Dos ángeles viajeros pasan la noche en dos hogares diferentes: una rica familia que los trata mal y los aloja en el sótano frío, y una pobre familia que los trata con hospitalidad y comparte su poca comida. Al día siguiente, el ángel viejo explica al joven que las apariencias engañan, ya que había sellado el oro escondido en la mansión para evitar la avaricia del rico, y que había reemplazado a la esposa de la familia pobre por su vaca cuando vino la muerte.