Un guardabosques encontró un pájaro carbonizado en la base de un árbol después de un incendio forestal. Al tocarlo, tres polluelos salieron de debajo de las alas de su madre, que los había protegido instintivamente cubriéndolos con sus alas aunque sabía que iba a morir. Al igual que esta madre protegió a sus crías a costa de su propia vida, Jesús murió por nosotros aunque podía haberse salvado, para protegernos del pecado y darnos la vida eterna.