Una anciana de 83 años le cuenta a su vecino sobre su encuentro con el Cadejo cuando era niña en Panamá. Mientras lavaba ropa cerca de su casa, escuchó un gruñido y sintió que algo la perseguía. Al día siguiente, su abuela le dijo que en Semana Santa se soltaban las cadenas del infierno. Un miércoles santo volvió a lavar ropa y otra vez sintió que la perseguían; esta vez vio que era un perro pequeño con ojos rojos como llamas y cadenas rotas que