Ricardo Barreda, un odontólogo de 74 años, fue condenado a reclusión perpetua por el homicidio de su esposa, suegra y dos hijas en 1992, lo que se comprobó mediante el uso de una escopeta. Aunque su defensa argumentó que padecía un trastorno mental que le impedía comprender sus acciones, los peritajes concluyeron que Barreda era imputable en el momento del crimen. A pesar de que se le niega la excarcelación tras 26 años en prisión, su abogado argumenta que ha superado el tiempo requerido para solicitar libertad condicional.