Más bien como una ardilla guerrera —lanzó John—. Saltando y
girando de esa manera.
—Me has salvado la vida hoy, sabes, Scar —dijo Much. Su voz era
más grave que la de los otros dos.
Asentí. —Nos vigilamos las espaldas. —No quería hablar de ello
mucho más que eso—. Pero hemos perdido el cofre. Perdimos las baratijas,
las monedas, todo en él.
Rob suspiró. —Fue la Diosa Fortuna la que puso eso en nuestras
manos primero, y se lo llevó de vuelta. Era demasiado de esperar.
Miré a mí alrededor. Nuestra reserva era razonablemente pobre. —
No lo vamos a hacer, Rob. No vamos a tener lo suficiente para pagar los
impuestos, y colgará a tantos como la horca pueda.
Rob miró a su alrededor también. —Encontraremos una forma.
Tenemos que encontrarla.
Esa noche más tarde, después de una cena fría, nos fuimos dentro
de la cueva. Mantuvimos algunas esteras allí para dormir, sólo algunos
sacos rellenos de heno y trozos de lana de donde pudiésemos sacarlos.
Estaba oscuro como boca de lobo, y podía oír la respiración de los chicos
y los gatos de alrededor escarbando.
—Todavía puedo oler el humo —murmuró Much.
—Yo también —le dije—. No puedo creerme que mataran a
MajorOak. ¿Qué les hizo el árbol a ellos?
—A varios —dijo John—. Parecía que algunos de su alrededor
atraparon la luz también.
—Era nuestra casa —dije, tan suavemente como pude. No sabía si
los demás lo habían oído.
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—Ella es un viejo árbol fuerte —dijo Rob, su voz áspera y más lejos—.
Podría durar.
—A diferencia de aquel guardia que trató de atrapar a Scar —rió
John—. Sabes, he escuchado todo tipo de dichos acerca de la ira de las
mujeres, pero menos mal, Scar, tienes temperamento.
Los otros rieron.
—Tenlo en mente, Little John —le advertí. No tenía muchas ganas de
reírme.
Se echó a reír. —Me aseguraré de informar a Jenny Percy —dijo.
Rodé mis ojos, pero esta vez escuché una pequeña risa proveniente
de Rob en la otra esquina. —¿Así qué realmente besó a Scar?
—¡Deberías haberlo visto, Rob! Scar estaba a mitad de darle una
charla, y Jenny se echó sobre ella —canturreó Much.
—Así que así es como la callaremos —dijo John.
Sabía que estaba razonablemente cerca así que traté de patearle.
Tomó varios intentos, pero uno finalmente golpeó algo y le oí
quejarse—: ¡Ow, Scar!
—¿Y ninguno de vosotros salió a defenderla a ella y su honor? —
preguntó Rob, pero rompió a reírse.
—La mayoría sois unos estúpidos cretinos —repliqué—. No es para
reírse.
Esto hizo que rompiesen en alaridos. Después de un día en el que
habían destruido otro hogar para mí y el olor del humo todavía a nuestro
alrededor, podía ser razonablemente gruñona —pero honestamente, me
sentí mejor escuchándolos a mí alrededor. Sus risas incluso me hicieron
sonreír un poco, y eso se sintió como un regalo.
Acumulamos todas las mantas que teníamos y las usamos para la
noche. No sé lo que eran; las usaba para dormir al aire libre, que debería
haber sido mucho más frío que en la cueva, pero estaba temblando de
frío. El olor del humo logró colarse en todo —las mantas, mi pelo, mis
ropas— y eso me hizo sentir más frío, vacía. Llamé al gatito, pero ni siquiera
él se acercaba a mí, como si la muerte y el pecado estuvieran colgados a
mí alrededor. El temblor fue a peor, hasta que mi respiración empezó a
llegar en duros estremecimientos. Un brazo con una manta extra me
envolvió, arrastrándome hacia atrás contra el pecho de John. Me puse
rígida.
—Tranquila, Scar. ¿Estás llorando?
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¿Pensaba que mis temblores eran por lágrimas? —No —repliqué,
ofendida.
—Entonces tienes frío, y soy cálido, por lo que simplemente agárrate
a mí y duérmete, ¿de acuerdo?
Era más cálido que sentarse junto a un ardiente fuego, y le sentí
como una hoguera a lo largo de mi espalda. Su brazo envolvió los míos y
me abrazó con fuerza contra él. Estaba pasando de extraño, pero me
quedé quieta y caliente. Los temblores comenzaron a ceder. Sentí su
aliento en mi cuello, su nariz contra mi cabeza.
—Tu pelo es más largo de lo que supuse —dijo.
Maté a un hombre hoy. Era la primera respuesta que brotó en mi
cabeza, pero no abrí mi boca. No sabía qué tenía que ver eso con mi pelo
o él presionado contra mí, todo caliente y vivo y muy no muerto, pero era
en todo lo que podía pensar. No pude decirlo, y se asentó como un muro
de roca entre mi cabeza y la suya, incluso a pesar de que su respiración
estuviese en mi cuello y su nariz contra mi cabeza.
Me desperté sintiéndome acalorada, pero en mi cabeza sonando
una alarma. Seguía apretujada contra John, ambos brazos detrás de los
suyos como si fuera un escudo, y la luz serpenteando dentro de la cueva.
Miré a mí alrededor, tratando de no moverme hasta no saber qué
estaba mal. Vi a Rob, sentado a un par de metros y mirándonos a John y a
mí, y a la forma en la que estábamos envueltos.
Se encontró con mis ojos, su rostro sombrío y sus ojos de un
tormentoso azul oscuro. Se levantó y salió de la cueva sin decir nada.
Me aparté de John y puse la manta a mí alrededor, fría de nuevo
excepto por mis mejillas, las cuales estaban fuertemente ruborizadas. Se
alejaba rápidamente, y me moví más rápido para alcanzarle.
—Rob —dije—. Robin.
Se detuvo.
—Yo sólo —paré, y se volvió hacia mí, sus ojos oscuros y duros. Me
sentí débil de nuevo—. Maté a ese guardia ayer.
Asintió, como si captase el por qué solté abruptamente eso. Lo que
debió haber sido razonablemente difícil, ya que no lo sabía ni yo misma.
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Sus orejas estaban rojas y su mandíbula apretada, pero volvió a asentir y se
apartó de mí, caminando más profundamente en el bosque.
Regresé a la cueva. No pude volver a dormir, pero tenía suficientes
razones; era domingo, día del Señor, y me adentré más profundamente en
la cueva, buscando el pequeño espacio que trataba de esconder.
Manteniéndome en las zonas más oscuras, y vigilando a John y a
Much, me cambié rápidamente al vestido, desenrollando los trocitos de
muselina que había usado. No podría ser bueno ser vista corriendo para
salvar el pellejo con trozos balanceándose por todo el lugar, ¿no? Me
peiné el pelo, atándolo fuera del camino, y me puse el manto
encapuchado de las señoras. Pareciéndome mucho a una chica, salí al
exterior de la cueva.
Sé que es razonablemente extraño para una chica que dio la
espalda a los deseos de su padre y su madre (cuarto mandamiento), y
robó (séptimo mandamiento), y miente una considerable cantidad de
veces (octavo mandamiento), e incluso mató a un hombre (quinto
mandamiento) sentirse tan particular sobre ir a la Iglesia. Pero iba cada
domingo que podía, e imaginé que, siendo tan negra mi alma como lo
era, la única persona a la que no debería estar mintiendo sería a Dios —y
la mayoría de las veces, así era como se sentía cuando me vestía con mi
ropa usual. Además, no podía usar sombrero en la Iglesia, y no bien podría
llevar mi pelo suelto y parecerme a Will Scarlet —esa manera sería más
rápida en buscar problemas que un incendio forestal.
Había una pequeña abadía en medio de Sherwood dirigido por los
frailes Franciscanos (es dónde Tuck consiguió el nombre de su casa), y
siempre me dejaban entrar a sus masas y confesarme a su padre. No eran
muy populares entre la gente local, pero eso me venía muy bien.
—Mi querida señora —saludó el Hermano Benedict. Él y yo éramos
amigos, creo. Le di algo de dinero que había reunido en la semana, y lo
apretó contra su pecho, como si fuera un tesoro. —Como siempre, su
generosidad me asombra.
Miré hacia abajo. —Bueno, ya sabes cómo he llegado a ella —le
recordé.
—Ven, hija, y camina conmigo antes de Misa.
Asentí, y caminamos por el patio de los animales. Los franciscanos
querían a sus adorados animales, y tenían la más extraña colección de la
comarca. Un spaniel4 que favorecía a Benedict me seguía, junto con un
patito y tres gatitos como si fuera un flautista. —Gisbourne está aquí —dije.
4
Perro de aguas.
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—Ah —dijo.
—Va a empeorar la situación. Va a matar a gente. Va a sacar sus
corazones hacia fuera para conseguir lo que quiere.
—¿Es a ti a la que quiere?
—Su hubiese una lista, estaría más que de sobra en ella. No sabe que
estoy aquí todavía.
—¿Y puedes detener todo ese derramamiento de sangre?
—Sí. Pararemos tanto como nos sea posible. Protegemos a nuestra
gente.
—¿Y si te entregas a él?
Negué con la cabeza. —No puedo. No lo detendría, y tampoco me
ayudaría. —Mi cara llena de vergüenza, y busqué en el cielo—. Además,
me parece que me mataría.
—Usted y sus caballeros estáis cargados con una tarea mucho más
difícil, mi señora. Protegéis a la gente, y nadie se imagina que sea fácil
para ustedes, o vuestras almas.
—Maté a un hombre, Hermano —le dije—. Ayer. Me atacó.
Suspiró. —Estos son días extraños. Le dije a usted antes que si había
cualquier momento en el que el Señor perdonara nuestras más oscuras
transgresiones, muy probablemente sería en estos tiempos oscuros, pero
ambos sabemos que el peligro está en tu alma.
Asentí. —No tengo mucha esperanza para mi alma.
—Has pecado, mi señora, pero si alguien alguna vez lo hizo por las
razones correctas, es usted y sus compañeros. Será Dios quién juzgue ésta
maraña, no yo. —Tocó mi mano—. Y en cuanto a Gisbourne, permanezca
lejos de él. Si sabe que estás cerca, no se detendrá hasta que te posea.
Todos estaríamos reacios de ver que eso sucediera.
Me incliné y dejé que el spaniel me lamiera la mano.
—Venid. Tenéis que rezar, y confesar, y limpiar vuestra alma si tenéis
esperanza alguna en defender la justicia.
Asentí y dejé que me llevara de vuelta a la pequeña capilla.
Comencé a caminar hacia la parte posterior, pero él me impulsó hacia
delante.
—Una señora de su calibre no se sienta en la parte de atrás, querida.
C
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6
aminé de regreso a la cueva, sintiendo inquietud con cada
paso. No me gustaba verme como niña, y sin mi cuchillo —
ciertamente no puedes traer cuchillos a la iglesia— no me
sentía como una niña. Si me topaba con un guardia, no tendría muchas
posibilidades. Y peor aún, no estaba segura de si los chicos estarían de
vuelta en la cueva o fuera de casa. Robín nunca iba a las masas desde
que regresó de las Cruzadas, pero todavía parecía sentir que los domingos
eran para los ajustes de cuentas de todos modos, y era difícil de encontrar
justo los domingos por la mañana. John y Much tendían a ir a Worksop
para ir a la iglesia con el padre de Much, y pasaría algo raro para nosotros
estar en la cueva en lugar del roble. Nunca tuve que arriesgar a que me
vieran con un vestido antes, pero con toda la suciedad alrededor de los
árboles quemados y cosas así, sabía que Robín quería que estuviéramos
juntos, sólo que no estaba segura de dónde estarían.
Volví a la cueva y me detuve cuando a Much y John hablando entre
ellos. Se detuvieron y se giraron hacia mí.
Much parecía confundido, y John dio un paso adelante. —Espera…
¿Scar?
Mi cara se puso caliente. —Deja de mirar boquiabierto, John.
Déjame pasar.
—Te diré una cosa, Scar-Miss Percy no estaría detrás de ti en ese
atuendo.
Le fruncí el ceño.
—¿De dónde sacaste ese vestido? ¿Y cuándo comenzaste a
llenarlo? —preguntó John, en pos de mí en la cueva.
—Piérdete —le dije.
No lo hizo, siguió acercándose. —Te ves bien en un vestido.
—Ve, John.
Él me sonrió y se volvió, regresando a la parte delantera de la cueva.
No me gustan sus ojos en mí de esa manera.
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Me cambié tan rápido como pude, deslizando el vestido de nuevo
en mi escondite y yendo al frente con los chicos. Me senté en el suelo y
doblé mis piernas.
—Podría acostumbrarme a ti en un vestido —me dijo John.
—No lo hagas.
—Te veías bien —dijo Much.
—Gracias, Much —dije, aunque realmente no quería pensar en él
mirándome de cualquier manera. Mejor él que John, sin embargo.
—Entonces, ¿dónde ibas con un vestido? ¿A encontrarte con
alguien? —preguntó John.
—Déjalo, John —dije, frunciendo el ceño.
—No puedo. ¿Con quién te encontrarás? —Lo miré fijamente—. Está
bien, tal vez voy a adivinarlo. ¿Un amor secreto? ¿Un muchacho de uno de
los pueblos? —Me estudió, y luego negó con la cabeza—. ¿Tienes algo?
Muéstrales algo de pecho y te dejarán salirte con la tuya, apuesto.
Solté un bufido. —Por favor. Si fuera tan fácil, no me arreglaría todos
los días.
—Confía en mí, creo que no estás poniendo suficiente fe en cómo te
ves con una falda. Ahora, ¿quién cree que Scar querría realmente
sabiendo que ella era una chica? —preguntó John a Much.
Aparté la vista. —Esta es la razón por la que nos acercamos a quedar
atrapados; ponen demasiada atención a las cosas equivocadas.
—¿Cómo qué? —preguntó Rob, bajando por la cresta encima de la
entrada de la cueva.
—Scar estaba con un vestido —informó John.
—Viéndose linda, también —añadió Much.
Rob no me miró. —Ella tiene razón, hay cosas más importantes que
discutir.
Todos lo miramos.
—Alguien le dijo a Gisbourne que acampamos en MajorOak.
—¿Quién? —gruñó John, dando un paso adelante.
—Oye —le interrumpí—. Retrocede. Si alguien cantó, entonces creo
que tenían una muy buena razón.
Él me lanzó una mirada.
—Ella tiene razón, John. Me preocupa que quien quiera que sea,
Gisbourne tiene cierta influencia pesada sobre él, o ella —Suspiró—.
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También significa que no podemos poner esa carga sobre el pueblo. Si
nadie sabe dónde estamos, cómo trabajamos, Gisbourne no puede
torturar a alguien para llegar al lugar.
—Él puede torturar a alguien, sabiendo o no —dije.
—Bueno, no podemos correr el riesgo tampoco. No podemos ayudar
a la gente, si estamos muertos. —Se frotó la punta de la nariz—, Much, irás
a la ciudad hoy y hablarás. Lleva a John contigo. Iré con Scarlet. Nadie va
a ninguna parte solo hoy. Tenemos que averiguar quién habló y si están
bien. Nos reuniremos a la noche donde Tuck.
John me tendió una mano para ayudar a levantarme. Lo miré, pero
me paré por mi cuenta. Él frunció el ceño.
—Ustedes dos cubran Worksop, vamos a ir a Edwinstowe —dijo Rob.
Todos asentimos. Los muchachos partieron, y Robín comenzó a caminar en
la dirección opuesta.
—Sabes quién habló, ¿no? —le pregunté a medida que
avanzábamos.
Él asintió con la cabeza. —Yo sabía que John iba a reaccionar así,
pero quería que vinieras conmigo.
—¿Por qué? ¿Quién es?
—Edward Marshal.
Eso no era bueno. Edward Marshal era de los Marshal de Edwinstowe,
una posición que venía con un poco de tierra y el dinero e informaban al
alguacil. El propio Edward había sido siempre un hombre ambicioso, pero
el pueblo se aseguró de no decirle nada. También contaba con Lady
Thoresby que tenía la costumbre de protegernos, ya que ella hablaba a
menudo con Marshal, y cada vez que yo tenía alguna información errónea
que no podía explicar, ella iba a verlo. No había mucho que podía hacer
como la esposa de un señor débil, pero me gustaba pensar que ella hacía
todo lo que podía. De todas formas, para que alguien le dijera algo a
Marshal significaba motivos menos indefensos. No torturaría a nadie, así
que eso dejaba a un voluntario.
—¿Para qué me necesitas?
—Él es inteligente, y yo necesito que me cubras con esos cuchillos.
Miré a mi lado, todavía un poco hinchada. Mi objetivo era sólo
tirarlos, pero estaríamos en cuartos cercanos. Asentí con la cabeza a Rob.
Se quedó en silencio por un largo trecho, y no dije nada, haciendo
crujir las hojas mientras caminábamos.
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—Acerca de John —dijo por fin. Parpadeé—. No quiero saber cómo
ustedes dos están tonteando alrededor, pero si interfiere con la banda te
voy a echar por mí mismo.
Mi respiración se detuvo. —¿Qué?
—Yo no voy a repetirme. Y no quiero hablar de ello más que eso.
—Pero…
—No estoy bromeando, Scar. No quiero saber.
Cerré mi boca. ¿Tonteando? ¿Pensaba que yo era la diversión del
día de John? Mi vientre se retorció y no me gustó la sensación. Peor aún,
¿era eso lo que John pensaba? No era como si alguna vez nos besáramos
ni nada por el estilo. Yo ni siquiera tengo el presentimiento de que le
gustaría darme un beso, y seguro que yo no quería darle un beso. No,
pensé. Él no era feo o algo así, pero estaba en mi banda. Luchaba con él,
lo vi cortar ciervos. La mayoría de los días quería golpearlo más que nada.
Y él no era Rob. Pero entonces, tal vez eso no era una cosa tan
horrible. Los del tipo de Rob, nunca los merecería.
Rob no habló el resto del camino, y los pensamientos sobre John y
Rob se mantuvieron dando vueltas en mi cabeza.
Me senté en la ventana, haciendo girar un cuchillo en el dedo
mientras esperábamos que Edward entrara en su dormitorio. No tendría un
guardia o compañía de la especie masculina en ella, por lo que
esperamos verlo aparecer, a sabiendas de que podríamos detenerlo.
No tuvimos que esperar mucho tiempo. Entró y cerró la puerta antes
de dar vuelta con un sobresalto. —¿Robín Hood? —preguntó.
—He oído que has estado cantándole a Gisbourne una canción,
Edward —dijo Rob, sus ojos color negro.
—Oh Cristo y los santos —juró Edward—. Por supuesto que le dije al
tomador de ladrones. ¿Por qué no habría de hacerlo? Soy el más rápido
para deshacerme de ustedes, el mejor.
—Hay varias razones —dijo Rob, señalando mis cuchillos.
—¿Qué, un látigo de un muchacho y unos pocos palos?
Eso me hizo sonreír, y Rob se rió entre dientes. —No quieres saber lo
que pueden hacer esas varas.
—Bueno, no me van a matar, y no me van a lastimar, y no voy a
dejar de decirle tomador de ladrones o al sheriff lo que he oído. Entonces,
¿qué hacemos ahora?
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—No te queremos, Edward. Eres un tonto si alguna vez hubo uno.
Pero tú no sabías el lugar donde vivimos, ¿quién te lo dijo? —preguntó Rob.
—Informar el informante, ¿eh? ¿Ese es el juego de hoy?
—Sólo tienes que decirnos el nombre. No debes ser tímido para
revelar tu fuente.
—No puedo imaginar lo que quieren con él. No lo van a matar
tampoco. Y si yo no te digo, él seguirá manteniéndome informado
¿correcto?
—Rob tiene más principios que yo —recordé—. A mí, sé que pagas
impuestos como el resto de nosotros, y sé dónde guardas tu dinero. ¿Qué
haría el sheriff si no puedes pagar? —Me encogí de hombros—. Me gustan
las cosas brillantes como esa, pero al sheriff le gustan más suaves. Al igual
que tu esposa, o tu pequeño hijo.
Parecía más preocupado. —Nunca le harían daño a mi esposa o
hijo.
—La esposa y el hijo, no, no. Te lo dije, me gustan los trozos brillantes.
Hizo una mueca. —Todo el mundo dice que ustedes son tan
honorables.
Rob se encogió de hombros. —No puedo contener a un ladrón de
cuentas.
—Fue Godfrey Mason quien me dijo.
La cara de Robín se puso blanca como si alguien le robara su sangre,
y me puse de pie.
—Estás mintiendo —dije.
—Me temo que no. El sheriff es horrible de insiste en que debemos
ayudar a esta tomador de ladrones, y una vez que el sheriff me manda
para arriba, Godfrey quiere mi asiento. Pensé para adornar su entrada.
Negué con la cabeza. —El sheriff no te está enviando a ninguna
parte, Marshal —le dije.
—Es así. Me prometió la Policía de los Caballos Reales en el
Nottingham.
—Esa estación está llena —le dijo Rob.
—Las cosas por aquí se sacuden rápido, Hood.
Rob frunció el ceño. —No es probable. Will, vamos.
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Rob miró hacia mí y vi a Marshal ir a la daga de su correa. Me
empujé hacia adelante frente a Rob. —Detente ahí, Marshal —le dije,
apuntándolo con dos puñales.
Él suspiró y se movió hacia atrás, manteniendo sus manos fuera de su
cinturón. Rob salió por la ventana, y retrocedí, inclinando el sombrero ante
Marshal y saltando por la ventana.
Su casa tenía dos niveles, así que nos fuimos a través del techo más
bajo y luego saltamos del final del mismo, caminando más lejos en la
ciudad.
Rob se puso la capucha. —No puedo creer que fuera Godfrey.
—De verdad.
—Dudo que Ravenna sepa
—Ella es su hermana gemela ¿cómo no iba a saber?
Su mandíbula crujió. —Dios sabe que puedes estar todos los días
junto a alguien, y a veces no conoces a los que están a tu alrededor en
absoluto.
—¿Deberíamos hablar con él?
En la cara de Rob había toda clase de tristeza, pero negó con la
cabeza. —No. Vamos donde Tuck.
—Tenemos que hacer una primera parada —le dije. Él asintió con la
cabeza, siguiendo detrás de mí.
Fui casi transparente al otro lado de Edwinstowe, llamando a la
puerta de una casa pequeña. Un hombre alto que casi tuvo que
encorvarse un poco me saludó y sonrió. —¡Scarlet, y Robín Hood! —notó,
estallando en una gran sonrisa.
Rob me miró. —¿Scarlet? —Preguntó en voz baja—. ¿No Will?
Me encogí de hombros y sonreí al gran chico. —Hola, George —
saludé. Saqué una jarra pequeña de leche que saqué de donde Marshal.
George me agarró, me levantó y me dio un abrazo de oso, dejándome
dentro de la casa. Saludó a Robín, pero entré y me acerqué a Mary, quien
tuvo problemas para sentarse. Puse mi brazo sobre ella, deteniéndola, y la
besé en la mejilla.
—Te ves como la lluvia —le dije.
Ella sonrió. —Casi —me dijo—. Los dos hemos estado un poco
débiles.
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El paquete en su regazo comenzó a retorcerse y empezó lamentarse,
y recogí a su hijo recién nacido, tomándolo en mis brazos. Él me miró y dejó
de quejarse.
—Mira lo que trajo —dijo George, vertiendo un poco de leche en
una taza. Mary bebió y luego me lo tendió a mí.
—Rob —le dije. Sumergiendo los dedos en la leche y dándosela al
bebé. Miré hacia él mientras hacía lo que dije. Estaba concentrándose
mucho, pero la tristeza en su rostro había desaparecido. Sonreí.
—¿Cuál es su nombre? —preguntó Robín mientras el bebé empezó a
beber las gotas pequeñas de leche.
Las lágrimas saltaron a los ojos de Mary. —¿Scarlet no te lo dijo? —Él
negó con la cabeza.
—Le pusimos el nombre Robín. Él nos ha dado esperanza, de la
misma manera que tú.
—Esperanza —repitió Rob, tocando la mejilla del bebé con la yema
del dedo—. Lo siento si ha sido escasa últimamente.
Los labios de Mary temblaron y las lágrimas se lanzaron por sus
mejillas. —Oh, Robín —susurró—. No tendríamos nada si no fuera por lo que
haces por nosotros. Si dándole tu nombre a nuestro hijo significa que tenga
un poco de tu coraje y corazón, yo sería la más orgullosa madre que
habría.
Para mi sorpresa, Robín me miró, sus ojos grandes y azules. —¿Lo
sabías? ¿Sobre el nombre?
Me encogí de hombros. —Pensé que podría animarte.
Él sonrió, una sonrisa grande. Sostuve al bebé y Robín lo tomó,
abrazándolo contra su pecho.
—Scarlet le salvó la vida —le dijo Mary a Robín, secándose los ojos.
—¿En serio?
—Hace poco más de una semana. El parto fue duro, y yo estaba
llorando —dijo Mary suavemente.
George asintió con la cabeza. —Scarlet quería ayudar, pero no la
dejé entrar, nadie me dijo que era una chica, después de todo. Ella. Ella,
todo lo demás. Y se subió a la ventana en su lugar.
—Me dijo de inmediato que el chico estaba torcido, y fue a buscar a
la Señora Thoresby. Yo ni siquiera sabía que la dama era una partera.
Me ruboricé, y ni siquiera podía quejarme con el bebé.
Honestamente, no había traído a Rob aquí para que oyera sobre mí. Se
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aferraba al bebé como si fuera oro en barras, sin embargo, así que supuse
que mi plan había funcionado.
—Ella es así de ingeniosa —dijo Rob con una sonrisa. El bebé se
retorcía y se retorcía en su cuello. Algo en mi vientre se volcó un poco, al
verlo sostener al bebé.
—Voy a tratar de conseguir algunos huevos mañana, Mary —le dije.
—Estamos bien, Scarlet. No necesitas una dote. Nosotros acabamos
de terminar la cosecha, y vamos a llevarlo al mercado de mañana.
Rob miró a George. —¿Cuánto cobra el sheriff?
Suspiró. —Cerca de la mitad. Todavía estamos mejor que la mayoría,
sin embargo.
Rob asintió con la cabeza. —Nosotros le ayudaremos lo mejor que
podamos. No puedo permitir que mi tocayo pase hambre.
Mary se frotó el brazo. —Damos gracias a Dios por su ayuda. Todos lo
hacemos.
Un poco de la sombra volvió a Rob, y yo sabía que estaba pensando
en Godfrey. Metió los dedos en la leche una vez más, sin embargo,
continuando alimentando al bebé.
—¿Está lo suficientemente caliente? —le pregunté a Mary.
Ella asintió con la cabeza, y metió sus pies en las mantas, podía sentir
como el frío se iba a través de sus medias.
—Es un chico guapo —dijo Rob, sujetando al bebé para mirarlo.
—Se parece a su padre —le dije a George, e hinchó su pecho.
Mary se echó a reír. —Él piensa demasiado bien de sí mismo, Scarlet.
George se rió entre dientes, vino y se sentó junto a su esposa en la
pequeña cama. —Tengo ojos sólo para ti, mi amor, pero tomaré palabras
bonitas cuando pueda.
—Creo que está asintiendo con la cabeza —dijo Rob, viendo abierta
la boca del bebé y sus ojos cerrándose.
—Lo tomaré —dijo Mary, y Rob puso al niño en su regazo
suavemente, envolviéndolo hasta que quedó apretado en la piel que
tenían.
—No vamos a despertarlo, entonces —dijo Rob, asintiendo con la
cabeza hacia mí—. Pero gracias, Mary, por haberme permitido conocerlo.
Es un buen muchacho. —Él le dio unas palmaditas en el hombro, y ella
cubrió su mano.
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George nos dejó salir, estrechando la mano de Rob y abrazándome
de nuevo. Cuando la puerta se cerró, Rob lucía frío. —¿Tú planeaste eso?
Me encogí de hombros. —Después de escuchar sobre Godfrey,
parecía un buen momento para recordar por qué estás haciendo todo
esto.
Sus ojos miraron a los míos de una manera que hizo que mi pipa
succionara mi aliento.
—Eres toda una sorpresa, ¿sabías eso?
Sacudí mi cabeza.
Él puso su mano en mi mejilla, apenas tocando con las puntas de sus
dedos mi piel antes de alejarse. —Lo eres.
Apartó la vista y comenzó a caminar por el sendero hacia donde
Tuck, dimos unos pocos pasos antes de que mi aliento volviera.
Dentro del lugar de Tuck, no fuimos directamente hacia el cuarto
trasero. Manteniendo su capucha puesta, Rob puso a Tuck a un lado.
—¿Entonces quién fue? —Preguntó Tuck, con cara de pocos amigos.
—Godfrey Mason —le dijo Rob.
Tuck se apartó. —¿Godfrey? No. No fue él, Rob.
—Desearía que no, pero fue él.
—Pero él es tan buen chico. Siempre estuvo muy asombrado sobre
ustedes dos, también. Si él lo hizo —y no estoy diciendo que sí— lo debió
haber hecho por Ravenna. Tal vez estaban en problemas.
Robín sacudió su cabeza. ―No, tal vez, pero no lo creo. Hasta que
me entere de lo contrario, necesito estar seguro de que nadie le pase
información sobre mis muchachos.
Tuck asintió. —Yo me aseguraré de eso. Tú y Scar vayan atrás. Les
traeré algo de comida.
—Gracias, Tuck.
Fuimos atrás, se sentó en el banco. —¿Crees que haya sido él, Scar?
Me deslicé a su lado, poniendo mis manos en la mesa. —Sí. Él es un
buen chico, pero él tiene un padre corrupto y una madre tonta, y tiene a
su hermana dependiendo de él —si no es que se casa pronto.
Él asintió, alcanzando mi mano y moviéndola ligeramente. —Creo
que incluso en estos tiempos quieren más dinero.
Traté de tragar, mirando su mano tocando la mía. —Trabajar para el
sheriff sería un buen dinero.
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—Muy probablemente. —Rápido y seguro, su pulgar empujaba sobre
cada uno de mis dedos, arrastrando electricidad por mi mano—.
Jugábamos juntos cuando de niños, sabes. Mi padre contrató a su padre
para construir la mitad del estado de Locksley. Yo me había ido en esos
años para las Cruzadas, pero siempre creí que éramos amigos.
Sus dedos se deslizaron entre los míos, cerrándose en un apretón. Yo
estaba mirando al vello en los nudillos de su gran mano. —Todos piensan
en alto sobre ellos. No es que a nadie le gusten los gemelos.
—¿Pero traicionarnos?
Dudé. Sabía que tendía a ver las cosas diferentes, pero esto era difícil
de decir bien. Apreté su mano y subí mis ojos a su rostro. —Tan lejos como
va su traición, él no ha conseguido agarrarnos. No era una trampa, pero
Gisbourne cree que obtuvo la victoria.
Robín frunció el ceño. —Eso es verdad. ¿Por qué Gisbourne no nos
emboscó en vez de quemar el árbol?
—Tal vez Godfrey sabrá.
Robín puso mi mano debajo de la mesa y no la soltó hasta que los
muchachos llegaron.
Godfrey cometió un pequeño error esa noche. Tuck le dijo a la gente
que mantuvieran sus trampas cerradas, por supuesto, y él tenía que
decirles por qué. John escuchó, y así lo hicieron todos los clientes de Friar
Tuck. Godfrey se presentó bien al llegar la noche, lo que significa que
muchos de los hombres eran más que unos borrachos.
Cuando Godfrey apareció, el lugar reventó, atacando a Godfrey y
lanzándose dentro de una pelea de borrachos. Entendí eso. Eso hizo a los
grandes hombres sentirse bien al golpear a alguien cuando estaban
asustados, y Dios sabía que todos estaban asustados estos días.
Él tomó un par de golpes, pero me las arreglé para sacarlo mientras
el bar se agitaba sin que nadie notara que se había ido. Lo arrastré
alrededor del edificio hasta la puerta trasera.
—¿Qué demonios fue eso? —Preguntó, escupiendo un poco de
sangre.
Crucé mis brazos. —Tú sabes.
Su rostro se volvió blanco.
—¿Todos ellos saben? —Asentí—. ¿Quieres ser Marshal?
Él suspiró. —Mira, mis padres quieren casar a Ravenna con un
hombre francés. Un francés. Si puedo empezar mi propia casa, ella puede
vivir conmigo.
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—Estás loco, Robín.
Él golpeó la pared. —Me di cuenta.
—Tal vez deberías hablar con él —le dije.
—Estoy escuchando —dijo Rob, viniendo detrás de mí. Debió
habernos seguido.
El rostro de Godfrey se volvió triste. —Nadie salió herido, ¿verdad? Les
dije que ahí es donde le pasas mensajes a la gente de pueblo, no que tú
vives ahí.
—Todos estamos bien.
—Lo siento Rob. Gisbourne quería la información o dijo que si no me
metería a la prisión.
Rob asintió. —Todo está bien. Solo que no le podemos decir a la
gente del pueblo nada más. Y eso te incluye a ti, Godfrey, pero no te voy a
señalar.
—Lo sé. Y supongo entonces que voy a conseguir una brutal
sacudida de la gente del pueblo.
—Probablemente. Pero vamos, veremos cómo podemos arreglarlo.
Rob puso su brazo alrededor de los hombros de Godfrey y lo llevó a
través de la puerta de atrás. No fueron uno ni dos minutos que John
apareció, pateando un balde con tanta fuerza que se partió en dos.
—¿Triste? —Le pregunté.
Se dio la vuelta para mirarme, y luego pateó un balde de nuevo. —Él
nos traicionó y Rob le da la bienvenida de nuevo. Él es una rata.
—Creí que yo era una rata.
Acuñó sus manos en sus caderas y me miró. —Una especie diferente.
Tu tipo de rata no es tan malo.
—Él hizo lo que creyó que debía hacer, John.
—Dios, no te entiendo Scar. Escupes veneno a los gustos del ladrón y
del sheriff, pero aparte de eso, no puedes juzgar a un alma viviente.
—Soy una ladrona. No tengo autoridad moral que levantar.
Él me dio una pequeña sonrisa. —Supongo. Sigo creyendo que Robín
es un tonto.
—Los dos sabemos que es un tonto.
Él me miró, sus ojos seguían mi rostro. Se acercó, y yo estaba contra
la pared, así que mi corazón comenzó a palpitar fuerte en mi pecho. No
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me gustaba sentirme atrapada. Palmeó mi sombrero, empujándolo hacia
atrás.
—¿Qué estás haciendo? —Pregunté, alejándome.
—Necesito ver tus ojos cuando te pregunte esto.
—¿Preguntar qué?
—¿Estás enamorada de Rob, Scar?
Dudé. A veces, como un bebé, a la extraña manera en que Rob
tocaba mi mano, creía que tal vez sí. Pero luego él me gritaría o me
callaría con una mirada y un insulto como lo había hecho esa mañana,
diciendo que estaba jugando con John. John, quien estaba delante de mí,
preguntándome si amaba a Rob, mirando a mis extraños ojos sin mirar
hacia otro lado.
—No, —le dije. Era la verdad, creo. O gran parte de la verdad como
para hacer una diferencia.
—Bien.
Se inclinó, sus ojos mirando directamente los míos, y su boca se
acercó tanto que sentí la piel de su labio superior sobre el mío. Sus ojos me
miraron, y solo esperó ahí, buscando algo o esperando que yo hiciera
algo, pero yo no sabía qué. Miré hacia abajo, no segura de mí misma.
Se rió, y su pulgar pasó sobre mis labios. El toque me hizo saltar,
volviendo todo extraño, y me alejé de él.
—Te veré más tarde, Scar —me dijo.
No levanté la mirada hasta que se fue, y luego me senté en el piso y
abracé mis rodillas. No sabía qué hacer con eso.
L
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7
a mañana fue dura. Era nuestro primer día en el camino desde
que el cofre fue robado y se podían sentir los truenos en la
distancia. Con tan sólo dos semanas para recoger la suficiente
mercancía y guardarla de nuevo antes del día del impuesto, todos
sabíamos lo mucho que ahora se necesitaba el oro, pero parecía que
nuestra suerte hubiera desaparecido completamente.
Le di una patada a una rama y miré hacia el camino vacío, como si
los viajeros fueran a aparecer con sólo desearlo. Seguí lanzando rápidas
miradas hacia Rob y John, y a mi mente vino la rugosa sensación de John
pasando su pulgar por mi boca.
Me levanté.
—¡Rob! —llamé. Él salió hasta el camino, mirándome—. Me voy a
Nottingham, a ver que puedo robar allí. Esto no ayuda en nada.
Asintió.
—Está bien. Nos reunimos de nuevo esta noche en Tuck, ¿de
acuerdo?
—Por supuesto.
Me deslicé hacia abajo por la rama de un árbol, dirigiéndome hacia
el Castillo de Nottingham y lejos de John y Rob. Por supuesto, dirigirme
hacia Nottingham no me alejaría de Rob, la verdad. Había sido su hogar
una vez, y caminar por allí sería como tenerle caminando conmigo.
Le eché el guante a algo de plata y comida del torreón, y justo al
atardecer, cuando me estaba marchando, escuché a alguien
lloriqueando. Caminé por uno de los callejones, entre las chozas que
formaban el pueblo de Nottingham, y efectivamente, justo al lado de la
pared del castillo, encontré una chica en un lindo vestido rojo llorando
desconsoladamente.
Caminé hacia ella y miré el camino hacia abajo, cerciorándome de
que no hubiese nadie molestándola.
—Vamos —le dije suavemente—. Te llevaré a casa.
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Alzó la mirada para verme, y mi corazón casi se me atoró en la
garganta. No era Joanna bajo ningún concepto, pero tenía el cabello
rubio y los ojos azules, y por un segundo me pareció que era ella. Mi mano
ya estaba extendida, y ella la tomó.
—Gracias, señor.
La ayudé a levantarse, y se apoyó contra mí.
—¿Cómo te llamas?
—Alice.
—¿Dónde queda tu hogar?
Sacudió la cabeza.
—Vivo dentro del castillo. Soy una de las doncellas.
—¿Y por qué lloras entonces?
De nuevo comenzó a llorar, y no supe qué hacer.
—S-s-sh —fue todo lo que logró decir.
—Está bien —le dije. Saqué uno de los panecillos de mi bolsa—. Ten,
come algo.
Tomó el pan y consiguió darle algunos bocados.
—El trabajo es terrible —dijo—. Las chicas y yo lo sabemos. Es mucho
mejor si le caes bien al alguacil, ¿sabes? Entonces es más amable. Te da
dinero y permite que te saltes algunas tareas, y también te alimenta más.
No es tan malo. Y era tan amable conmigo, pensé que me amaba de
verdad. Pero le d-dije que era su bebé —dijo, presionando su mano contra
su vientre. Todo el aire se escapó de mi interior—. ¡Y me golpeó! —lloriqueó,
llenándose de lágrimas nuevamente.
—Escucha —dije, pensando rápido—. Conozco un lugar al que
puedes ir. No les importará que lleves un bebé en camino, y el trabajo no
es tan malo. Estarás tan bien como la lluvia.
—¿Estás loco? —lloró, alejándose de mí—. ¿Crees que puedo dejar
este lugar? No puedo, nunca. Enviaría a Gisbourne a matarme, él me lo
dijo.
—Gisbourne es un ladrón, no un mercenario. El alguacil no puede
darle órdenes así como así.
Sacudió la cabeza, girándose hacia el castillo.
—Eres un chico estúpido. No sabes nada de cómo funciona el
mundo.
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También sacudí la cabeza, viendo cómo entraba de nuevo al
castillo.
Esperé todo lo que pude para reunirme con los chicos, yendo hacia
el Lago Thoresby y esperando hasta que las estrellas salieran sobre mi
cabeza. Demasiados pensamientos se arremolinaban en mi mente,
pensamientos sobre Joanna y Londres, y sobre esos últimos días de los que
nunca me gustaba pensar.
Cuando pensaba en Joanna, había días que quería recordar.
Cuando huimos a Londres por primera vez, todavía teníamos dinero en
nuestras bolsas, y era como si el mundo estuviera completamente abierto
a nosotras, como si no tuviéramos que escuchar a nadie nunca más y todo
sería perfecto. Como si hubiéramos engañado al destino.
Por supuesto, el destino se encontraba justo al otro lado de la
esquina, esperando.
El destino nunca dejó de seguirme. No ahora, justo cuando pensaba
que era libre Gisbourne regresó flameante a mi vida como una bestia del
infierno, y tampoco en ese momento, en esos terribles días en Londres,
cuando el dinero se acabó y Joanna y yo dirigimos nuestra propia especie
de fatalidades.
Esa era la razón por la cual no tenía ningún sentido pensar en
Joanna. Todo volvía a Londres, a esos últimos días.
Estaba muy cansada, eso era todo. La pobre Alice del alguacil no
era Joanna y no podía ayudar a ninguna de las dos y, de todas maneras,
no era de mi incumbencia pensar en nada de esas cosas. La gente que
quería mi ayuda la necesitaba esta noche.
Guardé un panecillo para mí, masticándolo lentamente. Quizá si
pudiera comer no pensaría tanto en el pasado. La silenciosa noche estaba
cayendo, así que me dirigí a Tuck, pero fue una caminata algo lenta.
Caminé de lleno a una tormenta.
Los chicos me esperaban a las afueras de Tuck, y Rob me hizo señas
con su cabeza para que lo siguiera, dirigiéndose en medio de la noche
hacia la cueva.
—El alguacil atrapó a Godfrey y a Ravenna —me dijo Rob.
—¿Los atrapó? —pregunté.
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—Lady Thoresby nos dijo que están acusados de atrapar a un
conejo.
—¡Eso no es caza furtiva! —protesté.
—Creo que el alguacil está castigando a Godfrey por no habernos
atrapado. El alguacil cree que le está mintiendo.
—Pero él no nos prometió el conejo —protesté.
—¡Al alguacil eso no le importa una mierda! —Me gritó Rob—. Y los
ahorcarán con todos los ladrones que Gisbourne pueda reunir.
Sentí como mis mejillas se calentaban. Odiaba cuando me gritaba.
—Aún tendremos algunos días si lo que quiere es una gran ejecución
—dijo John.
—Posiblemente una semana o por ahí. —Much estuvo de acuerdo.
—Estoy seguro que podremos armar algo para mantenerlo ocupado
durante unas dos semanas, ¿no crees, Scar? —preguntó John con una
sonrisa.
Miré hacia otro lado, y pude sentir los ojos de Rob perforándome.
—Simplemente saquémosles de la cárcel esta noche y no armemos
mucho alboroto.
—Los sacaremos. Quiero que se haga. —dijo Rob. Frotó su cabeza—.
Pero todos debemos dormir antes de hacer cualquier cosa. Incluyéndote a
ti, Scar.
Me encogí de hombros. De todos modos estaba muy cansada.
Estuvimos callados hasta llegar a la cueva, y una vez allí, Much nos tendió
a todos algo de pan. Tomé el mío y fui a sentarme sobre la estribación
superior de la cueva.
—Scar —llamó John. Subió y tomó asiento a mi lado.
—No habrás venido para verme comer, ¿verdad?
—No —dijo, mordiendo su pan. Yo mordí el mío—. Por cierto, ¿cómo
te sientes?
Levanté un hombro, sin molestarme en hablar. Horrible. Me sentía
horrible.
—¿Cuál es tu plan para la prisión?
—No lo sé. Necesito pensar en ello. Lo que sea que hagamos, no
podremos volver a usarlo de nuevo, ya que Gisbourne logrará descubrirnos
y lo arreglará. Creo que quizá debamos reservar el túnel para después.
—¿Cómo piensas que entraremos, entonces?
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Sonreí.
—Tengo mis maneras, John Little.
Sus ojos me miraron de arriba a abajo de manera extraña.
—No tienes que decírmelo, Scar.
Mis mejillas se sonrojaron sin saber muy bien la razón, y fue lo
bastante fuerte como para que él lo notara, lo que hizo todo el asunto aún
peor.
—No eres tan mala cuando te sonrojas, Scar.
—¿Qué pasó con eso de que era una cobarde?
Se encogió de hombros.
—Creo que estoy empezando a entenderte. Robas toda esta
comida y no comes nada; tenías una amiga a la que amabas. En serio,
estoy empezando a pensar que eres bastante dura, pero con un toque
suave.
—¿Qué amiga? —pregunté. Nunca amé ninguna de mis amigas.
Nunca tuve una amiga.
—Esa chica de Leaford. Cuando hablaste de ella, era obvio que te
importaba bastante.
Sentí el sonrojo deslizarse completamente fuera de mi cara.
—No te gusta mucho hablar, Scar, y no te preocupes, no estoy
preguntando. No tienes que hablar de tu amiga si no quieres. Pero sí, creo
que estoy comenzando a entenderte. Lentamente, por supuesto.
Sonreí un poco, pero no fue una sonrisa firme y verdadera, y seguí
mirando hacia la noche. Esperé hasta que todos se fueron a dormir, y
cuando entré en la cueva, monté mi cama lo más lejos posible de John.
¿Esa era su manera de impresionarme? ¿Después de todas las
disputas?
Dormí, pero en realidad no fue un sueño reparador.
A la tarde siguiente, fui a la cárcel para echar un vistazo, y Rob dijo
que iría conmigo. Asentí, esperando que corriera hasta alcanzarme. Tenía
puesta su capucha oscura, al igual que yo tenía mi sombrero un poco
hacia abajo, tapando mi rostro.
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rato.
—¿Estás molesto conmigo por algo? —le pregunté después de un
—¿Qué te hace pensar eso?
—Normalmente siempre hablas. Y anoche me gritaste.
Se giró para mirarme, pero no le devolví la mirada.
—Odio todo lo que está ocurriendo. No puedo creer que hayan
arrestado a los gemelos; Godfrey solamente intentaba mantener a su
hermana a salvo, y los lanzaron a él y a su hermana a la prisión, y ella no
tuvo nada que ver con el asunto.
—Los sacaré —le dije.
—Pasarán años antes de que Richard regrese. Le costó todo el
tiempo que estuve allí conquistar la ciudad de Acre, que se encuentra
unos kilómetros más allá de Tierra Santa, y no regresará a casa hasta que
haya tomado Jerusalén. ¿Cómo podremos luchar contra estos diluvios
durante años? ¿Cómo puede continuar esta situación?
Crujió una rama bajo mis pies, lanzándole una mirada furtiva.
Sabía que en mi corazón nunca estaba demasiado segura sobre
algunas cosas, pero si alguna vez pudiera, me gustaría estar segura de
Rob. De esa manera, cuando su corazón titubeara, yo podría estar segura
por los dos.
—Es como tú has dicho, Rob. Hacemos lo que hacemos porque hay
algo que podemos hacer al respecto. Las cosas como «¿cuánto tiempo?»
y «¿qué pasará?» no forman parte de eso. Se trata de la esperanza, no del
horror. —Imágenes de Londres se arremolinaron en mi cerebro, pero
continué—. Y en todo caso, tú sabes todo lo de los horrores, como yo lo sé,
y como lo saben John y Much. Y hemos cargado con eso para que estas
personas no tengan también que conocerlo. Y sé esto porque es lo que tú
has dicho. Y cuando lo dices, creo en ti. Y cuando creo en ti, te sigo a
todas partes.
Sus ojos se cerraron, y asintió.
—Tienes más fe en mí de la que yo tengo en mí mismo muchas
veces, Scar.
—Bueno, eso es tan claro como que está lloviendo —le dije—. No
tienes que estar seguro de ti mismo todo el tiempo. De hecho, se te soporta
mejor cuando no lo estás.
Sonrió un poco, mirándome.
—¿Crees que soy insoportable?
Me encogí de hombros.
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—Claro. No te pareces a nadie más. A veces, no sé en absoluto qué
pensar de ti.
—Y esto viene de la chica ladrona, la que lanza cuchillos a todas
partes. Como si hubiese otra como tú en el mundo entero.
—Sí, pero tú ves más allá de mí.
—No es que vea más allá de ti —dijo—. Es que te veo. No quieres
que nadie te vea, pero yo lo hago.
Asentí y mi viejo moretón comenzó a latir debajo del sombrero.
—A veces desearía que no lo hicieras.
Suspiró.
—A veces también desearía no hacerlo. Definitivamente, sería
mucho más sencillo —dijo con suavidad.
Lo que dijo se enterró en mi estómago como un cuchillo hirviendo.
Sabía que en cuanto a las almas, la mía era tan oscura como el alquitrán y
como mi rostro, era extraña y llena de cicatrices. De algún modo, una
parte de mí siempre pensó que Rob me veía diferente, que veía mis partes
buenas, en vez de las malas.
Claramente, no era así para nada. Rob veía el alquitrán y las
cicatrices y deseaba no haberlo hecho nunca.
No alcé la mirada ni hablé durante el resto del camino.
Estuvimos en Nottingham durante varias horas, las cuales fueron
bastante duras para Rob. Allí la gente podía reconocerlo, así que tuvo que
quedarse fuera del castillo mientras yo lograba encontrar la forma de
entrar.
Cuando me reuní de nuevo con Rob, no era con buenas noticias.
—Gisbourne se está encargando de todo. Está cambiando los turnos
de los guardias, los está doblando en la prisión y en la entrada, y
ordenándoles que hagan rondas durante la noche. Sabe que puedo
entrar, pero no sabe cómo.
—¿Cuántas maneras conoces?
—El túnel es la mejor manera que tengo. Puedo pasar por la pared
en un santiamén sin que me vean, pero la parte difícil es lograr que otros
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pasen. —Me detuve, y mis ojos se agrandaron—. Sé lo que podemos
hacer.
—Cuéntame.
—Bueno, ellos esperan que saquemos a Godfrey y a Ravenna,
¿cierto? Estarán vigilando la prisión más concienzudamente que nunca
sólo por eso.
—¿Entonces?
—Entonces démosles lo que esperan.
Sus cejas se unieron.
—¿Quieres que caminemos directamente hacia la trampa? O, mejor
aún, ¿hacia una prisión sumamente protegida, que muy bien puede ser
una trampa?
Sonreí, contenta.
—¡Has dado en el clavo, Rob!
—Espera, Scar, eso no tiene sentido.
Continué caminando.
—¡Scar!
—Te has vuelto completamente loca —dijo John, otra vez. Y otra vez
y otra vez. Rob y Much no dijeron nada, pero también estaban conmigo.
—Deja de decir eso. Da mala suerte.
—Tú no necesitas suerte. Lo que necesitas es no entrar ahí.
—¿Desde cuándo te preocupa tanto espantar los problemas, John?
—preguntó Much.
Le miró fijamente.
—Desde que está poniendo tantas riesgos sobre sus hombros. Son
hombros pequeños, por si no lo has notado.
—Estará bien, John. Es una buena idea —dijo Rob, con más carácter
de lo que hubiese pensado. Honestamente, se preocupaba más de lo
necesario.
—Me hago responsable, Huntingdon —soltó John—. Recuerda que
fuiste tú el que estuvo de acuerdo con todo esto.
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Le di a John un manotazo en el estómago. Nunca nos dirigíamos a
Rob por su título.
—En caso de que lo hayas olvidado, John Little, nunca nos
retractamos de un plan una vez que todos estamos de acuerdo con él.
Deja de atraer a la mala suerte.
Di un pisotón en el suelo, como si con eso intentara alejar a los malos
espíritus.
Miré hacia el cielo. Estaba oscuro y lleno de nubes, sin luna, como si
un ladrón mejor que yo hubiese robado la luz para ayudarnos a
escondernos. Escalamos la pared, subiendo por la tosca piedra con
movimientos rápidos, nunca buscando durante mucho rato algún tipo de
apoyo. Sólo Much no pudo lograrlo completamente, así que John volvió a
bajar y subió de nuevo con él sobre su espalda, como lo había hecho la
otra vez con Freddy.
Rob y yo fuimos por encima del muro hacia el parapeto, buscando
guardias errantes. Uno apareció a través y nos separamos, cada uno
saltando sobre la pared para escondernos a cada lado del guardia. El
lado por el que subí, por supuesto, me dejó colgando sobre las estancias
del castillo. Bajé lenta y cuidadosamente hacia una, escondiéndome en el
fondo del techo.
Rob descendió, y unos minutos después, lo siguieron John y Much.
Una vez que estuvimos todos allí, bajé hasta el patio central, mirando
directamente hacia los aposentos de Gisbourne. La habitación se
encontraba iluminada, pero no estaba allí, y eso me provocó un ligero
escalofrío.
Uno por uno fuimos cayendo, entonces corrimos al otro lado de la
muralla superior y bajamos a través del guantelete. Todavía había más
guardias allí, y se movían cada determinado tiempo, pero aun así tendían
a agruparse y dejar desprotegidas algunas áreas. Sabíamos cómo
movernos sin ser detectados en medio de la oscuridad, pero sabía que los
gemelos Mason no serían tan buenos en esa tarea.
Cuando llegamos a la prisión, corrí hacia el lado de los hombres
mientras John entraba por el frente, tambaleándose como un borracho.
Los dos guardias de delante le echaron un vistazo, y yo me deslicé detrás
de ellos. Escuché como John les gritaba mientras yo entraba a la prisión.
Las rústicas paredes de piedra llevaban hacia las celdas, una sola
vela encendida en la entrada iluminaba toda la estancia. Pude ver las
celdas y a las personas de su interior, y me detuve en seco.
Algo andaba mal. Cada vez que ponía un pie en la prisión, todos
ellos me susurraban y me llamaban, rogándome por ayuda o
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ayudándome a encontrar a quien necesitaba. Esta vez, todos se quedaron
completamente callados, y no me favorecía que no pudieran verme. Me
detuve en la celda de Jack Tailor. Una vez intentamos ayudarlo a salir de
allí, pero él no quería irse; no quería ningún tipo de amenaza contra su
familia. Decía que no valía la pena por el precio de ser libre. Eso fue hace
algunos meses; me preguntaba si cambiaría de opinión cuando se
enterara de que pronto habría algunas ejecuciones.
Se acercó a la parte delantera de su celda, cruzándome la mirada y
entonces mirando hacia el fondo de la prisión. Moví mi dedo entre mis ojos,
intentando simular la pieza de la nariz que llevan los yelmos de los guardias.
Negó con la cabeza.
Asentí. No era un guardia, entonces. Eso significaba que podría ser
alguien de quien tendría de que preocuparme. O Nottingham, o
Gisbourne.
Dicho de otro modo, tenía que avanzar con rapidez.
—¿Mason? —dije el nombre con mis labios, sin dejar salir ningún
sonido.
Tailor apuntó hacia una celda más lejana. Tendría que moverme con
vivacidad. Asentí dándole las gracias y fui hacia la parte más oscura de la
prisión.
Podía sentir a alguien. Podía escuchar una ligera respiración,
moderada y uniforme, y lo peor de todo era que podía sentir su mirada
sobre mí. Examinándome. Recorriéndome. En algún lugar de mi interior,
estaba segura de que era Gisbourne, de pie, en las sombras, más allá de
mí, como siempre lo había hecho.
Ya no importaba. Ahora no podía dar vuelta atrás.
Me deslicé el paquete de la espalda. Podía caber por entre las
barras. Me moví en silencio por las celdas, buscando a los gemelos. Mi
corazón latía como loco. Y continué recordándome que solamente debía
mantenerme firme.
Después de diecinueve pasos y seis celdas los encontré. De
inmediato corrieron hacia adelante y presioné el paquete por entre las
barras.
—Tened fe —susurré, apretando las manos de Ravenna entre las
barras y sosteniéndole la mirada, intentando mostrarle de algún modo
todo lo que no podía decirles ni a ella ni a su hermano.
Una enorme mano salió y atrapó mi cuello, arrancándome de las
barras. Me caí de espaldas en la celda del otro lado, e incluso en la
oscuridad, reconocí al Diablo antes de verlo.
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—Gisbourne.
Dio un paso atrás, sorprendido de que supiera su nombre, y de que
no me sentara a mirarlo asustada. Eché a correr.
—¡John! —grité mientras me iba acercando a las puertas de la
prisión. Logró tumbar a los guardias y lanzó unos cuantos golpes rápidos, y
salimos escopetados.
Rob iba corriendo por delante de nosotros y Much estaba en el
techo, esperando para tomarlo con su brazo bueno y subirlo. Luego Rob
subió a John mientras yo escalaba por la pared.
Llegamos a la pared justo cuando los arqueros comenzaban a
ponerse en posición.
Los arqueros dispararon, pero había unos grandes cuencos de latón
llenos de fuego justo en el parapeto, lo cual provocaba que no pudieran
ver más allá de eso en medio de la oscuridad. Nos deslizamos por la pared
y huimos rápidamente por el bosque.
Seguimos corriendo durante un rato y Rob indicó que paráramos
cerca de un arroyo. Bebimos agua, y subí a la rama de un árbol.
—¿Y bien? —preguntó Rob.
—Salió perfecto —dije—. Ahora que creen que lo intentamos pero
fallamos, estaremos listos para sacarlos mañana. Les entregué el paquete,
así que pensarán que hemos estado sacando personas vestidas de
guardias. Y sí que dejaron a un hombre dentro, como pensé que harían.
John suspiró.
—Cristo, me dejaste loco, Scar. Cuando saliste corriendo como alma
que lleva el diablo, pensé que todo había terminado.
Me encogí de hombros.
—Era Gisbourne. Pero los gemelos parecían sanos y salvos y los
sacaremos mañana.
Rob asintió.
—Hasta ahora tu plan va sobre ruedas, Scar.
Comencé a sonreír, pero a mi mente vino el recuerdo de él
diciéndome que desearía no poder verme. Miré hacia abajo.
—Ya lo sabremos mañana.
Asintió de nuevo.
—Todos deberíamos dormir algo. Mañana será un día difícil.
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Cuando nos levantamos, mi corazón estaba inestable. Ver el rostro
de Gisbourne tan de cerca me había desequilibrado un poco, y aunque
había sido en plena oscuridad, dentro de mí sentía el pequeño temor de
que me hubiese reconocido.
No pudo haberme reconocido. Estaba demasiado oscuro, y por otro
lado, he cambiado.
Por supuesto, estaban los ojos. Él reconocería los ojos. Y la cicatriz.
Pero la luz era demasiado baja para que hubiese logrado echar un
buen vistazo. No pudo haberme reconocido.
Cada parte de mí gritaba que escapara hacia cualquier lugar lejos
del castillo, pero no hice nada por el estilo. Era increíblemente estúpido no
creer en las partes de uno mismo; esta era la clase de porquería a la que
te enfrentabas cuando te preocupabas por los demás. Toda la noche me
persiguió la sensación de la mano de Ravenna.
Esperé al lado del camino hasta que divisé el carro de Tuck girando
en la esquina, justo como planeamos. Me subí a su lado cuando se detuvo.
—Robin te da las gracias por esto, Tuck —le dije.
Asintió.
—Es verdad que aprecio a Robin, pero esto lo hago por esos
gemelos. Tú solo cerciórate de que salga como debe salir, Scarlet.
Mi estómago saltó hasta mi garganta.
—Sí.
—Y desde ya lamento tener que golpearte dentro de un rato.
Asentí, subí mi capucha y nos dirigimos al castillo en silencio. Fue muy
extraño; el movimiento del carro era suave y uniforme y durante un
segundo sentí que así hubiese sido mi vida, si hubiera nacido chico, y no
hubiese tenido la maldición de nacer como niña.
Los guardias nos detuvieron en la entrada, e inspeccionaron los
barriles de Tuck. Esta no era la parte difícil, por supuesto. Esta era la parte
«no hablar, no hablar» y todo lo que tenía que hacer era mantener la boca
cerrada.
Nos dejaron entrar, y el lento y normal movimiento del carro regresó.
Cuando me deslicé fuera, rápidamente fui hacia la ventilación de aire,
confiando en que Rob, Much, y John cumplieran con sus cometidos.
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Con un salto y un retorcijón me deslicé dentro de la abertura,
dejando entrar tierra seca conmigo. Caí sobre mis pies; mi rodilla se golpeó
fuertemente y sonó, pero no estaba rota. Me levanté, y salí corriendo hacia
la celda de los gemelos.
—Llegas tarde —dijo Godfrey, en su voz había un tono de pesar.
Ravenna no estaba.
G
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8
odfrey, ¿qué han hecho con ella?
Él golpeó los barrotes.
—Nottingham vino aquí después de que saliste y la vio. Dijo
que era bonita y entonces ella sólo se fue. ¡Maldito seas, cobarde! podrías
haber peleado anoche; podrías habernos llevado entonces. ¡Esto es por tu
culpa!
Me temblaban las manos mientras recogía la cerradura. Las lágrimas
estaban presionándome los ojos y sentí náuseas.
—Conseguiré que la liberen —prometí. Mi voz era un chillido.
Jesucristo, y el sheriff acababa de perder a su amante en la sala de parto,
si esa Alice era la muchacha del día anterior.
La puerta se abrió y él se abalanzó contra mí, lanzándome un
puñetazo en la cara. Ni siquiera me molesté en pelear. Golpeé las barras y
él me golpeó otra vez. Caí y me dio una patada.
—¡Maldito seas, Will Scarlet! —Escupió.
Dio un paso atrás, y supuse que ya había terminado. Me puse en pie.
Apenas podía ver; mis ojos parecían como si estuvieran rodando, y cada
vez que rodaban, la pólvora se encendía en mi cabeza. Fui a la celda de
al lado, y me tomó unos minutos demasiado largos abrir la cerradura.
—¿Qué estás haciendo? —Preguntó el prisionero—. ¡Agarren al joven
de aquí!
—Podemos llevarnos a seis —le dije—. Así que nos estamos llevando
a seis.
Abrí cuatro celdas más, y para entonces el dolor no era tan
espantoso. Al menos en mi cara. Había una enfermedad que sentí que las
arcadas no curarían. Godfrey tenía razón. Mi plan era estúpido y les fallé a
ambos.
Rob y John entraron en la cárcel a mi encuentro.
—¿Por qué tardas tanto? —Preguntó Rob—. ¿Dónde está Ravenna?
Godfrey me empujó por detrás, y caí de rodillas.
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—¡Pregúntale a este bicho miserable! —Rugió.
Rob me recogió. No por el brazo, como haría con un muchacho,
tomó una de mis manos entre las suyas y con su otro brazo me tomó por la
cintura, tirando de mí a su lado y un poco detrás de él. Su voz era de acero
y sus brazos se sentían seguros.
—Haz eso otra vez, Godfrey, y te bloquearé yo mismo.
—Nottingham la tiene —le dije. Mi voz se oía como si estuviera
tragando rocas—. Nottingham la quiere.
—¿Quién es en realidad el Hood? —preguntó uno de los presos,
confundido.
—Yo —dijo Rob, y se bajó la capucha.
—¡Su Excelencia! —Varios lloraron.
John empezó a sacudir la ropa que él y Rob llevaban puestas.
—Vamos.
—Ni por asomo —gruñó Godfrey—. No me iré sin Ravenna.
—La sacaremos —le dijo Rob—. Pero primero necesitamos un plan.
Sacudí la cabeza.
—Yo me quedaré. No puedo dejarla aquí. Es demasiado sacarlos y
regresar para ayudar, sin embargo tú puedes.
—De ninguna manera —dijo Rob, apretando su agarre sobre mí,
bloqueándome con sus ojos azul océano y dejando afuera el resto.
—¡No seas tonto, muchacho! —Dijo uno de los presos—. Ya te han
dado bastantes golpes en la cabeza.
Lo fulminé con la mirada por debajo de la capucha, pero Rob me
sostuvo y la empujó hacia atrás, mirando todo lo que Godfrey me había
hecho. El apretón de Rob se sintió en los moretones y durante un momento
no lo detuve. Cualquier dolor en ese momento hacía a la enfermedad
sentirse un poco menos enferma.
—Necesitas salir de aquí, Rob —le recordé, tratando de sacudirme
de él.
—No antes de que lo mate —gruñó Robin.
Vi a Godfrey parado detrás.
—¿Tú le has hecho esto a ella? —Rugió John, empujando a Godfrey
detrás de mí.
—¿Ella? —Exclamó Godfrey—. ¿La que está sangrando es una
chica?
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—¡Tenemos que irnos! —Grité, empujando en el pecho de Rob.
Rob no se movió, sus dedos eran bandas de hierro alrededor mío.
—Sólo si tú vienes también.
—¡Bien! —Repliqué. Me volví hacia Godfrey, provocando que Rob se
estremeciera—. La encontraré aunque muera en el intento, Godfrey.
La cara de Godfrey se torció, pero asintió con la cabeza, y terminó
de ponerse el traje.
Me alejé de ellos como se suponía. La única razón por la que no corrí
como si me llevara el diablo fue porque Rob se quedaría atrapado detrás
de mí, y ni siquiera le importaría. Mi cara parecía mojada al aire libre, y no
estaba segura si era por la sangre o las lágrimas.
Mantuve un ojo sobre ellos, moviéndome a un paso igual, pero
permaneciendo por delante. Cuando vi a Tuck llevando cajas hacia la
parte exterior, empezó a gritarme que saliera corriendo. Me abofeteó,
haciendo un juego de ello cuando traté de defenderme, y todos estaban
observando, sin notar a mis muchachos escalando por las cajas vacías.
Cuando me empujó hacia atrás a la camioneta, me senté allí,
dejando al dolor arrastrarse sobre mí una y otra vez. Llegamos a los
guardias y sólo fui un poco consciente de Tuck pasándoles un pequeño
barril de vino para su disfrute, por lo cual nos hicieron señas a través de
«lugar de comprobación de barriles».
Una vez que llegamos a los bosques, salté del camión y eché el
cerrojo. Fui al único lugar al que sabía a ciencia cierta que nadie me
seguiría, el único lugar al que podría escalar.
Regresé al Gran Roble. Estaba cubierto de ceniza y ennegrecido, y
entonces de nuevo, también lo estuve yo. Subí con cuidado, quedándome
en las gruesas raíces de las ramas, como si el árbol fuera de cristal y al
romperse una rama, tiraría todo abajo. Me escondí arriba, en el grupo de
ramas en las que solía estar mi hamaca, alta y sola en el cielo, y enroscada
sobre mis rodillas y dejando que ríos salgan de mis ojos. Le fallé a Ravenna
justo como fallé a esa chica que estaba llorando en el castillo, al igual que
le fallé a Joanna. Yo quería ayudar, y todo lo que hice fue empujarlas a
problemas más terribles.
Me quedé en la cima del árbol durante horas. Cuando me animé a
bajar, encontré a Rob y a John, ambos durmiendo tan alto como
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pudieron. No estaba segura si estaban ahí para protegerme o para
enjaularme. Traté de moverme más allá de ellos, pero Rob se despertó.
—Scar, no puedes ir sola.
—Sí puedo.
—Déjame mirarte a la cara, Scarlet.
Me volví hacia él.
—Aquí. Mira.
Sabía que estaba mal, pero no de todos modos como él se
imaginaba mi cara; puede ser que Godfrey también me hubiera dejado
lodo.
—Cristo, Scar. ¿Por qué no luchaste contra él? Dijo que ni siquiera
peleaste.
Me encogí de hombros.
—Es mi culpa que su hermana esté sufriendo un destino peor que la
muerte. Si darme un puñetazo le hace sentir mejor, que así sea.
—No te lo merecías, Scar.
—Sí.
—¿Por qué? ¿Porque el plan se quedó atascado? Puedes hacer
muchas cosas, pero ver el futuro no es una de ellas.
—Debería haberlo sabido mejor. No debería haberlos dejado allí
toda la noche. A partir de ahora te estás viniendo para arriba con los
planes, ya sabes.
—Salvaste a Godfrey, Scar.
—Y también podría haber matado a Ravenna.
—¿Crees que no he cometido errores?
—No como este.
Rob se movió más cerca de mí.
—¿Qué tengo que hacer para convencerte de que no eres una rata
de alcantarilla, Scar? Te mereces algo mejor que todo esto.
Negué con la cabeza, deslizándome a través de las ramas.
No debía decirme eso. Yo era una rata. Era una ladrona, una
mentirosa, sin buena suerte. Incluso Rob, sin duda un héroe, me miró y no
vio nada más que alquitrán y cicatrices. Él no debería hacerme creer que
pensaba diferente cuando ya dijo lo suyo.
—Yo voy contigo.
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—Nadie va a venir conmigo, Rob. —Bajé hacia el suelo, y él bajó
justo detrás de mí—. Te golpearé si tengo que hacerlo.
Me siguió, y oscilé alrededor para ponerme al revés, pero tomó mi
brazo, agarrando el otro brazo y arrastrándome contra él, con mi espalda
hacia su frente.
—Y yo te ataré si tengo que hacerlo.
Azoté mi cabeza hacia atrás pero la esquivó, traté de darle patadas
pero se movía.
—Cristo, Scar, ¡deja de luchar conmigo!
Me detuve, pero la sangre furiosa rugía a través de mí.
—Caramba, puede que haya sido una de las peores noches que has
tenido, Scar, pero no podemos ganar todo el tiempo. Si pudiéramos,
seríamos nosotros quienes estaríamos en el castillo.
—¡Haré lo correcto!
—Scar, no puedes...
—¿Sabes lo que está haciendo con ella? —repliqué, oponiéndome a
su control otra vez.
—¿Y tú? —preguntó—. ¿Y tú? ¿De eso se trata todo esto? ¿Algún
señor de Londres te lastimó como la está lastimando?
La voz de Joanna diciendo adiós y cerrando la puerta vibró a través
de mi cabeza. Nunca me había sentido tan horrible y desvalida como
cuando ella se marchó sobre sus propios pies, noche tras noche, para
hacer las cosas de las que yo nunca hablaría. A nadie. Ni siquiera a Rob.
Sacudí mi cabeza, más para sacarlo de mi mente que para
responderle. Mis ojos se apretaron fuertemente, y el agua se escurrió. Le
golpeé en el estómago.
—¡Deja de suponer cosas! ¡No sabes nada acerca de mi vida, Robin
Hood, y no sabes nada sobre mí!
—Scar —murmuró, suave en mi oído. Me derribó al suelo, todavía
sosteniéndome apretada—. Scarlet, ¿qué te ha pasado?
—Nada —confesé—. No me ha pasado nada. Todo le sucedió a ella.
Ella lo tomó todo y no le ayudé en nada.
—¿Quién, Scar?
Sacudí mi cabeza otra vez. Su último adiós fue lo peor de todo,
cuando no quiso ir dispuesta, cuando fue arrebatada de mí, sufriendo y
con dolor. Podía ver a Joanna, su pelo muy rubio y ojos azules felices, y era
como si la visión se redujese a cenizas en mi cabeza. Su piel se tornaba gris
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y pálida, su pelo perdía su luz, y sus ojos se oscurecían, sangre sobre sus
sábanas y su boca y sus manos por toda su tos.
—Me fui justo después de que Richard conquistara Acre —susurró
Rob contra mi cabeza.
Dejé de moverme, confundida.
—¿Qué?
—Cuando me dieron la noticia de mi padre. Fue justo después de
Acre, y buscaba cualquier excusa para irme. —Él sacudió su cabeza
contra la mía, y yo me quedé en silencio, esperando para escuchar—.
Teníamos miles de prisioneros. Las negociaciones habían durado
demasiado tiempo, así que ya no eran más nuestros enemigos. Eran
nuestros prisioneros, pero eran hombres, mujeres y niños con los cuales
hablábamos. Con los que comíamos. Y entonces, Richard nos ordenó
matar hasta el último de ellos, y lo hicimos. Un día estaba jugando a los
dados con un chico no mucho más joven que yo, y al día siguiente estaba
cortando su cabeza con un golpe de mi espada.
Hizo una pausa, y nuestro aliento resopló con fuerza por el forcejeo.
—Cuando me fui a la Cruzada tenía quince años. Era un niño,
respondiendo a los llamados de Richard para los soldados santos. Fui con
él, haciendo una campaña a favor de fondos por Europa en el camino a
la Tierra Santa. Fui un niño hasta el momento en que saqué mi espada. Y
entonces yo era un hombre, y ya había hecho cosas imperdonables. —La
cabeza de Rob se presionó con más fuerza contra la mía—. Sé lo que es
mirar en tu pasado y no ver nada más que tus errores —dijo.
Mis dedos se aplastaron firmemente en su piel, arañándolo como si
pudiera romper la piel para que pudieran estar conectados por la sangre,
y así poder consolarlo y que él pudiera mirar en mi interior, sin tener que
hablarle en voz alta.
—Esas eran tus órdenes, Rob. Eras un soldado de la Cruzada del Rey.
No puede ser un error si no tenías opción.
—Sí puede. Porque siempre tenemos una opción, incluso cuando
parece que no la tenemos. ¿No es por eso por lo que te estás torturando a
ti misma?
Los recuerdos de Joanna brotaban con tanta fuerza en mi garganta
que no estaba segura de si podía respirar, y me atraganté cuando las
lágrimas ocuparon su lugar.
—Ella me estaba protegiendo, Rob. Hizo cosas horribles, cosas que
yo debería haber detenido, por protegerme. No la protegí, y ella me
necesitaba.
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—Como yo con Richard. Si yo hubiera dicho que no, si me hubiera
negado, él podría haber escuchado. Y podría haber salvado a esas
personas.
Un hipo saltó de mi garganta, y Rob se retorció de alguna manera,
para que estuviera metida contra su gran pecho, contenida como un
perro. Se agarró fuerte, dolorosamente fuerte, mi aliento salía
precipitadamente entre mis dientes, y me pregunté si yo estaba
sosteniéndolo a él, o él a mí. Quería decirle que era un tonto y que Richard
nunca lo hubiera escuchado, nunca hubiera retirado sus palabras ni sus
órdenes. Pero él lo sabía.
Lo sabía, y no sirvió de nada. Yo sabía que no era mi culpa que
Joanna estuviera muerta, pero eso no ayudaba en nada en absoluto.
La respiración de Rob estaba presionando sobre mi oreja, su pecho
inflándose debajo de mí. Su corazón latía tan cerca del mío, que éso me
tranquilizó por la distracción pura.
—Tengo que ayudarla —le dije.
—Lo sé. Déjame que te ayude.
—No puedo. El plan que tengo es para uno.
—¿Cómo entrarás?
—Por el muro.
—¿Y cómo saldrás?
—Por el muro.
—Ella no tendrá fuerzas para subir.
—Lo conseguirá. La llevaré a cuestas si tengo que hacerlo.
—La llevaré. Iré al muro contigo y esperaré allí. Envíame una señal si
me necesitas, y vendré.
Tragué saliva.
—Nos cubriremos las espaldas.
Él asintió con la cabeza.
—Exactamente.
Estar de pie era extraño. Me levanté primero y miré hacia abajo.
Había estado toda enredada con él. Él había estado sosteniéndome.
Parecía como si algo hubiese cambiado antes de que me levantara, pero
sobre mis propios pies no quise que nada hubiera cambiado. Parecía
como si algo suelto hubiera temblado dentro de mí, y todo lo que quise
hacer era guardarlo, mantenerlo oculto y profundo.
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Me aparté de él. Pude ver a John todavía profundamente dormido
en el árbol y eso lo hizo todo más extraño. Rob y yo tomamos algunas
armas de la cueva y salimos a pie.
Hay muchas cosas de las que nunca me preocupé en suponer.
Cosas como el clima, o la agricultura, o los sentimientos, soy inútil para ese
tipo de cosas. La única cosa que sé es esconderme, y usar cuchillos, creo,
y esa noche me concentré en todo en lo que soy buena. Nos movimos el
doble de rápido hacia el castillo, y una vez allí le dije a Rob que esperara.
Por mi cuenta, todo se vuelve claro. No me preocupo, no pienso,
sólo puedo esconderme. Me desvanezco exactamente como antes en la
negra oscuridad y nadie me ve. Un guardia puede caminar a un pie de mi
cara y nunca sabrá que estoy allí.
Lo más difícil era encontrar su habitación. Había tanta gente en la
residencia que sabía que me llevaría la mayor parte de las horas de
oscuridad buscarla. Pasé con mucho cuidado, y calculo que debió
haberme llevado horas, pero no sentía nada. Se sintió puro y simple. Sería
la única cosa en la vida que era así.
La encontré en el piso superior, durmiendo. Me balanceé en su
ventana en silencio, yendo a comprobar la puerta antes de despertarla.
Me sacudí una astilla al abrirla y vi un guardia bloqueando la entrada. La
ventana sería el escape. Sólo esperaba que ella no fuera demasiado
bruta.
Me acerqué a ella, cubriéndole la boca y empujándola un poco. Sus
ojos se abrieron de golpe y gritó en mi mano.
—¡Silencio! —susurré, apretando su boca. Tenía que asegurarme de
que me haría caso. Dejó de moverse.
—¿Me conoces? —Había un poco de luz de la luna entrando, podía
clavar la vista en ella, por lo que ella también debía de ser capaz de hacer
lo mismo conmigo.
Ella asintió con la cabeza.
—¿Te quedaras callada?
Asintió con la cabeza.
La solté y me senté.
—¿Estás bien?
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Volvió a asentir con la cabeza.
Tragué saliva, y mi mano cayó sobre ella como madera muerta.
—Lo siento mucho, Ravenna. Debería habernos sacado a ambas la
noche anterior. —Las palabras se enrollaron una a la otra—. Voy a sacarte
de aquí ahora mismo.
Ella sacudió la cabeza.
—Yo me quedo aquí.
No, otra vez no. Cristo en la encrucijada, no otra vez.
—Ellos no le harán daño a tu familia. Podemos sacarlos a todos de
Edwinstowe, Ravenna, te lo prometo.
Alejó su mano hacia atrás.
—Prometiste sacarnos anoche.
Si todo fuera justo y bueno en el mundo, le habría dicho que nunca
prometí nada la noche anterior. Le diría «ten fe», y que sólo era porque no
podía explicar el plan completo para sacarlos hoy. Por decirlo de alguna
manera, sus palabras cortaron como la verdad.
—Esto es diferente. Moveremos a toda tu familia si es necesario.
Ella sacudió la cabeza.
—Tengo otro plan. Le dije al sheriff que si me quería, tenía que
casarse conmigo. Y dijo que lo haría. —Se apartó el pelo para mostrarme el
collar de oro como si fuera una brillante gargantilla alrededor de su cuello
blanco—. Me dio un regalo de esponsales y llamará a mi padre por la
mañana. En un mes, voy a ser la Señora de Nottingham, y mi familia no sólo
estará a salvo, sino que serán nobles.
Me quedé de piedra.
—Pero Ravenna, ¿casarte con él?
—Tú puedes vivir como una forajida, Scarlet, pero para salvarte a ti
misma de la vergüenza haces que todo el mundo piense que eres un
chico.
Me quedé boquiabierta.
—Por supuesto que lo sabía, no soy estúpida. Eres demasiado bonita
como medio chico. Pero no soy como tú, y no tengo ese tipo de
decisiones. Iba a casarme de todos modos, y mi padre estaba pescando
alto, por lo que bien podría ser él.
Negué con la cabeza.
—Él va a hacerte daño.
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—Todos lo hacen. Al menos él será mi marido.
Tomé su mano, fijando mi mente en Robin, John y Much. Incluso Tuck,
con su esposa que nunca se fijaba en él y siempre armaba escándalos,
parecía pensar que era entrañable.
—Todos no. Hay hombres buenos por ahí.
—Hay hombres pobres por ahí —me dijo—. Y ricos. Los hombres ricos
nunca esperan nada, ¿por qué iban a ser buenos? Los hombres buenos
son pobres, porque tienen que contar con las bondad de los demás. Y mi
padre dijo tan claro como la mañana que soy para un hombre rico.
—Godfrey te matará.
Sacudió la cabeza.
—Padre quiere que nos proteja a todos. Godfrey se merece
descansar un poco de esa tarea, puedo llevar esta carga ahora.
Estúpidas, necias e idiotas lágrimas estaban en mis ojos. Ravenna y
yo nunca fuimos afines. No debería importarme a quién se ataba.
—Puedo salvarte. Déjeme salvarte.
—No necesito ser salvada. Es mi elección. Por una vez, algo es mi
elección.
—No es una elección cuando piensas que estás salvando a tu
familia, Ravenna.
Ella se alejó de mí.
—Vete, o llamaré al guardia. Si ves a Godfrey, dile lo que te he
dicho.
—Estaré cerca. Si cambias de opinión, si te lastima, estaré.
Tragó saliva, pero no me miró.
—Vete.
Me fui. Pero no lejos.
No volví al campamento. Le hice señas a Rob con dos dagas,
queriendo decirle que no necesitaba ayuda, y él se fue. Esperé un
momento hasta que se hubiera ido y bajé a recoger las dagas y entonces,
me dormí en el túnel. Había lágrimas en mi rostro y no las quité. Esto era mi
culpa, y estaría allí cuando me necesitara.
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Había un hueco oscuro en el techo, entre dos aleros, y cuando cayó
la oscuridad de la noche, me quedé sentada allí, escondida, escuchando.
Me quedé a cuatrocientos metros, sólo para asegurarme de que estaba a
salvo. Se me ocurrió pensar que Rob y los demás estarían preocupados por
mí, pero no importaba. Si me iba, él podría hacerle daño y yo no estaría allí
para salvarla.
Sin embargo, no dejé que fuera una pérdida de tiempo. Comencé
una pequeña colección, birlando algo de oro, plata y joyas donde podía.
Si no fuera a estar al descubierto en el camino durante quince días hasta el
día de los impuestos, tendría que conseguir bastante que vender para
compensarlo. No era como si pudiera pasear por la armería, pero a
menudo, los guardias dejaban las armas sin echarles un ojo, y birlé un
montón de espadas y un nuevo juego de cuchillos. Tenía un arsenal en el
túnel.
Y observé. Observé la forma en que los guardias se movían
alrededor. Vi lo que protegían y lo que no. Era horriblemente extraño;
durante la noche, guardias y obreros se centraban alrededor de la muralla
superior.
Allí arriba, sólo había residencias y algunos talleres, pero los hombres
estaban todos agrupados alrededor de la vieja casa de vigilancia. No
utilizaban esa casa desde que construyeron una más grande en el centro
de la muralla. ¿Qué estarían haciendo?
Vi a Gisbourne entrar y salir; me quedé junto a su ventana y escuché.
Percibí a Gisbourne de una manera que me hizo querer vomitar mis
entrañas. Me asustaba, eso era seguro, pero estando en la oscuridad sentí
que podría mirar todo lo que quisiera, y una parte de mí era más ruidosa
que un gatito. Este era el hombre que había tirado mi vida a un lado y
tenía curiosidad.
Él cargaba con esa arrogancia que temí la primera vez y su rostro
nunca cambió. Tenía los ojos oscuros llenos de odio y todos podían verlo.
Pensé en los ojos de Rob, profundos como el agua y rápidos en mostrar lo
que la gente significaba para él. Lo mucho que yo significaba para él.
El centro de mi espalda se estremeció. Se fue haciendo más fría.
Mis piernas estaban rígidas, y no podía recordar la última vez que se
movieron. Me levanté para ir a dar un paseo, escalar la pared y caminar el
parapeto. Llegué a la mitad de la muralla y alcancé a ver un atisbo de
metal en el bosque. La visión se agarró a mi corazón como una mano le
haría a mi brazo, y empecé a correr. Me puse en marcha desde el
parapeto de la piedra exterior que mantiene la reja, y desde allí salté a
tierra a tiempo para detener a Godfrey con John Little tras él.
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—Muévete —replicó Godfrey, al mismo tiempo que John me
empujaba hacia adelante y me levantaba de la tierra en un abrazo
aplastante.
—Cristo, Scar, estás bien —dijo, su voz caliente con la respiración
justo al lado de mi oreja. Su cabeza giró un pelo y sentí sus labios sobre mi
mejilla—. ¿Dónde estabas, Scar? —Me soltó un poco y mis pies golpearon
el piso nuevamente, pero no me dejó caer del todo.
—Aquí. Con Ravenna.
Godfrey empujó a John fuera de mí, y cuando me miró tragó saliva y
dio un paso atrás. Me preguntaba cómo se veía mi cara. Aún estaba algo
dolorida.
—¿Dónde está? ¿Por qué no la has sacado?
—Ella no va a venir.
Ambos se miraron.
—Ella va a casarse con el sheriff.
Godfrey se lanzó hacia delante, sacando su espada.
—¡Venga ya! ¿Dónde está?
—Ella está ahí. —La verdad ponía una sacudida en mis huesos—.
Godfrey, ella no es más una prisionera, lo que significa que tú tampoco.
Está ahí por su voluntad. Puedes ir a la puerta y pedir verla. Creo que ellos
te dejarán entrar.
Dio un paso adelante de nuevo y John lo empujó hacia atrás, dando
un paso delante de mí.
—¿Por qué haría eso? ¿Por qué casarse con él?
—Ella dice que iba a casarse de todos modos. Un Sheriff le dará una
posición, y además la favorecerá en la corte.
—No te creo.
—No tienes que hacerlo. Como he dicho, ve a la puerta. El sheriff te
permitirá recurrir a ella. Tu padre ya lo sabe.
Miró a John, y luego se tambaleó hacia delante. John me apartó de
su camino y dejó que fuera hacia la puerta. La golpeó y la pequeña
puerta se abrió. Se dirigió al guardia, y su cuerpo perdió su ira. La puerta se
abrió y le dejaron entrar.
—No estabas mintiendo —dijo John suavemente.
Me di la vuelta para alejarme.
—Scarlet, ¿a dónde vas?
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—Él está con ella ahora. Puedo irme.
Me agarró del brazo con una sonrisa.
—Tú vienes conmigo, amor. Nunca me he tragado tu actitud
resistente. ¿Dónde irías?
—Donde quiera que me dé la real gana, John Little.
Necesitaba frío y tranquilidad, y algo de buena oscuridad. Mi
cabeza estaba llena de Joanna y de Londres, e incluso un toque de
Gisbourne, y era demasiado.
Él me atrajo hacia sí.
—No te vayas, Scar —dijo con esa voz que usaba con Bess—. Ven
conmigo. Much estará frenético cuando sepa adonde podrías haber ido.
No sabía si era él o era Robin, pero tenía la certeza de que a John no
le importaba si Much se preocupaba por mí.
—Se le pasará en un día o dos.
Empujó con su nariz contra el lado de mi cara, y me separé por un
pelo. Su mano fue a lo largo de mi mejilla y empujó mi cara hacia la suya.
—Tal vez, pero a mí no.
Sus labios se apretaron contra los míos, fuerte como el resto de él y
un poco húmedo, presionando mis labios en un buen beso. Me agarró de
la cintura y me dio un beso más profundo. Cerré los ojos y la cara de Rob
me vino a la cabeza.
Eché atrás la cabeza, me sonrojé y no estuve segura de qué hacer,
decir, o pensar.
Su nariz frotó la mía.
—Scarlet.
Hacía cosquillas y sorbí por la nariz.
—¿Qué ha sido eso?
Él inclinó la cabeza un poco.
—Tú.
—¿Por qué me besaste?
—Porque me gustas, Scar.
Negué con la cabeza.
—A ti te gustan todas las chicas, John. —Sonreí un poco. Algo sobre
un beso te hace sentir tonta, y un beso de John, de algún modo, me hizo
sentir más tonta que la mayoría—. Estaré de vuelta en uno o dos días.
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Sus brazos se aflojaron.
—¿Qué significa eso?
Me aparté de él.
—Yo te haré saber. Si vas al túnel, hay una buena cantidad de botín.
—Caminé unos pasos y me detuve, mirando hacia atrás—. Y gracias, ya
sabes, por el beso.
Él se quedó mirando, así que seguí caminando. También podría ser
educado.
N
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9
o llegué muy lejos. Fui hacia el este a través de Sherwood a
Worksop y me alojé allí durante el día, ayudando al padre
Much y a la comprobación de Freddy Cooper. Él se quedó
cuando el resto de su familia fue a Dover, haciendo lo que podía con los
salarios hasta que fueron resueltos. El molinero estaba en la parte de
molienda de la cosecha, y siempre se necesita ayuda adicional, y Freddy
tomaba para ello como un pato en el agua. El padre Much no habló
mucho. Freddy hablaba bastante para nosotros, y era un tipo
completamente diferente de silencio que mi mente golpeaba alrededor.
Cuando cayó la noche, Freddy y el padre Much me engatusaron y
rogaron hasta que me quedé a cenar, y establecieron una cama para mí
para dormir adentro. Asentí con la cabeza, porque era más fácil, y cuando
se fueron, me fui de la casa.
Me gustaba deambular por la noche. Los animales eran diferentes.
Hablaban entre sí en cotorreos suaves, pequeños silbidos, chillidos, y tal.
Tenían una manera de hablar durante la noche.
Había una posada en el borde de la aldea que me gustaba. El
posadero era una mujer, que era justo inusual. Solía ser su marido, pero él
se desplomó y ella lo tomó. Ella era siempre buena para mí. A veces, las
niñas tenían problemas que los chicos no estaban destinados a saber nada
de combate, y ella me ayudó a salir una vez o dos veces.
Entré y ella asintió con la cabeza hacia mí. Me deslicé en una mesa
en la parte trasera. Envía a través una cerveza y me saludó con la cabeza
otra vez, acomodándose en la esquina para observar y escuchar. Había
pocos viajeros comiendo su cena, pero la mayoría eran los lugareños que
se sientan a tomar algo. Reconocí a muchos de los hombres, la mayoría de
los agricultores y artesanos, y unos pocos peones.
—Lena —gritó una voz ronca. Tres de los hombres de carácter
personal del alguacil entraron, vestidos todo de sheriff negro y plata, como
la muerte y el metal. Miré a Lena, estaba sonriendo, pero no era una de sus
grandes sonrisas anchas que recibí.
Envió a uno de sus chicas a conseguir algunas bebidas y dio paso a
los hombres a una mesa. Se sentaron y tomaron las bebidas, y el cabecilla
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agarró la muñeca de Lena y la arrastró tan duro que se inclinó sobre su
hombro. —Usted sabe que no es por eso que estamos aquí, Lena. —Lanzó
una mirada a su músculo, una mole de un terminal llamado por todos Pea,
pero ya estaban en camino. Se puso de pie sobre los hombres y el
cabecilla dejó ir la muñeca de Lena.
—No tengo el dinero. Voy a tenerlo la próxima semana.
—Sheriff no te cree. Sheriff cree que estás aguantando.
Ella se sonrojó. —Bueno, ¿qué quiere que haga? No tengo nada de
dinero. Puedo tener la próxima semana.
—Lena, el sheriff le dio carne para sus clientes cuando lo necesitaba.
Él espera que su inversión regrese.
Ella se cruzó de brazos. —Si hubiera sabido que su "regalo" venía con
un precio, no lo habría tomado. Tendrás tu dinero cuando lo tenga.
—Sheriff está haciendo restallar el látigo, Lena. —Su compañero
tomó la vela desde el centro de la mesa y la sostuvo debajo de la mesa de
madera. Los otros dos hombres agarraron a Lena y Pea mientras ella les
gritaba a ellos.
Sacó un cuchillo la vela, empujándola de su mano. La llama roció
antes de que tocara el suelo, y la mesa estaba negra pero no ardiente. El
cabecilla giró la cabeza para mirar para ver quien lo hizo. —Alguien se
cree un héroe, entonces, ¿eh? —preguntó, sacando un cuchillo y
volviéndose hacia Lena. Ella volvió a gritar, y cuando atraje otro cuchillo,
un cliente abordó al guardia. El lugar se abrió en una reyerta.
Lena comenzó a gritar para que la gente salga, y envió a una de las
chicas arriba para advertir a los viajeros. Si la intención era quemar el lugar,
no se detendrían allí.
Salí corriendo con una sensación desagradable en la boca.
Efectivamente, oí gritar a un caballo y vi otro grupo de guardias
encendiendo el establo en llamas. Pusieron una antorcha al heno, y los
animales empezaron a preocuparse algo horrible. Corrí hacia ellos,
tomando cinco cuchillos en las manos y empezando a tirar. Golpeé a dos
guardias con la empuñadura de un cuchillo arrojado a la parte posterior
de su cuello, los que cayeron al suelo. El tercero se volvió hacia mí, lo que
era un movimiento estúpido de su parte.
Salté sobre mis manos y pase a patadas cuadradas en el pecho. Él
cayó al suelo. No me importaba mucho si se quedaban abajo o no,
necesitaba conseguir los caballos libres. El fuego se estaba extendiendo
mucho rápidamente con el heno y les mantuvo mediante cuerdas a través
de sus puestos de venta.
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Con un cuchillo en cada mano, corté las cuerdas flojas una por una,
dejando que los caballos entraran en pánico agotados. Me quedaban
dos, cuando uno de los guardias me empujó con fuerza contra una pared
de entrada en pérdida. Agarré la madera de la pared y golpeé mi cabeza
hacia atrás, conectando con la nariz, incluyendo la pieza nasal, lo que
puso mi cabeza a sonar —y di un paso duro en su pie. Me deslicé hacia
atrás lo suficiente para cortar otra cuerda y tomar el último. El caballo era
una cría sobre sus patas traseras, e hice mi mejor esfuerzo para olvidar que
bien podría ser pisoteada en cuanto lo soltara.
Me agaché para tomar una patada con pezuña, corté la cuerda, y
se acurrucó a un lado. El caballo atornillado, y el guardia me sujetó por el
cuello, tirando de mí fuera del suelo y me embestí contra la madera. El
humo negro era ondulante y se tragó el caballo hasta su totalidad. El
granero entero estallaba y las grietas como un gigantesco se agitaban.
—Y tú debes ser el famoso Will Scarlet —dijo, saliva volando a mi
cara—. Sheriff ha estado muriendo por conocerte.
Envié la saliva de vuelta con una justa porción de mi cuenta. Inclinó
su brazo hacia atrás para lanzar un golpe.
Un brazo salió disparado y enganchó el del guardia, enviándolo lejos
de mí. Robin salió del humo como un Dios y dio un puñetazo a la cara del
guardia con un ruido. Sin aliento se volvió, agarró mi mano, y salió
corriendo.
La noche era mucho, mucho más fría de lo que recordaba. Robin
estaba sosteniendo mi mano con fuerza y me aferró a él como si fuera un
agarradero en un acantilado y nos estuviéramos resbalando, como si fuera
la diferencia entre la vida y no.
Cuando el humo nos dejó ir, Rob me arrastró duro sobre mi brazo,
suficiente para que de nuevo gritara y me retorciera consiguiendo una
plaza justo en su pecho. Sus brazos enganchados a mí alrededor como
barras de hierro, y por un segundo estúpido cerré los ojos y aplasté mi
cabeza en su hombro. Su rostro apretado contra el mío, y las respiraciones
duras sopló a lo largo de mi cabello. —Gracias, Rob —susurré.
Supongo que era algo malo que decir. Me empujó hacia atrás,
tirando de su calor lejos de mí, y mis hombros encorvados contra el frío. Él
asintió con la cabeza.
—Los huesos de Cristo, ¡Has salvado la posada, Scar!
Me volví para ver a Lena justo volando hacia mí, envolviéndome a
cal y canto en sus brazos.
Miré por encima del hombro. Ello seguía en pie, ni siquiera
chamuscado. —Lo siento por los establos.
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—No, mi niña —dijo ella suave—. Me salvaste y a los caballos.
—Aquí —dijo Rob, presionando una bolsa en su mano—. El dinero
para el sheriff. Cuando los guardias vengan, sólo les paga.
A Lena no le gustaba la caridad, y su rostro mostró todas sus arrugas
y la edad que no estaban allí cuando sonrió. —Toma un caballo, Robin. Les
diré que uno salió corriendo.
Miramos a los viajeros acurrucados en la hierba, mirando el granero
quemarse. Ella se volvió para llamar a todos de vuelta a la posada, y Robin
me abrazó por la cintura mientras me condujo a un caballo que se había
alejado detrás de la posada.
—Puedo caminar.
—Estoy muy consciente. Pero ahora mismo, no quiero que camines
lejos —dijo.
Eso era justo lo suficiente. En ese momento, no tenía ni idea de lo que
quería, así que funcionaba bien. Montó el caballo y mantuvo un brazo, y
me lancé sobre su espalda, repliqué mis brazos alrededor de su cintura. Me
estremecí, sintiendo cómo todas las cosas horribles en mi cabeza lo
dejaron en un apuro rápido. Él era así. Rob podía cambiar algo en un
instante.
No lo tomó para El Roble Blanco, sino a Thoresby Lake. —Estás
cubierta de hollín y humo —me dijo—. Y una justa porción de tierra.
¿Estabas durmiendo en el túnel, entonces?
Asentí con la cabeza, saltando del caballo. Rob salió también y se
sentó en una roca de espaldas al agua.
—Tú no vas a dar la vuelta, ¿no?
—Scar.
Lo tomé como un sí y despellejando mi ropa muy rápido. Un poco
difícil era la muselina que envuelve mis partes en el frente. Una vez que la
bajé, me zambullí en el agua. Se encontraba helada y me froté duro antes
de que mis manos se espesaran con el frío. Me gustaba el frío. Hacía que
Joanna y Gisbourne parecer estar más lejos, y era bueno.
Me fregué a través de mi pelo, y me acordé de Joanna sentada
hasta tarde conmigo, cepillando mi cabello. Lo que con un armario
podríamos hacer juntas, dijo. Yo pensaba que había parecido más loca
que una marmota. Tienes caoba y yo pulido de oro, sería un cofre precioso
por cierto. Ella trenzó nuestro cabello en conjunto para ver la diferencia.
Bueno pelo Inglés, me lo dijo. No es de color de mi Saxofón.
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Tomé su lazo y bandas de nuestro cabello en la parte inferior, y me
acurruqué contra ella mientras nos fuimos a dormir. Esos eran los días en
que empezó a salir por la noche sin mí, haciéndome sentir más escasa por
no saber qué pasaba. Me pareció entonces que Joanna y yo éramos tan
distantes y separadas como el pelo, y si yo sólo podía trenzarlo juntos,
nunca habría partes. Me había quedado dormida pensando que era tan
fácil como eso.
Por supuesto, me había despertado sola en la cama, la noche cayó
por completo y el lazo del pelo suelto alrededor de mi cola, el pelo de oro
se ha ido.
Salí del agua y me torcí el pelo para arriba, metiendo debajo de mi
gorro con los buenos recuerdos de Joanna. Ahí es donde me gustaba
mantener su secreto y seguro.
Mi ropa estaba cubierta de hollín, pero estaban frías así que me
retorcí de nuevo en ellas y luego fui al lado de Rob. Ya había tomado su
capa apagada, y lo puso sobre mis hombros. Su brazo cayó a la roca
detrás de mí, así que yo estaba introducida en una jaula.
—Te extrañé.
Tengo esa sensación extraña, retorcida en el estómago. Por supuesto
que me extrañaba. Era miembro de la banda y no funcionaron bien sin mí.
No había nada más que decir, y era una tonta lista para tener mi corazón
estacado con otras esperanzas. —Pero tú sabías lo que estaba "de
combate".
—Sabía que estabas expiatoria a ti misma, no obstante que hayas
querido hacerlo.
—Robé las cosas desde el castillo para vender —le dije.
Él sonrió. —Nunca ociosa. John pensó que habías sido agarrada.
—Tú tienes más fe en mí.
Él negó con la cabeza. —No, la verdad. Tú asustas a la mierda de mí.
—Esta noche fue un buen momento —admití.
Él asintió con la cabeza. —Se podría haber salido de todos modos.
—¿Cómo sabías que no había sido agarrada?
Él se encogió de hombros. —Lo he sentido. Lo habría sabido.
Si fuera así de extraña la idea o el frío, algo alojado en mi pecho y mi
respiración jadeante se redondea.
—Vamos a casa. —Se puso de pie y miró hacia el lago—. Si estás lista
para volver.
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La idea de quién más me esperaba de vuelta en el campamento
empujó en mi cabeza, y me froté los nudillos. —¿Por qué John me besó,
Rob? —Eso saltó fuera de mi boca. Lo miré.
Se cruzó de brazos. —Ustedes dos no… —Cerró la boca afilada—. La
otra noche, durmieron juntos.
Me sonrojé caliente. —No era así. Yo temblaba, y estaban tratando
de entrar en calor. —Sentí sus ojos en mí, pero no quería mirarlo. No creo
que él me creyera. Veía cómo mi alma estaba negra, ¿por qué no iba a
pensar en mi virtud era fácil como viene?
—Le gustas, Scar. No deberías jugar con él. —Fueron palabras
terribles y fuertes, y me miró.
—¡No estoy jugando! —Solté de nuevo—. Y sólo porque él me quiere
no quiere decir que le quiero.
Las cejas de Rob se fueron al cielo. —¿Tú no lo haces?
Envolví mis brazos alrededor de mi estómago. —No estoy segura. —
Había mucho más en la idea que quería decirle, pero me tragué justo—.
No soy el tipo de chica que va con un muchacho.
Rob sonrió. —¿Y qué, te juraste dejar a los hombres para siempre?
—Ha funcionado hasta ahora.
Rob parecía sorprendido, pero antes de que pudiera preguntar por
qué, dijo—: Bueno, ¿qué pasa con los bebés? Te veías muy emocionada
con el hijo de María.
—¿Crees que tengo derecho a traer un bebé a mi vida? Soy una
ladrona y una forajida y un mal ejemplo de una chica. ¿Crees que podría
ser cualquier tipo de madre?
Apartó la mirada en eso, y lo sentí de nuevo, el hacha de dolor en mi
vientre. No me gustaba decirlo en voz alta, pero lo peor era que estuvo de
acuerdo.
—Si quieres un hombre, Scar, para casarte o no, John es lo mejor que
puedes conseguir.
Sé que suena muy bien, pero para mí se tratara de un insulto casi.
Nos guste o no, nunca merecería un hombre como Rob y John era el mejor
que podía tener. Sabía que era cierto, pero oyéndole decirlo de esa
manera, tan cuidadoso, me hizo sentir vaciada como un árbol moribundo.
No quería que lo viera, así que sonreí ampliamente y solté una risita. —Eso
no es justo en verdad. John es un hombre encantador.
Rob se encogió de hombros. —Bueno, si te encanta, eso es
suficiente, ¿no?
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Le lancé una mirada y no dijo nada.
—En cuanto a los bebés, no te engañes, Scar.
La vergüenza llenó mi cara y miré hacia abajo. No era la clase de
engañarse a sí misma, para estar segura.
—Serías una madre extraordinariamente buena —dijo. Miré hacia
arriba, la sangre llenando el lugar de mis mejillas de vergüenza. Miró
rápidamente lejos de mí, y me quedé, esperando esta charla a su fin—.
Vamos.
Cuando llegamos a la cueva, los chicos estaban alrededor de una
pequeña fogata bajo el saliente de una roca, y los dos se pusieron de pie.
Me crucé de brazos, sentí que debía pedir disculpas por algo, pero no
estoy para el combate. Much se rió con sorpresa y corrió a abrazarme, y le
di una pequeña sonrisa y lo abracé de vuelta.
Cuando me soltó, John estaba de pie detrás de él, y me miró con
una sonrisa. —Así que has vuelto.
Me eché a reír. —No por ti, John Little.
Se veía como que le di una bofetada.
—Sólo porque me diste un beso no significa que soy tu chica —le
dije.
Oí reír a Much, y John se acercó a mí. —Tal vez no pedí que seas mi
chica.
—No soy algo divertido de nadie tampoco —le dije, justo seria sobre
eso. Fui hacia el fuego, y John levantó los brazos.
—¿Qué quiere decir eso Scar? —preguntó.
—Creo que vamos a tener que ver.
Rob y Much se rieron por esto, y John los fulminó con la mirada. —
¿Uno de ustedes va hablar con ella?
Rob meneó la cabeza. —No entiendo el lado equivocado de una
dama ladrona.
—Bueno, ¿cómo se supone que voy a tomar el lado derecho de
ella?
Me recosté en frente del fuego. —Esfuérzate más, John Little. —Much
se rió y John gruñó y suspiró y miré a través del fuego a Rob, yendo de
excursión con mi barbilla alta. Nunca voy a tener a un hombre diciendo
qué o quién era mejor para mí, y que estaban todos allí fueran a lo mismo.
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A la mañana siguiente todos nosotros tomamos un poco de pan y
fuimos a pie a Nottingham, el sheriff había informado sobre que tenía un
anuncio que hacer, y aunque pensé que era sobre Ravenna, aun todos
deseaban oír.
Llegamos al centro de la ciudad, donde el mercado estaba a
menudo, y en lugar de tiendas, había una tarima y un andamio. Tres sogas
colgadas vacías, balanceándose en el viento como los cuerpos que se
balancean adelante. Los guardias guardaban a la gente de ambas
estructuras, pero el sheriff no estaba allí todavía, y tampoco lo estaba
Ravenna.
Las personas se apiñaban en la plaza del pueblo, y no era difícil para
nosotros mezclarnos. Las trompetas empezaron a sonar, y comenzó una
procesión desde el castillo.
El sheriff estaba flanqueado por muchos hombres vestidos de negro y
plata, pero no iban a pie, sino a caballo, que fueron sorprendente. Nunca
me gustó mezclarme con la gente común. Gisbourne estaba a un lado de
él y, al verlo, di un paso atrás.
Robin me agarró del brazo. —¿Scar? —dijo, suave al oído.
—Está bien —dije, sacudiéndolo fuera, ruborizándome, y metiendo
mi sombrero.
Ravenna se encontraba en el otro lado, y se veía hermosa.
Indiscutible, era el premio de la comarca. Tenía el pelo largo y negro rizado
abajo a su alrededor, y tenía un vestido blanco con trocitos de oro en ella.
Su familia caminaba detrás de ellos, y se veían radiantes. Incluso Godfrey
se veía feliz.
El sheriff llegó a la tarima, y ayudó a Ravenna a tomar asiento. Eso
era cuando los prisioneros fueron llevados a cabo, y sentí como si mis
entrañas hubieran sido cortadas: se trataba de Lena y Mark Tanner y Thom
Walker. Me agarré del brazo de Robin. Sus ojos golpearon los míos y me
miró a la cara. Él asintió con la cabeza.
—Hacia fuera. Scar, toma a John. Much, ven conmigo. —A mí me
susurró—: Toma alguna posibilidad que tengas de bajar, Scar.
Asentí con la cabeza, tirando del brazo de John y deslizándome a
través de la multitud.
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—¡Buena gente de Nottingham! —Llamó el sheriff y todo el mundo se
calló, mirando desde Ravenna a los andamios—. Hoy en día, tenemos un
gran motivo de celebración. Estoy muy contento de anunciar un evento
verdaderamente bendecido no sólo para mí personalmente, sino para
toda la comarca. Dentro de un mes, voy a tomar una esposa, y en lugar
de casarme con una mujer de la nobleza de una tierra lejana, he elegido
una novia de nuestra comarca. Uno de los suyos para mostrar mi amor y
devoción. —Hizo un gesto hacia Ravenna, y le tomó la mano y se levantó,
sonriendo. La gente se quedó sin aliento, susurró, y murmuró.
Di la vuelta por detrás de los andamios. Las manos de Lena estaban
atadas, sangrientas y crudas. No estaba detenida esta mañana, deben de
haberla detenido al descubierto después de que me fui. Las manos me
picaban. Quería sostener mis cuchillos, pero con los guardias explorando a
la multitud, no quería entregarme hasta el último minuto, y no estábamos
en la mejor posición todavía.
—Bienvenida futura Dama de Nottingham, señorita Ravenna Mason.
La multitud empezó a animar y me lanzó hacia delante, entrando en
posición para permitir una navaja volar. Levanté la mano para tirarla, pero
me dieron empujones y tuve que retirarme.
El sheriff calmó a la multitud y yo juré, perder mi cubierta.
—Ahora, no he demostrado el amor que te mostraré. Estos tres
desperdicios a pagar lo que pidieron prestado de las arcas de Nottingham.
Por eso, he ordenado quemar sus establecimientos y decomisar su vida. —
Jadeos y gritos aumentaron, y levanté mi cuchillo—. Pero el amor de mi
futura esposa me ha recordado que a veces tengo que perdonar por ser
menos amable, cariñoso y menos de lo que yo mismo soy. Sólo espero que
en el futuro, recuerden mi devoción y el perdón. Todo lo que hago, mi
pueblo, es por ustedes, y sólo ustedes.
Escupí para mostrar lo que pensaba de sus palabras. Era un
fanfarrón, hablando sobre el amor y la devoción cuando para él
significaba honestamente dinero y la muerte.
—Para ilustrar esto, voy a dejar a estas personas en libertad.
Alguien me empujó y caí directamente de vuelta a John, más fuera
de equilibrio que nunca por las palabras del sheriff. ¿Los dejaba ir?
Efectivamente, el verdugo tiró hacia atrás la capucha, deslizó las
cuerdas de sus cuellos una por una, y les ayudó a bajar a la multitud. La
gente del pueblo empezó a gritar y proclamar su amor, diciendo que era
un milagro. El sheriff asintió con la cabeza y volvió a entrar en el castillo.
Gisbourne nunca le volvió la espalda a la multitud al caminar, barriendo
con los ojos como la cola de un gato inquieto.
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Manteniendo la cabeza metida baja, corrí hacia Lena, y le dije lo
feliz que me ponía que estaban a salvo. Ella lloraba, grandes lágrimas
corriendo por su rostro, y sacudiendo algo feroz. Dijo que la muerte le rozó
la mano y pasó por ella.
No me sentía así. El sheriff no era ningún hombre del pueblo. No era
como Rob en lo más mínimo. El sheriff haciendo algo amable se sentía
como la muerte envolviendo sus dedos alrededor de mi garganta y
comenzaba a apretar.
L
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10
a multitud comenzó a romperse, y todos caminamos de
regreso a Edwinstowe. Lena vino con nosotros, Mark Tanner y
Thom Walker nos siguieron por detrás. Tanner era de
Edwinstowe, pero Thom Walker era un comerciante de Nottingham. Sabía
que sus casas habían desaparecido, pero no estaba segura de por qué
venían con nosotros. Claro, Rob caminaba como un líder, y no era de
extrañar que la gente lo siguiera, pero aun así. No estaba segura de ello.
—¿Qué ocurrió? —le pregunté a Lena, caminando a su lado—.
Después de que nos fuéramos, ¿cómo quedasteis atrapados?
Se frotó las muñecas. —Cuando los guardias llegaron, les di el dinero,
pero no era lo que querían, como puedes ver. Me encadenaron y
quemaron la posada. —Bajó la cabeza.
Mis cuerdas vocales se sentían gruesas. —Debí quedarme.
Sacudió su cabeza. —Te habrían atrapado también, y entonces
¿dónde estaría Robin?
—Él estaría bien como la lluvia, creo.
Se rió entre dientes. —No ves lo mucho que se preocupa por ti, pero
lo hace. Corriendo dentro del fuego de anoche como un ángel justiciero,
lo hizo.
—Haría lo mismo por cada uno de sus hombres, o cualquiera de su
gente. No me hagas especial a sus ojos. —Era vergonzoso, pero había una
razonable cantidad de amargura en mi voz.
Inclinó su cabeza cerca de la mía para que los otros no pudieran
escucharla. —Ah, tiene muchos hombres, pero sólo una mujer.
Simplemente sacudí la cabeza. Era bastante obvio que no era su
mujer.
Puso su brazo alrededor de mis hombros, lo que se sintió
terriblemente mal. No era como si me pusieran en la horca. —Tú y ese
Robin son prácticamente pareja. No podéis ver vuestras propias virtudes.
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Hice una mueca. —Odio decírtelo, Lena, pero nunca fui muy
virtuosa. Robo cosas. Y miento bastante.
Se echó a reír. —Exactamente lo que quiero decir, amor.
¿Se estaba volviendo loca?
—Sabes, la única cosa que vi cuando pusieron la soga alrededor de
mi cuello fue la cara de mi marido. Ni siquiera me gustaba tanto el mestizo
cuando nos casamos —gritaba y lloraba la mayoría de las veces— pero
hubo momentos, unos pocos, donde era lindo tener a alguien conmigo.
—No soy del tipo de tener a alguien. —¿Por qué decía eso tanto en
estos días? Miré a Robin, John, y Much más adelante. Eran alguien, sin
duda, pero eso no quería decir que fueran para mí. Estaban conmigo,
quizás, pero no eran para mí.
—Muchas personas se preocupan por ti más de lo que sabes, Scarlet.
No importa cómo obtuviste tus cicatrices.
Cubrí mi mejilla, mirándola.
—No sólo esas cicatrices. Las que te hacen pensar que eres indigna
de ser amada.
Enlazó su brazo con el mío y caminamos. No dijimos nada después
de eso. No había mucho que decir, tampoco.
Cuando llegamos a Tuck, la mitad de la comarca derribaba su
puerta para parlotear sobre las idas y venidas en Nottingham. Tuck vio a
John dirigirse hacia adentro y lo agarró, acarreándoles a él y a Malcolm
poner fuera algunas mesas y bancos extras e instalarlas bajo el cielo. No
estaba oscuro aún, y el día era extrañamente cálido para ser otoño. Se
volvería más frío cuando el sol se pusiera, pero para entonces la bebida
nos mantendría calientes a la mayoría.
Jarras y tazas pasaban a través de la multitud y las personas
tomaban lugar en los bancos. Estábamos juntos, cerca de la esquina, pero
la gente reconocía a Robin y comenzaban a preguntarle por su historia de
todo el cuento, y Much le ayudaba a contarla.
—Oh, John —dijo Ellie, echándose a sí misma sobre la espalda de
John. Sus faldas se agitaron alrededor, golpeándome donde estaba
sentada al lado de él. Sonreí, mirándolos—. Te extrañé, muchacho.
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Acarició su mano. —Ellie, mi amor —saludó—. Tan bella como
siempre.
Se movió alrededor y se sentó en su regazo. —¿Me has extrañado?
—Por supuesto que sí —dijo él. Me miró—. Sólo, estoy bebiendo con
los muchachos aquí, ya sabes. —Tomó un trago para hacerlo más
evidente.
Frotó mi pierna con su pie, y le guiñé un ojo. —Le conseguiremos a
Will una chica también. Es que es tímido, pero todas hemos escuchado
cuan experto es.
John escupió su trago. —¿Él? No podría encontrar su camino
alrededor de una chica ni con lupa y mapa.
Me reí entre dientes de eso.
—¿Ves? Ni siquiera lo niega. Además, tras lo de la semana pasada
pensé que estarías hablando sobre mis habilidades. ¿No te gustaría
recordármelas?
—Tal vez luego, amor. Tienes demasiada gente sedienta por aquí. Te
necesitan.
Le dio un beso rápido. —Simplemente no me digas “luego” y huyas
con Bess o Mariel.
—Prometido. —Empujó su trasero mientras la levantaba de su regazo,
y ella se rió y desfiló lejos de nosotros. John me miró injustamente—. Estaría
más satisfecho si parecieras celosa en vez de alegre —dijo calmadamente.
Sonreí ampliamente. No pude evitarlo. —¿Celosa? Oh, John, no te
das por vencido de meterte en mi cama.
Sonrió. —Soy irresistible, Scar, y algún día te conquistaré.
Sacudí mi cabeza, pero estaba sonriendo también. —Así que, ¿qué
hizo decidirte de que te gustaba después de todo esto?
Se rió para sus adentros, y parecía justamente que estaba
ruborizándose. Le dio una palmada al ala de mi sombrero. —Me mantienes
en mis pies, Scar.
Arrugué mi nariz. —¿Como luchando? ¿Es eso algo bueno?
Asintió. —A veces no sé qué eres en absoluto. —Agachó su cabeza—
. Las chicas no me sorprenden mucho. Generalmente me gustan por eso.
Pero tú, siempre estoy tratando de ponerme al día contigo. —Me miró—. Y
eso es mejor que con las otras chicas.
—¿Por qué te gustaría la gente que no te sorprende? —pregunté—.
Siempre estoy tratando de descubrir una cosa o la otra.
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Se encogió de hombros, y su mirada se volvió diferente, como si todo
el encanto saliera de él. —Desde hace un tiempo, siento como que he
tenido suficientes sorpresas.
Debajo de la mesa, empujé mi rodilla contra la suya. Sabía que
hablaba sobre su familia, y quise mostrarle que lo sabía. Tragó saliva,
haciendo a su garganta sobresalir. Quería decir algo, pero no sabía cómo
charlar con John sobre este tipo de cosas.
—¿Ella murió? —preguntó.
—¿Quién?
—Esa amiga tuya. De la que nunca quieres hablar.
El plomo se asentó en la boca de mi estómago. —Sí, John. Murió. —
Lo miré—. Fue rápido. No su muerte —que no lo fue— sino la forma en la
que el mundo se vino abajo. Pensé que era libre, y entonces las peores
cosas ocurrieron.
Asintió. —Como, si por un momento de felicidad, estuvieras pagando
tu vida entera.
Su mano se torció y agarró la mía por debajo de la mesa. Me aparté,
sorprendida. —Uh. —dije rápidamente.
—No importa —dijo.
Miré mi bebida y tomé la taza y fui a llenarla. Cuando regresé Ellie
estaba a su lado, y fui a sentarme con Rob y Lena al otro lado de la mesa.
Estábamos todos razonablemente llenos de bebida unas pocas
horas después de la puesta de sol, lo cual hacía todo más terrible. No
escuchamos el galope por encima de nuestras propias risas hasta que fue
demasiado tarde, y doce caballos negros llegaron a la taberna.
Todo el mundo se puso de pie y empujó hacia adelante, pero los
caballos se detuvieron, y nos detuvimos también. Nos quedamos en
silencio, y la fría mano de Lena se apoderó de la mía. Tuck salió, su
estómago rodando delante de él, Malcolm tronando detrás.
El hombre al frente bajó su capucha negra, y Gisbourne estaba allí,
sacudiendo el oscuro cabello de su cara. Me di cuenta con cierto orgullo
de la cicatriz cocida en su mejilla, en el mismo lugar donde la mía estaba,
pero mi instinto arrancó y mi corazón comenzó a martillear. Una mano tocó
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mi espalda baja, casi mi cintura, pero no supe quién era. Pude ver a John
empujando más adelante, así que no era él.
—¿Eres Tuck? —preguntó Gisbourne.
—Sí —contestó Tuck.
—Nos han reportado que el Hood está entre tus clientes esta noche.
Tuck miró horrorizado. —¿El Hood, señor? —Sus ojos barrieron la
multitud—. ¡Buscad por él, mis señores! ¡No dejen que el vagabundo
escape!
—Dos hombres al frente, dos flanqueando la espalda, el resto
conmigo adentro. No queremos que salga corriendo.
La mano se movió alrededor de mi cintura. —Scar, sal de aquí ahora
—susurró Rob.
—No. —Estaba temblando, pero no era una cobarde—. Me quedo
aquí.
—John, sácala de aquí —ordenó Rob, y John se volvió hacia
nosotros, mirándome con una nueva alarma. El brazo de Rob dejó mi
cintura solamente para que el brazo de John lo reemplazara, su otro brazo
atrapando los míos en contra de mi pecho.
—Suéltame, John, ¡no estoy bromeando! —Repliqué, revolviéndome
violentamente contra él.
Se agachó, arrastrándome así la multitud nos escondía.
—Silencio —siseó John—. Déjame llevarte fuera rápidamente para
poder regresar y ayudar a Rob. Nadie va a arriesgarte a Gisbourne, ¿de
acuerdo?
—Al segundo que me bajes, gran patán, volveré directamente a Rob
y Much.
—¡Todos estuvimos de acuerdo en que evitaras a Gisbourne! —Gruñó
John—. No te atrevas a arriesgarnos para jugar al héroe.
Fruncí el ceño ante esa lógica, pero supe que estaba equivocado.
—Trae a Lena también —está muerta de miedo.
—Haré lo que pueda, Scar, pero estoy con Rob.
Le di un duro codazo. —Sólo me quedaré fuera mientras estén todos
a salvo. Y eso incluye a Lena.
Sostuvo mis brazos más apretadamente y se enderezó cuando
llegamos a los árboles. —Si saco a Lena, me das otro beso. Uno decente.
Me dejó ir y le golpeé la cara. —¡Eres un comerciante sucio, John!
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Se echó a reír. —¿Es eso un sí?
Ambos nos sacudimos, escuchando a alguien gritar—: ¡No! ¡No lo
hagas!
Lo empujé. —Bien, hecho, ¡vete!
Me escondí detrás de un árbol, manteniendo mis cuchillos en la
mano, lista para ayudar donde pudiese. No era en Lena en la que estaban
interesados. Vi como Gisbourne agarró a un niño que no reconocí, no
mucho más viejo que yo, y lo sostuvo alto en su caballo para que todos lo
vieran.
—¿Dónde está el Hood? —preguntó él.
—No está aquí —dijo un hombre.
Le cortó la garganta al niño y lo dejó caer al suelo antes de que
sospechara qué ocurriría. Caí hacia atrás contra el árbol, vómito subiendo
por la garganta.
Vi a Rob avanzar, listo para confesar ser el Hood, pero fue Malcolm
quien lo empujó hacia atrás.
—¿A cuántos más tengo que matar? —Demandó Gisbourne. Mis ojos
se dispararon hacia Rob; supe que si Malcolm y los otros no le mantenían
atrás, daría un paso adelante en un latido de corazón para tomar el lugar
de un inocente.
—¡No está aquí! —Gritó una mujer. No era Lena, pero me hizo saltar.
—¿Qué debemos hacer?
—No te creo. Todos le escondéis y albergáis como a un héroe, pero
deberíais verlo como a lo que realmente es: el hombre que trae masacre a
su gente.
Le hizo señas a otro para ser llevado. Este luchó, y toda la multitud
comenzó a luchar con él. Los hombres de Gisbourne rodearon a la gente,
pateándolos entre sí y empujando al grupo. No pude ver a ninguno de los
muchachos hasta que Gisbourne arrastró a otro en frente de él.
Era Much.
Me alejé del árbol. Vi a Rob luchando contra la gente del pueblo.
Nadie quería que fuera hacia adelante, pero serían escasos los alientos
antes de que Gisbourne lo viera, y no iba a esperar.
Una mano estaba en la barbilla de Much, echándolo hacia arriba,
estirando su cuello para el cuchillo en la otra de Gisbourne. Sabía que
estaba horriblemente cerca de la cara de Much. Tenía que confiar en mi
objetivo.
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Agarré la punta del cuchillo entre mis dedos y lo tiré.
Se hundió en el brazo de Gisbourne y arrojó a Much, que golpeó el cuello
del caballo y una especie de barril rodante cayó al suelo. Salió corriendo
rápidamente, sin embargo, y Gisbourne gritó—: ¡Seguidme! ¡El Hood está
entre los árboles!
Los gritos estallaron, pero escuché claramente a Rob rugir entre
todos—: ¡SCARLET!
Mi corazón picó duro en mi pecho forrado de muselina. Los caballos
comenzaron a tronar hacia mí y agarré la rama más cercana,
moviéndome hacia arriba y corriendo entre los árboles.
—¡Él árbol! —Gritó Gisbourne, trayendo a sus caballos para que
trotaran alrededor—. Está en el árbol.
Trepé más alto.
—Bajadlo —ordenó.
Mi sangre se convirtió en hielo mientras oía la orden. Eso estaba bien.
El frío hacía que pensara mejor.
Escalé tan alto como pude y me moví al siguiente árbol, casi
fallando la rama en la oscuridad. Lo hice de nuevo, pero esta vez me
sorprendió una lechuza fuera de su percha, y los hombres oyeron el aleteo.
—¡Está por ahí! —rugió Gisbourne.
Maldije y me congelé. No podían verme —estaba demasiado
oscuro— pero sabían que a un árbol o dos estaba yo. Apoyé la cabeza en
el tronco, tratando de olvidar la imagen del joven muchacho con su
garganta cortada y mi cuchillo aun en mano. Pude oír a Gisbourne
luchando, algunos de sus hombres cortando los árboles aún, otros de ellos
tratando de escalarlos y fallando.
Desenfundaron los arcos y comenzaron a disparar al azar. Flechas
llovían entre los árboles que me rodeaban, asustando a los pájaros
nocturnos. Una zumbó junto a mi cara y otra rozó mi mano antes de
interponerse en mi hombro. Golpeé la cabeza contra el árbol para no
gritar. Rompí la flecha y la arrojé abajo, la punta seguía insertada
profundamente.
—Se ha ido, mi señor —dijo uno de los hombres, dejando caer el
hacha con la que había estado atacando.
—Dicen que el Hood es en parte un ser mítico, un espíritu de los
árboles. Nunca lo traicionarían.
—Malditamente correcto —murmuré.
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Sin embargo, pasó casi una hora antes de que Gisbourne lo
suspendiera, e incluso entonces, comencé a girarme lentamente entre los
árboles para moverme más lejos. Estuve observando —no había mucho
más que hacer ahí arriba— y los muchachos dejaron el Tuck hacía tiempo,
junto con el resto de la multitud. Bajé de los árboles algunos kilómetros o
más desde Tuck y corrí el resto del camino hacia la cueva.
—¡Scarlet! —Gritó Much, y antes de saberlo, Rob me levantó de mis
pies en un fuerte abrazo, aplastando mis huesos contra la sangre. No me
importó nada cuando mi hombro ardió de dolor. Empujé mi rostro contra la
curva de su cuello, abrazándolo igual de fuerte.
Me puso abajo, apretando mis costados como si fuera a
deshacerme en pedacitos en sus manos.
—Scar —dijo John, y me giré velozmente, casi golpeándolo. Inclinó su
cabeza hacia la mía como si fuera a besarme, sacándome fuera de los
brazos de Rob, pero le empujé hacia delante, abrazándolo a su vez.
Se rió entre dientes. —No tan rápido, Scar. Me prometiste un beso.
—Estás sangrando —dijo Rob, tomando mi brazo—. Much, trae el
botiquín. —John me soltó.
Much fue a la cueva, y Rob trató de arremangar la manga, pero no
lo suficientemente lejos. Sus dedos fueron al cuello de mi camisa, y mis ojos
saltaron a los suyos. Las puntas de sus dedos se sentían como acero
ardiendo en mi piel. Mirándome, tiró hacia arriba, pero seguía sin despejar
la herida.
Tocó los cordones que mantenían unida la camisa, y mi corazón
comenzó a revolotear en mis cuerdas vocales. Ni siquiera respiraba.
—Mantenla un poco hacia arriba así puedo abrirla sin mostrar nada
—me dijo gentilmente.
El calor golpeó a través de mi cara. Sus dedos se cernieron en los
cordones por un segundo, luego dio el más ligero roce a los huesos de mi
cuello. Algo se sacudió a través de mí, y podía jurar que Much estaba
encendiendo pólvora de nuevo.
—No me importaría ver un atisbo de ella —dijo John, y Rob me soltó
para girarse alrededor. Presionó su mano sobre el cuello de John.
—No vuelvas a hablarle a una mujer así, Little John —gruñó Rob. John
se burló y lo empujó pero Rob lo empujó de vuelta.
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Sostuve mi camisa apretadamente alrededor de mi cuello. Viendo a
Much salir de la cueva, le seguí, luego me senté en una roca y desabroché
la parte superior de los cordones. Dejé caer la camisa por mi hombro y
agarré fuertemente el resto. Sabía que tenía mi muselina puesta, pero aún
así. Era una chica, y ellos chicos, y nunca estuve más segura de eso que
cuando Rob tocó mi piel como si fuera oro.
Much miró a Rob, de pie a unos pocos pasos ahora, y le miré por un
escaso segundo. —¿Lo harías, Much?
—Si tú quieres, Scar. Pero no soy muy bueno.
—Claro que sí.
—Tengo que extraer la punta, Scar.
Asentí, y una mano llenó la mía. Rob se sentó a mi lado, girándose
de tal forma que nuestros rostros estaban mirándose el uno al otro y su
espalda estaba refugiándome de John. Un aliento revoloteante llenó mi
pecho.
—Hazlo, Much —dijo Rob, apretando mi mano.
Él levantó su cuchillo y desvié la mirada, apretando la mano de Rob.
Sentí el primer contacto del cuchillo y me tragué un grito, pegando
mi cabeza al hombro de Rob y aplastando su mano. La aplastó de vuelta,
poniendo su brazo en mi espalda y manteniéndome en su hombro. La
mejilla de Rob presionó la mía mientras el cuchillo excavaba más
profundamente.
No grité ni chillé. Ese chico murió porque no confié en lo que ya
sabía de Gisbourne, y si este era mi castigo, tanto mejor.
Cuando Much terminó simplemente colapsé contra Rob, y él me
levantó como a un bebé y me llevó a las profundidades de la cueva,
envolviéndome en pieles y mantas. —Necesitas dormir ahora —me dijo.
—¿Lena y los otros?
—Quedándose con los aldeanos en Edwinstowe. —Cepilló el pelo
hacia atrás de mi frente, empujando la capa.
—El chico murió.
Rob asintió. —Gracias a Dios que no se te acercó demasiado, Scar.
Lo subestimamos antes.
Asentí, sintiéndome débil y somnolienta.
—Scar —Apretó mi mano—. Si John se sobrepasa contigo, Scar, me
encargaré por ti.
Apuñé mi mano en su camisa, desmayándome sin una palabra más.
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Cuando desperté, clareaba fuera, y Rob estaba a mis pies, apoyado
contra un tronco e inclinado sobre sus rodillas dobladas hacia arriba. Gruñí
cuando rodé sobre mi hombro, sin recordar que estaba herido. Rob se
enderezó cuando me senté.
—Buenos días —dije suavemente. Miré hacia atrás; los otros dos
estaban aún durmiendo.
—Buenos días. ¿Cómo está tu hombro?
—Viviré, supongo.
—Me asustaste ayer, Scar.
—No pude no ayudar. Ibas a entregarte. —Recogí mis rodillas,
sintiéndome más pequeña.
—Le cortó la garganta a un niño que no conocía de nada. ¿Qué te
iba a hacer a ti?
Miré hacia abajo.
—Necesitas decirme cómo le conociste, Scar.
—Me hizo la cicatriz —dije. No miré hacia arriba. Mis huesos
temblaron como si perdiesen algo; me aferré a ese único secreto por tanto
tiempo, que se sentía algo extraño dejarlo ir tan fácilmente.
No dijo nada. Aventuré un vistazo, y estaba sólo mirándome,
esperando.
—Esta cicatriz —dije, cubriendo mi mejilla.
—¿Trataba atraparte?
—Algo así.
—Scar, cuéntame.
Miré a Robin y abrí mi boca, y justo así estaba a punto de soltarlo.
Pero entonces John se sentó, bostezando y llamándonos, y me puse de pie
y salí de la cueva.
Robin me siguió. —Prométeme que me lo contarás más tarde.
Necesito saber qué tipo de amenaza es él para ti.
Miré de nuevo a John, que salía de la cueva también, y asentí. Sentí
el frío llegar hasta mis huesos, pero asentí. Sinceramente, si hubo alguna
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vez tiempo para Dios y sus oraciones o algo parecido, estaba rezando
fuertemente para que Rob no me expulsara del campamento después de
que lo supiera.
—Muy bien, muchachos —llamó Rob, y todos fuimos a la fogata—.
Los impuestos se pedirán a los agricultores en menos de dos semanas, y la
gente del pueblo necesita dinero, así que se lo conseguiremos. Estaremos
por el camino recogiendo un impuesto de nuestra propiedad, y cuando no
estemos recolectando, necesitaremos entrenar. Gisbourne consiguió
sorprendernos anoche; necesitamos estar preparados.
Todos asentimos.
—Scar, quiero que subas a los árboles, vigilándonos pero
manteniéndote al margen hasta que tu hombro haya sanado.
Asentí. Eso era justo.
—Y de ahora en adelante, cambiaré las parejas. John, tú iras con
Much, y Scar vendrá conmigo.
John se rió entre dientes, haciendo crujir sus nudillos. —Vamos, Rob.
No me digas que estás celoso.
Sentí mi cara calentarse, y miré a Rob.
—¿Celoso? —Repitió Rob, cruzando sus brazos.
—Scar y yo estamos acercándonos, y estás celoso.
Miré hacia abajo.
—Puedes haberla besado, John, pero desde entonces parece
malditamente incómoda a tu alrededor, y lo más importante, a pesar del
hecho de que tú estás tan interesado en ella, no fuiste capaz de
protegerla de Gisbourne anoche.
John saltó. Su rostro era plano como hoja de roca. —La saqué de allí.
La protegí.
—Después de que te lo dijera.
—Puedo proteger mí —traté.
La mandíbula de John estaba dura con músculos. —Sólo porque lo
pensaras un pelo antes de que lo hiciera no significa…
—En realidad, eso es precisamente lo que significa. Gisbourne no
dudará, y puesto que pienso más rápido que tú, voy con Scar y tú con
Much. Averigua cuan amistoso eres cuando nadie esté en riesgo.
—¡Ambos fuera! —Repliqué, cruzándome de brazos—. Little John,
sólo porque me besaste no significa que estemos acercándonos.
Podría besarte de nuevo, pero sólo si me da la gana. Deja de presionar y
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encantar —no me gusta. —Oí a Rob reírse, y recargué contra él—. Y en
cuanto a ti, Robin de Locksley, en tu gran noble corcel, no te recuerdo
ayudándome tampoco. Yo misma salí de ahí, eché a Much lejos de
Gisbourne, y soy parte de esta banda tanto como tú. ¡Dejad de hablar de
mí como si fuera alguna señorita con dedos de lirio!
Todos me miraban.
Sacudí mi cabeza. —De verdad.
—Si el problema es cómo dividir las parejas, ¿tal vez tú y yo
deberíamos estar juntos por ahora? —Propuso Much.
—Perfecto —acordé.
Rob y John se disparaban dagas el uno al otro. Con sus ojos, al
menos. Soy la única que dispara dagas reales.
—Bien —acordó Rob.
John asintió.
—Vamos a trabajar —dije, y Much codeó a John hacia delante.
Me quedé detrás de ellos para caminar por el sendero, y Rob se
retrasó para caminar conmigo un momento.
—Averígualo, Scarlet. Averigua si estás con John o no, porque
mientras juegas con él, estás jugando con mi pandilla, y eso significa que
estás jugando con las personas de Nottinghamshire.
Horriblemente, sentí lágrimas empujando en mis ojos. —Pensé que
dijiste que le manejarías por mí.
Negó con la cabeza. —Estás jugando conmigo también, Scar. Te
ayudaré si lo necesitas, lo sabes. Me haces vigilarte como un halcón, y no
quiero. Estés con John o no.
Anduvo delante de mí por el camino.
M
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11
e senté en el tronco del árbol, apoyada en una rodilla y
dándole vueltas a un cuchillo en mi mano. Miré a los
muchachos, silbándoles cuando era necesario y sólo
pensando. Miré a John. Era extraño. Hablando con él a solas, me sentía
como si fuéramos parientes, pero luego le dejaba a solas con los chicos y
su fanfarronada salía. No me gustaba mucho cuando era así —bueno, si lo
hacía, pero como un compañero de banda y no como un amigo— pero
cuando éramos los dos era... agradable.
Miré a Rob. No era como si lo quisiera. O pudiera tener, que eran la
misma cosa, ¿no?
Sintió que le observaba y levantó la vista, mirándome a los ojos. Sus
ojos se arrugaron juntos como si estuviese preocupado, y negué con la
cabeza y me alejé.
Los caminos estaban ocupados, y por una vez parecía que no
estábamos luchando contra una montaña de problemas. Un par de nobles
nos proporcionaron carteras abultadas, y un pequeño convoy de
caballeros nos dio algunas buenas armas, entre ellas cuatro espadas
enormes que se venderían por una fortuna en una de las ciudades
comerciales más grandes.
Al ver movimiento en el camino, les silbé y me incliné hacia delante.
Cuatro caballeros venían en la parte delantera, protegiendo un
carruaje. Puse los ojos en blanco. Por los huesos de Cristo, era una dama.
Odiaba esto.
Cuatro caballeros venían detrás. Sería una dama de alto rango,
también. Mi madre viajaba con no menos de ocho, a veces más. Eso era
parte de su rango, pero también era su propio orgullo tonto. Las cosas
correctas no eran nunca importantes para mi madre.
Rob corrió a dirigir esto. Me gustaba su estilo. A mí me gusta hablar,
pero Rob iba directo al grano.
—¡Alto, en nombre del pueblo de Sherwood! —Llamó Rob.
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Los ocho caballeros adelantaron el carro, y observé mientras John
saltaba al carruaje, agarraba a la bella dama, y la arrastraba fuera de allí.
Ella brillaba como el océano soleado con todas sus joyas.
—¡Mi señora! —Los guardias llamaron, girando a su alrededor.
Rob caminó a través de ellos. Todos los guardias se congelaban
cuando había una dama en apuros. Me crucé de brazos.
No era que estuviese resentida. Me gustaban las reverencias y el
peloteo sólo lo razonablemente suficiente para hacer el trabajo bien. Se
aprovechaba de las damas al igual que cualquier otro menos en lo que a
mí respectaba. Con Rob, por supuesto, era un asunto diferente. Y no era
como si tuviese derecho a estar resentida con él por las reverencias.
Renuncié a esa vida. Dejé de ser del tipo que notaría y ante el cual se
inclinaría y demás.
Extraño, pero ninguno de esos pensamientos calmó el ardor en mi
vientre.
—Mi querida señora —dijo Rob, inclinándose como el noble que era
y besándole la mano—. ¿A dónde os dirigís?
John se alejó, pero ella seguía respirando con la fuerza suficiente
como para desmayarse. —Northumberland —chilló agudamente.
—¿Con qué propósito?
Se sonrojó. —Casarme con su señoría.
Asintió. —Ah, el duque. Es un buen tipo. Muy rico —le dijo—. Lo
suficientemente rico para compraros un nuevo cofre totalmente lleno de
joyas, ¿no le parece?
—¡Alejaos de su señoría, rufián! —Gritó uno de los guardias. No se
movieron. No podían arriesgar a su señoría, y mis chicos estaban más
cerca, con armas.
Ella se agarraba a su pesado collar. —¿Por qué las queréis?
—¡Es un ladrón, mi señora! —Su guardia rugió.
—El sheriff de Nottingham mata de hambre a su pueblo, mi señora, y
los impuestos los someten.
Su boca se abrió un poco. —¿Y mis joyas podrían ayudar?
Asintió gravemente, como si estuviera salvando el mundo. Se quitó
los anillos de sus dedos, la enjoyada peineta del pelo, las pulseras de sus
muñecas, y los sarcillos de las orejas. Por último desabrochó el enorme
collar, y Rob inclinó la cabeza para que lo pusiera sobre él. Ella besó su
mejilla.
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Oh, ¿podía ser una dama y aún conceder sus favores a todo su
alrededor? Que fina era.
—Entonces salva a tu pueblo, Hood.
Rob sonrió mientras tragaba una bocanada de diamantes. —¿Me
conocéis?
—Las mujeres hablan, mi señor, y todo el mundo ama una leyenda.
Estoy feliz de sacrificar mis joyas por su causa.
Le besó la mano de nuevo. —Entonces regresad a su camino, mi
señora. Y dadle mis saludos a su prometido.
Hizo una reverencia. —Guardias, dejen a este caballero irse
libremente.
—¿Qué? —Gritó su escolta líder.
Rob la ayudó a volver a su carruaje, y ella movió los dedos a sus
guardias. —Me han oído, señores.
Rob seguía pavoneándose de ello cuando trajimos todas las joyas
de vuelta a la cueva. Ahora teníamos un botín que debíamos guardar, y
las joyas ni siquiera necesitaban separarse para venderse porque la señora
no estaría buscándolas. Rob sostenía y giraba su anillo con una gran sonrisa
tonta en la cara.
Le miré a través de la gran cantidad de ellas, odiando a la dama,
odiando el anillo, odiándolo a él.
—Las tratas diferente, sabes —le dije.
Miró por encima. —¿A quién?
—A las damas. Las tratas de forma distinta a la gente común.
Estaba sentada en un árbol, envolviendo mi largo abrigo
apretadamente a mí alrededor. Él estaba en la boca de la cueva y sonrió,
cruzando los brazos. —¿Lo hago?
—Sabes que lo haces.
—Entonces, ¿por qué me lo estás diciendo?
—¿Por qué las tratas diferente? ¿Qué tienen de malo las mujeres
comunes?
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—Trato a todos con respeto, Scarlet —me dijo, y la forma en que lo
dijo sonó razonablemente insultado.
—Sí, pero no hay reverencias ni besos en las manos, e incluso hablas
diferente. ¿Crees que la gente rica no entiende cuando se habla claro?
Se rió entre dientes. —Por supuesto que sí. Pero también entienden al
hablar de una manera más gentil.
—¿Y crees que la gente común no puede hablar gentilmente?
Se echó a reír. —Tienes suerte de probar mi punto, Scar.
Lo fulminé con la mirada. —¿Entonces asumes, que porque puedo
hablar de una manera ligera y alta, nací de sangre noble? —pregunté,
imitando a su "dama". Más que eso, imitando la vida que no tendría más, y
su sabor era como una bocanada de sal—. Hablar de una manera u otra
no te hace ser mejor. Y actúas como si lo hiciera.
Sus ojos se entrecerraron como si pudiera ver a través de mí. —
Actúas como si cometiese una crueldad.
—¿No lo haces? ¿Para la gente común? Crees que eres un fuera de
ley, Robin Hood, pero has nacido noble y no podrás cambiar eso.
—Soy quien soy, Scarlet. No es ningún secreto que nací noble, y eso
es parte de la razón por la que la gente me ve como un líder. Es mi
derecho de nacimiento protegerlos.
Estiré mis hombros, tirando de mis rodillas debajo para ponerme de
pie. —Es cierto. Aun así no significa que la gente noble sea mejor.
—Nunca dije que lo fuera. Hago todo esto para la gente común,
Scar, no para los nobles. ¿Y cuándo te convertiste en la brújula moral de la
banda? —Preguntó.
Eso picó. No era su intención, pero lo hizo. Tomé la bolsa de joyas
que había dejado. —John, ¿quieres venir conmigo a Nottingham a vender
estas?
—Podemos esperar hasta mañana —dijo Rob.
—No quiero —dije—. ¿John?
—Claro —dijo John, acercándose—. Incluso llevaré la bolsa, mi
señora. —Me hizo una gran reverencia como un señor.
—También soy cortés con las mujeres comunes, Scar —gritó Rob
mientras caminaba con John.
Le hice un gesto con la mano, sin mirar atrás. Rob no lo era tampoco.
Pero él no quería caer en eso, y yo no quería confesar que estaba un poco
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celosa. No era todo "cortés" conmigo. Haces que te observe como un
halcón, y no quiero hacerlo. Nunca le diría eso a una gentil dama.
—Estás frunciendo el ceño —dijo John.
—Rob es tan elevado y poderoso —dije. —Me sienta mal.
—Es un noble, Scar. No podemos olvidar eso.
—No nos lo permite.
—Vamos, ahora, le sigues por la misma razón que yo. Es un buen líder
y es así a pesar de las duras injusticias. Llegó a casa de las Cruzadas y
descubrió que no tenía hogar. Eso es bastante duro.
—Es estúpido. Los hombres piensan que son su título, y las mujeres ni
siquiera pueden mantener uno hasta que exprimen el de su marido.
—Creí que toda esta pelea era en contra de las mujeres nobles.
¿Cambió de corazón?
—No. No me gusta que Rob crea que es mejor que nosotros, y no me
gusta que las mujeres no reciban nada por sí mismas.
—Rob es mejor que nosotros, Scar. Mejor que yo, por lo menos.
Lo empujé. —No digas eso. Por qué, ¿porque es noble? Eres tan
bueno como él.
Cedió un poco cuando le empujé, y se echó hacia atrás y luego
hacia adelante. —¿Dices que no aceptarías la oportunidad de ser una
noble? —Preguntó—. Todas las cucharas de plata y los "¿sí, mi señora?"
Mis mejillas se ruborizaron profundamente. —No. No lo haría. Y, ¿qué
tiene que ver eso con ser mejor o peor?
Se encogió de hombros. —Todo el mundo quiere ser rico, y
poderoso, y con títulos. Es por eso que son mejores, porque tienen lo que
todos quieren.
Antes de que pudiera detenerme, estampé mi pie como una niña. —
No es lo mejor, ser rico, poderoso, titulado. Si pudiese elegir, elegiría ser tal y
como soy. ¡Una y otra vez! —Grité. Sólo, que la verdad no acababa de
golpear en mi pecho. Al ver a esa señora, al ver las sonrisas de Rob, todo
eso hizo que me lo preguntara. ¿Si me hubiese conocido por aquel
entonces, antes del robo y las cicatrices y antes de que mi alma se volviera
tan negra, me habría ganado su sonrisa?
¿Habría hecho eso que toda la horrible vida valiera la pena?
—Yo no, lo tomaría sin pensarlo —continúo John—. Cofres de joyas
en los que bañar a todas las damas del reino. Sobornar a una de ellas para
que se case conmigo.
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Puse los ojos en blanco. —Déjalo, John. No necesitas sobornar a
ninguna chica, y eres un hombre lo suficientemente bueno tal y como
estás.
Me atrapó, tirando de su brazo alrededor de mi cintura. —Ahora,
¿quién podría resistirse cuando dices algo como eso?
Me empujó contra un árbol y ladeó la cabeza como si fuera a
besarme. Traté de no reírme mientras ponía una mano sobre su boca. —
John. —Lo detuve.
Abrió los ojos. —¿Qué? —Preguntó, con mi mano todavía en su
boca.
—¿Sabes a cuántas chicas te he oído decirles lo mismo?
Sonrió. —No significa que no sea cierto. —Me besó la mano y la
quité—. ¿Puedo darte un beso, o no?
Puse mis brazos alrededor de su cuello. —Por supuesto que puedes,
pero no creo que lo desees.
—¿No?
—Sólo quieres deslumbrar alguien, John.
—Sí, y estoy buscando deslumbrarte a ti desde hace tiempo —dijo,
acariciando su nariz contra la mía.
Me encogí de hombros. —Pero no para siempre. No soy de esa tipo,
John. Además, creo que me gustas más sin todo el cortejo.
Se echó a reír. —¿En serio?
Asentí, estirando el cuello para besar su mejilla y tirando fuera sus
brazos. —Vamos, gran agarradera.
Nos las arreglamos para repartir la mayor parte de las joyas antes de
que oscureciese y salir del mercado antes de que las puertas se cerrasen
en Nottingham. Metí la bolsa en la parte de atrás de mi chaleco, junto con
un poco de carne seca y pan envuelto en muselina que había robado.
—¿Cuánto acabaste consiguiendo? —Preguntó John.
—¿Por las joyas? ¡Estabas allí!
—Quiero decir, ¿cuánto has robado?
Me sonrojé un poco. —¿Me viste robando?
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Se rió entre dientes. —No. Pero eso no quiere decir que no lo hicieras.
De vez en cuando te veía en algún lugar inesperado.
—¿Qué significa eso?
—Que estabas robando, supongo.
Me encogí de hombros. —Un poco de pan. Un poco de carne.
Monedas, además. Vamos a pasar por Edwinstowe y se las daremos a
Lena y los demás. ¿Sabes dónde se están quedando?
Asintió, dando un paso más cerca, frotando su hombro con el mío. —
Entonces, ¿qué pasa con tu historia?
—¿Mi historia?
—Sabes sobre mi familia. ¿Cuál es tu historia?
—No lo hago, sabes. Much me lo susurró una vez, que murieron en un
incendio. No sé la historia completa.
Miró hacia abajo. —Mi padre era herrero. Nací en Locksley, ya sabes.
Conocí a Rob de pequeño. Bueno, me encontré con él, en realidad. Pero
nos movíamos mucho, a donde sea que el comercio fuese mejor.
Llegamos a Nottinghamshire no mucho tiempo después de que el sheriff se
hiciese cargo de las tierras de Huntingdon. El sheriff le ordenó cien espadas
a mi padre y luego no pagó el precio por ellas. Mi padre no se las
entregaría hasta que no cobrara, y me envió al mercado en busca de un
precio por ellas. No era como si pudiéramos vender en Nottingham, así que
me acerqué al Newark en Trent. Tuve que alojarme allí por la noche. —
Negó con la cabeza—. Esa noche cayó mi primera chica.
Me quedé callada.
—Había pasado todos los días de mi vida con mi familia, Scar. Podía
mirar a mi hermana pequeña y adivinar sus pensamientos en un parpadeo.
Con ese tipo de cercanía, pensé que lo habría sentido, sentir que estaban
en problemas. Qué les habría pasado. Pero no sentí nada. Mis hermanos
pequeños murieron, llorando por... —Se calló, y no estaba segura de si
lloraban por él, por ayuda, por sus vidas, o por qué, pero se sentía terrible.
Tragó saliva, y pareció como si se ahogara por su propio corazón—. Y yo
estaba con una chica.
No era mucho de las que tocaban, pero no pude evitarlo. Puse las
puntas de mis dedos dentro de sus manos. No se sentía tan extraño, así que
las deslice más. Sus dedos se curvaron sobre los míos, y sin querer, sostuve
su mano.
Se detuvo, tirando de mi mano de tal forma que me atrajo hacia él.
Miré hacia arriba. Mantuvo las manos entre nosotros como un pato vestido.
—No le cuento a las chicas esta historia, Scar.
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—No lo contaré.
—Lo sé. Pero Bess y Ellie y ellos, no les digas, ¿de acuerdo?
Mordí un poco mi mejilla. ¿Se suponía que eso era una buena cosa?
No me gustaba mantener secretos. Tenía suficiente a los que agarrarme. —
Está bien.
Tiró de mi mano de nuevo, y empezamos a caminar. Saqué mi
mano. Ya no le hacía más falta, y si no tenía cuidado con ese tipo de
cosas, podrían seguir y seguir, nunca dejándolas ir. —Entonces, ¿qué pasa
con tu historia?
Me encogí de hombros. —Tengo un montón de historias.
—¿Cómo empezaste a robar?
Me encogí de nuevo. —Igual que el resto, imagino. Necesitaba algo
que no podía pagar.
—¿Qué fue lo primero que robaste?
La respuesta a eso estaba a sólo una pregunta lejos de Joanna. —No
lo recuerdo.
—Claro que sí.
—Pensé que dijiste que no tendría que responder a ninguna
pregunta contigo.
—Nunca tendrás que hacerlo. Sólo tenía curiosidad.
—Fue medicina —dije—. De los monjes, para la tos.
Se rió entre dientes. —Ibas a medio camino, ¿no? Terriblemente
descarado por tu parte robar tu primera vez en un monasterio.
Sonreí, pero fue menos por él llamándome terriblemente descarada
y más porque no preguntó quién tosía.
Lena estaba con los Morgans, una familia de agricultores en
Edwinstowe, y nos recibieron al momento de vernos oscurecer su puerta.
—Little John —saludó Matilda Morgan, envolviéndolo en un abrazo—.
Mi querido muchacho, ¿cómo estás?
—Muy bien, señora Morgan. Y luce encantadora esta noche.
Se sonrojó. —Pequeño encantador —Lo dejó ir y me vio, y su boca
cayó flácida como la de un sapo—. Will.
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Incliné mi sombrero ante ella. —Hola, señora Morgan.
Miró hacia atrás, y vi a las tres bobas de cabello rizado a las que
gustaba llamar sus hijas. —Guárdatelo, Will —me dijo.
Agaché mi cabeza, pero sentí la rabia retorciéndose. John era el
idiota, no yo. El hecho de que a sus hijas les gustaba quien se suponía que
era no lo hacía mi culpa. Y sabía a ciencia cierta que John no siempre fue
un caballero con Aggie Morgan, su más vieja pelirroja.
Él le sonrió, y ella rió.
Empujé mi sombrero más abajo y fui a la chimenea, donde vi a Lena.
Pensé que estaba sentada con el señor Morgan, pero era Mark Tanner.
—Will Scarlet —saludó Lena, saltando. Me abrazó y me llevó a su
lado.
Mark me dio la mano. —Will —dijo.
—Mark —dije—. No sabía que te alojabas aquí también.
—Oh, sólo vine a visitar a Lena.
Mi boca se abrió, pero en ese momento John se acercó, arrastrando
a las chicas detrás de él. Me acerqué un poco más a Lena, pero se
apiñaron a nuestra alrededor.
—¿Se lo has dado ya? —Preguntó John.
Me sonrojé, pero busqué detrás de mí para sacar la comida. Le pasé
la carne a Lena y empecé a repartir los panecillos, pero Matilda pasó junto
a su hija. Agarró la carne y la arrojó de vuelta a mi regazo. —No —espetó.
—¡Madre! —Gritó una de las chicas.
Parpadeé. —¿Qué?
—Sé lo que eres, Will Scarlet, y cómo obtienes tus “regalos". Somos
una buena familia cristiana. Dios, y no un ladrón, nos proveerá.
Sabía que mis mejillas estaban rojas como mi nombre5, y no pude
pensar en una palabra que decir. —Pero… —intenté.
Me abofeteó en el oído. —Ya me has oído. Qué vergüenza por tu
parte, y por la de Robin por dejarte hacerlo.
Me eché hacia atrás, sosteniendo mi cabeza en estado de shock.
—¡Contrólate! —Dijo John, saltando delante y empujando entre ella
y yo. El brazo de Lena vino a mí alrededor. —Will sólo está tratando de
ayudar.
5Scarlet: También significa escarlata, que es otro nombre dado al color rojo, de ahí
la comparación.
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él.
—No necesitamos ayuda —dijo—. Ciertamente no de gente como
—Will no es como el resto —dijo John—. Trabaja para salvar a nuestro
pueblo más que nadie.
—Es noble de tu parte, John, pero creo que debería irse. Ahora.
No esperaría a que ella me echase. Ya estaba de pie y pasando a
Mark Tanner, corriendo por la puerta de atrás sin esperar a John.
Empaqueté la comida, se la dejé a George y Mary y al pequeño
bebé Robin, y me fui de nuevo a la cueva. Rob y Much estaban allí, así
que me subí a los árboles, pasando por encima de la cueva sin hablar. No
creo que me vieran siquiera.
—¡Rob! —Llamó John, estrellándose a través del bosque—. Much,
¿habéis visto a Scar?
—No, ¿por qué? —Gritó Rob, irguiéndose, arco en mano.
—La señora Morgan la echó por robar.
La cara de Rob fue plana y dura, y me sentí enferma. —¿Les robó a
los Morgan?
John frunció el ceño. —Por supuesto que no. Les llevó comida por
cuidar de Lena, y prácticamente se la arrojaron a la cara.
Rob suspiró. —Porque la robó.
Presioné mi mejilla contra el árbol.
—Probablemente correrá un rato —dijo Much—. Suele hacer eso.
—Lo sé, Much. Pero no puede huir cada vez que alguien dice o hace
algo. —Rob meneó la cabeza—. O puede, pero si quiere hacer eso, no
podemos contar con ella como parte de esta banda.
Abrí la boca para decirles que estaba allí y no había huido a ningún
sitio, pero no salió nada.
—Siempre podemos contar con Scar —defendió Much.
—Lo admitiré, la llamé cobarde en el pasado —dijo John. Abracé mis
rodillas—. Pero podemos contar con ella —continuó—. Está dispuesta a
resultar herida.
—No es una cobarde —dijo Rob—. Nunca lo ha sido y nunca la
acusaré de eso. Es tan valiente como los que vengan, pero su primer
instinto es esconderse de nosotros. Esconderse de mí.
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—¿Por qué no debería esconderme —Dije—, cuando con cada
extraña respiración me dices lo rápido que me quieres fuera de esta
banda?
Salté bajo los árboles, de pie, mirándolo desafiante. Había agua en
mis ojos pero no me importaba mucho.
—Cristo, Scar, ¿has estado aquí todo el tiempo? —preguntó Rob.
Mi cara se tambaleó. Tenía que preguntar, y no podía sacudirme o
estremecerme. —¿Quieres que me vaya, Robin Hood?
Su mandíbula se movió como si estuviera rumiando. Lanzó un suspiro
y arrojó su arco a la espalda, subiendo por el árbol. Se acercó por mi lado
y no me atreví a parpadear. Las lágrimas se irían por todos lados, y nunca
lloraría delante de Rob. —Sube —dijo.
Escalé, parpadeando y limpiando mi cara con la manga. Subí más
rápido que Rob, aunque mi hombro dolía terriblemente. Le esperé en la
rama más alta en la pude sentarme.
Se acercó y se sentó a mi lado.
—Sí, quiero que te vayas —dijo, y creí oír mal. Lo miré, y más lágrimas
saltaron—. Quiero que te vayas, Scar, si no puedes confiar en mí. Si no
puedes dejarme entrar, entonces tienes que irte.
—Confío en ti, Rob. Siempre lo he hecho. Ni siquiera quiero, pero
eres... tú. Es terrible. ¿Tienes que saber toda la horrible historia para que
confíes en mí?
—No. A veces me preocupa no conocerte nada, sin embargo.
—No confías en mí.
Suspiró. —Quiero. Pero los dos sabemos que me mientes.
Bajé la cabeza. —No puedo mentirte, no creo. Trato de no hablar
sobre cosas, sin embargo.
—Lo sé. ¿Por qué?
—Contar secretos no me hizo ningún favor en el pasado.
—¿Quién era ella?
—¿Quién?
—La muchacha de Londres. De la que no quieres hablarme.
Tragué saliva, pero su nombre burbujeaba en la garganta. —Joanna
—le dije—. Mi hermana.
Cerró los ojos. —Te protegía.
Asentí, lágrimas tropezando por mi nariz.
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—Y robabas comida para ella. —Suspiró—. ¿Qué la ocurrió?
—Se enfermó. Siguió tosiendo —dije. Abracé mi estómago con los
brazos—. Robaba alimentos, y medicamentos, leche y agua, y un poco de
whisky escocés, y nada funcionó. Tosía sangre por todas partes.
—¿Tuberculosis? —Preguntó suavemente.
Encogí un hombro. —No lo sé. Nunca tuve un nombre para eso.
—Murió.
Asentí. —Al día siguiente, te conocí, y dejé que me atraparas.
Se retiró. —¿Me dejaste atraparte? No lo hiciste.
Empujé el agua de la cara, sin mirar.
—Pero eso es una tontería. ¿Por qué dejarías que te atrapase? —
Dejó de moverse, y no miré, pero pude sentir su mirada de disculpa—.
Porque el castigo por robar es la muerte, y pensaste que era un noble de
alto rango. Pensaste que si me robabas, morirías. Y estarías con ella. Y tú
eres tan piadosa, nunca tomarías tu propia vida.
Aspiré las lágrimas. —No creo que cuente como piadosa.
—Pero es por eso, ¿no?
Asentí. —No hiciste lo que debías —dije—. La cárcel era una cuestión
un poco diferente a morir. No quería morir como lo hizo, enferma y
lentamente, aunque me llevase de nuevo a ella.
—Cristo —murmuró.
—Simplemente la dejé en la habitación que alquilamos —dije. Era
como si la presa se hubiese roto y un géiser disparara hacia fuera, y por
una vez, lo único que quería era hablar de Joanna—. Estaba como una
piedra en la cama, y con sangre a su alrededor. Su pelo ni siquiera se
parecía al de ella, donde se suponía que crecía. Yo no… No supe qué
hacer —Las lágrimas siguieron cayendo—. La dejé allí. No había lugar para
enterrarla. Escribí su nombre en un libro y lo dejé sobre la cama para que
pudieran encontrar a nuestros parientes, pero nunca lo comprobé.
Simplemente me fui.
—Perdiste todo lo que tenías, Scarlet. Nadie podría juzgarte, no
importa cómo reaccionaste.
—Fue peor que dejarla morir. La dejé sola.
—¿A dónde fuiste?
Me sequé los ojos. —A la iglesia. Me senté allí y lloré y todos los santos
estaban justo mirándome y llovía horriblemente. Una vela volcó y un poco
de la pared se incendió. La repuse, pero escapé. No podía hacer nada
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más que correr. Me imaginé que era una señal de Dios de que no era
bienvenida en ninguna parte del mundo. Así que cuando te vi, parecía
otra señal. —Sacudí mi cabeza, y más agua corrió fuera—. Pero entonces
no me dejaste morir. Me hiciste venir contigo, y me hiciste ver cómo
dañaban a muchas otras personas, y me hiciste fallar cada día que no
pude arreglarlo.
Estuvo en silencio un largo rato. —¿Todavía quieres morir, Scar?
Cerré los ojos. —No lo sé —dije en voz baja—. A veces no veo mucho
por lo que valga la pena vivir. A veces creo que soy una maldición sobre
todos, porque vivo tan contrariamente, y le doy dinero robado a la Iglesia,
y rompo la mayoría de las leyes del Señor. Pero mientras el Señor me dé
una oportunidad de arrepentirme por lo que he hecho, me lo llevo. —
Aspiré, frotándome la cara con la manga—. ¿Sabes acerca de mí yendo a
la iglesia?
Asintió. —Te vi allí.
Lo miré. —Pensé que no ibas a misa.
—No lo hago. —Se movió, y su voz fue silenciosa—. Ojalá pudiese. Te
seguí allí una vez, con la esperanza de entrar ya que estabas allí. Por
mucho que quiera desesperadamente el perdón, Dios no lo está
ofreciendo en este momento. —Tragó saliva, y el bulto en la garganta se
apretó—. ¿Por qué llevabas un vestido?
—No se puede mentir a Dios.
—No estás mintiendo, Scar. Eres quien eres. Dios te conoce en faldas
o calzones. —Negó con la cabeza—. Lo bueno y lo malo, por desgracia.
Me encogí de hombros. —Siempre se siente mal.
Se inclinó un poco hacia adelante, cambiando en la rama, para
frotar el pulgar debajo de mis ojos y secar las lágrimas. —¿Cuándo te hizo
la cicatriz Gisbourne?
—Hace años. Nos atrapó a Joanna y a mí escapando de nuestra
casa y deslizó un cuchillo en mi cara. Le dije que no sería capaz de usarlo
en mí, así que lo hizo.
—Bastardo. Cortar a una niña, y debías ser sólo una pequeña por
entonces.
—Trece —repliqué—. Dos días antes de catorce. No era tan
pequeña.
—Es extraño. Suena tan joven, pero la mayoría de las mujeres nobles
se comprometían a los catorce. Algunas incluso se casaban, aunque
tradicionalmente esperaban hasta los quince.
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Tragué un bulto duro. —Escuché eso. —Levanté mis ojos hacia él, mis
ojos extraños, y por primera vez, me hubiese gustado brillar en su mente. La
verdad era, que conocí a Rob. Antes de que Gisbourne me cortara y antes
de que Joanna y yo escapáramos a Londres, conocí a Rob —sólo una vez,
no por mucho tiempo. Cuando le vi en el mercado ese terrible día después
de que Joanna muriese, sabiendo que era un noble, se sintió como un
regalo. Lo reconocí directamente —pero en todo el tiempo y desde
entonces, nunca reconoció a mi yo de hace mucho tiempo.
—Así que ya sabes, Scar, no quiero que te marches a ninguna parte.
Y siento lo de los Morgan. Eso fue cruel.
—No quiero correr —dije, agachando la cabeza—. Sólo que a veces
siento que todo va a salir, como una tajada sangrienta, y... —Me encogí
de hombros.
—Lo sé. Pero no importa cuánto sangres, te remendaremos. Sólo
confía en nosotros.
Asentí con la cabeza.
—¿Quieres bajar conmigo?
—Me quedaré aquí. Me lastimé el hombro lo suficiente para no
levantarme; voy a dejarlo descansar un poco.
Me tomó del brazo. —Cristo, me olvidé de eso. Vamos, sube a mi
espalda. Te voy a llevar abajo.
Dolía un poco y con todas las lágrimas me sentía cansada y débil.
Aún así, sacudí la cabeza. Creo que prefería caer contra la tierra que
encaramarme en su espalda como un mono —o peor aún, como un niño.
Frunció el ceño pero no me obligó, y me llevó trepando a lo largo del
árbol. Cuando tocamos tierra, John me llamó para sentarme junto a él. Le
di una mirada desnuda a Rob y me fui, sentándome cerca de John. Me
pasó un poco de sopa y se acercó más para hacerlo, poniendo su brazo
alrededor de mí. Una parte de mí se retorció un poco, como si no fuese
correcto, pero la otra simplemente se alegró por el brazo caliente y el lado
caliente y la sopa caliente.
—La sopa debería bajar bastante fácilmente —dijo John
suavemente. Asentí, y me apretó la mano un poco—. Lo siento por lo de los
Morgan.
Tomando un sorbo de sopa, sentí como si debiera empujar su brazo,
sentí como si debiera subir de nuevo al árbol y empujar a Rob conmigo
hacia ahí, permaneciendo veteados en la madera.
Atrapé a Rob mirándonos, pero en cuanto lo vi, se fue con Much sin
mirarme otra vez.
L
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12
os días comenzaron a dibujarse rápidamente. Los pasábamos
entrenando y trabajando en los caminos, recogiendo tanto
como pudiésemos en monedas. Llegaban lo suficientemente
rápido. Durante las noches, cazábamos en los bosques del Rey y dábamos
la carne, pero en casi dos semanas, seis personas fueron atrapadas, y
sabíamos que sería peor cuando el día de Impuestos llegara.
Gisbourne no los mataba, lo que era bueno y malo al mismo tiempo.
Bueno porque no estaban muertos, pero malo porque estaban en la cárcel
todavía. Sabía que él tenía el castillo controlado como si fuera una
fortaleza; incluso de día, las personas no podían ir y venir más. Si íbamos a
liberarles, tendría que ser a todos de una vez, y queríamos esperar hasta
que cayese el día. O cayese la noche, supongo, porque quedarse
colgando por la mañana no le haría mucho bien a nadie.
Mi hombro sanó; sólo dolía si lo golpeaba. Lo que era bueno —
cuando mi hombro dolía, me hacía escalar más fuertemente, y por estos
días me encontraba en los árboles mucho más. Gisbourne no podía ir a
donde yo iba, y esa era la única cosa que me hacía sentir segura.
Me bajé de la bóveda hacia el camino. Los viajeros habían pasado,
y John me arrojó una gran bolsa de monedas que le quitó a uno de los
señores. —Horriblemente pesada, Scar. Buen sitio.
Sacudiéndola, escuché el tintineo como la suave lluvia. —El sonido
más dulce que existe. —Se la arrojé a Much mientras Rob y yo
empezábamos a recoger las joyas y armas. Fuimos a tomar la misma
espada y nuestros ojos cruzaron miradas.
Retrocedí, dejando que la tuviese él.
John agarró otra de las espadas, apuntándola hacia mí. —Vamos,
Scar, ¿quieres luchar? —Preguntó. Entonces vio una daga y ambos
saltamos a por ella.
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Su mano llegó un pelo antes que la mía y la levantó por encima de
su cabeza. —¿Quieres esto, Scar? —Balanceó la daga de un lado a otro.
Salté a por ella y él sonrió, capturándome y sosteniéndome por
encima de la tierra de tal forma que nuestras narices estaban a la misma
altura.
Me quedé mirándole, sin temerle en absoluto. —No que fuera a
saltar después, John.
—¿Segura? —Preguntó, sus ojos fijándose en mi boca.
Se inclinó hacia mí un poco y le di una patada en la espinilla antes
de que hiciese alguna cosa tonta como besarme.
John me soltó con un gemido y le arrebaté el cuchillo, capturando
los ojos de Rob y viendo el ceño fruncido de muerte en su cara.
Incluso Much estaba frunciéndome el ceño, y me di la vuelta,
sintiendo mi vientre girar. No era justo. Rob nunca sería del tipo que tiene a
su vientre girando por mí, pero si John y yo teníamos un poco de amistad,
actuaba como si estuviera separando desgarradoramente a la banda.
Tuvimos un decente recorrido en el camino esa mañana, en total, y
Rob y yo nos dirigimos a Trent para vender los trozos más caros.
—Creo que ha pasado mucho tiempo —le dije.
Me miró, curioso. —¿Qué?
—Demasiado tiempo. Desde que estuvimos en una pelea o algo.
Tengo un mal presentimiento hoy.
—Tal vez es porque John no está contigo. —Sonrió, pero sus dientes
se mostraron muy rápidamente—. ¿El mundo no está bien sin él?
Le fulminé con la mirada. —No es así. No tienes que ser malo al
respecto.
—Eso no fue malo.
—Bueno, no me digas que estás empezando en mí.
Su sonrisa se volvió un poco más suave. —No.
—Honestamente, sin embargo. Tengo una mala sensación.
Me miró. —¿Sobre ir a Trent? ¿O vender las joyas?
Rodé entre las dos ideas. —Trent, creo.
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Asintió. —Tenemos que ser doblemente agudos, entonces.
Sonreí. Me gustaba eso de Rob. Se burlaba un poco, me fruncía el
ceño mucho más, pero confiaba en mí.
—Así que, ¿qué hay de ti? —Pregunté. Sentí mi cara enrojecer por
preguntarle eso.
—¿Yo?
—Y las chicas. Damas. Tú no… Quiero decir, John está siempre
enamorado de alguien, pero tú nunca pareces estar muy interesado.
—¿Eso es lo que crees que eres para John? ¿Un asunto del
momento?
Pateé una piedra. —No era mi pregunta.
—Era como John, antes de irme. Todas las chicas eran una nueva
aventura. Pero luego llegaron las Cruzadas, y luego este desastre, y ahora
soy un noble sin título —Negó con la cabeza—. Casarme con una plebeya
sería una deshonra para el linaje de mi familia, pero no tengo nada que
ofrecerle a una mujer noble.
—Tampoco es como si Bess o Ellie quisieran casarse contigo.
Se encogió de hombros. —Le dejaré los revolcones a John. —Me
miró fugazmente—. No quiero decir que te haya sido infiel, Scar.
Negué con la cabeza. —Espero que no me sea fiel.
—¿Qué?
—Te lo he dicho antes, no estoy segura sobre él. Estoy difícilmente
convencida de incluso gustarle y menos después de pescar un revolcón.
Rob se frotó la cabeza. —Parece bastante seguro sobre ti.
Me reí entre dientes. —Creo que Bess o Ellie te dirían lo mismo. —Puse
mi largo abrigo más apretado; el viento se deslizaba a través de las
coderas—. Igualmente, te dije que no me casaré.
Sonrió. —Así que te rehúsas a estar segura sobre él para no tener que
casarte.
—Algo parecido. —Miré a sus pies—. ¿No se siente solitario, sin
embargo?
—¿Por eso estás con John?
—No estoy con él. Pero si alguna vez lo hago, creo que esa sería la
causa. Es justamente bueno, ya sabes. Alguien aferrándose a ti te hace
sentir como si estuvieras realmente allí.
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Asintió. —Lo sé. Lo bueno no es para mí ahora, sin embargo. Necesito
centrarme en proteger a las personas para que puedan sentir ese confort,
no egoístamente tomarlo para mí mismo.
—Tal vez piensas que no lo mereces. —Me sentía así, casi siempre.
—Tal vez no lo haga.
Asentí, caminando a su lado. A veces Rob y yo parecíamos
parientes.
Cuando llegamos a Trent, era mediodía y el mejor momento para las
ventas. Nos pusimos las capuchas, bien profundas para que nuestros rostros
se escondieran. Los cuchillos eran más fáciles de cubrir que un arco en una
pequeña multitud en la plaza, así que me separé de Rob y le vigilé,
dispuesta a lanzar una cuchilla si era necesario.
Mientras él rodeaba la plaza, eché un vistazo a las armas ofrecidas
en el mercado. Sólo había visto el parecido de la cuchilla que quería
buscar para Much, pero una vez, y no esperaba encontrarla aquí, aunque
siempre valía la pena mirar. Tal vez John podría hacérsela una vez las cosas
se pusieran más tranquilas.
Me acomodé y vigilé al joyero. Sus ojos se movían por los
alrededores, y ni siquiera había visto a Rob todavía. No tenía razones para
estar tan nervioso. Silbé dos veces, dos tweets cortos, y Rob se detuvo,
saltando del puesto de joyería y mirando las mercancías del curtidor. Me
quedé cerca de la tienda, siguiendo las escurridizas miradas del joyero. Los
hombres de Gisbourne, en sus trajes negros con detalles rojos, estaban en
el mercado.
Mi sangre comenzó a correr como agua de río y di tres silbidos cortos
esta vez. Rob se giró agudamente y comenzó a moverse entre la multitud.
Una mano se cerró sobre mi cabeza, agarrando la capucha y el
sombrero y rasgándolos hacia atrás. Me sacudí y retorcí, y todo mi pelo
secreto fluyó alrededor como serpentinas en mi cabeza.
Era uno de los hombres de Gisbourne, y estaba mirando fijamente la
capucha como yo lo hacía con él.
—¡Ayuda! —Grité lo más alto que fui capaz—. ¡Ayuda, por favor!
A los hombres parece gustarles ayudar a las señoras que lo
necesitan, así que cuando eché a correr entre la multitud, y vieron mi largo
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pelo y suave barbilla sin notar los pantaloncillos y todo, detuvieron a los
hombres de Gisbourne lo suficiente para escapar del mercado.
Pasé corriendo a Rob, quien estaba esperándome, agarrando su
camisa y sacudiéndole mientras me sujetaba. —¡Por la sangre de Cristo,
Rob, vamos! —Grité.
Corrió conmigo entonces, y ambos nos atornillamos en los árboles
como el retumbar de un trueno. Cuando Rob bajó la marcha, traté de
seguir corriendo, mirando hacia atrás por encima del hombro.
—Scar, está bien. No vieron por donde nos fuimos —dijo.
Dejé de correr y tomé un profundo trago de aire. Luego escupí cada
maldita mala palabra que había aprendido, incluso sabiendo que tendría
que confesarme por todas ellas el domingo.
Rob parecía un poco sorprendido. —No me mires así —le espeté—.
Sólo porque no pueda afeitarme la barba no significa que no pueda jurar.
—Como un marinero —agregó—. Nunca he oído tantas maldiciones
en toda mi vida. Juntas.
Le fulminé con la mirada y pronuncié otra buena tanda en gran
medida. Luego escupí en el suelo. Si alguna vez existía algo que se
acercara al mal, serían las malas palabras.
—¿Debo preguntar qué te tiene tan preocupada?
—¡Los hombres de Gisbourne saben ahora que soy una chica, Rob!
Músculos saltaron en su mandíbula rodando en manojos. —Eso no es
bueno.
—¡No, sangrientamente no lo es! —Negué—. Va a venir
directamente a por mí ahora. Dios sabe que ustedes muchachos son
buenos y duros, pero pone una cuchilla en la garganta de una chica y le
darás todo. Y mientras está haciendo eso, obtendrá una larga mirada de
mi cara y… —Las palabras se secaron, y mis huesos comenzaron a temblar.
Dios, si alguna vez era tiempo de esconderse, era ahora mismo. Debería
correr. Tenía que correr. Después de que los muchachos se fueran a dormir,
podría caminar lejos de York por lo menos antes de que me alcanzasen, tal
vez incluso Escocia. Quizás debería dirigirme hasta Dover y tomar un barco
a Francia.
—Scarlet —dijo Rob, como si lo hubiese dicho unas cuantas veces
ya. ¿Lo hizo? Sus grandes manos sujetaban mis hombros. Le miré. Mis ojos
se sentían como si fueran a saltar fuera de mi cráneo. Se encontró con mis
ojos e inclinó la cabeza un poco—. Estás bien. Vas a estar bien. No
dejaremos que Gisbourne se te acerque.
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—No tienes muchas opciones cuando estas respirando a través de
un tajo en el cuello —espeté, apartándome.
Me dejó ir, luego tomó mi cara, sus manos en mis mejillas, sus ojos en
los míos arrastrándome como el mar calentado por el sol. Mi aliento y mi
salvaje mente se congelaron. —¿No crees que estoy a la altura de
Gisbourne?
No contesté —no creo que pudiera, sosteniendo mi cara así, las
palabras no hubieran llegado— y sus ojos obtuvieron ese oscuro, frío
destello.
—Realmente no has visto de lo que soy capaz, Scar. Es él quien
debería tener mucho miedo.
Parpadeé.
Su pulgar acarició mi cicatriz, y resonó a través de mí como si
estuviéramos enredados en la cuerda. —Tiene mucho por lo que responder
ya. Si viene a por ti, es hombre muerto.
Sentí mi boca colgar abierta, pero no pude hacer mucho al
respecto. No podía hacer mucho de nada cuando me tocaba de esa
manera. Sus pulgares seguían acariciando, deslizando a mi mente
claramente lejos. Mis mejillas se sentían calientes y rojas bajo sus dedos, y él
sonrió, sus ojos pesados como el peso del océano.
—¿Todo bien?
Me mordí el labio inferior, asintiendo un poco.
Dejó ir mi cara, pero sus dedos se quedaron en mi pelo un poco. —
Tienes un bonito pelo, sabes.
Mis cañerías6 se sentían apretadas y no podía respirar mucho. —
Gracias. —Me las arreglé para decir—. Um, tú también.
Su mano cayó y se rió entre dientes. —Gracias, Scar. —Se retiró.
¿Qué, en todo el Cielo y el Infierno, fue eso? Grité. Bueno, no hubo
grito alguno, pero quería hacerlo. ¿Por qué pones tus manos sobre mí de
esa manera? No puedes tocarme y hacer a mi piel retorcerse cuando
ambos sabemos que no estás enamorado de mí.
La sola idea hizo que mi rabia muriese como una hoja de árbol, y le
seguí por detrás. Era una razonable tortura cuando ponía sus manos sobre
mí, y me miraba, y se quedaba conmigo, pero Robin era un noble, y en su
corazón nunca se volvería un ladrón.
6
Refiriéndose a venas.
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—Bueno, tal vez sólo estaban en el mercado —ofreció Much.
—Quizás no vigilaban al joyero. Después de todo, atraparon a Scar,
no a ti, Rob.
—Nunca me acerqué. Ella estaba más cerca que yo. —Rob sacudió
la cabeza—. Creo que vigilaban al joyero.
—Era todo sospechoso —dije—. Fue por él por lo que te advertí. El
hombre debió divisar mi capucha y pensar que era el Hood.
—Entonces tal vez los hombres de Gisbourne no te reconozcan por
uno de los míos después de todo.
—¿La conocen? —La cara de John se puso blanca—. ¿Quieres decir
que él es cómo perdiste el sombrero? ¿Gisbourne sabe ahora que eres una
chica?
Mi pelo estaba trenzado hacia atrás, pero lo agarré de todos modos.
Asentí.
—Oh, Cristo —gimió Much.
—No es de las peores noticias que hemos tenido —dijo Rob.
John se frotó la cabeza. —Es malo.
—Oye —dijo Rob, frunciendo el ceño—. Que ninguno de ustedes,
incluyéndote a ti misma, Scar, olvide cuán exactamente mortal es Scar.
Viene tras ella y tendrá un poco de su cabeza tallada en la piel.
Sonreí.
—Y luego el resto de nosotros lo mataremos.
Le sonreí.
—De todos modos, no tenemos tiempo de preocuparnos por eso. —
Todos miramos a Rob—. El día de Impuestos es pasado mañana, y
necesitamos cercar estas joyas de inmediato. Mientras tanto, no podemos
dejar la cueva desprotegida.
—Nadie sabe dónde está —respondió John.
—No podemos arriesgarnos. No cuando tenemos aquí el dinero de
los Impuestos para casi todos en Edwinstowe, Worksop, y Nottingham.
—¿Por qué no lo hemos repartido ya? —preguntó Much.
Suspiré. —La gente es pobre, Much. Lo gastarán en otra cosa antes
de los impuestos, y luego serán colgados o algo peor.
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—¿Qué es peor? —Preguntó John.
—Pregúntale al niño de Tuck —murmuré.
—De todas formas, vamos a tener que dividirnos más de lo habitual.
Scar, quiero que te dirijas a Leicester. John, tu irás a Derby. Much, vas a
dirigirte a Lincoln. Yo me quedaré y protegeré el tesoro que tenemos.
—¿Vamos a salir solos? —preguntó John.
Rob se frotó la cabeza. —No. No puedo aprobar eso. Enviaré a Mark
Tanner con John, Thom Walker con Scar, y, Much, ve con Lena. Ella te
seducirá fuera de los problemas si lo necesitas. Mejor que un brazo fuerte.
No son las mejores opciones, pero son los únicos que no se matan por traer
la cosecha.
—¿Son incluso buenos con las armas? —pregunté—. Lena no lo es.
—No, no están allí para luchar. Están para advertirte y mantener un
juego extra de ojos, y correr, cuando sea necesario.
Me crucé de brazos. No me gustaba Thom Walker. No confiaba en él
en lo más mínimo, pero entonces tampoco lo conocía, y no había hecho
mucho para ganarse alguna vez la confianza.
—Miren, es por un día. Necesitamos esto hecho.
Asentimos.
—Bien, pónganse en parejas y practiquen con las armas. Nos
introduciremos esta noche temprano. Todos debemos estar despiertos
antes de que salga el sol.
John me dio su capa la mañana siguiente, con una enorme y
pesada capucha de lana añadida. Podía encajar mi pequeño arco a
través de la espalda por debajo de ella sin que nadie se diera cuenta, así
que la acepté. Empujé algunas ramitas en el pelo —solía hacerlo con
peinetas finas, así que sabía cómo mantenerlo recogido hacia atrás, pero
quería una nueva visera. Tal vez podría hacerme con una en Leicester.
Recogí a Walker como a una especie de niño abandonado en
Edwinstowe, sólo asintiéndole y comenzando a andar por el camino.
—Así que —intentó—, Leicester, ¿cierto? Eso es lo que dijo el conde.
No dije nada. Tampoco me gustaba la gente que llamaba a Rob “el
conde”.
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Se rió entre dientes. —Eres el ladrón, ¿no? No se te puede reconocer
mucho como el sol.
Rodé los ojos. Sinceramente, no era ningún demonio.
—¿No estás de humor para una pequeña charla bromista?
Caminé más rápido. Dios sabía que no me auto-comparaba con
ningún Hijo de Dios, pero en este momento podría haber tomado la
flagelación y la corona de espinas en lugar de escuchar a Thom Walker
parlotear por horas mientras íbamos hacia Leicester. Siempre y cuando no
tuviese que morir al final. Mientras subiese de nuevo —eso ponía a la
muerte en perspectiva un poco. Incluso creo que Cristo habría estado bien
feliz con la muerte si supiese que no era una situación permanente.
Nos montamos en un carro después de dos horas de caminata, y
cerré los ojos por un momento, nunca durmiendo de verdad. No me
gustaba alguien nuevo tan cerca. Walker no se movió mucho, sólo se
removió. Y dejó de parlotear.
Estuvimos en el carro por un tiempo y luego saltamos cuando el
camino se bifurcaba. Era todavía mañana, y el camino estaba
razonablemente lleno, por lo que nos desvanecimos. Yo lo hice, de todas
formas. Walker era grande —no tan grande como John— pero no
demasiado consciente de su tamaño, y sobresalía como el pulgar de su
mano.
Cuando llegamos cerca de Leicester, le dije que se mantuviese lejos
de mí, así los dos podríamos tener un ojo sobre el otro. Le dije que se
quedase lejos de las peleas, y que silbase si algo iba mal. Sonrió como si
fuese algo divertido, y no la vida de personas, con lo que negociábamos.
El mercado estaba completo. Justos impuestos y decentes
propietarios hacían un comercio resistente, y el mercado lo demostraba.
Eran tales mercancías que nunca había visto, ropas y pasteles y grandes
trozos de carne, cuchillos y espadas y todo tipo de armas. Llegué
demasiado ansiosa al puesto de un vendedor.
Cautivada por el oscuro reflejo de algún barato metal Sarraceno,
me acerqué, y vi lo que había estado buscando, el arma que sería
perfecta para Much y no otro.
Mis dedos se enroscaron hacia ella con voluntad propia, y el
hombre, un herrero fornido con hombros como troncos de árbol extendidos
a través de él, sonrió. —Un kattari —dijo—. Del Este, una muy rara y única
arma.
La tomé. La broca de fondo era como una H, con un travesaño para
aferrarse y un escudo para los nudillos. Justo encima del travesaño
comenzaba la hoja, ancha como la palma de un hombre y cerca de ser
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tan larga como su antebrazo, disminuyendo rápidamente en una cuchilla
casi como un triángulo. Sin pensarlo por un momento, saqué mis dos
cuchillos Sarracenos.
—Un trueque —ofrecí.
Se burló. —Baratas imitaciones no son nada en comparación con el
kattari.
—Son reales. Con rubíes.
—Dinero —insistió.
Retiré el brazo. —Bien, entonces. Los venderé en otra parte.
Señaló hacia delante, desplazando algunas cuchillas sobre la mesa y
dejándolas estrepitosamente. —Un trueque, entonces.
Sonreí y asentí. No era muy justo, pero no me importaba hacerlo por
Much, y envolvió el kattari en tela áspera e hizo el trueque.
Una vez fuera, metí la cuchilla cubierta en mi chaleco y fui a buscar
un nuevo sombrero. Había algunas capas, y birlé una de fieltro lanudo que
era barata y con una curiosa forma. No dejé dinero detrás; después de
todo, era una ladrona y no era como si estas cosas fuesen robadas como
en Nottinghamshire. Me la metí en el chaleco también, y busqué a los
joyeros.
Leicester tenía tres joyeros: uno que se ocupaba de los metales, otro
de las joyas preciosas, y otro quien, al parecer, sólo trabajaba para la
nobleza. De todos modos, los tres hombres eran compradores, y no era
difícil obtener un buen precio como ese. Fui de aquí para allá, trabajando
hasta que tuve un buen precio elevado, tres veces más de lo que
intercambiamos en Newark.
Cuando finalmente me pagaron, vi una sombra avanzando
lentamente hacia el lado de la puerta, esperando a que yo saliera. Miré
velozmente; ¿dónde estaba Walker? No le vi directamente fuera, pero
tenía que salir de aquí antes de que pudiera encontrarle.
Era el joyero que trabajaba para los nobles al que tenía que pasar, y
entonces, con un toque descarado, bajé mi capucha para que el joyero
pudiera ver mi cara y el giro de mi pelo. —Por favor —susurré—. Por favor
ayúdeme.
Sus ojos se agrandaron. —Santa María, eres una chica —dijo.
Levanté la barbilla. —Una mujer —insistí—. Por favor, tiene que
ayudarme. Hay hombres afuera, tratando de llevarme de vuelta a mi señor
marido. Va a matarme —le dije. Mis ojos incluso se aguaron un poco.
—¿Su marido? No me cruzo con nobles, ni siquiera por una señora.
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—Va a matarme —dije de nuevo. Puse mi mano en su brazo—.
¿Tiene una salida trasera? Sólo pretenda que pasé corriendo junto a usted,
déjeme ir, y no se cruzara con nadie. Por favor. —Encontré sus ojos,
mostrándole toda la rareza entera de los míos—. He tenido que vender mis
joyas; no las cambiaría por mi vida.
Suspiró, y señaló con el pulgar por encima del hombro. Tomé la bolsa
de dinero, me subí la capucha, y salí corriendo.
Su taller llevaba a una sala de fuelle con un diminuto hoyo y
calefacción, y había una gran puerta trasera que llevaba a un pequeño
espacio con un caballo en él. Miré al caballo, tentada. En su lugar subí al
tejado. Apoyada en las vigas, miré hacia abajo.
Tragándome juramentos, divisé a tres hombres y tal vez un cuarto
arrasando el mercado. ¿Cómo nos encontraron los hombres de Gisbourne
de nuevo? Debía estar siguiéndome de alguna manera. Era la única
persona en ambos lugares. A menos que los otros hubiesen sido seguidos
también.
Walker seguía en el mercado, mirando tras las mollejas,
completamente ciego al peligro. Algunos miraban hacia él. Me subí a unos
cuantos techos más y me dejé caer en el mercado, agarrándole del brazo
y empujándole lejos.
Corriendo, me deslicé entre la multitud. Yo era razonablemente
buena deslizándome, pero Thom no. Continuaba deteniéndose y
arrancando y golpeando a la gente, excusándose con ellos demasiado
alto.
—¡Maldita sea! —gruñí, sacando un cuchillo y girándome,
encontrándome con sus ojos cabeza arriba. Se detuvo—. Cierra el
gaznate, sígueme, y corre, o te dejaré aquí, y tú te defenderás de
Gisbourne.
Tragó saliva. —Ya voy.
Asentí, enfundando mi cuchillo y corriendo.
C
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13
orrimos hacia Edwinstone, y una vez que tuve a Thom Walker
seguro y cuidado, corrí a la cueva con mi botín, dando una
larga vuelta por el Lago Thoresby para que nadie me siguiera.
No podía arriesgarme. De alguna forma nos siguieron, de eso estaba
malditamente segura, pero ahora teníamos algunas horas antes de que los
hombres del sheriff viniesen a buscarnos por la mañana, y mucho dinero
que repartir antes de eso.
Llegué a la cueva y sólo John faltaba.
—¡Ey! —Llamé. Much y Rob se giraron—. ¿Habéis sido seguidos?
—No —dijo Much—. Claro que no.
Maldije. —Gisbourne estaba en Leicester. Debe estar siguiéndome,
Rob.
Su boca se torció hacia arriba. —Dudo que te esté siguiendo, Scar.
Eres demasiado sospechosa.
—Entonces qué fue, ¿una maldita buena coincidencia? Tiene que
estar marcándonos de alguna manera.
—Si el caza ladrones está buscándote, y tiene marcas en ti, ¿no te
habría apaleado ya? —Preguntó Much.
Toqué mi cicatriz con los nudillos. No era un mal punto.
—No tenemos tiempo para preocuparnos por eso, Scar. No hay
forma de que te esté siguiendo, o habría hecho algún movimiento en ti, en
nosotros, o en la cueva. Necesitamos centrarnos y empezar a dividir las
monedas.
Asentí. No estaba muy segura de ello, pero tenía razón —otras cosas
necesitaban más tiempo. —¿Cómo vamos a hacerlo?
—Vamos a contar lo que tienes, contaremos lo de John cuando
vuelva, y luego creo que lo dividiremos de nuevo esta noche. Tenemos
que conseguirle a esa gente el dinero.
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Rodé mis hombros, un escalofrío deslizándose por mi cuello. —No
creo que debamos estar solos, Rob. Tenemos tiempo suficiente para
entregar el dinero antes del amanecer.
—Definitivamente no quiero que nadie ande solo por la ciudad, pero
no habrá tiempo suficiente para repartir las monedas. Las mismas parejas
que hoy.
Negué. —No confío en Thom Walker, Rob. Era más como una pelota
girando entre mis piernas de todas formas. Me retrasó terriblemente.
Despachó esto.
—Incluso si fueran los mismos compañeros de hoy, alguien se
quedaría solo. Prefiero estar sola que con Walker.
—Quedarse solo no es una buena idea. No con Gisbourne y el sheriff
con todos sus refuerzos esta noche. Además, necesitamos todas las manos
que podamos conseguir.
—¿Qué es esto? —Gritó John, arrojando un saco tintineante de
monedas—. ¿Qué sobre las manos?
—Hablábamos de esta noche —dijo Much rápidamente, mirando
hacia abajo—. Necesitamos más gente, pero Scar no quiere ir con Thom
Walker.
—Yo iré con Scar —dijo rápidamente.
—Acabo de decir que necesitamos más gente, no menos.
—Bueno, nosotros tomaremos Edwinstowe, y Much puede ir con Lena
a Worksop, y tú, Thom, y Mark Tanner pueden ir a Nottingham. Eso lo
resolvería.
—No realmente —dijo Much—. En realidad deberíamos ir Tanner y yo
a Worksop, y tú, Lena, y Walker a Nottingham, luego Rob con Scar a
Edwinstowe, para balancear nuestra fuerza y rapidez. Es diferente a lo de
vender joyas.
Rob suspiró. —Bien. Vamos a contar y a repartirlo y luego cada uno
va por su camino.
Asentí, pero aun así no pude sacudirme la mala sensación. Algo iba
mal, y lo sabía. Sólo esperaba que tuviese cuchillos suficientes cuando
ocurriera.
Para acabar, aparté a Much mientras Rob y John seguían contando,
y desenfundé el cuchillo de mi chaleco. Le entregué el paquete de
arpillera.
—¿Qué es eso? —preguntó.
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—Creo que podría ser tu arma —dije.
Desenvolvió la arpillera y, usando su brazo bueno, enganchó la
funda a su cinturón donde fue amarrada a sus hombros, por lo que
quedaba muy arriba de su cadera. Deslizó la mano a través de las
abrazaderas del largo metal para agarrar la barra.
Much la desenfundó, y el metal parecía rico en contraste con el
oscuro bosque, la tierra verde y cielo plata. Much sonrió, deslizándola en el
aire. Era como si las puntas de sus dedos fueran soldados fuertes y se
convirtieran en una espada malvada.
—Esto —dijo—, es mucho mejor que un cuchillo.
Dejé que mi sonrisa dentuda mostrara mi orgullo. —La parte de
“Much” es más importante que la de ser “mejor”7 —le dije.
Se rió entre dientes. —Ahora sólo tengo que averiguar cómo usarla.
—Eres más inteligente que todos nosotros, Much. Lo conseguirás.
Sosteniendo la espada lejos, dio un paso adelante y me abrazó con
su brazo malo. Fue más apretado de lo que pensé que él podía abrazar,
pero me alejó después de un minuto. —Saca tus cuchillos, Scar. ¡Vamos a
luchar!
Era después del anochecer cuando nos fuimos a Edwinstowe, y
Lena, Mark, y Thom estaban frente a la casa de los Morgan. Me quedé
atrás a partir de ahí. Sabía que no era más bienvenida que Saladin en esa
casa.
—Bien —dijo Rob—. Mark, ¿podrías ir con Much?
Asintió.
—Lena y Thom, vais con John.
Thom me miró, y lo sentí de nuevo, ese escalofrío en mi cuello.
—¿No voy con Scarlet?
Entrecerré mis ojos. —Llámame Will.
Se río entre dientes. —¿Por qué? Sé que no eres un chico.
7“The ‘Much’ partis more important than being ‘better’”: Juego de palabras con el nombre
de Much que al traducirlo queda como tal.
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Se sintió como plomo caliente deslizándose por mis cañerías.
—¿Y cómo lo sabes? —Preguntó Rob. Fue más bien un gruñido. John
se puso delante de mí.
—¿Era un secreto? Podría decirlo.
—Ella viene conmigo esta noche —dijo Rob.
—Sí, y me dejas a Scar a mí—dijo John.
—Oh —dijo Walker, como si entendiese algo nuevo—. Tú eres su
compañero, entonces.
—No.
—Sí.
John y yo hablamos al mismo tiempo, y me crucé de brazos. —No
soy tu chica, John —siseé.
Me guiñó un ojo. —Estoy en ello.
Negué, y luego nos separamos. Much y Mark se marcharon, y John
vino hacia mí y me frotó los brazos.
—Entonces, ¿por qué no soy tu compañero todavía? —Preguntó.
Cerré los ojos así no podía ver a Rob. —Vamos, John, no vas en serio
conmigo. No terminaría bien si fueras mi compañero y te viera con la
encantadora Bess, o con Agatha Morgan.
Sus brazos me rodearon la cintura. Tenía una gran sonrisa, llena de
dientes como estrellas. —¿Estás diciendo que eres del tipo celoso, Scar?
—Estoy diciendo que algunas chicas abofetean, pero yo tengo
cuchillos.
—¿Para mí o para Agatha?
—Ambos. —Me acercó, pero mis brazos seguían estando cruzados
por lo que mis codos lo empujaban.
—¿Qué pasa si guardo todas mis sonrisas para ti?
Me reí entre dientes, moviendo la cabeza. —No eres de ese estilo,
John. ¿Por qué cambiar por mí?
—Porque por ti vale la pena.
Eso dio una especie de aleteo en mi interior, pero puse mis manos en
su gran pecho para apartarle. Dejó ir mi cintura. —Tenemos trabajo que
hacer, John.
Suspiró. —Vale. Seamos rápidos, y te compraré una bebida después
en lo Tuck.
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—Hecho.
Los otros se fueron, Rob y yo dividimos la bolsa en dos y comenzamos
por los extremos opuestos de Edwinstowe. Fueron dos largas hileras de
casas, con una gran iglesia en el medio, y más casas agrupadas por ahí.
No había huertas en la aldea, sólo un gran granero donde guardaban a
todos sus animales. Empecé por un extremo y Rob empezó donde
terminaba el Tuck. Éste no era el tipo de reparto que podía dejarse, así
que llamé silenciosamente en todas las puertas, pasando un puñado de
monedas, suficiente para pagar los impuestos y además un poco de
comida. La mayoría agradeció, pero otros fueron muy fríos, y eso estaba
bien. Tenía ese tipo de orgullo que a veces se interponía entre las cosas.
Fui a través de posiblemente diez casas, que no era mucho —tenía
que ir a unas treinta y cinco casas —cuando escuché un whish.
Me volví a tiempo para ver una rama quebrándose a mi lado,
golpeándome en el suelo cerca de la casa. El aire escapó de mi pecho,
pero no pude tomarlo. Mis uñas se clavaron en el suelo, pero alguien me
dio la vuelta, quitándome la capucha.
—¿Thom? —J adeé. Dolor atravesó mi pecho, y no podía respirar.
Agarró mi pelo, arrastrándome por el suelo.
Mis ojos lagrimeaban cuando traté de respirar, vociferé el nombre de
Rob y me revolví contra el agarre de Thom. Me arrastró detrás de la casa
hacia los bosques, las rocas cortando y raspándome. Logré un poco de
aliento, suficiente para alimentar mi rabia y darle una patada en su rodilla.
Se desplomó, cayendo encima de mí y expulsando el aire otra vez.
—Entonces, será como quieras —dijo—. Gisbourne dijo que sólo tenía
que retenerte durante unos minutos y estás tan buena forma como
cualquier otra. —Sus dedos se enredaron en mi pelo, y sus piernas
empujaron a las mías hacia abajo, uno de sus brazos atrapándome.
—Bastardo —siseé, golpeando su frente con la mía.
Rugió de dolor y me golpeó en la cara. Le di un puñetazo de vuelta,
agarrando un cuchillo, pero tomó mi muñeca y tiró de mi brazo,
sosteniendo mis brazos encima de mi cabeza. Me dejé caer enojada
como un pez capturado, mi pelo volando por todas partes.
—¿Cómo pudiste? —pregunté—. ¿Gisbourne?
Su mano libre atrapó mi blusa y tiró, desgarrando el tejido hacia
abajo. —¡Paga bien! Pero ciertamente tiene algunos beneficios estar en
esta posición.
Su mano agarró mis partes por encima de la tela, y le escupí. Me
alcé, dándole un cabezazo otra vez. Si pensó que haría de muchacha
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indefensa, estaba completamente equivocado. Sus ojos se cerraron con
dolor, y golpeé su nariz con mi cabeza una vez más.
—¡Rob! —Grité.
Thom se retorció y gritó de dolor, suficiente para liberar mi pierna y
golpearlo con la rodilla en sus partes masculinas. Se cayó y llevé mi
pequeño puño hasta su mandíbula. Entonces el maldito imbécil colapsó,
presionando todo su peso sobre mí. Traté de moverlo, pero estaba fuera de
combate.
—¡Rob! —Grité otra vez—. ¡Deprisa!
Me incliné para sacar mi pierna, y escuché un crujido en la vereda.
Lo empujé fuera de mí, levantándome para encontrar a Rob.
Pero no fue la figura de Rob la que vi. Era Gisbourne cerca del
camino, proyectando su sombra sobre mí entre las casas. Se rió, y me
congelé.
—Lo supe tan pronto Thom mencionó tus ojos. Antes de eso, no lo
hubiese esperado —dijo, su sonrisa brillando como la de un lobo—. Pero
cuando dijo que tus ojos eran como piedras de luna, supe que había
encontrado a mi caprichosa chica después de tanto tiempo. Así que
ahora te llaman Scarlet, ¿no? Qué irónico que huyeras tan lejos de tu vieja
vida y te nombras con tus caros listones. —Se acercó—. ¿Qué, no hay
palabras dulces para tú prometido?
Mi espalda bombardeaba en dolor y me apoyé en la casa. Una
sombra se estaba acercando a mí desde detrás de la casa, y simplemente
recé para que fuera Rob y no los hombres de Gisbourne. Escupí en el suelo,
mostrando a Gisbourne mis dientes como un animal salvaje.
—Maravilloso —dijo—. Mi querida niña se convirtió en una pagana.
Bueno, estoy seguro de que será entretenido romper con tus malos hábitos.
—Inclinó la cabeza—. Puedo ver que tu último castigo sanó bien. Eso te
hará pensártelo mejor antes de dejarme otra vez.
—Eres un monstruo —gruñí—. Y nunca estaré contigo.
—Tú me hiciste un monstruo —rugió—. ¿Crees que no tengo nada
mejor que hacer que dar vueltas por Londres a la mínima mención tuya?
¿Qué recorrer el país por ti? Me atrapaste, tú, pequeña diablilla, y no
toleraré ser dejado. Así que seré un monstruo hasta que seas mía, en
matrimonio o en muerte. —Sus ojos ardían—. Quizás ambas.
Rob salió desde detrás de la casa antes de que Gisbourne pudiera
acercarse, tomando mi mano y empujándome duramente. Mis piernas se
movieron inconscientemente, corriendo con él. —¡Rob, el oro! —Exclamé,
viendo el oro derramado en el suelo y tirando de su mano.
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Ni siquiera me marcó, sólo siguió adelante, llevando mi mano como
una correa y corriendo entre los oscuros bosques cuando Gisbourne llamó
a sus hombres para que nos siguieran. Escuché a Gisbourne riéndose
mientras huíamos, y el sonido se enredó en mi mente.
Rob corrió como si nunca se cansara, como si los demonios lo
estuvieran persiguiendo, con su mano cerrada a la mía como un grillete de
hierro. Su mandíbula estaba tensa y dura, los ojos fijos hacia delante como
un halcón. Mis piernas y mi fuerza se derrumbaban, pero me mantuve en
movimiento sólo para mantener la mano de Rob mientras tejía una pista
salvaje a través de Sherwood. No podría decir si perdimos a Gisbourne o si
nunca nos siguió.
Cuando llegamos a la cueva, me dejó ir, y me di cuenta que estaba
temblando fuertemente. Mi blusa estaba triturada en la espalda y
desgarrada en el frente, y había un calor pegajoso en mi espalda que
hacía que mi pelo enredado se pegara. Me quité la blusa y se deshizo en
mis manos.
Me dejé caer al suelo y me acurruqué sobre mis rodillas. La piel de la
espalda se estiró y grité de dolor.
—Toma. —Rob me dio una capa—. Sostenlo en el frente; tu espalda
es un desastre.
Trotó hacia la cueva, recogiendo el kit de emergencias. Nuestros
suministros iban disminuyendo; pronto tendría que robar más. Se sentó
detrás de mí, y sus dedos tocaron la tela. Mi espalda se ciñó contra él y lo
dejó ir, poniendo el pelo encima de mi hombro. Pude ver trozos de brillante
tela negra con sangre.
El primer tirón de la tela en mi rasgada piel se sintió como el fuego.
Me aferré a la estrecha manta, estremeciéndome. Él arrancó trozos de
tierra y toca, y cada toque quemó. El agua se escapaba de mis ojos. No
hice ningún sonido. Sólo oía a Gisbourne riendo una y otra vez en mi
cabeza como una enferma balada.
—Intenta dejar de temblar, Scar —dijo. No sonó gentil, como
usualmente, sino firme y duro.
Me acurruqué más fuerte, y mi espalda dolió aún más.
Terminó de arrancar las cosas y comenzó a frotar la pomada, enterré
mi rostro en la capa cuando las lágrimas se derramaron. Dolía; era el tipo
de dolor más fuerte.
—Aquí —dijo, e incluso no me di cuenta de que había dejado de
frotar mi espalda hasta que lo vi enfrente de mí. Se quitó la camisa y la
enrolló en una mano, presionándola en mí. Lo miré con mi cara mojada, y
los músculos de su mandíbula ondularon. Tomé la camisa con manos
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temblorosas, poniéndomela con cuidado, y luego le entregué la capa. Su
mirada era más como hielo. —No. Póntela.
Obedecí, mordiéndome el labio. —Rob, lamento lo de las
monedas…
—Para.
Paré.
—No digas nada.
Parpadeé.
—No creo que pueda escuchar alguna cosa ahora mismo. No
después de eso. No después de haberte visto, tu blusa toda rota cuando
Thom… —Su boca se apretó como un cordón—. Y luego escuchar a
Gisbourn decir prometida.
Temblaba tan fuertemente que sentía como un traqueteo flojo en mi
vientre. —Rob.
—Ni. Una. Palabra —Negó con la cabeza, y sus ojos se cerraron—.
Simplemente no sé cuál de todas me hace sentir de esta manera, como si
fuera a vomitar mis órganos. ¿Thom te hizo daño?
Negué, demasiado asustada para hablar.
Apuntó un dedo hacia mí. No me miraba pero estaba de pie a mi
lado, su brazo extendido hacia fuera y su pecho desnudo. —Y tú eres Lady
Marian Fitzwalter, ¿no es así? La hija menor del Lord Leaford. La
pretendiente de Gisbourne.
Me aferré a la capa fuertemente, congelada por dentro y fuera.
—¡Respóndeme! —Espetó.
Asentí. Apartó la mirada de mí, mis ojos ardían como si hubiesen sido
batidos, pero la verdad es, que estaba llorando. Llorando como la
estúpida niña que fui. Todo mi cuerpo golpeaba con dolor, y sentía como
si alguien presionara sus pulgares en mis ojos.
Asintió, entró a la cueva y encontró una túnica con la que era
ridículo ir sin camisa. —No te muevas —ordenó mientras caminaba de
vuelta y se dirigía al bosque.
—¿A dónde vas? —Pregunté, escapándoseme un hipo. Puse mi cara
en mis manos. No quería mirarlo.
—A advertir a los otros. Si Thom es el traidor, Gisbourne estará tras
ellos pronto. Quédate aquí. —Dio un paso—. No, ve a Tuck. Dile que te
oculte. Si te veo sentada en la taberna, te juro que yo mismo te asesino.
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Corrí todo el camino, dejando que el viento tirara lejos mis lágrimas.
Tuck me puso en una habitación pequeña en la posada, y me acurruqué
en una esquina, tomando la manta de la cama y envolviéndola a mí
alrededor. Me retorcí encima de mis rodillas y sollocé. Sentí como si
perdiera a Joanna otra vez, cómo la única cosa que me amaba en el
mundo había muerto y desaparecido.
Salté.
Un terrible tiempo pasó antes de que alguien golpeara la puerta.
—¿Scar? —Llamaron. No dije nada y simplemente abrieron la puerta.
Era John, y las lágrimas comenzaron de nuevo. Quería que fuera Rob,
diciendo que todo estaba bien y que no le había fallado a todo el mundo
y a todo. —Aw, amor —dijo, acercándose y sentándose junto a mí,
llevándome a su regazo, dejándome curvar a su alrededor. Comencé a
llorar fuertemente, y frotó mi espalda.
Yo gemí, alejándome. Él hizo sonidos suaves, poniéndome cerca otra
vez, con cuidado de mi espalda. —Silencio —susurró, como si fuera una
niña pequeña—. Estoy feliz de que estés bien. Las muchachas abajo
estaban horriblemente preocupadas por ti. Bueno, no saben que eres tú a
quien Tuck puso aquí, pero dijeron que alguien estaba llorando.
Agarré su camisa. Mis lágrimas me hacían temblar nuevamente, y
sólo quería que todo se detuviera.
—Estoy aquí, Scar. No me voy a ninguna parte —Sus manos quitaron
las lágrimas de mis mejillas y su pulgar acarició el costado de mi cabeza.
Miré sus ojos—. No me iré a ninguna parte, Scar, porque te quiero.
Empujó mi cabeza más cerca y presionó sus labios contra los míos, y
lo besé de vuelta. Sabía que era una cosa idiota para hacer, pero no pude
evitarlo. Me acarició el cuello y me mantuvo cerca de su cara.
No ayudé en nada. Sinceramente, lo hizo peor de lo que ya era.
Estaba ahuecada y torcida, enferma en todo tipo de formas. Sentía que
nada volvería a ser bueno otra vez, y tiré de mis labios hacia atrás. Su
mano me mantuvo ahí. —John —dije suavemente—. Yo…
—No se detengan por mí.
Bruscamente miré a Rob, de pie en la puerta, el puño en la manilla
de la puerta y los nudillos blancos.
—Supongo que te recuperaste.
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—¿Encontraste a Thom? —Preguntó John.
—No todavía.
—Robin —dijo Tuck, apareciendo en el pasillo—. Tienes que venir a
ver esto.
Rob me miró de nuevo, y me levanté. John empezó a ayudarme,
pero ya estaba en mis pies. Todo dolía. El lateral ardía en donde la rama
me golpeó, mi mejilla latía, y mi espalda expulsaba calor como fuego y
haciendo que el resto de mi cuerpo sintiera escalofríos. Mi cabeza se sentía
como si alguien me hubiera golpeado con una olla, y el beso no ayudó en
nada.
Rob me detuvo en la puerta, bloqueando mi camino. No me miró. —
Capa —dijo. La palabra sonó como una maldición. John puso la capa
sobre mis hombros, colocándome la capucha, y Rob nos dejó a ambos
pasar.
Much no estaba en la taberna, lo que me pareció extraño. No había
nadie allí. Tuck salió y lo seguimos.
Me detuve en seco. Todos estaban en silencio, de pie en un círculo.
Me empujaron a través de él, y el vómito, dolor y sangre comenzaron a
pelearse entre sí por todo mi cuerpo.
No estaba orgullosa de eso. Sería razonablemente vergonzoso. Eché
un vistazo al cuerpo y logré cuatro respiraciones desesperadas antes de
que el dolor me ganara y me desmayara. Thom Walker estaba en el suelo,
su cuerpo marcado con cuchillos, la camisa colgando en pequeños trozos.
Su boca cerrada con sutura de hilo negro empapado en sangre, la marca
de un traidor. Tenía sangre seca por toda la cara, y en su pecho, a través
de una gruesa capa cubierta de sangre ennegrecida, Gisbourne marcó
las palabras: DADME A MARIAN.
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V
oy a morir hoy.
14
Me desperté de nuevo en la habitación de Tuck, y esta vez
estaba en la cama, sin la capa y con las mantas alrededor
de mí. Me sentía como una roca. Me moví y mi cuerpo entero se
encontraba adolorido. Mis ojos se sentían como polvo de madera y mi
costado estaba caliente e hinchado. Estaba magullada y ensangrentada,
por dentro y por fuera.
Me quedé durante mucho tiempo sobre la cama, sin moverme, solo
parpadeando. Era todo en lo que podía pensar, una y otra vez. Voy a
morir hoy. Porque sabía que tan pronto como comenzara a moverme,
tenía que entregarme a Gisbourne. No podía dejar que nadie más saliera
herido.
A los chicos no les gustaría eso. Tendría que escaparme. Tampoco
tendría la posibilidad de despedirme. Y luego, cuando Gisbourne viniera a
mi encuentro, él me mataría. Dios sabe que yo había hecho bastante para
merecerlo, y dado que mi padre firmó el contrato de matrimonio hace
tantos años, él tenía razón.
—Puedo decir que estás despierta, sabes.
Me volví hacia mi otro lado, mordiendo mi labio mientras rodaba
sobre mis heridas y mi espalda. Me senté y el vértigo me sacudió.
Se trataba de Rob, sentando con su espalda contra la puerta.
Estaba desaliñado y con apariencia suave, excepto por sus ojos. Ellos eran
duros, mirando hacia el piso.
—¿Cuánto tiempo estuve dormida?
—¿Quieres decir desmayada? Te desmayaste, Scar.
La memoria del cuerpo pasó sobre mí como el hielo. —Correcto.
—Has estado fuera durante la noche. Nunca te moviste.
—¿Por qué estás aquí?
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—Porque te conozco. Sabía que tan pronto como te despertaras,
ibas a escapar y entregarte a Gisbourne. —Él sonrió un poco—. O salir
corriendo. De cualquier manera, no voy a dejarte ir.
Mi taza estaba caliente, pero sonó más como una amenaza. —
Podría jurar que anoche me odiabas.
—Esto tiene poco que ver con si te estoy entregando a Gisbourne o
no.
—No es legal, sabes. Apartarme de él.
—La última vez que hice una verificación, yo estaba fuera de la ley,
entonces es discutible. ¿Por qué hablas así?
Miré hacia abajo, escarbando en los hilos de la manta. —Cuando yo
era joven, solía hacerlo para poner a mi madre a saltar. Imaginaba que
ellos podían decirme qué hacer, pero no podían forzarme a hablar bien.
Me gustaba imitar a todos, para hacerla enojar. Pero entonces nos
escapamos y Joanna, siendo la mayor, mantuvo la mayor parte de la
conversación, y nos pusieron en agua caliente horriblemente rápido.
Entonces comencé a imitar a los plebeyos, entre más tosco mejor. Era tan
fácil. Y mientras más hablaba de esa manera, más pensaba así, y cuanto
más pensaba como ellos, más lejos me sentía de Leaford y mis padres.
Cuanto más rudo hablaba, más libre era. Era.
Él sacudió su cabeza. —Debería haberlo sabido. Cuando tú estabas
tan enojada respecto a mí tratando de manera diferente a la nobleza y tú
hablaste así... Pienso que lo sabía.
Me mofé. —No lo sabías, Rob.
Él suspiró. —No, no lo hice, pero debería haberlo hecho. Te vi robar la
cinta de las cosas de Gisbourne, lo supe cuando hablaste, tenía todos esos
indicios que no quise juntar. —Él tragó—. Te conocí una vez.
Probablemente no lo recuerdas. Tú eras solamente una niña. Pasé por tu
tierra cuando fui a las Cruzadas. —Él tocó su pecho—. Tu hermana y tú me
hicieron una guirnalda de algunas pequeñas flores para la suerte.
—Yo no era tan pequeña —le dije. Incluso sabiendo cuán enfadado
estaba conmigo, la idea de que él realmente se fijara en mi hace todos
estos años envió un rubor a mis mejillas—. O no pensaba que lo fuera. Fue
un año y pico antes del contrato con Gisbourne, aunque reconozco que
era pequeña.
—Debería haberlo sabido, Scar, cuando vi tus ojos. No quise saber.
—No quería que tú supieras, tampoco.
—¿Por qué se escaparon tu hermana y tú de la casa? —preguntó.
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Resoplé. —Joanna fue la única persona que significaba algo para
mí. Y yo para ella. Mis padres habían firmado mi contrato con Gisbourne y
esperaban una oferta por ella de un señor escocés que llegaría en
cualquier momento. Ellos tenían muchas tierras y ningún dinero para
mantenerlas, pero no podían venderlas porque eran nuestras dotes.
Gisbourne y ese otro señor llegaron cortejando con dinero y mis padres no
dejaron pasar la oportunidad.
Sacudí mi cabeza. —Nosotras estaríamos muy alejadas y —susurré,
apretando fuertemente mis ojos contra la idea—, estaba tan asustada de
él. Mis padres nos presentaron y le permitieron que me llevara caminando
al jardín. Yendo con él, mi cuerpo sentía como hielo por todas partes. No
podía explicarlo, pero él me hizo sentir una sensación tan horrible. Envié a
mis criadas para que hablaran con sus sirvientes y las historias que escuché
de ellos dejaron escalofríos en mi sangre. Cuando les dije a mis padres que
no me casaría con él, dijeron que yo era una chica testaruda y que no
sabía lo que era mejor. Entonces huimos.
Mis dientes mordieron con fuerza mi labio, torciéndolo, peleando
hasta que se sentía como un gusano en mi boca. —Ella se habría
quedado. Se habría casado con su señor escocés. Fui yo.
—¿Quién la hizo irse? —Mis ojos se engancharon en el piso y no
dejaron saber nada—. Ella tomó su propia decisión, Scar. Ella era mayor
que tú.
—No importa. Si yo no hubiera sido una cobarde, ella se habría
quedado. Y si ella se quedaba, no estaría muerta.
Las palabras cayeron suaves entre nosotros, se asentaron y crecieron
hasta que todo en lo que podía pensar era en el silencio. Entonces, Rob
suspiró. —¿Por qué no confiaste en mí con esto? ¿Por qué no me lo
contaste? —preguntó.
Alcé la vista y sus ojos estaban sobre mí, tristes, abiertos y llegando
hacia mí. —Porque eres honorable, Rob, y por tu honor deberías
devolverme.
Él sacudió su cabeza. —Tú no eres un caballo. Gisbourne no es tu
dueño y no te devolveré en contra de tu voluntad. Y en cuanto a mi honor,
hay dos puntos de vista sobre esa situación.
Me retorcí. —¿Alguno de ellos es bueno para mí?
Él sonrió, pero ésta no era una verdadera sonrisa. —Gisbourne es un
monstruo. Le dije que te protegería con mi vida y me gustaría pasar mi vida
entera cuidando a chicas como tú de hombres como él.
—Pero mi padre hizo el compromiso —dije. Sabía lo que él iba a
decir.
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—No —él dijo. Su voz me hizo mirar a sus ojos otra vez—. No. Estás
comprometida, Scar. Todo el resto, yo debería haberlo sabido, pero eso…
—He visto el océano unas cuantas veces en mi vida y una de ellas fue
durante una agitada tormenta. El cielo era negro, perforado por las venas
tempestuosas de luz y el agua agitada como si estuviera hirviendo en una
olla. Era todo en lo que yo podía pensar, mirando los ojos de Rob—.
¿Dejarme creer que estabas soltera, sin compromiso? Esa es la peor
maldita mentira que has dicho alguna vez.
El dolor se había ido, mi corazón golpeaba contra mi pecho. Mi
boca estaba seca, como si mi cuerpo entero no quisiera que yo
preguntara sobre eso. —¿Por qué?
Él sacudió su cabeza y el relámpago estalló atravesando la tormenta
de su rostro. —No me preguntes eso, Scar. Marian. Cualquiera sea tu
nombre.
Me levanté. —¿Por qué no puedo preguntar?
Él también se puso en pie, viniendo hacia mí. Era más alto, bastante
alto para mirar hacia abajo y hacerme sentir pequeña. Su mirada a
menudo me hacía sentir más grande de lo que era. Su pulgar pasando a lo
largo de mi mandíbula, en la hendidura delante de mi oreja, el resto de su
mano alrededor de la parte posterior de mi cuello. Mi respiración se fue
volando.
—Porque estás comprometida y porque, incluso si no lo estuvieras, tú
estás con John.
—No lo estoy —dije.
Su mano me alejó, sonaba enfadado, pero sus ojos solo se veían
como si yo lo hubiera apuñalado. —Bien, entonces eso te hace una puta.
Mis ojos ardieron ante esa horrible palabra. —¡Podrías decir eso! —
chasqueé—. Gisbourne es un monstruo, entonces no puedo pertenecerle,
pero John es un tipo agradable, así que está bien que él me posea,
¿verdad? Él dice que me ama, entonces no importa cómo me siento,
¿verdad? A él no le preocupa nada y a ti tampoco.
Él agarró mis brazos. —Scar, tú lo besas, duermes con él, estás sola
con él, ¿qué diablos quieres que piense?
—¿Por qué estás pensando en mí en absoluto?
—No lo hago. —Él me miró, directamente a los ojos y se marchó—.
No lo haré.
Retrocedí. Dios del Cielo, ¿cómo podía hacer eso, hacerme sentir
herida y pequeña, solamente con una estúpida palabra? —Por la Santa
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Cruz, Robin de Locksley, te odio —le escupí. Lo aparté, le arrebaté mi
capa, y abrí la puerta. Él agarró mi muñeca y lo aparté.
John estaba en el pasillo y me atrapó rodeándome por la cintura. —
¡Eh! amor —dijo él. El dolor atravesó mi espalda y lo empujé.
—¡No soy tu amor, John! —Él me miró sorprendido y sentí lágrimas
calientes apresurándose hacia mis ojos. Me detuve y puse mi mano sobre
su mejilla. Podía sentir a Robin parado justo detrás de mí—. Te amo, John,
pero no quiero ser besada por ti de ningún modo. Y tú sólo quieres
besarme porque viste mis partes privadas en un vestido.
Él frotó su áspera mejilla en mi mano como un gato. —Eso no es
verdad. Y tú quieres ser besada por mí. No mientas.
Mi mano cayó y mi cara flameaba. —¡No lo hago, John!
Sus ojos se estrecharon sobre mí, claramente preocupado. Sacudí mi
cabeza, pero Rob se burló. Entonces, los ojos de John fueron hacia Robin y
se rió, pero esta no era un tipo de risa feliz.
—Oh. Ya veo de qué se trata. —La vergüenza se precipitó sobre mí
otra vez, sintiendo la horrible mirada de Rob sobre mi espalda y mi rostro se
contrajo. John se puso tenso—. ¿Hay algo que tú y yo debamos estar
discutiendo, Rob? —preguntó John.
—No —dijo. Me abrí paso entre John con agua sobre mis mejillas y
Rob dijo bruscamente—: ¿A dónde vas, Scar?
—Tú sabes dónde —dije.
—¿A dónde? —preguntó John.
Seguí adelante, pero Rob permaneció persistente, diciendo—: Si no
importa nada más, tienes que deshacer lo que has hecho. El sheriff tiene a
veintisiete personas por no pagar impuestos. Trece de los veintisiete son
niños, Scar. No puedes simplemente alejarte de esto.
—¡No lo hago!
—¿Y tú los harías verte morir? ¿Dejarías a todos esos niños verte morir
y saber que es su culpa? —rugió—. ¿Pondrías eso sobre sus hombros, sobre
sus almas?
Caí sin fuerzas contra la pared. No me giré para mirarlo, no me atreví.
Él estaba furioso, pero me preguntaba —deseaba— si estaba diciendo que
no quería verme morir. Rob tenía esa manera, a veces, de decir algo
distinto de lo que él quería.
—No es su culpa —dijo Much, llegando por la escalera.
—Maldición, lo es —dijo Rob y yo me estremecí como si él me
hubiese golpeado con las palabras, lanzando mis deseos sobre rocas—. No
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voy a dejar que se entregue, pero sí, justo en este momento, pienso que
esto es su culpa.
—¡Rob! —Dijo Much—. Todos estamos enfadados. Algunos por
motivos diferentes, pero este no es el momento para culpar a otros por ello.
Mis ojos ardían. —Es legítimo el derecho de culparme, Much.
—Tú no lo hiciste —insistió él—. Además, ¿qué puedes hacer tú sin
nosotros?
—Es fácil —dije suavemente—. Gisbourne hará casi cualquier cosa
por conseguirme. Me puedo comerciar por la gente del pueblo.
—¿De qué estás hablando? —John preguntó, dando un paso más
cerca.
Much suspiró. —Entonces, ¿eres Marian? —Asentí—. Scar, no puedes
ir. Él apenas conocía a Thom. ¿Qué va a hacerte?
—Eso no importa. Mi vida puede comprar otras veintisiete, Much.
¿Qué quieres que haga?
Much subió un escalón, más cerca a mí. —Lucha. —Lo miré—.
Luchar, Scar, porque Dios sabe que no puedo luchar de la manera que
quisiera.
Nunca pensaba en el brazo de Much si podía evitarlo, el muñón8
negro lleno de cicatrices, donde su mano fue cortada por los hombres del
sheriff. Él lo mantenía oculto, en un bolsillo o bajo una capa. Ahora lo puso
entre nosotros. Coloqué mi mano sobre él. Si alguna vez pudiera curar
algo, deseaba que pudiera ser eso.
—Ayudaré, luego me iré —le dije—. Para bien.
Much miraba a Rob, pero me abrí camino pasándolo.
La puerta de la taberna lucía tremendamente tentadora, pero en
cambio fui a la cocina a tomar algo de caldo. El alivio se lavaba a través
de mí en forma de pulsos con el dolor, y así fueron derribando la cantidad
aplastante de grietas y miedo en mi mente.
Tuck dejó que me quedara en la habitación por los días siguientes.
Necesitaba curarme un poco, y era mejor si lo hacía caliente y
alimentada. Creo que los muchachos estuvieron de acuerdo porque,
8 Parte de un miembro cortado que permanece adherido al cuerpo.
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tanto Tuck y su esposa, mantuvieron un ojo más cerca de mí de lo que ellos
podían. Se sentía extraño estar tan lejos de los muchachos. Era extraño
estar lejos de Rob, pero no quería pensar en nada de eso.
No quería ir a la ciudad. Estaba segura de que ellos me apedrearían
o algo peor. Tenía que idear un plan, pero nada venía. En cualquier
momento, Rob iba a llegar y decirme que habían fijado que la gente del
pueblo moriría al día siguiente, y no tendría un plan.
Los muchachos llegaron juntos mientras yo fregaba el piso. Ethel, la
esposa de Tuck, pensaba que no había ninguna razón para que no hiciera
algunos trabajos ligeros ya que yo no pagaba nada. Me paré,
enderezándome.
—¿Cuándo será? —Pregunté.
—Cinco días —dijo John.
—¿Cinco? —Pregunté—. Pero, ¿no es la boda de Ravenna?
—¿Del sheriff, quieres decir? —Dijo Rob—. Cuatro días. Ellos colgaran
a todos al día siguiente de la boda. Debido a que el sheriff está
decepcionado de que la gente no lo quiera como deberían.
Lo miré. Se veía demacrado, como una muñeca vieja.
—Hay más —dijo John. Su voz sonó más pesada que un ancla de
barco—. Ellos han trasladado la prisión. Toda nuestra gente del pueblo está
siendo recluida en un lugar donde nunca hemos estado y no sabemos
cómo escapar.
La fregona se cayó de mis manos. —¿Cómo lo sabes? —Pregunté.
Esto era malo en todas las formas.
John miró a Rob y éste se inclinó hacia adelante, cauteloso de los
otros cuerpos en el lugar. —Ravenna.
Me acerqué, segura de que oí mal. —¿Qué?
—Ravenna. Ella nos pasó la información y va a intentar conseguir un
mapa de la prisión.
Di dos pasos adelante, empujando los grandes hombros de Rob. —
¡Tú, estúpido sinvergüenza, vas a conseguir que la maten! —Siseé.
John me empujó hacia atrás. —Tranquila, Scar. Godfrey nos lo dio.
No fuimos a pedirlo.
—Bueno, ¡no deberías tomar el mapa! Van a darse cuenta.
Gisbourne es más listo que todos ustedes y lo sabrá, le dirá al sheriff y el
sheriff la matará. Puedo ser responsable por el resto, ¡pero tú tienes la culpa
por ella, Robin! —Gruñí. No era verdad, y yo lo sabía, pero me sentía
enferma, enojada y con un terrible odio hacia él.
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Rob hizo un lado a John y me empujó. Tropecé, más por sorpresa
que dolor. Fue lo menos caballeroso, la cosa que jamás había hecho. —
Ellos son toda mi responsabilidad, Marian —dijo, escupiendo mi nombre
como una maldición—. Cada muerte y cada dolor que ellos soportan son
cargados en mi alma, ¿lo entiendes?
Furia y vergüenza me sorprendieron, encendiéndose dentro de mí.
—¡Tu no vas a conseguir hacer eso! —Bramé. Bueno, tanto como el
bramido que pude reunir, al menos. Tomé sus hombros y le di un rodillazo
en los genitales, haciéndolo que se doblara a medida que John y Much
daban un gemido por él. Lo tiré al suelo—. No llegarás a ser un maldito
mártir, ¿me oyes? Eres un cabeza dura, terco, estúpido muchacho y no vas
a poner a más gente en peligro. Vamos a averiguar la ubicación de esta
prisión como hicimos la última vez. Vamos a sacarlos y liberarlos sin su
ayuda. Y nunca, jamás, me llames Marian.
Cogí la fregona y empecé a lavar de nuevo mientras Rob se ponía
de pie, sonrojado. John se echó a reír y Much ocultó una sonrisa.
—¿Ustedes creen que esto es divertido? —Les pregunté—. También
los des-masculinizaré, si lo desean.
Dieron un salto atrás y Rob gruñó. —No me has des-masculinizado, y
resiento la implicación del mismo.
—Fue un golpe de advertencia—le dije, empujando la fregona por el
suelo—. La próxima vez voy a intentarlo más fuerte.
Rob se cubrió. —No hay próxima, Scar.
Podría mentir y decir que ni siquiera lo noté llamándome Scar, pero lo
hice, y eso me emocionó.
—Mira —le dije, sin dejar de limpiar—, podría tener un plan. —Rob se
cruzó de brazos, pero los otros parecían interesados—. Gisbourne estropeó
todo en el castillo, pero hay una clase que todavía puede entrar.
—¿Ratas? —preguntó John con una sonrisa.
—Creo que ella quiera decir animales, John —dijo Much en voz baja.
—Del tipo sagrado —les dije y miré a Rob.
Las cejas de Robin se alzaron hacia el cielo. —¿Quieres hacernos
pasar por el clero?
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—Él sabe tu secreto —murmuró Rob para mí, reacomodando su
túnica de monje mientras caminábamos detrás del Hermano Benedict.
—No se puede mentir a Dios.
Apuntó en la dirección de Benedict. —Él no es Dios.
—Él es un monje, Rob.
—¿Así que nunca me lo dijiste porque no soy lo suficientemente
santo?
—Sólo cállate. Cuando esto haya terminado, nunca tendremos que
hablarlo de nuevo, ni vernos nunca.
—¿Realmente vas a irte?
—Te dije que lo haría.
—Antes le dijiste a John que también lo harías, y no sucedió.
—No te digo mentiras, Rob. Nunca hablé de mi pasado, pero yo
nunca mentí a ninguno de ustedes, y no estoy mintiendo ahora. Una vez
que la gente de la ciudad esté a salvo, me iré.
—Bien.
—Tú eres el que siempre me está diciendo que me vaya, ¿no? —
espeté.
—Dije bien.
Lo fulminé con la mirada, pero me oculté en la capucha de monje,
por lo que pasó desapercibido. La oscuridad fue descendiendo sobre
nosotros cuando llegamos al castillo, y el guardia nos miró.
—¡Demasiados, Hermano!
—Me han dicho que tienes un gran número que atender.
El guardia miró hacia la reja. —Verdad de Dios. Entra —dijo,
señalando a los otros guardias para que abrieran la puerta.
Honestamente, esto era lo que más me gustaba de ser un ladrón,
aunque sea sucio en eso. A veces, si acabas de poner un poco de licor en
tu sangre, puedes caminar por donde nadie más podría y hacer cosas que
nadie más se atrevió. Como entrar en el Castillo de Nottingham con una
escolta que no tenía la intención de encerrarte.
Caminamos a través de los niveles del castillo, más allá de la antigua
prisión en el centro del patio y hasta la muralla superior. El guardia nos
condujo hacia el lado de las residencias donde, casi un mes completo
pasó, había visto a todos los constructores y los guardias que iban de aquí
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para allá. ¡Qué tonta fui! ¿Por qué no pasé a ver esto? Hubiéramos sabido
esto hace años y habría tenido tiempo para un plan adecuado.
Había una serie de escaleras excavadas en la tierra y empezamos a
bajar hacia la roca en la que el Castillo de Nottingham fue construido. La
escalera era estrecha y tocó fondo en un patio amplio con varios guardias,
lo que significaba que la entrada podía muy bien haber sido la propia
guadaña de la Muerte, nunca nos colaríamos por ahí con vida.
Los guardias nos dejaron en una gran forma de U con celdas, treinta
en total. La luz venía de las lámparas, pero el aire era espeso y cerrado,
arrastrándose sobre mi piel. No había nada de aire fresco bajando, y eso
significaba que no había ventilación, no había manera de colarme
adentro o afuera. Había una escalera que conducía abajo en el rincón
más alejado, y mi mente fue a eso primero.
Escuché un azote viniendo de ahí, y adiviné lo que había en el piso
de abajo. Golpeé la muñeca de Rob y, mientras él y los demás empezaron
a mover a los prisioneros y orar con ellos, me lancé a un lado, bajando las
escaleras.
Me quedé pegada a la pared, insegura de si interpretar al monje o
al ladrón escurridizo me ayudaría con lo que sea que esté al final de las
escaleras.
Bajé lentamente, viendo lo áspero y modelado de la pared. Estaba
fresca con agua. Me agaché, mirando a la habitación, luego echándome
atrás. Había un gran fuego y sangre. Sangre por todas partes. La prisión
estuvo semanas vacía, y ya se veía empapada en el suelo, drenando a
una rejilla en el centro de la habitación. Había grilletes, cadenas y un muro
de instrumentos de tortura que hizo que mis rodillas se debilitaran. Algunos
estaban atascados en el fuego para tenerlos calientes y listos. Por el fuego
había un bloque con una ranura en él, bañado con sangre hasta que se
fijó y manchó. Yo sabía para qué era: cortar manos como le hicieron a
Much.
Me tragué el gusto enfermo en mi boca y bajé las escaleras. Un
hombre corpulento con pelo sobre su pecho estaba allí. Sólo tenía
pantalones y su piel era del color del bronce, pero no sabía si era por la luz
del fuego, la sangre y el sudor, o su propia extraña coloración. De
cualquier manera, él era la mitad más grande que John y sentí el miedo
subiendo.
—¿Quién diablos es usted?
—Hermano Francis —le dije—. Vamos a orar con el prisionero.
Escupió en el suelo, en el río de sangre, y asintió con la cabeza,
subiendo para darme tiempo a solas con él.
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El hombre se desplomó en sus esposas, su espalda desgarrada
filtrando sangre. Sus cadenas se torcieron y él se dio la vuelta lentamente.
Era Hugh Morgan, el marido tonto de la señora Morgan.
—Hermano —gimió él, bajando la cabeza. Podía oír el agua
corriendo y el fuego rugiendo, pero él estaba jadeando bajo, raspando
por aliento, y con él vino la saliva y la baba.
—Hijo mío —le dije, mi voz áspera—. ¿Por qué te tratan así?
—Ellos creen que yo sé dónde se queda el Hood.
—¿Y no les dirás?
—Se han llevado todo de mí. Mi mujer y mis hijas están arriba, ¿las ha
visto?
—Todavía no. Buscaré.
Él asintió con la cabeza. —Dígales que las amo.
—Usted no se está muriendo, Hugh.
—¿Usted sabe mi nombre?
Maldita sea. —Eh —le dije—. Soy un hombre de Dios, Hugh. —Era una
mentira poco convincente.
—No les daré nada cuando han tomado todo lo demás, hermano.
Puse mi mano sobre su pecho, esperando que tuviera demasiado
dolor para ver que eran pequeñas y suaves, sin nudillos peludos. —La
salvación vendrá, Hugh. —Me incliné más cerca—. En el cuarto día. Espera,
Hugh. Por favor, espera.
—¿Cristo vendrá por mí? —gimió.
—No —dije, inclinando mi capucha lo suficiente para que pudiera
ver mis ojos—. Yo lo haré.
Lo vi entonces, en sus ojos. Esperanza. La entera razón por la que
hicimos algo de esto, la única razón por la que yo no estaba segura de
que jamás podría abandonar a Rob, todo eso era esperanza.
—Mantente fuerte, Hugh. Y reza. Eso ayuda.
—Cuida de mi familia.
Asentí con la cabeza cuando el torturador bajó las escaleras. Fui
hacia él. —Este hombre me ha confesado su alma y él jura que no conoce
la madriguera de Hood. No logro entender por qué él arriesgaría su alma
inmortal para proteger a un ladrón.
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El hombre soltó un gruñido, mirándolo fijamente. —Está acabado
con su suerte de todos modos. Si el Hood tiene un refugio, estas personas
no saben de él.
Empecé a subir las escaleras, pero me detuve. —Si usted quiere
confesarse, Dios y su Hijo esperan para aligerar su alma —le dije.
Él lo pensó un momento. No sabía si tenía un secreto desagradable
para confesar, y yo estaba segura que tendría que confesarme el
domingo, pero valía la pena el riesgo. —No, hermano.
Asentí, subiendo las escaleras. Los otros estaban con los presos,
hablando con ellos, orando. Me acerqué y vi a la señora Morgan y sus
chicas acurrucadas y sollozando. Deslicé pan a través de los barrotes, sin
mirarla a los ojos mientras ella lo tomó. Ella cogió mi muñeca y la apretó,
no cruelmente sino amable, y yo asentí. No era momento para el orgullo.
Repartí el resto de la comida que escabullí, y no hablé. Hugh podía
correr la voz más tranquilo que yo.
Irse fue una terrible sensación. Pensé en Ravenna, Joanna y todas las
veces que dejé a alguien atrás y casi maté por ello más tarde. No sería lo
mismo con ellos. Yo podía dejarlos.
Nosotros tres nos fuimos y no hablamos hasta que nos reunimos con
Tuck después de regresar a Benedict y las túnicas. Una vez allí, fuimos a la
bodega y Tuck nos trajo cerveza para beber.
—No es muy lejos del túnel —les dije—. Mucho más cerca que el
anterior.
—Sí, pero tendremos una distracción monumental. Algo para atraer
a todos los guardias de la prisión, porque la única forma de entrar y salir es
la puerta de entrada.
Asentí, pensando en la rejilla en el piso de abajo. Sin embargo,
tendría que ver a dónde conducía antes de sugerirlo.
—Creo que puedo crear una distracción —dijo Much—. Con el polvo
de la cueva.
—¿Una explosión? —preguntó Robin.
Much negó con la cabeza. —No he encontrado suficiente para una
explosión. Cerca de eso, pero no lo suficiente.
—Pero, ¿qué podemos encender para que les importara? —
pregunté—. Las residencias están demasiado cerca. Casi no nos dará
tiempo suficiente.
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—Las residencias nobles —dijo Rob, vaciando su copa—. Pero creo
que todos los guardias tienen las familias en las cabañas. Y queremos a los
guardias desertando, ¿no?
—Sin herir a nadie —añadí.
Much asintió. —Eso lo puedo manejar. Con John.
John me miró y sentí sus ojos en mí. —Tú tienes que protegerla
realmente, Rob.
—La protegeré con mi vida y mis huesos, John, lo sabes.
Sus palabras eran feroces, las sentía, y me encontré mirando. El
movió su mirada hacia mí y de regreso.
—Tengo que mantenerte en forma suficiente como para alejarte de
nosotros, Scar —me dijo.
—Todos se protegen mutuamente. Nadie será herido, atrapado ni
nada —dije.
—Tenemos dos días para conseguir todo lo que necesitamos. Iremos
la noche antes de la boda —dijo Rob.
—¿Por qué no la noche siguiente? —Much preguntó—. Tenemos
mucho que preparar.
—No podemos correr el riesgo —dijo Robin—. Si algo sale mal, si se
nos anticipan, necesitamos la noche extra para asegurar de que todo el
mundo sale de allí con vida.
D
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15
os días pasaron en un abrir y cerrar de ojos. Ya había
revisado el arroyo junto al castillo, pero no había mucho más
que una gota de sangre en él. Si la puerta de la prisión se
abría, no era hacia aquí. Siguiendo el plan, permanecimos juntos en la
cueva, vistiéndonos para la batalla. Cubrí cada parte de mi cuerpo con
cuchillos, y Rob tenía su gran espada de las Cruzadas, además de cuchillos
y un arco. Much tenía su kattari y John su bastón y espada. Los chicos
tenían partes de armaduras que habíamos recogido, pero ninguna de ellas
me quedaba, por lo que ceñí a mi cuerpo trozos de cuero pesado. La
madre gato estaba haciendo círculos alrededor de mis tobillos, y me dije a
mí misma que era suerte, como si ella me estuviera cubriendo con antigua
magia Celta. John tomó mi muñeca y me arrastró hacia afuera, lejos de la
vista de todos. Me besó, del tipo pequeño y ligero. Fruncí el ceño y él dijo
—Para la suerte —antes de que pudiera gritar—. Y esto también es para la
suerte.
Empujó metal frío en mi mano, y bajé la mirada. Mi cuchillo favorito,
el que había roto el guardia, estaba reconstruido y perfecto, bajo el
granate rojo del mango. Había atado mi cinta en la empuñadora, como a
mí me gustaba.
—Tienes que permanecer segura Scar. Tal vez eres tú en un vestido o
sólo tú, pero realmente me gusta lo que hay allí. Así que no dejes que te
asesinen. —Salté un poco para envolver mis brazos alrededor de sus
hombros, y él me envolvió, levantándome del suelo.
—También tú —le dije—. Y mantén vivo a Much. Todos ustedes me
gustan de verdad, muchachos.
Me depositó en el suelo. —¿No hay un gusto especial por mí?
—No pienses que es del tipo que quisieras John.
—Vamos Scar, ambos sabemos que te gusto. —Me sonrió, pero alejé
mi mirada.
Much y Rob habían aparecido en la entrada de la cueva, y mis ojos
se estrecharon cuando vi a Rob.
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El rostro de John se frunció. —Yo te gusto. Pero desaparezco tan
pronto como el noble Conde de Huntingdon está alrededor, ¿no es cierto?
Mis ojos volvieron a él. —John —traté, pero sacudió su cabeza y se
alejó.
Deslicé el cuchillo en la funda de mi chaleco con un suspiro. Abracé
a Much y luego me dirigí hacia Rob, permaneciendo enfrente de él por lo
que pareció una eternidad.
—Los sacaremos, Rob. Lo juro.
—Lo sé —dijo—. Eres la única persona en la que confiaría en esto,
mujer o no.
Mi corazón se aceleró. —Eres la única persona en la que confío, Rob.
Su rostro se sacudió bruscamente, como si lo hubiera golpeado.
—No quiero escuchar que confías en mí. No confías en mí. Mentiste
acerca de todo.
—No mentí acerca de todo Rob.
—¿No? ¿Qué de lo que me dijiste es verdad? ¿Tu nombre? ¿Tu
familia? ¿Tu destino?
Fruncí el ceño.
—Te di más que a nadie. Siempre. Nadie sabe sobre Joanna. Nunca
le he contado a nadie las cosas que te he contado a ti. Sé que estás
enojado conmigo, y estás en todo tu derecho de hacerlo. Pero tú mismo lo
dijiste, me viste, y me conociste, cuando no quería que nadie siquiera
echara un vistazo.
Sacudió su cabeza. —¡Y esa es la peor parte Scar! Pensé que te
conocía mejor que nadie. Pensé que significaba algo, que podía decirte
todas estas cosas que encadenan mi corazón y confiártelas. Que tú podías
hacer lo mismo conmigo. Fui un tonto al pensar… —Se detuvo y sacudió su
cabeza de nuevo—. Pero estaba equivocado. Me conoces porque me
entregué a ti. Pero tú no eras tuya para entregarte, ¿cierto?
—Rob —abogué.
Alzó una mano para detenerme. —No. Tal vez moriremos hoy, y de
todas las veces que nos hemos tambaleado al borde de la muerte, esta es
la primera vez que se siente como que no hay ningún tipo de esperanza de
volver. Así que solo liberemos a la gente del pueblo y estará hecho. Todo
estará hecho.
Los ojos tormentosos de Rob se encontraron con los míos y sentí agua
empujarse en las comisuras de mis ojos. Su mandíbula se tensó, pero siguió
observándome hasta que asentí y luego se dio la vuelta y se alejó.
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Partimos temprano, Rob y yo fuimos primero por los túneles y pusimos
cuerdas para que las personas pudieran descender. Luego escalamos la
pared, saltamos en un hueco encima del guardia y nos arrastramos por el
suelo. Fui y abrí la puerta del túnel, luego regresé a él. Esperamos en la
oscuridad junto a la prisión, hombro con hombro, mi corazón martilleando
constantemente.
Oímos el crepitar del fuego siendo encendido, luego el llanto y las
personas empezando a moverse hacia la pared para ver qué sucedía. Las
voces aumentaron y más personas se acercaron a la pared. Les tomó un
momento a los guardias para salir ya que estaban debajo del suelo, pero
cuando lo hicieron, y vieron el fuego, no vacilaron. Empezaron a correr,
encabezando la carrera hacia el portón principal, uno, dos, tres, cuatro.
Eso significaba que uno aún permanecía allí abajo. Rob se dirigió a la
entrada primero, alcanzando su arco y bajando las escaleras
rápidamente. Disparó una flecha y se movió hacia adelante. Lo seguí,
viendo al guardia en el piso con una flecha atravesando limpiamente su
garganta. Lo escuché borbotar su último aliento y me encogí. Alguien
muriendo hacía mala la noche, especialmente cuando lo hacía tan
pronto.
Nos disparamos hacia adelante, Rob agarrando las llaves del
guardia muerto mientras yo me dirigía a abrir las cerraduras. Esta era la
peor parte; apresuramos a todos, pero sabíamos que no importaba cuánto
tiempo tomara, sería demasiado. Cada respiración aumentaba el peligro.
Los habitantes de la aldea empezaron a salir, familias congregadas
juntas y empecé a contar mientras los dirigíamos hacia el frente.
—Rob —llamé.
—¿Si? —susurró.
—Veintiséis.
Asintió. —Uno debe de estar escaleras abajo.
—Tendrá compañía.
—Puedo lidiar con ello. Mete a estas personas en el túnel y te
encontraré; se nos está acabando el tiempo.
Asentí, apresurándome hacia el frente.
—¡Síganme tan cerca como puedan! —les dije, subiendo las
escaleras y asomándome.
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Los nobles estaban saliendo de sus residencias ahora, ocultándonos
un poco para la siguiente parte, sí, pero cada par de ojos que estuvieran
mirando en otra dirección rápidamente podían mirarnos y dar la alarma.
—Corran —ordené, y me disparé hacia delante, yendo hacia la
puerta y empujando a las personas dentro de ella.
El fuego envió humo oscureciendo el aire, y todo el patio estaba
observándolo.
Trece personas habían pasado cuando vi a Ravenna. Ella salió de las
residencias y cruzó el patio, el sheriff un paso detrás de ella. Ravenna vio a
los aldeanos y se agudizó, agarrando el brazo del sheriff y empujándolo en
una de las ranuras de la pared. Cuando ellos se movieron vi a Gisbourne
allí, yaciendo junto a la pared, observando.
Fueron dieciséis, luego dieciocho, luego veinte, y luego Gisbourne se
dio la vuelta. Me vio, bajó su mentón y sus ojos se volvieron malignos y
llenos de odio.
—¡Corran! —Chillé, enlazando chuchillos a través de mis dedos como
un cordón hasta que el acero se presionó entre cada uno de mis nudillos. Él
les gritó a los guardias. El resto de los aldeanos se deslizaron fuera de la
prisión, y los oculté, permaneciendo en frente de ellos y bloqueando el
camino hacia el túnel mientras los guardias empezaban a venir hacia mí.
Empecé a lanzar los cuchillos. Habían muchas personas aquí,
muchos que podían volverse contra mí y pelear conmigo en cualquier
momento. Necesitaba más tiempo, y necesitaba a Robin.
—¡Ella es mía! —Rugió Gisbourne, uniéndose y blandiendo su espada,
una enorme Claymore con empuñadura negra.
Estrelló el primer arco hacia abajo, y me retorcí lejos, clavando dos
cuchillos en los cuellos de dos guardias que se encaminaban hacia la
puerta del túnel. Gisbourne gruñó y se lanzó hacia adelante, pero retrocedí
y me las arreglé para apuñalar su brazo armado. Me escabullí lejos pero él
logró agarrar mi capucha, arrastrándola hacia atrás. Tenía un pedazo de
mi cabello dentro de la capucha, y él tiró hasta que caí al suelo.
—Te tengo. —Se rió.
Mi sangre empezó a correr mientras tiraba otra vez, arrastrándome.
—¿Crees que me importa mi cabello? —Espeté.
Me retorcí rápido y corté la capucha con mi cabello en ella para
poder escabullirme de su agarre y me puse de pie de nuevo.
—Y tú nunca me tuviste, ni por un segundo.
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Con eso deslicé mi cuchillo en un pedazo de piel expuesta en su
hombro. Dejó caer su espada como si fuera un peso muerto, cayendo en
una rodilla con el peso de ella. Un brazo me agarró por la cintura y pisé el
pie del guardia, luego golpeé mi codo contra su cara, poniéndolo fuera
de combate. Aferrando mis dos últimos cuchillos, los apreté y permanecí
de pie con los puños apretados, los cuchillos se deslizaron en mis manos
silenciosos, y esperé para poder deslizar el más agudo en su cuello.
Él estaba cerca de la puerta, y sentimientos parecidos de horror y
victoria corrieron a través de mí con un suspiro. Rob subía las escaleras con
un hombre cubierto de sangre, a duras penas caminando por sí mismo,
reposando pesadamente en Rob. Gisbourne saltó a sus pies, una oscura
emoción en sus ojos mientras se movía hacia Robin. Por una respiración
completa, estaba congelada, observando.
Gisbourne se fijó en Rob, pero él nunca le prestó atención. Solo
estaba concentrado en poner al hombre a salvo.
Rob era un héroe hasta la médula.
Y yo no era nada. Pero entonces, con mala reputación, enojada,
una vez mujer de la nobleza, y sin importar si Rob lo quería o no, siempre
estaría entre él y Gisbourne.
Un ladrón podía morir para que el héroe viviera.
Me tomó tres pasos, moviéndome a través del polvoriento suelo tan
rápido como podía, llegar a Gisbourne. Él estaba levantando su espada
hacia Rob, una sonrisa retorcida en su rostro, mientras que Rob trataba de
empujar el hombre lejos sin ser lo suficientemente rápido. Con un grito me
abalancé hacia adelante, arrojando a Gisbourne y tomándolo por la
cintura, alejándolo de Rob.
La espada de Gisbourne vino torpe por encima de mi hombro, y
chillé cuando la hoja dividió en dos mi piel, cortando profundamente. Él
agarró mi garganta, alzándome sobre mis pies y agitando mi cuerpo.
Apretó mi garganta, y agua inundó mis ojos.
—Eso es todo lo que quiero, tu pequeña vagabunda —escupió
literalmente en mi rostro—. Quiero verte morir. Quiero ver salir la luz de esos
ojos malignos. Me humillaste y te burlaste de mí por todos estos años, y
ahora quiero que lo sientas mientras mueres.
Jadeé por aliento, rasguñando su cara y retorciendo mis piernas. Le
pegué a su rostro pero solo rió, como si estuviera poseído por algún
demonio. Presioné mis pulgares en las cuencas de sus ojos y él me arrojó
lejos como si fuera un conejo.
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Fuegos artificiales bailaban dentro de mis propias cuencas de los
ojos, enviando relámpagos que deslumbraban. Podía sentir a mi cuerpo
debilitándose, jadeando por aire.
—¡Aléjate de ella! —Gritó Rob, y vi su espada aparecer en el cuello
de Gisbourne, lista para cortar a través de su garganta.
Gisbourne me dejó ir y rodó para poder esquivarlo. Robin lo embistió.
Entre el humo del aire y las luces en mis ojos, se veía como una especie de
ángel, lleno de ira y fuego santo y justo. Sus espadas chocaron y se
deslizaron a través del humo, Robin bloqueaba sus ataques rápido.
—¡Ve hacia el túnel Scar! —Gruñó—. ¡Un guardia se escabulló en él,
no sé qué tan lejos ha llegado!
Aún estaba jadeando por aliento cuando un guardia vino hacia mí,
pero lo golpeé en el pecho y rebané su cara, enviándolo al suelo.
—¡No me iré sin ti! —Espeté.
—Cuán dulce —dijo Gisbourne, abalanzándose hacia Rob—. ¿Así
que eres el nuevo amante de la pequeña perra? No le creas si te dice que
va a casarse contigo —se burló, arremetiendo contra Rob de nuevo.
—¡Atrapa al guardia o los aldeanos morirán, Scar! ¡Estoy detrás de ti!
—¡Guardias, no dejen que ella se vaya! —Llamó Gisbourne.
Luché contra otro guardia, vacilando.
—¡Rob vamos ya!
Gisbourne lo golpeó contra la pared, y Rob lo golpeó de vuelta en
un costado.
—¡Él está un poco ocupado Marian! —dijo Gisbourne. Tenía su cara
cubierta de sangre, lo que hizo que su sonrisa se viera como si estuviera
demoniaca, malvada y lunática.
—¡Robin! —chillé, dejando que los guardias me empujaran.
—Maldita sea, Scar. ¡Ve por ese guardia ahora! —ordenó.
Cada parte de mí gritaba, pero despaché dos guardias más y me
escabullí a través del túnel. Azoté la puerta detrás de mí y empecé a
correr, esperando escuchar el sonido de la puerta abriéndose de nuevo o
las pesadas pisadas de los guardias detrás de mí. Estaba muy oscuro, pero
escuchaba, oyendo las voces de las personas en la lejanía y una trabajosa
respiración cercana.
—¿Robin? —preguntó alguien.
Toqué un cuerpo el cual estaba húmedo con sangre.
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—Estás herido —dije—. ¿Dónde está él? ¿Se alejó mucho?
—¿Quién? —preguntó él.
Exhaló su aliento.
—Fui herido en la prisión —dijo—. ¿Dónde está Robin?
Era el hombre que Robin había traído a cuestas. Me di la vuelta,
dándome cuenta de lo que él había hecho mientras mi bilis subía por mi
garganta y el mundo entero caía y descentraba en mis oídos. Podía oír a
los guardias ahora, entrando en el túnel.
Rob me había enviado huyendo sin él, sabiendo que no estaría
detrás de mí. Sabiendo que Gisbourne lo mataría. Había mentido acerca
del guardia, sabiendo que esa era la única forma en que yo lo dejaría.
Y lo había hecho para salvar mi vida.
Caí en mis rodillas. Mis músculos no podían sostenerme y mis ojos se
humedecieron. Mi cabeza se retorció porque la mitad de mi corazón se
apretaba con miedo por él, con una terrible culpa, porque su vida valía
miles de las mías. Entonces, aún peor, la otra mitad se alegró un poco con
el pensamiento que quizás él había confiado en mí después de todo. Tal
vez las cosas no estaban tan rotas como pensé.
Era un pensamiento terrible, porque Rob podría estar muriendo por
mí solo así.
Mi boca se frunció. El maldito héroe necesitaba unos cuantos golpes
en la cabeza si pensaba que lo dejaría hacer eso.
El pesado sonido de cotas de malla9 serpentearon a través del túnel.
—Vamos —le dije al hombre herido, saltando en mis pies como un
potro recién nacido y cruzando sus brazos encima de mis hombros—.
Tenemos que correr para que pueda volver por Robin.
Él cojeó y yo corrí, viendo la fría y pálida luz de la luna al final del
túnel, oyendo los pesados pasos acercarse.
John se paró al final del túnel y tomó al hombre de mis brazos. Me di
la vuelta para devolverme pero él me jaló hacia atrás.
—Scar, ¿No puedes oírlos? ¡Los guardias se están acercando!
—¡Rob está allí! —Gemí, luchando con él—. ¡Rob está allí… tengo
que ayudarlo!
—¡No puedes enfrentarte al ejército tú sola!
9Cota de malla: es una protección metálica conformada por anillos de hierro
forjado o acero.
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—¡Quita tus malditas manos fuera de mí! —Chillé—. ¡Tengo que
ayudar a Robin!
John no me dejó ir, descendiendo por la cuerda y cortándola
conmigo luchando con uñas y dientes. Cada pulgada que él me obligaba
a alejar rompía mi corazón. Estábamos casi en el fondo cuando los
guardias aparecieron, viéndonos a nosotros y al hombre herido
descendiendo hacia Much y el resto de los aldeanos. John me empujó
dentro de la cobertura de los árboles.
—Cristo Scar, estás sangrando por todos lados.
No podía sentirlo. Me sentía enferma y adormecida, mi corazón
corriendo y golpeteando con ningún sentimiento detrás de él. Sentí
lágrimas, o tal vez sangre, en mi rostro y cubrí mis ojos con mis manos.
—¿Scar? —dijo Much.
Lo ignoré.
—Scar, dudo que el sheriff lo asesine. Él querrá alguien con quien
entretenerse y el Hood es una mercancía malditamente buena. Vamos. Te
curaremos y volveremos, nadie dejará que Rob muera.
La única cosa que podía escuchar era la corriente del agua. La
corriente del agua y el latido de mi corazón, retumbando en mis entrañas.
Espera… corriente de agua.
Alcé la mirada, buscando el acantilado rocoso. Ahí estaba,
escondido en un lado, no tanto como un túnel pero sí como un caño, un
río de agua fluyendo fuera del castillo. De la prisión.
—¡Scar! —Gritó John.
Antes de que alguien pudiera detenerme, escalé las rocas y me
deslicé en el caño.
El agua salpicó en mi frente y grité, pero encajé. Nadie más lo habría
hecho. Me empujé hacia adelante en contra del agua, arrastrándome
hacia adentro en Castle Rock.
Más valía que estuviera malditamente vivo.
El túnel corría por una inclinación pronunciada y tuve que
sostenerme duro, agua helada corriendo sobre las desgastadas rocas.
También corría sobre mí, como si no supiera que yo no era una roca,
rápida y fría a través de mi herida, por lo que ya no la sentía más. No
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estaba segura si seguía sangrando o si me mataría, pero no me importaba
mucho.
Mis pies se deslizaban de vez en cuando, enviándome contra las
rocas, o peor, deslizándome hacia abajo hasta que me volvía a estabilizar.
Mis hombros quemaban, temblaban y se sacudían, pero entre más
avanzaba, menos lo notaba. Ya no importaba. Iría adelante y hacia arriba
hasta que no pudiera más o hasta que encontrara a Rob.
Después de un momento el túnel empezó a estrecharse, raspando
mis costados. El agua no tenía por donde más ir, así que corría por mi
frente y espalda, mi cara y mis hombros. La escupí fuera de mi boca,
tratando de no pensar en la sangre, la ceniza, el sudor y la basura que
estaban en ella.
Una roca desgarró mi hombro y me detuve por un momento. Empujé
mi cabeza a un lado, lágrimas inundando mis ojos por lo estúpida que fui.
Él estaba más que muerto, y yo moriría en este túnel, y luego el sheriff
quemaría la villa entera tratando de recaudar una gota de los impuestos.
Permanecí allí demasiado tiempo, recostada contra la roca, el agua
corriendo sobre mí, llevándose consigo pequeñas partes de mí por el túnel
y alejándolas. No había ninguna luz allí, no había día, sólo el sonido del
agua, siempre constante.
Tal vez ya estaba muerta. Si había un infierno, éste era, colgado en el
limbo en medio de la vida y la muerte.
—Gisbourne dice que podemos darte un poco de porquería,
siempre y cuando estés vivo para entretenerlo. —Escuché.
Mi cabeza se retorció; era el maestro de tortura. ¿Estaba más cerca
de lo que pensé?
—Puedes matarme de cualquier modo. Disfrútalo.
Mi sangre se encendió como una antorcha. Era Rob. Rob sonando
confiado y arrogante, y más que nada, vivo. Me arrastré a lo largo de la
roca. El agua ya no importaba, ni mi carne o la roca contra ella. Vi un hilo
de luz retorciéndose a través del agua, y fui hacia ella como un sabueso.
No escuché ningún llanto, ningún látigo, lo que no se sintió bien. El
túnel se abría un poco debajo de la prisión, y me empujé hacia arriba en el
agua, abrazándome a un lado para evitar que corriera un hilillo de sangre.
Podía ver la luz del fuego y la sombra del verdugo.
—¿Un poco más? —gruñó.
Oí a Rob contener la respiración y tragar saliva, y por instinto hice lo
mismo. Traté de mover la reja, pero los guardias la habían asegurado con
pesados picos de hierro.
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Hubo un profundo gemido, y unos pocos segundos después había
más sangre deslizándose hacia abajo. Estúpidas lágrimas de impotencia
quemaban mis ojos. Era la sangre de Rob. Rob estaba sangrando
demasiado. Saqué fuera mi cuchillo para escarbar en la roca con él
alrededor de los puntos de hierro.
—Dejaré que eso dure hasta mañana en la mañana, y veremos que
puedes soportar entonces.
Oí pasos alejarse, y empecé a trabajar con más ahínco en la reja. Sin
nadie para que escuchara, los gemidos de Rob se hicieron más pesados y
trabajosos.
—Cristo Rob, estoy llegando —lo llamé. El cuchillo se deslizaba fuera
de la roca, sin encontrar ningún espacio.
—Dios, ¿no he sido torturado lo suficiente? —Gimió. Me detuve, el
dolor retorciéndose en mi estómago.
—Rob… —Traté.
—No vuelvas mi propio corazón en mi contra, por favor —dijo. Sonó
lamentable. Oí crujir metal y cadenas pesadas.
—¿Rob? —dije.
Ninguna respuesta vino.
—¡Rob! —chillé—. Rob, ¡Respóndeme! Rob lo siento, ¡por favor! ¡Por
favor! —Las lágrimas empezaron, feroces y calientes en mis ojos. Golpeé mi
cuchillo contra la reja, cortando mi mano—. Rob, por favor, siento que te
hayas involucrado en todo esto. Lamento haber traído a Gisbourne directo
hacia ti. Por favor, vive.
Ninguna respuesta vino. Mi cuchillo se quebró, junto con mi voluntad.
Estallé, llamando su nombre hasta que mis pulmones no pudieron más.
Cuando no pude gritar más, solté mi cuchillo y dejé que el agua me llevara
hacia abajo.
Lo que me había tomado tanto tiempo conseguir duró tan poco
tiempo en acabar, y fui arrojada a la caída principal del río. Dejé que la
corriente me arrastrara, lejos, lavándome y enviándome de vuelta a
Sherwood y los muchachos.
M
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16
is pies se arrastraban sobre las raíces y piedras mientras
regresé de nuevo a la cueva. No fue hasta el final del
camino que me caí contra un árbol. Mi cuerpo se sentía
hecho de plomo; una profunda respiración no movía ni un poco mi pecho.
Silbé, y cerré mis ojos.
No pasó mucho tiempo antes de que escuchara los crujidos a través
del bosque. Abrí los ojos. John estaba allí, arrastrándome por mis brazos. —
¿Puedes caminar? —Preguntó John.
—Claro que no puede caminar —dijo Much—. Mírala —John
comenzó a cargarme, pero Much gritó—: ¡Cuitado con su espalda! Parece
que su hombro tiene una herida bastante grave.
John me echó encima de su hombro, y comenzó a dar grandes
pasos a través del bosque, sus huesos se atascaban profundamente en mi
vientre. Dejé que mis brazos colgaran y se balancearan.
No pasó mucho tiempo antes de que los pasos de John se hicieran
más pequeños y lentos, y me bajó. Me recostó en una de nuestras tarimas
para dormir. Rodé sobre mi estómago, y Much me levantó la camisa para
ver mi herida. Me curvé y cerré los ojos.
—Es profundo, Scar.
Asentí.
Comenzó a quitar la suciedad de la herida, y fue doloroso y cálido.
—Scar, tenemos que cocer la herida.
—No —dije, sentándome, bajándome la camisa—. No lo harás —
Había tenido puntadas antes, y era el tipo de dolor que me desmayaba
durante un día y además tenía que beber para calmar el dolor.
—Scar —dijo John, su voz una advertencia.
—No —repetí—. Rob está en Nottingham, y lo han estado torturando
toda la noche —Mi espalda se curvó y me sentí enferma al decirlo en voz
alta—. No estoy segura de que él esté vivo —dije suavemente.
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John se sentó, y Much se sentó sobre sus talones. —Cristo —susurró
Much.
—¿Conseguiste entrar? ¿Atravesaste ese túnel?
Asentí. —A la derecha debajo de la prisión, pero la rejilla esta
soldada en la roca. No conseguí moverla nada.
—¿Y viste a Rob?
—Hablé con él. No lo vi.
Recordé las cadenas tintineantes y el silencio, y me estremecí. —Sólo
véndame, Much. Tenemos que regresar allí.
—Tú no volverás allí, Scar —dijo John.
Le disparé una mala mirada, luego rodé sobre mi espalda. —Sólo
véndame, Much, por favor.
—Te estás volviendo loca —dijo John—. Huiste anoche, herida y
medio muerta, y no sabíamos qué estaba ocurriendo.
—Rob estaba allí, John —dije, haciendo una mueca cuando Much
vendó mi hombro—. No me estoy volviendo loca. Somos una banda y Rob
nunca dejaría a ninguno de nosotros allí atrapado. Él salvó mi vida, y no
voy a dejarlo. Y vamos a regresar y a liberarlo.
—Excepto que Rob te echó de la banda —dijo John, cruzando sus
grandes brazos.
Lo miré. —¿Qué?
—Como lo oyes. Le dijiste que te ibas, y él te tomó la palabra. Robin
no quería que fueras detrás de él, Scar. Él querría que te fueras.
Lágrimas estúpidas ardieron en mis ojos. —¿Qué? —dije de nuevo.
—No es así —murmuró tranquilo Much.
—¿Crees que estoy equivocado? —Preguntó John.
Miré a Much, y él sacudió su cabeza. —No, no estás equivocado.
Pero lo estás haciendo sonar mal.
—No importa cómo suena esto, Much.
—Sí, pero estás actuando como si la razón por la cual él quería que
se fuera es porque no la quería cerca, y eso no es todo.
—Much —Espetó John.
Much me miró. —Te ama, Scar. Siempre lo ha hecho. Y no quiere que
te hagan daño. Arriesgó su vida para que fueras libre. Así que, no hagas
que su sacrificio sea por nada.
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Incliné la cabeza y las lágrimas se deslizaron por mi nariz. Pensé en
Rob, de pie de la posada y llamándome una puta, caminando en el
bosque y diciendo que no deseaba verme nunca. Lo peor, verlo peleando
con Gisbourne, y las lágrimas salieron más rápido, con sollozos. —No me
ama, Much —El dolor me estremeció y me acurruqué sobre mí misma. Todo
mi pecho dolía.
Cristo Todopoderoso, ¿Así se sentía tener un corazón roto? Hipé, y
John puso su mano en mi cuello, masajeándolo un poco.
Me aparté, me levanté saltando y tambaleándome lejos de ellos. Me
miraron con sus ojos tristes y me dejé caer sobre un árbol. Esta era la razón
por la cual nunca quise nada de ellos. No por sus miradas tristes o su
compasión por una chica con cicatrices que le entregaba su corazón a un
héroe.
La humillación llegó a mí como una ola, y mis ojos se cerraron. Limpié
las lágrimas, todavía temblando un poco. —Le debo mi vida. Voy a hacer
lo correcto, Much. Me aseguraré de que él no se sacrificara por nada.
—No vamos a dejarte ir allí.
Me estremecí. —No necesito que ustedes vengan conmigo. Pero
sería más fácil liberar a Rob si están allí. Hagan esto por él, no por mí. Y
luego nunca me verán de nuevo. Lo prometo.
—No quiero que te vayas, Scar —Me dijo Much—. Nunca lo quisimos.
Me encogí de hombros. —Sin embargo, tienes razón. Rob me quiere
fuera de la banda. Así que estoy fuera, y voy a rescatarlo, así no estamos
en deuda.
—¿Cuál es nuestro plan, entonces? —Preguntó John—. ¿Te
sacrificaras? Gisbourne podría matarte.
—No. Todo esto comenzó porque olvidé quien era yo. No es como si
una mujer de la nobleza pudiera vivir así, y fui estúpida por pensar lo
contrario. Quería olvidar —Negué con mi cabeza—. Gisbourne negociaría
cualquier cosa por mí. Para que me entregue a él de buena gana, sí.
Incluso a Rob.
Me miraron, y les devolví la mirada.
—¿Quieren que Robin regrese, o no?
—Por supuesto que queremos que Robin regrese, pero no estamos
dispuestos a intercambiar tu vida a Gisbourne para liberarlo. Robin nunca
nos perdonaría —dijo Much.
Un temblor bajó por mi espalda. —Si él aún está con vida —recordé.
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—¡Es un plan estúpido, Scar! Además de ser suicida, el sheriff vendrá
detrás de nosotros. Podrían atraparnos a todos —dijo John.
—Teníamos un plan para el regalo de bodas de Ravenna todo el
tiempo, ¿Recuerdas? —pregunté—. Much, ¿Has buscado las otras cuevas?
Sacudió la cabeza. —No he tenido la oportunidad.
—Entonces, busquemos esta noche. Encontrémosla, y derrumbemos
el castillo. O al menos una parte —Asentí—. Eso es lo que haremos. Entre la
boda y la ofrenda de intercambiarme por Robin, los guardias estarán muy
distraídos. Serás capaz de entrar en el castillo, sacaremos a Rob, y la gente
de Nottinghamshire podría ayudarnos a ganar tiempo mientras el sheriff se
reorganiza.
—No me gusta este plan, Scar —dijo John—. Pensemos en otro, y
este el fin de la discusión. Gisbourne podría matarte en un segundo.
Le di una pequeña sonrisa. —Estoy segura de que podría. Pero si yo
estoy fuera de la banda, ¿Qué importa? —Trataron de acercarse, y yo di
un paso atrás—. Haré esto con o sin ustedes, muchachos. Vayamos por
Robin y déjenme en el castillo.
Hubo un largo silencio donde sólo me miraron, y yo les regresé la
mirada, intentando no pensar en cuánto los amaba. Al perder la banda,
también perdía a mis hermanos —como ya había perdido una hermana.
Encontrar mi destino con Gisbourne sería casi un alivio.
—Creo que eres tan valiente como el infierno, Scar —Me dijo Much—
. Creo que Rob tenía razón. Eres la mujer más valiente que he conocido.
Bajé la mirada. —Este es el eventual final de todos modos,
muchachos. Me las arreglaré para salir de esto. Ahora, al menos algo
bueno puede salir de esto. Conseguiremos sacar a Robin de allí lo más
pronto posible.
Pasaron unos momentos y no los miré; Sólo nos quedamos allí, en
silencio.
—Necesitaré algo de ayuda para encontrar un poco más de
pólvora.
Asentí. —Dinos qué hacer.
No pasó mucho tiempo antes de que tuviéramos que regresar a
Nottingham. La boda de Ravenna estaba llena de coches y campesinos
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en el castillo, mientras el sheriff organizaba a toda la ciudad por la fiesta.
La boda tendría lugar en el Gran Salón. A pesar de que había guardias en
cada poste, el castillo estaba en su punto más vulnerable, e íbamos a
nadar contra todos ellos como una trucha plateada.
Nos adentramos en la multitud, abriéndonos paso entre los cuerpos
que entraban en el salón. Las chicas tenían flores en su cabello, y el lugar
resplandecía entre tantas prendas de colores. Mi capucha estaba baja, mi
cabello suelto, no me escondería de nadie hoy. Tenía rasguños por todo mi
rostro, y mi barbilla estaba a carne vida, pero no importaba. Estaba
marcada y con cicatrices y sangrienta y sucia, pero hoy no iba a esconder
mi cara.
La sala era terriblemente calurosa, así que muchos cuerpos se
rozaban entre sí como palos de leña. Mientras nos adentrábamos, vi a
Ravenna, parecía una dama noble con un vestido de terciopelo azul con
hilos de oro, el rostro cubierto con un velo como las mayorías de damas
nobles usaban. Nunca estuve fascinada por los velos. Eran lindos, pero
nadie podía ver a donde vagaban tus ojos, saber si eran tan lindos como
aparentaban.
Su familia no se encontraba allí con ella, lo cual me pareció extraño.
Mis ojos vagaron por la habitación, y fue entonces cuando lo vi.
Colgando por encima de la tarima donde Ravenna estaba de pie
había una pesada horca, una jaula de acero cerca de la horca. Robin se
encontraba adentro, lejos del suelo, tenso y orgulloso. La jaula tenía
pesadas cadenas, no podía ver cuerdas desde esta distancia, y los
guardias alrededor de la jaula vigilaban.
Sentí mi estómago revolverse y sentirse vacío mientras el sacerdote
subía las escaleras hasta el estrado. El sheriff y Gisbourne venían con él.
Gisbourne miró a Rob con una sonrisa de suficiencia; podría matarlo sólo
por haber hecho eso.
Todo el lugar quedó en silencio y el sacerdote comenzó a decir la
misa de bodas. Comencé a mirar a hurtadillas. Much y John estaban
ocupados en otra parte del castillo por ahora.
No escuché lo que el sacerdote decía. Había escuchado misas de
boda antes, un par, y generalmente me daban ganas de querer
marcharme para no escuchar las palabras, eran un recordatorio de que
Gisbourne y yo estábamos cerca de casarnos. Oí a Ravenna decir que
honraría al sheriff y lo obedecería, y me pregunté si él sería capaz de hacer
alguna de esas cosas por ella.
Antes de que consiguiera acercarme a los guardias, la misa terminó,
y el sacerdote dejó que el sheriff besara a Ravenna, quitándole el velo
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para hacerlo. Ella parecía asustada, pero aceptó el beso, y dejó su rostro
sin máscara.
Vi a Gisbourne señalar a los guardias que rodearan las tarimas antes
de que supiera qué estaba pasando. El sheriff abrazó a Ravenna, pero
luego los hombros de ella se levantaron como si intentara apartarlo. Vi su
daga resplandecer en sobre su cuello, como un relámpago atravesando el
cielo. Su cabeza se sacudió y un corto y agudo grito salió de sus labios.
—¡No! —Gritó Rob.
—¡Ravenna! —Rugió Godfrey.
El salón entero se dispersó, y las mujeres comenzaron a gritar y llorar y
los hombres comenzaron a protestar.
El sheriff gritó sobre todas las voces—: ¡Silencio!
La gente se calló, pero no dejaban de moverse, luchando contra los
guardias mientras Ravenna se retorcía, mostrando su garganta
ensangrentada. Ella cayó al suelo con un ruido sordo, la sangre volviendo
negro su brillante vestido de terciopelo azul y sus manos mojadas. Su
cuerpo yacía en un montón, y su gran falda arrugada. Miré de nuevo al
sheriff, congelada, sin poder respirar.
Ella estaba muerta. La había matado, sin razón, sin defenderse, sin
nada. La mató porque podía hacerlo, porque ella era un pájaro que él
podía aplastar.
—Buena gente, trato de mostrarles mi amor, ¡Y así es como me lo
pagan! Se niegan a pagar mis impuestos, rehúyen de sus obligaciones, y
envían a alguien suyo para engañar mi corazón y me traicionan. ¡Ravenna
Mason ayudaba al Hood!
—¡No! —Gritó Godfrey—. ¡No, no! —Caminó a través de los guardias
y Gisbourne lo derribó, lanzándolo al suelo y manteniéndolo allí mientras
Godfrey intentaba luchar, tratando de llegar hasta donde yacía su
hermana. Trató de deshacerse de Gisbourne, sin luchar con él. Sus
esfuerzos se concentraban en cruzar el espacio hasta Ravenna, tratando
de llegar a ella, tratando de tocarla antes de que su alma volara.
—Me he deshecho de mi esposa infiel, y ahora voy a deshacerme de
mi último problema… ese a quienes llaman el Hood.
Me puse en marcha mientras la jaula empezó a descender. Rob, con
su pecho agitado y mirada furiosa, se veía un poco como un león
enjaulado, como lo llamó el Rey Richard. Me mezclé entre las personas,
usando mis uñas, codos y puños para apartarlos de mi camino. Empujé y
empujé, consiguiendo acercarme cuerpo por cuerpo, de pie a unos
metros de la tarima vigilada.
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Miré hacia la entrada. Ellos necesitaban más tiempo para preparar
la explosión, y yo necesitaba algún tipo de milagro para liberar a Rob. Mis
ojos se deslizaron por la habitación, había guardias por todas partes. Las
ventanas eran muy altas, con grandes candelabros de hierro llenos de
velas que colgaban de vigas. La parte de mí que no estaba dispuesta a
morir hoy, las miraba con anhelo, imaginando que saltaba hacia ellas y me
balanceaba, lanzando cuchillos de un lado a otro como un ángel
vengador.
Pero eso no podía ser posible hoy.
Miré a Gisbourne y sentí mi estómago revolverse y mi pecho
apretarse, como si alguien me golpeara.
La horca cayó con un sonido grave. Rob se apoyó contra un lado de
la jaula cuando se sacudió, y todo el lugar se silenció, un silencio por el
shock de la crueldad del sheriff, por este extraño día en que la boda
significó la muerte en vez de una nueva vida. Los guardias habían tomado
a Godfrey por los brazos, manteniéndolo arrodillado al lado de la tarima. Él
miraba fijamente el cuerpo de Ravenna, muerto, sin vida y abandonado.
Gisbourne ahora tenía las manos libres para sacar su espalda e ir hacia la
jaula.
—¡No! —Grité, mi voz mezclándose con cientos de personas. Fui
hacia adelante, pero la multitud no se apartaba, impidiendo avanzar,
alejándome. La espada de Gisbourne no fue demasiado lejos, y esperó
hasta que los gritos disminuyeron.
—Arrodíllate —gruñó—. Morirás como cualquier criminal, peor que tu
traidor padre.
La cabeza de Rob se ladeó. Miró alrededor de la horca. —Me
encantaría complacerte, Gisbourne, pero no parece haber suficiente
espacio en la jaula para arrodillarme.
—Abran la jaula —ordenó Gisbourne. El sheriff no protestó. Un
guardia se acercó con la llave y abrió la puerta. Vi como un pesado Rob
se inclinaba en un lado de la jaula. Estaba agotado y exhausto, y débil, y
un poco adolorido. Él se giró hacia Gisbourne y miré su espalda. La ropa
llena de cientos de agujeros en perfectas hileras pequeñas, y mi cuerpo
entero ardió.
Le pusieron el tablero de Judas. Era un enorme tablero lleno con
pinchos, sucio y cubierto de sangre y carne, y se lo había puesto a Rob
hasta que su piel se abrió y los picos lo atravesaron.
Fuera hoy o no, mataría a Gisbourne también por eso. Si él no me
mataba primero.
—Arrodíllate, Hood.
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—¡Espera! —Grité. Esta vez mi voz sonó por encima de la multitud, y
todo el mundo me miró. La gente me dejó pasar ahora, y mis temblorosas
piernas me llevaron hacia los guardias—. ¡Déjenme pasar! —exigí.
Gisbourne rió entre dientes. —Hazlo. Dejen que el pequeño ladrón
venga.
Quizás Gisbourne supiera ya mi plan, porque parecía que esperaba
a su presa.
Ellos se apartaron y subí al estrado, encontrándome con la mirada
de Rob. No parecía enfadado ahora. Parecía perdido. Lo miré y mi
corazón latió de nuevo. Amarlo se sentía como ahogarme en sus ojos de
mar, como una marea que yo no podía contener, chocando contra mí
una y otra vez, llenándome con dolor y vergüenza y desesperación. De pie
tan cerca de él, todo lo que podía pensar era en las tantas cosas que debí
haberle dicho antes. Un centenar de momentos que había perdido porque
estaba asustada y débil y avergonzada.
Esto era injustamente retorcido, pero quizás, si hacía esto, quizás el
sacrificio podría hacerme una persona que él pudiera amar.
—Dime que no estás realmente aquí —murmuró, bajando la
cabeza—. Por favor, dime que no te salvé la vida por nada.
—No necesitas hacer esto tan duro, Rob —Le dije—. Voy a sacarte
de aquí.
Su cabeza se alzó, y no hubo ira en sus ojos. —Eres un infierno. No
con él, Scar, por favor.
Las cejas de Gisbourne se contrajeron ante esto, pero sólo cruzó sus
brazos, paciente ahora que había conseguido lo que él quería. Miré de
nuevo a Rob, todos mis músculos internos dolían, y no estaba segura de
que esto saliera bien. —No me pidas que te vea morir —le susurré.
Los ojos de Rob cambiaron, con un brillo azul y húmedo como lluvia
cayendo. —¿Crees que te irá mejor que a mí? —susurró. Aparté la mirada y
miré la sangre de Ravenna, y la espada de Gisbourne, seca y sedienta.
Sacudí mi cabeza.
—¿Estás buscando reunirte con él, o tienes otra razón para
molestarme? —Espetó Gisbourne.
—Un trato —dije rápidamente, de pie frente a él y de Rob una vez
más.
Sus ojos se posaron sobre mí. —¿Qué podría querer yo de ti?
—La única cosa que no pudiste conseguir, ni por la fuerza ni por mi
padre —Le dije, sus ojos resplandecían por el brillo—. Una palabra, Guy.
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El sheriff se rió entre dientes. —Creo que el muchacho quiere casarse
contigo, Gisbourne.
—Otra razón por la que necesitas a un cazador de ladrones,
Nottingham, es porque tus hombres en todo este tiempo no han
descubierto que Will Scarlet es una chica —Los jadeos atravesaron la sala,
y Gisbourne rió—. Cristo, ¿Nadie sabía? No sólo es, ella es una distinguida
mujer hombre. Ni más ni menos que mi prometida delincuente, Lady
Marian Fitzwalter de Leaford.
Todo el mundo me miraba ahora, pero yo sólo alcé la barbilla. —¿Y
bien?
—¿Cuáles son tus condiciones? —preguntó.
—Libera a Robin y Godfrey. A los dos ilesos.
Sonrió, miró a Robin. —Bueno, ya me he divertido con él un poco.
—¿Aceptas o no?
—¿Y porque no debería matarlo ahora, y forzarte a casarte
conmigo?
—Como he dicho, Guy, no puedes obligarme a decir las palabras. Y
no nos casaremos hasta que yo pronuncie las palabras. Si me quieres, esta
es tu única oportunidad.
Dio un paso adelante, apretando mi barbilla entre su pulgar e índice.
Sonrió, pero parecía más como un perro mostrando los dientes. —Voy a
hacerte vivir un infierno, Marian. Es decir, si vives más tiempo que tu amiga,
—dijo, mirando a Ravenna. Rob se tensó bruscamente, pero yo me
mantuve tranquila—. ¿Estás dispuesta a someterte ante mí de por vida?
—Robin Hood, Robin de Locksley, Conde de Huntingdon —como
desees llamarlo— es el príncipe del pueblo, Guy. Él vale más que mi vida.
—Que poco vale la pena —espetó, empujando mí barbilla lejos—.
Llamen de nuevo al sacerdote —ordenó.
Mi pulso sonaba como tambores. —Rob tiene que ser liberado antes
de que diga las palabras —Le dije a Gisbourne.
—¿Cómo sé que realmente las dirás?
—Te doy mi palabra.
—Tuve antes tu palabra.
—Tenías la palabra de mi padre. Ahora tienes la mía; me casaré
contigo hoy, una vez que Robin sea liberado y se marche.
Hizo una mueca. —Bien. Si no lo haces, al menos podré matarte.
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—Esta no es tu decisión, Guy —dijo el sheriff, limpiándose la sangre
húmeda en su brazo.
Los labios de Guy se curvaron, su cabeza girándose para mirar al
sheriff. —Yo lo atrapé.
—Te contraté para atraparlo.
—Y lo atraparé de nuevo. Pero esto —dijo, girándose para mirarme
otra vez—, no puede esperar.
—Si lo dejas ir no voy a pagarte ni un centavo hasta que esté muerto.
Gisbourne rió, mirándome fijamente, y sus dientes brillaron blancos. —
No lo hago por el dinero.
La boca del sheriff se torció en una mueca de desprecio, pero no
dijo nada y no detuvo a Gisbourne.
Gisbourne se acercó más. —Si esto es un engaño, Marian, conocerás
todo el dolor que yo puedo causar.
—Dos mujeres mueren en el mismo día de sus bodas —murmuró el
sheriff.
—Confía en mí, me tomara mucho más que un simple día matarla —
dijo Gisbourne, hablando con el sheriff, pero sin apartar sus malvados ojos
de mí.
Miré a los dos. —No soy tan fácil de matar.
Gisbourne pareció complacido por esto. —Me gustan los retos —El
sacerdote apareció, y el sheriff asintió. Gisbourne suspiró—. Muy bien, dejen
a Hood marcharse.
Me giré, envolviendo mis brazos alrededor de Rob antes de que
pudiera pensar o detenerme. Él me abrazó firmemente. —Lo lamento
mucho, Rob —susurré, mi voz quebrada.
Apretó el agarre. —No lo hagas, por favor. Por favor, huye.
—Tú no puedes huir —Negué con la cabeza.
Sus manos fueron a ambos lados de mi rostro, acercándome a él. Las
olas se estrellaban en sus ojos, seguro y fuerte y arrolladora. —Eres mi
corazón, Scarlet. Y esto está rompiéndolo.
Mi corazón se rompió y las piezas se desplomaron. Mi boca se abrió y
miré a mí alrededor y mis pies echaron raíces. —¿Es un buen momento
para decirme eso, maldito chico estúpido? —Significaba que estaba
molesta, pero mi voz tembló—. ¿Ahora?
Me dio una pequeña sonrisa. —Mi mal hablada guerrera.
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—Marian —dijo Gisbourne, y se sintió como una bofetada.
Temblando, me incliné y besé la mejilla de Rob, parpadeando para
evitar las lágrimas. El infierno subiría hasta el cielo antes de que llorara
frente a Gisbourne, incluso por Rob. —Esto no ha terminando, Robin. Tienes
muchas cosas que explicar.
Me miró firmemente. —Mantente con vida, Scar, para que yo pueda
tener esa oportunidad.
—Vete.
Se apartó de mí, y luché contra el impulso de seguirlo. Los murmullos
se elevaron como el agua para atraparlo, y varios se acercaron a
apoyarlo, llevándolo como el príncipe que estaba destinado a ser. Los
guardias llevaron a Godfrey hacia la puerta y dejaron que ambos salieran
libres de la sala. Fue algo extraño de ver, verlos huir sin nadie que los
detuviera. Rob no miró hacia atrás, y sentí la mano de Gisbourne cerrarse
sobre la mía como si se cerrara sobre mi garganta.
—No tengo un anillo para ti, pero espero que perdones mi poca
planeación.
—Tonterías —exclamó el sheriff, quitándose la banda plateada de su
dedo y pasándosela a Gisbourne. Se arrodilló sobre el cuerpo de Ravenna,
arrancó la banda que seguía en su dedo, y se la entregó también a
Gisbourne—. Alguien tiene que usarlos.
Mi estómago no estuvo de acuerdo mientras Gisbourne lo aceptaba
y me entregaba el anillo, aún cálido de la mano de Nottingham.
—¿V-vamos a comenzar? —preguntó el sacerdote. Sus manos en la
Biblia temblaban.
—Sí —replicó Gisbourne.
La voz del sacerdote se tambaleó mientras decía las desafortunadas
palabras por segunda vez ese día. Se volvió hacia Gisbourne primero,
preguntando—: Guy de Gisbourne, ¿Aceptas a esta mujer como tu
legítima esposa, amarla y honrarla, estar con ella y protegerla, en la salud y
en la enfermedad, como un marido a su esposa, renunciando a todas las
demás por ella, tanto tiempo como vivas?
—Acepto —gruñó, clavando sus cortas uñas en mi mano.
—Y Marian Fitzwalter de Leaford, ¿Aceptas a este hombre como tu
legítimo esposo, amarlo y honrarlo, estar con él y obedecerlo, en la salud y
la enfermedad, como una esposa a un marido, renunciando a los demás
por él, tanto tiempo como vivas?
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Esperé tres respiraciones, y las sentí correr por mis pulmones como si
fueran mis últimas respiraciones antes de dejarlas salir. —Acepto —dije,
sintiéndome mareada. Todo este tiempo, luchando contra esto, y terminé
casándome con él
—¿Tienes los anillos?
Gisbourne asintió, tomando mi mano y empujando el bonito anillo de
Ravenna en mi dedo. —Te tomo, Guy, como mi legítimo esposo —dije, mi
voz temblando—. Y prometo serte fiel —Las nauseas llegaron hacia mí.
Temblaba cuando puse mi anillo en Gisbourne, y él sonrió, una gran y
petulante sonrisa.
—Te tomo, Marian, como mi legítima esposa —Me dijo,
acercándome a él—. Y prometo serte fiel.
—Recibe al Espíritu Santo —Le dijo el sacerdote, besando la mejilla
de Gisbourne. Gisbourne se volvió hacia mí, agarrando mi barbilla con su
gran mano y empujando mi boca hacia la suya. Fue duro, tan duro que
mis dientes mordieron mi labio, y empujó su lengua en mi boca, pero
mantuve mis labios fuertemente cerrados. Él intentó adentrarse, pero yo no
lo permití.
Me dejó ir.
—Ahora están casados a los ojos de Dios —dijo el sacerdote. Su voz
sonó triste.
No esperé más.
Me aparté de Gisbourne, girándome hacia la horca, pero él me
agarró de la camisa y me lanzó hacia atrás. Golpeó su pie en mi pecho. —
¿Huyendo tan pronto, querida?
Saqué un cuchillo y gruñí, tratando de introducirlo en el tendón de su
talón, pero él saltó antes. Me levanté, sintiendo una punzada de dolor en
mi espalda, y el sheriff me atrapó, colocando su cuchillo en mi garganta.
Su barba frotó mi mejilla y se rió. —Atrapada.
—Deja ir a mi esposa, Nottingham —gruñó Gisbourne.
No pensé que Gisbourne pudiera sorprenderme, pero esto lo hizo. El
sheriff también, hasta lo que vi, porque me soltó lo suficiente para que
pudiera retorcer su brazo hacia atrás y golpear mi cabeza contra el
puente de su fea nariz.
Gisbourne desfundó su espada hacia mi estómago y salté hacia
atrás, siseando. —Si alguien va a matarte, ¡Es seguro como el infierno que
ese seré yo! —Gritó.
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Tuve que gritarlo para que escuchara. La gente del pueblo había
atacado a los guardias y se encargaban de ellos, intentando subirse a la
tarima. Los brillantes colores se estaban convirtiendo en sangre oscura, la
boda convirtiéndose en violencia.
Quizás demasiadas cosas ocurrían deprisa. Quizás el fiero dolor,
como una llama saliendo de mi hombro, nublaba mi cerebro. Quizás el
maldito anillo en mi dedo significaba que yo no viviría demasiado tiempo.
Cualquiera que sea la razón, no me moví tan rápido como debía.
Retrocedí de nuevo y tropecé con el cuerpo de Ravenna y Gisbourne se
acercó y agarró mi garganta.
Me arrastró hasta él, y yo intenté ponerme de pie, pero me deslizaba
en la sangre. Él me apretaba con tanta fuerza como yo podía soportar, lo
suficiente duro para matarme.
Intenté gritar, pero el sonido salió en un gorgoteo.
Arrojó su espada al aire y la atrapó por la cuchilla, su mano
protegida por los gruesos guantes de cuero. Comencé a removerme,
patear, y golpear, pero no podía herirlo. Y donde podía, no parecía
importarle. Ni siquiera lo notaba, no podía sentirlos. —Parece que necesitas
recordar el tipo de hombre que soy, Marian —dijo.
Giró mi cabeza para así levantar mi mejilla, y conseguí tomar una
pequeña respiración que me dio fuerza para patearlo, apuñalarlo,
rasguñarlo.
Él empujó la punta de su espada en mi mejilla, dibujando un corte
profundo y nuevo en mi vieja cicatriz.
Cerré mis ojos, y sin ningún sonido de mis labios, los moví para rezar.
Lo dijera él en serio o no, mi banda —Y estoy segura de que Dios,
también— seguían cuidándome la espalda, porque justo en ese minuto
todo el lugar se sacudió con la fuerza de una explosión.
Él me dejó caer. Mi cabeza se estrelló contra el suelo y la herida en
mi hombro de ayer gritó. Tosí mientras agarraba mi pecho y trataba de
respirar, luché por levantarme.
Esto era el caos. La gente del pueblo ya había subido a la tarima, y
alguien peleaba contra Gisbourne.
Tomé una respiración profunda, apartando las lágrimas y sangre de
mis ojos y salté para agarrar la cima de la horca. Apreté los dientes
cuando comencé a escalar la cuerda, el dolor recorría cada parte de mí,
y la sangre corría por mi mejilla.
—¡Marian! —Gritó, su voz tan fuerte que sacudió la cuerda—. ¡Eres mi
maldita esposa!
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—Dije que me casaría contigo, ¡Nunca prometí quedarme a tu lado,
Guy! —Escupí.
Derribó al campesino con quien peleaba, y dejé de escalar,
observando al hombre caer. Mis manos se deslizaron y apreté con fuerza
rápidamente, no muy segura de si debía bajar y ayudar o correr.
—¡Scarlet!
Me deslicé un poco cuando me giré hacia la voz, viendo a John
atravesar como un rayo entre las espadas batiéndose, con nada más que
sus puños. —¡John!
—¡Huye de aquí, Scarlet! —Se encontró con Gisbourne y sonrió—.
Tengo esto bajo control.
Observé a John asestar un golpe que hizo que Gisbourne lanzara
lejos su espada, y sacudí mi cabeza. Mi esposo era un idiota. John le
derrotaría en unos segundos. Aliviada y herida, tomé mi tiempo para subir
hasta el techo.
—¿Honrar y obedecer? —Gritó Gisbourne, luchando contra John—.
¿A esto es a lo que tú llamas ser una buena esposa?
Me detuve. —Nunca dije que sería una buena esposa, Guy. Sólo que
me casaría contigo.
—¡Guardias! —Rugió—. ¡Guardias! ¡Alguien queme viva a Marian! Pero
todos los guardias estaban ocupados justo en este momento, y
nadie le prestó un poco de atención. Seguí subiendo.
—¡Eres una perra traidora! —Gritó—. ¡Maldita mentirosa!
Reí. —Sabías que era una perra y una mentirosa cuando te casaste
conmigo, Guy. Es tu maldita culpa haber aceptado el trato.
Hice el camino hasta el techo con los músculos ardiendo, y me
aferré a la madera por un largo rato, tratando de respirar, intentando que
el dolor latiente en mi hombro, mejilla y cuerpo bajara. Busqué a John
mientras colgaba de allí, y me tomó unos preciosos segundos encontrarlo.
Vi la cabeza de John presionada fuertemente contra la de
Gisbourne, los dos girando como si fueran uno solo. John tuvo unos
centímetros de espacio y lanzó un golpe directo a la mandíbula de
Gisbourne.
Gisbourne cayó a los pies de John. John cayó sobre sus rodillas para
tomar la espada de Gisbourne y levantarla con un intermitente resplandor
en su mano, listo para hacerme una viuda.
Pero no lo hizo. John levantó el rostro y cuando me vio en el
travesaño, sólo se congeló.
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El pánico me recorrió. —¡JOHN! ¡HAZ ALGO! —Grité, pero él no me
escuchaba.
El sheriff se acercó a John empujando a la multitud y se abalanzó
sobre él, su espalda elevada y con una horrible mueca en su rostro, como
un lobo en una pelea.
Solté un grito fuerte y agudo, pero John aún no podía oírme. Me vio
un momento, su cara parecía confundida mientras el sheriff se acercaba
aún más a él.
Mis pies corrieron sobre la viga antes de que supiera lo que hacía,
pero no había manera de que pudiera llegar a tiempo. Esta no era una
batalla que yo pudiera ganar, y no quería ver a mi amigo morir por mi
culpa.
El pie del sheriff golpeó el suelo, cayendo ante mis ojos lentamente,
como si yo pudiera ver cada una de sus movimientos, cada uno de sus
giros. Su espada cayó antes de rozar el cuello de John, mientras él
comenzaba a girarse. Grité de nuevo, y grité y grité.
La cuchilla nunca lo cortó. El acero resplandeció en los aires mientras
el sheriff era arrastrado hacia los lados. Los hombres se echaron sobre él
como una marea, y pude ver a James Mason en un primer plano,
clavando al sheriff en el suelo. Alguien levantó la barbilla del sheriff, y
Mason no vaciló ni un momento antes de hacer que el cuello del sheriff se
inundara de sangre, la misma línea a través de la garganta que él había
dibujado a Ravenna.
La sangre cayó por el costado de su cuello y goteó, y desde las vigas
parecía un gran charco, la sangre de Ravenna y el sheriff se mezcló junta,
su boda fue horripilante, ya que murieron el uno al lado del otro.
James Mason había vengado a su hija, incluso si fuera su culpa por
incitar el matrimonio desde el principio. No era como si nuestros problemas
hubieran terminado, pero este día los ciudadanos, Rob y mis compañeros,
se levantaron y pelearon juntos.
Incluso si esta oleada de maldad, dolor e injusticia cayera sobre
nosotros otra vez, esto nos obligaría a levantarnos de nuevo. Y era el mejor
comienzo que pudimos haber hecho.
Gisbourne se puso de pie otra vez, y John se defendió contra él,
moviéndose como un rayo para que nadie pudiera intervenir. Hicieron
círculos y pelearon, y yo colgaba de la viga. Una parte de mí pensaba que
yo debería estar peleando y no John, pero una maldita parte mí pensaba
que debía quedarme aquí, sin moverme.
Oí un sonido como de un trueno afuera, y contuve la respiración
mientras las vigas se estremecían; una se rompió de un lado, dejando caer
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un extremo al suelo. Toda la estructura comenzó a tambalearse y moví
como si estuviera electrocutada. El techo estaba hecho de gruesas capas
de paja, y me aferré a una viga para después apresurarme a llegar al
borde del techo hasta la pared del castillo. Todo mi cuerpo estaba herido
y adolorido y ardiente, pero no me detendría hasta ver nuevamente a
Robin.
Llegué a la pared externa del castillo, y me trepé, respirando
profundamente. Me deslicé fuera de la pared y corrí hacia el bosque, mi
corazón latía más fuerte de lo que jamás había escuchado. No sabía qué
camino habían tomado para llegar a la cueva, y me tomó bastante
tiempo antes de escuchar sus pasos crujiendo sobre las hojas. Corrí más
rápido, sintiendo las lagrimas salir de mis ojos y mi corazón comenzando a
calmarse.
Vi la pequeña y ligera forma de Much, una alta y delgada de
Godfrey, y la última forma, la única que lo significaba todo, inclinado un
poco sobre Godfrey.
—¡Robin! —Grité.
Él se giró, apartándose de Godfrey mientras yo corría hasta él,
chocando contra su cuerpo y lanzándolo hasta el suelo. Lo abracé
fuertemente, sollozando en su pecho. Sentí la cálida sangre de su espalda
en mis manos, pero dejé que humedecieran mi piel, tirando de su peso
sobre mí para que así su espalda no se ensuciara. No me importaba nada,
ni siquiera saber cuánto estábamos heridos.
Escuché un sonido extraño, sentí el agua en mi cuello. —Dime que no
te casaste con él —susurró.
—Lo hice —Maullé—. Le di mi palabra.
—Pero estás aquí.
Asentí. —Y casada o no, no quiero dejarte nunca, Rob.
Su nariz frotó mi cuello, luego a lo largo de mi mejilla derecha. —Estás
casada, Scar.
Nuevas lágrimas brotaron de mis ojos. —Lo sé.
—Con él.
Asentí, hipando.
Apoyó su frente contra la mía, con sangre y todo. —Déjame curarme
un poco, y nos encargaremos de que “hasta que la muerte nos separe”
sea un periodo muy corto.
Dejé escapar una pequeña y acuosa risa, y me senté, arrastrándolo
conmigo. Apoyé mi mano en su corazón, y él cubrió el mío.
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—Esos ojos —murmuró, apartando el cabello de mi rostro, cuidadoso
de evitar la nueva herida en mi mejilla.
—Vamos, Robin Hood. Voy a curarte tan rápido como pueda —Le
dije, tomando sus manos y levantándonos.
—Tan pronto como te cerremos esa herida, Scar —Recordó Much.
Robin se inclinó pesadamente sobre mí, y miré a Much y Godfrey. Los
había olvidado. Ellos nos miraban fijamente y sentí mis mejillas enrojecer.
Debajo de la sangre, claro.
—Sentí la explosión. ¿Qué tan difícil fue?
Much sonrió. —Ni siquiera fue tan difícil. Con todo lo que ocurrió,
nunca nos notaron. Te digo, la mecha llevó más tiempo del que pensé que
tomaría. Creí que podrían encontrarla o cortarla, pero luego sentí la
explosión y vi a Robin.
—¿Qué fue lo que hizo?
—Derribó casi la mitad del baile —Le dijo Much—. ¿Qué ocurrió en el
salón?
—John siguió luchando, me dijo que me fuera —dije—. El sheriff
murió.
—¿Muerto? —preguntó Much, su rostro preocupado—. Cristo. Cristo,
tendremos un nuevo sheriff, ¿no? ¡Probablemente uno peor!
Robin habló antes de que Much continuara. —La posición nunca
estará vacante, y es verdad, no tenemos ninguna manera de saber a
quién nombrará el Príncipe John, pero esto es un avance. Necesitamos
tiempo. Por el momento, la gente —sus casas y sus hijos y sus vidas— están
a salvo —Cerró sus ojos y se apoyó contra mí—. Por ahora, eso es más que
suficiente.
Much dio un paso hacia adelante, sus ojos llenos de preocupación.
—Vamos a llevarlos de regreso a la cueva.
Robin asintió, y comenzamos a caminar, pero Godfrey vaciló.
—Yo no… no puedo regresar con mi padre. No después de que él
estuvo de acuerdo con esto, y permitió que ella muriera —Cerró sus ojos,
como diciendo que esto le dolía—. Sé que lo que puedo ofrecerte no es
mucho, y sé que no confiaras en mí después de todo lo que hice, pero… —
Se detuvo de pronto, como si alguien le hubiera cortado la lengua.
Me aparté lentamente de Rob, asegurándome de que él pudiera
valerse por sí mismo. Caminé hacia Godfrey, y toqué su mano. —Fue tu
padre quien mató al sheriff —dije. Su rostro se retorció, sus emociones
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desnudas—. Confiamos en ti, Godfrey. Eres uno de nosotros ahora, y
siempre lo serás.
—Ella me dijo que tú trataste de que huyera —dijo suavemente
Godfrey, su voz quebrada—. Y ella… ella quiso quedarse.
Asentí.
—Cristo, lamento tanto haberte golpeado.
—Lo sé. Vamos, necesitas descansar. Todos necesitamos descansar
un poco —Volví con Rob, deslizándome debajo de su brazo otra vez, y él
besó un costado de mi frente. Esto hizo que una cálida oleada de calor se
extendiera por mi cabeza, corriera sobre mi cuerpo, y se deslizara
alrededor de mi hombro herido como si estuviera sanándolo.
—Te arreglaré primero, Scar—me dijo Much cuando llegamos a la
cueva—. Tu hombro debe estar horrible y tu mejilla tampoco luce tan bien.
Rehuí, abrazando fuerte a Robin. —De ninguna manera. Yo no soy la
que ha sido torturada.
—Yo la curaré, Much —Rob le dijo. Cerca de mi oreja y bajo dijo—:
De ahora en adelante, nadie más que yo te verá sin camisa, Scar.
Rodé mis ojos, pero justa verdad, yo no quería que nadie más que él
hiciera lo mismo. —Vamos —Le dije, llevándolo a la cueva—. Vamos a
conseguir nada de camisetas para empezar.
Él se rió entre dientes, pero fue inclinándose pesado sobre mí, y me
asustó profundamente.
—John —gritó Much.
Nos volvimos para ver correr a John en el campamento, sangre y
bultos y una gran sonrisa idiota en el rostro. Robin se acurrucó un poco
hacia adelante, tambaleándose sobre sus pies.
—¿Qué pasó? —Le pregunté.
John empujó su dedo pulgar sobre el labio roto. —Gisbourne huyó —
dijo—. Pero yo tampoco rompí su brazo o deshice su hombro. De cualquier
manera, no va a estar sosteniendo una espada por un tiempo. La mayor
parte de la sala cayó después de un minuto, y conseguimos sacar a la
gente—. La cara de Robin se retorció y John lo miró, perdiendo la sonrisa.
—¿Estás bien, Rob?
Lo abracé con más fuerza. —Lo estará.
John asintió, mirándome, pero me aparté de sus ojos y llevé a Rob a
la cueva, ayudándolo a sentarse. —No muevas nada —le dije—. Voy a
buscar los suministros.
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Volví a salir y John estaba allí, justo en la boca, con los brazos
cruzados. Much y Godfrey vagaban más allá, yendo por la poca comida
que habíamos almacenado. John alzó las cejas.
—¿Qué pasó con Gisbourne, John?
—Te lo dije. Él echó a correr.
—Antes de eso.
John me miró de lleno, viéndome fijamente a la cara. —Me distraje.
—No me mires a mí por tus distracciones. Yo no he hecho nada por
eso.
Su rostro se retorció en una manera divertida, triste y confundida. —
Lo hiciste. Lo fui a matar, y tan sólo pensé, si él muere, eres de Rob. Eres de
Rob para siempre, y no he tenido una oportunidad. No pretendía pensarlo.
Fue justo ahí. Y me detuvo en seco.
Mi respiración murió en mi pecho y mi piel rugió con sangre. —¿Qué?
John tragó. —Y entonces el sheriff estaba allí, y la oportunidad se
había ido—. Los ojos de John clavados en el suelo. —Lo siento, Scar—. Él se
apartó fuera de la boca de la cueva y se acercó a Much y Godfrey, y me
dejó siguiéndolo con la vista.
Fue ira corriendo a través de mí más que nada mientras pensaba en
sus tontas palabras y reunía los suministros. No estaba siquiera segura de lo
que significaba, no matar a Gisbourne, pero escuchar que lo diga así
¿Como si quisiera retenerme y Rob por el otro? Podría haberlo matado por
ello.
Por lo menos hasta que entré en la cueva otra vez y vi a Rob ahí,
doblado y herido. Entonces todo pensamiento desapareció de mi mente y
mi corazón se ajustó a una extraña clase de ritmo y la ira me dejó. Las
palabras de John no tenían ninguna importancia, y la horrible banda en mi
dedo tampoco. Al entrar en la cueva, chocó sobre mí de nuevo: Amaba a
Rob.
bien.
Amaba a Rob, y habían tantas cosas que más vale que explique
—Vamos, Godfrey, vamos a mostrarte más de Sherwood —Oí decir a
John. —Y a agarrarle la mano al bosque. Much, ven con nosotros.
Me sonrojé un poco, pero fui feliz por la oportunidad de estar a solas
con Rob después de todo lo que había sucedido.
En la cueva estaba más fresco que el exterior, y se sentía como si
todo se hubiera desprendido como la piel de una naranja y yo quedé con
esto, el corazón de todo.
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Llegué tranquila detrás de Rob, tocándole la cara y levantando el
borde de la camisa. Él asintió y levantó los brazos, dejándome que le quite
su camisa con sangre negra. Cientos de agujeros perforados en su
espalda, sangrando rojo y segregando. Algunos parecían enfermos y
envenenados ya. —Cristo, Rob. Puedo limpiarlo ahora, pero tendré que ir a
los frailes por una cataplasma.
Él asintió, su cuerpo aliviándose, aflojando los músculos. Me puse a
trabajar, tomando algo de nuestras aguas y lo último de nuestras vendas
de muselina para enjuagar la sangre y sacar la suciedad y la mugre de la
prisión. Comencé un fuego y puse un poco de agua para que se caliente,
y llegado el momento lo levanté una vez, el agua era cálida y me
temblaban las manos un poco.
Empapé vendas y las coloqué en tiras sobre la masa de heridas,
tratando de sacar algo enfermo y profundo de allí. Me quedé con los
labios cerrados, dejando que mi corazón establezca sus palos su percusión
y sintiendo la incertidumbre deslizarse en mis costillas.
Tracé mis dedos de luz a lo largo de las tiras, presionándolas
suavemente mientras miraba en la parte posterior de su cabeza.
—Tiempo para el ajuste de cuentas, Rob, —dije suave—. ¿Qué
quisiste decir ahí? —Los músculos de sus hombros rodaron, como si
estuviera tratando de mover o girar, pero toqué su espalda para
mantenerlo quieto. Tal vez también para retenerlo, así su rostro no estuviera
para mí, mientras lo decía, yo no estaba segura. —Lo sé... Sé que pensaste
que moriría allí. Pensé que fracasaste, pensé todo tipo de cosas malas. No
voy a ser criminal si no querías decirlo todo—. Mentira. Si él no lo había
querido decir... No estaba segura de lo que haría. Tal vez regresar a
Gisbourne y dejarlo terminar el trabajo por mí.
—Si no vas a dejar que me mueva, mas te vale que vengas donde
pueda verte, Scar —dijo, y su voz era horriblemente áspera.
Cuidadosa y lenta, fui alrededor frente a él, de espaldas al fuego así
que su baile entero de luz brillaba en su rostro. Me tomó la mano, estirando
mis dedos de un puño y entrelazando los suyos. Él se agarró firmemente. —
Por los huesos de Cristo, Scar —Él dejó escapar un suspiro, y su mano apretó
la mía—. Tú cambiaste todo. Todo. Ese día, en el mercado de Londres, tú
no sabes lo que era mi vida antes de eso, cuando llegué a casa y encontré
que todo sólo desapareció. No tenía nada. No tenía un alma. Y entonces
apareciste con tus ojos mágicos, y tú tan sólo cambiaste todo.
Cada dolor voló de mis huesos y me quedé quieta como una picota.
—Pero... me odias.
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Él suspiró, y sus ojos se movieron hacia los míos. Las tormentas se
habían ido, los mares de la clase de calma que viene después de que las
olas han destruido un barco. —Me odio a mí mismo. Desearía no sentir
nada. Desearía poder proteger a estas personas —tú— como yo quiero,
pero no puedo. No lo hago. En las Cruzadas, en toda mi vida... —Se calló,
los ojos y su mano dejaron los míos, y su garganta trabajaba, el sonido justo
fuerte. —Hay tanto por lo que tengo que expiar, por lo mucho que he
hecho mal. Si yo fuera un hombre mejor, yo te hubiera enviado lejos de
aquí hace mucho tiempo, pero no lo hice, y no puedo. Me gustaría poder
dejar de pensar en ti, Scar, dejar de preocuparme por ti. Casi todos los días
desearía nunca haberte conocido, porque es una tortura—. Una tos seca
llegó que medio sonó como una risa. —Más que, ya sabes, sólo tortura
corporal.
Me tranquilicé por un momento, mordiéndome el labio. —Me
llamaste puta, Rob. Has dicho cosas terribles.
—Ah —dijo él, y su mano tomó la mía de nuevo, fuerte—. Hiriéndote
es la mejor manera que conozco para castigarme. Y, a pesar de que no
estoy muy orgulloso de ello, yo verdaderamente no puedo controlarme
cuando veo siquiera que mires a John —Se rió entre dientes—. O a Jenny
Percy.
—Cristo, eres un niño estúpido —dije, sacudiendo la cabeza—. Y
todavía no has dicho lo que quiero oír.
Me miró a los ojos. —¿Qué es lo que quieres oír?
—Si yo soy una tonta por pensar en ti —Él miró hacia abajo.
—Si estás con John.
Sonreí un poco. —¿Eres un tonto? Por supuesto. No soy el tipo de
chica que debes tener. Del tipo que te mereces —Apreté mi boca contra
sus nudillos, luego miré a sus ojos de océano—. Pero escondido dentro de ti
es el único lugar donde mi corazón ha estado alguna vez en casa —Una
sonrisa se apoderó de mi boca—. Y yo no estaría nunca con John.
Sus dedos soltaron los míos, y antes de que pudiera llorar su pérdida,
su mano temblorosa se deslizó sobre mi mejilla. —Guardaré tu corazón,
Scar —susurró—. Si tú guardas el mío.
Asentí. Justo tímida, toqué su cara, recorriendo sobre un moretón en
la mejilla. Me dejó, cerrando los ojos y dejando caer sus manos de mi cara
cuando toqué su piel.
—Gisbourne no parará de buscarme, incluso con el Sheriff muerto.
Su mano agarró mi rodilla. —Tú no puedes jamás volver a él… ya lo
sabes, ¿no?
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—Sí.
Él asintió. —No tendrá un tiempo tan fácil ahora. El nuevo sheriff no
será nombrado por un tiempo, y hasta entonces, la tierra vuelve a King
Richard —y al cuidado del príncipe John mientras él no está. Gisbourne
carece de autoridad aquí. Y cuando el nuevo sheriff sea nombrado,
tendrán que empezar con la reconstrucción de la fortaleza. Tenemos
tiempo.
Él gimió y mi labio se retorció. —¿Quieres descansar? —Le pregunté.
Rob asintió, y le ayudé a acostarse de lado, bajándolo hasta su
camastro junto al fuego. Acercándome a él, me quedé allí, insegura e
inclinándome sobre él. Yo era justo tímida para hacerlo, pero besé su
mejilla.
Cogió mi mano y tiró de mí más cerca antes de que me alejara. —
Quédate aquí —dijo—. Por favor.
—Yo no iría a ninguna parte —dije.
Tiró de nuevo. —Quédate aquí —dijo, y siguió tirando hasta que
estuve en contra de él. Tiró mis caderas contra las suyas, de espaldas a su
frente, y me agarró con fuerza. Su aliento sopló en mi cabello y escalofríos
rompieron como chispas de fuego por todo mi cuerpo.
Apreté su mano. —Seguiremos luchando. Por el pueblo, y por ti y por
mí.
—Un día, todos seremos libres.
Suspiré, mirando las lenguas ardientes de la hoguera. —O estaremos
muertos. Pero entonces, supongo que es una especie de libertad también.
Retorció nuestros dedos juntos de nuevo. Parecía ser la forma que a
él más le gustaba mi mano, como si pudiéramos unirnos tan fácil como
trenzar dedos. —Vamos a tratar de no ser absolutamente así de libres Scar
—Él estuvo quieto un momento, y su nariz dio un empujón a mi cabeza—.
¿Debo llamarte Marian ahora?
Suspiré. —No estoy segura. Yo nunca quise ser Marian, pero no es tan
fácil como simplemente decir que nunca lo fui. O que todo lo que soy es
Scarlet.
—Tal vez te llamaré Señora Gisbourne.
—Puedes intentar. A ver cuánto tiempo vives.
Él me llevó más cerca, y tomé un respiro, dejando mis hombros
retroceder contra él. Su respiración se hizo lenta y uniforme, y se instaló en
mi pecho hasta que respiré igual. Fui cortada y completamente golpeada,
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pero sosteniendo su mano, sumida en Sherwood, incluso como una mujer
casada, nunca me sentí tan segura, y nunca me sentí tan libre.
FIN
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Agradecimientos:
Supe que quería ser escritora cuando estaba en primer grado; durante todo el
camino, he encontrado personas negativas y rechazos en abundancia, pero lo que realmente
me quedó grabado es la verdadera generosidad de espíritu que tantas personas me han
ofrecido. Esta lista es un microcosmos en mal estado de todas las personas que realmente se
merecen mi agradecimiento.
A mi agente superestrella, Minju Chang, gracias por ser el primero en creer en
Scarlet. Tu entusiasmo y pasión nos han traído hasta aquí, y estoy muy agradecida.
¡Gracias a mis editores increíbles, Emily Easton y Mary Kate Castellani, que tanto
amaron a Scarlet como era, y que también vieron la manera de hacerla brillar un poco más.
Ambos inspiraron el casi Mundo según Wayne10.¡Yo no soy digna!
Gracias al resto del equipo de Walker and Bloomsbury, incluyendo a Jennifer
Healey, que, como editora de textos, recogió las cosas que mi mente no podía ni siquiera
procesar (he usado la palabra ¿cuántas veces?), al equipo de los derechos extranjeros, y
los equipos de diseño y marketing. He oído que se necesita una aldea, pero en realidad sólo
se necesita una editorial increíble. Gracias a todos por ser parte de ella conmigo.
Para Panera Bread, recargable con Coca-Cola Light y/o un té es un regalo del cielo.
Salud. Para el hotel W de Boston, gracias por dejarme escribir en las primeras horas de la
mañana.
Para Alex, Iggy, Ashley, Nacie, Leah, y Renee —beta readers11, maniquíes de
prueba, armarios a los que les arrojaba pasta emocional, amigos incondicionales que me
animaron a seguir adelante, me apoyaron, distrajeron, y de vez en cuando me daban caras
de vivisección12 cuando sabían que yo estaba equivocada. Nada más que amor.
10
Wayne'sWorld (también conocida como El mundo de Wayne y El mundo según Wayne) es una película
estadounidense de 1992 dirigida por PenelopeSpheeris. Wayne, un joven que toca la guitarra y es amante del
rock, es conductor de un programa juvenil junto con su introvertido y raro amigo Garth, quien toca la batería.
Junto con otros de sus amigos, que a su vez son el staff del programa, montan su producción en el sótano de
una casa. Un productor televisivo los encuentra y decide que son perfectos para promocionar la campaña de
una empresa sponsor de videojuegos. El productor comienza a influir demasiado en el programa y este toma
un estilo más comercial. Esto hace que Wayne y Garth se peleen. Para peor, el productor quiere quedarse con
Cassandra, novia de Wayne.
11
Un Beta Reader es una persona que lee una obra escrita, generalmente de ficción, con lo que se ha descrito
como "una mirada crítica, con el objetivo de mejorar la gramática, ortografía, caracterización y el estilo
general de una historia antes de su lanzamiento al público."
12
La vivisección es un acto o práctica de hacer operaciones quirúrgicas en animales vivos con el propósito de
llevar a cabo una investigación psicológica o demostración, exanimación o crítica sin piedad y minuciosa.
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Para Connie Chapin, UnderwoodGreer, MeaghanDelahunt, John Burnside, Harris
Debbie, a la incomparable Catherine Doyle, a quien extraño mucho, y a todos los demás
profesores de inglés que me han apoyado y me han enseñado, me han cambiado para siempre
por el amor que sienten por su profesión. Sus estudiantes están escuchando, y ustedes están
cambiando sus vidas. Gracias.
Para Kev y Mike, ¿quién hubiera pensado que mis más grandes partidarios serían
dos chicos? Gracias por estar siempre a mi lado, riéndose de mí hasta recordarme que debo
reírme de mí misma. Los mejores hermanos de la historia.
Para mi madre, que sabía con absoluta certeza que este día llegaría y, sin embargo,
también reconoce que es un casi un milagro, a mi papá, que me dio una gran educación,
amor, aliento y una adicción total a los libros (pero todavía no quiero leer Stranger in a
Strange Land13. Lo siento, papá!). Los dos me enseñaron que la alegría está en la palabra
escrita. Gracias.
13
Stranger in a StrangeLand es una novela de ciencia ficción (1961) escrita por el estadounidense Robert A.
Heinlein. Cuenta la historia de Valentine Michael Smith, un ser humano que viene a la Tierra en su edad
adulta, después de haber nacido en el planeta Marte y haber sido criado por marcianos.
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Nota del Autor:
¿Por qué quise contar la historia de Robin Hood cuando ya hay tantas versiones e
interpretaciones diferentes acerca de la leyenda de Robin Hood? Entre los numerosos libros,
programas de televisión y películas, hay, evidentemente, ya una gran cantidad de material
disponible. Sin embargo, es una historia que se continúa contado en casi todas las
generaciones.
Me sentí obligada a escribir Scarlet, porque me encanta Robin Hood. Siempre he
estado fascinada con él, el dolor que debe haber sufrido, y lo duro y fuerte que era, pero
sobre todo porque él era fuerte para la gente que amaba y fuerte a causa de su amor. Esa fue
la mejor parte. Mi Robin es un poco más joven y tal vez un poco temperamental que la
mayoría de los Robin Hood, pero no pude cambiar mucho más de él, porque amé todos los
jugosos detalles que he podido recoger de la leyenda clásica de Robin Hood.
Poco acerca de Robin se sabe con certeza. Algunos historiadores creen que Robin
Hood tiene que haber sido un proscrito en el siglo XII, mientras que otros insisten en que
fue un nombre dado a muchos, fuera de la ley, en los primeros tiempos medievales. La
mayoría de las leyendas de Robin lo colocan en el bosque de Sherwood, pero hay muchas
referencias históricas a las diferentes partes de Inglaterra. No hay una persona pueda que
estar de acuerdo con sobre el verdadero Robin Hood. Si existía en realidad, los historiadores
creen que pudo haber vivido en cualquier momento durante un tramo de unos doscientos
años desde el siglo XII al XIV. Su título, la historia y ética personal, todo puede variar
considerablemente, pero la única cosa que sigue siendo común entre todas las historias de
Robin Hood es que él roba a los ricos para dárselo a los pobres.
Haya o no Robin participado en las Cruzadas, la historia se establece normalmente
durante la época del rey Ricardo I, cuando Inglaterra tenía un rey heroico que nunca estaba
en casa, y su celoso hermano, el príncipe John fue dejado encargado de administrar el país.
Esto encaja muy bien porque el príncipe John, en efecto, estableció un impuesto sobre el
pueblo de Inglaterra para pagar por el rescate del rey Ricardo al final de las Cruzadas (que
fue capturado por un duque austríaco quien le daba algunas patadas mientras aquel estaba
en el suelo, pero eso es otra historia), a pesar de que John no quería a su hermano de regreso
en Inglaterra. He pensado mucho sobre el tipo de gobernante que John debe haber sido para
permitir un ambiente como en el que Robin Hood existía. Puede que él no estuviera
directamente implicado en la historia de Scarlet, pero él es la fuerza impulsora detrás del
deterioro de la situación de Nottinghamshire.
Dentro de los últimos cien años, las historias de Hood Robin lo han destacado como
un proscrito, por lo general un ex noble, que vivía en el bosque de Sherwood. Hay poca
capacidad de maniobra con el elenco de personajes (Little John, Will Scarlet, Friar Tuck,
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Much, Allan A Dale, para nombrar algunos); como las versiones escogían y
reinterpretaban, ciertamente he hecho lo mismo. Tradicionalmente, las historias ven Friar
Tuck como un monje borracho, Little John, como un leñador musculoso, a Much Miller
como el hijo del campesino por excelencia, y a Will Scarlet como el mejor amigo de Robin.
Will Scarlet se muestra siempre con sus cuchillos, por lo general viste de rojo, y, a menudo
presentado como de mal humor o el más misterioso de la banda. Para cada uno de estos
personajes tradicionales he hecho mis propios ajustes para poder interpretar cómo la
historia de Robin podría haber comenzado: Tuck es un camarero un poco borracho, Little
John sigue siendo musculoso, pero tiene un corazón debajo de su exterior, Much es (espero)
más complejo, pero sigue siendo el que mejor encaja con la gente del pueblo. Y luego está
Scarlet: misteriosa, de mal humor, y hábil con cuchillos, obviamente está conectada con el
legado de Will Scarlet, y sin embargo, son completamente diferentes. Otros personajes,
como Allan A Dale, no están en Scarlet, porque en el momento de mi historia, Rob sigue
siendo un hombre joven y no ha conocido a muchas personas más allá de la gente del pueblo
y sus camaradas. John y Much son, en una terminología moderna, sus “chicos”.
También me tomé libertades con el resto de la historia, baladas, y e interpretaciones
que han llegado antes que la mía, sobre todo en relación a Marian, y, por poder, con querida
Scarlet. Leyendo los relatos y viendo las películas, siempre he encontrado a Marian
problemático porque, aunque yo estaba enamorada de Robin, nunca pude verme a mí misma
como Marian. Ella siempre tenía los ojos saltones y esperaba ser rescatada, no era
exactamente algo con lo que me identifica, ni lo que Rob merecía. Vamos, ¿una simple
doncella para el gallardo, valiente y angustioso Robin Hood? Para mí, el verdadero amor es
encontrar a alguien que no sólo ve y acepta tus demonios, sino que también está dispuesta a
intensificar y luchar contra ellos, cuando tropieces. Marian no podía hacer eso para Robin,
pero sin duda Scarlet lo haría.
Estoy intrigada por la idea de que la historia podría haber sido reescrita, tomando a
una niña llamada Scarlet y, a lo largo de los siglos, convirtiéndola en Will Scarlet, uno de
los felices hombres de Robin Hood. Me gusta pensar en la historia como un juego muy largo
de teléfono, que nunca va a llegar con exactitud (o incluso acercarse) a la manera en que
comenzó. Así es como, mientras las leyendas y baladas van pasado —y porque hay una
larga tradición de dejar a las mujeres fuera de la historia, incapaces de creer que una niña
pudiera hacer todo lo que Scarlet hizo—la gente escuchó la historia equivocada y se pasaron
versiones modificadas de ella.
¿Es posible que Will Scarlet hubiese sido una chica? Por supuesto. Como he dicho,
no hay prácticamente ningún hecho histórico, y las leyendas comenzaron, sobre todo, a
partir de las baladas que fueron habladas y han cambiado varias veces en el transcurso de
un día, y aún más a lo largo de los siglos. Mujeres como Leonor de Aquitania probaron que
las mujeres medievales podían ser fuertes e inteligentes, de una astucia increíble. Entonces
¿por qué no pudo Scar existir realmente?
Siempre habrá gente que piensa que una mujer, especialmente una joven mujer, no
es capaz de todo lo que Scarlet cree que ella es. Yo no lo compro. Si la historia no dejó
ningún lugar para que una fuerte (y sí, a veces, increíblemente malhumorada) joven mujer
exista, entonces es mi placer y deleite agitar las cosas y empezar a hacer algunas revisiones.
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A. C. Gaughen
Soy descaradamente adicta a quedarme despierta
hasta muy tarde (Se siente como un robo de
tiempo), al refresco dietético (Sabe tan bien),
Escocia (Ese país robó mi corazón, y no va a
devolvérmelo. La interpol ha sido ineficaz en este
juicio) y a los ladrones (Así que supongo que no
estoy tan fuera de lugar en Escocia)

A.c caughen - Scarlet

  • 2.
  • 3.
    PÁGINA4 Sinopsis Muchos lectores conocenel cuento de Robín Hood, pero serán cautivados por esta nueva versión llena de acción, secretos y romance. Haciéndose pasar por uno de los ladrones de Robín Hood para evitar la ira del maligno Lord Gisbourne, Scarlet ha mantenido su identidad en secreto de todos en Nottinghamshire. Sólo Hood y su banda saben la verdad: el ágil ladrón haciéndose pasar por un chico es en realidad una mujer valiente con un pasado secreto. Ayudar a la gente de Nottingham y engañar al corrupto Sheriff podría costarle la vida a Scarlet mientras Gisbourne se acerca. Es sólo su fiera lealtad a Robín —cuyas sonrisas fugases y temperamento fuerte tienen el raro poder de inquietarla— lo que le hace pensar a Scarlet que en esta lucha vale la pena morir.
  • 4.
    PÁGINA5 Este libro estádedicado a mi madre. Tú me enseñaste lo que significa ser fuerte y cómo tener mi propio vocabulario. Te amo.
  • 5.
    E PÁGINA6 1 n realidad, nadiesabe nada acerca de mí. Soy el secreto de Rob, yo soy su informante, soy su sombra en lugares oscuros. Nadie me toma por más de un muchacho bullicioso, un azote de un niño. Ellos nunca ven realmente. Y no me importa que ellos no vean. Como, cuando caminas por una habitación llena de hombres enormes y ebrios como una cuba, no es tan malo ser ignorado. Abrí la puerta del Friar Tuck, y el aire justo me golpeó en el rostro. Era demasiado caliente y olía a cerveza y hombres, yo sonreí. Sería difícil, pero aquí no me echarían por ser un ladrón y una mentirosa. Me introduje por la puerta y me moví sigilosamente pasando a Tuck, el posadero, y entré en el bar. Era tumultuoso con cuerpos, risas, y las tazas sirviéndose alrededor. Las muchachas se abrían paso a través del terreno, con una sonrisa o una palmada según sea necesario para salirse con la suya. Atravesé la sala grande a la habitación pequeña que Tuck mantiene para Rob. Tiene unos pocos pasajes secretos y Malcolm, el escocés grande que conserva el bar, nos deja saber si algo está fuera de control. Que viene muy bien viendo como, a pesar de que soy el de menos mentalidad moral del grupo, no soy la única en hacer cosas contrarias a la ley. Una puerta se abrió del lado de la sala grande, y luego la puerta de nuestra habitación pequeña quedó un poco entreabierta hacia el pasillo, por lo que aún podíamos mirar un toque y ver quiénes estaban llegando. John estaba allí sentado, en el extremo del banco, mirando como siempre lo está. Rob me miró, y como fue justo lo usual, sentí que mi corazón saltó. Él tiene una manera de mirarme en particular de la que no estoy muy satisfecha. Me gusta deslizarme alrededor y no ser notada. Pero Rob me ve. Incluso me vio antes de que yo supiera que estaba mirando. —Scarlet, finalmente. —Esa era la versión de Rob de un saludo. —Rob. John. Much —murmuré. Me senté al lado del último de los tres, en parte porque eso significaba que podía esconderme en la esquina y en parte porque Much no ve a nadie más que a Rob. Él tuvo algo de mala suerte, cuando un muchacho y él era el tipo dulce, por lo que la mayoría de la gente sólo le dio su piedad, como sobras a un perro. Él era el
  • 6.
    PÁGINA7 más joven denosotros, también, de dieciséis años al descubierto, lo que no ayudaba a ninguno, pero Rob sabía de lo que Much era capaz en verdad. Significaba que Rob era su héroe, por encima y más allá, y yo podía entender. Si yo fuera el tipo que tenía héroes, me habría vinculado a Rob directamente. Veinte-y-uno y el mayor de nosotros, Rob era naturalmente el que nos lideraba, pero además de eso, tendía a ver una poca inteligencia en todos nosotros. John me pasó una jarra de cerveza, y yo tomé un sorbo. —¿Qué palabra? —Preguntó Rob. Él mantuvo su capucha puesta, la mayoría debido a que el Sheriff estaba contratando nuevos mercenarios todo el tiempo y sólo un poco porque a la gente le encantaba. Lo llamaban el Hood1—lo menos que podía hacer era usarla. —Dos palabras. En primer lugar, Freddy Cooper fue arrestado —dije, mirando alrededor. No eran buenas noticias. —¿Fred? —repitió Much—. Es sólo un niño. —Lo suficientemente mayor para cazar furtivamente para su familia —recordó Rob. John se cruzó de brazos. —Él es el hijo mayor. Nosotros deberíamos haber dejado claro que podría haber llegado a nosotros, Rob. Rob lo miró. —Los primogénitos piensan que pueden proveer mejor a su familia, John. Ellos no piden ayuda. Tú sabes eso mejor que la mayoría. —Bueno —corté—, no estaba del todo en la caza furtiva. Todos se volvieron hacia mí. —¿Para qué, entonces? —Preguntó Rob. —La Señora Cooper fue al Sheriff hoy. Pidió más tiempo para pagar sus impuestos, y él dijo que no. Luego tomó a Freddy y dijo que si ella no puede pagar, él lo arreglará. Los muchachos miraban, y raspé la uña en la mesa de madera en lugar de mirar de regreso. —¿El alguacil está tomando colateral ahora? —¿Colateral? —le preguntó Much. —Él está exigiendo el rescate de las personas por las deudas —dijo Rob, bajando la capucha y frotándose las manos en su pelo. Sus ojos se veían en el marco de su mano y me atrapó mirando. 1 Capucha.
  • 7.
    PÁGINA8 Su ceja searqueó, pero miré a la mesa de nuevo, esperando que estuviera lo suficientemente oscuro para ocultar las mejillas que se me pusieron rojas sin que yo dé mi visto bueno. —Si él llega a entrar en su cabeza ésta es una buena idea, podríamos tener un montón de niños colgados desde Nottinghamshire— dijo John. —Él no debería. A menos, claro está, que más gente le dejen pensar que no pueden pagar —dijo Rob. —Lo que ellos no pueden —dijo Much. —El Sheriff no sabe eso. Y recogiendo los niños sin causa sería incitar un motín, que no es su intención. El miedo es mucho más eficaz. Lo que sí significa, sin embargo, si alguien no puede pagar impuestos cuando llegue el día, la gente de Nottinghamshire sentirá la carga de una manera horrible. Los muchachos se establecieron tranquilos mientras todos considerábamos eso. Las cosas eran difíciles, y habíamos fijado si se pondrían peor. —Le dejaré fuera —les dije—. Hoy encontré una nueva manera de colarme en la prisión. —¿Qué? —¿Qué? —¿Qué? —Todos se me vinieron a la vez. Parpadeé. Honestamente, todos ellos me oyeron. Yo no tengo la costumbre de repetirme. —¿Esta es tu idea, Rob? ¿Enviarla a la prisión? —Gruñó John. Así que yo soy una chica. La mayoría de la gente no nota eso de mí. Todos los chicos me llaman Will Scarlet si otras personas están alrededor; unas pocas personas saben que es solo Scarlet, pero la mayoría piensa que soy Will. —La primera cosa que me preocupa es la seguridad de Scar, John —dijo Rob, su voz lo suficientemente baja fue lo que me hizo verlo. Un músculo en la mandíbula de John se tensó, pero no dijo nada—. Scarlet, ¿qué diablos estabas haciendo en el interior del Castillo de Nottingham, y mucho menos dentro de la prisión? —Preguntó Rob. Saqué una de mis dagas. Era un poco peligroso, pero había presentado la hoja con el filo hacia abajo. Me hizo sentir un poco más fácil, teniendo todos estos ojos en mí, si tuviera un cuchillo en la mano. —Yo estaba aburrida. Fui a dar un vistazo alrededor.
  • 8.
    PÁGINA9 —Scar, tan sólono puedes —comenzó Rob. —Ni usted, Su Excelencia, ni tú, Pequeño John, pueden decirme a dónde ir o no ir —Much se inclinó hacia adelante y yo lo miré fijamente—. Ni siquiera lo pienses, Much. La boca de John se apretó. —No vas a regresar a la prisión sin mí. —No puedes meterte en mis entradas, John. —Y tú no puedes recibir un golpe, Scarlet. —Nadie ha sido capaz de atraparme para intentarlo. —Tu cogiste el áspero final de algo una vez —recordó, empujando su dedo pulgar sobre la delgada cicatriz que corría a lo largo de mi pómulo izquierdo. Furia golpeaba detrás de mis ojos y agarré su muñeca, girándola y presionando mi daga en su vena. Él apartó la mano lentamente, su boca torcida en un poco de una sonrisa. —Voy a ir con ella a conseguir a Freddy, Rob. Rob estaba frunciendo el ceño. —Está bien. Sólo lo sacan de allí, y cuida de Scar. —Sinceramente —escupí. Yo podía cuidar de mí misma, después de todo. —Y Scar, vigila a John. Nos preocupamos los unos a otros —me recordó—. Eso es lo que hace una banda. Fruncí el ceño. —Tú me chantajeaste en esto, ¿te acuerdas? No estoy en la banda de nadie —dije. Cada vez que yo decía eso, parecía como si pateara a su gatito. —Pensé que nadie te hacía hacer nada en contra de tu voluntad — dijo Rob, cruzando los brazos. —Ellos no lo hacen. Puedo elegir lo que quiero. Acabo de elegir ayudarte en vez de ser enviada a prisión. —Y tú has estado eligiendo eso durante los últimos dos años. Crucé mis brazos. —Sí. No es como que no puedo abandonar cuando quiera. Sus ojos azules recogían algo de la llama de la vela y parpadearon de nuevo como si fueran mechas. Su cabeza se inclinó hacia delante y el azul de sus ojos parecía más como aguas revueltas. Una sonrisa desenfadada se deslizó sobre su boca. Contuve el aliento, tratando de no notarlo.
  • 9.
    PÁGINA10 —Entonces no esun chantaje, ¿cierto, Scar? Apreté mi boca. —Nos cuidamos unos a otros —repitió. Miró a los otros—. Much, ve a lo de la madre de Freddy, asegúrate de que esté en calma. Voy a conseguirles suficiente comida por un tiempo —Rob se asomó a la puerta, hacia la taberna—. No va a responder el problema más grande, sin embargo. En primer lugar, vamos a tener que ocultar a los otros niños Cooper también. —Toda la familia —dije. Rob asintió. —Y tenemos que asegurarnos de que cualquier otra familia pueda pagar. Tenemos menos de un mes antes del día de impuestos, ¿y cuánto hemos acumulado? Much suspiró. —¿Para cubrir los impuestos de los campesinos por ellos? No lo suficientemente cerca. Y lo que tenemos ya es necesitado—la gente apenas tiene suficiente comida y dinero para sobrevivir, y mucho menos para ser gravados. —Es estúpido hacer esto cada vez —dije. Se miraron como si yo fuese Satanás—. ¡Lo es! Luchamos por mantener a todos a flote y luego el alguacil sólo nos hunde más. John rodó sus ojos. —Siento que tengas que trabajar tan duro, ¿ladrón perezosa? —Esto no nos lleva a ninguna parte —Espeté, mirándolo. —Tiene razón —dijo Rob—. Ya hemos visto que toma más detener al Sheriff que tan sólo proteger al pueblo. —No veo por qué tu no sólo vas ardiendo allí —le dije—. Tú eres el conde legítimo. Tú te criaste como tal. Toda la gente todavía piensa que eres su señor. —Yo era —Recordó Rob—. Pero ahora me falta el derecho y el ejército para tomarlo de regreso, Scar. Me encogí de hombros. —Yo podría matarlo. —Te gustaría poder matarlo —dijo John con un resoplido. Le di una patada en la espinilla y un gruñido bajo. —Matarlo no restablecería mi derecho. No después de que el Príncipe John llamó a mi padre un traidor—después de que él ya estaba muerto, y mientras yo estaba lejos y no pude defender su nombre —dijo, haciendo una pausa mientras sus puños se tensaron como cuerdas de arco.
  • 10.
    PÁGINA11 Él negó conla cabeza. —El Príncipe John despojó ese derecho y se lo dio al alguacil, por lo que a menos que el príncipe tenga un cambio de actitud, matando a este Sheriff tan sólo permitirá que uno nuevo suba. De todos modos —dijo Rob—, tenemos que conceder a la gente algún tipo de indulto. No pueden soportar esta opresión. —El Sheriff obliga a que los guardias les quiten dinero que ellos no tienen, es mezquino —dije. —La mayoría se atrasan con los impuestos —recordó Much. —Y a los guardias se les paga con ese dinero —dijo John. —Un problema perfecto —dijo Rob. Suspiró—. Y uno que no podemos estar preocupados por ahora. Tenemos que centrarnos en conseguir a la gente el dinero suficiente para sobrevivir el impuesto de día—y suficiente carne como para sobrevivir a la noche —Rob asintió con la cabeza y se levantó, y yo levanté las cejas. —No tan rápido. No es la única información que tengo. Hay más. Y no es bueno. —¿Qué es? —Nottingham va a traer a un cazador de ladrones. Desde Londres. No entendí el nombre, pero lo conseguiré. John miró a su alrededor. —¿Por qué debemos preocuparnos acerca de algunos mercenarios que atrapan ladrones? Much se volvió hacia él. —John, todos podemos fácilmente ser juzgados y colgados como ladrones. Robamos cosas. —¿Sabes de cualquier cazador de ladrones? —Preguntó Rob. Asentí. Un ladrón en Londres aprendió rápido a quién evitar. —Tienes razón como la lluvia, a menos que sea Wild. O uno o dos más —Como Gisbourne. Aunque en realidad, soy yo la que estaré en serios problemas si se trata de Gisbourne. —¿Con cuánto él va a ponerse en nuestro camino? —preguntó Rob. —Basta ya. Y ya que estamos pensando tras otras cosas, como la protección de las personas y conseguir monedas, él no lo hará. Él va a estar buscando hacer su botín e irse, lo que significa tu cabeza—o todas la nuestras—en una lanza. John sonrió, inclinándose hacia atrás. —No podemos ser capturados. Le pegué. —No seas tonto—Espeté. Sus ojos se estrecharon en mí y di un chillido cuando me pellizcó. —Suficiente —dijo Rob, cortando con mirada aguda a John—. Scar,
  • 11.
    PÁGINA12 mantén los oídosbien abiertos —Trató de pararse otra vez y me miró—. ¿Tengo su permiso ahora, mi señora? —No me llames así. —Incluso un ladrón merece un poco de respeto —Él me dio una de las cálidas y heroicas sonrisas que hacía mis mejillas encenderse, y escondí mi rostro debajo de mi gastado sombrero de fieltro—. John, asegúrate de que ella coma algo. Tengo que ir de caza —Él caminó fuera de la habitación, y con una mirada hacia John y a mí, Much lo siguió. —¡No tengo hambre! —Le dije a la espalda de Rob—. O algún mequetrefe que necesites cuidar, para el caso. John se deslizó más cerca de mí con una sonrisa que significaba que había escuchado a Rob por encima de mí. —¿Cuando vamos a entrar en la cárcel, entonces? —Preguntó John. —Medianoche. El guardia cambia entonces, y tú seguro parecerás menos llamativo en esa multitud. —¿Así que crees que luzco como un guardia? Tomaré eso agradablemente —Tomó un trago de su cerveza, sus ojos brillando hacia mí encima del borde. Tiré mis ojos sobre él. —¿Brutal y estúpido? Sí, se te ve muy similar a un guardia. El brillo se enfrió. —Nunca tienes nada amable que decir, Scarlet. —Sólo porque tú piensas que no puede ir sola. No tienes idea de lo que puedo hacer. Soy más rápida que el relámpago. —Yo sé que puedes manejarte. Otras personas son la parte más difícil. —No estoy hecha de cristal, John. Alguien me golpea y no me rompo. —Escucha bien, Scarlet. Siempre que esté cerca, si alguien quiere hacerte daño y yo puedo detenerlo, lo haré. Tiré mis ojos hacia él, y él me estaba mirando de esa manera que odio, como si mirara el tiempo suficiente, él vería todo lo que era. —Me voy a tirar algunos cuchillos por ahí. —No, no, no —Llamó Tuck, empujando a través del marco de la puerta y bloqueando mi salida. Tenía un plato de comida—. Robín dice que usted coma. —¡Piérdete! —repliqué.
  • 12.
    PÁGINA13 Él frunció elceño. —Scarlet, tú no negarías mi comida, ¿verdad? ¿Conducir a un anciano a beber? —Tú ya eres un borracho y un cocinero terrible. —Ahora eso es injusto. Siéntese. Coma —me dijo—. Y yo tomaré una copa mientras te miro —Sonrió, y sus mejillas captaron la luz y se llenaron de bondadoso enrojecimiento. Me condujo de nuevo a la mesa, y John se acercó más por lo que así me enjaulaban. Tuck puso un plato de estofado de ciervo delante de mí. Yo sabía que mientras más comiera menos se quedarían mirándome, así que tragué algunos bocados antes de que empezaran a charlar entre ellos. Elegí ese momento para pasar por debajo de la mesa y resbalar mi camino de regreso antes de que pudieran alcanzarme. No es que yo no coma. Yo como. Simplemente no me gusta la caridad y no me gusta que piensen que pueden poner sus narices en mi vida. Rob quiere que todos seamos como una familia, pero no yo. Quiero mantenerlos lejos de mí. Además, tenía recados que hacer. Me las arreglé conseguir unas cuantas hogazas de pan del panadero del Sheriff y un poco de ropa de la línea de la lavandera de la fortaleza, y no era como si yo tuviera alguna utilidad para eso. Friar Tuck Inn se encontraba en Edwinstowe2, la pequeña ciudad que estaba más cerca de nuestro campamento en el bosque, y sabíamos que la gente de allí es la mejor, así que sabía quién necesitaba qué. Las casas con techos de paja estaban tan cerca, al igual que los niños acurrucados, y siempre los hacían parecer débiles, vulnerables. Como que podían ser aplastados. Dejé pequeños paquetes en frente de las puertas, la gente los buscó en la mañana, y sabía que, de alguna pequeña manera, se alegraban. Hice lo que pude, pero no era como que podría conseguir algo a cada uno todas las noches. Esa parecía ser la parte más cruel. Trataba de no pensar en las personas que despertaban y corrían hacia la puerta y no encontraban nada, eso hacía doler mi pecho. 2 Es una aldea en el corazón del bosque de Sherwood, al norte de Nottinghamshire, Inglaterra.
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    R PÁGINA14 2 egresé a laposada para encontrarme con John un poco antes de medianoche; Edwinstowe estaba al norte de Nottingham y teníamos un camino que recorrer para llegar a Castle Rock. John no estaba allí aún, y yo no entré, solo me apoyé contra el árbol y me mezclé. John salió de la posada con Bess, una de las más bonitas, y con mejor corpiño de las mozas en Tuck’s. Le sonrió y la empujó contra la pared, podía oír cada descuidado movimiento del profundo y abierto beso. Ella hundió los dedos en su pelo, y él se echó a reír. Se apartó con una amplia sonrisa. ―Me tengo que ir ahora, mi amor. ¿Por qué no me cuelo en tu ventana más tarde? ―Dejaré la señal de siempre. La empujó hacia la posada. ―Entonces, fuera de aquí. Después de que ella cerrara la puerta con una risita, salí de los arboles. No dije nada, él se limitó a asentir con una sonrisa y se apartó de la pared. ―¿Ningún comentario? ―preguntó cuando la posada estuvo fuera de vista. El camino era áspero debajo de mis zapatos, y sin una lámpara, la luna nublada era la única luz, iluminando plata y suave el camino. Era como si la ruta que recorríamos todos los días se hubiera ido, y estuviéramos caminando a un encantado y extranjero lugar en vez de mantenernos del sheriff. Podría ver a John claramente. ―Supongo que quieres que te diga lo furcia que es ella. ¿O que eres tú? Pero en realidad, cada vez que escalas a su ventana, la haces pensar que es todo para lo que ella es buena. Bess es una buena chica. ―Debes haber conocido todo tipo de cosas en Londres. No lo dije. Yo no parloteo de Londres. Y además, no me respondió sobre Bess. ―Acabaste bastante rápido en Tuck’s.
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    PÁGINA15 ―Lo hago cuandoestoy siendo mangoneada ―dije, cortándolo con una mirada. ―Entonces, ¿Cómo entraremos al castillo? Miré hacia arriba. ―Buena noche para un ascenso. ―Oh, Scar ―se quejó―. No me gusta escalar, ya lo sabes. Y no es una buena noche. Lo hiciste a propósito. Tampoco he dicho eso. Caminé rápido. Llaman al Castillo Nottingham Castle Rock por una buena razón, está construido por una gran pila de rocas. Un lado de las rocas puras y transparentes y el otro una serie de murallas fortificadas. La mayoría podría pensar que es un camino para ir, pero veo rocas y no puedo dejar de subir en ellas. Las rocas son fortificaciones, no paredes en lo alto. Un ejército no puede escalar rocas ¿no? Y los castillos se construyen para mantener a los ejércitos fuera, no a los ladrones. Rob solía vivir allí, antes de las Cruzadas y antes del sheriff, con la aprobación del príncipe John, se hizo cargo de la fortaleza. Llamaron al padre de Rob traidor después de su muerte y dijeron que sus tierras serían confiscadas por la Corona Inglesa. No era posible que él fuera un verdadero traidor, pero había tierras y no estaba Rob aquí para defenderlas, por lo que la Corona tomó lo que pudo, y a pesar de ello me llaman ladrona. Cuando Rob escuchó que su padre había muerto, regresó, y no encontró nada, solo dolor y sufrimiento por todas partes. Mientras él estaba fuera defendiendo su país, ellos estaban tomando su derecho de primogénito. Rob solía ser un conde, si puedes creerlo. Es por lo que se siente tan peculiar con respecto a su pueblo, y por qué ellos se sienten peculiares con respecto a él. La mayoría todavía lo llaman Su Gracia. Será un conde otra vez cuando el Rey Richard vuelva seguramente. Rob es el que nos enseñó la mayor parte de los entresijos del castillo, pero algunos los he encontrado por mí cuenta, escuchando y mirando y en general hurgando. ―¿Scar? ―le oí en la distancia. Miré hacia abajo. John no estaba en lo absoluto lejos―. No vallas tan rápido.
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    PÁGINA16 Sonreí. ―Te esperaréarriba. ―Por supuesto no iba hasta arriba, a tres cuartas partes de escalada había una entrada secreta. Pero él no tenía por qué saberlo, yo podía entrar y salir con Freddy antes de que siquiera él estuviera arriba. Subiendo era rápida y constante por la luz de la luna, haciendo los asideros visibles para mí. Había una gran roca dominado la entrada del túnel, ocultándolo de vista, y me metí dentro. Desde allí todo sería oscuro y sin luz, pero era lo suficientemente bueno para mí, no tenía necesidad de ver las ratas que se escondían en las rocas. El túnel era pequeño y unas partes estaban cediendo, pero aún intactas, agachada corrí a lo largo del mismo. Iba derecho a los apartamentos de la muralla principal en la cima de la roca, y de allí a un paseo corto y sombrío a la prisión en la mitad de la muralla. El castillo se encontraba establecido como una gigante escalera de caracol, y cada una de las murallas un piso de la escalera, una fortaleza, defendido en sí mismo. La parte superior de la muralla era la más protegida y mantenía a las personas y los almacenes, la parte inferior era para los guardias, y la mitad de la muralla era para todo lo demás. Ahora, la prisión tenía una entrada frontal, y eso era todo. Bajo el suelo en la muralla del medio, la prisión no tenía ventanas, sin embargo, había una salida de aire que era casi de mi tamaño exacto. Me deslicé de cabeza hacia abajo, manteniéndome en el interior del ducto de escape para ver a cualquiera que se encontrara en el pasillo. Nadie allí, y me deslicé hacia abajo, permaneciendo tranquila y pegada a las paredes. Había ratas por todas partes, y podía escuchar los chillidos tapando el ruido que yo hacía. ―¡Hood! ―oí susurrar a alguien. Moví mi cabeza alrededor. Un preso de pie, pegado a los barrotes―. ¿Estás buscando al muchacho? Asentí con la cabeza, manteniéndola hacia abajo. Señaló al final de la fila. Pude ver al guardia de frente, apartándose de mí, y la celda de Freddy a la izquierda. Perfecto. Deslicé mi mano dentro de mi cinturón mientras me colocaba cerca. Freddy se acurrucó en su sucio saco de dormir. Parecía aún más joven allí, y en su cara se mostraba un gran moretón. Las cerraduras no eran difíciles de abrir, pero todavía tardó unos cuantos momentos, y no fue ni siquiera la parte más difícil. Ir dolorosamente lento, mientras se abría la puerta, chirriando hasta que se quedó quieto. Con un suspiro, me metí en la celda y levanté a Freddy, callándolo mientras él se despertaba y tirando de él a mi hombro. No preguntó, en tanto lo sostenía con fuerza y cerraba la puerta detrás de nosotros lentamente, esperando el pesado clic de la cerradura.
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    PÁGINA17 Lo guié ala salida de aire y lo empujé hacia arriba, luego trepé yo misma. Se retorció antes de hablar, pero en la parte de arriba de la rejilla se dio la vuelta y preguntó―: ¿Hacia dónde voy? ―Quédate en la pared. Desapareció en la parte superior, y oí un grito de Freddy más allá de la oscuridad. Con el temor de Dios en mí, trepé hasta arriba al tiempo de ver a John inclinándose y agarrando mi brazo. Su agarre dejaría moretones. ―Más tarde te mataré, Scar. Puse los ojos en blanco. ―Sígueme. Subimos por la muralla superior, esquivando el callejón que había entre la pared y las tiendas de artesanías. Al final de las tiendas, había una brecha para cruzar sobre los apartamentos. Me deslicé por la pared, hasta que recibí una clara mirada del lugar. El muro de adobe se sentía duro a mi espalda. Escabulléndome lento, fui al poste de madera en la esquina y miré alrededor. Regresé mi cabeza, en aliento corriendo por mi pecho. Me quedé helada. ―Espero obtener resultados, Gisbourne. El nombre quemó a través de mí como una estrella fugaz. Sentí la garganta como si una mano se cerrara alrededor de ella, presionando, cerrando mis pulmones. No lo había visto en cuatro años, y ahora aquí estaba, menos de un brazo de distancia de mí. Había huido de él y mantenido huyendo, y ahora parecía que había corrido de vuelta para terminar de golpe nuestras vidas juntas. ―Si por “resultados” te refieres a colgar a una banda de ladrones mientras las adoradoras personas ven, dalo por hecho. ―dijo la suave, oscura voz. Cerré mis ojos; su voz comiendo a través de mí como el ácido. Sentí el sudor saltar a mi piel y mi pecho quemando por no respirar. Mi puño se abrió camino al cuchillo, y contuve un pequeño aliento. ―Pero ¿cuándo, Gisbourne? Se echó a reír. ―Muy pronto. ―Asegúrate de eso. El Hood y sus hombres son el azote de la selva. El príncipe John en persona me ha escrito para que esos ladrones sean cazados como perros. La gente les protege, y no los puedo encontrar. ―Yo puedo. Los ladrones son una presa como cualquier otra, Sheriff. Cazarlos, seguirlos y matarlos.
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    PÁGINA18 Mi corazón huyóde mi pecho y mis manos temblaban. ―Bueno, te enseñaré en tus apartamentos, entonces. Los dos cruzaron el patio con un flanco de los guardias, y yo agachada, en parte porque no quería ser vista y en parte porque mis rodillas se tambaleaban. Esperé hasta que estuvieron dentro de los apartamentos y luego hice señales a John. Él y Freddy se deslizaron junto a mí, y salté cuando Freddy me tocó el brazo. ―El túnel está detrás de las residencias ―susurré. Eché un vistazo hacia atrás para ver a un guardia quedarse al margen, y solté el aliento―. Cuando él pase en la otra dirección, podemos ir de uno en uno. John suspiró pesadamente. ―Cristo, Scar. Soy bueno para algo. ―Pateó un poco el adoquín roto y lo recogió. Lo lanzó por el camino por el que habíamos venido, y el guardia se puso alerta. Un momento después, corrió hacia el ruido. ―¡Vamos! ―ordenó John. Fruncí el seño, pero eché a correr. John tomó a Freddy de un brazo, volando mientras cruzábamos el patio abierto de regreso a las residencias, escondidos a salvo en las sombras. Ese era el problema del túnel; estaba muy lejos del castillo. Nos hicimos con el túnel y sentí el alivio estrecharse a través de mí. John cerró la escotilla detrás de nosotros, y una vez en la oscuridad, lanzó un suspiro. ―Está oscuro. ―señaló Freddy al cabo. ―Voy primero, Freddy ―le dije―, vas detrás de mí. ―Fred. ―corrigió. ―Fred. ¿Te asegurarás de no perder a John? ―Lo haré. Nos apuramos a través del túnel, y en la boca, en la oscuridad, Fred se apretó a mi lado. ―No soy bueno con la escalada. Me agaché. ―Yo soy buena. Sube. ―No seas tonta ―murmuró John, cogiendo a Fred y arrojándolo sobre su espalda―. Por mucho que me gustaría verte caer de Castle Rock, quiero lo mejor para ti, Fred. ―Todo el mundo sabe que Will Scarlet puede hacerlo todo. ―le respondió Fred. John puso los ojos en blanco. Decidí robar esta semana algo extra para Fred por eso.
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    PÁGINA19 Fred se mantuvotranquilo la mayor parte del camino de regreso, y John y yo fuimos con él en medio de nosotros, permaneciendo muy cerca el uno del otro. Sentí como si Fred necesitara personas de pie junto a él en ese momento, e imaginé que John pudo haber tenido la misma idea. Cada paso más lejos del castillo a mi espalda significaba que podía respirar con mayor facilidad, pero aún con Castle Rock lejos, y más lejos de Gisbourne, no me sentía segura. Edwinstowe seguía hacia el norte en la carretera principal de Nottingham. No era tan grande como Worksop, y Lord Thoresby, el noble responsable de la ciudad, no tenía ese tipo de arcas en su guardia privada. Así que con más frecuencia no llevaba a Edwinstowe la ira del Sheriff como un pequeño lleva a un matón. Además, más allá de Edwinstowe la carretera serpenteaba a través del bosque hasta antes de llegar a Worksop, que era de los lugares a los que hemos dado la mayor parte de nuestro dinero, mirando sobre la carretera en el refugio del bosque, si se quiere. Esto significa que el Sheriff baja mucho más difícilmente a las carreteras en medio de la selva, que las que estaban en las ciudades cerca de él. Cuando entramos al pueblo, la casa de los Cooper era la única con velas encendidas en el interior, y vi a John dudar en tanto nos acercábamos. Se detuvo en la puerta, y me detuve con él. ―Ve ahora, Fred ―le dije―, esperaremos. Fred avanzó lentamente, y con la poca luz se veía bastante pálido. No lo culpo. Las madres podían ser algo difíciles. Su madre abrió la puerta cuando él golpeó y se echó a llorar, llevándolo adentro sin siquiera dirigirnos una mirada. ―¿Dónde lo llevan? ―preguntó John. Examiné un rasguño en mi mano. ―Gran parte de padres tomarán a su familia en Worksop hasta que podamos encontrar algún otro lugar. ―Lamiendo mi dedo pulgar, froté la suciedad de mi mano. ―Me mentiste esta noche. ―dijo John. Me encogí de hombres. ―Te mentí mucho. Puedes ser más específico. ―Dijiste que me esperarías arriba. Dijiste que iríamos juntos. ―Bueno, sí, eso fue una mentira. Volvió la cabeza. ―No me importa un bledo si mientes, pero si lo haces cuando la vida de un niño está en juego, te juro que te arrastraré una cuadra.
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    PÁGINA20 Mis oídos ardían,porque John era el tipo de persona que no bromearía sobre golpear a una chica, pero me encogí de hombros. ―Lo saqué de ahí, ¿no? ―¿Cómo conoces a Gisbourne? ―preguntó. Me quedé helada. La mayoría de la gente, cuando está asustada o algo, grita o sale corriendo, en general hacen justo lo obvio. He aprendido a ser muy cuidadosa con lo que se muestra, por lo que soy de la clase que se congela y piensa rápido. ―No lo hago. ―Sí, lo haces. Nunca he visto una pulgada de miedo en ti, y esta noche tenías una pizca de ello, lo que supongo significa que estabas aterrorizada. ¿Te iba a colgar en Londres? ―No conozco a Gisbourne. Solo sé su nombre. Eso es todo. Se encogió de hombros. ―No tienes que decirme. Pero le diré a Rob y lo obtendrá de ti. ―No hay nada que obtener. Fred abrió la puerta con un pequeño bulto de ropa, su madre y sus hermanas se hallaban un paso detrás de él. La vela de la ventana estaba apagada. ―¿Listo para irnos, Fred? ―pregunté. Él asintió. John puso su brazo en el hombro de Fred. Siempre el hermano mayor. Caminamos a Worksop, y el amanecer se asomaba cuando llegamos allí. Fuimos a donde el padre Much, un molinero cuya tienda se encuentra lejos del centro del mercado. Siempre necesita aprendices, por lo que no es demasiado raro ver a un niño allí. Nos dio unos huevos y pan para el desayuno y John y yo seguimos nuestro camino. ―Siento que no volvieras a Bess. ―le dije. ―Si es que se ha dado cuenta ―Tiró de un mechón de pelo castaño que se había escapado de mi sombrero―. Tú te estás deshaciendo. Empujé mi cabello debajo del sombrero y él empujó hacia arriba con más fuerza. Sentí el calor en mi cara y odiaba que el sol mostrara mi rubor. ―No sé por qué no te deshaces de esto. Nadie sabría que eres una chica, ¿no es ese el punto? ―¿Por qué, entonces, como me arrastrarías por una cuadra sin sentirte culpable?
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    PÁGINA21 Su rostro decayóun poco. Lo que estaba bien. Enojándolo significaba que no tenía que admitir que me gustaba mi cabello. Me gustaba aún más el hecho de que nadie lo veía excepto yo. Y me recordó a alguien que me gustaba recordar, solo yo. ―Realmente nunca te golpearía, Scarlet ―gruñó―, deberías saberlo mejor. ―Entonces no hables de eso. Si acabas de decir lo que quieres decir, no tendrías que ladrar tanto ―Le dirigí una mirada―. Además, lo hiciste una vez. ―No te golpeé aquella vez, te tacleé. Lo cual fue un infierno de manera cuando descubrí que eras una chica, por cierto. Nunca lo hubiera hecho si hubiera sabido, y luego Rob se dirigió a mí con una santa furia, diciéndome que no tenía que golpear a las chicas, porque él lo sabía ―frunció el ceño ―¿Por qué le dijiste a Rob todo la primera vez? ―No lo hice. Él lo descubrió en el camino desde Londres. ―¿Cómo? ―Nunca me quise bañar con él o estar en el agua cuando él estaba cerca. Comenzó a sospechar. Parece que a los chicos de verdad les gusta exhibir sus partes por ahí. Soltó un bufido. ―Sabes, eso ha sido así demasiado tiempo para que estés quejándote sobre ello. Los chicos arreglan sus cosas por pelear unos con otros. Asentí con la cabeza. ―Estaba en lo cierto cuando llegué a Sherwood. Antes de eso era uno de nosotros. Antes de que realmente hubiera incluso un nosotros. ―Le di una patada a las hojas a mis pies. Era extraño que a corto y largo plazo pareciera la misma. Siempre, y en un abrir y cerrar. John escupió. ―Antes de que Nottingham cortara la mano de Much, quieres decir. Me encogí de hombros. No me gustaba pensar en él, mucho menos para decirlo en voz alta. Llegamos a la carretera principal de Worksop a Edwinstowe, y había una fábrica de cerveza con los barriles de grano en un vagón. Podía incluso ser de Tuck, pero no pude ver la parte delantera. Corrí hacia el vagón y me subí, John me siguió. Le di la mano para tirar de él. Nos escondimos atrás del barril de grano, no de la cerveza, porque aquí pocos son los comerciantes que nos niegan nada, pero los hombres del Sheriff vigilaban esos barriles. ―Me pregunto cómo le fue a Rob. ―dijo John.
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    PÁGINA22 ―Vi un pocode carne de venado donde los Cooper. Edwinstowe va a comer hoy. ―Vi un poco de pan en el paso en la casa del bosque. No dije una palabra. ―Toma lo que era tuyo, entonces. ―¿Piensas que cocino? ―No, pienso que robas. A pesar de decir que estás en esto porque Rob te chantajeó para que entraras. ―No soy criada de Rob, sabes. Honestamente, la gente piensa que estoy encadenada al hombre. ―¿No lo estás? ―No. ―Bueno, ¿Cómo hiciste todo el trabajo, entonces? O eres chantajeada, o no lo eres. No quería admitir que Rob me sorprendió robando. Menos, los días terribles que me llevaron a eso. ―Rob me dio la elección del diablo. Me dijo que tenía que ayudar o me mandaría a la cárcel, no a la horca con una agradable caída rápida y una parada repentina; pero sí a la cárcel de sangre, donde mueren lentamente, con sus pedacitos interiores podridos. Pero Rob no es el tipo de hombre que me tira a la cárcel ¿no? No lo sabía entonces. Pero yo podría irme ahora. De hecho, no puedo quedarme mucho más tiempo. Sus cejas se juntaron. ―¿Qué? Honestamente. ¿De todas las preguntas? Él no es sordo. ―¿Por qué? ―Se inclinó hacia delante―. ¿Por qué te vas, después de dos años siendo parte de la banda? Dos y un poco más ¿Cuándo las cosas están peor que nunca? ¿Por qué cambiar de idea? ―No soy de aquí, John ―mentí―. No es como si esta fuera mi gente. ―volví a mentir―. No les debo nada y ya me estoy aburriendo de ti y Rob actuando como si fueran mis padres. ―dije con una mueca que no pude contener. Eso fue una mentira y una verdad. Más o menos. Negó con la cabeza. ―En primer lugar, es tonto decir que soy tu padre. Los dos tenemos dieciocho años. Ni siquiera es posible. ―Entonces deja de actuar como si lo fueras. ―Sabes, siempre creí que te gustaba que pensásemos que eres una rata… Pero en realidad eres una cobarde de vientre amarillo de primer orden. ¿Cómo puedes salvar a Freddy y luego creer que no tienes nada
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    PÁGINA23 que ver conello? “Will Scarlet puede hacerlo todo” ―Se burló―. Una buena persona. Me preguntaba como una increíble chica como tú podría ser un ladrón, pero creo en las cifras perfectamente. Escupió a mis pies, y para mi horror me encogí un poco. Sin embargo, no se dio cuenta. Estaba demasiado ocupado pasándose a la parte trasera del vagón saltando. Saqué mis rodillas fuera de la saliva y me quedé en el carro, que ya se acercaba al bosque. Así que mentí y engañé un poco. Aun así, este tipo de daño. No era una rata. No por mi propia decisión, al menos. Además, la única cosa que hice en primer lugar fue escapar de Gisbourne. Él era la única persona en el mundo de la que debo mantenerme lo más lejos posible, y no puedo decirles a los chicos por qué. La última vez que vi a Gisbourne, yo había tenido trece, pocos días antes de mi cumpleaños, pero no he olvidado ni un poco de su cara. Ahora Gisbourne estaba en Nottingham, y venía por Robín y sus chicos. Y por mí. Si alguna vez hubo un buen momento para dejarlo todo y correr tanto y tan rápido como pudiera, era este. Salté del vagón cuando estuvo lo más cerca que pudo de nuestro lugar en el bosque y regresé al campamento antes que John. No hice caso a Rob, subiendo por el Gran Roble. Era un árbol amplio y antiguamente alto, pero yo era la única que podía subir a la cima, y había construido una pequeña hamaca ahí. Sería raro para las aves posarse tan alto. En lugar de ver un gran bosque verde y tierra marrón, todo lo que podía ver era cielo gris y la copa de los árboles espinosos, todo un mundo en Sherwood que nadie más conocía, y era el único lugar donde sentía que podía dormir.
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    D PÁGINA24 3 esperté con elsonido de Rob golpeando una olla en mi dirección. Me incliné sobre el borde de la cama. —El almuerzo está listo, Scar —me llamó. Suspirando, salté de la hamaca. Para ese momento, John seguramente habría hablado con él. Y, probablemente, él también estaría allí. Sólo la mitad de mi sobrero estaba sobre mi cabeza, así que me acomodé el cabello hacia atrás y lo bajé hasta mis ojos. Comencé a saltar a través de las ramas. Me gustó esa parte. Las ramas eran un poco duras por debajo, y me apoderé de una, luego de la siguiente, pasando a través del árbol y haciéndome un camino sobre ellas. Me imaginé a mí misma yendo donde torpes como John no podrían. Con un salto final, mis pies tocaron el suelo y me agaché sobre ellos. Robin se encontraba justo frente mí. —Tenemos que hablar, Scar. Much se encontraba junto al fuego, revolviendo una olla, y John estaba sentado en el hueco de una de las ramas más bajas, pero no miró hacia mí. Me crucé de brazos. —Hablar. —Camina —dijo Rob, señalando el camino. Fruncí el ceño. Comenzamos a andar lejos de los demás, y me mantuve a una buena distancia de Rob. Siempre lo había hecho. Él es justo. . . él es el tipo de hombre que te atrapa bastante fácil, y yo no quería eso. Siempre pensé que estar lejos de él era lo mejor. Él no era un torpe como John, en ningún sentido, pero tenía unos hombros anchos que ocupaban la mayor parte del camino, y yo me encogí entre algunos arbustos para mantenerme alejada. —¿Gisbourne es el caza ladrones? Asentí. —¿Qué tan malo es eso para mí? —Malo.
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    PÁGINA25 mí. —¿Y qué tanmalo es para ti? —Peor —solté antes de poder detenerme. Rob tenía ese efecto en Se quedó en silencio por un tiempo, y las hojas secas bajo nuestros pies, sonaban bastante fuerte. Yo contaba los pasos en mi cabeza. —¿Alguna vez me dirás cómo te hiciste esa cicatriz? —preguntó. La cubrí con mi mano. ¿Por qué pensó en eso? —No si puedo evitarlo —le dije—. Pero es vieja. De una vida completamente diferente. Él levantó una ceja y yo tragué, sabiendo que era la primera vez que lo dejaba saber de que no había nacido exactamente en el robo, o en Londres, para el caso. Que había tenido otra vida anterior a ésta. Aunque ésta me gustara más. Se detuvo y me apoyé en un árbol, guardando mis manos detrás de mí. Traté de no mirar hacia atrás. Él era hermoso, Dios lo sabía. Su cabello se veía suave y húmedo como el trigo, sus ojos eran de color azul grisáceo, como el Canal Inglés, y poseía una mandíbula que era lo suficientemente fuerte como para recibir un par de golpes. —¿Estás pensando en irte debido a Gisbourne? —preguntó, su voz era suave. Se acercó a mí. Su mano se posó en el árbol, por sobre mi cabeza, estaba lo suficientemente cerca para notar que su cuerpo era más cálido que el resto del bosque. Asentí con la cabeza. Mi garganta se sentía espesa, como si no pudiera tragar correctamente. —Cuando estés lista, Scarlet, puedes confiar en mí. No voy a forzarte. Y si quieres irte no voy a retenerte, especialmente si estás en peligro. Pero si te quedas, te mantendré a salvo lo mejor que pueda. Nuestros ojos se encontraron. No me gustaba que eso sucediera muy a menudo porque tengo ojos divertidos, y las personas tienden a no sentirse demasiado cómodas con ellos. Especialmente durante el día. Verán, cuando Rob dice cosas así, suena como si él sólo estuviera preocupado por mí. Pero lo vi tragar y no estuve tan segura. He estado con Rob un largo tiempo, y está perdido como yo. Está solo como lo estoy yo. Y puedo ser estúpida, pero creo que mi partida podría hacerle daño también. —No me voy a ir. Sólo pensaba en ello —le dije—. Además, nos mantenemos a salvo el uno al otro. —Lo dije por Robin, pero no estaba tan segura. No estaba segura de si algo podría mantenerme a salvo de Gisbourne.
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    PÁGINA26 Él contuvo elaliento, sostuvo mi mirada, y su rostro se acercó un poco al mío. Estaba observando mi cicatriz, cuando dijo—: Sí, lo hacemos —dejó ir la respiración, meciendo su cuerpo hacia atrás y adelante—. No vayas a la cárcel sola, nunca más, ¿de acuerdo? Torcí el gesto —No me hagas prometer eso. —Scar, por favor. No importa a quien lleves, sólo lleva a alguien contigo. No es mucho pedir. Por supuesto que lo era. Yo no era el tipo de persona que dejaba que otras fueran conmigo para cuidarme, y estaba segura que no quería cambiar eso. Dimos la vuelta para regresar, y él rozó su hombro contra el mío. Se apartó rápidamente. Fruncí el ceño. Así es como eran las cosas entre Rob y yo. Él dijo esas cosas que hicieron que me sintiera como si tuviera avena en lugar de un corazón, y justo cuando pensé que podría significar algo más, él se había alejado. Había sido justo a la manera de Rob —era el héroe con todo el mundo, y al igual que Much no podía dejar de estar fascinado, a veces sus formas de héroe me absorbían como una corriente. Pero no significaba nada. Él era el líder y yo era su compañera de banda, y cualquier palabra suave que oía salir de su boca era un engaño de mi mente. Una vez más. Cuando doblamos la esquina hacia el campamento, sentí los ojos de John quemando sobre nosotros a través del campo. Me alejé de Rob para sentarme junto a Much. —Tenemos que hablar sobre Gisbourne —dijo Rob, sentándose cerca nuestro. John saltó del árbol, acercándose al fuego. Much me pasó la comida primero, una especie de decantación con cebada y zanahorias en ella, y un trozo de pan duro. Empujé el pan en el plato, mientras él les pasaba los alimentos a todos los demás. —Estofado de conejo —me dijo Much—. Es bueno. La señora Cooper me dio la receta. Mis dedos se cerraron alrededor de la taza. Estaba caliente, y olía realmente bien, pero la idea de la señora Cooper y sus pequeños hizo que mi estómago se llenara de ceniza en lugar de hambre. —Scarlet, tú eres la única que ha oído hablar de él. ¿Qué sabes? — preguntó Rob. Me encogí de hombros. —Es despiadado. Cruel. —La boca de Rob se hizo un poco más delgada, y por un momento pareció ser mucho más
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    PÁGINA27 viejo que susveintiún años—. Tiene renombre como caza ladrones. Es el hijo mayor y no necesita el dinero. Lo hace por deporte. No tiene familia. Iba a casarse hace un tiempo atrás, pero la chica falleció. —¿Tuvo algo que ver con eso? Miré hacia abajo. —Ella se colgó, así que supongo que sí. Sentí sus ojos sobre mí. —¿Y él nunca se casó? —No. —Por supuesto, había mucha más historia que eso, pero no importaba. Ellos no necesitaban saber el resto—La mayoría de los caza ladrones en Londres obtienen parte de la acción. Son delincuentes ellos mismos, de derecha, y dicen que son ladrones. Bueno, obtienen un equipo, conforman un número reducido de grandes robos, y luego el caza ladrones convierte a uno de sus propios hombres a los señores que lo contrataron. Los caza ladrones, por lo general liberan a sus hombres de la soga del verdugo, también, pero no siempre ha tenido la misma suerte y, a veces, un ladrón tiene que morir. No importa nada. Los cazadores cobran una recompensa por el ladrón y continúan recogiendo de sus robos. Un razonable trabajo sin corazón. Ellos siguen obteniendo una buena ganancia, pero la ley no se ve tan dura siempre y cuando se mantengan convirtiendo gente. —Astuto —sentenció John. —Sí, excepto que Gisbourne nunca lo hizo. Él sólo los convierte cuando tiene que hacerlo, prefiere enviarlos a un sueño en el Támesis, con una garganta sonriente. —¿Qué significa eso? —preguntó Much. —Corta sus gargantas antes de tirarlos al río —explicó Rob. Much se estremeció. —No sé si tenemos suerte o es que aquí no hay río. El Trent sería algo así como un paseo. —No —dijeron a coro los demás. Much miró a la comida. —Él es reacio a los errores. Yo podía escuchar fuera de su ventana y él nunca sospecharía nada, porque el palacio está fortificado. Pero no podemos tirar de la misma mordaza dos veces… Él aprende rápido. —Y por razones que Scarlet no me dejará saber, yo creo que si Gisbourne la encuentra, va a matarla —les dijo Rob. —Él no me conoce —le prometí—. Excepto por mis ojos.
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    PÁGINA28 —No importa, todoslo mantendremos alejado de Scar, ¿de acuerdo? —preguntó Rob. Much asintió con la cabeza, y me sorprendió que incluso John lo hiciera sin dudarlo. —Él no me conoce —le dije de nuevo. —Sí, pero tú eres el único ladrón honrado a Dios por oficio, Scar. Conociéndote o no, creo que debemos mantenerte alejada del caza ladrones —Much me dijo. —Ustedes roban mucho, tanto como yo. Rob sonrió. —Tú nos has enseñado cómo hacerlo. Mis ojos se dirigieron hacia el brazo de Much, donde faltaba una mano. No le había enseñado a Much lo suficientemente pronto, y el sheriff le había cortado la mano mientras él trataba de robar comida para su familia. Eso fue antes de conocerlo, pero todavía no me acostumbraba. —Freddy llegó bien a lo de mi padre, ¿cierto? —preguntó Much con la boca llena de comida. Miré mi plato. Debería comer por lo menos un bocado. Tomé un trozo de pan empapado en caldo. —Sólo bien. Es un chico valiente —respondió John, sorbiendo un poco de su caldo. —Scarlet, quiero que mantengas un ojo en la familia. John, tú también. Estoy tratando de conseguirles un lugar para quedarse y posicionarlos fuera de Nottinghamshire, pero tendrán que permanecer aquí hasta que podamos arreglarlo. Vamos a llevarlos a Worksop a primera hora de la mañana, pero el sheriff estará buscando sangre, por lo que tenemos que tener a alguien que se mantenga observando el reloj. —Cerré la celda —les dije—. Después de que él estuvo fuera, la bloqueé de nuevo. Rob sonrió. —¡Ja! Ellos probablemente creyeron que era lo suficientemente pequeño como para deslizarse fuera. —Lo golpearon, lo sabes. Lo azotaron, también, haciendo cuentas, pero yo no lo vi. —Realmente no había querido ver. —No creo que lo hicieran —dijo John, y su voz fue suave, como si él estuviera tratando de hacerme sentir mejor. No me gustaba—. Agarré su espalda y él no reaccionó. Asentí con la cabeza, pero no lo miré.
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    PÁGINA29 —Muchachos, ¿por quéno patrullan las carreteras hoy? Vean lo que podemos revolver. Y Scar, quiero que tú mantengas el oído alerta para obtener información. —Obtienen más botín cuando estoy con ustedes —le recordé. Yo era buena detectando quiénes tenían dinero y dónde lo guardaban. —Pero necesitamos más información de dinero hasta que sepamos lo que Gisbourne trama. Me toqué el ala de mi sombrero en su dirección. —Y me gustaría que comieras más. —Deja de empujar comida por mi garganta, Rob. Como cuando tengo hambre. Él levantó una ceja y me miró. No di marcha atrás. Las preocupaciones de Rob. Hubo momentos, cuando recién nos conocimos, en los que yo estuve muy enferma por no haber comido por un largo tiempo, y él nunca lo olvida. Por supuesto, yo tampoco lo olvido, pero pensar en ello sólo empeora las cosas. Recuerdo que estuve varias semanas sin comer mucho, días sin comer nada, y pude sobrevivir. Reconozco que los pequeños niños Cooper no podrían. Y Rob debería entenderlo. Él toma la culpa y la responsabilidad que otros no. John toma los golpes. Yo tomo el hambre, y la mayoría de las veces se siente horriblemente poco. —Bueno, si tú no tienes hambre, yo sí —dijo John, quitándome la comida. Lo estaba haciendo por crueldad, pero realmente no tenía hambre, así que lo dejé. Se sentó a mi lado y se lo comió de forma ruidosa. Se acomodó más cerca y presionó su codo contra mi costado. Me golpeó el brazo y derramó la cucharada por su túnica—. Comida en perfecto estado, Scar. —Tal vez no deberías sentarte tan cerca de mí. Empujó todavía más cerca, lo que sólo me hizo empujar a Much — No creí que te importaría. Me puse de pie y golpeé su copa hacia arriba, derramando su contenido sobre él. —No creí que te gustara sentarte con las ratas — repliqué, yéndome. —Scarlet —rugió. Sonreí, pero seguí caminando. Le servirá.
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    PÁGINA30 Paseé a travésEdwinstowe, manteniendo la cabeza hacia abajo, pero con los ojos abiertos. Las casas estaban todas fuera de la central de agua, pequeños techos de paja con vallas desvencijadas por sus pollos, si tenían la suerte de poseer uno o dos. Había pocos granjeros en Edwinstowe y ellos mantenían su ganado en un corral junto al pozo. No vi ningún guardia del castillo o a cualquiera de los hombres del sheriff. Ellos eran los únicos de por aquí que llevaban armadura, por lo que se les hacía fácil de detectar. La señora Thoresby también caminaba por el pequeño pueblo; ella era la esposa de Lord Thoresby, quién protegía al pueblo del sheriff. Él no era muy bueno en eso, pero hacía todo lo posible. La señora Thoresby era hermosa hasta que esas cosas sucedieron. Tan pálida y rubia, se veía como el sol en el día y la luna después de caer la noche. Ella estaba llevando sus bonitas faldas a la casa de los Cooper, me pregunté si iba a decirle a la señora Cooper que su hijo había escapado de la prisión. Ella era amable, incluso si no podía hacer mucho, era una ayuda para advertirle a la familia que el sheriff podría venir sobre ellos. Hacía nuestro trabajo más fácil, también. Ella tenía una guardia consigo, pero no constituía una amenaza para la gente del pueblo, así que empecé a caminar hacia Nottingham. No era realmente el momento adecuado del día para una comida familiar, así que subí a un árbol y comencé a correr a través de las ramas que se superponían. Los árboles eran viejos y las ramas eran decentes de espesor, mientras yo corría rápido, apenas tenían tiempo para doblarse. Esa era la mejor manera de moverse durante el día. No hacía demasiado ruido tampoco. Nottingham era una ciudad de mercado, pero éste no era tan bueno como el de Worksop, en su mayoría debido a que el sheriff recogía a cualquiera que fuera bueno y lo depositaba en la torre de homenaje. Como sheriff, él fijaba los impuestos en Nottinghamshire, y así era como su gran castillo funcionaba por sí solo; gravaban el grano de los agricultores, las armas de los herreros, los paños de los tejedores y tintoreros, y así sucesivamente. El sheriff no tenía nada hecho por sí mismo. También tenía tendencia a tomar el mejor grano y los alimentos como un impuesto. Mostrándole a Nottingham lo que significaba a veces tener que perder sus mercancías, pero algunos todavía lo hacían. Tomé una manzana mientras pasaba, dejando una moneda en su lugar. La moneda valía mucho más que la manzana, pero eso no me importaba. No le robaba a gente que no puede afrontarlo, pero tampoco me gustaba el trueque.
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    PÁGINA31 Una niña ysu hermano se acurrucaban en el suelo junto a la tienda de su padre, y todo el conjunto parecía raído y delgado. Mi estómago gruñó y suspiré, yo también había sido una pequeña hambrienta una vez. Sin mirarla, puse la manzana en sus manos, y me escabullí entre la multitud antes de que ella pudiera verme. Las puertas estaban abiertas, así que caminé justo en frente de la fuerte guardia. Me sentí afortunada de no haber sido vista. Di la vuelta a la muralla inferior, escuchando. La lavandera y el panadero estaban abajo, y había mujeres con otras mujeres que trabajan para ellos, que tendían a cacarear hasta por los codos mientras trabajaban. Yo había cosido mi chaleco especial; tenía un bolsillo contra mi espalda que podría llenar con todo lo que necesitara, y a penas me hacía parecer un poco más gruesa. No se podía decir lo que había en él. Empecé a deslizar rollos dentro y robé un buen par de ovillos de lana negra. Luego simplemente me incliné hacia un rincón oscuro y escuché. Consideré comer uno de los rollos, pero demasiadas caras de la aldea vinieron a la cabeza. Tuck me daría comida más tarde. Una de las chicas se rió, y oí un chasquido cuando ella sacó el paño húmedo. —¿Estas son cosas de un hombre elegante? —preguntó. —Sí —dijo la lavandera. —No son mucho más que trapos —dijo. —Él los ha estado usando, pero no son suyos —dijo otra chica—. Jameson me contó que sus cosas se están enviando desde Londres. —Ella hizo un ruido—. No me gusta. Sus ojos se ven como si Dios hubiera quitado la luz de ellos. La lavandera se echó a reír. —¿Jameson? Como si fuera lo suficiente bueno como para correr con él en cada oportunidad que te doy. —Oh, no, me gusta Jameson, mucho. Ese Sir. Él es terrible. —Al menos él mantiene sus manos para sí —dijo otra. —Es verdad. —Me enteré de que estuvo en las Cruzadas. —He oído que ha matado a un centenar de los ladrones. Ese hombre se encarga de la tarea de Dios. Oí un chapoteo. —Eso no es cierto, Margery. Se lo ha llamado para colgar a Robin Hood. Esa no es la tarea de Dios, en absoluto.
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    PÁGINA32 —Cuidado con esalengua, pequeña. Puedes ser nueva aquí, pero hay cosas de las que no podemos hablar. —Bueno, Hood podría ayudarnos con el lavado, por lo menos —dijo la que andaba con Jameson—. He oído que están terriblemente asustados de que los hombres Hood roben las cosas de Gisbourne. Ellos fueron enviados hacia el río, pero Jameson ha sido designado para llevarlo a través de Sherwood, disfrazado de alguna manera. La lavandera se echó a reír. —¡Robin Hood no se deja engañar por un disfraz! Mejor dile a Jameson que está enfrascado en una tarea de tontos. —Lo intenté, pero ya se ha ido. Con suerte, volverán con eso mañana. Las mujeres empezaron a silbar, aunque no podía decir por qué. — Recuerda, muchacha, está la leche y está la vaca, y la parte de la vaca debe ser lo primero. Las mujeres ulularon ante esto, y las niñas rieron también. Salí de Nottingham justo a tiempo; se trataba de una ciudad amurallada, y sus puertas se cerraban al anochecer. Para la hora en que el mercado había terminado, la ciudad estaba vacía de gente, y yo podía ocultarme fácilmente en la marea. Fui a Edwinstowe y llegué justo antes del anochecer. Los hombres habían salido a acorralar el ganado, y las mujeres estaban haciendo la lavandería. Paseé por la ciudad, repartí los rollos cuanto pude, y le di los ovillos a la señora Clarke. Ella tenía tres hijos en crecimiento y la cosecha de su marido no había ido bien. Traté de dejar las cosas de tal manera que yo no tendría que enfrentarme a sus agradecimientos. No me gustaba que me dieran las gracias por mis dedos pegajosos. Eso no me llevaría al cielo, así que no había necesidad de decirlas. Iba a detenerme en lo de Tuck, al lado del camino, un poco más lejos de los habitantes del pueblo y el castillo, y estaba yendo hacia allí cuando oí a alguien gritando. Y luego algo que se rompía, como si alguien hubiese sido golpeado. Me agaché en el suelo, escuchando. Lo oí de nuevo, y di vuelta a la esquina para ver a dos de los hombres del sheriff sosteniendo a Amy Cooper por el frente de su vestido. Ella tenía apenas nueve años, y era un poco escurridiza para ser una niña. Se la estaban llevando y tenía un gran corte debajo de su cabello, como si la bestia la hubiera golpeado con su mano armada.
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    PÁGINA33 Deslicé un cuchillodesde el interior de mi chaleco y lo dirigí hacia la mano abierta de la fiera, la que no sostenía a Amy. Lo azoté y grité: — ¡Amy! Él la dejó con un rugido de dolor, y ella gritó y corrió hacia mí. Me agaché y la abracé. —Corre a lo de tu madre, no les abras la puerta —le susurré. Ella siguió llorando, pero me obedeció, corriendo como si el mismo diablo se encontrara en sus talones. El hombre sacó el cuchillo de su mano, al tiempo que su compañero desenvainaba la espada. Las espadas son terribles. Eran nada más que cuchillos grandes y pesados que la mayoría no sabe cómo utilizar correctamente. Saqué dos cuchillos más a medida que ellos venían hacia mí. —Vas a lamentar esto, muchacha —dijo uno de ellos. Su mano goteaba rojo, sin embargo, estaba segura de no arrepentirme de eso. —Oblígame a hacerlo —lo desafié. Corrieron hacia mí, me di vuelta y salí corriendo, escuchándolos reír, mientras me perseguían contra valla del curtidor. Por supuesto, ese era mi plan. No dudé, saltando y usando la valla para dar la vuelta sobre sus cabezas. Caí detrás del lesionado y deslicé mi cuchillo a lo largo de la parte posterior de su rodilla. Él gritó. No me gusta matar gente, pero ese tipo de corte significaba que no podría hacer mucho persiguiéndome a partir de ahora. El lesionado lanzó su espada, con el objetivo de cortar mi cabeza, pero se deslizó hacia atrás y atrapó sólo mi cuchillo, cortando la hoja. —Hijo de puta —gruñí. Su espada quedó clavada en el suelo blando, y me descargó un puñetazo en la entrepierna. Soltó la espada con un gruñido, pero él me abofeteó con la mano ensangrentada. Me retorcí alejándome con estrellas en los ojos, pero la idea instantánea de John Little diciendo que yo no podía recibir un golpe me heló sangre. Me volví al guardia y le lancé un puñetazo tan fuerte como pude en el medio del rostro, lo poco de él que no estaba cubierto por la malla. Se cayó y golpeó el suelo, y eché a correr hacia el bosque. No fui muy lejos, por supuesto. Regresé del bosque y me acerqué a la casa de la señora Cooper. Al ver una luz apagarse, miré por la ventana y empecé a maldecir. La señora Cooper estaba allí con Amy. Los otros no se encontraban, de seguro ya se habrían ido a Worksop. Tenían un paquete en el suelo, y
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    PÁGINA34 me di cuentade que debían haber estado empacando algunas cosas más. Me subí al techo de paja, colgado en la cresta del techo, para velar en la puerta. Todavía tenía tres cuchillos en mí, si venían a molestar a Amy o cualquier otro Cooper, ellos tendrían que vérselas conmigo. Mi corazón latía como el tambor de un escocés, duro y parejo. Tenía la sangre de ese animal en mi rostro, y traté de limpiarla. La mano con la que lo había golpeado sangraba y dolía, yo nunca golpeaba a la gente. Sólo los cortaba. Y el bastardo me había roto el cuchillo. Estaba completamente oscuro y pasó más de una hora antes de que me moviera. Fue entonces cuando vi a John caminando por el pueblo, con los ojos puestos en la casa de los Cooper. Di tres silbidos cortos y él se detuvo, mirando hacia los árboles. Bajó la mirada un poco y miró hacia el techo. Incluso él no podía verme. Salté techo y fui hacia el otro lado de la casa. —Dios Todopoderoso —dijo, tomando mi rostro y haciéndolo girar—. ¿Qué pasó? Tratando de limpiarme la sangre de nuevo, me quité su brazo de encima. —No es mi sangre. Los hombres del sheriff fueron tras Amy Cooper. —¿Por qué no estaba en Worksop? Pensé que toda la familia había ido hacia allí temprano. —No soy adivina, John —gruñí. —¿Está herida? Asentí con la cabeza. —Él la golpeó un poco. Estaba aterrorizada. Ella y su mamá están aquí. No podemos moverlas hasta el anochecer, e incluso entonces va a ser mejor que usemos el bosque. Una palabrota saltó de su boca. —Todo lo que tenían que hacer era escucharnos y nadie habría sido juicioso con ellos en Worksop. ¿Y quién diablos se atreve a lastimar a una niña? —Sacudió la cabeza duramente y cruzó los brazos sobre su pecho grande. —¿Tú estás herida? —Él me rompió el cuchillo —le dije, mostrándole el puño contra el resto irregular. —Voy a arreglarlo para ti. —Cuando lo tomó, rozó mis nudillos. Me quejé. Agarró mi mano y trató de verla en la penumbra. —¿Qué has hecho? ¿Darle un puñetazo? Me deshice de su agarre. —Sí. —Te la has estropeado feo. Es probable que esté rota.
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    PÁGINA35 —No está rota. Tomómi mano de nuevo, guardando los restos de mi cuchillo, para empujar con sus pulgares sobre mi mano, trabajando cada dedo y probando el estado de mis huesos. Me dolió, pero apreté los dientes. — No está rota. —Te lo dije. —Ve a lo de Tuck y has que Rob te la limpie. Yo seguiré vigilando. Negué con la cabeza. —Me quedaré. —Scar, tú sabes que yo perdí a mi hermana pequeña, ¿verdad? Tragué saliva. Lo sabía. Una hermana pequeña, su hermano menor y sus padres en un incendio. Él nunca me lo dijo, por lo que no estaba segura de si debía o no confesar que lo sabía. —Sí. —Entonces nadie va a poner un dedo sobre esa niña mientras yo esté de pie delante de esta casa, ¿entiendes? —¿Y si vuelven con más? Sus ojos brillaron en la oscuridad. —Estoy esperando que lo hagan. —Volveré pronto con Rob. Él asintió. Corrí a la posada. Me dolía la cabeza y, con la rabia fuera, me estaba empezando a sentir un poco mareada. Entré por la puerta trasera, comprobando que Rob y Much estuvieran allí antes de entrar por completo. —Rob —le dije suavemente. Miró hacia arriba, y cambió su cara. —Baja las escaleras. Much, te quedas aquí. Much me miró y tragó saliva. —Jesús, ¿estás bien, Scar? —Estoy bien, Much —le sonreí, y él me devolvió el gesto. John y Rob eran del mismo tipo. Pensaban que eran ellos quienes debían salvarnos a todos, y la mayoría de las personas estaban de acuerdo con eso. La gente nos empujaba a Much y a mí a un lado. Ellos pensaban que yo nunca podría hacer nada, y que Much necesitaba ser mimado a causa de su brazo malo. —Amy y la señora Cooper están atrapadas en su casa. Necesitamos idear una manera de conseguir que lleguen a Worksop. Much asintió con la cabeza. —Los estamos enviando a Dover esta noche de todos modos. Mi tía puede llegar a lograr algo allí. Rob, ¿puedo ir ahora? —preguntó. Fruncí el ceño. —No es como si necesitaras su permiso, Much.
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    PÁGINA36 Much escondió suboca y me sentí mal. —Baja las escaleras, Scar. Tenemos que ocuparnos de cualquier cosa que esté cortada debajo de esa sangre —dijo Rob en un tono agudo. Asentí, bajando por la escalera hacia la bodega subterránea. Sería frío allá abajo, y yo sabía por qué Rob me había enviado allí. Tuck tenía un gran suministro de agua que mantenía en el frío suelo, y yo pescaría y secaría cada una de las rocas. Sostuve una al lado de mi cabeza. Se sentía como hielo contra el dolor. Rob bajó con una vela y miré mi otra mano, la que tenía los nudillos reventados. Se abría y ya estaba hinchada. Fruncí el ceño. Mi objetivo estaba afuera. Rob no dijo nada. Siguió tratando de tragar como si algo se hubiera quedado atrapado en su garganta, mientras presionaba otra roca de mi mano. Me quejé ante el contacto. Él tomó un paño y comenzó a limpiar la sangre con pequeños movimientos. —No es mía —le dije rápido, tomando el paño y limpiando la sangre yo misma, frotando en las partes secas, aunque eso raspara mis cortes. —Parte de ella es —dijo en voz baja—. ¿Puedo sacarte el sombrero? Me mordí el labio, masticándolo un momento. Conteniendo la respiración, miré hacia abajo, levanté la mano y me lo quité, tirando de mi pelo largo hacia un lado. Mis dedos se sentían algo espesos y grumosos en mi pelo. Fruncí el ceño y froté la sangre enredada con el paño. Suspiró. —¿Me darías eso? Estás haciéndolo peor. Yo sé cómo cuidar de un corte, Scar. Lo fulminé con la mirada, pero le entregué la tela. Comenzó a secar de nuevo, pero esta vez en el corte de la mejilla, que era bastante horrible. Incluso los toques quebraban mis dientes. —¿Me vas a decir lo que pasó? —Los hombres del sheriff fueron detrás de que Amy Cooper. Ella y su mamá regresaban a su casa. Uno de ellos alcanzó a Amy. Rob levantó la vista, con su ceja levantada. —¿Ese hombre del sheriff sigue vivo? —Ambos lo están. Corté detrás de la rodilla de uno, y la mano del otro. Él rompió mi cuchillo —le dije, con amargura. —Así que, ¿lo golpeaste?
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    PÁGINA37 Asentí. —No eres buenagolpeando, Scar. Podrías haberte roto la mano. —Eso es lo que dijo John. —Doy por hecho que está en la casa, o no las hubieras dejado. Volví a asentir. Apretó la mejilla con el paño de nuevo, y luego posó en ella su mano, caliente después del agua fría. —No me gusta verte lastimada. El aire se sintió pesado en mi pecho, pero rodé mis ojos en lugar de dejarlo salir. —Nadie se preocuparía si fuera John el que estuviera golpeado. Dio un paso atrás, mirándome. Sentí que mis ojos estaban desprotegidos sin mi sombrero. —Scar, entraste aquí cubierta de sangre. ¿No ves la forma en que eso nos molesta? —No. Él me tomó de la barbilla con los dedos. —Te guste o no, Scar, somos tus amigos. Nos preocupamos por ti… Yo me preocupo por ti. Me deshice de su agarre, empujando los nudillos hacia delante. Rompió tiras de ropa vieja, desgastada y envolvió mis nudillos con ellas, atándolas en la palma de mi mano. —Debemos volver con John. Si los soldados regresan, él necesitará ayuda. Rob asintió. Su cabeza estaba hacia abajo y no me miraba. Limpió las piedras y volvió a ponerlas en agua fría. —Siento haberte metido en esto, Scar. Toda mi ira burbujeaba, mezclándose con el poco miedo que no quería admitir que sentía. Lo empujé hacia atrás, poniéndome el sombrero en la cabeza aunque doliera. —Ya basta. No te arrepientes de meter a John y a Much en esto. No sientes el hecho de que esté fuera de Londres. No hubo ninguna tragedia más que un poco de sangre, así que deja de mentir. Me miró con su sonrisa divertida, torcida, como si supiera lo duro que era y que no era la mitad de lo que yo quería. —Estoy diciendo que siento que te lastimaran, Scar. —Y yo estoy diciendo que tomo mis propias decisiones. Incluyendo con quién luchar y cuándo lastimarme. Así que vamos.
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    PÁGINA38 Su boca setorció en una sonrisa, y asintió. Fuimos a la parte superior de las escaleras y me dio una mirada dura, pero salimos sin decir una palabra más. Hacía frío, pero nos movimos bastante rápido hacia lo de los Cooper. Una parte de mí pensaba que iba a encontrar la casa en llamas, pero John estaba donde lo había dejado, mirando desde el lado de la casa. Él era como una especie de gárgola enorme y sombría en una catedral, cuidando el lugar de los demonios. Hizo que un escalofrío me recorriera la espalda, pero me sacudí. Pensaba que había terminado en el lado equivocado de Dios, aunque pasaba la mayor parte de mi tiempo tratando de compensar aquello. Much estaba a un costado, y él se acercó cuando John apareció de entre las sombras y Rob se fue a la puerta de atrás. Oí a Rob llamar, y en voz baja hablar con los Cooper. Me apoyé contra la pared. —¿Encontraste algo allí afuera, hoy? —Much me preguntó. Asentí con la cabeza. —Gisbourne está aquí, pero sus pertenencias no. Se las iban a enviar hasta el Trent y luego llevarlas hacia abajo para evitar Sherwood, pero decidieron disfrazar la mercancía en su lugar. Vienen mañana, tan pronto como amanezca. John sonrió. —A Rob le gustará eso. Mis dedos rozaron el espacio vacío donde por lo general guardaba mi cuchillo. Me preguntaba si en realidad John iba a arreglarlo. Solía ser un herrero, así que sabía que podía. No se podía confiar en la gente para que te hiciera favores, no importaba si eran extraños o compañeros de banda. Supuse que podría robárselo de nuevo si él no lo reparaba. —¿Sabes qué es el disfraz? —preguntó Much. —No. Pero lo voy a descubrir. John me dio un codazo. —Lo único que se puede confiar a un ladrón es encontrar un tesoro. Fruncí el ceño. —No habrá ningún gran tesoro. Algo de dinero, pero sobre todo, sus pertenencias. —Bueno, ¿por qué las queremos? —dijo John. —Porque eso lo enojará mucho —respondió Much—. Lo que probablemente no sea una muy buena idea. John sonrió y soltó una risa oscura, gutural que puso carne de gallina en mis brazos. —Enojarlo es siempre una buena idea. Much se burló. —¿Por qué siempre empezamos los problemas? — murmuró para sí mismo.
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    PÁGINA39 —No lo hacemos—le dije, probablemente, en el fondo tenía razón—. Terminamos el problema que ellos comienzan. —Much miró hacia abajo, y suspiré. No me gustaba hacerlo sentir pequeño, pero yo no solía pedir disculpas. —¿Obtuvieron un buen botín el día de hoy? John frunció el ceño. —No. Me duele admitirlo, pero te necesitamos en las calles con nosotros. Rob salió del edificio, deslizándose en la oscuridad y asintiendo con la cabeza hacia nosotros. —La familia está a salvo y en calma. —Él se dirigió a mí—. Y agradecida, Scar. Asentí con la cabeza hacia atrás. Estaba demasiado oscuro para que ellos pudieran notar que estaba sonrojada. —Much, ¿por qué no tú y yo las llevamos de vuelta a Worksop? Scar, John… vuelvan al roble. Tenemos que estar en las calles la mañana temprano, y quiero sus ojos afilados. —Scar dijo de que las pertenencias de Gisbourne están llegando a través del bosque. Al amanecer, disfrazadas —dijo John. Rob sonrió. —Muy interesante. Todos nos encontraremos en el pasadizo, una hora antes del amanecer. ¿De acuerdo? Asentimos, y yo tomé mi oportunidad para salir corriendo. Y corrí. Y corrí. Me tomó una hora llegar al lago Thoresby, los extremos más alejados de la propiedad del Señor Thoresby llegaban a las profundidades del bosque de Sherwood, así que corrí tan fuerte como pude. Me sentí más sucia que en Londres. No era la sangre. Él me golpeó y rompió mi cuchillo. Por un mísero segundo tuve miedo, y tenía que conseguir que se fuera de mí antes del amanecer, antes de que patrulláramos las carreteras, cuando yo no podía sentir ni una pulgada de miedo. Mis puños temblaban mientras corría, el sudor empujaba hacia afuera la suciedad. Desesperada por agua, salté de la gran roca y me sumergí en ella, salí a la superficie y me estrelló un frío feroz. Me quedé allí, bajo el agua. Mis ojos estaban cerrados y mi piel bastante entumecida. Mis trozos y rodajas eran hielo. No había espacio para nada en mi mente, excepto el frío. Cuando salí del agua, lanzando escalofríos en la orilla, me sentí valiente.
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    L PÁGINA40 4 os aires estabanrazonablemente frescos, con la clase de crujido como si fuera una dulce manzana. Las hojas todavía no habían caído, lo cual era bueno. Cuando las hojas caen los árboles adelgazan, y tengo que esforzarme más para ocultarme. Cuando las hojas no caen, sin embargo, el bosque entero está cubierto por un manto. Hojas cubren las trampas y zanjas y nivelan los baches, pero todo esto está al acecho para los que no saben lo que hay allí. Me gustaría conocer mi bosque mejor que aquellos que puedan perseguirme en él. Estaba agazapada en el arco. No era un arco adecuado: dos árboles tejidos juntos sobre el camino años atrás, formando una gran curva con sus ramas. No pude ver a John, Rob, o Much, pero supe dónde estaban, y estaban esperando por mi señal. Sería el amanecer y el camino condujo a los mercados, por lo que varias carretas habían llegado a través. La mayoría de ellos sabíamos; algunos de ellos eran extranjeros, pero no parecían que tenían mucho en el camino de la moneda. Además, esta mañana no estaban por el dinero. El viento venía fuerte a través de los árboles justo cuando los divisé por el camino. Parecía una carreta de ataúd, con dos almas en cajas, y dos monjes estaban en las riendas. Sería un buen disfraz, pero los monjes tenían la mitad una barriga corta de la típica raza, y la cota de malla debajo de sus túnicas tintineó suave con cada paso de la carreta. Lo que lo estropeó de verdad, sin embargo, fueron los caballos. Ninguna casa religiosa tendría sólidos corceles de guerra como esos. Tiré una daga pequeña con una larga cinta roja atada al árbol por el escondite de Rob. Nunca oí tanto como un rumor, pero sabía que ellos estarían listos. Cuando el carro rodó cerca, caí al suelo, mi abrigo de lana delgada tendido debajo de mí. Las hojas sonaron a la distancia y sonreí, levantando mi cabeza lentamente. —Whoa —ellos llamaron a los caballos—. ¡Fuera del camino, bandido!
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    PÁGINA41 —Ustedes no sonmonjes —dije—. Y esos no son cuerpos. Ellos saltaron a sus pies a esto, sacando espadas de sus túnicas. — Dejarnos pasar, o nuestro maestro te hará arrepentirte. —No pongo mucha fe en maestros, yo mismo —les dije—. Así que, ¿vais a pagar caballeros el impuesto del bosque? —¿Quieres una décima parte de un cuerpo? Los miré por encima. —Si los estás ofreciendo, entonces tomaré tu mano. Tal vez un pie. Tiene hermosos pies, señor. —Él se refería a los cadáveres, cachorro. —Oh, ¿estamos todavía tratando de hacer la vista gorda que tienen los cuerpos en esos ataúdes? El de la izquierda bajó de un salto, y oí el traqueteo de la cadena de correo como la lluvia. Di un paso hacia atrás, cruzando mis brazos sobre mi pecho para tomar dos cuchillos debajo de mi abrigo. —Hora de correr ahora, sabandija. Honestamente. ¿Por qué todos piensan que soy una rata? —Así que no habrás de pagar el impuesto, ¿entonces? —Tomaré una décima parte de tu cuello si lo intentas —gruñó. Me encogí de hombros. —Supongo que eso es justo. Estaré en mi camino. Puede que quieras asegurarte que esos cuerpos están aún a salvo, entonces. No quieres un muerto rodando alrededor. Sonreí, y ambos se giraron para ver a la carreta que estaba muy vacía. En el momento que ellos se giraron de nuevo, estaba oculta en el árbol y ellos estaban maldiciendo hasta por los codos. Ellos cortaron alrededor de los arbustos por un rato, pero no encontraron a nuestros hombres. Cuanto más tiempo se veían más discutían entre sí, y después de un poco ellos volvieron en la carreta, rostros rojos, y se fueron a Nottingham. Mientras ellos conducían, esperaba que fueran hombres del alguacil. Entonces, al menos, Gisbourne no tendría ninguna autoridad para matarlos donde ellos se encontraban. Ayudé a John con su ataúd mientras que Rob y Much luchaban con el otro; mis brazos estaban derechamente adoloridos en el momento que llegamos a la cueva, y que estaba incluso con John transportando la mayor parte del peso. Odiaba que no fuera más fuerte. Much estaba sudando y pálido, la espalda apoyada contra el peso con su único brazo bueno. Tal vez no fuera el peor destino ser el más débil del grupo.
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    PÁGINA42 Los trajimos alo profundo de la cueva. Mantenemos este lugar separado de nuestro campamento; lo encontramos el último invierno y almacenamos cualquier botín que venimos a cruzar aquí hasta que podemos conseguirlo a la gente del pueblo. También teníamos unos pocos suministros cruciales que consumiríamos en el invierno y más. Un gato calico se había alojado aquí para tener a sus bebés, y a uno de los pequeños gatitos parecía que yo le gustaba. Él arañó hasta mis hombros como siempre. —Hey, Gatito —dije, rascándole su oreja. Era cálido al menos. —Vamos a romperlas, —dijo John. Asentí con la cabeza, arrodillándome delante de las cerraduras y tirando mi elección a mis ropas. Tenía el candado abierto en un segundo o dos. Me paré y John extendió sus brazos. —¿Por qué no puedo sólo romperlos? Me crucé de brazos. —Creo que si continuas siendo tú mismo, necesitaremos un ataúd que esté totalmente intacto en un corto plazo. Rob nos frunció el ceño. —Muchachos –y Scar–, hay un botín para ser ordenado. ¿Esto no mantiene su interés? Me sonrojé. —Interesado. John pateó la caja abierta. Ellos se inclinaron sobre él, empujando a través de las cosas, pero yo me quedé clavada en el suelo. Estaba sentada allí, en la cima de todo: un mechón de pelo castaño oscuro envuelto en cinta de color rojo brillante. La cinta escarlata estaba tan cerca de los que había atado a mis cuchillos; incluso si los chicos no sabían de quien era el mechón de pelo, ellos habían ladrado alrededor de la cinta. Metí la mano y alcancé el pelo, girándolo alrededor de mi mano en un instante para esconderlo de los muchachos. Rob me miró rápido, pero seguíamos hurgando en las cosas. Había ropa y botas, algunas monedas pero no muchas. Much se metió en la joyería, la cual se podía fundir y vender por mayor cantidad de dinero. —¿Qué es eso? —Preguntó Rob, mirando sobre su hombro, él recogió un pequeño añillo de mujer. —Esta es la medida de Leaford ¿no? —Leaford fue su novia —les dije. —Quien se suicidó. —¿Él mantenía su anillo? Debe haber asumido la muerte de ella difícil —adivinó John. Honestamente. —Tú no tienes ni idea de qué estás hablando o lo qué es un villano, John —le dije.
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    PÁGINA43 Rob me miróen esa manera suya, y yo miré hacia abajo. —¿Qué significa eso? —Preguntó John. —Él sólo quería a su dueña, como él es dueño de su anillo. Y ella se suicidó en lugar de tenerlo a él. Se sentía como una ola de agua que venía a aplastarme con el peso de la mirada de Rob. —Tú la conociste. No podía tenerlo para eso. Eso me pondría en tierras de Leaford, las cuales no estaban lejos de Nottingham —Ella tenía una hermana. Yo conocí a su hermana. —Incluso hablando sobre Joanna hizo mis tuberías doler. No podía tragar correctamente. No estaba segura si Rob me creía o no. Él seguía mirándome, como si dejara una puerta abierta y él estaba tratando de estirar todo el lado para mirar en él. John me miró. —Así que tú debes conocer más acerca de él de lo que estás dejando. ¿Qué sabes? —Nada útil. Nada bueno. —Cuéntanos Scar —dijo Much. —No hay nada que quieras escuchar. Ella sólo decía que él era horrible. Firmó el contrato antes de que fuera incluso legal para casarse y establecer la fecha para el primer día que fuera. Ella decía que su hermana lloró y lloró a sus padres que no quería ser casada, y a no les importó. Él quería la tierra, y los padres de ella querían el dinero de él, y que estaban allí para hablar acerca de eso. —Entonces ella se mató —dijo John. —Así dicen. —Lo que realmente no suena tan terrible —murmuró John. —No vale la pena morir. —Tú no sabes nada de eso, John. Ser silenciado cuando tus deseos no importan, ser vendido como una propiedad, ¿y a un hombre como él? —Escupí a sus pies—. Un hombre no sabría nada de esto. —¿Y qué sabría un ladrón de eso? —Se burló John—. Como tú alguna vez has hecho una maldita cosa que no querías. Sacudí mi cabeza. —Sé lo que es como cuando no puedes conseguir que nadie te escuche. Cuando lo que dices no importa. Casi creo que cada chica sabe lo que es ser silenciada.
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    PÁGINA44 —Es una terriblepráctica —Rob estuvo de acuerdo. —La mayoría de los padres esperan más tiempo. La mayoría de los pretendientes quieren que lo hagan. —Vamos a abrir el segundo —sugerí, golpeándolo con el pie para abrirlo como John lo hizo. Mi pie sonó y tintineó con el contacto, pero se sentía bien después de toda la conversación. —Oh, armas —dijo Much. John lo empujó a un lado. —Ni siquiera sabemos qué hacer con ellas, Much. Much frunció el ceño oscuro, y antes de que pudiera quejarme con John por eso, él me lanzó un juego de cuchillos. Los atrapé. Eran tesoros, el metal oscuro que la mayoría había visto. Había un fino grano donde el metal había sido plegado. —Este es metal Sarraceno, —suspiré. Ambos tenían un pequeño conjunto de rubí en la empuñadura, una versión más fina del granate en mis cuchillos favoritos. —Tranquila, Scar. Deberíamos vender esos —recordó Rob. Fruncí el ceño. —Tú nunca obtendrás un buen precio por estos aquí, no lo que ellos valen. Además, puedo robar de nuevo el valor si me das el precio. —Tal vez ella es una chica después de todo, anhelando adornos brillantes —John se echó a reír. Mi puño estaba cerrado pero no le di un puñetazo. Yo queriendo cuchillos brillantes y niñas tontas suspirando por joyas brillantes no estaban cerca de la misma cosa. —Haz lo que sea que creas correcto, Scar. No puedo decirte qué hacer ¿No es lo que siempre dices? —dijo Rob. Él no estaba sonriéndome, sin embargo, y se alejó, como si no quisiera verme cortarles. Mi boca apretada y los arrojé en la pila que íbamos a vender o regalar. No tenía pensamientos grandes de mí misma —no soy ninguna santa para estar segura— pero pensando en Amy Cooper y la gente que no tenía nada para comer, no es como si pudiera mantenerlos justo. Nada era justo. Seguimos cavando a través de las pertenencias de Gisbourne, y el único pensamiento que me levantó el ánimo fue la cara de Gisbourne cuando él se enteró. Much y yo nos pusimos a ordenar la ropa en paquetes que podíamos regalar. Podíamos hacer eso con las ropas que no eran tan distintas, pero la joyería y metales tenían que ser fundidos y quebrados
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    PÁGINA45 para venderlo puro.Mira, si Gisbourne fuera a encontrar a alguien con algo suyo él podría reconocerlo, habría matado a la oveja de seguro, inocente o no, y no podíamos arriesgarnos a eso. John y Rob tomaron la piratería, rompiendo los otros fragmentos. —¿Me mostrarías cómo lanzar un cuchillo, Scar? —Preguntó Much, tranquilo. Levanté la vista hacia él. No estaba mirándome; estaba atando un paquete de ropa. —No estoy segura si esta es tu arma. Él frunció el ceño. —Sé que tendría que pedir prestado tu cuchillo. Negué con la cabeza, señalando a Rob con uno de mis cuchillos. Él tenía su largo arco cruzado en su espalda. —El arco es el arma de Rob. Le conviene. Se mueve con él; funciona como sus brazos que consiguió sacarlo y en forma de un arco. —Es parte de él —dijo Much, metiendo su brazo malo debajo de su capa. Asentí con la cabeza. —Te enseñaré, pero no estoy segura de que es tu arma. —Por supuesto que no —murmuró, apilando más ropa. —Oye —dije, suficiente fuerte para que él levantara la mirada. —No estoy diciendo que no tienes un arma, Much. Sus cejas se amontonaron apretadas juntas. —Seguro que lo haces. Sólo tengo un brazo decente. ¿Cómo puedo luchar si vale nada? Mi boca se torció, y lo empujé. —Calla, Much. Personas piensan que no puedo luchar valiendo nada, incluso sin saber que soy una chica, y les pruebo que están equivocados. Probémosles que están equivocados. Y tengo una idea, ¿de acuerdo? Él negó con la cabeza. —Tú piensas mucho que soy un bueno para nada. John lo dice cada vez que puede. —Oh, ¿y él lo sabría? Todo lo que él hace es golpear las cosas. Él se frotó el pecho donde le di un empujón. —Tú haces un montón razonable de golpearte a ti mismo, Scar. —No me hagas hacerlo otra vez. John no es el ser-todo de opiniones. Suspiró, volviendo a su pila de ropa. —Mira, no estoy diciendo que será razonablemente fácil —Empujé mi manga y le mostré un montón de pequeñas cicatrices blancas de cortes y rasguños. —Era terrible con mis cuchillos cuando empecé, pero eran las
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    PÁGINA46 únicas armas quepodía mantener y ocultar, así que aprendí a usarlas. —Le mostré la cinta de una de ellas. —Y entonces ellas aprendieron de mí. —No lo entiendo. Deslicé la cinta a través de mis manos. —Solía atar cintas en ellas para agarrarlas rápido. Son mis cintas para el cabello. Y entonces cuando Rob me atrapó en Londres, yo no le diría mi nombre. Así que él me llamó Señor Scarlet hasta que descubrió que era una chica. Entonces sólo era Scarlet. —¿Ese no es tu nombre real? Mis ojos encontraron los suyos, justo serios, justo oscuros. Negué con mi cabeza lentamente. Él me miró por un largo tiempo, y miré hacia abajo. Cuando su boca se abrió, dije—: ¿Cuál es la roca que has estado cortando? Él me miró. Su rostro cambió un poco, y por un respiro él estaba mirándome como si mirara a Rob. —¿Quieres ver? —Yo pregunté, ¿no? Él sonrió y se puso de pie. Lo seguí, yendo a la hoguera. Él tomó un leño más pequeño del fuego del banco y fue a la esquina de la cueva. Pude ver que él había excavado una vena en la gran roca, coleccionando los fragmentos de grava en un tazón. Él puso la antorcha en el piso, luego dio un paso hacia atrás, empujándome con su brazo malo. Él tomó una pizca de polvo grisáceo. —No grites —dijo con una sonrisa. Fruncí el ceño. —No gritaré, Much. —Es posible. Él sacudió el polvo hacia la llama. Lo cogió, estallando en un brillante destello blanco que se parecía a Dios mismo viniendo a la cueva sin la zarza ardiendo para anunciarse. Golpee a Much, cubriendo nuestras cabezas, golpeando al suelo de piedra en una pila. Él estaba riéndose cuando mi visión volvió lentamente. Luces blancas estaban aún formando arcos cruzando mis ojos, pero estaba comenzando a sentir que era más como el trabajo del Diablo que el de Dios. —¿Qué en nombre de Cristo fue eso? —gritó Rob. El humo estaba desplegándose por la cueva, pero la combustión estaba hecha. Él y John estaban agitando los brazos como si sirviera de algo.
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    PÁGINA47 —No estoy seguro—llamó Much. Le di una palmada a su pecho. —Yo tampoco, pero buen trabajo, Much. —Lo miré, y él sonrió. —Rob, creo que Much podría conocer una forma de detener al alguacil un poco. —¿Lo hago? Me senté, tirando a Much conmigo, y miré el polvo. —¿No lo sabes? Me parece que la única cosa que no consideras es que el alguacil no puede ir después a la gente si está ocupado con sus propios pedazos. Rob se acercó. —¿Quieres hacer una explosión? —Miró a Much. — ¿Tienes suficiente de este polvo? —¿Para tumbar Castle Rock? No, pero tal vez puedo encontrar algo más en las otras cuevas. —Hazlo. Nos llevó dos días completos mover lo que podíamos, vender algo del metal, luego regalar la ropa y el acopio de las joyas y monedas. También significó dos días fuera del camino, y se sentía como si el tiempo estuviera hundiendo sus garras en nosotros. Nos reunimos en la posada esa noche, y vine pasando desapercibida. Mi cabeza estaba pulsando como un martillo desde el corte y la contusión de alrededor; desde que el guardia me aporreara tenía chichones y colores oscuros, y mi sombrero sujeto con fuerza. Aun así, prefiero el dolor que pavonearme sin mi sombrero, así que estaba razonablemente fuera de la suerte. También tuve malas noticias, y eso nunca me puso en una buena cabeza. John asintió con la cabeza hacia mí mientras me deslizaba en él. —¿Rob no está aquí todavía? —No. Tuck hiso un pastel de carne, —respondió John. Se acercó, lo que significaba que debía sentarme cerca de él. Miré a mí alrededor. Much estaba sentado en el borde del otro extremo de la banca, no hay lugar a su lado. La banca era un tipo de curva alrededor de la mesa. Suspiré y me senté al lado de John. Había un pastel, y este tenía un corte de S en la parte superior del mismo. Mi estómago rodó y me detuve, preguntándome si tenía que esperar demasiado tiempo para comer. Pude sentir a John mirándome, así que traté con otro bocado.
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    PÁGINA48 Rob llegó acontinuación, y sus ojos se dirigieron directamente a mí y a la comida. Tomé otro bocado y mi estómago se retorció. —Termina eso, Scar. No tomaste desayuno. —Y tú solamente tomaste un bocado de la cena de anoche — recordó Much. Lo fulminé con la mirada. —Gracias, Much. Rob se cruzó de brazos, y tomé otro bocado. Él sudor estalló en mi cabeza; sentí como si fuera a vomitar todo de nuevo. —Bien, las buenas noticias —después de una mala— es que no pude cercar las armas; ellas son demasiado diferentes. Nadie por aquí está vendiendo nada igual. Así que todos nosotros tendremos nuevas armas. Scar, tendrás tus cuchillos de vuelta. Hice una mueca un poco de sonrisa, y él se quedó mirándome por un segundo. Tomé otro bocado. Lo tuve en mi boca, tratando de no tragar, pero sólo me miraba. Tragué, y él miró hacia otro lado. —Cristo —gemí, saltando y golpeando fuera la puerta de atrás. Sólo lo hice afuera cuando toda la comida se apresuró en salir. Mis rodillas temblaban y se doblaban mientras vomitaba de nuevo, pero el brazo de Rob me cogía por la cintura, manteniéndome contra él. Vomité una vez más y traté de tener mis piernas debajo de mí. — Tranquila, —dijo la voz de John. Miré hacia arriba, tratando de alejarme. ¿Era John? ¿Por qué había pensado que sería Rob el que me sostenía? —Tranquila, tranquila, —repetía él, frotándome la espalda. —Para de tocarme, por favor —murmuré. Dejó de frotarme, pero su brazo no dejó mi cintura. Lo empujé, agachándome sobre mis rodillas. Cerré mis ojos, tomando una respiración profunda. Mi cabeza está latiendo una melodía media. —¿Estás bien? —Preguntó Rob. Me giré y vi a Rob y Much parados ahí. Los brazos de Rob estaban cruzados y él lucía oscuro. Odié la forma en que todos ellos estaban mirándome. —Bien —dije. Me levanté, sintiendo solamente un pequeño mareo. —Scar, estás enferma —dijo Rob, y su voz era áspera y con un poco de miedo. —No estoy enferma —repliqué. —Ya te lo dije, como cuando tengo hambre.
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    PÁGINA49 John estaba aúnen una rodilla. —Eres demasiado hambrienta. Ese es el problema, ¿no? Crucé mis brazos, y él se puso de pie. —Eso es lo que sucede cuando no comes lo suficiente, no puedes comer sólo cuando quieras. Eso es todo, ¿no? —Como, por amor a Cristo —gruñí. Me moví para volver a entrar a la taberna, pero Rob no se movía. —Sin embargo, ¿después de todo este tiempo? —preguntó Rob, suave. —¿Tú has estado mintiendo acerca de comer más? —Esto no es acerca de ti, Rob —dijo John. Los ojos de Rob dispararon a John, pero no me atrevía a mirar a ninguno de ellos. —No, esto es sobre ella. Prometí que cuidaría de ti, Scar. Después de que estabas tan hambrienta en Londres, te juré que conseguiría tu alimento. ¿Por qué mentiste todo este tiempo? Sentí la vergüenza subiendo por mi garganta detrás de la comida, y golpeé su pecho. —¡Porque eso no era lo que querías escuchar, Rob! —Bien, estoy escuchando ahora, Scar. Negué con mi cabeza. —¡Estoy bien! Yo como. Pero estos malditos golpes en mi cara duelen tanto que mi estómago se retuerce. Y a veces sólo de pensar en todas esas personas que ni siquiera pueden raspar una migaja de pan, hace que mi estómago se retuerza también. Pero no hay mucho que pueda hacer en el combate —Lo fulminé con la mirada. —Y no se va. No es algo que pueda arreglar. Estuve hambrienta durante mucho tiempo, Rob, y tanto como me gustaría, pedazos de mí nunca van a superar eso. No importa cuánto me gruñas por eso. Él agarró mis brazos, acercándome a su rostro, y sus ojos se veían como el océano, profundo y oscuro y lleno de cosas que yo no conocía. — Nosotros no nos mentimos, Scar. Especialmente no sobre las cosas que signifiquen que podría perderte. Mi respiración se congeló en mi pecho. ¿Acaba de decir eso? Él me dejó ir. —Porque perder un miembro sería poner a la banda entera en riesgo. ¿Lo entiendes? Sólo eso, sentí todo el calor abandonar mis huesos, y me estremecí. Asentí con la cabeza, y John puso su brazo alrededor de mí. Cristo, él estaba todo caliente de repente. —Vamos adentro —Dijo para mí, más tranquilo—. Trata de comer algo de pan o caldo. Ellos van a bajar más fácil que un pastel.
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    PÁGINA50 Asentí y dejésu brazo alrededor de mí mientras entrabamos. John se sentó muy cerca de mí, caliente y protector. Sacó un pedazo de pan del plato con el pastel y lo empujó hacia mí. En todo el tiempo que había conocido a John, él había jugado al hermano mayor con la mayoría en algún momento, pero nunca conmigo. Y tenerlo haciendo esto se sentía extraño. Cogí el pan y tomé un pequeño mordisco, masticando un poco. — Tengo algo de información —dije, odiando lo débil que mi voz sonaba. Rob no me miró. —Adelante. —Gisbourne está volviendo a nosotros. Él ha triplicado las patrullas del bosque, día y noche. Cualquiera que sea sorprendido cazando será colgado al siguiente amanecer. Rob asintió con la cabeza. —Bueno, él podría haberlo hecho peor. Estamos preparados para lo peor. Simplemente dile a los aldeanos que vamos a obtener los alimentos; ellos no pueden arriesgarse. —No creo que eso ayude, —dijo Much—. Todos saben que si son atrapados, los sacaremos, así que ellos lo intentaran de todos modos. —Entonces les diremos que Gisbourne tiene la intención de matarlos en el acto —dijo Rob—. Porque estoy seguro que es lo que tiene realmente en mente de todos modos. Asentí. —Él es toda clase de mal. —Lo cual también significa que por los próximos días, todos estaremos cazando y patrullando el bosque en parejas, luego asustando los caminos en la mañana. —Él suspiró, y sus hombros se inclinaron un poco, como si alguien estuviera empujándolos con fuerza—. Podemos vender las pieles, al menos. —Y las astas —agregué. Él asintió. —Si alguien no está en plena forma para duplicar su tiempo, dígalo ahora. Todos estábamos en silencio. —Bien. Permanezcan alerta. No podemos permitirnos errores en estos momentos. Scar, ya que tú y yo somos los cazadores, me quedo con John y tú con Much. Todos se detuvieron en esto. —Eso es una tontería. Yo iré con Scar, —dijo John. El rostro de Rob se volvió tormentoso, pero John continúo. —Rob, yo no soy un cazador, pero si ella enloquece a los hombres de Gisbourne, yo seré de más ayuda que
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    PÁGINA51 Much. —Much fruncióel ceño, y John se encogió de hombros. —Lo siento, Much. Much suspiró. —Tiene razón. Nosotros somos los escuálidos, Scar. —Pero juntos tenemos nuestros usos, —recordé. —Está bien, —dijo Rob, sus dientes apretados. —John, iras con Scar. Esperé a John hacer algo de roce por ir conmigo, pero no lo hizo. ¿Quién sabía que tendría que vomitar para que le llevara a él ser como amigos? No es que yo esperara que esto durara mucho tiempo, creo. —¿Debemos ir ahora? —preguntó Much. —¿Podrían esperar los dos afuera por un momento? —preguntó Rob, asintiendo con la cabeza a John y Much —. ¿Podemos hablar, Scar? No asentí, pero tampoco me fui. Dejé que John saliera de la banca y me apoyé contra la pared, cruzando mis brazos y mirando hacia abajo. Él se apoyó contra la pared opuesta, mirándome. —¿Qué debo hacer por ti, Scar? Honestamente. —¿Hacer? —repetí. —Cuando dejamos Londres, tú no estabas comiendo, y traté tan duro de conseguir que comieras más. Por años pensé que estaba solucionado. Pensé que estabas comiendo bien. Pero no lo estás, y no sé qué hacer por ti—. Él pasó su mano por su cabello, y esto fue cada cual por su camino en su paso—. Me asustas —dijo—. Pensando en ti cazando me asusta. Así que tengo que hacer algo. Y tú necesitas decirme qué es, porque obviamente lo que estaba haciendo antes no era lo correcto. —No lo sé, —murmuré. —Tú no comes. Mi rostro se sentía caliente. —No lo necesito mucho. Después de Londres, siempre era difícil comer mucho. Teniendo nada por mucho tiempo no era fácil. Y ahora que tengo, son otras personas las que necesitan más. —¿Por qué no comías en Londres? Tú eres uno de los mejores ladrones que he conocido. Puedes haber robado tu peso en comida. Una burla saltó de mi garganta. —Apenas era un ladrón entonces. Además, habían otras personas que lo necesitaban ahí también. —¿Había una persona en Londres a la que le estabas robando comida? —Somos honestos con los demás, ¿cierto, Rob? Él asintió.
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    PÁGINA52 —Entonces no mehagas responderte eso. Él me miró por un largo tiempo, y no apartaría mis ojos de él. —¿Y qué puedo hacer, entonces? —Es la vida, Rob. Nada que hacer. —No cometer errores, —me dijo. Lo miré—. Hacemos lo que hacemos. —Se detuvo, entonces dio un paso más cerca. —Hago lo que hago porque siempre voy a creer que no importa lo mal que la vida se vuelva sin embargo para muchas de esas personas, hay algo que puedo hacer al respecto. Hay algo que haré al respecto. Asentí con la cabeza. —Eso es por lo que eres el héroe, Rob, y yo soy un ladrón. Me giré de vuelta al camino entonces; no había mucho más para decir. Él cogió mi muñeca antes de que llegara a la puerta. —Scar —dijo, áspero, como rocas corriendo por su lengua—. He hecho muchas cosas imperdonables en mi vida. No permitas que falle para salvarte de ser otro. Saqué mi mano. —¡Nunca pedí ser salvada! Eso fue suficiente. Salí, impaciente por el frío en mis mejillas calientes. John y yo permanecimos en silencio esa primera noche. No estaba mucho en el modo de charla, y él tuvo que escuchar para el juego de la mejor manera que podía de todos modos. Me quedé en lo alto de un árbol durante la mayor parte de la noche; cogía más luz de luna ahí arriba y podía ver más lejos, por lo que pude apuntar mejor cuando vi un ciervo. Me iba mejor en la tierra con los cuchillos, por supuesto, pero en el cielo no me importa usar un arco. Era decente con él; nunca tan buena como Rob, pero me manejaba. Maté dos, y John descueró ambos. No me gusta esa parte, viendo todas las partes internas salir. Siempre pienso en lo fácil que sería para alguien cortar mi estómago y mirar todas mis partes internas deslizarse afuera. Los llevamos a la cueva, y John y Much se pusieron a pelarlos y cortar la carne. Observé, afilando mis cuchillos y desencordando mi arco. Nunca me gustó cazar. Bueno, me gusta la caza en legítimo derecho, pero no me gusta la sangre. Aun si gran parte de esta tenía que venir de un animal para alimentar a un pueblo, y se sentía raro para mí.
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    PÁGINA53 Esto, más querobar chucherías, era lo que nos hacía ladrones, y forajidos, y todos los nombres que el alguacil nos ponía. Sherwood era el rey del bosque, una tierra protegida que estaba destinada a ser sus terrenos de caza. Pero Inglaterra era un país sin rey. El rey Richard, al que ellos llamaban Corazón de León, había tomado sus patas de león a Tierra Santa. Estaba fuera luchando contra infieles mientras su gente —mientras mi gente— moría de hambre. No habría ningún juego dejado para la caza cuando Richard volvió. En lugar de ciervos, Inglaterra estaría llena de lobos, el más grande de entre ellos el Príncipe John. John y Much envolvieron paquetes de carne en las pieles, y Rob y yo salimos rápido. Rob se dirigió a Worksop y yo fui a Edwinstowe, entregando la carne antes de la salida del sol. Repartimos la carne como mejor pudimos, tratando de dar a cada familia un corte que los alimentaría por el día al menos. Algunas de las familias tenían más suerte que otras; los granjeros tenían cultivos para alimentar a sus familias, y algunos de los cultivos del verano lo hacían bien. Incluso si ellos se establecían, sin embargo, cuando llegamos con la comida, la compartimos alrededor. Había terminado la mayoría de Edwinstowe cuando escuché a los soldados. Me deslicé contra uno de los marcos de una casa, esperando que ellos no tuvieran perros con ellos. Estaba cubierta en el olor de la carne cruda. —Demonios, patrullas nocturnas —se quejó uno. —Gisbourne es un tonto. Todos sabemos que Hood es sólo un fantasma. —Sí, pero alguien está cazando furtivamente, ¿no lo son ellos? Y nosotros estamos destinados a capturar a los cazadores furtivos. —Y matarlos. Eso no lo es. —Los traemos y el alguacil los mata. No tenemos que hacerlo nosotros mismos. —No tengo el plan. Él piensa que matándolos a todos los pescaremos juntos en alguna cosa grande consiguiendo que el Hood salga. ¡Hood es un fantasma! —Y si hubiera un Hood, y yo fuera el Hood, los habría sacado la noche antes. Gisbourne no es muy inteligente. —No. —Tal vez podemos deambular por Tuck’s. Rosie está teniendo esa chispa en sus ojos últimamente.
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    PÁGINA54 El otro serió entre dientes. —Cuida que no haya ninguna manzana en su ojo, muchacho. —Alguacil, nunca lo sabremos. Vamos a revisar. El otro hombre asintió. Me quedé escondida hasta que ellos despejaron, y entonces atornillé a MajorOak. —Está bien, —dijo Rob cuando terminé de contarle todo lo que oí. — Simplemente no dejaremos que nadie sea capturado cazando. No se sentía bien. Se sentía como una gran tormenta, y Gisbourne estaba en el ojo de esta.
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    L PÁGINA55 5 a mañana siguientefue una larga permanencia en carretera. Había una gran cantidad de viajeros esa mañana, y me sentí razonablemente limpia mientas me percataba de ellos. Algunos señores trataban de parecerse al más pobre de los hombres, pero aún montaban en enormes caballos y estaban sanos y alimentados. Vergonzoso. Me gustaba escogerlos de la mayoría. Un grupo de caballeros iban transportando un gran baúl de joyas para una dama, delicada y fina por cierto, y cuando lo entreabrimos, lejos del borde del camino, sentí como salía de mí una burbujeante sonrisa. —Esto cubrirá a la mayor parte de los habitantes de Nottinghamshire. —Se maravilló John. Dejé que una cadena de diamantes corriera entre mis dedos como agua de lluvia. —Alimentarles y vestirles también. Robin nos guiñó un ojo. —Ese fue un buen sitio, Scarlet. Sonreí, mirando al sol rebotar en un lingote de plata. —Oh, lo sé. —Esta es una excelente noticia, muchachos. Una vez que guardemos la mayor parte de esto, tendremos tiempo de sobra para el día de impuestos. —Rob asintió hacia mí—. Y nos podremos centrar en expulsar a Gisbourne de la ciudad. Asentí de vuelta, aspirando una bocanada de aire que hizo que se hinchara mi pecho. Él tenía razón, por supuesto. Todo estaría bien, y estábamos a salvo en las casas. Eran horas más tarde cuando caminaba por el mercado en Worksop con Much. Para las gentes de las comarcas del condado Much era el mejor; era un terrible buen oyente, y todos le conocían de cuando fue azotado de niño. Simplemente, no siempre sabía cuáles eran las partes importantes, así que vine con él para escuchar lo que escuchaba.
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    PÁGINA56 Era extraño. Lagente lo miraba y se le echaban encima. Querían hablar con él, y darle palmaditas en su mano buena y besarle la mejilla y estar a su lado. No era lo mismo conmigo. Me hallaba sola, aunque no estaba muy segura de si eso era por elección propia o no. Sinceramente, viéndole, me sentía como un leproso. También me sentía un poco sensible. —Hola, Will —escuché a mi lado. Dos muchachas se apiñaban alrededor de una cesta de lavar y me sonreían radiantemente. Me puse el sombrero más abajo y endurecí la cara. —Todo el mundo ha oído lo que hiciste por Freddy Cooper —dijo su amiga. Fruncí el ceño. —¿Crees que cotillear sobre eso será bueno para alguien? Cerraron sus bocas. —No lo estábamos. —Lo estabais. Vuestras madres deberían haberos enseñado mejor. Ambas se sonrojaron, pero una continuó mordiéndose el labio como si fuese dulce para mí. Fruncí el ceño de nuevo. Estúpida mocosa. Negué con la cabeza, mirando por encima a Much, y para el momento en que volví a mirarla, estaba a mi lado; me tomó la cara con ambas manos y me besó. Me aparté de un tirón, farfullando juramentos mientras volvía con su amiga y echaban a correr, ambas riéndose. Y no eran las únicas. Much se doblaba de la risa. Lo empujé, y rodó al suelo sin mi previo insulto. —¡Venga ya! —Estampé mi pie. —¿Qué es tan gracioso? —preguntó John, acercándose a mitad de comerse una manzana. Me lanzó otra y yo se la tiré a Much. Sólo se rió más fuerte. —¡B-b-besaron a Scar! —ululó. —¿Alguien te besó? —preguntó John, volviéndose hacia mí. No parecía como si le resultase tan gracioso. —¿Quién es? Esto hizo que Much se riese más. —No es asunto tuyo, Little John —dije. Se acercó hasta mí con una cara tan plana que, si pudiese imitarla, nunca habría sido besada por una estúpida chica cuando no quería serlo. —¿Quién, Scar? —¡Jenny Percy! —gritó Much. La cara de John rompió abierta, como una sonrisa podía dividir un ánimo oscuro. —Espera a que Rob oiga esto.
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    PÁGINA57 —¡Vosotros dos nosois más que unas bocas flojas! —repliqué. John sonrió. —Parece que Jenny justo acaba de tener los tuyos un poco sueltos. —No es gracioso. —Mira a Much. Por supuesto que es divertido. Te diré, sin embargo, que no me hubiese gustado ver la expresión de tu cara. —¿Qué pasó con lo del “brillando por ti”? ¿No estabas jugueteando por ahí con ella? —Con su prima, Emma. —Sonrió—. Ahora, tiene labios que podrían haber aflojado un poquito los míos. Negué con la cabeza, disgustada, y luego un brillo me llamó la atención. Agarré la parte frontal de la camisa de John y le arrastré detrás de la tienda del tejedor. Much se levantó de un salto, pero negué con la cabeza. Era demasiado tarde; parecía sospechoso. John no bromeaba mientras extraía mis cuchillos, enganchando los ojos de vuelta a la esquina para ver a Gisbourne llegar a través del mercado. Se detuvo en el centro de la plaza del mercado, subiéndose sobre una pequeña fuente. —Tal vez debería presentarme —gritó. La gente se detuvo a mirarlo. Se envolvía en violencia como si fuese ropa, su capa como la muerte, su armadura como cuchillas. Su pelo era lanudo como el de un animal y parecía que el Diablo estaba atrapado en su cabeza. —Soy un chico de Gisbourne, y he sido contratado por vuestro sheriff para dar captura al que llamáis Hood. He sido informado de que en lugar de expulsar a este delincuente, le protegéis. —Su labio se curvó, y los puntos de sus dientes brillaron como colmillos de serpiente—. Ahora, no sé cuánto tiempo tomará —dijo, y su voz me hizo temblar como una hoja seca. Todo el mundo quedó mortalmente callado—. Pero rastrearé a Hood y a sus hombres, y los encontraré. Cuando lo haga, los mataré. Cualquier persona en el camino que si quiera sospeche esté ayudando a Hood y a su pandilla lo perderá todo, empezando por su vida. Chasqueó los dedos, y sus guardias sacaron a dos hombres. Miré a John. —Quédate. Tengo que llegar al otro lado. Asintió, y sus manos me llevaron a su otro lado por la cintura. Estaba absolutamente segura de no necesitar su ayuda, así que no sé por qué lo hizo. —Ten cuidado, Scar. Te pilla e iré detrás de ti y hay más de ellos así que moriré haciéndolo. Pero lo haré igualmente. —No seas estúpido —susurré, moviéndome más allá de él. Caminé por las afueras de la plaza del mercado, vislumbrando a Gisbourne tomar a un aldeano local y poner un cuchillo en su garganta. Vi un arco tensado,
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    PÁGINA58 y me deslicéal lado de Robin. Asintió hacia mí, sin mover ningún músculo. —Sube —murmuró—. Cubre mi disparo. Asentí, escalando rápidamente al tejado de una pequeña casita a la derecha. —Ahora —continuó Gisbourne—, buena gente, sé que sabéis quién es Hood. Lo amáis. Lo protegéis. ¿Pero moriríais por él? No lo creo. —Miró a su primer cautivo. No estaba segura, pero podría ser el tintorero. Worksop hacía un montón de lavandería—. Así que, ¿qué puedes decirme sobre Hood? —Su nombre es Robin —espetó—. Robin de Locksley. Gisbourne parecía directamente impactado, su brazo aflojándose un ápice. —¿Earl Huntingdon? El hombre asintió, y Robin tomó su disparo, enviando la zumbante flecha sobre los nudillos de Gisbourne. Fue un disparo imposible, rozando a Gisbourne y soltando a su cautivo todo a la vez cuando por un pelo hubiese fallado, pero Rob lo hizo. Rob era así. Gisbourne soltó al hombre y rugió de dolor. —¿Algo que discutir conmigo, chico de Gisbourne? —gritó Rob. Las personas se dispersaron ante esta oportunidad, el segundo prisionero olvidado. —¡Guardias! —gritó Gisbourne, desenvainando la espada. No lo pude resistir. Soy una ladrona; nunca fuimos buenos contra la tentación, la verdad. Saqué un cuchillo y lo arrojé; en el ángulo correcto, se deslizó en una profunda línea por su pómulo izquierdo. La sangre empezó a gotear rápidamente, me di cuenta con una sonrisa. Me aplasté contra el techo mientras él se abstenía de perseguir a Rob, buscando a su atacante. No me vio, pero si vio el cuchillo en el suelo. No le había puesto una cinta. Pequeños favores como este eran la única razón por la que iba a la Iglesia. Agarró el cuchillo y se lo guardó en el cinturón, yendo tras Rob. Miré a mí alrededor, y vi a Rob en el siguiente tejado, mirándome como si supiera por qué tiré el cuchillo. Odiaba esa mirada. Gisbourne envió a sus hombres entorno a la aldea, liberando al tintorero para que agarrase a su esposa y se escondiesen en su casa. De hecho, la mayoría de la gente hizo lo mismo, y pronto Much y John estaban escondidos en la casa de alguien y Rob y yo en diferentes tejados, acurrucados contra las chimeneas. No mucho tiempo después Gisbourne envió a sus hombres al bosque en nuestra búsqueda, dejando esperar a unos pocos en la plaza del pueblo.
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    PÁGINA59 Nos quedamos porseparado hasta que los campesinos llegaron a casa y la gente salió de ellas, por lo que pudimos desaparecer entre ellos como sombras. Los cuatro nos reunimos en el bosque y nos dirigimos de vuelta a Major Oak. —Rob, ¿escuchaste sobre el nuevo amante de Scar? —canturreó John. Rob me miró rápidamente. —¿Era alguno antiguo? —¡Jenny Percy! —dijo Much, satisfecho de sí mismo. Rob sonrió. —De una banda con tres hombres verdaderos, ¿por qué están todas las lascivas doncellas detrás del falso? —¡No tengo nada que ver con eso! Estaba a punto de decirle que se fuera y me besó —gruñí. —Creo que a vosotras, las chicas, os gusta ser insultadas —dijo John, pellizcando mi lateral. Le golpeé el brazo. —No me toques, y no me vengas con esas. Ella dijo que todo el mundo escuchó sobre Freddy, Rob. Si la gente del pueblo está hablando, las cosas van a empeorar. Me miró, sin dejar de sonreír. —Para nosotros, tal vez un poquito. Pero cuando hablan entre sí sobre nosotros, están transmitiendo esperanzas, Scar. Las chicas te quieren porque les devuelves la esperanza. Escupí en el suelo. —Y si alguna vez supiesen que era una chica la que les devolvía sus esperanzas, se burlarían de mí hasta en el más allá. —Algunos lo saben —recordó Rob. —Sólo aquellos en posición de no juzgar. Rob se encogió de hombros. —Ninguno de nosotros está en condiciones de juzgar a nadie amablemente. —No pondré eso aprueba, gracias. —Bien —dijo John con una amplia sonrisa—. Porque entonces, ¿qué haríamos Much y yo para divertirnos? Echó su brazo alrededor de mi cuello, y me alejé. —Espera, ¿hueles eso? John se levantó la camisa a la nariz y la olió, pero yo respiré profundamente. —Humo —dijo Rob. —Algo está ardiendo —acordé.
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    PÁGINA60 Me puse acorrer y los muchachos me siguieron, subiendo a la cima más alta de tierra hacia el MajorOak. Cuando pasamos la cordillera, pudimos verlo, incluso desde tan lejos. El humo comenzaba a enroscarse a través de los árboles, borrando las lenguas de color naranja que estaban destrozando nuestro escondite. Prendieron fuego a MajorOak. Nos quedamos congelados en el lugar, y fue entonces cuando las armas llegaron alrededor de mi espalda. —Te hemos estado esperando mucho —gruñó una voz en mi oído. No dudé. Golpeé su pie fuertemente con el mío y extraje los cuchillos, girándome para asestarlos en su estómago. —Si vas a capturar a un ladrón, posiblemente desees probar las armas —repliqué, apartándole de un empujón. Sentí la sangre caliente en mis manos y lo vi caer por la cordillera, deslizándose en un montón de hojas. Estaba muerto, supuse, y eso tornó mi sangre en hielo. —¡Gisbourne! —gritó uno, lo más fuertemente posible. Gisbourne estaba cerca, entonces, cazándonos en el bosque. Me giré para ver a tres hombres sobre Rob, y me sentí un poco insultada. Honestamente, era una amenaza tan grande como él. ¿Por qué sólo obtenía a uno? Uno le agarró por el cuello mientras los otros dos se le acercaban, y me lancé a la acción. Me deslicé sobre mis rodillas y corté el talón de uno de los atacantes de Rob. Cayó de rodillas, aullando. Rob tenía su espada desenvainada, su arco cruzado en su pecho, y él empujó a los otros dos hombres, contraatacando. Miré a John, que estaba siendo golpeado en la cara, pero Much me llamó la atención. Alguien le golpeó hacia abajo y sacó un cuchillo, la hoja malvada y larga y más cerca de su pecho de lo que me hacía razonablemente feliz. —¡John, esquiva! —exclamé. Dio un puñetazo y me obedeció, esquivando el tiempo suficiente como para que saltase encima de su espalda. Comenzó a levantarse mientras me lancé lejos, y di una vuelta en el aire para patearle con fuerza al atacante de Much. Lo eché a un lado, y su hoja rozó mi pierna pero no me molestó. Su cabeza golpeó duramente el suelo, no creía que se levantase en breve. Le tendí la mano a Much, y el mismo se levantó. —¡Scar! —dijo, señalando detrás de mí.
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    PÁGINA61 —Agárrame —le dije,apoyándome en su brazo sano fuertemente y girando a nuestro alrededor. Me apoderé de su brazo y salté, pateando el pecho del guardia y estampando mi pie en su cara. Much aguantó y tiró de mí hacia atrás para que no cayese como lo hizo el guardia. Dejé ir a Much y volví a Robin, cargando contra un guardia por la espalda y empujándolo al suelo. Era rápido y me echó a su espalda, arañándome en la parte superior antes de que pudiese levantarme. Le di una fuerte patada entre las piernas, pero mi rodilla chocó contra una especie de coquilla3 blindada. Se rió entre dientes, y un hilo de pánico atravesó mi cuerpo. Una de sus manos fijó mi brazo hacia atrás y la otra me apretó el pecho hasta el suelo. Mis dedos buscaron el cuchillo en mi cadera mientras su mano sobre mi pecho se movía demasiado alrededor para mi gusto. Sus ojos se estrecharon mientras me pellizcaba los pezones. Cogí un cuchillo con la mano libre y golpeé la empuñadora en el costado de su cabeza, donde el casco no lo cubría. Se cayó como un peso muerto encima de mí, y me sacudí un poco mientras trataba de levantarlo. Rob lo quitó y John me cogió la mano, levantándome. Me agarró de la cintura, manteniéndome ahí. —¿Estás bien, Scar? Asentí. —Vamos a la cueva. Scar, toma el camino alto y sé un vigía —dijo Rob. —Rob —dije, apartando a John—. Rob, por favor dime que tú y John llevaron el cofre a la cueva. —¿Qué? —Su cabeza azotó hacia el árbol, y todos los músculos que tenía saltaron. —Por favor dime que no lo dejaste simplemente sentado en el roble. —Por supuesto que no lo hicimos —dijo John. Se encogió de hombros y cuadró su mandíbula—. Como que puse algunas hojas a su alrededor. Robin juró. —Mejor quédate aquí —ordené—. Voy a ver si descubrieron el cofre. Salté rápidamente en un viejo pino. Lo escalé aprisa y empecé a correr a través de las ramas cruzadas, yendo hacia la parte más gruesa con humo. MajorOak se ocultaba un poco más allá. 3 Taparrabos.
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    PÁGINA62 Cerca de ella,me caí al suelo. El árbol era más brasas y humo ahora, y no había ningún guardia ni hombres de Gisbourne. El humo picó en mis ojos como un látigo y me cubrí la boca con la manga, tosiendo fuertemente. Fui por nuestra pequeña hoguera, y mi estómago se retorcía como un lavado. El cofre —y todo en él— las baratijas y riquezas que habrían comprado una pequeña parte de tiempo para la gente de Nottinghamshire, se habían ido. Me volví a subir a los árboles. Mis brazos se sentían más pesados ahora, y escalar era injustamente duro, pero silbé e hice regresar a los muchachos. Miraron hacia arriba, y yo negué, señalándoles la cueva. Me quedé en alto, vigilando a los muchachos que se quedaron en el suelo. El humo se hacía más grueso, como si estuviera en pos de mí, y era más difícil correr entre las ramas. Una se rompió bajo mi peso y me tambaleé hacia adelante para agarrar el tronco siguiente. Miré hacia abajo, mi corazón tamborileando en mi pecho. Empujando mi mejilla contra la corteza y agarrándome fuertemente, esperé a que los chicos me alcanzasen antes de seguir adelante. Silbé dos veces para que los chicos se escondiesen mientras más hombres de Gisbourne llegaron abriéndose paso, y todos nos reunimos en la cueva sin tropezar con más problemas, entrando y adentrándonos hasta el fondo. —Mejor para nosotros no encender fuego esta noche —nos dijo Rob—. ¿Quién está herido? El corte en la pierna había parado de sangrar, pero los nudillos de John estaban rotos y Rob tenía una raja en su brazo. Much iba a tener un resplandeciente, brillante ojo al día siguiente; la piel ya se estaba cerrando. —Siéntate —le dije a Rob, yendo a por nuestro kit a conseguir algunas vendas y agua. Cuando regresé se había quitado la camisa, y eso hizo que mi careto se sintiera un poquito caliente. Honestamente, no es como si nunca hubiera mentido sobre el hecho de que Rob tiene más que suficiente para mirar. Con o sin camiseta. Me mordí el labio mientras frotaba la suciedad y la sangre y limpiaba con agua partes de la raja, luego levanté su brazo gentilmente y até pedazos desgarrados de gasa alrededor de la herida. Presioné mi mano contra la herida cuando estuvo hecho. —¿Por qué siempre haces eso? —Preguntó suavemente. —¿El qué? —Escondí mis manos de vuelta a mí alrededor. —Poner tu mano sobre la herida de esa forma.
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    PÁGINA63 Me encogí dehombros. —Hábito. Alguien me dijo que las manos pueden sanar. Imagino que si pueden matar, no será gran cosa que puedan curar también. —¿Alguien te lo dijo al mismo tiempo que obtuviste esto? —preguntó, poniendo su mano sobre la cicatriz en mi mejilla como lo hice con su brazo. Tragué saliva. —Sí. Su manó cayó lejos. —Lo hiciste bien hoy. Igual que una mujer guerrera —dijo. —Más bien como una ardilla guerrera —lanzó John—. Saltando y girando de esa manera. —Me has salvado la vida hoy, sabes, Scar —dijo Much. Su voz era más grave que la de los otros dos. Asentí. —Nos vigilamos las espaldas. —No quería hablar de ello mucho más que eso—. Pero hemos perdido el cofre. Perdimos las baratijas, las monedas, todo en él. Rob suspiró. —Fue la Diosa Fortuna la que puso eso en nuestras manos primero, y se lo llevó de vuelta. Era demasiado de esperar. Miré a mí alrededor. Nuestra reserva era razonablemente pobre. — No lo vamos a hacer, Rob. No vamos a tener lo suficiente para pagar los impuestos, y colgará a tantos como la horca pueda. Rob miró a su alrededor también. —Encontraremos una forma. Tenemos que encontrarla. Esa noche más tarde, después de una cena fría, nos fuimos dentro de la cueva. Mantuvimos algunas esteras allí para dormir, sólo algunos sacos rellenos de heno y trozos de lana de donde pudiésemos sacarlos. Estaba oscuro como boca de lobo, y podía oír la respiración de los chicos y los gatos de alrededor escarbando. —Todavía puedo oler el humo —murmuró Much. —Yo también —le dije—. No puedo creerme que mataran a MajorOak. ¿Qué les hizo el árbol a ellos? —A varios —dijo John—. Parecía que algunos de su alrededor atraparon la luz también. —Era nuestra casa —dije, tan suavemente como pude. No sabía si los demás lo habían oído.
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    PÁGINA64 —Ella es unviejo árbol fuerte —dijo Rob, su voz áspera y más lejos—. Podría durar. —A diferencia de aquel guardia que trató de atrapar a Scar —rió John—. Sabes, he escuchado todo tipo de dichos acerca de la ira de las mujeres, pero menos mal, Scar, tienes temperamento. Los otros rieron. —Tenlo en mente, Little John —le advertí. No tenía muchas ganas de reírme. Se echó a reír. —Me aseguraré de informar a Jenny Percy —dijo. Rodé mis ojos, pero esta vez escuché una pequeña risa proveniente de Rob en la otra esquina. —¿Así qué realmente besó a Scar? —¡Deberías haberlo visto, Rob! Scar estaba a mitad de darle una charla, y Jenny se echó sobre ella —canturreó Much. —Así que así es como la callaremos —dijo John. Sabía que estaba razonablemente cerca así que traté de patearle. Tomó varios intentos, pero uno finalmente golpeó algo y le oí quejarse—: ¡Ow, Scar! —¿Y ninguno de vosotros salió a defenderla a ella y su honor? — preguntó Rob, pero rompió a reírse. —La mayoría sois unos estúpidos cretinos —repliqué—. No es para reírse. Esto hizo que rompiesen en alaridos. Después de un día en el que habían destruido otro hogar para mí y el olor del humo todavía a nuestro alrededor, podía ser razonablemente gruñona —pero honestamente, me sentí mejor escuchándolos a mí alrededor. Sus risas incluso me hicieron sonreír un poco, y eso se sintió como un regalo. Acumulamos todas las mantas que teníamos y las usamos para la noche. No sé lo que eran; las usaba para dormir al aire libre, que debería haber sido mucho más frío que en la cueva, pero estaba temblando de frío. El olor del humo logró colarse en todo —las mantas, mi pelo, mis ropas— y eso me hizo sentir más frío, vacía. Llamé al gatito, pero ni siquiera él se acercaba a mí, como si la muerte y el pecado estuvieran colgados a mí alrededor. El temblor fue a peor, hasta que mi respiración empezó a llegar en duros estremecimientos. Un brazo con una manta extra me envolvió, arrastrándome hacia atrás contra el pecho de John. Me puse rígida. —Tranquila, Scar. ¿Estás llorando?
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    PÁGINA65 ¿Pensaba que mistemblores eran por lágrimas? —No —repliqué, ofendida. —Entonces tienes frío, y soy cálido, por lo que simplemente agárrate a mí y duérmete, ¿de acuerdo? Era más cálido que sentarse junto a un ardiente fuego, y le sentí como una hoguera a lo largo de mi espalda. Su brazo envolvió los míos y me abrazó con fuerza contra él. Estaba pasando de extraño, pero me quedé quieta y caliente. Los temblores comenzaron a ceder. Sentí su aliento en mi cuello, su nariz contra mi cabeza. —Tu pelo es más largo de lo que supuse —dijo. Maté a un hombre hoy. Era la primera respuesta que brotó en mi cabeza, pero no abrí mi boca. No sabía qué tenía que ver eso con mi pelo o él presionado contra mí, todo caliente y vivo y muy no muerto, pero era en todo lo que podía pensar. No pude decirlo, y se asentó como un muro de roca entre mi cabeza y la suya, incluso a pesar de que su respiración estuviese en mi cuello y su nariz contra mi cabeza. Me desperté sintiéndome acalorada, pero en mi cabeza sonando una alarma. Seguía apretujada contra John, ambos brazos detrás de los suyos como si fuera un escudo, y la luz serpenteando dentro de la cueva. Miré a mí alrededor, tratando de no moverme hasta no saber qué estaba mal. Vi a Rob, sentado a un par de metros y mirándonos a John y a mí, y a la forma en la que estábamos envueltos. Se encontró con mis ojos, su rostro sombrío y sus ojos de un tormentoso azul oscuro. Se levantó y salió de la cueva sin decir nada. Me aparté de John y puse la manta a mí alrededor, fría de nuevo excepto por mis mejillas, las cuales estaban fuertemente ruborizadas. Se alejaba rápidamente, y me moví más rápido para alcanzarle. —Rob —dije—. Robin. Se detuvo. —Yo sólo —paré, y se volvió hacia mí, sus ojos oscuros y duros. Me sentí débil de nuevo—. Maté a ese guardia ayer. Asintió, como si captase el por qué solté abruptamente eso. Lo que debió haber sido razonablemente difícil, ya que no lo sabía ni yo misma.
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    PÁGINA66 Sus orejas estabanrojas y su mandíbula apretada, pero volvió a asentir y se apartó de mí, caminando más profundamente en el bosque. Regresé a la cueva. No pude volver a dormir, pero tenía suficientes razones; era domingo, día del Señor, y me adentré más profundamente en la cueva, buscando el pequeño espacio que trataba de esconder. Manteniéndome en las zonas más oscuras, y vigilando a John y a Much, me cambié rápidamente al vestido, desenrollando los trocitos de muselina que había usado. No podría ser bueno ser vista corriendo para salvar el pellejo con trozos balanceándose por todo el lugar, ¿no? Me peiné el pelo, atándolo fuera del camino, y me puse el manto encapuchado de las señoras. Pareciéndome mucho a una chica, salí al exterior de la cueva. Sé que es razonablemente extraño para una chica que dio la espalda a los deseos de su padre y su madre (cuarto mandamiento), y robó (séptimo mandamiento), y miente una considerable cantidad de veces (octavo mandamiento), e incluso mató a un hombre (quinto mandamiento) sentirse tan particular sobre ir a la Iglesia. Pero iba cada domingo que podía, e imaginé que, siendo tan negra mi alma como lo era, la única persona a la que no debería estar mintiendo sería a Dios —y la mayoría de las veces, así era como se sentía cuando me vestía con mi ropa usual. Además, no podía usar sombrero en la Iglesia, y no bien podría llevar mi pelo suelto y parecerme a Will Scarlet —esa manera sería más rápida en buscar problemas que un incendio forestal. Había una pequeña abadía en medio de Sherwood dirigido por los frailes Franciscanos (es dónde Tuck consiguió el nombre de su casa), y siempre me dejaban entrar a sus masas y confesarme a su padre. No eran muy populares entre la gente local, pero eso me venía muy bien. —Mi querida señora —saludó el Hermano Benedict. Él y yo éramos amigos, creo. Le di algo de dinero que había reunido en la semana, y lo apretó contra su pecho, como si fuera un tesoro. —Como siempre, su generosidad me asombra. Miré hacia abajo. —Bueno, ya sabes cómo he llegado a ella —le recordé. —Ven, hija, y camina conmigo antes de Misa. Asentí, y caminamos por el patio de los animales. Los franciscanos querían a sus adorados animales, y tenían la más extraña colección de la comarca. Un spaniel4 que favorecía a Benedict me seguía, junto con un patito y tres gatitos como si fuera un flautista. —Gisbourne está aquí —dije. 4 Perro de aguas.
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    PÁGINA67 —Ah —dijo. —Va aempeorar la situación. Va a matar a gente. Va a sacar sus corazones hacia fuera para conseguir lo que quiere. —¿Es a ti a la que quiere? —Su hubiese una lista, estaría más que de sobra en ella. No sabe que estoy aquí todavía. —¿Y puedes detener todo ese derramamiento de sangre? —Sí. Pararemos tanto como nos sea posible. Protegemos a nuestra gente. —¿Y si te entregas a él? Negué con la cabeza. —No puedo. No lo detendría, y tampoco me ayudaría. —Mi cara llena de vergüenza, y busqué en el cielo—. Además, me parece que me mataría. —Usted y sus caballeros estáis cargados con una tarea mucho más difícil, mi señora. Protegéis a la gente, y nadie se imagina que sea fácil para ustedes, o vuestras almas. —Maté a un hombre, Hermano —le dije—. Ayer. Me atacó. Suspiró. —Estos son días extraños. Le dije a usted antes que si había cualquier momento en el que el Señor perdonara nuestras más oscuras transgresiones, muy probablemente sería en estos tiempos oscuros, pero ambos sabemos que el peligro está en tu alma. Asentí. —No tengo mucha esperanza para mi alma. —Has pecado, mi señora, pero si alguien alguna vez lo hizo por las razones correctas, es usted y sus compañeros. Será Dios quién juzgue ésta maraña, no yo. —Tocó mi mano—. Y en cuanto a Gisbourne, permanezca lejos de él. Si sabe que estás cerca, no se detendrá hasta que te posea. Todos estaríamos reacios de ver que eso sucediera. Me incliné y dejé que el spaniel me lamiera la mano. —Venid. Tenéis que rezar, y confesar, y limpiar vuestra alma si tenéis esperanza alguna en defender la justicia. Asentí y dejé que me llevara de vuelta a la pequeña capilla. Comencé a caminar hacia la parte posterior, pero él me impulsó hacia delante. —Una señora de su calibre no se sienta en la parte de atrás, querida.
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    C PÁGINA68 6 aminé de regresoa la cueva, sintiendo inquietud con cada paso. No me gustaba verme como niña, y sin mi cuchillo — ciertamente no puedes traer cuchillos a la iglesia— no me sentía como una niña. Si me topaba con un guardia, no tendría muchas posibilidades. Y peor aún, no estaba segura de si los chicos estarían de vuelta en la cueva o fuera de casa. Robín nunca iba a las masas desde que regresó de las Cruzadas, pero todavía parecía sentir que los domingos eran para los ajustes de cuentas de todos modos, y era difícil de encontrar justo los domingos por la mañana. John y Much tendían a ir a Worksop para ir a la iglesia con el padre de Much, y pasaría algo raro para nosotros estar en la cueva en lugar del roble. Nunca tuve que arriesgar a que me vieran con un vestido antes, pero con toda la suciedad alrededor de los árboles quemados y cosas así, sabía que Robín quería que estuviéramos juntos, sólo que no estaba segura de dónde estarían. Volví a la cueva y me detuve cuando a Much y John hablando entre ellos. Se detuvieron y se giraron hacia mí. Much parecía confundido, y John dio un paso adelante. —Espera… ¿Scar? Mi cara se puso caliente. —Deja de mirar boquiabierto, John. Déjame pasar. —Te diré una cosa, Scar-Miss Percy no estaría detrás de ti en ese atuendo. Le fruncí el ceño. —¿De dónde sacaste ese vestido? ¿Y cuándo comenzaste a llenarlo? —preguntó John, en pos de mí en la cueva. —Piérdete —le dije. No lo hizo, siguió acercándose. —Te ves bien en un vestido. —Ve, John. Él me sonrió y se volvió, regresando a la parte delantera de la cueva. No me gustan sus ojos en mí de esa manera.
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    PÁGINA69 Me cambié tanrápido como pude, deslizando el vestido de nuevo en mi escondite y yendo al frente con los chicos. Me senté en el suelo y doblé mis piernas. —Podría acostumbrarme a ti en un vestido —me dijo John. —No lo hagas. —Te veías bien —dijo Much. —Gracias, Much —dije, aunque realmente no quería pensar en él mirándome de cualquier manera. Mejor él que John, sin embargo. —Entonces, ¿dónde ibas con un vestido? ¿A encontrarte con alguien? —preguntó John. —Déjalo, John —dije, frunciendo el ceño. —No puedo. ¿Con quién te encontrarás? —Lo miré fijamente—. Está bien, tal vez voy a adivinarlo. ¿Un amor secreto? ¿Un muchacho de uno de los pueblos? —Me estudió, y luego negó con la cabeza—. ¿Tienes algo? Muéstrales algo de pecho y te dejarán salirte con la tuya, apuesto. Solté un bufido. —Por favor. Si fuera tan fácil, no me arreglaría todos los días. —Confía en mí, creo que no estás poniendo suficiente fe en cómo te ves con una falda. Ahora, ¿quién cree que Scar querría realmente sabiendo que ella era una chica? —preguntó John a Much. Aparté la vista. —Esta es la razón por la que nos acercamos a quedar atrapados; ponen demasiada atención a las cosas equivocadas. —¿Cómo qué? —preguntó Rob, bajando por la cresta encima de la entrada de la cueva. —Scar estaba con un vestido —informó John. —Viéndose linda, también —añadió Much. Rob no me miró. —Ella tiene razón, hay cosas más importantes que discutir. Todos lo miramos. —Alguien le dijo a Gisbourne que acampamos en MajorOak. —¿Quién? —gruñó John, dando un paso adelante. —Oye —le interrumpí—. Retrocede. Si alguien cantó, entonces creo que tenían una muy buena razón. Él me lanzó una mirada. —Ella tiene razón, John. Me preocupa que quien quiera que sea, Gisbourne tiene cierta influencia pesada sobre él, o ella —Suspiró—.
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    PÁGINA70 También significa queno podemos poner esa carga sobre el pueblo. Si nadie sabe dónde estamos, cómo trabajamos, Gisbourne no puede torturar a alguien para llegar al lugar. —Él puede torturar a alguien, sabiendo o no —dije. —Bueno, no podemos correr el riesgo tampoco. No podemos ayudar a la gente, si estamos muertos. —Se frotó la punta de la nariz—, Much, irás a la ciudad hoy y hablarás. Lleva a John contigo. Iré con Scarlet. Nadie va a ninguna parte solo hoy. Tenemos que averiguar quién habló y si están bien. Nos reuniremos a la noche donde Tuck. John me tendió una mano para ayudar a levantarme. Lo miré, pero me paré por mi cuenta. Él frunció el ceño. —Ustedes dos cubran Worksop, vamos a ir a Edwinstowe —dijo Rob. Todos asentimos. Los muchachos partieron, y Robín comenzó a caminar en la dirección opuesta. —Sabes quién habló, ¿no? —le pregunté a medida que avanzábamos. Él asintió con la cabeza. —Yo sabía que John iba a reaccionar así, pero quería que vinieras conmigo. —¿Por qué? ¿Quién es? —Edward Marshal. Eso no era bueno. Edward Marshal era de los Marshal de Edwinstowe, una posición que venía con un poco de tierra y el dinero e informaban al alguacil. El propio Edward había sido siempre un hombre ambicioso, pero el pueblo se aseguró de no decirle nada. También contaba con Lady Thoresby que tenía la costumbre de protegernos, ya que ella hablaba a menudo con Marshal, y cada vez que yo tenía alguna información errónea que no podía explicar, ella iba a verlo. No había mucho que podía hacer como la esposa de un señor débil, pero me gustaba pensar que ella hacía todo lo que podía. De todas formas, para que alguien le dijera algo a Marshal significaba motivos menos indefensos. No torturaría a nadie, así que eso dejaba a un voluntario. —¿Para qué me necesitas? —Él es inteligente, y yo necesito que me cubras con esos cuchillos. Miré a mi lado, todavía un poco hinchada. Mi objetivo era sólo tirarlos, pero estaríamos en cuartos cercanos. Asentí con la cabeza a Rob. Se quedó en silencio por un largo trecho, y no dije nada, haciendo crujir las hojas mientras caminábamos.
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    PÁGINA71 —Acerca de John—dijo por fin. Parpadeé—. No quiero saber cómo ustedes dos están tonteando alrededor, pero si interfiere con la banda te voy a echar por mí mismo. Mi respiración se detuvo. —¿Qué? —Yo no voy a repetirme. Y no quiero hablar de ello más que eso. —Pero… —No estoy bromeando, Scar. No quiero saber. Cerré mi boca. ¿Tonteando? ¿Pensaba que yo era la diversión del día de John? Mi vientre se retorció y no me gustó la sensación. Peor aún, ¿era eso lo que John pensaba? No era como si alguna vez nos besáramos ni nada por el estilo. Yo ni siquiera tengo el presentimiento de que le gustaría darme un beso, y seguro que yo no quería darle un beso. No, pensé. Él no era feo o algo así, pero estaba en mi banda. Luchaba con él, lo vi cortar ciervos. La mayoría de los días quería golpearlo más que nada. Y él no era Rob. Pero entonces, tal vez eso no era una cosa tan horrible. Los del tipo de Rob, nunca los merecería. Rob no habló el resto del camino, y los pensamientos sobre John y Rob se mantuvieron dando vueltas en mi cabeza. Me senté en la ventana, haciendo girar un cuchillo en el dedo mientras esperábamos que Edward entrara en su dormitorio. No tendría un guardia o compañía de la especie masculina en ella, por lo que esperamos verlo aparecer, a sabiendas de que podríamos detenerlo. No tuvimos que esperar mucho tiempo. Entró y cerró la puerta antes de dar vuelta con un sobresalto. —¿Robín Hood? —preguntó. —He oído que has estado cantándole a Gisbourne una canción, Edward —dijo Rob, sus ojos color negro. —Oh Cristo y los santos —juró Edward—. Por supuesto que le dije al tomador de ladrones. ¿Por qué no habría de hacerlo? Soy el más rápido para deshacerme de ustedes, el mejor. —Hay varias razones —dijo Rob, señalando mis cuchillos. —¿Qué, un látigo de un muchacho y unos pocos palos? Eso me hizo sonreír, y Rob se rió entre dientes. —No quieres saber lo que pueden hacer esas varas. —Bueno, no me van a matar, y no me van a lastimar, y no voy a dejar de decirle tomador de ladrones o al sheriff lo que he oído. Entonces, ¿qué hacemos ahora?
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    PÁGINA72 —No te queremos,Edward. Eres un tonto si alguna vez hubo uno. Pero tú no sabías el lugar donde vivimos, ¿quién te lo dijo? —preguntó Rob. —Informar el informante, ¿eh? ¿Ese es el juego de hoy? —Sólo tienes que decirnos el nombre. No debes ser tímido para revelar tu fuente. —No puedo imaginar lo que quieren con él. No lo van a matar tampoco. Y si yo no te digo, él seguirá manteniéndome informado ¿correcto? —Rob tiene más principios que yo —recordé—. A mí, sé que pagas impuestos como el resto de nosotros, y sé dónde guardas tu dinero. ¿Qué haría el sheriff si no puedes pagar? —Me encogí de hombros—. Me gustan las cosas brillantes como esa, pero al sheriff le gustan más suaves. Al igual que tu esposa, o tu pequeño hijo. Parecía más preocupado. —Nunca le harían daño a mi esposa o hijo. —La esposa y el hijo, no, no. Te lo dije, me gustan los trozos brillantes. Hizo una mueca. —Todo el mundo dice que ustedes son tan honorables. Rob se encogió de hombros. —No puedo contener a un ladrón de cuentas. —Fue Godfrey Mason quien me dijo. La cara de Robín se puso blanca como si alguien le robara su sangre, y me puse de pie. —Estás mintiendo —dije. —Me temo que no. El sheriff es horrible de insiste en que debemos ayudar a esta tomador de ladrones, y una vez que el sheriff me manda para arriba, Godfrey quiere mi asiento. Pensé para adornar su entrada. Negué con la cabeza. —El sheriff no te está enviando a ninguna parte, Marshal —le dije. —Es así. Me prometió la Policía de los Caballos Reales en el Nottingham. —Esa estación está llena —le dijo Rob. —Las cosas por aquí se sacuden rápido, Hood. Rob frunció el ceño. —No es probable. Will, vamos.
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    PÁGINA73 Rob miró haciamí y vi a Marshal ir a la daga de su correa. Me empujé hacia adelante frente a Rob. —Detente ahí, Marshal —le dije, apuntándolo con dos puñales. Él suspiró y se movió hacia atrás, manteniendo sus manos fuera de su cinturón. Rob salió por la ventana, y retrocedí, inclinando el sombrero ante Marshal y saltando por la ventana. Su casa tenía dos niveles, así que nos fuimos a través del techo más bajo y luego saltamos del final del mismo, caminando más lejos en la ciudad. Rob se puso la capucha. —No puedo creer que fuera Godfrey. —De verdad. —Dudo que Ravenna sepa —Ella es su hermana gemela ¿cómo no iba a saber? Su mandíbula crujió. —Dios sabe que puedes estar todos los días junto a alguien, y a veces no conoces a los que están a tu alrededor en absoluto. —¿Deberíamos hablar con él? En la cara de Rob había toda clase de tristeza, pero negó con la cabeza. —No. Vamos donde Tuck. —Tenemos que hacer una primera parada —le dije. Él asintió con la cabeza, siguiendo detrás de mí. Fui casi transparente al otro lado de Edwinstowe, llamando a la puerta de una casa pequeña. Un hombre alto que casi tuvo que encorvarse un poco me saludó y sonrió. —¡Scarlet, y Robín Hood! —notó, estallando en una gran sonrisa. Rob me miró. —¿Scarlet? —Preguntó en voz baja—. ¿No Will? Me encogí de hombros y sonreí al gran chico. —Hola, George — saludé. Saqué una jarra pequeña de leche que saqué de donde Marshal. George me agarró, me levantó y me dio un abrazo de oso, dejándome dentro de la casa. Saludó a Robín, pero entré y me acerqué a Mary, quien tuvo problemas para sentarse. Puse mi brazo sobre ella, deteniéndola, y la besé en la mejilla. —Te ves como la lluvia —le dije. Ella sonrió. —Casi —me dijo—. Los dos hemos estado un poco débiles.
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    PÁGINA74 El paquete ensu regazo comenzó a retorcerse y empezó lamentarse, y recogí a su hijo recién nacido, tomándolo en mis brazos. Él me miró y dejó de quejarse. —Mira lo que trajo —dijo George, vertiendo un poco de leche en una taza. Mary bebió y luego me lo tendió a mí. —Rob —le dije. Sumergiendo los dedos en la leche y dándosela al bebé. Miré hacia él mientras hacía lo que dije. Estaba concentrándose mucho, pero la tristeza en su rostro había desaparecido. Sonreí. —¿Cuál es su nombre? —preguntó Robín mientras el bebé empezó a beber las gotas pequeñas de leche. Las lágrimas saltaron a los ojos de Mary. —¿Scarlet no te lo dijo? —Él negó con la cabeza. —Le pusimos el nombre Robín. Él nos ha dado esperanza, de la misma manera que tú. —Esperanza —repitió Rob, tocando la mejilla del bebé con la yema del dedo—. Lo siento si ha sido escasa últimamente. Los labios de Mary temblaron y las lágrimas se lanzaron por sus mejillas. —Oh, Robín —susurró—. No tendríamos nada si no fuera por lo que haces por nosotros. Si dándole tu nombre a nuestro hijo significa que tenga un poco de tu coraje y corazón, yo sería la más orgullosa madre que habría. Para mi sorpresa, Robín me miró, sus ojos grandes y azules. —¿Lo sabías? ¿Sobre el nombre? Me encogí de hombros. —Pensé que podría animarte. Él sonrió, una sonrisa grande. Sostuve al bebé y Robín lo tomó, abrazándolo contra su pecho. —Scarlet le salvó la vida —le dijo Mary a Robín, secándose los ojos. —¿En serio? —Hace poco más de una semana. El parto fue duro, y yo estaba llorando —dijo Mary suavemente. George asintió con la cabeza. —Scarlet quería ayudar, pero no la dejé entrar, nadie me dijo que era una chica, después de todo. Ella. Ella, todo lo demás. Y se subió a la ventana en su lugar. —Me dijo de inmediato que el chico estaba torcido, y fue a buscar a la Señora Thoresby. Yo ni siquiera sabía que la dama era una partera. Me ruboricé, y ni siquiera podía quejarme con el bebé. Honestamente, no había traído a Rob aquí para que oyera sobre mí. Se
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    PÁGINA75 aferraba al bebécomo si fuera oro en barras, sin embargo, así que supuse que mi plan había funcionado. —Ella es así de ingeniosa —dijo Rob con una sonrisa. El bebé se retorcía y se retorcía en su cuello. Algo en mi vientre se volcó un poco, al verlo sostener al bebé. —Voy a tratar de conseguir algunos huevos mañana, Mary —le dije. —Estamos bien, Scarlet. No necesitas una dote. Nosotros acabamos de terminar la cosecha, y vamos a llevarlo al mercado de mañana. Rob miró a George. —¿Cuánto cobra el sheriff? Suspiró. —Cerca de la mitad. Todavía estamos mejor que la mayoría, sin embargo. Rob asintió con la cabeza. —Nosotros le ayudaremos lo mejor que podamos. No puedo permitir que mi tocayo pase hambre. Mary se frotó el brazo. —Damos gracias a Dios por su ayuda. Todos lo hacemos. Un poco de la sombra volvió a Rob, y yo sabía que estaba pensando en Godfrey. Metió los dedos en la leche una vez más, sin embargo, continuando alimentando al bebé. —¿Está lo suficientemente caliente? —le pregunté a Mary. Ella asintió con la cabeza, y metió sus pies en las mantas, podía sentir como el frío se iba a través de sus medias. —Es un chico guapo —dijo Rob, sujetando al bebé para mirarlo. —Se parece a su padre —le dije a George, e hinchó su pecho. Mary se echó a reír. —Él piensa demasiado bien de sí mismo, Scarlet. George se rió entre dientes, vino y se sentó junto a su esposa en la pequeña cama. —Tengo ojos sólo para ti, mi amor, pero tomaré palabras bonitas cuando pueda. —Creo que está asintiendo con la cabeza —dijo Rob, viendo abierta la boca del bebé y sus ojos cerrándose. —Lo tomaré —dijo Mary, y Rob puso al niño en su regazo suavemente, envolviéndolo hasta que quedó apretado en la piel que tenían. —No vamos a despertarlo, entonces —dijo Rob, asintiendo con la cabeza hacia mí—. Pero gracias, Mary, por haberme permitido conocerlo. Es un buen muchacho. —Él le dio unas palmaditas en el hombro, y ella cubrió su mano.
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    PÁGINA76 George nos dejósalir, estrechando la mano de Rob y abrazándome de nuevo. Cuando la puerta se cerró, Rob lucía frío. —¿Tú planeaste eso? Me encogí de hombros. —Después de escuchar sobre Godfrey, parecía un buen momento para recordar por qué estás haciendo todo esto. Sus ojos miraron a los míos de una manera que hizo que mi pipa succionara mi aliento. —Eres toda una sorpresa, ¿sabías eso? Sacudí mi cabeza. Él puso su mano en mi mejilla, apenas tocando con las puntas de sus dedos mi piel antes de alejarse. —Lo eres. Apartó la vista y comenzó a caminar por el sendero hacia donde Tuck, dimos unos pocos pasos antes de que mi aliento volviera. Dentro del lugar de Tuck, no fuimos directamente hacia el cuarto trasero. Manteniendo su capucha puesta, Rob puso a Tuck a un lado. —¿Entonces quién fue? —Preguntó Tuck, con cara de pocos amigos. —Godfrey Mason —le dijo Rob. Tuck se apartó. —¿Godfrey? No. No fue él, Rob. —Desearía que no, pero fue él. —Pero él es tan buen chico. Siempre estuvo muy asombrado sobre ustedes dos, también. Si él lo hizo —y no estoy diciendo que sí— lo debió haber hecho por Ravenna. Tal vez estaban en problemas. Robín sacudió su cabeza. ―No, tal vez, pero no lo creo. Hasta que me entere de lo contrario, necesito estar seguro de que nadie le pase información sobre mis muchachos. Tuck asintió. —Yo me aseguraré de eso. Tú y Scar vayan atrás. Les traeré algo de comida. —Gracias, Tuck. Fuimos atrás, se sentó en el banco. —¿Crees que haya sido él, Scar? Me deslicé a su lado, poniendo mis manos en la mesa. —Sí. Él es un buen chico, pero él tiene un padre corrupto y una madre tonta, y tiene a su hermana dependiendo de él —si no es que se casa pronto. Él asintió, alcanzando mi mano y moviéndola ligeramente. —Creo que incluso en estos tiempos quieren más dinero. Traté de tragar, mirando su mano tocando la mía. —Trabajar para el sheriff sería un buen dinero.
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    PÁGINA77 —Muy probablemente. —Rápidoy seguro, su pulgar empujaba sobre cada uno de mis dedos, arrastrando electricidad por mi mano—. Jugábamos juntos cuando de niños, sabes. Mi padre contrató a su padre para construir la mitad del estado de Locksley. Yo me había ido en esos años para las Cruzadas, pero siempre creí que éramos amigos. Sus dedos se deslizaron entre los míos, cerrándose en un apretón. Yo estaba mirando al vello en los nudillos de su gran mano. —Todos piensan en alto sobre ellos. No es que a nadie le gusten los gemelos. —¿Pero traicionarnos? Dudé. Sabía que tendía a ver las cosas diferentes, pero esto era difícil de decir bien. Apreté su mano y subí mis ojos a su rostro. —Tan lejos como va su traición, él no ha conseguido agarrarnos. No era una trampa, pero Gisbourne cree que obtuvo la victoria. Robín frunció el ceño. —Eso es verdad. ¿Por qué Gisbourne no nos emboscó en vez de quemar el árbol? —Tal vez Godfrey sabrá. Robín puso mi mano debajo de la mesa y no la soltó hasta que los muchachos llegaron. Godfrey cometió un pequeño error esa noche. Tuck le dijo a la gente que mantuvieran sus trampas cerradas, por supuesto, y él tenía que decirles por qué. John escuchó, y así lo hicieron todos los clientes de Friar Tuck. Godfrey se presentó bien al llegar la noche, lo que significa que muchos de los hombres eran más que unos borrachos. Cuando Godfrey apareció, el lugar reventó, atacando a Godfrey y lanzándose dentro de una pelea de borrachos. Entendí eso. Eso hizo a los grandes hombres sentirse bien al golpear a alguien cuando estaban asustados, y Dios sabía que todos estaban asustados estos días. Él tomó un par de golpes, pero me las arreglé para sacarlo mientras el bar se agitaba sin que nadie notara que se había ido. Lo arrastré alrededor del edificio hasta la puerta trasera. —¿Qué demonios fue eso? —Preguntó, escupiendo un poco de sangre. Crucé mis brazos. —Tú sabes. Su rostro se volvió blanco. —¿Todos ellos saben? —Asentí—. ¿Quieres ser Marshal? Él suspiró. —Mira, mis padres quieren casar a Ravenna con un hombre francés. Un francés. Si puedo empezar mi propia casa, ella puede vivir conmigo.
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    PÁGINA78 —Estás loco, Robín. Élgolpeó la pared. —Me di cuenta. —Tal vez deberías hablar con él —le dije. —Estoy escuchando —dijo Rob, viniendo detrás de mí. Debió habernos seguido. El rostro de Godfrey se volvió triste. —Nadie salió herido, ¿verdad? Les dije que ahí es donde le pasas mensajes a la gente de pueblo, no que tú vives ahí. —Todos estamos bien. —Lo siento Rob. Gisbourne quería la información o dijo que si no me metería a la prisión. Rob asintió. —Todo está bien. Solo que no le podemos decir a la gente del pueblo nada más. Y eso te incluye a ti, Godfrey, pero no te voy a señalar. —Lo sé. Y supongo entonces que voy a conseguir una brutal sacudida de la gente del pueblo. —Probablemente. Pero vamos, veremos cómo podemos arreglarlo. Rob puso su brazo alrededor de los hombros de Godfrey y lo llevó a través de la puerta de atrás. No fueron uno ni dos minutos que John apareció, pateando un balde con tanta fuerza que se partió en dos. —¿Triste? —Le pregunté. Se dio la vuelta para mirarme, y luego pateó un balde de nuevo. —Él nos traicionó y Rob le da la bienvenida de nuevo. Él es una rata. —Creí que yo era una rata. Acuñó sus manos en sus caderas y me miró. —Una especie diferente. Tu tipo de rata no es tan malo. —Él hizo lo que creyó que debía hacer, John. —Dios, no te entiendo Scar. Escupes veneno a los gustos del ladrón y del sheriff, pero aparte de eso, no puedes juzgar a un alma viviente. —Soy una ladrona. No tengo autoridad moral que levantar. Él me dio una pequeña sonrisa. —Supongo. Sigo creyendo que Robín es un tonto. —Los dos sabemos que es un tonto. Él me miró, sus ojos seguían mi rostro. Se acercó, y yo estaba contra la pared, así que mi corazón comenzó a palpitar fuerte en mi pecho. No
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    PÁGINA79 me gustaba sentirmeatrapada. Palmeó mi sombrero, empujándolo hacia atrás. —¿Qué estás haciendo? —Pregunté, alejándome. —Necesito ver tus ojos cuando te pregunte esto. —¿Preguntar qué? —¿Estás enamorada de Rob, Scar? Dudé. A veces, como un bebé, a la extraña manera en que Rob tocaba mi mano, creía que tal vez sí. Pero luego él me gritaría o me callaría con una mirada y un insulto como lo había hecho esa mañana, diciendo que estaba jugando con John. John, quien estaba delante de mí, preguntándome si amaba a Rob, mirando a mis extraños ojos sin mirar hacia otro lado. —No, —le dije. Era la verdad, creo. O gran parte de la verdad como para hacer una diferencia. —Bien. Se inclinó, sus ojos mirando directamente los míos, y su boca se acercó tanto que sentí la piel de su labio superior sobre el mío. Sus ojos me miraron, y solo esperó ahí, buscando algo o esperando que yo hiciera algo, pero yo no sabía qué. Miré hacia abajo, no segura de mí misma. Se rió, y su pulgar pasó sobre mis labios. El toque me hizo saltar, volviendo todo extraño, y me alejé de él. —Te veré más tarde, Scar —me dijo. No levanté la mirada hasta que se fue, y luego me senté en el piso y abracé mis rodillas. No sabía qué hacer con eso.
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    L PÁGINA80 7 a mañana fuedura. Era nuestro primer día en el camino desde que el cofre fue robado y se podían sentir los truenos en la distancia. Con tan sólo dos semanas para recoger la suficiente mercancía y guardarla de nuevo antes del día del impuesto, todos sabíamos lo mucho que ahora se necesitaba el oro, pero parecía que nuestra suerte hubiera desaparecido completamente. Le di una patada a una rama y miré hacia el camino vacío, como si los viajeros fueran a aparecer con sólo desearlo. Seguí lanzando rápidas miradas hacia Rob y John, y a mi mente vino la rugosa sensación de John pasando su pulgar por mi boca. Me levanté. —¡Rob! —llamé. Él salió hasta el camino, mirándome—. Me voy a Nottingham, a ver que puedo robar allí. Esto no ayuda en nada. Asintió. —Está bien. Nos reunimos de nuevo esta noche en Tuck, ¿de acuerdo? —Por supuesto. Me deslicé hacia abajo por la rama de un árbol, dirigiéndome hacia el Castillo de Nottingham y lejos de John y Rob. Por supuesto, dirigirme hacia Nottingham no me alejaría de Rob, la verdad. Había sido su hogar una vez, y caminar por allí sería como tenerle caminando conmigo. Le eché el guante a algo de plata y comida del torreón, y justo al atardecer, cuando me estaba marchando, escuché a alguien lloriqueando. Caminé por uno de los callejones, entre las chozas que formaban el pueblo de Nottingham, y efectivamente, justo al lado de la pared del castillo, encontré una chica en un lindo vestido rojo llorando desconsoladamente. Caminé hacia ella y miré el camino hacia abajo, cerciorándome de que no hubiese nadie molestándola. —Vamos —le dije suavemente—. Te llevaré a casa.
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    PÁGINA81 Alzó la miradapara verme, y mi corazón casi se me atoró en la garganta. No era Joanna bajo ningún concepto, pero tenía el cabello rubio y los ojos azules, y por un segundo me pareció que era ella. Mi mano ya estaba extendida, y ella la tomó. —Gracias, señor. La ayudé a levantarse, y se apoyó contra mí. —¿Cómo te llamas? —Alice. —¿Dónde queda tu hogar? Sacudió la cabeza. —Vivo dentro del castillo. Soy una de las doncellas. —¿Y por qué lloras entonces? De nuevo comenzó a llorar, y no supe qué hacer. —S-s-sh —fue todo lo que logró decir. —Está bien —le dije. Saqué uno de los panecillos de mi bolsa—. Ten, come algo. Tomó el pan y consiguió darle algunos bocados. —El trabajo es terrible —dijo—. Las chicas y yo lo sabemos. Es mucho mejor si le caes bien al alguacil, ¿sabes? Entonces es más amable. Te da dinero y permite que te saltes algunas tareas, y también te alimenta más. No es tan malo. Y era tan amable conmigo, pensé que me amaba de verdad. Pero le d-dije que era su bebé —dijo, presionando su mano contra su vientre. Todo el aire se escapó de mi interior—. ¡Y me golpeó! —lloriqueó, llenándose de lágrimas nuevamente. —Escucha —dije, pensando rápido—. Conozco un lugar al que puedes ir. No les importará que lleves un bebé en camino, y el trabajo no es tan malo. Estarás tan bien como la lluvia. —¿Estás loco? —lloró, alejándose de mí—. ¿Crees que puedo dejar este lugar? No puedo, nunca. Enviaría a Gisbourne a matarme, él me lo dijo. —Gisbourne es un ladrón, no un mercenario. El alguacil no puede darle órdenes así como así. Sacudió la cabeza, girándose hacia el castillo. —Eres un chico estúpido. No sabes nada de cómo funciona el mundo.
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    PÁGINA82 También sacudí lacabeza, viendo cómo entraba de nuevo al castillo. Esperé todo lo que pude para reunirme con los chicos, yendo hacia el Lago Thoresby y esperando hasta que las estrellas salieran sobre mi cabeza. Demasiados pensamientos se arremolinaban en mi mente, pensamientos sobre Joanna y Londres, y sobre esos últimos días de los que nunca me gustaba pensar. Cuando pensaba en Joanna, había días que quería recordar. Cuando huimos a Londres por primera vez, todavía teníamos dinero en nuestras bolsas, y era como si el mundo estuviera completamente abierto a nosotras, como si no tuviéramos que escuchar a nadie nunca más y todo sería perfecto. Como si hubiéramos engañado al destino. Por supuesto, el destino se encontraba justo al otro lado de la esquina, esperando. El destino nunca dejó de seguirme. No ahora, justo cuando pensaba que era libre Gisbourne regresó flameante a mi vida como una bestia del infierno, y tampoco en ese momento, en esos terribles días en Londres, cuando el dinero se acabó y Joanna y yo dirigimos nuestra propia especie de fatalidades. Esa era la razón por la cual no tenía ningún sentido pensar en Joanna. Todo volvía a Londres, a esos últimos días. Estaba muy cansada, eso era todo. La pobre Alice del alguacil no era Joanna y no podía ayudar a ninguna de las dos y, de todas maneras, no era de mi incumbencia pensar en nada de esas cosas. La gente que quería mi ayuda la necesitaba esta noche. Guardé un panecillo para mí, masticándolo lentamente. Quizá si pudiera comer no pensaría tanto en el pasado. La silenciosa noche estaba cayendo, así que me dirigí a Tuck, pero fue una caminata algo lenta. Caminé de lleno a una tormenta. Los chicos me esperaban a las afueras de Tuck, y Rob me hizo señas con su cabeza para que lo siguiera, dirigiéndose en medio de la noche hacia la cueva. —El alguacil atrapó a Godfrey y a Ravenna —me dijo Rob. —¿Los atrapó? —pregunté.
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    PÁGINA83 —Lady Thoresby nosdijo que están acusados de atrapar a un conejo. —¡Eso no es caza furtiva! —protesté. —Creo que el alguacil está castigando a Godfrey por no habernos atrapado. El alguacil cree que le está mintiendo. —Pero él no nos prometió el conejo —protesté. —¡Al alguacil eso no le importa una mierda! —Me gritó Rob—. Y los ahorcarán con todos los ladrones que Gisbourne pueda reunir. Sentí como mis mejillas se calentaban. Odiaba cuando me gritaba. —Aún tendremos algunos días si lo que quiere es una gran ejecución —dijo John. —Posiblemente una semana o por ahí. —Much estuvo de acuerdo. —Estoy seguro que podremos armar algo para mantenerlo ocupado durante unas dos semanas, ¿no crees, Scar? —preguntó John con una sonrisa. Miré hacia otro lado, y pude sentir los ojos de Rob perforándome. —Simplemente saquémosles de la cárcel esta noche y no armemos mucho alboroto. —Los sacaremos. Quiero que se haga. —dijo Rob. Frotó su cabeza—. Pero todos debemos dormir antes de hacer cualquier cosa. Incluyéndote a ti, Scar. Me encogí de hombros. De todos modos estaba muy cansada. Estuvimos callados hasta llegar a la cueva, y una vez allí, Much nos tendió a todos algo de pan. Tomé el mío y fui a sentarme sobre la estribación superior de la cueva. —Scar —llamó John. Subió y tomó asiento a mi lado. —No habrás venido para verme comer, ¿verdad? —No —dijo, mordiendo su pan. Yo mordí el mío—. Por cierto, ¿cómo te sientes? Levanté un hombro, sin molestarme en hablar. Horrible. Me sentía horrible. —¿Cuál es tu plan para la prisión? —No lo sé. Necesito pensar en ello. Lo que sea que hagamos, no podremos volver a usarlo de nuevo, ya que Gisbourne logrará descubrirnos y lo arreglará. Creo que quizá debamos reservar el túnel para después. —¿Cómo piensas que entraremos, entonces?
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    PÁGINA84 Sonreí. —Tengo mis maneras,John Little. Sus ojos me miraron de arriba a abajo de manera extraña. —No tienes que decírmelo, Scar. Mis mejillas se sonrojaron sin saber muy bien la razón, y fue lo bastante fuerte como para que él lo notara, lo que hizo todo el asunto aún peor. —No eres tan mala cuando te sonrojas, Scar. —¿Qué pasó con eso de que era una cobarde? Se encogió de hombros. —Creo que estoy empezando a entenderte. Robas toda esta comida y no comes nada; tenías una amiga a la que amabas. En serio, estoy empezando a pensar que eres bastante dura, pero con un toque suave. —¿Qué amiga? —pregunté. Nunca amé ninguna de mis amigas. Nunca tuve una amiga. —Esa chica de Leaford. Cuando hablaste de ella, era obvio que te importaba bastante. Sentí el sonrojo deslizarse completamente fuera de mi cara. —No te gusta mucho hablar, Scar, y no te preocupes, no estoy preguntando. No tienes que hablar de tu amiga si no quieres. Pero sí, creo que estoy comenzando a entenderte. Lentamente, por supuesto. Sonreí un poco, pero no fue una sonrisa firme y verdadera, y seguí mirando hacia la noche. Esperé hasta que todos se fueron a dormir, y cuando entré en la cueva, monté mi cama lo más lejos posible de John. ¿Esa era su manera de impresionarme? ¿Después de todas las disputas? Dormí, pero en realidad no fue un sueño reparador. A la tarde siguiente, fui a la cárcel para echar un vistazo, y Rob dijo que iría conmigo. Asentí, esperando que corriera hasta alcanzarme. Tenía puesta su capucha oscura, al igual que yo tenía mi sombrero un poco hacia abajo, tapando mi rostro.
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    PÁGINA85 rato. —¿Estás molesto conmigopor algo? —le pregunté después de un —¿Qué te hace pensar eso? —Normalmente siempre hablas. Y anoche me gritaste. Se giró para mirarme, pero no le devolví la mirada. —Odio todo lo que está ocurriendo. No puedo creer que hayan arrestado a los gemelos; Godfrey solamente intentaba mantener a su hermana a salvo, y los lanzaron a él y a su hermana a la prisión, y ella no tuvo nada que ver con el asunto. —Los sacaré —le dije. —Pasarán años antes de que Richard regrese. Le costó todo el tiempo que estuve allí conquistar la ciudad de Acre, que se encuentra unos kilómetros más allá de Tierra Santa, y no regresará a casa hasta que haya tomado Jerusalén. ¿Cómo podremos luchar contra estos diluvios durante años? ¿Cómo puede continuar esta situación? Crujió una rama bajo mis pies, lanzándole una mirada furtiva. Sabía que en mi corazón nunca estaba demasiado segura sobre algunas cosas, pero si alguna vez pudiera, me gustaría estar segura de Rob. De esa manera, cuando su corazón titubeara, yo podría estar segura por los dos. —Es como tú has dicho, Rob. Hacemos lo que hacemos porque hay algo que podemos hacer al respecto. Las cosas como «¿cuánto tiempo?» y «¿qué pasará?» no forman parte de eso. Se trata de la esperanza, no del horror. —Imágenes de Londres se arremolinaron en mi cerebro, pero continué—. Y en todo caso, tú sabes todo lo de los horrores, como yo lo sé, y como lo saben John y Much. Y hemos cargado con eso para que estas personas no tengan también que conocerlo. Y sé esto porque es lo que tú has dicho. Y cuando lo dices, creo en ti. Y cuando creo en ti, te sigo a todas partes. Sus ojos se cerraron, y asintió. —Tienes más fe en mí de la que yo tengo en mí mismo muchas veces, Scar. —Bueno, eso es tan claro como que está lloviendo —le dije—. No tienes que estar seguro de ti mismo todo el tiempo. De hecho, se te soporta mejor cuando no lo estás. Sonrió un poco, mirándome. —¿Crees que soy insoportable? Me encogí de hombros.
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    PÁGINA86 —Claro. No tepareces a nadie más. A veces, no sé en absoluto qué pensar de ti. —Y esto viene de la chica ladrona, la que lanza cuchillos a todas partes. Como si hubiese otra como tú en el mundo entero. —Sí, pero tú ves más allá de mí. —No es que vea más allá de ti —dijo—. Es que te veo. No quieres que nadie te vea, pero yo lo hago. Asentí y mi viejo moretón comenzó a latir debajo del sombrero. —A veces desearía que no lo hicieras. Suspiró. —A veces también desearía no hacerlo. Definitivamente, sería mucho más sencillo —dijo con suavidad. Lo que dijo se enterró en mi estómago como un cuchillo hirviendo. Sabía que en cuanto a las almas, la mía era tan oscura como el alquitrán y como mi rostro, era extraña y llena de cicatrices. De algún modo, una parte de mí siempre pensó que Rob me veía diferente, que veía mis partes buenas, en vez de las malas. Claramente, no era así para nada. Rob veía el alquitrán y las cicatrices y deseaba no haberlo hecho nunca. No alcé la mirada ni hablé durante el resto del camino. Estuvimos en Nottingham durante varias horas, las cuales fueron bastante duras para Rob. Allí la gente podía reconocerlo, así que tuvo que quedarse fuera del castillo mientras yo lograba encontrar la forma de entrar. Cuando me reuní de nuevo con Rob, no era con buenas noticias. —Gisbourne se está encargando de todo. Está cambiando los turnos de los guardias, los está doblando en la prisión y en la entrada, y ordenándoles que hagan rondas durante la noche. Sabe que puedo entrar, pero no sabe cómo. —¿Cuántas maneras conoces? —El túnel es la mejor manera que tengo. Puedo pasar por la pared en un santiamén sin que me vean, pero la parte difícil es lograr que otros
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    PÁGINA87 pasen. —Me detuve,y mis ojos se agrandaron—. Sé lo que podemos hacer. —Cuéntame. —Bueno, ellos esperan que saquemos a Godfrey y a Ravenna, ¿cierto? Estarán vigilando la prisión más concienzudamente que nunca sólo por eso. —¿Entonces? —Entonces démosles lo que esperan. Sus cejas se unieron. —¿Quieres que caminemos directamente hacia la trampa? O, mejor aún, ¿hacia una prisión sumamente protegida, que muy bien puede ser una trampa? Sonreí, contenta. —¡Has dado en el clavo, Rob! —Espera, Scar, eso no tiene sentido. Continué caminando. —¡Scar! —Te has vuelto completamente loca —dijo John, otra vez. Y otra vez y otra vez. Rob y Much no dijeron nada, pero también estaban conmigo. —Deja de decir eso. Da mala suerte. —Tú no necesitas suerte. Lo que necesitas es no entrar ahí. —¿Desde cuándo te preocupa tanto espantar los problemas, John? —preguntó Much. Le miró fijamente. —Desde que está poniendo tantas riesgos sobre sus hombros. Son hombros pequeños, por si no lo has notado. —Estará bien, John. Es una buena idea —dijo Rob, con más carácter de lo que hubiese pensado. Honestamente, se preocupaba más de lo necesario. —Me hago responsable, Huntingdon —soltó John—. Recuerda que fuiste tú el que estuvo de acuerdo con todo esto.
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    PÁGINA88 Le di aJohn un manotazo en el estómago. Nunca nos dirigíamos a Rob por su título. —En caso de que lo hayas olvidado, John Little, nunca nos retractamos de un plan una vez que todos estamos de acuerdo con él. Deja de atraer a la mala suerte. Di un pisotón en el suelo, como si con eso intentara alejar a los malos espíritus. Miré hacia el cielo. Estaba oscuro y lleno de nubes, sin luna, como si un ladrón mejor que yo hubiese robado la luz para ayudarnos a escondernos. Escalamos la pared, subiendo por la tosca piedra con movimientos rápidos, nunca buscando durante mucho rato algún tipo de apoyo. Sólo Much no pudo lograrlo completamente, así que John volvió a bajar y subió de nuevo con él sobre su espalda, como lo había hecho la otra vez con Freddy. Rob y yo fuimos por encima del muro hacia el parapeto, buscando guardias errantes. Uno apareció a través y nos separamos, cada uno saltando sobre la pared para escondernos a cada lado del guardia. El lado por el que subí, por supuesto, me dejó colgando sobre las estancias del castillo. Bajé lenta y cuidadosamente hacia una, escondiéndome en el fondo del techo. Rob descendió, y unos minutos después, lo siguieron John y Much. Una vez que estuvimos todos allí, bajé hasta el patio central, mirando directamente hacia los aposentos de Gisbourne. La habitación se encontraba iluminada, pero no estaba allí, y eso me provocó un ligero escalofrío. Uno por uno fuimos cayendo, entonces corrimos al otro lado de la muralla superior y bajamos a través del guantelete. Todavía había más guardias allí, y se movían cada determinado tiempo, pero aun así tendían a agruparse y dejar desprotegidas algunas áreas. Sabíamos cómo movernos sin ser detectados en medio de la oscuridad, pero sabía que los gemelos Mason no serían tan buenos en esa tarea. Cuando llegamos a la prisión, corrí hacia el lado de los hombres mientras John entraba por el frente, tambaleándose como un borracho. Los dos guardias de delante le echaron un vistazo, y yo me deslicé detrás de ellos. Escuché como John les gritaba mientras yo entraba a la prisión. Las rústicas paredes de piedra llevaban hacia las celdas, una sola vela encendida en la entrada iluminaba toda la estancia. Pude ver las celdas y a las personas de su interior, y me detuve en seco. Algo andaba mal. Cada vez que ponía un pie en la prisión, todos ellos me susurraban y me llamaban, rogándome por ayuda o
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    PÁGINA89 ayudándome a encontrara quien necesitaba. Esta vez, todos se quedaron completamente callados, y no me favorecía que no pudieran verme. Me detuve en la celda de Jack Tailor. Una vez intentamos ayudarlo a salir de allí, pero él no quería irse; no quería ningún tipo de amenaza contra su familia. Decía que no valía la pena por el precio de ser libre. Eso fue hace algunos meses; me preguntaba si cambiaría de opinión cuando se enterara de que pronto habría algunas ejecuciones. Se acercó a la parte delantera de su celda, cruzándome la mirada y entonces mirando hacia el fondo de la prisión. Moví mi dedo entre mis ojos, intentando simular la pieza de la nariz que llevan los yelmos de los guardias. Negó con la cabeza. Asentí. No era un guardia, entonces. Eso significaba que podría ser alguien de quien tendría de que preocuparme. O Nottingham, o Gisbourne. Dicho de otro modo, tenía que avanzar con rapidez. —¿Mason? —dije el nombre con mis labios, sin dejar salir ningún sonido. Tailor apuntó hacia una celda más lejana. Tendría que moverme con vivacidad. Asentí dándole las gracias y fui hacia la parte más oscura de la prisión. Podía sentir a alguien. Podía escuchar una ligera respiración, moderada y uniforme, y lo peor de todo era que podía sentir su mirada sobre mí. Examinándome. Recorriéndome. En algún lugar de mi interior, estaba segura de que era Gisbourne, de pie, en las sombras, más allá de mí, como siempre lo había hecho. Ya no importaba. Ahora no podía dar vuelta atrás. Me deslicé el paquete de la espalda. Podía caber por entre las barras. Me moví en silencio por las celdas, buscando a los gemelos. Mi corazón latía como loco. Y continué recordándome que solamente debía mantenerme firme. Después de diecinueve pasos y seis celdas los encontré. De inmediato corrieron hacia adelante y presioné el paquete por entre las barras. —Tened fe —susurré, apretando las manos de Ravenna entre las barras y sosteniéndole la mirada, intentando mostrarle de algún modo todo lo que no podía decirles ni a ella ni a su hermano. Una enorme mano salió y atrapó mi cuello, arrancándome de las barras. Me caí de espaldas en la celda del otro lado, e incluso en la oscuridad, reconocí al Diablo antes de verlo.
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    PÁGINA90 —Gisbourne. Dio un pasoatrás, sorprendido de que supiera su nombre, y de que no me sentara a mirarlo asustada. Eché a correr. —¡John! —grité mientras me iba acercando a las puertas de la prisión. Logró tumbar a los guardias y lanzó unos cuantos golpes rápidos, y salimos escopetados. Rob iba corriendo por delante de nosotros y Much estaba en el techo, esperando para tomarlo con su brazo bueno y subirlo. Luego Rob subió a John mientras yo escalaba por la pared. Llegamos a la pared justo cuando los arqueros comenzaban a ponerse en posición. Los arqueros dispararon, pero había unos grandes cuencos de latón llenos de fuego justo en el parapeto, lo cual provocaba que no pudieran ver más allá de eso en medio de la oscuridad. Nos deslizamos por la pared y huimos rápidamente por el bosque. Seguimos corriendo durante un rato y Rob indicó que paráramos cerca de un arroyo. Bebimos agua, y subí a la rama de un árbol. —¿Y bien? —preguntó Rob. —Salió perfecto —dije—. Ahora que creen que lo intentamos pero fallamos, estaremos listos para sacarlos mañana. Les entregué el paquete, así que pensarán que hemos estado sacando personas vestidas de guardias. Y sí que dejaron a un hombre dentro, como pensé que harían. John suspiró. —Cristo, me dejaste loco, Scar. Cuando saliste corriendo como alma que lleva el diablo, pensé que todo había terminado. Me encogí de hombros. —Era Gisbourne. Pero los gemelos parecían sanos y salvos y los sacaremos mañana. Rob asintió. —Hasta ahora tu plan va sobre ruedas, Scar. Comencé a sonreír, pero a mi mente vino el recuerdo de él diciéndome que desearía no poder verme. Miré hacia abajo. —Ya lo sabremos mañana. Asintió de nuevo. —Todos deberíamos dormir algo. Mañana será un día difícil.
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    PÁGINA91 Cuando nos levantamos,mi corazón estaba inestable. Ver el rostro de Gisbourne tan de cerca me había desequilibrado un poco, y aunque había sido en plena oscuridad, dentro de mí sentía el pequeño temor de que me hubiese reconocido. No pudo haberme reconocido. Estaba demasiado oscuro, y por otro lado, he cambiado. Por supuesto, estaban los ojos. Él reconocería los ojos. Y la cicatriz. Pero la luz era demasiado baja para que hubiese logrado echar un buen vistazo. No pudo haberme reconocido. Cada parte de mí gritaba que escapara hacia cualquier lugar lejos del castillo, pero no hice nada por el estilo. Era increíblemente estúpido no creer en las partes de uno mismo; esta era la clase de porquería a la que te enfrentabas cuando te preocupabas por los demás. Toda la noche me persiguió la sensación de la mano de Ravenna. Esperé al lado del camino hasta que divisé el carro de Tuck girando en la esquina, justo como planeamos. Me subí a su lado cuando se detuvo. —Robin te da las gracias por esto, Tuck —le dije. Asintió. —Es verdad que aprecio a Robin, pero esto lo hago por esos gemelos. Tú solo cerciórate de que salga como debe salir, Scarlet. Mi estómago saltó hasta mi garganta. —Sí. —Y desde ya lamento tener que golpearte dentro de un rato. Asentí, subí mi capucha y nos dirigimos al castillo en silencio. Fue muy extraño; el movimiento del carro era suave y uniforme y durante un segundo sentí que así hubiese sido mi vida, si hubiera nacido chico, y no hubiese tenido la maldición de nacer como niña. Los guardias nos detuvieron en la entrada, e inspeccionaron los barriles de Tuck. Esta no era la parte difícil, por supuesto. Esta era la parte «no hablar, no hablar» y todo lo que tenía que hacer era mantener la boca cerrada. Nos dejaron entrar, y el lento y normal movimiento del carro regresó. Cuando me deslicé fuera, rápidamente fui hacia la ventilación de aire, confiando en que Rob, Much, y John cumplieran con sus cometidos.
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    PÁGINA92 Con un saltoy un retorcijón me deslicé dentro de la abertura, dejando entrar tierra seca conmigo. Caí sobre mis pies; mi rodilla se golpeó fuertemente y sonó, pero no estaba rota. Me levanté, y salí corriendo hacia la celda de los gemelos. —Llegas tarde —dijo Godfrey, en su voz había un tono de pesar. Ravenna no estaba.
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    G PÁGINA93 8 odfrey, ¿qué hanhecho con ella? Él golpeó los barrotes. —Nottingham vino aquí después de que saliste y la vio. Dijo que era bonita y entonces ella sólo se fue. ¡Maldito seas, cobarde! podrías haber peleado anoche; podrías habernos llevado entonces. ¡Esto es por tu culpa! Me temblaban las manos mientras recogía la cerradura. Las lágrimas estaban presionándome los ojos y sentí náuseas. —Conseguiré que la liberen —prometí. Mi voz era un chillido. Jesucristo, y el sheriff acababa de perder a su amante en la sala de parto, si esa Alice era la muchacha del día anterior. La puerta se abrió y él se abalanzó contra mí, lanzándome un puñetazo en la cara. Ni siquiera me molesté en pelear. Golpeé las barras y él me golpeó otra vez. Caí y me dio una patada. —¡Maldito seas, Will Scarlet! —Escupió. Dio un paso atrás, y supuse que ya había terminado. Me puse en pie. Apenas podía ver; mis ojos parecían como si estuvieran rodando, y cada vez que rodaban, la pólvora se encendía en mi cabeza. Fui a la celda de al lado, y me tomó unos minutos demasiado largos abrir la cerradura. —¿Qué estás haciendo? —Preguntó el prisionero—. ¡Agarren al joven de aquí! —Podemos llevarnos a seis —le dije—. Así que nos estamos llevando a seis. Abrí cuatro celdas más, y para entonces el dolor no era tan espantoso. Al menos en mi cara. Había una enfermedad que sentí que las arcadas no curarían. Godfrey tenía razón. Mi plan era estúpido y les fallé a ambos. Rob y John entraron en la cárcel a mi encuentro. —¿Por qué tardas tanto? —Preguntó Rob—. ¿Dónde está Ravenna? Godfrey me empujó por detrás, y caí de rodillas.
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    PÁGINA94 —¡Pregúntale a estebicho miserable! —Rugió. Rob me recogió. No por el brazo, como haría con un muchacho, tomó una de mis manos entre las suyas y con su otro brazo me tomó por la cintura, tirando de mí a su lado y un poco detrás de él. Su voz era de acero y sus brazos se sentían seguros. —Haz eso otra vez, Godfrey, y te bloquearé yo mismo. —Nottingham la tiene —le dije. Mi voz se oía como si estuviera tragando rocas—. Nottingham la quiere. —¿Quién es en realidad el Hood? —preguntó uno de los presos, confundido. —Yo —dijo Rob, y se bajó la capucha. —¡Su Excelencia! —Varios lloraron. John empezó a sacudir la ropa que él y Rob llevaban puestas. —Vamos. —Ni por asomo —gruñó Godfrey—. No me iré sin Ravenna. —La sacaremos —le dijo Rob—. Pero primero necesitamos un plan. Sacudí la cabeza. —Yo me quedaré. No puedo dejarla aquí. Es demasiado sacarlos y regresar para ayudar, sin embargo tú puedes. —De ninguna manera —dijo Rob, apretando su agarre sobre mí, bloqueándome con sus ojos azul océano y dejando afuera el resto. —¡No seas tonto, muchacho! —Dijo uno de los presos—. Ya te han dado bastantes golpes en la cabeza. Lo fulminé con la mirada por debajo de la capucha, pero Rob me sostuvo y la empujó hacia atrás, mirando todo lo que Godfrey me había hecho. El apretón de Rob se sintió en los moretones y durante un momento no lo detuve. Cualquier dolor en ese momento hacía a la enfermedad sentirse un poco menos enferma. —Necesitas salir de aquí, Rob —le recordé, tratando de sacudirme de él. —No antes de que lo mate —gruñó Robin. Vi a Godfrey parado detrás. —¿Tú le has hecho esto a ella? —Rugió John, empujando a Godfrey detrás de mí. —¿Ella? —Exclamó Godfrey—. ¿La que está sangrando es una chica?
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    PÁGINA95 —¡Tenemos que irnos!—Grité, empujando en el pecho de Rob. Rob no se movió, sus dedos eran bandas de hierro alrededor mío. —Sólo si tú vienes también. —¡Bien! —Repliqué. Me volví hacia Godfrey, provocando que Rob se estremeciera—. La encontraré aunque muera en el intento, Godfrey. La cara de Godfrey se torció, pero asintió con la cabeza, y terminó de ponerse el traje. Me alejé de ellos como se suponía. La única razón por la que no corrí como si me llevara el diablo fue porque Rob se quedaría atrapado detrás de mí, y ni siquiera le importaría. Mi cara parecía mojada al aire libre, y no estaba segura si era por la sangre o las lágrimas. Mantuve un ojo sobre ellos, moviéndome a un paso igual, pero permaneciendo por delante. Cuando vi a Tuck llevando cajas hacia la parte exterior, empezó a gritarme que saliera corriendo. Me abofeteó, haciendo un juego de ello cuando traté de defenderme, y todos estaban observando, sin notar a mis muchachos escalando por las cajas vacías. Cuando me empujó hacia atrás a la camioneta, me senté allí, dejando al dolor arrastrarse sobre mí una y otra vez. Llegamos a los guardias y sólo fui un poco consciente de Tuck pasándoles un pequeño barril de vino para su disfrute, por lo cual nos hicieron señas a través de «lugar de comprobación de barriles». Una vez que llegamos a los bosques, salté del camión y eché el cerrojo. Fui al único lugar al que sabía a ciencia cierta que nadie me seguiría, el único lugar al que podría escalar. Regresé al Gran Roble. Estaba cubierto de ceniza y ennegrecido, y entonces de nuevo, también lo estuve yo. Subí con cuidado, quedándome en las gruesas raíces de las ramas, como si el árbol fuera de cristal y al romperse una rama, tiraría todo abajo. Me escondí arriba, en el grupo de ramas en las que solía estar mi hamaca, alta y sola en el cielo, y enroscada sobre mis rodillas y dejando que ríos salgan de mis ojos. Le fallé a Ravenna justo como fallé a esa chica que estaba llorando en el castillo, al igual que le fallé a Joanna. Yo quería ayudar, y todo lo que hice fue empujarlas a problemas más terribles. Me quedé en la cima del árbol durante horas. Cuando me animé a bajar, encontré a Rob y a John, ambos durmiendo tan alto como
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    PÁGINA96 pudieron. No estabasegura si estaban ahí para protegerme o para enjaularme. Traté de moverme más allá de ellos, pero Rob se despertó. —Scar, no puedes ir sola. —Sí puedo. —Déjame mirarte a la cara, Scarlet. Me volví hacia él. —Aquí. Mira. Sabía que estaba mal, pero no de todos modos como él se imaginaba mi cara; puede ser que Godfrey también me hubiera dejado lodo. —Cristo, Scar. ¿Por qué no luchaste contra él? Dijo que ni siquiera peleaste. Me encogí de hombros. —Es mi culpa que su hermana esté sufriendo un destino peor que la muerte. Si darme un puñetazo le hace sentir mejor, que así sea. —No te lo merecías, Scar. —Sí. —¿Por qué? ¿Porque el plan se quedó atascado? Puedes hacer muchas cosas, pero ver el futuro no es una de ellas. —Debería haberlo sabido mejor. No debería haberlos dejado allí toda la noche. A partir de ahora te estás viniendo para arriba con los planes, ya sabes. —Salvaste a Godfrey, Scar. —Y también podría haber matado a Ravenna. —¿Crees que no he cometido errores? —No como este. Rob se movió más cerca de mí. —¿Qué tengo que hacer para convencerte de que no eres una rata de alcantarilla, Scar? Te mereces algo mejor que todo esto. Negué con la cabeza, deslizándome a través de las ramas. No debía decirme eso. Yo era una rata. Era una ladrona, una mentirosa, sin buena suerte. Incluso Rob, sin duda un héroe, me miró y no vio nada más que alquitrán y cicatrices. Él no debería hacerme creer que pensaba diferente cuando ya dijo lo suyo. —Yo voy contigo.
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    PÁGINA97 —Nadie va avenir conmigo, Rob. —Bajé hacia el suelo, y él bajó justo detrás de mí—. Te golpearé si tengo que hacerlo. Me siguió, y oscilé alrededor para ponerme al revés, pero tomó mi brazo, agarrando el otro brazo y arrastrándome contra él, con mi espalda hacia su frente. —Y yo te ataré si tengo que hacerlo. Azoté mi cabeza hacia atrás pero la esquivó, traté de darle patadas pero se movía. —Cristo, Scar, ¡deja de luchar conmigo! Me detuve, pero la sangre furiosa rugía a través de mí. —Caramba, puede que haya sido una de las peores noches que has tenido, Scar, pero no podemos ganar todo el tiempo. Si pudiéramos, seríamos nosotros quienes estaríamos en el castillo. —¡Haré lo correcto! —Scar, no puedes... —¿Sabes lo que está haciendo con ella? —repliqué, oponiéndome a su control otra vez. —¿Y tú? —preguntó—. ¿Y tú? ¿De eso se trata todo esto? ¿Algún señor de Londres te lastimó como la está lastimando? La voz de Joanna diciendo adiós y cerrando la puerta vibró a través de mi cabeza. Nunca me había sentido tan horrible y desvalida como cuando ella se marchó sobre sus propios pies, noche tras noche, para hacer las cosas de las que yo nunca hablaría. A nadie. Ni siquiera a Rob. Sacudí mi cabeza, más para sacarlo de mi mente que para responderle. Mis ojos se apretaron fuertemente, y el agua se escurrió. Le golpeé en el estómago. —¡Deja de suponer cosas! ¡No sabes nada acerca de mi vida, Robin Hood, y no sabes nada sobre mí! —Scar —murmuró, suave en mi oído. Me derribó al suelo, todavía sosteniéndome apretada—. Scarlet, ¿qué te ha pasado? —Nada —confesé—. No me ha pasado nada. Todo le sucedió a ella. Ella lo tomó todo y no le ayudé en nada. —¿Quién, Scar? Sacudí mi cabeza otra vez. Su último adiós fue lo peor de todo, cuando no quiso ir dispuesta, cuando fue arrebatada de mí, sufriendo y con dolor. Podía ver a Joanna, su pelo muy rubio y ojos azules felices, y era como si la visión se redujese a cenizas en mi cabeza. Su piel se tornaba gris
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    PÁGINA98 y pálida, supelo perdía su luz, y sus ojos se oscurecían, sangre sobre sus sábanas y su boca y sus manos por toda su tos. —Me fui justo después de que Richard conquistara Acre —susurró Rob contra mi cabeza. Dejé de moverme, confundida. —¿Qué? —Cuando me dieron la noticia de mi padre. Fue justo después de Acre, y buscaba cualquier excusa para irme. —Él sacudió su cabeza contra la mía, y yo me quedé en silencio, esperando para escuchar—. Teníamos miles de prisioneros. Las negociaciones habían durado demasiado tiempo, así que ya no eran más nuestros enemigos. Eran nuestros prisioneros, pero eran hombres, mujeres y niños con los cuales hablábamos. Con los que comíamos. Y entonces, Richard nos ordenó matar hasta el último de ellos, y lo hicimos. Un día estaba jugando a los dados con un chico no mucho más joven que yo, y al día siguiente estaba cortando su cabeza con un golpe de mi espada. Hizo una pausa, y nuestro aliento resopló con fuerza por el forcejeo. —Cuando me fui a la Cruzada tenía quince años. Era un niño, respondiendo a los llamados de Richard para los soldados santos. Fui con él, haciendo una campaña a favor de fondos por Europa en el camino a la Tierra Santa. Fui un niño hasta el momento en que saqué mi espada. Y entonces yo era un hombre, y ya había hecho cosas imperdonables. —La cabeza de Rob se presionó con más fuerza contra la mía—. Sé lo que es mirar en tu pasado y no ver nada más que tus errores —dijo. Mis dedos se aplastaron firmemente en su piel, arañándolo como si pudiera romper la piel para que pudieran estar conectados por la sangre, y así poder consolarlo y que él pudiera mirar en mi interior, sin tener que hablarle en voz alta. —Esas eran tus órdenes, Rob. Eras un soldado de la Cruzada del Rey. No puede ser un error si no tenías opción. —Sí puede. Porque siempre tenemos una opción, incluso cuando parece que no la tenemos. ¿No es por eso por lo que te estás torturando a ti misma? Los recuerdos de Joanna brotaban con tanta fuerza en mi garganta que no estaba segura de si podía respirar, y me atraganté cuando las lágrimas ocuparon su lugar. —Ella me estaba protegiendo, Rob. Hizo cosas horribles, cosas que yo debería haber detenido, por protegerme. No la protegí, y ella me necesitaba.
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    PÁGINA99 —Como yo conRichard. Si yo hubiera dicho que no, si me hubiera negado, él podría haber escuchado. Y podría haber salvado a esas personas. Un hipo saltó de mi garganta, y Rob se retorció de alguna manera, para que estuviera metida contra su gran pecho, contenida como un perro. Se agarró fuerte, dolorosamente fuerte, mi aliento salía precipitadamente entre mis dientes, y me pregunté si yo estaba sosteniéndolo a él, o él a mí. Quería decirle que era un tonto y que Richard nunca lo hubiera escuchado, nunca hubiera retirado sus palabras ni sus órdenes. Pero él lo sabía. Lo sabía, y no sirvió de nada. Yo sabía que no era mi culpa que Joanna estuviera muerta, pero eso no ayudaba en nada en absoluto. La respiración de Rob estaba presionando sobre mi oreja, su pecho inflándose debajo de mí. Su corazón latía tan cerca del mío, que éso me tranquilizó por la distracción pura. —Tengo que ayudarla —le dije. —Lo sé. Déjame que te ayude. —No puedo. El plan que tengo es para uno. —¿Cómo entrarás? —Por el muro. —¿Y cómo saldrás? —Por el muro. —Ella no tendrá fuerzas para subir. —Lo conseguirá. La llevaré a cuestas si tengo que hacerlo. —La llevaré. Iré al muro contigo y esperaré allí. Envíame una señal si me necesitas, y vendré. Tragué saliva. —Nos cubriremos las espaldas. Él asintió con la cabeza. —Exactamente. Estar de pie era extraño. Me levanté primero y miré hacia abajo. Había estado toda enredada con él. Él había estado sosteniéndome. Parecía como si algo hubiese cambiado antes de que me levantara, pero sobre mis propios pies no quise que nada hubiera cambiado. Parecía como si algo suelto hubiera temblado dentro de mí, y todo lo que quise hacer era guardarlo, mantenerlo oculto y profundo.
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    PÁGINA100 Me aparté deél. Pude ver a John todavía profundamente dormido en el árbol y eso lo hizo todo más extraño. Rob y yo tomamos algunas armas de la cueva y salimos a pie. Hay muchas cosas de las que nunca me preocupé en suponer. Cosas como el clima, o la agricultura, o los sentimientos, soy inútil para ese tipo de cosas. La única cosa que sé es esconderme, y usar cuchillos, creo, y esa noche me concentré en todo en lo que soy buena. Nos movimos el doble de rápido hacia el castillo, y una vez allí le dije a Rob que esperara. Por mi cuenta, todo se vuelve claro. No me preocupo, no pienso, sólo puedo esconderme. Me desvanezco exactamente como antes en la negra oscuridad y nadie me ve. Un guardia puede caminar a un pie de mi cara y nunca sabrá que estoy allí. Lo más difícil era encontrar su habitación. Había tanta gente en la residencia que sabía que me llevaría la mayor parte de las horas de oscuridad buscarla. Pasé con mucho cuidado, y calculo que debió haberme llevado horas, pero no sentía nada. Se sintió puro y simple. Sería la única cosa en la vida que era así. La encontré en el piso superior, durmiendo. Me balanceé en su ventana en silencio, yendo a comprobar la puerta antes de despertarla. Me sacudí una astilla al abrirla y vi un guardia bloqueando la entrada. La ventana sería el escape. Sólo esperaba que ella no fuera demasiado bruta. Me acerqué a ella, cubriéndole la boca y empujándola un poco. Sus ojos se abrieron de golpe y gritó en mi mano. —¡Silencio! —susurré, apretando su boca. Tenía que asegurarme de que me haría caso. Dejó de moverse. —¿Me conoces? —Había un poco de luz de la luna entrando, podía clavar la vista en ella, por lo que ella también debía de ser capaz de hacer lo mismo conmigo. Ella asintió con la cabeza. —¿Te quedaras callada? Asintió con la cabeza. La solté y me senté. —¿Estás bien?
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    PÁGINA101 Volvió a asentircon la cabeza. Tragué saliva, y mi mano cayó sobre ella como madera muerta. —Lo siento mucho, Ravenna. Debería habernos sacado a ambas la noche anterior. —Las palabras se enrollaron una a la otra—. Voy a sacarte de aquí ahora mismo. Ella sacudió la cabeza. —Yo me quedo aquí. No, otra vez no. Cristo en la encrucijada, no otra vez. —Ellos no le harán daño a tu familia. Podemos sacarlos a todos de Edwinstowe, Ravenna, te lo prometo. Alejó su mano hacia atrás. —Prometiste sacarnos anoche. Si todo fuera justo y bueno en el mundo, le habría dicho que nunca prometí nada la noche anterior. Le diría «ten fe», y que sólo era porque no podía explicar el plan completo para sacarlos hoy. Por decirlo de alguna manera, sus palabras cortaron como la verdad. —Esto es diferente. Moveremos a toda tu familia si es necesario. Ella sacudió la cabeza. —Tengo otro plan. Le dije al sheriff que si me quería, tenía que casarse conmigo. Y dijo que lo haría. —Se apartó el pelo para mostrarme el collar de oro como si fuera una brillante gargantilla alrededor de su cuello blanco—. Me dio un regalo de esponsales y llamará a mi padre por la mañana. En un mes, voy a ser la Señora de Nottingham, y mi familia no sólo estará a salvo, sino que serán nobles. Me quedé de piedra. —Pero Ravenna, ¿casarte con él? —Tú puedes vivir como una forajida, Scarlet, pero para salvarte a ti misma de la vergüenza haces que todo el mundo piense que eres un chico. Me quedé boquiabierta. —Por supuesto que lo sabía, no soy estúpida. Eres demasiado bonita como medio chico. Pero no soy como tú, y no tengo ese tipo de decisiones. Iba a casarme de todos modos, y mi padre estaba pescando alto, por lo que bien podría ser él. Negué con la cabeza. —Él va a hacerte daño.
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    PÁGINA102 —Todos lo hacen.Al menos él será mi marido. Tomé su mano, fijando mi mente en Robin, John y Much. Incluso Tuck, con su esposa que nunca se fijaba en él y siempre armaba escándalos, parecía pensar que era entrañable. —Todos no. Hay hombres buenos por ahí. —Hay hombres pobres por ahí —me dijo—. Y ricos. Los hombres ricos nunca esperan nada, ¿por qué iban a ser buenos? Los hombres buenos son pobres, porque tienen que contar con las bondad de los demás. Y mi padre dijo tan claro como la mañana que soy para un hombre rico. —Godfrey te matará. Sacudió la cabeza. —Padre quiere que nos proteja a todos. Godfrey se merece descansar un poco de esa tarea, puedo llevar esta carga ahora. Estúpidas, necias e idiotas lágrimas estaban en mis ojos. Ravenna y yo nunca fuimos afines. No debería importarme a quién se ataba. —Puedo salvarte. Déjeme salvarte. —No necesito ser salvada. Es mi elección. Por una vez, algo es mi elección. —No es una elección cuando piensas que estás salvando a tu familia, Ravenna. Ella se alejó de mí. —Vete, o llamaré al guardia. Si ves a Godfrey, dile lo que te he dicho. —Estaré cerca. Si cambias de opinión, si te lastima, estaré. Tragó saliva, pero no me miró. —Vete. Me fui. Pero no lejos. No volví al campamento. Le hice señas a Rob con dos dagas, queriendo decirle que no necesitaba ayuda, y él se fue. Esperé un momento hasta que se hubiera ido y bajé a recoger las dagas y entonces, me dormí en el túnel. Había lágrimas en mi rostro y no las quité. Esto era mi culpa, y estaría allí cuando me necesitara.
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    PÁGINA103 Había un huecooscuro en el techo, entre dos aleros, y cuando cayó la oscuridad de la noche, me quedé sentada allí, escondida, escuchando. Me quedé a cuatrocientos metros, sólo para asegurarme de que estaba a salvo. Se me ocurrió pensar que Rob y los demás estarían preocupados por mí, pero no importaba. Si me iba, él podría hacerle daño y yo no estaría allí para salvarla. Sin embargo, no dejé que fuera una pérdida de tiempo. Comencé una pequeña colección, birlando algo de oro, plata y joyas donde podía. Si no fuera a estar al descubierto en el camino durante quince días hasta el día de los impuestos, tendría que conseguir bastante que vender para compensarlo. No era como si pudiera pasear por la armería, pero a menudo, los guardias dejaban las armas sin echarles un ojo, y birlé un montón de espadas y un nuevo juego de cuchillos. Tenía un arsenal en el túnel. Y observé. Observé la forma en que los guardias se movían alrededor. Vi lo que protegían y lo que no. Era horriblemente extraño; durante la noche, guardias y obreros se centraban alrededor de la muralla superior. Allí arriba, sólo había residencias y algunos talleres, pero los hombres estaban todos agrupados alrededor de la vieja casa de vigilancia. No utilizaban esa casa desde que construyeron una más grande en el centro de la muralla. ¿Qué estarían haciendo? Vi a Gisbourne entrar y salir; me quedé junto a su ventana y escuché. Percibí a Gisbourne de una manera que me hizo querer vomitar mis entrañas. Me asustaba, eso era seguro, pero estando en la oscuridad sentí que podría mirar todo lo que quisiera, y una parte de mí era más ruidosa que un gatito. Este era el hombre que había tirado mi vida a un lado y tenía curiosidad. Él cargaba con esa arrogancia que temí la primera vez y su rostro nunca cambió. Tenía los ojos oscuros llenos de odio y todos podían verlo. Pensé en los ojos de Rob, profundos como el agua y rápidos en mostrar lo que la gente significaba para él. Lo mucho que yo significaba para él. El centro de mi espalda se estremeció. Se fue haciendo más fría. Mis piernas estaban rígidas, y no podía recordar la última vez que se movieron. Me levanté para ir a dar un paseo, escalar la pared y caminar el parapeto. Llegué a la mitad de la muralla y alcancé a ver un atisbo de metal en el bosque. La visión se agarró a mi corazón como una mano le haría a mi brazo, y empecé a correr. Me puse en marcha desde el parapeto de la piedra exterior que mantiene la reja, y desde allí salté a tierra a tiempo para detener a Godfrey con John Little tras él.
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    PÁGINA104 —Muévete —replicó Godfrey,al mismo tiempo que John me empujaba hacia adelante y me levantaba de la tierra en un abrazo aplastante. —Cristo, Scar, estás bien —dijo, su voz caliente con la respiración justo al lado de mi oreja. Su cabeza giró un pelo y sentí sus labios sobre mi mejilla—. ¿Dónde estabas, Scar? —Me soltó un poco y mis pies golpearon el piso nuevamente, pero no me dejó caer del todo. —Aquí. Con Ravenna. Godfrey empujó a John fuera de mí, y cuando me miró tragó saliva y dio un paso atrás. Me preguntaba cómo se veía mi cara. Aún estaba algo dolorida. —¿Dónde está? ¿Por qué no la has sacado? —Ella no va a venir. Ambos se miraron. —Ella va a casarse con el sheriff. Godfrey se lanzó hacia delante, sacando su espada. —¡Venga ya! ¿Dónde está? —Ella está ahí. —La verdad ponía una sacudida en mis huesos—. Godfrey, ella no es más una prisionera, lo que significa que tú tampoco. Está ahí por su voluntad. Puedes ir a la puerta y pedir verla. Creo que ellos te dejarán entrar. Dio un paso adelante de nuevo y John lo empujó hacia atrás, dando un paso delante de mí. —¿Por qué haría eso? ¿Por qué casarse con él? —Ella dice que iba a casarse de todos modos. Un Sheriff le dará una posición, y además la favorecerá en la corte. —No te creo. —No tienes que hacerlo. Como he dicho, ve a la puerta. El sheriff te permitirá recurrir a ella. Tu padre ya lo sabe. Miró a John, y luego se tambaleó hacia delante. John me apartó de su camino y dejó que fuera hacia la puerta. La golpeó y la pequeña puerta se abrió. Se dirigió al guardia, y su cuerpo perdió su ira. La puerta se abrió y le dejaron entrar. —No estabas mintiendo —dijo John suavemente. Me di la vuelta para alejarme. —Scarlet, ¿a dónde vas?
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    PÁGINA105 —Él está conella ahora. Puedo irme. Me agarró del brazo con una sonrisa. —Tú vienes conmigo, amor. Nunca me he tragado tu actitud resistente. ¿Dónde irías? —Donde quiera que me dé la real gana, John Little. Necesitaba frío y tranquilidad, y algo de buena oscuridad. Mi cabeza estaba llena de Joanna y de Londres, e incluso un toque de Gisbourne, y era demasiado. Él me atrajo hacia sí. —No te vayas, Scar —dijo con esa voz que usaba con Bess—. Ven conmigo. Much estará frenético cuando sepa adonde podrías haber ido. No sabía si era él o era Robin, pero tenía la certeza de que a John no le importaba si Much se preocupaba por mí. —Se le pasará en un día o dos. Empujó con su nariz contra el lado de mi cara, y me separé por un pelo. Su mano fue a lo largo de mi mejilla y empujó mi cara hacia la suya. —Tal vez, pero a mí no. Sus labios se apretaron contra los míos, fuerte como el resto de él y un poco húmedo, presionando mis labios en un buen beso. Me agarró de la cintura y me dio un beso más profundo. Cerré los ojos y la cara de Rob me vino a la cabeza. Eché atrás la cabeza, me sonrojé y no estuve segura de qué hacer, decir, o pensar. Su nariz frotó la mía. —Scarlet. Hacía cosquillas y sorbí por la nariz. —¿Qué ha sido eso? Él inclinó la cabeza un poco. —Tú. —¿Por qué me besaste? —Porque me gustas, Scar. Negué con la cabeza. —A ti te gustan todas las chicas, John. —Sonreí un poco. Algo sobre un beso te hace sentir tonta, y un beso de John, de algún modo, me hizo sentir más tonta que la mayoría—. Estaré de vuelta en uno o dos días.
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    PÁGINA106 Sus brazos seaflojaron. —¿Qué significa eso? Me aparté de él. —Yo te haré saber. Si vas al túnel, hay una buena cantidad de botín. —Caminé unos pasos y me detuve, mirando hacia atrás—. Y gracias, ya sabes, por el beso. Él se quedó mirando, así que seguí caminando. También podría ser educado.
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    N PÁGINA107 9 o llegué muylejos. Fui hacia el este a través de Sherwood a Worksop y me alojé allí durante el día, ayudando al padre Much y a la comprobación de Freddy Cooper. Él se quedó cuando el resto de su familia fue a Dover, haciendo lo que podía con los salarios hasta que fueron resueltos. El molinero estaba en la parte de molienda de la cosecha, y siempre se necesita ayuda adicional, y Freddy tomaba para ello como un pato en el agua. El padre Much no habló mucho. Freddy hablaba bastante para nosotros, y era un tipo completamente diferente de silencio que mi mente golpeaba alrededor. Cuando cayó la noche, Freddy y el padre Much me engatusaron y rogaron hasta que me quedé a cenar, y establecieron una cama para mí para dormir adentro. Asentí con la cabeza, porque era más fácil, y cuando se fueron, me fui de la casa. Me gustaba deambular por la noche. Los animales eran diferentes. Hablaban entre sí en cotorreos suaves, pequeños silbidos, chillidos, y tal. Tenían una manera de hablar durante la noche. Había una posada en el borde de la aldea que me gustaba. El posadero era una mujer, que era justo inusual. Solía ser su marido, pero él se desplomó y ella lo tomó. Ella era siempre buena para mí. A veces, las niñas tenían problemas que los chicos no estaban destinados a saber nada de combate, y ella me ayudó a salir una vez o dos veces. Entré y ella asintió con la cabeza hacia mí. Me deslicé en una mesa en la parte trasera. Envía a través una cerveza y me saludó con la cabeza otra vez, acomodándose en la esquina para observar y escuchar. Había pocos viajeros comiendo su cena, pero la mayoría eran los lugareños que se sientan a tomar algo. Reconocí a muchos de los hombres, la mayoría de los agricultores y artesanos, y unos pocos peones. —Lena —gritó una voz ronca. Tres de los hombres de carácter personal del alguacil entraron, vestidos todo de sheriff negro y plata, como la muerte y el metal. Miré a Lena, estaba sonriendo, pero no era una de sus grandes sonrisas anchas que recibí. Envió a uno de sus chicas a conseguir algunas bebidas y dio paso a los hombres a una mesa. Se sentaron y tomaron las bebidas, y el cabecilla
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    PÁGINA108 agarró la muñecade Lena y la arrastró tan duro que se inclinó sobre su hombro. —Usted sabe que no es por eso que estamos aquí, Lena. —Lanzó una mirada a su músculo, una mole de un terminal llamado por todos Pea, pero ya estaban en camino. Se puso de pie sobre los hombres y el cabecilla dejó ir la muñeca de Lena. —No tengo el dinero. Voy a tenerlo la próxima semana. —Sheriff no te cree. Sheriff cree que estás aguantando. Ella se sonrojó. —Bueno, ¿qué quiere que haga? No tengo nada de dinero. Puedo tener la próxima semana. —Lena, el sheriff le dio carne para sus clientes cuando lo necesitaba. Él espera que su inversión regrese. Ella se cruzó de brazos. —Si hubiera sabido que su "regalo" venía con un precio, no lo habría tomado. Tendrás tu dinero cuando lo tenga. —Sheriff está haciendo restallar el látigo, Lena. —Su compañero tomó la vela desde el centro de la mesa y la sostuvo debajo de la mesa de madera. Los otros dos hombres agarraron a Lena y Pea mientras ella les gritaba a ellos. Sacó un cuchillo la vela, empujándola de su mano. La llama roció antes de que tocara el suelo, y la mesa estaba negra pero no ardiente. El cabecilla giró la cabeza para mirar para ver quien lo hizo. —Alguien se cree un héroe, entonces, ¿eh? —preguntó, sacando un cuchillo y volviéndose hacia Lena. Ella volvió a gritar, y cuando atraje otro cuchillo, un cliente abordó al guardia. El lugar se abrió en una reyerta. Lena comenzó a gritar para que la gente salga, y envió a una de las chicas arriba para advertir a los viajeros. Si la intención era quemar el lugar, no se detendrían allí. Salí corriendo con una sensación desagradable en la boca. Efectivamente, oí gritar a un caballo y vi otro grupo de guardias encendiendo el establo en llamas. Pusieron una antorcha al heno, y los animales empezaron a preocuparse algo horrible. Corrí hacia ellos, tomando cinco cuchillos en las manos y empezando a tirar. Golpeé a dos guardias con la empuñadura de un cuchillo arrojado a la parte posterior de su cuello, los que cayeron al suelo. El tercero se volvió hacia mí, lo que era un movimiento estúpido de su parte. Salté sobre mis manos y pase a patadas cuadradas en el pecho. Él cayó al suelo. No me importaba mucho si se quedaban abajo o no, necesitaba conseguir los caballos libres. El fuego se estaba extendiendo mucho rápidamente con el heno y les mantuvo mediante cuerdas a través de sus puestos de venta.
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    PÁGINA109 Con un cuchilloen cada mano, corté las cuerdas flojas una por una, dejando que los caballos entraran en pánico agotados. Me quedaban dos, cuando uno de los guardias me empujó con fuerza contra una pared de entrada en pérdida. Agarré la madera de la pared y golpeé mi cabeza hacia atrás, conectando con la nariz, incluyendo la pieza nasal, lo que puso mi cabeza a sonar —y di un paso duro en su pie. Me deslicé hacia atrás lo suficiente para cortar otra cuerda y tomar el último. El caballo era una cría sobre sus patas traseras, e hice mi mejor esfuerzo para olvidar que bien podría ser pisoteada en cuanto lo soltara. Me agaché para tomar una patada con pezuña, corté la cuerda, y se acurrucó a un lado. El caballo atornillado, y el guardia me sujetó por el cuello, tirando de mí fuera del suelo y me embestí contra la madera. El humo negro era ondulante y se tragó el caballo hasta su totalidad. El granero entero estallaba y las grietas como un gigantesco se agitaban. —Y tú debes ser el famoso Will Scarlet —dijo, saliva volando a mi cara—. Sheriff ha estado muriendo por conocerte. Envié la saliva de vuelta con una justa porción de mi cuenta. Inclinó su brazo hacia atrás para lanzar un golpe. Un brazo salió disparado y enganchó el del guardia, enviándolo lejos de mí. Robin salió del humo como un Dios y dio un puñetazo a la cara del guardia con un ruido. Sin aliento se volvió, agarró mi mano, y salió corriendo. La noche era mucho, mucho más fría de lo que recordaba. Robin estaba sosteniendo mi mano con fuerza y me aferró a él como si fuera un agarradero en un acantilado y nos estuviéramos resbalando, como si fuera la diferencia entre la vida y no. Cuando el humo nos dejó ir, Rob me arrastró duro sobre mi brazo, suficiente para que de nuevo gritara y me retorciera consiguiendo una plaza justo en su pecho. Sus brazos enganchados a mí alrededor como barras de hierro, y por un segundo estúpido cerré los ojos y aplasté mi cabeza en su hombro. Su rostro apretado contra el mío, y las respiraciones duras sopló a lo largo de mi cabello. —Gracias, Rob —susurré. Supongo que era algo malo que decir. Me empujó hacia atrás, tirando de su calor lejos de mí, y mis hombros encorvados contra el frío. Él asintió con la cabeza. —Los huesos de Cristo, ¡Has salvado la posada, Scar! Me volví para ver a Lena justo volando hacia mí, envolviéndome a cal y canto en sus brazos. Miré por encima del hombro. Ello seguía en pie, ni siquiera chamuscado. —Lo siento por los establos.
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    PÁGINA110 —No, mi niña—dijo ella suave—. Me salvaste y a los caballos. —Aquí —dijo Rob, presionando una bolsa en su mano—. El dinero para el sheriff. Cuando los guardias vengan, sólo les paga. A Lena no le gustaba la caridad, y su rostro mostró todas sus arrugas y la edad que no estaban allí cuando sonrió. —Toma un caballo, Robin. Les diré que uno salió corriendo. Miramos a los viajeros acurrucados en la hierba, mirando el granero quemarse. Ella se volvió para llamar a todos de vuelta a la posada, y Robin me abrazó por la cintura mientras me condujo a un caballo que se había alejado detrás de la posada. —Puedo caminar. —Estoy muy consciente. Pero ahora mismo, no quiero que camines lejos —dijo. Eso era justo lo suficiente. En ese momento, no tenía ni idea de lo que quería, así que funcionaba bien. Montó el caballo y mantuvo un brazo, y me lancé sobre su espalda, repliqué mis brazos alrededor de su cintura. Me estremecí, sintiendo cómo todas las cosas horribles en mi cabeza lo dejaron en un apuro rápido. Él era así. Rob podía cambiar algo en un instante. No lo tomó para El Roble Blanco, sino a Thoresby Lake. —Estás cubierta de hollín y humo —me dijo—. Y una justa porción de tierra. ¿Estabas durmiendo en el túnel, entonces? Asentí con la cabeza, saltando del caballo. Rob salió también y se sentó en una roca de espaldas al agua. —Tú no vas a dar la vuelta, ¿no? —Scar. Lo tomé como un sí y despellejando mi ropa muy rápido. Un poco difícil era la muselina que envuelve mis partes en el frente. Una vez que la bajé, me zambullí en el agua. Se encontraba helada y me froté duro antes de que mis manos se espesaran con el frío. Me gustaba el frío. Hacía que Joanna y Gisbourne parecer estar más lejos, y era bueno. Me fregué a través de mi pelo, y me acordé de Joanna sentada hasta tarde conmigo, cepillando mi cabello. Lo que con un armario podríamos hacer juntas, dijo. Yo pensaba que había parecido más loca que una marmota. Tienes caoba y yo pulido de oro, sería un cofre precioso por cierto. Ella trenzó nuestro cabello en conjunto para ver la diferencia. Bueno pelo Inglés, me lo dijo. No es de color de mi Saxofón.
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    PÁGINA111 Tomé su lazoy bandas de nuestro cabello en la parte inferior, y me acurruqué contra ella mientras nos fuimos a dormir. Esos eran los días en que empezó a salir por la noche sin mí, haciéndome sentir más escasa por no saber qué pasaba. Me pareció entonces que Joanna y yo éramos tan distantes y separadas como el pelo, y si yo sólo podía trenzarlo juntos, nunca habría partes. Me había quedado dormida pensando que era tan fácil como eso. Por supuesto, me había despertado sola en la cama, la noche cayó por completo y el lazo del pelo suelto alrededor de mi cola, el pelo de oro se ha ido. Salí del agua y me torcí el pelo para arriba, metiendo debajo de mi gorro con los buenos recuerdos de Joanna. Ahí es donde me gustaba mantener su secreto y seguro. Mi ropa estaba cubierta de hollín, pero estaban frías así que me retorcí de nuevo en ellas y luego fui al lado de Rob. Ya había tomado su capa apagada, y lo puso sobre mis hombros. Su brazo cayó a la roca detrás de mí, así que yo estaba introducida en una jaula. —Te extrañé. Tengo esa sensación extraña, retorcida en el estómago. Por supuesto que me extrañaba. Era miembro de la banda y no funcionaron bien sin mí. No había nada más que decir, y era una tonta lista para tener mi corazón estacado con otras esperanzas. —Pero tú sabías lo que estaba "de combate". —Sabía que estabas expiatoria a ti misma, no obstante que hayas querido hacerlo. —Robé las cosas desde el castillo para vender —le dije. Él sonrió. —Nunca ociosa. John pensó que habías sido agarrada. —Tú tienes más fe en mí. Él negó con la cabeza. —No, la verdad. Tú asustas a la mierda de mí. —Esta noche fue un buen momento —admití. Él asintió con la cabeza. —Se podría haber salido de todos modos. —¿Cómo sabías que no había sido agarrada? Él se encogió de hombros. —Lo he sentido. Lo habría sabido. Si fuera así de extraña la idea o el frío, algo alojado en mi pecho y mi respiración jadeante se redondea. —Vamos a casa. —Se puso de pie y miró hacia el lago—. Si estás lista para volver.
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    PÁGINA112 La idea dequién más me esperaba de vuelta en el campamento empujó en mi cabeza, y me froté los nudillos. —¿Por qué John me besó, Rob? —Eso saltó fuera de mi boca. Lo miré. Se cruzó de brazos. —Ustedes dos no… —Cerró la boca afilada—. La otra noche, durmieron juntos. Me sonrojé caliente. —No era así. Yo temblaba, y estaban tratando de entrar en calor. —Sentí sus ojos en mí, pero no quería mirarlo. No creo que él me creyera. Veía cómo mi alma estaba negra, ¿por qué no iba a pensar en mi virtud era fácil como viene? —Le gustas, Scar. No deberías jugar con él. —Fueron palabras terribles y fuertes, y me miró. —¡No estoy jugando! —Solté de nuevo—. Y sólo porque él me quiere no quiere decir que le quiero. Las cejas de Rob se fueron al cielo. —¿Tú no lo haces? Envolví mis brazos alrededor de mi estómago. —No estoy segura. — Había mucho más en la idea que quería decirle, pero me tragué justo—. No soy el tipo de chica que va con un muchacho. Rob sonrió. —¿Y qué, te juraste dejar a los hombres para siempre? —Ha funcionado hasta ahora. Rob parecía sorprendido, pero antes de que pudiera preguntar por qué, dijo—: Bueno, ¿qué pasa con los bebés? Te veías muy emocionada con el hijo de María. —¿Crees que tengo derecho a traer un bebé a mi vida? Soy una ladrona y una forajida y un mal ejemplo de una chica. ¿Crees que podría ser cualquier tipo de madre? Apartó la mirada en eso, y lo sentí de nuevo, el hacha de dolor en mi vientre. No me gustaba decirlo en voz alta, pero lo peor era que estuvo de acuerdo. —Si quieres un hombre, Scar, para casarte o no, John es lo mejor que puedes conseguir. Sé que suena muy bien, pero para mí se tratara de un insulto casi. Nos guste o no, nunca merecería un hombre como Rob y John era el mejor que podía tener. Sabía que era cierto, pero oyéndole decirlo de esa manera, tan cuidadoso, me hizo sentir vaciada como un árbol moribundo. No quería que lo viera, así que sonreí ampliamente y solté una risita. —Eso no es justo en verdad. John es un hombre encantador. Rob se encogió de hombros. —Bueno, si te encanta, eso es suficiente, ¿no?
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    PÁGINA113 Le lancé unamirada y no dijo nada. —En cuanto a los bebés, no te engañes, Scar. La vergüenza llenó mi cara y miré hacia abajo. No era la clase de engañarse a sí misma, para estar segura. —Serías una madre extraordinariamente buena —dijo. Miré hacia arriba, la sangre llenando el lugar de mis mejillas de vergüenza. Miró rápidamente lejos de mí, y me quedé, esperando esta charla a su fin—. Vamos. Cuando llegamos a la cueva, los chicos estaban alrededor de una pequeña fogata bajo el saliente de una roca, y los dos se pusieron de pie. Me crucé de brazos, sentí que debía pedir disculpas por algo, pero no estoy para el combate. Much se rió con sorpresa y corrió a abrazarme, y le di una pequeña sonrisa y lo abracé de vuelta. Cuando me soltó, John estaba de pie detrás de él, y me miró con una sonrisa. —Así que has vuelto. Me eché a reír. —No por ti, John Little. Se veía como que le di una bofetada. —Sólo porque me diste un beso no significa que soy tu chica —le dije. Oí reír a Much, y John se acercó a mí. —Tal vez no pedí que seas mi chica. —No soy algo divertido de nadie tampoco —le dije, justo seria sobre eso. Fui hacia el fuego, y John levantó los brazos. —¿Qué quiere decir eso Scar? —preguntó. —Creo que vamos a tener que ver. Rob y Much se rieron por esto, y John los fulminó con la mirada. — ¿Uno de ustedes va hablar con ella? Rob meneó la cabeza. —No entiendo el lado equivocado de una dama ladrona. —Bueno, ¿cómo se supone que voy a tomar el lado derecho de ella? Me recosté en frente del fuego. —Esfuérzate más, John Little. —Much se rió y John gruñó y suspiró y miré a través del fuego a Rob, yendo de excursión con mi barbilla alta. Nunca voy a tener a un hombre diciendo qué o quién era mejor para mí, y que estaban todos allí fueran a lo mismo.
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    PÁGINA114 A la mañanasiguiente todos nosotros tomamos un poco de pan y fuimos a pie a Nottingham, el sheriff había informado sobre que tenía un anuncio que hacer, y aunque pensé que era sobre Ravenna, aun todos deseaban oír. Llegamos al centro de la ciudad, donde el mercado estaba a menudo, y en lugar de tiendas, había una tarima y un andamio. Tres sogas colgadas vacías, balanceándose en el viento como los cuerpos que se balancean adelante. Los guardias guardaban a la gente de ambas estructuras, pero el sheriff no estaba allí todavía, y tampoco lo estaba Ravenna. Las personas se apiñaban en la plaza del pueblo, y no era difícil para nosotros mezclarnos. Las trompetas empezaron a sonar, y comenzó una procesión desde el castillo. El sheriff estaba flanqueado por muchos hombres vestidos de negro y plata, pero no iban a pie, sino a caballo, que fueron sorprendente. Nunca me gustó mezclarme con la gente común. Gisbourne estaba a un lado de él y, al verlo, di un paso atrás. Robin me agarró del brazo. —¿Scar? —dijo, suave al oído. —Está bien —dije, sacudiéndolo fuera, ruborizándome, y metiendo mi sombrero. Ravenna se encontraba en el otro lado, y se veía hermosa. Indiscutible, era el premio de la comarca. Tenía el pelo largo y negro rizado abajo a su alrededor, y tenía un vestido blanco con trocitos de oro en ella. Su familia caminaba detrás de ellos, y se veían radiantes. Incluso Godfrey se veía feliz. El sheriff llegó a la tarima, y ayudó a Ravenna a tomar asiento. Eso era cuando los prisioneros fueron llevados a cabo, y sentí como si mis entrañas hubieran sido cortadas: se trataba de Lena y Mark Tanner y Thom Walker. Me agarré del brazo de Robin. Sus ojos golpearon los míos y me miró a la cara. Él asintió con la cabeza. —Hacia fuera. Scar, toma a John. Much, ven conmigo. —A mí me susurró—: Toma alguna posibilidad que tengas de bajar, Scar. Asentí con la cabeza, tirando del brazo de John y deslizándome a través de la multitud.
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    PÁGINA115 —¡Buena gente deNottingham! —Llamó el sheriff y todo el mundo se calló, mirando desde Ravenna a los andamios—. Hoy en día, tenemos un gran motivo de celebración. Estoy muy contento de anunciar un evento verdaderamente bendecido no sólo para mí personalmente, sino para toda la comarca. Dentro de un mes, voy a tomar una esposa, y en lugar de casarme con una mujer de la nobleza de una tierra lejana, he elegido una novia de nuestra comarca. Uno de los suyos para mostrar mi amor y devoción. —Hizo un gesto hacia Ravenna, y le tomó la mano y se levantó, sonriendo. La gente se quedó sin aliento, susurró, y murmuró. Di la vuelta por detrás de los andamios. Las manos de Lena estaban atadas, sangrientas y crudas. No estaba detenida esta mañana, deben de haberla detenido al descubierto después de que me fui. Las manos me picaban. Quería sostener mis cuchillos, pero con los guardias explorando a la multitud, no quería entregarme hasta el último minuto, y no estábamos en la mejor posición todavía. —Bienvenida futura Dama de Nottingham, señorita Ravenna Mason. La multitud empezó a animar y me lanzó hacia delante, entrando en posición para permitir una navaja volar. Levanté la mano para tirarla, pero me dieron empujones y tuve que retirarme. El sheriff calmó a la multitud y yo juré, perder mi cubierta. —Ahora, no he demostrado el amor que te mostraré. Estos tres desperdicios a pagar lo que pidieron prestado de las arcas de Nottingham. Por eso, he ordenado quemar sus establecimientos y decomisar su vida. — Jadeos y gritos aumentaron, y levanté mi cuchillo—. Pero el amor de mi futura esposa me ha recordado que a veces tengo que perdonar por ser menos amable, cariñoso y menos de lo que yo mismo soy. Sólo espero que en el futuro, recuerden mi devoción y el perdón. Todo lo que hago, mi pueblo, es por ustedes, y sólo ustedes. Escupí para mostrar lo que pensaba de sus palabras. Era un fanfarrón, hablando sobre el amor y la devoción cuando para él significaba honestamente dinero y la muerte. —Para ilustrar esto, voy a dejar a estas personas en libertad. Alguien me empujó y caí directamente de vuelta a John, más fuera de equilibrio que nunca por las palabras del sheriff. ¿Los dejaba ir? Efectivamente, el verdugo tiró hacia atrás la capucha, deslizó las cuerdas de sus cuellos una por una, y les ayudó a bajar a la multitud. La gente del pueblo empezó a gritar y proclamar su amor, diciendo que era un milagro. El sheriff asintió con la cabeza y volvió a entrar en el castillo. Gisbourne nunca le volvió la espalda a la multitud al caminar, barriendo con los ojos como la cola de un gato inquieto.
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    PÁGINA116 Manteniendo la cabezametida baja, corrí hacia Lena, y le dije lo feliz que me ponía que estaban a salvo. Ella lloraba, grandes lágrimas corriendo por su rostro, y sacudiendo algo feroz. Dijo que la muerte le rozó la mano y pasó por ella. No me sentía así. El sheriff no era ningún hombre del pueblo. No era como Rob en lo más mínimo. El sheriff haciendo algo amable se sentía como la muerte envolviendo sus dedos alrededor de mi garganta y comenzaba a apretar.
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    L PÁGINA117 10 a multitud comenzóa romperse, y todos caminamos de regreso a Edwinstowe. Lena vino con nosotros, Mark Tanner y Thom Walker nos siguieron por detrás. Tanner era de Edwinstowe, pero Thom Walker era un comerciante de Nottingham. Sabía que sus casas habían desaparecido, pero no estaba segura de por qué venían con nosotros. Claro, Rob caminaba como un líder, y no era de extrañar que la gente lo siguiera, pero aun así. No estaba segura de ello. —¿Qué ocurrió? —le pregunté a Lena, caminando a su lado—. Después de que nos fuéramos, ¿cómo quedasteis atrapados? Se frotó las muñecas. —Cuando los guardias llegaron, les di el dinero, pero no era lo que querían, como puedes ver. Me encadenaron y quemaron la posada. —Bajó la cabeza. Mis cuerdas vocales se sentían gruesas. —Debí quedarme. Sacudió su cabeza. —Te habrían atrapado también, y entonces ¿dónde estaría Robin? —Él estaría bien como la lluvia, creo. Se rió entre dientes. —No ves lo mucho que se preocupa por ti, pero lo hace. Corriendo dentro del fuego de anoche como un ángel justiciero, lo hizo. —Haría lo mismo por cada uno de sus hombres, o cualquiera de su gente. No me hagas especial a sus ojos. —Era vergonzoso, pero había una razonable cantidad de amargura en mi voz. Inclinó su cabeza cerca de la mía para que los otros no pudieran escucharla. —Ah, tiene muchos hombres, pero sólo una mujer. Simplemente sacudí la cabeza. Era bastante obvio que no era su mujer. Puso su brazo alrededor de mis hombros, lo que se sintió terriblemente mal. No era como si me pusieran en la horca. —Tú y ese Robin son prácticamente pareja. No podéis ver vuestras propias virtudes.
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    PÁGINA118 Hice una mueca.—Odio decírtelo, Lena, pero nunca fui muy virtuosa. Robo cosas. Y miento bastante. Se echó a reír. —Exactamente lo que quiero decir, amor. ¿Se estaba volviendo loca? —Sabes, la única cosa que vi cuando pusieron la soga alrededor de mi cuello fue la cara de mi marido. Ni siquiera me gustaba tanto el mestizo cuando nos casamos —gritaba y lloraba la mayoría de las veces— pero hubo momentos, unos pocos, donde era lindo tener a alguien conmigo. —No soy del tipo de tener a alguien. —¿Por qué decía eso tanto en estos días? Miré a Robin, John, y Much más adelante. Eran alguien, sin duda, pero eso no quería decir que fueran para mí. Estaban conmigo, quizás, pero no eran para mí. —Muchas personas se preocupan por ti más de lo que sabes, Scarlet. No importa cómo obtuviste tus cicatrices. Cubrí mi mejilla, mirándola. —No sólo esas cicatrices. Las que te hacen pensar que eres indigna de ser amada. Enlazó su brazo con el mío y caminamos. No dijimos nada después de eso. No había mucho que decir, tampoco. Cuando llegamos a Tuck, la mitad de la comarca derribaba su puerta para parlotear sobre las idas y venidas en Nottingham. Tuck vio a John dirigirse hacia adentro y lo agarró, acarreándoles a él y a Malcolm poner fuera algunas mesas y bancos extras e instalarlas bajo el cielo. No estaba oscuro aún, y el día era extrañamente cálido para ser otoño. Se volvería más frío cuando el sol se pusiera, pero para entonces la bebida nos mantendría calientes a la mayoría. Jarras y tazas pasaban a través de la multitud y las personas tomaban lugar en los bancos. Estábamos juntos, cerca de la esquina, pero la gente reconocía a Robin y comenzaban a preguntarle por su historia de todo el cuento, y Much le ayudaba a contarla. —Oh, John —dijo Ellie, echándose a sí misma sobre la espalda de John. Sus faldas se agitaron alrededor, golpeándome donde estaba sentada al lado de él. Sonreí, mirándolos—. Te extrañé, muchacho.
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    PÁGINA119 Acarició su mano.—Ellie, mi amor —saludó—. Tan bella como siempre. Se movió alrededor y se sentó en su regazo. —¿Me has extrañado? —Por supuesto que sí —dijo él. Me miró—. Sólo, estoy bebiendo con los muchachos aquí, ya sabes. —Tomó un trago para hacerlo más evidente. Frotó mi pierna con su pie, y le guiñé un ojo. —Le conseguiremos a Will una chica también. Es que es tímido, pero todas hemos escuchado cuan experto es. John escupió su trago. —¿Él? No podría encontrar su camino alrededor de una chica ni con lupa y mapa. Me reí entre dientes de eso. —¿Ves? Ni siquiera lo niega. Además, tras lo de la semana pasada pensé que estarías hablando sobre mis habilidades. ¿No te gustaría recordármelas? —Tal vez luego, amor. Tienes demasiada gente sedienta por aquí. Te necesitan. Le dio un beso rápido. —Simplemente no me digas “luego” y huyas con Bess o Mariel. —Prometido. —Empujó su trasero mientras la levantaba de su regazo, y ella se rió y desfiló lejos de nosotros. John me miró injustamente—. Estaría más satisfecho si parecieras celosa en vez de alegre —dijo calmadamente. Sonreí ampliamente. No pude evitarlo. —¿Celosa? Oh, John, no te das por vencido de meterte en mi cama. Sonrió. —Soy irresistible, Scar, y algún día te conquistaré. Sacudí mi cabeza, pero estaba sonriendo también. —Así que, ¿qué hizo decidirte de que te gustaba después de todo esto? Se rió para sus adentros, y parecía justamente que estaba ruborizándose. Le dio una palmada al ala de mi sombrero. —Me mantienes en mis pies, Scar. Arrugué mi nariz. —¿Como luchando? ¿Es eso algo bueno? Asintió. —A veces no sé qué eres en absoluto. —Agachó su cabeza— . Las chicas no me sorprenden mucho. Generalmente me gustan por eso. Pero tú, siempre estoy tratando de ponerme al día contigo. —Me miró—. Y eso es mejor que con las otras chicas. —¿Por qué te gustaría la gente que no te sorprende? —pregunté—. Siempre estoy tratando de descubrir una cosa o la otra.
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    PÁGINA120 Se encogió dehombros, y su mirada se volvió diferente, como si todo el encanto saliera de él. —Desde hace un tiempo, siento como que he tenido suficientes sorpresas. Debajo de la mesa, empujé mi rodilla contra la suya. Sabía que hablaba sobre su familia, y quise mostrarle que lo sabía. Tragó saliva, haciendo a su garganta sobresalir. Quería decir algo, pero no sabía cómo charlar con John sobre este tipo de cosas. —¿Ella murió? —preguntó. —¿Quién? —Esa amiga tuya. De la que nunca quieres hablar. El plomo se asentó en la boca de mi estómago. —Sí, John. Murió. — Lo miré—. Fue rápido. No su muerte —que no lo fue— sino la forma en la que el mundo se vino abajo. Pensé que era libre, y entonces las peores cosas ocurrieron. Asintió. —Como, si por un momento de felicidad, estuvieras pagando tu vida entera. Su mano se torció y agarró la mía por debajo de la mesa. Me aparté, sorprendida. —Uh. —dije rápidamente. —No importa —dijo. Miré mi bebida y tomé la taza y fui a llenarla. Cuando regresé Ellie estaba a su lado, y fui a sentarme con Rob y Lena al otro lado de la mesa. Estábamos todos razonablemente llenos de bebida unas pocas horas después de la puesta de sol, lo cual hacía todo más terrible. No escuchamos el galope por encima de nuestras propias risas hasta que fue demasiado tarde, y doce caballos negros llegaron a la taberna. Todo el mundo se puso de pie y empujó hacia adelante, pero los caballos se detuvieron, y nos detuvimos también. Nos quedamos en silencio, y la fría mano de Lena se apoderó de la mía. Tuck salió, su estómago rodando delante de él, Malcolm tronando detrás. El hombre al frente bajó su capucha negra, y Gisbourne estaba allí, sacudiendo el oscuro cabello de su cara. Me di cuenta con cierto orgullo de la cicatriz cocida en su mejilla, en el mismo lugar donde la mía estaba, pero mi instinto arrancó y mi corazón comenzó a martillear. Una mano tocó
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    PÁGINA121 mi espalda baja,casi mi cintura, pero no supe quién era. Pude ver a John empujando más adelante, así que no era él. —¿Eres Tuck? —preguntó Gisbourne. —Sí —contestó Tuck. —Nos han reportado que el Hood está entre tus clientes esta noche. Tuck miró horrorizado. —¿El Hood, señor? —Sus ojos barrieron la multitud—. ¡Buscad por él, mis señores! ¡No dejen que el vagabundo escape! —Dos hombres al frente, dos flanqueando la espalda, el resto conmigo adentro. No queremos que salga corriendo. La mano se movió alrededor de mi cintura. —Scar, sal de aquí ahora —susurró Rob. —No. —Estaba temblando, pero no era una cobarde—. Me quedo aquí. —John, sácala de aquí —ordenó Rob, y John se volvió hacia nosotros, mirándome con una nueva alarma. El brazo de Rob dejó mi cintura solamente para que el brazo de John lo reemplazara, su otro brazo atrapando los míos en contra de mi pecho. —Suéltame, John, ¡no estoy bromeando! —Repliqué, revolviéndome violentamente contra él. Se agachó, arrastrándome así la multitud nos escondía. —Silencio —siseó John—. Déjame llevarte fuera rápidamente para poder regresar y ayudar a Rob. Nadie va a arriesgarte a Gisbourne, ¿de acuerdo? —Al segundo que me bajes, gran patán, volveré directamente a Rob y Much. —¡Todos estuvimos de acuerdo en que evitaras a Gisbourne! —Gruñó John—. No te atrevas a arriesgarnos para jugar al héroe. Fruncí el ceño ante esa lógica, pero supe que estaba equivocado. —Trae a Lena también —está muerta de miedo. —Haré lo que pueda, Scar, pero estoy con Rob. Le di un duro codazo. —Sólo me quedaré fuera mientras estén todos a salvo. Y eso incluye a Lena. Sostuvo mis brazos más apretadamente y se enderezó cuando llegamos a los árboles. —Si saco a Lena, me das otro beso. Uno decente. Me dejó ir y le golpeé la cara. —¡Eres un comerciante sucio, John!
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    PÁGINA122 Se echó areír. —¿Es eso un sí? Ambos nos sacudimos, escuchando a alguien gritar—: ¡No! ¡No lo hagas! Lo empujé. —Bien, hecho, ¡vete! Me escondí detrás de un árbol, manteniendo mis cuchillos en la mano, lista para ayudar donde pudiese. No era en Lena en la que estaban interesados. Vi como Gisbourne agarró a un niño que no reconocí, no mucho más viejo que yo, y lo sostuvo alto en su caballo para que todos lo vieran. —¿Dónde está el Hood? —preguntó él. —No está aquí —dijo un hombre. Le cortó la garganta al niño y lo dejó caer al suelo antes de que sospechara qué ocurriría. Caí hacia atrás contra el árbol, vómito subiendo por la garganta. Vi a Rob avanzar, listo para confesar ser el Hood, pero fue Malcolm quien lo empujó hacia atrás. —¿A cuántos más tengo que matar? —Demandó Gisbourne. Mis ojos se dispararon hacia Rob; supe que si Malcolm y los otros no le mantenían atrás, daría un paso adelante en un latido de corazón para tomar el lugar de un inocente. —¡No está aquí! —Gritó una mujer. No era Lena, pero me hizo saltar. —¿Qué debemos hacer? —No te creo. Todos le escondéis y albergáis como a un héroe, pero deberíais verlo como a lo que realmente es: el hombre que trae masacre a su gente. Le hizo señas a otro para ser llevado. Este luchó, y toda la multitud comenzó a luchar con él. Los hombres de Gisbourne rodearon a la gente, pateándolos entre sí y empujando al grupo. No pude ver a ninguno de los muchachos hasta que Gisbourne arrastró a otro en frente de él. Era Much. Me alejé del árbol. Vi a Rob luchando contra la gente del pueblo. Nadie quería que fuera hacia adelante, pero serían escasos los alientos antes de que Gisbourne lo viera, y no iba a esperar. Una mano estaba en la barbilla de Much, echándolo hacia arriba, estirando su cuello para el cuchillo en la otra de Gisbourne. Sabía que estaba horriblemente cerca de la cara de Much. Tenía que confiar en mi objetivo.
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    PÁGINA123 Agarré la puntadel cuchillo entre mis dedos y lo tiré. Se hundió en el brazo de Gisbourne y arrojó a Much, que golpeó el cuello del caballo y una especie de barril rodante cayó al suelo. Salió corriendo rápidamente, sin embargo, y Gisbourne gritó—: ¡Seguidme! ¡El Hood está entre los árboles! Los gritos estallaron, pero escuché claramente a Rob rugir entre todos—: ¡SCARLET! Mi corazón picó duro en mi pecho forrado de muselina. Los caballos comenzaron a tronar hacia mí y agarré la rama más cercana, moviéndome hacia arriba y corriendo entre los árboles. —¡Él árbol! —Gritó Gisbourne, trayendo a sus caballos para que trotaran alrededor—. Está en el árbol. Trepé más alto. —Bajadlo —ordenó. Mi sangre se convirtió en hielo mientras oía la orden. Eso estaba bien. El frío hacía que pensara mejor. Escalé tan alto como pude y me moví al siguiente árbol, casi fallando la rama en la oscuridad. Lo hice de nuevo, pero esta vez me sorprendió una lechuza fuera de su percha, y los hombres oyeron el aleteo. —¡Está por ahí! —rugió Gisbourne. Maldije y me congelé. No podían verme —estaba demasiado oscuro— pero sabían que a un árbol o dos estaba yo. Apoyé la cabeza en el tronco, tratando de olvidar la imagen del joven muchacho con su garganta cortada y mi cuchillo aun en mano. Pude oír a Gisbourne luchando, algunos de sus hombres cortando los árboles aún, otros de ellos tratando de escalarlos y fallando. Desenfundaron los arcos y comenzaron a disparar al azar. Flechas llovían entre los árboles que me rodeaban, asustando a los pájaros nocturnos. Una zumbó junto a mi cara y otra rozó mi mano antes de interponerse en mi hombro. Golpeé la cabeza contra el árbol para no gritar. Rompí la flecha y la arrojé abajo, la punta seguía insertada profundamente. —Se ha ido, mi señor —dijo uno de los hombres, dejando caer el hacha con la que había estado atacando. —Dicen que el Hood es en parte un ser mítico, un espíritu de los árboles. Nunca lo traicionarían. —Malditamente correcto —murmuré.
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    PÁGINA124 Sin embargo, pasócasi una hora antes de que Gisbourne lo suspendiera, e incluso entonces, comencé a girarme lentamente entre los árboles para moverme más lejos. Estuve observando —no había mucho más que hacer ahí arriba— y los muchachos dejaron el Tuck hacía tiempo, junto con el resto de la multitud. Bajé de los árboles algunos kilómetros o más desde Tuck y corrí el resto del camino hacia la cueva. —¡Scarlet! —Gritó Much, y antes de saberlo, Rob me levantó de mis pies en un fuerte abrazo, aplastando mis huesos contra la sangre. No me importó nada cuando mi hombro ardió de dolor. Empujé mi rostro contra la curva de su cuello, abrazándolo igual de fuerte. Me puso abajo, apretando mis costados como si fuera a deshacerme en pedacitos en sus manos. —Scar —dijo John, y me giré velozmente, casi golpeándolo. Inclinó su cabeza hacia la mía como si fuera a besarme, sacándome fuera de los brazos de Rob, pero le empujé hacia delante, abrazándolo a su vez. Se rió entre dientes. —No tan rápido, Scar. Me prometiste un beso. —Estás sangrando —dijo Rob, tomando mi brazo—. Much, trae el botiquín. —John me soltó. Much fue a la cueva, y Rob trató de arremangar la manga, pero no lo suficientemente lejos. Sus dedos fueron al cuello de mi camisa, y mis ojos saltaron a los suyos. Las puntas de sus dedos se sentían como acero ardiendo en mi piel. Mirándome, tiró hacia arriba, pero seguía sin despejar la herida. Tocó los cordones que mantenían unida la camisa, y mi corazón comenzó a revolotear en mis cuerdas vocales. Ni siquiera respiraba. —Mantenla un poco hacia arriba así puedo abrirla sin mostrar nada —me dijo gentilmente. El calor golpeó a través de mi cara. Sus dedos se cernieron en los cordones por un segundo, luego dio el más ligero roce a los huesos de mi cuello. Algo se sacudió a través de mí, y podía jurar que Much estaba encendiendo pólvora de nuevo. —No me importaría ver un atisbo de ella —dijo John, y Rob me soltó para girarse alrededor. Presionó su mano sobre el cuello de John. —No vuelvas a hablarle a una mujer así, Little John —gruñó Rob. John se burló y lo empujó pero Rob lo empujó de vuelta.
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    PÁGINA125 Sostuve mi camisaapretadamente alrededor de mi cuello. Viendo a Much salir de la cueva, le seguí, luego me senté en una roca y desabroché la parte superior de los cordones. Dejé caer la camisa por mi hombro y agarré fuertemente el resto. Sabía que tenía mi muselina puesta, pero aún así. Era una chica, y ellos chicos, y nunca estuve más segura de eso que cuando Rob tocó mi piel como si fuera oro. Much miró a Rob, de pie a unos pocos pasos ahora, y le miré por un escaso segundo. —¿Lo harías, Much? —Si tú quieres, Scar. Pero no soy muy bueno. —Claro que sí. —Tengo que extraer la punta, Scar. Asentí, y una mano llenó la mía. Rob se sentó a mi lado, girándose de tal forma que nuestros rostros estaban mirándose el uno al otro y su espalda estaba refugiándome de John. Un aliento revoloteante llenó mi pecho. —Hazlo, Much —dijo Rob, apretando mi mano. Él levantó su cuchillo y desvié la mirada, apretando la mano de Rob. Sentí el primer contacto del cuchillo y me tragué un grito, pegando mi cabeza al hombro de Rob y aplastando su mano. La aplastó de vuelta, poniendo su brazo en mi espalda y manteniéndome en su hombro. La mejilla de Rob presionó la mía mientras el cuchillo excavaba más profundamente. No grité ni chillé. Ese chico murió porque no confié en lo que ya sabía de Gisbourne, y si este era mi castigo, tanto mejor. Cuando Much terminó simplemente colapsé contra Rob, y él me levantó como a un bebé y me llevó a las profundidades de la cueva, envolviéndome en pieles y mantas. —Necesitas dormir ahora —me dijo. —¿Lena y los otros? —Quedándose con los aldeanos en Edwinstowe. —Cepilló el pelo hacia atrás de mi frente, empujando la capa. —El chico murió. Rob asintió. —Gracias a Dios que no se te acercó demasiado, Scar. Lo subestimamos antes. Asentí, sintiéndome débil y somnolienta. —Scar —Apretó mi mano—. Si John se sobrepasa contigo, Scar, me encargaré por ti. Apuñé mi mano en su camisa, desmayándome sin una palabra más.
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    PÁGINA126 Cuando desperté, clareabafuera, y Rob estaba a mis pies, apoyado contra un tronco e inclinado sobre sus rodillas dobladas hacia arriba. Gruñí cuando rodé sobre mi hombro, sin recordar que estaba herido. Rob se enderezó cuando me senté. —Buenos días —dije suavemente. Miré hacia atrás; los otros dos estaban aún durmiendo. —Buenos días. ¿Cómo está tu hombro? —Viviré, supongo. —Me asustaste ayer, Scar. —No pude no ayudar. Ibas a entregarte. —Recogí mis rodillas, sintiéndome más pequeña. —Le cortó la garganta a un niño que no conocía de nada. ¿Qué te iba a hacer a ti? Miré hacia abajo. —Necesitas decirme cómo le conociste, Scar. —Me hizo la cicatriz —dije. No miré hacia arriba. Mis huesos temblaron como si perdiesen algo; me aferré a ese único secreto por tanto tiempo, que se sentía algo extraño dejarlo ir tan fácilmente. No dijo nada. Aventuré un vistazo, y estaba sólo mirándome, esperando. —Esta cicatriz —dije, cubriendo mi mejilla. —¿Trataba atraparte? —Algo así. —Scar, cuéntame. Miré a Robin y abrí mi boca, y justo así estaba a punto de soltarlo. Pero entonces John se sentó, bostezando y llamándonos, y me puse de pie y salí de la cueva. Robin me siguió. —Prométeme que me lo contarás más tarde. Necesito saber qué tipo de amenaza es él para ti. Miré de nuevo a John, que salía de la cueva también, y asentí. Sentí el frío llegar hasta mis huesos, pero asentí. Sinceramente, si hubo alguna
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    PÁGINA127 vez tiempo paraDios y sus oraciones o algo parecido, estaba rezando fuertemente para que Rob no me expulsara del campamento después de que lo supiera. —Muy bien, muchachos —llamó Rob, y todos fuimos a la fogata—. Los impuestos se pedirán a los agricultores en menos de dos semanas, y la gente del pueblo necesita dinero, así que se lo conseguiremos. Estaremos por el camino recogiendo un impuesto de nuestra propiedad, y cuando no estemos recolectando, necesitaremos entrenar. Gisbourne consiguió sorprendernos anoche; necesitamos estar preparados. Todos asentimos. —Scar, quiero que subas a los árboles, vigilándonos pero manteniéndote al margen hasta que tu hombro haya sanado. Asentí. Eso era justo. —Y de ahora en adelante, cambiaré las parejas. John, tú iras con Much, y Scar vendrá conmigo. John se rió entre dientes, haciendo crujir sus nudillos. —Vamos, Rob. No me digas que estás celoso. Sentí mi cara calentarse, y miré a Rob. —¿Celoso? —Repitió Rob, cruzando sus brazos. —Scar y yo estamos acercándonos, y estás celoso. Miré hacia abajo. —Puedes haberla besado, John, pero desde entonces parece malditamente incómoda a tu alrededor, y lo más importante, a pesar del hecho de que tú estás tan interesado en ella, no fuiste capaz de protegerla de Gisbourne anoche. John saltó. Su rostro era plano como hoja de roca. —La saqué de allí. La protegí. —Después de que te lo dijera. —Puedo proteger mí —traté. La mandíbula de John estaba dura con músculos. —Sólo porque lo pensaras un pelo antes de que lo hiciera no significa… —En realidad, eso es precisamente lo que significa. Gisbourne no dudará, y puesto que pienso más rápido que tú, voy con Scar y tú con Much. Averigua cuan amistoso eres cuando nadie esté en riesgo. —¡Ambos fuera! —Repliqué, cruzándome de brazos—. Little John, sólo porque me besaste no significa que estemos acercándonos. Podría besarte de nuevo, pero sólo si me da la gana. Deja de presionar y
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    PÁGINA128 encantar —no megusta. —Oí a Rob reírse, y recargué contra él—. Y en cuanto a ti, Robin de Locksley, en tu gran noble corcel, no te recuerdo ayudándome tampoco. Yo misma salí de ahí, eché a Much lejos de Gisbourne, y soy parte de esta banda tanto como tú. ¡Dejad de hablar de mí como si fuera alguna señorita con dedos de lirio! Todos me miraban. Sacudí mi cabeza. —De verdad. —Si el problema es cómo dividir las parejas, ¿tal vez tú y yo deberíamos estar juntos por ahora? —Propuso Much. —Perfecto —acordé. Rob y John se disparaban dagas el uno al otro. Con sus ojos, al menos. Soy la única que dispara dagas reales. —Bien —acordó Rob. John asintió. —Vamos a trabajar —dije, y Much codeó a John hacia delante. Me quedé detrás de ellos para caminar por el sendero, y Rob se retrasó para caminar conmigo un momento. —Averígualo, Scarlet. Averigua si estás con John o no, porque mientras juegas con él, estás jugando con mi pandilla, y eso significa que estás jugando con las personas de Nottinghamshire. Horriblemente, sentí lágrimas empujando en mis ojos. —Pensé que dijiste que le manejarías por mí. Negó con la cabeza. —Estás jugando conmigo también, Scar. Te ayudaré si lo necesitas, lo sabes. Me haces vigilarte como un halcón, y no quiero. Estés con John o no. Anduvo delante de mí por el camino.
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    M PÁGINA129 11 e senté enel tronco del árbol, apoyada en una rodilla y dándole vueltas a un cuchillo en mi mano. Miré a los muchachos, silbándoles cuando era necesario y sólo pensando. Miré a John. Era extraño. Hablando con él a solas, me sentía como si fuéramos parientes, pero luego le dejaba a solas con los chicos y su fanfarronada salía. No me gustaba mucho cuando era así —bueno, si lo hacía, pero como un compañero de banda y no como un amigo— pero cuando éramos los dos era... agradable. Miré a Rob. No era como si lo quisiera. O pudiera tener, que eran la misma cosa, ¿no? Sintió que le observaba y levantó la vista, mirándome a los ojos. Sus ojos se arrugaron juntos como si estuviese preocupado, y negué con la cabeza y me alejé. Los caminos estaban ocupados, y por una vez parecía que no estábamos luchando contra una montaña de problemas. Un par de nobles nos proporcionaron carteras abultadas, y un pequeño convoy de caballeros nos dio algunas buenas armas, entre ellas cuatro espadas enormes que se venderían por una fortuna en una de las ciudades comerciales más grandes. Al ver movimiento en el camino, les silbé y me incliné hacia delante. Cuatro caballeros venían en la parte delantera, protegiendo un carruaje. Puse los ojos en blanco. Por los huesos de Cristo, era una dama. Odiaba esto. Cuatro caballeros venían detrás. Sería una dama de alto rango, también. Mi madre viajaba con no menos de ocho, a veces más. Eso era parte de su rango, pero también era su propio orgullo tonto. Las cosas correctas no eran nunca importantes para mi madre. Rob corrió a dirigir esto. Me gustaba su estilo. A mí me gusta hablar, pero Rob iba directo al grano. —¡Alto, en nombre del pueblo de Sherwood! —Llamó Rob.
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    PÁGINA130 Los ocho caballerosadelantaron el carro, y observé mientras John saltaba al carruaje, agarraba a la bella dama, y la arrastraba fuera de allí. Ella brillaba como el océano soleado con todas sus joyas. —¡Mi señora! —Los guardias llamaron, girando a su alrededor. Rob caminó a través de ellos. Todos los guardias se congelaban cuando había una dama en apuros. Me crucé de brazos. No era que estuviese resentida. Me gustaban las reverencias y el peloteo sólo lo razonablemente suficiente para hacer el trabajo bien. Se aprovechaba de las damas al igual que cualquier otro menos en lo que a mí respectaba. Con Rob, por supuesto, era un asunto diferente. Y no era como si tuviese derecho a estar resentida con él por las reverencias. Renuncié a esa vida. Dejé de ser del tipo que notaría y ante el cual se inclinaría y demás. Extraño, pero ninguno de esos pensamientos calmó el ardor en mi vientre. —Mi querida señora —dijo Rob, inclinándose como el noble que era y besándole la mano—. ¿A dónde os dirigís? John se alejó, pero ella seguía respirando con la fuerza suficiente como para desmayarse. —Northumberland —chilló agudamente. —¿Con qué propósito? Se sonrojó. —Casarme con su señoría. Asintió. —Ah, el duque. Es un buen tipo. Muy rico —le dijo—. Lo suficientemente rico para compraros un nuevo cofre totalmente lleno de joyas, ¿no le parece? —¡Alejaos de su señoría, rufián! —Gritó uno de los guardias. No se movieron. No podían arriesgar a su señoría, y mis chicos estaban más cerca, con armas. Ella se agarraba a su pesado collar. —¿Por qué las queréis? —¡Es un ladrón, mi señora! —Su guardia rugió. —El sheriff de Nottingham mata de hambre a su pueblo, mi señora, y los impuestos los someten. Su boca se abrió un poco. —¿Y mis joyas podrían ayudar? Asintió gravemente, como si estuviera salvando el mundo. Se quitó los anillos de sus dedos, la enjoyada peineta del pelo, las pulseras de sus muñecas, y los sarcillos de las orejas. Por último desabrochó el enorme collar, y Rob inclinó la cabeza para que lo pusiera sobre él. Ella besó su mejilla.
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    PÁGINA131 Oh, ¿podía seruna dama y aún conceder sus favores a todo su alrededor? Que fina era. —Entonces salva a tu pueblo, Hood. Rob sonrió mientras tragaba una bocanada de diamantes. —¿Me conocéis? —Las mujeres hablan, mi señor, y todo el mundo ama una leyenda. Estoy feliz de sacrificar mis joyas por su causa. Le besó la mano de nuevo. —Entonces regresad a su camino, mi señora. Y dadle mis saludos a su prometido. Hizo una reverencia. —Guardias, dejen a este caballero irse libremente. —¿Qué? —Gritó su escolta líder. Rob la ayudó a volver a su carruaje, y ella movió los dedos a sus guardias. —Me han oído, señores. Rob seguía pavoneándose de ello cuando trajimos todas las joyas de vuelta a la cueva. Ahora teníamos un botín que debíamos guardar, y las joyas ni siquiera necesitaban separarse para venderse porque la señora no estaría buscándolas. Rob sostenía y giraba su anillo con una gran sonrisa tonta en la cara. Le miré a través de la gran cantidad de ellas, odiando a la dama, odiando el anillo, odiándolo a él. —Las tratas diferente, sabes —le dije. Miró por encima. —¿A quién? —A las damas. Las tratas de forma distinta a la gente común. Estaba sentada en un árbol, envolviendo mi largo abrigo apretadamente a mí alrededor. Él estaba en la boca de la cueva y sonrió, cruzando los brazos. —¿Lo hago? —Sabes que lo haces. —Entonces, ¿por qué me lo estás diciendo? —¿Por qué las tratas diferente? ¿Qué tienen de malo las mujeres comunes?
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    PÁGINA132 —Trato a todoscon respeto, Scarlet —me dijo, y la forma en que lo dijo sonó razonablemente insultado. —Sí, pero no hay reverencias ni besos en las manos, e incluso hablas diferente. ¿Crees que la gente rica no entiende cuando se habla claro? Se rió entre dientes. —Por supuesto que sí. Pero también entienden al hablar de una manera más gentil. —¿Y crees que la gente común no puede hablar gentilmente? Se echó a reír. —Tienes suerte de probar mi punto, Scar. Lo fulminé con la mirada. —¿Entonces asumes, que porque puedo hablar de una manera ligera y alta, nací de sangre noble? —pregunté, imitando a su "dama". Más que eso, imitando la vida que no tendría más, y su sabor era como una bocanada de sal—. Hablar de una manera u otra no te hace ser mejor. Y actúas como si lo hiciera. Sus ojos se entrecerraron como si pudiera ver a través de mí. — Actúas como si cometiese una crueldad. —¿No lo haces? ¿Para la gente común? Crees que eres un fuera de ley, Robin Hood, pero has nacido noble y no podrás cambiar eso. —Soy quien soy, Scarlet. No es ningún secreto que nací noble, y eso es parte de la razón por la que la gente me ve como un líder. Es mi derecho de nacimiento protegerlos. Estiré mis hombros, tirando de mis rodillas debajo para ponerme de pie. —Es cierto. Aun así no significa que la gente noble sea mejor. —Nunca dije que lo fuera. Hago todo esto para la gente común, Scar, no para los nobles. ¿Y cuándo te convertiste en la brújula moral de la banda? —Preguntó. Eso picó. No era su intención, pero lo hizo. Tomé la bolsa de joyas que había dejado. —John, ¿quieres venir conmigo a Nottingham a vender estas? —Podemos esperar hasta mañana —dijo Rob. —No quiero —dije—. ¿John? —Claro —dijo John, acercándose—. Incluso llevaré la bolsa, mi señora. —Me hizo una gran reverencia como un señor. —También soy cortés con las mujeres comunes, Scar —gritó Rob mientras caminaba con John. Le hice un gesto con la mano, sin mirar atrás. Rob no lo era tampoco. Pero él no quería caer en eso, y yo no quería confesar que estaba un poco
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    PÁGINA133 celosa. No eratodo "cortés" conmigo. Haces que te observe como un halcón, y no quiero hacerlo. Nunca le diría eso a una gentil dama. —Estás frunciendo el ceño —dijo John. —Rob es tan elevado y poderoso —dije. —Me sienta mal. —Es un noble, Scar. No podemos olvidar eso. —No nos lo permite. —Vamos, ahora, le sigues por la misma razón que yo. Es un buen líder y es así a pesar de las duras injusticias. Llegó a casa de las Cruzadas y descubrió que no tenía hogar. Eso es bastante duro. —Es estúpido. Los hombres piensan que son su título, y las mujeres ni siquiera pueden mantener uno hasta que exprimen el de su marido. —Creí que toda esta pelea era en contra de las mujeres nobles. ¿Cambió de corazón? —No. No me gusta que Rob crea que es mejor que nosotros, y no me gusta que las mujeres no reciban nada por sí mismas. —Rob es mejor que nosotros, Scar. Mejor que yo, por lo menos. Lo empujé. —No digas eso. Por qué, ¿porque es noble? Eres tan bueno como él. Cedió un poco cuando le empujé, y se echó hacia atrás y luego hacia adelante. —¿Dices que no aceptarías la oportunidad de ser una noble? —Preguntó—. Todas las cucharas de plata y los "¿sí, mi señora?" Mis mejillas se ruborizaron profundamente. —No. No lo haría. Y, ¿qué tiene que ver eso con ser mejor o peor? Se encogió de hombros. —Todo el mundo quiere ser rico, y poderoso, y con títulos. Es por eso que son mejores, porque tienen lo que todos quieren. Antes de que pudiera detenerme, estampé mi pie como una niña. — No es lo mejor, ser rico, poderoso, titulado. Si pudiese elegir, elegiría ser tal y como soy. ¡Una y otra vez! —Grité. Sólo, que la verdad no acababa de golpear en mi pecho. Al ver a esa señora, al ver las sonrisas de Rob, todo eso hizo que me lo preguntara. ¿Si me hubiese conocido por aquel entonces, antes del robo y las cicatrices y antes de que mi alma se volviera tan negra, me habría ganado su sonrisa? ¿Habría hecho eso que toda la horrible vida valiera la pena? —Yo no, lo tomaría sin pensarlo —continúo John—. Cofres de joyas en los que bañar a todas las damas del reino. Sobornar a una de ellas para que se case conmigo.
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    PÁGINA134 Puse los ojosen blanco. —Déjalo, John. No necesitas sobornar a ninguna chica, y eres un hombre lo suficientemente bueno tal y como estás. Me atrapó, tirando de su brazo alrededor de mi cintura. —Ahora, ¿quién podría resistirse cuando dices algo como eso? Me empujó contra un árbol y ladeó la cabeza como si fuera a besarme. Traté de no reírme mientras ponía una mano sobre su boca. — John. —Lo detuve. Abrió los ojos. —¿Qué? —Preguntó, con mi mano todavía en su boca. —¿Sabes a cuántas chicas te he oído decirles lo mismo? Sonrió. —No significa que no sea cierto. —Me besó la mano y la quité—. ¿Puedo darte un beso, o no? Puse mis brazos alrededor de su cuello. —Por supuesto que puedes, pero no creo que lo desees. —¿No? —Sólo quieres deslumbrar alguien, John. —Sí, y estoy buscando deslumbrarte a ti desde hace tiempo —dijo, acariciando su nariz contra la mía. Me encogí de hombros. —Pero no para siempre. No soy de esa tipo, John. Además, creo que me gustas más sin todo el cortejo. Se echó a reír. —¿En serio? Asentí, estirando el cuello para besar su mejilla y tirando fuera sus brazos. —Vamos, gran agarradera. Nos las arreglamos para repartir la mayor parte de las joyas antes de que oscureciese y salir del mercado antes de que las puertas se cerrasen en Nottingham. Metí la bolsa en la parte de atrás de mi chaleco, junto con un poco de carne seca y pan envuelto en muselina que había robado. —¿Cuánto acabaste consiguiendo? —Preguntó John. —¿Por las joyas? ¡Estabas allí! —Quiero decir, ¿cuánto has robado? Me sonrojé un poco. —¿Me viste robando?
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    PÁGINA135 Se rió entredientes. —No. Pero eso no quiere decir que no lo hicieras. De vez en cuando te veía en algún lugar inesperado. —¿Qué significa eso? —Que estabas robando, supongo. Me encogí de hombros. —Un poco de pan. Un poco de carne. Monedas, además. Vamos a pasar por Edwinstowe y se las daremos a Lena y los demás. ¿Sabes dónde se están quedando? Asintió, dando un paso más cerca, frotando su hombro con el mío. — Entonces, ¿qué pasa con tu historia? —¿Mi historia? —Sabes sobre mi familia. ¿Cuál es tu historia? —No lo hago, sabes. Much me lo susurró una vez, que murieron en un incendio. No sé la historia completa. Miró hacia abajo. —Mi padre era herrero. Nací en Locksley, ya sabes. Conocí a Rob de pequeño. Bueno, me encontré con él, en realidad. Pero nos movíamos mucho, a donde sea que el comercio fuese mejor. Llegamos a Nottinghamshire no mucho tiempo después de que el sheriff se hiciese cargo de las tierras de Huntingdon. El sheriff le ordenó cien espadas a mi padre y luego no pagó el precio por ellas. Mi padre no se las entregaría hasta que no cobrara, y me envió al mercado en busca de un precio por ellas. No era como si pudiéramos vender en Nottingham, así que me acerqué al Newark en Trent. Tuve que alojarme allí por la noche. — Negó con la cabeza—. Esa noche cayó mi primera chica. Me quedé callada. —Había pasado todos los días de mi vida con mi familia, Scar. Podía mirar a mi hermana pequeña y adivinar sus pensamientos en un parpadeo. Con ese tipo de cercanía, pensé que lo habría sentido, sentir que estaban en problemas. Qué les habría pasado. Pero no sentí nada. Mis hermanos pequeños murieron, llorando por... —Se calló, y no estaba segura de si lloraban por él, por ayuda, por sus vidas, o por qué, pero se sentía terrible. Tragó saliva, y pareció como si se ahogara por su propio corazón—. Y yo estaba con una chica. No era mucho de las que tocaban, pero no pude evitarlo. Puse las puntas de mis dedos dentro de sus manos. No se sentía tan extraño, así que las deslice más. Sus dedos se curvaron sobre los míos, y sin querer, sostuve su mano. Se detuvo, tirando de mi mano de tal forma que me atrajo hacia él. Miré hacia arriba. Mantuvo las manos entre nosotros como un pato vestido. —No le cuento a las chicas esta historia, Scar.
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    PÁGINA136 —No lo contaré. —Losé. Pero Bess y Ellie y ellos, no les digas, ¿de acuerdo? Mordí un poco mi mejilla. ¿Se suponía que eso era una buena cosa? No me gustaba mantener secretos. Tenía suficiente a los que agarrarme. — Está bien. Tiró de mi mano de nuevo, y empezamos a caminar. Saqué mi mano. Ya no le hacía más falta, y si no tenía cuidado con ese tipo de cosas, podrían seguir y seguir, nunca dejándolas ir. —Entonces, ¿qué pasa con tu historia? Me encogí de hombros. —Tengo un montón de historias. —¿Cómo empezaste a robar? Me encogí de nuevo. —Igual que el resto, imagino. Necesitaba algo que no podía pagar. —¿Qué fue lo primero que robaste? La respuesta a eso estaba a sólo una pregunta lejos de Joanna. —No lo recuerdo. —Claro que sí. —Pensé que dijiste que no tendría que responder a ninguna pregunta contigo. —Nunca tendrás que hacerlo. Sólo tenía curiosidad. —Fue medicina —dije—. De los monjes, para la tos. Se rió entre dientes. —Ibas a medio camino, ¿no? Terriblemente descarado por tu parte robar tu primera vez en un monasterio. Sonreí, pero fue menos por él llamándome terriblemente descarada y más porque no preguntó quién tosía. Lena estaba con los Morgans, una familia de agricultores en Edwinstowe, y nos recibieron al momento de vernos oscurecer su puerta. —Little John —saludó Matilda Morgan, envolviéndolo en un abrazo—. Mi querido muchacho, ¿cómo estás? —Muy bien, señora Morgan. Y luce encantadora esta noche. Se sonrojó. —Pequeño encantador —Lo dejó ir y me vio, y su boca cayó flácida como la de un sapo—. Will.
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    PÁGINA137 Incliné mi sombreroante ella. —Hola, señora Morgan. Miró hacia atrás, y vi a las tres bobas de cabello rizado a las que gustaba llamar sus hijas. —Guárdatelo, Will —me dijo. Agaché mi cabeza, pero sentí la rabia retorciéndose. John era el idiota, no yo. El hecho de que a sus hijas les gustaba quien se suponía que era no lo hacía mi culpa. Y sabía a ciencia cierta que John no siempre fue un caballero con Aggie Morgan, su más vieja pelirroja. Él le sonrió, y ella rió. Empujé mi sombrero más abajo y fui a la chimenea, donde vi a Lena. Pensé que estaba sentada con el señor Morgan, pero era Mark Tanner. —Will Scarlet —saludó Lena, saltando. Me abrazó y me llevó a su lado. Mark me dio la mano. —Will —dijo. —Mark —dije—. No sabía que te alojabas aquí también. —Oh, sólo vine a visitar a Lena. Mi boca se abrió, pero en ese momento John se acercó, arrastrando a las chicas detrás de él. Me acerqué un poco más a Lena, pero se apiñaron a nuestra alrededor. —¿Se lo has dado ya? —Preguntó John. Me sonrojé, pero busqué detrás de mí para sacar la comida. Le pasé la carne a Lena y empecé a repartir los panecillos, pero Matilda pasó junto a su hija. Agarró la carne y la arrojó de vuelta a mi regazo. —No —espetó. —¡Madre! —Gritó una de las chicas. Parpadeé. —¿Qué? —Sé lo que eres, Will Scarlet, y cómo obtienes tus “regalos". Somos una buena familia cristiana. Dios, y no un ladrón, nos proveerá. Sabía que mis mejillas estaban rojas como mi nombre5, y no pude pensar en una palabra que decir. —Pero… —intenté. Me abofeteó en el oído. —Ya me has oído. Qué vergüenza por tu parte, y por la de Robin por dejarte hacerlo. Me eché hacia atrás, sosteniendo mi cabeza en estado de shock. —¡Contrólate! —Dijo John, saltando delante y empujando entre ella y yo. El brazo de Lena vino a mí alrededor. —Will sólo está tratando de ayudar. 5Scarlet: También significa escarlata, que es otro nombre dado al color rojo, de ahí la comparación.
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    PÁGINA138 él. —No necesitamos ayuda—dijo—. Ciertamente no de gente como —Will no es como el resto —dijo John—. Trabaja para salvar a nuestro pueblo más que nadie. —Es noble de tu parte, John, pero creo que debería irse. Ahora. No esperaría a que ella me echase. Ya estaba de pie y pasando a Mark Tanner, corriendo por la puerta de atrás sin esperar a John. Empaqueté la comida, se la dejé a George y Mary y al pequeño bebé Robin, y me fui de nuevo a la cueva. Rob y Much estaban allí, así que me subí a los árboles, pasando por encima de la cueva sin hablar. No creo que me vieran siquiera. —¡Rob! —Llamó John, estrellándose a través del bosque—. Much, ¿habéis visto a Scar? —No, ¿por qué? —Gritó Rob, irguiéndose, arco en mano. —La señora Morgan la echó por robar. La cara de Rob fue plana y dura, y me sentí enferma. —¿Les robó a los Morgan? John frunció el ceño. —Por supuesto que no. Les llevó comida por cuidar de Lena, y prácticamente se la arrojaron a la cara. Rob suspiró. —Porque la robó. Presioné mi mejilla contra el árbol. —Probablemente correrá un rato —dijo Much—. Suele hacer eso. —Lo sé, Much. Pero no puede huir cada vez que alguien dice o hace algo. —Rob meneó la cabeza—. O puede, pero si quiere hacer eso, no podemos contar con ella como parte de esta banda. Abrí la boca para decirles que estaba allí y no había huido a ningún sitio, pero no salió nada. —Siempre podemos contar con Scar —defendió Much. —Lo admitiré, la llamé cobarde en el pasado —dijo John. Abracé mis rodillas—. Pero podemos contar con ella —continuó—. Está dispuesta a resultar herida. —No es una cobarde —dijo Rob—. Nunca lo ha sido y nunca la acusaré de eso. Es tan valiente como los que vengan, pero su primer instinto es esconderse de nosotros. Esconderse de mí.
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    PÁGINA139 —¿Por qué nodebería esconderme —Dije—, cuando con cada extraña respiración me dices lo rápido que me quieres fuera de esta banda? Salté bajo los árboles, de pie, mirándolo desafiante. Había agua en mis ojos pero no me importaba mucho. —Cristo, Scar, ¿has estado aquí todo el tiempo? —preguntó Rob. Mi cara se tambaleó. Tenía que preguntar, y no podía sacudirme o estremecerme. —¿Quieres que me vaya, Robin Hood? Su mandíbula se movió como si estuviera rumiando. Lanzó un suspiro y arrojó su arco a la espalda, subiendo por el árbol. Se acercó por mi lado y no me atreví a parpadear. Las lágrimas se irían por todos lados, y nunca lloraría delante de Rob. —Sube —dijo. Escalé, parpadeando y limpiando mi cara con la manga. Subí más rápido que Rob, aunque mi hombro dolía terriblemente. Le esperé en la rama más alta en la pude sentarme. Se acercó y se sentó a mi lado. —Sí, quiero que te vayas —dijo, y creí oír mal. Lo miré, y más lágrimas saltaron—. Quiero que te vayas, Scar, si no puedes confiar en mí. Si no puedes dejarme entrar, entonces tienes que irte. —Confío en ti, Rob. Siempre lo he hecho. Ni siquiera quiero, pero eres... tú. Es terrible. ¿Tienes que saber toda la horrible historia para que confíes en mí? —No. A veces me preocupa no conocerte nada, sin embargo. —No confías en mí. Suspiró. —Quiero. Pero los dos sabemos que me mientes. Bajé la cabeza. —No puedo mentirte, no creo. Trato de no hablar sobre cosas, sin embargo. —Lo sé. ¿Por qué? —Contar secretos no me hizo ningún favor en el pasado. —¿Quién era ella? —¿Quién? —La muchacha de Londres. De la que no quieres hablarme. Tragué saliva, pero su nombre burbujeaba en la garganta. —Joanna —le dije—. Mi hermana. Cerró los ojos. —Te protegía. Asentí, lágrimas tropezando por mi nariz.
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    PÁGINA140 —Y robabas comidapara ella. —Suspiró—. ¿Qué la ocurrió? —Se enfermó. Siguió tosiendo —dije. Abracé mi estómago con los brazos—. Robaba alimentos, y medicamentos, leche y agua, y un poco de whisky escocés, y nada funcionó. Tosía sangre por todas partes. —¿Tuberculosis? —Preguntó suavemente. Encogí un hombro. —No lo sé. Nunca tuve un nombre para eso. —Murió. Asentí. —Al día siguiente, te conocí, y dejé que me atraparas. Se retiró. —¿Me dejaste atraparte? No lo hiciste. Empujé el agua de la cara, sin mirar. —Pero eso es una tontería. ¿Por qué dejarías que te atrapase? — Dejó de moverse, y no miré, pero pude sentir su mirada de disculpa—. Porque el castigo por robar es la muerte, y pensaste que era un noble de alto rango. Pensaste que si me robabas, morirías. Y estarías con ella. Y tú eres tan piadosa, nunca tomarías tu propia vida. Aspiré las lágrimas. —No creo que cuente como piadosa. —Pero es por eso, ¿no? Asentí. —No hiciste lo que debías —dije—. La cárcel era una cuestión un poco diferente a morir. No quería morir como lo hizo, enferma y lentamente, aunque me llevase de nuevo a ella. —Cristo —murmuró. —Simplemente la dejé en la habitación que alquilamos —dije. Era como si la presa se hubiese roto y un géiser disparara hacia fuera, y por una vez, lo único que quería era hablar de Joanna—. Estaba como una piedra en la cama, y con sangre a su alrededor. Su pelo ni siquiera se parecía al de ella, donde se suponía que crecía. Yo no… No supe qué hacer —Las lágrimas siguieron cayendo—. La dejé allí. No había lugar para enterrarla. Escribí su nombre en un libro y lo dejé sobre la cama para que pudieran encontrar a nuestros parientes, pero nunca lo comprobé. Simplemente me fui. —Perdiste todo lo que tenías, Scarlet. Nadie podría juzgarte, no importa cómo reaccionaste. —Fue peor que dejarla morir. La dejé sola. —¿A dónde fuiste? Me sequé los ojos. —A la iglesia. Me senté allí y lloré y todos los santos estaban justo mirándome y llovía horriblemente. Una vela volcó y un poco de la pared se incendió. La repuse, pero escapé. No podía hacer nada
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    PÁGINA141 más que correr.Me imaginé que era una señal de Dios de que no era bienvenida en ninguna parte del mundo. Así que cuando te vi, parecía otra señal. —Sacudí mi cabeza, y más agua corrió fuera—. Pero entonces no me dejaste morir. Me hiciste venir contigo, y me hiciste ver cómo dañaban a muchas otras personas, y me hiciste fallar cada día que no pude arreglarlo. Estuvo en silencio un largo rato. —¿Todavía quieres morir, Scar? Cerré los ojos. —No lo sé —dije en voz baja—. A veces no veo mucho por lo que valga la pena vivir. A veces creo que soy una maldición sobre todos, porque vivo tan contrariamente, y le doy dinero robado a la Iglesia, y rompo la mayoría de las leyes del Señor. Pero mientras el Señor me dé una oportunidad de arrepentirme por lo que he hecho, me lo llevo. — Aspiré, frotándome la cara con la manga—. ¿Sabes acerca de mí yendo a la iglesia? Asintió. —Te vi allí. Lo miré. —Pensé que no ibas a misa. —No lo hago. —Se movió, y su voz fue silenciosa—. Ojalá pudiese. Te seguí allí una vez, con la esperanza de entrar ya que estabas allí. Por mucho que quiera desesperadamente el perdón, Dios no lo está ofreciendo en este momento. —Tragó saliva, y el bulto en la garganta se apretó—. ¿Por qué llevabas un vestido? —No se puede mentir a Dios. —No estás mintiendo, Scar. Eres quien eres. Dios te conoce en faldas o calzones. —Negó con la cabeza—. Lo bueno y lo malo, por desgracia. Me encogí de hombros. —Siempre se siente mal. Se inclinó un poco hacia adelante, cambiando en la rama, para frotar el pulgar debajo de mis ojos y secar las lágrimas. —¿Cuándo te hizo la cicatriz Gisbourne? —Hace años. Nos atrapó a Joanna y a mí escapando de nuestra casa y deslizó un cuchillo en mi cara. Le dije que no sería capaz de usarlo en mí, así que lo hizo. —Bastardo. Cortar a una niña, y debías ser sólo una pequeña por entonces. —Trece —repliqué—. Dos días antes de catorce. No era tan pequeña. —Es extraño. Suena tan joven, pero la mayoría de las mujeres nobles se comprometían a los catorce. Algunas incluso se casaban, aunque tradicionalmente esperaban hasta los quince.
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    PÁGINA142 Tragué un bultoduro. —Escuché eso. —Levanté mis ojos hacia él, mis ojos extraños, y por primera vez, me hubiese gustado brillar en su mente. La verdad era, que conocí a Rob. Antes de que Gisbourne me cortara y antes de que Joanna y yo escapáramos a Londres, conocí a Rob —sólo una vez, no por mucho tiempo. Cuando le vi en el mercado ese terrible día después de que Joanna muriese, sabiendo que era un noble, se sintió como un regalo. Lo reconocí directamente —pero en todo el tiempo y desde entonces, nunca reconoció a mi yo de hace mucho tiempo. —Así que ya sabes, Scar, no quiero que te marches a ninguna parte. Y siento lo de los Morgan. Eso fue cruel. —No quiero correr —dije, agachando la cabeza—. Sólo que a veces siento que todo va a salir, como una tajada sangrienta, y... —Me encogí de hombros. —Lo sé. Pero no importa cuánto sangres, te remendaremos. Sólo confía en nosotros. Asentí con la cabeza. —¿Quieres bajar conmigo? —Me quedaré aquí. Me lastimé el hombro lo suficiente para no levantarme; voy a dejarlo descansar un poco. Me tomó del brazo. —Cristo, me olvidé de eso. Vamos, sube a mi espalda. Te voy a llevar abajo. Dolía un poco y con todas las lágrimas me sentía cansada y débil. Aún así, sacudí la cabeza. Creo que prefería caer contra la tierra que encaramarme en su espalda como un mono —o peor aún, como un niño. Frunció el ceño pero no me obligó, y me llevó trepando a lo largo del árbol. Cuando tocamos tierra, John me llamó para sentarme junto a él. Le di una mirada desnuda a Rob y me fui, sentándome cerca de John. Me pasó un poco de sopa y se acercó más para hacerlo, poniendo su brazo alrededor de mí. Una parte de mí se retorció un poco, como si no fuese correcto, pero la otra simplemente se alegró por el brazo caliente y el lado caliente y la sopa caliente. —La sopa debería bajar bastante fácilmente —dijo John suavemente. Asentí, y me apretó la mano un poco—. Lo siento por lo de los Morgan. Tomando un sorbo de sopa, sentí como si debiera empujar su brazo, sentí como si debiera subir de nuevo al árbol y empujar a Rob conmigo hacia ahí, permaneciendo veteados en la madera. Atrapé a Rob mirándonos, pero en cuanto lo vi, se fue con Much sin mirarme otra vez.
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    L PÁGINA143 12 os días comenzarona dibujarse rápidamente. Los pasábamos entrenando y trabajando en los caminos, recogiendo tanto como pudiésemos en monedas. Llegaban lo suficientemente rápido. Durante las noches, cazábamos en los bosques del Rey y dábamos la carne, pero en casi dos semanas, seis personas fueron atrapadas, y sabíamos que sería peor cuando el día de Impuestos llegara. Gisbourne no los mataba, lo que era bueno y malo al mismo tiempo. Bueno porque no estaban muertos, pero malo porque estaban en la cárcel todavía. Sabía que él tenía el castillo controlado como si fuera una fortaleza; incluso de día, las personas no podían ir y venir más. Si íbamos a liberarles, tendría que ser a todos de una vez, y queríamos esperar hasta que cayese el día. O cayese la noche, supongo, porque quedarse colgando por la mañana no le haría mucho bien a nadie. Mi hombro sanó; sólo dolía si lo golpeaba. Lo que era bueno — cuando mi hombro dolía, me hacía escalar más fuertemente, y por estos días me encontraba en los árboles mucho más. Gisbourne no podía ir a donde yo iba, y esa era la única cosa que me hacía sentir segura. Me bajé de la bóveda hacia el camino. Los viajeros habían pasado, y John me arrojó una gran bolsa de monedas que le quitó a uno de los señores. —Horriblemente pesada, Scar. Buen sitio. Sacudiéndola, escuché el tintineo como la suave lluvia. —El sonido más dulce que existe. —Se la arrojé a Much mientras Rob y yo empezábamos a recoger las joyas y armas. Fuimos a tomar la misma espada y nuestros ojos cruzaron miradas. Retrocedí, dejando que la tuviese él. John agarró otra de las espadas, apuntándola hacia mí. —Vamos, Scar, ¿quieres luchar? —Preguntó. Entonces vio una daga y ambos saltamos a por ella.
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    PÁGINA144 Su mano llegóun pelo antes que la mía y la levantó por encima de su cabeza. —¿Quieres esto, Scar? —Balanceó la daga de un lado a otro. Salté a por ella y él sonrió, capturándome y sosteniéndome por encima de la tierra de tal forma que nuestras narices estaban a la misma altura. Me quedé mirándole, sin temerle en absoluto. —No que fuera a saltar después, John. —¿Segura? —Preguntó, sus ojos fijándose en mi boca. Se inclinó hacia mí un poco y le di una patada en la espinilla antes de que hiciese alguna cosa tonta como besarme. John me soltó con un gemido y le arrebaté el cuchillo, capturando los ojos de Rob y viendo el ceño fruncido de muerte en su cara. Incluso Much estaba frunciéndome el ceño, y me di la vuelta, sintiendo mi vientre girar. No era justo. Rob nunca sería del tipo que tiene a su vientre girando por mí, pero si John y yo teníamos un poco de amistad, actuaba como si estuviera separando desgarradoramente a la banda. Tuvimos un decente recorrido en el camino esa mañana, en total, y Rob y yo nos dirigimos a Trent para vender los trozos más caros. —Creo que ha pasado mucho tiempo —le dije. Me miró, curioso. —¿Qué? —Demasiado tiempo. Desde que estuvimos en una pelea o algo. Tengo un mal presentimiento hoy. —Tal vez es porque John no está contigo. —Sonrió, pero sus dientes se mostraron muy rápidamente—. ¿El mundo no está bien sin él? Le fulminé con la mirada. —No es así. No tienes que ser malo al respecto. —Eso no fue malo. —Bueno, no me digas que estás empezando en mí. Su sonrisa se volvió un poco más suave. —No. —Honestamente, sin embargo. Tengo una mala sensación. Me miró. —¿Sobre ir a Trent? ¿O vender las joyas? Rodé entre las dos ideas. —Trent, creo.
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    PÁGINA145 Asintió. —Tenemos queser doblemente agudos, entonces. Sonreí. Me gustaba eso de Rob. Se burlaba un poco, me fruncía el ceño mucho más, pero confiaba en mí. —Así que, ¿qué hay de ti? —Pregunté. Sentí mi cara enrojecer por preguntarle eso. —¿Yo? —Y las chicas. Damas. Tú no… Quiero decir, John está siempre enamorado de alguien, pero tú nunca pareces estar muy interesado. —¿Eso es lo que crees que eres para John? ¿Un asunto del momento? Pateé una piedra. —No era mi pregunta. —Era como John, antes de irme. Todas las chicas eran una nueva aventura. Pero luego llegaron las Cruzadas, y luego este desastre, y ahora soy un noble sin título —Negó con la cabeza—. Casarme con una plebeya sería una deshonra para el linaje de mi familia, pero no tengo nada que ofrecerle a una mujer noble. —Tampoco es como si Bess o Ellie quisieran casarse contigo. Se encogió de hombros. —Le dejaré los revolcones a John. —Me miró fugazmente—. No quiero decir que te haya sido infiel, Scar. Negué con la cabeza. —Espero que no me sea fiel. —¿Qué? —Te lo he dicho antes, no estoy segura sobre él. Estoy difícilmente convencida de incluso gustarle y menos después de pescar un revolcón. Rob se frotó la cabeza. —Parece bastante seguro sobre ti. Me reí entre dientes. —Creo que Bess o Ellie te dirían lo mismo. —Puse mi largo abrigo más apretado; el viento se deslizaba a través de las coderas—. Igualmente, te dije que no me casaré. Sonrió. —Así que te rehúsas a estar segura sobre él para no tener que casarte. —Algo parecido. —Miré a sus pies—. ¿No se siente solitario, sin embargo? —¿Por eso estás con John? —No estoy con él. Pero si alguna vez lo hago, creo que esa sería la causa. Es justamente bueno, ya sabes. Alguien aferrándose a ti te hace sentir como si estuvieras realmente allí.
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    PÁGINA146 Asintió. —Lo sé.Lo bueno no es para mí ahora, sin embargo. Necesito centrarme en proteger a las personas para que puedan sentir ese confort, no egoístamente tomarlo para mí mismo. —Tal vez piensas que no lo mereces. —Me sentía así, casi siempre. —Tal vez no lo haga. Asentí, caminando a su lado. A veces Rob y yo parecíamos parientes. Cuando llegamos a Trent, era mediodía y el mejor momento para las ventas. Nos pusimos las capuchas, bien profundas para que nuestros rostros se escondieran. Los cuchillos eran más fáciles de cubrir que un arco en una pequeña multitud en la plaza, así que me separé de Rob y le vigilé, dispuesta a lanzar una cuchilla si era necesario. Mientras él rodeaba la plaza, eché un vistazo a las armas ofrecidas en el mercado. Sólo había visto el parecido de la cuchilla que quería buscar para Much, pero una vez, y no esperaba encontrarla aquí, aunque siempre valía la pena mirar. Tal vez John podría hacérsela una vez las cosas se pusieran más tranquilas. Me acomodé y vigilé al joyero. Sus ojos se movían por los alrededores, y ni siquiera había visto a Rob todavía. No tenía razones para estar tan nervioso. Silbé dos veces, dos tweets cortos, y Rob se detuvo, saltando del puesto de joyería y mirando las mercancías del curtidor. Me quedé cerca de la tienda, siguiendo las escurridizas miradas del joyero. Los hombres de Gisbourne, en sus trajes negros con detalles rojos, estaban en el mercado. Mi sangre comenzó a correr como agua de río y di tres silbidos cortos esta vez. Rob se giró agudamente y comenzó a moverse entre la multitud. Una mano se cerró sobre mi cabeza, agarrando la capucha y el sombrero y rasgándolos hacia atrás. Me sacudí y retorcí, y todo mi pelo secreto fluyó alrededor como serpentinas en mi cabeza. Era uno de los hombres de Gisbourne, y estaba mirando fijamente la capucha como yo lo hacía con él. —¡Ayuda! —Grité lo más alto que fui capaz—. ¡Ayuda, por favor! A los hombres parece gustarles ayudar a las señoras que lo necesitan, así que cuando eché a correr entre la multitud, y vieron mi largo
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    PÁGINA147 pelo y suavebarbilla sin notar los pantaloncillos y todo, detuvieron a los hombres de Gisbourne lo suficiente para escapar del mercado. Pasé corriendo a Rob, quien estaba esperándome, agarrando su camisa y sacudiéndole mientras me sujetaba. —¡Por la sangre de Cristo, Rob, vamos! —Grité. Corrió conmigo entonces, y ambos nos atornillamos en los árboles como el retumbar de un trueno. Cuando Rob bajó la marcha, traté de seguir corriendo, mirando hacia atrás por encima del hombro. —Scar, está bien. No vieron por donde nos fuimos —dijo. Dejé de correr y tomé un profundo trago de aire. Luego escupí cada maldita mala palabra que había aprendido, incluso sabiendo que tendría que confesarme por todas ellas el domingo. Rob parecía un poco sorprendido. —No me mires así —le espeté—. Sólo porque no pueda afeitarme la barba no significa que no pueda jurar. —Como un marinero —agregó—. Nunca he oído tantas maldiciones en toda mi vida. Juntas. Le fulminé con la mirada y pronuncié otra buena tanda en gran medida. Luego escupí en el suelo. Si alguna vez existía algo que se acercara al mal, serían las malas palabras. —¿Debo preguntar qué te tiene tan preocupada? —¡Los hombres de Gisbourne saben ahora que soy una chica, Rob! Músculos saltaron en su mandíbula rodando en manojos. —Eso no es bueno. —¡No, sangrientamente no lo es! —Negué—. Va a venir directamente a por mí ahora. Dios sabe que ustedes muchachos son buenos y duros, pero pone una cuchilla en la garganta de una chica y le darás todo. Y mientras está haciendo eso, obtendrá una larga mirada de mi cara y… —Las palabras se secaron, y mis huesos comenzaron a temblar. Dios, si alguna vez era tiempo de esconderse, era ahora mismo. Debería correr. Tenía que correr. Después de que los muchachos se fueran a dormir, podría caminar lejos de York por lo menos antes de que me alcanzasen, tal vez incluso Escocia. Quizás debería dirigirme hasta Dover y tomar un barco a Francia. —Scarlet —dijo Rob, como si lo hubiese dicho unas cuantas veces ya. ¿Lo hizo? Sus grandes manos sujetaban mis hombros. Le miré. Mis ojos se sentían como si fueran a saltar fuera de mi cráneo. Se encontró con mis ojos e inclinó la cabeza un poco—. Estás bien. Vas a estar bien. No dejaremos que Gisbourne se te acerque.
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    PÁGINA148 —No tienes muchasopciones cuando estas respirando a través de un tajo en el cuello —espeté, apartándome. Me dejó ir, luego tomó mi cara, sus manos en mis mejillas, sus ojos en los míos arrastrándome como el mar calentado por el sol. Mi aliento y mi salvaje mente se congelaron. —¿No crees que estoy a la altura de Gisbourne? No contesté —no creo que pudiera, sosteniendo mi cara así, las palabras no hubieran llegado— y sus ojos obtuvieron ese oscuro, frío destello. —Realmente no has visto de lo que soy capaz, Scar. Es él quien debería tener mucho miedo. Parpadeé. Su pulgar acarició mi cicatriz, y resonó a través de mí como si estuviéramos enredados en la cuerda. —Tiene mucho por lo que responder ya. Si viene a por ti, es hombre muerto. Sentí mi boca colgar abierta, pero no pude hacer mucho al respecto. No podía hacer mucho de nada cuando me tocaba de esa manera. Sus pulgares seguían acariciando, deslizando a mi mente claramente lejos. Mis mejillas se sentían calientes y rojas bajo sus dedos, y él sonrió, sus ojos pesados como el peso del océano. —¿Todo bien? Me mordí el labio inferior, asintiendo un poco. Dejó ir mi cara, pero sus dedos se quedaron en mi pelo un poco. — Tienes un bonito pelo, sabes. Mis cañerías6 se sentían apretadas y no podía respirar mucho. — Gracias. —Me las arreglé para decir—. Um, tú también. Su mano cayó y se rió entre dientes. —Gracias, Scar. —Se retiró. ¿Qué, en todo el Cielo y el Infierno, fue eso? Grité. Bueno, no hubo grito alguno, pero quería hacerlo. ¿Por qué pones tus manos sobre mí de esa manera? No puedes tocarme y hacer a mi piel retorcerse cuando ambos sabemos que no estás enamorado de mí. La sola idea hizo que mi rabia muriese como una hoja de árbol, y le seguí por detrás. Era una razonable tortura cuando ponía sus manos sobre mí, y me miraba, y se quedaba conmigo, pero Robin era un noble, y en su corazón nunca se volvería un ladrón. 6 Refiriéndose a venas.
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    PÁGINA149 —Bueno, tal vezsólo estaban en el mercado —ofreció Much. —Quizás no vigilaban al joyero. Después de todo, atraparon a Scar, no a ti, Rob. —Nunca me acerqué. Ella estaba más cerca que yo. —Rob sacudió la cabeza—. Creo que vigilaban al joyero. —Era todo sospechoso —dije—. Fue por él por lo que te advertí. El hombre debió divisar mi capucha y pensar que era el Hood. —Entonces tal vez los hombres de Gisbourne no te reconozcan por uno de los míos después de todo. —¿La conocen? —La cara de John se puso blanca—. ¿Quieres decir que él es cómo perdiste el sombrero? ¿Gisbourne sabe ahora que eres una chica? Mi pelo estaba trenzado hacia atrás, pero lo agarré de todos modos. Asentí. —Oh, Cristo —gimió Much. —No es de las peores noticias que hemos tenido —dijo Rob. John se frotó la cabeza. —Es malo. —Oye —dijo Rob, frunciendo el ceño—. Que ninguno de ustedes, incluyéndote a ti misma, Scar, olvide cuán exactamente mortal es Scar. Viene tras ella y tendrá un poco de su cabeza tallada en la piel. Sonreí. —Y luego el resto de nosotros lo mataremos. Le sonreí. —De todos modos, no tenemos tiempo de preocuparnos por eso. — Todos miramos a Rob—. El día de Impuestos es pasado mañana, y necesitamos cercar estas joyas de inmediato. Mientras tanto, no podemos dejar la cueva desprotegida. —Nadie sabe dónde está —respondió John. —No podemos arriesgarnos. No cuando tenemos aquí el dinero de los Impuestos para casi todos en Edwinstowe, Worksop, y Nottingham. —¿Por qué no lo hemos repartido ya? —preguntó Much. Suspiré. —La gente es pobre, Much. Lo gastarán en otra cosa antes de los impuestos, y luego serán colgados o algo peor.
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    PÁGINA150 —¿Qué es peor?—Preguntó John. —Pregúntale al niño de Tuck —murmuré. —De todas formas, vamos a tener que dividirnos más de lo habitual. Scar, quiero que te dirijas a Leicester. John, tu irás a Derby. Much, vas a dirigirte a Lincoln. Yo me quedaré y protegeré el tesoro que tenemos. —¿Vamos a salir solos? —preguntó John. Rob se frotó la cabeza. —No. No puedo aprobar eso. Enviaré a Mark Tanner con John, Thom Walker con Scar, y, Much, ve con Lena. Ella te seducirá fuera de los problemas si lo necesitas. Mejor que un brazo fuerte. No son las mejores opciones, pero son los únicos que no se matan por traer la cosecha. —¿Son incluso buenos con las armas? —pregunté—. Lena no lo es. —No, no están allí para luchar. Están para advertirte y mantener un juego extra de ojos, y correr, cuando sea necesario. Me crucé de brazos. No me gustaba Thom Walker. No confiaba en él en lo más mínimo, pero entonces tampoco lo conocía, y no había hecho mucho para ganarse alguna vez la confianza. —Miren, es por un día. Necesitamos esto hecho. Asentimos. —Bien, pónganse en parejas y practiquen con las armas. Nos introduciremos esta noche temprano. Todos debemos estar despiertos antes de que salga el sol. John me dio su capa la mañana siguiente, con una enorme y pesada capucha de lana añadida. Podía encajar mi pequeño arco a través de la espalda por debajo de ella sin que nadie se diera cuenta, así que la acepté. Empujé algunas ramitas en el pelo —solía hacerlo con peinetas finas, así que sabía cómo mantenerlo recogido hacia atrás, pero quería una nueva visera. Tal vez podría hacerme con una en Leicester. Recogí a Walker como a una especie de niño abandonado en Edwinstowe, sólo asintiéndole y comenzando a andar por el camino. —Así que —intentó—, Leicester, ¿cierto? Eso es lo que dijo el conde. No dije nada. Tampoco me gustaba la gente que llamaba a Rob “el conde”.
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    PÁGINA151 Se rió entredientes. —Eres el ladrón, ¿no? No se te puede reconocer mucho como el sol. Rodé los ojos. Sinceramente, no era ningún demonio. —¿No estás de humor para una pequeña charla bromista? Caminé más rápido. Dios sabía que no me auto-comparaba con ningún Hijo de Dios, pero en este momento podría haber tomado la flagelación y la corona de espinas en lugar de escuchar a Thom Walker parlotear por horas mientras íbamos hacia Leicester. Siempre y cuando no tuviese que morir al final. Mientras subiese de nuevo —eso ponía a la muerte en perspectiva un poco. Incluso creo que Cristo habría estado bien feliz con la muerte si supiese que no era una situación permanente. Nos montamos en un carro después de dos horas de caminata, y cerré los ojos por un momento, nunca durmiendo de verdad. No me gustaba alguien nuevo tan cerca. Walker no se movió mucho, sólo se removió. Y dejó de parlotear. Estuvimos en el carro por un tiempo y luego saltamos cuando el camino se bifurcaba. Era todavía mañana, y el camino estaba razonablemente lleno, por lo que nos desvanecimos. Yo lo hice, de todas formas. Walker era grande —no tan grande como John— pero no demasiado consciente de su tamaño, y sobresalía como el pulgar de su mano. Cuando llegamos cerca de Leicester, le dije que se mantuviese lejos de mí, así los dos podríamos tener un ojo sobre el otro. Le dije que se quedase lejos de las peleas, y que silbase si algo iba mal. Sonrió como si fuese algo divertido, y no la vida de personas, con lo que negociábamos. El mercado estaba completo. Justos impuestos y decentes propietarios hacían un comercio resistente, y el mercado lo demostraba. Eran tales mercancías que nunca había visto, ropas y pasteles y grandes trozos de carne, cuchillos y espadas y todo tipo de armas. Llegué demasiado ansiosa al puesto de un vendedor. Cautivada por el oscuro reflejo de algún barato metal Sarraceno, me acerqué, y vi lo que había estado buscando, el arma que sería perfecta para Much y no otro. Mis dedos se enroscaron hacia ella con voluntad propia, y el hombre, un herrero fornido con hombros como troncos de árbol extendidos a través de él, sonrió. —Un kattari —dijo—. Del Este, una muy rara y única arma. La tomé. La broca de fondo era como una H, con un travesaño para aferrarse y un escudo para los nudillos. Justo encima del travesaño comenzaba la hoja, ancha como la palma de un hombre y cerca de ser
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    PÁGINA152 tan larga comosu antebrazo, disminuyendo rápidamente en una cuchilla casi como un triángulo. Sin pensarlo por un momento, saqué mis dos cuchillos Sarracenos. —Un trueque —ofrecí. Se burló. —Baratas imitaciones no son nada en comparación con el kattari. —Son reales. Con rubíes. —Dinero —insistió. Retiré el brazo. —Bien, entonces. Los venderé en otra parte. Señaló hacia delante, desplazando algunas cuchillas sobre la mesa y dejándolas estrepitosamente. —Un trueque, entonces. Sonreí y asentí. No era muy justo, pero no me importaba hacerlo por Much, y envolvió el kattari en tela áspera e hizo el trueque. Una vez fuera, metí la cuchilla cubierta en mi chaleco y fui a buscar un nuevo sombrero. Había algunas capas, y birlé una de fieltro lanudo que era barata y con una curiosa forma. No dejé dinero detrás; después de todo, era una ladrona y no era como si estas cosas fuesen robadas como en Nottinghamshire. Me la metí en el chaleco también, y busqué a los joyeros. Leicester tenía tres joyeros: uno que se ocupaba de los metales, otro de las joyas preciosas, y otro quien, al parecer, sólo trabajaba para la nobleza. De todos modos, los tres hombres eran compradores, y no era difícil obtener un buen precio como ese. Fui de aquí para allá, trabajando hasta que tuve un buen precio elevado, tres veces más de lo que intercambiamos en Newark. Cuando finalmente me pagaron, vi una sombra avanzando lentamente hacia el lado de la puerta, esperando a que yo saliera. Miré velozmente; ¿dónde estaba Walker? No le vi directamente fuera, pero tenía que salir de aquí antes de que pudiera encontrarle. Era el joyero que trabajaba para los nobles al que tenía que pasar, y entonces, con un toque descarado, bajé mi capucha para que el joyero pudiera ver mi cara y el giro de mi pelo. —Por favor —susurré—. Por favor ayúdeme. Sus ojos se agrandaron. —Santa María, eres una chica —dijo. Levanté la barbilla. —Una mujer —insistí—. Por favor, tiene que ayudarme. Hay hombres afuera, tratando de llevarme de vuelta a mi señor marido. Va a matarme —le dije. Mis ojos incluso se aguaron un poco. —¿Su marido? No me cruzo con nobles, ni siquiera por una señora.
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    PÁGINA153 —Va a matarme—dije de nuevo. Puse mi mano en su brazo—. ¿Tiene una salida trasera? Sólo pretenda que pasé corriendo junto a usted, déjeme ir, y no se cruzara con nadie. Por favor. —Encontré sus ojos, mostrándole toda la rareza entera de los míos—. He tenido que vender mis joyas; no las cambiaría por mi vida. Suspiró, y señaló con el pulgar por encima del hombro. Tomé la bolsa de dinero, me subí la capucha, y salí corriendo. Su taller llevaba a una sala de fuelle con un diminuto hoyo y calefacción, y había una gran puerta trasera que llevaba a un pequeño espacio con un caballo en él. Miré al caballo, tentada. En su lugar subí al tejado. Apoyada en las vigas, miré hacia abajo. Tragándome juramentos, divisé a tres hombres y tal vez un cuarto arrasando el mercado. ¿Cómo nos encontraron los hombres de Gisbourne de nuevo? Debía estar siguiéndome de alguna manera. Era la única persona en ambos lugares. A menos que los otros hubiesen sido seguidos también. Walker seguía en el mercado, mirando tras las mollejas, completamente ciego al peligro. Algunos miraban hacia él. Me subí a unos cuantos techos más y me dejé caer en el mercado, agarrándole del brazo y empujándole lejos. Corriendo, me deslicé entre la multitud. Yo era razonablemente buena deslizándome, pero Thom no. Continuaba deteniéndose y arrancando y golpeando a la gente, excusándose con ellos demasiado alto. —¡Maldita sea! —gruñí, sacando un cuchillo y girándome, encontrándome con sus ojos cabeza arriba. Se detuvo—. Cierra el gaznate, sígueme, y corre, o te dejaré aquí, y tú te defenderás de Gisbourne. Tragó saliva. —Ya voy. Asentí, enfundando mi cuchillo y corriendo.
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    C PÁGINA154 13 orrimos hacia Edwinstone,y una vez que tuve a Thom Walker seguro y cuidado, corrí a la cueva con mi botín, dando una larga vuelta por el Lago Thoresby para que nadie me siguiera. No podía arriesgarme. De alguna forma nos siguieron, de eso estaba malditamente segura, pero ahora teníamos algunas horas antes de que los hombres del sheriff viniesen a buscarnos por la mañana, y mucho dinero que repartir antes de eso. Llegué a la cueva y sólo John faltaba. —¡Ey! —Llamé. Much y Rob se giraron—. ¿Habéis sido seguidos? —No —dijo Much—. Claro que no. Maldije. —Gisbourne estaba en Leicester. Debe estar siguiéndome, Rob. Su boca se torció hacia arriba. —Dudo que te esté siguiendo, Scar. Eres demasiado sospechosa. —Entonces qué fue, ¿una maldita buena coincidencia? Tiene que estar marcándonos de alguna manera. —Si el caza ladrones está buscándote, y tiene marcas en ti, ¿no te habría apaleado ya? —Preguntó Much. Toqué mi cicatriz con los nudillos. No era un mal punto. —No tenemos tiempo para preocuparnos por eso, Scar. No hay forma de que te esté siguiendo, o habría hecho algún movimiento en ti, en nosotros, o en la cueva. Necesitamos centrarnos y empezar a dividir las monedas. Asentí. No estaba muy segura de ello, pero tenía razón —otras cosas necesitaban más tiempo. —¿Cómo vamos a hacerlo? —Vamos a contar lo que tienes, contaremos lo de John cuando vuelva, y luego creo que lo dividiremos de nuevo esta noche. Tenemos que conseguirle a esa gente el dinero.
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    PÁGINA155 Rodé mis hombros,un escalofrío deslizándose por mi cuello. —No creo que debamos estar solos, Rob. Tenemos tiempo suficiente para entregar el dinero antes del amanecer. —Definitivamente no quiero que nadie ande solo por la ciudad, pero no habrá tiempo suficiente para repartir las monedas. Las mismas parejas que hoy. Negué. —No confío en Thom Walker, Rob. Era más como una pelota girando entre mis piernas de todas formas. Me retrasó terriblemente. Despachó esto. —Incluso si fueran los mismos compañeros de hoy, alguien se quedaría solo. Prefiero estar sola que con Walker. —Quedarse solo no es una buena idea. No con Gisbourne y el sheriff con todos sus refuerzos esta noche. Además, necesitamos todas las manos que podamos conseguir. —¿Qué es esto? —Gritó John, arrojando un saco tintineante de monedas—. ¿Qué sobre las manos? —Hablábamos de esta noche —dijo Much rápidamente, mirando hacia abajo—. Necesitamos más gente, pero Scar no quiere ir con Thom Walker. —Yo iré con Scar —dijo rápidamente. —Acabo de decir que necesitamos más gente, no menos. —Bueno, nosotros tomaremos Edwinstowe, y Much puede ir con Lena a Worksop, y tú, Thom, y Mark Tanner pueden ir a Nottingham. Eso lo resolvería. —No realmente —dijo Much—. En realidad deberíamos ir Tanner y yo a Worksop, y tú, Lena, y Walker a Nottingham, luego Rob con Scar a Edwinstowe, para balancear nuestra fuerza y rapidez. Es diferente a lo de vender joyas. Rob suspiró. —Bien. Vamos a contar y a repartirlo y luego cada uno va por su camino. Asentí, pero aun así no pude sacudirme la mala sensación. Algo iba mal, y lo sabía. Sólo esperaba que tuviese cuchillos suficientes cuando ocurriera. Para acabar, aparté a Much mientras Rob y John seguían contando, y desenfundé el cuchillo de mi chaleco. Le entregué el paquete de arpillera. —¿Qué es eso? —preguntó.
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    PÁGINA156 —Creo que podríaser tu arma —dije. Desenvolvió la arpillera y, usando su brazo bueno, enganchó la funda a su cinturón donde fue amarrada a sus hombros, por lo que quedaba muy arriba de su cadera. Deslizó la mano a través de las abrazaderas del largo metal para agarrar la barra. Much la desenfundó, y el metal parecía rico en contraste con el oscuro bosque, la tierra verde y cielo plata. Much sonrió, deslizándola en el aire. Era como si las puntas de sus dedos fueran soldados fuertes y se convirtieran en una espada malvada. —Esto —dijo—, es mucho mejor que un cuchillo. Dejé que mi sonrisa dentuda mostrara mi orgullo. —La parte de “Much” es más importante que la de ser “mejor”7 —le dije. Se rió entre dientes. —Ahora sólo tengo que averiguar cómo usarla. —Eres más inteligente que todos nosotros, Much. Lo conseguirás. Sosteniendo la espada lejos, dio un paso adelante y me abrazó con su brazo malo. Fue más apretado de lo que pensé que él podía abrazar, pero me alejó después de un minuto. —Saca tus cuchillos, Scar. ¡Vamos a luchar! Era después del anochecer cuando nos fuimos a Edwinstowe, y Lena, Mark, y Thom estaban frente a la casa de los Morgan. Me quedé atrás a partir de ahí. Sabía que no era más bienvenida que Saladin en esa casa. —Bien —dijo Rob—. Mark, ¿podrías ir con Much? Asintió. —Lena y Thom, vais con John. Thom me miró, y lo sentí de nuevo, ese escalofrío en mi cuello. —¿No voy con Scarlet? Entrecerré mis ojos. —Llámame Will. Se río entre dientes. —¿Por qué? Sé que no eres un chico. 7“The ‘Much’ partis more important than being ‘better’”: Juego de palabras con el nombre de Much que al traducirlo queda como tal.
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    PÁGINA157 Se sintió comoplomo caliente deslizándose por mis cañerías. —¿Y cómo lo sabes? —Preguntó Rob. Fue más bien un gruñido. John se puso delante de mí. —¿Era un secreto? Podría decirlo. —Ella viene conmigo esta noche —dijo Rob. —Sí, y me dejas a Scar a mí—dijo John. —Oh —dijo Walker, como si entendiese algo nuevo—. Tú eres su compañero, entonces. —No. —Sí. John y yo hablamos al mismo tiempo, y me crucé de brazos. —No soy tu chica, John —siseé. Me guiñó un ojo. —Estoy en ello. Negué, y luego nos separamos. Much y Mark se marcharon, y John vino hacia mí y me frotó los brazos. —Entonces, ¿por qué no soy tu compañero todavía? —Preguntó. Cerré los ojos así no podía ver a Rob. —Vamos, John, no vas en serio conmigo. No terminaría bien si fueras mi compañero y te viera con la encantadora Bess, o con Agatha Morgan. Sus brazos me rodearon la cintura. Tenía una gran sonrisa, llena de dientes como estrellas. —¿Estás diciendo que eres del tipo celoso, Scar? —Estoy diciendo que algunas chicas abofetean, pero yo tengo cuchillos. —¿Para mí o para Agatha? —Ambos. —Me acercó, pero mis brazos seguían estando cruzados por lo que mis codos lo empujaban. —¿Qué pasa si guardo todas mis sonrisas para ti? Me reí entre dientes, moviendo la cabeza. —No eres de ese estilo, John. ¿Por qué cambiar por mí? —Porque por ti vale la pena. Eso dio una especie de aleteo en mi interior, pero puse mis manos en su gran pecho para apartarle. Dejó ir mi cintura. —Tenemos trabajo que hacer, John. Suspiró. —Vale. Seamos rápidos, y te compraré una bebida después en lo Tuck.
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    PÁGINA158 —Hecho. Los otros sefueron, Rob y yo dividimos la bolsa en dos y comenzamos por los extremos opuestos de Edwinstowe. Fueron dos largas hileras de casas, con una gran iglesia en el medio, y más casas agrupadas por ahí. No había huertas en la aldea, sólo un gran granero donde guardaban a todos sus animales. Empecé por un extremo y Rob empezó donde terminaba el Tuck. Éste no era el tipo de reparto que podía dejarse, así que llamé silenciosamente en todas las puertas, pasando un puñado de monedas, suficiente para pagar los impuestos y además un poco de comida. La mayoría agradeció, pero otros fueron muy fríos, y eso estaba bien. Tenía ese tipo de orgullo que a veces se interponía entre las cosas. Fui a través de posiblemente diez casas, que no era mucho —tenía que ir a unas treinta y cinco casas —cuando escuché un whish. Me volví a tiempo para ver una rama quebrándose a mi lado, golpeándome en el suelo cerca de la casa. El aire escapó de mi pecho, pero no pude tomarlo. Mis uñas se clavaron en el suelo, pero alguien me dio la vuelta, quitándome la capucha. —¿Thom? —J adeé. Dolor atravesó mi pecho, y no podía respirar. Agarró mi pelo, arrastrándome por el suelo. Mis ojos lagrimeaban cuando traté de respirar, vociferé el nombre de Rob y me revolví contra el agarre de Thom. Me arrastró detrás de la casa hacia los bosques, las rocas cortando y raspándome. Logré un poco de aliento, suficiente para alimentar mi rabia y darle una patada en su rodilla. Se desplomó, cayendo encima de mí y expulsando el aire otra vez. —Entonces, será como quieras —dijo—. Gisbourne dijo que sólo tenía que retenerte durante unos minutos y estás tan buena forma como cualquier otra. —Sus dedos se enredaron en mi pelo, y sus piernas empujaron a las mías hacia abajo, uno de sus brazos atrapándome. —Bastardo —siseé, golpeando su frente con la mía. Rugió de dolor y me golpeó en la cara. Le di un puñetazo de vuelta, agarrando un cuchillo, pero tomó mi muñeca y tiró de mi brazo, sosteniendo mis brazos encima de mi cabeza. Me dejé caer enojada como un pez capturado, mi pelo volando por todas partes. —¿Cómo pudiste? —pregunté—. ¿Gisbourne? Su mano libre atrapó mi blusa y tiró, desgarrando el tejido hacia abajo. —¡Paga bien! Pero ciertamente tiene algunos beneficios estar en esta posición. Su mano agarró mis partes por encima de la tela, y le escupí. Me alcé, dándole un cabezazo otra vez. Si pensó que haría de muchacha
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    PÁGINA159 indefensa, estaba completamenteequivocado. Sus ojos se cerraron con dolor, y golpeé su nariz con mi cabeza una vez más. —¡Rob! —Grité. Thom se retorció y gritó de dolor, suficiente para liberar mi pierna y golpearlo con la rodilla en sus partes masculinas. Se cayó y llevé mi pequeño puño hasta su mandíbula. Entonces el maldito imbécil colapsó, presionando todo su peso sobre mí. Traté de moverlo, pero estaba fuera de combate. —¡Rob! —Grité otra vez—. ¡Deprisa! Me incliné para sacar mi pierna, y escuché un crujido en la vereda. Lo empujé fuera de mí, levantándome para encontrar a Rob. Pero no fue la figura de Rob la que vi. Era Gisbourne cerca del camino, proyectando su sombra sobre mí entre las casas. Se rió, y me congelé. —Lo supe tan pronto Thom mencionó tus ojos. Antes de eso, no lo hubiese esperado —dijo, su sonrisa brillando como la de un lobo—. Pero cuando dijo que tus ojos eran como piedras de luna, supe que había encontrado a mi caprichosa chica después de tanto tiempo. Así que ahora te llaman Scarlet, ¿no? Qué irónico que huyeras tan lejos de tu vieja vida y te nombras con tus caros listones. —Se acercó—. ¿Qué, no hay palabras dulces para tú prometido? Mi espalda bombardeaba en dolor y me apoyé en la casa. Una sombra se estaba acercando a mí desde detrás de la casa, y simplemente recé para que fuera Rob y no los hombres de Gisbourne. Escupí en el suelo, mostrando a Gisbourne mis dientes como un animal salvaje. —Maravilloso —dijo—. Mi querida niña se convirtió en una pagana. Bueno, estoy seguro de que será entretenido romper con tus malos hábitos. —Inclinó la cabeza—. Puedo ver que tu último castigo sanó bien. Eso te hará pensártelo mejor antes de dejarme otra vez. —Eres un monstruo —gruñí—. Y nunca estaré contigo. —Tú me hiciste un monstruo —rugió—. ¿Crees que no tengo nada mejor que hacer que dar vueltas por Londres a la mínima mención tuya? ¿Qué recorrer el país por ti? Me atrapaste, tú, pequeña diablilla, y no toleraré ser dejado. Así que seré un monstruo hasta que seas mía, en matrimonio o en muerte. —Sus ojos ardían—. Quizás ambas. Rob salió desde detrás de la casa antes de que Gisbourne pudiera acercarse, tomando mi mano y empujándome duramente. Mis piernas se movieron inconscientemente, corriendo con él. —¡Rob, el oro! —Exclamé, viendo el oro derramado en el suelo y tirando de su mano.
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    PÁGINA160 Ni siquiera memarcó, sólo siguió adelante, llevando mi mano como una correa y corriendo entre los oscuros bosques cuando Gisbourne llamó a sus hombres para que nos siguieran. Escuché a Gisbourne riéndose mientras huíamos, y el sonido se enredó en mi mente. Rob corrió como si nunca se cansara, como si los demonios lo estuvieran persiguiendo, con su mano cerrada a la mía como un grillete de hierro. Su mandíbula estaba tensa y dura, los ojos fijos hacia delante como un halcón. Mis piernas y mi fuerza se derrumbaban, pero me mantuve en movimiento sólo para mantener la mano de Rob mientras tejía una pista salvaje a través de Sherwood. No podría decir si perdimos a Gisbourne o si nunca nos siguió. Cuando llegamos a la cueva, me dejó ir, y me di cuenta que estaba temblando fuertemente. Mi blusa estaba triturada en la espalda y desgarrada en el frente, y había un calor pegajoso en mi espalda que hacía que mi pelo enredado se pegara. Me quité la blusa y se deshizo en mis manos. Me dejé caer al suelo y me acurruqué sobre mis rodillas. La piel de la espalda se estiró y grité de dolor. —Toma. —Rob me dio una capa—. Sostenlo en el frente; tu espalda es un desastre. Trotó hacia la cueva, recogiendo el kit de emergencias. Nuestros suministros iban disminuyendo; pronto tendría que robar más. Se sentó detrás de mí, y sus dedos tocaron la tela. Mi espalda se ciñó contra él y lo dejó ir, poniendo el pelo encima de mi hombro. Pude ver trozos de brillante tela negra con sangre. El primer tirón de la tela en mi rasgada piel se sintió como el fuego. Me aferré a la estrecha manta, estremeciéndome. Él arrancó trozos de tierra y toca, y cada toque quemó. El agua se escapaba de mis ojos. No hice ningún sonido. Sólo oía a Gisbourne riendo una y otra vez en mi cabeza como una enferma balada. —Intenta dejar de temblar, Scar —dijo. No sonó gentil, como usualmente, sino firme y duro. Me acurruqué más fuerte, y mi espalda dolió aún más. Terminó de arrancar las cosas y comenzó a frotar la pomada, enterré mi rostro en la capa cuando las lágrimas se derramaron. Dolía; era el tipo de dolor más fuerte. —Aquí —dijo, e incluso no me di cuenta de que había dejado de frotar mi espalda hasta que lo vi enfrente de mí. Se quitó la camisa y la enrolló en una mano, presionándola en mí. Lo miré con mi cara mojada, y los músculos de su mandíbula ondularon. Tomé la camisa con manos
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    PÁGINA161 temblorosas, poniéndomela concuidado, y luego le entregué la capa. Su mirada era más como hielo. —No. Póntela. Obedecí, mordiéndome el labio. —Rob, lamento lo de las monedas… —Para. Paré. —No digas nada. Parpadeé. —No creo que pueda escuchar alguna cosa ahora mismo. No después de eso. No después de haberte visto, tu blusa toda rota cuando Thom… —Su boca se apretó como un cordón—. Y luego escuchar a Gisbourn decir prometida. Temblaba tan fuertemente que sentía como un traqueteo flojo en mi vientre. —Rob. —Ni. Una. Palabra —Negó con la cabeza, y sus ojos se cerraron—. Simplemente no sé cuál de todas me hace sentir de esta manera, como si fuera a vomitar mis órganos. ¿Thom te hizo daño? Negué, demasiado asustada para hablar. Apuntó un dedo hacia mí. No me miraba pero estaba de pie a mi lado, su brazo extendido hacia fuera y su pecho desnudo. —Y tú eres Lady Marian Fitzwalter, ¿no es así? La hija menor del Lord Leaford. La pretendiente de Gisbourne. Me aferré a la capa fuertemente, congelada por dentro y fuera. —¡Respóndeme! —Espetó. Asentí. Apartó la mirada de mí, mis ojos ardían como si hubiesen sido batidos, pero la verdad es, que estaba llorando. Llorando como la estúpida niña que fui. Todo mi cuerpo golpeaba con dolor, y sentía como si alguien presionara sus pulgares en mis ojos. Asintió, entró a la cueva y encontró una túnica con la que era ridículo ir sin camisa. —No te muevas —ordenó mientras caminaba de vuelta y se dirigía al bosque. —¿A dónde vas? —Pregunté, escapándoseme un hipo. Puse mi cara en mis manos. No quería mirarlo. —A advertir a los otros. Si Thom es el traidor, Gisbourne estará tras ellos pronto. Quédate aquí. —Dio un paso—. No, ve a Tuck. Dile que te oculte. Si te veo sentada en la taberna, te juro que yo mismo te asesino.
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    PÁGINA162 Corrí todo elcamino, dejando que el viento tirara lejos mis lágrimas. Tuck me puso en una habitación pequeña en la posada, y me acurruqué en una esquina, tomando la manta de la cama y envolviéndola a mí alrededor. Me retorcí encima de mis rodillas y sollocé. Sentí como si perdiera a Joanna otra vez, cómo la única cosa que me amaba en el mundo había muerto y desaparecido. Salté. Un terrible tiempo pasó antes de que alguien golpeara la puerta. —¿Scar? —Llamaron. No dije nada y simplemente abrieron la puerta. Era John, y las lágrimas comenzaron de nuevo. Quería que fuera Rob, diciendo que todo estaba bien y que no le había fallado a todo el mundo y a todo. —Aw, amor —dijo, acercándose y sentándose junto a mí, llevándome a su regazo, dejándome curvar a su alrededor. Comencé a llorar fuertemente, y frotó mi espalda. Yo gemí, alejándome. Él hizo sonidos suaves, poniéndome cerca otra vez, con cuidado de mi espalda. —Silencio —susurró, como si fuera una niña pequeña—. Estoy feliz de que estés bien. Las muchachas abajo estaban horriblemente preocupadas por ti. Bueno, no saben que eres tú a quien Tuck puso aquí, pero dijeron que alguien estaba llorando. Agarré su camisa. Mis lágrimas me hacían temblar nuevamente, y sólo quería que todo se detuviera. —Estoy aquí, Scar. No me voy a ninguna parte —Sus manos quitaron las lágrimas de mis mejillas y su pulgar acarició el costado de mi cabeza. Miré sus ojos—. No me iré a ninguna parte, Scar, porque te quiero. Empujó mi cabeza más cerca y presionó sus labios contra los míos, y lo besé de vuelta. Sabía que era una cosa idiota para hacer, pero no pude evitarlo. Me acarició el cuello y me mantuvo cerca de su cara. No ayudé en nada. Sinceramente, lo hizo peor de lo que ya era. Estaba ahuecada y torcida, enferma en todo tipo de formas. Sentía que nada volvería a ser bueno otra vez, y tiré de mis labios hacia atrás. Su mano me mantuvo ahí. —John —dije suavemente—. Yo… —No se detengan por mí. Bruscamente miré a Rob, de pie en la puerta, el puño en la manilla de la puerta y los nudillos blancos. —Supongo que te recuperaste.
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    PÁGINA163 —¿Encontraste a Thom?—Preguntó John. —No todavía. —Robin —dijo Tuck, apareciendo en el pasillo—. Tienes que venir a ver esto. Rob me miró de nuevo, y me levanté. John empezó a ayudarme, pero ya estaba en mis pies. Todo dolía. El lateral ardía en donde la rama me golpeó, mi mejilla latía, y mi espalda expulsaba calor como fuego y haciendo que el resto de mi cuerpo sintiera escalofríos. Mi cabeza se sentía como si alguien me hubiera golpeado con una olla, y el beso no ayudó en nada. Rob me detuvo en la puerta, bloqueando mi camino. No me miró. — Capa —dijo. La palabra sonó como una maldición. John puso la capa sobre mis hombros, colocándome la capucha, y Rob nos dejó a ambos pasar. Much no estaba en la taberna, lo que me pareció extraño. No había nadie allí. Tuck salió y lo seguimos. Me detuve en seco. Todos estaban en silencio, de pie en un círculo. Me empujaron a través de él, y el vómito, dolor y sangre comenzaron a pelearse entre sí por todo mi cuerpo. No estaba orgullosa de eso. Sería razonablemente vergonzoso. Eché un vistazo al cuerpo y logré cuatro respiraciones desesperadas antes de que el dolor me ganara y me desmayara. Thom Walker estaba en el suelo, su cuerpo marcado con cuchillos, la camisa colgando en pequeños trozos. Su boca cerrada con sutura de hilo negro empapado en sangre, la marca de un traidor. Tenía sangre seca por toda la cara, y en su pecho, a través de una gruesa capa cubierta de sangre ennegrecida, Gisbourne marcó las palabras: DADME A MARIAN.
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    PÁGINA164 V oy a morirhoy. 14 Me desperté de nuevo en la habitación de Tuck, y esta vez estaba en la cama, sin la capa y con las mantas alrededor de mí. Me sentía como una roca. Me moví y mi cuerpo entero se encontraba adolorido. Mis ojos se sentían como polvo de madera y mi costado estaba caliente e hinchado. Estaba magullada y ensangrentada, por dentro y por fuera. Me quedé durante mucho tiempo sobre la cama, sin moverme, solo parpadeando. Era todo en lo que podía pensar, una y otra vez. Voy a morir hoy. Porque sabía que tan pronto como comenzara a moverme, tenía que entregarme a Gisbourne. No podía dejar que nadie más saliera herido. A los chicos no les gustaría eso. Tendría que escaparme. Tampoco tendría la posibilidad de despedirme. Y luego, cuando Gisbourne viniera a mi encuentro, él me mataría. Dios sabe que yo había hecho bastante para merecerlo, y dado que mi padre firmó el contrato de matrimonio hace tantos años, él tenía razón. —Puedo decir que estás despierta, sabes. Me volví hacia mi otro lado, mordiendo mi labio mientras rodaba sobre mis heridas y mi espalda. Me senté y el vértigo me sacudió. Se trataba de Rob, sentando con su espalda contra la puerta. Estaba desaliñado y con apariencia suave, excepto por sus ojos. Ellos eran duros, mirando hacia el piso. —¿Cuánto tiempo estuve dormida? —¿Quieres decir desmayada? Te desmayaste, Scar. La memoria del cuerpo pasó sobre mí como el hielo. —Correcto. —Has estado fuera durante la noche. Nunca te moviste. —¿Por qué estás aquí?
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    PÁGINA165 —Porque te conozco.Sabía que tan pronto como te despertaras, ibas a escapar y entregarte a Gisbourne. —Él sonrió un poco—. O salir corriendo. De cualquier manera, no voy a dejarte ir. Mi taza estaba caliente, pero sonó más como una amenaza. — Podría jurar que anoche me odiabas. —Esto tiene poco que ver con si te estoy entregando a Gisbourne o no. —No es legal, sabes. Apartarme de él. —La última vez que hice una verificación, yo estaba fuera de la ley, entonces es discutible. ¿Por qué hablas así? Miré hacia abajo, escarbando en los hilos de la manta. —Cuando yo era joven, solía hacerlo para poner a mi madre a saltar. Imaginaba que ellos podían decirme qué hacer, pero no podían forzarme a hablar bien. Me gustaba imitar a todos, para hacerla enojar. Pero entonces nos escapamos y Joanna, siendo la mayor, mantuvo la mayor parte de la conversación, y nos pusieron en agua caliente horriblemente rápido. Entonces comencé a imitar a los plebeyos, entre más tosco mejor. Era tan fácil. Y mientras más hablaba de esa manera, más pensaba así, y cuanto más pensaba como ellos, más lejos me sentía de Leaford y mis padres. Cuanto más rudo hablaba, más libre era. Era. Él sacudió su cabeza. —Debería haberlo sabido. Cuando tú estabas tan enojada respecto a mí tratando de manera diferente a la nobleza y tú hablaste así... Pienso que lo sabía. Me mofé. —No lo sabías, Rob. Él suspiró. —No, no lo hice, pero debería haberlo hecho. Te vi robar la cinta de las cosas de Gisbourne, lo supe cuando hablaste, tenía todos esos indicios que no quise juntar. —Él tragó—. Te conocí una vez. Probablemente no lo recuerdas. Tú eras solamente una niña. Pasé por tu tierra cuando fui a las Cruzadas. —Él tocó su pecho—. Tu hermana y tú me hicieron una guirnalda de algunas pequeñas flores para la suerte. —Yo no era tan pequeña —le dije. Incluso sabiendo cuán enfadado estaba conmigo, la idea de que él realmente se fijara en mi hace todos estos años envió un rubor a mis mejillas—. O no pensaba que lo fuera. Fue un año y pico antes del contrato con Gisbourne, aunque reconozco que era pequeña. —Debería haberlo sabido, Scar, cuando vi tus ojos. No quise saber. —No quería que tú supieras, tampoco. —¿Por qué se escaparon tu hermana y tú de la casa? —preguntó.
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    PÁGINA166 Resoplé. —Joanna fuela única persona que significaba algo para mí. Y yo para ella. Mis padres habían firmado mi contrato con Gisbourne y esperaban una oferta por ella de un señor escocés que llegaría en cualquier momento. Ellos tenían muchas tierras y ningún dinero para mantenerlas, pero no podían venderlas porque eran nuestras dotes. Gisbourne y ese otro señor llegaron cortejando con dinero y mis padres no dejaron pasar la oportunidad. Sacudí mi cabeza. —Nosotras estaríamos muy alejadas y —susurré, apretando fuertemente mis ojos contra la idea—, estaba tan asustada de él. Mis padres nos presentaron y le permitieron que me llevara caminando al jardín. Yendo con él, mi cuerpo sentía como hielo por todas partes. No podía explicarlo, pero él me hizo sentir una sensación tan horrible. Envié a mis criadas para que hablaran con sus sirvientes y las historias que escuché de ellos dejaron escalofríos en mi sangre. Cuando les dije a mis padres que no me casaría con él, dijeron que yo era una chica testaruda y que no sabía lo que era mejor. Entonces huimos. Mis dientes mordieron con fuerza mi labio, torciéndolo, peleando hasta que se sentía como un gusano en mi boca. —Ella se habría quedado. Se habría casado con su señor escocés. Fui yo. —¿Quién la hizo irse? —Mis ojos se engancharon en el piso y no dejaron saber nada—. Ella tomó su propia decisión, Scar. Ella era mayor que tú. —No importa. Si yo no hubiera sido una cobarde, ella se habría quedado. Y si ella se quedaba, no estaría muerta. Las palabras cayeron suaves entre nosotros, se asentaron y crecieron hasta que todo en lo que podía pensar era en el silencio. Entonces, Rob suspiró. —¿Por qué no confiaste en mí con esto? ¿Por qué no me lo contaste? —preguntó. Alcé la vista y sus ojos estaban sobre mí, tristes, abiertos y llegando hacia mí. —Porque eres honorable, Rob, y por tu honor deberías devolverme. Él sacudió su cabeza. —Tú no eres un caballo. Gisbourne no es tu dueño y no te devolveré en contra de tu voluntad. Y en cuanto a mi honor, hay dos puntos de vista sobre esa situación. Me retorcí. —¿Alguno de ellos es bueno para mí? Él sonrió, pero ésta no era una verdadera sonrisa. —Gisbourne es un monstruo. Le dije que te protegería con mi vida y me gustaría pasar mi vida entera cuidando a chicas como tú de hombres como él. —Pero mi padre hizo el compromiso —dije. Sabía lo que él iba a decir.
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    PÁGINA167 —No —él dijo.Su voz me hizo mirar a sus ojos otra vez—. No. Estás comprometida, Scar. Todo el resto, yo debería haberlo sabido, pero eso… —He visto el océano unas cuantas veces en mi vida y una de ellas fue durante una agitada tormenta. El cielo era negro, perforado por las venas tempestuosas de luz y el agua agitada como si estuviera hirviendo en una olla. Era todo en lo que yo podía pensar, mirando los ojos de Rob—. ¿Dejarme creer que estabas soltera, sin compromiso? Esa es la peor maldita mentira que has dicho alguna vez. El dolor se había ido, mi corazón golpeaba contra mi pecho. Mi boca estaba seca, como si mi cuerpo entero no quisiera que yo preguntara sobre eso. —¿Por qué? Él sacudió su cabeza y el relámpago estalló atravesando la tormenta de su rostro. —No me preguntes eso, Scar. Marian. Cualquiera sea tu nombre. Me levanté. —¿Por qué no puedo preguntar? Él también se puso en pie, viniendo hacia mí. Era más alto, bastante alto para mirar hacia abajo y hacerme sentir pequeña. Su mirada a menudo me hacía sentir más grande de lo que era. Su pulgar pasando a lo largo de mi mandíbula, en la hendidura delante de mi oreja, el resto de su mano alrededor de la parte posterior de mi cuello. Mi respiración se fue volando. —Porque estás comprometida y porque, incluso si no lo estuvieras, tú estás con John. —No lo estoy —dije. Su mano me alejó, sonaba enfadado, pero sus ojos solo se veían como si yo lo hubiera apuñalado. —Bien, entonces eso te hace una puta. Mis ojos ardieron ante esa horrible palabra. —¡Podrías decir eso! — chasqueé—. Gisbourne es un monstruo, entonces no puedo pertenecerle, pero John es un tipo agradable, así que está bien que él me posea, ¿verdad? Él dice que me ama, entonces no importa cómo me siento, ¿verdad? A él no le preocupa nada y a ti tampoco. Él agarró mis brazos. —Scar, tú lo besas, duermes con él, estás sola con él, ¿qué diablos quieres que piense? —¿Por qué estás pensando en mí en absoluto? —No lo hago. —Él me miró, directamente a los ojos y se marchó—. No lo haré. Retrocedí. Dios del Cielo, ¿cómo podía hacer eso, hacerme sentir herida y pequeña, solamente con una estúpida palabra? —Por la Santa
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    PÁGINA168 Cruz, Robin deLocksley, te odio —le escupí. Lo aparté, le arrebaté mi capa, y abrí la puerta. Él agarró mi muñeca y lo aparté. John estaba en el pasillo y me atrapó rodeándome por la cintura. — ¡Eh! amor —dijo él. El dolor atravesó mi espalda y lo empujé. —¡No soy tu amor, John! —Él me miró sorprendido y sentí lágrimas calientes apresurándose hacia mis ojos. Me detuve y puse mi mano sobre su mejilla. Podía sentir a Robin parado justo detrás de mí—. Te amo, John, pero no quiero ser besada por ti de ningún modo. Y tú sólo quieres besarme porque viste mis partes privadas en un vestido. Él frotó su áspera mejilla en mi mano como un gato. —Eso no es verdad. Y tú quieres ser besada por mí. No mientas. Mi mano cayó y mi cara flameaba. —¡No lo hago, John! Sus ojos se estrecharon sobre mí, claramente preocupado. Sacudí mi cabeza, pero Rob se burló. Entonces, los ojos de John fueron hacia Robin y se rió, pero esta no era un tipo de risa feliz. —Oh. Ya veo de qué se trata. —La vergüenza se precipitó sobre mí otra vez, sintiendo la horrible mirada de Rob sobre mi espalda y mi rostro se contrajo. John se puso tenso—. ¿Hay algo que tú y yo debamos estar discutiendo, Rob? —preguntó John. —No —dijo. Me abrí paso entre John con agua sobre mis mejillas y Rob dijo bruscamente—: ¿A dónde vas, Scar? —Tú sabes dónde —dije. —¿A dónde? —preguntó John. Seguí adelante, pero Rob permaneció persistente, diciendo—: Si no importa nada más, tienes que deshacer lo que has hecho. El sheriff tiene a veintisiete personas por no pagar impuestos. Trece de los veintisiete son niños, Scar. No puedes simplemente alejarte de esto. —¡No lo hago! —¿Y tú los harías verte morir? ¿Dejarías a todos esos niños verte morir y saber que es su culpa? —rugió—. ¿Pondrías eso sobre sus hombros, sobre sus almas? Caí sin fuerzas contra la pared. No me giré para mirarlo, no me atreví. Él estaba furioso, pero me preguntaba —deseaba— si estaba diciendo que no quería verme morir. Rob tenía esa manera, a veces, de decir algo distinto de lo que él quería. —No es su culpa —dijo Much, llegando por la escalera. —Maldición, lo es —dijo Rob y yo me estremecí como si él me hubiese golpeado con las palabras, lanzando mis deseos sobre rocas—. No
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    PÁGINA169 voy a dejarque se entregue, pero sí, justo en este momento, pienso que esto es su culpa. —¡Rob! —Dijo Much—. Todos estamos enfadados. Algunos por motivos diferentes, pero este no es el momento para culpar a otros por ello. Mis ojos ardían. —Es legítimo el derecho de culparme, Much. —Tú no lo hiciste —insistió él—. Además, ¿qué puedes hacer tú sin nosotros? —Es fácil —dije suavemente—. Gisbourne hará casi cualquier cosa por conseguirme. Me puedo comerciar por la gente del pueblo. —¿De qué estás hablando? —John preguntó, dando un paso más cerca. Much suspiró. —Entonces, ¿eres Marian? —Asentí—. Scar, no puedes ir. Él apenas conocía a Thom. ¿Qué va a hacerte? —Eso no importa. Mi vida puede comprar otras veintisiete, Much. ¿Qué quieres que haga? Much subió un escalón, más cerca a mí. —Lucha. —Lo miré—. Luchar, Scar, porque Dios sabe que no puedo luchar de la manera que quisiera. Nunca pensaba en el brazo de Much si podía evitarlo, el muñón8 negro lleno de cicatrices, donde su mano fue cortada por los hombres del sheriff. Él lo mantenía oculto, en un bolsillo o bajo una capa. Ahora lo puso entre nosotros. Coloqué mi mano sobre él. Si alguna vez pudiera curar algo, deseaba que pudiera ser eso. —Ayudaré, luego me iré —le dije—. Para bien. Much miraba a Rob, pero me abrí camino pasándolo. La puerta de la taberna lucía tremendamente tentadora, pero en cambio fui a la cocina a tomar algo de caldo. El alivio se lavaba a través de mí en forma de pulsos con el dolor, y así fueron derribando la cantidad aplastante de grietas y miedo en mi mente. Tuck dejó que me quedara en la habitación por los días siguientes. Necesitaba curarme un poco, y era mejor si lo hacía caliente y alimentada. Creo que los muchachos estuvieron de acuerdo porque, 8 Parte de un miembro cortado que permanece adherido al cuerpo.
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    PÁGINA170 tanto Tuck ysu esposa, mantuvieron un ojo más cerca de mí de lo que ellos podían. Se sentía extraño estar tan lejos de los muchachos. Era extraño estar lejos de Rob, pero no quería pensar en nada de eso. No quería ir a la ciudad. Estaba segura de que ellos me apedrearían o algo peor. Tenía que idear un plan, pero nada venía. En cualquier momento, Rob iba a llegar y decirme que habían fijado que la gente del pueblo moriría al día siguiente, y no tendría un plan. Los muchachos llegaron juntos mientras yo fregaba el piso. Ethel, la esposa de Tuck, pensaba que no había ninguna razón para que no hiciera algunos trabajos ligeros ya que yo no pagaba nada. Me paré, enderezándome. —¿Cuándo será? —Pregunté. —Cinco días —dijo John. —¿Cinco? —Pregunté—. Pero, ¿no es la boda de Ravenna? —¿Del sheriff, quieres decir? —Dijo Rob—. Cuatro días. Ellos colgaran a todos al día siguiente de la boda. Debido a que el sheriff está decepcionado de que la gente no lo quiera como deberían. Lo miré. Se veía demacrado, como una muñeca vieja. —Hay más —dijo John. Su voz sonó más pesada que un ancla de barco—. Ellos han trasladado la prisión. Toda nuestra gente del pueblo está siendo recluida en un lugar donde nunca hemos estado y no sabemos cómo escapar. La fregona se cayó de mis manos. —¿Cómo lo sabes? —Pregunté. Esto era malo en todas las formas. John miró a Rob y éste se inclinó hacia adelante, cauteloso de los otros cuerpos en el lugar. —Ravenna. Me acerqué, segura de que oí mal. —¿Qué? —Ravenna. Ella nos pasó la información y va a intentar conseguir un mapa de la prisión. Di dos pasos adelante, empujando los grandes hombros de Rob. — ¡Tú, estúpido sinvergüenza, vas a conseguir que la maten! —Siseé. John me empujó hacia atrás. —Tranquila, Scar. Godfrey nos lo dio. No fuimos a pedirlo. —Bueno, ¡no deberías tomar el mapa! Van a darse cuenta. Gisbourne es más listo que todos ustedes y lo sabrá, le dirá al sheriff y el sheriff la matará. Puedo ser responsable por el resto, ¡pero tú tienes la culpa por ella, Robin! —Gruñí. No era verdad, y yo lo sabía, pero me sentía enferma, enojada y con un terrible odio hacia él.
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    PÁGINA171 Rob hizo unlado a John y me empujó. Tropecé, más por sorpresa que dolor. Fue lo menos caballeroso, la cosa que jamás había hecho. — Ellos son toda mi responsabilidad, Marian —dijo, escupiendo mi nombre como una maldición—. Cada muerte y cada dolor que ellos soportan son cargados en mi alma, ¿lo entiendes? Furia y vergüenza me sorprendieron, encendiéndose dentro de mí. —¡Tu no vas a conseguir hacer eso! —Bramé. Bueno, tanto como el bramido que pude reunir, al menos. Tomé sus hombros y le di un rodillazo en los genitales, haciéndolo que se doblara a medida que John y Much daban un gemido por él. Lo tiré al suelo—. No llegarás a ser un maldito mártir, ¿me oyes? Eres un cabeza dura, terco, estúpido muchacho y no vas a poner a más gente en peligro. Vamos a averiguar la ubicación de esta prisión como hicimos la última vez. Vamos a sacarlos y liberarlos sin su ayuda. Y nunca, jamás, me llames Marian. Cogí la fregona y empecé a lavar de nuevo mientras Rob se ponía de pie, sonrojado. John se echó a reír y Much ocultó una sonrisa. —¿Ustedes creen que esto es divertido? —Les pregunté—. También los des-masculinizaré, si lo desean. Dieron un salto atrás y Rob gruñó. —No me has des-masculinizado, y resiento la implicación del mismo. —Fue un golpe de advertencia—le dije, empujando la fregona por el suelo—. La próxima vez voy a intentarlo más fuerte. Rob se cubrió. —No hay próxima, Scar. Podría mentir y decir que ni siquiera lo noté llamándome Scar, pero lo hice, y eso me emocionó. —Mira —le dije, sin dejar de limpiar—, podría tener un plan. —Rob se cruzó de brazos, pero los otros parecían interesados—. Gisbourne estropeó todo en el castillo, pero hay una clase que todavía puede entrar. —¿Ratas? —preguntó John con una sonrisa. —Creo que ella quiera decir animales, John —dijo Much en voz baja. —Del tipo sagrado —les dije y miré a Rob. Las cejas de Robin se alzaron hacia el cielo. —¿Quieres hacernos pasar por el clero?
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    PÁGINA172 —Él sabe tusecreto —murmuró Rob para mí, reacomodando su túnica de monje mientras caminábamos detrás del Hermano Benedict. —No se puede mentir a Dios. Apuntó en la dirección de Benedict. —Él no es Dios. —Él es un monje, Rob. —¿Así que nunca me lo dijiste porque no soy lo suficientemente santo? —Sólo cállate. Cuando esto haya terminado, nunca tendremos que hablarlo de nuevo, ni vernos nunca. —¿Realmente vas a irte? —Te dije que lo haría. —Antes le dijiste a John que también lo harías, y no sucedió. —No te digo mentiras, Rob. Nunca hablé de mi pasado, pero yo nunca mentí a ninguno de ustedes, y no estoy mintiendo ahora. Una vez que la gente de la ciudad esté a salvo, me iré. —Bien. —Tú eres el que siempre me está diciendo que me vaya, ¿no? — espeté. —Dije bien. Lo fulminé con la mirada, pero me oculté en la capucha de monje, por lo que pasó desapercibido. La oscuridad fue descendiendo sobre nosotros cuando llegamos al castillo, y el guardia nos miró. —¡Demasiados, Hermano! —Me han dicho que tienes un gran número que atender. El guardia miró hacia la reja. —Verdad de Dios. Entra —dijo, señalando a los otros guardias para que abrieran la puerta. Honestamente, esto era lo que más me gustaba de ser un ladrón, aunque sea sucio en eso. A veces, si acabas de poner un poco de licor en tu sangre, puedes caminar por donde nadie más podría y hacer cosas que nadie más se atrevió. Como entrar en el Castillo de Nottingham con una escolta que no tenía la intención de encerrarte. Caminamos a través de los niveles del castillo, más allá de la antigua prisión en el centro del patio y hasta la muralla superior. El guardia nos condujo hacia el lado de las residencias donde, casi un mes completo pasó, había visto a todos los constructores y los guardias que iban de aquí
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    PÁGINA173 para allá. ¡Quétonta fui! ¿Por qué no pasé a ver esto? Hubiéramos sabido esto hace años y habría tenido tiempo para un plan adecuado. Había una serie de escaleras excavadas en la tierra y empezamos a bajar hacia la roca en la que el Castillo de Nottingham fue construido. La escalera era estrecha y tocó fondo en un patio amplio con varios guardias, lo que significaba que la entrada podía muy bien haber sido la propia guadaña de la Muerte, nunca nos colaríamos por ahí con vida. Los guardias nos dejaron en una gran forma de U con celdas, treinta en total. La luz venía de las lámparas, pero el aire era espeso y cerrado, arrastrándose sobre mi piel. No había nada de aire fresco bajando, y eso significaba que no había ventilación, no había manera de colarme adentro o afuera. Había una escalera que conducía abajo en el rincón más alejado, y mi mente fue a eso primero. Escuché un azote viniendo de ahí, y adiviné lo que había en el piso de abajo. Golpeé la muñeca de Rob y, mientras él y los demás empezaron a mover a los prisioneros y orar con ellos, me lancé a un lado, bajando las escaleras. Me quedé pegada a la pared, insegura de si interpretar al monje o al ladrón escurridizo me ayudaría con lo que sea que esté al final de las escaleras. Bajé lentamente, viendo lo áspero y modelado de la pared. Estaba fresca con agua. Me agaché, mirando a la habitación, luego echándome atrás. Había un gran fuego y sangre. Sangre por todas partes. La prisión estuvo semanas vacía, y ya se veía empapada en el suelo, drenando a una rejilla en el centro de la habitación. Había grilletes, cadenas y un muro de instrumentos de tortura que hizo que mis rodillas se debilitaran. Algunos estaban atascados en el fuego para tenerlos calientes y listos. Por el fuego había un bloque con una ranura en él, bañado con sangre hasta que se fijó y manchó. Yo sabía para qué era: cortar manos como le hicieron a Much. Me tragué el gusto enfermo en mi boca y bajé las escaleras. Un hombre corpulento con pelo sobre su pecho estaba allí. Sólo tenía pantalones y su piel era del color del bronce, pero no sabía si era por la luz del fuego, la sangre y el sudor, o su propia extraña coloración. De cualquier manera, él era la mitad más grande que John y sentí el miedo subiendo. —¿Quién diablos es usted? —Hermano Francis —le dije—. Vamos a orar con el prisionero. Escupió en el suelo, en el río de sangre, y asintió con la cabeza, subiendo para darme tiempo a solas con él.
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    PÁGINA174 El hombre sedesplomó en sus esposas, su espalda desgarrada filtrando sangre. Sus cadenas se torcieron y él se dio la vuelta lentamente. Era Hugh Morgan, el marido tonto de la señora Morgan. —Hermano —gimió él, bajando la cabeza. Podía oír el agua corriendo y el fuego rugiendo, pero él estaba jadeando bajo, raspando por aliento, y con él vino la saliva y la baba. —Hijo mío —le dije, mi voz áspera—. ¿Por qué te tratan así? —Ellos creen que yo sé dónde se queda el Hood. —¿Y no les dirás? —Se han llevado todo de mí. Mi mujer y mis hijas están arriba, ¿las ha visto? —Todavía no. Buscaré. Él asintió con la cabeza. —Dígales que las amo. —Usted no se está muriendo, Hugh. —¿Usted sabe mi nombre? Maldita sea. —Eh —le dije—. Soy un hombre de Dios, Hugh. —Era una mentira poco convincente. —No les daré nada cuando han tomado todo lo demás, hermano. Puse mi mano sobre su pecho, esperando que tuviera demasiado dolor para ver que eran pequeñas y suaves, sin nudillos peludos. —La salvación vendrá, Hugh. —Me incliné más cerca—. En el cuarto día. Espera, Hugh. Por favor, espera. —¿Cristo vendrá por mí? —gimió. —No —dije, inclinando mi capucha lo suficiente para que pudiera ver mis ojos—. Yo lo haré. Lo vi entonces, en sus ojos. Esperanza. La entera razón por la que hicimos algo de esto, la única razón por la que yo no estaba segura de que jamás podría abandonar a Rob, todo eso era esperanza. —Mantente fuerte, Hugh. Y reza. Eso ayuda. —Cuida de mi familia. Asentí con la cabeza cuando el torturador bajó las escaleras. Fui hacia él. —Este hombre me ha confesado su alma y él jura que no conoce la madriguera de Hood. No logro entender por qué él arriesgaría su alma inmortal para proteger a un ladrón.
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    PÁGINA175 El hombre soltóun gruñido, mirándolo fijamente. —Está acabado con su suerte de todos modos. Si el Hood tiene un refugio, estas personas no saben de él. Empecé a subir las escaleras, pero me detuve. —Si usted quiere confesarse, Dios y su Hijo esperan para aligerar su alma —le dije. Él lo pensó un momento. No sabía si tenía un secreto desagradable para confesar, y yo estaba segura que tendría que confesarme el domingo, pero valía la pena el riesgo. —No, hermano. Asentí, subiendo las escaleras. Los otros estaban con los presos, hablando con ellos, orando. Me acerqué y vi a la señora Morgan y sus chicas acurrucadas y sollozando. Deslicé pan a través de los barrotes, sin mirarla a los ojos mientras ella lo tomó. Ella cogió mi muñeca y la apretó, no cruelmente sino amable, y yo asentí. No era momento para el orgullo. Repartí el resto de la comida que escabullí, y no hablé. Hugh podía correr la voz más tranquilo que yo. Irse fue una terrible sensación. Pensé en Ravenna, Joanna y todas las veces que dejé a alguien atrás y casi maté por ello más tarde. No sería lo mismo con ellos. Yo podía dejarlos. Nosotros tres nos fuimos y no hablamos hasta que nos reunimos con Tuck después de regresar a Benedict y las túnicas. Una vez allí, fuimos a la bodega y Tuck nos trajo cerveza para beber. —No es muy lejos del túnel —les dije—. Mucho más cerca que el anterior. —Sí, pero tendremos una distracción monumental. Algo para atraer a todos los guardias de la prisión, porque la única forma de entrar y salir es la puerta de entrada. Asentí, pensando en la rejilla en el piso de abajo. Sin embargo, tendría que ver a dónde conducía antes de sugerirlo. —Creo que puedo crear una distracción —dijo Much—. Con el polvo de la cueva. —¿Una explosión? —preguntó Robin. Much negó con la cabeza. —No he encontrado suficiente para una explosión. Cerca de eso, pero no lo suficiente. —Pero, ¿qué podemos encender para que les importara? — pregunté—. Las residencias están demasiado cerca. Casi no nos dará tiempo suficiente.
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    PÁGINA176 —Las residencias nobles—dijo Rob, vaciando su copa—. Pero creo que todos los guardias tienen las familias en las cabañas. Y queremos a los guardias desertando, ¿no? —Sin herir a nadie —añadí. Much asintió. —Eso lo puedo manejar. Con John. John me miró y sentí sus ojos en mí. —Tú tienes que protegerla realmente, Rob. —La protegeré con mi vida y mis huesos, John, lo sabes. Sus palabras eran feroces, las sentía, y me encontré mirando. El movió su mirada hacia mí y de regreso. —Tengo que mantenerte en forma suficiente como para alejarte de nosotros, Scar —me dijo. —Todos se protegen mutuamente. Nadie será herido, atrapado ni nada —dije. —Tenemos dos días para conseguir todo lo que necesitamos. Iremos la noche antes de la boda —dijo Rob. —¿Por qué no la noche siguiente? —Much preguntó—. Tenemos mucho que preparar. —No podemos correr el riesgo —dijo Robin—. Si algo sale mal, si se nos anticipan, necesitamos la noche extra para asegurar de que todo el mundo sale de allí con vida.
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    D PÁGINA177 15 os días pasaronen un abrir y cerrar de ojos. Ya había revisado el arroyo junto al castillo, pero no había mucho más que una gota de sangre en él. Si la puerta de la prisión se abría, no era hacia aquí. Siguiendo el plan, permanecimos juntos en la cueva, vistiéndonos para la batalla. Cubrí cada parte de mi cuerpo con cuchillos, y Rob tenía su gran espada de las Cruzadas, además de cuchillos y un arco. Much tenía su kattari y John su bastón y espada. Los chicos tenían partes de armaduras que habíamos recogido, pero ninguna de ellas me quedaba, por lo que ceñí a mi cuerpo trozos de cuero pesado. La madre gato estaba haciendo círculos alrededor de mis tobillos, y me dije a mí misma que era suerte, como si ella me estuviera cubriendo con antigua magia Celta. John tomó mi muñeca y me arrastró hacia afuera, lejos de la vista de todos. Me besó, del tipo pequeño y ligero. Fruncí el ceño y él dijo —Para la suerte —antes de que pudiera gritar—. Y esto también es para la suerte. Empujó metal frío en mi mano, y bajé la mirada. Mi cuchillo favorito, el que había roto el guardia, estaba reconstruido y perfecto, bajo el granate rojo del mango. Había atado mi cinta en la empuñadora, como a mí me gustaba. —Tienes que permanecer segura Scar. Tal vez eres tú en un vestido o sólo tú, pero realmente me gusta lo que hay allí. Así que no dejes que te asesinen. —Salté un poco para envolver mis brazos alrededor de sus hombros, y él me envolvió, levantándome del suelo. —También tú —le dije—. Y mantén vivo a Much. Todos ustedes me gustan de verdad, muchachos. Me depositó en el suelo. —¿No hay un gusto especial por mí? —No pienses que es del tipo que quisieras John. —Vamos Scar, ambos sabemos que te gusto. —Me sonrió, pero alejé mi mirada. Much y Rob habían aparecido en la entrada de la cueva, y mis ojos se estrecharon cuando vi a Rob.
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    PÁGINA178 El rostro deJohn se frunció. —Yo te gusto. Pero desaparezco tan pronto como el noble Conde de Huntingdon está alrededor, ¿no es cierto? Mis ojos volvieron a él. —John —traté, pero sacudió su cabeza y se alejó. Deslicé el cuchillo en la funda de mi chaleco con un suspiro. Abracé a Much y luego me dirigí hacia Rob, permaneciendo enfrente de él por lo que pareció una eternidad. —Los sacaremos, Rob. Lo juro. —Lo sé —dijo—. Eres la única persona en la que confiaría en esto, mujer o no. Mi corazón se aceleró. —Eres la única persona en la que confío, Rob. Su rostro se sacudió bruscamente, como si lo hubiera golpeado. —No quiero escuchar que confías en mí. No confías en mí. Mentiste acerca de todo. —No mentí acerca de todo Rob. —¿No? ¿Qué de lo que me dijiste es verdad? ¿Tu nombre? ¿Tu familia? ¿Tu destino? Fruncí el ceño. —Te di más que a nadie. Siempre. Nadie sabe sobre Joanna. Nunca le he contado a nadie las cosas que te he contado a ti. Sé que estás enojado conmigo, y estás en todo tu derecho de hacerlo. Pero tú mismo lo dijiste, me viste, y me conociste, cuando no quería que nadie siquiera echara un vistazo. Sacudió su cabeza. —¡Y esa es la peor parte Scar! Pensé que te conocía mejor que nadie. Pensé que significaba algo, que podía decirte todas estas cosas que encadenan mi corazón y confiártelas. Que tú podías hacer lo mismo conmigo. Fui un tonto al pensar… —Se detuvo y sacudió su cabeza de nuevo—. Pero estaba equivocado. Me conoces porque me entregué a ti. Pero tú no eras tuya para entregarte, ¿cierto? —Rob —abogué. Alzó una mano para detenerme. —No. Tal vez moriremos hoy, y de todas las veces que nos hemos tambaleado al borde de la muerte, esta es la primera vez que se siente como que no hay ningún tipo de esperanza de volver. Así que solo liberemos a la gente del pueblo y estará hecho. Todo estará hecho. Los ojos tormentosos de Rob se encontraron con los míos y sentí agua empujarse en las comisuras de mis ojos. Su mandíbula se tensó, pero siguió observándome hasta que asentí y luego se dio la vuelta y se alejó.
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    PÁGINA179 Partimos temprano, Roby yo fuimos primero por los túneles y pusimos cuerdas para que las personas pudieran descender. Luego escalamos la pared, saltamos en un hueco encima del guardia y nos arrastramos por el suelo. Fui y abrí la puerta del túnel, luego regresé a él. Esperamos en la oscuridad junto a la prisión, hombro con hombro, mi corazón martilleando constantemente. Oímos el crepitar del fuego siendo encendido, luego el llanto y las personas empezando a moverse hacia la pared para ver qué sucedía. Las voces aumentaron y más personas se acercaron a la pared. Les tomó un momento a los guardias para salir ya que estaban debajo del suelo, pero cuando lo hicieron, y vieron el fuego, no vacilaron. Empezaron a correr, encabezando la carrera hacia el portón principal, uno, dos, tres, cuatro. Eso significaba que uno aún permanecía allí abajo. Rob se dirigió a la entrada primero, alcanzando su arco y bajando las escaleras rápidamente. Disparó una flecha y se movió hacia adelante. Lo seguí, viendo al guardia en el piso con una flecha atravesando limpiamente su garganta. Lo escuché borbotar su último aliento y me encogí. Alguien muriendo hacía mala la noche, especialmente cuando lo hacía tan pronto. Nos disparamos hacia adelante, Rob agarrando las llaves del guardia muerto mientras yo me dirigía a abrir las cerraduras. Esta era la peor parte; apresuramos a todos, pero sabíamos que no importaba cuánto tiempo tomara, sería demasiado. Cada respiración aumentaba el peligro. Los habitantes de la aldea empezaron a salir, familias congregadas juntas y empecé a contar mientras los dirigíamos hacia el frente. —Rob —llamé. —¿Si? —susurró. —Veintiséis. Asintió. —Uno debe de estar escaleras abajo. —Tendrá compañía. —Puedo lidiar con ello. Mete a estas personas en el túnel y te encontraré; se nos está acabando el tiempo. Asentí, apresurándome hacia el frente. —¡Síganme tan cerca como puedan! —les dije, subiendo las escaleras y asomándome.
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    PÁGINA180 Los nobles estabansaliendo de sus residencias ahora, ocultándonos un poco para la siguiente parte, sí, pero cada par de ojos que estuvieran mirando en otra dirección rápidamente podían mirarnos y dar la alarma. —Corran —ordené, y me disparé hacia delante, yendo hacia la puerta y empujando a las personas dentro de ella. El fuego envió humo oscureciendo el aire, y todo el patio estaba observándolo. Trece personas habían pasado cuando vi a Ravenna. Ella salió de las residencias y cruzó el patio, el sheriff un paso detrás de ella. Ravenna vio a los aldeanos y se agudizó, agarrando el brazo del sheriff y empujándolo en una de las ranuras de la pared. Cuando ellos se movieron vi a Gisbourne allí, yaciendo junto a la pared, observando. Fueron dieciséis, luego dieciocho, luego veinte, y luego Gisbourne se dio la vuelta. Me vio, bajó su mentón y sus ojos se volvieron malignos y llenos de odio. —¡Corran! —Chillé, enlazando chuchillos a través de mis dedos como un cordón hasta que el acero se presionó entre cada uno de mis nudillos. Él les gritó a los guardias. El resto de los aldeanos se deslizaron fuera de la prisión, y los oculté, permaneciendo en frente de ellos y bloqueando el camino hacia el túnel mientras los guardias empezaban a venir hacia mí. Empecé a lanzar los cuchillos. Habían muchas personas aquí, muchos que podían volverse contra mí y pelear conmigo en cualquier momento. Necesitaba más tiempo, y necesitaba a Robin. —¡Ella es mía! —Rugió Gisbourne, uniéndose y blandiendo su espada, una enorme Claymore con empuñadura negra. Estrelló el primer arco hacia abajo, y me retorcí lejos, clavando dos cuchillos en los cuellos de dos guardias que se encaminaban hacia la puerta del túnel. Gisbourne gruñó y se lanzó hacia adelante, pero retrocedí y me las arreglé para apuñalar su brazo armado. Me escabullí lejos pero él logró agarrar mi capucha, arrastrándola hacia atrás. Tenía un pedazo de mi cabello dentro de la capucha, y él tiró hasta que caí al suelo. —Te tengo. —Se rió. Mi sangre empezó a correr mientras tiraba otra vez, arrastrándome. —¿Crees que me importa mi cabello? —Espeté. Me retorcí rápido y corté la capucha con mi cabello en ella para poder escabullirme de su agarre y me puse de pie de nuevo. —Y tú nunca me tuviste, ni por un segundo.
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    PÁGINA181 Con eso deslicémi cuchillo en un pedazo de piel expuesta en su hombro. Dejó caer su espada como si fuera un peso muerto, cayendo en una rodilla con el peso de ella. Un brazo me agarró por la cintura y pisé el pie del guardia, luego golpeé mi codo contra su cara, poniéndolo fuera de combate. Aferrando mis dos últimos cuchillos, los apreté y permanecí de pie con los puños apretados, los cuchillos se deslizaron en mis manos silenciosos, y esperé para poder deslizar el más agudo en su cuello. Él estaba cerca de la puerta, y sentimientos parecidos de horror y victoria corrieron a través de mí con un suspiro. Rob subía las escaleras con un hombre cubierto de sangre, a duras penas caminando por sí mismo, reposando pesadamente en Rob. Gisbourne saltó a sus pies, una oscura emoción en sus ojos mientras se movía hacia Robin. Por una respiración completa, estaba congelada, observando. Gisbourne se fijó en Rob, pero él nunca le prestó atención. Solo estaba concentrado en poner al hombre a salvo. Rob era un héroe hasta la médula. Y yo no era nada. Pero entonces, con mala reputación, enojada, una vez mujer de la nobleza, y sin importar si Rob lo quería o no, siempre estaría entre él y Gisbourne. Un ladrón podía morir para que el héroe viviera. Me tomó tres pasos, moviéndome a través del polvoriento suelo tan rápido como podía, llegar a Gisbourne. Él estaba levantando su espada hacia Rob, una sonrisa retorcida en su rostro, mientras que Rob trataba de empujar el hombre lejos sin ser lo suficientemente rápido. Con un grito me abalancé hacia adelante, arrojando a Gisbourne y tomándolo por la cintura, alejándolo de Rob. La espada de Gisbourne vino torpe por encima de mi hombro, y chillé cuando la hoja dividió en dos mi piel, cortando profundamente. Él agarró mi garganta, alzándome sobre mis pies y agitando mi cuerpo. Apretó mi garganta, y agua inundó mis ojos. —Eso es todo lo que quiero, tu pequeña vagabunda —escupió literalmente en mi rostro—. Quiero verte morir. Quiero ver salir la luz de esos ojos malignos. Me humillaste y te burlaste de mí por todos estos años, y ahora quiero que lo sientas mientras mueres. Jadeé por aliento, rasguñando su cara y retorciendo mis piernas. Le pegué a su rostro pero solo rió, como si estuviera poseído por algún demonio. Presioné mis pulgares en las cuencas de sus ojos y él me arrojó lejos como si fuera un conejo.
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    PÁGINA182 Fuegos artificiales bailabandentro de mis propias cuencas de los ojos, enviando relámpagos que deslumbraban. Podía sentir a mi cuerpo debilitándose, jadeando por aire. —¡Aléjate de ella! —Gritó Rob, y vi su espada aparecer en el cuello de Gisbourne, lista para cortar a través de su garganta. Gisbourne me dejó ir y rodó para poder esquivarlo. Robin lo embistió. Entre el humo del aire y las luces en mis ojos, se veía como una especie de ángel, lleno de ira y fuego santo y justo. Sus espadas chocaron y se deslizaron a través del humo, Robin bloqueaba sus ataques rápido. —¡Ve hacia el túnel Scar! —Gruñó—. ¡Un guardia se escabulló en él, no sé qué tan lejos ha llegado! Aún estaba jadeando por aliento cuando un guardia vino hacia mí, pero lo golpeé en el pecho y rebané su cara, enviándolo al suelo. —¡No me iré sin ti! —Espeté. —Cuán dulce —dijo Gisbourne, abalanzándose hacia Rob—. ¿Así que eres el nuevo amante de la pequeña perra? No le creas si te dice que va a casarse contigo —se burló, arremetiendo contra Rob de nuevo. —¡Atrapa al guardia o los aldeanos morirán, Scar! ¡Estoy detrás de ti! —¡Guardias, no dejen que ella se vaya! —Llamó Gisbourne. Luché contra otro guardia, vacilando. —¡Rob vamos ya! Gisbourne lo golpeó contra la pared, y Rob lo golpeó de vuelta en un costado. —¡Él está un poco ocupado Marian! —dijo Gisbourne. Tenía su cara cubierta de sangre, lo que hizo que su sonrisa se viera como si estuviera demoniaca, malvada y lunática. —¡Robin! —chillé, dejando que los guardias me empujaran. —Maldita sea, Scar. ¡Ve por ese guardia ahora! —ordenó. Cada parte de mí gritaba, pero despaché dos guardias más y me escabullí a través del túnel. Azoté la puerta detrás de mí y empecé a correr, esperando escuchar el sonido de la puerta abriéndose de nuevo o las pesadas pisadas de los guardias detrás de mí. Estaba muy oscuro, pero escuchaba, oyendo las voces de las personas en la lejanía y una trabajosa respiración cercana. —¿Robin? —preguntó alguien. Toqué un cuerpo el cual estaba húmedo con sangre.
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    PÁGINA183 —Estás herido —dije—.¿Dónde está él? ¿Se alejó mucho? —¿Quién? —preguntó él. Exhaló su aliento. —Fui herido en la prisión —dijo—. ¿Dónde está Robin? Era el hombre que Robin había traído a cuestas. Me di la vuelta, dándome cuenta de lo que él había hecho mientras mi bilis subía por mi garganta y el mundo entero caía y descentraba en mis oídos. Podía oír a los guardias ahora, entrando en el túnel. Rob me había enviado huyendo sin él, sabiendo que no estaría detrás de mí. Sabiendo que Gisbourne lo mataría. Había mentido acerca del guardia, sabiendo que esa era la única forma en que yo lo dejaría. Y lo había hecho para salvar mi vida. Caí en mis rodillas. Mis músculos no podían sostenerme y mis ojos se humedecieron. Mi cabeza se retorció porque la mitad de mi corazón se apretaba con miedo por él, con una terrible culpa, porque su vida valía miles de las mías. Entonces, aún peor, la otra mitad se alegró un poco con el pensamiento que quizás él había confiado en mí después de todo. Tal vez las cosas no estaban tan rotas como pensé. Era un pensamiento terrible, porque Rob podría estar muriendo por mí solo así. Mi boca se frunció. El maldito héroe necesitaba unos cuantos golpes en la cabeza si pensaba que lo dejaría hacer eso. El pesado sonido de cotas de malla9 serpentearon a través del túnel. —Vamos —le dije al hombre herido, saltando en mis pies como un potro recién nacido y cruzando sus brazos encima de mis hombros—. Tenemos que correr para que pueda volver por Robin. Él cojeó y yo corrí, viendo la fría y pálida luz de la luna al final del túnel, oyendo los pesados pasos acercarse. John se paró al final del túnel y tomó al hombre de mis brazos. Me di la vuelta para devolverme pero él me jaló hacia atrás. —Scar, ¿No puedes oírlos? ¡Los guardias se están acercando! —¡Rob está allí! —Gemí, luchando con él—. ¡Rob está allí… tengo que ayudarlo! —¡No puedes enfrentarte al ejército tú sola! 9Cota de malla: es una protección metálica conformada por anillos de hierro forjado o acero.
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    PÁGINA184 —¡Quita tus malditasmanos fuera de mí! —Chillé—. ¡Tengo que ayudar a Robin! John no me dejó ir, descendiendo por la cuerda y cortándola conmigo luchando con uñas y dientes. Cada pulgada que él me obligaba a alejar rompía mi corazón. Estábamos casi en el fondo cuando los guardias aparecieron, viéndonos a nosotros y al hombre herido descendiendo hacia Much y el resto de los aldeanos. John me empujó dentro de la cobertura de los árboles. —Cristo Scar, estás sangrando por todos lados. No podía sentirlo. Me sentía enferma y adormecida, mi corazón corriendo y golpeteando con ningún sentimiento detrás de él. Sentí lágrimas, o tal vez sangre, en mi rostro y cubrí mis ojos con mis manos. —¿Scar? —dijo Much. Lo ignoré. —Scar, dudo que el sheriff lo asesine. Él querrá alguien con quien entretenerse y el Hood es una mercancía malditamente buena. Vamos. Te curaremos y volveremos, nadie dejará que Rob muera. La única cosa que podía escuchar era la corriente del agua. La corriente del agua y el latido de mi corazón, retumbando en mis entrañas. Espera… corriente de agua. Alcé la mirada, buscando el acantilado rocoso. Ahí estaba, escondido en un lado, no tanto como un túnel pero sí como un caño, un río de agua fluyendo fuera del castillo. De la prisión. —¡Scar! —Gritó John. Antes de que alguien pudiera detenerme, escalé las rocas y me deslicé en el caño. El agua salpicó en mi frente y grité, pero encajé. Nadie más lo habría hecho. Me empujé hacia adelante en contra del agua, arrastrándome hacia adentro en Castle Rock. Más valía que estuviera malditamente vivo. El túnel corría por una inclinación pronunciada y tuve que sostenerme duro, agua helada corriendo sobre las desgastadas rocas. También corría sobre mí, como si no supiera que yo no era una roca, rápida y fría a través de mi herida, por lo que ya no la sentía más. No
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    PÁGINA185 estaba segura siseguía sangrando o si me mataría, pero no me importaba mucho. Mis pies se deslizaban de vez en cuando, enviándome contra las rocas, o peor, deslizándome hacia abajo hasta que me volvía a estabilizar. Mis hombros quemaban, temblaban y se sacudían, pero entre más avanzaba, menos lo notaba. Ya no importaba. Iría adelante y hacia arriba hasta que no pudiera más o hasta que encontrara a Rob. Después de un momento el túnel empezó a estrecharse, raspando mis costados. El agua no tenía por donde más ir, así que corría por mi frente y espalda, mi cara y mis hombros. La escupí fuera de mi boca, tratando de no pensar en la sangre, la ceniza, el sudor y la basura que estaban en ella. Una roca desgarró mi hombro y me detuve por un momento. Empujé mi cabeza a un lado, lágrimas inundando mis ojos por lo estúpida que fui. Él estaba más que muerto, y yo moriría en este túnel, y luego el sheriff quemaría la villa entera tratando de recaudar una gota de los impuestos. Permanecí allí demasiado tiempo, recostada contra la roca, el agua corriendo sobre mí, llevándose consigo pequeñas partes de mí por el túnel y alejándolas. No había ninguna luz allí, no había día, sólo el sonido del agua, siempre constante. Tal vez ya estaba muerta. Si había un infierno, éste era, colgado en el limbo en medio de la vida y la muerte. —Gisbourne dice que podemos darte un poco de porquería, siempre y cuando estés vivo para entretenerlo. —Escuché. Mi cabeza se retorció; era el maestro de tortura. ¿Estaba más cerca de lo que pensé? —Puedes matarme de cualquier modo. Disfrútalo. Mi sangre se encendió como una antorcha. Era Rob. Rob sonando confiado y arrogante, y más que nada, vivo. Me arrastré a lo largo de la roca. El agua ya no importaba, ni mi carne o la roca contra ella. Vi un hilo de luz retorciéndose a través del agua, y fui hacia ella como un sabueso. No escuché ningún llanto, ningún látigo, lo que no se sintió bien. El túnel se abría un poco debajo de la prisión, y me empujé hacia arriba en el agua, abrazándome a un lado para evitar que corriera un hilillo de sangre. Podía ver la luz del fuego y la sombra del verdugo. —¿Un poco más? —gruñó. Oí a Rob contener la respiración y tragar saliva, y por instinto hice lo mismo. Traté de mover la reja, pero los guardias la habían asegurado con pesados picos de hierro.
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    PÁGINA186 Hubo un profundogemido, y unos pocos segundos después había más sangre deslizándose hacia abajo. Estúpidas lágrimas de impotencia quemaban mis ojos. Era la sangre de Rob. Rob estaba sangrando demasiado. Saqué fuera mi cuchillo para escarbar en la roca con él alrededor de los puntos de hierro. —Dejaré que eso dure hasta mañana en la mañana, y veremos que puedes soportar entonces. Oí pasos alejarse, y empecé a trabajar con más ahínco en la reja. Sin nadie para que escuchara, los gemidos de Rob se hicieron más pesados y trabajosos. —Cristo Rob, estoy llegando —lo llamé. El cuchillo se deslizaba fuera de la roca, sin encontrar ningún espacio. —Dios, ¿no he sido torturado lo suficiente? —Gimió. Me detuve, el dolor retorciéndose en mi estómago. —Rob… —Traté. —No vuelvas mi propio corazón en mi contra, por favor —dijo. Sonó lamentable. Oí crujir metal y cadenas pesadas. —¿Rob? —dije. Ninguna respuesta vino. —¡Rob! —chillé—. Rob, ¡Respóndeme! Rob lo siento, ¡por favor! ¡Por favor! —Las lágrimas empezaron, feroces y calientes en mis ojos. Golpeé mi cuchillo contra la reja, cortando mi mano—. Rob, por favor, siento que te hayas involucrado en todo esto. Lamento haber traído a Gisbourne directo hacia ti. Por favor, vive. Ninguna respuesta vino. Mi cuchillo se quebró, junto con mi voluntad. Estallé, llamando su nombre hasta que mis pulmones no pudieron más. Cuando no pude gritar más, solté mi cuchillo y dejé que el agua me llevara hacia abajo. Lo que me había tomado tanto tiempo conseguir duró tan poco tiempo en acabar, y fui arrojada a la caída principal del río. Dejé que la corriente me arrastrara, lejos, lavándome y enviándome de vuelta a Sherwood y los muchachos.
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    M PÁGINA187 16 is pies searrastraban sobre las raíces y piedras mientras regresé de nuevo a la cueva. No fue hasta el final del camino que me caí contra un árbol. Mi cuerpo se sentía hecho de plomo; una profunda respiración no movía ni un poco mi pecho. Silbé, y cerré mis ojos. No pasó mucho tiempo antes de que escuchara los crujidos a través del bosque. Abrí los ojos. John estaba allí, arrastrándome por mis brazos. — ¿Puedes caminar? —Preguntó John. —Claro que no puede caminar —dijo Much—. Mírala —John comenzó a cargarme, pero Much gritó—: ¡Cuitado con su espalda! Parece que su hombro tiene una herida bastante grave. John me echó encima de su hombro, y comenzó a dar grandes pasos a través del bosque, sus huesos se atascaban profundamente en mi vientre. Dejé que mis brazos colgaran y se balancearan. No pasó mucho tiempo antes de que los pasos de John se hicieran más pequeños y lentos, y me bajó. Me recostó en una de nuestras tarimas para dormir. Rodé sobre mi estómago, y Much me levantó la camisa para ver mi herida. Me curvé y cerré los ojos. —Es profundo, Scar. Asentí. Comenzó a quitar la suciedad de la herida, y fue doloroso y cálido. —Scar, tenemos que cocer la herida. —No —dije, sentándome, bajándome la camisa—. No lo harás — Había tenido puntadas antes, y era el tipo de dolor que me desmayaba durante un día y además tenía que beber para calmar el dolor. —Scar —dijo John, su voz una advertencia. —No —repetí—. Rob está en Nottingham, y lo han estado torturando toda la noche —Mi espalda se curvó y me sentí enferma al decirlo en voz alta—. No estoy segura de que él esté vivo —dije suavemente.
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    PÁGINA188 John se sentó,y Much se sentó sobre sus talones. —Cristo —susurró Much. —¿Conseguiste entrar? ¿Atravesaste ese túnel? Asentí. —A la derecha debajo de la prisión, pero la rejilla esta soldada en la roca. No conseguí moverla nada. —¿Y viste a Rob? —Hablé con él. No lo vi. Recordé las cadenas tintineantes y el silencio, y me estremecí. —Sólo véndame, Much. Tenemos que regresar allí. —Tú no volverás allí, Scar —dijo John. Le disparé una mala mirada, luego rodé sobre mi espalda. —Sólo véndame, Much, por favor. —Te estás volviendo loca —dijo John—. Huiste anoche, herida y medio muerta, y no sabíamos qué estaba ocurriendo. —Rob estaba allí, John —dije, haciendo una mueca cuando Much vendó mi hombro—. No me estoy volviendo loca. Somos una banda y Rob nunca dejaría a ninguno de nosotros allí atrapado. Él salvó mi vida, y no voy a dejarlo. Y vamos a regresar y a liberarlo. —Excepto que Rob te echó de la banda —dijo John, cruzando sus grandes brazos. Lo miré. —¿Qué? —Como lo oyes. Le dijiste que te ibas, y él te tomó la palabra. Robin no quería que fueras detrás de él, Scar. Él querría que te fueras. Lágrimas estúpidas ardieron en mis ojos. —¿Qué? —dije de nuevo. —No es así —murmuró tranquilo Much. —¿Crees que estoy equivocado? —Preguntó John. Miré a Much, y él sacudió su cabeza. —No, no estás equivocado. Pero lo estás haciendo sonar mal. —No importa cómo suena esto, Much. —Sí, pero estás actuando como si la razón por la cual él quería que se fuera es porque no la quería cerca, y eso no es todo. —Much —Espetó John. Much me miró. —Te ama, Scar. Siempre lo ha hecho. Y no quiere que te hagan daño. Arriesgó su vida para que fueras libre. Así que, no hagas que su sacrificio sea por nada.
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    PÁGINA189 Incliné la cabezay las lágrimas se deslizaron por mi nariz. Pensé en Rob, de pie de la posada y llamándome una puta, caminando en el bosque y diciendo que no deseaba verme nunca. Lo peor, verlo peleando con Gisbourne, y las lágrimas salieron más rápido, con sollozos. —No me ama, Much —El dolor me estremeció y me acurruqué sobre mí misma. Todo mi pecho dolía. Cristo Todopoderoso, ¿Así se sentía tener un corazón roto? Hipé, y John puso su mano en mi cuello, masajeándolo un poco. Me aparté, me levanté saltando y tambaleándome lejos de ellos. Me miraron con sus ojos tristes y me dejé caer sobre un árbol. Esta era la razón por la cual nunca quise nada de ellos. No por sus miradas tristes o su compasión por una chica con cicatrices que le entregaba su corazón a un héroe. La humillación llegó a mí como una ola, y mis ojos se cerraron. Limpié las lágrimas, todavía temblando un poco. —Le debo mi vida. Voy a hacer lo correcto, Much. Me aseguraré de que él no se sacrificara por nada. —No vamos a dejarte ir allí. Me estremecí. —No necesito que ustedes vengan conmigo. Pero sería más fácil liberar a Rob si están allí. Hagan esto por él, no por mí. Y luego nunca me verán de nuevo. Lo prometo. —No quiero que te vayas, Scar —Me dijo Much—. Nunca lo quisimos. Me encogí de hombros. —Sin embargo, tienes razón. Rob me quiere fuera de la banda. Así que estoy fuera, y voy a rescatarlo, así no estamos en deuda. —¿Cuál es nuestro plan, entonces? —Preguntó John—. ¿Te sacrificaras? Gisbourne podría matarte. —No. Todo esto comenzó porque olvidé quien era yo. No es como si una mujer de la nobleza pudiera vivir así, y fui estúpida por pensar lo contrario. Quería olvidar —Negué con mi cabeza—. Gisbourne negociaría cualquier cosa por mí. Para que me entregue a él de buena gana, sí. Incluso a Rob. Me miraron, y les devolví la mirada. —¿Quieren que Robin regrese, o no? —Por supuesto que queremos que Robin regrese, pero no estamos dispuestos a intercambiar tu vida a Gisbourne para liberarlo. Robin nunca nos perdonaría —dijo Much. Un temblor bajó por mi espalda. —Si él aún está con vida —recordé.
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    PÁGINA190 —¡Es un planestúpido, Scar! Además de ser suicida, el sheriff vendrá detrás de nosotros. Podrían atraparnos a todos —dijo John. —Teníamos un plan para el regalo de bodas de Ravenna todo el tiempo, ¿Recuerdas? —pregunté—. Much, ¿Has buscado las otras cuevas? Sacudió la cabeza. —No he tenido la oportunidad. —Entonces, busquemos esta noche. Encontrémosla, y derrumbemos el castillo. O al menos una parte —Asentí—. Eso es lo que haremos. Entre la boda y la ofrenda de intercambiarme por Robin, los guardias estarán muy distraídos. Serás capaz de entrar en el castillo, sacaremos a Rob, y la gente de Nottinghamshire podría ayudarnos a ganar tiempo mientras el sheriff se reorganiza. —No me gusta este plan, Scar —dijo John—. Pensemos en otro, y este el fin de la discusión. Gisbourne podría matarte en un segundo. Le di una pequeña sonrisa. —Estoy segura de que podría. Pero si yo estoy fuera de la banda, ¿Qué importa? —Trataron de acercarse, y yo di un paso atrás—. Haré esto con o sin ustedes, muchachos. Vayamos por Robin y déjenme en el castillo. Hubo un largo silencio donde sólo me miraron, y yo les regresé la mirada, intentando no pensar en cuánto los amaba. Al perder la banda, también perdía a mis hermanos —como ya había perdido una hermana. Encontrar mi destino con Gisbourne sería casi un alivio. —Creo que eres tan valiente como el infierno, Scar —Me dijo Much— . Creo que Rob tenía razón. Eres la mujer más valiente que he conocido. Bajé la mirada. —Este es el eventual final de todos modos, muchachos. Me las arreglaré para salir de esto. Ahora, al menos algo bueno puede salir de esto. Conseguiremos sacar a Robin de allí lo más pronto posible. Pasaron unos momentos y no los miré; Sólo nos quedamos allí, en silencio. —Necesitaré algo de ayuda para encontrar un poco más de pólvora. Asentí. —Dinos qué hacer. No pasó mucho tiempo antes de que tuviéramos que regresar a Nottingham. La boda de Ravenna estaba llena de coches y campesinos
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    PÁGINA191 en el castillo,mientras el sheriff organizaba a toda la ciudad por la fiesta. La boda tendría lugar en el Gran Salón. A pesar de que había guardias en cada poste, el castillo estaba en su punto más vulnerable, e íbamos a nadar contra todos ellos como una trucha plateada. Nos adentramos en la multitud, abriéndonos paso entre los cuerpos que entraban en el salón. Las chicas tenían flores en su cabello, y el lugar resplandecía entre tantas prendas de colores. Mi capucha estaba baja, mi cabello suelto, no me escondería de nadie hoy. Tenía rasguños por todo mi rostro, y mi barbilla estaba a carne vida, pero no importaba. Estaba marcada y con cicatrices y sangrienta y sucia, pero hoy no iba a esconder mi cara. La sala era terriblemente calurosa, así que muchos cuerpos se rozaban entre sí como palos de leña. Mientras nos adentrábamos, vi a Ravenna, parecía una dama noble con un vestido de terciopelo azul con hilos de oro, el rostro cubierto con un velo como las mayorías de damas nobles usaban. Nunca estuve fascinada por los velos. Eran lindos, pero nadie podía ver a donde vagaban tus ojos, saber si eran tan lindos como aparentaban. Su familia no se encontraba allí con ella, lo cual me pareció extraño. Mis ojos vagaron por la habitación, y fue entonces cuando lo vi. Colgando por encima de la tarima donde Ravenna estaba de pie había una pesada horca, una jaula de acero cerca de la horca. Robin se encontraba adentro, lejos del suelo, tenso y orgulloso. La jaula tenía pesadas cadenas, no podía ver cuerdas desde esta distancia, y los guardias alrededor de la jaula vigilaban. Sentí mi estómago revolverse y sentirse vacío mientras el sacerdote subía las escaleras hasta el estrado. El sheriff y Gisbourne venían con él. Gisbourne miró a Rob con una sonrisa de suficiencia; podría matarlo sólo por haber hecho eso. Todo el lugar quedó en silencio y el sacerdote comenzó a decir la misa de bodas. Comencé a mirar a hurtadillas. Much y John estaban ocupados en otra parte del castillo por ahora. No escuché lo que el sacerdote decía. Había escuchado misas de boda antes, un par, y generalmente me daban ganas de querer marcharme para no escuchar las palabras, eran un recordatorio de que Gisbourne y yo estábamos cerca de casarnos. Oí a Ravenna decir que honraría al sheriff y lo obedecería, y me pregunté si él sería capaz de hacer alguna de esas cosas por ella. Antes de que consiguiera acercarme a los guardias, la misa terminó, y el sacerdote dejó que el sheriff besara a Ravenna, quitándole el velo
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    PÁGINA192 para hacerlo. Ellaparecía asustada, pero aceptó el beso, y dejó su rostro sin máscara. Vi a Gisbourne señalar a los guardias que rodearan las tarimas antes de que supiera qué estaba pasando. El sheriff abrazó a Ravenna, pero luego los hombros de ella se levantaron como si intentara apartarlo. Vi su daga resplandecer en sobre su cuello, como un relámpago atravesando el cielo. Su cabeza se sacudió y un corto y agudo grito salió de sus labios. —¡No! —Gritó Rob. —¡Ravenna! —Rugió Godfrey. El salón entero se dispersó, y las mujeres comenzaron a gritar y llorar y los hombres comenzaron a protestar. El sheriff gritó sobre todas las voces—: ¡Silencio! La gente se calló, pero no dejaban de moverse, luchando contra los guardias mientras Ravenna se retorcía, mostrando su garganta ensangrentada. Ella cayó al suelo con un ruido sordo, la sangre volviendo negro su brillante vestido de terciopelo azul y sus manos mojadas. Su cuerpo yacía en un montón, y su gran falda arrugada. Miré de nuevo al sheriff, congelada, sin poder respirar. Ella estaba muerta. La había matado, sin razón, sin defenderse, sin nada. La mató porque podía hacerlo, porque ella era un pájaro que él podía aplastar. —Buena gente, trato de mostrarles mi amor, ¡Y así es como me lo pagan! Se niegan a pagar mis impuestos, rehúyen de sus obligaciones, y envían a alguien suyo para engañar mi corazón y me traicionan. ¡Ravenna Mason ayudaba al Hood! —¡No! —Gritó Godfrey—. ¡No, no! —Caminó a través de los guardias y Gisbourne lo derribó, lanzándolo al suelo y manteniéndolo allí mientras Godfrey intentaba luchar, tratando de llegar hasta donde yacía su hermana. Trató de deshacerse de Gisbourne, sin luchar con él. Sus esfuerzos se concentraban en cruzar el espacio hasta Ravenna, tratando de llegar a ella, tratando de tocarla antes de que su alma volara. —Me he deshecho de mi esposa infiel, y ahora voy a deshacerme de mi último problema… ese a quienes llaman el Hood. Me puse en marcha mientras la jaula empezó a descender. Rob, con su pecho agitado y mirada furiosa, se veía un poco como un león enjaulado, como lo llamó el Rey Richard. Me mezclé entre las personas, usando mis uñas, codos y puños para apartarlos de mi camino. Empujé y empujé, consiguiendo acercarme cuerpo por cuerpo, de pie a unos metros de la tarima vigilada.
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    PÁGINA193 Miré hacia laentrada. Ellos necesitaban más tiempo para preparar la explosión, y yo necesitaba algún tipo de milagro para liberar a Rob. Mis ojos se deslizaron por la habitación, había guardias por todas partes. Las ventanas eran muy altas, con grandes candelabros de hierro llenos de velas que colgaban de vigas. La parte de mí que no estaba dispuesta a morir hoy, las miraba con anhelo, imaginando que saltaba hacia ellas y me balanceaba, lanzando cuchillos de un lado a otro como un ángel vengador. Pero eso no podía ser posible hoy. Miré a Gisbourne y sentí mi estómago revolverse y mi pecho apretarse, como si alguien me golpeara. La horca cayó con un sonido grave. Rob se apoyó contra un lado de la jaula cuando se sacudió, y todo el lugar se silenció, un silencio por el shock de la crueldad del sheriff, por este extraño día en que la boda significó la muerte en vez de una nueva vida. Los guardias habían tomado a Godfrey por los brazos, manteniéndolo arrodillado al lado de la tarima. Él miraba fijamente el cuerpo de Ravenna, muerto, sin vida y abandonado. Gisbourne ahora tenía las manos libres para sacar su espalda e ir hacia la jaula. —¡No! —Grité, mi voz mezclándose con cientos de personas. Fui hacia adelante, pero la multitud no se apartaba, impidiendo avanzar, alejándome. La espada de Gisbourne no fue demasiado lejos, y esperó hasta que los gritos disminuyeron. —Arrodíllate —gruñó—. Morirás como cualquier criminal, peor que tu traidor padre. La cabeza de Rob se ladeó. Miró alrededor de la horca. —Me encantaría complacerte, Gisbourne, pero no parece haber suficiente espacio en la jaula para arrodillarme. —Abran la jaula —ordenó Gisbourne. El sheriff no protestó. Un guardia se acercó con la llave y abrió la puerta. Vi como un pesado Rob se inclinaba en un lado de la jaula. Estaba agotado y exhausto, y débil, y un poco adolorido. Él se giró hacia Gisbourne y miré su espalda. La ropa llena de cientos de agujeros en perfectas hileras pequeñas, y mi cuerpo entero ardió. Le pusieron el tablero de Judas. Era un enorme tablero lleno con pinchos, sucio y cubierto de sangre y carne, y se lo había puesto a Rob hasta que su piel se abrió y los picos lo atravesaron. Fuera hoy o no, mataría a Gisbourne también por eso. Si él no me mataba primero. —Arrodíllate, Hood.
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    PÁGINA194 —¡Espera! —Grité. Estavez mi voz sonó por encima de la multitud, y todo el mundo me miró. La gente me dejó pasar ahora, y mis temblorosas piernas me llevaron hacia los guardias—. ¡Déjenme pasar! —exigí. Gisbourne rió entre dientes. —Hazlo. Dejen que el pequeño ladrón venga. Quizás Gisbourne supiera ya mi plan, porque parecía que esperaba a su presa. Ellos se apartaron y subí al estrado, encontrándome con la mirada de Rob. No parecía enfadado ahora. Parecía perdido. Lo miré y mi corazón latió de nuevo. Amarlo se sentía como ahogarme en sus ojos de mar, como una marea que yo no podía contener, chocando contra mí una y otra vez, llenándome con dolor y vergüenza y desesperación. De pie tan cerca de él, todo lo que podía pensar era en las tantas cosas que debí haberle dicho antes. Un centenar de momentos que había perdido porque estaba asustada y débil y avergonzada. Esto era injustamente retorcido, pero quizás, si hacía esto, quizás el sacrificio podría hacerme una persona que él pudiera amar. —Dime que no estás realmente aquí —murmuró, bajando la cabeza—. Por favor, dime que no te salvé la vida por nada. —No necesitas hacer esto tan duro, Rob —Le dije—. Voy a sacarte de aquí. Su cabeza se alzó, y no hubo ira en sus ojos. —Eres un infierno. No con él, Scar, por favor. Las cejas de Gisbourne se contrajeron ante esto, pero sólo cruzó sus brazos, paciente ahora que había conseguido lo que él quería. Miré de nuevo a Rob, todos mis músculos internos dolían, y no estaba segura de que esto saliera bien. —No me pidas que te vea morir —le susurré. Los ojos de Rob cambiaron, con un brillo azul y húmedo como lluvia cayendo. —¿Crees que te irá mejor que a mí? —susurró. Aparté la mirada y miré la sangre de Ravenna, y la espada de Gisbourne, seca y sedienta. Sacudí mi cabeza. —¿Estás buscando reunirte con él, o tienes otra razón para molestarme? —Espetó Gisbourne. —Un trato —dije rápidamente, de pie frente a él y de Rob una vez más. Sus ojos se posaron sobre mí. —¿Qué podría querer yo de ti? —La única cosa que no pudiste conseguir, ni por la fuerza ni por mi padre —Le dije, sus ojos resplandecían por el brillo—. Una palabra, Guy.
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    PÁGINA195 El sheriff serió entre dientes. —Creo que el muchacho quiere casarse contigo, Gisbourne. —Otra razón por la que necesitas a un cazador de ladrones, Nottingham, es porque tus hombres en todo este tiempo no han descubierto que Will Scarlet es una chica —Los jadeos atravesaron la sala, y Gisbourne rió—. Cristo, ¿Nadie sabía? No sólo es, ella es una distinguida mujer hombre. Ni más ni menos que mi prometida delincuente, Lady Marian Fitzwalter de Leaford. Todo el mundo me miraba ahora, pero yo sólo alcé la barbilla. —¿Y bien? —¿Cuáles son tus condiciones? —preguntó. —Libera a Robin y Godfrey. A los dos ilesos. Sonrió, miró a Robin. —Bueno, ya me he divertido con él un poco. —¿Aceptas o no? —¿Y porque no debería matarlo ahora, y forzarte a casarte conmigo? —Como he dicho, Guy, no puedes obligarme a decir las palabras. Y no nos casaremos hasta que yo pronuncie las palabras. Si me quieres, esta es tu única oportunidad. Dio un paso adelante, apretando mi barbilla entre su pulgar e índice. Sonrió, pero parecía más como un perro mostrando los dientes. —Voy a hacerte vivir un infierno, Marian. Es decir, si vives más tiempo que tu amiga, —dijo, mirando a Ravenna. Rob se tensó bruscamente, pero yo me mantuve tranquila—. ¿Estás dispuesta a someterte ante mí de por vida? —Robin Hood, Robin de Locksley, Conde de Huntingdon —como desees llamarlo— es el príncipe del pueblo, Guy. Él vale más que mi vida. —Que poco vale la pena —espetó, empujando mí barbilla lejos—. Llamen de nuevo al sacerdote —ordenó. Mi pulso sonaba como tambores. —Rob tiene que ser liberado antes de que diga las palabras —Le dije a Gisbourne. —¿Cómo sé que realmente las dirás? —Te doy mi palabra. —Tuve antes tu palabra. —Tenías la palabra de mi padre. Ahora tienes la mía; me casaré contigo hoy, una vez que Robin sea liberado y se marche. Hizo una mueca. —Bien. Si no lo haces, al menos podré matarte.
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    PÁGINA196 —Esta no estu decisión, Guy —dijo el sheriff, limpiándose la sangre húmeda en su brazo. Los labios de Guy se curvaron, su cabeza girándose para mirar al sheriff. —Yo lo atrapé. —Te contraté para atraparlo. —Y lo atraparé de nuevo. Pero esto —dijo, girándose para mirarme otra vez—, no puede esperar. —Si lo dejas ir no voy a pagarte ni un centavo hasta que esté muerto. Gisbourne rió, mirándome fijamente, y sus dientes brillaron blancos. — No lo hago por el dinero. La boca del sheriff se torció en una mueca de desprecio, pero no dijo nada y no detuvo a Gisbourne. Gisbourne se acercó más. —Si esto es un engaño, Marian, conocerás todo el dolor que yo puedo causar. —Dos mujeres mueren en el mismo día de sus bodas —murmuró el sheriff. —Confía en mí, me tomara mucho más que un simple día matarla — dijo Gisbourne, hablando con el sheriff, pero sin apartar sus malvados ojos de mí. Miré a los dos. —No soy tan fácil de matar. Gisbourne pareció complacido por esto. —Me gustan los retos —El sacerdote apareció, y el sheriff asintió. Gisbourne suspiró—. Muy bien, dejen a Hood marcharse. Me giré, envolviendo mis brazos alrededor de Rob antes de que pudiera pensar o detenerme. Él me abrazó firmemente. —Lo lamento mucho, Rob —susurré, mi voz quebrada. Apretó el agarre. —No lo hagas, por favor. Por favor, huye. —Tú no puedes huir —Negué con la cabeza. Sus manos fueron a ambos lados de mi rostro, acercándome a él. Las olas se estrellaban en sus ojos, seguro y fuerte y arrolladora. —Eres mi corazón, Scarlet. Y esto está rompiéndolo. Mi corazón se rompió y las piezas se desplomaron. Mi boca se abrió y miré a mí alrededor y mis pies echaron raíces. —¿Es un buen momento para decirme eso, maldito chico estúpido? —Significaba que estaba molesta, pero mi voz tembló—. ¿Ahora? Me dio una pequeña sonrisa. —Mi mal hablada guerrera.
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    PÁGINA197 —Marian —dijo Gisbourne,y se sintió como una bofetada. Temblando, me incliné y besé la mejilla de Rob, parpadeando para evitar las lágrimas. El infierno subiría hasta el cielo antes de que llorara frente a Gisbourne, incluso por Rob. —Esto no ha terminando, Robin. Tienes muchas cosas que explicar. Me miró firmemente. —Mantente con vida, Scar, para que yo pueda tener esa oportunidad. —Vete. Se apartó de mí, y luché contra el impulso de seguirlo. Los murmullos se elevaron como el agua para atraparlo, y varios se acercaron a apoyarlo, llevándolo como el príncipe que estaba destinado a ser. Los guardias llevaron a Godfrey hacia la puerta y dejaron que ambos salieran libres de la sala. Fue algo extraño de ver, verlos huir sin nadie que los detuviera. Rob no miró hacia atrás, y sentí la mano de Gisbourne cerrarse sobre la mía como si se cerrara sobre mi garganta. —No tengo un anillo para ti, pero espero que perdones mi poca planeación. —Tonterías —exclamó el sheriff, quitándose la banda plateada de su dedo y pasándosela a Gisbourne. Se arrodilló sobre el cuerpo de Ravenna, arrancó la banda que seguía en su dedo, y se la entregó también a Gisbourne—. Alguien tiene que usarlos. Mi estómago no estuvo de acuerdo mientras Gisbourne lo aceptaba y me entregaba el anillo, aún cálido de la mano de Nottingham. —¿V-vamos a comenzar? —preguntó el sacerdote. Sus manos en la Biblia temblaban. —Sí —replicó Gisbourne. La voz del sacerdote se tambaleó mientras decía las desafortunadas palabras por segunda vez ese día. Se volvió hacia Gisbourne primero, preguntando—: Guy de Gisbourne, ¿Aceptas a esta mujer como tu legítima esposa, amarla y honrarla, estar con ella y protegerla, en la salud y en la enfermedad, como un marido a su esposa, renunciando a todas las demás por ella, tanto tiempo como vivas? —Acepto —gruñó, clavando sus cortas uñas en mi mano. —Y Marian Fitzwalter de Leaford, ¿Aceptas a este hombre como tu legítimo esposo, amarlo y honrarlo, estar con él y obedecerlo, en la salud y la enfermedad, como una esposa a un marido, renunciando a los demás por él, tanto tiempo como vivas?
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    PÁGINA198 Esperé tres respiraciones,y las sentí correr por mis pulmones como si fueran mis últimas respiraciones antes de dejarlas salir. —Acepto —dije, sintiéndome mareada. Todo este tiempo, luchando contra esto, y terminé casándome con él —¿Tienes los anillos? Gisbourne asintió, tomando mi mano y empujando el bonito anillo de Ravenna en mi dedo. —Te tomo, Guy, como mi legítimo esposo —dije, mi voz temblando—. Y prometo serte fiel —Las nauseas llegaron hacia mí. Temblaba cuando puse mi anillo en Gisbourne, y él sonrió, una gran y petulante sonrisa. —Te tomo, Marian, como mi legítima esposa —Me dijo, acercándome a él—. Y prometo serte fiel. —Recibe al Espíritu Santo —Le dijo el sacerdote, besando la mejilla de Gisbourne. Gisbourne se volvió hacia mí, agarrando mi barbilla con su gran mano y empujando mi boca hacia la suya. Fue duro, tan duro que mis dientes mordieron mi labio, y empujó su lengua en mi boca, pero mantuve mis labios fuertemente cerrados. Él intentó adentrarse, pero yo no lo permití. Me dejó ir. —Ahora están casados a los ojos de Dios —dijo el sacerdote. Su voz sonó triste. No esperé más. Me aparté de Gisbourne, girándome hacia la horca, pero él me agarró de la camisa y me lanzó hacia atrás. Golpeó su pie en mi pecho. — ¿Huyendo tan pronto, querida? Saqué un cuchillo y gruñí, tratando de introducirlo en el tendón de su talón, pero él saltó antes. Me levanté, sintiendo una punzada de dolor en mi espalda, y el sheriff me atrapó, colocando su cuchillo en mi garganta. Su barba frotó mi mejilla y se rió. —Atrapada. —Deja ir a mi esposa, Nottingham —gruñó Gisbourne. No pensé que Gisbourne pudiera sorprenderme, pero esto lo hizo. El sheriff también, hasta lo que vi, porque me soltó lo suficiente para que pudiera retorcer su brazo hacia atrás y golpear mi cabeza contra el puente de su fea nariz. Gisbourne desfundó su espada hacia mi estómago y salté hacia atrás, siseando. —Si alguien va a matarte, ¡Es seguro como el infierno que ese seré yo! —Gritó.
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    PÁGINA199 Tuve que gritarlopara que escuchara. La gente del pueblo había atacado a los guardias y se encargaban de ellos, intentando subirse a la tarima. Los brillantes colores se estaban convirtiendo en sangre oscura, la boda convirtiéndose en violencia. Quizás demasiadas cosas ocurrían deprisa. Quizás el fiero dolor, como una llama saliendo de mi hombro, nublaba mi cerebro. Quizás el maldito anillo en mi dedo significaba que yo no viviría demasiado tiempo. Cualquiera que sea la razón, no me moví tan rápido como debía. Retrocedí de nuevo y tropecé con el cuerpo de Ravenna y Gisbourne se acercó y agarró mi garganta. Me arrastró hasta él, y yo intenté ponerme de pie, pero me deslizaba en la sangre. Él me apretaba con tanta fuerza como yo podía soportar, lo suficiente duro para matarme. Intenté gritar, pero el sonido salió en un gorgoteo. Arrojó su espada al aire y la atrapó por la cuchilla, su mano protegida por los gruesos guantes de cuero. Comencé a removerme, patear, y golpear, pero no podía herirlo. Y donde podía, no parecía importarle. Ni siquiera lo notaba, no podía sentirlos. —Parece que necesitas recordar el tipo de hombre que soy, Marian —dijo. Giró mi cabeza para así levantar mi mejilla, y conseguí tomar una pequeña respiración que me dio fuerza para patearlo, apuñalarlo, rasguñarlo. Él empujó la punta de su espada en mi mejilla, dibujando un corte profundo y nuevo en mi vieja cicatriz. Cerré mis ojos, y sin ningún sonido de mis labios, los moví para rezar. Lo dijera él en serio o no, mi banda —Y estoy segura de que Dios, también— seguían cuidándome la espalda, porque justo en ese minuto todo el lugar se sacudió con la fuerza de una explosión. Él me dejó caer. Mi cabeza se estrelló contra el suelo y la herida en mi hombro de ayer gritó. Tosí mientras agarraba mi pecho y trataba de respirar, luché por levantarme. Esto era el caos. La gente del pueblo ya había subido a la tarima, y alguien peleaba contra Gisbourne. Tomé una respiración profunda, apartando las lágrimas y sangre de mis ojos y salté para agarrar la cima de la horca. Apreté los dientes cuando comencé a escalar la cuerda, el dolor recorría cada parte de mí, y la sangre corría por mi mejilla. —¡Marian! —Gritó, su voz tan fuerte que sacudió la cuerda—. ¡Eres mi maldita esposa!
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    PÁGINA200 —Dije que mecasaría contigo, ¡Nunca prometí quedarme a tu lado, Guy! —Escupí. Derribó al campesino con quien peleaba, y dejé de escalar, observando al hombre caer. Mis manos se deslizaron y apreté con fuerza rápidamente, no muy segura de si debía bajar y ayudar o correr. —¡Scarlet! Me deslicé un poco cuando me giré hacia la voz, viendo a John atravesar como un rayo entre las espadas batiéndose, con nada más que sus puños. —¡John! —¡Huye de aquí, Scarlet! —Se encontró con Gisbourne y sonrió—. Tengo esto bajo control. Observé a John asestar un golpe que hizo que Gisbourne lanzara lejos su espada, y sacudí mi cabeza. Mi esposo era un idiota. John le derrotaría en unos segundos. Aliviada y herida, tomé mi tiempo para subir hasta el techo. —¿Honrar y obedecer? —Gritó Gisbourne, luchando contra John—. ¿A esto es a lo que tú llamas ser una buena esposa? Me detuve. —Nunca dije que sería una buena esposa, Guy. Sólo que me casaría contigo. —¡Guardias! —Rugió—. ¡Guardias! ¡Alguien queme viva a Marian! Pero todos los guardias estaban ocupados justo en este momento, y nadie le prestó un poco de atención. Seguí subiendo. —¡Eres una perra traidora! —Gritó—. ¡Maldita mentirosa! Reí. —Sabías que era una perra y una mentirosa cuando te casaste conmigo, Guy. Es tu maldita culpa haber aceptado el trato. Hice el camino hasta el techo con los músculos ardiendo, y me aferré a la madera por un largo rato, tratando de respirar, intentando que el dolor latiente en mi hombro, mejilla y cuerpo bajara. Busqué a John mientras colgaba de allí, y me tomó unos preciosos segundos encontrarlo. Vi la cabeza de John presionada fuertemente contra la de Gisbourne, los dos girando como si fueran uno solo. John tuvo unos centímetros de espacio y lanzó un golpe directo a la mandíbula de Gisbourne. Gisbourne cayó a los pies de John. John cayó sobre sus rodillas para tomar la espada de Gisbourne y levantarla con un intermitente resplandor en su mano, listo para hacerme una viuda. Pero no lo hizo. John levantó el rostro y cuando me vio en el travesaño, sólo se congeló.
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    PÁGINA201 El pánico merecorrió. —¡JOHN! ¡HAZ ALGO! —Grité, pero él no me escuchaba. El sheriff se acercó a John empujando a la multitud y se abalanzó sobre él, su espalda elevada y con una horrible mueca en su rostro, como un lobo en una pelea. Solté un grito fuerte y agudo, pero John aún no podía oírme. Me vio un momento, su cara parecía confundida mientras el sheriff se acercaba aún más a él. Mis pies corrieron sobre la viga antes de que supiera lo que hacía, pero no había manera de que pudiera llegar a tiempo. Esta no era una batalla que yo pudiera ganar, y no quería ver a mi amigo morir por mi culpa. El pie del sheriff golpeó el suelo, cayendo ante mis ojos lentamente, como si yo pudiera ver cada una de sus movimientos, cada uno de sus giros. Su espada cayó antes de rozar el cuello de John, mientras él comenzaba a girarse. Grité de nuevo, y grité y grité. La cuchilla nunca lo cortó. El acero resplandeció en los aires mientras el sheriff era arrastrado hacia los lados. Los hombres se echaron sobre él como una marea, y pude ver a James Mason en un primer plano, clavando al sheriff en el suelo. Alguien levantó la barbilla del sheriff, y Mason no vaciló ni un momento antes de hacer que el cuello del sheriff se inundara de sangre, la misma línea a través de la garganta que él había dibujado a Ravenna. La sangre cayó por el costado de su cuello y goteó, y desde las vigas parecía un gran charco, la sangre de Ravenna y el sheriff se mezcló junta, su boda fue horripilante, ya que murieron el uno al lado del otro. James Mason había vengado a su hija, incluso si fuera su culpa por incitar el matrimonio desde el principio. No era como si nuestros problemas hubieran terminado, pero este día los ciudadanos, Rob y mis compañeros, se levantaron y pelearon juntos. Incluso si esta oleada de maldad, dolor e injusticia cayera sobre nosotros otra vez, esto nos obligaría a levantarnos de nuevo. Y era el mejor comienzo que pudimos haber hecho. Gisbourne se puso de pie otra vez, y John se defendió contra él, moviéndose como un rayo para que nadie pudiera intervenir. Hicieron círculos y pelearon, y yo colgaba de la viga. Una parte de mí pensaba que yo debería estar peleando y no John, pero una maldita parte mí pensaba que debía quedarme aquí, sin moverme. Oí un sonido como de un trueno afuera, y contuve la respiración mientras las vigas se estremecían; una se rompió de un lado, dejando caer
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    PÁGINA202 un extremo alsuelo. Toda la estructura comenzó a tambalearse y moví como si estuviera electrocutada. El techo estaba hecho de gruesas capas de paja, y me aferré a una viga para después apresurarme a llegar al borde del techo hasta la pared del castillo. Todo mi cuerpo estaba herido y adolorido y ardiente, pero no me detendría hasta ver nuevamente a Robin. Llegué a la pared externa del castillo, y me trepé, respirando profundamente. Me deslicé fuera de la pared y corrí hacia el bosque, mi corazón latía más fuerte de lo que jamás había escuchado. No sabía qué camino habían tomado para llegar a la cueva, y me tomó bastante tiempo antes de escuchar sus pasos crujiendo sobre las hojas. Corrí más rápido, sintiendo las lagrimas salir de mis ojos y mi corazón comenzando a calmarse. Vi la pequeña y ligera forma de Much, una alta y delgada de Godfrey, y la última forma, la única que lo significaba todo, inclinado un poco sobre Godfrey. —¡Robin! —Grité. Él se giró, apartándose de Godfrey mientras yo corría hasta él, chocando contra su cuerpo y lanzándolo hasta el suelo. Lo abracé fuertemente, sollozando en su pecho. Sentí la cálida sangre de su espalda en mis manos, pero dejé que humedecieran mi piel, tirando de su peso sobre mí para que así su espalda no se ensuciara. No me importaba nada, ni siquiera saber cuánto estábamos heridos. Escuché un sonido extraño, sentí el agua en mi cuello. —Dime que no te casaste con él —susurró. —Lo hice —Maullé—. Le di mi palabra. —Pero estás aquí. Asentí. —Y casada o no, no quiero dejarte nunca, Rob. Su nariz frotó mi cuello, luego a lo largo de mi mejilla derecha. —Estás casada, Scar. Nuevas lágrimas brotaron de mis ojos. —Lo sé. —Con él. Asentí, hipando. Apoyó su frente contra la mía, con sangre y todo. —Déjame curarme un poco, y nos encargaremos de que “hasta que la muerte nos separe” sea un periodo muy corto. Dejé escapar una pequeña y acuosa risa, y me senté, arrastrándolo conmigo. Apoyé mi mano en su corazón, y él cubrió el mío.
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    PÁGINA203 —Esos ojos —murmuró,apartando el cabello de mi rostro, cuidadoso de evitar la nueva herida en mi mejilla. —Vamos, Robin Hood. Voy a curarte tan rápido como pueda —Le dije, tomando sus manos y levantándonos. —Tan pronto como te cerremos esa herida, Scar —Recordó Much. Robin se inclinó pesadamente sobre mí, y miré a Much y Godfrey. Los había olvidado. Ellos nos miraban fijamente y sentí mis mejillas enrojecer. Debajo de la sangre, claro. —Sentí la explosión. ¿Qué tan difícil fue? Much sonrió. —Ni siquiera fue tan difícil. Con todo lo que ocurrió, nunca nos notaron. Te digo, la mecha llevó más tiempo del que pensé que tomaría. Creí que podrían encontrarla o cortarla, pero luego sentí la explosión y vi a Robin. —¿Qué fue lo que hizo? —Derribó casi la mitad del baile —Le dijo Much—. ¿Qué ocurrió en el salón? —John siguió luchando, me dijo que me fuera —dije—. El sheriff murió. —¿Muerto? —preguntó Much, su rostro preocupado—. Cristo. Cristo, tendremos un nuevo sheriff, ¿no? ¡Probablemente uno peor! Robin habló antes de que Much continuara. —La posición nunca estará vacante, y es verdad, no tenemos ninguna manera de saber a quién nombrará el Príncipe John, pero esto es un avance. Necesitamos tiempo. Por el momento, la gente —sus casas y sus hijos y sus vidas— están a salvo —Cerró sus ojos y se apoyó contra mí—. Por ahora, eso es más que suficiente. Much dio un paso hacia adelante, sus ojos llenos de preocupación. —Vamos a llevarlos de regreso a la cueva. Robin asintió, y comenzamos a caminar, pero Godfrey vaciló. —Yo no… no puedo regresar con mi padre. No después de que él estuvo de acuerdo con esto, y permitió que ella muriera —Cerró sus ojos, como diciendo que esto le dolía—. Sé que lo que puedo ofrecerte no es mucho, y sé que no confiaras en mí después de todo lo que hice, pero… — Se detuvo de pronto, como si alguien le hubiera cortado la lengua. Me aparté lentamente de Rob, asegurándome de que él pudiera valerse por sí mismo. Caminé hacia Godfrey, y toqué su mano. —Fue tu padre quien mató al sheriff —dije. Su rostro se retorció, sus emociones
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    PÁGINA204 desnudas—. Confiamos enti, Godfrey. Eres uno de nosotros ahora, y siempre lo serás. —Ella me dijo que tú trataste de que huyera —dijo suavemente Godfrey, su voz quebrada—. Y ella… ella quiso quedarse. Asentí. —Cristo, lamento tanto haberte golpeado. —Lo sé. Vamos, necesitas descansar. Todos necesitamos descansar un poco —Volví con Rob, deslizándome debajo de su brazo otra vez, y él besó un costado de mi frente. Esto hizo que una cálida oleada de calor se extendiera por mi cabeza, corriera sobre mi cuerpo, y se deslizara alrededor de mi hombro herido como si estuviera sanándolo. —Te arreglaré primero, Scar—me dijo Much cuando llegamos a la cueva—. Tu hombro debe estar horrible y tu mejilla tampoco luce tan bien. Rehuí, abrazando fuerte a Robin. —De ninguna manera. Yo no soy la que ha sido torturada. —Yo la curaré, Much —Rob le dijo. Cerca de mi oreja y bajo dijo—: De ahora en adelante, nadie más que yo te verá sin camisa, Scar. Rodé mis ojos, pero justa verdad, yo no quería que nadie más que él hiciera lo mismo. —Vamos —Le dije, llevándolo a la cueva—. Vamos a conseguir nada de camisetas para empezar. Él se rió entre dientes, pero fue inclinándose pesado sobre mí, y me asustó profundamente. —John —gritó Much. Nos volvimos para ver correr a John en el campamento, sangre y bultos y una gran sonrisa idiota en el rostro. Robin se acurrucó un poco hacia adelante, tambaleándose sobre sus pies. —¿Qué pasó? —Le pregunté. John empujó su dedo pulgar sobre el labio roto. —Gisbourne huyó — dijo—. Pero yo tampoco rompí su brazo o deshice su hombro. De cualquier manera, no va a estar sosteniendo una espada por un tiempo. La mayor parte de la sala cayó después de un minuto, y conseguimos sacar a la gente—. La cara de Robin se retorció y John lo miró, perdiendo la sonrisa. —¿Estás bien, Rob? Lo abracé con más fuerza. —Lo estará. John asintió, mirándome, pero me aparté de sus ojos y llevé a Rob a la cueva, ayudándolo a sentarse. —No muevas nada —le dije—. Voy a buscar los suministros.
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    PÁGINA205 Volví a saliry John estaba allí, justo en la boca, con los brazos cruzados. Much y Godfrey vagaban más allá, yendo por la poca comida que habíamos almacenado. John alzó las cejas. —¿Qué pasó con Gisbourne, John? —Te lo dije. Él echó a correr. —Antes de eso. John me miró de lleno, viéndome fijamente a la cara. —Me distraje. —No me mires a mí por tus distracciones. Yo no he hecho nada por eso. Su rostro se retorció en una manera divertida, triste y confundida. — Lo hiciste. Lo fui a matar, y tan sólo pensé, si él muere, eres de Rob. Eres de Rob para siempre, y no he tenido una oportunidad. No pretendía pensarlo. Fue justo ahí. Y me detuvo en seco. Mi respiración murió en mi pecho y mi piel rugió con sangre. —¿Qué? John tragó. —Y entonces el sheriff estaba allí, y la oportunidad se había ido—. Los ojos de John clavados en el suelo. —Lo siento, Scar—. Él se apartó fuera de la boca de la cueva y se acercó a Much y Godfrey, y me dejó siguiéndolo con la vista. Fue ira corriendo a través de mí más que nada mientras pensaba en sus tontas palabras y reunía los suministros. No estaba siquiera segura de lo que significaba, no matar a Gisbourne, pero escuchar que lo diga así ¿Como si quisiera retenerme y Rob por el otro? Podría haberlo matado por ello. Por lo menos hasta que entré en la cueva otra vez y vi a Rob ahí, doblado y herido. Entonces todo pensamiento desapareció de mi mente y mi corazón se ajustó a una extraña clase de ritmo y la ira me dejó. Las palabras de John no tenían ninguna importancia, y la horrible banda en mi dedo tampoco. Al entrar en la cueva, chocó sobre mí de nuevo: Amaba a Rob. bien. Amaba a Rob, y habían tantas cosas que más vale que explique —Vamos, Godfrey, vamos a mostrarte más de Sherwood —Oí decir a John. —Y a agarrarle la mano al bosque. Much, ven con nosotros. Me sonrojé un poco, pero fui feliz por la oportunidad de estar a solas con Rob después de todo lo que había sucedido. En la cueva estaba más fresco que el exterior, y se sentía como si todo se hubiera desprendido como la piel de una naranja y yo quedé con esto, el corazón de todo.
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    PÁGINA206 Llegué tranquila detrásde Rob, tocándole la cara y levantando el borde de la camisa. Él asintió y levantó los brazos, dejándome que le quite su camisa con sangre negra. Cientos de agujeros perforados en su espalda, sangrando rojo y segregando. Algunos parecían enfermos y envenenados ya. —Cristo, Rob. Puedo limpiarlo ahora, pero tendré que ir a los frailes por una cataplasma. Él asintió, su cuerpo aliviándose, aflojando los músculos. Me puse a trabajar, tomando algo de nuestras aguas y lo último de nuestras vendas de muselina para enjuagar la sangre y sacar la suciedad y la mugre de la prisión. Comencé un fuego y puse un poco de agua para que se caliente, y llegado el momento lo levanté una vez, el agua era cálida y me temblaban las manos un poco. Empapé vendas y las coloqué en tiras sobre la masa de heridas, tratando de sacar algo enfermo y profundo de allí. Me quedé con los labios cerrados, dejando que mi corazón establezca sus palos su percusión y sintiendo la incertidumbre deslizarse en mis costillas. Tracé mis dedos de luz a lo largo de las tiras, presionándolas suavemente mientras miraba en la parte posterior de su cabeza. —Tiempo para el ajuste de cuentas, Rob, —dije suave—. ¿Qué quisiste decir ahí? —Los músculos de sus hombros rodaron, como si estuviera tratando de mover o girar, pero toqué su espalda para mantenerlo quieto. Tal vez también para retenerlo, así su rostro no estuviera para mí, mientras lo decía, yo no estaba segura. —Lo sé... Sé que pensaste que moriría allí. Pensé que fracasaste, pensé todo tipo de cosas malas. No voy a ser criminal si no querías decirlo todo—. Mentira. Si él no lo había querido decir... No estaba segura de lo que haría. Tal vez regresar a Gisbourne y dejarlo terminar el trabajo por mí. —Si no vas a dejar que me mueva, mas te vale que vengas donde pueda verte, Scar —dijo, y su voz era horriblemente áspera. Cuidadosa y lenta, fui alrededor frente a él, de espaldas al fuego así que su baile entero de luz brillaba en su rostro. Me tomó la mano, estirando mis dedos de un puño y entrelazando los suyos. Él se agarró firmemente. — Por los huesos de Cristo, Scar —Él dejó escapar un suspiro, y su mano apretó la mía—. Tú cambiaste todo. Todo. Ese día, en el mercado de Londres, tú no sabes lo que era mi vida antes de eso, cuando llegué a casa y encontré que todo sólo desapareció. No tenía nada. No tenía un alma. Y entonces apareciste con tus ojos mágicos, y tú tan sólo cambiaste todo. Cada dolor voló de mis huesos y me quedé quieta como una picota. —Pero... me odias.
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    PÁGINA207 Él suspiró, ysus ojos se movieron hacia los míos. Las tormentas se habían ido, los mares de la clase de calma que viene después de que las olas han destruido un barco. —Me odio a mí mismo. Desearía no sentir nada. Desearía poder proteger a estas personas —tú— como yo quiero, pero no puedo. No lo hago. En las Cruzadas, en toda mi vida... —Se calló, los ojos y su mano dejaron los míos, y su garganta trabajaba, el sonido justo fuerte. —Hay tanto por lo que tengo que expiar, por lo mucho que he hecho mal. Si yo fuera un hombre mejor, yo te hubiera enviado lejos de aquí hace mucho tiempo, pero no lo hice, y no puedo. Me gustaría poder dejar de pensar en ti, Scar, dejar de preocuparme por ti. Casi todos los días desearía nunca haberte conocido, porque es una tortura—. Una tos seca llegó que medio sonó como una risa. —Más que, ya sabes, sólo tortura corporal. Me tranquilicé por un momento, mordiéndome el labio. —Me llamaste puta, Rob. Has dicho cosas terribles. —Ah —dijo él, y su mano tomó la mía de nuevo, fuerte—. Hiriéndote es la mejor manera que conozco para castigarme. Y, a pesar de que no estoy muy orgulloso de ello, yo verdaderamente no puedo controlarme cuando veo siquiera que mires a John —Se rió entre dientes—. O a Jenny Percy. —Cristo, eres un niño estúpido —dije, sacudiendo la cabeza—. Y todavía no has dicho lo que quiero oír. Me miró a los ojos. —¿Qué es lo que quieres oír? —Si yo soy una tonta por pensar en ti —Él miró hacia abajo. —Si estás con John. Sonreí un poco. —¿Eres un tonto? Por supuesto. No soy el tipo de chica que debes tener. Del tipo que te mereces —Apreté mi boca contra sus nudillos, luego miré a sus ojos de océano—. Pero escondido dentro de ti es el único lugar donde mi corazón ha estado alguna vez en casa —Una sonrisa se apoderó de mi boca—. Y yo no estaría nunca con John. Sus dedos soltaron los míos, y antes de que pudiera llorar su pérdida, su mano temblorosa se deslizó sobre mi mejilla. —Guardaré tu corazón, Scar —susurró—. Si tú guardas el mío. Asentí. Justo tímida, toqué su cara, recorriendo sobre un moretón en la mejilla. Me dejó, cerrando los ojos y dejando caer sus manos de mi cara cuando toqué su piel. —Gisbourne no parará de buscarme, incluso con el Sheriff muerto. Su mano agarró mi rodilla. —Tú no puedes jamás volver a él… ya lo sabes, ¿no?
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    PÁGINA208 —Sí. Él asintió. —Notendrá un tiempo tan fácil ahora. El nuevo sheriff no será nombrado por un tiempo, y hasta entonces, la tierra vuelve a King Richard —y al cuidado del príncipe John mientras él no está. Gisbourne carece de autoridad aquí. Y cuando el nuevo sheriff sea nombrado, tendrán que empezar con la reconstrucción de la fortaleza. Tenemos tiempo. Él gimió y mi labio se retorció. —¿Quieres descansar? —Le pregunté. Rob asintió, y le ayudé a acostarse de lado, bajándolo hasta su camastro junto al fuego. Acercándome a él, me quedé allí, insegura e inclinándome sobre él. Yo era justo tímida para hacerlo, pero besé su mejilla. Cogió mi mano y tiró de mí más cerca antes de que me alejara. — Quédate aquí —dijo—. Por favor. —Yo no iría a ninguna parte —dije. Tiró de nuevo. —Quédate aquí —dijo, y siguió tirando hasta que estuve en contra de él. Tiró mis caderas contra las suyas, de espaldas a su frente, y me agarró con fuerza. Su aliento sopló en mi cabello y escalofríos rompieron como chispas de fuego por todo mi cuerpo. Apreté su mano. —Seguiremos luchando. Por el pueblo, y por ti y por mí. —Un día, todos seremos libres. Suspiré, mirando las lenguas ardientes de la hoguera. —O estaremos muertos. Pero entonces, supongo que es una especie de libertad también. Retorció nuestros dedos juntos de nuevo. Parecía ser la forma que a él más le gustaba mi mano, como si pudiéramos unirnos tan fácil como trenzar dedos. —Vamos a tratar de no ser absolutamente así de libres Scar —Él estuvo quieto un momento, y su nariz dio un empujón a mi cabeza—. ¿Debo llamarte Marian ahora? Suspiré. —No estoy segura. Yo nunca quise ser Marian, pero no es tan fácil como simplemente decir que nunca lo fui. O que todo lo que soy es Scarlet. —Tal vez te llamaré Señora Gisbourne. —Puedes intentar. A ver cuánto tiempo vives. Él me llevó más cerca, y tomé un respiro, dejando mis hombros retroceder contra él. Su respiración se hizo lenta y uniforme, y se instaló en mi pecho hasta que respiré igual. Fui cortada y completamente golpeada,
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    PÁGINA209 pero sosteniendo sumano, sumida en Sherwood, incluso como una mujer casada, nunca me sentí tan segura, y nunca me sentí tan libre. FIN
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    PÁGINA210 Agradecimientos: Supe que queríaser escritora cuando estaba en primer grado; durante todo el camino, he encontrado personas negativas y rechazos en abundancia, pero lo que realmente me quedó grabado es la verdadera generosidad de espíritu que tantas personas me han ofrecido. Esta lista es un microcosmos en mal estado de todas las personas que realmente se merecen mi agradecimiento. A mi agente superestrella, Minju Chang, gracias por ser el primero en creer en Scarlet. Tu entusiasmo y pasión nos han traído hasta aquí, y estoy muy agradecida. ¡Gracias a mis editores increíbles, Emily Easton y Mary Kate Castellani, que tanto amaron a Scarlet como era, y que también vieron la manera de hacerla brillar un poco más. Ambos inspiraron el casi Mundo según Wayne10.¡Yo no soy digna! Gracias al resto del equipo de Walker and Bloomsbury, incluyendo a Jennifer Healey, que, como editora de textos, recogió las cosas que mi mente no podía ni siquiera procesar (he usado la palabra ¿cuántas veces?), al equipo de los derechos extranjeros, y los equipos de diseño y marketing. He oído que se necesita una aldea, pero en realidad sólo se necesita una editorial increíble. Gracias a todos por ser parte de ella conmigo. Para Panera Bread, recargable con Coca-Cola Light y/o un té es un regalo del cielo. Salud. Para el hotel W de Boston, gracias por dejarme escribir en las primeras horas de la mañana. Para Alex, Iggy, Ashley, Nacie, Leah, y Renee —beta readers11, maniquíes de prueba, armarios a los que les arrojaba pasta emocional, amigos incondicionales que me animaron a seguir adelante, me apoyaron, distrajeron, y de vez en cuando me daban caras de vivisección12 cuando sabían que yo estaba equivocada. Nada más que amor. 10 Wayne'sWorld (también conocida como El mundo de Wayne y El mundo según Wayne) es una película estadounidense de 1992 dirigida por PenelopeSpheeris. Wayne, un joven que toca la guitarra y es amante del rock, es conductor de un programa juvenil junto con su introvertido y raro amigo Garth, quien toca la batería. Junto con otros de sus amigos, que a su vez son el staff del programa, montan su producción en el sótano de una casa. Un productor televisivo los encuentra y decide que son perfectos para promocionar la campaña de una empresa sponsor de videojuegos. El productor comienza a influir demasiado en el programa y este toma un estilo más comercial. Esto hace que Wayne y Garth se peleen. Para peor, el productor quiere quedarse con Cassandra, novia de Wayne. 11 Un Beta Reader es una persona que lee una obra escrita, generalmente de ficción, con lo que se ha descrito como "una mirada crítica, con el objetivo de mejorar la gramática, ortografía, caracterización y el estilo general de una historia antes de su lanzamiento al público." 12 La vivisección es un acto o práctica de hacer operaciones quirúrgicas en animales vivos con el propósito de llevar a cabo una investigación psicológica o demostración, exanimación o crítica sin piedad y minuciosa.
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    PÁGINA211 Para Connie Chapin,UnderwoodGreer, MeaghanDelahunt, John Burnside, Harris Debbie, a la incomparable Catherine Doyle, a quien extraño mucho, y a todos los demás profesores de inglés que me han apoyado y me han enseñado, me han cambiado para siempre por el amor que sienten por su profesión. Sus estudiantes están escuchando, y ustedes están cambiando sus vidas. Gracias. Para Kev y Mike, ¿quién hubiera pensado que mis más grandes partidarios serían dos chicos? Gracias por estar siempre a mi lado, riéndose de mí hasta recordarme que debo reírme de mí misma. Los mejores hermanos de la historia. Para mi madre, que sabía con absoluta certeza que este día llegaría y, sin embargo, también reconoce que es un casi un milagro, a mi papá, que me dio una gran educación, amor, aliento y una adicción total a los libros (pero todavía no quiero leer Stranger in a Strange Land13. Lo siento, papá!). Los dos me enseñaron que la alegría está en la palabra escrita. Gracias. 13 Stranger in a StrangeLand es una novela de ciencia ficción (1961) escrita por el estadounidense Robert A. Heinlein. Cuenta la historia de Valentine Michael Smith, un ser humano que viene a la Tierra en su edad adulta, después de haber nacido en el planeta Marte y haber sido criado por marcianos.
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    PÁGINA212 Nota del Autor: ¿Porqué quise contar la historia de Robin Hood cuando ya hay tantas versiones e interpretaciones diferentes acerca de la leyenda de Robin Hood? Entre los numerosos libros, programas de televisión y películas, hay, evidentemente, ya una gran cantidad de material disponible. Sin embargo, es una historia que se continúa contado en casi todas las generaciones. Me sentí obligada a escribir Scarlet, porque me encanta Robin Hood. Siempre he estado fascinada con él, el dolor que debe haber sufrido, y lo duro y fuerte que era, pero sobre todo porque él era fuerte para la gente que amaba y fuerte a causa de su amor. Esa fue la mejor parte. Mi Robin es un poco más joven y tal vez un poco temperamental que la mayoría de los Robin Hood, pero no pude cambiar mucho más de él, porque amé todos los jugosos detalles que he podido recoger de la leyenda clásica de Robin Hood. Poco acerca de Robin se sabe con certeza. Algunos historiadores creen que Robin Hood tiene que haber sido un proscrito en el siglo XII, mientras que otros insisten en que fue un nombre dado a muchos, fuera de la ley, en los primeros tiempos medievales. La mayoría de las leyendas de Robin lo colocan en el bosque de Sherwood, pero hay muchas referencias históricas a las diferentes partes de Inglaterra. No hay una persona pueda que estar de acuerdo con sobre el verdadero Robin Hood. Si existía en realidad, los historiadores creen que pudo haber vivido en cualquier momento durante un tramo de unos doscientos años desde el siglo XII al XIV. Su título, la historia y ética personal, todo puede variar considerablemente, pero la única cosa que sigue siendo común entre todas las historias de Robin Hood es que él roba a los ricos para dárselo a los pobres. Haya o no Robin participado en las Cruzadas, la historia se establece normalmente durante la época del rey Ricardo I, cuando Inglaterra tenía un rey heroico que nunca estaba en casa, y su celoso hermano, el príncipe John fue dejado encargado de administrar el país. Esto encaja muy bien porque el príncipe John, en efecto, estableció un impuesto sobre el pueblo de Inglaterra para pagar por el rescate del rey Ricardo al final de las Cruzadas (que fue capturado por un duque austríaco quien le daba algunas patadas mientras aquel estaba en el suelo, pero eso es otra historia), a pesar de que John no quería a su hermano de regreso en Inglaterra. He pensado mucho sobre el tipo de gobernante que John debe haber sido para permitir un ambiente como en el que Robin Hood existía. Puede que él no estuviera directamente implicado en la historia de Scarlet, pero él es la fuerza impulsora detrás del deterioro de la situación de Nottinghamshire. Dentro de los últimos cien años, las historias de Hood Robin lo han destacado como un proscrito, por lo general un ex noble, que vivía en el bosque de Sherwood. Hay poca capacidad de maniobra con el elenco de personajes (Little John, Will Scarlet, Friar Tuck,
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    PÁGINA213 Much, Allan ADale, para nombrar algunos); como las versiones escogían y reinterpretaban, ciertamente he hecho lo mismo. Tradicionalmente, las historias ven Friar Tuck como un monje borracho, Little John, como un leñador musculoso, a Much Miller como el hijo del campesino por excelencia, y a Will Scarlet como el mejor amigo de Robin. Will Scarlet se muestra siempre con sus cuchillos, por lo general viste de rojo, y, a menudo presentado como de mal humor o el más misterioso de la banda. Para cada uno de estos personajes tradicionales he hecho mis propios ajustes para poder interpretar cómo la historia de Robin podría haber comenzado: Tuck es un camarero un poco borracho, Little John sigue siendo musculoso, pero tiene un corazón debajo de su exterior, Much es (espero) más complejo, pero sigue siendo el que mejor encaja con la gente del pueblo. Y luego está Scarlet: misteriosa, de mal humor, y hábil con cuchillos, obviamente está conectada con el legado de Will Scarlet, y sin embargo, son completamente diferentes. Otros personajes, como Allan A Dale, no están en Scarlet, porque en el momento de mi historia, Rob sigue siendo un hombre joven y no ha conocido a muchas personas más allá de la gente del pueblo y sus camaradas. John y Much son, en una terminología moderna, sus “chicos”. También me tomé libertades con el resto de la historia, baladas, y e interpretaciones que han llegado antes que la mía, sobre todo en relación a Marian, y, por poder, con querida Scarlet. Leyendo los relatos y viendo las películas, siempre he encontrado a Marian problemático porque, aunque yo estaba enamorada de Robin, nunca pude verme a mí misma como Marian. Ella siempre tenía los ojos saltones y esperaba ser rescatada, no era exactamente algo con lo que me identifica, ni lo que Rob merecía. Vamos, ¿una simple doncella para el gallardo, valiente y angustioso Robin Hood? Para mí, el verdadero amor es encontrar a alguien que no sólo ve y acepta tus demonios, sino que también está dispuesta a intensificar y luchar contra ellos, cuando tropieces. Marian no podía hacer eso para Robin, pero sin duda Scarlet lo haría. Estoy intrigada por la idea de que la historia podría haber sido reescrita, tomando a una niña llamada Scarlet y, a lo largo de los siglos, convirtiéndola en Will Scarlet, uno de los felices hombres de Robin Hood. Me gusta pensar en la historia como un juego muy largo de teléfono, que nunca va a llegar con exactitud (o incluso acercarse) a la manera en que comenzó. Así es como, mientras las leyendas y baladas van pasado —y porque hay una larga tradición de dejar a las mujeres fuera de la historia, incapaces de creer que una niña pudiera hacer todo lo que Scarlet hizo—la gente escuchó la historia equivocada y se pasaron versiones modificadas de ella. ¿Es posible que Will Scarlet hubiese sido una chica? Por supuesto. Como he dicho, no hay prácticamente ningún hecho histórico, y las leyendas comenzaron, sobre todo, a partir de las baladas que fueron habladas y han cambiado varias veces en el transcurso de un día, y aún más a lo largo de los siglos. Mujeres como Leonor de Aquitania probaron que las mujeres medievales podían ser fuertes e inteligentes, de una astucia increíble. Entonces ¿por qué no pudo Scar existir realmente? Siempre habrá gente que piensa que una mujer, especialmente una joven mujer, no es capaz de todo lo que Scarlet cree que ella es. Yo no lo compro. Si la historia no dejó ningún lugar para que una fuerte (y sí, a veces, increíblemente malhumorada) joven mujer exista, entonces es mi placer y deleite agitar las cosas y empezar a hacer algunas revisiones.
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    PÁGINA214 A. C. Gaughen Soydescaradamente adicta a quedarme despierta hasta muy tarde (Se siente como un robo de tiempo), al refresco dietético (Sabe tan bien), Escocia (Ese país robó mi corazón, y no va a devolvérmelo. La interpol ha sido ineficaz en este juicio) y a los ladrones (Así que supongo que no estoy tan fuera de lugar en Escocia)