El documento transmite mensajes de solidaridad de varios grupos y personas de diferentes partes del mundo con los familiares de Dario Santillán y Maximiliano Kosteki, quienes fueron asesinados por la policía en Argentina en 2002. Incluye cartas de activistas de Palestina, Japón, España, Grecia y México expresando su apoyo a la lucha por justicia y condenando la represión estatal.