Los amigos imaginarios son personajes ficticios creados por niños, generalmente entre los 2 y 3 años, y pueden tener un impacto significativo en su desarrollo emocional y social. Ayudan a los niños a liberar sentimientos, proyectar conflictos y mejorar su autoestima, aunque algunos casos pueden reflejar carencias afectivas. Este fenómeno también puede ocurrir en adultos como una forma de manejar el estrés y las dificultades emocionales.