El documento analiza la naturaleza del bautismo, enfatizando que debe realizarse en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, como un símbolo de purificación y entrada en la fe cristiana. Se ofrece una visión histórica y teológica sobre el bautismo, diferenciando entre su práctica en el Antiguo Testamento y su interpretación en el Nuevo Testamento, donde se establece que no es el acto en sí, sino la fe en Cristo lo que otorga la salvación. Además, se subraya que el bautismo es una renuncia al mundo y una declaración pública de la intención de seguir a Cristo.