Aladdin era un pobre muchacho de las calles sin educación que robaba para comer. Fue el único capaz de abrir la cueva de las maravillas y encontrar la lámpara mágica, la cual lo convirtió en un príncipe y le permitió desplegar sus talentos ocultos, ganándose el afecto del sultán y el amor de su hija. Finalmente, se revela que Aladdin no era realmente un príncipe, sino que sus dones provenían de él mismo y solo necesitaba confiar en sí mismo para lograr grandes cosas.